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Nueva época. Año 30, n.2, julio-diciembre 2022  
Sección TEMÁTICA: La sinodalidad soñada: entre la realidad y la esperanza  
Diego Pereira Ríos • Uruguay  
“Gente puente” en la historia de la Iglesia  
María Teresa Ávila Fuentes • Italia-México  
Foro SOCIAL: Notas sobre la Sinodalidad  
Mauricio López Oropeza • Ecuador-México  
La vida religiosa frente a la violencia  
José Sols Lucia • España  
La filosofía del derecho en la tradición judeocristiana  
Carlos Martínez Loza • México  
MISCELÁNEA: Reflexiones teológico-pastorales. De la situación social  
de América Latina después de la pandemia  
Mons. Jaime Mancera Casas  
REVISTA DE PENSAMIENTO SOCIAL CRISTIANO  
La  
cuestión  
social  
Documentos, ensayos, traducciones, comentarios, entrevistas,  
notas bibliográficas y reseñas de libros acerca de lo social  
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MARÍA TERESA ÁVILA FUENTES*  
ITALIA-MÉXICO  
Gente puente  
en la historia de  
la Iglesia  
RESUMEN  
La reconstrucción de la Iglesia sinodal a la que nos convoca el  
papa Francisco requiere elementos intencionales. Este texto pre-  
senta uno de ellos: personas que a lo largo de la historia cristiana  
han conciliado, unido intereses y encontrado lo común en medio  
de lo diferente. En suma, gente puente. A través de sus ejemplos  
podemos encontrar formas, también hoy, de vivir de forma sinodal.  
Palabras clave: vocación laical, puentes, sinodalidad, diálogo, amis-  
tad social  
ABSTRACT  
The reconstruction of the synodal Church that Pope Francis calls  
us to, requires intentional elements. This text presents one of  
them: people who throughout Christian history have found ways  
*
Licenciada en Relaciones Internacionales por el itesm y Máster en Teología por Boston  
College. Actualmente, estudia Pensamiento Social Cristiano en Roma, con miras a ob-  
tener el grado de doctorado. Cuenta con más de una década de experiencia docente y  
en organismos de la sociedad civil. Es capacitadora en temas educativos y sociales, así  
como colaboradora en Proyecto CRUCES.  
32 La Cuestión Social, Año 30, n. 2  
Gente puente en la historia de la Iglesia  
towards reconciliation, common interests, and that have pointed  
to what is common amid the different. In sum, ‘bridge people’.  
Through their examples we can find ways, also today, to live in a  
synodal way.  
Keywords: lay vocation, bridges, synodality, dialogue, social friend-  
ship  
La sinodalidad, como la paz,1 es un proceso artesanal. Para “caminar  
juntos, es necesaria la confianza en aquellos con quienes camino (y  
que ellos me tengan confianza); se necesita paciencia para sortear las  
dificultades que llegarán como parte de la vereda compartida, y es  
preciso ejercitarse continuamente “con las armas del diálogo, con la  
buena batalla del encuentro.2 Por ello, la sinodalidad, estos procesos  
de intercambio de ideas, de consensos y sinergias dentro y fuera de la  
Iglesia, están lejos de poder ejecutarse por decreto. Al estar enraizada  
en la Teología del Pueblo (teología , en palabras de José Comblin, que  
“abre la puerta a todos los cristianos a pertenecer”3), la sinodalidad  
implica brindar asiento —y escucha activa— a todas las personas en  
la mesa. Al mismo tiempo, implica confrontarnos con mecanismos  
e ideas a las que, como Iglesia, nos hemos acostumbrado en exceso,  
como precisa el papa Francisco: “Hay mucha resistencia a superar la  
imagen de una Iglesia rígidamente dividida entre dirigentes y subal-  
ternos, entre los que enseñan y los que tienen que aprender, olvidan-  
do que a Dios le gusta cambiar posiciones: ‘Derribó a los potentados  
de sus tronos y exaltó a los humildes’ (Lc 1, 52), dijo María.4  
Entonces, la sinodalidad es una tarea que requiere esfuerzos inten-  
cionales, cambios y desacomodos. Por ello, es necesario formularnos  
1
Francisco, Carta Encíclica Fratelli Tutti: Sobre la Fraternidad y la Amistad Social, Roma,  
2020, #217.  
2
3
4
Idem.  
José Comblin, Pueblo de Dios. Nueva York: Orbis Books, 2004.  
