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AÑO 26 N. 1, ENERO-MARZO 2018  
Documentos, ensayos, comentarios y reseñas de libros acerca de lo social  
Papa Francisco  
Íderman Andrade S.  
Mensaje para la celebración de la 51  
Jornada Mundial de la Paz/ págs. 5-10.  
El extranjero centroamericano/  
págs. 68-80.  
José Molina Ayala  
Mark Joseph Seitz  
La Biblia de Lutero: ¿un camino  
ecuménico?/ págs. 11-32.  
La pena y la aflicción terminarán/  
págs. 81-98.  
Paolo Rudelli  
La promoción de los derechos humanos  
en la acción internacional de la Santa  
Sede/ págs. 33-67.  
REVISTA DEL INSTITUTO MEXICANO DE DOCTRINA SOCIAL CRISTIANA, CIUDAD DE MÉXICO.  
Presentación  
Inicia un nuevo año, y no que-  
José Molina Ayala escribe “La  
Biblia de Lutero: ¿un camino ecu-  
ménico?. Se trata de un texto  
profundo acerca de la Reforma  
Protestante y cómo ha influido  
no sólo en las diversas denomina-  
ciones religiosas reformadas, si-  
no que su traducción de la Biblia,  
en 1522, es considerada por la  
UNESCO como Memoria del Regis-  
tro Mundial. Sinduda, laemancipa-  
ción de Lutero de la Iglesia católica  
es un tema álgido para ciertos  
sectores; sin embrago, José Moli-  
na lo ve como una oportunidad de  
ecumenismo y esperanza. Texto  
cargado de referencias históricas,  
explicación de algunas traduccio-  
nes realizadas por Lutero y, sobre  
todo, tiene la virtud de rescatar el  
valor de este personaje de la histo-  
ria, sus motivaciones y atributos.  
remos desaprovechar la ocasión  
para agradecer su preferencia. En  
2018, La cuestión social seguirá  
ofreciéndole artículos especiali-  
zados en doctrina social cristiana,  
y en este primer volumen del año  
cubrimos diversos temas como  
migración, libertad religiosa y de-  
rechos humanos.  
Iniciamos este número con el  
Mensaje para la celebración de la  
51 Jornada Mundial de la Paz, don-  
de el Papa Francisco dedica una  
emotiva invitación para acoger a  
los refugiados y los migrantes del  
mundo. El Papa se ha distinguido  
por levantar la voz en nombre de  
los más desfavorecidos y conti-  
nuamente pone sobre la mesa el  
tema migrante, por lo que en este  
mensaje por la paz nos comparte  
cuatro piedras angulares para la  
acción: acoger, proteger, promover  
e integrar. Así, Francisco ve más  
allá de ayudarles en su recorrido a  
su destino, se preocupa por que  
sean parte de la sociedad a la que  
llegan, que no sean un puñado  
de extraños que necesitan de la  
misericordia de los demás, sino  
miembros activos de la sociedad y  
parte de la familia humana.  
“La promoción de los derechos  
humanos en la acción internacio-  
nal de la Santa Sede, de Paolo Ru-  
delli, es una radiografía desde el  
siglo XIX hasta la fecha de cómo la  
Iglesiahaabogadoporlosderechos  
humanos a nivel mundial. Diversos  
periodos de la historia han acon-  
tecido, pero la labor de la Iglesia  
ha sido muy clara en que la dig-  
nidad humana está por encima  
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La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
de cualquier conflicto o corriente  
ideológica, y así lo ha demostrado  
este recuento donde los pontífices,  
desde hace más de un siglo, se han  
pronunciado por el respeto de los  
derechos humanos, en ocasiones  
codo a codo con la ONU, en ocasio-  
nes recordándole que un derecho  
natural de todo ser viviente está  
por encima del derecho indivi-  
dual; asimismo se hace hincapié  
en los derechos no sólo de los in-  
dividuos, sino de las naciones y  
cómo es que es importante velar  
por ellos.  
Por último, compartimos “La pe-  
na y la aflicción terminarán, de  
Mark Joseph Seitz; se trata de una  
carta pastoral sobre migración  
escrita por el obispo de El Paso,  
Texas. En este texto ya no tenemos  
la perspectiva de los anteriores,  
desde terceras personas, sino que  
se trata de un obispo que busca  
privilegiar los valores cristianos y  
veenlamigraciónunaoportunidad  
de acompañarlos y generar con-  
ciencia en este solicitado destino  
de nuestro vecino del norte. La  
llamada es urgente para solidari-  
zarse con quienes llegan de tierras  
asoladas por la violencia, la pobre-  
za y la falta de oportunidades.  
Íderman Andrade nos presenta  
el texto “El extranjero centro-  
americano, donde hace alusión a  
diversos pasajes bíblicos del ex-  
tranjero y cómo hay que acogerlo  
y velar por él. Uno de los fenóme-  
nos sociales más trascendentes  
es el de la migración forzada de  
centroamericanos hacia el territo-  
rio norteamericano, y este artícu-  
lo da cuenta de las penurias que  
acontecen durante su complicado  
recorrido, pero también de ins-  
tituciones, como CAFEMIN, que  
levantan la mano a la hora de apo-  
yarlos. Después de leer este texto,  
es imposible que nos quedemos  
indiferentes ante la grave situa-  
ción de nuestros hermanos cen-  
troamericanos, ya que nuestra fe  
nos lo reclama.  
Éstos son los textos que tenemos  
para ustedes en el primer número  
del año de La cuestión social, ojalá  
le sean de ayuda tanto académi-  
camente como para generar con-  
ciencia del mundo que vivimos  
y de todo lo que se necesita ha-  
cer por parte de todos los cristia-  
nos comprometidos.  
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La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
Documentos, ensayos, comentarios  
y reseñas de libros acerca de lo social  
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Basurto, Constantino de Llano Marhx, Mons. Guillermo Francisco Escobar Galicia,  
P. Mario Ángel Flores Ramos, Rafael Ibarra Farfán, Conrado Antonio Larios Prado,  
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Año 26, n. 1  
Mauricio Limón Aguirre, Alejandro Ma. Latapí Díaz, P. Manuel Olimón Nolasco,  
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Torroella, Juan Murguía Pozzi, Óscar Ortiz Sahagún y Román Uribe Michel.  
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La Cuestión Social, es una publicación trimestral editada y publicada por la Asociación  
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La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
Mensaje para la celebración de la  
51 Jornada Mundial de la Paz  
Francisco  
1 enero 2018  
Migrantes y refugiados: hombres y mujeres que buscan la paz  
1. Un deseo de paz  
miento, a afrontar las alambradas  
y los muros que se alzan para ale-  
jarlos de su destino.  
Paz a todas las personas y a todas  
las naciones de la tierra. La paz, que  
los ángeles anunciaron a los pasto-  
res en la noche de Navidad,1 es una  
aspiración profunda de todas las  
personas y de todos los pueblos,  
especialmente de aquellos que  
más sufren por su ausencia, y a los  
que tengo presentes en mi recuer-  
do y en mi oración. De entre ellos,  
quisiera recordar a los más de 250  
millones de migrantes en el mun-  
do, de los que 22 millones y medio  
son refugiados. Estos últimos, co-  
mo afirmó mi querido predecesor  
Benedicto XVI, “son hombres y  
mujeres, niños, jóvenes y ancianos  
que buscan un lugar donde vivir  
en paz.2 Para encontrarlo, muchos  
de ellos están dispuestos a arries-  
gar sus vidas a través de un viaje  
que, en la mayoría de los casos, es  
largo y peligroso; están dispuestos  
a soportar el cansancio y el sufri-  
Con espíritu de misericordia,  
abrazamos a todos los que huyen  
de la guerra y del hambre, o que se  
ven obligados a abandonar su tie-  
rra a causa de la discriminación, la  
persecución, la pobreza y la degra-  
dación ambiental.  
Somos conscientes de que no es  
suficiente sentir en nuestro cora-  
zón el sufrimiento de los demás.  
Habrá que trabajar mucho antes  
de que nuestros hermanos y her-  
manas puedan empezar de nuevo  
a vivir en paz, en un hogar seguro.  
Acoger al otro exige un compromi-  
so concreto, una cadena de ayuda  
y generosidad, una atención vi-  
gilante y comprensiva, la gestión  
responsable de nuevas y comple-  
jas situaciones que, en ocasiones,  
se añaden a los numerosos pro-  
blemas ya existentes, así como a  
unos recursos que siempre son  
limitados. El ejercicio de la virtud  
1
Cf. Lc 2,14.  
2
Ángelus, 15 enero 2012.  
5
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
de la prudencia es necesaria para  
que los gobernantes sepan acoger,  
promover, proteger e integrar, es-  
tableciendo medidas prácticas que  
“respetando el recto orden de los  
valores, ofrezcan al ciudadano la  
prosperidad material y al mismo  
tiempo los bienes del espíritu.3  
Tienen una responsabilidad con-  
creta con respecto a sus comunida-  
des, a las que deben garantizar los  
derechos que les corresponden en  
justicia y un desarrollo armónico,  
para no ser como el constructor  
necio que hizo mal sus cálculos y  
no consiguió terminar la torre que  
había comenzado a construir.4  
zada siguen provocando el despla-  
zamiento de la población dentro y  
fuera de las fronteras nacionales.  
Pero las personas también mi-  
gran por otras razones, ante todo  
por “el anhelo de una vida mejor,  
a lo que se une en muchas ocasio-  
nes el deseo de querer dejar atrás  
la ‘desesperación’ de un futuro  
imposible de construir.6 Se ponen  
en camino para reunirse con sus  
familias, para encontrar mejores  
oportunidades de trabajo o educa-  
ción: quien no puede disfrutar de  
estos derechos, no puede vivir en  
paz. Además, como he subrayado  
en la encíclica Laudato Si’, “es trá-  
gico el aumento de los migrantes  
huyendo de la miseria empeorada  
por la degradación ambiental.7  
2. ¿Por qué hay tantos  
refugiados y migrantes?  
Ante el Gran Jubileo por los  
2000 años del anuncio de paz  
de los ángeles en Belén, san  
Juan Pablo II incluyó el número  
creciente de desplazados entre las  
consecuencias de “una intermina-  
ble y horrenda serie de guerras,  
conflictos, genocidios, ‘limpiezas  
étnicas’,5 que habían marcado el  
siglo XX. En el nuevo siglo no se ha  
producido aún un cambio profundo  
de sentido: los conflictos armados  
y otras formas de violencia organi-  
La mayoría emigra siguiendo un  
procedimiento regulado, mientras  
que otros se ven forzados a tomar  
otras vías, sobre todo a causa de la  
desesperación, cuando su patria  
no les ofrece seguridad y oportu-  
nidades, y toda vía legal parece  
imposible, bloqueada o demasia-  
do lenta.  
En muchos países de destino se  
ha difundido ampliamente una re-  
3
6
Pacem in terris, 57.  
Benedicto XVI, Mensaje para la Jor-  
nada Mundial del Migrante y del Re-  
fugiado 2013.  
4
Cf. Lc 14,28-30.  
5
Juan Pablo II, Mensaje para la  
Jornada Mundial de la Paz 2000, 3.  
7
Laudato Si’, 25.  
6
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
tórica que enfatiza los riesgos pa-  
ra la seguridad nacional o el coste  
de la acogida de los que llegan,  
despreciando así la dignidad hu-  
mana que se les ha de reconocer  
a todos, en cuanto que son hijos e  
hijas de Dios. Los que fomentan el  
miedo hacia los migrantes, en oca-  
siones con fines políticos, en lugar  
de construir la paz siembran vio-  
lencia, discriminación racial y xe-  
nofobia, que son fuente de gran  
preocupación para todos aquellos  
que se toman en serio la protec-  
ción de cada ser humano.81  
y todos tienen el mismo derecho a  
gozar de los bienes de la tierra, cu-  
ya destinación es universal, como  
enseña la doctrina social de la Igle-  
sia. Aquí encuentran fundamento  
la solidaridad y el compartir.92  
Estas palabras nos remiten a la  
imagen de la nueva Jerusalén. El  
libro del profeta Isaías (cap. 60)  
y el Apocalipsis (cap. 21) la des-  
criben como una ciudad con las  
puertas siempre abiertas, para de-  
jar entrar a personas de todas las  
naciones, que la admiran y la col-  
man de riquezas. La paz es el go-  
bernante que la guía y la justicia el  
principio que rige la convivencia  
entre todos dentro de ella.  
Todos los datos de que dispone la  
comunidad internacional indican  
que las migraciones globales se-  
guirán marcando nuestro futuro.  
Algunos las consideran una ame-  
naza. Os invito, al contrario, a con-  
templarlas con una mirada llena de  
confianza, como una oportunidad  
para construir un futuro de paz.  
Necesitamos ver también la ciu-  
dad donde vivimos con esta mi-  
rada contemplativa, “esto es, una  
mirada de fe que descubra al Dios  
que habita en sus hogares, en sus  
calles, en sus plazas [promovien-  
do] la solidaridad, la fraternidad,  
el deseo de bien, de verdad, de  
justicia”;103 en otras palabras, rea-  
lizando la promesa de la paz.  
3. Una mirada contemplativa  
La sabiduría de la fe alimenta es-  
ta mirada, capaz de reconocer que  
todos, “tanto emigrantes como  
poblacioneslocalesquelosacogen,  
forman parte de una sola familia,  
Observando a los migrantes y a  
los refugiados, esta mirada sabe  
descubrir que no llegan con las  
8 Cf. Discurso a los participantes en el  
Encuentro de Responsables Nacionales  
de la Pastoral de Migraciones organi-  
zado por el Consejo de Conferencias  
Episcopales de Europa (CCEE), 22  
septiembre 2017.  
9
Benedicto XVI, Mensaje para la Jor-  
nada Mundial del Migrante y del Re-  
fugiado 2011.  
10 Evangelii Gaudium, 71.  
7
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
manos vacías: traen consigo la ri-  
queza de su valentía, su capacidad,  
sus energías y sus aspiraciones,  
y por supuesto los tesoros de su  
propia cultura, enriqueciendo así  
la vida de las naciones que los aco-  
gen. Estamiradasabe tambiéndes-  
cubrir la creatividad, la tenacidad  
y el espíritu de sacrificio de incon-  
tables personas, familias y comu-  
nidades que, en todos los rincones  
del mundo, abren sus puertas y  
sus corazones a los migrantes y  
refugiados, incluso cuando los re-  
cursos no son abundantes.  
precisamente con la presencia de  
migrantes y refugiados.  
4. Cuatro piedras angulares  
para la acción  
Para ofrecer a los solicitantes de  
asilo, a los refugiados, a los inmi-  
grantes y a las víctimas de la trata  
de seres humanos una posibilidad  
de encontrar la paz que buscan, se  
requiere una estrategia que conju-  
gue cuatro acciones: acoger, prote-  
ger, promover e integrar.125  
Acoger’ recuerda la exigencia de  
ampliar las posibilidades de entra-  
da legal, no expulsar a los despla-  
zados y a los inmigrantes a lugares  
donde les espera la persecución y  
la violencia, y equilibrar la preocu-  
pación por la seguridad nacional  
con la protección de los derechos  
humanos fundamentales. La Escri-  
tura nos recuerda: “No olvidéis la  
hospitalidad; por ella algunos, sin  
saberlo, hospedaron a ángeles.136  
Por último, esta mirada contem-  
plativa sabe guiar el discernimien-  
to de los responsables del bien  
público, con el fin de impulsar las  
políticas de acogida al máximo de  
lo que “permita el verdadero bien  
de su comunidad,11 es decir, te-  
niendo en cuenta las exigencias  
de todos los miembros de la única  
familia humana y del bien de cada  
uno de ellos.  
Quienes se dejan guiar por esta  
miradaseráncapacesdereconocer  
los renuevos de paz que están ya  
brotando y de favorecer su creci-  
miento. Transformarán en talleres  
de paz nuestras ciudades, a me-  
nudo divididas y polarizadas por  
conflictos que están relacionados  
‘Proteger’ nos recuerda el deber  
de reconocer y garantizar la digni-  
dad inviolable de los que huyen de  
un peligro real en busca de asilo  
y seguridad, evitando su explota-  
ción. En particular, pienso en las  
12 Cf. Mensaje para la Jornada Mundial  
del Migrante y del Refugiado 2018, 15  
agosto 2017.  
11 Pacem in Terris, 57 [en español, n.  
106].  
13 Hb 13,2.  
8
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
mujeres y en los niños expuestos a  
situaciones de riesgo y abusos que  
llegan a convertirles en esclavos.  
Dios no hace discriminación: “El  
Señor guarda a los peregrinos, sus-  
tenta al huérfano y a la viuda.147  
desarrollo humano integral de las  
comunidadeslocales.Comoescribe  
san Pablo: Así pues, ya no sois ex-  
traños ni forasteros, sino conciu-  
dadanos de los santos y familiares  
de Dios.169  
‘Promover’ tiene que ver con  
apoyar el desarrollo humano inte-  
gral de los migrantes y refugiados.  
Entre los muchos instrumentos  
que pueden ayudar a esta tarea,  
deseo subrayar la importancia  
que tiene el garantizar a los niños  
y a los jóvenes el acceso a todos  
los niveles de educación: de esta  
manera, no sólo podrán cultivar y  
sacar el máximo provecho de sus  
capacidades, sino que también es-  
tarán más preparados para salir  
al encuentro del otro, cultivando  
un espíritu de diálogo en vez de  
clausura y enfrentamiento. La Bi-  
blia nos enseña que Dios “ama al  
emigrante, dándole pan y vestido”;  
por eso nos exhorta: Amaréis al  
emigrante, porque emigrantes  
fuisteis en Egipto.158  
5. Una propuesta para dos  
pactos internacionales  
Deseo de todo corazón que este  
espíritu anime el proceso que, du-  
rante todo el año 2018, llevará a la  
definición y aprobación por parte  
de las Naciones Unidas de dos  
pactos mundiales: uno, para una  
migración segura, ordenada y re-  
gulada, y otro, sobre refugiados.  
En cuanto acuerdos adoptados a  
nivel mundial, estos pactos cons-  
tituirán un marco de referencia  
para desarrollar propuestas polí-  
ticas y poner en práctica medidas  
concretas. Por esta razón, es im-  
portante que estén inspirados por  
la compasión, la visión de futuro  
y la valentía, con el fin de aprove-  
char cualquier ocasión que permi-  
ta avanzar en la construcción de la  
paz: sólo así el necesario realismo  
de la política internacional no se  
verá derrotado por el cinismo y la  
globalización de la indiferencia.  
Por último, ‘integrar’ significa  
trabajar para que los refugiados  
y los migrantes participen plena-  
mente en la vida de la sociedad  
que les acoge, en una dinámica de  
enriquecimiento mutuo y de cola-  
boración fecunda, promoviendo el  
El diálogo y la coordinación  
constituyen, en efecto, una nece-  
sidad y un deber específicos de la  
14 Sal 146,9.  
15 Dt 10,18-19.  
16 Ef 2,19.  
9
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
comunidad internacional. Más allá  
de las fronteras nacionales, es po-  
sible que países menos ricos pue-  
dan acoger a un mayor número de  
refugiados, o acogerles mejor, si  
la cooperación internacional les  
garantiza la disponibilidad de los  
fondos necesarios.  
refugiados, la humanidad puede  
transformarse cada vez más en fa-  
milia de todos, y nuestra tierra ver-  
daderamente en ‘casa común’.1811  
A lo largo de la historia, muchos  
han creído en este ‘sueño’ y los  
que lo han realizado dan testimo-  
nio de que no se trata de una uto-  
pía irrealizable.  
La Sección para los Migrantes y  
Refugiados del Dicasterio para la  
Promoción del Desarrollo Humano  
Integral sugiere 20 puntos de ac-  
Entre ellos, hay que mencionar a  
santa Francisca Javier Cabrini, cu-  
yo centenario de nacimiento para  
el cielo celebramos este año 2017.  
Hoy, 13 de noviembre, numerosas  
comunidades eclesiales celebran  
su memoria. Esta pequeña gran  
mujer, que consagró su vida al  
servicio de los migrantes, convir-  
tiéndose más tarde en su patrona  
celeste, nos enseña cómo debe-  
mos acoger, proteger, promover  
e integrar a nuestros hermanos y  
hermanas. Que por su intercesión,  
el Señor nos conceda a todos expe-  
rimentar que los “frutos de justicia  
se siembran en la paz para quienes  
trabajan por la paz.1912  
ción17 como pistas concretas para  
10  
la aplicación de estos cuatro  
verbos en las políticas públicas,  
además de la actitud y la acción  
de las comunidades cristianas. Es-  
tas y otras aportaciones pretenden  
manifestar el interés de la Iglesia  
católica al proceso que llevará a la  
adopción de los pactos mundiales  
de las Naciones Unidas. Este inte-  
rés confirma una solicitud pastoral  
más general, que nace con la Iglesia  
y continúa hasta nuestros días a  
través de sus múltiples actividades.  
6. Por nuestra casa común  
Vaticano, 13 de noviembre de  
2017.  
Las palabras de san Juan Pablo  
II nos alientan: “Si son muchos los  
que comparten el ‘sueño’ de un  
mundo en paz, y si se valora la  
aportación de los migrantes y los  
Memoria de santa  
Francisca Javier Cabrini,  
patrona de los migrantes.  
17 “20 puntos de acción pastoral” y  
“20 puntos de acción para los pactos  
globales” (2017). Cf. Documento ONU  
A/72/528.  
18 Juan Pablo II, Mensaje para la  
Jornada Mundial del Migrante y del  
Refugiado 2004, 6.  
19 St 3,18.  
10  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
La Biblia de Lutero: ¿un camino  
ecuménico?  
José Molina Ayala*  
El 31 de octubre de 1517, Martín  
Lutero supuestamente clavó en la  
puerta de la Catedral de Wittem-  
berg sus 95 tesis que impugnaban  
las indulgencias, iniciando con  
ese gesto la Reforma Luterana. No  
hay dato fidedigno con que pueda  
asegurarse este episodio. Lo más  
seguro es que Lutero las haya en-  
viado en una carta a Alberto de  
Branderburgo, obispo y príncipe  
electo de Maguncia, y posterior-  
mente cardenal, quien inició una  
campaña de venta de indulgencias  
en sus territorios, venta concesio-  
nada en parte para saldar la deu-  
da contraída a causa del pago que  
había hecho al Papa de 24,000 du-  
cados, por acumulación de cargos,  
y no sólo para la construcción de  
la Basílica de San Pedro. De modo  
que, como se ve, en esas famosas  
tesis están vinculados no sólo  
asuntos religiosos, sino también  
políticos y financieros.  
mexicanos, porque a pesar de que  
en los tres siglos de virreinato la  
hegemonía religiosa, política y  
económica la tuvo el imperio espa-  
ñol, y por ende el cristianismo ca-  
tólico, Lutero estuvo presente casi  
como un fantasma —o mejor, ca-  
si como el Coco, con quien se es-  
panta a los niños—, la bête noire  
del catolicismo. Ese aspecto lo ha  
tratado ampliamente Alicia Mayer  
en su libro Lutero en el Paraíso.  
La Nueva España en el espejo del  
reformador alemán.1 Considérese  
simplemente que el 26 de mayo de  
1521, Carlos V proscribe de su im-  
perio, donde no se ocultará el sol,  
a Lutero y sus seguidores, lo que  
también significaba que cualquie-  
ra podía matarlo sin ser imputado.  
Meses más tarde, el 13 de agosto  
de ese mismo año, Hernán Cortés  
conquistaba la gran Tenochtitlán.  
Entre 1546 y 1563 se llevó a cabo  
el Concilio de Trento, cuyo plan de  
acción era fundamentalmente ha-  
cer frente a las consecuencias de  
la Reforma Luterana. No sin razón,  
Octavio Paz sostuvo que éramos  
A pesar de que ese movimiento  
iniciado por Lutero ocurrió hace  
ya mucho tiempo y en una fecha  
lejana, la Reforma Protestante  
es importante para nosotros los  
¹ Mayer, 2008.  
11  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
hijos de la Contrarreforma,2 aun-  
que actualmente se suele preferir  
la expresión Reforma Católica,  
para defender que no todo fue en  
reacción a Lutero, y se aconseja  
hablar de distintas reformas para  
integrar sutiles distinciones entre  
movimientos reformistas previos,  
paralelos o posteriores, pero inde-  
pendientes a los del monje agusti-  
no. Lutero, casi como si estuviera  
tras bambalinas, contribuyó por  
contraste, como contrapunto a la  
organización religiosa y social de  
los territorios conquistados por el  
imperio español.  
En el presente escrito tengo co-  
mo objetivo poner sobre la mesa  
algunas reflexiones con respecto a  
la Biblia de Lutero,3 porque estoy  
convencido de que es su traduc-  
ción de la Biblia la que le dio serie-  
dad y profundidad a su Reforma,  
la que impulsó su establecimiento  
y desarrollo, la que le garantizó la  
pervivencia, la que más puede in-  
teresar, la que mejor puede eva-  
luarse; en cierto sentido, porque  
parece un terreno que pudiera  
parecer más objetivo, dado que te-  
nemos las fuentes en griego y he-  
breo. Esta objetividad, podría uno  
pensar, también puede ser la base,  
si a uno le interesa el ecumenismo,  
de nuevos caminos de entendimien-  
to. Debo confesar que, más que solu-  
ciones, sigue habiendo problemas.  
La situación actual del país pue-  
de, razonablemente, hacer que uno  
se pregunte cuál es la naturaleza  
del cristianismo mexicano; con su-  
puestamente 80% católico y cerca  
de 10% de cristianos de otras con-  
fesiones, y con ocasión de los 500  
años de la Reforma, también es  
razonable preguntarse si la poco  
afortunada frase de “poner la igle-  
sia en manos de Lutero” podría  
llegar a tener un cariz no sólo po-  
sitivo, sino también envidiable, si  
uno mira hacia Alemania y las na-  
ciones sajonas que abrazaron su  
Reforma. Uno puede llegar a pre-  
guntarse si no faltó a México un  
Lutero para escapar del Estado pa-  
ternalista, en lo político, o para en  
lo religioso vencer el clericalismo.  
Pero antes de ocuparme propia-  
mente de la Biblia, quisiera hacer  
mención de otros asuntos que  
pueden ayudarnos a entender me-  
jor los problemas implicados en la  
Reforma, que obviamente también  
afectan al asunto traductológico,  
el cual, como veremos, ya no resul-  
tará tan aséptico y objetivo como  
podría creerse.  
3
Con referencia a los aspectos traduc-  
tológicos y lingüísticos, soy absoluto  
deudor de los trabajos de Gritsch,  
2003, Flüssel, 2016, Schmidt, 2016,  
Lobenstein-Reichmann, 2017.  
2
Paz, 1994, p. 45.  
12  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
Lutero, mejor que en las famo-  
sas tesis, exhibe su pensamiento  
en su Sermón sobre la indulgencia  
y la gracia, 25 veces reimpreso en  
sólo dos años. Como ya saben, el  
tema es la justificación por la fe,  
que habrá de volverse el origen y  
el centro del pensamiento lutera-  
no.4 Desde entonces, Martín, que  
se apellidaba Luder, cambia su  
apellido relacionándolo con el  
griego eleutherius que significa  
“libre. En efecto, ya en una carta  
del 11 de noviembre de 1517 a su  
amigoJohannLangfirma:Martinus  
Eleutherius imo dulos et captivus  
nimis, es decir, Martín el Libre,  
más bien esclavo y cautivo en ex-  
tremo. Esta formulación de sí  
mismo, aparentemente sencilla, es  
emblemática; para él, un cristiano  
es el más libre señor de todos, un  
cristiano es el siervo más obedien-  
te. Más tarde, encontraremos la  
misma contradicción de términos  
en su doctrina del simul justus et  
peccator. Poco a poco se decanta  
su pensamiento casi a manera de  
consignas, que de esa manera im-  
pactarán más directa y contun-  
dentemente, y se difundirán con  
mayor amplitud: Solo Dios, Solo  
Cristo, Sola Gracia, Sola Escritura,  
Sola Fe. No hay ninguna obra que  
pueda merecer la misericordia  
que Dios nos ha concedido gra-  
ciosamente por medio de Cristo.  
No hay necesidad de la mediación  
eclesiástica; dicho coloquialmen-  
te, todos tenemos teléfono rojo di-  
recto con Dios, que se ha revelado  
y cuya revelación está patente en la  
Sagrada Escritura. La exposición  
de este asunto es verdaderamen-  
te complicado; como ya dije, tiene  
otras aristas al margen de las re-  
ligiosas: la emancipación econó-  
mica de Roma era un desiderátum  
de los principados germanos. Car-  
los V, apenas elegido emperador  
en 1519, necesita el apoyo de sus  
príncipes para enfrentar a los mu-  
sulmanes que tocaban la puerta en  
Viena y para consolidar su propio  
imperio, ahora en expansión hacia  
el Atlántico, y con problemas bélicos  
frente al rey Francisco I de Francia.  
No pienso detenerme demasia-  
do en el asunto de la doctrina de  
las indulgencias, que de hecho si-  
guen vigentes. Hace poco, el Papa  
Francisco declaró el Año de la Mi-  
sericordia, el mismo en que visitó  
Suecia para dar inicio a la conme-  
moración de los 500 años de la  
Reforma Protestante. Durante ese  
año, quien quisiera podía ganar in-  
dulgencia plenaria, esto es, la con-  
donación de la pena temporal de  
los pecados que debe expiarse en  
el purgatorio; de todo eso, ustedes  
seguramente están mejor informa-  
dos que yo. Pero quisiera señalar  
que parte de la vigencia de Lutero  
4
Küng, 2006, pp. 534-541.  
13  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
es que el problema de las indul-  
gencias toca un asunto humano  
permanente, quizá más relevante  
desde el punto de vista cristiano,  
pero que en realidad afecta a la  
sociedad en su conjunto. El núcleo  
del debate radica en decidir si es  
sostenible una moral o una ética  
que sólo persiga y atienda al méri-  
to, al esfuerzo, a la voluntad, o di-  
cho con palabras más comunes, a  
la eficiencia, al rendimiento. Ya si-  
glos antes, el tema había ocupado  
a san Agustín, que enfrenta al he-  
reje Pelagio, oponiendo la gracia a  
la voluntad. En Lutero vemos esa  
controversia reciclada, con tonos  
elevados y groseros, más retóricos  
que teóricos, de uno y de otro ban-  
do. Hay una sordera impresionan-  
te que llega a nuestros días; no se  
atienden los argumentos; hay una  
simplificación y una caricaturiza-  
ción de las tesis sostenidas por el  
adversario o de sus refutaciones;  
las denostaciones y las descalifica-  
ciones corren en ambos sentidos.  
