La
cuestión
social
Documentos, ensayos, traducciones, comentarios, entrevistas,
notas bibliográcas y reseñas de libros acerca de lo social
ENERO-JUNIO DE 2023
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PHV in memoriam
† Emmo. Sr. Cardenal Roger Etchegaray
PHV in memoriam
†Lorenzo Servitje Sendra
PHV in memoriam
†Salvador Domínguez Reynoso
Presidente
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Vicepresidentes
Javier Ballesteros de León
María del Pilar Mariscal Servitje
Directora del Imdosoc
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Tesorero
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Secretaria
Ma. de la Paz Soberón
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Precio del ejemplar: $ 120.00 Suscripción anual: $ 220.00
EQUIPO EDITORIAL
Editor en jefe
Gerardo Cruz González
Editora operativa
Verónica Morales
Junta editorial
Daniel Cuéllar Jasso,
David Eduardo, Vilchis Carrillo,
Verónica Morales Gutiérrez
Diseño
Alberto Nava
Corrección de estilo
Eva González Pérez
Instituto Mexicano
de Doctrina Social Cristiana
DIRECTORIO
Contenido
PRESENTACIÓN
SECCIÓN TEMÁTICA
La parresía profética del papa Francisco
DRA. EMILCE CUDA, DR. FELIPE DE JESÚS LEGARRETA-CASTILLO
Argentina-Ciudad del Vaticano / Estados Unidos
Futuro y futuridad en la teología del papa Francisco
DR. DIEGO MAUROArgentina
Desplegar el mapa: itinerario de la reforma del papado
en un mundo en cambio
DR. ANÍBAL GERMÁN TORRESArgentina
La migración en el pensamiento del papa Francisco
DR. MARCO STRONAItalia-Guatemala
FORO SOCIAL
Religión y comunicación humana.
DR. XABIER PIKAZA IBARRONDOEspaña
El desarrollo y la democracia vistos desde la
doctrina social cristiana
DR. FRANCISCO MANUEL ALVARADO AVILÉSMéxico
MISCELÁNEAS
Trazos para una teología política descolonial,
Silvana Rabinovich (reseña)
LUIS RODRIGO WESCHE LIRAMéxico
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DR. XABIER PIKAZA IBARRONDO
ESPAÑA
RELIGIÓN Y
COMUNICACIÓN HUMANA
El camino sinodal del papa Francisco
RESUMEN
El papa Francisco propuso en 2015 un proyecto de recreación
cristiana en línea de recuperación ecológica (Laudato si). Ha vuel-
to a proponer (2020-2022) otro proyecto clave de tipo teológico
y social, centrado en la renovación de la iglesia desde una pers-
pectiva de sinodalidad, es decir, de planteamiento y solución de
los problemas en una línea de diálogo y camino compartido (syn-
hodos) entre todos los creyentes. De esta manera, el Papa vuelve
a los principios de la experiencia religiosa, entendida en forma de
construcción sacral de la sociedad. El texto que aquí se presenta
expone los principios y elementos históricos, sociales y cristiano
de dicho proyecto.
Palabras clave: Historia, Iglesia, Jesús, racionalidad, resurrección,
sociedad.
ABSTRACT
Pope Francis, who had proposed an online Christian recreation
project for ecological recovery (Laudato si) in 2015, has again
proposed, in recent years (2020-2022), another key theological
and social project: The renewal of the church from a perspective
Recepción: 10/10/ 2022 – Aprobación: 21/10/2022
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Foro social dr. xabier pikaza ibarrondo
of synodality, that is: of approaching and solving problems in line
of dialogue and shared path (syn-hodos) among all believers. The
pope thus returns to the principles of religious experience, un-
derstood as a sacral construction of society. This paper exposes
the historical, social and Christian elements of this project.
Keywords: History, Church, Jesus, rationality, resurrection, society
Como punto de partida para la renovación del cristianismo y de la
vida humana, el papa Francisco ha iniciado en la Iglesia Católica un
proyecto universal de sínodo (syn-hodos: andar juntos), pues, a su
juicio, la religión (=humanidad) es comunicación, palabra de Dios hecha
carne (comunión) en la vida de los hombres (Jn 1, 1.14).
Éste es un tema teológico, fundado en el hecho de que la Palabra se ha
hecho carne (Verbum caro factum est). Pero también es sociológico, pues
el centro y motor de la sociedad es la palabra, que asume y desborda el
genoma biológico por medio de una comunicación verbal que permite
a los hombres de toda raza, religión y lengua comunicarse entre sí.
Sobre ese fondo, partiendo del “dogma” cristiano de la Pala-
bra, que no es imposición de una verdad cerrada, sino propuesta de
comunicación universal, en forma de camino compartido, el papa
Francisco ha pedido a los cristianos que se comuniquen entre sí, en
conversación de cuerpo y alma, de pan y de vida. No quiere imponer
una religión particular, sino abrir un camino de comunión en el que
quepan todos, no para seguir siendo lo que son, sino para transfor-
marse, desde la semilla de vida divina que es la vida humana.1
En otros lugares,
2
he ofrecido un comentario a los textos sinodales
de la Biblia, en sentido teológico y social. Aquí supongo conocido el
1 Desde hace tiempo he venido elabondolo y así lo he preparado en algunos libros como
El fenómeno religioso. Madrid: Trotta, 1998; Sistema, libertad, Iglesia. Instituciones del NT
(Madrid: Trotta, 1999), Dios es Palabra (Santander: Sal Terrae, 2003), Historia de Jesús (Es-
tella: Verbo Divino, 2013); La familia en la Biblia (Estella: Verbo Divino, 2014), Jesús educador
(Madrid: Khaf, 2017), Gran Diccionario de la Biblia (Estella: Verbo Divino, 2015) Dios o el dinero
(Santander: Sal Terrae, 2019) La palabra se hizo carne, Teoloa de la Biblia (Estella: Verbo
Divino, 2020). A ellos remito a quienes deseen más precisiones sobre el tema.
2 Cfr. Testimonio, Santiago de Chile: Conferre, 2022
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Religión y comunicación humana. El camino sinodal del papa Francisco
tema y me limito a recordar que el principio de la sinodalidad con-
siste en decidir juntos los temas de la vida, para comer juntos (He 15,
28; y Ga 2, 5.14; Mc 10, 28-31), no para restar sino para sumar bienes y
familia, a fin de compartir el ciento por uno en campos, casas y ma-
dres/hermanos (Mc 10, 28-31). Desde ese fondo, me limito a esbozar el
“principio y fundamento” del camino sinodal, vinculando el nivel más
filosófico con el religioso/cristiano, desde una perspectiva histórica y
sociológica.
Este trabajo consta de tres partes. La primera define al ser huma-
no en claves de comunicación. La segunda expone el despliegue de
las religiones y la crisis actual del hombre historia. La tercera plantea
algunos retos y tareas del renacimiento sinodal cristiano, en la línea
del papa Francisco.
Expongo este proyecto desde mi perspectiva de europeo y cris-
tiano/católico, pero quiero desarrollarlo en una línea abierta a otras
culturas más cercanas (de América) o más lejanas (de África o Asia).
La cuestión no es saber cómo somos cristianos y sinodales (univer-
sales) en un lugar determinado (como el País Vasco o México), sino
en cómo ser cristianos en un mundo dominado por el capitalismo y
necesitado de más diálogo social y religioso.
Éste es un momento privilegiado: Desde la atalaya europeo/ame-
ricana, de principios del siglo
xxI
, tras los grandes cambios del final
del xx, podemos entender y recorrer mejor unos caminos de sinoda-
lidad “católica” (universal) del cristianismo, que el papa Francisco
viene planteando.3
1. El ser humano es comunicación
En sentido extenso, podemos afirmar que toda realidad es comuni-
cación o relación entitativa, como de formas distintas y complemen-
3 He plantado varias veces el tema en clave religiosa, a partir de Hombre y mujer en Hom-
bre y mujer en las religiones (Estella: Verbo Divino, 1996). Cfr. Monoteísmo y Globalización.
Moisés, Jesús, Mahoma (Verbo Divino, Estella 2002), Violencia y diálogo de religiones.
Un proyecto de paz (Santander: Sal Terrae, 2004). He recibido el Premio J. Andrés, de la
Universidad de Alicante/Espa, por mi trabajo Religión y globalización (Madrid: Verbum,
2014).
