La
cuestión
social
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ENERO-JUNIO DE 2023
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La parresía profética del papa Francisco
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Argentina-Ciudad del Vaticano / Estados Unidos
Futuro y futuridad en la teología del papa Francisco
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Desplegar el mapa: itinerario de la reforma del papado
en un mundo en cambio
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La migración en el pensamiento del papa Francisco
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FORO SOCIAL
Religión y comunicación humana.
DR. XABIER PIKAZA IBARRONDOEspaña
El desarrollo y la democracia vistos desde la
doctrina social cristiana
DR. FRANCISCO MANUEL ALVARADO AVILÉSMéxico
MISCELÁNEAS
Trazos para una teología política descolonial,
Silvana Rabinovich (reseña)
LUIS RODRIGO WESCHE LIRAMéxico
04
09
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DR. FRANCISCO MANUEL ALVARADO AVILÉS
MÉXICO
El desarrollo y la
democracia vistos desde
la Doctrina Social Cristiana
RESUMEN
En este artículo se comparan los conceptos de pobreza, desarrollo
y democracia en distintas encíclicas, partiendo del pensamiento
de León XIII; en especial, se analizan algunas ideas propuestas por
el papa Francisco. El objetivo es analizar la visión sobre el gobier-
no democrático, las políticas públicas y la acción de las empresas
privadas en la promoción del desarrollo.
Palabras clave: Rerum novarum, pensamiento social cristiano, de-
mocracia, desarrollo, políticas públicas, cultura del descarte.
ABSTRACT
This article compares the concepts of poverty, development and
democracy in different encyclicals based on the thought of Leo
XIII and especially analyzes some ideas proposed by pope Francis.
The objective is to analyze the vision of democratic government,
public policies and the action of private companies in the promo-
tion of development.
Keywords: Rerum novarum, Christian social though, democracy,
development, public policy, throwaway culture.
Recepción: 10/10/ 2022 – Aprobación: 21/10/2022
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Foro social dr. francisco manuel alvarado avilés
Los cambios en las formas de producción que han existido a lo largo
de la historia han tenido efecto en las formas en las cuales se organiza
la comunidad; por ejemplo, cómo se relacionan las personas entre sí,
cuáles son sus certezas, cómo se vinculan con la autoridad, entre
otras. En este artículo, se propone una revisión de los modelos de
desarrollo liberal y socialista y el incremento de las libertades indi-
viduales a la luz de varias encíclicas, tomando como punto de partida
para la discusión la encíclica Rerum novarum del papa León XIII (1891).
La discusión entre capitalismo y socialismo —que muchos auto-
res gustan plantear como liberalismo versus socialismo— ha tenido
muchas etapas, según el contexto. La encíclica Rerum novarum es uno
de los documentos que se considera una respuesta temprana a los
planteamientos socialistas.1 Durante el siglo
xx
, surgieron diversas
respuestas a las propuestas socialistas; en este trabajo se revisan
los principales problemas que el socialismo quería solucionar —la
pobreza y la desigualdad— y se contrasta la solución socialista con
lo expuesto en distintos documentos del pensamiento social cris-
tiano. Además, se discute el papel de las instituciones democráticas
en la promoción del desarrollo de las personas, especialmente, del
desarrollo humano.
Los distintos caminos por los que se busca el
progreso económico
Los modelos políticos-económicos proponen distintos caminos para
lograr el bienestar; el primer enfoque está representado por la li-
teratura clásica y neoclásica, la cual establece que el desarrollo de
la economía se fundamenta en la acumulación de riquezas y en el
incremento de la producción. El segundo enfoque es el conjunto de
ideas llamadas socialistas, que tienen un gran impulso con la obra
de Karl Marx y explican el desarrollo como resultado de que una clase
social se apropia de la plusvalía del trabajo de la otra. El tercer enfo-
1 La fecha de publicación del Maniesto del Partido Comunista, rmado por Karl Marx y
Federico Engels, es 1848. La fecha de publicación de El Capital es 1868 y la Encíclica de
León XIII se publica en 1891, por lo que hay pocos años entre ellos, ran por la cual se
considera una repuesta contemporánea a los postulados del socialismo cientíco.
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El desarrollo y la democracia vistos desde la doctrina social cristiana
que son todas las teorías del crecimiento que se derivan del primero
y quieren explicar la relación entre trabajo, capital e incremento del
Producto Interno Bruto.2 El cuarto enfoque es la Doctrina Social de
la Iglesia, que a lo largo de la historia marca pautas de compor-
tamientos individuales y sociales acordes con el mensaje del Evan-
gelio, particularmente el amor hacia el más necesitado. El quinto
enfoque para entender el progreso económico es el que surge bajo
el paradigma del desarrollo humano; surgió tras la búsqueda de un
concepto de desarrollo que fuera más allá del incremento de la pro-
ducción y la riqueza.
A, el concepto de desarrollo humano pone su atención en el in-
cremento de las capacidades de las personas, especialmente de las
que se incrementan por medio de la educación, la salud y el ingreso.
Este paradigma busca que las personas tengan las máximas capa-
cidades que les permitan tomar sus decisiones en libertad,
3
porque
asume que hay diferencias intergeneracionales y contextuales
que dan mayor capacidad de decisión a unas personas sobre otras;
por ello, las políticas públicas enfocadas a proveer un mínimo de in-
greso y un piso parejo en educación y salud facilitan a las personas
tomar decisiones libremente.
Para entender mejor la crítica que hace la encíclica Rerum Nova-
rum, se exponen puntos esenciales de la teoría marxista del desa-
rrollo. Para Marx, en el sistema capitalista sólo existen dos clases:
los obreros, quienes sólo poseen su trabajo, y los dueños del capital,
quienes tienen el control de los medios de producción y del dinero.4
La desigualdad entre estos grupos se debe a que los dueños del capital
tienden a concentrar en sus manos los medios de producción, mien-
2 Hay dos escuelas principales: a) la escuela csica que plantea que el capital tiene
rendimientos decrecientes y, por lo tanto, a largo plazo, el crecimiento del capital es
cero; y b) la escuela neoclásica que busca explicar rendimientos crecientes del capital.
X. Sala-i-Martin, Apuntes de crecimiento económico (Barcelona: Antoni Bosch, editor,
2000).
3 Cfr. las obras de A. Sen: Inequality reexamined (Cambridge, MA: Rusell Sage Foundation.
Harvard University Press, 1992), “Justicia: medios contra nes”, en Nueva economía del
bienestar. Escritos seleccionados (coord. Sen/1995 (1990), 463- 471. Valencia: Universi-
dad de Valencia, 1995 [1990]) y “Capacidad y bienestar”, en La calidad de vida (coords.
M. C. Nussbaum y A. Sen, 54-83. México: Fondo de Cultura Económica, 1996).
4 Carlos Marx, El Capital (vol. II. México: Fondo de Cultura Económica, 1975 [1885], 375).
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tras que los obreros tienen salarios que no equivalen a la ganancia
o, en términos marxistas, la plusvalía que genera su trabajo.5 Según
la tesis de Marx, la forma en que dicha desigualdad entre dueños del
capital y trabajadores puede eliminarse es “la abolición de la antigua
división del trabajo;
6
para esto es necesario que las contradicciones
entre trabajadores y dueños de capital se desarrollen.
