301 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 Presentación Terminamos 2019 con esta edi- ción de La cuestión social con do- cumentos, ensayos y reseñas de libros acerca de lo social, donde se abordan diversos temas centrados en el medio ambiente, juventud y resistencia social, entre otros. Abrimos el cuarto número con “Carta de Su Santidad el Papa Francisco a jóvenes economistas y emprendedores de todo el mun- do”, donde exhorta a promover una economía solidaria y un desa- rrollo sostenible para el beneficio de las familias de forma integral. El Papa ve a los jóvenes como esa fuerza que puede conseguir rever- tir la situación actual y dirigirla hacia una economía enfocada en la persona y el cuidado del me- dio ambiente. Así, impulsa a que la juventud sea protagonista del cambio, ya que serán quienes sos- tengan el futuro. Erick Adrián Paz, miembro del Seminario de Investigación de lo Social, es el autor de “Cristia- nismo y juventud: entre el dis- curso y la realidad”, artículo que aborda la aproximación de dos instituciones religiosas con la ju- ventud mediante dos documen- tos específicas: Civilización del amor. Proyecto y misión (Iglesia católica) y ¡Despertad! (testigos de Jehová). El objeto de este aná- lisis es cotejar el acercamiento que tienen ambos documentos y discernir qué tan apegadas se encuentran a las necesidades de este sector social. Al final de es- te texto se tendrá un panorama más claro de la diferencia entre ambos discursos institucionales, así como su distanciamiento y aproximación con la realidad de los jóvenes de la Ciudad de Méxi- co, específicamente. “Resistencia social y bandole- rismo”, de Rodrigo Alonso López, plantea el fenómeno del bandole- rismo como una forma de resis- tencia social que brota del agravio moral que supone la injusticia en las comunidades rurales por las transformaciones sociológicas de- rivadas del precapitalismo. Buena parte del ensayo está sustentado en los estudios históricos de Eric Hobsbawm, quien desambigua la figura del bandolero, que era vis-
302 La Cuestión Social Año 27, n. 4 to como un simple bandido por las autoridades. Gerardo Cruz González nos ofre- ce el texto con el que presentó el libro “Para leer a Francisco. Teo- logía, ética y política, la propuesta de Emilce Cuda”, en el contexto de nuestros cursos de verano 2019, donde destaca el valor de la pro- puesta teológica del Papa en di- versos temas como ecología, democracia, pobreza, etc., a través de un enfoque multidisciplinario. Asimismo, se menciona la impor- tancia de la llamada ‘teología del pueblo’, que destaca la relación pueblo-pobre-trabajador, todo desde la perspectiva latinoameri- cana de Francisco y, por supuesto, de su aproximación en el libro de la Dra. Emilce Cuda. También, les compartimos la carta apostólica del CELAM “Dis- cípulos misioneros custodios de la casa común”, un amplio y pro- fundo discernimiento de la encícli- ca Laudato si’, del Papa Francisco, contrastado con las problemáticas ambientales y sociales de América Latina, como puede ser el extracti- vismo o la minería y su impacto en la naturaleza, en otros seres vivos y las comunidades humanas. Tam- bién, esta carta apostólica pugna por el respeto de los derechos hu- manos de los pueblos originarios, a quienes pocas veces se toma en cuenta a la hora de echar a andar proyectos económicos que afectan sus territorios. Por último, Alí Guerrero Álva- rez, miembro del Seminario de Investigación de lo Social, reseña el libro México la nación desafiada. Análisis y propuesta ante la migra- ción y la falta de desarrollo en Méxi- co, de Rodolfo García Zamora. Así cerramos otro año en La cuestión social. ¡Feliz Navidad y Año Nuevo! Seguiremos en 2020 con más documentos, ensayos, comentarios y reseñas de libros acerca de lo social.
