a sí mismos al entramado de la dominación. En este sistema
de sometimiento, el sujeto no es consciente de su auto someti-
miento y esto lleva a replantear el ejercicio del poder desde la
esfera política y del rol de los estamentos y las políticas públicas,
es decir las masas de personas, no se gobiernan por dictámenes
o leyes promulgadas, que obligan a cumplirlas, sino por algorit-
mos que satisfacen sus intereses más personales y subjetivos.
4.3 La sociedad de la transparencia y vigilancia
Las nuevas tecnologías y la nueva cultura emergente van ins-
talando su propia jerarquía de valores y principios, que respon-
den por un lado a las oportunidades que la misma tecnología
proporciona, y por otra parte a la necesidad de establecer un
marco normativo. Es así como el principio de la transparencia,
tan promulgado en los países del norte, en la década de los 80,
en el contexto de la ética empresarial y la esfera política, aho-
ra adquiere otra connotación, en donde el Big Data que utiliza
tal cantidad de datos, e información tanto personales, como
corporativas, posibilita una vigilancia global de todas las insti-
tuciones, grupos e individuos y los transparenta ante aquellos
que quieren observar, controlar, y evaluar su comportamien-
to. Empresas, grupos de control y los estados y sus servicios
de vigilancias oficiales hacen uso de estos datos, para hacer
seguimiento a personas o grupos específicos, se pueden des-
de ya identificar personas potencialmente peligrosas para un
determinado grupo social, religioso o ideología. Las campañas
políticas pueden ser observadas en relación con sus costos
económicos, políticos, incluso éticos, tanto de sus equipos como
de los candidatos mismos. Las mismas empresas que, teniendo
más reserva de sus datos, no pueden funcionar sin confiar en
sistemas computacionales y de redes.
Lo mismo ha ocurrido en el ámbito religioso, donde a partir
de los escándalos en materias sexuales (Iglesia Católica espe-
cialmente), se han intensificado las vigilancias de las cuentas de
redes sociales, y se vigilan por medio de los geolocalizadores
(relojes, tablets, celulares, etc.) a los potenciales abusadores. Así
también con el flujo de dineros de las cuentas bancarias de los
organismos eclesiásticos y de cualquier otro grupo de interés.
La Cuestón Social
Año 29, n. 2
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