C
L
S
AÑO
33
N. 1
2025
SECCIÓN TEMÁTICA: Ecología integral
Más allá de la dicotomía naturaleza y cultura:
desafíos epistemológicos al Pensamiento Social Cristiano
Dr. Nelson García • Guatemala
La semilla plantada por el papa Francisco: Aparecida 2007
Dr. José Sols Lucia • España
FORO SOCIAL: Pensamiento Social
El profetismo en el Pensamiento Social Cristiano
Dra. María José Schultz • Chile
Doctrina Social Cristiana y derechos humanos.
Derecho y obligación de la Iglesia de tratar los derechos humanos
Efraín González Morfín • México
MISCELÁNEA: Más allá del conicto:
explorando la posibilidad de la reconciliación
Mtro. Juan Carlos López Sáenz • México
Reseña
Mesa de novedades
Convocatoria
La Cuestión
Social
Revista de
Pensamiento
Social Cristiano
ISSN: 2992-8672
Instituto Mexicano
de Doctrina Social
Cristiana
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LA CUESTIÓN SOCIAL
AÑO 33, N. 1, ENERO-JUNIO 2025
38 La Cuestión Social
,
Año 33, n. 1 (2025) : 2992-8672
DR. JOSÉ SOLS LUCIA
ESPAÑA
LA SEMILLA PLANTADA
POR EL PAPA FRANCISCO:
APARECIDA 20071
RESUMEN
Para comprender el Magisterio del papa Francisco, en particu-
lar en su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium (2013)
que vino a ser el programa de su ponticado—, resulta intere-
sante analizar la teología y el contexto histórico del documento
de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano
y del Caribe, celebrada en Aparecida, Brasil, en 2007; ya que,
precisamente, el Arzobispo de Buenos Aires, el cardenal Jorge
Mario Bergoglio, fue su principal redactor. Estudiar aquel texto
supone entender la semilla teológica y pastoral del ponticado
del papa Francisco. Durante 20 años, desde nales de los se-
senta a nales de los ochenta, la Iglesia católica latinoamerica-
na estaba polarizada en torno a la Teología de la Liberación o, lo
que es lo mismo, en torno a la injusticia estructural del subcon-
tinente. En la asamblea de Santo Domingo de 1992, cuando las
dictaduras cedían ante las democracias, se empezaron a sa-
nar las heridas, pero éstas todavía escocían, por lo que no fue
hasta Aparecida que se observaa un inicio de unidad. El texto
1 Este artículo fue publicado en catalán en José Sols Lucia, “La llavor del Papa Francesc:
Aparecida (Brasil), 2007, Ars Brevis. Anuari de la Càtedra Ramon Llull Blanquerna, no. 22
(2016), 256-269, con motivo del 10° aniversario de la Asamblea General del Episcopado
Latinoamericano- Aparecida 2007. Traducido del catan por la maestra Julia Argemí.
Recepción: 05/12/2024. Aprobación: 09/12/2024.
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de Aparecida, en buena medida redactado por el futuro papa Fran-
cisco, toma elementos de diferentes corrientes teológicas; apues-
ta por una Iglesia abierta en misión; demuestra preocupación por
lo social y lo medioambiental, pero sobre todo por la pérdida de
vigor de la Iglesia latinoamericana y caribeña.
Palabras clave: América Latina, Aparecida 2007, Iglesia Católica lati-
noamericana y caribeña, obispos latinoamericanos, papa Francisco.
ABSTRACT
In order to understand the Magisterium of Pope Francis, in parti-
cular his Apostolic Exhortation Evangelii Gaudium (2013) —which
became the program of his ponticate—, it is interesting to analy-
ze the theology and historical context of the document of the V
General Conference of the Latin American and Caribbean Episco-
pate, held in Aparecida, Brazil, in 2007, since it was precisely the
Archbishop of Buenos Aires, Cardinal Jorge Mario Bergoglio, its
main editor. Studying that text means understanding the theolo-
gical and pastoral seed of Pope Francis’ ponticate. For twenty
years (from the late 60’s to the late 80’s) the Latin American Catho-
lic Church lived polarized around Liberation Theology or, in other
words, around the structural injustice of the subcontinent. In the
assembly of Santo Domingo 1992, when the dictatorships gave
way to the democracies, the wounds began to heal, but they still
stung, so it was not until Aparecida 2007 that a beginning of unity
would be observed. The text of Aparecida, largely written by the
future Pope Francis, takes elements from different theological
currents; commits to a Church open in mission; demonstrates
concern for social, environmental issues, but above all for the loss
of vigor of the Latin American and Caribbean Church.
Key Words: Aparecida 2007, Latin America, Latin American and
Caribbean Church, Latin American Bishops, Pope Francis.