303 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 Directorio CONSEJO DIRECTIVO Presidente Honorario Vitalicio in memoriam: † Emmo. Sr. Cardenal Roger Etchegaray Presidente Honorario Vitalicio in memoriam: †Lorenzo Servitje Sendra Presidente Honorario Vitalicio in memoriam: †Salvador Domínguez Reynoso PRESIDENTE María Lucila Servitje Montull VICEPRESIDENTES José Enrique Mendoza Delgado Sergio de Jesús Castro Toledo TESORERO Jesús Antonio Damián Basurto SECRETARIO Manuel Gómez Díaz VOCALES Maria del Pilar Mariscal Servitje P. J. Benjamín Fernando Bravo Pérez VOCALES DEL CONSEJO Raúl González Schmal, Francisco Javier Albarrán González, Rosario del Carmen Alfaro Osorio, Federico Altbach Núñez, Mariano Azuela Güitrón, Javier Ballesteros de León, Constantino José Antonio de Llano Marhx, Mons. Guillermo Francisco Escobar Galicia, P. Mario Ángel Flores Ramos, Rafael Ibarra Farfán, Conrado Antonio Larios Prado, Mauricio Limón Aguirre, Alejandro Ma. Latapí Díaz, María Eugenia Romo de Murrieta, María de la Paz Sáenz de Soberón, Arcadio Valenzuela Valen- Documentos, ensayos, comentarios y reseñas de libros acerca de lo social
304 La Cuestión Social Año 27, n. 4 zuela, Luis Javier Rubio Guerrero, OP., Irma Pous Hernández COMISIÓN DE VIGILANCIA María Luisa Aspe Armella, Rogerio Casas-Alatriste Hernández, José Ignacio Mariscal Torroella, Juan Enrique Murguía Pozzi, Óscar Ortiz Sahagún y Román Uribe Michel La Cuestión Social, es una publicación trimestral editada y publicada por la Asociación Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C., a través del Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, con dirección en Pedro Luis Ogazón n. 56, Col. Guadalupe Inn, CP 01020, México, DF, Tels. 56614465, 56614169. E-mail: comunica@imdosoc.org www.imdosoc.org Registro de correspondencia de 2a. Clase expedido en la Dirección General de Correos Publicación Periódica. Registro No. 129-93. Certificado de Licitud de Contenido (pendiente). Certificado de Licitud de Título (pendiente). No. de Reserva al Título del Derecho de Autor (pendiente). Registro ISSN en trámite. Distribución directa en el IMDOSOC. Esta edición de La Cuestión Social consta de 700 ejemplares y se imprimió en MG Advanced Prepress Technology, S.A. de C.V. Canal Leningrado Mz. 34 Lt. 12, Col. Insurgentes, 09750, Ciudad de México, Tel: 5690 0463, impvarel@hotmail.com Coordinador de contenidos: Gerardo Cruz González Diseño: Minerva Lizeth Mondragón Garduño Corrección de estilo: A. Alfonso Muñoz Chávez Los artículos publicados reflejan el punto de vista del autor y no necesariamente el de la Asociación Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C. No se devuelven originales no solicitados. Queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos e imágenes de la publicación sin previa autorización de la Asociación Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C. Precio del ejemplar: $ 100. 00 Suscripción anual: $ 330. 00 Suscripción para el extranjero Dlls. 80. 00 Suscripciones: martha.crm@imdosoc.org
305 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 Queridos amigos Le escribo para invitarlo a una iniciativa muy cercana a mi cora- zón. Uno que da vida a la muerte, que es inclusivo y no exclusivo, que es humano y no deshumani- zante, no lo despoja. Un evento que nos ayudará a unirnos y per- mitir un ‘pacto’ para hacer un cam- bio en la economía del mañana. ¡Seguramente hay una necesi- dad de re-animar la economía! ¿Y dónde mejor que Asís, que durante siglos ha simbolizado elocuentemente un humanismo de fraternidad? San Juan Pablo II eligió Asís como el ícono de una cultura de paz. Para mí, también es un lugar apropiado para ins- pirar una nueva economía. Allí, Francisco se despojó de toda mun- danalidad para elegir a Dios co- mo la brújula de su vida y se hizo pobre con los pobres, un herma- no para todos. Eso sigue siendo lo más oportuno. Una visión que puede dar esperanza al futuro y beneficiar a los pobres, pero a to- da nuestra familia humana. “Nues- tra hermana Madre Tierra” es una Carta de Su Santidad el Papa Francisco a jóvenes economistas y emprendedores de todo el mundo visión necesaria para todo el pla- neta, nuestra casa hermana, en palabras de san Francisco en su Cántico del Sol. En mi carta encíclica Laudato Si’ enfaticé eso, ahora más que nunca. Necesitamos asegurarnos de poder proteger a nuestra fami- lia, la igualdad social, la dignidad de los trabajadores y los derechos de las generaciones futuras. La- mentablemente, pocos han oído hablar de la apelación a la grave- dad de los problemas. Francisco de Asís es el ejemplo sobresaliente de cuidado para los vulnerables y de una ecología in- tegral. Pienso en las palabras que dirigió el Crucifijo en la pequeña iglesia de San Damián: “Ve, Fran- cisco, repara mi casa que, como ves, está cayendo en ruinas”. La re- paración de esa casa nos concier- ne a todos. Se trata de la Iglesia, la sociedad y el corazón de cada in- dividuo. Cada vez más, exige con urgencia una economía sólida y un desarrollo sostenible que pue-
306 La Cuestión Social Año 27, n. 4 da curar sus heridas y asegurar- nos un futuro digno. Dada esta urgente necesidad, de llevarnos a una mayor con- formidad. Pero pensé en invitar- te a los jóvenes, porque tu deseo de un futuro mejor y más feliz te hace incluso un signo profético, apuntando hacia una economía atenta para la persona y el me- dio ambiente. Queridos jóvenes, sé que se pue- de escuchar en sus corazones la petición cada vez más angustiado de la tierra y sus pobres, que cla- man por ayuda y por la respon- sabilidad, para la gente que va a responder y no se alejen. Sabes decirle a tu corazón, serás una nueva cultura valiente, tendrás miedo de enfrentar los riesgos y trabajarás para construir una nueva sociedad. ¡Jesús resucitado es nuestra fuerza! Como te dije en Panamá y escribí en mi exhor- tación apostólica post-sinodal Christus vivit: “Por favor, no dejes que otros sean protagonistas del cambio. ¡Ustedes son los que sos- tienen el futuro! A través de ti, el futuro entra en el mundo. Les pido que sean los protagonistas de esta transformación” (174). Sus universidades, negocios y organizaciones, talleres de sana- ción para crear nuevas formas de entender la economía y el pro- greso. Sólo cuando nuestro siste- ma económico y social ni siquiera produzca víctimas individuales, a una sola persona dejada de lado, podremos celebrar la fiesta de la fraternidad universal. Es por eso que me gustaría co- nocerte en Asís: sé que podemos promover juntos, a través de un pacto común, un proceso de cam- bio global. Uno en el que no sólo los hombres y mujeres de buena voluntad, más allá de las diferen- cias de credo y nacionalidad, pue- dan participar, inspirados por un ideal de fraternidad atento so- bre todo a los pobres y excluidos. Los invito a trabajar en este pac- to, comprometiéndose con grupos de personas. El nombre de este evento (“Eco- nomía de Francisco”) evoca clara- mente al Santo Hombre de Asís y al Evangelio que vivió en completa consistencia, también a nivel so- cial y económico. San Francisco ofrece un ideal y, en cierto sen- tido, un programa. Para mí, quien tomo su nombre, es una fuente constante de inspiración. Contigo y a través de usted, ape- laré a algunos de los mejores eco- nomistas y empresarios que ya