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tarias señalaron, a principios del
xx
, dos pensadores hispanos, Amor
Ruibal y Zubiri.4 En el campo general de la relación comunicativa,
distinguimos dos formas básicas: una cósmico-biológica (propia de
la naturaleza, es decir, de los seres prehumanos) y otra histórico-
intencional (propia de los humanos).
La comunicación cósmico-biológica es más cerrada y está básica-
mente fijada de antemano, dentro de un sistema de totalidad, es de-
cir, en un conjunto comunicativo, sin que existan seres individuales
propiamente dichos (conscientes de sí mismos). Por eso, las interac-
ciones (comunicaciones) se repiten de un modo constante, conforme
a unos patrones fijados, de un modo material y biológico dentro de
la “evolución” general del sistema. Los cambios se realizan por mu-
tación física o genética (por evolución de las especies en los seres
vivos). Los diversos elementos cósmicos, y en su plano los vivien-
tes (plantas, animales), se encuentran ajustados a su entorno, de ma-
nera que no tienen conciencia de su identidad, ni son dueños (agen-
tes) de su proceso comunicativo. Se relacionan, pero no lo saben.
Están inmersos en un medio cósmico o vital que sólo va cambiando
por transformaciones materiales o biológicas que ellos no controlan,
pues no tienen conciencia.
Por el contrario, la comunicación histórico-intencional, propia de los
seres humanos, es más abierta, en un plano cultural, y acaba dirigida por
los mismos individuos, que tienen conciencia de sí y de su presencia,
acción en el mundo. Ciertamente, los seres humanos están programa-
dos en un plano físico-químico y biológico por códigos genéticos que
se transmiten desde el nacimiento (ADN). Sin embargo, ellos reciben,
asumen y transmiten otro tipo de códigos o programas específicos
de herencia cultural, que se expresan y despliegan por educación y
aprendizaje mediante la palabra. De esa manera, ha surgido un tipo
de comunicación que no está fijada por la naturaleza o el proceso bio-
4 Cfr. A. Amor Ruibal, Principios fundamentales de la losofía y el dogma I-X, Santiago de
Compostela 1930, 1914-1930. Desde ese presupuesto construyó X. Zubiri sus trabajos
sobre la esencia y el pensamiento humano, a partir de 1944. Lo que esos y otros autores
ofrecían en germen ha sido desarrollado de forma consecuente por algunos represen-
tantes de la nueva antropoloa cognitiva; cfr. D. E. Rumelhart, J. L. McClelland, eds.,
Introducción al Procesamiento Distribuido en Paralelo (Madrid: Alianza, 1992).
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Religión y comunicación humana. El camino sinodal del papa Francisco
lógico, sino que se expresa y despliega en formas humanas, mediante
estructuras simbólicas de relación (interacción) por el lenguaje.
Ciertamente, por naturaleza y biología, los seres humanos siguen
ajustados a su medio, pero al mismo tiempo superan ese ajuste y
cambian (crean y recrean) sus formas de comunicación individual
y social. En ese sentido, los hombres somos destinatarios y agentes
de nuestro proceso comunicativo, de manera que podemos transmitir
posibles conocimientos que transcienden nuestro nivel biológico, en
una vida abierta a la resurrección de los muertos.5
Desde ese fondo, podemos hablar de realismo y de utopía de la his-
toria. La historia es realista, y tiende a mantener al hombre a su nivel,
oponiéndose a la ilusión de soñadores poco atentos a los procesos so-
ciales, ideológicos, económicos y políticos. Pero, en sentido cristiano,
ese realismo no debe cerrarse en un plano natural y biológico, sino
abrirse al futuro, en un plano de invención y comunicación, de crea-
tividad cultural y transmisión programada de posibilidades de vida.
Somos animales llamados a ser divinos, pues Dios se ha hecho en Cris-
to “todo en todo” (todos mueren en Adán, todos son vivificados en el
Cristo: 1 Co 15). Ciertamente, la utopía mesiánica del cristianismo no
puede desligarse del realismo de la historia; pero el mismo realismo de
la “carne” (Jn 1, 14), nos lleva a entender la historia como una comuni-
cación abierta al futuro de la comunión universal, en Jesús resucitado.
Historia humana, novedad cristiana
El mismo realismo de la historia implica, según eso, un tipo de utopía.
Por presión biológica y por afirmación intelectual, el ser humano se
ha “atrevido” a superar el límite de las puras relaciones naturales,
aprendiendo a vivir a nivel de conciencia y comunicación intencional,
en un plano de “donación” o regalo de vida; pues el hombre sólo tiene
aquello que “da”, aquello que transmite y regala a los demás para que
sean. Ésta es su grandeza, éste su riesgo. Por un lado, el hombre es el
5 Me inspiro en X. Zubiri, “La dimensión histórica del ser humano”: Realitas 1 (1974) 11-70;
presento mi visión de la historia “sinodal” del hombre en La palabra se ha hecho carne
(Estella: Verbo Divino, 2021).
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s débil y desajustado de los vivientes: nace sin respuestas sabidas de
antemano. Por otro, es el más fuerte de los vivientes conocidos, pues
crea o busca un futuro en el que pueda alcanzar su identidad, en co
-
munión con otros seres humanos. Sólo la búsqueda futura de sí mismo
en los demás, sólo el regalo de su ser como palabra, en un camino de
futuro abierto a la “vida, lo define y eleva sobre los otros animales.
La utopía mesiánica (cristiana) es un modo de trascender ese rea-
lismo de la historia, en línea de comunicación social (esto es, de vida
regalada a los demás para que sean). Ciertamente, hay otros tipos de
utopía religiosa o racional,
6
pero la más significativa y fértil de Occi-
dente ha sido el cristianismo, intrínsecamente vinculada a la capa-
cidad creadora de los seres humanos en un plano social, conforme a
esa utopía cristiana (dar la vida a los demás para que sean es ganarla
para ellos y para uno mismo, pues lo que se da no se pierde, sino que
se gana en un plano más alto (cfr. Mc 8, 34-38 par; 10, 28-31).
La utopía mesiánica (cristiana) deriva de la gratuidad comunicati-
va o revelación personal de un Dios que se “encarna” en el camino de
la vida compartida de los hombres. De esa manera, el realismo
de la historia (de la racionalidad comunicativa) puede vincularse con
la utopía de la gratuidad cristiana, a través de un camino sinodal de
diálogo entre todos los hombres.
El realismo de la historia (de lo que suele llamarse en teología na-
turaleza humana) puede existir sin cristianismo. Pero la utopía cris-
tiana sólo puede existir sobre la base de la comunicación histórica
(gratia supponit naturam), es decir, de un descubrimiento y despliegue
de la gratuidad, como proclama el sermón de la montaña: superar la
violencia impositiva, perdonar, amar a los enemigos, no juzgar, abrir
camino para todos.7
6 El budismo ha tendido a interpretar la utopía de una forma suprasmica (superación
del deseo). El racionalismo consecuente la entiende como proceso o despliegue de las
potencialidades de la misma historia. El cristianismo vincula un elemento racional (sis-
témico) y otro que desborda todos los sistemas racionales en línea de superación del
talión, de gratuidad (la utoa del Reino de Jes).
7 Sobre los grados de la realidad, y sus relaciones, cfr. N. Hartmann, Ontología (1935).
Acerca de la relación entre naturaleza y gracia, cfr. H. de Lubac, Surnaturel (Pas: Au-
bier, 1946 [1965]), K. Rahner, “Sobre el concepto escostico de la gracia increada, Es-
critos de teología I (Madrid: Taurus, 1967, 351-380).
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Religión y comunicación humana. El camino sinodal del papa Francisco
Ciertamente, en otras religiones puede darse una “utopía comu-
nicativa” que no sea evangélica (que no se funde en Jesús); pero los
cristianos interpretan esa utopía en línea de evangelio (buena noticia
de la salvación), interpretándola a partir del mensaje y de la expe-
riencia pascual de Jesús. Desde ese fondo, en clave cristiana, podemos
reformular el título de un libro de K. Rahner (1967): el hombre no es
sólo oyente (ser que puede escuchar la posible revelación gratuita de
Dios) sino comunicante de la Palabra, pues forma parte de una historia
comunicativa abierta, que se desborda a sí misma, recibiendo y dando
por gracia (no en imposición natural) un sentido más hondo al futuro
divino de la vida humana.