Una vez que los obreros son conscientes de su condición, buscarán
la apropiación de los medios de producción, convirtiendo su trabajo
en capital. La propiedad de los medios de producción se convertirá en
colectiva, por lo que no es expropiar al trabajador independiente, sino
expropiar al capitalista, que es visto como explotador de los trabaja-
dores.7 En contraste con esta visión del cambio, León XIII señala que
el resultado de dicha lucha empeoraría la situación de los obreros,
porque los priva de la libertad de gozar de sus beneficios y elimina la
esperanza de acumular más bienes (RN 3).
Un elemento interesante que se presenta aquí —y más adelante se
profundizará— es la visión de los bienes públicos que tienen tanto
León XIII como Marx, pues los asemejan a bienes controlados por
el estado. Esta visión ha evolucionado en la teoría económica para
distinguir bienes que sólo son de un uso particular y bienes que son
de uso colectivo, independientemente de que los provea el gobierno,
un particular o la naturaleza. Por ejemplo, el oxígeno en el aire se
considera un bien colectivo, porque el hecho de que una persona
se beneficie de él no impide que otros lo respiren y, evidentemente,
no es un bien que pueda proveer o dejar de proveer el estado.8
Por una parte, los socialistas se equivocan al describir todos los
bienes como públicos y privados, explicando a partir de estos las re-
laciones sociales; por otra parte, la encíclica Rerum novarum tampoco
5 Ibidem, 817.
6 C. Marx, El Capital (vol. I. México: Fondo de Cultura Económica, 1975 [1867], 409).
7 Idem.
8 Para Ostrom, los bienes de uso colectivo o recursos de uso con se denen como “un
sistema de recursos naturales o hechos por el hombre que es lo sucientemente grande
como para volver costoso (pero no imposible) excluir a destinatarios potenciales de los
benecios de su uso. E. Ostrom, El gobierno de los bienes comunes. La evolución de las
instituciones de acción colectiva (México: Universidad Nacional Autónoma de México.
Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias. Fondo de Cultura Ecomica,
2000 [1990], 66).
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El desarrollo y la democracia vistos desde la doctrina social cristiana
da un espacio a la existencia de los bienes públicos, y sólo considera
como bienes públicos los que proporciona el estado; a partir de esta
provisión de bienes públicos, establece las funciones de éste.
9
De esta
forma, es lógico que se considere peligroso su tamaño, ya que cuan-
to mayor sea, tendrá mayor poder de intervención. Sin embargo, el
estado puede tener un tamaño adecuado para proteger los bienes co-
munes y para atender las diferencias de desarrollo y de desigualdad
social; en especial, de los más vulnerables. Esta función de protección
no sólo puede ejercerla por medio del aparato burocrático, sino por
la creación de reglas que incentiven o desincentiven ciertos compor-
tamientos, alternativa que al final del siglo
xIx
no era considerada.
Para Marx, la historia es guiada por el desarrollo de las fuerzas
productivas y lo que marca el rumbo de las sociedades es la lucha de
clases,
10
en contraste, desde el punto de vista de la Doctrina Social
Cristiana. Dicha lucha de clase no es la mejor forma de crear progre-
so, ya que atiza el odio de los indigentes contra los ricos y lleva a la
destrucción de la riqueza y del bienestar de toda la población (RN 2),
por lo que destruye más de lo que construye.
Además, el papa León XIII critica que el socialismo plantee una
división radical entre proletarios y burgueses, y que pretenda que el
estado sólo atienda a uno de estos grupos. Al respecto, señala: “De
ahí que, entre los deberes, ni pocos ni leves, de los gobernantes que
velan por el bien del pueblo, se destaca entre los primeros el de defen-
der por igual a todas las clases sociales, observando inviolablemente
la justicia llamada distributiva” (RN 24). Cabe resaltar que señala la
responsabilidad del estado para la construcción de mejores condicio-
9 El papa Juan XXIII explica el papel del estado en la provisión de algunos bienes. “Nuestra
época registra una progresiva ampliación de la propiedad del estado y de las demás
instituciones públicas. La causa de esta ampliación hay que buscarla en que el bien
con exige hoy de la autoridad pública el cumplimiento de una serie creciente de
funciones. Sin embargo, también en esta materia ha de observarse íntegramente el
principio de la función subsidiaria, ya antes mencionado, según el cual la ampliación
de la propiedad del estado y de las des instituciones públicas sólo es lícita cuando
la exige una maniesta y objetiva necesidad del bien con y se excluye el peligro de
que la propiedad privada se reduzca en exceso, o, lo que sería aún peor, se suprima
completamente” (MM 117).
10 C. Marx y F. Engels, Maniesto del Partido Comunista (México: Centro de Estudios So-
cialistas Carlos Marx, 2011 [1848], 30).
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nes de vida para todos los ciudadanos, especialmente los que menos
tienen. Los caminos para lograr esto van más allá de la opción so-
cialista o capitalista. Por ejemplo, Amartya Sen propone tomar como
punto central la creación de capacidades de la población para que
puedan tomar decisiones en libertad; estas capacidades dependen
de varios factores; por ejemplo, las características personales y los
arreglos sociales o institucionales.11
El desarrollo personal, la propiedad y los derechos individuales
Como ya se mencionó, para el socialismo sólo existen dos clases so-
ciales: la de los propietarios de los medios de producción —también
llamados burgueses— y la de los trabajadores, asalariados y que son
obligados a vender su fuerza de trabajo.
12
Los propietarios obtienen
sus ganancias debido a la explotación que ejercen sobre los trabaja-
dores; éstos están desprotegidos, ya que, para Marx y Engels, la de-
mocracia liberal funciona sólo para proteger el poder de los dueños
del capital
Para eliminar el poder de los propietarios y repartirlo entre los
trabajadores, Marx veía que era necesaria “una violación despó-
tica de los derechos de propiedad y de las relaciones burguesas de
producción;13 sin embargo, los países comunistas no superaron esta
etapa y mantuvieron un régimen despótico. En contraste, la propues-
ta de desarrollo económico de Amartya Sen establece que el desa-
rrollo de una persona y de la comunidad está en función de cuántas
decisiones pueden tomar libremente los individuos; esta facultad no
depende sólo de la voluntad de cada individuo, sino que necesita ca-
pacidades que va adquiriendo de la sociedad.
