La Cuestón Social  
Año 29, n. 2  
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La sencillez de la idea y la  
complejidad de la práctca:  
Un estudio sobre el salario digno, de Rerum Novarum  
hacia un futuro post COVID  
Eduardo Urdiales Méndez  
México  
Resumen  
Abstract  
El salario digno es una de las  
“cosas nuevas” presentes en la  
encíclica Rerum Novarum. El pre-  
sente artículo explora los princi-  
pios y componentes del salario  
digno a la luz del magisterio so-  
cial de la Iglesia, la importancia  
del pensamiento personalista  
con relación al trabajo y la com-  
plejidad que representa atender  
la exigencia práctica en el mun-  
do contemporáneo. Posterior-  
mente, se explora la exhortación  
del Papa Francisco a combatir la  
cultura del descarte y a la cons-  
trucción de una nueva economía  
inclusiva fundada en la fraterni-  
dad que promueva el trabajo, el  
salario y la vida digna.  
The living wage is one of the  
“new things” present in the en-  
cyclical Rerum Novarum. This  
contribution explores the prin-  
ciples and components of the li-  
ving wage in the light of the social  
magisterium of the Church, the  
importance  
of  
personalistic  
thinking in relation to work, and  
the complexity of meeting the  
practical demands of the con-  
temporary world. Subsequently,  
it explores the exhortation of  
Pope Francis to combat the cul-  
ture of discarding and to build  
a new inclusive economy foun-  
ded on fraternity that promotes  
work, wages and a dignified life.  
Palabras clave:  
Keywords:  
Salario digno; Trabajo, Rerum  
Novarum, Doctrina Social de la  
Iglesia  
Living Wage; Work, Rerum No-  
varum, Church Social Doctrine  
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Introducción  
usticia y equidad: dos principios sobre los cuales descansa el  
Jideal de un salario digno. ¿Qué monto corresponde como su-  
ficiente para satisfacer las necesidades de la persona humana?  
¿Cómo tasar el trabajo del panadero, del campesino, del inge-  
niero o del médico? Dignificar el trabajo se escucha imperativo  
y sencillo, lograr el ideal es complejo, y la realidad del entorno  
acrecienta lo que el papa Pio XI denominó “la cuestión social”1.  
El papa León XIII en su encíclica Rerum Novarum promulgaba  
que “entre los primordiales deberes de los patronos se destaca  
el de dar a cada uno lo que sea justo”2 y sin embargo reconoce  
que “el asunto es difícil de tratar y no exento de peligros”3. Es  
difícil, examina, realmente “determinar los derechos y deberes  
dentro de los cuales hayan de mantenerse los ricos y los prole-  
tarios, los que aportan el capital y los que ponen el trabajo”4.  
El presente artículo explora inicialmente los principios y com-  
ponentes del salario digno a la luz del magisterio social de  
la Iglesia, la importancia del pensamiento personalista con rela-  
ción a la dupla trabajo/salario y la complejidad que representa  
atender la exigencia práctica de establecer un salario digno en  
el mundo contemporáneo.  
Para esta reflexión se estudia la Doctrina Social de la Iglesia  
(DSI) a partir de las encíclicas sociales y exhortaciones apos-  
tólicas que, desde la Rerum Novarum a la Laudato Si, abordan  
en forma particular el tema del trabajo y del salario. En ellas  
se identifica, en primer término, los conceptos que han dado  
continuidad a la visión personalista del ser humano dentro de  
la Iglesia con relación al trabajo y al salario. En segundo térmi-  
no, se destaca, de los textos mencionados y de otros escritos y  
declaraciones pontificias, la importancia de combatir una “cul-  
tura del descarte” a partir de mecanismos y procesos específi-  
camente orientados a una mejor distribución de los ingresos,  
1 Pio XI, Quadragesimo anno, n.2. En lo sucesivo se citará, QA, seguido del número.  
2 León XIII, Rerum novarum, n.15. En lo sucesivo se citará, RN, seguido del número.  
3 Idem.  
4 Idem.  
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la creación de fuentes de empleo y una promoción integral de  
los más necesitados, entre ellos, propuestas como el Ingreso  
Básico Universal. De esta forma, hacia el final de este artículo,  
se vincula la relación trabajo/salario digno con la necesidad de  
inclusión social digna.  