Proyecto sinodal comunicativo
El hombre es un ser no fijado de antemano y desde fuera, sino que
debe hacerse a sí mismo, en proceso de comunicación consciente, en
el que recibe, asume y entrega (regala su ser) a fin de que otros sean
(y él en ellos) en un camino cultural histórico. No estamos cerrados
por naturaleza, no tenemos las respuestas programadas por biología,
sino que recreamos nuestro
adn
personal (supra-biológico), siendo
nosotros mismos al ser y vivir en los otros, esperando una vida futura
de resurrección.
Somos comunicación. Ningún continente de la tierra es nuestra tie-
rra, ninguna zona del mundo nuestra patria. Nuestra “casa” o patria
es el lenguaje, la historia de la comunicación. De ella nacemos (de lo
que nos dicen y ofrecen en plano de palabra); en ella nos realizamos,
acogiendo, ofreciendo y compartiendo un proceso simbólico de inte-
racción personal. La comunicación es la fuente de nuestra identidad:
en ella somos, escogiendo nuestro ser; en ella se encuentra nuestro
destino (no podemos ser de otra manera, ni volver al cosmos incons-
ciente). Quizá podamos distinguir tres planos.
Somos naturaleza: Por eso nuestra comunicación sigue arraigada
en el proceso expresivo (expansivo) del mundo físico y del despliegue
de la vida, pues ser es comunicarse: más que esencia hecha (entidad
fijada, con valor eterno), la realidad es proceso comunicativo.
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Somos naturaleza consciente de sí misma. Por eso somos comunica-
ción que se sabe y dirige (regula) a sí misma, con lo cual elaboramos
nuestra identidad en forma suprasica y suprabiológica, es decir,
cultural. Ser es comunicamos a nosotros mismos, siendo así desde
y para (con) otros.
Somos “sujetos” conscientes de una comunicación personal abierta a un
futuro de vida que podemos definir como salvación. Éste es el mensaje de
Jesús que podemos compartir y compartimos en el proceso sinodal
de la vida: Unos a otros nos animamos en el camino y nos ofrecemos
una esperanza de plenitud (de salvación y resurrección) con ellos.
Eso significa que los hombres somos seres optantes, que han te-
nido que comunicarse vida para vivir, pues no tienen una respuesta
vital dada de antemano (por algún tipo de “instinto” biológico o cós-
mico). Somos seres intencionales: vivientes que al relacionarse unos
con otros lo hacemos con un deseo de ser finalidad, de vivir y dar (y
recibir vida) conforme al mensaje de Jesús. Según eso, en un sentido,
decimos que la naturaleza es un gran proceso comunicativo (como
proclama Ro 8), pero ella no lo sabe, no tiene conciencia, ni pue-
de programar su comunicación. El ser humano, en cambio, es comu
-
nicación que se sabe y se programa, como dice la tradición cristiana
al afirmar que es “dueño” de la naturaleza, pues la dirige y organiza
en un sentido trascendente (religioso).
2. Comunicación y religión
Como he dicho, el hombre es historia porque crea, transmite y com-
parte posibilidades de comunicación, no sólo en elementos limita-
dos (cosas o situaciones aisladas), sino en línea de totalidad. En las
reflexiones que siguen quiero destacar, en perspectiva occidental,
algunos momentos de la creatividad y crisis comunicativa que nos
permitirán situar mejor la utopía cristiana que sigue.
Pienso que en una línea en la historia humana se ha dado un avan-
ce, de manera que los diversos momentos que destacaré se implican
y suceden unos a los otros. Pero, en otra línea, se puede hablar de
circularidad, pues el final (comunicación en plenitud) vuelve de algún
modo al principio (fondo divino matriarcal del que venimos). En ese
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Religión y comunicación humana. El camino sinodal del papa Francisco
contexto, quiero hablar de un comienzo (matriarcado) de unas crisis
y una meta (transparencia comunicativa).
Comienzo simbólico, matriarcado
Podemos suponer que hubo un comienzo que de modo general se
identifica con las religiones de la naturaleza, esto es, del mundo di-
vino. El conjunto de la realidad sería en el principio como madre, ma-
nadero vital del mundo y de los hombres. En ese principio incluimos
las culturas del neolítico europeo que parecen divinizar los poderes
maternos del cosmos y en línea bíblica poda hablarse de un triunfo
de Eva, de la vida divina. La comunicación fundante, que liga al ser
humano con los poderes del mundo, se simboliza de esa forma en
clave femenina. Venimos, como sabe Ex 34, del rehem (útero) divino.
Nos comunicamos porque surgimos de un tipo de útero divino, de
la Realidad fecunda y fundante, fuente de vida universal. Al principio
sería la madre, la naturaleza comunicativa (el bonum diusivum sui
de la tradición neoplatónica). Ella sería rectora del conjunto social.
Los varones realizarían una función subordinada. Lo divino aparece
simbolizado a la “diosa” originaria, madre de todos los vivientes (cfr.
Eva en Gn 3, 20).8
Crisis patriarcal, violenta
Podemos vincularla, desde una perspectiva europea (indoeuropea) al
surgimiento de las religiones de los pueblos conquistadores que divi-
nizan los poderes de la guerra. En torno al 3 000 a. de C., entre Europa
y Asia, triunfaron grupos violentos, dirigidos por reyes guerreros
que cambiaron las formas anteriores de vida y conciencia matriarcal,
divinizando unos signos y conductas patriarcales de exclusión violenta
y guerra. Los dioses de estos pueblos dominadores (entre ellos, en
8 He estudiado el tema en Hombre y mujer en las religiones (Estella: Verbo Divino, 1996,
19-21). La vuelta al mito de la madre inspira parte de la antropología contemporánea,
desde. M. Gimbutas, The Civilization of the Goddess (San Francisco: Harper, 1991). Este
principio materno parece latente en el sinodal de Francisco, tanto en Laudato si’ (2015)
como en Querida Amazonia (2020).
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Foro social dr. xabier pikaza ibarrondo
perspectiva más occidental, los indoeuropeos y semitas) son signos
de fuerza y conquista masculina. Ellos han destronado a la diosa,
colocando en su lugar sus signos de violencia triunfadora.
El rasgo fundante (divino o racional) de la comunicación no es
ya la madre dadora de vida (diosas), sino la razón que se expresa y
realiza a través del Dios-guerra (padre de dioses y hombres), como
decía Heráclito.
9
La palabra de los dioses masculinos del cielo es el
rayo; su razón, el sexo. Estos signos han seguido estando en el fondo
del racionalismo posterior de las culturas vencedoras que dominan
el mundo por la muerte. En este contexto, en vez de la sangre ma-
terna (fuente de vida), triunfa y se impone la sangre masculina de la
guerra, simbolizada y ritualizada por dioses y sacrificios fundantes
(asesinato originario). No hay syn-hodos (camino compartido), sino
anti-hodoi (caminos enfrentados).
Estos dioses y sus representantes (reyes, guerreros) viven de
matar y dominar a los demás. De esa forma, ponen en el centro de
la conciencia el signo de la muerte. Ellos (y los pueblos que les si-
guen) han logrado conquistar el mundo. Nosotros, indoeuropeos y
semitas (y en algún sentido todos los pueblos “modernos”), somos
sus herederos. Hemos triunfado a costa de la madre (es decir, del
diálogo de fondo de la vida). Ahora, tras cinco milenios de triun-
fo masculino, podemos quizá mirar hacia atrás, para recuperar el
aspecto femenino o materno de la vida, superando así la sin-razón
de la violencia.
Anticrisis. Tiempo-eje y religiones clásicas
En un momento dado, entre los siglos
vII
y
v
a. de C., reinterpretando
y superando el patriarcalismo de las religiones politeístas y guerre-
ras, en China, India, Persia, Israel y Grecia, fue surgiendo un tipo de
conciencia-religión de carácter más “humano, que (en sus formas
9 La guerra es común a todas las cosas”. “Es padre y rey de todas las cosas: a unos los
muestra dioses y a otros hombres, a unos los hace esclavos y a otros libres” (Fragmentos
80 y 53). He estudiado el tema en Antropología Bíblica, BEB 80 (Salamanca: Sígueme,
2005); cfr. R. Girard, El misterio de nuestro mundo (Salamanca: Sígueme, 1982); G. Du-
mézil, Mitra-Varuna (París: PUF, 1959); Les Dieux des Indo-européens (París: PUF, 1959).