El papel de Pelagio, obviamente, lo  
juega entonces la Iglesia católica,  
y Lutero la hace de san Agustín;  
mientras que Lutero es un san  
Pablo redivivo, el Papa y sus se-  
guidores son pronto identificados  
como el Sanedrín, los fariseos o  
los sumos sacerdotes de los evan-  
gelios. Pero el conflicto no deja de  
reciclarse. Piénsese en la segunda  
mitad del siglo pasado, por ejem-  
plo en Jean Paul Sartre y en todas  
sus reflexiones sobre el intelectual  
orgánico; la palabra clave es ‘com-  
promiso, que casi sin darse uno  
cuenta invadió también el ámbito  
eclesiástico. Para quienes trabajan  
en ambientes parroquiales cató-  
licos, que son los que yo conozco,  
es común escuchar que a los fieles  
que asisten a sus grupos se les pi-  
da que se comprometan, pensando  
que por el hecho de estar allí esa  
persona es alguien que ya no ne-  
cesita recibir la buena noticia,  
porque supuestamente ya la co-  
noce, se cuenta con él para que se  
comprometa a comunicarla. Ya sé  
que estoy también simplificando y  
que el tópico del compromiso pue-  
de matizarse tanto como el asunto  
de la justicia y el mérito, o el de la  
culpa y la pena, en tiempos de Lu-  
tero. La problemática también lle-  
ga a ámbitos extraeclesiales: en el  
hogar, los padres exigen a los hi-  
jos; en las fábricas, los patrones a  
los obreros; en las oficinas, en los  
restaurantes, todos están esfor-  
zándose, queriendo ganar dinero,  
afecto o el cielo. Aquí, en este  
mundo, m’hijo, nada es gratis, se  
dice. Hay, por ejemplo, un himno  
que la Iglesia católica canta actual-  
mente en la liturgia de las horas,  
que creo puede servir bien para lo  
que quiero decir; el himno, entre  
otras cosas, dice: “ni el sol se te da  
de balde ni el aire por ser quien  
eres… La piedra, con ser la piedra,  
guarda una chispa caliente, y en el  
14  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
rumor de la nube combaten el ra-  
yo y la nieve/… no basta con dar  
las gracias, sin dar lo que las me-  
recen, que a fuerza de gratitudes  
se vuelve la tierra estéril.5 Se in-  
siste, pues, en el compromiso, en  
las horas efectivas de actividad; lo  
que importa es “la causa, no la  
persona; lejos se está de anunciar  
el amor inmenso, eterno, gratuito  
e incondicional de Dios. Entonces,  
la oposición entre la fe y las obras  
parece permanente también en  
otros ámbitos no eclesiásticos, y  
ésa es la vigencia de Lutero, quien  
considera las buenas obras efecto,  
pero no requisito para la miseri-  
cordia divina. Como se sabe, en  
1999 la Iglesia católica y la Iglesia  
luterana hicieron una declaración  
conjunta, donde el asunto de la  
justificación parece ya zanjado.6  
nado en la bula Exsurge Domine a  
retractarseyaquemarsusescritos,  
amenazándolo con la excomunión.  
Aun así, escribe Acerca de la cau-  
tividad babilónica de la iglesia y  
Sobre la libertad del hombre cris-  
tiano, escrito este último que al-  
canzó 36 ediciones tan sólo en dos  
años, en alemán, holandés, inglés,  
español, checo y latín. El 10 de di-  
ciembre, Lutero quema la bula y  
el derecho eclesiástico papal. En  
enero de 1521, se publica la bula  
Decet Romanum Pontificem, y és-  
te pontífice romano lo excomulga.  
Entonces, el 18 de abril de 1521,  
en Worms, requerido de retractar-  
se de sus escritos, pide un día de  
gracia, para al día siguiente hacer  
una de las declaraciones más im-  
pactantes de la historia. Allí está él,  
frente a los máximos poderes de su  
momento, la Iglesia y el Imperio;  
un joven Carlos V, de apenas 21  
años, habrá escuchado atónito:  
Si no se me convence con  
La confrontación con Roma es  
inminente: cuando llega la Dieta  
de Worms, en 1521, Lutero lo hace  
casi como en un cortejo triunfal, es  
el campeón del pueblo, que había  
escrito su libro A la nobleza cristia-  
na de la nación alemana. Ya antes,  
en 1520, el Papa lo había conmi-  
testimonios de la Escritura  
o con una causa razonable  
plausible —puesto que yo no  
doy crédito ni al Papa ni a los  
concilios por sí solos, ya que  
consta que han errado y se  
5
“Himno” (Miércoles I, Laudes),  
han contradicho a sí mismos  
Liturgia de las horas según el rito  
romano, p. 812.  
muchas veces—, quedaré  
vinculado a las palabras de  
6
Declaración conjunta sobre la doctri-  
la Escritura por mí aducidas.  
na de la justificación. Una perspectiva  
ecuménica sobre Lutero, se encuen-  
tra en el libro de Kasper, 2016.  
Y mientras mi conciencia es-  
té atada por las palabras de  
Dios, ni puedo ni quiero re-  
15  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
tractarme, puesto que obrar  
contra la conciencia no es ni  
seguro ni honrado. Que Dios  
me ayude. Amén.7  
blemas gnoseológicos que han  
ocupado durante largo tiempo a  
la filosofía… En fin, muchos otros  
asuntos éticos, sociales y econó-  
micos se han derivado de la Re-  
forma Protestante. Cabe distinguir  
entre Reforma y Lutero, porque  
no son del todo idénticos, son mu-  
chísimos los factores que se die-  
ron como antecedentes y como  
concomitantes, y son muchas las  
personas involucradas en el mo-  
vimiento, y las consecuencias fue-  
ron muy variadas, pero no habría  
habido Reforma sin Lutero.9  
En ese momento, Lutero tiene  
treinta y ocho años de edad, quin-  
ce de monje, trece de sacerdote,  
doce de profesor, nueve de doctor.8  
No es fácil, no es sencillo, no es  
sin importancia, juzgar la signi-  
ficación de este momento. Es el  
nudo en que convergen y del que  
se desprenden hilos de madejas  
extraordinariamente abstrusas e  
intrincadas. De allí, dicen algunos,  
surgen los Estados laicos, las Igle-  
sias nacionales, los derechos hu-  
manos, la libertad de conciencia,  
la libertad religiosa; otros, sin es-  
perar a Descartes, apoyan aquí el  
nacimientodelafilosofíamoderna;  
otros se empecinan en demostrar  
que Lutero era un hombre medie-  
val; hay quienes ven en el pietismo  
protestante un factor importantí-  
simo del idealismo alemán; otros  
consideran que el asunto de la in-  
terpretación recta y correcta de  
la Biblia, de la determinación del  
criterio de verdad, derivó en pro-  
Cabe señalar también que, al  
menos en el corto plazo, esa liber-  
tad de conciencia no quedó como  
herencia de la Reforma. Las dispu-  
tas entre católicos y protestantes  
se solucionaron bajo el principio  
cuius regio eius religio, haciendo  
caso omiso de la conciencia de las  
personas y dando preponderancia  
a los intereses políticos y económi-  
cos. En el conflicto campesino de  
1525, año en que se casa, Lutero  
claramente se puso del lado de  
las autoridades políticas. Por otra  
parte, la experiencia subjetiva y  
personal encontró su versión  
moderna no sólo en las Iglesias  
reformadas, sino también en el  
catolicismo, en la espiritualidad  
7
Küng, 2006, p. 545. El texto comple-  
to puede leerse en Lutero, “Discurso  
pronunciado en la Dieta de Worms  
(1521), en Lutero, 2016, pp. 171-175.  
9
Küng, “El paradigma evangélico-  
8
protestante de la Reforma, 2006,  
pp. 531-654; Küng, 2015.  
Sobre la vida de Lutero, véase, Kauf-  
mann, 2017, García-Villoslada, 2016.  
16  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
mística de san Juan de la Cruz, de  
santa Teresa de Ávila, del mismo  
san Ignacio de Loyola. No es mi  
intención examinar todos estos  
asuntos, sino para alivio de uste-  
des y también mío, trataré de ser  
breve enfocándome en el asunto  
de la Biblia.  
Aunque en la declaración de  
Worms Lutero afirma también que  
aceptaría que se le convenciera  
con una causa razonable, en reali-  
dad no se refiere en absoluto a  
un debate racional —al menos no  
en términos escolásticos— que  
son los que sus adversarios esgri-  
mirán las más de las veces, que si  
no entiende a santo Tomás, que no  
sabe lo que son las esencias, que si  
no sigue las reglas del debate silo-  
gístico, que sin duda conocía, pues  
había sido discípulo de Biel, un se-  
guidor de Guillermo de Ockham.  
De hecho, en sus escritos, son cada  
vez menos las argumentaciones  
escolásticas a las cuales había lle-  
gado a despreciar desde 1517,  
año en que escribió su Disputatio  
contra scholasticam theologiam.  
Así pues, lo verdaderamente rele-  
vante en Worms es, más allá de su  
conciencia, su afirmación de que  
para él sólo es vinculante la Sa-  
grada Escritura. Ya desde hacía  
tiempo, era innegable su afición  
a la Biblia: hasta ese momento ha-  
bía dado clases comentando los  
salmos, de los cuales publicó un  
texto dedicado a los salmos peni-  
tenciales, y también había hecho  
la lectura académica de la Epísto-  
la a los Romanos. No parece men-  
tir cuando más tarde declara que  
durante varios años leyó la Bi-  
blia completa al menos dos veces  
Volvamos a la declaración de  
Worms. Si Lutero puede declarar  
que no concede crédito ni al Papa  
ni a los concilios es en parte por-  
que no mucho tiempo atrás, de  
1378 a 1429, había ocurrido el  
Cisma de Occidente, con dos papas  
enfrentados y un tercero que su-  
puestamente habría de arreglar  
el asunto, pero también porque  
la corrupción vaticana era en ese  
momento evidente para todos.  
Cuando el conflicto se agudizó, en  
1522,elPapaAdrianoVIconfesaba:  
“Somos conscientes de que du-  
rante algunos años muchas cosas  
abominables han tenido lugar en  
esta Santa Sede: abusos en asuntos  
espirituales, transgresiones de los  
mandamientos;ciertamenteesono  
ha hecho sino empeorar, Así que no  
es de extrañar que la enfermedad  
se haya propagado de la cabeza a  
los miembros, del papa a los pre-  
lados. Todos nosotros, prelados y  
clero, nos hemos desviado del ca-  
mino recto.10 No fue suficiente.  
10 Citado en Küng, 2003, p. 177.  
17  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
cada año.11 Si nos atenemos a la  
fraseología de sus escritos, sus re-  
ferencias y alusiones a los textos  
sagrados, son numerosísimas; la  
Biblia se le vuelve clave herme-  
néutica de todas las circunstancias  
y acontecimientos que le rodean y  
suceden. Son el cristal con que mi-  
ra el mundo. Más tarde dirá que la  
Escritura es un bosque de cuyos  
numerosos árboles él ha sacado  
fruto agitándolos todos.12  
Lutero, entonces, arraiga la  
teología en la reflexión sobre la  
Escritura mediante un —vamos  
a llamarlo— método, que incluye  
tres pasos: oración, meditación y  
tentación. Pedir la asistencia del  
Espíritu Santo; repasar, rumiar la  
palabra en la meditación, una y  
otra vez, y enfrentar la palabra a la  
vivencia, poner a prueba existen-  
cial la palabra, experimentar en la  
propia vida que se cumple. Allí,  
por ejemplo, Lutero afirma: “Pri-  
mero debes saber que la Sagrada  
Escritura es un libro tal que con-  
vierte la sabiduría de los otros li-  
bros en necedad, porque ninguno  
nos enseña sobre la vida eterna  
excepto éste.13 Lutero se convirtió  
—o ya lo era— en Worms en ese  
hombre temible de un solo libro.  
Las autoridades civiles no acep-  
taron sentarse a debatir, y dieron  
una respuesta autoritaria decre-  
tando la proscripción. Entonces,  
Luteroesartificiosamenteraptado,  
a fin de mantenerlo a salvo en el  
castillo de Wartburgo. Pasa de in-  
cógnito disfrazado del Caballero  
Georg; se deja crecer la barba y  
acomete la proeza de traducir só-  
lo en 9 semanas (de diciembre de  
1521 a febrero de 1522) todo el  
Nuevo Testamento. En septiembre  
de 1522, en Leipzig, ya con la re-  
visión de Melanchton, se hace un  
tiraje de 3000 ejemplares que  
pronto se agotan: el volumen  
cuesta un florín (el precio de un  
becerro o dos meses de salario  
de un maestro de escuela) y en  
diciembre 19 tira la segunda edi-  
ción, con cien mejoras, adiciones  
en las glosas de los pasajes para-  
lelos. Esta edición contó con 12  
reimpresiones apenas al siguiente  
año, en Augsburgo, Basle, Grimma  
y Leipzig; entre 1523 y 1524 se  
tiraron 14 ediciones autorizadas  
y 66 reimpresiones. Queda claro  
que existe una mutua promoción  
entre la Reforma y la imprenta.  
11 Kaufmann, 2017, p. 64 [WATr 2,  
244, 20-23].  
12 Lutero, “Charlas de sobremesa. 4. La  
sagrada Escritura [WA 674]” en  
Lutero, 2016, p. 442. Sobre Lutero  
y su relación con la Sagrada Escri-  
tura, cfr. Kaufmann, “1. «Palabra de  
Dios y enseñanza de Lutero», 2. «La  
Biblia de Lutero», 2017, pp. 59-72;  
1.Egido, “3.5 ‘La Escritura’, 2016,  
pp. 47-49.  
13 Kaufmann, 2017, p. 61 [WA 50, 659, 5-7].  
18  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
Lutero tradujo el Nuevo Testa-  
mento casi a vuela pluma. Llevaba  
a su estancia en Wartburgo la ver-  
sión revisada de 1519 de la edición  
bilingüe del Nuevo Testamento de  
Erasmo y la Vulgata de san Jeró-  
nimo. Resultaría casi natural e  
inevitable que, por esa premura,  
cometiera muchos errores; de he-  
cho, un adversario pronto encon-  
tró 1,400. Como resulta evidente, a  
partir de su Misiva sobre el arte  
de traducir, de 1530,14 no siempre  
traduce del griego, sino del latín,  
lo cual también explica su prodi-  
giosa velocidad. Uno puede pre-  
guntar: ¿por qué tradujo con tanta  
prisa? No es un alarde de sus capa-  
cidades, no es un desahogo obsesi-  
vo ante su tensión nerviosa, dados  
los acontecimientos que acababa  
de vivir. Casi sin duda se puede  
decir que la prisa responde, más  
bien, a una calculada estrategia de  
respuesta a su proscripción, por-  
que entiende que de esa manera  
y sólo de esa manera podrá hacer  
ver que tienen razón sus plantea-  
mientos teóricos: se puede, me-  
diante el contacto directo con la  
palabra de Dios, conseguir la cer-  
teza de la propia salvación; sólo de  
esa manera podrá dar una verda-  
dera alternativa a quienes lo sigan  
en su propósito de evitar toda me-  
diación eclesiástica. Si no entre-  
ga al menos el Nuevo testamento,  
pronto todos tendrán necesidad  
de volver a Roma en busca de con-  
suelo; había que poner pronto en  
manos del pueblo el alimento de  
la Escritura.  
Lutero, estratégicamente, dapre-  
eminencia al Nuevo Testamento,  
porque es más pequeño que el  
Antiguo, pero también por razones  
teológicas. Obviamente, por la  
preeminencia del mismo Cristo,  
él se vuelve el centro hermenéu-  
tico de toda la Escritura. Lutero,  
en consonancia con san Pablo y la  
patrística, asume la interpretación  
tipológica de la Biblia: las figuras  
históricas del Antiguo Testamento  
son tipo premonitorio de lo que  
había de cumplirse de manera ple-  
na en Cristo, y es éste el verdadero  
Adán, el verdadero Moisés. Sin  
embargo, en el año 2001, el enton-  
ces cardenal Ratzinger, en el prefa-  
cio al documento El pueblo judío y  
sus sagradas escrituras en la Biblia  
cristiana, de la Pontificia Comi-  
sión Bíblica, sostiene lo siguiente:  
“en el contexto del humanismo y  
de su nueva conciencia histórica,  
pero sobre todo en el contexto de  
su doctrina de la justificación, Lu-  
tero forjó una nueva fórmula para  
la relación esencialmente dialéc-  
tica en la historia existencial de  
la salvación, la antítesis entre Ley  
14 Lutero, “Misiva sobre el arte de tra-  
ducir (1530), 2016, pp. 306-318.  
19  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
y evangelio.15 Esto podría cons-  
tituirse como un obstáculo para  
que la Sagrada Escritura pudie-  
ra ser un camino de ecumenis-  
mo. De hecho, Ratzinger hace ver  
que ulteriormente:  
Hay que hacer notar, entonces,  
que para Lutero la relación entre  
Antiguo y Nuevo Testamento no  
se percibe de la misma manera en  
que la concibe la teología católica,  
para la que “sin el Antiguo Tes-  
tamento, el Nuevo Testamento  
sería un libro indescifrable.17 Es  
probable que este obstáculo para  
el ecumenismo pueda superarse,  
pero es difícil saber en qué sentido  
podría llegar la solución.  
Bultmann expresó este pun-  
to de vista fundamental con  
categorías modernas di-  
ciendo que el Antiguo Tes-  
tamento se ha cumplido en  
Cristo fracasando. Más ra-  
dical, es la proposición de  
Harnack [ésta no acepta el  
Antiguo Testamento como  
documento canónico, con  
un valor igual al del Nuevo  
Testamento], mencionada  
anteriormente, que (…) era  
la consecuencia lógica de  
una exégesis para la que los  
textos del pasado no pue-  
den tener más sentido que  
el pretendido por sus auto-  
res de aquel momento en su  
contexto histórico. Que los  
autores bíblicos de siglos an-  
tes de Cristo, que se expre-  
san en los libros del Antiguo  
Testamento, hayan querido  
referirse con anterioridad a  
Cristo y a la fe del Nuevo Tes-  
tamento es algo que resulta  
inverosímil para la concien-  
cia histórica moderna.16  
De cualquier manera, aunque  
para Harnack sea una fatalidad a la  
que no pudo sustraerse,18 aconse-  
jado por Melanchton, Lutero toma  
la decisión y emprende la tarea de  
traducir también el Antiguo Testa-  
mento, tarea que le llevará otros  
12 años que, dado el tamaño de  
la empresa, siguen siendo pocos.  
Conviene saber que su traduc-  
ción incluye también los llama-  
dos deuterocanónicos.  
En 1534, Lutero publica la ver-  
sión completa de la Biblia que llevó  
a cabo con un equipo formado  
principalmente por él mismo, Fe-  
lipe Melanchton, Mateo Aurogallo  
y Caspar Cruciger. Hace poco, en  
octubre de 2015, la UNESCO ins-  
cribió su Biblia, junto con otros  
de sus escritos, en el registro de  
17 Pontificia Comisión Bíblica, 2010, p.  
1,721 (núm. 2,047)  
15  
Ratzinger, 2010, p. 1,419 (núm. 1,647).  
16  
18  
Ratzinger, 2010, p. 1,419 (núm. 1,647).  
Ratzinger, 2010, p. 1,415 (núm. 1,644).  
20  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
la Memoria del Registro Mundial  
como parte de la herencia docu-  
mental. Quiere decir que la im-  
portancia de ésta, su Biblia, al  
menos para quienes administran  
la UNESCO, no es un asunto que  
ataña solamente a los luteranos  
o solamente a los alemanes, tam-  
bién atañe a los católicos y a los  
no cristianos.19  
lidad de la letra e intentar dar con  
la expresión corriente alemana.  
No es, pues, de manera general,  
un literalista, de allí que entre sus  
preferencias está mayormente san  
Agustín que san Jerónimo, con  
quien no simpatiza.21 En ocasio-  
nes, Lutero acepta seguir de cerca  
las palabras del original, aunque  
sea difícil entenderlas. Afirma en  
alguna parte: “No obtendremos  
el evangelio del todo con las solas  
palabras. Las palabras son la vaina  
que guarda la espada del espíritu;  
son el cofre en que uno puede lle-  
var esta joya.22  
Aunque las virtudes de su tra-  
ducción no son inmediatamente  
evidentes para quienes no somos  
germanohablantes, vale la pena  
detenernos en algunas de las cua-  
lidades de su trabajo.  
Esta perspectiva que cuida el  
mensaje aun a costa de la palabra  
era relativamente nueva en su  
época, aunque ahora parece una  
tradición que se impone fácil-  
mente y que se adopta a los usos  
lingüísticos de la época en que se  
traduce. Antes de la suya, había  
dieciocho traducciones al alemán,  
todas ellas dependientes de la ver-  
sión latina, que por su perspectiva  
literalista eran inteligibles sólo a  
quienes sabían latín. Sin embar-  
Según Lutero, de acuerdo con su  
Misiva sobre el arte de traducir, el  
traductor debe, en primer lugar,  
tener dominio del idioma de llega-  
da. Él insiste en que su objetivo es  
hablar alemán, no griego ni latín.  
Pretende conseguir una traduc-  
ción limpia y clara, sin guijarros ni  
troncos en el camino, dice él; li-  
bres de polvo y paja diríamos qui-  
zá nosotros; para ello, afirma: “el  
traductor tiene que estar provisto  
de un rico acopio de palabras para  
poder echar mano de ellas cuando  
alguna no cuadre al sentido de  
un pasaje concreto.20 Según él,  
se puede prescindir de la materia-  
21 Rice, 1985, pp. 138-139.  
22 Das wyr das Euangelion nicht wol  
werden erhallten on die sprachen. Die  
sprachen sind die scheyden, darynn  
dis messer des geysts stickt. Sie sind  
der schreyn, darynnen man dis klei-  
nod tregt [WA 15:39 (1524)], citado  
en Lobenstein-Reichmann, p. 24.  
19 Füssel, 2016.  
20 Lutero, “Misiva sobre el arte de tra-  
ducir (1530), 2016, p. 312.  
21  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
volviese a caer; sólo él tenía  
cierta conciencia auditiva,  
una conciencia muy a menu-  
do inquieta, pues no faltan  
razones para que un alemán  
sólo raras veces y casi siem-  
pre muy tarde se convierta  
en un buen orador. Por eso la  
obra maestra de la prosa ale-  
mana es también, con justo  
título, la obra maestra de  
nuestro más grande predi-  
cador: la Biblia ha sido hasta  
ahora el mejor libro alemán.  
Comparado con la Biblia de  
Lutero, casi todo lo demás  
es apenas ‘literatura’; es una  
planta que no ha crecido en  
Alemania y que, por consi-  
guiente, no ha echado raíces  
en el corazón de los alema-  
nes ni ha crecido como lo ha  
hecho la Biblia.24  
go, dado que justamente el alemán  
no tiene una dependencia formal  
con respecto al latín, como la pue-  
de tener el español o alguna otra  
lengua romance, y dado que el  
lector destinatario tampoco era  
el instruido en las artes liberales  
o formado en la tradición clásica,  
Lutero tiene y usa esa libertad pa-  
ra buscar un texto cuyas expresio-  
nes se escuchen alemanas. Por eso  
es importante para él, como para  
otros traductores alemanes de la  
época, traducir libremente, sin es-  
tar atados a la letra; y “libremen-  
te” significa, además, traducir con  
“sensibilidad contextual, esto es,  
buscar en el texto traducido la co-  
herencia y la armonía que va desde  
el vocablo, pasando por la frase y  
la oración, hasta llegar al periodo  
y al párrafo. Hay una visión holís-  
tica del texto, y no una mera fideli-  
dad al vocablo.23  
Se trata de un texto que no tiene  
solamente intenciones de inteligi-  
bilidad, que obviamente la tiene,  
más allá de eso tiene una natura-  
leza, una impronta retórica y ora-  
toria. Para comprender la labor  
translatológica de Lutero, se ha  
insistido erróneamente en sus  
propias palabras cuando dice:  
Para tener una mejor idea de lo  
que estamos hablando, pueden  
servir las palabras con que Nietzs-  
che, ya casi cuatro siglos después,  
se refiere a la traducción de Lutero:  
Sólo el predicador, en Alema-  
nia, conocía el peso de una sí-  
laba o de una palabra, sabía  
cómo hacer para que su frase  
causase impresión, se indig-  
nase, se precipitase, corriese,  
No hay que solicitar a estas  
letras latinas cómo hay que  
hablar el alemán, que es lo  
24 Nietzche, Más allá del bien y del mal,  
núm. 247, 2014, pp. 534-535.  
23 Vermeer, 2000, p. 631.  
22  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
que hacen esos borricos; a  
quienes hay que interrogar  
es a la madre en la casa, a los  
niños en las calles, al hombre  
corriente en el mercado, y  
deducir su forma de hablar  
fijándoseensuboca.Después  
de haber hecho esto es cuan-  
do se puede traducir; será la  
única manera de que com-  
prendan y de que se den  
cuenta de que está hablando  
con ellos en alemán.25  
el uso del idioma, de las que él era  
muy consciente y de las que ha-  
cía alarde; emplea con exquisitez,  
con brío, con frescura, el lenguaje  
figurado, la acuñación de vocablos  
tales como Sündenbock (chivo ex-  
piatorio), Lockvogel (señuelo),  
Lückenbüsser  
(tapa-agujeros),  
Feuereifer (celo ardiente), Denk-  
zettel (escarmiento), Herzenlust  
(antojo), Morgenland (oriente)…  
todos ellos familiares a quienes  
hablan alemán; se vale de tropos  
ingeniosos en sus frases; evita la  
monotonía; recurre a la sinonimia;  
toma en cuenta el sonido y el sen-  
tido, la ambigüedad de las pala-  
bras, usa paralelismos, parataxis;  
acuña expresiones contundentes  
como proverbios, sentencias o re-  
franes, que todavía son parte del  
vocabulario alemán y no pare-  
cen nada anticuados: Stecken und  
Stab, (vara y cayado), zittern und  
zagen (temblar y angustiarse),  
Rat und Tat (consejo y obra), sin-  
gen und klingen (cantar y sonar),  
für immer und ewig (por siempre  
y para siempre), die Ersten werden  
dieLetztensein(losprimerosserán  
últimos), auf eigene Faust (con sus  
propios puños); im Schweiße sei-  
nes Angesichts (con el sudor de su  
frente), ein Machtwort sprechen  
(hacer valer su autoridad), der  
Wolf im Schafspelz (el lobo en piel  
de oveja)… todo lo cual impactaba  
la mente de sus lectores y los ga-  
naba simultáneamente como lec-  
Sin embargo, atenidos al texto  
de Lutero, no cabe pensar que  
sea uno lleno, digamos, de colo-  
quialismos, de estilo llano, de vo-  
cablos sencillos; no encontramos  
un texto callejero. Es, más bien,  
un florilegio de estilos que sabe  
también usar, junto con las expre-  
siones idiomáticas, el vocabulario  
elevado, un estilo noble y majes-  
tuoso, y también el burocrático.  
Se trata de que el lector sienta que  
está recibiendo un texto revelado,  
en cuyas narraciones se patentiza  
la acción divina. Es iterativo: es be-  
gab aber sich, “y sucedió entonces  
que…”. Lutero tenía una preocupa-  
ción más allá del léxico, e incluso  
por encima del sentido. Tenía, co-  
mo bien lo percibió Nietzsche, una  
preocupación retórica, y se valía  
de sus capacidades y virtudes en  
25 Lutero, “Misiva sobre el arte de tra-  
ducir (1530), 2016, p. 311.  
23  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
tores de la Biblia y como adeptos  
de su movimiento. Su traducción  
buscaba de parte de los lectores la  
apropiación del texto favoreciendo  
la memorización mediante todos  
los recursos posibles: el ritmo, la  
rima, las aliteraciones. Es, pues,  
la suya una traducción embellecida  
retóricamente y pragmáticamente  
funcional. El lector debió sentir in-  
mediatamente que el anuncio del  
Evangelio, de la palabra de Dios,  
aparecía directamente frente a sus  
ojos, lo cual, sin duda, estaba ínti-  
mamente relacionado con sus in-  
tenciones proselitistas. La Biblia  
así traducida sería el catalizador  
de la reforma religiosa y social.  
jero un ejército inmenso, pero en  
la versión de Lutero dice: Der Herr  
gibt das Wort, mit grossen scharen  
Evangelisten, es decir, El Señor da  
la Palabra con grandes y podero-  
sos evangelistas, con evidente  
anacronismo. Más adelante, en el  
mismo salmo, señalando envidio-  
sos de Sión a otros montes fértiles  
y ricos, dice: “Monte encumbrado,  
el monte de Basán! ¡Monte escar-  
pado, el monte de Basán! ¿Por qué  
miráis celosos, montes escarpados  
al monte que Dios se escogió por  
mansión?, Lutero traduce: “Der  
Berg Gottes ist ein fruchtbar berg,  
ein gros und fruchtbar gebirge.  
Was hupffet ir grosse gebirge Gott  
hat lust auff diesem berge zu wo-  
nen, esto es: “El monte de Dios es  
un monte fecundo, una grande y  
fecunda montaña. Qué os hace sal-  
tar grandes montañas, Dios se  
complace en vivir en este monte.  
Podría uno pensar que por elimi-  
nar el toponímico Basán, también  
quitó la prosopopeya que atribuía  
envidia o celos a las montañas de  
Basán, sin embargo, Lutero sigue  
con la Vulgata la etimología del  
hebreo la palabra ‘Basán, significa  
fértil, fecundo, y las montañas “sal-  
tan” quizá de envidia o celos, pe-  
ro Lutero conserva el hebraísmo.  
A veces, Lutero, sagaz y atrevido,  
traduce literalmente, y así, en el  
Cantar de los Cantares, 7, 13, don-  
de dice: “De mañana iremos a las  
viñas, a ver si la vid está en cier-  
Es difícil hacer ver esto, pero, por  
ejemplo, la frase evangélica “Brille  
así vuestra luz ante los hombres”  
(Mt 5, 16), en él suena con alite-  
ración: Also lasset euer Licht leu-  
chten für den Leuten. Der Herr ist  
mein Hirten” (El Señor es mi pas-  
tor) (Salmo 23). Las palabras en  
la consagración “acabada la cena,  
tomo Jesús el pan, dio gracias lo  
partió y lo dio a sus discípulos di-  
ciendo…, en su traducción dejan  
oír una insistente “a”: “Da sie aber  
assen, nahm Jesus das Brot, dankte  
und brachs und gab es seinen Jun-  
gern und sprach.... Qué buscaba Lu-  
tero, puede comprenderse cuando  
en el salmo 68 dice, en traducción  
de la Biblia de Jerusalén: “El Señor  
ha dado una orden, es su mensa-  
24  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
ne, si se abren las yemas, si flore-  
cen los granados. Allí te entregaré  
el don de mis amores. Lutero tra-  
duce la última frase: Da wil ich dir  
meine brüste geben: Allí quiero  
darte mis senos, dejando crudo el  
erotismo del texto.  
A veces omite palabras, en He-  
chos de los apóstoles 16, 7 dice:  
“Estando ya cerca de Misia, inten-  
taron dirigirse a Bitinia, pero no se  
lo consintió el Espíritu de Jesús.  
La traducción de Lutero omite  
“de Jesús. La omisión es relevan-  
te porque un poco más arriba se  
habla de que es el Espíritu Santo  
quien no les permitió predicar en  
Asia. Aquí se trata en cambio del  
Espíritu de Jesús. ¿Es un Espíritu  
distinto del Espíritu Santo? ¿Es el  
mismo, y por eso acaso omitió vo-  
luntariamente “de Jesús”? Quizá  
por descuido, quizá el texto griego  
quesiguenolotiene, perosíestáen  
la Vulgata y en otras ediciones del  
texto griego. Hay errores afortuna-  
dos, por ejemplo en vez de traducir  
los hijos de Dios como Die Söhne  
des Gottes, traduce Die Kinder des  
Gottes (los niños de Dios), que en  
alemán no tiene marca de géne-  
ro, traducción que a feministas  
o inclusivistas les hará más gracia.  
Naturalmente, también su tra-  
ducción tiene algunos “errores”  
que acaso no lo son.26 Por ejemplo,  
en el evangelio según san Juan, se-  
gún Lutero, Jesús asiste a la dedi-  
cación de la Iglesia (Kirkweih) y no  
a la dedicación del templo (Tem-  
pelweihe). Le interesa dar un texto  
de fácil comprensión al lector, sin  
intereses filológicos o arqueológi-  
cos. Habla del “becerro de oro, ex-  
presión que también conocemos  
en la tradición católica en el texto  
del Éxodo (32, 8 ss), pero cuyo  
texto se refiere, más que a un be-  
cerro, a un toro, que en las tradi-  
ciones culturales y religiosas de  
Egipto o Mesopotamia jugaba un  
rol  
importantísimo.  