14
De esta manera, las
pretensiones individuales no deben evaluarse por el capital que nece-
siten o por la relación de propiedad de la persona con éstas, sino por
11 Amartya Sen, Equality of what? The Tanner Lectures of Human Values. Stanford Universi-
ty (22 de mayo, 1979, 58. Disponible en tannerlectures.utah.edu/_documents/a-to-z/s/
sen80.pd)
12 C. Marx y F. Engels, op. cit., 30, nota 2. Nota de Engels a la edición inglesa de 1888.
13 Ibidem, 57.
14 A. Sen, op. cit.
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El desarrollo y la democracia vistos desde la doctrina social cristiana
la libertad que se obtiene para elegir entre diferentes formas de vida,
pues cada una de ellas tiene características por las que se valora.15
En la encíclica Rerum Novarum, se reconocen las diferencias entre
las personas dentro de la sociedad, diferencias por las cuales no pue-
den aportar la misma cantidad al bien común; además, no todas las
personas aprovechan los recursos de la misma forma. Sin embargo,
el desarrollo de un país requiere que todos aporten (RN 25). Para que
haya una igualdad, es necesario “que las autoridades públicas prodi-
guen sus cuidados al proletariado para que éste reciba algo de lo que
aporta al bien común, como la casa, el vestido y el poder sobrellevar
la vida con mayor facilidad.16 Con los años, la forma de concebir el
papel de la administración pública para atender las diferencias eco-
nómicas y sociales ha cambiado, por lo que podría esperarse que to-
dos aporten a la recaudación fiscal y los menos favorecidos deberían
recibir más para cubrir sus carencias.
Si se acepta que la esencia del desarrollo es que las personas sean
libres para tomar decisiones dentro de su comunidad, entonces no
sólo la colectivización socialista, sino también algunas políticas de
países liberales —por ejemplo, políticas que restringen la libre aso-
ciación de trabajadores (QA 30)— limitan el desarrollo humano. Así,
los sucesores del papa León XIII expandieron la Doctrina Social de
la Iglesia para denunciar las acciones de cualquier sistema político
que limitara al hombre. De esta manera, se trasciende la dualidad
marxista capitalismo–socialismo y se puede discutir cada conjunto
de políticas según afecten la capacidad de las personas.
Desde el punto de vista cristiano, el desarrollo es más que el cre-
cimiento de la economía; debe promover a todos los hombres y a todo
el hombre (PP 14). Así, todos los hombres están llamados a promover
su desarrollo, por medio del conjunto de sus aptitudes y cualidades,
a utilizar su educación y el esfuerzo personal para alcanzar lo que
se propone (PP 15). Sin embargo, como se discute más adelante, el
hombre no puede solo; la comunidad y el gobierno son facilitadores
u obstáculos en la búsqueda del desarrollo personal, las políticas pú-
15 Ibidem, 465.
16 Idem.
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blicas muchas veces juegan el rol de medios para compensar lo que
pueden hacer algunos con muchos recursos y lo poco que pueden
hacer otros con la falta de recursos.
El desarrollo, la desigualdad y el papel del gobierno
Como ya se dijo, existen distintas formas de estudiar el desempe-
ño de la economía y sus efectos en distintas áreas de la sociedad;
una de estas escuelas es la socialista. En virtud de que la encíclica
Rerum novarum discute las tesis postuladas por los socialistas, en
este apartado se parte de ellas para discutir los distintos efectos del
desarrollo. La forma en que Marx describe el desarrollo de los países
capitalistas implica que siempre habrá una desigualdad entre terra-
tenientes y trabajadores, que sólo puede romperse con las siguientes
acciones: la expropiación de las propiedades para obtener recursos
para los gastos del estado; la carga de fuertes impuestos; la abolición
del derecho a la herencia; la confiscación de los bienes a emigrantes
y sediciosos; el crédito centralizado por el Estado; la multiplicación
de centros de trabajo en manos del estado; la obligación de trabajo
para todos, entre otras medidas.17 Sin embargo, en el modelo real de
socialismo, el estado absorbe la propiedad de los medios de produc-
ción y su colectivización sólo se alcanza nominalmente y utiliza la
fuerza estatal para coartar las libertades.
En la práctica, la eliminación de la propiedad privada da una falsa
idea de igualdad, que no considera la existencia de diferencias entre
los hombres, “que no son iguales los talentos de todos, ni la habi-
lidad, ni la salud, ni lo son las fuerzas; y de la inevitable diferencia
de estas cosas brota espontáneamente la diferencia de fortuna” (RN
13).
18
El entendimiento de por qué unos tienen más que otros ha avan-
zado, amén de que las comunidades son más complejas; por ello, la
desigualdad social se ha convertido en una área de estudio en las
ciencias sociales. Una de las tesis es que, si se igualan las condiciones
en que viven las personas, todos tienen mejor calidad de vida; sin
17 C. Marx y F. Engels, op. cit., 57 y 58.
18 Las cursivas son mías.
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El desarrollo y la democracia vistos desde la doctrina social cristiana
embargo, surgen las siguientes preguntas: ¿qué igualar?, ¿el ingreso?,
¿la riqueza?, ¿las propiedades?, ¿las capacidades? Como señala el papa
León XIII, el socialismo planteaba que eliminando la propiedad pri-
vada se resolvía el problema de la desigualdad; no obstante, persiste
en otras áreas.
Una forma de eliminar las desigualdades es analizar distintas
áreas de la vida social y discutir qué hacer para borrar las diferen-
cias. Un camino que resuelve varias de las inquietudes del socialismo
sobre las posibilidades económicas es crear condiciones para que los
menos favorecidos alcancen un nivel de desarrollo que les permita
tener la misma libertad para tomar decisiones; en otras palabras,
crear las condiciones para que las personas incrementen las posibi-
lidades de tomar decisiones libremente. Por lo tanto, requieren ca-
pacidades que se obtienen vía el incremento del ingreso, la educación
y la salud.19
La desigualdad en el ingreso o la desigualdad en la riqueza no
son las únicas explicaciones de la disparidad entre personas; exis-
ten otras causas de ella. Por ejemplo, las condiciones que hacen que
hombres tengan mayores y mejores ofertas laborales que las mujeres
o que promueven mayor crecimiento económico o los elementos que
podan determinar las diferencias en el ingreso entre grupos de un
mismo país. Por lo tanto, mejorar las condiciones de vida de los gru-
pos más rezagados no se logra tratando igual a todas las personas;
es indispensable crear políticas que compensen las desventajas de
unos; en otras palabras, se necesita brindar oportunidades a los que
tiene menos desarrollo y que los más privilegiados no se aprovechen
de sus privilegios.
En documentos sobre la cuestión social, la Iglesia reconoce que
existen diversas desigualdades de orígenes diversos, más allá de la
relación que tiene una persona con el capital. Por ejemplo, se reco-
noce que no todas las personas pueden aportar al bienestar de la so-
ciedad —por la hacienda pública o por otro mecanismo— ni igual
cantidad y que hay miembros de la comunidad que requieren que
la sociedad les dé más de lo que ellos aportan a la hacienda pública
19 Cfr. A. Sen, op. cit., 465.
128 La Cuestión Social
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(RN 25); otra área social en la cual podría haber una diferencia es
en el ámbito laboral. Desde finales del siglo
xIx
, se señala a niños
y a mujeres como personas que no pueden ser tratadas igual que a
los hombres, porque no poseen la misma condición física ni el mis-
mo desarrollo (RN 31 y 32). Probablemente las recomendaciones del
papa León XIII sobre cómo tratar a mujeres y niños en el trabajo hoy
no son aceptables, mas lo importante es que, para ese tiempo, era un
avance defender el que no se les cargara con trabajo más allá de sus
posibilidades.