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Año 31, n. 1 101
Religión y comunicación humana. El camino sinodal del papa Francisco
originarias o en sus expansiones: budismo, cristianismo, Islam) se ha
extendido luego por casi todo el mundo. Estas culturas, definidas por
una nueva racionalidad y una más alta valoración del ser humano,
han abierto caminos de organización social y religiosa por los que
todaa seguimos andando.10
Conforme a esta visión, la historia humana no avanza a través
de una “cultura única, sino a través de un abanico de culturas/reli-
giones, complementarias, como los colores del arco iris. Las religio-
nes y culturas que se siguen extendiendo por el mundo (occidente
europeo y americano, India y China, bloque árabe y malayo, Japón,
lejano oriente) pueden sentirse aquí representadas. Eso los lleva a
mantener un camino sinodal de diálogo, por encima de las diferen-
cias que separan a Oriente de Occidente, a unas culturas y religiones
de otras. A pesar de ello, estas culturas post-axiales (posteriores al
tiempo-eje) parecen incapaces de establecer un diálogo universal,
porque reprimen el aspecto materno de su origen y no todas logran
descubrir el valor personal del ser humano como gracia, entrega mu-
tua, en la línea del proceso sinodal de la vida.11
Propuesta cristiana. Un camino sinodal
Como he dicho, aquí entiendo y presento el cristianismo no como una
religión opuesta a las demás, sino como experiencia y tarea de comu-
nicación universal, poniendo de relieve la trascendencia de Dios (lo
divino) y el valor de los seres humanos, que son “absolutos” (perso-
nas) en comunicación con Dios y con otros seres humanos.
12
Siguiendo
10 Cfr. K. Jaspers, El origen y meta de la historia (Madrid: Alianza, 1981). De un modo u otro,
entre el VII y IV a. C., Zoroastro y Buda, brahmanes y profetas de Israel, sabios chinos y
lósofos de Grecia han criticado a los dioses precedentes (patriarcales), acusándoles
de inmorales, inexistentes o irracionales, según los casos
11 Los modelos de racionalidad y dlogo religioso de las culturas postaxiales siguen sien-
do masculinos y violentos Ciertamente, no se puede desandar el camino del tiempo-
eje, pues la humanidad en su conjunto ha superado el nivel de la naturaleza y volver a
ellas sería retroceso. Sin embargo, tampoco podemos sacralizar las “conquistas” de
los pueblos triunfadores, como si fueran sin más valiosas.
12 La experiencia cristiana, apoyada en el fondo israelita, destaca el valor de la encarna-
ción, o revelación de Dios en el proyecto de reino de Jesús, es decir, en un camino de
comunicación humana.
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Foro social dr. xabier pikaza ibarrondo
la línea judía (AT), el cristianismo ha introducido en la historia de la
humanidad (de las religiones) el valor absoluto de cada persona y
la exigencia/tarea de una comunicación personal entre los hombres,
en forma sinodal. Dios no se encuentra fuera ni en la totalidad del cos-
mos ni en la pura interioridad de las personas, sino en la comunicación
de vida entre los hombres.
Cada ser humano es persona, valor absoluto, pero no cerrada en sí,
sino al comunicarse; de modo que cada uno “es” Dios en, para y con
otros; de modo que el amor de (a) Dios se expresa y revela (se realiza)
en forma de amor entre los hombres (cfr. Mc 12, 28-35, amar a Dios y
al prójimo, y Mt 25, 31-46, amar a Dios en los necesitados).
Cada ser humano es único: no es simple parte de un todo cósmico,
ni puro elemento de un grupo social, ni momento en el despliegue
espiritual del alma. Cada uno es absoluto, pero sólo en comunica-
ción con otros, de tal manera que en el plano humano no se puede ya
hablar de comunicación de cosas (ni de sabidurías o pensamientos),
sino de vida entre personas.
Superar el riesgo de dominación del “sistema” antidivino
En este momento (2022), nos hallamos (como en el tiempo de Jesús)
ante la crisis de racionalización (divinización) de un sistema de un
poder antihumano (representado por Belcebú, lo demoníaco), que se
expresa en forma de dominación económica (no podéis servir a Dios
y a Mammón: Mt 6, 24).
Esta crisis de la racionalización deshumanizadora no se ha expre-
sado sólo en un nivel teórico (de pensamiento), sino especialmente
en el plano de la economía y la política. El ser humano ha venido
a presentarse como sujeto, agente racional, capaz de organizarse y
dominar el mundo con su mismo pensamiento, pero en forma de vio-
lencia económico-política, para al fin quedar dominado por aquello
que él mismo quiere dominar.
Ciertamente, la racionalidad instrumental tiene un aspecto positi-
vo, pues implica atreverse a pensar de un modo organizado y prác-
tico, interpretando la razón humana como expresión de verdad, sin
apelar a dioses o señores exteriores. Ser racional significa asumir el
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Religión y comunicación humana. El camino sinodal del papa Francisco
poder del propio pensamiento, entendido como capacidad de actuar
sobre las cosas.
En otro tiempo, el hombre habitaba en un mundo exterior sagrado
e impositivo, organizado en sí mismo, de manera que las posibili-
dades de su actuación (de su técnica) venían marcadas por la misma
naturaleza. Ahora es el hombre el que domina por su razón sobre
la naturaleza, viniendo a presentarse como dueño y señor de las co-
sas, que él utiliza para su servicio.
Pero esa misma racionalidad instrumental que le ha llevado a
la “conquista” técnica del mundo y al desarrollo de una economía
sistematizada (capitalismo) contiene en sí el riesgo de un oscure-
cimiento vital (el hombre se valora por lo que tiene y hace, no por lo
que es) y de una destrucción de las personas, convertidas en puros
utensilios al servicio del sistema.
Nos hemos enriquecido dominando el mundo (conquistas técni-
cas), pero corremos el riesgo de destruirlo (de envenenar y malgastar
sus recursos), matando de esa forma a nuestra madre tierra, de la que
provenimos y de esclavizar a las personas al servicio del sistema, es-
clavizando así a muchos pueblos y a millones y millones de personas.
Hemos creado una economía racionalizada, centrada en el desplie-
gue y triunfo del capital, con la producción de inmensos bienes de
consumo, de tal forma que muchos empiezan a tomar también a las
personas como simples bienes de uso y consumo. De esa manera, una
parte de la población mundial está condenada a vivir fuera de sí, en
el límite de la muerte.
Han crecido de forma casi infinita los “medios” de información y
comunicación superficial, en un plano técnico, pero corremos el ries-
go de destruir la comunicación humana, de persona a persona. ¿Cómo
caminar si no hay personas capaces de hacerlo? Muchos afirman en
este contexto que es necesario un “nuevo comienzo. O mantenemos
(potenciamos) a las personas para que puedan caminar o no podrá
haber ya más caminos sinodales.13
13 La racionalización es en sí misma buena, pero resulta peligrosa allí donde se vuelve
impositiva: razón dominadora frente al mundo (riesgo de destrucción ecológica) y razón
destructora frente a los perdedores del sistema (una mayoría de personas queda fue-
ra de los círculos de comunicación de los poderes establecidos).
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Convertirse para caminar. La verdad comunicativa
Así formula Jesús el nuevo comienzo humano en Mc 1, 14-15: Convertíos
(meta-noeite, cambiad de pensar o de vivir), porque llega (para que
llegue) el reino de Dios, es decir, la verdadera humanidad. Miradas
las cosas desde la razón técnica, hemos aprendido a trabajar de for-
ma organizada, produciendo bienes de consumo suficientes para el
conjunto de la humanidad (aunque dejando a media humanidad con
hambre). Hemos aprendido a producir “bienes de consumo”, pero sólo
para algunos, pues no hemos aprendido a crear los bienes verdaderos
del amor, del gozo y de la fraternidad, dándonos la mano en el camino,
porque no sabemos (no queremos) comunicarnos a nosotros mismos.
Ésta es la crisis, el reto supremo de este tiempo y de la humanidad
en su conjunto. O aprendemos a ser verdaderamente humanos,
comunicando y compartiendo lo que somos al ciento por uno (casas,
campos, hermanos: Mc 10, 29-35), sabiendo que la vida sólo se goza al
regalarla y los bienes sólo se poseen en la medida en que se comparten
(como saben las bienaventuranzas: Mt 5, 2-9), o corremos el riesgo
de destruirnos a nosotros mismos.
Éste no es un problema de cristianismo externo, como religión
separada de la vida, no es un problema de superioridad de una religión
o de una raza sobre otras, sino el problema más hondo de la vida. O
aprendemos a comunicarnos de manera personal, poniendo los bienes
del mundo y nuestra vida (nuestro ser) al servicio de los demás, o aca-
baremos destruyendo nuestra propia vida sobre el mundo (e incluso el
mundo en que vivimos, como dice Francisco, Laudato si).