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En lo que va de su pontificado, el papa Francisco ya nos ha dejado
cuatro documentos pastorales y sociales de gran nivel: la Exhor-
tación Apostólica Evangelii Gaudium (2013), la Encíclica Laudato Si
(2015), la Exhortación Apostólica Amoris Lætitia (2016) y la Encícli-
ca Fratelli Tutti (2020); sin olvidar Laudate Deum (2023), exhortación
apostólica que trata de ser una prolongación de Laudato Si.2
Para comprender mejor la teología y la perspectiva personal de
Evangelii Gaudium, auténtico programa del pontificado del papa
Francisco, es necesario analizar la teología y el contexto histórico
del Documento de la V Conferencia General del Episcopado Latino-
americano y del Caribe, celebrada en Aparecida, Brasil, el año 2007,
pues el Arzobispo de Buenos Aires, el cardenal Jorge Mario Bergoglio,
fue su principal redactor. Estudiar aquel escrito supone entender el
origen teológico y pastoral del pontificado del actual papa.
CINCO CONFERENCIAS
Hasta la fecha, el episcopado latinoamericano ha celebrado cinco
conferencias, de las cuales la primera tuvo lugar en 1955. Por tanto,
estamos hablando de una Iglesia muy joven. El clero autóctono, no
importado de Europa, tiene todavía pocas décadas.
Todo el mundo lo sabe, pero pocos se atreven a decirlo: fue la
conferencia de Medeln, Colombia, en 1968, la que constituyó un
auténtico terremoto eclesial, la que puso en la agenda de la Iglesia
católica a estas conferencias latinoamericanas; la que hizo que la
Iglesia latinoamericana, como tal, “empezara a existir”. Sin embar-
go, comencemos por hablar de la primera: Río de Janeiro.
Río de Janeiro, Brasil, 1955
La primera conferencia general del episcopado latinoamericano,
convocada por el papa Pío
, tuvo lugar en Río de Janeiro, Brasil,
en 1955. Su preocupación central residía en el anhelo de que América
2 No mencionamos aquí la encíclica Lumen Fidei (2013), que a pesar de haber sido publi-
cada por el papa Francisco, había sido preparada por Benedicto .
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Latina se convirtiera en una especie de “reserva espiritual” del ca-
tolicismo en Occidente, ello frente al creciente poder del comunismo
y del protestantismo. No cabe duda de que eran otros tiempos. Para
conseguir este refuerzo de la Iglesia católica latinoamericana como
reserva espiritual, se pensó en la necesidad de recibir seminaristas
europeos y de animar también las vocaciones autóctonas.
Medellín, Colombia, 1968
La segunda conferencia constituyó una verdadera explosión eclesial.
El papa Pablo
la convocó con la intención de aplicar las conclusio-
nes del Concilio Vaticano
y de su Encíclica Populorum Progressio
(1967) al continente latinoamericano.
Pero ni él ni nadie se esperaba lo que sucedió en aquella confe-
rencia. Los obispos latinoamericanos habían tomado conciencia de
la situación de atentado estructural a la vida humana que había en
el subcontinente y, como pastores, no pudieron dejar de escuchar
aquel clamor. Calificaron la situación de “violencia institucionaliza-
da. Aquella conferencia fue el inicio de la Teología de la Liberación.
El término fue acado pocos años después por el teólogo perua-
no, Gustavo Gutiérrez, en su libro del mismo nombre: Teología de la
Liberación (1971).
Puebla, México, 1979
El papa Juan Pablo
estaba estrenándose en su misión pastoral como
cabeza de la Iglesia católica cuando se celebró la tercera conferencia
general, en 1979, en Puebla, México. El lugar era importante, porque
México, con su tradición revolucionaria, era y es un país laico en el
cual el Estado ha quitado a la Iglesia católica tanta influencia como ha
podido; pero, al mismo tiempo, era un país con 90% de su población
católica.3 De modo que en Puebla no se dio la espalda a la Teología de
la Liberación, pero se intentó controlarla tanto como fuera posible.
El texto que resultó de ello fue muy interesante, pero el secreta-
rio general del Celam (Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribe-
ño), el obispo colombiano Alfonso López Trujillo, dijo que, pasada la
3 Datos del Inegi de enero de 2022: 77.7%; Datos de statista.com en 2023: 77.8 por ciento.
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conferencia, él se ocupaa de mejorar el estilo del texto, que tenía
algunos defectos; y lo que hizo fue suprimir de la conferencia, sin
previo aviso ni consentimiento, un buen número de expresiones pro-
pias de la Teología de la Liberación.4 Como se puede ver, hubo tensión
y manipulación hasta el último momento.