307 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 están trabajando a nivel mundial para crear una economía consis- tente con estos ideales. Estoy se- guro de que responderán. Y confío sobre todo en ustedes, jóvenes, que son capaces de soñar y están preparados para construir, con la ayuda de Dios, un mundo más jus- to y bello. Nuestra reunión está prevista del 26 al 28 de marzo de 2020. Junto con el obispo de Asís, cuyo predecesor Guido, hace ocho si- glos, recibió al joven Francisco en su casa cuando hizo el gesto pro- fético de su despojo. Te espero e, incluso ahora, te saludo y te doy mi bendición. Por favor, no olvides rezar por mí. Papa Francisco Ciudad del Vaticano, 1 de ma- yo de 2019. Memorial de san José el Trabajador
308 La Cuestión Social Año 27, n. 4 Cristianismo y juventud: entre el discurso y la realidad 1 Erick Adrián Paz González* 1 Una primera versión fue presentada en el IV Coloquio Estudiantil sobre Identidades en América Latina, Facul- tad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, en abril de 2016. En la presen- te se actualizan datos y se complemen- tan fuentes. El presente trabajo analiza dos documentos institucionales de ca- tólicos y testigos de Jehová: Civili- zación del amor. Proyecto y misión y ¡Despertad!, respectivamente. Con el uso del Análisis Crítico del Discurso (ACD), se identifican los temas principales de estos do- cumentos y se contrastan con la realidad juvenil en la Ciudad de México para mostrar la distancia entre lo que estos sistemas reli- giosos proponen con lo que se re- fleja a través de cuatro principales encuestas levantadas entre 2013 y 2018 a la juventud mexicana y de la ciudad. Introducción Desde 1979, con la Conferencia del Episcopado Latinoamericano (CELAM) celebrada en Puebla, Mé- xico, la Iglesia católica inauguró dos líneas de opción preferencial en el continente: por los pobres y por los jóvenes. A partir de ahí, germinaron documentos oficiales para atender a la juventud, entre ellos destaca la propuesta latinoa- mericana para la pastoral juvenil contenida en dos volúmenes de Civilización del amor, además de que se consolidaron diferen- tes movimientos laicales, pasto- rales (como las universitarias) y otros grupos que atienden a este segmento poblacional. Sin embargo, el católico no es el único sistema religioso 2 que 2 El concepto de ‘sistema religioso’ es ex- plorado por Elio Masferrer Kan (2009), el cual parte de las grandes tradiciones o denominaciones religiosas (cristia- nismo, judaísmo, confusionismo, hin- duismo, islamismo y budismo, según Weber) las cuales “tienen en su interior distintos sistemas religiosos; del mismo modo, esos sistemas religiosos —aun- que distintos entre sí— pueden tener un conjunto de elementos comunes que traspasan las estructuras denomina- cionales eclesiásticas u organizativas” (2009; 35); el sistema religioso será entendido como aquel grupo o común de grupos que apropia el discurso re- ligioso y le otorga características espe- cíficas y diferenciadoras; puede haber
309 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 se preocupa por atender a las ju- ventudes y que han dictado líneas específicas de trabajo a partir de documentos institucionales. Pa- ra este trabajo se aborda a los testigos de Jehová, quienes han elaborado dos series de materia- les de divulgación como pilar de su labor evangelizadora: Atalaya (fundada como Zion’s Watchtower [Atalaya] and Herald of Christ’s Pre- sence en 1879) y ¡Despertad! (pu- blicada por primera vez en 1919 como The Golden Age); mientras la primera difunde fragmentos de la Biblia, la segunda trata temas es- pecíficos de la vida cotidiana, algu- nos de ellos dirigidos o referentes a la juventud. Tanto Civilización del amor como ¡Despertad! se han consolidado como documentos que muestran una postura oficial que es abraza- da institucionalmente por estos dos sistemas religiosos, pero no responden necesariamente a la realidad de los destinatarios; en el caso católico, estos materiales incluso son desconocidos por las pastorales dedicadas a la juventud o, si son conocidos, no son aplica- dos a las actividades de los grupos. gran número de sistemas religiosos dentro de otro y dentro de cada deno- minación, con la posibilidad de posi- cionarse contra otro a nivel horizontal o vertical, ya sea en forma oficial o en la práctica. La hipótesis que guía a este trabajo es que los documentos ins- titucionales de estos dos sistemas religiosos a estudiar, con las par- ticularidades que serán expuestas, no reflejan al joven latinoameri- cano; ni tampoco, de forma más delimitada, al joven mexicano al que pretende alcanzar. Metodología De forma específica, los docu- mentos a analizar desde el ACD de Teun A. van Dijk son: para católi- cos, Civilización del amor. Proyecto y misión de la Comisión Latinoa- mericana de Juventud (2013), es- crito 28 años después de un primer volumen como la parte aplicada; 3 para los testigos de Jehová, se to- maron los números de enero a diciembre de 2015 de ¡Despertad! Se eligieron ambos documentos bajo el criterio de most similar, 4 es decir, se buscaron dos materia- les con dos características simila- res: que fueran escritos desde la jerarquía institucional y que tuvieran en común la atención a las juventudes, sin importar que 3 El documento de 1995 tuvo como nom- bre Civilización del amor. Tarea y espe- ranza y se presenta como el esfuerzo regional para pensar a la juventud y dar directrices de trabajo. 4 Goodrick, Delwyn (2014), Estudios de caso comparativos, Florencia: Centro de Investigaciones de UNICEF.