Si bien, en la literatura existe un vasto cuerpo de investiga-  
ción que ha discutido los conceptos de trabajo y el salario en  
el magisterio de la Iglesia, destaca, dentro de este artículo, la  
particularidad con la que Waterman señala los orígenes teóricos  
que la han ido conformando desde la Rerum Novarum. Por otra  
parte, también resalta el estudio de Fellows sobre el principio  
del salario justo. Otros estudios relevantes como los de Bio Gai-  
dolfi, que dan luces sobre la continuidad del tema laboral en el  
magisterio social de la Iglesia han sido consultados y, Clark y Za-  
lewski han permitido clarificar el pensamiento económico bajo  
esa misma óptica. Por otra parte, el trabajo de Rourke junto con  
el de Duncan, han facilitado en el presente artículo, la discusión  
sobre el pensamiento económico del papa Francisco. El concep-  
to del ingreso básico universal ha sido abordado desde la óptica  
que proporcionan los estudios de De Wispelaere, como Torry,  
van Parijs, Vanderborght y Standing.  
Libertad, trabajo y cuestión social.  
Cuando el cardenal Pecci se convirtió en papa León XIII, en  
1878, trajo con él más de treinta años de experiencia en la lu-  
cha contra el liberalismo. León XIII pidió por primera vez justicia  
económica en nombre de los trabajadores en 1891, con su  
encíclica Rerum Novarum. Previamente, con sus encíclicas Aeter-  
ni Patris (1879) y Libertas Praestantissimum (1888), había cuida-  
dosamente construido las claves, en las enseñanzas de Santo  
Tomás sobre el verdadero significado de la libertad, para una  
comprensión correcta de Rerum Novarum y todo el posterior  
“catolicismo social”5. Libertad y trabajo se asocian para enten-  
der la cuestión social.  
5 Waterman, «Rerum Novarum and Economic Thought.» Faith & Economics, 2016: 29-56.  
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Rerum novarum fue un documento que logró desafiar a casi  
todo el mundo. Los socialistas estaban descontentos con la  
defensa papal del derecho a la propiedad privada, mientras que  
los capitalistas estaban descontentos con la enseñanza de que  
los salarios deben ser suficientes para satisfacer las necesida-  
des de los trabajadores6.  
El trabajo humano, diría más tarde Juan Pablo II, es “una cla-  
ve, quizá la clave esencial, de toda la cuestión social, si trata-  
mos de verla verdaderamente desde el punto de vista del bien  
del hombre. Y si la solución, o mejor, la solución gradual de la  
cuestión social, que se presenta de nuevo constantemente y  
se hace cada vez más compleja, debe buscarse en la dirección  
de «hacer la vida humana más humana», entonces la clave, que  
es el trabajo humano, adquiere una importancia fundamental y  
decisiva”7. Afirmaba con razón que, considerando la evolución  
de la cuestión de la justicia social, las enseñanzas de la Iglesia se  
concentran sobre todo en torno a la justa solución de la llamada  
cuestión en dimensiones mundiales.  
Actualmente nadie duda de la dimensión del problema. El  
papa Francisco advierte en su exhortación apóstólica Evangelii  
Gaudium, que el crecimiento de la justicia requiere más que cre-  
cimiento económico, “pero la economía ya no puede recurrir a  
remedios que son un nuevo veneno, como intentar aumentar  
los beneficios reduciendo la fuerza de trabajo y aumentando así  
las filas de los excluidos”8. La continuidad del pensamiento del  
magisterio de la Iglesia se mantiene al paso del tiempo.  
Trabajo y salario  
Las enseñanzas de la Iglesia han expresado siempre la convic-  
ción firme y profunda de que el trabajo humano no mira única-  
mente a la economía, sino que implica, además y, sobre todo, a  
los valores personales9. Juan Pablo II define claramente el prin-  
6 Fellows, William. The Development of the Principle of the Just Wage In Official Catholic  
Social Teaching. ProQuest Information and Learning Company, 2003  
7 Juan Pablo II, Laborem Exercens, n. 3. En lo sucesivo se citará, LE, seguido del número.  
8 Francisco, Evangelii Gaudium, n. 204.  
9 Fellows, William. The Development of the Principle of the Just Wage In Official Catholic  
Social Teaching. ProQuest Information and Learning Company, 2003  
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cipio de la prioridad del «trabajo» frente al «capital», que en su  
momento se expresó en Rerum Novarum.  
Estos conceptos familiarizados con la economía política clásica  
y marxista aparecen en el texto como aparentemente sinónimo  
de “ricos” y “pobres” o “proletarios”. Leemos que “ni el capital  
puede subsistir sin el trabajo, ni el trabajo sin el capital”10, lo  
cual los economistas clásicos entendieron bien. Para ellos “ca-  
pital” significaba los salarios adelantados que los trabajadores  
necesitan para mantenerlos vivos hasta el final del período de  
producción, junto con las herramientas y equipos sin los cuales  
no pueden trabajar. Cuando el período de producción no es cero  
(que es prácticamente siempre) ninguno de estos “factores de  
producción” puede producir cualquier cosa por sí mismo; y por  
lo general necesitan un tercer factor, “tierra”. Al respecto, cabe  
añadir que no existe ninguna razón por la que ambos factores (o  
los tres) deben no ser proporcionado por una sola persona: por  
ejemplo, el campesino-agricultor que es propietario de la tierra  
(por lo mismo, el magisterio social también abordará el tema de  
la propiedad privada íntimamente asociado a la cuestión social).  
