La Cuestón Social  
Año 29, n. 2  
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Año 29, n. 2  
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Sentidos del sufrimiento durante la  
pandemia a partir de Job  
Manuel Tenjo Cogollo  
Colombia  
Resumen  
Abstract  
El libro de Job ha marcado la  
historia de la literatura por su  
género de novela sapiencial, la  
antropología por el tema del su-  
frimiento y las pérdidas de un  
hombre, el juicio a la doctrina de  
la retribución y el deseo de salir  
de ella y la espiritualidad por el  
sufrimiento del inocente. Todo  
ello se hace vigente en tiempos  
de cuarentena por la pandemia  
de la Covid 19, por las conse-  
cuencias personales, familiares,  
sociales y económicas, donde  
se levanta el clamor hacia Dios  
para preguntarle el porqué del  
sufrimiento. El texto aborda la  
novela de Job en el capítulo 42,  
para encontrar cuatro sentidos  
del sufrimiento; es decir, cuatro  
para qué puede servir el sufri-  
miento y sus maneras de vivirlo  
en la actualidad.  
The book of Job has marked  
the history of literature for its  
genre of wisdom novel, anthro-  
pology for the theme of a man’s  
suffering and loss, theology for  
the judgment of retribution and  
the desire to get out of it and spi-  
rituality for the suffering of the  
innocent. All of this is done in  
times of quarantine due to the  
Covid 19 pandemic, due to the  
personal, family, social and eco-  
nomic consequences where the  
clamor is raised to God to ask  
him why the suffering. The pa-  
per addresses the novel of Job in  
chapter 42 to find four senses of  
suffering, that is, four for what  
suffering can be used for and  
their ways of living it today.  
Palabras clave  
Keywords  
Sufrimiento, duelo, Job, retribu-  
ción, esperanza, espiritualidad.  
Suffering, mourning, Job, retri-  
bution, hope, spirituality.  
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Introducción  
a situación actual de cuarentena por la pandemia del Covid 19  
Lgenera una crisis que está forjando ruina y quiebra de empre-  
sas grandes y pequeñas, zozobra generalizada en la humanidad,  
inseguridad en todos los niveles, especialmente por la pérdida  
de empleo, además de las situaciones de difícil convivencia en la  
familia y con las personas que habitan en la misma casa o cerca.  
Existen fenómenos que ya se encontraban en las empresas, en  
la familia y en la sociedad, así que la situación de cuarentena  
y amenaza de contagio han permitido aflorar esas situaciones  
críticas expresadas en categorías de sufrimiento y muerte.  
La Pontificia Academia para la vida señala que “Covid-19 es el  
nombre de una crisis global (pan-démica) con diferentes facetas  
y manifestaciones”;1 sin embargo, está uniendo a toda la hu-  
manidad en una experiencia común, pues “nadie se ha podido  
librar de ella, la pandemia nos ha hecho a todos igualmente vul-  
nerables, todos igualmente expuestos”.2  
Se presentan distintas propuestas de interpretación del sufri-  
miento y la muerte en tiempos de Covid 19, en ocasiones extre-  
mas, que oscilan entre la instrumentalización del ser humano  
y la trivialización de las situaciones, la presentación de un dios  
titiritero y sádico que envía la pandemia para castigar el pecado  
de la humanidad, el aislamiento total y la soledad para evitar la  
infección, donde “nuestras pretensiones de soledad monádica  
tienen pies de barro”.3 Hechos que se complican por la enfer-  
medad y muerte de seres queridos a los que no se les puede  
acompañar físicamente, celebraciones especiales a la distancia,  
sedentarización creciente, pérdida de ingresos económicos.  
Además, se evidencia el crecimiento de trastornos alimenticios,  
y de enfermedades físicas y psicológicas. Se vuelve necesario y  
obligatorio “encontrar sentido y valor al sufrimiento y a la muer-  
te, para que el final de su vida no se exprese en sentimientos de  
pérdida y fracaso”. 4  
1 Pontificia Academia para la vida, Humana Communitas en la era de la pandemia. En lo  
sucesivo, se citará como HC.  
2 Idem.  
3 Idem.  
4 Manuel Tenjo Cogollo, “Acompañamiento a enfermos de difícil cura a partir de Lc 23,  
39-43”, Revista Xaveriana, jul-nov, 2018.  
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En la oración y reflexión del 27 de marzo de 2020, el papa Fran-  
cisco señaló: “Desde hace algunas semanas parece que todo se  
ha oscurecido. Densas tinieblas han cubierto nuestras plazas,  
calles y ciudades; se fueron adueñando de nuestras vidas lle-  
nando todo de un silencio que ensordece y un vacío desolador  
que paraliza todo a su paso: se palpita en el aire, se siente en  
los gestos, lo dicen las miradas. Nos encontramos asustados y  
perdidos. Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sor-  
prendió una tormenta inesperada y furiosa”.5 Al comienzo de las  
cuarentenas mundiales y el aislamientos social, el papa Francis-  
co evidencia que la soledad y el vacío de las calles puede llegar  
a vivirse al interior del ser humano. Sin embargo, aunque “la  
tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al des-  
cubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que había-  
mos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas  
y prioridades”,6 sobresale la invitación a despertar y empezar  
un nuevo proceso de comprensión de la realidad, de emprender  
caminos de solidaridad y esperanza y de buscar sentido a las  
circunstancias de sufrimiento que enfrentamos.  