Francisco, “Discurso a los fieles de la diócesis de Roma”, 18 de septiembre de 2021. Recu-  
/documents/20210918-fedeli-diocesiroma.html  
La Cuestión Social Año 30, n. 2 33  
,
Sección temática maría teresa ávila fuentes  
preguntas esenciales, ¿Cómo se ve, en la práctica, la sinodalidad? ¿En  
qué o en quiénes podemos apoyarnos para ser una Iglesia sinodal?  
¿Qué elementos concretos contribuyen a lograr vivirla? Encontramos  
algunas respuestas a lo largo de la historia de la Iglesia, pues, como  
escribe el jesuita e historiador, John O’Malley, la sinodalidad revive  
elementos que han estado presentes desde las primeras comunidades  
cristianas; el que el papa Francisco se esfuerce por recordar estos  
elementos, es en sí mismo, tradicional.5  
Si a lo largo de los siglos nuestros padres en la fe ya han encontrado  
formas de vivir de modo sinodal, de tender puentes guiados por el  
Espíritu Santo y de construir aun donde parecía que no había una  
base común sobre la cual hacerlo, también nosotros podemos apren-  
der a hacerlo en el siglo xxi.  
El objetivo de este texto es presentar un elemento clave en el desa-  
rrollo de la sinodalidad en la historia de la Iglesia: la gente puente.  
Con este término, nos referimos a las personas que desarrollan la  
habilidad de encontrar comunes denominadores donde otros verían  
sólo divergencia. La gente puente suele andar en las fronteras (peri-  
ferias geográficas y existenciales, diría el papa Francisco), surcando  
los límites de lo conocido y buscando integrar elementos de lo des-  
conocido. Son aquellos que inspiran a quienes ya tienen un asiento  
en la mesa a recorrerse para hacer espacio a otros, y quienes logran  
que quienes no se sentían bienvenidos en la cena ocupen el lugar que  
desde siempre les correspondía. No hay un prototipo en las perso-  
nas puente, pues las hay de todo temperamento (algunas coléricas,  
otras melancólicas), interés (ciencias naturales, ciencias sociales fi-  
losofía y demás) y personalidad (extrovertidas, introvertidas, orien-  
tadas a la razón, a la intuición). Lo que las distingue es una visión  
amplia y una perspectiva que trasciende los límites del status quo.  
5
John O’Malley, “La historia de la sinodalidad: es más antigua de lo que crees”. América,  
history-john-omalley-242081  
34 La Cuestión Social, Año 30, n. 2  
Gente puente en la historia de la Iglesia  
El teólogo colombiano-estadounidense Hossfman Ospino usa el tér-  
mino gente puente para referirse a los jóvenes adultos hispanos en Es-  
tados Unidos que pueden unir a diferentes generaciones de católicos.6  
Al dominar el español y el inglés, y al conocer tanto las tradiciones  
latinas como los modos estadounidenses, los jóvenes logran acercar  
a sus padres que hablan sólo español, con la cultura anglófona es-  
tadounidense. Ésa es la principal característica de la gente puente:  
hablar dos idiomas fluidamente y tener la capacidad de traducir para  
quienes no lo hacen. La gente puente debe tener un pie en cada lado  
del abismo, de modo que su propia vida contribuye a unir pensamien-  
tos, ideas y costumbres que de otra manera permanecerían como  
eternas desconocidas.  
Como en el mundo de la física, así también en el mundo de las rela-  
ciones humanas los puentes deben ser sólidos, estar construidos con  
materiales resistentes y con bases firmes; de lo contrario, por más  
que se desee unir dos puntos, la unión será temporal, o peor, puede  
constituir un peligro si no cuenta con la solidez suficiente. Por ello,  
la gente puente construye desde la fortaleza; no sólo de sus convic-  
ciones, sino de la razón y la verdad; además, en el caso de la gente  
puente en ámbitos cristianos, desde la solidez de la fe en Cristo. Entre  
más duradero sea el puente que necesitamos, más tiempo toma cons-  
truirlo, cuidando la solidez de sus cimientos y la matemática de los  
cálculos para su construcción. En el caso de la Iglesia Católica, cuyo  
nombre mismo implica universalidad, y por lo tanto relación entre  
las más diversas formas de pensar, de orar y de entender la vida, los  
puentes que quieran construirse requieren longitud y resistencia.  
