C
L
S
AÑO
33
N. 1
2025
SECCIÓN TEMÁTICA: Ecología integral
Más allá de la dicotomía naturaleza y cultura:
desafíos epistemológicos al Pensamiento Social Cristiano
Dr. Nelson García • Guatemala
La semilla plantada por el papa Francisco: Aparecida 2007
Dr. José Sols Lucia • España
FORO SOCIAL: Pensamiento Social
El profetismo en el Pensamiento Social Cristiano
Dra. María José Schultz • Chile
Doctrina Social Cristiana y derechos humanos.
Derecho y obligación de la Iglesia de tratar los derechos humanos
Efraín González Morfín • México
MISCELÁNEA: Más allá del conicto:
explorando la posibilidad de la reconciliación
Mtro. Juan Carlos López Sáenz • México
Reseña
Mesa de novedades
Convocatoria
La Cuestión
Social
Revista de
Pensamiento
Social Cristiano
ISSN: 2992-8672
Instituto Mexicano
de Doctrina Social
Cristiana
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LA CUESTIÓN SOCIAL
AÑO 33, N. 1, ENERO-JUNIO 2025
56 La Cuestión Social
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DRA. MARÍA JOSÉ SCHULTZ MONTALBETTI
CHILE
EL PROFETISMO EN EL
PENSAMIENTO SOCIAL
CRISTIANO
RESUMEN
El presente estudio indaga la dimensión social del profetismo en
Israel, con un enfoque particular en las guras de Amós y Jesús.
A través de un análisis bíblico-teológico de sus mensajes y accio-
nes, se busca destacar la relevancia del profetismo para el Pensa-
miento Social Cristiano contemporáneo y subrayar la necesidad
de una renovación profética en la Iglesia.
Palabras claves: Doctrina Social de la Iglesia, Jesús profeta, pro-
fetas bíblicos, profetismo.
ABSTRACT
This study explores the social dimension of prophetism in Israel,
with a particular focus on the gures of Amos and Jesus. Through
a biblical-theological analysis of their messages and actions, it
seeks to highlight the relevance of prophetism for contemporary
Christian social thought and to underscore the need for a prophe-
tic renewal in the Church.
Keywords: Biblical prophets, Jesus the prophet, Prophetism, Social
Doctrine of the Church.
Recepción: 13/01/2025. Aprobación: 13/02/2025.
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INTRODUCCIÓN1
En el tiempo presente el “profetismo” está de moda. Ante las ca-
strofes que ponen en evidencia la emergencia climática o los su-
cesos acontecidos en la pandemia de covid-19, surgen profetas de
dudosa procedencia que ven en el drama humano y la destrucción el
advenimiento del “apocalipsis”, entendido este como el fin del mun-
do. No hace mucho tiempo hubo quienes se atribuyeron la capacidad
interpretativa de textos bíblicos en los que descubrieron adverten-
cias de acontecimientos históricos nefastos, por ejemplo, “la caída
de las torres gemelas. Sin embargo, este tipo de pseudo-profetas
dista mucho de los profetas del antiguo Israel y del estilo profético de
Jesucristo. En esta breve exposición, el propósito es volver la mirada
a los profetas bíblicos y su impronta eminentemente social, fuente
primigenia del Pensamiento Social Cristiano (
).
SINGULARIDAD DEL PROFETISMO DE ISRAEL
Es un dato conocido que el profetismo en la antigüedad no es un ofi-
cio original del pueblo de Israel, sino un carisma que se halla pre-
sente en diferentes civilizaciones y culturas colindantes a la tierra de
Canaán. Algunos de estos profetas eran reconocidos como “viden-
tes”, hombres respetables que vivían apartados de la gente a los que
el pueblo acudía para preguntar por el paradero de animales u obje-
tos perdidos.2 En el surgimiento de la monarquía israelita, el profe-
ta Samuel aparece como protagonista en la elección del primer rey
(1 Sm 7, 3); y, aunque es llamado “vidente, también realiza acciones
de sacerdote y juez.
Durante la monarquía unida es posible apreciar en los relatos
veterotestamentarios que en la corte real había un grupo de profe-
tas, cuya tarea era asesorar al rey en sus decisiones, especialmente,
en aquellas en las que se jugaba la fidelidad a la alianza con YHWH.