Siguiendo  
la costumbre judía de omitir el  
nombre de Dios o de cambiarlo  
por Adonai (el Señor), Lutero usa  
simplemente “Der Herr” en mu-  
chos pasajes que con distintas  
Esta manera de proceder, aten-  
diendo al idioma en que se tradu-  
ce, ha contribuido a tener a Lutero,  
con exageraciones casi míticas, co-  
mo el “creador” de la lengua alema-  
na, aunque ciertamente su obra es,  
no sin mérito, el documento privi-  
legiado para conocer el alemán de  
su época.27 Al respecto, cabe hacer  
palabras se refieren  
a
Dios.  
El efecto es conseguir mayor ho-  
mogeneidad en el texto traducido.  
26 De algunos errores en la traducción  
de Lutero, se ha ocupado Schmidt,  
2016.  
27 Sobre este tema, sumamente escla-  
recedor es el artículo de Lobens-  
tein-Reichmann, 2017.  
25  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
algunas consideraciones. No hay  
que olvidar que su traducción de  
la Biblia era un trabajo en equipo,  
y no parece que haya sido un tra-  
bajo descuidado, porque en su Mi-  
siva sobre el arte de traducir afirma  
que pasaron tres jornadas buscan-  
do una palabra, o en varios días  
haber avanzado tan sólo tres lí-  
neas. Además, Lutero habría to-  
mado supuestamente como uno  
de sus criterios de traducción  
prescindir de formas dialectales  
y ocupar también la lengua de la  
cancillería, pero no por eso era sin  
más un alemán que pudiera lla-  
marse estándar. Incluso, algunas  
de las ediciones que se hicieron de  
su Biblia contenían léxicos de otras  
formas dialectales. Su traducción  
es, sin duda, un hito para la evo-  
lución de la lengua alemana por-  
que deja atrás las variantes regio-  
nales de Mittelhochdeutsch, une  
las variantes Ostmitteldeutsch (la  
variante hablada en la región de  
Sachsen/Thüringen) y Fränkisch  
(Franconia), y da forma al Früh-  
neuhochdeutsch, una etapa an-  
terior del alemán actual. Pero su  
Biblia no es el único documento  
lingüístico, porque habría por lo  
menos que mencionar los textos  
de Paracelso (a partir de los años  
treinta del mismo siglo XVI). Ade-  
más, hay varios factores que con-  
tribuyeron al cambio lingüístico  
y a la unificación del idioma, por  
ejemplo los humanistas, los nue-  
vos grandes centros de imprentas  
(Druckersprachen), factores socio  
y geopolíticos, etcétera. Lo que sí  
es cierto es que el lenguaje ecle-  
sial, teológico y litúrgico, oral y  
escrito sí fue determinado —casi  
permanentemente diríamos— por  
los usos luteranos.  
Por otra parte, hay que distinguir  
el idioma que usa en sus escritos  
y el que usa en su traducción de  
la Biblia. En sus escritos es suma-  
mente perspicaz y agudo; escribe,  
se dice ya desde aquel entonces,  
“con aguijones, un estilo ya bus-  
cado por Petrarca, viril y sólido.  
Su lenguaje colorido, a veces soez,  
procaz y majadero, lo hacía atrac-  
tivo, pero no era distinto de otros  
escritores de su época. Sus panfle-  
tos eran ampliamente difundidos  
y tenían una eficacia inmediata.  
Se sabe que fue el escritor más  
editado en su siglo, un verdadero  
best seller.  
Pero las estrategias en su tra-  
ducción de la Biblia están lejos de  
las de sus escritos. Es esencial dar-  
se cuenta de que las intenciones  
fundamentales de Lutero, sus ob-  
jetivos, están más vinculados con  
la divulgación de la Sagrada Es-  
critura, con la propagación de sus  
contenidos y doctrinas, que con in-  
tereses lingüísticos, idiomáticos o  
culturales. Traduce de esa manera  
porque se haría más fácil la im-  
26  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
pugnación a la Iglesia católica, se  
acabaría o se debilitaría el mono-  
polio de la mediación eclesiástica,  
dado que ahora todos tendrían  
acceso a la salvación mediante el  
conocimiento directo de la Biblia.  
Si la traducción de la Sagrada Es-  
critura tuvo consecuencias sig-  
nificativas y permanentes en el  
idioma o, desde el punto social o  
político, en la conformación de  
una identidad alemana, como dice  
Goethe, esas consecuencias sólo  
lo eran de manera concomitente,  
como derivadas del objetivo prin-  
cipal que era prestar un servicio al  
pueblo de Dios para poner en sus  
manos el instrumento de su eman-  
cipación religiosa. Su relevancia  
literaria se subordina a su relevan-  
cia teológica como instrumento  
eficaz del postulado de la Sola Es-  
critura. Medio millón de Biblias  
entre 1522 y 1546 no ha de haber  
sido un bocado fácil de tragar para  
la contraparte católica.  
sabio, experimentado, avezado.28  
Es ésta una declaración de princi-  
pios, a los que parece haberse  
ceñido, y en principio podría sus-  
cribirla un católico. Pero, entonces  
no aparece cuál sería el problema.  
Lutero en su Misiva sobre el arte  
de traducir dice que es consciente  
de no siempre haber conseguido  
su objetivo. Afirma:  
he traducido el Nuevo Tes-  
tamento lo mejor que me ha  
sido posible y que mi con-  
ciencia me lo ha permitido.  
No obstante —continúa Lu-  
tero— a nadie he obligado a  
leerlo; he dejado libertad ab-  
soluta, y si lo he traducido,  
ha sido con la única inten-  
ción de prestar un servicio a  
quienes no pueden realizarlo  
mejor que yo. A nadie le está  
vedado realizar una versión  
más perfecta. No la lea el que  
no quiera hacerlo; ni le voy a  
pedir que la lea ni le alabaré  
si lo hace.29  
En este punto, uno puede pre-  
guntarse si paradójicamente la  
traducción de la Biblia, que a  
Lutero le sirvió de emancipación  
religiosa de Roma, puede servir co-  
mo instrumento del ecumenismo.  
Luteroafirmaqueeltraducirnoes  
un arte por el que cada uno pueda  
hacer lo que le venga en gana, co-  
mo opinan esos santos insensatos;  
requiere un corazón recto, piado-  
so, entregado, prudente, cristiano,  
A pesar de esta declaración, con  
el tiempo, su propia traducción se  
comenzó a volver canónica. Inclu-  
so, cuando se han elaborado ver-  
28 Lutero, “Misiva sobre el arte de tra-  
ducir (1530), 2016, p. 313.  
29 Lutero, “Misiva sobre el arte de tra-  
ducir (1530), 2016, p. 308.  
27  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
siones ecuménicas realizadas por  
equipos interconfesionales, las co-  
munidades luteranas siguen em-  
pleando la traducción de Lutero,  
ligeramente modificada, pues se  
han hecho revisiones en el si-  
glo XIX y XX, la última justo para  
conmemorar los 500 años de la  
Reforma;30 quizá, sin él quererlo,  
su texto empieza a experimentar  
—en alemán al menos— la suerte  
que el texto latino de san Jerónimo  
ya consumadamente tenía en el si-  
glo XVI. La gran enseñanza podría  
ser que ninguna traducción puede  
aspirar a sustituir el texto original.  
católico. Su camino es un regreso a  
la fuente prístina del cristianismo,  
al origen. “Podría ser congruente  
con los postulados de Lortz que la  
separación de las Iglesias fue re-  
sultado de malentendidos y pudo  
haberse evitado si la Iglesia hubie-  
ra tenido una mayor vigilancia,31  
dice Ratzinger. ¿No le daría la  
razón a este postulado todo aque-  
llo en que protestantes y católicos  
coinciden al leer la Escritura?  
Actualmente, priva en la exégesis  
el método histórico-crítico. Es el  
acercamiento, digamos, científico  
a la Biblia. Personalmente, disfru-  
to, aprendo y me conmuevo leyen-  
do los textos de Joachim Jeremias,  
luterano, cuyas exégesis son ex-  
traordinarias, llenas de sapiencia  
y erudición. Se publican libros de  
exégesis donde los que participan  
son de distintas denominaciones  
confesionales, porque en su tra-  
bajo, supuestamente, su afiliación  
—si son anglicanos, metodistas,  
luteranos o católicos— no juega  
ningún papel. Todo ese trabajo es  
de una enorme importancia, por-  
que hace resaltar todo aquello que  
es relevante de aquello que es se-  
cundario. Pero, ¿cuál es el riesgo?:  
que es posible terminar expertos  
en ciencias bíblicas, conocedores  
de la épica y la lírica hebrea, de  
La traducción de Lutero, bien  
hecha como está, ¿podría suscri-  
birse, si no el día de hoy, acaso  
en su propio tiempo? ¿Habría de  
condenarse la traducción por el  
hecho de ser de Lutero, aún en  
todos aquellos pasajes que no  
son objeto de disensos doctrina-  
les con los católicos? ¿No es ver-  
dad que en la mayoría del texto  
coincide con la traducción de san  
Jerónimo?Incluso, latraducciónde  
Lutero no pone cuernos a Moisés,  
célebremente esculpidos por Mi-  
guel Ángel. De acuerdo con las  
investigaciones de Joseph Lortz,  
Lutero estaba combatiendo y de-  
rribando un catolicismo que, dada  
la corrupción imperante, ya no era  
30 Lutherbibel, 2017.  
31 Ratzinger, 2008, pp. 2-3.  
28  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
arqueología bíblica, de lingüística  
hebrea, griega o latina, eruditos  
exhaustivos de todo lo relacionado  
con la Biblia, sin creer ya en Cristo  
como el Señor de todos.  
Vaticano II. Existe la conciencia  
que es una nota esencial actual  
del cristianismo buscar la unidad,  
aunque sigan señales de sentido  
adverso. Sin embargo, también  
son las situaciones concretas del  
cristianismo del día de hoy las que  
hacen emerger otra cuestión. La  
Sola Escritura no existe, no es po-  
sible. Lutero reduce la teología a  
la exégesis del texto, pero no hay  
un texto que sea sólo un texto; en  
un texto entran muchos factores  
en juego (el autor, la época, la so-  
ciedad, la cultura), y hablando de  
los textos bíblicos existe la comu-  
nidad que es testigo de las maravi-  
llas de Dios en la historia, narradas  
y celebradas en la Sagrada Escri-  
tura, de cuyas intervenciones es  
testigo y cuyo nombre celebra en  
la liturgia. Esto se hizo evidente,  
por ejemplo, cuando se encontra-  
ron los rollos del Mar Muerto; no  
sólo eran los textos que en gran  
parte coincidían con los que se ha-  
bían conservado por la traducción  
manuscrita; no eran importantes  
por decir lo que ya se sabía, eran  
importantes por ser los textos que  
animaban la vida de la comunidad  
que los custodiaba, de la que algo  
se sabía, pero que ahora gracias a  
los rollos emergía revelándonos  
su vida comunitaria y su fe. En  
cierto sentido, pasa lo mismo con  
la Biblia de Lutero, custodiada por  
los luteranos. Atinadamente, Ra-  
tzinger afirma:  
A católicos y protestantes ac-  
tualmente los ha hermanado el  
enemigo común del secularismo  
y de la descristianización. Hans  
Küng habla del luteranismo como  
un nuevo paradigma, otro, como la  
versiónmodernadelcristianismo.32  
Las circunstancias, el desarrollo  
histórico ha llevado a un secre-  
to e inconsciente ecumenismo:  
muchos católicos, casi sin darse  
cuenta, son en muchos aspectos  
más protestantes de lo que están  
dispuestosareconocer,yviceversa.  
Además, hay, como dice el Papa  
Francisco, un ecumenismo de san-  
gre. El miembro del Estado islámi-  
co no pregunta de qué confesión  
cristiana es la persona a la que va  
a arrebatar la vida.  
Pero entonces, ¿puede o no ser  
la Biblia camino de ecumenismo?  
Hay un nivel en que se coincide, y  
en ese nivel se puede ser ecumé-  
nico. La cuestión es difícil y hay  
comisiones de expertos de ambas  
Iglesias trabajando en el asunto.  
También se cumplen este año cin-  
cuenta años de los trabajos ecu-  
ménicos comenzados durante el  
32 Küng, 2015.  
29  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
En su forma literaria, ella  
[la Biblia de Lutero] ha sido  
precisamente la fuerza uni-  
tiva del luteranismo a través  
de los siglos; su eliminación  
afectaría de hecho al núcleo  
de la identidad luterana. Es-  
ta traducción tiene un rango  
en su comunidad muy dis-  
tinto del que cualquiera otra  
pueda tener entre nosotros.  
Además —continúa Ratzin-  
ger—, por la interpretación  
que implica, limita en cierto  
sentido los efectos de la So-  
la Scriptura y proporciona  
una inteligencia común de la  
Biblia, un patrimonio “ecle-  
sial” común.33  
discutiendo. Católicos y luteranos  
pueden compartir la oración y  
la práctica de la caridad, que no  
es poco; pueden seguir sumer-  
giéndose juntos en el océano de  
la Escritura, escudriñándola, obe-  
deciendo el mandato de Cristo  
cuando dijo: “Vosotros investigáis  
las Escrituras… ellas son en reali-  
dad las que dan testimonio de mí”  
(Jn 5, 39).  
Martinus Eleutherius, Martín Lu-  
tero, esclavo y liberto de Cristo, ha  
escrutado las Escrituras —como  
intenté hacer ver— con mano  
diurna y nocturna; con toda justi-  
cia, recientemente ha sido saluda-  
do, también por la Iglesia católica,  
como “testigo del Evangelio.  
Podrían luteranos y católicos  
reunirse a celebrar la Palabra, a  
proclamar las intervenciones por-  
tentosas de Dios en la historia del  
hombre, que se actualizan cuando  
se recuerdan. Podrían hacerlo con  
la Biblia de Lutero, si se consigue  
hacerla entrar en consonancia con  
la intención de Cristo que fundó  
una sola Iglesia, la cual, gracias  
a Lutero, recordará también que  
debe siempre reformarse.  
*Doctor en Filología e investigador en  
el Centro de Estudios Clásicos del Institu-  
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32  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
La promoción de los derechos  
humanos en la acción internacional  
de la Santa Sede**  
Paolo Rudelli*  
Entre el siglo XIX y XX  
la redacción de la Declaración de  
los derechos del hombre y del ciu-  
dadano en el seno de la Asamblea  
Nacional Constituyente, en 1789,  
en el que participaron diversos  
exponentes del clero, se eviden-  
ciaron dos cuestiones problemá-  
ticas que se revelaron como dos  
dificultades de no fácil solución  
para la posición católica: la pri-  
mera, atañe a la necesidad de ex-  
plicitar o no un fundamento de los  
derechos del hombre, sea éste re-  
conocido en la naturaleza humana  
o en el Dios creador; la segunda,  
la espinosa cuestión de la libertad  
de religión, que parecía poner en  
el mismo plano cualquier tipo de  
elección, sacrificando la verdad y  
sus derechos. A esto se añadía, en  
no pocos defensores de los dere-  
chos del hombre, una actitud de  
revancha contra la Iglesia católica  
y los privilegios de los que gozaba  
la religión en el sistema del ancien  
règime, actitud que ciertamente  
no facilitaría la acogida de las nue-  
vas ideas en el ámbito católico.  
Como es sabido, la adhesión del  
magisteriocatólicoalacausadelos  
derechos humanos ha sido lenta  
y no ha estado exenta de objecio-  
nes.1 Ya en ocasión del debate para  
** El autor desde 2014 es observa-  
dor permanente de la Santa Sede  
ante el Consejo de Europa, organiza-  
ción paneuropea en la cual también  
México está presente como Estado  
observador, y que tiene como fi-  
nalidad la promoción de los dere-  
chos humanos, de la democracia y  
del Estado de derecho en Europa.  
El presente texto fue pronunciado  
con ocasión de una conferencia  
que tuvo lugar en la ciudad de Ro-  
vereto, Italia, bajo invitación de la  
Fondazione Opera Campana dei Ca-  
duti per la Pace, una fundación que  
quiere promover una cultura de paz  
a través de la preservación de las  
memorias de la Primera Guerra  
Mundial. Título original: “La promo-  
zione dei diritti umani nell’azione  
internazionale della Santa Sede.  
Traducción: Víctor García Salas.  
1 Sobre la evolución de la relación con  
las ideas del ’89 durante el siglo XIX,  
cfr. D. Menozzi, Chiesa e diritti umani,  
Bologna, 2012, 13-110.  
33  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
De hecho, la posición de los  
pontífices a lo largo del siglo XIX  
se fue endureciendo: desde la con-  
dena a las nuevas ideas por parte  
de Pío VI en la breve Quod Aliquan-  
tum del 10 de marzo de 1791, que  
formaba parte de la reprobación  
más general a la nueva normativa  
eclesiástica derivada de la obli-  
gación de juramento de fidelidad  
a la Constitución civil por parte del  
clero, pasando por documentos  
más formales desde el punto de  
vista doctrinal, encaminados a  
desafiar los principios de ’89, ta-  
les como las encíclicas Mirari Vos  
(1832) y Singulari Vos (1834) de  
Gregorio XVI, hasta llegar a las  
proposiciones condenatorias del  
Syllabus de Pío IX (1864).  
por otra, se comienza a formular  
un discurso sobre la posible tole-  
rancia a estas ideas en la situación  
concreta, lo que abre una puerta a  
la posibilidad de compromiso po-  
lítico de los católicos.2 Al mismo  
tiempo, León XIII vuelve a lanzar  
la teoría de la ley natural como  
fundamento de la convivencia ci-  
vil, un tema que si bien es cierto se  
coloca en un plano distinto del de  
los derechos del hombre, tiene en  
común con éste el principio de  
una ley superior y no disponible  
para la autoridad estatal. Se trata  
de una comunidad que no tardará  
en transformarse en convergen-  
cia, convergencia que aunque no  
llegará nunca a transformarse en  
coincidencia, permitirá a la Iglesia  
retomar el diálogo con la moder-  
nidad, lo que sucederá muy pronto  
con la encíclica Rerum Novarum, la  
cual a partir de la ley natural afir-  
mará el derecho natural a la pro-  
piedad privada, al salario justo, a  
la libertad de asociación entre los  
trabajadores, asentando de esta  
manera las bases de la doctrina  
social católica.  
Esta posición convivió con la ne-  
cesidad de la Santa Sede de llegar a  
acuerdos con gobiernos liberales,  
para aceptar la libertad de la Igle-  
sia: acuerdos que, no raramente,  
se traducían en tolerancia a los  
principios desaprobados. Por otra  
parte, algunos católicos comenza-  
ron a utilizar los derechos de ’89  
precisamente para reivindicar la  
libertad de enseñanza y de acción  
de la Iglesia al interior de regíme-  
nes políticos liberales.  
Con León XIII se abrirá también  
la posibilidad de una renovada  
presencia de la Santa Sede en la es-  
cena internacional, luego del trau-  
ma causado por el fin del Estado  
El pontificado de León XIII cons-  
tituye una suerte de parteaguas:  
por una parte, se ratifica la con-  
dena a las libertades modernas;  
2
D. Menozzi, op. cit., 70-84.  
34  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
pontificio. Una presencia que un  
antiguo colaborador de su Secre-  
taría de Estado, el Papa Benedicto  
XV, expresará de manera comple-  
tamente nueva en ocasión de la  
iniciativa, tomada en el momento  
más trágico de la Primera Guerra  
Mundial, de la “Nota” a los Jefes de  
los pueblos beligerantes, con fecha  
del 1 de agosto de 1917, de la que  
precisamente en estos días se con-  
memora el centenario. La nota no  
habla de derechos naturales, pero  
hace referencia un par de veces a  
la “fuerza moral del derecho” y al  
“imperio del derecho” como prin-  
cipios reguladores de las contro-  
versias internacionales. Sabemos  
que, por desgracia, la iniciativa del  
Papa no tuvo éxito; sin embargo,  
ésta constituirá un hecho nuevo  
en cuanto a la presencia de la San-  
ta Sede en la escena internacional:  
la referencia a la fuerza del dere-  
cho, que remitía a la antigua tradi-  
ción del ius gentium, se mostraría  
fecunda precisamente en su inte-  
racción con los derechos del hom-  
bre para la acción de la Santa Sede  
durante el siglo XX.  
del hombre como bases indispen-  
sables para la reconstrucción de  
un orden justo y pacífico.3  
Ante la proclamación de la Decla-  
ración universal de los derechos del  
hombre de 1948, se reproducirán  
en el campo católico las antiguas  
incertidumbres. Por un lado, es-  
tán quienes lamentarán la falta del  
reconocimiento de un fundamen-  
to que trascienda la doctrina de  
los derechos humanos, lo que  
amenaza con minar la solidez del  
edificio entero; por el otro, están  
quienes, como Jacques Maritain,  
sostendrán que la posibilidad de  
un acuerdo práctico sobre los de-  
rechos que hay que tutelar, más  
allá de las divergencias doctri-  
nales, constituye al final el logro  
más importante.4 De hecho, Pío XII  
no mencionará nunca la Declara-  
ción universal.  
Habrá que esperar la encíclica  
Pacem in Terris, publicada por  
Juan XXIII en abril de 1963, pocas  
semanas antes de su muerte, para  
encontrar en el magisterio pontifi-  
3
El tema de los derechos natu-  
rales recobrará actualidad en la  
lucha de Pío XI contra los totalita-  
rismos, y evolucionará con Pío XII,  
en pleno conflicto mundial, con el  
explícito reconocimiento de los  
derechos fundamentales de la per-  
sona y de los inalienables derechos  
Pío XII, radio-mensaje en la vigila  
de la Santa Navidad, 24 de diciem-  
bre de 1942. Los derechos que Pío  
XII enumera son sustancialmente  
aquellos ligados a la vida social: de-  
recho a la educación, al trabajo, a  
formar una familia, al libre uso de  
los bienes materiales.  
4
Cfr. D. Menozzi, op. cit., 158-171.  
35  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
cio una apreciación positiva sobre  
la Declaración. Juan XXIII afir-  
maba que, aunque sobre algunos  
puntos de la Declaración hubiera  
habido críticas y “fundadas obje-  
ciones, no hay duda, sin embargo,  
de que el documento marca un  
pasoimportanteenelcaminohacia  
la organización jurídico-política  
de la comunidad mundial.5 El  
Pontífice esperaba que la Organi-  
zación de las Naciones Unidas, fiel  
a la nobleza de su tarea, pudiera  
constituir en el futuro “una tutela  
eficaz de los derechos que brotan  
inmediatamente de su dignidad  
de personas; y que por eso son  
derechos universales, inviolables,  
inalienables.6  
diante la recta consciencia o la  
recta razón,7 la referencia a la na-  
turaleza humana y al orden moral  
inscrito en ella por Dios,8 el re-  
chazo a la idea de que los derechos  
brotan únicamente de la voluntad  
de los seres humanos.9 Sin embar-  
go, por primera vez, se admitía la  
“convergencia entre la tabla de los  
derechos establecida por la Carta  
de 1948 y la proclamada por la  
institución eclesiástica.10  
El Concilio Vaticano II, entonces  
en curso, no se apartará mucho de  
la posición juaniana. La constitu-  
ción Gaudium et Spes contiene mu-  
chas referencias a los ‘derechos  
fundamentales de la persona hu-  
mana, expresiónyautilizada, como  
se ha visto, por el magisterio de  
Pío XII y que resulta casi una fu-  
sión entre los ‘derechos naturales,  
tradicionalmente apoyados por la  
Iglesia, y los ‘derechos del hombre,  
proclamados por los documentos  
internacionales. Sin embargo, la  
Constitución conciliar afirma en  
un pasaje que “La Iglesia, pues, en  
virtud del Evangelio que se le ha  
confiado, proclama los derechos  
Se ha subrayado, justamente,  
cómo la encíclica constituyó un  
giro en la relación entre el ma-  
gisterio pontificio y los derechos  
humanos. Juan XXIII no olvidaba  
los muchos caveat que el magiste-  
rio precedente había manifestado  
respecto a la idea de los derechos  
del hombre: la necesidad de que  
éstos fuesen comprendidos me-  
5
Pacem in Terris, 11 de abril de 1963,  
7
Cfr. Ibid., nn. 8, 30, 84.  
La referencia al orden inscrito en la  
n. 144. Todos los textos pontificios a  
los que se hace referencia se puede  
hallar fácilmente en www.vatican.  
va. En esta traducción se citan di-  
rectamente en español, cuando es-  
tán disponibles [N. del. T.]  
8
naturaleza humana es una constante  
en la encíclica: cfr. Ibid., nn. 4.5.7.10.  
14.15.26.33.41.47.48.82.  
9
Cfr. Ibid., n. 45.  
10 D. Menozzi, op. cit., 192.  
6
Ibid., n. 145.  
36  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
del hombre y reconoce y estima  
en mucho el dinamismo de la épo-  
ca actual, que está promoviendo  
por todas partes tales derechos,11  
añadiendo inmediatamente: “De-  
be, sin embargo, lograrse que este  
movimiento quede imbuido del  
espíritu evangélico.12 Un impacto  
todavía mayor, para los desarro-  
llos por venir, tendrá el reconoci-  
miento explícito del derecho a  
la libertad religiosa afirmado y  
desarrollado en la declaración  
Dignitatis Humanae del Concilio  
Vaticano II.  
histórico, el Papa expresa a la ONU  
“una ratificación moral y solemne  
de esta augusta Organización,  
definiéndola como “el camino obli-  
gado de la civilización moderna  
y de la paz mundial.13 No obstan-  
te, el discurso trata, sobre todo, de  
las relaciones entre los pueblos y  
la paz que las Naciones Unidas  
deben promover, y el tema de los  
derechos humanos es sólo men-  
cionado como instrumento para  
favorecer la colaboración entre  
los pueblos.14  
En todo caso, la visita de Pablo  
VI consolidará la relación entre la  
El pontificado de Pablo VI  
13  
Tocará a Pablo VI recoger la he-  
rencia de las intuiciones de su  
predecesor sobre los derechos hu-  
manos y de las contenidas en los  
textos conciliares, retomándolas  
sistemáticamente en sus enseñan-  
zas y, sobre todo, promoviéndo-  
las, por primera vez, como motivo  
inspirador de la acción de la Santa  
Sede en el plano internacional.  
Pablo VI, Discurso en las Naciones  
Unidas, 4 de octubre de 1965, n.3.  
14  
“Lo que vosotros proclamáis aquí  
son los derechos y los deberes  
fundamentales del hombre, su dig-  
nidad y libertad y, ante todo, la li-  
bertad religiosa. Ibid., n. 12. Para  
Pablo VI, dicha libertad deriva de lo  
sagrado de la vida del hombre. In-  
teresante observar cómo, ya en esta  
ocasión, pone en guardia contra la  
promoción de un control artificial  
de la natalidad: “el respeto de la vi-  
da, aun en lo que se refiere al gran  
problema de la natalidad, debe ha-  
llar su más alta expresión y su de-  
fensa más razonable. Vuestra tarea  
es hacer de modo que abunde el  
pan en la mesa de la humanidad y  
no auspiciar un control artificial de  
los nacimientos, que sería irracio-  
nal, con miras a disminuir el núme-  
ro de convidados al banquete de la  
vida. Idem.  
La intervención de Pablo VI en  
las Naciones Unidas —primera  
vez para un Pontífice— acontece  
el 4 de octubre de 1965, en el mo-  
mento de la conclusión del Con-  
cilio Vaticano II. En este evento  
11 Gaudium et Spes, 7 de diciembre de  
1965, n. 41.  
12 Idem.  
37  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
Santa Sede y las Naciones Unidas,  
que se reflejará, además de en el  
fortalecimiento de la misión di-  
plomática de la Santa Sede en New  
York, en contactos regulares entre  
los secretarios generales y el pon-  
tífice, así como en los mensajes  
enviados por el Papa para las prin-  
cipales conmemoraciones. Entre  
éstas, recordamos la celebrada  
por el 20° aniversario de la Decla-  
ración Universal, en la que Pablo  
VI evidencia la importancia de la  
Declaración de 1948 y, más en ge-  
neral, del respeto a los derechos  
humanos para la construcción de  
la paz.15 En este contexto, se coloca  
también la adhesión por parte  
de la Santa Sede a la Convención  
Internacional sobre la Elimina-  
ción de Toda Forma de Discrimi-  
nación Racial.16  
Un aporte significativo a la sen-  
sibilización por la causa de los de-  
rechos del hombre en el ámbito  
católico será dado por la encíclica  
Populorum Progressio, de la que  
hemos celebrado en meses pasa-  
dos el cincuentenario. En ella, los  
temas del desarrollo están estre-  
chamente relacionados con los  
que el Papa, utilizando la termi-  
nología de Gaudium et Spes, lla-  
ma “derechos fundamentales de  
la persona humana.17 La prepa-  
ración de la encíclica corrió a la  
par del proceso de institución de  
la comisión de estudio “Justicia  
y paz, que vio la luz dos meses  
antes, en enero de 1967,18 comi-  
sión que tendrá un papel impor-  
tante en la promoción de los temas  
sociales, inspirando la creación  
de comisiones análogas a nivel  
de conferencias episcopales, dió-  
cesis y órdenes religiosas.  
15 Pablo VI, Mensaje al Presidente de  
la 23ª Asamblea General de las Na-  
ciones Unidas, Excmo. Sr. E. Are-  
nales Catalán, con motivo del 20º  
aniversario de la Declaración Uni-  
versal de los Derechos Humanos, 4  
de diciembre de 1968.  
Es en el curso de esos años que  
cobra vida una experiencia sin-  
gular: la participación de la Santa  
Sede en el proceso de la Confe-  
16 La firma se da el 21 de noviembre  
de 1966, la ratificación el 1 de mayo  
de 1969. La Santa Sede había ra-  
tificado ya las Convenciones de  
Ginebra sobre el derecho humani-  
tario; sin embargo, en el caso de la  
Convención sobre la Eliminación de  
Toda Forma de Discriminación Ra-  
cial, la adhesión asume el significa-  
do de apoyo a la acción de la ONU.  
Cfr. G. Barberini, “La partecipazio-  
ne della Santa Sede a convenzioni,  
trattati e accordi internazionali,  
Quaderni di diritto e politica eccle-  
siastica 9 (2001), 405-446.  
Pablo VI, Populorum Progressio, 26  
de marzo de 1967.  
Instituida con el Motu proprio Ca-  
tholicam Christi Ecclesiam del 6 de  
17  
18  
enero de 1967.  