Finalmente, León XIII enfatiza que “toda la doctrina de la religión  
cristiana, de la cual es intérprete y custodio la Iglesia, puede  
grandemente arreglar entre sí y unir a los ricos con los proleta-  
rios, es decir, llamando a ambas clases al cumplimiento de sus  
deberes respectivos y, ante todo, a los deberes de justicia”11.  
Entre los deberes de justicia respectivos entre empresarios y  
trabajadores, el principal es el salario. La sección de Rerum No-  
varum que se ocupa de los salarios refleja la influencia de las  
ideas del cardenal Manning, arzobispo de Westminster del siglo  
XIX, quien, en un discurso por los derechos de propiedad de los  
trabajadores, en Leeds enunció el famoso principio de “Salario  
Familiar”, por lo que es razonable suponer que el propio carde-  
nal Manning tuvo cierta influencia en la conformación de ese  
documento12. Manning también fue un activista en la primera  
10 RN, n.14.  
11 RN, n.15.  
12 McDougall, D,J, Cardinal Manning and the Social Problem, A public lecture given at  
Loyola College, Montreal, September 12, 1957, p. 55.  
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campaña de salario digno de Londres. Fue su intervención la  
que puso fin a la huelga de dockers de 1889 y les ganó un cen-  
tavo extra por hora para llevar la tarifa de pago por hora a seis  
peniques, el llamado “Tanner de Docker”. Pero Rerum novarum  
impulsó a la acción a otros personajes en su momento.  
El sacerdote y economista John A. Ryan presentó un argumen-  
to moral para un salario digno y citó con frecuencia la encíclica  
Rerum novarum para dar el apoyo de la enseñanza social cató-  
lica tradicional a la reforma social y laboral. Abogando por el  
“sano individualismo”, Ryan fue el primer norteamericano en  
argumentar convincentemente que los empleadores estaban  
obligados en estricta justicia a pagar a los empleados al menos  
un salario digno, y su influencia ética ganó un amplio atractivo  
debido a su enfoque conservador, pero adecuado, de la justicia  
distributiva. Su influyente libro de 1906, A Living Wage: Its Ethi-  
cal and Economic Aspects, reunió la enseñanza social católica con  
los ideales republicanos estadounidenses para argumentar que  
todo el mundo tiene un derecho “indestructible” dado por Dios  
a un “sustento digno”13. El cardenal Ryan, que murió en 1945,  
no sólo escribió sobre la necesidad de un salario mínimo - cuan-  
do no existía - también redactó la legislación para la ley de  
salario mínimo de Minnesota y sirvió en varios comités de la  
Casa Blanca sobre legislación laboral y de seguridad social.  
Desde Rerum novarum, el magisterio eclesial se ha referido a  
una serie de aspectos de la realidad laboral de cada tiempo: el  
salario digno se concreta en un salario justo, con perspectiva  
familiar14. El problema-clave de la ética social, señala Juan Pablo  
II, es el de la justa remuneración por el trabajo realizado. La DSI  
enseña que “no existe en el contexto actual otro modo mejor  
para cumplir la justicia en las relaciones trabajador-empresario  
que el constituido precisamente por la remuneración del traba-  
jo15. Y profundiza, el salario justo se convierte en todo caso “en  
la verificación concreta de la justicia de todo el sistema socioeco-  
nómico y, de todos modos, de su justo funcionamiento”16.  
13 Cfr. Ryan, John A., A Living Wage: Its Ethical and Economic Aspects, pp. 26-28  
14 Cfr. Fellows, William. The Development of the Principle of the Just Wage In Official  
Catholic Social Teaching. ProQuest Information and Learning Company, 2003.  
15 LE, n.19.  
16 Idem.  
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Por su parte, el Papa León XIII, dice: “Pase, pues, que obrero  
y patrono estén libremente de acuerdo sobre lo mismo, y con-  
cretamente sobre la cuantía del salario; queda, sin embargo,  
latente siempre algo de justicia natural superior y anterior a  
la libre voluntad de las partes contratantes, a saber: que el  
salario no debe ser en manera alguna insuficiente para ali-  
mentar a un obrero frugal y morigerado ..., [pues] trabajar es  
ocuparse en hacer algo con el objeto de adquirir las cosas  
necesarias para los usos diversos de la vida y, sobre todo, para  
la propia conservación”17.  