La idea del igualitarismo socialista no puede existir sin un esta-
do fuerte, que limite las libertades de muchos en pro del bienestar
común y que ejerza una gran violencia para mantener a todos den-
tro de los parámetros aceptados (QA 119). Además, el socialismo no
considera al hombre de forma íntegra e ignora que es imperfecto;
por ejemplo, no sabe que es vulnerable a la enfermedad y al dolor,
que no se puede esperar que las personas funcionen cómo máquinas
y que el sistema económico no puede corregir estas característi-
cas (MM 213).
La visión cristiana de la cuestión social rechaza que se tome sólo
un camino para atender los problemas de desigualdad. A, plantea
que, si se eliminara el carácter social o público de algunos bienes, se
puede caer en el individualismo; del mismo modo, si se eliminara la
propiedad privada, se podría caer en el colectivismo (QA 46). De esta
forma, se señala que no basta modificar la propiedad de los bienes
para que la mayoría de la población tenga mejor calidad de vida; de
hecho, a lo largo de los años, se identificó que los países con un ré-
gimen socialista mantenían empresas monopólicas que generaban
problemas a la sociedad.
En las encíclicas Rerum novarum y Quadragesimo anno, se asemeja
la intervención del estado en la actividad económica para que éste se
apropie de los bienes privados y disponga de ellos; trasmiten la idea
de que la expropiación es la única vía de intervención del estado (RN
3 y 6, QA 49). Sin embargo, en épocas más recientes, por medio de
distintas encíclicas, se reconoce la importancia de distintas políticas
públicas para disminuir las desigualdades y para que las personas
menos favorecidas puedan acceder a la propiedad. Juan XXIII propone
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El desarrollo y la democracia vistos desde la doctrina social cristiana
una lista de políticas que pueden ayudar a que los más desfavorecidos
tengan acceso a los bienes; se reconoce que el estado y, de forma más
precisa, el gobierno tiene una responsabilidad en procurar el bien
común (MM 132 a 156).20
La evolución de los gobiernos liberales y socialistas influyó en el
cambio de opinión sobre la intervención del gobierno en los asun-
tos públicos. No sólo el papa Juan XXIII reconoce el papel de las
políticas públicas; el papa Pablo VI también condena al capitalismo
liberal sin freno, que tiene al lucro como ley suprema, la prosperi-
dad privada y la posesión de los medios de producción como derecho
absoluto sin límites ni obligaciones; a la vez, reconoce que la indus-
trialización ha aportado valiosos elementos al desarrollo (PP 26).21
Al paso del tiempo, la visión del desarrollo evolucionó y con ella se
modificó la de los bienes colectivos. Se fue dejando atrás la identi-
cación de los bienes colectivos con la apropiación por parte del estado
socialista y fue tomando su lugar la interpretación de que existen
bienes de uso colectivo, ya sean muebles o inmuebles, así como que su
existencia trae beneficio a toda la comunidad y que el gobierno tiene
distintos niveles de responsabilidad para protegerlos. Tal lo expresa
el papa Juan Pablo II: “Es deber del Estado proveer la defensa y tutela
de los bienes colectivos, como son el ambiente natural y el ambiente
humano, cuya salvaguarda no puede estar asegurada por los simples
mecanismos del mercado” (CA 40). Se reconoce que el mercado tiene
mites, ventajas y riesgos,22 por lo cual se invita a no caer en la ido-
20 Las políticas que propone la Encíclica Mater et magistra son: imposición scal (núms.
132 y 133); tasas de interés accesibles (núm. 134); seguros sociales y seguridad social
(núm. 135 y 136); tutela de precios (núms. 137 y 140); promover que la economía agrícola
se complemente con la industria y el sector servicio (núm. 141); es necesario que los
trabajadores del campo se eduquen, puedan formar cooperativas, asociaciones de pro-
fesionistas y organizaciones para intervenir en los asuntos públicos (núm. 143); que se
provean servicios públicos (núm. 150); que actúen el Estado y la iniciativa privada (núms.
151 y 152); eliminar o disminuir la desigualdad entre tierra y población (núms. 153 a 156).
21 “Pero si es verdad que un cierto capitalismo ha sido la causa de muchos sufrimientos,
de injusticias y luchas fratricidas, cuyos efectos duran todaa, sería injusto que se
atribuyera a la industrializacn misma los males que son debidos al nefasto sistema
que lo acompa. Por el contrario, es justo reconocer la aportación irremplazable de la
organización del trabajo y del progreso industrial a la obra del desarrollo” (PP 26).
22 Entre los límites del mercado, el papa Juan Pablo II señala: “la existencia de necesi-
dades colectivas y cualitativas que no pueden ser satisfechas mediante sus mecanis-
mos; hay exigencias humanas importantes que escapan a su lógica; hay bienes que,
130 La Cuestión Social
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Foro social dr. francisco manuel alvarado avilés
latría y se reconoce que son necesarias las instituciones que recojan
los acuerdos sociales y que protejan ciertos bienes comunes, como
es el caso del medio ambiente.
La evolución en la concepción de los bienes es uno de los pasos
en el camino para trascender la dualidad capitalismo-socialismo.
Se pasó de la eliminación total del mercado y del estado, de esperar
que éste sea completamente interventor, a concebir los órganos del
estado como responsables de incentivar o desincentivar compor-
tamientos, a que producto de discusiones provea algunos bienes. No
se espera que sea rival de la iniciativa privada, más bien que trabajen
juntos.
Un camino para lograr mejores condiciones de vida para la po-
blación es que existan instituciones23 que incentiven al gobierno o a
los particulares a trabajar en pro de una comunidad más igualitaria.
Por ejemplo, la forma en que se diseña la recaudación de impuestos
y cómo se utilizan los ingresos puede ayudar a que quienes menos
tienen mejoren sus condiciones de vida o pueden ayudar a que se
concentre el ingreso en pocas manos. Además, el tipo de institucio-
nes que se crea puede incentivar la inversión y creación de empleos
o puede incentivar un tipo de industria y una forma de trabajo; por
ejemplo, se pueden crear leyes e incentivos para que se incremente
la industria no contaminante más que la contaminante.
En consecuencia, la creación de bienestar en la población tras-
ciende la discusión sobre si es mejor el capitalismo o el socialismo.
Para encontrar mejores modelos de desarrollo, se puede partir de
reconocer que ni la fórmula socialista de colectivización de los me-
dios de producción ni el mercado por sí solo resuelven las carencias
por su naturaleza, no se pueden ni se deben vender o comprar” (CA 40; las cursivas son
as). Entre las ventajas del mecanismo de mercado señala: ayuda [] a utilizar mejor
los recursos; favorece el intercambio de los productos y, sobre todo, da la primaa
a la voluntad y a las preferencias de la persona, que, en el contrato, se confrontan
con las de otras personas” (Idem; las cursivas son mías). Los riesgos del mercado
son que puede formarse una idolatría, que ignora que hay bienes que no pueden ser
mercancía (idem 40).
23 En este caso y en adelante, instituciones se entiende como “las reglas de juego en una
sociedad o, más formalmente, son las limitaciones ideadas por el hombre que dan for-
ma a la interacción humana” D, North, Instituciones, cambio institucional y desempeño
económico (México: Fondo de Cultura Económica, 1993 [1990], 13).