En cualquier estado de la vida es posible ser gente puente. Sacerdotes  
y religiosas lo han sido al andar en las fronteras de temas teológicos  
y sociales, con lo cual han establecido puntos de encuentro y gene-  
rado acuerdos con movimientos anticlericales. Ejemplos inspirado-  
res (aunque con fines dramáticos algunos de ellos) de sacerdotes-  
puentes en la historia europea incluyen a Robert Lamennais, Antonio  
6
Hoffsman Ospino, La Iglesia: Pueblo de Dios llamado a la comunión. Ave Maria Press, 2018.  
La Cuestión Social Año 30, n. 2 35  
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Sección temática maría teresa ávila fuentes  
Rosmini, Wilhelm von Ketteler, y Georges Rutten por citar algunos.  
En los siguientes párrafos se presenta el modo particular que tuvo  
cada uno de ser gente puente.  
SACERDOTES PUENTE  
Robert Lamennais7 (1782-1854)  
Fue un sacerdote francés que acercó a los católicos y a los demócra-  
tas. Sus ideas dieron paso, por ejemplo, a la creación de Bélgica como  
Estado-nación donde se materializó la unión de católicos y político-  
liberales. Lamennais veía en la democracia elementos compatibles  
con la religión católica; por ejemplo, la posibilidad de libertad re-  
ligiosa y de libertad de prensa —motivan a una fe madura y cons-  
ciente— y una mayor participación social. A pesar de que conceptos  
como democracia, libertad religiosa y derechos humanos eventualmente  
se convertirían en pensamiento social cristiano, Lamennais vivió en  
una época en la que se igualaba el ser católico con ser monárquico.  
Promover la democracia y su compatibilidad con la religión, así como  
la separación de Iglesia-Estado le acarreó ser condenado en docu-  
mentos eclesiales y, finalmente, lo llevó a dejar la Iglesia. Fue pro-  
feta adelantadísimo a su tiempo, cuyas ideas, sin embargo, hoy son  
aceptadas por el Magisterio. Basta ver Centesimus Annus, donde Juan  
Pablo II escribe que “la Iglesia aprecia el sistema de la democracia,  
en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en  
las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de  
elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos  
oportunamente de manera pacífica.8  
7
Francesco Compagnoni y Helen Alford. Preaching Justice: The Dominican Contribution  
to Social Ethics in the Twentieth Century, Dublin: Dominican Publications, 2007, p. 462.  
Juan Pablo II. Centessimus Annus, Roma, 1991, #46  
8
36 La Cuestión Social, Año 30, n. 2  
Gente puente en la historia de la Iglesia  
Antonio Rosmini (1797-1855)9  
En su obra Cinco heridas de la Iglesia, expone la muy temprana noción  
de lo nociva que es la separación entre sacerdotes y laicado. Desde  
su perspectiva (que tiene semillas de Teología del Pueblo, diríamos  
hoy), los laicos deberían tener acceso al latín de modo que pudieran  
participar activamente en la liturgia (más de un siglo después, esta  
idea llegará a su madurez con el Concilio Vaticano ii). A pesar de que  
en su vida tuvo problemas con la Santa Sede por algunos de sus es-  
critos, el tiempo otorgó la razón a sus ideas que promovían mayor  
participación de los laicos en la Iglesia. Se reconoció de tal manera  
que, en 2006, fue beatificado por Benedicto xvi.  
¿Qué diferencia hubo entre Lamennais y Rosmini? ¿Cómo, si los dos  
abrieron brecha para unir ideas aparentemente incompatibles, uno  
dejó la Iglesia y el otro es beato? Se podría profundizar mucho en este  
tema, pero a los constructores de puentes nos deja una posible lec-  
ción: paciencia; la clase de paciencia que sabe esperar a que los frutos  
estén maduros antes de intentar cortarlos del árbol. Sin embargo, es  
innegable que lo que ambos sacerdotes plantaron terminó cosechado  
por católicos de generaciones posteriores.  
Wilhelm von Ketteler (1811-1877)10  
Es el tercer ejemplo de personas puente. Este obispo alemán sostu-  
vo diálogos y obras en común con Ferdinand Lassalle, el fundador  
del socialismo en Alemania. Además de impulsar, como obispo, la  
ética social con obras a favor de la educación, los jóvenes y los en-  
fermos, Ketteler reconoció aspectos comunes entre el socialismo y  
el catolicismo, tales como la justicia, la solidaridad y los derechos  
de los trabajadores (al mismo tiempo, ciertamente, rechaza la idea  
socialista de la posibilidad de progreso sin Dios). En la época pre-  
9
Carlos Hoevel, Beyond Democratism and Conservatism: The Original Approach of  
Rosmini’s “Costituzione”, Forward to Rosmini, 2007, pp. xi-xxviii.  