Santo Domingo, República Dominicana, 1992
Quizá, por ello, el Vaticano decidió controlar más la organización de
la cuarta conferencia, la cual tuvo lugar en Santo Domingo, República
Dominicana, en 1992, con motivo del quinto centenario del descu-
brimiento de América. El grado de control fue excesivo. A los obispos
cercanos a la Teología de la Liberación se los alojó en hoteles sepa-
rados unos de otros, y no tenían manera de encontrarse entre ellos
fuera de las reuniones de trabajo. Los tiempos y espacios estuvieron
muy controlados para que nadie pudiera verse con otros obispos en
las horas de descanso. Fueron numerosas las quejas a este respecto.
En Santo Domingo, la Iglesia Latinoamericana y del Caribe (como
se denomina desde entonces, para acoger también a los pueblos de
habla inglesa, francesa y holandesa del Caribe) se abrió a las culturas
y religiones indígenas. Éste fue el tema central de la conferencia:
la apertura a los pueblos indígenas, hasta entonces poco tenidos en
cuenta. También se empezó a ver un deseo de conseguir la unidad
eclesial, pero las heridas aún estaban sensibles: asesinatos recien-
tes de presbíteros, monjas, animadores de la palabra. Por ejemplo, el
asesinato de Ignacio Ellacuría y sus compañeros jesuitas de la Uni-
versidad Centroamericana (Uca) de El Salvador había tenido lugar en
noviembre de 1989. Se trataba, pues, de un subcontinente sumergido
en la desigualdad social, la pobreza y las dictaduras militares. No
obstante, se empezaba a ver la luz al final del túnel.
Aparecida, Brasil, 2007
El primer proyecto de la quinta y, hasta ahora, última conferencia
general del episcopado latinoamericano planteaba celebrarla en el
4 Informacn aportada por el teólogo mexicano Carlos Bravo Gallardo, S. J., analista in
situ de la Conferencia de Puebla.
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Vaticano, en 2005; es decir, a los 50 años de la primera (Río de Janei-
ro, 1955). De este modo, el Vaticano habría asumido todo el peso de
la organización. La mala salud del papa Juan Pablo
, que acabaría
falleciendo en abril de 2005, aconsejó posponer el acontecimiento;
el cual, finalmente, tuvo lugar en Aparecida, Brasil, el mes de mayo
de 2007.
De nuevo, Brasil, como en la primera conferencia, y no en Ciudad
del Vaticano: los obispos latinoamericanos se querían reunir en su
tierra, donde eran pastores. Querían estar cerca de su gente. Por eso
se escogió Aparecida, que es el santuario mariano más visitado del
mundo. Durante la conferencia, a los peregrinos se les permitió con-
tinuar visitando el lugar, por lo que los obispos pudieron hablar en la
plaza con los fieles de manera espontánea.
LA UNIDAD RECUPERADA
La Iglesia latinoamericana llegó al final del siglo
partida en dos:
progresistas y conservadores; Teología de la Liberación y contrarios a
este movimiento. Obviamente, la realidad siempre es más matizada y
difícilmente dualista, pero es verdad que eran dos grandes corrientes
de la Iglesia en Latinoamérica. Uno de los primeros objetivos de la
conferencia era rehacer la unidad eclesial fracturada. No se trataba de
volver al pasado, a la Iglesia de los años cincuenta, sino de construir
la Iglesia latinoamericana del siglo
, que proveniera tanto de la
Teología de la Liberación como de los grupos que se habían opuesto
a ella.
Por esta razón, el Documento conclusivo es todo él una llamada a
sentirse misioneros en la América Latina de hoy. ¿Quién? Todos. Na-
die se queda fuera. La Iglesia somos todos. Todos somos misioneros.
Todos somos enviados por el Señor al mundo de hoy. Y no cada uno
por su cuenta, sino en comunidad, en Iglesia.
Hay un detalle interesante. Un capítulo entero está dedicado a la
promoción de la dignidad humana en la línea de la Teología de
la Liberación, pero se trata del capítulo octavo (Reino de Dios y pro-
moción de la dignidad humana, nn. 380-430), muy lejos del inicio
del texto. Es una manera de decir que el legado de la Teología de la
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Liberación está presente en el documento, pero que no constituye la
piedra angular de la pastoral católica latinoamericana.
PROCEDIMIENTO DE ELABORACIÓN DEL TEXTO
El procedimiento teórico de elaboración del texto tenía que ser el
siguiente:
1) El año anterior a la conferencia, o sea, 2006, tenía que circular un
Documento de participación que debía recoger aportaciones venidas
de las Iglesias locales.
2) Una comisión tenía que recoger estas aportaciones y elaborar con
ellas un documento de Síntesis de las contribuciones recogidas.
3) La conferencia empezaba con la Síntesis, y al final se redactaba el
Documento conclusivo.