1 Esta breve exposicn sobre el profetismo en el Pensamiento Social Cristiano es fruto
de una conferencia, con el mismo título, dada en el Instituto Mexicano de Doctrina Social
Cristiana (Imdosoc) el 15 de agosto de 2024, en la Ciudad de México.
2 José Luis Sicre, Profetismo en Israel : el profeta, los profetas, el mensaje (Estella: Verbo
Divino, 1992).
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Esto pone de manifiesto que, desde sus inicios, la misión de los pro-
fetas en Israel está ligada a la pregunta por la voluntad de Dios, en-
tendiendo la voluntad divina como el deseo de Dios para su pueblo,
un pueblo al que ha liberado de la esclavitud y ha llamado a ser libre
y liberador.3
Vocación y mensaje profético
El judaísmo llama al grupo de libros que contiene tradiciones pro-
féticas nabiim. El término nabi, que significa llamado, sugiere que el
profeta es quien sufre la acción de Dios; es decir, no toma la iniciativa
en su rol, sino que es Dios quién como sujeto interviene, llandole
para que actúe en su nombre (Ez 1-3; Is; Am). Entonces, Dios se im-
pone en su vida para que el profeta actúe en medio de su pueblo. Él
es llamado a interpelar —en nombre de Dios— a los que se conducen
mal y actúan contrariamente a los planes divinos manifestados en la
Alianza del Sinaí.
En consecuencia, el profeta es una persona elegida e inspirada por
Dios, pues conoce cómo es el Señor, su sentir, a partir del momento
en que ha acogido su llamado y aceptado su vocación. La plena co-
munión con Él, le otorga al profeta un conocimiento veraz de las con-
secuencias del pecado del pueblo tanto como de los frutos de su buen
actuar. Por ello, los profetas dan cuenta de una conciencia clara de
que es Dios quien les habla y de que son su portavoz. El profeta —a
diferencia de los sabios e historiadores de Israel— no recurre al pa-
sado del pueblo o a los aprendizajes de la experiencia humana, la
fuente de su palabra interpeladora es la Palabra divina; lo que de Dios
ha escuchado, una palabra que Dios ha comunicado libremente y por
iniciativa propia, sin que el profeta pueda negarse a proclamarla.4
Esta plena identificación del profeta con Dios y su palabra da a
entender que la vocación profética no tiene relación con la idea de
adivinos del futuro o videntes de sucesos insospechados. Su capaci-
dad de atisbar el futuro le viene de su profunda adhesión al proyecto
3 María José Schultz, “Libre para liberar y ser libres. La actualidad de Éxodo 3, 7-10”,
RevLaT.
4 Dolores Aleixandre, “Profetas. Una versión ardiente de la caridad”, Corintios . Revista
de Teología, no. 174 (2021), 9-19.
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de Dios, de tal manera que se anticipan emocionalmente a reconocer
los efectos que trae el alejarse del plan divino, del deseo de bien para
su pueblo. En el libro de Ezequiel, la siguiente imagen del centinela
retrata, claramente, la función del profeta: “A ti, hombre, yo te he
puesto de centinela para el pueblo de Israel. Cuando yo te comuni-
que algún mensaje, deberás anuncrselo de mi parte, para que estén
advertidos” (Ez 3, 17).
De este modo, la función de un centinela en la torre de la puerta
de la ciudad o en un barco en el mar es atisbar el horizonte, fijar la
mirada en lo que está por venir, anticiparse a los demás acerca de
lo que puede pasar. Precisamente, porque tiene puesta la mirada y
está atento al horizonte. En efecto, no adivinan el futuro, sino que
lo advierten.
