Por eso, recordamos lo que decíamos al inicio: la misericordia
es un principio teológico, no una herramienta institucional ni
un sello de marketing. El deseo cristiano que busca transformar
nace de la experiencia personalísima de cada uno con el Resuci-
tado cuya luz disipa el pecado y las injusticias.
Dios no tiene misericordia, Él ES la misericordia. El camino ha-
cia una Iglesia compasiva y pobre está marcado en el itinerario
de Jesús “que por nosotros los hombres y por nuestra salvación
bajó del cielo y por obra del Espíritu Santo se encarnó y se hizo
hombre”. Para sentir y vivir la misericordia hace falta bajar y tocar
la realidad dura y cruel de nuestros pueblos, de tantos hombres
al margen del camino, en la cuneta de las grandes sociedades.
Pero también se exige asumir sus dolencias y necesidades como
auténticamente nuestras no como un apéndice. La Encarnación
es escuela de compasión. Y, finalmente, humanizar. Nada hay
más humano que la divinización en Cristo, porque “en realidad,
el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo
encarnado…manifiesta plenamente el hombre al propio hom-
bre y le descubre la sublimidad de su vocación” (GS 22).
En la historia cristiana la misericordia era la excepción, no la
regla de actuación, como ha dicho Raniero Cantalamessa2. Se
actuaba con compasión para mitigar los rigores de la justicia.
El pecado desordena y trae muerte e injusticias, roba la paz y
la armonía; ciertamente “la realidad del mal, de la injusticia que
deteriora el mundo y contamina a la vez la imagen de Dios, es
una realidad que existe, y por culpa nuestra. No puede ser sim-
plemente ignorada, tiene que ser eliminada”3. Y ahora, visto que
los hombres no son capaces, que lo haga el mismo Dios es la
bondad incondicional de Dios, es la verdadera misericordia.
Scannone hace un gran esfuerzo teológico por demostrar-
nos que la misericordia es el principio evangélico que el Papa
Francisco ha querido recordar a la Iglesia no como una novedad
2 Cantalamessa, Raniero, “Dejaos reconciliar con Dios-Predicación del Viernes
3 Ratzinger, Joseph, Jesús de Nazaret. II Parte. Encuentro, México, 2011, p. 270.
La Cuestón Social
Año 29, n. 2
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