38  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
rencia sobre la Seguridad y Coo-  
peración en Europa, iniciativa que  
nació por una apelación lanzada  
en marzo de 1969, en Budapest,  
por los países del Pacto de Varso-  
via.19 La invitación a la Santa Sede  
fue extendida por el Embajador  
húngaro en Italia en diciembre de  
aquel año. La participación en los  
trabajos de la CSCE, que llevarán  
en 1975 a la firma del Acta Final  
de Helsinki, puso a la diplomacia  
pontificia en una situación iné-  
dita: la de poder contribuir acti-  
vamente, como Estado parte, en  
un proceso político que, con to-  
das las limitaciones derivadas de  
la contraposición de los bloques,  
trataba de asentar las bases para  
una paz duradera en el continente.  
y que se verá reflejado en el texto  
del Acta Final. Desde el punto de  
vista vaticano, se trataba de abrir  
un mínimo de espacio de libertad  
para las Iglesias del otro lado del  
telón de acero; no obstante, el prin-  
cipio tenía una validez de carácter  
general y marcaba una evolución  
significativa para la diplomacia  
de la Santa Sede: la reivindicación  
del respeto a los derechos huma-  
nos se volvía parte esencial de su  
acción en el contexto de la comu-  
nidad internacional.21 Más aun,  
Casaroli en la plenaria del 6 de julio  
del mismo año, poniendo en rela-  
ción el respecto a los principios del  
derecho internacional con el de los  
derechos fundamentales, y de la li-  
bertad religiosa en particular: “No  
menos importancia atribuye la San-  
ta Sede, para garantizar la seguri-  
dad y el buen entendimiento entre  
los pueblos, al reconocimiento y  
al compromiso de respetar los de-  
rechos del hombre y las libertades  
fundamentales por parte de todos  
los Estados participantes(y nadie se  
sorprenderá si subrayo aquí, de ma-  
nera particular, la libertad de reli-  
gión, en el sentido más preciso y  
más amplio del término, en favor de  
todos los creyentes, para que pueda  
existir, aun en la diversidad de sis-  
temas, una profunda base común).  
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GIONALI.  
En esta dinámica maduró, por  
parte de la Santa Sede, la intuición  
de poner la cuestión de la libertad  
religiosa como cuestión esencial  
para la construcción de la segu-  
ridad en Europa. Se trató de una  
contribución original en el proceso  
de la conferencia, expuesto en nu-  
merosas intervenciones por los  
representantes de la Santa Sede,20  
19 G. Barberini, Pagine di storia con-  
temporanea: la Santa Sede alla Con-  
ferenza di Helsinki, Siena, 2010.  
20 La cuestión se plantea ya en la in-  
tervención de Mons. Giuseppe Žab-  
kar en la asamblea plenaria del 6 de  
marzo de 1973. La retomará Mons.  
21 En este contexto madura también la  
39  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
actuando en favor de la libertad  
religiosa, la Santa Sede no hablaba  
sólo en nombre de los intereses  
de la Iglesia católica. No es que se  
tratara de una realidad completa-  
mente nueva: hemos mencionado,  
por ejemplo, el constante interés  
de la Santa Sede por la promoción  
de la paz a través de los instru-  
mentos del derecho internacional.  
Sin embargo, mediante la partici-  
pación en los trabajos de la CSCE,  
se vuelve explícito para la Santa  
Sede cómo en el contexto actual  
la tutela de los derechos humanos  
era parte imprescindible para la  
construcción de un orden jurídico  
internacional.  
pronunciado en ocasión de la  
audiencia concedida al Secretario  
General de las Naciones Unidas,  
en febrero de 1972.22 O bien, en  
un texto clave de la enseñanza del  
Papa Pablo: la exhortación apos-  
tólica Evangelii Nuntiandi de  
1975, en la que, además de utili-  
zar la terminología clásica del res-  
peto a los “derechos de la persona  
humana” como condición para la  
edificación de estructuras huma-  
22 “Hay también otro campo, muy cer-  
cano al de la paz, en que vuestra  
tarea y la nuestra se encuentran: es  
el de la defensa de los derechos del  
hombre, de los derechos de los gru-  
pos humanos y, en particular, de las  
minorías étnicas. [...] La Iglesia que  
vela, ante todo, por los derechos  
de Dios, no podrá despreocuparse  
jamás de los derechos del hombre,  
creado a imagen y semejanza de su  
Creador. Ella se siente herida cuan-  
do los derechos de un hombre,  
cualquiera que sea, o dondequiera  
que esté, son ignorados y violados.  
Discurso al Secretario General de  
las Naciones Unidas, Kurt Wald-  
heim, 5 de febrero de 1972. Véase  
también el Mensaje enviado al Pre-  
sidente de la 28a Asamblea General  
de la ONU, Leopold Benites, en oca-  
sión del 25° aniversario de la Decla-  
ración universal, en el que Pablo VI  
afirma que “le Saint-Siège donne son  
plein appui moral à l’idéal commun  
contenu dans la Déclaration uni-  
verselle comme aussi à l’approfon-  
dissement progressif des Droits de  
l’Homme qui y sont exprimés.  
Almismotiempo, pormediodela  
cuestión puesta por la Santa Sede,  
la comunidad internacional podía  
tomar consciencia de lo relevante  
que el respeto a la libertad reli-  
giosa era para la construcción de  
la estabilidad y la paz en Europa.  
No es casualidad que, a partir  
de los años ’70, también el len-  
guaje de Pablo VI se vuelva  
más explícito en el tema de los  
derechos humanos. Esto se puede  
ver, por ejemplo, en el discurso  
adhesión de la Santa Sede al tratado  
de no proliferación de las armas nu-  
cleares: el documento de adhesión  
será presentado en Moscú el 25 de fe-  
brero de 1971. Cfr. G. Barberini, op.  
cit., 53-57.  
40  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
nas más justas,23 se afirma,con un  
lenguaje más nuevo y, más bien,  
original para la época, la estrecha  
relación entre evangelización y  
promoción de “todos los derechos  
del hombre.24  
rentes cuando se trata del bien del  
hombre y el respeto a sus dere-  
chos fundamentales: en esta oca-  
sión, el Pontífice postula también  
la expansión de los horizontes de  
la diplomacia pontificia en el mun-  
do contemporáneo al compromiso  
por el bien de la humanidad.26 En  
el discurso de 1975, el Papa Pa-  
blo VI mencionará explícitamente  
la defensa de los derechos del  
hombre como un compromiso de  
la Santa Sede y de su diplomacia,27  
En 1976, cuando un nuevo motu  
proprio dará la estructura defini-  
tiva a la Pontificia Comisión “Jus-  
ticia y Paz, la atención al tema de  
los derechos humanos —que no  
figuraba en el documento consti-  
tucional de 1967— se mencionará  
entre las actividades específicas  
de la Comisión.25  
26 “Ciertamente, las relaciones que  
aquí se establecen con la Santa Sede  
consisten en regular los problemas  
que puedan surgir entre el Esta-  
do y la comunidad cristiana local,  
aunque esta comunidad sea muy  
reducida. Pero hoy no podemos  
quedarnos ahí. Respetando nues-  
tras propias competencias, se trata  
de asegurar una convergencia de  
esfuerzos con miras a promover ini-  
ciativas humanas y obras sociales  
para el bien común. Tal nos parece  
ser uno de los objetivos actuales de  
la diplomacia pontificia. Discurso al  
Cuerpo diplomático acreditado ante  
la Santa Sede, 11 de enero de 1973.  
También en los discursos de  
inicio de año al Cuerpo diplomá-  
tico, el tema del respeto a los de-  
rechos humanos se va abriendo  
camino. Si en los discursos de  
1964 a 1972 es un tema prácti-  
camente ausente, en el discurso  
de 1973 Pablo VI afirma que  
el Evangelio impide ser indife-  
23 Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, 8 de  
diciembre de 1975, n. 36.  
24 “De esta justa liberación, vinculada  
a la evangelización, que trata de lo-  
grar estructuras que salvaguarden  
la libertad humana, no se puede se-  
parar la necesidad de asegurar to-  
dos los derechos fundamentales del  
hombre, entre los cuales la libertad  
religiosa ocupa un puesto de prime-  
ra importancia. Ibid., n. 39.  
27 “Por lo demás, la Santa Sede y su  
diplomacia consideran como espe-  
cialmente suyo un empeño: el que  
concierne al campo de los ‘derechos  
del hombre, ya aceptados y profe-  
sados por los Estados y por sus or-  
ganizaciones supernacionales,  
a
cuyo respeto y promoción cada vez  
más plena la Iglesia ofrece la cola-  
boración, exigida por la fidelidad  
a su doctrina y más valiosa por la  
25 Pablo VI, Motu proprio Iustitiam et  
Pacem, 10 de diciembre de 1976.  
41  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
mientras que en el de 1976 se re-  
ferirá al texto del Acta de Helsinki  
para reiterar el estrecho vínculo  
entre el respeto a los derechos hu-  
manos y la construcción de la paz.  
En 1978, el discurso —que será el  
último al Cuerpo diplomático—  
estará explícitamente dedicado al  
tema de los derechos humanos,  
con una profunda reflexión sobre  
la libertad religiosa.  
de la Santa Sede para navegar en el  
mar abierto de la vida de la comu-  
nidad internacional.  
Es importante subrayar que tal  
elección no deriva de una simple  
asunción del lenguaje genera-  
lizado, y menos aun se basa en  
consideraciones de oportunidad  
política. La elección de san Juan  
Pablo II tiene profundos motivos  
teológicos. La prueba la tenemos  
en el primer gran texto del pon-  
tificado, la encíclica Redemptor  
Hominis, publicada el 4 de marzo  
de 1979.  
Como se puede ver, a lo largo  
de los años Pablo VI asume, cada  
vez más explícitamente, los dere-  
chos humanos, tal y como habían  
sido proclamados en los instru-  
mentos jurídicos internacionales,  
como expresión adecuada de los  
derechos naturales o derechos de la  
persona humana que el magisterio  
defendía desde hacía tiempo.  
Esta primera encíclica consti-  
tuye una especie de majestuoso  
portal de ingreso al magisterio  
de Juan Pablo II: publicada a me-  
nos de cinco meses de su elección,  
contiene la reflexión sobre el tema  
del hombre que el Pontífice había  
madurado hasta entonces como  
docente universitario y pastor, a  
partir de los textos del Concilio  
Vaticano II, en el que había colabo-  
rado activamente.  
El pontificado de Juan Pablo II  
Si el pontificado de Pablo VI re-  
presenta la consolidación de los  
logros de Pacem in Terris en el  
tema de los derechos humanos y  
una fase que registra los primeros  
intentos de su uso por parte de la  
Santa Sede en el contexto de las  
relaciones multilaterales, es con  
Juan Pablo II que los derechos hu-  
manos se convierten en la brújula  
Con una fórmula que justamente  
se volverá famosa, pero que al ini-  
cio no fue del todo fácil de com-  
prender, Juan Pablo II afirma que  
“el hombre es el camino de la Igle-  
sia, más aun “el camino primero  
y fundamental de la Iglesia.28 La  
universalidad de su presencia y de  
su acción. Discurso al Cuerpo di-  
plomático acreditado ante la Santa  
Sede, 11 de enero de 1975.  
28 Redemptor Hominis, 4 de marzo de  
1979, n. 14.  
42  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
raíz de esta afirmación es teológica:  
todo hombre está indisolublemente  
ligado a Cristo y, por consiguiente,  
el servicio al hombre es el punto  
donde convergen anuncio del Evan-  
gelio y promoción humana, vida  
sacramental y apertura al mundo,  
discurso eclesial y diálogo con to-  
dos los hombres de buena voluntad.  
vancia rigurosa de los mismos.29  
Los derechos del hombre están  
destinados a convertirse en “el  
principio fundamental del esfuer-  
zo por el bien del hombre.30 En  
definitiva, continúa Juan Pablo II,  
“la paz se reduce al respeto de los  
derechos inviolables del hombre”  
y, por lo tanto, la promoción de  
los derechos del hombre está es-  
trechamente ligada a la misión  
de la Iglesia en el mundo contem-  
poráneo. El respeto a los derechos  
Éste es el punto de anclaje  
teológico de la concepción sobre  
los derechos humanos de Juan  
Pablo II, tema ampliamente tra-  
tado en el número 17 de Redemp-  
tor Hominis, y en el que podemos  
reconocer ya presentes las arti-  
culaciones que se desarrollarán a  
lo largo de todo el pontificado, en  
particular las ideas que Juan Pa-  
blo II expresará, en octubre del  
mismo año, en la Tribuna de las  
Naciones Unidas.  
29 Ibid., n. 17. En el discurso a la XXXIV  
Asamblea General de la ONU, el 2  
de octubre de 1979, Juan Pablo II  
definirá la Declaración Universal de  
los Derechos del Hombre como “pie-  
dra miliar en el camino del progre-  
so moral de la humanidad. En el  
mismo sentido, en el discurso a la  
misma Asamblea General, el 4 de  
octubre de 1995 se hablará de ella  
como de “una de las más altas ex-  
presiones de la conciencia humana  
En estas páginas de la Redemp-  
tor Hominis, como tal vez nunca  
antes había sucedido en el magis-  
terio pontificio, hay un apoyo sin  
reservas a la labor de las Naciones  
Unidas y a los principios conte-  
nidos en la Declaración del ’48: “El  
magnífico esfuerzo llevado a cabo  
para dar vida a la Organización de  
las Naciones Unidas... tiende a de-  
finir y establecer los derechos ob-  
jetivos e inviolables del hombre,  
obligándose recíprocamente los  
Estados miembros a una obser-  
de nuestro tiempo.  
30  
Redemptor  
Hominis,  
n.  
17.  
Confróntese, también aquí, con el dis-  
curso a las Naciones Unidas del 2 de  
octubre de 1979: “El conjunto de los  
derechos del hombre corresponde  
a la sustancia de la dignidad del ser  
humano, entendido integralmente,  
y no reducido a una sola dimensión;  
se refieren a la satisfacción de las ne-  
cesidades esenciales del hombre, al  
ejercicio de sus libertades, a sus rela-  
ciones con otras personas; pero se  
refieren también, siempre y donde-  
quiera que sea, al hombre, a su plena  
dimensión humana.  
43  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
humanos, continúa el Papa, es la  
base de cualquier proyecto que se  
quiera definir como humanista.  
Con clara alusión a la situación de  
los regímenes totalitarios comu-  
nistas, añade que dicho respeto  
es también “el criterio esencial  
de todos los programas, siste-  
mas, regímenes”.31  
damentales se sumará un cuarto,  
sólo esbozado en Redemptor  
Hominis,33 pero que será profun-  
dizado en intervenciones poste-  
riores, a saber, el estrecho vínculo  
entre derechos del hombre como  
individuo y derechos de las forma-  
ciones humanas de base (familia,  
sociedad, nación) que derivan de  
la dimensión social estructural de  
la persona humana.  
Vemos aquí definidos ya al me-  
nos tres ejes fundamentales de la  
arquitectura del pensamiento de  
Juan Pablo II en el tema de los de-  
rechos humanos: en primer lugar,  
una sincera adhesión a las ideas  
contenidas en la Declaración de  
1948, que deriva del reconoci-  
miento de una connaturalidad de  
los derechos humanos con el prin-  
cipio teológico de la dignidad de  
toda persona humana; en segundo  
lugar, la promoción de los dere-  
chos humanos entendida como di-  
mensión esencial de la misión de  
la Iglesia en el mundo, por tanto,  
como parte integral del anuncio  
del Evangelio; en tercer lugar, el  
respeto a los derechos humanos  
como medida de legitimidad de  
los diversos sistemas y regímenes  
políticos.32 A estos tres ejes fun-  
cias de la última guerra mundial,  
sino el de crear una base para una  
continua revisión de los programas,  
de los sistemas, de los regímenes, y  
precisamente desde este único pu-  
nto de vista fundamental que es el  
bien del hombre —digamos, de la  
persona en la comunidad— y que  
como factor fundamental del bien  
común debe constituir el criterio es-  
encial de todos los programas, siste-  
mas, regímenes. En caso contrario,  
la vida humana, incluso en tiempo  
de paz, está condenada a distintos  
sufrimientos y, al mismo tiempo,  
junto con ellos se desarrollan va-  
rias formas de dominio totalitario,  
neocolonialismo, imperialismo, que  
amenazan también la convivencia  
entre las naciones. Idem.  
33 “En verdad es un hecho significativo  
y confirmado repetidas veces por  
las experiencias de la historia, có-  
mo la violación de los derechos del  
hombre va acompañada de la viola-  
ción de los derechos de la nación,  
con la que el hombre está unido por  
vínculos orgánicos como a una fa-  
milia más grande. Idem.  
31 Redemptor Hominis, n. 17.  
32 “La Declaración de estos derechos,  
junto con la institución de la Orga-  
nización de las Naciones Unidas, no  
tenía ciertamente sólo el fin de se-  
pararse de las horribles experien-  
44  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
A este respecto, en 1983, como  
fruto de la reflexión del preceden-  
te Sínodo de la Familia de 1980,  
será publicada la Carta de los De-  
rechos de la Familia en la que se  
afirma que, como sociedad na-  
tural, la familia tiene derechos  
propios e inalienables.34 El tema  
de los derechos de la nación será  
desarrollado por Juan Pablo II  
un poco más adelante, en el dis-  
curso del 2 de junio de 1980 a la  
UNESCO,35 y será luego objeto de  
particular atención en la segunda  
intervención en la tribuna de la  
Asamblea General de la ONU, el 5  
de octubre de 1995.36  
En esta arquitectura, la liber-  
tad religiosa asume un significado  
central: es una expresión típica  
de la dignidad trascendente de la  
persona humana, de la inviolabili-  
dad de su consciencia, y posee una  
intrínseca dimensión social —de  
hecho, habitualmente la religión  
se profesa en el interior de una co-  
munidad—, a menudo asociada a  
la cultura de una nación. El respe-  
to a la libertad religiosa se vuelve  
una suerte de prueba de fuego del  
auténtico respeto a los derechos  
del hombre por parte de un siste-  
ma político, y su defensa, a su vez,  
se vuelve un punto irrenunciable  
de la acción de la Santa Sede en  
la escena internacional.37 La refe-  
34 Carta de los Derechos de la Familia,  
preámbulo D.  
Asamblea General de las Naciones  
Unidas, 5 de octubre de 1995, n. 6.  
Como explica Juan Pablo II a lo lar-  
go del discurso, los derechos de las  
naciones no son sino los derechos  
humanos tomados en lo específi-  
co de la dimensión comunitaria de  
la existencia humana. El respeto al  
derecho de toda nación a la existen-  
cia, a expresar la propia lengua y  
cultura, equilibrado con la apertura  
a la universalidad que debe ser pro-  
movida, son para el Pontífice condi-  
ciones necesarias para garantizar la  
paz en un mundo, por una parte, su-  
jeto a un proceso de fuerte mezcla  
de culturas y, por otra, a un resurgi-  
miento de los particularismos.  
35 Discurso a la UNESCO, 2 de junio  
de 1980. Véase en particular los  
números 14-16: la cultura, que  
permite al hombre comprenderse y  
ser sí mismo, se expresa en el contex-  
to de una lengua y de una cultura na-  
cional, lugar en el que se manifiesta  
la “soberanía de la sociedad.  
36 “La Declaración Universal de los  
Derechos del Hombre, adoptada  
en 1948, ha tratado de manera  
elocuente de los derechos de las  
personas, pero todavía no hay un  
análogo acuerdo internacional que  
afronte de modo adecuado los dere-  
chos de las naciones. Se trata de una  
situación que debe ser considera-  
da atentamente, por las urgentes  
cuestiones que conlleva acerca de  
la justicia y la libertad en el mun-  
do contemporáneo. Discurso a la  
37 En la encíclica Centesimus Annus (n.  
47), 1991, Juan Pablo II afirmará  
que: “Fuente y síntesis de estos de-  
rechos [los derechos humanos] es,  
45  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
rencia a la libertad religiosa entra  
también en la política concorda-  
taria: el hecho de que se mencio-  
ne explícitamente en numerosos  
acuerdos estipulados por la Santa  
Sede38 es significativo para la  
evolución misma del instru-  
mento concordatario.  
viven los países, entre ellos Po-  
lonia, que se encuentran bajo el  
yugo del socialismo real, donde  
los derechos humanos son procla-  
mados sólo en palabras.39 En esta  
primerafasedelpontificado,lapro-  
clamación de los derechos huma-  
39 “La Iglesia, consciente de que la sola  
‘letra’ puede matar, mientras sola-  
mente ‘el espíritu da vida, debe pre-  
guntarse continuamente junto con  
estos hombres de buena voluntad  
si la Declaración de los Derechos del  
Hombre y la aceptación de su ‘letra’  
significan también por todas partes  
la realización de su ‘espíritu. Sur-  
gen, en efecto, temores fundados de  
que muchas veces estamos aún le-  
jos de esta realización y que tal vez  
el espíritu de la vida social y pública  
se halla en una dolorosa oposición  
con la declarada ‘letra’ de los de-  
rechos del hombre. Este estado de  
cosas, gravoso para las respectivas  
sociedades, haría particularmente  
responsable, frente a estas socieda-  
des y a la historia del hombre, a  
aquellos que contribuyen a deter-  
minarlo. El sentido esencial del  
Estado como comunidad política,  
consiste en el hecho de que la so-  
ciedad y quien la compone, el pue-  
blo, es soberano de la propia suerte.  
Este sentido no llega a realizarse, si  
en vez del ejercicio del poder me-  
diante la participación moral de la  
sociedad o del pueblo, asistimos a la  
imposición del poder por parte de  
un determinado grupo a todos los  
demás miembros de esta sociedad”  
(Redemptor Hominis, n. 17). El títu-  
lo de este apartado es “Derechos del  
hombre: ‘letra’ o ‘espíritu’.  
Comoseverá,eldiscursodelPon-  
tífice está marcado también por  
la dramática condición en la que  
en cierto sentido, la libertad reli-  
giosa, entendida como derecho a vi-  
vir en la verdad de la propia fe y en  
conformidad con la dignidad tras-  
cendente de la propia persona.  
38 Hay una referencia explícita al de-  
recho a la libertad religiosa en los  
acuerdos con Polonia (1993), Croa-  
cia (1996), Gabón (1997), OLP  
(2000), Lituania (2000), Eslovaquia  
(2000), República Checa (2002),  
Bosnia y Herzegovina (2006), Bra-  
sil (2008), Montenegro (2011). Una  
tendencia que continúa después del  
pontificado de Juan Pablo II. En el  
concordato con Polonia se afirma  
que las dos partes se guían “por los  
principios relativos al respeto de  
los derechos del hombre y de las  
libertades fundamentales y la eli-  
minación de todas las formas de in-  
tolerancia y de discriminación por  
motivos de religión. Cfr. R. Astorri,  
“La politica concordataria della  
Santa Sede dopo il Concilio Vaticano  
II, en M. de Leonardis (ed.), Fede e  
diplomazia. Le relazioni internazio-  
nali della Santa Sede nell’età contem-  
poranea, Milano, 2014, 303-320.  
46  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
nos está directamente ligada a la  
reivindicación de la libertad para  
aquellos que son oprimidos bajo  
el totalitarismo comunista.  
Se podrían, además, citar nume-  
rosos mensajes para la Jornada  
Mundial de la Paz del 1 de ene-  
ro y muchísimos otros textos. Sin  
embargo, aún más importante  
es señalar cómo la referencia a los  
derechos humanos se convierte  
progresivamente en uno de los  
principales criterios inspiradores  
de la acción del Papa y de la diplo-  
macia de la Santa Sede en la esce-  
na internacional.  
A menos de dos años de su elec-  
ción, Juan Pablo II ya había encon-  
trado la manera de expresar una  
doctrina completa sobre los dere-  
chos humanos, la cual a partir de  
una reflexión de carácter teológico  
ligaba, acaso por primera vez de  
manera sistemática, la misión de  
la Iglesia en el mundo —es decir,  
el anuncio del Evangelio— al res-  
peto y la promoción de los dere-  
chos humanos.  
El llamado a los derechos hu-  
manos vuelve con regularidad  
la afirmación de los “derechos de  
la familia”; el del 14 de enero de  
1984, sobre “derechos y deberes  
de un pueblo soberano”; el del 12  
de enero de 1985, que, refiriéndose  
al décimo aniversario del Acta de  
Helsinki, pone la cuestión del real  
respeto a los derechos humanos,  
con clara referencia a los regíme-  
nes comunistas; el del 11 de enero  
de 1986 y del 10 de enero de 1987,  
que desarrollan el tema de la rela-  
ción entre respeto a los derechos  
humanos y la construcción de la  
paz; el del 9 de enero de 1988, que  
recuerda el 40º de la Declaración  
universal, con una referencia de  
nuevo a la libertad religiosa; el del  
9 de enero de 1989, que habla de la  
“tercera generación” de derechos  
humanos (derecho al desarrollo y al  
ambiente), del fundamento moral  
de los derechos humanos y, nueva-  
mente, de la libertad religiosa como  
test para el respeto de los derechos  
fundamentales.  
Esta visión inspiró todo el ponti-  
ficado de Juan Pablo II. El tema de  
los derechos humanos se plantea  
regularmente en el Discurso de ini-  
cio de año al Cuerpo diplomático  
acreditado ante la Santa Sede: una  
costumbre que distingue clara-  
mente los discursos de Juan Pablo  
II de los de Pablo VI, a los que nos  
hemos referido anteriormente.40  
40 Para limitarnos al periodo pre-  
1989, véanse especialmente el dis-  
curso del 14 de enero de 1980, que  
retoma algunos temas de la inter-  
vención en las Naciones Unidas,  
con una referencia explícita a la  
libertad religiosa; el del 16 de en-  
ero de 1982, con una reflexión de  
carácter general sobre la Iglesia y  
los derechos del hombre, tanto de  
naturaleza personal como social, y  
47  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
también en la larga serie de viajes  
apostólicos, uno de los instrumen-  
tos peculiares a través de los cuales  
Juan Pablo II interpretó el ministe-  
rio petrino. No es que el tema de  
los derechos humanos esté siem-  
pre en el centro de los discursos  
del Pontífice: su mensaje, natural-  
mente, está centrado en el anuncio  
de la fe. Sin embargo, la referen-  
cia a los derechos inalienables de  
la persona humana se convierte  
en una constante, más significa-  
tiva aún cuando se pronuncia en  
contextos difíciles desde el pun-  
to de vista del respeto a dichos  
derechos, como en el caso, por  
ejemplo, de los viajes apostólicos  
a Chile (1987)41 o a Cuba (1998).42  
Pasando de las enseñanzas a las  
acciones emprendidas en el con-  
texto internacional, el tema de los  
derechos humanos, en particular  
de los derechos de los trabajado-  
res y, una vez más, de la libertad  
religiosa, resulta de gran impor-  
tancia en el enfrentamiento con  
las autoridades políticas de su  
patria, durante los años del na-  
cimiento  
del  
movimiento  
de  
Solidarność, la imposición de la  
ley marcial y la sucesiva transición  
hacia la democracia.43  
son circunstanciales, pero signifi-  
cativas. En el encuentro más nume-  
roso, la Misa en la plaza José Martí,  
el 25 de enero, Juan Pablo II cita la  
libertad de conciencia, “base y fun-  
damento de los demás derechos  
humanos, mientras que en el en-  
cuentro con los obispos, el mismo  
día, insiste en la libertad religiosa  
como derecho inalienable. Se ob-  
servará que libertad de conciencia  
y libertad religiosa son el terreno  
en el que el arzobispo Wojtyła había  
entablado el enfrentamiento con el  
régimen comunista polaco.  
41 En Chile, se dirigirá a los obispos de  
la siguiente manera: “No dudéis en  
defender siempre frente a todos, los  
legítimos derechos de la persona,  
creada a imagen y semejanza de  
Dios. Discurso a los obispos de Chile,  
2 de abril de 1987. En uno de los  
primeros viajes apostólicos, Juan  
Pablo II había exclamado: “Sí, un res-  
peto y una ‘práctica’ más reales del  
conjunto de los derechos del hom-  
bre son precisamente los obje-  
tivos que me mueven a tomar  
43 Entre las muchas intervenciones,  
cfr. el discurso a una de las delega-  
ciones del sindicato Solidarność, del  
15 de enero de 1981, con el acento  
sobre la libertad de asociación entre  
trabajadores como “uno de los dere-  
chos fundamentales de la persona,  
y el discurso al Cuerpo diplomáti-  
co del 16 de enero de 1982: “No se  
puede callar cuando son puestos en  
peligro los inviolables derechos del  
hombre y los no menos sagrados de  
las diversas naciones.  
frecuentemente  
el  
bastón  
de  
peregrino, para suscitar o despertar  
la conciencia de la humanidad. Se  
trata de la grandeza del hombre”.  
Discurso al Cuerpo diplomático  
acreditado en Kinshasa, 3 de mayo  
de 1980.  
42 En este viaje, dada la situación, las  
referencias a los derechos humanos  
48  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
La reflexión sobre la relación  
entre derechos del hombre y de-  
rechos de las naciones permite  
comprender la posición de la San-  
ta Sede en el proceso de crisis de  
Yugoslavia y el pronto reconoci-  
miento de la independencia de Es-  
lovenia y Croacia.44  
El vínculo intrínseco entre res-  
peto al derecho internacional, res-  
peto a los derechos humanos y  
construcción de la paz estará en la  
base de las iniciativas tomadas por  
Juan Pablo II en ocasión de la pri-  
mera (1991) y, todavía más, de la  
segunda Guerra del Golfo (2003),  
que vio el despliegue de una inten-  
sa iniciativa diplomática por parte  
del Pontífice, lamentablemente no  
coronada con éxito, para evitar la  
intervención militar en Irak.45  
44 Tómense en cuenta las palabras  
dirigidas a los participantes en el  
Foro Internacional de la Democracia  
Cristiana, 23 de noviembre de 1991,  
donde el Papa trata de afirmar los  
legítimos derechos de las naciones,  
evitando,noobstante,lospeligrosde  
los nacionalismos: “La résurgence  
des nationalités constitue une carac-  
téristique de notre époque. Des peu-  
ples, étouffés par le communisme  
en Europe centrale et orientale,  
revendiquent leurs droits à une auto-  
nomie nationale. Il est légitime  
que leurs choix soient pris en  
considération. Pour sa part, l’Église  
défend les droits des nations et elle a  
souvent représenté pour elles un appui  
solide. En effet, les droits de l’homme  
ne deviennent effectifs qu’à l’intérieur  
des communautés naturelles où se  
déroule la vie. Mais il existe aussi une  
autre communauté envers laquelle  
nous sommes tous responsables, l’hu-  
manité entière, avec ses différentes  
composantes géographiques et cultu-  
relles. Les nations doivent apprendre  
à vivre ensemble dans le respect mu-  
tuel, en s’appuyant souvent sur les  
structures juridiques communes de  
caractère supranational, à l’échelle  
continentale ou même mondiale.  
Discurso a los participantes en el  
Foro Internacional de la Democra-  
cia Cristiana.  
En general, durante el pontifica-  
do de Juan Pablo II la llamada al  
respeto de los derechos funda-  
mentales de la persona humana,  
entendidos como expresión de su  
dignidad trascendente, se convier-  
te en una clave de lectura para la  
relación Iglesia-mundo. Podría-  
mos sintetizar, con las palabras  
que Juan Pablo II mismo dirigirá  
algunos años más tarde a la Corte  
45 Cfr. el discurso al Cuerpo diplomá-  
tico del 13 de enero de 2003, las  
intervenciones en el Ángelus del  
9 y 23 de febrero, del 2, 7, 9 y 16  
de marzo de 2003, además de la  
convocación a una jornada de ayu-  
no, el 5 de marzo de 2003, y los  
mensajes personales al presidente  
norteamericano George W. Bush y  
al iraquí Saddam Hussein, entre-  
gados personalmente por dos dis-  
tintas misiones diplomáticas. La  
guerra, como se sabe, estallaría el  
20 de marzo de aquel año.  
49  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
de los Derechos del Hombre de Es-  
trasburgo, que “La Iglesia defiende  
vigorosamente los derechos hu-  
manos porque los considera una  
parte necesaria del reconoci-  
miento que ha de darse a la dig-  
nidad de la persona humana,  
creadaaimagendeDiosyredimida  
por Cristo.46  
vida política en el contexto nacio-  
nal e internacional y de la cons-  
trucción de la paz.  