Tú, hombre, habla a tus compatriotas y diles: ‘Cuando yo envío la
guerra a un país, su gente escoge a uno para ponerlo de centinela. Y
cuando el centinela ve que los ejércitos enemigos se acercan al país,
toca la trompeta y previene a la gente. Si alguien escucha el toque
de trompeta y no le hace caso, y los enemigos llegan y lo matan, el
culpable de su muerte es él mismo, porque oyó el toque de trompeta,
pero no hizo caso; es culpable de su muerte, porque, si hubiera hecho
caso, habría salvado su vida. Pero si el centinela ve llegar los ejércitos
enemigos y no toca la trompeta para prevenir a la gente, y los enemi-
gos llegan y matan a alguien, este habrá muerto por su pecado, pero
yo pediré al centinela cuentas de su muerte’ (Ez 33, 2-6).
Como bien señala el libro de Ezequiel, la intervención del profe-
ta consiste en iluminar el presente aludiendo al futuro, dado que la
exhortación del profeta consiste en llamar al pueblo a su conversión.
El hecho de que el pueblo no haga caso es lo que lleva al profeta a an-
ticipar las consecuencias nefastas que puede traer la desobediencia
al mensaje.5
5 El carisma profético en Israel superó las barreras de género, cultura y origen. Los casos
de Débora, Natán y Amós ponen en evidencia que Dios se valió de personas concretas
que se hicieron disponibles a escuchar su palabra.
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Como se mencionó anteriormente, el profeta ha sido llamado para
proclamar la palabra que ha escuchado de Dios. En consecuencia,
el mensaje del profeta es entendido como la revelación de algo que
está oculto, pero no escondido, sino velado ante el punto de vista del
pueblo. Aquello que el profeta proclama o denuncia son los proble-
mas concretos que sufren miembros de la sociedad por causa de la
injusticia social, de decisiones políticas, corrupción religiosa, entre
otros motivos. Eso explica porque muchas veces en los textos quienes
aparecen como víctimas de estos delitos sean las viudas, los huérfa-
nos y los extranjeros. Precisamente, las personas más vulnerables de
la sociedad, quienes padecen en primera instancia la indiferencia
de los más poderosos “Convertíos de vuestra mala conducta y de
vuestras malas acciones” (Za 1, 4). ¡Aprended a hacer el bien, esfor-
zaos en hacer lo que es justo, ayudad al oprimido, haced justicia al
huérfano, defended los derechos de la viuda! (Is 1, 17).
El profeta encarna en su vida los sentimientos de Dios, padece lo
que Dios experimenta ante el sufrimiento humano causado por las
malas acciones del pueblo. En este sentido, el profetismo que en
los inicios comenzó como un oficio o función en las cortes reales de
Medio Oriente, con el tiempo en el pueblo de Israel pasó a ser una
misión confiada por Dios al profeta. De ahí que el profetismo debe
ser entendido como un llamado de parte de Dios, quien manda rea-
lizar una tarea a la que no se le puede decir que no. Eso explica que el
mensaje profético se fije por escrito con fórmulas como “Esto dice
el Señor, “Oráculo del Señor”: lo que pone de manifiesto que el pro-
feta es un instrumento de Dios para manifestar su palabra, su volun-
tad y sus sentimientos frente a la realidad de su pueblo.
El profeta interpela, exhorta, busca persuadir a las personas que
van por mal camino a que se conviertan y vuelvan a los caminos pro-
puestos por Dios. No recuerda normas o leyes a obedecer, sino que
busca mostrar las posibilidades de salvación que están en las ma-
nos del pueblo y que pueden cambiar el destino de los pobres, de los
marginados y de los que más sufren. El profeta muestra cómo hacer
el bien denunciando lo que está mal, comunica lo que Dios quiere y
espera, y aquello que debe cambiar porque atenta contra la vida y el
bienestar que Dios anhela para su pueblo.
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En consecuencia, el mensaje de los profetas de Israel es incómo-
do, saca de la “zona de confort” que los privilegiados y poderosos se
habían construido gracias a la explotación de los pobres y la corrup-
ción política. Remueve las conciencias, ya que pone en evidencia las
injusticias sociales, sacude las falsas apariencias porque demuestra
el culto vacío de los que acuden a los santuarios. El profeta es un
personaje incómodo de la sociedad porque desenmascara los excesos
del poder, las estafas e injusticias; por ello es perseguido, apedreado,
amenazado o enviado al exilio. Declarado persona non grata para la
comunidad, puesto que denuncia y pone en evidencia a quienes han
abusado de su poder, se han aprovechado de los más desfavorecidos
y obtenido con ello beneficios que sólo contribuyen a su propio en-
riquecimiento.