Lamentablemente, la realidad no fue ésta exactamente. El teó-
logo brasileño Agenor Brighenti denuncia que algunas cosas no se
hicieron bien:
Durante el periodo de preparación, y en dirección casi opuesta al
espíritu de esas contribuciones, se publicaron el mencionado Docu-
mento de participación y el texto de Síntesis de las contribuciones reco-
gidas, elaborados ambos por el Celam. El primero, como atestiguan
las contribuciones de las comunidades eclesiales, prácticamente no
fue ‘recibido’ por la iglesia en el continente. Y el segundo, en gran
medida, no recog, como era su función, las contribuciones de las
iglesias locales. Las contribuciones del Brasil, por ejemplo, están casi
ausentes de la Síntesis.5
Afortunadamente, añade Brighenti,
los delegados a la
Conferencia se comportaron, en su gran mayo-
a, como verdaderos delegados de sus comunidades y llegaron a la
Asamblea cargados de las ‘alegrías y las esperanzas, de las tristezas y
5 Agenor Brighenti, “Criterios para la lectura del documento de Aparecida. El pre-texto,
el con-texto y el texto”, Selecciones de Teología, no. 187 (2008), 182.
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de las angustias’ expresadas por su pueblo. El texto de la Conferencia
Nacional de Obispos de Brasil (
) con las contribuciones de la Igle-
sia en el Brasil, por ejemplo, influyó en una serie de textos previos a
la Conferencia y causó quis más impacto en los delegados de otros
países que entre los propios obispos delegados brasileños.6
Como se puede ver, la conferencia no estuvo exenta de ciertas
tensiones, sin duda, un legado de los años de división en la Iglesia
latinoamericana.
Cabe decir, también, que la conferencia fue inaugurada por el papa
Benedicto
, quien pronunció un discurso que influiría mucho en
las sesiones. Hay quien dice, incluso, que el discurso del Papa fue más
osado que el propio Documento conclusivo. Este documento, redactado
en Aparecida, no es exactamente el mismo que sería publicado, final-
mente. El texto pasó por el Vaticano, donde se hicieron algunos reto-
ques que apuntaron a ocultar la originalidad de la Iglesia latinoame-
ricana y a hacerla más uniforme con el resto de las conferencias de la
Iglesia católica. Podríamos decir que el documento final es menos
latinoamericano y más católico.
EL MÉTODO DE “VER, JUZGAR Y ACTUAR
La
Conferencia retomó el tradicional método de “Ver, juzgar y ac-
tuar” que la
Conferencia (Santo Domingo 1992) había abandonado.
Ver la realidad de la sociedad y de la Iglesia latinoamericanas; juzgar
—en el sentido de valorar— esta realidad a los ojos de la fe en el Dios
Padre de Jesús; y actuar, es decir, marcar líneas de actuación pasto-
ral para transformar la realidad y acompañarla hacia el Reino de
Dios. Por este motivo, hay una primera parte, “La vida de nuestros
pueblos hoy” (nn. 19-100), que responde al ver; una segunda, “La vida
de Jesucristo en los discípulos misioneros” (nn. 101-346), que atañe al
juzgar; y una tercera, “La vida de Jesucristo para nuestros pueblos
(nn. 347-546), que corresponde al actuar.
6 Idem.
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Aunque la conferencia no fue demasiado estricta con la aplicación
de este método, en la primera parte (La vida de nuestros pueblos
hoy”) encontramos aquellos elementos de la realidad latinoamerica-
na que llaman la atención a los obispos reunidos en Aparecida: crisis
de sentido (n. 37); exceso de información inmediata, que produce
saturación y ansiedad (n. 38); pérdida de valor de la tradición (n. 39);
pérdida de respeto hacia la naturaleza humana al creer que la orien-
tación sexual es opcional (n. 40); una situación sociocultural preocu-
pante (nn. 43-59); marcada por la subjetividad individual (n. 44); la
subordinación de la cultura a las innovaciones científicas y técnicas
(n. 45); la colonización cultural que desprecia las culturas locales (n.
46); la obsesión por los derechos individuales y subjetivos que olvida
todo criterio ético, así como el valor de los derechos sociales (n. 47);
la violación de la dignidad de nas, adolescentes y mujeres (n. 48);
el progreso notable en la igualdad hombre-mujer, quizás no siempre
con suficiente acierto (n. 49); la omnipresencia del mercado mediante
la publicidad, que provoca insatisfacción en mucha gente (n. 50); el
consumismo descontrolado (n. 51); la pobreza de una gran parte de
la población (n. 54); una magfica diversidad cultural (n. 56), que no
tiene un papel fácil en la globalización (n. 57); y fuertes problemas
identitarios en poblaciones que han emigrado a las ciudades y que
han adoptado una cultura suburbana (n. 58).
