AÑO  
32  
N. 2  
2024  
Revista de  
Pensamiento  
Social Cristiano  
ISSN: 2992-8672  
L
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La Cuestión  
Social  
SECCIÓN TEMÁTICA: Sinodalidad  
Sinodalidad como recuperación y actualización...  
Dr. José de Jesús Legorreta Zepeda • México  
El Sínodo de la Amazonía y la dignidad humana...  
Eduardo Vera Argueta • México  
FORO SOCIAL: Pensamiento social  
Ecos del Sínodo de la Sinodalidad  
Instituto Mexicano  
de Doctrina Social  
Cristiana  
Hna. María de Los Dolores Palencia • México  
Manual breve para el análisis de políticas públicas  
Mtro. Jesús Rivero Casas • México-Canadá  
Expresiones religiosas en los albergues y casas del migrante...  
Mtro. Mauro Pérez Bravo • México  
MISCELÁNEA: Sinodalidad y alternativa cristiana...  
Dr. Carlos Ceballos Blanco • México  
Reseña  
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HNA. MARÍA DE LOS DOLORES PALENCIA  
MÉXICO  
ECOS DEL SÍNODO  
DE LA SINODALIDAD1*  
A partir de la experiencia vivida en el Sínodo, me preguntaba, ¿qué  
puede aportar el Imdosoc al proceso sinodal que la Iglesia propone  
desde el Sínodo de la Sinodalidad, a partir de los ejes de comunión,  
misión y participación?  
Todos los que participamos en el Sínodo recibimos una carta, con  
fecha de octubre de 2024; esta misiva dice: “este es el camino hacia  
octubre de 2024”, y la pregunta guía señala: ¿cómo ser una igle-  
sia sinodal en Misión?. Ésa es la pregunta guía que tiene que hacer-  
nos trabajar a todos de aquí en adelante y, por ende, es la pregun-  
ta que atañe también al Imdosoc: ¿cómo ser una iglesia sinodal en  
misión? Y ser una iglesia sinodal nos corresponde a todos y a cada  
uno de los bautizados o bautizadas. No es una cuestión que interpele  
simplemente a unos pocos, a los obispos o a los párrocos; antes, bien,  
es una pregunta que nos interpela a todos nosotros. Entonces, desde  
este punto de vista, ¿qué es lo que el Imdosoc puede aportar?  
Yo parto, primero, de la experiencia que viví desde la llegada a  
Roma. La frase central de lo que el Papa nos dijo fue: “Sin oración, no  
hay sínodo. Es decir, si queremos entrar en este proceso de una con-  
versión eclesial para ser una iglesia en salida y misionera, para que  
1* El texto proviene, originalmente, de una videoconferencia impartida por la Hna. María  
de los Dolores Palencia, y ha sido editado para fines de su publicación. Agradecemos a  
Diana Paola Hernández Rivera la transcripción de este texto. La adaptación en el estilo  
y redacción ha sido realizada por Luis Gustavo Meléndez Guerrero, F. S. C.  
Conferencia realizada el 26/01/2024.  
Ecos del Sínodo de la Sinodalidad  
el Reino de Dios se siga haciendo presente para toda la humanidad,  
tiene que haber una forma de vida que implique un contacto inter-  
personal (fraterno-sororal) y un encuentro personal con Jesucristo. Sin  
oración, no puede haber una respuesta positiva al llamado del Se-  
ñor. Ésa fue la primera propuesta del Papa; tuvimos una celebración  
ecuménica al principio que se llamó together, en la que estuvieron  
presentes los representantes de varias iglesias cristianas. Y esa fue  
otra marca fundamental del sínodo: el ecumenismo, la apertura a  
los otros, a los diferentes, a la diversidad, el llamado a la escucha  
atenta a los diferentes aportes, a la pluralidad de ministerios, de ca-  
rismas, de posibilidades de voces y propuestas. Entonces, esto es un  
camino que a mí me parece que es fundamental que, de alguna ma-  
nera, todos los cristianos vayamos abordando este proceso de éxodo.  