De manera que el tema central de los profetas de Israel es la justi-
cia. Ser justo es tener compasión por los que más sufren. En el Éxodo,
YHWH se había revelado como un Dios que interviene para salvar al
pueblo de la esclavitud, de la opresión y de la muerte; para darle li-
bertad, una tierra fértil y un lugar para que honre la presencia de Dios
en medio suyo.6 Los profetas, en continuidad con el Dios del Éxodo,
interpelan al pueblo para que no se vuelvan opresores como Egipto
en tiempos del faraón. Recuerdan la alianza y el sentir de Dios que
se manifiesta en ella, una apuesta por la vida de todos por igual, en
todas las áreas de la existencia (Ex 19).7
UN EJEMPLO CONCRETO: AMÓS
Es relevante detenerse en el profeta Amós, porque se trata de un
hombre de Dios que no escatimó en perder la reputación por denun-
ciar dónde reinaba el pecado en el pueblo. Condenó el consumismo
escandaloso de los ricos y la opulencia de sus estilos de vida (Am 3,
12.15; 6, 4-6); la injusticia de los jueces a la hora de aplicar una ley
que no protege verdaderamente a las víctimas, sino que favorece a los
6 Pablo Andach, El Libro del Éxodo (Salamanca: Sígueme, 2006).
7 Maa José Schultz, “Biblia como fuente original de los Derechos Humanos”, RevLaT
(2024).
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privilegiados, advirtiendo con ello la falta de sensibilidad social (Am
5,7-13). Denunció el abuso sexual que los varones, paterfamilias y sus
hijos, ejercían sobre sus criadas y esclavas (Am 2, 7) y declaró inútil
el culto y la religiosidad del pueblo (Am 5, 18-26). El profeta Amós se
lamenta de la inadecuada respuesta de Israel a la llamada de YHWH
y de su infidelidad, pues todo ello lo llevó a ser el peor entre todos los
pueblos. Su pecado, advierte, es lo que lo llevará a la ruina inminente.
8
Uno de los problemas más graves que Amós advierte se halla en
la administración de la justicia, puesto que de ésta dependía de que
se solucionaran o agravaran muchos problemas. Denuncia las diver-
sas injusticias que se cometen en los tribunales (Am 5), como hacer
callar al testigo honrado, tomar decisiones contra los pobres (pago
de impuestos o deudas exorbitantes), aceptar sobornos o manipular
las leyes con vistas al enriquecimiento personal (Am 8, 4-6). Amós
atiende a la situación de los testigos que sufren la injusticia por ser
fieles a la verdad, quienes son mal vistos por jueces y poderosos por-
que atentan contra su poder y sus privilegios. Las víctimas de las
injusticias pertenecen a la comunidad, son ciudadanos humillados
en el tribunal de la justicia. El resultado de esto es que los acusados,
por falta de recursos para pagar las deudas o su propia condena, caen
en la esclavitud, pierden su ciudadaa, el derecho a la justicia y a
ejercer el culto (Am 2, 6; 8, 6). En otras palabras, además de perder
sus derechos y su dignidad, se les impide participar en el culto; y, con
ello, la posibilidad de relacionarse con Dios en el santuario.
Amós advierte del daño que la corrupción institucional provoca en
el pueblo, poniendo el foco en los culpables. Uno de los efectos de este
pecado institucional es que las víctimas se alejan de la comunidad
y que esta no sólo se rompa, sino que el pueblo de Dios desaparezca.
Ante ello, para el profeta sólo queda una posibilidad, que no está en
el santuario (Am 5, 4-5), sino en los tribunales, en la justicia y en las
relaciones justas.
