1
AÑO 29, N. 1, ENERO-JUNIO 2021  
Documentos, ensayos, traducciones, comentarios, entrevistas, notas  
bibliográficas y reseñas de libros acerca de lo social  
Sección TEMÁTICA: Economías Incluyentes y solidarias  
Adriana Gómez Chico Spamer  
Paty Montiel y Eduardo Galicia  
Alberto Irezabal Vilaclara  
Hazel Asis Torres Ayala  
Adriana Gómez Chico Spamer  
FORO SOCIAL:  
Fraternidad y Mercado, ejes de la economía de comunión  
Oswaldo Gallo Serratos  
El pensamiento ecológico de San Francisco de Asís  
Elena Cruz Gutiérrez  
La economía de Francisco. Lectura de la Revista Signo de los Tiempos  
MISCELÁNEA:- Reseñas  
Desafíos de la Economía Solidaria y Comunitaria  
Full employment and social justice  
“Pies para que te tengo”  
REVISTA DE PENSAMIENTO SOCIAL CRISTIANO  
Documentos, ensayos, traducciones,  
comentarios, entrevistas, notas bibliográficas  
y reseñas acerca de lo social  
Directorio  
CONSEJO DIRECTIVO  
Presidente Honorario Vitalicio in memoriam: † Emmo. Sr. Cardenal Roger Etchegaray  
Presidente Honorario Vitalicio in memoriam: †Lorenzo Servitje Sendra  
Presidente Honorario Vitalicio in memoriam: †Salvador Domínguez Reynoso  
PRESIDENTE  
Constantino de Llano Marhx  
VICEPRESIDENTES  
Javier Ballesteros de León  
Maria del Pilar Mariscal Servitje  
TESORERO  
Jesús Antonio Damián Basurto  
SECRETARIO  
Ma. de la Paz Sáenz de Soberón  
5
La Cuestión Social  
Año 29, n. 1  
EQUIPO EDITORIAL  
DIRECTOR  
Wanda Rodríguez Mangual  
EDITOR EN JEFE  
Gerardo Cruz González  
JUNTA EDITORIAL  
Alejandro Aguilar Nava, Daniel Cuéllar Jasso, Verónica Morales Gutiérrez,  
Saúl Pérez Herrera  
DISEÑO  
Minerva Lizeth Mondragón Garduño  
CORRECCIÓN DE ESTILO  
Eva González Pérez  
La Cuestión Social, es una publicación semestral editada y publicada por la Asociación  
Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C., a través del Instituto Mexicano de Doc-  
trina Social Cristiana, con dirección en Pedro Luis Ogazón n. 56, Col. Guadalupe Inn, CP  
01020, México, DF, Tels. 56614465, 56614169.  
E-mail: contacto@imdosoc.org www.imdosoc.org  
Registro de correspondencia de 2a. Clase expedido en la Dirección General de Co-  
rreos Publicación Periódica. Registro No. 129-93. Certificado de Licitud de Contenido  
(pendiente). Certificado de Licitud de Título (pendiente). No. de Reserva al Título del  
Derecho de Autor 04-2019-100914003900-102. Registro ISSN en trámite. Distribución  
directa en el IMDOSOC.  
Los artículos publicados reflejan el punto de vista del autor  
y no necesariamente el de la Asociación Mexicana de  
Promoción y Cultura Social, A. C.  
Queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial de los  
contenidos e imágenes de la publicación sin previa autorización  
de la Asociación Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C.  
Esta edición de La Cuestión Social consta de 700 ejemplares  
y se imprimió en MG Advanced Prepress Technology, S.A. de C.V.  
Canal Leningrado Mz. 34 Lt. 12, Col. Insurgentes, 09750,  
Ciudad de México, Tel: 5690 0463, impvarel@hotmail.com  
No se devuelven originales no solicitados.  
Distribución y suscripciones: Martha Salinas Martínez  
Precio del ejemplar: $ 120.00  
Suscripción anual: $ 220.00  
6
La Cuestión Social  
Año 29, n. 1  
El manejo de los bienes comunes  
y las experiencias de economía so-  
cial y solidaria: mirada, acción y  
relación del homo reciprocans  
*Adriana Gómez Chico Spamer  
Resumen  
Abstract  
El artículo identifica convergen-  
cia entre los principios de diseño  
planteados por Ostrom, para el  
gobierno1 de los bienes comunes,  
el principio de reciprocidad pro-  
puesto por Zamagni y las experien-  
cias de economía social y solidaria  
a las que reconoce como espacios  
de formación y crecimiento del ho-  
mo reciprocans. Señala la relación  
que esto tiene con la búsqueda de  
soluciones a grandes desafíos de  
la humanidad.  
The article identifies convergen-  
ce between Ostrom’s core design  
principles for the governance of  
commons, Zamagni’s reciprocity  
principle and the experiences of  
social and solidarity economy,  
which it recognizes as spaces  
where the homo reciprocans is  
shaped and can grow. It points out  
how this is related with the search  
for solutions for great challenges  
of humanity.  
Keywords  
Palabras clave  
Commons, core design princi-  
ples, homo reciprocans, social and  
solidarity economy.  
Bienes comunes, principios de  
diseño, homo reciprocans, econo-  
mía social y solidaria.  
Introducción  
La humanidad enfrenta gran-  
des desafíos. Nuestro mundo está  
amenazado. Difícilmente podría  
decirse que el centro de la amena-  
za es el cambio climático y el dete-  
rioro o agotamiento de elementos  
esenciales para la vida, como son  
el agua y el aire; la situación de  
1 En algunas referencias en español al  
trabajo de Elinor Ostrom, aparece el  
término como gobierno y en otras como  
gobernanza. Para los fines de este artí-  
culo, se utilizarán indistintamente.  
8
La Cuestión Social  
Año 29, n. 1  
pobreza y pobreza extrema en que  
todavía viven millones de perso-  
nas (689 millones de personas, es  
decir, 9.2% de la población, vivien-  
do con menos de 1.9 dólares al día  
en 2017),2 a pesar de que esta últi-  
ma se redujo de manera sostenida  
a nivel mundial por casi un cuarto  
de siglo;3 las enormes desigual-  
dades (1% más rico de la pobla-  
ción mundial posee más del doble  
de riqueza que 6 900 millones de  
personas);4 los conflictos armados  
o la salud. En realidad, la amena-  
za es conjunta: social, económica,  
ambiental. También es conjunta la  
posibilidad de rescate y requiere  
acción colectiva.  
llos cuyo consumo es rival (la parte  
que uno consume dejan de consu-  
mirla los otros), pero no excluible  
(no es posible excluir a alguien del  
consumo), y cuyo beneficio para  
un individuo no puede separarse  
del beneficio para los demás.5  
La tragedia de los comunes  
presentada por Hardin en 1968  
plantea que las decisiones indivi-  
duales basadas en el interés pro-  
pio llevarían al agotamiento de los  
recursos. Este planteamiento ha  
quedado formalizado en el famoso  
juego no cooperativo del dilema  
del prisionero, y puede ser apli-  
cado a problemáticas de diversa  
índole. El juego plantea que las  
estrategias individualmente ra-  
cionales conducen a resultados  
subóptimos.6 Parecería que la tra-  
gedia es inevitable.  