También resulta preocupante la situación económica (nn. 60-73),
con una clase media emergente que confía en el lucro como valor
supremo (n. 60); la tiraa del mercado global, que produce gran-
des desigualdades y que no deja espacio a dimensiones espirituales
y éticas de la vida humana (n. 61); una pobreza que no consiste sólo
en vivir bajo los mínimos de la dignidad humana, sino que comporta
también no poder acceder al conocimiento y a las nuevas tecnolo-
gías (n. 62); por lo que la conferencia apuesta por la importancia de
una nueva manera de globalizar el mundo, basada en la solidaridad
y en el respeto de los derechos humanos, en la que la aportación la-
tinoamericana consistiría en ser fuente de esperanza y de amor (n.
64); muchos grupos que sufren exclusión social (n. 65); un atenta-
do a la biodiversidad por parte de las grandes empresas multina-
cionales (n. 66); la aplicación de técnicas de manipulación genética
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en la agricultura y una fuerte agresión a las comunidades rurales
con las políticas de patentes y de propiedad intelectual (n. 67); la as-
xia de algunos países que no habiendo pagado todavía la deuda ex-
terior, tienen que hacer frente a elevados gastos públicos (n. 68); una
actividad empresarial que concentra la riqueza en pocas manos y no
eleva el nivel de vida del conjunto de la sociedad (n. 69); condiciones
laborales indignas (n. 71); una concentración de la propiedad agrí-
cola en pocas familias y empresas, lo que hace que sea imperativo
adoptar políticas de reforma agraria (n. 72); y grandes movimientos
migratorios internos y también hacia el exterior provocados por la
pobreza (n. 73).
En lo que a la dimensión sociopolítica de la realidad latinoamerica-
na se refiere (nn. 74-82), la conferencia subraya el notable progreso
democrático que ha habido en muchos países, y que lamentablemente
en algunos casos deriva en populismo, casi dictaduras (n. 74), y con-
duce a algunos gobiernos a violar los derechos humanos (n. 80); el
importante papel de la sociedad civil organizada en diversas ONGs (n.
75); la construcción del Estado de Derecho (n. 76); el aumento notable
de la corrupción, tanto social como estatal (n. 77); el imperio de la vio-
lencia, que responde a múltiples causas (nn. 78 y 81); parlamentos de-
mocráticos que aprueban leyes contrarias a los derechos humanos
(n. 79); y el gran reto de la integración regional y de la globalización
de la justicia y de los derechos humanos (n. 82).
La conferencia se muestra también preocupada por la ecología y el
daño a la biodiversidad (nn. 83-87), así como por la situación de los
pueblos indígenas afroamericanos (nn. 88-97).
¿Cuál ha sido el papel de la Iglesia en esta realidad latinoamerica-
na? La conferencia ve en esto luces (n. 99) y sombras (n. 100).
Entre las “luces” destacan la renovación de la catequesis y de la
liturgia, el papel de los presbíteros, misioneros y misioneras, la re-
novación pastoral en las parroquias, el mayor conocimiento de la
Doctrina Social de la Iglesia y la diversificación de la organización
eclesial con la creación de nuevas comunidades, jurisdicciones y or-
ganismos pastorales.
Entre las “sombras” se destaca el hecho de que, en términos por-
centuales, los católicos pierdan fuerza en Arica Latina, y que el
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número de sacerdotes y religiosas descienda en la Iglesia; un exceso
de ritualismo, una pérdida de vigor evangelizador y una espirituali-
dad individualista; un lenguaje pastoral alejado de la gente; dificultad
de muchas comunidades para acceder a la eucaristía como conse-
cuencia del descenso en el número de los presbíteros; pérdida del
sentido de lo transcendente y de las prácticas religiosas; agresividad
hacia la Iglesia católica por parte de sectas nuevas que se autodeno-
minan “iglesias; y alejamiento de muchos católicos de la Iglesia,
porque la ven fuera del camino del Evangelio.
Ésta es la radiograa que hace la conferencia de la sociedad y la
Iglesia latinoamericanas.
Para presentar la reflexión (“juzgar”) que hace la conferencia de
Aparecida de esta radiografía social y eclesial en la segunda parte
(La vida de Jesucristo en los discípulos misioneros”) y las propues-
tas prácticas (actuar”) que presenta en la tercera parte (La vida
de Jesucristo para nuestros pueblos), mostraremos los grandes ejes
temáticos de esta conferencia.
GRANDES EJES TEMÁTICOS
Preocupación por la pérdida de fuerza de la Iglesia católica
en América Latina
Los obispos reunidos en Aparecida se mostraban más preocupados por
la situación de la Iglesia en América Latina que por la situación de la so-
ciedad latinoamericana. Recorren, más o menos rápido, los graves pro-
blemas sociales que sufre el subcontinente, mientras que se detienen a
reflexionar con serenidad sobre la crisis de la Iglesia latinoamericana.