Si queremos que realmente haya un cambio de iglesia, que como bien  
sabemos, nace desde el Concilio Vaticano ii, necesitamos, primero  
que nada, ser constantes en nuestro encuentro personal con Jesucris-  
to. Sin oración, sin contemplación, sin partir de la Palabra, no habrá  
ningún cambio. De igual modo, otras cosas que son fundamentales es  
el caminar juntos y el avanzar unidos en diálogo y en escucha mutua,  
aceptando todas las diversidades y las diferencias, porque solamen-  
te así podemos crear una apertura, un ensanchamiento de nuestras  
diversas tiendas, para que se vaya creando una sola tienda común  
que acepta la diversidad y que acepta que, en ciertos momentos, en  
ciertos temas, no habrá un consenso total. Esto, en la experiencia  
diaria y cotidiana del sínodo, fue clave.  
Explicaré sucintamente la dinámica que nos ayudó a entrar en este  
proceso pedagógico de escucha atenta. Llegábamos al sínodo después  
de la celebración ecuménica. Tuvimos tres días de retiro dirigidos por  
Timothy Radcliffe, op, y por la Hermana María Grazia Angelini, osb;  
y allí fue la primera experiencia, aceptar que todos estábamos en re-  
tiro. De igual forma, compartíamos los ecos que el Espíritu infundía  
en nosotros. Teníamos tiempos de oración en la mañana dirigidos  
por ellos dos y, después, teníamos tiempos para compartir por las  
tardes antes de la eucaristía en grupos mixtos, donde todos éramos  
iguales; se compartía la experiencia de la oración, se compartía lo que  
el Espíritu había suscitado. No razonamientos, no discursos ni tratar  
La Cuestión Social Año 32, n. 2 59  
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Foro social hna. maría de los dolores palencia  
de convencer al otro, no se quería establecer una cuestión dogmáti-  
ca, no. Se trataba de compartir tu experiencia de Dios. ¿Qué viviste  
hoy? ¿Qué fue lo que sentiste que el Espíritu te decía, hacia dónde  
te mueve?; y de allí ir compartiendo juntos para crear, ante todo, una  
capacidad de escucha, una capacidad de atención al otro y al Espíritu  
en el otro.  
Ésa fue la metodología en el retiro y empezamos el sínodo el día 4  
de octubre después de la celebración de la eucaristía. Comenzamos por  
buscar una sala cuya distribución provocó que alguno de los cardena-  
les dijera: “este es el icono del sínodo”: 35 mesas redondas, en donde  
nos sentábamos según lo que decía nuestro gafete, y estábamos 11 per-  
sonas alrededor del círculo. Y no importaba quién estaba junto a quién.  
Teníamos lugares fijos y a veces era un cardenal, a veces era un obispo,  
a veces era un laico, a veces una laica; era como nos iba tocando. Y esas  
mesas cambiaron cinco veces o, sea que, durante el sínodo tuvimos la  
oportunidad de cambiar de mesa cinco veces. Esta dinámica propiciaba  
la apertura y el diálogo. Las mesas eran por idiomas, mesas en inglés,  
en francés, en portugués, etcétera. Pero lo que era importante es que  
no todos los que estábamos hablábamos perfectamente el idioma de la  
mesa en la que estábamos sentados, ello implicaba abrirse a la escucha  
de personas que hicieron el esfuerzo de cambiar de mesa, de estar en  
otros sitios, de utilizar otra lengua para poder tratar de encontrarse  
con gente diferente, no de una sola región, no de un solo tipo de iglesia,  
no de una sola experiencia pastoral. Entonces, ésa fue la riqueza de la  
metodología.  
Quisiera ahora adentrarme en el Informe de Síntesis del Sínodo.  
Dicha síntesis habla, sobre todo al principio, del rostro de la iglesia  
sinodal; en la segunda parte, se dice que todos somos discípulos y  
misioneros; y hacia la tercera sección, refiere la necesidad de tejer  
lazos y de construir comunidad. En la primera sección, se presentan  
muchas referencias a todo lo que es el rostro de una iglesia sinodal,  
de lo que nos hace y nos da posibilidades de ser una iglesia tal como  
lo plantea y sueña el sínodo.  
Yo he partido un poquito de esto, y he percibido a través de mi  
propia experiencia, pero también a través de otras personas, que el  
Imdosoc tiene un impacto social que se deriva de su calidad acadé-  
60 La Cuestión Social, Año 32, n. 2  
Ecos del Sínodo de la Sinodalidad  
mica y de la seriedad en la investigación que realiza, por los progra-  
mas y proyectos que tiene; pero también por el estar constantemente  
situándose en un contexto social concreto como lo es el mexicano,  
aunque con una apertura hacia América Latina y el Caribe, siempre  
prestando atención a los signos de los tiempos. Entonces, ¿qué va-  
mos a impulsar?, ¿dónde más y de que otras formas podemos influir  
en la realidad para que la iglesia vaya siendo cada vez más sinodal?  