Los bienes comunes ponen de  
manifiesto esa unidad entre lo eco-  
nómico, lo social y lo ambiental.  
Éstos son entendidos como aque-  
Olson plantea otra problemáti-  
ca dentro de la lógica de la acción  
colectiva. Explica que, cuando al-  
guien no puede ser excluido de  
los beneficios de un bien colecti-  
2 PovcalNet  
[en  
línea],  
https://  
blogs.worldbank.org/opendata/  
september-2020-global-poverty-  
update-world-bank-new-annual-  
poverty-estimates-using-revised  
3 Grupo Banco Mundial, “Un cambio de  
suerte. Lapobrezaylaprosperidadcom-  
nowledge.worldbank.org/bitstream/  
handle/10986/34496/211602ovSP.  
pdf La misma publicación señala que se  
espera un revés debido a los efectos de  
la Covid-19. Se espera que entre 88 y  
115 millones de personas caigan en po-  
breza extrema por este motivo.  
5 Stefano Zamagni, “Bienes comunes y  
economía civil, Revista Cultura Econó-  
mica, Año xxxii, núm. 87, junio 2014,  
uca.edu.ar/handle/123456789/2042.  
6 Elinor Ostrom El gobierno de los bienes  
comunes. La evolución de las institu-  
ciones de acción colectiva (trad. Leticia  
Merino Pérez), México, Instituto de In-  
vestigaciones Sociales-Universidad Na-  
cional Autónoma de México-Fondo de  
Cultura Económica, 2011, pp. 35-75.  
org/es/cinco-datos-escandalosos-so-  
bre-la-desigualdad-extrema-global-y-  
como-combatirla  
9
La Cuestión Social  
Año 29, n. 1  
vo, es fácil que se convierta en el  
gorrón (free rider), pues tiene  
pocos incentivos para contribuir  
de manera voluntaria a conseguir  
ese bien.7  
menciona cómo en las experien-  
cias exitosas se desarrollan patro-  
nes de reciprocidad.10  
Zamagni propone la reciproci-  
dad como principio. Plantea que  
tanto el free rider como el altruista  
extremo (el que se anula a sí mis-  
mo para beneficio de los demás)  
se oponen a un bien común que,  
en cambio, es alimentado por la  
reciprocidad.11 Más adelante, se  
retomará este tema.  
¿Existe alguna forma de utilizar  
y cuidar los recursos de uso  
compartido para garantizar su  
viabilidad en el largo plazo?  
Aparecen a la vista dos soluciones,  
aunque cada una suele plantearse  
como única vía: el control del  
Estado (o una autoridad central)  
y la privatización.8  
¿Qué  
relación  
tiene  
todo  
esto con la economía social y  
solidaria? Calle y Casadevente  
hablan de economías para los  
bienes comunes como aquellas  
iniciativas de economía social y  
solidaria que tienen la explícita  
tarea de reproducir y poner a  
disposición de la sociedad en  
Ostrom muestra que existen co-  
munidades que han logrado el éxi-  
to (otras han fracasado) confiando  
en instituciones de otra índole y  
con base en estrategias de coope-  
ración. Se propuso aprender de las  
experiencias concretas de pesca,  
irrigación y recursos forestales  
para desarrollar y estimular el uso  
de una mejor teoría de la acción  
colectiva, identificando variables  
clave con influencia en la capaci-  
dad de los individuos para resol-  
ver los problemas. Aquello la lleva  
a identificar ocho principios de  
diseño que explican el éxito o  
fracaso de las experiencias ob-  
servadas y analizadas.9 También  
general bienes ambientales  
y
bienes cooperativos.12 Sin em-  
bargo, en este artículo, el análisis  
se centra más bien en las coinci-  
dencias que pueden existir entre  
las características de la economía  
social y solidaria y los principios  
fundamentales de diseño, así co-  
10 Ibidem, pp. 309-313.  
11 S. Zamagni, op. cit.  
12 Ángel Calle C. y José Luis Casadevente,  
“Economías sociales y economías pa-  
ra los Biene Comunes, Otra Economía,  
núm. 9, vol. 16, pp. 44-68, enero-junio  
nomia.org/index.php/otraeconomia/  
article/view/otra.2015.916.04  
7 E. Otrom, “El gobierno de los bienes co-  
munes, La evolución de las instituciones  
de acción colectiva, pp. 35-75.  
8 Idem.  
9 Idem.  
10  
La Cuestión Social  
Año 29, n. 1  
mo el principio de reciprocidad.  
De esta manera, se busca identifi-  
car si la economía social y solida-  
ria tiene la capacidad de potenciar  
dinámicas que contribuyan al  
reconocimiento de la importan-  
cia, el interés por y el manejo  
adecuado de los bienes comunes,  
así como a la búsqueda de so-  
luciones a otros problemas con  
dinámicas similares.  
Señalo, también, que existen dis-  
crepancias entre autores y con-  
textos en cuanto a la definición de  
cada uno de estos dos términos,  
y, cuando se utilizan de manera  
separada, también surgen discre-  
pancias en cuanto a cuáles son sus  
puntos en común y cuáles sus di-  
ferencias. Una posible causa de  
las discrepancias es que se trata  
de términos (sobre todo el de eco-  
nomía solidaria) que no tienen un  
origen académico, sino que surgen  
de la realidad social, de las expe-  
riencias concretas.13  
Pero, antes de proceder con el  
análisis, es necesario explicar lo  
que aquí se entiende por econo-  
mía social y solidaria, pues existen  
diferencias en las definiciones y  
descripciones que diversos con-  
textos ofrecen.  
La economía social y solidaria  
abarca aquellas organizaciones  
económicas (proveen un bien o  
un servicio para la satisfacción de  
necesidades) que tienen un modo  
cooperativo, colectivo, incluyente  
y autónomo de organizarse y re-  
lacionarse con el entorno (social,  
ambiental, cadena de valor, etc.).  
