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Nueva época. Año 30, n.2, julio-diciembre 2022  
Sección TEMÁTICA: La sinodalidad soñada: entre la realidad y la esperanza  
Diego Pereira Ríos • Uruguay  
“Gente puente” en la historia de la Iglesia  
María Teresa Ávila Fuentes • Italia-México  
Foro SOCIAL: Notas sobre la Sinodalidad  
Mauricio López Oropeza • Ecuador-México  
La vida religiosa frente a la violencia  
José Sols Lucia • España  
La filosofía del derecho en la tradición judeocristiana  
Carlos Martínez Loza • México  
MISCELÁNEA: Reflexiones teológico-pastorales. De la situación social  
de América Latina después de la pandemia  
Mons. Jaime Mancera Casas  
REVISTA DE PENSAMIENTO SOCIAL CRISTIANO  
La  
cuestión  
social  
Documentos, ensayos, traducciones, comentarios, entrevistas,  
notas bibliográficas y reseñas de libros acerca de lo social  
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Instituto Mexicano  
de Doctrina Social Cristiana  
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† Emmo. Sr. Cardenal Roger Etchegaray  
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Portada: Mosaico de Jesucristo  
en el techo de la iglesia, Cambridge,  
Petr Kratochvil  
La Cuestión Social es una publicación semestral editada y publicada por la Asociación Mexi-  
cana de Promoción y Cultura Social, A. C., a través del Instituto Mexicano de Doctrina Social  
Cristiana, con dirección en Pedro Luis Ogazón n. 56, Col. Guadalupe Inn, CP 01020, México,  
de correspondencia de 2a. Clase expedido en la Dirección General de Correos Publicación  
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Social, A. C. Esta edición de La Cuestión Social consta de 700 ejemplares y se imprimió en MG  
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no solicitados. Distribución y suscripciones: Daria Flores Hernández, libreria@imdosoc.org  
Precio del ejemplar: $ 120.00 Suscripción anual: $ 220.00  
MAURICIO LÓPEZ OROPEZA*  
ECUADOR-MÉXICO  
NOTAS SOBRE  
SINODALIDAD  
Sinodalidad es una invitación a crear posibilidades  
de vida plena en Cristo  
La danza de la vida para tantos es danza de muerte, infligida por  
seres completamente descentrados, alejados del camino de huma-  
nización. El ser humano tiene la capacidad de vibrar con la música  
del otro y, sin embargo, hay seres que viven promoviendo el descarte,  
consideran a otros y a sí mismos basura, viven en medio de situa-  
ciones insoportables. Ante esto, la sinodalidad es experimentar el  
llanto de Dios sobre el mundo en cada expresión que arranca la vida,  
y querer caminar con Él para implicarnos por cambiar esas condi-  
ciones deshumanizantes. Sinodalidad es asumir la esperanza latente  
que nos anima a sostener la mirada sobre esas realidades —cuando  
parece que todo se sustenta en descartar al otro— y, en cambio, soñar  
otros horizontes más fraternos. En este mundo desintegrado, si tan  
sólo pudiéramos mirarnos unos a otros a los ojos, en verdad, en el  
anhelo de caminar más juntos y juntas sinodalmente, habría posi-  
bilidades de tejer otros mañanas.  
¿Es el destino del mundo romperse y resquebrajarse? Frente a esta  
interrogante, estamos llamados a reconocer en el amor la única fuerza  
integradora, superior a todo, capaz de conducir a la sinodalidad plena  
*
Director del Centro Pastoral de Redes y Acción Social del Consejo Episcopal Latinoame-  
ricano y Caribeño (Celam).  
50 La Cuestión Social, Año 30, n. 2  
Notas sobre sinodalidad  
desde la comunión de lo diverso; sabemos que el amor es complejo,  
a veces desconcertante, pero en la fibra más esencial de nuestro ser,  
sabemos con certeza que sin amor no somos nada. La sinodalidad  
genuina como un modo de ser en el mundo y en la Iglesia se sostiene  
en el amor para superar cualquier vacío y encontrar el sentido que nos  
permita pasar del yo al tú, y entonces alcanzar el nosotros. Aquí  
no hay cabida para los activismos sin conexión con las raíces, sin  
conexión con los frutos; es necesario que los caminos compartidos  
partan de las fibras más profundas de la vida cotidiana, o no serán un  
genuino camino compartido.  
Por ello, sinodalidad es decir mil veces sí al amor compartido y en  
comunión, es recordar tanto bien recibido como Gracia que viene de  
arriba, en medio de un mundo roto. Estamos llamados a querer seguir  
viviendo en el amor, a sostenernos desde ahí para seguir sintiéndo-  
nos vivos y caminando juntos.  