Evidentemente, nuestro punto de partida tiene que ser el contexto  
mexicano y latinoamericano, pero siempre desde lo que somos. Es  
decir, desde la calidad académica, desde la investigación, desde los  
programas y proyectos institucionales. De igual modo, considero que  
es muy valioso, el hecho de que el Imdosoc ha tenido una fuerte inje-  
rencia en la reflexión teológica y pastoral social. Entonces, para mí,  
el instituto tiene un aporte esencial para este camino sinodal, desde  
aquello que configura su ser y quehacer.  
Para el Imdosoc ha sido siempre muy importante la Doctrina  
Social de la Iglesia y su relación con la justicia social, y esto es el  
compromiso fundamental de todos los bautizados y bautizadas. Si  
en algo se insistió en el sínodo es que no somos cristianos en el aire,  
somos cristianos en un contexto, y nuestro hacer de cristianos tie-  
ne que influir y tiene que bañar toda nuestra realidad; tanto más lo  
que puede referirse a nuestro ser de cristianos, de bautizados, como  
aquello donde nuestra acción se realiza, donde nosotros tenemos  
el compromiso de transformar. Es algo muy importante, ahora en  
todo el mundo, desde luego, pero en México y en América Latina y el  
Caribe, particularmente, dadas las situaciones que estamos vivien-  
do. De alguna manera, la Iglesia, a través del Celam, ha dado pasos  
importantes ya de por sí en la renovación de sus estructuras inter-  
nas, dando cabida a nuevas formas de organización; como también  
al insistir y propiciar que las diferentes iglesias locales creen nuevas  
formas de ser comunidad, de favorecer y avanzar en la comunión. Si  
no logramos que en las bases, en lo pequeño, en las parroquias, en los  
suburbios, en los pequeños pueblos, empiece a darse esta conciencia  
comunitaria, será muy difícil que logremos dar un paso adelante para  
llegar a ser una Iglesia cada vez más unida. Pero esa conciencia co-  
lectiva debe tener siempre presente que nuestro ser iglesia, nuestro  
La Cuestión Social Año 32, n. 2 61  
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Foro social hna. maría de los dolores palencia  
ser comunidad, es para salir, para estar al encuentro con todos los  
hermanos y hermanas, sean o no católicos o cristianos; porque, más  
allá de una dimensión confesional, debe prevalecer la conciencia de  
que somos pueblo, de que somos ciudadanos, somos parte de una  
humanidad cada vez más sufriente y necesitada. Por eso, me parece  
que el Imdosoc, en todo lo que toca a la Doctrina Social de la Iglesia  
y su relación con la justicia social, tiene una misión y un servicio  
importante para ayudarnos a todos los bautizados y bautizadas a  
comprender este enorme compromiso social.  
Decía anteriormente que el documento síntesis del Sínodo está  
dividido en tres partes y, en cada una de ellas, los números tocan un  
tema especial. Habla de las convergencias, las cuestiones a tratar y  
las propuestas. En este contexto, es importante aclarar que la vota-  
ción que se hizo (porque se votó cada uno de los párrafos de la síntesis  
individualmente), todos los puntos, fueran las convergencias, fueran  
las cuestiones, fueran las propuestas, alcanzaron más de 80% de la  
votación de todas las personas que estábamos presentes. Ciertamente,  
hubo números que tuvieron todavía más votos que otros, pero la vota-  
ción de todos los números alcanzó siempre más de 80% de aprobación.  
Entonces, estos puntos que están en la síntesis son retos y desafíos que  
tocan la Doctrina Social de la Iglesia y la justicia social, la economía,  
la ecología, la migración, y el trabajo a favor de la paz, al interior de la  
estructura eclesial; y también en todos estos puntos vamos a encontrar  
—cómo se mencionan— oportunidades y fortalezas de la iglesia pue-  
blo de Dios, así como amenazas y debilidades frente a estos desafíos.  