10 William E. Hogan, The Development of Bishop Wilhelm Emmanuel von Ketteler’s Interpre-  
tation of the Social Problem, Washington dc, cua Press, 1946, pp. 81-143  
La Cuestión Social Año 30, n. 2 37  
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Sección temática maría teresa ávila fuentes  
via a Rerum Novarum, las ideas-puente de Ketteler fueron novedad  
en todo sentido. Sus propuestas incluían mejorar las condiciones  
indignas de los trabajadores en la Revolución Industrial, con aso-  
ciaciones de trabajadores, salarios que hicieran posible la vida fa-  
miliar y la piedad religiosa, así como aceptar el rol del Estado en  
el bienestar social. A lo largo de los siglos xx  
y
xxi, se han hecho  
muchos intentos por acortar la distancia entre socialismo y cristia-  
nismo con mayor o menor grado de éxito (por ejemplo, el Instituto  
de Socialismo Cristiano, en Estados Unidos; algunos sectores de la  
Teología de la Liberación o movimientos extintos como Sacerdo-  
tes por el Pueblo). Estos procesos tienen como precursores a gente  
puente como Ketteler.  
Georges Rutten11 (1875-1952)  
El último ejemplo histórico de sacerdote que ensancha fronteras  
(aunque podrían mencionarse muchos más) es un sacerdote domi  
-
nico. Hay que señalar que un importante tipo de puente en el cual  
hemos profundizado poco es el que puede crearse entre desarrollo  
intelectual y acción práctica. Pocas personas logran balancear ambas  
actividades, pues comúnmente los intelectuales tienen poco peso en  
las actividades de campo y viceversa. En esta línea, Rutten es ejemplo  
de la rara especie de persona que lo logra. Asimismo, es de los prime-  
ros sacerdotes en especializarse en el estudio de ciencias sociales —se  
enfocó en las condiciones laborales de los mineros, y él mismo fue a  
las minas para su investigación doctoral—. Así como Ketteler, Rutten  
se acerca a círculos socialistas y busca aprender de ellos, sobre todo  
en cuanto a organización (en sentido inverso, el Partido Socialista  
Belga alaba su Manual para Estudios Sociales —dirigido a sacerdo-  
tes— por su practicidad y elocuencia).12 Su compromiso por promover  
el catolicismo social lo llevó a fundar la Liga de Obreros Cristianos.  
Intencionalmente, intentó mediar entre la idea de la lucha de clases  
del socialismo y el objetivo cristiano de preservar la paz social. En  
11 F. Compagnoni y H. Alford, op. cit., 51-61  
12 Idem.  
38 La Cuestión Social, Año 30, n. 2  
Gente puente en la historia de la Iglesia  
temas de diálogo, mediante un evento que denomina Semana social,  
Rutten logra reunir a católicos de todas las clases sociales y contextos  
(podríamos decir que esta idea tenía semillas de sinodalidad) en un  
proceso de intercambio de ideas en torno al catolicismo y sus retos. Al  
vivir en una época y en un contexto donde los sacerdotes se involucra-  
ban directamente en política (Bélgica), Rutten sirvió como legislador  
mediador en temas laborales, y promovió sindicatos y protección so-  
cial para los trabajadores, sobre todo con el brío de Rerum Novarum a  
la intersección entre el catolicismo y las “cosas nuevas.  
Hoy cruzamos puentes sin tanto problema: del catolicismo a la  
democracia; de la formación religiosa exclusiva para sacerdotes a  
la formación inclusiva para laicos y laicas; desde la teología a lo so-  
cial. Podemos recorrerlos gracias a los constructores que abrieron  
camino antes que nosotros. Seguramente, los cimientos que hoy po-  
nemos en otros puentes aún en desarrollo verán su plenitud en los  
años por venir. No hay que olvidar que, al centro de todo puente, está  
el amor por el hermano: “‘Porque es el amor que rompe las cadenas  
que nos aíslan y separan, tendiendo puentes; amor que nos permite  
construir una gran familia donde todos podamos sentirnos en casa  
[…] Amor que sabe de compasión y de dignidad.13  
En ese sentido, y aunque el Concilio Vaticano II lo formuló de manera  
explícita al reconocer la común dignidad de todo el Pueblo de Dios,14  
laicos y laicas llevan toda la historia de la Iglesia rompiendo cadenas  
y construyendo familia. Como gente puente nos conectan de forma  
especial a las raíces del cristianismo. Pedro Trigo S. J. nos recuerda  
que “los primeros teólogos fueron laicos. Los nombres de Justino,  
Clemente, Orígenes y Tertuliano ilustran este punto.15 Histórica-  
mente, la vocación laical ha permitido un mayor involucramiento en  
temas donde hay necesidad de crear conexiones, pues, para los laicos:  
13 Francisco, Carta Encíclica Fratelli Tutti: Sobre la Fraternidad y la Amistad Social, Roma,  
2020, #62.  