310 La Cuestión Social Año 27, n. 4 todo lo demás fuera diferente; de esta forma, ambos muestran los esfuerzos de estos sistemas reli- giosos para atender a este sector poblacional con diferencias en su concepción y uso: Civilización es una guía pastoral para el clero y los jóvenes líderes y ¡Despertad! es una publicación periódica diri- gida al grueso de la juventud. Por otra parte, bajo el ACD ambas pu- blicaciones provienen de la esfera de poder 5 (jerarquía religiosa) y se adecuan a sus públicos de la forma en que consideran más pertinente. Mientras los católicos apuestan por educar a las jerarquías en te- mas de juventud, los testigos de Jehová apuestan por el trato direc- to con los jóvenes. A partir del análisis de ambas publicaciones, se identifican ca- tegorías que agrupan la posición de las jerarquías, lo que permi- te identificar la distancia entre lo que se escribe y se presenta en la realidad juvenil de América Lati- na, específicamente de la Ciudad de México. 5 Uno de los ejes del trabajo de Van Dijk es el poder, desde donde se crean dife- rentes discursos y se articulan relacio- nes, cohesión y desigualdad, el ejercicio y el sometimiento del mismo y, prin- cipalmente, observa las resistencias y emancipación. Ver Van Dijk (2009), Dis- curso y poder, España: Gedisa, pp. 61–64. Como punto de partida, se en- tiende al ACD como una perspec- tiva de análisis que ve al discurso como una práctica social, “es parte de la vida social y a la vez un ins- trumento que crea la vida social”; 6 para esto, abordar el tema del dis- curso “significa adentrarse en el entramado de las relaciones so- ciales, de las identidades y de los conflictos, intentar entender cómo se expresan los diferentes grupos culturales en un momento histó- rico, con unas características so- cioculturales determinadas”. 7 Es decir, el ACD ve la importancia del discurso por cómo es cons- truido por la realidad y su papel en la construcción de la misma; se estudia a través de cinco elemen- tos: estructura verbal, contex- to, cognición, interacción social y acción. En este caso, se trata de entender cómo dos sistemas religiosos de base institucional se adaptan al mundo contemporá- neo y producen discursos que in- tentan responderlo. Para estos analistas, al estudiar el discurso se enfatiza en uno de estos aspectos, pero sin descui- dar los demás. El punto de parti- da para el presente trabajo es ver al discurso como interacción so- 6 Helena Calsamiglia y Amparo Tusón (2007), Las cosas del decir. Manual de análisis del discurso, p. 1. 7 Ibíd., p. 2.
311 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 cial, es decir, “las acciones socia- les que llevan a cabo los usuarios del lenguaje cuando se comunican entre sí en situaciones sociales y dentro de la sociedad y la cultura en general”. 8 Como primer paso, se detecta- ron las categorías generales que los discursos institucionales men- cionan sobre la juventud, así co- mo la intención que poseen para llegar a su público objetivo o sim- plemente para definirlo. Es decir, se detectaron las unidades dis- cursivas que adquieren sentido a partir de la identificación de las macro y micro estructuras pro- puestas por Van Dijk, esto es, se clasificaron a partir de similitu- des en las unidades discursivas y se agruparon según criterios de supresión, interpretación o aglu- tinación para (re)construir los di- ferentes tópicos y, así, realizar un contraste con las características de la juventud de la Ciudad de Mé- xico, según estudios en materia de juventud y creencias religiosas y no religiosas. 8 Teun A. van Dijk, “El estudio del discur- so”, en Susana González Reyna (2010), Antología de teorías del discurso, p. 38. La teoría de los sistemas religiosos cristianos Para Elio Masferrer, 9 los sistemas religiosos se pueden organizar co- mo sistemas en el sentido de que comparten características históri- cas, teológicas, culturales, sociales y demás; es decir, parte del hecho de que cualquier sistema social y cultural se relaciona con otro, y los sistemas religiosos, al ser par- te de lo social y cultural, también se relacionan uno con otro por los elementos antes mencionados. Como una categoría operativa y general, entendemos al cristia- nismo como una religión de libro, es decir, que basa sus principales creencias y prácticas religiosas en la Biblia, un canon derivado de las escrituras judías y escritos inme- diatos posteriores a Jesucristo, ca- non propuesto a finales del siglo IV y aprobado como dogma en el Concilio de Trento (1545-1563). No entendemos al cristianismo a partir de sus creencias funda- mentales, sino del discurso que comparten, que da base a su fe y se convierte en un elemento co- mún con alto grado de permanen- cia en ambos sistemas religiosos; la diferencia radica en las traduc- ciones, interpretaciones o énfasis 9 Elio Masferrer Kan (2009), Religión po- der y cultura, Buenos Aires: Libros de la Araucaria.
