Foro social mauricio lópez oropeza
buscan acogida, escucha y una respuesta concreta de estos procesos
sinodales. Estamos llamados a aumentar la esperanza, la fe, la ca-
ridad y la alegría en el Señor como fruto de los procesos en los que
caminamos juntos y juntas; reconociendo también lo que es propio
del mal espíritu y la desolación, es decir, lo que produce oscuridad
en el alma, turbación en ella, falta de sentido.
La revelación del Espíritu a través del proceso y experiencia del Con-
cilio Vaticano II nos ayuda a caminar sinodalmente, pues nos afir-
ma en la proclama de la buena nueva desde el Evangelio encarnado.
Allí encontramos una fuerza que nos sustenta e ilumina, aunque
con divergencias y disensos, pero donde lo importante radica en
mantener la dinámica de comunión, de unidad en la diversidad. Al
respecto, se debe tener presente el llamado desde la propia Lumen
Gentium, una de las cuatro constituciones promulgadas por el Con-
cilio Vaticano II, que plantea la unidad en Cristo con el Papa, dicho
sea de paso, de una comunión y comunicación a partir de la unidad,
de la caridad y de la paz. Reconocer la presencia de estos elementos,
en algunas posiciones nos ayudará siempre a purificar la intención.
No es que haya una preocupación por la existencia de divergencias
—que, de hecho, son necesarias y sanas—, sino por la falta de la rec-
ta intención al momento de plantear posiciones particulares que no
construyen el proceso mayor o se quedan atrapadas por las miradas
parciales sin posibilidad de mudar en el sentido de lo que abarca más
la pertenencia común en este seguimiento del Señor como Iglesia.
Por supuesto, en el discernimiento, aquello que viene del Espíritu
Santo es lo que conduce a más reino, plenitud, sentido de vida, paz;
lo contrario, lo que viene de la autorreferencialidad, produce ruptura,
confusión, inquietud. En este sentido, todo proceso sinodal y, en con-
creto, el actual Sínodo de la Sinodalidad, nos plantea un peligro: atar
al Espíritu antes de que el discernimiento se dé, ponerle límites, que-
rer someterlo según nuestra voluntad, anticiparlo y bloquearlo con
nuestras premisas, o más bien con nuestros prejuicios-apegos, por
más sabios que parezcan. Basta comprender el proceso: el sínodo y la
sinodalidad son espacios para discernir, para avanzar, para escuchar
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