Algunos pensadores (en la línea de Heidegger) han hablado de
crisis ontológica. Pero esa formulación es demasiado solemne, por
no decir vacía. La formulación verdadera es la que ofrece el evangelio,
pidiéndonos que regalemos la vida en amor, que la pongamos en ma-
nos de los otros, sembrando de esa forma humanidad y esperanza de
futuro. Estamos en medio de una gran crisis de idolata, dominados
por dioses de poder y de dominio, que nos llevan a la adoración de lo
que no es vida (el poder en cuanto tal) y a la destrucción de los demás.
En este momento, junto al ídolo del oro (riqueza) y del poder (ejér-
cito o estado), empieza a dominarnos el ídolo de la mentira, de la
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Religión y comunicación humana. El camino sinodal del papa Francisco
comunicación invertida, tal como aparece en la segunda bestia de
Ap 13. Este ídolo no es ya Mammón o la Bestia militar, sino el falso
profeta, que es la mentira organiza y dominadora, que nos impide
caminar en la verdad, en forma de proceso sinodal.14
Ciertamente, estamos ante el riesgo de falso dinero (capitalismo)
y de un falso poder (imperialismo), pero a la luz de Ap 13 y de todo el
evangelio de Juan, el riesgo mayor (el peligro satánico) es la mentira,
la falta de comunicación. Ante ese riesgo, el papa Francisco ha pro-
puesto un proyecto de comunicación sinodal, caminar dialogando,
en busca de la verdad compartida.
Todos los momentos de la historia humana son cruciales, pero el
nuestro lo es de un modo especial, pues aprendemos a comunicarnos
en verdad o nos destruimos, volviéndonos inviables como huma-
nidad. Por eso, tenemos que invertir el riesgo de un racionalismo
impositivo, que falsifica a verdad al servicio de algunos, abriendo un
camino compartido de comunicación sinodal, o destruimos el mismo
edificio de la vida y la cultura humana.
Éste es el gran riesgo, ésta es la gran oportunidad. Quizá por
vez primera en la historia, las grandes religiones (por lo menos, el
cristianismo) pueden presentarse como aquello que son: formas
simbólicas de expresar y potenciar la comunicación personal en la
verdad, abriendo un camino de vida (de cielo, de nirvana) para los
seres humanos. Ciertamente, las religiones son diferentes entre sí,
no pueden identificare unas con otras. Pero, en contra de aquellos que
las toman como folclore o signo de irracionalidad, donde todo da lo
mismo porque es arbitrario, ellas poseen una profunda coherencia
y racionalidad comunicativa. Ellas son la expresión más honda del
camino sinodal de la vida humana.15
14 Así lo ha mostrado, a mi entender, Ap 13, como he señalado en El Señor de los ejércitos
(Madrid: PPC, 1997) y en mi lectura de El Apocalipsis. Guías del NT (Estella: Verbo Divino,
1998). He ofrecido una relectura del tema en clave de comunicación en “Poder perverso,
información mentirosa”, Retos de la Sociedad de la Información. Homenaje a M. T. Aubach
(Salamanca: Ponticia, 1997, 321-339). He condensado este argumento en Historia de
Jesús (Estella: Verbo Divino, 2012) y en No podéis servir a Dios y al dinero (Santander:
Sal Terrae, 2019).
15 Algunos racionalistas, de Goethe a Kant, de Feuerbach a Hegel, de Weber a Habermas,
han tendido a decir que lo que anto ofrecía el cristianismo, con las otras religiones,
lo garantizan ahora otras formas de cultura, de arte y losofía, de ética racional y so-
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Foro social dr. xabier pikaza ibarrondo
3. El cristianismo es comunicación social. Siete tesis
El cristianismo no es aquello que se comunica de un modo objeti-
vo, es decir, la cosa comunicada, sino que se identifica con la propia
comunicación: El cristianismo es un modo de vivir en comunión de
amor, en búsqueda compartida del Reino de Dios. No es algo que se
tiene, sino algo que se va descubriendo y revelando en el camino de
amor de los hombres y mujeres, en forma de experiencia compartida
y de esperanza de un futuro abierto a la Vida plena.
Desde este fondo, invirtiendo de algún modo lo que he dicho
en el apartado anterior, en contra del pesimismo de aquellos que ha-
blan de una caída de los valores occidentales e incluso de la muerte
del cristianismo, pienso que la evolución histórica de los últimos de-
cenios puede resultar positiva, si es que nos ayuda a interpretar me-
jor la vida como fuente y sentido de la comunicación humana, pues
somos aquello que recibimos y damos, aquello que comunicamos y
dialogamos. Por eso, los que entienden el cristianismo como religión
de amor no deben tener miedo, sino insistir en su camino sinodal de
comunicación integral, anunciada y vivida por Jesús.
Ciertos grupos eclesiales quieren una restauración cristiana. Supo-
nen que un tipo de ilustración antigua (siglos
xvIII
-
xIx
) y la seculari
-
zación actual (siglo
xxI
) es contraria al evangelio. Siguen pensando
que la modernidad se ha rebelado contra Dios y que el cristianismo ha
sido negado o desterrado de la sociedad. Por eso, en el fondo, quieren
una restauración. Pues bien, en contra de eso, he de afirmar que no
podemos restaurar “valores” pasados, que quizá fueron buenos an-
taño, pero no responden a la raíz del evangelio ni a la problemática
real de nuestro tiempo.
La única solución es la vuelta al camino sinodal de Jesús. En ese
sentido, el cristianismo no debe renacer, pues ya ha nacido una vez
y sigue vivo en el conjunto de la humanidad, especialmente en Oc-
cidente. Ha muerto un tipo de cristiandad occidental y no podemos
cioloa... En contra de eso, quiero defender el carácter especo de la aportación
religiosa (cristiana) en el campo de la comunicación, como experiencia de gratuidad,
de encuentro con Dios y de esperanza pascual que no pueden traducirse ni encerrarse
en moldes puramente racionales.
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Religión y comunicación humana. El camino sinodal del papa Francisco
resucitarla. Pero la raíz del evangelio y la utopía de Jesús sigue viva.
Esa utopía no es “algo objetivo, una cosa que está fuera de la vida de
los hombres, como una realidad física externa, sino el mismo camino
sinodal, que entendemos como experiencia y despliegue de comu-
nicación. En esa línea, teniendo en cuenta lo anterior, y partiendo de
la visión del cristianismo como don y experiencia de amor mutuo,
quiero ofrecer unos caminos o tesis que evocan el sentido de su sin-
gularidad, interpretada en forma de comunicación.16
1. Desde el comienzo, la construcción social se ha hecho en clave re-
ligiosa, pues la religión es una intensa forma de comunicación social
(É. Durkheim).
La experiencia religiosa no es de tipo irracional (como decía R. Otto,
Lo Santo) ni puede desligarse de otras formas de relación social, sino
que forma parte de la red de relaciones humanas para fecundarlas. No
es algo exterior, sino que está en el centro la misma vida; no es algo
marginal en ella, es su verdad fundante, en forma de palabra, como
indicaron P. Berger, Th. Luckmann R. Girard.17
En formas distintas pero convergentes, ellos han mostrado que
los hombres se han comunicado de manera radical por medio de la
experiencia religiosa. En esa línea, en clave de profundidad, la co-
municación humana supera el nivel de los intercambios naturales
(por reacciones físicas o biológicas) de los animales y se expresa en
claves de libertad, creatividad y comunicación, de forma que cada
ser humano vive desde el don y compañía personal de otros seres
humanos, a quienes ofrece su vida en amor, para así perdurar (resu
-
citar) en y con ellos.
Ciertamente, estamos en un tiempo de secularización religiosa, que
seguirá creciendo. Pero ella tiene un elemento positivo: Ya no vivimos
16 Acepto así y trasciendo el alisis de J. Habermas, Teoría de la accn comunicativa I-II
(Madrid: Taurus, 1988). Para todo lo que sigue, cfr. El fenómeno religioso (Madrid: Trotta,
1999).
17 Cfr. especialmente P. Berger, Para una teoría sociológica de la religión (Barcelona: Kai-
s, 1971); Th. Luckmann, La religión invisible. El problema de la relign en la sociedad
moderna (Salamanca: Sígueme, 1973).