Desde León XIII, se aporta la idea central de que para que el  
salario sea justo, debe ser suficiente para mantener las nece-  
sidades y conservación del trabajador y su familia. Una justa  
remuneración por el trabajo de la persona adulta que tiene  
responsabilidades de familia es la que “sea suficiente para fun-  
dar y mantener dignamente una familia y asegurar su futuro.  
Tal remuneración puede hacerse bien sea mediante el llamado  
salario familiar18. Juan XXIII, en su encíclica Mater et Magistra, y  
refiriéndose a León XIII, apuntaba que el salario no puede verse  
como una simple mercancía19, y los trabajadores han de cobrar  
“un salario cuyo aporte les permita mantener un nivel de vida  
verdaderamente humano y hacer frente con dignidad a sus obli-  
gaciones familiares”, pero que también debe tomarse en cuenta  
la situación financiera de la empresa para la que trabaja20.  
Justicia y equidad del salario.  
Se aborda entonces la cuestión del salario que debe ser justo,  
pero al mismo tiempo equitativo. Pío XI, señala que “para fijar la  
cuantía del salario deben tenerse en cuenta también las condi-  
ciones de la empresa y del empresario, pues sería injusto exigir  
unos salarios tan elevados que, sin la ruina propia y la consi-  
guiente de todos los obreros, la empresa no podría soportar”21.  
Y de manera semejante Juan XXIII establece que la retribución  
17 RN, n.32.  
18 LE, n.19.  
19 Juan XXIII, Mater et Magistra, n.16. En lo sucesivo se citará, MM, seguido del número.  
20 Ibidem, n. 71  
21 QA, n.72.  
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al asalariado no se puede determinar por la mera práctica del  
libre mercado, “sino que han de fijarla las leyes de la justicia y de  
la equidad; en caso contrario, la justicia quedaría lesionada por  
completo en los contratos de trabajo, aun cuando estos se hu-  
bieren estipulado libremente por ambas partes”22. Así tampo-  
co es lícito, advierte Juan XXIII, que su fijación quede al arbitrio  
de los poderosos, “sino que en esta materia deben guardarse a  
toda costa las normas de la justicia y de la equidad”23.  
Ya la DSI señala entonces que, si bien por un lado el principio  
de justicia debe estar presente en la determinación del salario,  
el principio de equidad debe estar igualmente presente aten-  
diendo a las condiciones de las empresas. La realidad actual es  
ejemplo patente de cómo debe funcionar la equidad. La pande-  
mia del COVID 19 ha impulsado a innumerables empresas en el  
mundo a reducir salarios o jornadas laborales de forma que se  
privilegie la subsistencia de la empresa y con ello la fuente de  
trabajo e ingreso para los asalariados, sus familias e incluso la  
supervivencia de los empresarios con sus familias.  
Lo que si atenta contra la equidad es como señala cuando se-  
ñala que “no debe, sin embargo, reputarse como causa justa  
para disminuir a los obreros el salario, el escaso rédito de la  
empresa cuando esto sea debido a la incapacidad o abando-  
no o a la despreocupación por el progreso técnico y económi-  
co. Y cuando los ingresos no son lo suficientemente elevados  
para poder atender a la equitativa remuneración de los obreros,  
porque las empresas se ven gravadas por cargas injustas o  
forzadas a vender los productos del trabajo a un precio no  
remunerador, quienes de tal modo las agobian son reos de  
un grave delito ya que privan de su justo salario a los obreros,  
que, obligados a la necesidad, se ven compelidos a aceptar otro  
menor que el justo”24. La DSI nos enseña que cuando el hombre  
trabaja, sirviéndose del conjunto de los medios de producción,  
desea a la vez que los frutos de este trabajo estén a su servicio  
y al de los demás y que en el proceso mismo del trabajo tenga la  
22 MM, n. 16.  
23 Idem.  
24 QA, n.72.  
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39  
posibilidad de aparecer como corresponsable y coartífice en el  
puesto de trabajo, al cual está dedicado.  
A partir de esta lógica, el magisterio social de la iglesia señala  
que nacen también algunos derechos específicos de los trabaja-  
dores, que corresponden a la obligación del trabajo además del  
salario. Es donde entran en juego algunas otras prestaciones so-  
ciales que tienen por finalidad la de asegurar la vida y la salud de  
los trabajadores y de su familia, así como el derecho al descanso,  
el derecho a la pensión, al seguro de vejez y en su caso al seguro  
de accidentes relacionados con la prestación laboral.  
Adicionalmente, el salario digno integraría otras “medidas  
sociales”, como subsidios familiares o ayudas a la madre que se  
dedica exclusivamente a la familia, ayudas que deben corres-  
ponder a las necesidades efectivas, es decir, al número de per-  
sonas a su cargo durante todo el tiempo en que no estén en  
condiciones de asumirse dignamente la responsabilidad de la  
propia vida.  