Los principios enunciados por  
el magisterio pontificio se vuelven,  
naturalmente, el punto de referen-  
cia para la acción de la Santa Se-  
de en el contexto de la comunidad  
internacional: de ellos toman  
inspiración directa los repre-  
sentantes pontificios en sus con-  
tribuciones en los trabajos de las  
Naciones Unidas y de las otras  
organizaciones internacionales.47  
En el desarrollo de su magiste-  
rio, el tema de los derechos hu-  
manos se declina en una vasta  
gama de cuestiones, que en este  
contexto no es posible profundi-  
zar. Piénsese, por ejemplo, en las  
frecuentes llamadas a los dere-  
chos de los migrantes, al derecho  
humanitario en contextos de con-  
flicto, a las temáticas de respeto  
al ambiente y el desarrollo sus-  
tentable, en las intervenciones a  
favor de la abolición de la pena de  
muerte. Muchos de estos temas  
confluirán en el Compendio de la  
Doctrina Social de la Iglesia, el cual,  
publicado en 2004 al final ya del  
largo pontificado, representa una  
síntesis orgánica de la compren-  
sión de los derechos humanos por  
parte del magisterio católico, en  
particular de los derechos sociales  
ligados a los temas de la familia,  
del trabajo, de la economía, de la  
47 El desarrollo del magisterio ponti-  
ficio sobre las temáticas de los de-  
rechos humanos y de las relaciones  
internacionalesysutraducciónenla  
acción de la diplomacia de la Santa  
Sede se puede apreciar muy bien en  
dos densas antologías, a cargo de  
Mons. André Dupuy, que recogen en  
orden temático y cronológico, res-  
pectivamente, las intervenciones de  
Juan Pablo II y las pronunciadas por  
los representantes pontificios en  
el ámbito de los trabajos de las or-  
ganizaciones internacionales. A.  
Dupuy, Pope John Paul II and the  
Challanges of Papal Diplomacy. An-  
thology (1978-2003), Rome – New  
York, 2004; A. Dupuy, Words That  
Matter. The Holy See in Multilateral  
Diplomacy. Anthology (1970-2000),  
New York, 2003. Para un panorama  
sintético cfr. también Yves-Henri  
Nouhaillat, “Le Saint-Siège, l’ONU  
et la défense des droits de l’homme  
sous le Pontificat de Jean Paul  
46 Discurso a la Comisión y al Tribunal  
Europeo de Derechos Humanos, Es-  
trasburgo, 8 de octubre de 1988.  
50  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
Al mismo tiempo, la participación  
de la diplomacia en el debate inter-  
gubernamental permite concre-  
tizar o precisar la aplicación de  
algunos principios expresados  
de manera general por el magis-  
terio. Es el caso, por ejemplo, del  
concepto de intervención huma-  
nitaria o injerencia humanitaria,  
el cual, enunciado por Juan Pablo  
II durante la guerra en Bosnia,48  
es ilustrado y precisado más tar-  
de en intervenciones de diversos  
exponentes de la diplomacia de la  
Santa Sede.49  
Surge aquí un aspecto impor-  
tante de la comprensión de los  
derechos humanos por parte de la  
Santa Sede: el vínculo intrínseco  
entre promoción de los derechos  
del hombre y el ius gentium, el de-  
recho internacional como funda-  
mento de las relaciones de la  
comunidad internacional y prin-  
cipio para su renovada organi-  
zación.50 Este vínculo testimonia  
cómo una perspectiva relativa-  
mente nueva —la de los derechos  
humanos— para la Santa Sede se  
50 Nótese este elocuente pasaje de la  
encíclica Centesimus Annus: “Hay  
que recordar, por último, que des-  
pués de la Segunda Guerra Mundial,  
y en parte como reacción a sus hor-  
rores, se ha ido difundiendo un sen-  
timiento más vivo de los derechos  
humanos, que ha sido reconocido  
en diversos documentos interna-  
cionales, y en la elaboración, podría  
decirse, de un nuevo ‘derecho de  
gentes, al que la Santa Sede ha dado  
una constante aportación. La pieza  
clave de esta evolución ha sido la  
Organización de la Naciones Uni-  
das. No sólo ha crecido la concien-  
cia del derecho de los individuos,  
sino también la de los derechos de  
las naciones, mientras se advierte  
mejor la necesidad de actuar para  
corregir los graves desequilibrios  
existentes entre las diversas áreas  
geográficas del mundo que, en cier-  
to sentido, han desplazado el centro  
de la cuestión social del ámbito  
nacional al plano internacional”  
(Centesimus Annus, 1 de mayo de  
1991, n. 21; cfr. también el n. 27).  
II, Relations internationales 127  
(2006), 95-110.  
48 Cfr., entre otros, el discurso en la  
Conferencia Internacional sobre la  
Nutrición, 5 de diciembre de 1992,  
y el discurso al Cuerpo diplomático,  
16 de enero de 1993.  
49 Cfr., por ejemplo, la intervención de  
Mons. A. Lebeaupin en la reunión de  
la Conferencia sobre la Seguridad  
y la Cooperación en Europa sobre  
Bosnia-Herzegovina, el 16 de sep-  
tiembre de 1992, en la que plantea  
por parte de la Santa Sede propues-  
tas concretas para la aplicación del  
principio en el conflicto en curso  
(en LOsservatore Romano, 18 sep-  
tiembre 1992, p.2). Sobre la elabo-  
ración del principio de injerencia  
humanitaria cfr. I. Santus, Il contri-  
buto della Santa Sede al diritto inter-  
nazionale. Dal diritto di ingerenza  
alla responsabilità di proteggere la  
dignità umana, Padova, 2012, 441-  
448;456-462.  
51  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
inserta de manera natural en el  
cuidado, por el ius gentium, que le  
interesa desde hace siglos.  
Sin embargo, sería simplista  
presentar bajo una luz idílica la  
relación entre Iglesia y derechos  
humanos. Precisamente, durante  
el pontificado de Juan Pablo II,  
comienzan a manifestarse algu-  
nas tensiones de fondo entre la  
comprensión católica de dichos  
derechos y la evolución de la in-  
terpretación de la Declaración  
universal de 1948, promovida con  
el impulso de la cultura occiden-  
tal dominante y traducida, luego,  
en líneas precisas de acción en el  
seno de la misma Organización de  
las Naciones Unidas.  
En síntesis, se puede afirmar que  
para Juan Pablo II la promoción de  
los derechos humanos ha sido uno  
de los criterios fundamentales, si  
no el fundamental, para interpre-  
tar la acción de la Santa Sede en la  
escena internacional. Un elemen-  
to amplificado por el impacto que  
tanta insistencia sobre los dere-  
chos del hombre por parte del ma-  
gisterio pontificio tuvo en la vida  
de las Iglesias locales en todo el  
mundo, tanto a nivel de Conferen-  
cias Episcopales, como a nivel de  
diócesis particulares, institutos  
religiosos, movimientos eclesiales.  
La ramificación de las institucio-  
nes eclesiales y su compromiso a  
escala mundial en el vasto campo  
de la promoción humana (educa-  
ción, sanidad, apoyo al desarro-  
llo...) es muy anterior, siendo un  
aspecto esencial de la obra de  
evangelización. Sin embargo, la  
dimensión de la promoción de los  
derechos humanos, fundada en  
la dignidad del hombre creado a  
imagen y semejanza de Dios, ofre-  
ce a todo este compromiso una, en  
parte nueva, perspectiva sintética  
que, entre otras cosas, permite en-  
trar en un diálogo fecundo con los  
no cristianos o no creyentes.  
Gracias también al cambio radi-  
cal provocado por el fin de la Gue-  
rra Fría, la ONU pudo ampliar su  
propio campo de acción, afrontan-  
do, fuera de los viejos esquemas  
de la contraposición ideológica,  
algunos temas de acuciante actua-  
lidad. De esta manera, toman for-  
ma las grandes conferencias de las  
Naciones Unidas de los años ’90:  
sobre el ambiente y el desarrollo  
(Río de Janeiro, 1992), sobre los  
derechos humanos (Viena, 1993),  
sobre la población y el desarrollo  
(El Cairo, 1994), sobre la mujer  
(Pekín, 1995). En este contexto,  
toma un nuevo impulso el movi-  
miento cultural que, en diferentes  
países occidentales en decenios  
precedentes, había llevado ya a  
la promoción del control de natali-  
dad mediante políticas públicas y  
52  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
la introducción del aborto, enten-  
dido únicamente en el escenario  
de la libertad de autodetermina-  
ción de la mujer.  
mencionadas conferencias.51 Un  
logro importante se obtuvo, ya que  
gracias también al apoyo ofrecido  
por algunos gobiernos, el plan de  
acción de El Cairo, adoptado por  
la conferencia, afirma explícita-  
mente que el aborto no podrá ser  
considerado nunca un medio de  
planificación familiar.52 Sin em-  
bargo, la dirección general era  
clara: en los años siguientes, las  
Naciones Unidad y, todavía más,  
las agencias especializadas segui-  
rían su propio camino.  
Las conferencias de El Cairo y  
Pekín, en particular, se convierten  
en el lugar propicio para propagar  
estasideasanivelmundial, através  
del lenguaje de los derechos hu-  
manos: inmediatamente después  
de estas conferencias, se afirmarán  
definitivamente los conceptos, ya  
elaborados precedentemente, de  
“derechos sexuales y reproducti-  
vos. Los textos producidos por las  
conferencias serán el instrumento  
capaz de hacer evolucionar la in-  
terpretación de la Declaración uni-  
versal y de los demás documentos  
jurídicos fundamentales hacia la  
afirmación de derechos que éstos,  
en realidad, no contemplaban en  
absoluto. Además, los resultados  
producidos por las conferencias  
se convertirán en la referencia ins-  
piradora para las actividades de  
numerosas agencias especializa-  
das de las Naciones Unidas.  
Lo que se perfilaba en el hori-  
zonte era un verdadero conflicto  
51 Juan Pablo II escribirá personal-  
mente, el 18 de marzo de 1994, a la  
Secretaria General de la Conferen-  
cia de El Cairo, Sra. Nafis Sadik; y  
el 19 de marzo dirigirá una carta a  
todos los jefes de Estado. Cfr.  
Jean-Michel Coulet, “Le Saint-Siège  
dans les institutions et le confé-  
rences des Nations Unies, en  
Joël-Benoît d’Onorio (ed.), La diplo-  
matie de Jean Paul II, Paris, 2000,  
221-249.  
52 “Governments should take appro-  
priate steps to help women avoid  
abortion, which in no case should  
be promoted as a method of family  
planning, and in all cases provide  
for the humane treatment and coun-  
selling of women who have had re-  
course to abortion” (Programme of  
Action adopted at the International  
Conference on Population and De-  
velopment Cairo, 5–13 septiembre  
1994, n. 7.24).  
Juan Pablo II denunciará con  
extrema firmeza esta evolución,  
llamando con numerosas inter-  
venciones la atención de fieles y  
responsables políticos, y desple-  
gando una intensa acción diplo-  
mática antes y durante las dos  
53  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
de interpretaciones en materia de  
derechos humanos, que todos con-  
cuerdan en considerarlos como  
inalienables, pero cuya compren-  
sión tiende a dividirse cada vez  
más según las diferentes concep-  
ciones del hombre y del mundo  
que se abracen. La cuestión de los  
derechos reproductivos ha sido al  
mismo tiempo causa y consecuen-  
cia del triunfo de una concepción  
cada vez más radicalmente indi-  
vidualista de la persona humana,  
que hace de la libertad del indivi-  
duo un valor absoluto y el criterio  
soberano de valoración de todas  
las relaciones fundamentales (la  
generación, la familia, la sociedad)  
que la constituyen.  
dos53 (nótese la cercanía con el  
tema de la cultura del descar-  
te, retomada varias veces por el  
Papa Francisco).  
Comenta  
amargamente  
Juan  
Pablo II en Evangelium Vitae: “se  
produce un cambio de trágicas  
consecuencias en el largo proceso  
histórico, que después de descu-  
brir la idea de los ‘derechos huma-  
nos’ —como derechos inherentes  
a cada persona y previos a toda  
Constitución y legislación de los  
Estados— incurre hoy en una sor-  
prendente contradicción: justo en  
una época en la que se proclaman  
solemnemente los derechos invio-  
lables de la persona y se afirma  
públicamente el valor de la vida, el  
derecho mismo a la vida queda  
prácticamente negado y conculca-  
do, en particular en los momentos  
más emblemáticos de la existen-  
cia, como son el nacimiento y  
la muerte.54  
Lo que está en cuestión no es un  
elemento marginal, sino el respeto  
a la vida humana en algunas de sus  
formas más débiles: el niño que  
debe aún nacer y el moribundo.  
La encíclica Evangelium Vitae,  
de 1995, representa una fuer-  
te denuncia, un grito en defensa  
del derecho a la vida, conculcado  
por el aborto y la eutanasia.  
Los atentados contra la vida hu-  
mana, afirma el Papa, ponen en  
peligro el significado mismo de  
la convivencia democrática, y se  
corre el riesgo de pasar de ser  
A partir de los años ’90, Juan  
Pablo II insistirá fuertemente  
en el hecho de que la existencia  
de un orden moral objetivo es  
la condición de posibilidad de la  
afirmación de derechos huma-  
sociedades de convivientes  
a
53 Evangelium Vitae, 25 de marzo de  
1995, n. 18.  
54 Idem.  
sociedades de excluidos, mar-  
ginados, rechazados y elimina-  
54  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
nos fundamentales,55 un tema no  
nuevo en su magisterio, pero que  
la evolución en curso lleva al pri-  
mer plano.  
Si hablando a la Asamblea Ge-  
neral de la ONU en 1979 el Papa  
ofrecía su apoyo a un movimiento  
“progresivo y continuo” hacia el  
reconocimiento de la dignidad del  
hombre generado por los docu-  
mentos jurídicos internacionales,  
en su segundo discurso, en 1995,  
insistirá en el vínculo necesario  
entre libertad y verdad: “Si quere-  
mos que un siglo de constricción  
deje paso a un siglo de persuasión  
—afirma en este segundo discurso  
a la ONU—, debemos encontrar el  
camino para discutir, con un len-  
guaje comprensible y común, acer-  
ca del futuro del hombre. La ley  
moral universal, escrita en el co-  
razón del hombre, es una especie  
de ‘gramática’ que sirve al mundo  
para afrontar esta discusión sobre  
su mismo futuro.57  
No es casual que el tema sea  
afrontado directamente en oca-  
sión de la segunda visita a la sede  
de las Naciones Unidas, en New  
York, inmediatamente después de  
la conferencia de Pekín. El movi-  
miento mundial hacia la libertad,  
que se ha manifestado en las revo-  
luciones pacíficas de 1989, es para  
el Papa la prueba de que existen  
realmente derechos humanos uni-  
versales, enraizados en la natura-  
leza de la persona.56  
55 “Las autoridades civiles y los in-  
dividuos jamás están autorizados  
a transgredir los derechos funda-  
mentales e inalienables de la per-  
sona humana. Por lo cual, sólo una  
moral que reconozca normas váli-  
das siempre y para todos, sin nin-  
guna excepción, puede garantizar el  
fundamento ético de la convivencia  
social, tanto nacional como inter-  
nacional” (Veritatis Splendor, 6 de  
agosto de 1993, n. 97).  
da concreta de cada hombre y de  
cada grupo social. Nos recuerdan  
también que no vivimos en un mun-  
do irracional o sin sentido, sino  
que, por el contrario, hay una lógi-  
ca moral que ilumina la existencia  
humana y hace posible el diálogo  
entre los hombres y entre los pue-  
blos” (Discurso a la quincuagésima  
Asamblea General de las Naciones  
Unidas, 5 de octubre de 1995).  
56 El carácter planetario de este mo-  
vimiento hacia la libertad confir-  
ma “que existen realmente unos  
derechos humanos universales,  
enraizados en la naturaleza de la  
persona, en los cuales se reflejan las  
exigencias objetivas e imprescin-  
dibles de una ley moral universal.  
Lejos de ser afirmaciones abstrac-  
tas, estos derechos nos dicen más  
bien algo importante sobre la vi-  
57 Idem. Véase también el siguiente  
pasaje del mismo discurso: “En este  
sentido, es motivo de seria preocu-  
pación el hecho de que hoy algunos  
nieguen la universalidad de los de-  
rechos humanos, así como niegan  
que haya una naturaleza humana  
común a todos. Ciertamente, no hay  
55  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
Ahora bien, es una paradoja que,  
justo en el momento en el que su-  
perados los recelos seculares, con  
Juan Pablo II la Iglesia despose  
plenamente la causa de los dere-  
chos humanos, además, como se  
ha visto, por motivos de carácter  
teológico, el programa mismo de  
los derechos, tal y como está esta-  
blecido en la Declaración univer-  
sal de 1948, comience a moverse  
considerablemente, tanto como  
para poner en cuestión la gramáti-  
ca común a la que hace referencia  
el Papa.  
de los derechos reproductivos,  
será el turno de la reinterpreta-  
ción de la institución del matrimo-  
nio y del derecho a la vida familiar;  
luego, la relectura de los lazos de  
parentesco en clave puramente  
afectiva, en la óptica del primado  
de la voluntad sobre la “biología”;  
a continuación, el deseo de ser li-  
berados también de la “esclavi-  
tud” de la propia corporeidad, con  
la reivindicación del derecho a la  
identidad de género. Evoluciones  
que han sido posibles gracias, tam-  
bién, a un uso más que discutible  
del principio de no discriminación.  
La dinámica, como se verá en los  
años siguientes, es la de la afirma-  
ción de nuevos derechos, o la de la  
interpretación en forma extensi-  
va de los antiguos, hasta llegar a  
transformar radicalmente el senti-  
do que éstos tenían en el momento  
de su formación en los principa-  
les documentos jurídicos interna-  
cionales. Después de la afirmación  
Por un lado, la plataforma de los  
derechos se extiende a dimensio-  
nes hasta entonces desconocidas;  
por el otro, se vuelve más frágil,  
tanto porque corre el riesgo de  
perder la característica de univer-  
salidad, presentándose más bien  
como el resultado de una cierta  
cultura occidental, como porque  
entre más extensos los derechos  
se vuelve más difícil para el Estado  
y para la comunidad internacional  
poder garantizarlos. Los derechos  
humanos —una vez más— corren  
el riesgo de ser, antes que expre-  
sión del consenso sobre los valo-  
res inherentes a la dignidad de la  
persona humana, el terreno de en-  
frentamiento entre diversas visio-  
nes del hombre.  
un único modelo de organización  
política y económica de la libertad  
humana, ya que culturas diferentes  
y experiencias históricas diversas  
dan origen, en una sociedad libre  
y responsable, a diferentes formas  
institucionales. Pero una cosa es  
afirmar un legítimo pluralismo de  
formas de libertad, y otra cosa es  
negar el carácter universal o inteli-  
gible de la naturaleza del hombre o  
de la experiencia humana. Esta se-  
gunda perspectiva hace muy difícil,  
o incluso imposible, una política in-  
ternacional de persuasión.  
56  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
El pontificado de  
Benedicto XVI  
Al mismo tiempo, el Papa recuer-  
da que dichos derechos “se basan  
en la ley natural inscrita en el cora-  
zón del hombre y presente en las  
diferentesculturasycivilizaciones.  
Arrancar los derechos humanos de  
este contexto significaría restrin-  
gir su ámbito y ceder a una con-  
cepción relativista, según la cual el  
sentido y la interpretación de los  
derechos podrían variar, negando  
su universalidad.59 Es preciso, por  
lo tanto, “redoblar los esfuerzos  
El magisterio de Benedicto XVI  
resiente estas tensiones. Como su-  
til pensador, Benedicto se preocu-  
pará no sólo de denunciar algunas  
declinaciones de los derechos hu-  
manos que resultan inaceptables  
para la fe católica, sino más a fondo  
de poner en evidencia las contra-  
dicciones a las que se expone una  
visión de los derechos del hombre  
que rechace, apriorísticamente,  
una discusión acerca de sus fun-  
damentos y su universalidad. La  
posición del Papa Benedicto XVI  
a este respecto está expuesta ma-  
gistralmente en el discurso a las  
Naciones Unidas del 18 de abril  
de 2008 y en el dirigido al Parla-  
mento alemán el 22 de septiembre  
de 2011.  
59 Idem. En un pasaje anterior del  
mismo discurso se lee: “La expe-  
riencia nos enseña que a menudo  
la legalidad prevalece sobre la jus-  
ticia cuando la insistencia sobre los  
derechos humanos los hace apare-  
cer como resultado exclusivo de  
medidas legislativas o decisiones  
normativas tomadas por las diver-  
sas agencias de los que están en el  
poder. Cuando se presentan sim-  
plemente en términos de legali-  
dad, los derechos corren el riesgo  
de convertirse en proposiciones  
frágiles, separadas de la dimensión  
ética y racional, que es su funda-  
mento y su fin. Por el contrario, la  
Declaración universal ha reforzado  
la convicción de que el respeto de  
los derechos humanos está enrai-  
zado principalmente en la justicia  
que no cambia, sobre la cual se ba-  
sa también la fuerza vinculante de  
las proclamaciones internacionales.  
Este aspecto se ve frecuentemente  
desatendido cuando se intenta pri-  
var a los derechos de su verdadera  
función en nombre de una mísera  
perspectiva utilitarista.  
En la tribuna de las Naciones  
Unidas, el Papa Benedicto XVI re-  
afirma, con la terminología consa-  
grada por la misma organización,  
que la universalidad, la indivisibi-  
lidad y la interdependencia de los  
derechos humanos constituyen la  
garantía para la salvaguarda de la  
dignidad humana y que su promo-  
ción sigue siendo la estrategia más  
eficaz para la construcción de la  
paz y el desarrollo de los pueblos.58  
58 Encuentro con los miembros de la  
Asamblea General de las Naciones  
Unidas, 18 de abril de 2008.  
57  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
ante las presiones para reinter-  
pretar los fundamentos de la De-  
claración y comprometer con ello  
su íntima unidad.60  
El Papa evoca el fantasma del  
nazismo para mostrar el riesgo  
implícito en la separación absolu-  
ta entre el poder y el derecho, se-  
paración que ha hecho legítima la  
resistencia, como servicio al ver-  
dadero derecho y a la entera hu-  
manidad. Por otra parte, reconoce  
que, para un político democrático,  
hoy no es evidente, es difícil res-  
ponder a qué es verdaderamente  
justo. ¿Cómo reconocer lo que es  
justo? La cultura jurídica occiden-  
tal estuvo marcada por la elección  
realizada por los teólogos cris-  
tianos de referirse al orden de la  
razón para establecer las bases de  
la convivencia social. Es a partir  
de esta línea que se llegará al de-  
sarrollo jurídico de la Ilustración,  
a la Declaración Universal de los  
Derechos Humanos y a los valores  
que están contenidos en la Consti-  
tución alemana. Salvo que, obser-  
va el Papa, “en el último medio  
siglo se produjo un cambio dramá-  
tico de la situación,62 con la afir-  
mación del positivismo jurídico y  
el abismo que se ha abierto entre  
el orden del ser y el orden del de-  
ber ser, entre la ciencia y el ethos.  
El Papa Benedicto XVI argumen-  
ta su posición haciendo referencia  
a la realidad de la Declaración uni-  
versal de 1948: ésta “tiene el méri-  
to de haber permitido confluir en  
un núcleo fundamental de valores  
y, por lo tanto, de derechos, a di-  
ferentes culturas, expresiones ju-  
rídicas y modelos institucionales.  
Los derechos expresados en la  
Declaración “son el fruto de un  
sentido común de la justicia.61 En  
el fondo, se trata de aquella “gra-  
mática común” a la que se refería  
Juan Pablo II en su intervención en  
la ONU en 1995.  
El discurso en el Bundestag tie-  
ne como objetivo profundizar los  
fundamentos del Estado liberal de  
derecho. La perspectiva es par-  
ticularmente interesante, ya que  
reflexiona de manera sistemática,  
acaso nunca hasta entonces afron-  
tada por el Magisterio, sobre la  
relación entre democracia, dere-  
chos humanos y Estado de dere-  
cho, relación que es crucial en la  
actual arquitectura de los dere-  
chos fundamentales.  
Pero la reducción positivista  
del ethos a voluntarismo —y aquí  
viene la objeción fundamental  
de Benedicto XVI— amenaza a la  
60 Idem.  
61 Idem.  
62 Discurso al Parlamento Federal, 22  
de septiembre de 2011.  
58  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
humanidad, la expone a la indis-  
tinción entre el bien y el mal, sus-  
citando corrientes extremistas y  
radicales capaces de conducir a  
la tiranía. No existe una solución  
simple: es digno de observar que  
el discurso de Benedicto termina  
no con una imposición, sino con  
una propuesta: aceptar el diálogo  
con la tradición cultural de Euro-  
pa, fruto del encuentro entre Jeru-  
salén, Atenas y Roma.63  
El Papa es sumamente conscien-  
te de que un ethos común, en una  
sociedad fragmentada como la  
nuestra, no puede ser simplemen-  
te fruto de una deducción lógica.  
Por otra parte, subraya que el  
hombre y las sociedades demo-  
cráticas no pueden abandonar  
la referencia a un bien objetivo y  
anterior al hombre sin hundirse  
en la barbarie. El Estado liberal  
debe permanecer, si no quiere  
su disolución, en esta tensión en-  
tre una legislación fruto de la vo-  
luntad de la mayoría, pero que  
al mismo tiempo tiene que estar  
referida, de manera constitutiva,  
a valores que le son indisponi-  
bles. La objetividad de los dere-  
chos es la condición misma de  
su indisponibilidad.64  
63 “Sobre la base de la convicción de  
la existencia de un Dios creador, se  
ha desarrollado el concepto de los  
derechos humanos, la idea de la  
igualdad de todos los hombres ante  
la ley, la conciencia de la inviolabili-  
dad de la dignidad humana de cada  
persona y el reconocimiento de la  
responsabilidad de los hombres por  
su conducta. Estos conocimientos  
de la razón constituyen nuestra me-  
moria cultural. Ignorarla o conside-  
rarla como mero pasado sería una  
amputación de nuestra cultura en  
su conjunto y la privaría de su in-  
tegridad. La cultura de Europa na-  
ció del encuentro entre Jerusalén,  
Atenas y Roma; del encuentro entre  
la fe en el Dios de Israel, la razón  
filosófica de los griegos y el pen-  
samiento jurídico de Roma. Este  
triple encuentro configura la ín-  
tima identidad de Europa. Con la  
certeza de la responsabilidad del  
hombre ante Dios y reconociendo  
la dignidad inviolable del hombre,  
de cada hombre, este encuentro ha  
fijado los criterios del derecho; de-  
fenderlos es nuestro deber en este  
momento histórico”( Idem).  
64 El interés de esta posición en re-  
lación con algunas reflexiones del  
constitucionalismo contemporáneo  
está muy bien expuesto en M. Car-  
tabia – A. Simoncini, “Benedetto XVI  
e il pensiero giuridico, en La legge  
di re Salomone. Ragione e diritto nei  
discorsi di Benedetto XVI, Milano,  
2013, 5-35. La tensión entre de-  
recho natural y derecho positivo  
surge también en el análisis del  
sermón de la montaña, que Joseph  
Ratzinger – Benedicto XVI expone  
en Gesù di Nazareth. Cfr. F. Cocco-  
palmerio, “Lontologia del diritto in  
alcuni scritti di Benedetto XVI, en  
G.Boni – E. Camassa – P. Cavana – P.  
Lillo – V. Turchi (eds.) Recte sapere.  
Studi in onore di Giuseppe Dalla  
Torre (Torino, 2014) I, 214-228.  
59  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
Son éstas las líneas en las que se  
desarrolla la reflexión de Benedic-  
to XVI, que se traduce consecuen-  
temente en una postura prudente:  
si por un lado, en continuidad con  
los pontífices precedentes se in-  
siste en el respeto a los derechos  
del hombre y se invita a la Igle-  
sia a comprometerse en su tutela,  
por el otro se asume una cierta  
cautela, subrayando el riesgo de  
desviaciones de la evolución del  
sistema de derechos humanos al  
que se asiste.  
rechos fundamentales, salvo en el  
discurso del 10 de enero de 2011,  
dedicado en buena parte a la liber-  
tad de religión.65  
65 En el discurso al Cuerpo diplomáti-  
co, el 9 de enero de 2006, Benedicto  
XVI alude sólo brevemente al tema  
de los derechos humanos, ponien-  
do en evidencia la relación entre  
libertad y verdad y mencionando  
la promoción de la libertad de reli-  
gión como dimensión específica de  
la diplomacia de la Santa Sede. Al  
año siguiente, hay una referencia  
en passant a la creación del Conse-  
jo de los Derechos Humanos (dis-  
curso del 8 de enero de 2007); en  
los discursos del 2009 y 2010 se  
encuentran diversas menciones  
a derechos particulares, pero no  
hay reflexiones de carácter general  
sobre los derechos humanos. En el  
discurso del 7 de enero de 2008, re-  
firiéndose al 60° de la Declaración  
universal, el Papa afirma: “Nuestra  
sociedad ha incluido justamente la  
grandeza y la dignidad de la per-  
sona humana en las diversas de-  
claraciones de derechos, que han  
sido formuladas a partir de la De-  
claración Universal de los Derechos  
del Hombre, adoptada hace sesenta  
años. Este acto solemne fue, según  
la expresión del Papa Pablo VI, uno  
de los más grandes títulos de gloria  
de las Naciones Unidas. En todos  
los continentes, la Iglesia católica se  
compromete para que los derechos  
del hombre sean no solamente pro-  
clamados, sino aplicados. Es de de-  
sear que los organismos creados  
para la defensa y promoción de los  
derechos del hombre consagren to-  
Este planteamiento es muy visi-  
ble en la encíclica Caritas in Veri-  
tate, que se inserta en la tradición  
de las encíclicas sociales, y se re-  
fleja también en los discursos de  
inicio de año al Cuerpo diplomá-  
tico que, hemos visto, constitu-  
yen una suerte de termómetro de  
la doctrina de los pontífices en el  
tema de los derechos humanos.  
Durante los años del pontificado  
del Papa Benedicto XVI se mani-  
fiesta en estos discursos una fase  
de espera: por una parte, son fre-  
cuentes las alusiones a la necesi-  
dad de asegurar el respeto a los  
derechos humanos fundamenta-  
les, se denuncia su violación en las  
situaciones de conflicto y se con-  
firma el compromiso de la Iglesia  
católica para que los derechos  
humanos sean respetados. Por la  
otra, no se encuentran reflexiones  
de carácter general sobre los de-  
60  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
Por lo demás, la referencia a los  
derechos humanos sigue siendo,  
obviamente, una constante en la  
acción de la Santa Sede en el cam-  
po internacional, especialmente  
en el seno de las organizaciones  
internacionales. El mismo Pontífi-  
ce profundizará algunos aspectos  
de manera original, por ejemplo,  
en lo que se refiere a la salvaguar-  
da de la creación.66  
De esto resulta una posición que  
podríamos definir al mismo tiem-  
po como crítica, abierta y modera-  
damente optimista: crítica porque  
es consciente de los límites y de  
los riesgos del actual discurso so-  
bre los derechos humanos; abierta  
porque es igualmente consciente  
del hecho de que no existe otra vía  
más que el diálogo y la confronta-  
ción entre las diversas y a veces  
opuestas antropologías, en las que  
el cristiano tiene algo original que  
decir; moderadamente optimista,  
porque confía en el primado de la  
razón, incluso en un mundo mar-  
cado por el pecado.  
das sus energías a este cometido, y  
en particular, que el Consejo de los  
Derechos del Hombre sepa respon-  
der a las expectativas suscitadas  
tras su creación. En el último de los  
discursos del Papa Benedicto XVI al  
Cuerpo diplomático, el 7 de enero  
de 2013, se encuentra una consta-  
tación, más bien, dolorosa: “Sobre  
todo en Occidente, se encuentran  
lamentablemente muchos equí-  
vocos sobre el significado de los  
derechos del hombre y los deberes  
que le están unidos. Los derechos se  
confunden con frecuencia con ma-  
nifestaciones exacerbadas de au-  
tonomía de la persona, que se  
convierte en autorreferencial, ya no  
está abierta al encuentro con Dios  
y con los demás y se repliega sobre  
ella misma buscando únicamente  
satisfacer sus propias necesidades.  