Esta Iglesia está perdiendo vitalidad: hay fieles que la han abandonado
para irse a otras confesiones o grupos religiosos; otros han perdido la
fe; el sentido de pertenencia es menos vigoroso; laicos que están poco
comprometidos; presbíteros, religiosos y religiosas tienen menos peso;
el materialismo está calando entre los cristianos.
El teólogo jesuita catan, y que vivió en Bolivia durante varias dé-
cadas, Víctor Codina, fallecido en 2023, compara esta situación con la
denominada “crisis galilea” de Jesús de Nazaret: cuando Jesús ve que
los judíos no le escuchan, decide irse a tierras paganas y centrarse en la
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formación de sus discípulos, que serán los pilares de la futura Iglesia.
Por su parte, Codina muestra que la reacción de Aparecida es similar a
la de Jesús: concentrarse en la formación de la comunidad.7 Veámoslo.
La formación cristiana para convertirse en discípulos misioneros
Aparecida da mucha importancia a la necesidad de revitalizar la Igle-
sia por dentro, para lo cual es clave la formación cristiana. El Do-
cumento dedica un largo capítulo 6 (El itinerario formativo de los
discípulos misioneros”, nn. 240-346) al recorrido de formación que
tendrían que seguir los cristianos en las diócesis latinoamericanas.
Eso incluye cinco elementos (n. 278):
a) El encuentro con Jesucristo, del cual el kerygma (proclamación
germinal de la fe cristiana en boca de los discípulos después de
la Resurrección del Señor) ha de dar testimonio.
b) La conversión, que supone reorientar la vida hacia el Evangelio,
y que se celebra en el Bautismo y en la Reconciliación.
c) Ser discípulo, lo cual comporta cierta formación teológica y pas-
toral en el seno de la Iglesia.
d) La comunión eclesial, en el seno de la cual cada cristiano sabe
identificar su comunidad.
e) La misión, mediante la cual el cristiano anuncia al mundo la
alegría del Evangelio que él ya vive en su corazón.
En este proceso de formación hay dos momentos fuertes:
1) La iniciación a la vida cristiana (nn. 286-294): Bautismo, Confir-
mación y Eucaristía.
2)
La catequesis permanente (nn. 295-300), que no debea ser oca-
sional, ni sólo doctrinal, sino constante e integral.
La formación cristiana puede llevarse a cabo en el seno de la fa-
milia (nn. 302-303), en las parroquias (nn. 304-306), en pequeñas
comunidades eclesiales (nn. 307-310), en movimientos eclesiales y
nuevas comunidades (nn. 311-313), en los seminarios y casas de for-
mación religiosa (nn. 314-327) o en centros de educación católica, ya
sean escuelas o universidades (nn. 328-346).
7 Víctor Codina, “Para comprender Aparecida”, Revista Latinoamericana de Teología, no.
72 (2007), 286-288.
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Inserción en la comunidad eclesial
Los cristianos se están volviendo individualistas en América Latina,
como también está pasando en Europa y en Estados Unidos: “Soy cris-
tiano, pero no suelo ir a misa. Aparecida hace un llamado a recuperar
el sentido de Iglesia, a entender de nuevo que ser cristiano significa
compartir y celebrar la fe en el seno de una comunidad, la cual puede
ser la diócesis (nn. 164-169), la parroquia, en tanto que comunidad
de comunidades, (nn. 170-177) o las comunidades eclesiales de base y
las pequeñas comunidades (nn. 178-180). La fe es personal y comuni-
taria: no puede ser lo uno o lo otro, sino siempre ambas a la vez. Sin
comunidad eclesial no hay auténtica vida cristiana (nn. 154-163). El
centro de esta vida comunitaria es la Eucaristía (n. 158; 165; 175-176).
Dimensión social de la misión
La importancia de la formación interna de los cristianos en la Iglesia
no es para que permanezca intramuros, sino todo lo contrario, para
que vaya afuera y anuncie el Evangelio, y también para que contribu-
ya a la transformación de las realidades de injusticia social. La tarea de
evangelización incluye la opción preferencial por los pobres, la pro-
moción humana integral y la verdadera liberación cristiana (n. 146).
La conferencia de Aparecida procura desarrollar esta dimensión
social de la misión, y lo hace apostando por un trabajo al servicio de
una vida plena para todos (n. 358-359), una defensa de la dignidad
humana en todos los ámbitos de la vida (nn. 387-390), una opción
preferencial por los pobres y los excluidos (nn. 391-398), y la pro-
moción humana integral (nn. 399-405); en particular, muestra su
preocupación por las personas que viven en la calle (nn. 407-410),
los emigrantes (nn. 411-416), los enfermos (nn. 417-421), los adictos
dependientes (nn. 422-426) y los presos (nn. 427-430). La Iglesia —
se afirma en el documento— tendría que ser abogada de la justicia
y defensora de los pobres ante las intolerables injusticias sociales y
económicas que claman al cielo (n. 395).