312 La Cuestión Social Año 27, n. 4 que cada uno de ellos hace de di- cho canon, y que a partir de ellas han forjado su historia y tradición; como ejemplos concretos, los tes- tigos de Jehová se han centrado en el Antiguo Testamento y el Apoca- lipsis; también, la producción teo- lógica que los santos han aportado en casi dos mil años en el catolicis- mo han partido de exégesis bíbli- cas, principalmente. Catolicismo El Concilio Vaticano II (1962- 1965) puede tomarse como pun- to de partida para el estudio del catolicismo contemporáneo. Es a partir de él que se revisa tanto el papel de la Iglesia como el sen- tido, énfasis y profundidad de los evangelios y otras enseñan- zas bíblicas. El punto central de este Concilio y de toda la pro- ducción discursiva posterior fue dar respuesta a las nuevas situa- ciones sociales como globaliza- ción, pluralismo y nuevo reparto del mundo. Terminado el Concilio, Juan Pa- blo II continuó el sentido a través de una serie de encíclicas y exhor- taciones apostólicas que buscaron responder al mundo contempo- ráneo, como Evangelii nuntiandi (1975), donde plantea una lectura y uso del Evangelio no sólo por el clero, sino por los laicos, algo que aunque no era prohibido de forma oficial tampoco era alentado. Benedicto XVI —su sucesor— realizó una vasta y profunda re- visión teológica de los principios católicos, tanto que después de renunciar al pontificado y ser re- conocido papa emérito en 2013 ha encontrado gran cantidad de seguidores entre las altas jerar- quías católicas, principalmente. En fechas más recientes, inclu- so se ha usado su doctrina para contrarrestar algunas enseñanzas de Francisco. 10 Francisco ha llevado a altos ni- veles esta adaptación de la Igle- sia, algo que no ha agradado a los sectores conservadores —algunos no terminan de aceptar los reso- lutivos del Concilio Vaticano II—, entre los ejemplos se encuentra Evangelii gaudium, donde lanza una crítica al mundo moderno y a la Iglesia católica, y se aleja de las jerarquías. En el tema regional, como conse- cuencia del mismo Concilio Vatica- no II, se consolidó la Conferencia General del Episcopado Latinoa- 10 Un ejemplo de esto es el portal de ACI Prensa que, constantemente, desacredi- ta las acciones y discursos de Francisco y, entre otras figuras de autoridad que utiliza, se encuentran las entrevistas, homilías y escritos de Benedicto XVI.
313 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 mericano (CELAM), celebrada la primera en Río de Janeiro, Brasil (1955), antes del Concilio Vaticano II; esta conferencia buscó enten- der la realidad de la macrorregión para ofrecer soluciones teológi- cas y pastorales a diferentes te- máticas. La segunda se celebró en 1968 en la ciudad de Medellín, Colombia, y concentró temas de familia y valores, evangelización y comunidad. La tercera aconteció en Puebla, México (1979), y ahí se marcó el parteaguas de la Iglesia latinoamericana: la opción prefe- rencial por los pobres y la opción preferencial por los jóvenes, am- bos como destinatarios tanto de la evangelización como del centro eclesial, ambos antes invisibles por la jerarquía católica, salvo ex- cepciones por las iglesias particu- lares y congregaciones. Para 1992, la cuarta conferencia se celebró en Santo Domingo, Re- pública Dominicana, donde se en- fatizó la conexión de la Iglesia con la sociedad, principalmente con la pobreza; se dio mayor responsabi- lidad a los laicos y se prestó aten- ción a problemáticas específicas que antes también eran invisi- bles, como el papel de la mujer o los cambios urbanos. En 2007 se celebró la quinta CELAM en Aparecida, Brasil, y su Documento conclusorio, don- de Jorge Mario Bergoglio —ahora Francisco— tuvo la función de redactarla; funciona como guía actual para toda la Iglesia latino- americana y del Caribe, donde la misión y evangelización son los puntos rectores. De aquí la impor- tancia de estudiar Civilización del amor. Proyecto y misión; este do- cumento es fruto directo del Con- cilio Vaticano II que fue aterrizado por la última CELAM como parte de esta serie de trabajos de la Igle- sia contemporánea; además, pro- fundiza en la opción preferencial por la juventud, trabajada desde 1968, y en el contexto de la macro- rregión. Es clave mencionar que el documento también surge gra- cias a la consolidación de la Di- mensión Latinoamericana de Juventud, que se convierte en el órgano institucional que lo emi- te y, posteriormente, propone las directrices para la atención a este grupo poblacional. Testigos de Jehová Este sistema religioso nace en 1870 por Charles Taze Russell, quien comenzó a reunir segui- dores en torno a la creencia en la salvación para todos los que obedecieran a Jehová 11 y como 11 Desde un enfoque comunicativo, resul- ta importante que el nombre del Dios Padre católico, Yahvé (que significa “Yo soy” en hebreo antiguo), haya sido uno