De allí que la Pontificia Academia para la Vida señala que “en  
el sufrimiento y la muerte de tantos, hemos aprendido la lección  
de la fragilidad”7 —manifestada en una gran e indescriptible  
miseria—, el esfuerzo por mantener las necesidades básicas  
en las familias y en las ciudades, el “rostro trágico de la muerte”8  
al contemplar la soledad, el sufrimiento y la pérdida de seres  
queridos de diversas edades, especialmente a los mayores.  
Todos los miembros de la sociedad realizan sus propuestas  
para ayudar y acompañar las circunstancias vividas, ofreciendo  
distintos tipos de respuesta: aportar mercados, dineros, apo-  
yos en salud, poner al servicio los diversos saberes, etcétera.  
Una propuesta de reflexión ante todas estas circunstancias  
y revelaciones actuales se aprecia en el libro de Job, donde la  
discusión con Dios sobre el sufrimiento del inocente, con per-  
5 Francisco, Urbi et orbi, durante el Momento extraordinario de oración en tiempos  
de epidemia.  
6 Idem.  
7 hc.  
8 Idem.  
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sonajes que transitan con sus reflexiones, consuelos y solucio-  
nes, muestran la profesión de una religión superficialmente  
sociológica que brinda una mínima seguridad, acusando direc-  
tamente a Job y su pecado como causante del sufrimiento e  
indirectamente cuidando la imagen de un Dios retributivo; todo  
ello sirve de marco para presentar unos sentidos del sufrimien-  
to y una oportunidad de crecimiento espiritual para fortalecer  
la humanidad fracturada.  
El propósito del siguiente artículo es encontrar los sentidos del  
sufrimiento en Job; por tanto, después de un recorrido general  
por la obra literaria y sus elementos fundamentales, nos de-  
tendremos en el capítulo 42, donde se pueden apreciar cuatro  
respuestas que contribuyan a orientar las maneras de superar  
las pérdidas y construir una nueva comunidad.  
Acercamiento a la novela de Job  
La novela de Job hace parte de la literatura sapiencial de Israel,  
junto con Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Sabiduría  
y Eclesiástico, sin dejar de lado la variedad de Salmos, que tratan  
de enseñar el estilo de vida de los judíos para mantenerse fieles  
a Dios y conservar una vida moral coherente con la Ley.  
La redacción evidencia varias fuentes e influencias de la litera-  
tura de las naciones cercanas a Israel. La influencia babilónica  
como el “himno de alabanza a Marduk, dios principal de Babi-  
lonia, por los beneficios recibidos. Desde que se descubrió en  
1875 se ha considerado como el ‘Job babilónico’ por las seme-  
janzas con el libro canónico”.9 El protagonista acude a Marduk  
para presentar su sufrimiento y contar sus males sin acusar a  
nadie en particular, utilizando palabras como: “Mi dios me ha  
olvidado y desaparecido, mi diosa se ha retirado de mí y per-  
manece distante, el espíritu benévolo que siempre estaba junto  
a mí se ha ido” (I, 43-45).10 Se manifiesta el dolor ante el aban-  
dono de su dios Marduk que pone en crisis la fe religiosa y los  
ritos cultuales: “Mi dios no ha venido a rescatarme, tomándo-  
9 José Vílchez Líndez, Sabios y Sabiduría en Israel, Granada, Verbo Divino, 1995. p. 9.  
10 Idem.  
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me de la mano, ni mi diosa ha tenido compasión de mí estando  
a mi lado” (ii, 112-113). Donde la voluntad de los dioses son un  
misterio para el hombre, “¿quién puede conocer la voluntad de  
los dioses del cielo? ¿Quién puede comprender los planes de los  
dioses del abismo?” (ii, 36-37).11  
Vílchez señala la influencia del poema acróstico de 27 estrofas  
de origen babilónico que muestra el sufrimiento de un hombre  
que habla con su amigo y entre ambos tratan de comprender el  
misterio de Dios y, por tanto, el de su situación de pobre, des-  
valido, abandonado ante muchas injusticias, a pesar de ser un  
hombre justo, piadoso y fiel a la religión babilónica.12 Al final del  
diálogo, el hombre que sufre “confiesa serenamente su desgra-  
cia y se encomienda piadosamente a los dioses y al rey: ‘Que  
me ayude el dios que me abandonó; que se muestre compasiva  
la diosa que [me olvidó]; que el pastor (el rey), el sol del pueblo  
[se compadezca]’ (xxvii, 295-297)”.13  
Después de un largo proceso de redacción, en los que se pue-  
den identificar tres momentos o ediciones para llegar a la no-  
vela final, se entregan 42 capítulos. Parece que la novela inicial  
correspondía a los capítulos 1, 2 y 42, 10-17; escritos alrededor  
del siglo viii a.C., como señala Gallazzi,14 donde la idea central es  
mostrar “la teología de la retribución”15 que consiste en señalar  
que el bien y el mal vienen de Dios y se administra de acuerdo  
con la fidelidad y para probar la fuerza de los creyentes. Este  
argumento seguirá vigente en las otras dos redacciones.  