Por el contrario, la defensa autén-  
tica de los derechos ha de contem-  
plar al hombre en su integridad  
personal y comunitaria.  
Dicha posición, me parece, se  
puede apreciar muy bien en los  
números 24 y 25 de la encíclica  
Spe Salvi, de la que citaré algu-  
nos párrafos: el “tesoro moral de  
toda la humanidad [...] existe co-  
mo invitación a la libertad y como  
posibilidad para ella. Pero esto sig-  
nifica que: a) El recto estado de las  
cosas humanas, el bienestar mo-  
ral del mundo, nunca puede ga-  
rantizarse solamente a través de  
estructuras, por muy válidas que  
éstas sean. [...] Incluso las mejores  
estructuras funcionan únicamente  
cuando en una comunidad existen  
unas convicciones vivas capaces  
de motivar a los hombres para  
una adhesión libre al ordenamien-  
to comunitario. [...] b) Puesto que  
el hombre sigue siendo siempre  
66 Cfr. Caritas in Veritate, 2009, n. 48.  
También, el Mensaje para la Jornada  
Mundial de la Paz 2010. “Si quieres  
promoverlapaz,protegelacreación.  
61  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
libre y su libertad es también  
siempre frágil, nunca existirá en  
este mundo el reino del bien de-  
finitivamente consolidado. Quien  
promete el mundo mejor que du-  
raría irrevocablemente para siem-  
pre, hace una falsa promesa, pues  
ignora la libertad humana. La li-  
bertad debe ser conquistada pa-  
ra el bien una y otra vez. [...] Una  
consecuencia de lo dicho es que  
la búsqueda, siempre nueva y fati-  
gosa de rectos ordenamientos pa-  
ra las realidades humanas es una  
tarea de cada generación; nunca es  
una tarea que se pueda dar sim-  
plemente por concluida. No obs-  
tante, cada generación tiene que  
ofrecer también su propia aporta-  
ción para establecer ordenamien-  
tos convincentes de libertad y de  
bien, que ayuden a la generación  
sucesiva como orientación al recto  
uso de la libertad humana y den  
también así, siempre dentro de los  
límites humanos, una cierta ga-  
rantía también para el futuro. 67  
La primera, es observar cómo el  
Papa ha centrado la atención sobre  
los derechos humanos a partir de  
las acciones en el terreno concreto,  
antes e incluso más que a través  
de intervenciones de carácter ma-  
gistral. Piénsese en el repentino  
viaje a Lampedusa, el 8 de julio  
de 2013, que catalizó la opinión  
pública sobre una emergencia: la  
de los migrantes, en un momento  
en el que aún no se comprendía en  
toda su gravedad. O bien, en la  
elección de visitar países extrema-  
damente probados por conflictos  
internos y casi olvidados, como  
la República Centroafricana, en  
noviembre de 2015, con la aper-  
tura de la primera puerta san-  
ta del Jubileo de la Misericordia.  
O, por ejemplo, en su deseo de  
incluir en cada viaje apostólico un  
contacto prolongado con situa-  
ciones de marginación: pobres,  
desempleados, presos, indigentes.  
Sería reductivo interpretar esta  
actividad en sentido únicamente  
humanitario: el Papa Francisco ha  
explicado repetidamente que, pa-  
ra un cristiano, se trata de tocar y  
de venerar la carne de Cristo.  
El pontificado de Francisco  
De esta manera, llegamos al pon-  
tificado del Papa Francisco, del  
que naturalmente no es posible  
ni siquiera esbozar un discurso  
que se pueda decir completo. Por  
tanto, debemos limitarnos a algu-  
nas sugerencias.  
Son gestos que tienen un gran  
impacto en los creyentes, ya que  
indican una dirección pastoral,  
pero que también encuentran una  
gran atención en los ambientes de  
la política nacional e internacional,  
pues casi siempre tocan heridas  
67 Spe Salvi, n. 24-25.  
62  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
abiertas. Este enfoque, a partir de  
la realidad, me parece, se conserva  
también en los principales docu-  
mentos del magisterio pontificio,  
en los que más que una represen-  
tación o profundización de la doc-  
trina católica sobre los derechos  
humanos, son afrontados algunos  
de los principales problemas que  
afligen a las sociedades contempo-  
ráneas, a partir de esa mirada des-  
centralizada, desde las periferias y  
los pobres que el Papa ha reivindi-  
cado en repetidas ocasiones como  
la más capaz para leer la realidad.  
bilidad moral de los individuos y  
de las sociedades ante el drama  
en acto de la exclusión de franjas  
enteras de la población que sufren  
a causa de un modelo económico  
que oprime.  
También, otro texto importante,  
la encíclica Laudato Si, sobre el  
cuidado de la casa común, aun de-  
sarrollando una temática eviden-  
temente ligada a la promoción de  
los derechos humanos, no utiliza  
sistemáticamente  
su  
lenguaje,  
prefiriendo la terminología rela-  
tiva al bien común y al desarrollo  
humano integral y/o sustentable.  
Si tomamos, por ejemplo, el do-  
cumento programático del ponti-  
ficado, la exhortación apostólica  
Evangelii Gaudium, frente a las re-  
ferencias más bien generales a los  
derechos humanos —que no fal-  
tan—, se encontrará una crítica  
puntual al modelo prevalente de  
la economía de mercado,68 preci-  
samente en nombre de la situación  
de los excluidos, además de un am-  
plio discurso sobre la dimensión  
social de la evangelización,69 la  
cual se hace portavoz del grito de  
los pobres. Aunque abiertas, natu-  
ralmente, al tema de los derechos  
sociales, estas reflexiones no uti-  
lizan de manera primordial aquel  
lenguaje: éstas hacen, más bien,  
un llamado directo a la responsa-  
Revisando los discursos del Pa-  
pa Francisco al Cuerpo diplomáti-  
co, podemos reconocer el mismo  
tipo de enfoque. La referencia a los  
derechos humanos, aun si presen-  
te en estos discursos no se profun-  
diza en sí misma. Y sin embargo,  
son constantes los llamados re-  
lativos a la tutela y promoción de  
dichos derechos. En primer lugar,  
la cuestión de los migrantes y de  
los refugiados, retomada y pro-  
fundizada en todos los encuentros  
con el Cuerpo diplomático,70 los  
70 A modo de ejemplo, se pude seña-  
lar el siguiente pasaje del discurso  
al Cuerpo diplomático del 11 de en-  
ero de 2016, en el que se observa  
una referencia urgente a la situa-  
ción de los migrantes que, sin em-  
68  
Cfr. Evangelii gaudium, 2013, n. 52-60.  
69 Ibid., n. 176-216.  
63  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
llamados a la paz en numerosas  
zonas de conflicto, el tema del lu-  
gar reservado en la sociedad a los  
ancianos, minusválidos, jóvenes,  
no natos, primeras víctimas de lo  
que Francisco ha llamado “cultura  
del deshecho, el apoyo dado a la  
conferencia de París sobre el cli-  
ma, el rol jugado en el acercamien-  
to entre Estados Unidos y Cuba.  
del derecho. Denuncia, a continua-  
ción, que el panorama mundial  
presenta muchos falsos derechos,  
mientras que deja amplios secto-  
res sin adecuada protección —dos  
enparticularsobrelosquesede-  
tendrá en su intervención: el am-  
biente natural y el vasto mundo  
de los excluidos. En este punto,  
el discurso del Papa se centra en  
la profundización de estas dos si-  
tuaciones concretas. En esta in-  
tervención, la terminología de los  
derechos está más presente: tanto  
hablando del medio ambiente (el  
Papa Francisco reivindica un “de-  
recho del ambiente”), como ha-  
blando de los excluidos (derecho  
alavivienda, alainstrucción, altra-  
bajo; derecho a la vida y derechos  
de la familia...), como hablando del  
tema, desarrollado a continuación,  
de la paz y del desarme.  
En el discurso dado a la Asam-  
blea General de las Naciones Uni-  
das, el 25 de septiembre de 2015,  
el Papa Francisco no se aparta  
mucho de este enfoque: inicia,  
esta vez sí, con una declaración de  
principios, es decir, que la tarea de  
las Naciones Unidas es el desarro-  
llo y la promoción de la soberanía  
bargo, no utiliza el leguaje de los  
derechos: “Un espíritu individualis-  
ta es terreno fértil para que madure  
el sentido de indiferencia hacia el  
prójimo, que lleva a tratarlo como  
puro objeto de compra-venta, que  
induce a desinteresarse de la hu-  
manidad de los demás y termina  
por hacer que las personas sean pu-  
silánimes y cínicas. ¿Acaso no son  
éstas las actitudes que frecuente-  
mente asumimos frente a los pobres,  
los marginados o los últimos de la  
sociedad? ¡Y cuántos últimos hay  
en nuestras sociedades! Entre éstos,  
pienso sobre todo en los emigrantes,  
con la carga de dificultades y sufri-  
mientos que deben soportar cada  
día en la búsqueda, a veces desespe-  
rada, de un lugar donde poder vivir  
en paz y con dignidad.  
Algunas reflexiones de fondo  
en materia de derechos humanos  
surgen, en cambio, en el discurso  
dado en el Parlamento europeo.  
Reconociendo el papel de la Unión  
Europea en la promoción de los  
derechos fundamentales y de la  
dignidad de la persona, el Santo  
Padre advierte, en continuidad con  
lo afirmado por sus predecesores,  
respecto a un “paradójico abuso”  
del concepto de derechos huma-  
nos, que describe de la siguiente  
manera: “Existe hoy, en efecto, la  
tendencia hacia una reivindica-  
64  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
ción cada vez más amplia de los  
derechos individuales —estoy  
zaciones ideológicas, es decir, la  
imposición bajo forma de valo-  
res universales y de derechos del  
hombre, de visiones derivadas de  
un particular desarrollo de la cul-  
tura occidental, como por ejemplo,  
la así llamada teoría del gender.  
tentado a decir individualistas—,  
que esconde una concepción de  
persona humana desligada de to-  
do contexto social y antropológico  
[...] Considero por esto que es vital  
profundizar hoy en una cultura de  
los derechos humanos que pue-  
da unir sabiamente la dimensión  
individual, o mejor, personal, con  
la del bien común, con ese ‘todos  
nosotros’ formado por individuos,  
familias y grupos intermedios que  
se unen en comunidad social.71  
Como para sus predecesores,  
también en el caso del Papa Fran-  
cisco todo esto se traduce en lí-  
neas que diseñan un programa de  
acción para la presencia interna-  
cional de la Santa Sede, así como  
en directivas pastorales dirigidas  
a la comunidad eclesial.  
Junto a estas reflexiones se pue-  
de colocar la advertencia, varias  
veces expresada por el Santo Pa-  
dre, sobre las posibles “coloni-  
Es imposible, hemos dicho, ofre-  
cer una síntesis completa de una  
enseñanza en pleno desarrollo,  
que seguramente tendrá aún mu-  
cho que decir en tema de promo-  
ción de los derechos humanos. La  
sensación es que el enfoque cen-  
trado en los problemas concretos  
tiene en primer lugar la función  
de llamar a todos, católicos y no  
católicos, a la necesidad de com-  
prometerse realmente por la cau-  
sa de los derechos, en particular  
por las personas que más sufren la  
privación de éstos. En segundo lu  
gar, un enfoque semejante permi-  
te sustraerse, al menos en parte,  
a las críticas que la posición cató-  
lica recibe por parte de la cultura  
dominante en Occidente, que está  
haciendo de la causa de los nuevos  
71  
Discurso al Parlamento europeo, 25  
de noviembre de 2014. En el mis-  
mo sentido van algunas considera-  
ciones del discurso dado, el mismo  
día, al Consejo de Europa: “sin esta  
búsqueda de la verdad, cada uno se  
convierte en medida de sí mismo y  
de sus actos, abriendo el camino a  
una afirmación subjetiva de los de-  
rechos, por lo que el concepto de  
derecho humano, que tiene en sí  
mismo un valor universal, queda  
sustituido por la idea del derecho in-  
dividualista. Esto lleva al sustancial  
descuido de los demás, y a fomentar  
esa globalización de la indiferencia  
que nace del egoísmo, fruto de una  
concepción del hombre incapaz de  
acoger la verdad y vivir una autén-  
tica dimensión social.  
65  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
derechos, en particular de aque-  
llos ligados al gender, la nueva  
frontera de los derechos humanos.  
Una empresa ardua, pero al mis-  
mo tiempo irrenunciable, tanto  
desde el punto de vista del com-  
promiso civil como desde el del  
testimonio eclesial. Una empresa  
en la que la referencia a los dere-  
chos del hombre es al mismo tiem-  
po problemática e imprescindible.  
Problemática, porque el abismo  
entre las diferentes comprensio-  
nes de tales derechos es cada vez  
más grande, expresión de la seña-  
lada divergencia de las antropolo-  
gías —aunque la afirmación de los  
derechos humanos sea unánime,  
sería hoy casi imposible encontrar  
un acuerdo para estipular una  
nueva Declaración Universal de los  
DerechosdelHombre.Imprescin-  
dible, porque renunciar a los de-  
rechos del hombre significaría,  
también desde el punto de vista  
de la doctrina católica, renunciar  
a la existencia de una racionalidad  
y de una naturaleza humana co-  
mún, fundamento de la dignidad  
trascendente de toda persona. Sin  
considerar que los sistemas en los  
que los derechos humanos no son  
respetados, son también mucho  
más hostiles para la vida de la  
Iglesia. Parafraseando la célebre  
frase de Churchill, podríamos de-  
cir que el sistema de los derechos  
humanos es el peor que existe... a  
excepción de todos los demás.  
Un esbozo de conclusión  
A modo de conclusión, por otra  
parte abierta, debemos constatar  
que la división entre las diversas  
antropologías se hace cada vez  
más amplia, y ello no porque ha-  
ya cambiado la visión cristiana  
del hombre, sino porque la cultu-  
ra contemporánea está llevando a  
consecuencias extremas la idea de  
una libertad individual completa-  
mente desligada de toda realidad  
que la preceda: sea ésta la socie-  
dad, la cultura, la común natura-  
leza humana, el origen familiar  
y hasta la propia corporeidad e  
identidad sexual.  
Este resultado, acaso epílogo de  
la modernidad occidental, toma  
forma en sociedades todo lo con-  
trario que homogéneas; es más,  
marcadas por una creciente mul-  
ticulturalidad, ya sea a causa de  
las migraciones como de la glo-  
balización que, en vez de aplanar,  
exalta a veces las pertenencias y  
las diferencias culturales, naciona-  
les y religiosas. En este contexto,  
se vuelve toda una empresa ga-  
rantizar, si no ya una sociedad  
cohesionada, al menos una convi-  
vencia pacífica.  
66  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
Cristianamente, no debemos  
desesperar: por un lado, sigue ha-  
biendo cierta confianza en la razón  
humana, en su constitutiva aper-  
tura a la verdad, que se abre paso  
en la historia, incluso en medio de  
tantas incertidumbres y contradic-  
ciones. Por otro, aun con todas las  
divergencias que hemos señalado,  
la humanidad se puede reconocer  
unida precisamente ahí donde la  
dignidad del hombre es pisoteada.  
Ante las difundidas y pesadas vio-  
lacionesdelosderechoshumanosa  
las que, por desgracia, tenemos  
aún que asistir en los numerosos  
teatros de conflicto, pero también  
en nuestras sociedades conside-  
radas avanzadas —piénsese en la  
violencia contra la mujer—; ante  
la situación de los pobres y los  
permanentes desequilibrios que  
atraviesan el mundo y, no último,  
ante la responsabilidad común  
que la humanidad de hoy com-  
prende que tiene, por primera vez  
en la historia, en lo que se refiere  
a la sobrevivencia del planeta, es  
fácil encontrar amplios espacios  
de convergencia también con  
quien profesa visiones del hombre  
que en parte no son compatibles  
con la revelada en Cristo.  
desde este punto de vista será cru-  
cial, enelfuturo, lacuestióndelple-  
no respeto a la libertad religiosa,  
sin la cual podría volverse mucho  
más arduo, para los creyentes, po-  
der vivir libremente de manera  
coherente con la fe que profesan,  
respetandolosagradodelavidayla  
familia fundada en el matrimonio.  
A la luz de esto, podemos estar  
seguros de que la Santa Sede y la  
Iglesia estarán también compro-  
metidas, en los años venideros,  
con la defensa y promoción de los  
derechos del hombre.  
*Observador permanente de la Santa  
Sede al Consejo de Europa, en Estras-  
burgo. Fue consejero de nunciatura en  
la sección de Asuntos Generales de la  
Secretaría de Estado.  
La unidad que resulta de esto es  
real, aunque imperfecta, y es posi-  
ble a condición de que se respeten  
recíprocamente las diversidades:  
67  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
El extranjero centroamericano  
Una reflexión desde la teología  
Íderman Andrade S.*  
“Y no angustiareis al extranjero, pues vosotros  
sabéis cómo se halla el alma del extranjero, ya que  
extranjeros fuisteis en la tierra Egipto. (Éxodo 23,9)  
Desde el Antiguo Testamento  
hay toda una tradición de protec-  
ción al extranjero y al migrante,  
tradición que parte de la misma  
experiencia de Israel como escla-  
vos en Egipto. Según la tradición  
del Pentateuco, la lógica parte del  
principio de que los israelitas de-  
bían repetir los comportamien-  
tos de los egipcios en contra de  
aquellos que estaban de paso por  
su territorio, algo muy propio de  
las comunidades del desierto, las  
cuales mantenían en alta estima la  
tradición de hospitalidad.  
del desplazamiento y la obliga-  
ción moral de tomar medidas para  
hacer dicho tránsito más sencillo  
para estas personas. Es el objetivo  
de este ensayo hacer una valora-  
ción teológica sobre el llamado  
al cristiano frente a esta proble-  
mática a partir de las Escrituras,  
junto con las posiciones doctri-  
nales que ha tomado la Iglesia en  
los últimos 50 años.  
Para hacer esto, primero hare-  
mos una valoración del problema  
de la migración centroamericana  
en México desde varias disciplinas  
sociales, de modo que podamos te-  
ner una imagen clara sobre las  
características de este fenómeno.  
Esta valoración irá acompañada  
del recuento de las entrevistas que  
llevamos a cabo a migrantes cen-  
troamericanos que se encuentran  
en el albergue CAFEMIN.1 En se-  
Este llamado de la ley mosaica  
es hoy más relevante que nunca  
para el contexto mexicano, debido  
al fenómeno de la migración cen-  
troamericana en el país. La llegada  
en las últimas décadas de migran-  
tes de países como El Salvador,  
Guatemala u Honduras a raíz de  
los múltiples problemas sociales  
que afligen a estos países (ITAM,  
2014), nos pone frente al trauma  
1
Organización no gubernamental  
legalmente constituida; depende de  
68  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
gundo lugar, analizaré el plantea-  
miento desde el aspecto bíblico y  
la posición de la Iglesia católica  
frente al problema. Finalmente, se  
hará una síntesis utilizando esta  
información para hacer un llama-  
do, tanto a personas del común  
como a las autoridades, sobre me-  
didas a adoptar desde una pers-  
pectiva teológica para ayudar a  
esta población.  
relación a los migrantes. Lo pri-  
mero que rescata el reporte es que  
la población centroamericana que  
más se desplaza es la de Hondu-  
ras, El Salvador y Guatemala.  
Los motivos para este despla-  
zamiento son variados: violencia,  
pobreza, falta de oportunidades,  
reuniónfamiliarenEstadosUnidos  
o desastres naturales que los obli-  
gan a migrar. La mayoría de esta  
población es joven (70% son per-  
sonas de 15-29 años) y la gran  
mayoría son hombres (80%).  
Igualmente, se presentan bastan-  
tes casos de menores de edad que  
viajan solos, normalmente con el  
objetivo de reunirse con sus fami-  
liares en Estados Unidos.2  
La migración centroamericana  
en México desde las ciencias  
sociales  
En 2014, el ITAM (Instituto Tec-  
nológico Autónomo de México)  
publicó su reporte sobre la situa-  
ción de los migrantes centroame-  
ricanos en su paso hacia Estados  
Unidos. En este documento, el  
ITAM proporciona una serie de  
datos que son fundamentales pa-  
ra entender la situación actual que  
enfrenta el Estado mexicano con  
El informe hace gran énfasis en  
los peligros que estos individuos  
enfrentan en su paso por México.  
Tales peligros están principalmen-  
te influenciados por el incremento  
de la espiral de violencia en el país.  
Según el ITAM, debido a que los  
migrantes desean evitar ser captu-  
rados por las autoridades de mo-  
do que sean deportados, buscan  
vías alternas que disminuyan este  
la asociación civil José María Vilase-  
ca. Se rige por los instrumentos de  
derechos humanos, por el derecho  
internacional de los refugiados y de  
derecho internacional humanitario,  
realiza su labor social de conformi-  
dad y en concordancia con las leyes  
y reglamentos federales y locales  
aplicables a las personas físicas y  
morales que asisten a personas en  
movimiento que requieren protec-  
ción, con un enfoque intercultural y  
fomentando la integración local de  
los seres humanos desde la digni-  
dad humana.  
2
Migración centroamericana en trán-  
sito por México hacia los Estados  
Unidos: Diagnósticos y recomenda-  
ciones. Hacia una visión integral,  
regional y de responsabilidad com-  
partida. ITAM, México DF, 2014.  
69  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
riesgo (viaje en autobús, uso de  
trenes de carga, contratación de  
“compañías” de migración ilegal).  
Tales medidas tienden a poner al  
migrante en las manos de bandas  
delincuenciales que amenazan con  
el secuestro, la extorsión o el ase-  
sinato con el fin de conseguir  
beneficios económicos de los mi-  
grantes, debido a su condición  
de vulnerabilidad.  
fugiados CAFEMIN. En dicha jor-  
nada, entrevistamos a una pareja  
(Henrys y su esposa), un niño de 10  
años (Marcos) y un adolescente  
de 17 años (Dany). Los tres en-  
trevistados eran salvadoreños y  
sus historias son similares en re-  
lación a las causas que los llevaron  
a migrar. Todos manifestaron que  
se encontraban huyendo de la vio-  
lencia ocasionada por las pandi-  
llas; Henrys, en particular, dijo que  
había sido personalmente amena-  
zado al igual que su familia, lo que  
había impedido que se hubiese  
vuelto a comunicar con ellos des-  
de que salió de El Salvador ha-  
ce dos años. Igualmente, todos  
buscaban un mejor futuro en el  
extranjero. Marcos y Dany busca-  
ban llegar a Estados Unidos con el  
objetivo de reunirse con sus fa-  
miliares y tener mejores oportu-  
nidades en el futuro, debido a las  
posibilidades que ofrece la Poten-  
cia del Norte.  
Esta situación se ve agravada  
por abusos de los cuerpos de au-  
toridad, quienes a veces actúan  
en complicidad con estas bandas  
o abusan de los migrantes por su  
propia cuenta.3 El informe, final-  
mente, recuerda que aunque se  
han tomado medidas para mejo-  
rar la protección al migrante, “las  
malas prácticas administrativas,  
la falta de capacitación y el desco-  
nocimiento de la normatividad de  
los agentes migratorios siguen di-  
ficultando el acceso de los migran-  
tes a sus derechos.4  
En este sentido, el caso de Hen-  
rys es distinto, ya que comentó  
que deseaba quedarse en México.  
La razón para esto, según él, era de  
seguridad: considera que “es me-  
nos probable que lo encuentren  
las pandillas salvadoreñas en Mé-  
xico que en Estados Unidos, donde  
ya tienen presencia. Esta situa-  
ción particular nace de los moti-  
vos particulares de Henrys: salió  
directamente amenazado.  
Esta situación se ve reflejada en  
las tres entrevistas5 realizadas en  
el albergue para migrantes y re-  
3
Ibid  
4
Ibid  
5
Las entrevistas se llevaron a cabo  
en el Centro de Atención al Mi-  
grante CAFEMIN, regentado por la  
Congregación de las Hermanas Jo-  
sefinas, en la Ciudad de México, el  
29 de octubre de 2016.  
70  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
Las dificultades de estos mi-  
grantes en la travesía del despla-  
zamiento, como señala el informe  
del ITAM, parte del deseo de no ser  
sorprendidos por las autoridades  
migratorias mexicanas. Dany, por  
ejemplo, nos contó que su trave-  
sía había sido “toda una aventura,  
pues salió en una ruta terrestre  
que cruza la frontera entre su país  
y Guatemala; cuando llegó a la  
frontera con México, cuenta Dany,  
fueron horas de mucha adrena-  
lina, pues tuvo que atravesar en  
lancha a través del río.  
de criminales. Por ejemplo, Henrys  
comentó que llevaba dos años des-  
de que había salido hacia México  
y había tenido varios trabajos  
informales en el sur del país. La  
razón por la cual había terminado  
en CAFEMIN fue que varios poli-  
cías le robaron todo lo que poseía  
en el metro al llegar a la Ciudad  
de México. Nos relató que cuando  
trató de reclamarle a los policías  
por sus pertenencias, éstos ame-  
nazaron con levantarle cargos de  
“pollero” (individuo que se dedica  
al tráfico ilegal de inmigrantes), lo  
que imposibilitó que recuperase  
sus pertenencias.  
En total, fueron 12 días de trave-  
sía desde su salida de casa hasta  
llegar a tierras mexicanas. Inme-  
diatamente, él y su prima —quien  
lo había acompañado en este viaje  
desde el momento en el que salie-  
ron de El Salvador— buscaron un  
albergue donde se fueron encon-  
trando con otros de sus coterrá-  
neos, quienes les brindaron apoyo.  
Sin embargo, no duraron mucho  
tiempo allí (alrededor de 3 días)  
cuando fueron sorprendidos por  
las autoridades mexicanas, quie-  
nes les llevaron hacia inmigración  
y allí fue separado de su prima;  
desde entonces, él ha estado solo y  
está a la espera de ser deportado.  
Al presentarse ante ACNUR para  
pedir ayuda —quienes lo refirie-  
ron a CAFEMIN—, le comentaron  
que casos como él eran muy co-  
munes. Con esto en mente, una  
constante en los tres casos es que  
el recibimiento por parte de estas  
comunidades fue infinitamente  
mejor que el de las autoridades,  
quienes los trataron como delin-  
cuentes e inhumanamente.  
Estas situaciones, que son co-  
munes entre los migrantes que  
pasan por México, tienen una se-  
rie de impactos en su condición  
social y personal. Esto se puede  
abordar, como ya decíamos, desde  
las diversas perspectivas interdis-  
ciplinares. Según el doctor Mario  
G. Maldonado, entre las enferme-  
Estos peligros son comunes en  
las travesías de migrantes cen-  
troamericanos, y su condición de  
irregulares los pone en peligro  
71  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
dades mentales más comunes que  
se han detectado en personas mi-  
grantes encontramos “los des-  
órdenes afectivos ansiosos, las  
fobias, las somatizaciones, diver-  
sos síndromes dolorosos crónicos,  
abuso de drogas, violencia fami-  
liar y negligencia hacia los niños,  
también, desórdenes de conducta  
y comportamiento, episodios psi-  
cóticos e incluso esquizofrenia.6  
el cual trataba de entender una  
experiencia difícilmente concebi-  
ble para un niño de diez años. En  
este sentido, el aspecto social re-  
presenta un elemento fundamen-  
tal en el proceso de asimilación  
psicológica de la situación.  
Así pues, la familia y el apego a  
ella juegan un papel muy impor-  
tante en la salud mental del mi-  
grante. Mantener contacto con  
ella ayuda en su autoestima y se-  
guridad en los momentos de crisis.  
Por otro lado, quienes los reciben  
en el nuevo país, pueden ayu-  
darles a hablar y expresar sus  
sentimientos de tristeza, mie-  
do, ansiedad, angustia, etc., en un  
espacio y tiempos adecuados y  
sin prejuicios,7 favoreciendo con  
ello su capacidad de comprender  
que todas estas emociones son  
resultado de las vivencias que  
están teniendo y que el manejo  
de las mismas sea más fácil para  
la persona.  
No podemos olvidar que el acto  
del desplazamiento forzado im-  
plica una experiencia traumática  
para el migrante: por ejemplo,  
desplazarse implica, en últimas,  
perderlo todo. Esto podríamos  
verlo en el caso de Marcos, quien  
en la entrevista nos refería que  
sólo juega o a veces se la pasa  
sentado en una silla (en la que se  
desarrolló la entrevista con él).  
Su mirada por momentos parecía  
perdida, hablaba poco y trataba  
de contener el llanto al hablar de  
su madre y de su director muerto  
a machetazos.  
Desde este punto de vista, resul-  
ta muy valioso el recibimiento de  
la comunidad hacia las personas  
entrevistadas; manifestaron, de  
igual forma, que muchas personas  
El comportamiento de Marcos,  
sin ser expertos en psicología, nos  
daba la impresión de constituir  
un proceso emocional fuerte en  
6
7
Maldonado. M.G., El costo psicoló-  
Barral Arellano, M. A. La psico-  
logía del migrante, en: www.vi-  
cariadepastoral.org.mx/social/  
comision_migrantes/anexos/PSI-  
COLOGIA_del_Migrante.pdf  
gico de la migración. Cross-Cultural  
Clinic for Pain and Psychiatri,  
2008. En:  
www.estedolor.com/  
dolor/mi-gracion.htm  
72  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
habían estado muy abiertas a brin-  
darles la ayuda necesaria para ha-  
cerles esta experiencia más fácil,  
tal es el trato que ahora reciben  
instituciones como CAFEMIN.  
respetar las leyes y el reglamento  
del país que les brinda refugio.8  
El problema aquí es que debido  
a la situación que caracteriza a  
estas personas, raramente dichos  
derechos pueden ejercerse por su  
misma condición de inmigrantes  
ilegales. Es decir, el problema radi-  
ca en que desde que entran al país  
de manera ilegal, así sea por la  
razón legítima de huir de la violen-  
cia, los coloca en una situación de  
vulnerabilidad legal que imposibi-  
lita el ejercicio de sus derechos y  
los pone a merced de abuso tanto  
de criminales como de autorida-  
des, como es el caso de Henrys.  
Como ya hemos mencionado  
anteriormente, la situación polí-  
tica y económica que lleva a que  
los migrantes abandonen sus paí-  
ses en Centroamérica y quieran  
llegar a Estados Unidos o México  
es central en el entendimiento del  
fenómeno. Desde el momento que  
salen de su país de origen, estas  
personas se exponen a una situa-  
ción de vulnerabilidad crónica,  
lo que dificulta el ejercicio de sus  
derechos como migrantes.  