La corrupción proviene de quienes tienen el poder en las institu-
ciones civiles; por tanto, el pecado requiere ser asumido y erradicado
8 Luis Alfonso Sckel, José Luis Sicre, Profetas, Vol  (Madrid: Cristiandad, 1980).
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por ellos, sólo de este modo las instituciones serán reformadas. Así,
también, Amós evidencia la vulnerabilidad del santuario y su de-
formación, pues si sus cimientos y pilares lo conforman los miem-
bros de la comunidad, y muchos de ellos son corruptos, el santuario
ha dejado de ser lugar de culto y encuentro con Dios, porque sus
miembros han fomentado la injusticia y la inequidad. La adverten-
cia del profeta tiene por función restablecer las relaciones justas y
fraternas de los integrantes del pueblo, pues únicamente así el culto
dejará de ser vacío e hipócrita.
En estas circunstancias, para el profeta no basta con cambiar al
individuo o convertir al pueblo, para Amós es fundamental modificar
el modo de actuar en las instituciones (los tribunales y el santua-
rio). Buscar a Dios consiste en buscar el bien, instalar y propiciar la
justicia para las víctimas (Am 5, 24). Amós propone una nueva fra-
ternidad en la que no haya crueldad y no se abuse del prójimo. Una
sociedad donde no haya privilegiados, que tengan más autoridad para
pisotear a los más débiles (Am 8, 4-6).
EL PROFETISMO EN JESÚS
El Nuevo Testamento recoge en los evangelios la memoria de las
primeras comunidades sobre el ministerio de Jesús. De esta forma,
aparecen relatos en los cuales las personas que se encuentran con él
lo reconocen como maestro, sabio o rabí (Jn 1, 19-41). Sin embargo,
algunas otras lo identifican como profeta, cuando realizaba prodi-
gios y milagros en su misión itinerante. Lo que da a entender que sus
gestos y palabras fueron asociadas a la función profética (Mt 21,11.
46; Lc 7, 39; 24, 19).
¿En qué se distingue el carisma profético de Jesús?
Como se mencionó anteriormente, el profeta es un personaje pú-
blico al que se le sitúa en medio del pueblo transmitiendo la palabra
de Dios que él ha recibido. No es de extrañar que la actitud de Jesús
hiciera pensar a la gente que estaban ante un profeta. El carisma
profético de Jesús podemos apreciarlo en varios aspectos de su mi-
nisterio.
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En primer lugar, el recuerdo que se tiene del ministerio de Jesús en
Galilea es que, por iniciativa propia, iba de aldea en aldea recibiendo a
la gente que se agolpaba junto a él. Su acción no se limitó a un espacio
sagrado como el Templo o las sinagogas; más bien, la memoria que se
tiene de él es que actuó en los caminos, en las puertas de ciudades y
aldeas, en los mercados donde estaba la gente sencilla. Su actuar fue
público y a la vista de todos, ello explica que rápidamente se hablara
de él. Por una parte, la gente sencilla reconociendo su condición de
profeta al ver sus enseñanzas y prodigios y, por otra, las autoridades
religiosas murmurando sobre sus acciones que, a su juicio, transgre-
an la Ley (Mc 2, 18-3, 6; Jn 9).
En segundo lugar, los evangelios dan cuenta de que Jesús a lo largo
de su misión itinerante entraba fácilmente en contacto con las perso-
nas, estaba atento y era sensible a lo que pasaba a su alrededor. Se en-
cuentra con ellas, conoce sus agobios y sufrimientos, las causas de su
dolor y la injusticia que padecen.9 Algunos ejemplos son el encuentro
con la sirofenicia, el leproso, la samaritana, la hemorroísa, el hid-
pico, la mujer encorvada, Zaqueo, los endemoniados y tantos otros.
Cada uno de estos relatos no sólo conserva el suceso prodigioso
en manos de Jesús, sino que todos contienen también una denuncia
profética. Jesús, al acercarse a la sirofenicia, a la samaritana y la he-
morroísa, transgredió las normas religiosas y sociales de su época,
porque se dejó tocar por mujeres consideradas paganas, marginales
e impuras. Habló con autoridad a los espíritus inmundos que ena-
jenaron a personas que fueron quedando excluidas de la sociedad,
habitando sepulcros. Con libertad curó en sábado, resucitó al hijo de
la viuda y cambió la vida de pecado de Zaqueo. En cada encuentro
dejó en evidencia la mentalidad opresora que interpretaba la ley de
Moisés al pie de la letra, pero olvidando el sentido final de la ley, que
es la salvación de las personas, especialmente, las más vulnerables.