La segunda composición se realizó alrededor del siglo v a.C.,  
compuesto por 29 capítulos (3-31), donde se desarrollan los diá-  
logos con los amigos de Job que se presentan como grandes  
sabios. La tercera redacción a final del mismo siglo, compues-  
to por los capítulos 32-37, muestran el discurso de Elihú y el  
diálogo con Job, mostrando la sabiduría en torno a la fidelidad  
de Dios con los hombres buenos.  
11 Idem.  
12 Idem.  
13 J. Vílchez Líndez, op. cit., p. 10.  
14 Sandro Gallazzi, El grito de Job y de su mujer, ribla 52, Quito, Escritos, p. 32.  
15 Idem.  
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La redacción final de la novela de Job tiene cinco secciones bien  
diferenciadas, señaladas por Jorge Negro de la siguiente manera:16  
• Prólogo en prosa (cap. 1-2).  
• Poema con los tres discursos entre Job y sus amigos  
Elifaz, Bildad y Sofar (cap. 3-31).  
• Poema con el diálogo entre Job y un cuarto amigo, Elihú  
(cap. 32-37).  
• Poema con el discurso de Yahweh (cap. 38-41).  
• Epílogo en prosa (cap. 42).  
Por su carácter sapiencial, el libro de Job reviste importancia  
por el sufrimiento del hombre justo y de todos aquellos que  
claman justicia, para quienes las explicaciones de la religión  
tradicional no son suficientes, todos los que sienten que el cie-  
lo enmudece y que las acciones de Dios deben ser explicadas,  
porque la paciencia, la resignación y el arrepentimiento no son  
soluciones ante el grito existencial por el sentido del sufrimiento  
y la muerte.17  
El desenlace del drama de Job se logra en el capítulo 42, donde  
Dios ha terminado de hablar y no responde a las expectativas  
del sufrido Job; sin embargo, este personaje realiza sus reflexio-  
nes finales y encuentra varios sentidos a su sufrimiento, que se  
verán complementados con las siguientes acciones de Dios a  
favor del hombre sufriente y de sus amigos. Después del apren-  
dizaje realizado, Yahweh cambia radicalmente el estilo de vida  
de Job, duplicando sus posesiones, aumentando la familia y  
permitiéndole vivir muchos años. Este hombre es nuevo. No  
vuelve a recuperar los hijos perdidos ni sus criados; sin embar-  
go, todo ha empezado de nuevo, con una nueva mentalidad y  
con una nueva experiencia de Dios que le facilita una vida de  
prosperidad en todos los aspectos, mostrando que valió la pena  
el aprendizaje y su método.18 Job salió mucho mejor de lo cuan-  
do entró a su etapa de sufrimientos y duelos.  
16 Jorge Negro, El libro de Job. Una aproximación al problema del Mal, 2012, [en línea],  
17 S. Gallazzi, op. cit., p. 33.  
18 J. Negro, op. cit., p. 4.  
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Acercamiento al sufrimiento de Job  
Jobsehaconvertidoensímbolodelsufrimientodelinocente”,19  
porque allí se puede contemplar la profundidad del ser humano.  
De ahí la validez de su mensaje en los tiempos de sufrimiento  
por la cuarentena causada por la pandemia de la Covid 19, don-  
de los infectados y muertos pueden superar a los recuperados.  
Por tanto, es necesario volver a Job para encontrar sentidos del  
sufrimiento y de las pérdidas que se están teniendo.  
Hablar de pérdidas supone que Job tenía algunos recursos  
que se perdieron. Por ejemplo, tenía un gran prestigio: “hom-  
bre cabal, recto, que temía a Dios y se apartaba del mal.” (1, 1);  
además, una familia con “siete hijos y tres hijas” (1, 2); tiene  
abundante de ganado: 7 000 ovejas, 3 000 camellos, 500 yun-  
tas de bueyes, 500 asnas” (1, 3); muchas personas a su servicio y  
fiel cumplidor de los ritos de purificación ante Dios (1, 5). Job es  
presentado como “el más grande de todos los hijos de Oriente”  
(1, 3). Es la descripción de un hombre próspero: riquezas, familia  
con muchos hijos, buena salud, prestigio ante sus vecinos y fa-  
miliares, que cuenta con el respaldo de Dios, cuando señala que  
“¡No hay nadie como él en la tierra; es un hombre cabal, recto,  
que teme a Dios y se aparta del mal!” (1, 8). Es notable que el  
“hombre se califica por lo que posee”,20 por lo externo; no obs-  
tante, depende del tipo de relación que se tenga con Yahweh.  
Es una clara muestra de la bendición retributiva sostenida por  
el temor de Dios y el buen comportamiento del hombre justo.  
Después, viene el derrumbamiento del emporio de Job; poco a  
poco pierde todo lo que tenía, estando de fondo los diálogos en-  
tre Dios y Satán (1, 6-12; 2, 1-7), donde se pone a prueba la fideli-  
dad de Job al perder todo. En 1, 13-19, se describen las primeras  
pérdidas de Job en un día, con mensajeros de malas noticias: el  
primero señala que los bueyes y los asnos fueron robados, los  
criados fueron asesinados; el segundo afirma que las ovejas y  
los pastores fueron devorados por el fuego; el tercer dice que  
19 Luis Gómez y Héctor Molano, Antropologías bíblicas en los dos testamentos, Bogotá,  
Uniminuto, 2019, p. 37.  
