Foro social hna. maría de los dolores palencia
cutió mucho la cuestión de personas de iglesias orientales que han
tenido que migrar, sobre todo, por la guerra o por dificultades fuertes
de otro tipo, y que al llegar a lugares donde se vive el rito latino, no
encuentran la acogida o la posibilidad de expresar plenamente su fe,
o por la situación que existe estructuralmente, siguen dependiendo
de su patriarcado o de su eparquía, y entonces se crea un conflicto en
el nuevo sitio en donde están viviendo. Esto se habló, se presentó, se
discutió, y la síntesis plantea propuestas concretas que intentan ver
posibles opciones para manejar estas problemáticas.
Yo puedo decirles, acabo de recibir a casi 500 personas en el al-
bergue en el que trabajo, la inmensa mayoría no eran católicos o no
se reconocían como tales y, sin embargo, había que propiciar, por
ejemplo, un momento de oración, de reflexión. Entonces, estuvimos
buscando cómo hacer esto para que todos se sintieran cómodos,
para que todos pudieran participar. En el albergue recibimos la ayu-
da o el apoyo de algunas personas de otras confesiones o de iglesias
pentecostales o de grupos que se llaman cristianos, pero que no
sabemos ni cómo nacieron, lo que sí está claro es que desean cola-
borar en la atención a los migrantes y que tienen una sensibilidad a
este problema de la migración. Entonces, es necesario preguntar-
nos, ¿cómo vamos creando lazos?, ¿cómo vamos dialogando juntos?,
¿cómo hacemos un camino que propicie un avance? Yo dialogué mu-
cho con un misionero jesuita de muchos años en Camboya y que
recientemente ha sido nombrado obispo. Y le decíamos, “bueno,
es un país donde los católicos son minoritarios, entonces, ¿cómo
podemos, o cómo puedes tú hacer un anuncio del evangelio?”. Y él
nos decía, “no discutimos de la fe, casi nunca hablamos de la fe. Sin
embargo, oramos juntos, procuramos hacer oración juntos, y luego
hablamos de todos los temas que tocan la realidad social de Cam-
boya, todo lo que es educación, salud, pobreza, necesidades, catás-
trofes naturales, la cuestión de las minas personales, etcétera. Todo
eso lo trabajamos juntos y procuramos que nuestros proyectos o sus
proyectos puedan ser campos de participación conjunta”. Me parece
que ahí hay un reto muy importante en esta dimensión ecuménica
e interreligiosa, que se vaya dando como experiencias sinceras que
nos permitan construir el Reino de Dios desde la diversidad confe-
64 La Cuestión Social, Año 32, n. 2