Jesús habla con autoridad y firmeza con el propósito de desen-
trañar las causas del sufrimiento de los pobres de Israel, esto era:
9 María José Schultz, Eleuterio Ruiz, “s allá del monólogo. Una exploracn de la con-
versación espiritual en la Biblia en clave sinodal”, en eds. Marcela Mazzini, Fernando
Soler, Teología de la conversación en el Espíritu. Una exploración interdisciplinar (Buenos
Aires: Ágape Libros, 2024), 57-86, 68-71.
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las prescripciones religiosas que ponían el acento en las leyes de pu-
reza e impureza, dejando fuera de la comunión y alianza con Dios a
personas consideradas impuras por su enfermedad, oficio o proce-
dencia étnica. Denuncia la hipocresía de las autoridades religiosas
que imponen grandes cargas religiosas al pueblo humilde, de esta
manera, marginando a los más pobres de una relación con Dios en
el culto en el santuario o Templo. Interpela a los ricos y, con ello, al
sistema imperial que impone un alto precio al pago de las deudas de
los impuestos, empobreciendo cada vez más a la población, sobre
todo, a los más desfavorecidos que se ven en la obligación de entregar
a sus hijos a la esclavitud.
Por tanto, el profetismo de Jesús es posible reconocerlo en su for-
ma de intervenir en la realidad de la gente, denunciando pública-
mente las injusticias sociales, la opresión de las normas religiosas
de la época mal entendidas y la marginación social y religiosa que
todo ello generaba.10
En tercer lugar, así como muchos de los profetas de Israel fue-
ron perseguidos, apedreados, exiliados o amenazados de muerte,
también Jesús fue duramente cuestionado. La coherencia entre su
mensaje y su vida lo llevaron a padecer una muerte cruel a manos de
las autoridades religiosas y civiles. El costo que tuvo que pagar por
denunciar las causas del sufrimiento de la gente y poner en evidencia
las injusticias que la sociedad ejercía sobre los más pobres fue la en-
trega de su vida. Este sacrificio en la cruz también fue proféticamente
elocuente, puesto que, por una parte, denunció con ello la capacidad
humana de quitar la vida; y, por otra, reveló la profunda humani-
dad de la que se puede ser capaz, el perdón y la misericordia; incluso
con quienes te hacen el mayor mal.
Jesús y el Reino de Dios
Jesús, tal como afirma el Evangelio de Juan, es el Logos, la Palabra (Jn
1, 1). Él mismo es Palabra de Dios encarnada, esto significa que tanto
sus gestos como sus enseñanzas buscaron crear una nueva realidad.
10 Rafael Aguirre, Carmen Bernabé, Carlos Gil, Qué se sabe de... Jesús de Nazaret (Estella:
Editorial Verbo Divino, 2009).
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Su actuar humanizante y humanizador con las personas fue palabra
creadora de un mundo nuevo y ese mundo nuevo lo tituló “Reino
de Dios”.
Jesús no sólo predicó el Reino de Dios, también hizo vida sus va-
lores humanos como la compasión, la empatía, la caridad, el amor al
prójimo, el perdón, la misericordia. Con la vivencia modélica de estos
valores, anunció las posibilidades de una nueva forma de vida para
todos, más fraterna, justa y de bienestar. El profetismo de Jesús se
materializa cuando con su vida encarna lo que anuncia, instaurando
con su gesto compasivo la salvación que Dios quiere para su pueblo.