El problema de la migración  
De nuevo, debido a su interés de  
no ser atrapados por las autorida-  
des, estas personas corren el cons-  
tante riesgo de ser abandonados  
por sus “polleros” y caer en ma-  
nos de la delincuencia o sufrir  
abuso por parte de terceros malin-  
tencionados. Según la Guía para  
la protección de las personas refu-  
giadas en México, publicada por  
ACNUR, los derechos que estos in-  
dividuos tienen, entre otros, son:  
“el derecho a la libertad de pensa-  
miento, de protección contra la  
tortura y otros tratos o penas crue-  
les, inhumanas o degradantes; el  
acceso a atención médica, educa-  
ción y el derecho a trabajar. Los  
refugiados, por su parte, deben  
desde una perspectiva teológica  
Según Ángel Cordovilla Pérez,  
todo ejercicio teológico debe par-  
tir de las Escrituras mismas, en la  
medida que son el vehículo inme-  
diato para conocer la revelación  
de Dios a los hombres. Desde el  
Antiguo Testamento se encuentra  
la tradición de la protección al  
extranjero, como mencionamos  
en la cita que abrió este ensayo.  
El pasaje de Éxodo 23,9 no es el  
único que hace referencia a esta  
8
Guía para la protección de las per-  
sonas refugiadas en México, Alto Co-  
misionado de las Naciones Unidas  
para los Refugiados, ACNUR.  
73  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
problemática. El libro del Levítico  
hace el llamado a toda una serie  
de prácticas que faciliten la vida  
de esta persona que se encuentra  
en un estado de alienación por su  
situación de migración.  
como a aquellos que pasasen por  
sus tierras (el idumeo y el egipcio  
en Deuteronomio 23,7). Desde es-  
ta perspectiva, el Antiguo Testa-  
mento nos hace un llamado a la  
condición de vulnerabilidad del  
migrante, por ello es importan-  
te velar por las garantías de los  
demás, llamado que también hace  
ACNUR en la cartilla que mencio-  
namos más arriba.  
Levítico 23,22 menciona cómo  
es importante dejar una parte de  
la cosecha para el extranjero que  
pasa, de modo que tenga cómo  
alimentarse. Igualmente, en Lv  
19,33 menciona la importancia  
de la hospitalidad para el extran-  
jero, y en Lv 19,34 dice: “Como a  
un natural de vosotros tendréis al  
extranjero que peregrinare entre  
vosotros, y ámalo como a ti mis-  
mo; porque peregrinos fuisteis en  
la tierra de Egipto.  
La enseñanza completa es cons-  
tante en la tradición social que  
buscaba proteger el Pentateuco:  
la justicia como elemento moral  
supremo dentro de la relación  
entre los hombres a los ojos de  
Dios, resaltando al extranjero cu-  
ya condición especial se entendía  
desde la misma experiencia histó-  
rica de Israel.  
Estos pasajes nos demuestran  
una profunda preocupación por  
la situación de alienación de los  
migrantes que se entendía des-  
de la antigüedad; el llamado de  
Dios desde su autoridad (“yo soy  
YHWH vuestro Dios”) daba fuerza  
a la obligación moral humana de  
ayudar al que se encuentra en esta  
situación de vulnerabilidad.  
Con esto en mente, también es  
esencial rescatar las tradiciones  
de servicio y misericordia que son  
centrales en los evangelios. En  
Mateo 25,31 se menciona el juicio  
de las naciones, en donde Jesús  
explica cómo con la llegada del  
pastor, las ovejas y los cabritos  
serán separados y juzgados de  
acuerdo a sus actos. Esta cita en  
particular nos resulta fundamental  
desde el llamado que queremos  
plantear, ya que no se limita al  
“cristiano, entendiéndolo como el  
creyente en Jesús.  
De especial importancia, en este  
sentido, está en lo que insiste Nú-  
meros 15,16; 15,29; Deuterono-  
mio 1,16; 24,17 y 27,19. En todos  
estos pasajes, Dios hace énfasis en  
hacerle la misma justicia y apli-  
carle la misma ley a los israelitas  
74  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
Después de mencionar las dis-  
tintas acciones (“porque tuve  
hambre, y me disteis de comer; tu-  
ve sed, y me disteis de beber; fui  
forastero, y me recogisteis; estuve  
desnudo y me cubristeis; enfermo  
y me visitasteis; en la cárcel, y vi-  
nisteis a mí”: Mateo 25,35-36), las  
ovejas preguntan cuándo hicieron  
aquello por lo que Dios les recom-  
pensa y su respuesta es absoluta:  
“De cierto os digo que en cuanto  
lo hicisteis a uno de éstos mis her-  
manos más pequeños, a mí lo hi-  
cisteis” (Mateo 25,40). Más allá de  
la explícita referencia a los foras-  
teros que hace el pasaje, lo central  
aquí es que Jesús no está afirman-  
do que lo central sea ser creyente.  
Las ovejas, de hecho, afirman no  
haber conocido a Jesús cuando hi-  
cieron esto; cobra gran relevancia  
la acción (praxis).  
dancia con lo reflejado por el pa-  
saje, el agradable a los ojos de Dios  
es el que sirve y se compadece,  
pues fe sin acciones sencillamente  
es una fe vacía.  
Los documentos promulgados  
por la Iglesia en el siglo XX han  
buscado rescatar este espíritu con  
relación a los migrantes, haciendo  
el llamado a las naciones de ayu-  
dar y acoger al inmigrante que con  
causas justas busca una mejor vi-  
da para ellos y para sus familias.  
En la constitución Gaudium et spes  
encontramos que, “para lograr  
estos fines, las instituciones de la  
comunidad internacional deben,  
cada una por su parte, proveer a  
las diversas necesidades de los  
hombres tanto en el campo de la  
vida social, alimentación, higiene,  
educación, trabajo, como en múl-  
tiples circunstancias particulares  
que surgen acá y allá; por ejemplo,  
la necesidad general que las nacio-  
nes en vías de desarrollo sienten  
de fomentar el progreso, de reme-  
diar en todo el mundo la triste si-  
tuación de los refugiados o ayudar  
a los emigrantes y a sus familias.  
Dios está recompensando a las  
ovejas no sólo porque hayan creí-  
do en Jesús, sino porque se preo-  
cuparon por su vecino. Esto va de  
la mano de lo que sostiene Rafael  
Aguirre Monasterio en su análisis  
del evangelio de Mateo, cuando  
rescata que el discipulado en él se  
entiende es a partir del servicio y  
la comunidad se entiende como  
fraternidad.9 Esto va en concor-  
Las instituciones internacio-  
nales, mundiales o regionales ya  
existentes son beneméritas del  
género humano” (GS, 84). Y el mis-  
mo documento en el numeral 89  
agrega que “el Concilio, conside-  
rando las inmensas calamidades  
9
Cf. Aguirre Monasterio R., Discipula-  
do e Iglesia en el evangelio de Mateo,  
Aula de Teología, 2007, p. 5.  
75  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
que oprimen todavía a la mayoría  
de la humanidad, para fomentar  
en todas partes la obra de la jus-  
ticia y el amor de Cristo a los po-  
bres juzga muy oportuno que se  
cree un organismo universal de  
la Iglesia que tenga como función  
estimular a la comunidad católica  
para promover el desarrollo a los  
países pobres y la justicia social in-  
ternacional” (GS, 89). Por su parte,  
la encíclica social Rerum Novarum  
(1891) menciona que “toda perso-  
na tiene derecho a trabajar para  
vivir dignamente y sostener a su  
familia.10 Posteriormente, el Papa  
Pío XII reafirmó que los migrantes  
tienen derecho a una vida digna y  
a emigrar para conseguirla.  
pero más aún, es necesario que  
le sea lícito, cuando lo aconsejen  
motivos, emigrar a otros países y  
fijar allí su residencia,11 así como  
que “las naciones tienen la obliga-  
ción de garantizar el bien común  
universal”12 y, por tanto, deben  
responder a los flujos migratorios  
en la mejor manera posible.  
Más adelante, en Aparecida, se  
mencionó que: “En América Lati-  
na y el Caribe constituyen un he-  
cho nuevo y dramático para los  
emigrantes, desplazados y refu-  
giados sobre todo por causas eco-  
nómicas, políticas y de violencia,13  
además que “la realidad de las  
migraciones no se ha de ver nun-  
ca sólo como un problema, sino  
también y sobre todo, como un  
gran recurso para el camino de  
la humanidad.14  
Al respecto, Juan XXIII dijo que  
el derecho de las familias a emi-  
grar a otros países en busca de  
un buen trabajo se aplica cuando  
“hay razones justas para emigrar,  
esto aplica ante las condiciones  
actuales de pobreza global, gue-  
rras, crimen y persecuciones de  
quienes se han visto obligados a  
abandonar sus casas para sobre-  
vivir y sostener a sus familias. En  
este mismo sentido, la encíclica  
Pacem in Terris dice que: “Ha de  
respetarse íntegramente el dere-  
cho de cada hombre a conservar  
o cambiar su residencia dentro  
de los límites geográficos del país,  
Esto es más importante hoy que  
nunca si recordamos las entrevis-  
tas mencionadas más arriba: son  
la violencia y la pobreza los mo-  
tores de estas migraciones y es  
la obligación de los gobiernos del  
mundo ayudar a estos individuos,  
11 Pacem in Terris, 106.  
12 Pacem in Terris,101.  
13 V Conferencia General del Episco-  
pado Latinoamericano y del Caribe,  
Aparecida, Documento conclusivo,  
Bogotá, Consejo Episcopal Latinoa-  
mericano (CELAM), 2007, 14 (DA).  
14 Ibid, 214 (DA).  
10 Rerum Novarum, 9.  
76  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
tal como lo mencionan estos docu-  
mentos eclesiásticos y lo recuerda  
la tradición bíblica.  
debido a que el sistema macroeco-  
nómico mundial y local no toma  
medidas para mitigar el sufrimien-  
to de tantas personas que día a día  
recorren el mundo en búsqueda de  
oportunidades esquivando la po-  
breza, la violencia y la falta de  
oportunidades en todos los nive-  
les existenciales.  
Desde la teología moral también  
se nos ilumina con algunos princi-  
pios pertinentes para el compro-  
miso cristiano frente a la situación  
que viven muchas personas vul-  
neradas por los sistemas, éstos  
son: primero, que sólo una cosa es  
intrínsecamente buena: el amor  
como la última de las decisiones  
cristianas; de igual manera, que  
el amor y la justicia son la misma  
cosa, pues la justicia es el amor  
distribuido que desea el bien a  
nuestro prójimo. Por último, que  
las decisiones han de ser tomadas  
en la situación, no en fuerza de  
la prescripción.15  
Es así como en diferentes docu-  
mentos el Papa ha puesto sobre  
la mesa estos temas, que en cierta  
manera van contracultura al saber  
que hasta dentro de la misma ins-  
titución jerárquica hay oposición  
con actitudes y conceptos que  
chocan, porque se trata de un lla-  
mado al compromiso que le com-  
pete a todas las instituciones,  
incluidas las del Vaticano. Se trae  
a colación esta serie de pronuncia-  
mientos, en este caso, hacia la rea-  
lidad del migrante en el mundo y  
susconsecuencias, desdelamirada  
del Papa Francisco.  
Últimamente, también la Igle-  
sia, desde la reflexión de los  
documentos del Papa Francisco,  
se ha pronunciado sobre las dife-  
rentes problemáticas que afronta  
el mundo contemporáneo y que  
han sido voz de protesta frente a  
las injusticias que afronta el hom-  
bre de hoy.  
En un primer momento, su pro-  
nunciamiento frente a esta reali-  
dad la hace en Evangelii Gaudium  
(EG 2013), donde se afirma que al  
hablar de esta problemática glo-  
bal, se pide una Iglesia sin fronte-  
ras, madre de todos y que abogue  
por la integración de los migran-  
tes (EG, 210), ya que sufren por  
ser “excluidos” en la cultura del  
descarte (EG, 53) y son olvidados  
por la “globalización de la indi-  
Es decir, aquello que en ocasio-  
nes se convierte en callejones sin  
salida y tormentosas situaciones  
15 Cf. Fletcher, J., Moral Responsability.  
Situation Ethics at Work, Philadel-  
phia 1967, 13-28.  
77  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
El forastero en México: un  
llamado teológico  
ferencia” (EG, 54). Asimismo, en  
la encíclica Laudato Si’ (LS 2015)  
advierte sobre los migrantes o re-  
fugiados climáticos, que huyen  
por las consecuencias del cambio  
climático (LS, 25), por la concen-  
tración de tierras productivas que  
los cultivos transgénicos necesi-  
tan (LS, 134), por los embalses  
(LS, 35), por la contaminación o  
la minería (LS, 51).  
Partamos de un hecho: el des-  
plazamiento forzado que sufren  
estos individuos constituye una  
experiencia traumática por la con-  
dición de alienación de estos inmi-  
grantes. Como mencionamos en  
nuestra valoración del problema  
en la primera parte de este escrito,  
no podemos olvidar que la forma  
en la que estas personas llevan a  
cabo estas travesías están llenas  
de riesgos y peligros, son indivi-  
duos que se encuentran en un es-  
tado de estrés constante nacido de  
la expectativa final, las dificultades  
del viaje y los miedos legítimos de  
sufrir en su travesía o de ser obli-  
gados a retornar.  
La respuesta ha de ser cultural y  
política. En primer lugar, hay que  
cambiar la mentalidad y cuidar  
tanto de la naturaleza como de los  
pobres, pues no hay dos crisis se-  
paradas —una ambiental y otra  
social—, sino una sola crisis so-  
cioambiental (LS, 139). Por otro  
lado, propone cambios políticos  
como la reforma de las institucio-  
nes internacionales y, siguiendo  
a Benedicto XVI, plantea la for-  
mación de una autoridad política  
mundial que regule los flujos mi-  
gratorios y gobierne la economía  
y la ecología (LS, 175). Su propu-  
esta de fraternidad es realmente  
universal, porque abarca no sólo  
a los seres humanos, sino a la  
creación (LS, 228).16  
Sobre todo, cuando para muchas  
de estas personas retornar no es  
una opción, como es el caso de  
Henrys. Las cargas sociales y polí-  
ticas de un sistema económico in-  
justo que afecta a gran parte de la  
población latinoamericana deben  
sensibilizarnos a las tragedias que  
sufren aquellos que se encuentran  
en nuestro alrededor. La voz que-  
brada de Marcos, un niño de 10  
años, debería ser un constante re-  
cordatoriodelaempatíaquenoses  
obligada a todos en nuestra misma  
condición de seres humanos.  
16 “El Papa Francisco y los migrantes,  
en:www.sjmmexico.org.mx/  
wp-content/.../02/El-Papa-  
Franscisco-y-los-Migrantes.pdf 6-8  
78  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
Decidí partir del pasaje de Mateo  
25,31 por un motivo: la ayuda al  
individuo va más allá de una cues-  
tión cristiana, es un imperativo  
categórico de todos por razón de  
nuestra condición humana. En es-  
te sentido, es interesante recordar  
lo que narraron los entrevistados  
en CAFEMIN, el recibimiento po-  
sitivo se dio desde la comunidad.  
No fueron las personas del común  
quienes les dificultaron la situa-  
ción a estos migrantes, sino las  
autoridades, sea cuando buscan  
deportarlos o cuando abierta-  
mente se aprovechan de su con-  
dición de vulnerabilidad para  
despojarlos de sus pertenencias.  
El Papa Francisco, en este sen-  
tido, nos pide reflexionar sobre  
nuestras obligaciones con aquel  
que sufre. Recordemos algo: para  
muchos de estos individuos re-  
tornar sencillamente no es una  
opción: si Henrys regresa a El Sal-  
vador, lo más probable es que no  
únicamente él, sino su familia,  
pierda la vida. De allí que en los  
documentos mencionados más  
arriba se nos llame a tener respu-  
estas políticas y culturales concre-  
tas que ayuden a estas personas.  
Los motivos por los que estas  
personas abandonaron sus ho-  
gares son consecuencia de es-  
tructuras sociales más allá de su  
control; por ello, deberían tener  
una especial consideración por los  
gobiernos y las autoridades para  
facilitarles el ejercicio de sus dere-  
chos, de modo que puedan prote-  
ger su vida y dignidad.  
Es necesario aquí recordar el  
llamado que hace el Pentateuco:  
aplicarás la misma ley al natural y  
al forastero y la hospitalidad con  
él ha de ser sagrada (legitimada  
por la misma autoridad de Dios).  
Claro, este llamado partía de la  
situación única del migrante en el  
desierto, en el que la hospitalidad  
podía representar la diferencia en-  
tre la vida y la muerte. Sin embar-  
go, no podemos dejar de lado las  
dificultades físicas, materiales y  
psicológicas a las que se enfrentan  
los salvadoreños u otros centro-  
americanos que huyen de la vio-  
lencia, la pobreza y la injusticia. Así  
que son los gobiernos los que están  
llamados en primer lugar a ser re-  
ceptivos con el migrante y ayudarlo.  
Lastimosamente, el sistema eco-  
nómico por el que nos regimos  
hoy, nos centra en un materialismo  
extremo que tiende a hacernos ol-  
vidar las dificultades de los demás  
o las condiciones humanitarias a  
las que todos estamos atados.  
Esto hace que pueda resultar  
atractivo aprovecharse de aque-  
llos que se encuentran en una si-  
tuación de dificultad, sobre todo  
cuando somos personas que de al-  
79  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
guna forma ejercemos poder. Por  
lo tanto, nuestro llamado es pre-  
cisamente a aquellos que rigen  
las instituciones, los gobiernos y a  
los más poderosos, en cuyas ma-  
nos está la posibilidad de cam-  
biar y mejorar la vida de miles  
de personas. Por ello, la encíclica  
Pacem in Terris nos recuerda que  
es obligación de los gobiernos de  
todas las naciones garantizar el  
bien universal, ya que nadie está  
exento de ser ese forastero que las  
Escrituras buscan defender de los  
abusos y ayudar en su condición  
de alienación.  
y tiemblan. ¿Mas quieres saber,  
hombre vano, que la fe sin obras  
es muerta?” (Sant 2,17-20).  
La verdadera resurrección de  
Jesús en el cristiano debe ser pro-  
longar y hacer efectiva la promesa  
del Reino a través de obras concre-  
tas que ayuden a aquel que está en  
una situación más difícil que noso-  
tros, porque también podríamos  
ser los forasteros en la tierra de  
Egipto que fueron los israelitas. El  
migrante que viene de Centroamé-  
rica es, más que un problema, un  
sujeto con una historia propia, con  
una experiencia traumática que  
nosotros difícilmente podemos  
entender sin haberla vivido, y es  
por ello que por decencia huma-  
na básica, lo que requiere es nues-  
tra ayuda y apoyo, no el abuso y  
el rechazo.  
Por último, debemos recordar  
que la resurrección de Jesús es  
mucho más que la promesa de sal-  
vación. Si es verdad que el cristia-  
nismo se basa en la creencia del  
Cristo resucitado, tal creencia de-  
be procurar ver más allá de la sola  
fe. Es el llamado del profeta Amós  
cuandodice:ysimeofreciereisvu-  
*Teólogo y fotógrafo colombiano.  
estros holocaustos  
y
vuestras  
ofrendas, no los recibiré, ni miraré  
a las ofrendas de paz de vuestros  
animales engordados” (Am 5,22).  
Igualmente, nos recuerda la car-  
ta de Santiago cuando dice: Así  
también la fe, si no tiene obras, es  
muerta en sí misma. Pero alguno  
dirá: tú tienes fe, y yo tengo obras.  
Muéstrame tu fe sin tus obras, y  
yo te mostraré mi fe por mis obras.  
Tú crees que Dios es uno; bien ha-  
ces. También los demonios creen,  
80  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
La pena y la aflicción terminarán  
Mark Joseph Seitz*  
Carta Pastoral sobre Migración para el Pueblo de Dios en la  
Diócesis de El Paso  
“El páramo se convertirá en estanque y la tierra sedien-  
ta, en manantial. Los rescatados por el Señor vendrán a  
Sión con cánticos de júbilo, coronados de perpetua ale-  
gría; serán su escolta el gozo y la dicha, porque la pena y  
la aflicción habrán terminado” (Isaías 35,7.10)  
Introducción  
2. El Señor escucha el clamor de  
los pobres (cf. Sal. 34,7). Desde  
que Jesús anunció la Buena Nueva  
a los pobres, nuestra Iglesia ha  
sido llamada a solidarizarse con  
los que sufren. La Iglesia debe ilu-  
minar los retos del momento con  
la luz del Evangelio, señalando lo  
que el Reino de Dios refleja y lo  
que no. Mientras les escribo esta  
carta, estamos viviendo tiempos  
difíciles como país y los migrantes  
están viviendo a través de una  
noche oscura, de miedo e incerti-  
dumbre. Nuestra comunidad co-  
noce muy bien la realidad de un  
1. Hace cuatro años, vine al De-  
sierto de Chihuahua para asumir  
la responsabilidad que me enco-  
mendara el Papa Francisco para  
guiar la Iglesia de Dios en El Paso.  
Llegué como migrante a una co-  
munidad de migrantes. Desde  
entonces, he visto el trabajo de  
ustedes, su fe, su caridad y su per-  
severancia. Conozco sus retos,  
como las dificultades de sacar  
adelante una familia, las ansieda-  
des acerca del futuro que tientan  
a nuestros jóvenes y la soledad  
con la que cargan los ancianos.  
Aún en medio de estas luchas, en-  
tre el páramo y la tierra sedienta,  
he visto la pena y la aflicción ter-  
minarse en la fe del pueblo de  
El Paso.  
sistema  
migratorio  
quebrado.  
Como pastor no puedo ignorar la  
piedra de tropiezo de un sistema  
que causa tanto sufrimiento al  
pueblo de Dios. Los muros y las  
políticas equivocadas amplían la  
81  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
Nuestra identidad  
fronteriza única  
división entre nosotros y nuestra  
hermana Ciudad Juárez, las depor-  
taciones separan a los padres de  
sus hijos y la dura retórica política  
genera miedo en nuestras parro-  
quias y vecindarios. Con esto en  
mente, siento la importancia de  
escribirles en este momento.  
4. Dios ha bendecido ricamente  
a nuestra comunidad fronteriza.  
Rechazamos narrativas que pin-  
tan nuestra frontera como un lu-  
gar de caos, violencia y escándalo.  
Como comunidad profundamente  
moldeada por la realidad de la mi-  
gración, celebramos nuestra forta-  
leza y nuestra identidad única, así  
como su seguridad, aún cuando  
otros menosprecien la contribu-  
ción de los migrantes y caracteri-  
cen de manera errónea la realidad  
de la frontera. Nuestra frontera  
reúne culturas, personas y países.  
Estamos unidos en familia, fiesta  
y fe. Como una de las comunida-  
des fronterizas binacionales más  
grandes en el mundo, la migración  
es parte de nuestro ADN. La gran  
mayoría aquí tiene fuertes víncu-  
los con México a través de la fron-  
tera, particularmente en Ciudad  
Juárez. Con nuestros hermanos al  
otro lado del puente, hablamos el  
mismo idioma. Nos levantamos  
cada mañana viendo las mismas  
hermosas montañas, bailamos al  
son de los mariachis y comparti-  
mos burritos y champurrado. Con  
san Juan Diego, estamos juntos ba-  
jo el manto protector de Nuestra  
Señora de Guadalupe.  
3. Nuestro sistema de inmigra-  
ción quebrado es una herida en  
esta comunidad fronteriza. Es un  
escándalo hacia el Cuerpo de Cris-  
to aquí en El Paso. Como cristianos,  
nuestra misión es anunciar el Rei-  
no en medio de un mundo “que a  
menudo se pierde, necesitado de  
tener respuestas que alienten, que  
den esperanza, que den nuevo vi-  
gor en el camino.1 Como Pueblo de  
Dios aquí en la frontera, estamos  
llamados a transformar este de-  
sierto, construyendo manantiales  
refrescantes de sus páramos para  
así saciar la sed de los oprimidos.  
En esta carta dirigida a ustedes, el  
Pueblo de Dios en El Paso, les in-  
vito a considerar los retos de un  
sistema que está dividiendo nues-  
tra comunidad y reflexionar cómo  
Dios nos está pidiendo una respues-  
ta. Resaltado y de manera específica,  
es mi deseo renovar nuestro com-  
promiso de caridad y justicia en  
nuestra frontera hacia nuestros  
hermanos y hermanas migrantes.  
1
Evangelii Gaudium (24 noviembre  
2013), 114.  
5. La Providencia ha bendecido  
los pueblos, tierras y montañas del  
82  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
desierto de Chihuahua, un lugar de  
constante migración. Nuestro de-  
sierto ha sido casa de comunida-  
des indígenas, como Ysleta del Sur  
Pueblo (o Tigua), desde tiempos  
inmemoriales. Estas comunidades  
han dejado un largo y respetable  
legado de comercio, autogobier-  
no y libre circulación de personas  
que ha marcado esta región fron-  
teriza durante siglos, aunque sus  
derechos no siempre han sido res-  
petados. Para no repetir los erro-  
res del pasado, debemos formar  
“las nuevas generaciones, con una  
educación que no puede dar nun-  
ca la espalda a los ‘vecinos, a todo  
lo que nos rodea.2  
Los migrantes de la entonces  
república de Texas y de Estados  
Unidos incrementarían pronto  
nuestros números. Trabajadores  
de muy lejos como Irlanda y China  
llegaron para construir el ferro-  
carril que atraviesa El Paso y que  
conectaría los océanos Atlántico  
y Pacífico. Los paseños dieron la  
bienvenida a aquellos que huían  
de los peligros de la Revolución  
Mexicana y durante la Cristiada.  
MuchosdelosquevivíanenCiudad  
Juárez encontraron seguridad en  
nuestra ciudad, incluyendo sacer-  
dotes, religiosos y seminaristas.  
En aquellos años, el sacerdote Pe-  
dro de Jesús Maldonado fue orde-  
nado en nuestra Catedral de San  
Patricio, y luego canonizado como  
uno de los mártires mexicanos.  
En 1598, fue celebrada por los  
migrantes españoles una Santa  
Misa de Acción de Gracias en San  
Elizario, la primera sede del con-  
dado de El Paso. Los colonizado-  
res migrantes festejaron juntos  
con miembros de la tribu indíge-  
na Manso. Paso del Norte, la única  
comunidad fundada en las orillas  
del Río Grande y que se ha conver-  
tido en las dos ciudades de El Paso  
y Ciudad Juárez, creció como una  
parada importante en el Camino  
Real, conectando Santa Fe con la  
Ciudad de México.  
Durante la Segunda Guerra Mun-  
dial, los braceros vinieron para  
atender nuestros campos y culti-  
vos. A fines del siglo pasado, otra  
generación de migrantes vino de  
México con la esperanza de un  
futuro mejor, después de los des-  
plazamientos masivos causados  
por las cambiantes relaciones co-  
merciales. Muchos han llegado  
aquí de otras partes del país para  
servir en Fort Bliss y luego deci-  
den quedarse, lo que rápidamente  
hace que uno se sienta como en  
casa. Seguimos recibiendo sobre-  
vivientes de la violencia, pobreza  
y persecución de países de todo  
2
Francisco, Discurso al Congreso  
de los Estados Unidos de América  
(2015).  
83  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
el mundo que buscan seguridad  
y refugio. Nuevos estadouniden-  
ses revitalizan nuestra comunidad  
con valores de fe, familia y tra-  
bajo duro.  
cas, familias, pastores, religiosos,  
parroquias e instituciones que se  
dedican al servicio de los migran-  
tes y refugiados. Durante casi cua-  
renta años, la Casa Anunciación ha  
acogido a miles de personas que  
huyen del conflicto, el hambre y  
la persecución. Parroquias y con-  
ventos han abierto sus puertas de  
manera sin precedentes a aquellos  
que continúan llegando a nuestra  
frontera desde México, Centro-  
américa, Brasil, Cuba, Haití y mu-  
chos otros países.  
6. A pesar de las dificultades,  
los cambios y las desilusiones, el  
Espíritu ha estado trabajando en  
esta larga historia de migracio-  
nes, moviendo los corazones a la  
hospitalidad, recompensando la  
esperanza con oportunidades de  
trabajo y construyendo la armonía  
en la diversidad. Nuestro Desierto  
de Chihuahua ha sido un lugar  
poderoso de encuentro, en donde  
se ha arraigado la verdadera cul-  
tura del encuentro, lo que ha dado  
frutos de vida, cultura y fe que  
han brotado en las arenas más se-  
cas. La obra evangelizadora de la  
Iglesia tiene lugar dentro de este  
gran drama, anunciando palabras  
de bendición, afirmando la vida  
y dirigiéndose al Reino. Nosotros  
somos los siervos en el paciente  
viaje hacia la civilización del amor  
que el Espíritu está preparando  
para toda la humanidad.  
Nuestra gente aboga por leyes  
justas y en contra de la militariza-  
ción de nuestra frontera. Nuestro  
centro de Servicios Diocesanos  
para Migrantes y Refugiados (DM-  
RS por sus siglas en inglés) cum-  
ple con una necesidad crítica  
de proveer servicios legales a la  
comunidad. Los recién llegados  
aprenden inglés en los salones de  
nuestras parroquias, reciben co-  
mida y ropa de sus despensas y  
son acompañados por voluntarios  
a las estaciones de autobuses y al  
aeropuerto. Los Entrenamientos  
Conozca sus Derechos se ofrecen  
después de la Misa y se registran  
nuevos ciudadanos para que vo-  
ten por primera vez. Los volunta-  
rios ofrecen palabras de consuelo  
a los que se encuentran en centros  
de detención de migrantes y los  
miembros de los ministerios RICO  
de las parroquias ofrecen forma-  
7. Como ciudad fronteriza, te-  
nemos una vocación única de de-  
mostrar la virtud cristiana de la  
hospitalidad. Estoy maravillado  
por la caridad y la iniciativa de  
nuestra gente en dar la bienveni-  
da al extranjero. Nuestra diócesis  
es bendecida con personas heroi-  
84  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
ción de fe y celebran los cumplea-  
ños y quinceañeras de los menores  
detenidos no acompañados. No  
hay distinción entre documen-  
tados e indocumentados cuando  
juntos recibimos el Pan de Vida  
en nuestras capillas e iglesias.  
para demasiados migrantes que  
han muerto intentando cruzar. El  
aumento de la militarización y la  
construcción de más muros só-  
lo harán que este viaje sea aún  
más peligroso.  
Soy pastor de una diócesis con  
múltiples centros de detención de  
migrantes que tienen un número  
incalculable de seres humanos ca-  
danoche, dondelaangustiasemul-  
tiplica y la esperanza se atenúa.  
Soy pastor de una diócesis dividi-  
da por muros y puestos de control  
que separan a las personas de sus  
seres queridos. Soy obispo de un  
rebaño asustado por las luces in-  
termitentes de los coches de poli-  
cía en el espejo retrovisor, que se  
preguntan si esta excursión fami-  
liar o ese regreso a casa del trabajo  
será el último. Soy padre espiritual  
de miles de agentes de la Patrulla  
Fronteriza y del ICE, quienes po-  
nen diariamente sus vidas en la  
línea para detener el flujo de ar-  
mas y drogas y a los que las trans-  
portan. Muchos agentes están  
preocupados a conciencia por la  
retórica política divisoria y los  
nuevos edictos que vienen de  
Washington, DC. Soy ciudadano de  
una comunidad donde los niños  
se preocupan si mamá o papá es-  
tarán allí cuando regresen de la  
escuela. En esta situación, cada  
día pido al Señor que me dé las  
En todas estas obras, vemos có-  
mo Cristo sigue uniéndose a la hu-  
manidad en nuestro tiempo. Como  
su obispo, tengo mucho por lo que  
estar agradecido.  