Entonces, para mí, el Imdosoc ciertamente tiene presentes dichos  
retos y ha compartido —a través de la riqueza de sus recursos aca-  
démicos y humanos— temas tan importantes y muy presentes en  
nuestro contexto nacional y en América Latina, como la cuestión de  
la trata de personas, la impunidad frente a las desapariciones y otros  
temas de hondo calado; incluso, los abusos al interior de la Iglesia  
o desde la Iglesia, o de toda persona que tiene poder en cualquier  
campo, psicológico, social, sexual o estructural. Entonces, a mi pa-  
recer, el Imdosoc tiene una misión importante en estos terrenos y,  
por eso, me parece capital que se revise el documento de síntesis,  
62 La Cuestión Social, Año 32, n. 2  
Ecos del Sínodo de la Sinodalidad  
no sólo para analizarlo en cada uno de sus puntos; sino, sobre todo,  
para canalizarlo a aquellos terrenos en los que ustedes (Imdosoc)  
tienen una mayor influencia y acción, propiciando que esta acción y  
esta influencia la retomemos todos los cristianos y bautizados como  
una responsabilidad de transformación y de conversión. Dicho esto,  
me parece que ustedes también han tenido la capacidad de abordar  
los temas en general de una manera teológica y pastoral y han ido  
articulando este seguimiento de Cristo con la vida cotidiana de los  
bautizados.  
Ahora bien, para mí, otro aporte muy importante que el Sínodo  
sitúa con mucha fuerza y que da cabida al Imdosoc, desde mi punto de  
vista, es la dimensión ecuménica. El Papa tiene mucho interés en que  
esto se trabaje con ahínco, este no sólo fue un tema, sino también una  
experiencia vivida en el sínodo: la cuestión del diálogo ecuménico,  
de la escucha profunda entre todos. En el sínodo estaban los her-  
manos de otras iglesias presentes, a los que se llamaron “delegados  
fraternos, que eran hermanos de otras confesiones cristianas y que  
tuvieron la palabra igual que todos nosotros, lo único que no hicieron  
fue votar los textos. Pero había otros muchos católicos que tampoco  
votaban y tuvieron todo el tiempo necesario para expresarse abier-  
tamente. El método que se siguió, del que se ha hablado mucho, es  
el de la conversación del espíritu. Y este método deseaba que todo  
el mundo pudiera expresarse en su propio grupo, más o menos tres  
minutos cada uno. Después, entre todos, dialogar y comentar la sín-  
tesis, y, finalmente, tener la expresión de todos.  
En todas las mesas se leía la expresión en asamblea y había la po-  
sibilidad de elaborar un comentario personal en la asamblea. Hasta  
después de eso, se pasaban los documentos a la secretaría para avan-  
zar más en la síntesis. Este método nos permitió estar realmente en  
contacto con muchos hermanos y hermanas de otras confesiones y  
también comprender y tocar más de cerca la realidad de las iglesias  
orientales. Este es un gran desafío, creo yo, para la Iglesia. Por un  
lado, dar su lugar a las iglesias orientales; por otro lado, comprender  
que las iglesias orientales responden a un contexto distinto. Y tam-  
bién ver cómo las estructuras internas que tiene la Iglesia dan cabida  
a estas diferencias. Por ejemplo, puedo decirles que se trató y se dis-  
La Cuestión Social Año 32, n. 2 63  
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Foro social hna. maría de los dolores palencia  
cutió mucho la cuestión de personas de iglesias orientales que han  
tenido que migrar, sobre todo, por la guerra o por dificultades fuertes  
de otro tipo, y que al llegar a lugares donde se vive el rito latino, no  
encuentran la acogida o la posibilidad de expresar plenamente su fe,  
o por la situación que existe estructuralmente, siguen dependiendo  
de su patriarcado o de su eparquía, y entonces se crea un conflicto en  
el nuevo sitio en donde están viviendo. Esto se habló, se presentó, se  
discutió, y la síntesis plantea propuestas concretas que intentan ver  
posibles opciones para manejar estas problemáticas.  