La Cuestión Social
,
Año 31, n. 1 131
El desarrollo y la democracia vistos desde la doctrina social cristiana
de la población (CA 41). En este sentido, los enfoques modernos de
política pública, basados en la creación de instituciones que ve-
len por ciertas necesidades, que acotan el papel del gobierno y que
brindan libertad a las personas, pueden ser un camino intermedio
entre los dos modelos.
Si bien la fórmula liberal capitalista puede resolver los problemas
que el socialismo arrastra —considerando las precisiones que se han
hecho del papel de las políticas públicas—, falta resolver el papel del
gobierno en la promoción del desarrollo. Líneas antes ya se mencionó
que no se debe creer que sólo hay dos opciones: gobierno comple-
tamente interventor o gobierno ausente. Hay muchos esquemas de
intervención del gobierno en la vida económica y social. ¿Cómo se
puede llegar al mejor? es casi imposible lograrlo; lo que sí es factible
es llegar a ciertos acuerdos para que un esquema dirija a un país. A
este conjunto de acuerdos suele denominársele democracia.
Un ejemplo de la discusión que se tiene sobre el papel del estado es
el debate sobre si debe haber servicios que provean de forma univer-
sal y si para lograrlo debería haber grandes tasas de impuesto, o, por
el contrario, si deben dejarse estos servicios en manos particulares,
cobrarse pocos impuestos y que el estado sólo prevea servicios a los
s necesitados.
La acción del estado debe seguir dos principios básicos para respe-
tar la libertad y dignidad de las personas; por una parte, el principio
de subsidiaridad que consiste en crear condiciones favorables para
el libre ejercicio de actividad económica y el principio de solidaridad
para defender a los más débiles, por medio de regulaciones, asegu-
rando condiciones mínimas vitales (cfr. Juan Pablo II, CA 15).
La democracia como medio para alcanzar el desarrollo
Uno de los valores que defiende la Doctrina Social Cristiana es la
libertad humana. La encíclica Rerum novarum afirma que el mejor
sistema de gobierno que defiende este valor es la democracia. A pe-
sar de esta afirmación, durante el siglo
xx
muchos gobiernos no de-
mocráticos se apropiaron de lenguaje que recordaba algunas ideas
cristianas, de ahí que hay una pobre lectura de cómo el cristianismo
132 La Cuestión Social
,
Año 31, n. 1
Foro social dr. francisco manuel alvarado avilés
influye en que el régimen sea democrático o autoritario o que se le
culpe porque un gobierno autoritario se haya apropiado de un len-
guaje aparentemente cristiano24.
Por el contrario, la encíclica Rerum novarum aboga por que un
hombre se una a otros para formar una sociedad pública y construir
una nación (llama a ésta sociedad pública) (RN 35). En esta gran co-
munidad, las personas pueden unirse en otras organizaciones con
distintos fines —por ejemplo, comercial— para promover una causa
en común o para cualquier fin lícito (llama a ésta sociedad privada)
(RN 35). En el Concilio Vaticano II, invita a todos a colaborar en la vida
pública y exhorta a los ciudadanos a colaborar con lo necesario para
que la comunidad viva (cfr. GS 75, CDSI 413).
La oposición capitalismo y socialismo en el plano político se tra-
dujo en un enfrentamiento entre un sistema político autoritario que
prometía que en un momento se acabarían las diferencias económi-
cas (el socialismo) y otro que prometía la libre elección de los gober-
nantes, pero carecía de una vía para atenuar las grandes diferencias
sociales; incluso, por el contrario, las aumentaba (el capitalismo).
La democracia es un concepto que puede ser complicado, ya que
en el lenguaje cotidiano se utiliza para denominar varios fenómenos
políticos, muchos cercanos entre ellos. Incluye la forma en que se
elige al gobierno de un país, implica una serie de libertades y de-
rechos, está soportada por ciertas instituciones gubernamentales
que se espera que funcionen para repartir el poder entre distintas
organizaciones y se relaciona con ver al resto de los países de for-
ma horizontal.25 La visión cristiana de la democracia supone que las
24 La apropiación de gobiernos no democráticos de lenguaje cristiano, especialmente
lenguaje que pareciera católico —por ejemplo, Francisco Franco en Espa— hizo que
algunos investigadores asociaran bajo desarrollo económico y baja calidad de la de-
mocracia con el cristianismo; por ejemplo, S. Huntington, Will more countries become
democratic? Political Science Quarterly (99, 2, 193-218, 1984).
25 Existen muchos autores que hablan sobre y que denen la democracia. De dos deni-
ciones útiles, la primera es procedimental: “La democracia es un sistema en el que par-
tidos pierden elecciones” A. Przeworski, Democracy and Market (Cambridge: Cambridge
University Press, 1991, 10. En: A. Przeworski, M. E. Alvarez, J. A. Cheibub y F. Limongi,
Democracy and Development. Political Institutions and Well-Being in the World, 1950-1990
(Nueva York: Cambridge University Press, 2000, 16). La segunda la dene como el ré
-
gimen político que se caracteriza porque los derechos ciudadanos —en particular, el
derecho al voto— se extiende a una proporción alta de adultos y entre los derechos de
La Cuestión Social
,
Año 31, n. 1 133
El desarrollo y la democracia vistos desde la doctrina social cristiana
personas son libres de tomar decisiones, si bien bajo la providencia
de Dios; son libres para discutir y decidir el destino de la comunidad
(PT 52)26.
En el momento de publicación de las encíclicas Rerum novarum y
Pacem in terris y durante las décadas siguientes, además del enfren-
tamiento entre capitalismo y socialismo, existieron muchos países
que eran colonias; por ello, el proceso de democratización deseado
incluía la descolonización y la libertad para que estos países crea-
ran sus constituciones y eligieran su forma de gobierno. A finales de
los ochenta, muchos países socialistas transitaron a la democracia;
además, varias dictaduras de América Latina cambiaron su gobierno
por otro más democrático. Sobre estos procesos, el papa Juan Pablo II
opinó “las nuevas democracias ofrecen esperanzas de un cambio en las
frágiles estructuras políticas y sociales, gravadas por la hipoteca de
una dolorosa serie de injusticias y rencores, aparte de una economía
arruinada y de graves conflictos sociales” (CA, núm. 22).27
A, el papa Juan Pablo II exalta las virtudes de la democracia:
Asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas
y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus
propios gobernantes, o bien sustituirlos oportunamente de manera
pacífica” (CA 46). Es preciso resaltar que los gobiernos electos de-
mocráticamente requieren que los ciudadanos vigilen cómo toman
decisiones, que se vigile el tipo de decisiones y que se juzguen sen
criterios de justicia y moralidad (CA 47).
Un debate entre la teoría contemporánea de la democracia y la
doctrina social de la Iglesia es el papel de las libertades individuales
y el papel de la Iglesia en la orientación a los feligreses. La Iglesia rei
-
vindica su contribución específica en favor de la verdadera cultura de
la ciudadaa está oponerse al gobierno y hacerlos abandonar su cargo vía el voto. R. A.