20 Ibidem, p. 40.  
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los caldeos bien organizados se llevaron los camellos y a sus  
cuidadores; por último, el cuarto dice que los hijos de Job murie-  
ron después que de un viento fuerte sacudió la casa donde es-  
taban, “se desplomó sobre los jóvenes”. Otras pérdidas se viven  
en el segundo día (2, 7-13): “una llaga maligna desde la planta  
de los pies hasta la coronilla de la cabeza”, que algunos autores  
han identificado con la lepra y otros con la sarna;21 después que  
Job “fue a sentarse entre la basura”, viene la crisis matrimonial,  
pues la esposa de Job ha tenido las mismas pérdidas (excepto la  
de la salud) y culpa a su esposo de lo sucedido. Por eso señala:  
“¿Todavía perseveras en tu entereza? ¡Maldice a Dios y muérete!”  
Por último, pierde el prestigio y el buen reconocimiento; ya no  
es reconocible, como se describe en 19, 13-19, donde además se  
señala una lista de cercanos que lo tratan como a un descono-  
cido. En dos días, Job perdió todo (narrado en siete pérdidas) lo  
que tenía como bendición y prosperidad: toda su vida termina  
en fracaso y ruina.  
Se ha descrito a un hombre que pasa a acumular sufrimien-  
tos físicos, emocionales, mentales, familiares y sociales, su es-  
piritualidad entra a ser enjuiciada. Es una crisis que afecta a un  
hombre y a todos los que estaban influenciados por su gran  
estilo de vida, generando una desgracia comunitaria. Por eso  
surge la pregunta: ¿cómo reacciona Job ante su nueva situación?  
La novela nos presenta unas respuestas de tipo existencial en  
busca del sentido del sufrimiento personal y familiar desde la  
mentalidad retributiva.  
• Después de las primeras cuatro pérdidas, Job reconoce  
su dolor, asume su sufrimiento y toma una actitud pe-  
nitencial (1, 20); se acerca al misterio del hombre y de  
Dios para comprender su sensación de desnudez (1, 21);  
busca mantenerse fiel a Yahweh para que Él lo retribuya  
de la misma manera (1, 22).  
• Después de la pérdida de la salud y del reproche de  
la esposa, Job no cede ante los sentimientos negativos  
y prefiere esperar que Dios responda sobre la suma de  
males que pesan sobre su vida (2, 10).  
21 Ibidem, p. 50.  
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• Ante la compañía de los amigos y su solidaridad pe-  
nitencial; el sufrimiento y el duelo de Job queda en el  
misterio, se asume con silencio, esperando alguna res-  
puesta que explique por qué un hombre fiel y justo sufre  
como si fuera pecador.  
• Las preguntas asaltan la meditación de Job, los días  
de su vida pasan frente a él desde su nacimiento (3, 1),  
reconociendo sus sentimientos de frustración, desalien-  
to y lamentación (3, 24), pensando que atrae el fracaso  
a su vida y a su familia (3, 25), dándose cuenta de que  
ya no hay paz “ni calma, ni reposo”, sino que todo se ha  
convertido en una gran confusión (3, 26).  
Resulta espinoso vivir la fidelidad a Dios y esperar de  
Él justicia, porque Job ha clamado a Dios, pero sólo  
encuentra silencio y desolación (9, 16-19).  
• Job pasa a tratarse a sí mismo con desprecio, pensando  
que así lo está mirando Dios; por eso, quiere conocer lo  
que pasa por la mente de su Juez preguntándole: “¿Acaso  
te está bien mostrarte duro, menospreciar la obra de tus  
manos, y el plan de los malvados avalar?” (10, 3).  
• Job termina rebelándose contra Yahweh y haciéndolo  
culpable de todas las desgracias en las que se encuentra  
viviendo, como se describe ampliamente en el capítulo 16.  
Al final, sólo queda esperar en Dios y dejar que Él tenga  
la última palabra, esperar a ser levantado y defendido  
por Él (19, 25-26)  
La tragedia llega sobre la vida tranquila, pacífica y próspera  
de Job; busca a Dios para que dé razón de su desgracia, pero se  
encuentra con “dos obstáculos insalvables: la incapacidad de la  
razón humana para resolver el misterio del dolor y la inadecua-  
ción del lenguaje humano para comunicarse con Yahweh”.22 El  
sufrimiento brinda la posibilidad de realizar una mirada sobre el  
sentido de la vida y de la verdadera condición del ser humano;  
por eso, Job se convierte en paradigma de sufrimiento causado  
por los diversos desprendimientos, pérdidas y muertes. Job vive  
al vaivén de las emociones, busca sentido y no encuentra por  
22 Teresa Vallès Botey y Andrea Rodríguez-Prat, “Job y el deseo de comprender el suf-  
rimiento”, Revista de Occidente, Madrid, 15.  
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qué sufre; defiende a Dios y después lo acusa. Es el enfrenta-  
miento ante la propia desnudez, se enfrenta a “su fragilidad y  
pobreza radical y una de las enseñanzas más valiosas de esta  
vivencia del mal”,23 como señala Ramos.  
Consuelo que no consuela  
A lo largo de la novela de Job, aparecen unos personajes que  
quieren confortar al protagonista del sufrimiento; sin embargo,  
sus palabras y sentimientos se alejan de dar ánimo. Veremos  
esos personajes y sus palabras de consuelo que no logran  
su propósito.  