314 La Cuestión Social Año 27, n. 4 respuesta al protestantismo nor- teamericano, contra el cual adop- tó una postura de rechazo, pero no de alejamiento; al menos en Méxi- co, y a pesar de la gran diferencia doctrinal, este sistema mantiene cercanía con diversos postulados de la Iglesia católica 12 , con lo que puede entenderse como un siste- ma religioso que comparte ele- mentos históricos, doctrinales, etc., tanto con el protestantismo como con el catolicismo, pero sin ser parte de alguno de ellos o te- ner alguna relación formal. Los testigos de Jehová, de acuer- do a su página oficial, se basan íntegramente en la Biblia, “sin in- terpretaciones”, aunque sí consi- deran los elementos simbólicos presentes en ella, lo que muestra la importancia que dan a la pala- bra escrita; además, identifican una serie de elementos rectores que se orientan a un mecanismo profético: el “Alba del milenio”, un periodo de cuarenta años que identificó Russell y terminaría en de los pilares que atendió Russell; él de- fendió la traducción del nombre de Dios como Jehová, con lo que el “uso correcto del nombre de Dios” coloca una base di- ferenciadora y también otorga solidez a este sistema religioso. 12 Patricia Fortuny Loret de Mola (1996), “Mormones y testigos de Jehová: la ver- sión mexicana”, en Gilberto Giménez, coord. (1996), Identidades religiosas y sociales en México, p. 193. 1914 con el establecimiento de un reino milenial de Cristo; este énfa- sis bíblico —que fácilmente puede sostenerse como una interpreta- ción del Apocalipsis— dio pie a la industria editorial más grande del mundo, basada en una serie de es- trategias proselitistas, principal- mente formales o institucionales —caracterizadas por organizarse bajo la dirección de una iglesia co- mo institución—; pero también de estrategias informales —articula- das en las interacciones sociales de los difusores religiosos. 13 Así, Russell fundó Zion’s Watch- tower [Atalaya] and Herald of Christ’s Presence en 1879, actual- mente Atalaya, una publicación que al inicio contó con un tiraje de 6 mil revistas 14 y para 2012 ya tira- ban mensualmente 42 millones de ejemplares. 15 A esta publicación periódica y a la posterior The Gol- den Age de 1919, hoy ¡Despertad!, se sumó una serie de libros que Russell y su sucesor José Franklin Rutherford realizaron; el primero publicó una obra en seis volúme- 13 Julieta Arcos Chigo y Raúl Romero Ramírez (1995), “Estrategia proseli- tista de testigos de Jehová y católicos de la Renovación Carismática”, en Elio Masferrer Kan (2000), Sectas o Iglesias, p. 176. 14 Nelson, Wilton M. (1984), Los testigos de Jehová. Qué son y lo que creen, p. 15. 15 Video institucional La Atalaya: publica- da desde 1879, web.
315 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 nes, El estudio de las escrituras, considerada por muchos como la segunda Biblia o la interpretación más fiel de la misma. 16 El segun- do proclamó la “Batalla del Ar- magedón” que los mismos seres humanos provocarían para que, en 1925, Isaac, Jacob y otros resu- citarían para representar el nuevo orden mundial. 17 Millones que aho- ra viven no morirán jamás fue el título del libro con el que Ruther- ford predicó esta doctrina e inició una nueva era de proselitismo ins- titucional-informal de mayor éxito que la de Russell. Los primeros testigos de Jehová llegaron a México en 1893 18 y al- canzaron cifras impresionantes de ‘publicadores’ (quienes predican y distribuyen las publicaciones) y bautizados debido a las estrate- gias proselitistas institucionales que formaban a todos los creyen- tes como misioneros mientras per- tenecieran a una congregación, aunque después sería formada la Escuela del Ministerio Teocrático como una escuela de misioneros, de habilidades de oratoria, memo- rización y predicación a través de la vivencia. 19 16 Nelson (1984), pp. 16-18. 17 Ibíd., pp. 19-21. 18 Ivan Barret (1982), citado en Fortuny (1996), p. 195. 19 Fortuny (1996), p. 195 y Arcos y Rome- ro (1995), p. 182-184. De esta forma, se perfila la estra- tegia para llegar a los jóvenes con ciertos contenidos de ¡Despertad! a través de la herencia del prose- litismo realizado por los predica- dores: horizontal, cara a cara, sin la formación de la comisión (o Di- mensión, como la católica) que se dedique exclusivamente a atender a la juventud. Juventud y creencias Para Ariel Corpus, los estudios de la religión y la juventud, en ám- bitos separados, han llamado la atención de gran número de dis- ciplinas, al grado de crear cam- pos de estudio tan específicos y con teorías y conceptos propios que permiten un abanico de ex- plicaciones; sin embargo, el con- juntarlas se vuelve una tarea de la que, para él, no existen trabajos tan variados. Corpus considera que la reli- gión y la juventud, en conjunto, se han estudiado, principalmente desde la religiosidad de los jóve- nes universitarios y la identidad a partir de las prácticas católicas con centro y en margen de la ins- titución; también, hay quienes abordan las corporalidades des- de aspectos como la sexualidad o las masculinidades como temas