Dahl, La democracia y sus cticos (Barcelona: Pais, 1993 [1989], 266).
26 “Ahora bien, del bien de que la autoridad proviene de Dios no debe en modo alguno
deducirse que los hombres no tengan derecho a elegir los gobernantes de la nación,
establecer la forma de gobierno y determinar los procedimientos y límites en el ejercicio
de la autoridad. De aquí que la doctrina que acabamos de exponer puede conciliarse
con cualquier clase de régimen auténticamente democrático. (cfr. León XIII, Diuturnum
illud: AL 2, 271-272 (Roma 1881); Pío XII, Radiomensaje navideño: AAS 37 (1945) 5-23)
(PT 52).
27 Las cursivas son mías.
134 La Cuestión Social
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Año 31, n. 1
Foro social dr. francisco manuel alvarado avilés
los países, promueve comportamientos que favorecen la cultura de
la paz y resalta la grandeza del hombre (CA 51); es decir, para el papa
Juan Pablo II, no es posible deslindar la cultura de un país de los apor-
tes del cristianismo. En contraste con esta idea, los procesos de de-
mocratización y modernización de la economía en varios países han
enfatizado el incremento de la racionalización en el uso de recursos
públicos, la burocratización, la secularización e individualización en
los procesos de toma de decisiones.28
Como ya se mencionó, las personas buscan ampliar sus posibi-
lidades de elección. El enfoque del desarrollo humano se presenta
como un camino para evaluar las posibilidades de las personas para
tomar decisiones libremente. Por el lado de la convivencia social,
gracias a las instituciones democráticas las personas han ampliado
sus opciones de elección; son libres de elegir a quienes deseen que
los gobierne, de exigir que la ley delimite las funciones de quienes
gobiernan y, además, que éstos puedan llamadas a cuenta.
En conclusión, las preocupaciones que generó el avance del comu-
nismo en el siglo
xIx
y que motivaron la publicación de la encíclica
Rerum novarum fueron elimindose con el devenir histórico y la
caída del socialismo real a finales de los ochenta y principios de los
noventa. Sin embargo, muchas de las razones del malestar social que
pretendía solucionar el socialismo se mantuvieron; en muchas partes
del mundo, la desigualdad económica se incrementó y grupos socia-
les se mantuvieron al margen del desarrollo; además de los trabaja-
dores, otros grupos se han observado como al margen del desarrollo:
los indígenas, los migrantes, las personas con trabajo precario, entre
otros. El papa Francisco los engloba en el término los descartados.
28 El conjunto de teorías que hablan sobre cómo los pses se modernizan económica-
mente y políticamente plantean que para que la población tenga derechos políticos
universales, es decir, que a nadie se le prive de estos por razones religiosas, sociales o
culturales, tiene que pasar por un proceso de secularización, de forma que las creen-
cias religiosas no determinen las oportunidades sociales. Sin embargo, en algunos paí-
ses, ha habido excesos y se ha promovido un laicismo que limita la libertad religiosa.
R. Inglehart y C. Welzel, Modernization, Cultural Change, and Democracy: The Human
Development Sequence (Nueva York: Cambridge University Press, 2005, 45). Además,
R. Inglehart, “Theories of modernization. International Encyclopedia of the Social and
Behavioral Sciences (vol. XV, 9966. Michigan, Gale: Farmington Hills, 2001).
La Cuestión Social
,
Año 31, n. 1 135
El desarrollo y la democracia vistos desde la doctrina social cristiana
El rumbo del mundo contemporáneo: desarrollo desigual e incre-
mento de los descartados. La crítica del papa Francisco a la cul-
tura de la exclusión
Aunque en la actualidad, ya no se vive un enfrentamiento entre el
modelo socialista y capitalista, el desarrollo económico no ha llegado
por igual a todas las personas. Si bien los adelantos tecnológicos han
acercado a personas de muchos países, también han alejado a quienes
carecen de ellos; mientras que una gran población puede acceder a
tecnología, hay quienes ni siquiera cuentan con servicios fundamen-
tales como agua potable, drenaje o electricidad. En este apartado, se
desarrollan las inquietudes que ha expresado el papa Francisco por
estos problemas.
La economía capitalista impulsa una cultura de la individualidad
que, aunque es buena para el desarrollo de capacidades, ha fomenta-
do la indiferencia, la insensibilidad ante el dolor ajeno, la incapaci-
dad de compadecerse de los más necesitados (EG 54). En la encíclica
Rerum Novarum, el papa León XIII critica que el socialismo quisiera
borrar diferencias; hoy en día, el papa Francisco recuerda que la vi-
sión liberal rechaza las diferencias comunitarias y culturales y que
habla de libertad, pero la desliga de la narrativa común (FT 163). Para
Francisco, el capitalismo no ha logrado la utopía de igualdad entre
los hombres, ni que el mercado por sí mismo pueda disminuir la di-
ferencia entre quienes tienen mucho y los que tienen poco, Por el
contrario, ha mantenido dicha diferencia y, en muchos casos, la ha
incrementado. En consecuencia, es necesario crear políticas públicas
que incrementen las capacidades de los que tienen poco desarrollo y
pongan algunos diques a los que tienen más poder.
Una vez que las repúblicas socialistas desaparecieron, se pen
que sin ese sistema y con países con economía de mercado todas las
libertades florecerían; no obstante, señala el papa Francisco, “los
mecanismos de la economía actual promueven una exacerbación del
consumo” (EG 60), de modo que se erige como una nueva tiranía,
impositiva, unilaterales e implacables sus leyes y reglas (EG 56); por
ello, lo que se temía del socialismo se asoma en una economía de
mercado: la persona termina siendo mercancía.
136 La Cuestión Social
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Año 31, n. 1
Foro social dr. francisco manuel alvarado avilés
Si bien durante los noventa hubo un impulso para que los países
hasta ese momento socialistas cambiaran a ser capitalistas y de-
mocráticos, a lo largo de las décadas siguientes se incrementaron
países que simulan ser democráticos, en los que sólo un grupo —y,
en algunos casos, una persona— gana las elecciones. Además, los
países reconocidos como democráticos mantienen grupos excluidos
y, en muchos casos, políticas poco democráticas.
Otro de los problemas de la economía actual es que el sistema in-
dustrial no tiene la capacidad de absorber lo que desecha, a diferen-
cia de los ecosistemas, en los cuales los residuos generados por un
organismo son el alimento de otros (LS, núm. 22). Este problema se
extiende al ámbito social y cultural, donde se intenta eliminar grupos
por su origen, su cultura, sus capacidades u otra característica; la
sociedad moderna considera un estorbo o un gasto las características
que no puede hacerse cargo o no quiere resolver. Así va creándose
lo que el papa Francisco llama la cultura del descarte. No se trata de
algo más allá que la exclusión y la opresión; tampoco es estar abajo
o en la periferia; más bien, es estar fuera, es considerar a grupos de
personas como sobrantes (EG 53).