Economía social y solidaria  
La economía social y solidaria  
es un enorme paraguas que abar-  
ca diversas experiencias. Algunos  
autores —no todos— se empeñan  
en distinguir a la economía social  
de la economía solidaria. Yo uti-  
lizo deliberadamente el término  
economía social y solidaria para  
acogerlas a ambas en vez de dife-  
renciar, pues considero que lo re-  
levante son las coincidencias en  
las características que se mencio-  
narán más adelante. Utilizaré, por  
tanto, el término economía social  
y solidaria, a pesar de que algunos  
de los autores a los que aludo la  
mencionen sólo como economía  
social o como economía solidaria.  
No sería congruente con la eco-  
nomía social y solidaria la pro-  
ducción de un bien o servicio que  
no sea bien, es decir, que produzca  
un daño o cree necesidades arti-  
ficiales basándose meramente en  
preferencias. Cabe señalar que, en  
los límites e interpretación sobre  
esta afirmación, se encuentra una  
13 Luis Razeto Migliaro, Lecciones de  
economía solidaria: realidad, teoría y  
proyecto, Chile, ediciones uvirtual.net,  
pp. 8-29.  
11  
La Cuestión Social  
Año 29, n. 1  
de las cuestiones más discutidas  
entre quienes recalcan la distin-  
ción entre economía social y eco-  
nomía solidaria.  
rencia de la información, además  
de órganos y ámbitos de decisión  
claramente definidos. Las decisio-  
nes operativas del día a día que-  
dan en manos de quienes pueden  
tomarlas con el conocimiento y la  
agilidad necesarios, asumiendo la  
responsabilidad que les corres-  
ponde por ellas.  
El modo de organizarse de las  
experiencias de economía social y  
solidaria tiene que ver con temas  
como la propiedad, la distribu-  
ción de las utilidades, la toma de  
decisiones, la forma de concebir  
y organizar el trabajo y el capital,  
entre otros.  
Además de lo que ya se ha men-  
cionado, el trabajo se entiende no  
como mercancía, sino como activi-  
dad, expresión, aportación y ser-  
vicio de las personas que asumen  
una responsabilidad tanto per-  
sonal como colectiva, en espacios  
estables de encuentro, apoyo mu-  
tuo y cooperación. No se trata de  
trabajar para otros, sino de traba-  
jar con otros, junto a otros, en un  
proyecto compartido. Las relacio-  
nes laborales que se establecen  
tienden a la horizontalidad y no a  
la verticalidad.  
La propiedad es social. Se con-  
sidera propiedad social aquella  
que es colectiva y no está asociada  
primordialmente al capital, sino al  
trabajo. La forma específica o figu-  
ra jurídica que esto puede tomar,  
varía de acuerdo con el contexto  
(país, regulación, cultura, etc.).  
La distribución de utilidades  
(así como de costos y riesgos) es  
equitativa en relación con el tra-  
bajo y la responsabilidad. Utilizan-  
do diversos esquemas, se busca  
evitar diferenciales excesivos en-  
tre quienes más y quienes me-  
nos ingreso perciben dentro de  
la organización.  
El capital se subordina para ser  
utilizado no como poder, sino co-  
mo medio e instrumento para  
lograr lo anterior.  
La autonomía de las experien-  
cias de economía social y solida-  
ria es independencia en cuanto a  
su capacidad para surgir y organi-  
zarse por sí mismas, e interdepen-  
dencia en cuanto a reconocerse  
inmersas en una realidad que in-  
fluye en ellas y en la que ellas pue-  
den influir.  
La toma de decisiones centrales,  
relevantes y estratégicas es com-  
partida, democrática, y también  
está vinculada al trabajo más que  
al capital. Esto requiere disponi-  
bilidad, oportunidad y transpa-  
12  
La Cuestión Social  
Año 29, n. 1  
Las experiencias de economía  
social y solidaria se relacionan con  
el entorno desde una perspecti-  
va de cuidado y respeto, buscan-  
do que las dinámicas que se viven  
dentro sean consistentes con las  
externas. En ocasiones, se ha cri-  
ticado a la economía social y so-  
lidaria por no actuar de manera  
consistente interna y externamen-  
te. La crítica puede ser válida, pero  
debería estar dirigida a las expe-  
riencias concretas que muestran  
esas inconsistencias.  
economía social y solidaria a lo  
largo de toda la cadena de valor  
(proveedores, trabajadores, clien-  
tes, aliados, etc.) y, en general,  
toda su interacción con el resto de  
la sociedad y el mercado.  
La armonía que se busca con-  
duce a la sustentabilidad social  
y ambiental. Las experiencias de  
economía social y solidaria valoran  
el territorio en que están insertas.  
Los procesos educativos, que co-  
bran formas muy diversas en cada  
caso constituyen parte integral de  
las experiencias de economía so-  
cial y solidaria, pues las personas  
son el centro que las hace posibles.  
Todas estas características y  
elementos se presentan de múlti-  
ples formas y modalidades.16 Esto  
dificulta en muchas ocasiones di-  
mensionar a la economía social y  
solidaria, así como dar cuenta de  
su impacto y relevancia.  
Tanto el bienestar de sus inte-  
grantes, como el bienestar de la  
comunidad, son compromiso de  
las experiencias de economía so-  
cial y solidaria. Ese bienestar no  
se concibe en términos utilitaris-  
tas e individualistas.14 Sobre todo,  
desde la perspectiva de la econo-  
mía solidaria, el bienestar está  
relacionado con el concepto —en  
construcción— buen vivir. Para los  
fines de este artículo, baste decir  
que el buen vivir se centra en la  
vida y se trata, valga la redun-  
dancia, de que se viva bien: en  
armonía, con felicidad, alegría,  
convicciones, pasiones y aspira-  
ciones.15 Esta visión impregna las  
relaciones de las experiencias de  
La economía social y solidaria  
se vive tanto en grupos que pro-  
ducen café o chocolate —algunos  
integrando toda la cadena de va-  
lor— como en otros que producen  
muebles, o en otros que prestan  
servicios turísticos o promueven  
esquemas de ahorro y préstamo  
u ofrecen espacios de abasto, por  
mencionar sólo algunas activida-  
14 A. Calle C. y J. L. Casadevente, op. cit.  
15 Jesús Rafael Michel Cuén (ed.), Buen  
vivir y organizaciones regionales mexi-  
canas. Miradas de la diversidad. México,  
iteso, 2017, pp. 7-11, 123-126.  
16 L. Razeto Migliaro, op. cit.  
13  
La Cuestión Social  
Año 29, n. 1  
des. Se vive en lugares tan diversos  
como Oaxaca, Jalisco, Querétaro o  
Mérida, sabiendo que se vive tam-  
bién en muchas partes del mundo.  
Se trata de grupos de diferentes  
tamaños, inmersos en contextos  
muy diversos, con distintos nive-  
les de tecnología, tipos de alian-  
zas, alcance, etc.  
sentan de manera real y concreta  
las características mencionadas,  
aunque sea incipientemente o en  
toda la gama de grises, siempre  
que se muestre también un proce-  
so claro de avance por alcanzarlas.  