Cristocentrismo y teología trinitaria
La teología de Aparecida es netamente cristocéntrica y trinitaria. El
título del documento, que fue retocado por el papa Benedicto
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es bastante claro: “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que
nuestros pueblos en Él tengan vida. ‘Yo soy el Camino, la Verdad y la
Vida’ (Jn 16, 4).
8
La Iglesia latinoamericana se centra en Cristo. De
Él nos viene el Evangelio, la Buena Nueva, que atraviesa todas las di-
mensiones de la vida humana del hombre sobre la Tierra: la dignidad
humana (n. 104-105), la vida (nn. 106-113), la familia (nn. 114-119), el
trabajo (nn. 120-122), la ciencia y la tecnología (nn. 123-124), el des-
tino universal de los bienes de la Tierra y la ecología (nn. 125-126), la
esperanza y el amor (nn. 127-128).
Este Cristo nos llama a seguirle, es decir, a la santidad (capítulo 4,
La vocación de los discípulos misioneros a la santidad”, nn. 129-153).
El seguimiento nos permite ver a Jesucristo como Maestro (nn. 136-
142) y descubrirnos a nosotros como discípulos (nn. 129-135), enviados
a anunciar el Evangelio del Reino de Vida (nn. 143-148), animados por
el Espíritu (nn. 149-153). La espiritualidad del discípulo y misionero
debe ser trinitaria, es decir, relacional, comunitaria, eclesial, tema que
se desarrolla en el ya mencionado capítulo 6.
Centramiento en la defensa de la vida
El tema de la vida es omnipresente: la vida que está amenazada en
América Latina; la vida que viene de Cristo; la vida que la Iglesia tiene
que anunciar y defender; la vida humana es agredida social, econó-
mica y políticamente; la vida en riesgo de perder su biodiversidad. Si
tuviéramos que condensar el documento de Aparecida en una sola
palabra, esta sería, sin duda, “vida.9
En el tema de la vida confluyen lo social, lo medioambiental y lo
teologal. El capítulo 9 (Familia, personas y vida, nn. 431-475) mues-
tra diferentes dimensiones de ésta, empezando por la familia, donde
nadie debe ser olvidado (niños, jóvenes, adultos, ancianos). Se hace
una apuesta por la “cultura de la vida” (nn. 464-469), un clamor
en un continente donde tan a menudo reina la violencia. Esta cultura
8 El primer título haa sido: “Discípulo y misionero de la fe católica”.
9 ctor Manuel Fernández, “Estructuras internas de la vitalidad cristiana. La vida digna y
plena como clave de interpretacn de Aparecida”, Revista Teología, no. 94 (2007), 419-
443. Recomendamos también los diversos artículos publicados en el número dedicado
a Aparecida de la Revista Iberoamericana de Teología, no. 6 (enero-junio 2008).
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se extiende al cuidado del medioambiente (nn. 470-475) que llega en el
capítulo siguiente (10, “Nuestros pueblos y la cultura, nn. 476-546) a
la defensa de la diversidad cultural (nn. 520-533), a la presencia de los
discípulos y misioneros en la vida pública (nn. 501-508), y concluye con
una llamada a la reconciliación y a la solidaridad (nn. 534-546), en un
continente que tiene una dramática historia de violencia estructural,
de violencia represiva, de violencia revolucionaria y de violencia bélica.
Respeto por la religiosidad popular
Igualmente, llaman la atención las frecuentes alusiones a la reli-
giosidad popular. Esto es la conferencia de Aparecida reaccionan-
do contra algunos autores de la Teología de la Liberación (no todos,
que conste) que habían considerado la religiosidad popular como
preilustrada y tradicional, defiende estas formas de vivencia de la fe
como expresiones culturales del sentimiento religioso (nn. 258-265).
En esta reivindicación de la religiosidad popular, esta conferencia
muestra la importancia de Maa, Madre de Dios (nn. 266-272), y de
los santos (nn. 273-275).
Lenguaje integrador
En una Iglesia latinoamericana que había estado dividida entre pro-
gresistas y conservadores, con lenguajes teológicos muy diferentes, se
ve una voluntad clara por la integración, por no tener que optar por una
corriente contra la otra, sino por intentar acogerlas a todas. Por ello,
el lenguaje puede resultar unas veces tradicional (familia, devoción a
Maa) y otras, subversivo (transformación de estructuras socioeco-
nómicas). No cabe duda de que la Iglesia latinoamericana necesitaba
esta llamada a la unidad, que, sin embargo, debería ir de la mano de
una voluntad para hacer frente a los retos sociales, económicos, po-
líticos y eclesiales.