8. Dentro de nuestra comunidad  
tal vez no todo el mundo verá de  
la misma manera el sistema que-  
brado de migración; sin embargo,  
todos pueden estar de acuerdo en  
que el mismo no está funcionando  
adecuadamente. Las consecuen-  
cias morales de este sistema para  
nuestros hermanos y hermanas  
no pueden ser ignoradas. Como  
suele decir el Papa Francisco, “la  
realidad es más importante que la  
idea.3 Nadie puede negar los terri-  
bles impactos humanos de un sis-  
tema que divide a las familias, que  
permite a algunos detener a los  
seres humanos con fines de lucro,  
y que pone en riesgo el compromi-  
so histórico de nuestra nación con  
el refugiado y solicitante de asilo.  
Las arenas ardientes de nuestro  
desierto son una tumba anónima  
3
Evangelii Gaudium (24 noviembre  
2013), 231.  
85  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
palabras correctas para consolar,  
denunciar la injusticia y anunciar  
la redención.  
mulgar una reforma migratoria  
permanente y comprensiva. Aun  
así, los migrantes son tratados, co-  
mo dice el Papa Francisco, como  
“peones en el tablero de ajedrez  
de la humanidad.4 Su trabajo y sus  
talentos son explotados, pero se  
les niega la protección de la ley y  
son chivos expiatorios para nues-  
tros males sociales y económicos.  
9. Recientemente, hemos pre-  
senciado la demonización de los  
migrantes y escuchado palabras  
de odio hacia nuestros vecinos de  
México y un lenguaje destructivo  
sobre nuestra frontera. Este año,  
las acciones severas para la apli-  
cación de la ley han aumentado y  
las deportaciones de aquellos sin  
antecedentes penales han aumen-  
tado. La desconfianza ha crecido  
entre las comunidades y los que  
hacen cumplir las leyes. Hemos  
visto a los solicitantes de asilo,  
incluso a los periodistas huyendo  
por sus vidas, que ahora son pues-  
tos en centros de detención como  
un hecho normal. Hemos escucha-  
do amenazas de que los niños mi-  
grantes podrían ser separados de  
sus madres en la frontera. Aquí  
en Texas, los programas policiales  
comunitarios esenciales para nues-  
tra seguridad están siendo amena-  
zados por una nueva ley, la SB4,  
que autorizará a oficiales locales  
a servir como agentes de inmigra-  
ción, incrementando el temor de  
una fuerza de deportación masiva.  
Confrontando nuestra realidad  
10. ¿Quién puede olvidar la emo-  
tiva visita del Papa Francisco al  
Río Grande el año pasado? Recuer-  
do los rostros de muchos migran-  
tes, sobrevivientes de la violencia,  
obreros y menores no acompaña-  
dos —nuestros VIPs de Papa Fran-  
cisco— que saludaron al Santo  
Padre en nombre de la comunidad  
de El Paso y, de hecho, de todo Es-  
tados Unidos, cuando él se acercó  
al Río Grande. No puedo más que  
pensar que los suyos eran los ros-  
tros del sueño americano, marca-  
dos por la lucha, pero llenos de  
esperanza. El canto del Requiem  
aeternam, la oración de la Iglesia  
por los muertos, cantado por el  
coro mientras el Papa se acercó a  
la valla para orar por los que mu-  
rieron en el desierto y que nunca  
pudieron realizar sus sueños te-  
Aunque nuestra Iglesia ha sido  
clara sobre el imperativo de resol-  
ver este problema perenne, nues-  
tros líderes electos aún no han  
reunido el valor moral para pro-  
4
Francisco, Mensaje para la Jornada  
Mundial del Emigrante y del Refu-  
giado (2014).  
86  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
rrenales, debió marcar nuestra  
memoria. Su petición de que se  
ponga fin a la tragedia de la migra-  
ción forzada fue clara: “¡No más  
muerte! ¡No más explotación!”5  
la Iglesia también reconoce el de-  
recho a emigrar.6 Si bien los países  
tienen el deber de garantizar que  
la migración sea ordenada y se-  
gura, esta responsabilidad nunca  
puede servir como pretexto para  
construir muros y cerrar la puer-  
ta a los migrantes y refugiados.  
11. En ese momento en el Río  
Grande, el Papa Francisco expresó  
toda la enseñanza de la Iglesia  
sobre la migración: encuentro,  
conversión y compasión. Esta en-  
señanza descansa sobre bases  
antiguas. El Antiguo Testamento  
es claro: Al forastero que reside  
junto a ustedes, le mirarán como a  
uno de su pueblo y lo amarás como  
a ti mismo; pues forasteros fue-  
ron ustedes en la tierra de Egipto”  
(Lev. 19,34). Jesús mismo fue re-  
fugiado en la fuga hacia Egipto (cf.  
Mt. 2,13-23). Sabemos que Dios  
está al lado de los migrantes y “no  
se avergüenza de ser llamado su  
Dios, porque les tenía preparada  
una ciudad” (Heb. 11,16). Todo ser  
humano lleva en sí la imagen de  
Dios, que nos confiere una digni-  
dad más alta que cualquier pasa-  
porte o estatus migratorio. Debido  
a esta dignidad, la Iglesia ha reco-  
nocido durante mucho tiempo el  
primer derecho de las personas  
a no emigrar, sino a permanecer  
en su comunidad de origen. Pero  
cuando eso se ha vuelto imposible,  
12. La ley debe estar al servicio  
de los seres humanos y debería  
asegurar la santidad de toda vida.  
Las leyes que no respeten la digni-  
dad humana y garanticen el debi-  
do proceso deben ser cambiadas.  
Si bien el respeto al Estado de  
derecho es esencial, reconocemos  
que nosotros “somos ciudadanos  
del cielo” (Fil 3,20), y así juzga-  
mos la ley terrenal, incluyendo  
nuestras leyes de inmigración, de  
acuerdo a un criterio más alto.  
Como escribió Martin Luther King  
Jr., desde la cárcel de Birmingham,  
citando a santo Tomás de Aquino:  
“una ley injusta es una ley humana  
que no está enraizada en la ley  
eterna y la ley natural.7 Debemos  
también estar atentos de aque-  
llos doctores de la ley, los escribas  
y fariseos de nuestros días, que  
autojustificadamente mantienen  
a los demás a un nivel que nunca  
6
Cf. Pacem in Terris (11 abril 1963), 106.  
7
I
Have  
a
Dream: Writings and  
5
Speeches that Changed the World.  
Ed. James M. Washington (San Fran-  
cisco: Harper Collins, 1992), 89  
(traducción personal).  
Homilía durante la Santa Misa en  
la área de la Feria de Ciudad Juárez  
(17 febrero 2016).  
87  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
se aplicarán a sí mismos. Tratan  
de hacer cumplir las minucias de  
la ley mientras ignoran las cargas  
insoportables que ponen sobre los  
niños y familias (cf. Mt 23,1-23).  
Deberíamos poner fin a las prácti-  
cas de deportación que separan a  
las familias y adoptar un sistema  
que priorice la unidad familiar. En  
la actualidad, puede llevar décadas  
para que las familias sean reunidas  
a través del sistema complicado  
y costoso.  
• Como país, también estamos  
involucrados en los impulsores de  
la migración, a través de políticas  
comerciales injustas, nuestra adic-  
ción a las drogas e incluso el cam-  
bio climático. Por lo tanto, nuestros  
13. Construir muros, desplegar  
una fuerza de deportación masiva  
y militarizar nuestra frontera no  
son soluciones a largo plazo para  
los desafíos de la migración. Sólo  
una reforma migratoria compren-  
siva brindará soluciones dura-  
deras. En nuestro país, el ente  
defensor más consistente de los  
migrantes y de una reforma mi-  
gratoria comprensiva ha sido la  
Conferencia de Obispos Católicos  
de Estados Unidos, con su traba-  
jo profundamente arraigado en la  
enseñanza bíblica y en el magiste-  
rio papal, incluyendo la enseñanza  
de los Papas Francisco, Benedicto  
XVI y Juan Pablo II. Una reforma  
migratoria comprensiva deberá  
incluir lo siguiente:  
legisladores  
también  
deberán  
abordar las causas raíz de la migra-  
ción y promover el desarrollo eco-  
nómico sostenible en el extranjero,  
lo cual permitirá a nuestros herma-  
nos y hermanas a permanecer vi-  
viendo en sus países de origen con  
mejores condiciones de vida.  
• Una reforma migratoria com-  
prensiva nos dará más seguridad,  
ya que millones saldrían de vivir  
en la sombra porque se les da-  
ría la oportunidad de regularizar  
su situación. Esto permitiría a los  
oficiales encargados de hacer cum-  
plir la ley, de centrarse en aquellos  
que son verdaderamente una ame-  
naza para nuestras comunidades.  
• Las naciones como la nuestra,  
que disfrutan de paz, prosperidad  
y seguridad, deberán asegurarse  
de que haya suficientes vías legales  
para que los trabajadores migra-  
torios y sus familias, que desem-  
peñan funciones importantes en  
nuestra economía, migren de ma-  
nera segura y ordenada.  
14. Nunca construiremos una  
utopía en este nuestro mundo ro-  
to. No es nuestro objetivo cuidar  
las simples posesiones pasajeras.  
Servimos a un Dios de abundan-  
cia que provee las necesidades de  
• Reformar nuestro sistema de  
inmigración también significa po-  
ner a las familias en primer lugar.  
88  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
aquellos que le sirven con caridad  
y generosidad. Confiamos en que  
Dios no creó un mundo sin espacio  
para todos en el banquete de la  
vida. Recordando nuestro destino  
final y confiando en Él que nos  
acompaña, podemos reconocer  
que nuestro generoso servicio aquí  
nospreparaparaelReinovenidero.  
pero sobrevivió al viaje con heri-  
das físicas y psicológicas graves.  
Aura ya había sido obligada a la  
esclavitud por una mara en Hon-  
duras, lo cual le hizo sufrir una  
crueldad indescriptible. Tenía que  
escoger entre esa esclavitud o de-  
jar a su madre enferma. Cuando to-  
mó la agonizante decisión de huir,  
la mantuvieron encerrada en un  
compartimiento bajo un autobús,  
obligada a inhalar humos tóxicos  
durante horas. Escapó y atravesó  
la pesadilla del desierto en camino  
a nuestra frontera. Pero después  
de escapar de los criminales, aquí  
en la tierra donde esperaba estar  
segura, fue tratada como a una  
criminal, puesta tras las rejas en  
un centro de detención.  
15. Si bien la enseñanza de la  
Iglesia sobre la migración es rica  
y persuasiva, nada puede sustituir  
la experiencia personal. Recuerdo  
que como párroco, a menudo via-  
jaba a Honduras para ministrar  
en una parroquia hermana. La po-  
breza extrema en la que vivía la  
gente era algo que no podríamos  
imaginar en este país y la violen-  
cia era omnipresente. Ahí conocí  
a una miembro comprometida de  
la parroquia, Delia, una madre de  
cinco niñas y un niño, una familia  
hermosa pero muy pobre. Su hija  
de 16 años, Irma, me rogaba que  
la trajera a los Estados Unidos. Un  
día, Irma decidió hacer el viaje por  
su cuenta. Ella terminó en un cen-  
tro de detención en el sur de Texas.  
Lamentablemente, Aura no está  
sola en su experiencia. Nosotros,  
ministros que trabajamos a lo lar-  
go de la frontera, conocemos las  
historias de los que continúan lle-  
gando, huyendo de la violencia,  
el hambre y de países desestabi-  
lizados, debido en gran parte a  
nuestro insaciable apetito por las  
drogas. Para algunos, la deporta-  
ción de regreso a esas situaciones  
puede incluso ser una sentencia  
de muerte. Arreglaremos nuestro  
sistema de inmigración quebrado  
el día en que dejemos de ver a la  
gente como Aura, con miedo y con  
corazón de piedra. ¡Aura es tu ve-  
cina! ¡Aura es tu hermana!  
Años más tarde, su hermana me-  
nor, Aura, también tomó la difícil  
decisión de venir. Recibí una lla-  
mada telefónica diciéndome que  
Aura, apenas de 24 años de edad,  
estaba detenida en El Paso. Había  
cruzado el puente desde Ciudad  
Juárez. Estaba viva, gracias a Dios,  
89  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
16. Recuerdo también los ros-  
tros de aquellos que con valentía  
contaron sus historias de migra-  
ción en nuestra catedral, durante  
el evento Testimonio de Dignidad  
y Solidaridad, celebrado a princi-  
pios de este año junto con nuestra  
comunidad cívica e interreligiosa.  
Escuchamos las voces de los So-  
ñadores (Dreamers), solicitantes  
de asilo y familias migrantes. Re-  
cuerdo a Rosa, una madre de tres  
hijos y abuela de cuatro, que cruzó  
la frontera sin documentos hace  
casi 30 años. Rosa es un pilar del  
vecindario Segundo Barrio y tam-  
bién una incansable voluntaria en  
la Parroquia del Sagrado Corazón.  
Debido a que el esposo de Rosa  
fue deportado hace muchos años,  
se enfrentó sola al reto de criar  
una familia, trabajando largas jor-  
nadas limpiando casas y cuidando  
a personas con discapacidad. Ella  
ha criado una familia fuerte y her-  
mosa. Su hija Rosa es una maestra  
comprometida en nuestras escue-  
las públicas y su hijo Jesús es un  
ingeniero muy dedicado. ¿Quién  
puede negar que nuestra comuni-  
dad sea disminuida sin la fe, el tra-  
bajo duro y las contribuciones de  
Rosa y su familia?  
sonas viven cotidianamente como  
si Dios no existiera. Esta crecien-  
te indiferencia hacia Dios existe  
a veces junto a una frialdad ca-  
da vez mayor hacia los pobres y  
los sufrientes, como si ellos  
no existieran.  
En tiempos de angustia y con-  
fusión nos preguntamos: ¿dónde  
está Dios? Pero el Evangelio nos  
enseña que lo encontraremos en-  
tre los pobres y excluidos, quienes  
“luchan por sobrevivir… y en esas  
luchas se esconde un sentido pro-  
fundo de la existencia que suele  
entrañar también un hondo sen-  
tido religioso.8 Como dice nues-  
tro Santo Padre, los pobres “tienen  
mucho que enseñarnos… Es nece-  
sario que todos nos dejemos evan-  
gelizar por ellos.9  
Los migrantes son proféticos en  
su testimonio vivido de valores  
cada vez más marginados en la  
cultura actual: la fe, la vida y la  
familia. Y nos despiertan de la in-  
diferencia, abriéndonos los ojos a  
las injusticias de la globalización  
y a “una economía de exclusión y  
de inequidad”.10 Estoy convencido  
de que la profundidad de la fe de  
nuestro pueblo y la vitalidad de  
17. Estos momentos de en-  
cuentro con nuestros hermanos  
y hermanas migrantes pueden  
ser ocasiones para la conversión.  
En la actualidad, más y más per-  
8
Evangelii Gaudium (24 noviembre  
2013), 72.  
9
Ibíd., 198.  
10 Ibíd., 53.  
90  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
nuestras parroquias se deben en  
gran parte a la generosidad de  
nuestra comunidad en dar la bien-  
venida al extranjero y a la opción  
que hacemos por los pobres.  
migrantes indocumentados en  
nuestra diócesis y de aquellos que  
continúan llegando a nuestra fron-  
tera. Para examinar la cuestión de  
la migración a la luz de un clima  
político cambiante y así ayudarme  
a discernir un camino para nues-  
tra diócesis hacia una solidaridad  
más profunda, estoy creando una  
Comisión Diocesana de Migración.  
Nuestra solidaridad debe ser  
efectiva. Sabemos que la Iglesia  
“tampoco puede ni debe quedar-  
se al margen en la lucha por la  
justicia.11 Esta carta pastoral es  
un hito importante en ese tra-  
bajo, pero espero que sea sólo  
el comienzo de una solidaridad  
más profunda con los pobres  
y excluidos.  
18. Pudiera haber algunos que se  
pregunten si en estas reflexiones  
no estoy sustituyendo la política  
por la enseñanza de la Iglesia. Res-  
pondo que, como pastor, mi deber  
es hacia el Evangelio de Jesucristo.  
Nuestros hermanos y herma-  
nas migrantes, los que oran en  
nuestras iglesias, ministran en nu-  
estras parroquias, estudian en  
nuestras escuelas, trabajan en los  
campos, sirven en nuestras fuerzas  
armadas… cada uno de ellos hoy  
vive en un desierto de ansiedad  
y aislamiento. Muchos de aquellos  
que continúan viniendo a nuestra  
frontera no sólo buscan una vida  
mejor, sino la vida misma. Nues-  
tra comunidad cristiana está  
llamada a acompañarlos en su  
angustia y dolor en el camino  
hacia la liberación, lejos de la tris-  
teza y del duelo y en el camino  
hacia un futuro de gozo y alegría.  
Dios desea salvar a su pueblo hoy,  
haciendo una nueva historia. ¡Es-  
tamos llamados a la acción!  
20. A nuestros hermanos y her-  
manas migrantes: ¡estamos con  
ustedes! Como su obispo, me com-  
prometo a estar con ustedes en  
este tiempo de ansiedad y miedo.  
Prometo escucharlos, celebrar con  
ustedes, compartir el pan con us-  
tedes, orar con ustedes y llorar  
con ustedes. Ustedes tienen una  
dignidad que ninguna ley o tri-  
bunal terrenal puede quitarles.  
Sus familias enriquecen nuestra  
comunidad y fortalecen nuestras  
parroquias.  
Su  
perseverancia,  
19. Debemos continuar mos-  
trando compasión y atender las  
necesidades materiales y espiri-  
tuales de las decenas de miles de  
dedicación y entusiasmo por un  
11 Deus Caritas Est (25 diciembre  
2005), 28.  
91  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
futuro mejor renuevan nuestra es-  
peranza. En esta época de prueba,  
recuerden que nuestra única es-  
peranza es Cristo, cuya gracia es  
suficiente para nosotros y cuyo  
poder se manifiesta en la debili-  
dad (cf. 2 Cor. 12,9). Sepan que la  
Iglesia de El Paso está con ustedes,  
defiende y afirma su dignidad hu-  
mana, y aboga por sus derechos.  
de fe también está llamada a anun-  
ciar la Buena Nueva del Reino, re-  
direccionando los términos del  
debate público para una sociedad  
más justa y presenciando los va-  
lores de la misericordia, la justicia  
y la verdad. Nuestras parroquias  
deben ser centros de oración, es-  
tudio y diálogo, en donde los ca-  
tólicos puedan involucrarse en la  
construcción de una frontera más  
humana a través de la educación  
y la incidencia pública.  
Como parte de este compromiso,  
estoy creando el Fondo Soñador  
para ofrecer asistencia financiera  
a los niños y niñas de nuestras fa-  
milias migrantes para que asistan  
Dada la confusión y el miedo que  
rodea el tema de la migración, no  
todos estarán de acuerdo en cómo  
solucionar los problemas de nues-  
tro sistema quebrado de inmi-  
gración. Aunque nunca debemos  
actuar por temor, nunca debemos  
temer actuar. Debemos seguir de-  
nunciando el mal de la separación  
de las familias, la militarización  
de nuestras comunidades fronte-  
rizas, la detención con fines de lu-  
cro de los migrantes, el maltrato  
a los solicitantes de asilo y el me-  
nosprecio a nuestros hermanos  
y hermanas musulmanes. Debe-  
mos enfrentar la plaga de abuso  
de sustancias que afecta a nuestro  
pueblo, la confusión y la depre-  
sión que empujan a nuestros ni-  
ños hacia las drogas, y el tráfico de  
drogas que está desestabilizando  
a México y Centroamérica, impul-  
sando la migración hacia nuestra  
frontera. Debemos enfrentar la in-  
a
nuestras escuelas católicas.  
Comenzaré este nuevo fondo de  
becas con una contribución perso-  
nal. Históricamente, la educación  
católica ha sido uno de los medios  
más eficaces para empoderar a los  
migrantes y ayudarles a integrar-  
los en nuestra comunidad y en  
nuestro país. Las escuelas católi-  
cas de la Diócesis de El Paso han  
transformado vidas y estoy com-  
prometido a hacer crecer este le-  
gado. Invito a aquellos que tengan  
la capacidad financiera para ayu-  
darme a aumentar este apoyo vital  
para nuestros niños.  
21. A nuestros sacerdotes y pa-  
rroquias, ¡aboguemos por los  
migrantes! Nuestras parroquias  
deben ser lugares donde los mi-  
grantes sean bienvenidos y fortale-  
cidos en su fe. Nuestra comunidad  
92  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
justicia de una economía global de  
la exclusión que obliga a los traba-  
jadores maquiladores de Ciudad  
Juárez a ganar uno de los salarios  
de fábrica más bajos en México.  
Debemos trabajar para superar la  
polarización que está desgarrando  
nuestras comunidades.  
de nuestra diócesis. El traba-  
jo de Casa Anunciación y los es-  
fuerzos del Centro de Servicios  
Diocesanos para Migrantes y Re-  
fugiados (DMRS por sus siglas  
en inglés) son una fuente de or-  
gullo para nuestra comunidad.  
También reconozco la labor de  
la Casa del Migrante en Ciudad  
Juárez, que alberga y alimenta  
a los recién llegados a nuestra  
frontera y a los que han sido de-  
portados. Muchas de nuestras or-  
ganizaciones comunitarias locales  
han sido apoyadas por la Campaña  
Católica para el Desarrollo Huma-  
no (CCHD por sus siglas en inglés)  
y han demostrado ser defensoras  
efectivas de la dignidad humana  
y los derechos de los migrantes.  
Todos los días, nuestras parro-  
quias brindan apoyo y alimento  
espiritual a los migrantes en for-  
mas que a menudo pasan inad-  
vertidas. Todos nosotros podemos  
apoyar este gran trabajo involu-  
crándonos como voluntarios y con  
nuestro aporte económico.  
La Comisión de Migración tra-  
bajará con las parroquias para  
intensificar nuestra defensa, parti-  
cularmente a través de la Campaña  
de Justicia para los Migrantes de  
la Conferencia de los Obispos Ca-  
tólicos de los Estados Unidos. Se  
ofrecerá un programa de forma-  
ción intensiva a través del Institu-  
to Tepeyac dedicado a desarrollar  
líderes de grupos parroquiales.  
Éstos se dedicarán a la inciden-  
cia pública y a brindar asistencia  
a familias afectadas por la depor-  
tación o la detención. Junto con  
nuestros vecinos y otros grupos  
religiosos, debemos dialogar con  
nuestros líderes electos, así como  
con los líderes de las agencias lo-  
cales de cumplimiento de la ley y  
de inmigración, para promover el  
bien común.  
23. A los policías locales y a los  
agentes de inmigración: ¡gracias!  
Sepan que su dedicación y valen-  
tía en servir a nuestra comunidad  
y proteger nuestro país son apre-  
ciadas. Oficiales locales de la ley  
han tomado posturas importantes  
en la priorización de la policía co-  
munitaria y en limitar la participa-  
ción de los policías en la aplicación  
22. A nuestros fieles: ¡compro-  
métanse localmente! Hago un  
llamado a los fieles para que se  
involucren aún más en las nume-  
rosas obras de caridad y justicia  
que se realizan diariamente en  
favor de los migrantes dentro  
93  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
de la ley de inmigración. Aun fren-  
te a la SB4, espero que los logros  
obtenidos a través de la coopera-  
ción de los policías y alguaciles  
locales con las comunidades mi-  
grantes no se pierdan.  
licas sigan siendo lugares de uni-  
dad, hospitalidad y reverencia.  
Por lo tanto, he dado instruccio-  
nes a nuestro abogado diocesano  
para que envíe un memorándum a  
los párrocos y directores de escue-  
las católicas, comunicando que de-  
ben indicarles respetuosamente a  
los agentes de la Patrulla Fronte-  
riza y al Servicio de Inmigración y  
Control de Aduanas que éstos no  
pueden entrar en la propiedad de  
la iglesia para ejecutar acciones  
coercitivas sin una orden judicial,  
excepto en caso de situación de  
peligro inminente.  
Los agentes que aplican las leyes  
de inmigración de nuestra nación  
enfrentan diariamente situacio-  
nes difíciles y a veces peligrosas.  
Les ruego, ¡no ignoren las obliga-  
ciones de la conciencia! Traten a  
cada persona que encuentren con  
dignidad y respeto y con los valo-  
res estadounidenses de equidad y  
justicia. A los agentes que trabajan  
en el campo, recuerden que las  
personas que encuentran durante  
el desarrollo de su misión son  
sus hermanos y hermanas, hijos  
de Dios. ¡Ningún ser humano es  
ilegal! Les prometo orar por su  
regreso diario y seguro a sus ho-  
gares y familias.  
Confío en su buena voluntad de  
mantener el respeto por locali-  
dades sensibles como escuelas y  
hospitales, así como a lugares de  
culto, y en preservar el orden pú-  
blico. Prometo mi colaboración y  
mis sinceros deseos por una re-  
lación productiva continua y el  
intercambio de puntos de vista  
en beneficio del bien común de  
esta comunidad.  
A los que dirigen la Patrulla Fron-  
teriza (Border Patrol) y el Servicio  
de Inmigración y Control de Adua-  
nas (ICE), apelo a su compromiso  
con los nobles ideales de la Cons-  
titución de igualdad de trato bajo  
la ley y el debido proceso. Aunque  
yo no ofrecería falsas expectati-  
vas de protección a los que no tie-  
nen un estatus migratorio legal, es  
mi deber pastoral velar para que  
nuestros templos y escuelas cató-  
24. A nuestros líderes comuni-  
tarios: ¡nos comprometemos a  
trabajar con ustedes! El Paso es  
una ciudad bendecida con mu-  
chosdefensoresquetrabajantodos  
los días para construir una mejor  
comunidad fronteriza. A nuestros  
líderes electos, prometemos cola-  
borar con ustedes en la construc-  
94  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
ción de una sociedad en donde  
se respeten los derechos de cada  
persona y apoyarlos a asumir  
posiciones valientes en nombre  
del bien común y en defensa de  
los pobres. A nuestros maestros,  
les agradecemos por hacer de los  
salones de clase lugares en donde  
todos nuestros niños se sientan  
seguros y apoyados. A los medios  
de comunicación, les doy las gra-  
cias por transmitir información  
veraz y crítica a la comunidad. A  
los muchos líderes ecuménicos  
e interreligiosos aquí en la fron-  
tera, estoy orgulloso de nuestro  
testimonio común del poder de la  
fe para mover los corazones a la  
justicia; espero trabajar con uste-  
des para avanzar los compromisos  
centrales de nuestras tradiciones  
de fe a la hospitalidad y dar acogi-  
da al extraño.  
luntarios, abogados y otros pro-  
fesionales a compartir su tiempo  
con nosotros, en oportunidades  
de servicio disponibles a través  
de muchas organizaciones de la  
Iglesia y la comunidad.  
Pido a los legisladores y a los  
encargados de formular políticas  
en otras partes del país, que pon-  
gan fin a la demonización de  
nuestra frontera, de nuestros  
residentes fronterizos y de los  
migrantes. Los migrantes y la mi-  
gración no son problemas a re-  
solverse, sino más bien “un gran  
recurso para el camino de la  
humanidad.12 Millones de perso-  
nas en nuestra frontera y en todo  
el país están orando por ustedes y  
por una resolución a nuestro siste-  
ma quebrado. Mientras tanto, aña-  
do mi voz a los que piden un alto  
a la deportación de los migrantes  
no violentos, hasta que logremos  
un consenso nacional y la reforma.  
La voz de nuestras comunidades  
debe tomarse en cuenta en la for-  
mulación de las políticas fron-  
terizas y en los debates sobre la  
reforma migratoria. Rechacemos  
una mentalidad de hostilidad y  
trabajemos juntos en cooperación  
generosa para el bien común.  
25. A los que están fuera de  
nuestra comunidad fronteriza,  
¡vengan a ver! El retrato de la fron-  
tera presentado por los medios de  
comunicación y promovido por  
aquellos en las capitales lejanas,  
es a menudo impreciso y moti-  
vado más por intereses privados  
que por el interés en la verdad.  
Nuestra frontera es hermosa, rica  
en historia y cultura, fe y maravi-  
lla natural. Éste es un lugar donde  
personas de muchas culturas, idio-  
mas y nacionalidades coexisten  
y prosperan. Invito a jóvenes, vo-  
12 Benedicto XVI, Discurso, Ángelus  
(14 enero 2007).  
95  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
Conclusión  
26. Pertenecemos a “una Iglesia  
sin fronteras que se siente madre  
de todos.13 Cada año, los feligreses  
de Ciudad Juárez, Las Cruces y El  
Paso se reúnen para celebrar la  
Misa Fronteriza. Nos encontramos  
divididos quizás por una valla o  
un río, por una economía de  
exclusión o políticas injustas de  
migración. Sin embargo, aún en  
medio de todo lo que nos separa,  
la Misa Fronteriza es un alegre  
recordatorio de que el Cristo eu-  
carístico está construyendo una  
Nueva Humanidad, llevándonos a  
todos juntos hacia la Nueva Jeru-  
salén. Nuestra Señora de Guada-  
lupe nos inspira una visión de las  
Américas como un gran Templo  
para el pueblo de Dios, donde los  
rescatados por el Señor vendrán a  
Sión con cánticos de júbilo, coro-  
nados de perpetua alegría.  
Que estos vínculos de caridad  
continúen creciendo e inflamen  
nuestros corazones. Que tome-  
mos nuevas y proféticas acciones  
para lograr el Reino de la justicia,  
la verdad y la reconciliación para  
transformar este desierto y que el  
páramo se convierta en estanque  
y la tierra sedienta, en manantial.  
13  
Evangelii Gaudium (24 noviembre  
2013), 210.  
96  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
Oración por los migrantes  
Oh Señor, como lo hiciera el profeta Isaías en  
su tiempo, así nosotros hoy compartimos tu  
visión de esperanza. Nosotros también he-  
mos experimentado las arenas ardientes y el  
suelo sediento de la indiferencia y la exclusión  
humana. Lloramos el sufrimiento de nuestros  
hermanos y hermanas latinoamericanos y de  
otros lugares, forzados por la violencia, la co-  
rrupción y la miseria a abandonar la familia y  
todo lo que atesoran para buscar una oportu-  
nidad de vida aquí en nuestra tierra bendita.  
Pero sabemos, Señor, que tú mismo eres mi-  
grante. Tú experimentaste las pruebas del re-  
fugiado, habiendo huido siendo un niño, con  
tus padres José y María a Egipto. Sabemos de  
tu amor especial por aquellos que no tienen  
otra posesión, sino el uno al otro y a Ti.  
Mueve, Señor, nuestros corazones y los de  
nuestros líderes, para amarlos como Tú los  
amas, amarlos con tu amor, que seamos tu  
amor por los migrantes en la puerta de nues-  
tro país. Llena nuestros corazones de tu com-  
pasión. Ayúdanos a saber que, amando de esta  
manera, no dependeremos de nuestros recur-  
sos limitados, sino de la abundancia de Aquel  
que con una simple bendición proporcionó  
un banquete a cinco mil con cinco pequeños  
panes y dos peces.  
97  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
Llénanos de gozo y alegría mientras somos  
testigos de tu trabajo transformador. Tú que  
creas la vida de la nada y haces florecer el de-  
sierto, salva a los que te invocan. Rescátalos  
y llénalos con su alegría. Acompáñalos con la  
intercesión de Nuestra Señora de Guadalu-  
pe, san Toribio Romo, con nuestro propio san  
Pedro de Jesús Maldonado y todos los santos.  
Y concédenos que los que un día los hemos  
servido aquí en la tierra, podamos emigrar  
con ellos al Reino donde vives y reinas por los  
siglos de los siglos. ¡Amén!  
18 de julio de 2017  
*Obispo de El paso.  
98  
La Cuestión Social  
Año 26, n. 1  
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