Por otro lado, no es el objetivo de  
este artículo juzgar si una expe-  
riencia concreta que se pone a sí  
misma la etiqueta de economía so-  
cial y solidaria lo es o no.  
Se ha cuestionado si la econo-  
mía social y solidaria tiene un ca-  
rácter transitorio o permanente.  
Habría que decir que tiene un ca-  
rácter transitorio en cuanto a que  
toda la realidad social es transi-  
toria. Pero es permanente en el  
sentido de que no se trata de un  
conjunto de experiencias que se  
presenta solamente en determina-  
da coyuntura, bajo ciertas circuns-  
tancias o de manera alternativa a  
un modelo predominante y que  
desaparecería si el modelo predo-  
minante fuera otro. La economía  
social y solidaria es y seguirá sien-  
do en cualquier contexto.  
Como afirma Razeto, la econo-  
mía social y solidaria quiere ser  
y hacer economía; sin embargo,  
todavía es limitado el pensamien-  
to económico que dé cuenta de  
lo que es. Parece que, en su afán  
por distinguirse del modo de ser  
y hacer capitalista, no se atreve a  
explicar cómo genera beneficios,  
cómo produce valor y cómo lo  
hace eficientemente.17  
La economía social y solidaria  
es, según explica Razeto, todavía  
un proyecto desplegándose.18  
Si bien es cierto que no todas  
las experiencias que se llaman a  
sí mismas economía social y/o so-  
lidaria lo son en realidad, sería  
equivocado incluir en la econo-  
mía social y solidaria solamente a  
aquellas que cumplen de manera  
perfecta con todo lo que deberían  
ser. Por lo tanto, se consideran ex-  
periencias de economía social y  
solidaria todas aquellas que pre-  
No se pretende decir aquí que  
todas las experiencias de econo-  
mía social y solidaria han logrado  
ser lo que buscan ser. Pero en la  
forma propia de su búsqueda hay  
ya una gran riqueza, a pesar de lo  
que falta por alcanzar.  
17 Ibidem, pp. 8-29.  
18 Idem.  
14  
La Cuestión Social  
Año 29, n. 1  
Convergencia entre los princi-  
pios de diseño para el manejo  
de los bienes comunes y la  
economía social y solidaria  
Se ha dicho ya que, frente a la  
tragedia de los comunes, apare-  
cen, cada una planteada como  
única vía, las alternativas del con-  
trol por parte del Estado o de  
la privatización.  
das por parte de los usuarios de  
los bienes comunes, la economía  
social y solidaria surge como po-  
sibilidad entre el fracaso de una  
propuesta económica basada y  
construida a partir del poder del  
Estado y el predominante neoli-  
beralismo.21 Pero ¿existe algo en  
común entre los principios de di-  
seño que Ostrom identifica para el  
gobierno de los bienes comunes y  
los planteamientos de la economía  
social y solidaria?  
Ostrom muestra cómo en mu-  
chos casos han sido los mismos  
grupos de usuarios quienes han  
generado instituciones adecuadas  
para aprovechar de manera sus-  
tentable los recursos, escapando  
así de la tragedia.19  
Para responder a la pregunta, se  
revisará cada uno de los principios  
de diseño que la misma Ostrom,  
junto con Wilson y Cox, relacio-  
nó con la eficacia de grupos no  
solamente para el manejo de los  
bienes comunes o recursos com-  
partidos, sino en muy diversos  
campos de actividad.22  
El estudio realizado por Ostrom  
la lleva a identificar ocho prin-  
cipios de diseño, que explican el  
éxito o fracaso de la actuación  
institucional en el manejo de los  
bienes comunes: 1) límites claros,  
2) reglas congruentes, 3) conve-  
nios de elección colectiva, 4) mo-  
nitoreo, 5) sanciones graduales,  
6) mecanismos de resolución de  
conflictos, 7) reconocimiento del  
derecho a organizarse, 8) anida-  
miento o coordinación entre gru-  
pos relevantes.20  
Según mencionan, en un grupo  
que cuenta con los principios de  
diseño, la posibilidad de que un  
miembro se beneficie a costa de  
otros se limita y, por lo tanto, el  
lograr resultados como grupo pre-  
valece única alternativa. También  
mencionan que en situaciones de  
21 L. Razeto Migliaro, op. cit., pp. 8-29.  
22 David Sloan Wilson, Elinor Ostrom y  
Michael E. Cox “Generalizing the core  
design principles for the efficacy of  
groups, Journal of Economic Behavior  
& Organization 90S, 2013, S21-S32 [en  
De manera análoga a la gene-  
ración de instituciones adecua-  
19 E. Otrom, op. cit., pp. 35-75.  
línea],  
20 Ibidem, pp. 304-308.  
cate/jebo  
15  
La Cuestión Social  
Año 29, n. 1  
emergencia donde surge fácilmen-  
te la cooperación o en grupos que  
operan con lazos muy fuertes al  
interior, pueden no ser necesarios  
los principios de diseño.23  
la economía social y solidaria de  
concebir y organizar el trabajo y  
el capital, son congruentes con  
la distribución proporcional que  
plantea este segundo principio.  
1) Límites claros  
3) Convenios de elección colectiva  
Se refiere a promover las deci-  
siones grupales y consensuadas  
por encima de las decisiones indi-  
viduales de miembros del grupo.  
Se refiere a la identidad del gru-  
po, los límites del recurso compar-  
tido o los parámetros del esfuerzo  
común. Esto tiene que estar clara-  
mente delineado en cada contexto,  
tomando en cuenta que las perso-  
nas generalmente actuamos en di-  
versos contextos a la vez.24  
La toma de decisiones de mane-  
ra democrática y compartida que  
se propone en la economía social  
y solidaria converge con este ter-  
cer principio.  
En el ámbito de la economía so-  
cial y solidaria, la identidad de ca-  
da grupo, empresa o proyecto, así  
como los objetivos compartidos,  
suelen ser claros, por lo que puede  
hablarse de convergencia en este  
primer principio.  
4) Monitoreo  
El monitoreo se propone como  
un mecanismo para la identifica-  
ción temprana y a bajo costo de  
problemas como el surgimiento  
del gorrón o free rider.26  
2) Reglas congruentes  
Este principio abarca tanto la  
congruencia de las reglas, como la  
distribución proporcional de be-  
neficios y costos de manera que  
no haya miembros del grupo que  
se beneficien a costa de otros.25  
Si bien el monitoreo no es una de  
las características de las experien-  
cias de economía social y solidaria,  
en muchas de ellas esta práctica se  
incorpora con herramientas como  
el balance social, entre otras. En  
cualquier caso, se recalca la im-  
portancia de contar con informa-  
ción oportuna y transparente para  
la toma de decisiones, lo cual es  
congruente con el monitoreo. Por  
lo tanto, podría afirmarse por lo  
La propiedad social, la distribu-  
ción de utilidades, costos y ries-  
gos, así como la forma propia de  
23 Idem.  
24 D. S. Wilson, E. Ostrom y M. E. Cox,  
op. cit.  