Yo puedo decirles, acabo de recibir a casi 500 personas en el al-  
bergue en el que trabajo, la inmensa mayoría no eran católicos o no  
se reconocían como tales y, sin embargo, había que propiciar, por  
ejemplo, un momento de oración, de reflexión. Entonces, estuvimos  
buscando cómo hacer esto para que todos se sintieran cómodos,  
para que todos pudieran participar. En el albergue recibimos la ayu-  
da o el apoyo de algunas personas de otras confesiones o de iglesias  
pentecostales o de grupos que se llaman cristianos, pero que no  
sabemos ni cómo nacieron, lo que sí está claro es que desean cola-  
borar en la atención a los migrantes y que tienen una sensibilidad a  
este problema de la migración. Entonces, es necesario preguntar-  
nos, ¿cómo vamos creando lazos?, ¿cómo vamos dialogando juntos?,  
¿cómo hacemos un camino que propicie un avance? Yo dialogué mu-  
cho con un misionero jesuita de muchos años en Camboya y que  
recientemente ha sido nombrado obispo. Y le decíamos, “bueno,  
es un país donde los católicos son minoritarios, entonces, ¿cómo  
podemos, o cómo puedes tú hacer un anuncio del evangelio?. Y él  
nos decía, “no discutimos de la fe, casi nunca hablamos de la fe. Sin  
embargo, oramos juntos, procuramos hacer oración juntos, y luego  
hablamos de todos los temas que tocan la realidad social de Cam-  
boya, todo lo que es educación, salud, pobreza, necesidades, catás-  
trofes naturales, la cuestión de las minas personales, etcétera. Todo  
eso lo trabajamos juntos y procuramos que nuestros proyectos o sus  
proyectos puedan ser campos de participación conjunta. Me parece  
que ahí hay un reto muy importante en esta dimensión ecuménica  
e interreligiosa, que se vaya dando como experiencias sinceras que  
nos permitan construir el Reino de Dios desde la diversidad confe-  
64 La Cuestión Social, Año 32, n. 2  
Ecos del Sínodo de la Sinodalidad  
sional, desde la pluralidad de nuestros ministerios, desde nuestros  
carismas particulares.  
Volviendo al punto de las metodologías, me parece que cualquier  
método que utilicemos tiene que ser un medio de crecimiento en  
sinodalidad. Es decir, cualquier metodología sinodal debe ser un ca-  
mino que propicie el poder caminar juntos en una escucha benevo-  
lente, sin prejuicios y en discernimiento. A mí me parece que este es  
un punto clave: caminar juntos. Podemos hacer grandes planeaciones,  
podemos tener las metodologías más novedosas de trabajo y de plani-  
ficación social o pastoral, o teológicas. Pero ¿cómo dialogamos juntos?  
¿Cómo nos escuchamos sin prejuicios? ¿Cómo cada persona puede ex-  
presar hasta lo último de su pensamiento, de su acción, de su oración y  
en discernimiento? Es decir, ¿hasta qué punto, cada persona, cuando  
se expresa, está expresando el fruto de una reflexión orante según  
su propia religión o su comprensión, o desde su sensibilidad espiri-  
tual, pero teniendo siempre por delante cómo discernimos. ¿Cómo  
discernimos la presencia y guía del Espíritu en este movimiento que  
se suscita en nosotros, en lo personal y en lo grupal? Debemos ser  
capaces de buscar, desde la riqueza de la diversidad de cada persona o  
institución, cómo se dan posibles consensos, y también dialogar con  
franqueza y apertura los disensos, los desacuerdos. Yo creo que ésta  
fue otra experiencia fuerte del sínodo. Hubo personas que dijeron  
abiertamente en lo que no estaban de acuerdo, sus disensos. Otras  
personas expresaron claramente controversias y dificultades. Pero  
eso no llevó a conflictos, no hubo rupturas. Hubo riesgos, y fuertes.  
Hubo momentos en los que sentimos la tensión de una posible ruptura  
o de un posible conflicto, pero encontramos los medios para proponer  
caminos de acercamiento y de crecimiento. También hay que decir  
que nunca faltaron personas que hicieron puentes de conciliación.  
Y esto es muy importante, porque es algo que nos hace crecer y que  
favorece el enriquecimiento mutuo. En el seno de estas experiencias  
sinodales, hay una experiencia común del Reino, una experiencia  
de justicia, de paz, de amor, de alegría, una vida plena para todos. Yo  
creo que está muy claro en los tres apartados del informe: comunión,  
participación y misión, que aparecen con los nuevos títulos que se  
dio en la síntesis.  
La Cuestión Social Año 32, n. 2 65  
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Foro social hna. maría de los dolores palencia  
Llegados a este momento, quisiera compartir algunos de los nú-  
meros de la síntesis que a mí me parecen muy importantes como  
puntos de trabajo para el Imdosoc. Yo siempre sugiero hacer la lectura  
total del documento de la síntesis porque da unidad a la reflexión y es  
fundamental hacer esta lectura con una mirada encarnada en el con-  
texto, o sea, en donde estamos y desde nuestras fortalezas y oportu-  
nidades; las del Imdosoc, las de cada grupo o los de cada comunidad,  
de cada iglesia, de cada persona, para poder generar una conversión,  
un cambio profundo que mueva las estructuras internas, que toque la  
conciencia colectiva y que trastoque todos nuestros procesos. Y esto,  
para convertirnos en agentes de sinodalidad.  