14 Pablo VI, Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, 1964, #32.  
15 Pedro Trigo, “Teólogos no profesionales laicos”, Teología y Vida, vol. XLVI, 2005, p. 510.  
La Cuestión Social Año 30, n. 2 39  
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Sección temática maría teresa ávila fuentes  
El campo propio de su actividad evangelizadora es el dilatado y com-  
plejo mundo de la política, la realidad social, la economía; así como  
también de la cultura, de las ciencias y las artes, la vida internacional,  
los órganos de comunicación social; y también de otras realidades  
particularmente abiertas a la evangelización, como el amor, la fami-  
lia, la educación de niños y los adolescentes, el trabajo profesional,  
el sufrimiento.16  
Por otro lado, en palabras del teólogo Juan Carlos Scannone, “la teolo-  
gía hecha por el Pueblo de Dios, no sólo la atribuida a los ‘religiosos,  
brinda un espacio mucho más rico de discernimiento y crecimiento.17  
LAICOS PUENTE  
Severino Boecio (480-525)  
Uno de nuestros primeros referentes laicos-puentes fue santo, filósofo  
y mártir. Boecio fue puente en más de un sentido. En términos filosó-  
ficos, al traducir al latín las obras de Aristóteles y Platón, enlaza las  
aportaciones griegas (que después serían usadas por grandes como  
Santo Tomás de Aquino) al pensamiento cristiano. En su momento,  
el que un cristiano intelectual como Boecio utilizara material de pa-  
ganos como Aristóteles no fue bien visto, pues, para algunos, estaba  
deformando las enseñanzas del cristianismo (argumento que des-  
pués se utilizaría también en contra de Santo Tomás de Aquino) al  
“tender puentes” con lo desconocido (incluidas las matemáticas y la  
astronomía). Fue tanta la sospecha que despertó Boecio al vincular  
disciplinas que por ello y otros motivos políticos fue sentenciado a  
muerte. Benedicto xvi explicaba que Boecio, “convencido de que era  
posible armonizar las líneas fundamentales de la sociedad roma-  
16 Pablo VI, Evangelii Nuntiandi: acerca de la evangelización en el mundo contemporáneo,  
Roma, 1975.  
17 Juan Carlos Scannone, “Axial shift instead of paradigm shift”, en G. de Schriver (ed.),  
Liberation Theologies on Shifting Grounds: A Clash of Socio-economic and Cultural Pa-  
radigms, Leuven University Press, 1998.  
40 La Cuestión Social, Año 30, n. 2  
Gente puente en la historia de la Iglesia  
na con los valores de los nuevos pueblos […] consideró como misión  
suya reconciliar y unir esas dos culturas, la clásica y romana, con  
la naciente del pueblo ostrogodo.18 Aún hoy en algunos círculos  
se pone en duda la cristiandad de este santo (a pesar de haber sido  
canonizado por León xiii), al considerarlo “más filósofo que cristia-  
no, con lo cual se evidencia que en la sociedad aún queda mucho de  
pensamiento maniqueo. San Severino ha sido llamado “el último de  
los filósofos romanos y el primero de los teólogos escolásticos,19 al ser  
puente también entre generaciones y entre épocas. El que hoy poda-  
mos construir en temas filosóficos, políticos y teológicos con base en  
Aristóteles, por ejemplo, lo debemos en parte a quienes, como Boecio,  
encontraron puntos de encuentro entre lo conocido y lo desconoci-  
do, entre lo ortodoxo y lo pagano.  