Mantener la fidelidad en la vida, y en el Dios que llama a más vida  
Acompañar la conversión para hacerla vida y vida duradera, más  
allá del momento presente o de los instantes pasajeros, depende de  
la capacidad de franquear las duras pruebas que se viven en la pugna  
epistemológica de ideologías contrapuestas y desencontradas. Una  
pugna que está también dentro del corazón de la Iglesia en su opción  
vital, y en el corazón mismo de las personas que siguen creando mu-  
ros para afirmar una superioridad que no permite tender puentes.  
Toda opción por el Reino debe estar sostenida en la vida concreta del  
pueblo, en los territorios, en escuchar y abrazar las distintas voces,  
miradas, carismas y espiritualidades; ahí se teje la auténtica sino-  
dalidad, porque ella nace del reconocimiento de lo más profundo de  
cada persona y su propio camino.  
Estamos en una durísima disputa que llega como gracia luego de más  
de casi 60 años desde el impulso del Espíritu Santo en el Concilio Va-  
ticano II para toda la Iglesia, y con especial sentido y fuerza en Amé-  
rica Latina y el Caribe. Al respecto, debemos mantener la fidelidad en  
La Cuestión Social Año 30, n. 2 51  
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Foro social mauricio lópez oropeza  
la fuente primera, la encarnación de Dios en la vida concreta, para  
acompañar esa vida que se territorializa, y defenderla, defender las  
culturas, los espacios vitales, la diversidad, pues ahí está sucediendo  
el hecho de la encarnación día tras día.  
Somos llamados a asumir una libertad que se nos ha dado como  
elemento inherente a una espiritualidad concreta, la cristiana, que  
nos hace sabernos vulnerables ante las estructuras, los tejidos ins-  
titucionales, pero que se vuelve un bello regalo escondido cuando se  
comparte, y que, al partir el pan, logra encontrar nuevos modos más  
ciertos, nuevos caminos inspirados en los llamados del Espíritu, de  
la Ruah divina.  
La sinodalidad que he podido vivir como laico en mi ministerio den-  
tro de la Iglesia ha sido una Gracia que ha ido tejiendo progresiva-  
mente, que me ha permitido mantener la fidelidad con el llamado  
primero, purificando la intención para ir comprendiendo poco a poco  
qué significa trabajar juntos por el Reino donde caben todos y todas,  
sabiendo que nadie es ajeno a este llamado de Jesús. Sinodalidad es el  
nombre de la Iglesia del presente; lo ha dicho el propio papa Francis-  
co. Pero qué difícil se ha vuelto tejer esto como una posibilidad real en  
medio de los muchos polos en tensión, de pugnas ideológicas y de in-  
tentos de someter a los otros bajo las pequeñas verdades particulares.  
Llamados a mirar con los ojos renovadores de la sinodalidad  
Sinodalidad es una invitación a crear nuevas posibilidades de vida  
plena a la manera de Cristo, que, a pesar de la amenaza y la muerte  
inminente, siempre triunfa. Estamos llamados a redimir el caos y a  
definir criterios que progresivamente permitan trazar nuevos cami-  
nos de esperanza para reorientar el mundo desde la posibilidad de una  
real fraternidad universal. Derrumbando y edificando, como decía  
Dios mismo al profeta Jeremías, para que se abrieran posibilidades de  
futuro, uno que se construya en plural y en colectivo, sinodalmente.  
52 La Cuestión Social, Año 30, n. 2  
Notas sobre sinodalidad  
Vivir en clave sinodal se trata de honrar la vida que florece en el Se-  
ñor, que en absoluta libertad interior nos invita a abrazar las nove-  
dades del Espíritu que acompañe en el diario vivir, que aparece en el  
camino, que camina entre nosotros en medio de la realidad, porque  
ha querido compartir nuestro destino y participar de esta peregrina-  
ción. Sinodalidad es una invitación a no defender solamente nuestras  
certezas sin espacio al diálogo, para no caer en los fundamentalismos  
o miradas autorreferenciales que se toman los espacios y asfixian  
al Espíritu. Sólo la mirada en comunidad tiene sentido; ahí donde la  
perspectiva más allá de nosotros abre posibilidades hacia una ge-  
nuina comunión sinodal.  