Igual que las personas, con frecuencia el medio ambiente se eva-
lúa sólo en función de su rentabilidad económica, vale lo que se
puede vender. En el siglo
xIx
,
se señalaba como deber del hombre
dominar al medio ambiente: “Se halle la necesidad que el hombre do-
mine no sólo de los frutos terrenales, sino también de la tierra mis-
ma, pues ve que de la fecundidad de la tierra le son proporcionadas
las cosas necesarias para su futuro” (RN 5).29 Con el paso del tiempo,
el conocimiento del medio ambiente ha evolucionado; hay concien-
cia de que los bienes naturales son finitos, que los hombres sólo
somos administradores y no sus propietarios y dominadores, que la
tierra sufre igual que los abandonados (LS 2). Éste es un ejemplo de
cómo la Iglesia avanza en algunas de sus formas de leer la realidad
para mantener en el centro el amor a Dios y al prójimo.
Ahora bien, ¿cómo se puede vencer la indiferencia y la cultura del
descarte?, ¿es posible actuar de una forma más humana estando en
29 Las cursivas son mías.
La Cuestión Social
,
Año 31, n. 1 137
El desarrollo y la democracia vistos desde la doctrina social cristiana
una cultura que invita al individualismo, a la satisfacción egoísta? A
continuación, se presentan algunas líneas que proponen un cambio
de rumbo.
Si se quiere vencer la indiferencia hacia los descartados, hay que
cambiar de actitud, tanto individual como comunitaria. Una de las
formas de vencer esta indiferencia es fomentando la solidaridad, en-
tendida como “una mentalidad que piense en términos de comuni-
dad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes
por parte de algunos” (EG 188). La solidaridad puede llegar a niveles
s profundos y “se convierte así en un modo de hacer la historia, en
un ámbito viviente donde los conflictos, las tensiones y los opuestos
pueden alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida
(EG 228). Además de la solidaridad comunitaria, es necesario pasar a
la creación de políticas públicas que velen por los derechos de todos;
es necesario que utilice la política fiscal para recaudar recursos de los
s acaudalados y fomentar el desarrollo de los menos desarrollados
por medio de políticas públicas .30
En la encíclica Rerum Novarum, se exalta la propiedad privada
frente a la propiedad comunal socialista. Es posible que ese dualismo
se supere y que se vea un conjunto de bienes que deben ser consi-
derados comunes; de esta manera, la tierra debería ser considerada
como una herencia común y sus frutos deberían beneficiar a todos
(LS 93). Esto no significa que se supongan como propiedad de un go-
bierno, de un estado o de un régimen político, sino que se consideren
bienes que deben ser protegidos de manera colectiva; por tanto, las
políticas públicas deberían dirigirse a moderar su consumo y san
-
cionar los comportamientos que los destruyen. El papa Francisco lo
explica de la siguiente forma: “El medio ambiente es un bien colecti-
vo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos.
Quien se apropia algo es sólo para administrarlo en bien de to-
30 El Evangelio, al enseñarnos la caridad, nos inculca el respeto privilegiado a los pobres
y su situación particular en la sociedad: los más favorecidos deben renunciar a algunos
de sus derechos para poner con mayor libertad sus bienes al servicio de los demás.
Efectivamente, si más allá de las reglas jurídicas falta un sentido más profundo de res-
peto y de servicio al prójimo, incluso la igualdad ante la ley podrá servir de coartada a
discriminaciones agrantes, a explotaciones constantes, a un engaño efectivo” (OA 23).
138 La Cuestión Social
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Año 31, n. 1
Foro social dr. francisco manuel alvarado avilés
dos” (LS 95); así entendidos los bienes comunes, la colaboración en-
tre gobierno, mercado y sociedad civil puede ayudar a cambiar los
comportamientos de la comunidad.31
No se deja de lado la defensa de la propiedad privada, pero sí hay
un señalamiento en el sentido de que poseer hace que las personas
tengan un compromiso con la comunidad.32
Otro tema en que hay una evolución en el pensamiento es que
actualmente se resalta la relación del ser humano con el resto de la
creación. Si bien la encíclica Rerum novarum ve con naturalidad que
el hombre se domine a sí mismo, a la tierra y a sus frutos (RN 5), hoy
se entiende de forma distinta la relación con la naturaleza, pues se
le considera un ser vivo, obra de Dios y que, por tanto, necesita cui-
dado. El papa Francisco explica que “una presentación inadecuada
de la antropología cristiana pudo llegar a respaldar una concep-
ción equivocada sobre la relación del ser humano con el mundo. Se
trasmitió muchas veces un sueño prometeico de dominio sobre el
mundo que provocó la impresión de que el cuidado de la naturaleza
es cosa de débiles” (LS 116). Este cambio puede ser resultado de que
hay más entendimiento de la relación entre el hombre y el medio
ambiente, del conocimiento sobre la limitación de los bienes natu-
rales, que lleva a considerar que los recursos naturales no perma-
necerán por siempre.
Ya hemos mencionado que en los años posteriores a la publicación
de la encíclica Rerum novarum y en respuesta a las condiciones polí-
ticas, sociales, económicas y culturales, la visión que manifestaba el
pensamiento social cristiano sobre el gobierno fue cambiando. Se ha
ido aceptando que no toda intervención proviene de gobiernos auto-
ritarios y que en muchos lugares es necesaria para mejorar las con-
31 En esta línea se utiliza sociedad civil como una categoa general, sólo para distinguir a
personas y grupos que no esn en el gobierno y que no buscan expcitamente el lucro
comercial. Esta categoa es heterogénea y en este momento no se pretende emitir
una valoración de su comportamiento o de las causas que deende.
32 En la enclica Laudato si’, el papa Francisco se hace de las palabras del papa Juan Pablo
II para explicar la relación del cristiano con la propiedad privada: “la Iglesia deende,
, el legítimo derecho a la propiedad privada, pero enseña con no menor claridad que
sobre toda propiedad privada grava siempre una hipoteca social, para que los bienes
sirvan a la destinación general que Dios les ha dado” (Discurso a los indígenas y cam-
pesinos de México, Cuilapan (29 de enero de 1979), 6: AAS 71 (1979), 209” (LS 93).
La Cuestión Social
,
Año 31, n. 1 139
El desarrollo y la democracia vistos desde la doctrina social cristiana
diciones de los que menos tienen. El papa Francisco habla del papel
de las autoridades y afirma que tienen la responsabilidad de apoyar a
pequeños productores; incluso afirma que, para lograr una verdadera
libertad económica, en momentos, deben poner límites a quienes
poseen mayores recursos y poder financiero (LS 129). La propues-
ta del Papa no es en favor de un estado que controle la economía, sino
de instituciones que nivelen las diferencias.
Algunas reexiones nales
Una pregunta que podría surgir al leer la encíclica Rerum novarum
es si tiene algún mensaje para este mundo que atraviesa una pande-
mia. Para responder, se propone acudir, en primer lugar, a la fuente
de inspiración, esto es, al mensaje del Evangelio de amor preferen-
cialmente hacia los más desprotegidos y, en segundo lugar, leer los
signos de los tiempos para encontrar quiénes son los más vulnera-
bles, los descartados, las personas que viven con más angustia las
carencias y la indiferencia social.