Comienza la mujer de Job, quien también ha perdido los bie-  
nes, los siete hijos y las tres hijas, su casa donde ella era la ma-  
trona; se admira de la actitud de su esposo, porque “persevera  
en la integridad” (2, 9) y desahoga su dolor con el grito: “¡Maldice  
a Dios y muérete!” (2, 9).24 La mujer de Job se pone al lado de la  
retribución y se siente arrastrada por el fracaso de su esposo,  
a quien tiene que aguantarle su terrible enfermedad, su alien-  
to fétido (19, 17), y su actitud resignada ante Dios “entendida  
como la actividad pasiva ante las circunstancias que no se pue-  
den manejar. Es sentirse obligado a subordinarse pasivamente  
a la realidad”.25 Esta mujer quiere que Job sea activo y acabe con  
todo, que tome la iniciativa para maldecir a Dios, justificar su  
situación, morir y aplicar la doctrina de la retribución.  
Los tres amigos de Job —Elifaz de Temán, Bildad de Súaj y  
Sofar de Naamat— llegan desde lejos para condolerse y con-  
solar a su amigo caído en desgracia (2,11). Realizan actos  
penitenciales, lloran a gritos, se sientan con Job “durante siete  
días y siete noches” en absoluto silencio (2, 12-13). Una actitud  
totalmente distinta de la presentada por la mujer de Job. Sin em-  
bargo, desaparece la esperanza porque “la salvación no llegó”26  
y la reflexión llega a una conclusión que se opone a la creación:  
23 Néstor Alejandro Ramos, Job y el sentido del sufrimiento, Mar del Plata, Universidad  
fasta, 2018, p. 37.  
24 Cfr. S. Gallazzi, op. cit., p. 7.  
25 M. Tenjo Cogollo, op. cit., p. 16.  
26 Cfr. S. Gallazzi, op. cit., p. 9.  
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“¡Perezca el día en que nací, y la noche que dijo: ‘Un varón ha  
sido concebido!’” (3, 3).  
Después, hablan los amigos de Job, poniéndose del lado de  
la retribución como la manera como Dios aplica la justicia a los  
hombres. Se afirma que Dios recompensa a los buenos y castiga  
a los malos, con diversas frases y variantes, donde los amigos  
desfilan con sus palabras de consuelo que terminan dejándose  
llevar por la evidencia externa. Elifaz habla en 4, 8-9; 5, 2-7; 15,  
20-35; 22, 15-20, 29; Bildad en 8, 8-19; 18, 5-21; y Sofar en: 11, 20;  
20, 4-29.27 Buscan sentido al sufrimiento de Job, pero terminan  
luchando contra el sufrimiento y aumentando la situación de  
infelicidad y desespero.28 Job no acepta ese tipo de consuelos  
diciendo: “¡He oído muchas cosas como ésas! ¡Consoladores fu-  
nestos son todos ustedes!” (16, 2).  
Por último, aparece el consuelo del joven Elihú (32-37). No es  
presentado como amigo de Job ni dialoga con él; ha esperado  
que los tres hablen y expresen sus consuelos de viejos, para rea-  
lizar el desenlace, donde sobresale su soberbia, sus argumentos  
sin contenido y el poco conocimiento que tiene de Dios.29 Como  
dice Vílchez: “las soluciones que propone Elihú van en la línea  
del pensamiento tradicional sobre la retribución”30 con afirma-  
ciones como: “Lejos de Dios el mal, de Sadday la injusticia; que  
la obra del hombre, él se la paga, y según su conducta trata a  
cada uno” (34, 10-11). De allí que Elihú no busca consolar a Job,  
sino mostrar que Dios es sublime, excelso y está por encima de  
todos los hombres (36, 26), recriminando a Job y declarándolo  
culpable de su situación miserable: “¿Qué hombre hay como Job,  
que bebe el sarcasmo como agua, que anda en compañía de  
malhechores, y camina con malvados?” (34, 7-8).  
Ése es el consuelo que no presta el servicio adecuadamente  
porque se extiende en palabras, se aleja de la empatía; parece  
solidario, pero termina atacando a quien sufre; se enreda en los  
27 Cfr. S. Gallazzi, op. cit., p. 10.  
28 Cfr. M. Tenjo Cogollo, op. cit., p. 7.  
29 J. Negro, op. cit., p. 7.  
30 J. Vílchez Líndez, op. cit., p. 99.  
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propios razonamientos, se apoya en argumentos tradicionales  
y al final, no brinda soluciones que ayuden a caminar hacia la  
aceptación y el sentido del sufrimiento “al reconocer los límites  
de la existencia humana”.31  
Consuelo que sobrepasa la expectativa  
Job no alcanza el consuelo que espera y termina cediendo a la  
desesperación para encararse a Dios y “cambia radicalmente su  
actitud ante Yahweh, pues de ser un justo y piadoso creyente  
pasa a presentarse ante él para reclamarle por las ‘injusticias’,  
que padece”.32 Dios sale al encuentro de Job “desde la tormen-  
ta” (38, 1); no para darle explicaciones sobre sus acciones a Job,  
sino “con una serie interminable de interrogaciones”.33 Después  
de dos largos discursos, quedan claros algunos elementos de  
consuelo para el hombre sufriente.  