Giuseppe Toniolo20 (1845-1918)  
Otro personaje laico constructor de puentes fue un economista, es-  
critor y sociólogo católico. Fundó la Revista Internacional de Ciencias  
Sociales, fungió como líder en la Acción Católica y colaboró en la re-  
dacción de Rerum Novarum. Dentro de sus obras, trata temas en las  
intersecciones de la ética social y la economía, el cristianismo y la  
democracia, y la dignidad cristiana y el trabajo. Al ser esposo y padre de  
siete hijos, hablaba del sentido de dignidad que mueve a las perso-  
nas a emprender acciones económicas que de otro modo no habrían  
hecho; por ejemplo, cómo la noción de familia —y sobre todo los hi-  
jos— es motor de progreso. Su trabajo como uno de los iniciadores de  
la sociología económica abrió paso a debates sobre las cooperativas,  
los sistemas económicos y las relaciones laborales. Del mismo modo  
que otros personajes puente, aunque sus propuestas hoy en día no  
levantan (tanta) polémica, en su momento debió abrir paso a la no-  
18 Benedicto XVI, “Audiencia General”, 12 de marzo de 2008. Recuperado de https://  
aud_20080312.html  
19 Idem.  
20 H. Jedin (ed.), History of the Church, Londres, Burns and Oates. “Catholicism in society  
as a whole”, cap. 12, vol IX, pp. 190-218. “The social movements”, cap. 13, vol. IX, 1981, pp.  
219-226.  
La Cuestión Social Año 30, n. 2 41  
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Sección temática maría teresa ávila fuentes  
ción de ética económica cristiana, pues, sobre todo previo a la Gran  
Depresión, la mano invisible del capitalismo permanecía como reina  
y señora de la economía, y llamados como el suyo a “cristianizar la  
economía” parecían utopías de ingenuos.  
Es innegable que ser puente tiene consecuencias dramáticas. En el  
caso de Boecio, fue la muerte. En el caso de Lamennais, fue la con-  
dena eclesial. Para muchas otras personas puente, el precio a pagar  
puede no ser la vida ni la condena, pero sí la exclusión, el recelo, la  
mirada de sospecha y la incomprensión. Incluso personajes como  
Rosmini o Toniolo, que hoy son reconocidos como beatos, no tuvie-  
ron procesos sencillos al intentar conciliar intereses y expandir la  
visión de sus contemporáneos.  
LAICAS PUENTE  
No se escapa a la autora del texto la obviedad de que, hasta este punto,  
los mencionados como constructores de puentes han sido varones.  
Indudablemente, han existido mujeres puente en las más diversas  
intersecciones desde siempre. Desde la Iglesia —particularmente,  
desde el laicado femenino—, un par de ejemplos de laicas puente del  
siglo xx son Eileen Egan y Dorothy Day. Interesantemente, amigas  
entre sí.  
Dorothy Day (1897-1980)  
Fue una estadounidense, periodista y activista, conocida por su tra-  
bajo en el movimiento de The Catholic Worker (junto a Peter Maurin);  
actualmente, está en proceso de canonización. En su juventud, fue  
anarquista y estuvo cercana a movimientos socialistas, particu-  
larmente cuando escribió para el periódico The Call, donde incluso  
entrevistó a León Trotsky.21 Fue encarcelada en varias ocasiones al  
participar en protestas sociales (incluyendo la protesta a favor del  
21 Kate Hennesy, Dorothy Day: The World Will Be Saved by Beauty. Simon and Schuster, 2017.  
42 La Cuestión Social, Año 30, n. 2  
Gente puente en la historia de la Iglesia  
sufragio femenino), y a la vez, desde su juventud ella misma cuenta  
que se sentía atraída por Dios.22 La nieta de Day explica esta tensión  
mediante la declaración de un comunista amigo de su abuela, quien  
aseguró que “ella [Dorothy] nunca llegaría a ser una buena comunis-  
ta por ser demasiado religiosa.23 Definitivamente, Day se movió en  
los márgenes, pero también en las coincidencias. Su anarquismo la  
llevaba a desconfiar del Estado como gestor de la justicia social (sobre  
todo, en términos de tierra, que en su tiempo era la principal preo-  
cupación económica), y a la vez a buscar formas prácticas de “vivir  
como los primeros cristianos: que poseían todo en común” (Hech 2,  
44-45). Llamada la piadosa radical, Day parecía tener pies en muchas  
islas distintas y, sin embargo, en su vida se ve la coherencia cristiana  
de quien no vio contradicción entre el amor a la Eucaristía y la lucha  
social. Para muchos sectores en Estados Unidos (desde la izquierda  
radical hasta la derecha moderada), Day representa una figura de  
unión, sobre todo en los aspectos relacionados con el Pensamiento  
Social Cristiano. La propia Day no siempre tuvo clara esta unión; en  
sus años como recién conversa al catolicismo veía disociadas la lucha  
social de su juventud y el fervor católico. Fue Peter Maurin (puente de  
quien sería puente) quien le enseñó que el catolicismo no es la suma  
de la oración y la acción social desintegradas, sino que la acción social  
fluye de la oración como elementos inseparables uno del otro.  