25 Idem.  
26 Idem.  
16  
La Cuestión Social  
Año 29, n. 1  
menos una convergencia parcial  
con este cuarto principio.  
6) Mecanismos de resolución de  
conflictos  
Recalca la necesidad de que los  
conflictos sean solucionados de  
manera rápida y justa o al menos  
percibida como tal por los miem-  
bros del grupo.28  
5) Sanciones graduales  
Las transgresiones pueden ser  
corregidas con pequeñas sancio-  
nes o castigos iniciales, aunque  
sabiendo que puede haber sancio-  
nes grandes en caso de que no se  
corrija el comportamiento.27  
La forma de entender y orga-  
nizar el trabajo característico de  
la economía social y solidaria; la  
responsabilidad a la vez personal  
y colectiva, y la búsqueda de ar-  
monía y bienestar dentro de las  
experiencias de economía social  
y solidaria plantean la necesidad  
de resolver conflictos. De manera  
que, aunque esto no se mencione  
explícitamente dentro de las ca-  
racterísticas de la economía social  
y solidaria, puede afirmarse que  
también hay convergencia con es-  
te sexto principio.  
Las relaciones laborales horizon-  
tales, basadas en la responsabili-  
dad compartida y la cooperación  
como las que se promueven en la  
economía social y solidaria, son  
más congruentes con sanciones  
graduales que con sanciones agre-  
sivas. Sin embargo, la presencia,  
tipo o falta de sanciones en la eco-  
nomía social y solidaria no es algo  
que se mencione como caracterís-  
tico. En caso de que la transgresión  
afectara los resultados esperados  
del grupo, proyecto o empresa, se  
trataría de una sanción comparti-  
da, por lo que no sería castigo en el  
sentido en que lo propone el prin-  
cipio de diseño. Por estos motivos,  
me parece que no puede afirmar-  
se ni negarse una convergencia  
con este quinto principio, aunque  
la horizontalidad sea razón para  
pensar que tal vez sí la hay.  
7) Reconocimiento del derecho  
a organizarse  
Se refiere a contar con la auto-  
ridad para encargarse de sus pro-  
pios asuntos. Este principio cobra  
mayor relevancia en contextos  
donde hay grupos y subgrupos.29  
La autonomía propia de las ex-  
periencias de economía social y  
solidaria en su aspecto de inde-  
pendencia es convergente con este  
séptimo principio.  
28 Idem.  
29 Idem.  
27 Idem.  
17  
La Cuestión Social  
Año 29, n. 1  
El principio de reciprocidad:  
del homo oeconomicus al  
8) Anidamiento o coordinación  
entre grupos relevantes  
homo reciprocans  
Cuando distintos grupos interac-  
túan, es necesario que cada uno  
haga lo que le corresponde hacer  
y que entre ellos se dé una coordi-  
nación adecuada.30  
Tanto en las soluciones públi-  
cas como en las privadas, falta la  
idea de comunidad. Al explicar la  
naturaleza de los bienes comunes,  
Zamagni afirma que su solución  
también debe ser común. Para su  
buen manejo, plantea como prin-  
cipio esencial la reciprocidad.31  
La autonomía que caracteriza  
a las experiencias de economía  
social y solidaria, en cuanto a su  
aspecto de interdependencia es  
coincidente con este octavo princi-  
pio. Lo mismo puede decirse de la  
búsqueda de bienestar en la que se  
basan todas sus relaciones y cons-  
trucciones de alianzas y sinergias.  
El principio de intercooperación  
es mencionado de manera explíci-  
ta en algunas experiencias de eco-  
nomía social y solidaria.  
El hecho de que la tragedia de los  
bienes comunes se haya presenta-  
do en primer lugar precisamente  
como tragedia es una muestra del  
dominio del homo oeconomicus.  
Frente a esa racionalidad, Zamag-  
ni propone la del homo recipro-  
cans. El homo reciprocans es quien  
puede encontrar una solución al  
problema de los bienes comunes,32  
así como a otros problemas econó-  
micos, sociales y ambientales.  
Una vez analizado cada uno de  
los ocho principios de diseño, es  
posible afirmar que en general  
existe convergencia entre ellos y  
la economía social y solidaria.  
Tirole habla del homo oecono-  
micus como ficción ideada por la  
ciencia económica. Esa ficción o  
hipótesis simplificadora plantea  
que el homo oeconomicus toma  
decisiones de manera racional, ac-  
tuando en favor de sus intereses,  
conforme a la información dis-  
ponible. Sus decisiones podrían  
ser más o menos buenas en fun-  
ción de esa información. En cual-  
Ya se ha mencionado que las ex-  
periencias de economía social y  
solidaria son realidades concre-  
tas en toda la gama de grises; por  
lo tanto, es necesario decir que la  
convergencia se da a nivel de pro-  
puesta, lo cual es probable que en  
muchos casos implique también  
una convergencia en la práctica.  
31 S. Zamagni, op. cit.  
30 Idem.  
32 Ibidem.  
18  
La Cuestión Social  
Año 29, n. 1  
quier caso, el homo oeconomicus  
persigue siempre sus intereses,  
sean los que sean. Al describir al-  
gunos comportamientos que no  
corresponden al homo oeconomi-  
cus, Tirole da algunas pistas que  
contribuyen a la comprensión  
del homo reciprocans, aunque sin  
hablar de él. Menciona los com-  
portamientos prosociales de las  
personas en los que éstas no dan  
prioridad a su interés material,  
sino desinteresadamente al bien-  
estar de otros. También explica  
que el sentimiento de reciproci-  
dad parece aumentar el esfuerzo  
de las personas.33  
de distinguir al homo oeconomicus  
del homo sapiens y del homo reci-  
procans. El homo oeconomicus se  
comporta egoístamente, sin preo-  
cuparse por el bienestar de otros;  
es racional y es capaz de tomar en  
cuenta toda la información para  
decidir en función de la maximi-  
zación de su bienestar. El homo  
sapiens puede cometer errores y  
tomar malas decisiones, incluso  
en contra de su interés, debido a  
la forma en que procesa la infor-  
mación. El homo reciprocans tiene  
preferencias sociales. En sus deci-  
siones, la confianza juega un papel  
importante. Es capaz de interna-  
lizar el interés por el bienestar  
del otro.35  
Bechetti y Cermelli señalan que,  
de acuerdo con la literatura em-  
pírica, el homo oeconomicus es  
infeliz, minoritario y socialmente  
dañino. Su racionalidad es inferior  
y produce resultados subóptimos  
para sí mismo y para la sociedad.34  
El homo reciprocans, preocupado  
tanto por su bienestar, como por el  
bienestar de otros, tiene una fun-  
ción de utilidad de esta manera:  
U(xi, x-i ), donde xi es el resultado  
para sí mismo y x-i es el resultado  
para los demás.36  
La economía del comportamien-  
to (o conductual) se ha ocupado  
Zamagni va más allá en la con-  
cepción del homo reciprocans, al  
dar mayor contenido a la recipro-  
cidad. Ésta se da cuando se otor-  
33 Jean Tirole, La economía del bien co-  
mún (trad. María Cordón Vergara),  
México, Taurus Pensamiento, 2017,  
pp. 137-168.  