En definitiva, no podemos someter este Kairós de Dios bajo megaes-  
tructuras autoafirmantes, que pierdan de vista nuestro llamado a ser  
un solo cuerpo de Cristo en medio de la diversidad. Si bien las insti-  
tucionalidades resultan muy importantes, realmente sólo son esen-  
ciales cuando sirven al propósito mayor del Pueblo de Dios, que es el  
encuentro con el Señor de la vida, y tener vida, vida en abundancia, en  
dignidad y plenitud. Para ello, estamos invitados a vivir en honesta  
sencillez, al sabernos frágiles y limitados, para que el Espíritu sea  
el que moldee nuestro rostro, nuestro servicio, nuestro ser Iglesia,  
todos los días y cada día.  
Sinodalidad es estar siempre en camino de conversión  
En un proceso sinodal, todas las voces deben ser consideradas, pero  
serán valoradas siempre que tengan una recta intención, siempre  
que sean para el bien de la Iglesia y de su misión por la construcción  
de Reino en su sentido más amplio, incluyente y diverso. Muchas  
posturas doctas a veces encubren una posición personal interna de  
no comunión o de deseos de imposición ideológica, basadas en una  
serie de prejuicios marcados por una actitud de superioridad por os-  
tentar una “verdad” parcial. Por ello, estamos llamados como Iglesia  
a entrar en actitud de genuino discernimiento sinodal, asumiendo  
una actitud de libertad interior y desapego; sobre todo, haciendo op-  
ción por quienes han sido puestos en situaciones de descarte, y quienes  
La Cuestión Social Año 30, n. 2 53  
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Foro social mauricio lópez oropeza  
buscan acogida, escucha y una respuesta concreta de estos procesos  
sinodales. Estamos llamados a aumentar la esperanza, la fe, la ca-  
ridad y la alegría en el Señor como fruto de los procesos en los que  
caminamos juntos y juntas; reconociendo también lo que es propio  
del mal espíritu y la desolación, es decir, lo que produce oscuridad  
en el alma, turbación en ella, falta de sentido.  
La revelación del Espíritu a través del proceso y experiencia del Con-  
cilio Vaticano II nos ayuda a caminar sinodalmente, pues nos afir-  
ma en la proclama de la buena nueva desde el Evangelio encarnado.  
Allí encontramos una fuerza que nos sustenta e ilumina, aunque  
con divergencias y disensos, pero donde lo importante radica en  
mantener la dinámica de comunión, de unidad en la diversidad. Al  
respecto, se debe tener presente el llamado desde la propia Lumen  
Gentium, una de las cuatro constituciones promulgadas por el Con-  
cilio Vaticano II, que plantea la unidad en Cristo con el Papa, dicho  
sea de paso, de una comunión y comunicación a partir de la unidad,  
de la caridad y de la paz. Reconocer la presencia de estos elementos,  
en algunas posiciones nos ayudará siempre a purificar la intención.  
No es que haya una preocupación por la existencia de divergencias  
—que, de hecho, son necesarias y sanas—, sino por la falta de la rec-  
ta intención al momento de plantear posiciones particulares que no  
construyen el proceso mayor o se quedan atrapadas por las miradas  
parciales sin posibilidad de mudar en el sentido de lo que abarca más  
la pertenencia común en este seguimiento del Señor como Iglesia.  
Por supuesto, en el discernimiento, aquello que viene del Espíritu  
Santo es lo que conduce a más reino, plenitud, sentido de vida, paz;  
lo contrario, lo que viene de la autorreferencialidad, produce ruptura,  
confusión, inquietud. En este sentido, todo proceso sinodal y, en con-  
creto, el actual Sínodo de la Sinodalidad, nos plantea un peligro: atar  
al Espíritu antes de que el discernimiento se dé, ponerle límites, que-  
rer someterlo según nuestra voluntad, anticiparlo y bloquearlo con  
nuestras premisas, o más bien con nuestros prejuicios-apegos, por  
más sabios que parezcan. Basta comprender el proceso: el sínodo y la  
sinodalidad son espacios para discernir, para avanzar, para escuchar  
54 La Cuestión Social, Año 30, n. 2  
Notas sobre sinodalidad  
la voz del pueblo de Dios y para fortalecer el camino de la Iglesia, una  
Iglesia siempre reformada (Semper Reformanda); en pocas palabras,  
siempre en camino de conversión.  
La revelación de Dios. Discernir Su voluntad mientras  
caminamos juntos y juntas  
El Sensus fidei fidelium del pueblo de Dios, el sentir en la fe del pueblo,  
debe ser identificado en los momentos de tensión, ya que es una pre  
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sencia del Espíritu que subyace los caminos compartidos, y debemos  
desentrañar lo auténticamente esencial que proviene del sentido en  
el creer del pueblo en su conjunto, no desde posiciones individuales  
que pretenden ostentar la voz de todo este pueblo santo fiel de Dios.  