11
Muestra de ello es su escucha atenta a los dolores y sufrimientos
de la gente, de la que brota con fuerza la acción salvífica que busca
reparar el dolor, sanar las heridas y cambiar la realidad miserable
de muchos. Acción salvífica que se manifiesta no sólo en la cura-
ción de la enfermedad, sino en el restablecimiento de la dignidad de
la persona en todas las áreas de su vida. Es decir, junto con la salud
reparada se restaura el daño de la marginación religiosa de la que el
enfermo ha sido víctima. El leproso, la hemorroísa no sólo se curan
al encontrarse con Jesús, sino que por sanarse pueden recuperar lo
que habían perdido a causa de su enfermedad y su “impureza”, esto
es, las relaciones familiares, sociales y religiosas. Por tanto, la acción
de Jesús los salva de la condena social y religiosa que padecían, y que
era producto de lo que interpretaban los demás de su condición, es
decir, que eran pecadores e impuros.12
Otro elemento determinante en el mensaje de Jesús es el anuncio
del rostro de Dios como Padre y la nueva familia conformada en torno
a él por aquellos que se reconocen hijos de Dios. Jesús —al revelar el
rostro de Dios y, con ello, el de sus hijos— modela un estilo de vida
fraterno que subvierte los valores culturales de su época. Como los
profetas, Jesús no habló en términos abstractos sobre la identidad de
Dios ni ofreció conceptos filosóficos para entender la esencia divina.
El lenguaje de Jesús es sencillo, “verlo a él es ver al Padre”; lo que dice
11 José María Castillo, El reino de Dios. Por la vida y la dignidad de los seres humanos (Bilbao:
Desclée de Brouwer, 2001).
12 José María Castillo, Víctimas del pecado (Madrid: Trotta, 2005).
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y lo que hace le viene de su profunda comunión con Dios. En otras
palabras, de su ser y estar en las cosas del Padre (Lc 2, 41-52).
Por ello, su lenguaje también es interpelante, surge de lo que ve
y reconoce en la realidad como ajeno y contrario a la voluntad de
Dios. Los valores sociales de la época, como el patriarcalismo y la
relevancia del honor familiar representado en el varón de la casa,
son transformados por la Palabra y las acciones de Jesús.13 El único
cabeza de familia” es Dios, que como Padre busca el bienestar de sus
hijos, en contraposición con un paterfamilias autoritario que expulsa
o deshereda a sus hijos porque lo deshonran, como lo indicaban las
normas sociales de la época. Con Jesús se descubre que el honor y la
dignidad vienen dadas a la persona por su condición de hijo de Dios
y no por sus acciones “honorables”. Todo esto explica que el mensaje
de Jesús muchas veces fuera entendido como duro, difícil, pues exi-
gía un cambio de actitud a aquellos que perpetuaban la injusticia, la
pobreza y la esclavitud de los más vulnerables de la sociedad.
De esta forma, Jesús, absolutamente identificado con los senti-
mientos del Padre, muestra a través de sus afectos y acciones los
deseos de Dios para con su pueblo, la construcción de una sociedad
fraterna donde reine el bien, la caridad y la justicia, por sobre la hi-
pocresía, el egoísmo y la esclavitud.14
EL PROFETISMO EN EL PENSAMIENTO SOCIAL CRISTIANO
Hasta ahora hemos visto cómo el carisma profético desde sus ini-
cios en el pueblo de Israel es una especie de asimilación en la vida
personal del individuo de los deseos de Dios para la humanidad. Los
profetas y Jesús son claro ejemplo de ello, tanto que la coherencia
entre sus vidas y el mensaje que estaban impulsados a dar en medio
del pueblo los llevó a sacrificar su vida. Lo que habla de una plena
comunión con Dios, de la identificación con su plan de salvación, de
afecto y apropiación de sus sentimientos hacia los que más sufren;
13 Bruce Malina, Richard Rohrbaugh, Los evangelios sinópticos y la cultura mediterránea
del siglo I: comentario desde las ciencias sociales (Estella: Verbo Divino, 2010).
14 José Antonio Pagola, Jesús. Aproximación histórica (Boadilla del Monte: , 2007).
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así como también de conocimiento profundo de su sentir, de su mi-
rada y, ciertamente, de su voluntad.
En consecuencia, el primer paso para nutrir el Pensamiento So-
cial Cristiano demanda madurar la comunión entrable con Dios;
es decir, una unión con él desde las entras, desde lo más profundo
del alma, de modo que todo el ser de la persona se renueve con el
pensamiento y el sentimiento de Dios.