34 Leonardo Becchetti y Massimo Cer-  
melli, “El paradigma de la economía  
civil entre la sociedad civil y la respon-  
sabilidad corporativa, en Juan Carlos  
Scannone (coord.), Sociedad civil y bien  
común. Hacia una nueva articulación del  
mercado, el estado y la sociedad civil, to-  
mo 1, Córdoba, educc, 2018, Libro en  
pdf, pp. 269-301.  
35 Raymundo Miguel Campos Vázquez,  
Economía y psicología. Apuntes sobre  
economía conductual para entender  
problemas económicos actuales, México,  
Fondo de Cultura Económica y El Cole-  
gio de México, 2017, pp. 13-28.  
36 Idem.  
19  
La Cuestión Social  
Año 29, n. 1  
ga algo a otro, y el otro, a cambio,  
da algo a un tercero o al mismo de  
quien ha recibido. Este dar y re-  
cibir no sucede de manera equi-  
valente, sino en la medida de las  
posibilidades de cada uno. La reci-  
procidad no aspira a una relación  
instrumental, sino a estar entre  
(los demás). Los bienes comunes  
demuestran cuan real es aquello  
de estar entre (y no solos).37  
te hay que liberar otros ámbitos  
de la vida de su dominio. Pero esto  
no es así.  
Razeto no habla de homo reci-  
procans, pero recalca que hacer  
economía no significa necesaria-  
mente estar motivado por el in-  
terés particular y el egoísmo, sino  
que puede hacerse cooperando,  
con objetivos y esfuerzos comu-  
nes, distribuyendo solidariamente,  
compartiendo recursos sin apro-  
piarse individualmente de ellos,  
desde una racionalidad distinta  
que opera con otras lógicas y que  
permite intercambios distintos  
del equivalente y donde se dan  
relaciones que denomina comen-  
salidad (donde se comparte sin  
equivalencias ni medidas), y coo-  
peración.39 Con esto, describiendo  
la racionalidad del homo recipro-  
cans. El homo reciprocans es tam-  
bién el homo de la solidaridad.  
Mientras que el homo oeconomi-  
cus solamente es capaz de mirarse  
a sí mismo y conjugar en primera  
persona del singular, el homo reci-  
procans mira a los demás y conju-  
ga en primera persona del plural,  
el nosotros.  
Vivimos inmersos en el para-  
digma del homo oeconomicus.38  
En sus intereses individuales y  
su racionalidad se basan muchas  
decisiones económicas, sociales,  
políticas y ambientales. Sin em-  
bargo, no solamente el manejo de  
los bienes comunes, sino muchos  
otros problemas requieren un  
cambio de paradigma hacia el ho-  
mo reciprocans.  
Experiencias como las de la eco-  
nomía social y solidaria son expe-  
riencias de estar entre y de estar  
inmersos en la realidad haciendo  
presente al homo reciprocans. En  
ellas se viven las dos dimensiones  
que menciona Zamagni en rela-  
ción con la categoría de lo común:  
la de estar en común y la de aque-  
llo que se tiene en común.40 En vez  
El término puede llevar a equi-  
vocaciones haciendo pensar que  
la economía es el lugar propio del  
homo oeconomicus y que solamen-  
37 S. Zamagni, op. cit.  
39 L. Razeto Migliaro, op. cit., pp. 8-29.  
38 Ibidem.  
40 S. Zamagni, op. cit.  
20  
La Cuestión Social  
Año 29, n. 1  
Conclusiones  
de enseñar el egoísmo, enseñan la  
solidaridad y la cooperación.  
La presencia del homo recipro-  
cans es relevante para la solución  
de grandes desafíos económicos,  
sociales y ambientales, no sola-  
mente para el buen manejo de los  
bienes comunes.  
Se está partiendo aquí de que  
las preferencias pueden ser edu-  
cadas. Las personas actuamos a  
veces como homo oeconomicus, a  
veces como homo sapiens y a veces  
como homo reciprocans. Pero hay  
contextos que favorecen que el ho-  
mo reciprocans se haga presente  
de mayor manera.  
Los principios de diseño de Os-  
trom tienden una especie de puen-  
te entre la racionalidad del homo  
oeconomicus y la racionalidad del  
homo reciprocans. Por un lado, la  
formulación misma de los princi-  
pios requirió la observación cui-  
dadosa de experiencias concretas  
donde estaba presente el homo  
reciprocans. Por el otro, cuando se  
propone su adopción, ya sea en el  
contexto del manejo de los bienes  
comunes o como herramienta pa-  
ra la eficacia de los grupos en ac-  
tividades diversas, parece que, si  
bien su adopción e implementa-  
ción puede ser más fácil y natural  
(tal vez incluso dar resultados más  
pronto) en contextos donde ya es-  
tá presente el homo reciprocans,  
no resulta imposible en contextos  
donde la presencia del homo oeco-  
nomicus predomina. Esto es algo  
que tendría que confirmarse con  
estudios empíricos.  
La teoría de prospectos incorpo-  
ra el contexto como punto de refe-  
rencia para la toma de decisiones.  
La función de utilidad es entonces:  
U(x|r), donde x es el resultado y r es  
el punto de referencia o contexto.41  
Si las experiencias de economía  
social y solidaria son un contexto  
que favorece la presencia del homo  
reciprocans, la función de utilidad  
de las personas que las integran es  
de la siguiente forma: U((xi, x-i)|r),  
donde xi es el resultado para sí  
mismo, x-i es el resultado para los  
demás r es el punto de referencia  
o contexto.  
En el contexto de la economía so-  
cial y solidaria hay que considerar  
además que xi y x-i son resultado  
de la acción cooperativa y no me-  
ramente de la acción individual.  