Discernir la presencia de Dios en este sentir en la fe del pueblo es una  
cuestión pneumatológica, es decir, desde la revelación de Dios en las  
diversas culturas y contextos donde el Espíritu está presente y ac-  
tuante. Por tanto, el discernimiento resulta esencial; porque ningún  
elemento de la doctrina es inmutable, y por más sensata que sea esta,  
no puede prevalecer sobre la voz del Espíritu que sopla donde quiere  
y como quiere de modo permanente. Si permanecemos atrapados en  
la doctrina o en la ideología, per se, ninguno de los extremos dará  
cabida a la novedad en la revelación.  
Podremos encontrar la clave en un genuino proceso de escucha, lo  
más amplio posible, con y desde el Pueblo de Dios, puesto que esta  
revelación de Dios va por encima de cualquier postura particular,  
sea del extremo que sea. Por ende, ese Sensus fidei fidelium es la voz  
propia del pueblo, donde Dios se revela y, por consiguiente, enrique-  
cerá la doctrina asumiendo cambios por el bien del Reino, cambios  
necesarios y, generalmente, sin rupturas abruptas para dar paso a  
ese vino nuevo que ha de llenar los odres nuevos.  
En el camino de la Sinodalidad, habrá muchas resistencias, ataques  
burdos y explícitos hacia cualquier propuesta de abrirnos a la conver-  
sión y al cambio. A nivel personal, aunque nos sintamos vulnerados,  
debemos saber que todos somos instrumentos de un bien mayor, que  
La Cuestión Social Año 30, n. 2 55  
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Foro social mauricio lópez oropeza  
esto ha de pasar, y que siempre queda la esperanza en la confirmación  
que viene del experimentar una paz profunda en estos procesos, por  
más complejos que sean. Sin duda, estamos en un verdadero camino  
de reforma: la sinodalidad es instrumento para la reforma que nos  
abre a la conversión. Las posiciones de hostilidad de algunos grupos  
es la confirmación de que hay un camino andado, es confirmación de  
que avanzamos y, sin desestimar las posturas críticas, es necesario  
seguir adelante abriendo espacio para todas las voces, pero con la  
convicción de seguir en camino.  
A pesar de las dificultades, se hace camino al andar  
Seamos tierra propicia en esta búsqueda de sinodalidad que se cons-  
truye paulatinamente, para que el misterio de Dios sea más evidente,  
para que la comunión produzca esa gran resiliencia, que es resisten-  
cia y subsistencia, de la vida sobre la muerte. Para que los pueblos  
tengan voz, y tengan posibilidad de ser y de existir.  
Abracemos esta certeza en medio de la sensación de fragilidad, con  
las dudas cotidianas incluidas, pues todo ello nos confirma y sostiene  
en la esperanza sobre el porvenir de una Iglesia sinodal que no es  
uniforme y que no podemos predecir, sino esperar en el Señor. No  
podremos anticipar los frutos concretos, claro está, porque no po-  
demos pretender controlar todos los rumbos del Espíritu. Eso sería  
tan equívoco como no percibir el soplo de vida que sigue vigente y  
constante en este proceso y en cada una de sus etapas.  
Llegó la hora de sabernos todos y todas pasajeros de una travesía  
compartida, con la única misión de honrar las vidas de tantos y tan-  
tas frente a nosotros, asumiendo el llamado a permanecer firmes  
en la conversión sinodal. Pero, sobre todo, acogiendo a aquellos que  
habitan las periferias existenciales y materiales, quienes están ex-  
puestos a mayor vulnerabilidad en este mundo roto, y fortalecien-  
do a quienes caminan con ellos como garantes del camino de una  
Iglesia que es hospital de campaña. Esto nos permite transitar de  
las verdades unívocas a otras de mayor amplitud, aquellas que nos  
56 La Cuestión Social, Año 30, n. 2  
Notas sobre sinodalidad  
permiten alcanzar esa gran verdad en el Dios de la vida, que es Cristo  
y su misterio pascual.  
En efecto, hay una gran urgencia de oración silenciosa y permanen-  
te, de una contemplación cada vez más intensa y profunda en estos  
procesos sinodales. Mientras más vamos viviendo este camino de  
conversión sinodal, debemos mantenernos firmes en el seguimiento  
de Jesús, Dios entre los hombres encarnado, para escuchar el susu-  
rro de su voz que nos invita a nunca claudicar, porque en su camino  
pascual, están abriéndose nuevas posibilidades para una vida, y vida  
en abundancia para todos y todas.  
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