Silencios que preocupan
No obstante, hay silencios que son preocupantes; el más flagrante es
sobre los mártires. En todo el documento sólo hay cinco alusiones al
martirio, pero no encontramos el nombre de ningún mártir: ni Óscar
Romero (hoy ya santo), ni Ignacio Ellacuría, ni Juan José Gerardi,
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ni Luis Espinal, ni Rutilio Grande (hoy beato)… Es obvio que la con-
ferencia de Aparecida no quiere reabrir heridas: recordemos que los
asesinados eran católicos, pero también quienes dispararon. Ahora
bien, una Iglesia que olvida a sus mártires es una Iglesia que se queda
sin sangre en las venas. Muchos han dicho que éste fue un gran error
de aquella conferencia. Y recordemos la importancia que tuvieron los
rtires en los primeros siglos del cristianismo.
También llama la atención que no haya un análisis de las causas
profundas de la violencia y de la pobreza, parece que da miedo entrar en
el terreno de las estructuras sociales y los procesos históricos. Se dice
apenas muy poco sobre la comunidad regional de naciones (n. 82), una
especie de “Unión Latinoamericana” al estilo de la Unión Europea,
uno de los grandes retos del subcontinente en este siglo
. Diversas
voces expresaron que hacía falta abordar este tema en Aparecida.10
APARECIDA ES EL PREÁMBULO DEL PONTIFICADO
DEL PAPA FRANCISCO
El cardenal jesuita argentino, Jorge Mario Bergoglio, Arzobispo de
Buenos Aires, fue uno de los principales redactores del texto de la
referida conferencia. Y hoy es nuestro papa Francisco. No cabe duda
de que existen notables puntos de contacto entre Aparecida y la pas-
toral del papa Francisco, en particular, en su Exhortación Apostólica
Evangelii Gaudium y su Encíclica Laudato Si’. El Papa intenta exportar
hoy a todo el mundo el aliento misionero de la Iglesia latinoameri-
cana, y también la prudencia del Documento conclusivo de Aparecida,
que apuesta por una Iglesia en la que todos estamos llamados a ser
discípulos y misioneros.
El evento de Aparecida es el primer gran encuentro de la Iglesia lati-
noamericana, una vez que los grandes fuegos sociales y eclesiales de los
años sesenta, setenta y ochenta se hubieron apagado —aunque quizá no
del todo, pero sí en gran medida—. Una vez pasada la depresión de los
10 Cfr. Carlos María Galli, “La Iglesia de Arica Latina hacia Aparecida: Discurso de inau-
guracn del año académico el 12/3/2007 en la Facultad de Teoloa ”, Revista Teología,
no. 94 (2007), 627-666.
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noventa, años en los que se vivió un derrumbe luego de tantos años de
enfrentamientos y violencia; en Aparecida la Iglesia de América Latina
se levanta y toma conciencia de que ya no tiene la fuerza social y cul-
tural de siglos antes; pero al mismo tiempo descubre que ya no tiene la
división interna de las últimas décadas, por lo que se siente enviada en
misión a anunciar la Buena Nueva. Ahora ya no con el apoyo de los paí-
ses conquistadores (primera evangelización), sino con la sencillez del
Evangelio de vida, que recorre todas las dimensiones del ser humano,
desde la familia hasta el alisis de estructuras, pasando por la diver-
sidad cultural y la defensa del medioambiente (nueva evangelización).
REFERENCIAS
Brighenti, Agenor, “Criterios para la lectura del documento de Apa-
recida. El pre-texto, el con-texto y el texto, Selecciones de Teolo-
gía, no. 187 (2008).
Codina, Víctor, “Para comprender Aparecida, Revista Latinoameri
-
cana de Teología, no. 72 (2007).
Ferndez, Víctor Manuel, “Estructuras internas de la vitalidad cris-
tiana. La vida digna y plena como clave de interpretación de Apa
-
recida”, Revista Teología, no. 94 (2007).
Galli, Carlos María, “La Iglesia de América Latina hacia Aparecida:
Discurso de inauguración del año académico el 12/3/2007 en la
Facultad de Teología ”, Revista Teología, no. 94 (2007).
JOSÉ SOLS LUCIA
Es licenciado y doctor en Teología del Centre Sèvres, París; y licen-
ciado en Historia Contemporánea de la Universidad de Barcelona.
Desde 2019, es el director del Departamento de Ciencias Religiosas
de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, y coordinador de
la línea de investigación “Teologías y realidades históricas, así como
el proyecto internacional “Historia del pensamiento social cristiano.
También es especialista en el pensamiento de Ignacio Ellacuría, en
el fenómeno de la violencia y en procesos de reconciliación política. Es
autor de numerosos artículos en revistas científicas, de divulgación
y periódicos de temas de filosofía social, pensamiento político, teo-
logía y pensamiento económico. Contacto: jose.sols@ibero.mx