Un segundo paso, a mi juicio, es conocer los valores del Reino, em
-
paparse de los modos de pensar y actuar de Jesús; de manera que es-
tando en la realidad se tenga —como él la tuvo— la capacidad de
escuchar atentamente a los gemidos de la humanidad. Para escuchar
con atención, se requiere estar donde se oyen esos gemidos, donde
está la gente que es víctima del pecado de otros, del sistema, de las
injusticias. Ese estar en la realidad es activo, requiere poner atención,
permanecer, fijar la mirada, poner el oído, despabilar las emociones;
de modo que hay que dejarse tocar por el dolor, palpar con empatía
los sufrimientos de los demás. Puesto que sólo conociendo el corazón
herido de la humanidad se descubre dónde está el corazón de Dios.15
Pues ello nace del discernimiento espiritual ante la realidad: la con
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templación de lo que acontece en su contraste con el Reino de Dios,
instaurado por Jesús.
Dicho esto, la tarea del profetismo en el Pensamiento Social Cris-
tiano es una vocación que se transforma en misión si se es fiel al
primer llamado. Esa invitación divina a ser parte de su plan de hu-
manización es una responsabilidad que conlleva una experiencia
stica, en primer lugar. Entendida la mística como el ser atrapado
por las cosas de Dios, envuelto, arrobado, que no es sólo preocupado.
s bien, se trata de que no haya nada más importante que velar por
el sueño de Dios para la humanidad, que nos quite el sueño buscar
formas para denunciar el pecado sistémico, como los espíritus ma-
lignos que enajenan y llevan al olvido de sí mismo y de los demás.
En segundo lugar, al parecer, no se trata de tener un conocimiento
científico o sociológico de la realidad, sino un estar con los pies en el
mismo barro en el que están los que sufren. Ese estar en la realidad
15 Ignacio Ellacuría, Mi opción preferencial por los pobres (Madrid: Nueva utopía, 2009).
La Cuestión Social
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Año 33, n. 1 (2025) : 2992-8672 69
al modo de monseñor Romero, por ejemplo— es el lugar donde se
revela la verdad. Entendida la verdad como el descubrimiento de lo
que no permite que se instaure el Reino de Dios; es decir, qué cosas
causan la injusticia, la violencia, la miseria, que no permiten que rei-
ne el bien para todos.
Entonces, la palabra divina es comunicada a través de la realidad:
surge del clamor de los que sufren, de los que tienen hambre, de los
que pierden su dignidad por las injusticias. Para todo esto se requiere
tiempo, silencio y meditación de la Palabra.
En consecuencia, el Pensamiento Social Cristiano tiene como
tarea inminente ser profético, para así denunciar las causas de la
injusticia, de las guerras injustas, de la violencia social y sistémica.
Tiene que ser un pensamiento formado, instruido en las cosas de
Dios, pero también con la capacidad de leer y mirar la sociedad con
los ojos de Dios; sólo así podrá reconocer las primicias del Reino y
cuidarlas para que este crezca como un árbol de mostaza y sea casa
común de bienestar para todos.
Sin embargo, aunque se esté en las cosas de Dios hay que adver-
tir que, así como los profetas fueron perseguidos y amenazados por
autoridades religiosas y civiles, el profeta de hoy no siempre está en
comunión con la mayoría eclesial. Esto se explica porque éste tiene la
mirada en la realidad y en el horizonte; es decir, tiene puesta la mi-
rada en el futuro de la humanidad, un futuro de bienestar para todos.
Por lo cual, si el resto de la Iglesia no tiene puesta la mirada en la
realidad sufriente ni sus consignas apuestan por el bien de todos, to-
dos, todos; siempre es posible que disienta del profeta, que sí lo hace.
REFERENCIAS
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Nazaret. Estella: Editorial Verbo Divino, 2009.
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Ellacuría, Ignacio, Mi opción preferencial por los pobres. Madrid: Nueva
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María José Schultz Montalbetti
Es licenciada en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia de Sa-
lamanca y doctora en Teología por la Universidad de Deusto, de la
que también es profesora. También imparte clases en la Universidad
Finis Terrae y es parte del equipo de investigación teológica de la
Universidad Católica Silva Henríquez.
En los últimos años, además de participar en el equipo editorial de
la revista Reseña Bíblica de la Asociación Bíblica Española, ha contri-
buido, desde la sección América, a dar a conocer a biblistas, estudios
y congresos bíblicos latinoamericanos.