Cabe señalar que cuando se escribió Rerum Novarum, las  
verdaderas prestaciones sociales proporcionadas por el go-  
bierno estaban a décadas de distancia; incluso en el estado de  
bienestar temprano de Bismarck en Alemania, los planes de  
seguro social eran obligatorios por el gobierno, pero pagados  
por los empleadores. Por lo tanto, la intención de León XIII no  
es excluir otras fuentes de subsistencia porque la obligación  
de proporcionar el salario digno pertenece al empleador, sino  
insistir en que el empleador tiene esta obligación porque no hay  
otra fuente para proporcionarla.  
Posteriormente también lo ha explicado la Iglesia en la  
Constitución Pastoral Gaudium et Spes cuando nos indica que “la  
remuneración del trabajador debe ser suficiente para permitir  
al hombre y a su familia una vida digna en el orden material,  
social, cultural y espiritual, teniendo en cuenta el cargo y la pro-  
ductividad de cada uno, la capacidad del establecimiento y el  
bien común”25.  
25 Constitución pastoral Gaudium et Spes, pp. 210-211.  
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Año 29, n. 2  
40  
Resulta por demás significativo que, aunque León XIII propone  
que el Estado pueda intervenir para garantizar un salario ade-  
cuado para los trabajadores, sugiere que la solución superior es  
que el salario sea negociado por un sindicato u otra forma de  
organismo asociativo. Pío XI en Quadragesimo Anno presenta la  
propuesta de la “reconstrucción del orden social”, y una piedra  
angular de su orden social propuesto es la creación de “corpo-  
raciones”, es decir, asociaciones compuestas por sindicatos in-  
dependientes de trabajadores y empleadores que representan  
cada campo de la industria. En su visión, son estos organismos  
los que fijarían los salarios de los trabajadores.  
La posición de la Iglesia católica se fundamenta pues en la idea  
de un salario justo, determinado a partir de un límite mínimo,  
que puede considerarse como el salario vital familiar, el cual  
contempla las necesidades más elementales del trabajador y su  
familia, pero reconociendo, a la vez, un límite máximo o tope,  
fijado por la situación y las posibilidades económicas de la em-  
presa. Esos dos límites, el mínimo y el máximo, estarán determi-  
nados por el aporte de cada uno de los trabajadores al proceso  
de producción y por las exigencias del mercado mismo.  
Las condiciones que han impulsado la evolución del mundo  
del trabajo no han propiciado que una visión como la del papa  
Pío XI se pudiera verificar, sin embargo, condiciones actuales  
distintas para el establecimiento de un salario justo, con la  
cooperación sindical y la tutela de los gobiernos, han dado  
paso a acuerdos comunitarios y más participativos. En años  
recientes, el papa Benedicto XVI pide una renovada escritura  
de “economía civil”, ya que “el modelo exclusivamente binario  
de mercado más Estado es corrosivo para la sociedad”, mien-  
tras que las formas económicas basadas en la solidaridad, que  
encuentran su hogar natural en la sociedad civil sin limitarse  
a ella, construyen la sociedad26.  
Rerum Novarum plantea también nuevas ideas en su tiempo  
al tema del salario: “Si el obrero percibe un salario lo suficiente-  
26 Cfr. Benedicto XVI, Caritas in Veritate. En lo sucesivo se citará, CV, seguido del nú-  
mero.  
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41  
mente amplio para sustentarse a sí mismo, a su mujer y a sus  
hijos, dado que sea prudente, se inclinará fácilmente al ahorro  
y hará lo que parece aconsejar la misma naturaleza: reducir  
gastos, al objeto de que quede algo con que ir constituyendo  
un pequeño patrimonio. Pues ya vimos que la cuestión que tra-  
tamos no puede tener una solución eficaz si no es dando por  
sentado y aceptado que el derecho de propiedad debe conside-  
rarse inviolable. Por ello, las leyes deben favorecer este derecho  
y proveer, en la medida de lo posible, a que la mayor parte de  
la masa obrera tenga algo en propiedad. Con ello se obtendrían  
notables ventajas, y, en primer lugar, sin duda alguna, una más  
equitativa distribución de las riquezas”27. Se observa pues que  
la búsqueda de la propiedad va emparentada con la retribución  
del trabajo.  
En una óptica similar Juan Pablo II enseña que sobre la firme  
convicción de la Iglesia de que el trabajo humano no debe mirar  
únicamente a la economía, sino que implica además y, sobre  
todo, los valores personales. Es por ello, que, insiste, en la nece-  
sidad de hacer todo lo posible para que el hombre, incluso den-  
tro de este sistema, pueda conservar la conciencia de trabajar  
en “algo propio”. “En caso contrario, en todo el proceso econó-  
mico surgen necesariamente daños incalculables; daños no sólo  
económicos, sino ante todo daños para el hombre”28.  