• Los amigos de Job hablan de un Dios que debe seguir  
las elecciones del ser humano y responder a sus expec-  
tativas.  
• Dios no se deja acusar y se pone en la silla del acu-  
sado, sino que sale al encuentro del hombre, en forma  
de teofanía “desde la tormenta” (38, 1), y confronta las  
tonterías con las que habla Job (38, 2).  
• Dios se muestra grandioso, creador, dominador de  
toda la naturaleza, que controla las fuerzas de los mares  
y el ímpetu de los desiertos, que está presente a lo largo  
de la historia (primer discurso en 38-39).34 También, Dios  
se muestra como Yahweh que muestra su poder como  
“el redentor y liberador de los oprimidos”,35 a favor de  
los que luchan contra toda forma de opresión (segundo  
discurso en 40-41), que tiene dominio sobre los mons-  
truos mitológicos que asustan y causan caos (Beemot  
y Leviatán).  
Dios se manifiesta con un consuelo que sobrepasa  
toda expectativa por su ser (redentor y liberador) y por  
31 M. Tenjo Cogollo, op. cit. p. 18.  
32 N. A. Ramos, op. cit., p. 83.  
33 J. Vílchez Líndez, op. cit., p. 100.  
34 Cfr. S. Gallazzi, op. cit., p. 20.  
35 Ibidem, p. 20.  
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Año 29, n. 2  
88  
su hacer a favor de Job al restaurar y multiplicar su rique-  
za (en 42).  
Ante el sufrimiento y las pérdidas que ha enfrentado Job, que  
conducen al desaliento, se necesita un consuelo que pueda  
“transformar en un fenómeno productor de solidaridad y sal-  
vación, cuando se le da un sentido redentor desde la dimensión  
espiritual del ser humano”.36 El apoyo que brinda Dios es firme  
y constante; brinda seguridad y está a favor de los humillados,  
conduciendo a tener una vida dinámica y constructora por for-  
taleza que brinda.  
Sentidos del sufrimiento en Job  
Ante la grandeza de Dios y sus argumentos, —tanto crea-  
dores como liberadores—, Job conoce sus límites. Aunque no  
“nos gusta toparnos con nuestros límites”,37 porque muestran  
lo pequeños que somos, como señala Dolores Aleixandre, ellos  
marcan el nuevo comienzo a partir de la reflexión que realiza  
Job y en la que afirma hablando con Dios: Yo te conocía sólo  
de oídas, mas ahora te han visto mis ojos” (Job 42, 5), que con-  
duce a un cambio de pensamiento, de conducta y una nueva  
manera de relacionarse con Yahweh: Por eso me retracto y me  
arrepiento en el polvo y la ceniza” (42, 6). Así que viene la recon-  
ciliación con Dios, porque Job pierde, y de esa manera termina  
ganando al reconocer que Yahweh tiene “el control de todos los  
acontecimientos”,38 porque sus planes y proyectos, aunque no  
sean comprensibles, siempre son perfectos. Nos unimos a Ga-  
llazi cuando señala: “con la certeza de que Yahweh no quiere un  
esclavo ciego y sumiso; con la certeza de que Yahweh no quiere  
silenciar su grito de revuelta y desesperación”.39 De manera que,  
Dios no le da a Job lo que desea, pero sí le da lo que necesita.  
En Job 42, pueden observarse varios sentidos del sufrimiento,  
que a continuación se señalan.  
36 M. Tenjo Cogollo, op. cit., p. 21.  
37 Dolores Aleixandre, “La mascarilla de Job”, Covid 19, Madrid, ma-Editores, 2020, p. 36.  
38 S. Gallazzi, op. cit., p. 48.  
39 Idem.  
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Año 29, n. 2  
89  
a) Para fortalecer el encuentro personal con Dios (Job 42, 1-6)  
En el capítulo 1 de la novela dramática, se muestra a Job como  
un religioso ritual; sin embargo, no tiene una relación personal  
con Yahweh. En medio de las pérdidas y sufrimientos tenidos,  
Job realiza el encuentro personal con Dios, quien es todopode-  
roso y que tiene control sobre sus proyectos. Esto le mostrará  
a Job que el sufrimiento es una revelación del hombre y del  
misterio de Dios, como señala Ramos.40 Se suscitan preguntas,  
se añaden angustias y se suman clamores en una constante  
búsqueda de un porqué del sufrimiento y se revela un para qué;  
surge una luz, un momento de reflexión y oración que se des-  
borda en el conocimiento del rostro verdadero de Dios que edu-  
ca, libera, salva, redime, no solamente del pasado, sino que abre  
a una nueva manera de vivir en relación estrecha con el Crea-  
dor, quien se hace cercano de quien sufre. Ese es el momento  
de la exclamación de la nueva revelación: “Yo te conocía sólo de  
oídas, mas ahora te han visto mis ojos” (v. 5).  