Eileen Egan24 (1912-2000)  
Compartió elementos clave con Dorothy Day. Ambas permanecieron  
solteras a lo largo de su vida (aunque Day tuvo una hija, Tamar, nunca  
se casó ni con el padre de ésta ni con nadie más), ambas fueron escri-  
toras y activistas, y ambas abrieron camino para vincular la justicia  
social con la fe en Cristo. Eileen Egan trabajó por años en Catholic  
Relief Services como la primera laica profesional en la organización,  
combinando la labor de periodista con el servicio a los pobres, espe  
-
22 Dorothy Day, The Long Loneliness, Harper One, 2009.  
23 K. Hennesy, op. cit.  
24 Eileen Egan, Such a Vision of the Street: Mother Teresa, the Spirit and the Work, Double-  
day, 1985.  
La Cuestión Social Año 30, n. 2 43  
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Sección temática maría teresa ávila fuentes  
cialmente a los refugiados y desplazados. Su formación, sensibilidad  
social y habilidad diplomática la llevaron a ser puente entre la mis-  
ma Madre Teresa de Calcuta y organismos como el National Council  
of Catholic Women. Antes de que la Madre Teresa tuviera el recono-  
cimiento que la llevó a ganar el premio Nobel en 1979, personas puen-  
te como Eileen la ayudaron a conectar con obispos y donantes a nivel  
internacional. Madre Teresa, extremadamente práctica y entrega-  
da al servicio a los pobres, poco conocía de diplomacia y relaciones  
públicas, por lo que pedía a Eileen que la acompañara en los viajes  
que la llevaban a fundar nuevas casas de las Misioneras de la Caridad.  
Egan es de las primeras personas en usar la expresión ética consistente  
de la vida al hacer notar la transversalidad que implica el reverenciar  
la vida entre los católicos. Mientras que temas como el aborto o la  
eutanasia eran (y siguen siendo) extremadamente prohibidos por el  
Magisterio, se veía con menor rigor temas como la guerra o la pena  
de muerte.25 Egan, fundadora de Pax Christi y laica participante en el  
Concilio Vaticano II, ayudó durante toda su vida a que los católicos  
conectaran cómo la misma sacralidad de la vida humana que impide  
el aborto es la que también impide la guerra.  
Ésta es una última coincidencia destacable entre Day y Egan: cómo  
ambas enarbolaron un ideal que para los católicos de su tiempo (es-  
pecialmente en Estados Unidos, donde ambas vivieron la mayor parte  
de sus vidas) era —irónicamente— extraño: la no violencia (pacifis-  
mo). Tomo algunas líneas para profundizar en el tema.  
Dentro de las críticas que recibió la encíclica Fratelli Tutti en 2020, una  
de las más fuertes se relacionó con eliminar la noción de guerra justa  
(término expuesto por san Agustín, aunque manipulado para jus-  
tificar intereses políticos y económicos). “Ya no podemos pensar  
en la guerra como solución, debido a que los riesgos probablemente  
siempre serán superiores a la hipotética utilidad que se le atribuya.  
25 Catecismo de la Iglesia Católica, #2267, Sobre la pena de muerte. Modificado para ha-  
cerla inadmisible apenas en 2018 por el papa Francisco.  
44 La Cuestión Social, Año 30, n. 2  
Gente puente en la historia de la Iglesia  
Ante esta realidad, hoy es muy difícil sostener los criterios racionales  
madurados en otros siglos para hablar de una posible ‘guerra justa.  
¡Nunca más la guerra!”26 En un país como Estados Unidos, donde  
parte significativa de la economía, del honor, y del sentido de iden-  
tidad y orgullo familiar se basa en la milicia, negar categóricamente  
la posibilidad de la guerra no es bien recibido. Sin embargo, Dorothy  
Day y Eileen Egan, católicas estadounidenses, lo habían expresado  
décadas antes que el papa Francisco, siendo igualmente criticadas.  
Con Fratelli Tutti, Francisco —entre otros tantos — atravesó el puente  
que Day e Egan empezaron a construir.  
PAPAS PUENTE  
El papa Francisco está apoyado en hombros de gigantes, grandes  
pontífices que han tenido el talento y el valor de ser puentes también.  