Llegados a este punto, estamos en posibilidad de anticipar  
que la DSI resume los criterios reguladores del salario digno en  
los siguientes: 1) La satisfacción de las necesidades vitales y de  
la dignidad del trabajador y su familia, 2) La productividad del  
trabajador mismo, 3) La situación de la empresa, y 4) Las exigen-  
cias del bien común. En función del cumplimiento o no de estos  
criterios es que se pueden desencadenar deudas sociales que  
a su vez pueden ser difíciles de saldar.  
27 RN, n.33.  
28 LE, n.18.  
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42  
Dignificar el trabajo  
Con la aparición de la encíclica Rerum Novarum, el tema del  
hombre en sociedad saltó a los reflectores. Resolver las cues-  
tiones asociadas al desarrollo humano se volvió cada vez más  
apremiante, y con ello la reflexión y preocupación sobre la per-  
sona humana permitió una explosión creativa para enfrentar  
los desafíos para la humanidad contemporánea. Se retomó la  
visión de que “el hombre es la fuente, el enfoque y el objetivo  
de toda vida económica y social”29. A partir de esta reflexión se  
deduce que la esfera económica “no es éticamente neutral, ni  
inherentemente inhumana ni opuesta a la sociedad. Es parte  
integral de la actividad humana y precisamente porque es hu-  
mana, debe estructurarse y gobernarse de manera ética”30.  
Una de las formas de dignificar el trabajo, es el salario digno,  
pero la parte económica no es lo único. El hombre que trabaja  
nos enseña Juan Pablo II en su encíclica Laborem exercens, de-  
sea “no sólo la debida remuneración por su trabajo, sino tam-  
bién que sea tomada en consideración, en el proceso mismo de  
producción, la posibilidad de que él, a la vez que trabaja incluso  
en una propiedad común, sea consciente de que está trabajando  
en algo propio” 31. El trabajo se convierte en el escenario para el  
crecimiento personal, donde muchos aspectos de la vida entran  
en juego: creatividad, planificación para el futuro, desarrollo de  
nuestros talentos, vivencia de valores, relacionarnos con los  
demás, y con ello dar gloria a Dios.  
Efectivamente, como señala el papa Francisco, “fuimos crea-  
dos con vocación de trabajo”32, por lo mismo, muchos de los es-  
fuerzos de la humanidad deben encaminarse a la erradicación  
de la pobreza económica. Sin trabajo no hay salario y no hay  
subsistencia ni desarrollo pleno de la persona humana. El traba-  
jo, señala Francisco, es “una necesidad, parte del significado de  
la vida en esta tierra, un camino hacia el crecimiento, el desarro-  
29 CV, n. 25  
30 CV. n.36.  
31 LE, n.18.  
32 Laudato si, n.127. En lo sucesivo se citará, LS, seguido del número.  
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43  
llo humano y la realización personal”33. La creación de fuentes  
de empleo y la protección de las empresas que permiten mante-  
nerlas es un proceso que contribuye a disminuir la pobreza y la  
desigualdad, bien define Benedicto XVI que la pobreza “es el re-  
sultado de una violación de la dignidad del trabajo humano, ya  
sea porque las oportunidades de trabajo son limitadas (a través  
del desempleo o el subempleo), o “porque se pone un bajo valor  
en el trabajo y los derechos que fluyen de él, especialmente el  
derecho a un salario justo y a la seguridad personal del trabaja-  
dor y su familia”34.  
De ello se deduce que, en la realidad de la sociedad mundial ac-  
tual, es esencial que “sigamos priorizando el objetivo de acceso  
a un empleo estable para todos”35, independientemente de los  
intereses limitados de las empresas y del dudoso razonamiento  
económico. Las practicas de muchos gobiernos de apoyar finan-  
cieramente a los sectores más desprotegidos es loable, sin em-  
bargo, “ayudar a los pobres financieramente siempre debe ser  
una solución provisional frente a las necesidades apremiantes.  
El objetivo más amplio debe ser siempre permitirles una vida  
digna a través del trabajo”36.  
En Aparecida puede resumirse el clamor de los Papas, de León  
XIII a Francisco: “Los nuevos areópagos en donde hay que incul-  
turar el Evangelio son el mundo de las comunicaciones, la cons-  
trucción de la paz, el desarrollo y la liberación de los pueblos, la  
promoción de la mujer y de los niños, la ecología y la protección  
de la naturaleza”37. Los obispos latinoamericanos fueron claros  
en la directriz de que “debemos emplear esfuerzo y creatividad  
en la evangelización y formación de empresarios, políticos, el  
mundo del trabajo, dirigentes sindicales, por su influencia en los  
niveles de decisión”38.  