Una vez adoptados los princi-  
pios de diseño, su implementación  
es también un proceso de forma-  
ción de homo reciprocans.  
41 R. M. Campos Vázquez, op. cit., pp. 13-28.  
21  
La Cuestión Social  
Año 29, n. 1  
El binomio experiencias de eco-  
nomía social y solidaria y prin-  
cipios de diseño es interesante.  
Por un lado, las experiencias de  
economía social y solidaria po-  
drían beneficiarse de la adopción  
de los principios. Por el otro, estas  
experiencias hacen que crezca la  
posibilidad de adopción e imple-  
mentación de los principios, pues,  
como recalcan Wilson et al., los  
grupos humanos no adoptan los  
principios espontáneamente.42  
tentes en la experiencia concreta  
de economía social y solidaria son  
tan fuertes como para hacer per-  
der relevancia a los principios de  
diseño, como sucede, según seña-  
lan Wilson et al., cuando los grupos  
operan con lazos muy fuertes.43  
Ahora expliquemos lo segundo.  
La convergencia identificada entre  
los principios de diseño y las ca-  
racterísticas de la economía social  
y solidaria, donde ya está presen-  
te el homo reciprocans, hace que  
crezca la posibilidad de adopción  
e implementación de los princi-  
pios, y potencia las posibilidades  
de que la presencia del homo re-  
ciprocans se haga más notoria y  
fuerte en el ámbito económico, so-  
cial y ambiental, en general.  
Expliquemos lo primero. Par-  
tiendo de que Wilson et al.  
plantean la adopción de estos  
principios para la eficacia de los  
grupos, podría pensarse en dicha  
adopción como una herramienta  
para ayudar a las experiencias de  
economía social y solidaria al lo-  
gro de sus diversos objetivos.  
Las experiencias de economía  
social y solidaria son espacios de  
formación y crecimiento del ho-  
mo reciprocans: espacios donde se  
afina su mirada, se experimenta  
su acción y se configuran sus rela-  
ciones. Son espacios del nosotros,  
que enseñan a las personas cómo  
escapar de las dinámicas donde  
domina el propio interés.  
Si bien se han identificado coin-  
cidencias entre los principios de  
diseño y la economía social y so-  
lidaria, esto no significa que las  
diversas experiencias concretas  
sean conscientes de esto ni que  
los hayan adoptado buscando de  
manera intencionada cómo imple-  
mentarlos en forma adecuada a  
sus características específicas.  
A pesar de las imperfecciones de  
cada experiencia y la brecha en-  
tre lo perseguido y lo conseguido,  
la economía social y solidaria es  
Habría que distinguir en cada  
caso si los vínculos internos exis-  
42 D. S. Wilson, E. Ostrom y M. E. Cox, op. cit.  
43 Idem.  
22  
La Cuestión Social  
Año 29, n. 1  
espacio de posibilidad, con con-  
diciones distintas a las que se pre-  
sentan en la tragedia de los bienes  
comunes, el dilema del prisionero  
o a aquellas que favorecen el sur-  
gimiento del free rider.  
dación o coordinación entre otros  
grupos relevantes. Si pensamos,  
como afirma Zamagni, que las per-  
sonas cooperan cuando otras per-  
sonas cooperan,46 entonces hay  
mayores posibilidades de escalar.  
Ya no estamos hechos solamente  
de semillas de futuro, sino de se-  
millas de expansión. Los princi-  
pales desafíos de la humanidad,  
incluyendo el manejo de los bienes  
comunes, requieren gran escala.  
Calle y Casadevente hablan de  
embriones de una nueva socie-  
dad.44 Cabe también adoptar el  
término semillas de futuro que uti-  
liza Scannone.45 Las experiencias  
de economía social y solidaria son  
semillas actuales y efectivas de  
un futuro más horizontal, solida-  
rio y cooperativo.  
No está de más señalar que en el  
contexto de los procesos educati-  
vos que forman parte de la econo-  
mía social y solidaria, convendría  
hablar explícitamente de la rele-  
vancia y urgencia de un manejo  
adecuado de los bienes comunes  
para propiciar la colaboración en  
la búsqueda inaplazable de solu-  
ciones. En algunos casos, esto po-  
dría dar lugar al surgimiento de  
más economías para los bienes  
comunes, según las describen Ca-  
lle y Casadevente.  
La escala se presenta como un  
desafío. La cooperación que se  
muestra efectiva en pequeña es-  
cala, como sucede en muchas ex-  
periencias de economía social y  
solidaria, no necesariamente es  
igual de efectiva a gran escala. Sin  
embargo, la ausencia de homo re-  
ciprocans y la falta de cooperación  
a pequeña escala, sin duda se re-  
plicaría a gran escala. En cambio,  
si hay homo reciprocans en peque-  
ña escala, existe al menos la posi-  
bilidad de encontrar soluciones a  
mayor escala.  
Quizá en este análisis hay po-  
cos elementos todavía para afir-  
mar que viviríamos mejor si las  
dinámicas de la economía social  
y solidaria donde la propiedad es  
social y las dinámicas del manejo  
adecuado de los bienes comunes  
permearan el manejo de los bie-  
nes privados; es decir, si el homo  
En esto aplica también el últi-  
mo principio de diseño de Ostrom,  
quien recalca la necesidad de ani-  
44 A. Calle C. y J. L. Casadevente, op. cit.  
45 J. C. Scannone, op. cit., pp. 169-183.  
46 S. Zamagni, op. cit.  
23  
La Cuestión Social  
Año 29, n. 1  
Limitaciones y estudios futuros  
Se ha supuesto aquí que las ex-  
periencias de economía social y  
solidaria tienen el potencial de  
transformar (aunque sea parcial-  
mente) el entorno, haciéndolo  
más solidario y mejor gestor de  
lo común. Sin embargo, hay quie-  
nes afirman que la causalidad es  
inversa, es decir, que son los con-  
textos solidarios los que hacen  
posible que surjan experiencias  
de este tipo. Probablemente esto  
sea difícil de comprobar empíri-  
camente, pero me parece que hay  
suficientes elementos para pensar  
que se trata de un círculo virtuoso  
y así es como se ha considerado en  
este análisis.  
reciprocans se hiciera presente o  
más presente en ese ámbito.  