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Foro social dr. xabier pikaza ibarrondo
en un mundo religiosamente “encantado: hemos salido del jardín
mágico del comienzo de la Humanidad, de manera que estamos en
un mundo sin dioses. Pues bien, sólo ahora, cuando no creemos ya
en “dioses, podemos superar la idolatría (dependencia sacral) anti-
gua, para descubrir y expresar la presencia de Dios en nuestra propia
vida, en nuestra comunicación de amor con los demás.
Nuestra comunicación con los demás, entendida en forma de cami-
no sinodal, viene a presentarse a manera de religión, esto es, como re-
galo que recibimos con agradecimiento, o tarea que asumimos como
responsabilidad, como esperanza de vida (de resurrección). El amor
mutuo es, según eso, presencia de Dios en nuestra vida humana. Veni-
mos del Dios de la vida, caminamos con otros en el Dios de la vida, ten-
demos al Dios del futuro de la vida (resurrección). Así, decimos que la
religión es la profundidad comunitaria (dialogal) de la cultura. En ese
sentido, lo contrario al cristianismo no es un tipo de secularización,
sino la falta de comunicación o la comunicación de tipo impositivo, es
decir, la falta de amor a los demás, en quienes vivimos, con quienes
caminamos, a cuyo futuro tendemos, en esperanza de resurrección.18
2. La experiencia religiosa del Israel ha sido comunicativa, pero no
universal, y en eso se distingue del cristianismo.
Las religiones han sido y son procesos de experiencia social, es decir,
comunicativa. Lo divino (incondicionado, fundante, numinoso) se re-
vela y realiza como relación y diálogo entre las personas, de tal forma
que se puede hablar de resurrección de unas en otras, conforme al
cristianismo. Tanto en Mt 25, 31-46 como en Rom 13, 8-14 y en 1 Cor
13, el amor de Dios queda asumido y realizado en el amor al prójimo,
de forma que al fin no puede hablarse de “dos mandamientos” sepa-
rados (amor a Dios y amor al prójimo, como en Mc 12, 28-34), sino de
un único amor, que es el amor al prójimo, pues en el amor al prójimo
se revela y realiza el amor a Dios.
No hay amor a Dios aislado y separado del amor al prójimo; porque
en el amor al prójimo, tal como se realiza en el camino sinodal, se
18 He desarrollado el tema en La Palabra se hizo carne (Estella: Verbo Divino, 2020).
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Religión y comunicación humana. El camino sinodal del papa Francisco
expresa y cumple el amor a Dios. No hay amor al prójimo y después
(además) amor a Dios, pues el amor a Dios se realiza en el camino
sinodal del amor al prójimo, como ha puesto de relieve la carta pri-
mera de Juan. No se puede hablar, por tanto, de un Dios separado del
hombre, un Dios “irracional, sino del Dios que es principio, funda-
mento y sentido de todo encuentro interhumano.
La religión israelita ha sido en principio un proyecto de comuni-
cación universal: la unidad y trascendencia de Dios tiende a expli-
citarse en forma de apertura comunicativa hacia todos los pueblos.
Pero esa apertura es por ahora como un horizonte utópico (escatoló-
gico). En su forma actual, el proyecto de Israel no puede expandirse a
todos los pueblos. Lógicamente, la nación israelita tiende a cerrarse
en sí misma, suscitando formas de unidad nacional que les separan
de todos los restantes pueblos de la tierra. Los judíos creen que el
tiempo de la comunicación universal no ha llegado todavía. No se
puede hablar de un sínodo pleno entre todos los pueblos, y todas las
formas de universalidad actual son totalitarias y están condenado
al fracaso.19
3. Cuando Jesús anuncia con su vida la llegada del reino de Dios, está
anunciando e iniciando el cumplimiento de la comunicación universal.
Los judíos de su tiempo decían: “¡Vendrá Dios!” Mientras tanto, opta-
ban por mantener su estructura del pueblo separado, hasta que llegue
el mesías. Jesús responde:¡Ha llegado el Reino (i.e., Dios)! ¡Vivamos
conforme a su presencia, formando todos un único camino sinodal!
Esta frase (¡Ha llegado!: Mc 1, 14-15 par) expresa la novedad radical
del cristianismo, entendido como experiencia presente, humana y
divina, de comunicación universal. En esa línea, el cristianismo es
la religión del camino mesiánico (sinodal), compartido entre todos
los pueblos de la tierra.
A, podemos añadir que el evangelio es la culminación del proceso
comunicativo. En ese contexto, Jesús dice que el tiempo se ha cumpli-
19 He desarrollado el tema en Dios judío, Dios cristiano (Estella: Verbo Divino, 1996). Estudio
clave del tema en F. Rosenzweig, La estrella de la redención (Salamanca: Sígueme, 1997).
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do: ha terminado la espera, podemos vivir todos en transparencia
dialogal. Dios no promete su llegada: ¡ha venido ya!, abriendo en este
mismo mundo un camino universal de Reino, a partir de Jesús. Desde
el centro de la historia (como un grano de mostaza, como simiente
sembrada en la tierra), Jesús ha ratificado la culminación universal
de la obra de Dios. Externamente, su obra parece pequeña (anuncia
la venida de Dios, cura a unos enfermos, acoge a unos marginados),
pero en ella se produce la gran mutación antropológica: Todos los
hombres y mujeres pueden comunicarse de un modo gratuito, dán-
dose vida unos a otros, en esperanza.
Él abre así un camino de sínodo, ofreciendo su palabra y compartiéndola
con todos, de tal forma que los evangelios la presentan como la Pa-
labra: Comunicación total para (entre) los humanos (cfr. Mc 4, 1-20
par; Jn 1, 1-18). Así podemos decir que él es principio de “comunica-
ción”, pródromos o pionero, adelantado de la vida (Heb 2, 10; 6, 20; 12,
2). Él es el guía y garante de un camino sinodal a todos los hombres
y pueblos de la tierra, haciéndoles capaces de vincularse en Dios y
por Dios, en la nueva humanidad caminante y reconciliada). De esa
manera, ha comenzado a realizar su proyecto religioso (humano) de
comunicación sobre la tierra.20
4. El proyecto de Jesús ha sido rechazado por los poderes establecidos,
pero Dios le ha resucitado, abriendo su camino sinodal a todos los
hombres.
Para mantener sus privilegios, impidiendo el acceso de los pobres a
la vida compartida, en nombre de su “dios” establecido, los pode-
res fácticos mataron a Jesús, pero él se ha mantenido fiel hasta la
20 Desde este fondo, vinculamos acción comunicativa y utopía mesiánica. Frente a otros
tipos de racionalidad que corrían el riesgo de volverse dictatoriales (imponer una verdad
previa, por encima del diálogo humano), el modelo de acción-razón comunicativa de
Jes se expresa en clave de gratuidad y esperanza amorosa de resurrección. Otros
grupos judíos saan ya que el amor de Dios y de los hombres se implican, de manera
que en el fondo son inseparables. Pues bien, Jesús ha llegado hasta el n en esa línea,
iniciando desde Israel un camino de comunicación universal (¡llega el reino!), en forma
de amor mutuo y de manifestación de Dios que se revela allí donde los hombres se
vinculan entre sí gratuidad de mesa y casa compartida.
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Religión y comunicación humana. El camino sinodal del papa Francisco
muerte, ofreciendo a todos un lugar en su camino de vida, y, a ellos
y a todos, el mismo camino de comunicación que anunciaba Jesús,
encarnado ahora de un modo total en su persona, elevando para ello
a los antes oprimidos y ofreciendo palabra a quienes no tenían acce-
so a la palabra.
Su muerte no ha sido un asesinato más (aunque, en un sentido lo
ha sido), sino la muerte de aquel que anunciaba y abría para todos
unos caminos de vida compartida (de tal forma que puede aparecer
como signo del asesinato de todos). No estaba en juego solamente
la vida particular de Jesús, sino la vida y diálogo de todos los seres
humanos, el proyecto de reino (comunicación universal) que él había
ofrecido. Por eso, resucitándolo (acogiéndolo en su vida), Dios man-
tiene el camino de vida de Jesús para todos los hombres. Desde aquí
se entiende la importancia de su resurrección.
Según eso, el camino de diálogo y resurrección universal de Jesús
no ha fracasado. Todo lo contrario: ha culminado, de forma que él
mismo Jesús camina y comparte su vida con todos los hombres que
le siguen. La pascua de Jesús es, entonces, el triunfo de la comunica-
ción. Ésta es la verdad —la novedad fundante— de la experiencia de
la pascua: la comunión de amor con los demás no sólo se mantiene,
sino que se expande y abre por Cristo a todos los hombres, superando
las fronteras de Israel y de las restantes naciones o imperios (pueblos
o grupos humanos) de la historia de los hombres. El cristianismo se
define así como victoria de la comunicación sobre (en) la muerte.21
5. El Dios que resucita a Jes es la comunicación fundante y funda-
dora, en formas de encuentro personal (= trinidad).