33 LS, n. 128  
34 CV, n.63.  
35 LS, n.127.  
36 Idem.  
37 Aparecida, n .491-492  
38 Idem.  
La Cuestón Social  
Año 29, n. 2  
44  
Trabajo para todos y salario para todos vs exclusión y descarte.  
Las enseñanzas del magisterio nos indican que la distribución  
desproporcionada de riqueza y miseria, la existencia de Países y  
Continentes desarrollados y no desarrollados, exigen una justa  
distribución y la búsqueda de vías para un justo desarrollo de  
todos. Los señalamientos sobre la imperante desigualdad son  
constantes, la época actual normaliza la cultura de la exclusión  
y el descarte que señala Francisco: “hoy tenemos que decir …  
no a una economía de la exclusión y la inequidad. Esa economía  
mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un  
anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos  
puntos en la bolsa. Eso es exclusión. … Se considera al ser huma-  
no en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y  
luego tirar. Hemos iniciado la cultura del ‘descarte’ que, además,  
se promueve”39.  
En su encuentro con los movimientos populares en abril  
del 2020, el papa Francisco reconocía que muchos “han sido  
excluidos de los beneficios de la globalización. No gozan de  
esos placeres superficiales que anestesian tantas conciencias.  
A pesar de ello, siempre tienen que sufrir sus perjuicios. Los  
males que aquejan a todos, a ustedes los golpean doblemente.  
Muchos de ustedes - dice- viven el día a día sin ningún tipo de  
garantías legales que los proteja. Los vendedores ambulantes,  
los recicladores, los feriantes, los pequeños agricultores, los  
constructores, los costureros, los que realizan distintas tareas  
de cuidado. Ustedes, —comenta el Papa—trabajadores infor-  
males, independientes o de la economía popular, no tienen  
un salario estable para resistir este momento”40. La realidad  
contemporánea requiere tomar “decisiones, programas, me-  
canismos y procesos específicamente orientados a una mejor  
distribución de los ingresos, la creación de fuentes de empleo  
y una promoción integral de los pobres que va más allá de  
una simple mentalidad de bienestar”41.  
39 EG, n. 53  
40 Carta del Santo Padre Francisco a los movimientos populares. 12 de abril de 2020  
41 EG, n.204.  
La Cuestón Social  
Año 29, n. 2  
45  
La inspiración para generar opciones válidas para enfrentar la  
cultura del descarte proviene hoy en día no sólo del magisterio  
de la Iglesia, también de la sociedad civil. La novedad es la dis-  
posición a coincidir en propuestas que promuevan la dignidad  
del trabajo. Tal vez sea tiempo, expresó Francisco, “de pensar  
en un salario universal que reconozca y dignifique las nobles e  
insustituibles tareas que realizan; capaz de garantizar y hacer  
realidad esa consigna tan humana y cristiana: ningún trabajador  
sin derechos”42. Francisco insiste, “creo que es hora de explorar  
conceptos como el ingreso básico universal (IBU),…: un pago fijo  
incondicional a todos los ciudadanos, que podría distribuirse a  
través del sistema impositivo”43  
En la actualidad existen diversas iniciativas que promueven  
el llamado ingreso básico universal (IBU). La definición del ingre-  
so básico universal la ha resumido la organización Basic Inco-  
me Earth Network (BIEN por sus siglas en inglés) en la siguiente  
fórmula: “La renta básica es un pago periódico en efectivo en-  
tregado incondicionalmente a todos de manera individual, sin  
requisito de prueba o trabajo”44. Si bien en 2017 vieron la luz  
dos de las publicaciones más importantes de la última década  
sobre el tema: Basic Income: A Radical Proposal for a Free Society  
and a Sane Economy de los filósofos Philippe van Parijs y Yannick  
Vanderborght y Basic Income: And How We Can Make It Happen,  
del economista Guy Standing, son diversos los estudios sobre la  
viabilidad ética, técnica y política de este.  
Muchos pueden aceptar el IBU como una medida radical para  
acabar con la pobreza o redistribuir la riqueza, pero se oponen a  
ella en términos éticos, argumentando que no es justo que quie-  
nes no aportan nada a la sociedad reciban dinero de los que sí  
trabajan, es el llamado “dilema del polizón”, es decir, obtienen  
un beneficio como polizones a bordo de un barco.  