Sinodalidad, palabra que —a mi parecer— no debemos desgastar,  
pero sí de insistir en que implica participación, y una participación de  
iguales. En ese “iguales, no se pone en cuestión ni se ataca a la me-  
diación o a la persona que tiene una responsabilidad, o al grupo que  
tiene una autoridad delegada, pero es la manera como esa autoridad  
delegada se ejerce, o es la manera como esa responsabilidad hace  
crecer todo el potencial de cada una de las personas o de los grupos  
que están en el sitio; es un camino de conversión. Esta sinodalidad,  
realmente, nos pide un cambio interior y un cambio actitudinal que se  
note en nuestra manera de actuar y de relacionarnos. En este sentido,  
creo que la sinodalidad es un camino de testimonio y de profecía.  
Puede ser un camino de testimonio y de profecía cuando realmente  
se vaya haciendo una transformación en el corazón de la Iglesia como  
un pueblo de Dios que camina y, en su caminar, está siendo precisa-  
mente ‘pueblo, comunidad.  
Ahora bien, en lo que a la juventud concierne, el documento de  
síntesis insiste muchísimo en ellos como sujetos que tienen su propia  
palabra, y que tenemos que ver cómo ayudar a que se abra campo a su  
pensar, sentir y decir, a su acción, a su compromiso; desde su manera  
de ser y con el potencial que ellos tienen como jóvenes. También, el  
sínodo insiste en que en el centro de todo este camino sinodal están  
los pobres, aquellos que tienen muy diversos rostros en diferentes  
lugares, países, y circunstancias. De ahí que el reto para nosotros  
conlleva tener que ver claramente estos rostros de los pobres que  
tenemos más cerca, que nos tocan y nos interpelan. Ciertamente,  
66 La Cuestión Social, Año 32, n. 2  
Ecos del Sínodo de la Sinodalidad  
hay pobrezas que son universales y que se están ampliando, y no  
podemos perder de vista nuestra conciencia universal de Iglesia. Y,  
en ese sentido, no podemos olvidar las pobrezas y las realidades que  
se están viviendo tanto a nuestro alrededor como en otros lugares.  
Tenemos que ofrecer esperanza, tenemos que ofrecer caminos de  
transformación, de reconciliación, de justicia. Y, para hacerlo, ne-  
cesitamos estar atentos, estar en sintonía con el movimiento de la  
humanidad, con la conciencia global. Estar en camino implica tratar  
de sentir hacia dónde se está moviendo esta humanidad y esta con-  
ciencia global; y, así, como Iglesia poder ser realmente profetas de  
esperanza. En esto, el Papa también fue insistente. En que la Iglesia  
no debe profetizar la desesperanza; por el contrario, tiene que de-  
nunciar y tiene que levantar la voz frente a los genocidios, frente a  
la violencia, frente a los abusos, frente a todo aquello que denigra y  
aniquila nuestra humanidad. En este sentido, el número 2 de la sínte-  
sis, “Reunidos e invitados por Dios, nos recuerda que la sinodalidad  
no es sólo una iniciativa humana, antes bien es un llamado divino  
que nos invita a trabajar juntos en la construcción del Reino de Dios.  
Por su parte, el número 3 del documento de síntesis nos plantea  
la necesidad de adentrarnos en una comunión de fe. Al hablar de la  
iniciación cristiana, esos temas tuvieron convergencias, tuvieron  
cuestiones a afrontar, y tuvieron propuestas. Algo en lo que se nos  
insistió mucho —al terminar el sínodo— eran en las convergencias;  
hay que leerlas, hay que profundizarlas, hay que orarlas. Son cosas en  
las que se vio el acuerdo, se vio y valoró la comunión. Las cuestiones  
por afrontar, hay que profundizarlas, hay que ir a lo hondo, hay que  
trabajarlas; y ahí el Imdosoc tiene un aporte muy fuerte por toda la  
riqueza que tiene de recursos y de capacidades.  