A partir de la experiencia de pascua (=Dios ha resucitado a Jesús),
los cristianos afirman que Dios es comunicación (donación mutua y
revelación, amor intradivino y efusión de amor extradivino). No hay
primero un Dios en sí (s allá de toda comunicación, puro miste-
21 El cristianismo se dene como experiencia de comunicación sobre la muerte, como he
destacado en Éste es el Hombre (Valencia: Tirant lo Blanch, 2007) y en Historia de Jesús
(Estella: Verbo Divino, 2012).
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rio insondable) y después una comunicación de Dios, que se revela
porque así lo ha decidido, sino que Dios expresa, revela y culmina su
misterio haciéndose en Cristo camino y verdad (fuente de comuni-
cación) para todos los hombres.
Ciertamente, podemos seguir diciendo que “en el principio creó
Dios los cielos y la tierra, pero ahora podemos y debemos añadir: En
el principio era la Palabra y la Palabra se ha hecho carne (Jn 1, 1.14).
Podemos seguir escuchando la palabra de Dios que dice “Yo soy el que
soy” (Ex 3, 14), pero, al mismo tiempo, escuchamos su continuación:
“Tú eres mi Hijo” (Mc 1, 9-11), en clave de comunicación de amor.
Judíos y musulmanes mantienen a Dios en el silencio, como Nombre
que no puede nombrarse (YHWH), Voluntad que no puede cambiarse
(teniendo que someternos siempre a ella: Islam). Por eso, ellos ex
-
tienden en torno a Dios un manto de silencio, situándolo más allá de
todas las palabras: no sabemos quién es, estamos ante lo desconocido.
Los cristianos, en cambio, creemos que Dios es Comunicación. No co-
nocemos simplemente lo que hace, sino que lo conocemos a él, en el
misterio de su realidad inabarcable: es Padre que ama al Hijo, Hijo
que responde al Padre, Comunión de amor o Espíritu Santo. Así de-
cimos que es Comunicación: no dice simplemente “verdades” sobre
sí, sino que se comunica y se da a sí mismo.
Así decimos que, siendo uno (Dt 6, 4), siendo Trinidad, comunica-
ción personal, Palabra que se da gratuitamente (Padre), que se aco-
ge en amor (Hijo) y se comparte (Espíritu Santo), esa Comunicación,
que es Trinidad, se expresa y actualiza en la resurrección de Jesús;
de manera que nosotros, los hombres, nos introducimos por ella en
el misterio original de Dios es syn-hodos divino, como ha sabido y
ha dicho siempre la tradición de las iglesias, sobre todo la iglesia
de Oriente en sus íconos de comunión y camino intradivino (como
en la Trinidad de Roublev). Dios no nos da un regalo externo, sino
que viene Él mismo, y se sienta con nosotros, para que podamos a
sentarnos y caminos con Él, traduciendo el sínodo Fontal divino en
sínodo eclesial (universal) humano.
Dios no es silencio cerrado en sí, ni poder miedoso, ni fuerza que
se impone... No es envidia ante nosotros, ni juicio autosuficiente, ni
egoísmo del que quiere mantenerse separado. No es alguien por encima
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Religión y comunicación humana. El camino sinodal del papa Francisco
ni Señor que nos obliga a someternos, sino que el milagro de la comuni-
cación gratuita en la que somos (con la que nos identificamos, pues
sólo somos aquellos que comunicamos). Los cristianos se han sentido
gratificados y enriquecidos por este Dios de Jesús que viene a presen-
tarse ante ellos como principio y sentido de comunicación gratuita,
universal, salvadora, en el Espíritu. Así decimos que creer en Dios es
creer en la comunicación de vida entre todos los seres humanos.22
6. Como Espíritu Santo, el Dios de la pascua de Jesús suscita una iglesia
o comunidad de creyentes que comparten y expanden la palabra.
Iglesia es la comunidad de aquellos que, creyendo en la palabra de Je-
sús resucitado, pueden compartirla y celebrarla en un camino sinodal
(como historia compartida). No los vincula simplemente una raza, la
historia pasada del pueblo o algún tipo de intereses materiales, sino
la palabra de Dios, encarnada en Jesús. Creer en Dios significa creer
en la Palabra que nos vincula en un mismo proyecto de comunicación
personal de vida, de tal forma que sólo pueden llamarse cristianos
aquellos que, creyendo en Dios, creen unos en otros y se comunican,
en gesto de pan y vino (amor) compartido, eucaristía.
La Iglesia es, por tanto, una comunión de comulgantes o comuni-
cantes. La comunión son aquellos que creen en la palabra de Jesús que
les vincula, recibiendo y compartiendo no sólo la vida de Jesús, sino
ndose vida unos a otros, en un camino abierto a todos los pueblos,
como dice Mt 28, 18-20; no para introducir a otros en el propio grupo
(y así “ganar adeptos), sino para que todos los hombres y mujeres de
la tierra podamos vivir en comunión de gratuidad y vida. La Iglesia no
es una institución para sí, sino que está al servicio de la comunicación
universal.
La iglesia sólo cree en la Palabra en la medida en que la vive y la
ofrece a todos, haciéndose espacio sinodal abierto; no para que los
22 Sobre el “silencio” del Dios judío, que no se puede nombrar, en su diferencia frente
al Dios cristiano que es comunicación, cfr. A. Chouraqui, Moisés (Barcelona: Herder,
1977). Cfr. también D. Masson, Monothéisme coranique et monothéisme biblique. Doc-
trines comparées (Pas: DDB, 1976). Hemos desarrollado el tema en X. Pikaza y V. Haya,
Diccionario de las Tres Religiones (Estella: Verbo Divino, 2010).
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Foro social dr. xabier pikaza ibarrondo
demás se hagan cristianos (en sentido confesional), sino para que
todos puedan vivir en comunión, superando la esclavitud y división
en que vive actualmente gran parte de la humanidad.
El cristianismo no condena a las otras religiones ni quiere des-
truirlas; más bien, quiere compartir con todos un mismo camino
sinodal de evangelio. Un cristianismo que eleva su verdad sobre las
otras religiones no es cristiano; una iglesia que condena los restantes
cultos no es iglesia. Como signo de comunicación universal abier-
ta en Cristo, la iglesia puede y debe expandirse, pero no para ganar
adeptos, sino para ofrecer y compartir con todos los hombres que
quieren un hogar de acogida y afecto, de amor y palabra. Por eso,
decimos que la Iglesia es una y católica, siendo espacio e impulso de
comunión universal, en diálogo con todas las religiones y culturas,
al servicio del Reino de Dios que no es un tipo de Iglesia institución,
sino un espacio de comunión vital (no puramente espiritualista) de
todos los hombres y mujeres.
7. El contenido de la comunicación cristiana (Dios es Trinidad, Cristo
ha resucitado) se identifica con la misma comunicación eclesial.
El principio de la comunicación religiosa (¡Hay Dios! ¡Dios es Cristo!)
se expresa y expande en el proceso comunicativo sinodal, de manera
que el Logos de Dios (Dios es Palabra) se encarna en la palabra dia-
logal de los hombres. En ese sentido, tenemos que decir que el Logos
de Dios (= Jesús) no se expresa en forma de teoría (teología racional),
sino en forma de realización vital (comunicación muy divina, siendo
muy humana), tal como se expresa en la eucaristía, en sus dos formu-
laciones básicas y complementarias:
Ésta es una comunicación de cuerpo, sôma, tal como ha puesto
de relieve la tradición de Marcos (14, 22), con los demás sinópticos
y Pablo (1 Cor 11, 23-25). Sôma no es sólo el cuerpo que cada uno entre-
ga para (por) los demás, sino el “cuerpo compartido” de la comuni-
dad, que así aparece como unidad itinerante, sinodalidad de palabra
y vida, eucaristía.
Ésta es una comunidad de carne y sangre, de sarx y haima, como ha
destacado la tradición de Juan (Jn 6, 52-58). Cada uno de los parti-
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cipantes de este sínodo ha de ofrecer su propia carne, su vida más
íntima, su fragilidad itinerante, al servicio de los demás; y lo mismo
ha de hacer cada uno con su sangre, esto es, su vida entera.