316 La Cuestión Social Año 27, n. 4 no convencionales para los siste- mas religiosos. 20 Por otra parte, diversos estudios han mostrado la predominan- cia del estudio del catolicismo en Latinoamérica, 21 con lo que otros sistemas religiosos se han deja- do de lado; entre estos estudios, lo que se refiere a la juventud ha resultado escaso, y esto demanda mayor atención por dos razones: los jóvenes no pueden ser catalo- gados como una categoría gené- rica donde se enmarcan todos los estilos, adscripciones e identida- des, sino que deben ser reconoci- das como múltiples juventudes; 22 estas múltiples juventudes aún son vistas como homogéneas por los discursos institucionales, co- mo los analizados en este trabajo. Además, es en este sector pobla- cional donde se muestran mayores cambios en materia de religión. Eduardo Sota García muestra que es particularmente en la juven- tud donde … se está dando no tanto un abandono de las creencias 20 Ariel Corpus (2013), “Jóvenes y reli- gión en América Latina”, en Mondragón y Olivier (2013), p. 222. 21 Un estado del arte puede encontrar- se en Mondragón y Olivier (2013), Minorías religiosas: el protestantismo en América Latina. Ciudad de México: UNAM. 22 Corpus, p. 201 y 202. tradicionales sino, más bien, lo que se denomina una ‘frag- mentación de la coherencia doctrinal’ o ‘fluidización de las creencias’, que consis- te en la flexibilización de las creencias, de tal suerte que cada quien toma las creencias que juzga conve- nientes y las interpreta y les da la forma que más le pare- ce, le conviene o le place. 23 Para Sota, con esta fragmen- tación o fluidización, además de la concepción de lo sagrado y las creencias, se han detonado cam- bios radicales en la forma de entender el mundo y a la per- sona, también en ámbitos como convivencia, moral, sexualidad o relación con las instituciones. Para el INEGI en 2010, el seg- mento de juventud corresponde a edades entre 15 y 29 años. Es es- te segmento quien ha mostrado un comportamiento inestable ha- cia temas religiosos, pero de gran importancia numérica. Según el INEGI en 2010, los adultos de 60 y más años son el segmento pobla- cional que ocupa mayor porcenta- je dentro de cada sistema religioso dominante en la Ciudad de Méxi- co, seguidos por personas de entre 15 y 29 años (en segmentos de 15 a 19, 20 a 24 y 25 a 29), quienes 23 Eduardo Sota García (2010), Religión ‘por la libre’. Un estudio sobre la religio- sidad de los jóvenes, p. 66.
317 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 sumados corresponden al rango de juventud para esta institución y, juntos, se convierten en mayoría dentro de cada sistema; “los jóve- nes, que tienen entre 15 y 29 años de edad, desempeñan un papel muy importante en el desarrollo social y económico de un país”. 24 Los jóvenes, numéricamente ha- blando, pueden ser vistos como segmento de gran peso dentro de sus sistemas religiosos; eso resul- ta visible al estudiar los esfuerzos que éstos han dedicado para lle- gar a la juventud. Por parte de la Iglesia católica latinoamericana, se encuentra la ya mencionada op- ción por la juventud naciente en la III Celam en Puebla, México; tam- bién movimientos dirigidos exclu- sivamente a este sector, como el Oratorio de San Felipe Neri y las pastorales universitarias, impul- sadas por Juan Pablo II. Según el INEGI, los jóvenes de 15 a 29 años representan el 12.9% de quienes se identifican con este sistema religioso en la Ciudad de México; sin embargo, estudios como los de Eduardo Sota, Enrique Luengo González o Ariel Corpus, sugieren que la cifra de quienes siguen las creencias y rituales de la Iglesia católica como institución son infi- nitamente menores. 24 INEGI (2011), “México, un país de jóve- nes” en Informativo oportuno. Conocien- do… nos todos, volumen 1, número 1, 29 de marzo de 2011. Por parte de los testigos de Jehová, se ha creado material espe- cífico, especialmente dentro de al- gunos números de ¡Despertad! En 2015, en una consulta reali- zada a las oficinas centrales en México, se brindó información sobre que algunos jóvenes forma- ban parte del equipo de redacción de algunos materiales, pero se mantenían en el anonimato; ade- más, que se carecía de grupos dedicados exclusivamente a aten- der a la juventud. Según el mismo INEGI, los jóvenes de entre 15 y 29 años también representan un 24% de los creyentes de este sis- tema religioso. De forma más detallada, el Ins- tituto Mexicano de la Juventud (Imjuve) considera a las personas de entre 12 y 29 años de edad co- mo el segmento de la juventud 25 y reporta que en la Ciudad de Méxi- co habitan 2 millones 494 mil 657 jóvenes, equivalente al 6.5% de los jóvenes de México; de todos ellos, 67.89% es mayor de 18 años. 26 77.6% se declara católico, 8.5% como perteneciente a otra religión y 13.8% a ninguna. 25 Sedesol-Imjuve (2015), Políticas de operación. Programa E016: generación y articulación de políticas públicas inte- grales de juventud 2015, p. 2. 26 Imjuve (2015), “La juventud en el Dis- trito Federal”.