Como afirma Zamagni, el pro-  
blema no son los derechos de  
propiedad, sino la gobernanza,47  
la gestión. Aunque él lo sostiene  
concretamente en relación con el  
problema de los bienes comunes,  
cabe ampliar la idea y pensar en  
lo que sucedería si la reciproci-  
dad permeara también el manejo  
de los bienes privados. Habría que  
cambiar entonces la famosa frase  
de Gordon en cuanto a que la pro-  
piedad de todos es la propiedad de  
nadie.48 En la propiedad de todos,  
se aprende que no siempre es ne-  
cesaria la propiedad de cada uno  
y que la propiedad de cada uno  
puede compartirse en esquemas  
distintos del intercambio equi-  
valente.49 Quizá de esta mane-  
ra se explorarían más dinámicas  
de uso compartido que podrían  
contribuir a un mayor cuidado y  
respeto de los límites que exige la  
casa común. Profundizar en esto  
será tarea de estudios posteriores.  
Este artículo es apenas una ex-  
ploración general de un tema que  
requiere mayor profundidad, así  
como un análisis sistemático de ex-  
periencias concretas de economía  
social y solidaria para tener una  
base empírica sólida. El artículo se  
ha basado solamente en informa-  
ción documental y en observacio-  
nes no sistemáticas a experiencias  
concretas, realizadas durante los  
últimos 16 años aproximadamen-  
te. Esto abre distintas posibilida-  
des para trabajos futuros, como los  
que en seguida se enuncian.  
47 Idem.  
48 H. Scott Gordon, “The Economic Theory  
of a Common-Property Resource: The  
Fishery, The Journal of Political Econo-  
my, vol. 62, núm. 2, abr., 1954, pp. 124-  
142, The University of Chicago Press [en  
Courses/Ec100C/Readings/ScottGor-  
donFisheries.pdf.  
Como ya se ha mencionado,  
queda pendiente verificar con es-  
tudios empíricos la facilidad de  
49 Con esto, no se propone de ninguna  
manera la abolición de la propiedad  
privada ni se pone en duda su función.  
24  
La Cuestión Social  
Año 29, n. 1  
adopción, la eficacia y la prontitud  
de resultados de la implementa-  
ción de los principios de diseño en  
contextos donde ya está presente  
el homo reciprocans —en especial,  
en experiencias de economía so-  
cial y solidaria— y comparar con  
contextos donde no lo está.  
de economía social y solidaria,  
así como las tensiones que se dan  
entre la cooperación dentro y la  
cooperación entre grupos, es otra  
posibilidad que queda abierta.  
Bibliografía  
Becchetti, Leonardo y Cermelli Mas-  
simo, “El paradigma de la economía  
civil entre la sociedad civil y la respon-  
sabilidad corporativa, en Juan Carlos  
Scannone (coord.), Sociedad civil y  
bien común. Hacia una nueva articu-  
lación del mercado, el estado y la so-  
ciedad civil, tomo 1, Córdoba, educc,  
2018. Libro en pdf.  
También valdría la pena estudiar  
los aportes del homo reciprocans  
al manejo de los bienes privados  
y el impacto que podría tener eso,  
por ejemplo, en el uso de recursos  
y el cuidado del medio ambiente.  
Calle C., Ángel. y Casadevente, Jo-  
sé Luis, “Economías sociales y eco-  
nomías para los Bienes Comunes,  
Otra Economía, núm. 9, vol. 16, pp.  
44-68, enero-junio, 2015 [en línea],  
dex.php/otraeconomia/article/view/  
otra.2015.916.04  
De igual manera, podría hacerse  
una verificación puntual de lo que  
sucede en distintas experiencias  
de economía social y solidaria en  
cuanto a las coincidencias con los  
principios de diseño que se identi-  
ficaron solamente como parciales  
o que no pudieron afirmarse en  
este análisis.  
Campos Vázquez, Raymundo Miguel,  
Economía y psicología. Apuntes sobre  
economía conductual para entender  
problemas económicos actuales, Méxi-  
co, Fondo de Cultura Económica y El  
Colegio de México, 2017.  
Gordon, H. Scott, “The economic  
theory of a common-property resour-  
ce: The fishery, The Journal of Political  
Economy, vol. 62, núm. 2, abr., 1954,  
pp. 124-142, The University of Chica-  
edu/~tedb/Courses/Ec100C/Rea-  
dings/ScottGordonFisheries.pdf  
También sería interesante reali-  
zar un análisis similar a éste con  
propuestas como la economía de  
comunión, economía del bien co-  
mún o purpose economy y algunas  
otras que, de diversas formas y  
desde perspectivas distintas, bus-  
can una economía más incluyente.  
Grupo Banco Mundial, “Un cambio de  
suerte. La pobreza y la prosperidad  
compartida 2020” [en línea], https://  
openknowledge.worldbank.org/bitst  
reamhandle/10986/34496/211602o  
vSP.pdf  
Estudiar específicamente la con-  
vergencia del principio de anida-  
miento de grupos y el principio de  
intercooperación en experiencias  
Michel Cuén, Jesús Rafael (ed.), Buen  
vivir y organizaciones regionales mexi-  
25  
La Cuestión Social  
Año 29, n. 1  
canas. Miradas de la diversidad, México,  
iteso, 2017.  
Ostrom, Elinor, El gobierno de los bie-  
nes comunes. La evolución de las ins-  
tituciones de acción colectiva (trad.  
Leticia Merino Pérez), México, Ins-  
tituto de Investigaciones Sociales-  
Universidad Nacional Autónoma de  
México-Fondo de Cultura Económica,  
2011.  
Razeto Migliaro, Luis, Lecciones de eco-  
nomía solidaria: realidad, teoría y pro-  
yecto, Chile, ediciones uvirtual.net  
Scannone, Juan Carlos, “La cultura y la  
interrelaciónentrelaslógicaseconómi-  
cas del mercado, del estado y del don,  
en J. C. Scannone (coord.), Sociedad  
civil y bien común. Hacia una nueva  
articulación del mercado, el estado  
y la sociedad civil, Tomo 1, Córdoba,  
educc, 2018. Libro en pdf.  
Tirole, Jean, La economía del bien co-  
mún (trad. María Cordón Vergara),  
México, Taurus Pensamiento, 2017.  
Wilson, David Sloan; Ostrom, Elinor, y  
Cox Michael E., “Generalizing the co-  
re design principles for the efficacy of  
groups, Journal of Economic Behavior  
& Organization 90S, 2013, S21-S32 [en  
te/jebo  
Zamagni, Stefano. “Bienes comu-  
nes y economía civil, Revista Cul-  
tura Económica, Año xxxii, núm.  
87, junio, 2014, pp. 8-25 [en línea],  
le/123456789/2042  
*Licenciada en economía, maestra en  
evaluación socioeconómica de pro-  
yectos de inversión, y máster en  
gestión de empresas de economía  
social. Para responder a la pregunta  
“¿Cómo podemos todos vivir bien?”,  
ha fomentado la colaboración entre  
sociedad civil, empresas privadas y  
de la economía solidaria, academia  
y gobierno.  
26  
La Cuestión Social  
Año 29, n. 1