El sufrimiento puede tener un sentido pedagógico y espiritual:  
fortalecer el encuentro personal con Dios, tratarlo de manera  
cercana, realizar una lectura de su actividad creadora, reden-  
tora y liberadora que conduzca a buscar la comunión con Él  
desde la humildad y la mansedumbre: “Por eso me retracto y  
me arrepiento en el polvo y la ceniza” (v. 6). Conduce a some-  
terse a la sabiduría infinitamente superior de Dios y a su cono-  
cimiento, pues el hombre reconoce que ha hablado sobre cosas  
que ignora. Como señala González Faus: “El creyente en Dios  
podrá decir que se fía de Él a pesar del mal; pero nunca cree  
en Dios como explicación de los males de este mundo”.41 Aquí  
comienzan otras revelaciones de los sentidos del sufrimiento.  
b) Para cambiar y mejorar la relación con Dios (Job 42, 2-4)  
Encontramos un segundo sentido del sufrimiento, derivado  
del anterior. Consiste en mejorar la relación con Dios, pues  
cuando Job señala “Sé que eres todopoderoso: ningún pro-  
yecto te es irrealizable” (v. 2), está empezando una relación de  
reconocimiento del poder divino que mueve el universo, al  
40 N. A. Ramos, op. cit., p. 147.  
41 José Ignacio González Faus, “De Job al Coronavirus”, covid 19, Madrid, ma-Editores,  
2020, p. 36.  
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90  
mismo tiempo que se reconocen las propias limitaciones: “Era  
yo el que empañaba el Consejo con razones sin sentido. Sí, he  
hablado de grandezas que no entiendo, de maravillas que me  
superan y que ignoro” (v. 3). Esta experiencia conduce a la hu-  
mildad para poner la esperanza en Dios, que tiene el poder de  
eliminar el mal para comenzar una vida nueva de comunión con  
el Creador, quien da sentido al misterio del dolor, el sufrimiento  
y la muerte, porque Él mismo es un misterio.42 Comprender el  
misterio de Dios conduce a comprender el misterio del sufri-  
miento y la muerte.  
Crecer y mejorar cada día en la relación de comunión con Dios  
requiere desprenderse de la sabiduría propia y personal, que  
conduce a opinar sobre la divinidad con los propios criterios,  
corrientemente marcados por el egoísmo y el deseo de man-  
tener la zona de confort. De manera que el segundo sentido  
del sufrimiento conduce a fortalecer la fe en Dios, quien sale al  
encuentro del ser humano para llenarlo de bendiciones y forta-  
lecerlo en medio de los sufrimientos y las pérdidas, en lugar de  
fiarse en buscar a Dios para que satisfaga beneficios personales  
o familiares. Siguiendo este camino espiritual, se experimenta  
a Dios como Señor de la vida, acompañante en el sufrimiento,  
fortaleza en los momentos de duda, guía en el nuevo estilo de  
vida y sanador de la ceguera para mirar con esperanza el futuro  
que se construye desde hoy.  
c) Para interceder por los amigos y familiares en sentido de  
redención (Job 42, 8.10)  
Job descubre un tercer sentido de los sufrimientos y pérdidas  
tenidos en un segmento de su vida: el sentido redentor, porque  
se puede escoger la manera de vivir, la actitud ante la muerte y  
la posibilidad de trascender, de hacer productivo el sufrimien-  
to y de crecer en medio de las situaciones límite de la vida.43  
Se llega a comprender que “la experiencia de la redención con-  
siste en que un inocente ocupa el lugar del culpable. De esta  
manera, el sufrimiento puede tener un sentido redentor cuando  
el paciente y su familia unen su sufrimiento al sacrificio redentor  
42 Cfr. N. A. Ramos, op. cit., p. 154.  
43 Cfr. M. Tenjo Cogollo, op. cit., p. 18.  
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Año 29, n. 2  
91  
de Jesucristo por un motivo determinado” .44 Job recibe la indi-  
cación divina de interceder por sus amigos y “en atención a él”,  
Dios no los castigará “por no haber hablado con verdad de  
mí, como mi siervo Job” (v. 8). Lo mismo se ve reflejado en el  
v. 10, donde Dios restaura a Job y a sus amigos, pues “él interce-  
día en favor de sus amigos”.  
El sufrimiento de Job puede tener ese carácter intercesor y de  
solidaridad que conduce a la redención, dando sentido a la vida  
en “situaciones asimétricas”,45 al convertirlas en fuente de vida,  
en bendición y testimonio de fortaleza para otras personas, lo  
que genera una alteridad de tal magnitud que el sufrimiento se  
convierte en motivo de realización para quien sufre y para su  
familia, y fortalece el “sentido de la vida desde la entrega: por-  
que el ser humano, en su fragilidad y debilidad, encuentra su  
fortaleza en la donación de su vida y en la búsqueda del mayor  
bienestar de sus familiares y amigos o de instituciones”.46  
d) Para aumentar las bendiciones de bienestar (Job 42, 11-17)  
Se manifiesta un cuarto sentido del sufrimiento y de las pérdi-  
das vividas por Job y unidas a las tres anteriores: la disposición  
para recibir y valorar las nuevas bendiciones dadas por Dios,  
como señala el v. 12: Yahweh bendijo la nueva situación de Job  
más aún que la antigua”, poniendo ejemplos en los ganados, en  
los hijos e hijas y en la buena salud que lo condujo a vivir 140  
años, viendo “a sus hijos y a los hijos de sus hijos, cuatro gene-  
raciones” (v. 16), y concluyendo que “Job murió anciano y colma-  
do de días” (v. 17). Job empieza a valorar lo fundamental de la  
vida al ser consolado por los hermanos, por las hermanas y por  
su pueblo. Ellos van hasta su casa, comen con él y cada uno le  
ofrece una moneda de plata y un anillo de oro (v. 11). Allí  
comienza “la fantástica fortuna que Job va a reconstruir, co-  
mienza con una monedita, como un anillo, fruto de la solida-  
ridad consoladora de todos los que concurren a consolar a Job  
de todo mal enviado por Yahweh”.47  
44 Idem.  
45 Javier Barbero Gutiérrez, Sufrimiento y responsabilidad moral, Madrid, Instituto  
Madrileño de Salud, 2003, p. 163.  