42 Carta Del Santo Padre Francisco A Los Movimientos Populares. 12 de abril de 2020  
43 Soñemos juntos, p. 137  
44 Cfr. Torry, Malcolm (2017) “Universal Basic Income: Definitions and Details”, Social  
Europe  
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Año 29, n. 2  
46  
En 2012 la Comisión Europea, introdujo la Iniciativa Ciudadana  
Europea para el IBU como una herramienta de establecimien-  
to de agendas en manos de los ciudadanos para promover la  
iniciativa. Se puede resumir que la mayoría de las propuestas  
de IBU comparten tres características: a) universal: se paga au-  
tomáticamente a todas las personas (o a todos los individuos  
adultos) sin una prueba de medios; b) incondicional: se paga sin  
condiciones (por ejemplo, requisitos de búsqueda de empleo)  
y c) adecuado: se establece en un nivel lo suficientemente alto  
como para proteger a los ciudadanos contra la pobreza.  
También hay presencia de novedosas fórmulas de abordar el  
tema del ingreso y el salario de las personas. Una de ellas es la  
propuesta de Jennifer Nedelsky y Tom Malleson. En A care Ma-  
nifesto: (Part) Time for All (PTfA) abogan por un cambio estructu-  
ral en la forma de trabajo remunerado a tiempo parcial y por  
la atención y cuidados no remunerados a tiempo parcial que  
se convertirían en las nuevas normas para todos, fundamen-  
talmente motivados por los esquemas de trabajo derivados de  
la crisis del COVID. Los autores enmarcan las nuevas normas  
como soluciones para tres problemas apremiantes: a) el estrés  
insostenible en las familias, b) la desigualdad persistente para  
las mujeres y otras personas que sí trabajan en el cuidado y,  
c) los responsables políticos que ignoran la atención que re-  
quiere la vida. Argumentan que la mayoría de los responsables  
políticos de alto nivel prácticamente no tienen experiencia en la  
prestación de atención y el cuidado.  
En México, las iniciativas por un IBU se han presentado al Po-  
der Legislativo y ha sido desechadas por no ser financieramente  
viables para la economía mexicana. La Confederación Patronal  
de la República Mexicana (COPARMEX) mantiene viva sin embar-  
go su propuesta de salario solidario como una alternativa para  
aminorar el impacto económico que la pandemia por el COVID  
19 ha tenido el Mundo.  
Finalmente, el esfuerzo desde la Iglesia para responder a los  
desafíos del trabajo y el salario se manifiesta en la respuesta a la  
invitación del papa Francisco, por parte de jóvenes economistas,  
La Cuestón Social  
Año 29, n. 2  
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emprendedores y agentes de cambio, al exhortarlos a que,  
unidos en un movimiento inspirado en el espíritu del Santo de  
Asís, denominado Economía de Francisco, en sus universidades,  
sus empresas, sus organizaciones alcen canteras de esperanza  
para construir otras formas de entender la economía y el pro-  
greso, para combatir la cultura del descarte, para dar voz a los  
que no la tienen y para proponer nuevos estilos de vida digna.  
Conclusión  
A partir de Rerum novarum se desbordó la riqueza doctrinal  
del pensamiento social cristiano, “la Iglesia camina junto a toda  
la humanidad por los senderos de la historia. Vive en el mundo  
y sin ser del mundo, está llamada a servirlo, siguiendo su propia  
e íntima vocación”45.  
En el rumbo que la DSI propone para temas cotidianos como  
la determinación del salario de los trabajadores queda claro que  
se privilegia la visión personalista del ser humano. Toda la vida  
social es expresión de la persona humana. Como se verificó en  
los textos magisteriales, el trabajo está indisolublemente unido  
a la vida y a la condición humana. Mujer y hombre requieren  
trabajar para subsistir, y dependen de su salario para tener un  
ingreso digno, es decir un ingreso regido por la justicia y la equi-  
dad que le permita vivir y cumplimentar su vocación.  
La reflexión de la DSI obliga a la acción práctica y fraterna de  
los principios que deben regir la vida y la convivencia entre no-  
sotros. Frente a la normalización de la cultura de la exclusión y el  
descarte, la guía que brinda el magisterio social de la iglesia es la  
medicina que alivia el dolor y la antorcha que ilumina el camino  
a una cultura de inclusión y dignificación.  
45 Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n.18.  
La Cuestón Social  
Año 29, n. 2  
48  
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Historical Theological Roots  
Sobre el autor:  
-
Licenciado en Administración  
por la Universidad Panamerica-  
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sidad Anáhuac, Maestro en Ne-  
gocios Internacionales por el  
ICN-Nancy (Francia), y actual-  
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Economics, 2016: 29-56.  
versidad  
Anáhuac,  
consultor  
empresarial y vicepresidente de  
la Fundación Tomás Moro AC.  
La Cuestón Social  
Año 29, n. 2  
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