En fin, lo importante es que ensayemos, que no nos atoremos o que  
no estemos sentados esperando a que nos digan qué tenemos que ha-  
cer; sino que busquemos caminos, que creemos escenarios, que va-  
yamos intentando nuevos pasos. Eso sería un trabajo muy intere-  
sante que ustedes (Imdosoc) podrían hacer, el retomar cada uno  
de estos puntos que he mencionado y ver la manera de trabajarlos  
(si no es que implícitamente ya se esté haciendo), de abordarlos y  
de seguir aportando a la sociedad y a la Iglesia. Yo marqué algunos  
La Cuestión Social Año 32, n. 2 67  
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Foro social hna. maría de los dolores palencia  
puntos que me parecen muy importantes y que creo que Imdosoc  
puede tener una misión en esos terrenos, es mi punto de vista y es  
subjetivo, claro está.  
Me parece que algo que puede ser de su interés, además del do-  
cumento de síntesis, es la carta que el sínodo dirige al Pueblo de  
Dios, esa carta se escribió un poco antes de tener la síntesis. Se  
votó también, fue uno de los momentos importantes de comunión  
porque, aunque la primera redacción era algo anhelado y en lo fun-  
damental estábamos de acuerdo, había muchísimas cosas que se  
querían modificar y parecía que ya no íbamos a poder hacerlo. Se  
detuvo el trabajo y se dijo: “no, si la asamblea quiere hacer modifi-  
caciones, las vamos a escuchar y hasta que no las terminemos de oír  
todas, no vamos a avanzar. Después de escucharnos, se hicieron  
más de 12 modificaciones que se incluyeron en la nueva redacción,  
la que ahora tenemos y que se votó con unanimidad extraordina-  
ria; esa carta dirigida al Pueblo de Dios a mí me parece que es muy  
valiosa y que tiene elementos muy importantes. Otro documento  
que les mencioné es el texto que se llama “Hacia octubre de 2024”  
y que contiene la pregunta guía ¿cómo ser una iglesia sinodal en  
Misión? Esta pregunta orientadora nos dice qué se debe ser a ni-  
vel de cada iglesia local: cómo potenciar la corresponsabilidad  
diferenciada de todos los miembros del pueblo de Dios, y qué modos  
de relación, de estructuras, procesos de discernimiento y de deci-  
sión respecto de la misión vamos a permitir reconocer y configurar  
en la iglesia local.  
En el plano de las relaciones entre iglesias y el obispo de Roma,  
es necesario preguntarnos también cómo pueden articularse  
creativamente las relaciones para encontrar un equilibrio dinámico  
entre la dimensión de la Iglesia en su conjunto y sus raíces locales. Toda  
la fuerza, la delegación y el compromiso de las iglesias locales deben ser  
reconocidas. Pero también debemos considerar cómo nos unimos, nos  
organizamos y estamos en comunión como iglesia universal.  
Estas son líneas de fondo que nos guiarán en nuestro trabajo de  
aquí a mayo. En mayo1 se recogerán los aportes de las conferencias  
1
Se refiere a mayo de 2024.  
68 La Cuestión Social, Año 32, n. 2  
Ecos del Sínodo de la Sinodalidad  
episcopales y las eparquías; posteriormente, se realizará una nueva  
síntesis. Este instrumento de trabajo estará disponible aproxima-  
damente en el mes de junio o julio de 2024, y nos reuniremos nue-  
vamente en octubre para revisarlo.  
Espero que lo compartido sea útil de alguna manera y que con  
estas luces (que no necesariamente directrices) que aporta el docu-  
mento de síntesis, podamos repensar, soñar y crear nuevas formas  
vitales de ser Iglesia, comunidad de fieles que caminan en igualdad  
y unión con Cristo.  
Hna. María de los Dolores Palencia Gómez  
Religiosa mexicana de la Congregación de Hermanas de San José de  
Lyon. Ha dedicado gran parte de su vida al servicio de los migran-  
tes en México. Desde 2010, ha estado al frente del Albergue Decanal  
Guadalupano en Tierra Blanca, Veracruz, un refugio para personas en  
tránsito. Fue vicepresidenta de la Confederación Latinoamericana y  
Caribeña de Religiosas/os (Clar) entre 2006 y 2009. En 2023 fue nom-  
brada Presidenta Delegada del Sínodo de los Obispos, siendo la pri-  
mera mujer en ocupar este cargo, que consiste en presidir la asamblea  
sinodal en nombre del Papa cuando él no está presente.  
La Cuestión Social Año 32, n. 2 69  
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