46 Cfr. M. Tenjo Cogollo, op. cit., p. 19.  
47 S. Gallazzi, op. cit., p. 49.  
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92  
Cuando todas las riquezas adquiridas por su propio esfuerzo  
se pierden, hay una constatación asombrosa: la causa del su-  
frimiento son los apegos, generando el drama en la vida como  
la de Job a lo largo de 41 capítulos. El cambio de vida se realiza  
cuando se comprende que es mucho mejor construir la riqueza  
como bendición divina, pues exige responsabilidad y se proyec-  
ta en solidaridad. En ese sentido, la prosperidad como bendi-  
ción divina, al asumir los sentidos redentores del sufrimiento,  
no genera apegos ni idolatría a las riquezas, sino disposición  
al servicio y el agradecimiento para contribuir al crecimiento  
familiar y social.  
Conclusiones  
Descifrar el enigma del propio sufrimiento genera el conoci-  
miento del misterio de Dios y de la solidaridad que origina una  
nueva manera de construir comunidad y sociedad. En el libro  
de Job, solamente al final, en el capítulo 42, se puede llegar a  
esta conclusión, pues durante 41 capítulos se evidencian diver-  
sas maneras de enfrentar el sufrimiento: primero, luchando  
contra el sufrimiento, atacando y aislándose de manera egoísta  
enrollándose en su dolor, que al final no brinda respuestas  
satisfactorias sobre la causa y el sentido de las congojas  
humanas; segundo, utilizando elementos de autocrítica y con  
cierta esperanza de que tiene algún sentido y no una simple  
maldición retributiva, esperando que Dios responda a las ex-  
pectativas humanas.  
No se rompe la doctrina de la retribución; sin embargo, se  
ofrecen cuatro sentidos de los sufrimientos y las pérdidas teni-  
dos en un segmento de la vida de Job, en función de mantener la  
soberanía de Dios, quien conoce el misterio del hombre y de su  
sufrimiento, para que pueda llegar a una conclusión sapiencial:  
quien encuentra sentido a la muerte puede encontrar sentido  
a la vida, lo que conduce a asumir la existencia de manera di-  
námica y creativa, lo cual da origen a una nueva manera de ver  
la riqueza que comienza con la cercanía de los amigos y la fami-  
lia que ofrecen algo sencillo como “un anillo de oro” (42, 11).  
La Cuestón Social  
Año 29, n. 2  
93  
El camino de la fe en Dios no excluye las crisis existenciales  
y, por tanto, las de identidad personal y comunitaria. La fe que  
espera recompensas de Dios se convierte en una que avanza  
hacia dejarse sorprender por Dios, especialmente en la fecun-  
didad del sufrimiento. Todo esto tiene aplicación en las circuns-  
tancias de los momentos cruciales en que se vive en medio de la  
cuarentena por la pandemia de Covid 19. Ante el exceso de infor-  
mación tan diversificada y polarizada, nos encontramos como  
Job al escuchar a sus amigos. Sin embargo, la propuesta de  
tomar el camino más sencillo, que consiste en buscar a Dios y  
tener un encuentro personal con nuestro Defensor, parece poco  
lógica y recomendable. Parece que muchas personas prefieren  
seguir el consejo de los amigos de Job que deforman la ima-  
gen de Dios, dañan la información y todo termina siendo culpa y  
castigo que genera relaciones de víctima y victimario.  
La experiencia del sufrimiento conduce a que la creatura se  
encuentre con el Creador en una intimidad más allá del tiempo  
y se fortalezca la relación de comunión con Dios para participar  
de su misterio. De manera que el crecimiento en la experiencia  
de Dios conduce a buscar respuestas sobre el hombre mismo,  
su naturaleza y su destino final, lo que nos conduce a entrar  
en los campos de la antropología teológica y, por tanto, de  
la escatología.  
Repito algo que me queda muy claro: ante los sufrimientos y  
los duelos que afrontamos en la vida es necesario dejarse sor-  
prender por Dios. Ya que normalmente no elegimos nacer o mo-  
rir, podemos elegir la manera de vivir y el descubrimiento del  
sentido de la vida, como lo propone la literatura sapiencial.  
La Cuestón Social  
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La Cuestón Social  
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95  
Sobre el autor:  
Profesional en Teología, Pontifi-  
cia Universidad Javeriana (1994).  
Magíster en Teología, Pontificia  
Universidad Javeriana (2010). Ma-  
gíster en Bioética, Universidad  
Libre Internacional de las Amé-  
ricas (2015). Coordinador Aca-  
démico del Centro Fuego Nuevo  
de UNIMINUTO. Participa en el  
grupo de investigación Palabra,  
Pueblo y Vida de UNIMINUTO.  
Cel. 3124817374. Línea temática:  
Lectura contextual de la Biblia.  
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