Según se explicó, a finales del siglo
xIx
los obreros eran uno de los
grupos más desprotegidos; por eso, la encíclica de León XIII los pone
en el centro, enfatiza su humanidad y condición de hijos de Dios. Si el
mensaje del Evangelio es la libertad para todos, entonces se ha tenido
que prestar atención a más grupos: a los indígenas, a los niños, a los
negros, a las mujeres; en fin, a todos los que viven descartados, al
margen de la sociedad. La Iglesia ha recogido este mensaje liberador,
porque “ve en el hombre, en cada hombre, la imagen viva de Dios”
(Compendio de la Doctrina Social Cristiana, 105). ¿Cómo releer este
mensaje liberador en medio de una pandemia que invita a alejarnos
del otro? ¿Cómo interpretar los signos de los tiempos para entender
que el llamado es a todos, que trasciende signos políticos y que no
importa la nacionalidad de las personas?
Para realizar esta relectura, tendrían que considerarse dos dimen-
siones: la personal y la comunitaria o social. Acerca de la dimensión
personal, hay que recordar que el papa Francisco invita a una conver-
sión personal, a cultivar la fraternidad y vencer el individualismo (FT
104 y 105), el trabajo empieza en la pequeña comunidad, la familia, en
140 La Cuestión Social
,
Año 31, n. 1
Foro social dr. francisco manuel alvarado avilés
el compromiso individual de hacer algo en beneficio de la colectivi-
dad; así, éste puede ir extendiéndose a organizaciones sociales más
complejas, como la escuela, el barrio, la ciudad, entre otros.
En la dimensión comunitaria o social, las acciones personales son
útiles; sin embargo, son más efectivas las acciones colectivas que
pueden realizarse por distintos caminos; por ejemplo, la parroquia,
las organizaciones de vecinos, las no gubernamentales u otro tipo de
ellas que se enfoque a hacer el bien a la comunidad. Ahora bien, un
trabajo muy importante es el que realizan las instituciones guber-
namentales que, por medio de leyes, reglamentos, políticas públicas,
entre otras, pueden disminuir las desigualdades sociales y brindar
oportunidades a los descartados.
¿Por qué no se deja la solución de las desigualdades sólo a la acción
de los particulares o del mercado? En primer lugar, porque la comple-
jidad de la sociedad, la naturaleza de los problemas y los recursos que
se necesitan para dar atención a los más desprotegidos hace necesa-
rio que los gobiernos pongan en marcha políticas para atender a los
s vulnerables; por ejemplo, para atender la educación, la salud o
el mejor reparto de algunos bienes. Si cada uno de estos problemas se
dejara sólo a la acción individual, es muy probable, que los patrones
de desigualdad se repitieran. Es necesario enfatizar que las institu-
ciones a las que se hace referencia no son totalitarias, sino abiertas a
la pluralidad de la sociedad, a los mecanismos democráticos de deli-
beración, toma de decisiones y rendición de cuentas.
En segundo lugar, si se dejara sólo al mercado la tarea de eliminar
las desigualdades, podría incrementar los desechados, ver como so-
lución eliminar a las personas que no rinden económicamente, por
medios que van desde dejarlos a su suerte y que les sea imposible
sobrevivir, hasta el uso de métodos criminales.
Una de las vías para disminuir las desigualdades sociales es crear
políticas públicas que formen capacidades en todos los ciudadanos,
empezando por los más pobres. Dichas políticas deben partir de ga-
rantizar educación, salud y un nivel mínimo de ingreso, para garan
-
tizar que las personas sean sujetos de derechos. Las políticas descri-
tas podrían venir de un gobierno autoritario o de uno democrático;
sin embargo, los gobiernos democráticos son los que mejor impulsan
La Cuestión Social
,
Año 31, n. 1 141
El desarrollo y la democracia vistos desde la doctrina social cristiana
políticas en pro de la igualdad y pueden incluir a la mayor cantidad
de población. Esto se debe a que la democracia propicia un sistema
abierto a las diferencias, un sistema de valores igualitarios, servi-
cios públicos especializados, una forma de gobierno que respeta la
diversidad cultural y religiosa, donde la ciudadaa puede partici-
par por distintas vías, como la electoral, la participación en organi-
zaciones de la sociedad civil o la pequeña acción comunitaria.33
El gobierno democrático hace su trabajo vía políticas públicas. Para
atender a los más necesitados, puede poner distintos objetivos; por
ejemplo, para fomentar la redistribución del ingreso, puede imponer
altos impuestos y establecer altos subsidios en salud y educación;
para fomentar la mejora en la educación, puede invertir en la infraes-
tructura educativa, crear incentivos para evitar la deserción en el
nivel medio y promover la educación de las niñas y adolescentes, en-
tre otros. Así, en cada tema hay diversos caminos para resolver los
problemas de la sociedad, es decir, distintos conjuntos de políticas
que resuelven el problema; la democracia es el medio por el que la
sociedad puede elegir el camino que cree le conviene más.
El mensaje de la encíclica Rerum novarum ha tenido que adaptarse a
varios momentos en el siglo
xx
; en este momento, tiene que adaptarse
a los signos de los tiempos y observar que el peligro de deshumani-
zación y materialización de la persona no sólo puede venir del co-
munismo. El sistema liberal-capitalista puede llegar al extremo de
concentrarse tanto en las ganancias que se olvide de las necesidades
no materiales de las personas, de su crecimiento espiritual y de sus
necesidades personales.
En resumen, en el ámbito civil, las instituciones nacionales e
internacionales son instrumentos que contribuyen a construir un
espacio de igualdad, leyes que limiten excesos de algunos grupos
y brinden oportunidades a los grupos más rezagados; para esto, la
política fiscal —es decir, los impuestos y los subsidios— es un ins-
33 Cfr. S. M. Lipset, Some social requisites of democracy: Economic development and
political legitimacy. The Political Science Review (1: 83, 1959). De él mismo, The social
requisites of democracy revisted: 1993 Presidential address. American Sociological
Review (59, 1, 1, 1994).
142 La Cuestión Social
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Año 31, n. 1
Foro social dr. francisco manuel alvarado avilés
trumento necesario. Por eso, quienes no pagan impuestos atentan
contra el bienestar de todos los hermanos.
A forma de colofón, se tendría que comentar que la sociedad de-
mocrática descrita permite la colaboración entre la Iglesia y el es-
tado, porque ambos pueden trabajar en promover el desarrollo. Hay
caminos para superar los recelos que una causa al otro; por un lado,
la Iglesia puede reconocer y apoyar las políticas que los gobiernos
hacen en pro del bien común, independientemente de las posturas
ideológicas; por el otro lado, el estado puede aceptar que las parro-
quias son un medio de creación de comunidad y no recelar de algunas
opiniones de sacerdotes. Como indica el papa Francisco, el llamado
es para todas las personas de buena voluntad.
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Francisco Manuel Alvarado Avilés
Doctor en Ciencia Política por la Universidad Nacional Autónoma de
México. Maestro en Administración Pública y Políticas Públicas y
Licenciado en Economía, ambos por el Tecnológico de Monterrey.
Experto en el estudio de la relación entre desarrollo y democracia
en México y en el análisis cuantitativo de ciencias sociales, particu-
larmente, la democracia.