Ésta es la “verdad” de la comunicación sinodal. No hay primero
verdad y luego dlogo, pues la verdad se identifica con el mismo diá-
logo (formar cuerpo, dando la propia carne y sangre al servicio de los
demás). En esta línea, no hace falta inventar ninguna teología nue-
va, sino recuperar la más valiosa tradición teológica, desde la visión
de los Padres alejandrinos (Atanasio, Cirilo), que entendieron a Jesús
como Logos o Palabra de Dios, hasta algunos teólogos de la liberación,
que entienden la palabra de Jesús como poder de transformación so-
cial. Pero en este contexto quiero contraponer dos perspectivas.
Algunos teólogos y analistas culturales siguen suponiendo que la fe
existe de forma independiente, como depósito de dogmas o verdades
que se aceptan por revelación/autoridad, añadiendo que el depósito
de la fe existe ya en sí, que la verdad se encuentra preparada, y que
sólo hace falta comunicarla, en un segundo momento, en gesto de
información (se dicen verdades) y de testimonio personal. Se sigue,
entonces, que la fe tendría sentido y consistencia (realidad) en sí mis-
ma, fuera de la comunicación creyente. Tendríamos ya fe verdadera,
la verdad completa. Sólo nos faltaría aprender a comunicarla (como
parecían decir algunos comentaristas del Concilio Vaticano II, en la
nea de Juan Pablo II).
Sin oponerme en principio a lo anterior, pienso que el contenido de la
fe cristiana no puede separarse de su comunicación (pues el mismo con-
tenido es comunicación/comunión). En otras palabras, la fe cristiana
sólo existe y puede expresarse en forma de comunicación, es decir,
de diálogo interhumano (y con Dios); fuera de ese dlogo de vida,
un tipo de fe simplemente repetida no podría llamarse sinodal ni
cristiana. Por eso, el problema no es comunicar una fe que ya existe
(guardada en un tipo de depósito sagrado), sino la misma comunica-
ción, entendida como actualización del don de amor de Cristo.
No hay humanidad ya hecha y después comunicación, ni cristia-
nismo en sí y después misión cristiana, pues la misma humanidad y
el cristianismo son esencialmente “comunicación. Desde ese fondo,
podemos afirmar que la Iglesia es una comunidad comunicativa, una
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comunidad (sinodal) cuya tarea y meta consiste en comunicarse, esto
es, en el despliegue y surgimiento de una comunicación gratuita, es-
peranzada, universal, que permita que los hombres y mujeres puedan
vivir en comunión, abiertos al futuro de la pascua final, entendida
como plenitud de la vida cristiana, cuando Dios sea por Cristo todo
en todos (1 Cor 15, 28), pues en Él todos serán vivificados (1 Cor 15, 22).
CONCLUSIÓN
De esa forma acaba este ensayo dedicado a la comunicación sinodal,
trazando algunas “tareas y límites de un posible y deseado rena-
cimiento cristiano, en la línea del proyecto apostólico del papa Francis-
co. Muchos piensan que existe actualmente en países de antigua tra-
dición cristiana una crisis de comunicación religiosa, de forma que
en el futuro no habrá ya religión.
En contra de los que afirman que el tiempo de la religión ha ter-
minado, me atrevo a replicar (con el proyecto social/sinodal del papa
Francisco) que está comenzando un nuevo tiempo de cristianismo.
Lo que está cayendo es un tipo de religión ontológica, separada de la
comunión/comunicación de vida. Precisamente ahora, en un tiempo
en que parte de la humanidad corre el riesgo de caer en manos de un
racionalismo de imposición y mercado, el ser humano puede y debe
desplegarse en su verdad, como religión, es decir, como comunica-
ción gratuita de vida.
Sin duda, existen (además, del cristianismo) otras formas de re-
ligión/comunión, de manera que ellas deben dialogar entre sí. Pero
nos parece que el cristianismo puede y debe ofrecer su experiencia y
camino, sin prepotencia, pero sin miedo; sin aire de superioridad y sin
deseo de victoria particular, pero con gran confianza en Jesús y en el
camino de la vida humana. No somos futurólogos, no conocemos ex-
ternamente lo que vendrá; pero sabemos que el camino está abierto y
hemos podido trazar unas sendas, que no van perdidas en un bosque
de fatalidades, sino que nos dirigen hacia la culminación positiva de
un camino sinodal de amor.
Ciertamente, para los cristianos hay (= existe) Dios; pero éste no
es un Dios que se halla fuera de la comunicación, sino que actúa a
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Religión y comunicación humana. El camino sinodal del papa Francisco
través de ella, tal como ha venido a revelarse en Cristo No podemos
buscarlo en un espacio resguardado de separación, sino en la misma
acción comunicativa del amor mutuo entre los creyentes, entre to-
dos los humanos. Desde este fondo, puedo recuperar la unidad de las
tres partes de este trabajo. a) He presentado la razón humana (y la
religión) en claves de comunicación. b) Después, he trazado algunos
elementos de la crisis actual del ser humano, como crisis del sistema
y del proceso comunicativo. c) Finalmente, he insistido en el cris-
tianismo como religión de la comunicación. Con base en lo anterior,
puedo formular dos conclusiones:
Hay una razón dominadora, que se ha expandido básicamente
desde Europa y que tiende a expresarse en forma de “sistema, una
razón que ha logrado unos avances espectaculares en el campo de
la ciencia y del dominio del mundo y en la producción de bienes
de consumo. Ésta es la razón técnica, que se despliega en forma de
capital” y se articula en forma de “mercado, en claves de dominio
y de sometimiento.
Pero hay también una razón de la vida, que preferimos llamar razón
comunicativa, que no sirve para fabricar cosas y tener objetos (capi-
tal), sino para vivir, compartiendo la vida. En este nivel de la vida,
que es comunicación, no existe más “capital” que lo que se da (el don
de sí), ni más mercado que la comunicación gratuita de las personas,
unas con otras, sin imposición de nadie, sin sometimiento.
Cerrada en sí misma, la primera razón conduce a la muerte de lo
humano, como ya hemos destacado. Precisamente allí donde logra-
mos un conocimiento técnico más grande, al servicio del dominio
de unos sobre otros, y del triunfo de un tipo de capital y mercado,
podemos destruirnos todos. Esta razón realista y triunfadora co-
rre el riesgo de acabar absolutizando unas formas de relación que
están al servicio del puro poder, destruyendo al fin a los hombres,
por obra de un tipo de bomba militar, antiecológica o social, en un
mundo de violencia desenfrenada.
Por eso, en contra de esa razón del sistema de poder, he querido
poner de relieve la razón de la vida que se comunica en amor, en el ca-
mino de este mundo, esto es, la “razón sinodal, que el papa Francisco
ha querido destacar en sus últimas propuesta pastorales y sociales,
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avanzando en la línea de su encíclica ecológica (Laudato si’, 2015). En
ese mundo de la vida, que es el mundo de la comunicación gratuita, se
sitúa el cristianismo, que aquí he presentado como experiencia viva de
comunicación personal y social desde el evangelio. Ciertamente, esta
razón de la vida (que es de tipo personal, gratuito, utópico) debe encar-
narse en el realismo concreto de las relaciones sociales, de las condi-
ciones culturales y económicas, afectivas y sanitarias de los hombres y
mujeres del entorno. Pero no puede nunca cerrarse en ese “realismo,
para sacralizar una de sus formas (como han hecho a veces algunas
iglesias establecidas), sino que debe abrir unos espacios y caminos de
comunicación gozosa y gratuita, abierta al futuro y sorpresa de un
amor que nos desborda (y que Jesús llamaba el reino de Dios).
Xabier Pikaza Ibarrondo
Nacido en 1941, vasco de Orozko (España), Doctor en Teología y Filo-
sofía, especialista en Sagrada Escritura. Catedrático de la Universidad
Pontificia de Salamanca (2973.2003). Ha sido religioso de la Merced;
desde 2003, casado con M. Isabel Pérez Chaves. Entre sus obras: El
evangelio de Marcos. La buena noticia de Jesús. Estella: Verbo Divino,
2012; El evangelio de Mateo. Estella Verbo: Divino, 2015; Gran Diccio-
nario Bíblico, Estella: Verbo Divino, 2016; Teología y economía. Dios
y la “mamona. Santander: Sal Terrae, 2020; El Verbo se hizo carne.
Teología de la Biblia. Estella: Verbo Divino, 2021.