Juan XXIII (1881-1963)  
Uno de los mayores papas-puente previos a Francisco fue el gestor  
del Concilio Vaticano II. El Papa Bueno, como era llamado, fue puen-  
te a nivel académico y teológico. Su formación como historiador le  
dio la perspectiva necesaria para distinguir los “signos de los tiem-  
pos” que desde la década de los treinta venía impulsando la nouvelle  
théologie de Yves Congar, Henri de Lubac y Karl Rahner, entre otros,  
y darles espacio como teólogos dentro del Concilio. Contrario a lo que  
se cree en círculos ultraconservadores, los impulsores del Concilio  
Vaticano II no eran revolucionarios superficiales, sino auténticos  
constructores de puentes que buscaban la unidad en la diversidad. El  
famoso Discurso de la luna de 1962 tiene semillas de la sinodalidad y  
la cultura del encuentro de las que está llena la historia de la Iglesia:  
“Queridos hijitos, escucho vuestras voces. La mía es una sola voz,  
pero resume la voz del mundo entero. Aquí, de hecho, está represen-  
26 Francisco, Carta Encíclica Fratelli Tutti: Sobre la Fraternidad y la Amistad Social, Roma,  
2020, #258.  
La Cuestión Social Año 30, n. 2 45  
,
Sección temática maría teresa ávila fuentes  
tado todo el mundo […] Continuemos, por tanto, queriéndonos bien,  
queriéndonos bien así: y, en el encuentro, prosigamos tomando aque-  
llo que nos une, dejando aparte, si lo hay, lo que pudiera ponernos  
en dificultad.27  
Para “tomar aquello que nos une, se necesita más que atención  
selectiva. Se necesita empatía, espíritu conciliador, autenticidad y  
escucha activa. Sobre todo, se necesita la noción de que existe algo  
más grande que los intereses inmediatos, y las afinidades evidentes.  
“De todo laberinto se sale por arriba, expresa el escritor Leopoldo  
Marechal; justamente la gente puente tiene esta habilidad: ver los  
conflictos no con la excesiva cercanía que impide una perspectiva  
amplia, ni con la excesiva lejanía que impide la empatía, sino con  
suficiente objetividad y atención. Los constructores de puentes no  
pueden ser tibios o indiferentes ante los hermanos, necesitan con-  
ciencia de la “común humanidad” que nos da identidad compartida a  
todas las personas. Para que sea elemento permanente en la Iglesia,  
la sinodalidad requiere que la gente puente esté dispuesta a crear la  
cultura del encuentro a la que nos anima el papa Francisco:  
La palabra “cultura” indica algo que ha penetrado en el pueblo, en  
sus convicciones más entrañables y en su estilo de vida. Si habla-  
mos de una “cultura” en el pueblo, eso es más que una idea o una  
abstracción. Incluye las ganas, el entusiasmo y finalmente una for-  
ma de vivir que caracteriza a ese conjunto humano. Entonces, hablar  
de “cultura del encuentro” significa que como pueblo nos apasiona  
intentar encontrarnos, buscar puntos de contacto, tender puentes,  
proyectar algo que incluya a todos. Esto se ha convertido en deseo y  
en estilo de vida.28  
Ése es el objetivo de la gente puente: inspirar, formar y vivir la  
cultura del encuentro para así contagiar a otros. No es suficiente que  
texto-completo-de-el-discurso-de-la-luna-de-juan-xxiii/  
28 Francisco, Carta Encíclica Fratelli Tutti: Sobre la Fraternidad y la Amistad Social, Roma,  
2020, #216.  
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Gente puente en la historia de la Iglesia  
contemos con “bastiones de sinodalidad” en otros Boecios, Toniolos,  
Ruttens, Days o Egans. Es necesario crear cultura de puentes. Una  
cultura que, mirando los ejemplos de quienes nos han precedido,  
pueda dar un paso al frente mientras mira la rica tradición de la Iglesia.  
Amparados en la mujer-puente por excelencia, María, que une la  
divinidad con la humanidad en su vientre, y la fuerza del Magnificat  
con la entrega del Fiat, trabajamos porque, “como María, la Madre de  
Jesús, queremos ser una Iglesia que sirve, que sale de casa, que sale  
de sus templos, que sale de sus sacristías, para acompañar la vida,  
sostener la esperanza, ser signo de unidad […] para tender puentes,  
romper muros, sembrar reconciliación.29  
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