318 La Cuestión Social Año 27, n. 4 Según datos de la Encuesta Na- cional de Juventud en 2010, rea- lizada por el Imjuve, 51% de este segmento vive con ambos padres, 27.4% vive en un hogar monopa- rental y 8.1% (casi la mitad del promedio nacional, a saber del 15.4%) vive con su pareja y, dado el caso, sus hijos. 9% vive solo (el promedio nacional es de 5.6%). Estos datos indican que, para la mitad de la población joven, la estructura tradicional de familia permanece, la cual es uno de los elementos de mayor importancia para el cristianismo como tradición. Entre los jóvenes de 14 y 29 años, 33.2% se dedica sólo al es- tudio, 35% sólo al trabajo, 12.3% realiza ambas actividades y 19.5% no realiza ninguna de ellas; esta última cifra ubica a la Ciudad de México como la cuarta entidad con mayor porcentaje de jóvenes que no estudian ni trabajan. Dicho dato va en contra de los valores de los testigos de Jehová en el sentido de la disciplina, quienes muestran en ¡Despertad! al estudio de las es- crituras y publicaciones como la principal fuente de conocimiento; pero también pueden dirigirse a un sector desocupado (19.5%), misma oportunidad que las activi- dades evangelizadoras de Civiliza- ción presentan. Para Civilización del amor, el uso de internet es fundamental. En la misma encuesta, 81.5% de los jó- venes entre 12 y 29 años dijeron saber usar internet y 42.3% tie- ne acceso al mismo. Para 2013, el mismo Imjuve reportó que 19.9% no tiene acceso a internet. Sobre la participación de los jó- venes en organizaciones y aso- ciaciones, Civilización la identifica como fundamental para llevar amor al prójimo. Sin embargo, en esta encuesta, 13.8% declaró que sí participa, 18.6% lo ha hecho al- guna vez pero no actualmente y 67.6% jamás ha participado; de los jóvenes entre 20 a 24 años, 14.4% sí participa, 24.5% ha participado pero no actualmente y 61% nunca ha participado. En 2013, el mismo Imjuve reali- zó la Consulta de Tendencias Juve- niles, en un segmento de 14 a 29 años, donde exploró el significado de ‘juventud’ en la Ciudad de Mé- xico a miras de generar proyectos orientados a su realidad. 27 Aquí se obtienen otros datos sobre gus- tos y ocio: 28 de quince actividades, 14.1% de estos jóvenes escuchan radio/música en sus tiempos li- bres, 10.1% leen, 9.6% navega en 27 Imjuve (2013), “Consulta de tenden- cias juveniles”, p. 8. 28 Para la edición de 2018 no se incluyó ninguna pregunta similar.
319 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 internet, 8.7% conversa con ami- gos y 7.8% sale a fiestas o bailar; las tres actividades que menos realizan son asistir o participar en alguna organización (1.8%), salir al campo, playa o montaña (2.2%), actividades artísticas de baile, teatro y pintura (3%). De ellas, Civilización apuesta por el uso de internet, fiestas, participa- ción y actividades artísticas como pilares para la evangelización; y los testigos de Jehová lo hacen por la lectura. También, 45.1% de estos jóve- nes declararon ingresos de 0 a mil pesos mensuales, en contraste con el 3.8% que recibe más de 10 mil pesos. Es esta línea, 50.4% recibe dinero de su familia, 24.5% del trabajo y 14% de alguna beca del gobierno. También, 32.4% trabaja y en el extremo opuesto 30.4% no trabaja pero tampoco está buscan- do trabajo; 14.3% busca trabajo por primera vez. 29 Como primer elemento, Civilización destaca la pobreza y el desempleo como pro- blemas urgentes a atender en las juventudes; después, se relaciona la lucha contra la pobreza como un elemento central en la evange- lización. Para los testigos de Jehová en ¡Despertad! resulta fundamental 29 Tampoco se concentran datos de ingre- sos en la versión de 2018. ser misionero, en línea con el proselitismo; este planteamiento encuentran conflicto cuando, en 2013, 40.7% declaran pena al ha- blar en público; también, los tes- tigos de Jehová muestran una postura neutral en la política, acor- de al 53.3% que no le interesaba la política en 2013 y, en 2018, la variable dummy (sí o no) se diver- sificó y el ‘nada’ concentró al 32% de los encuestados, seguido por el ‘poco’, con 48%; Civilización, con- trario a ¡Despertad!, ve las movili- zaciones políticas juveniles como una característica fundamental de este sector poblacional y su ma- yor aporte a la sociedad, algo muy lejano de la realidad de la Ciudad de México. Además, en 2018, 13% de las mujeres y 11% de los hom- bres declararon haber participado políticamente en alguna organi- zación no gubernamental. Con es- tos datos se puede deducir que la participación juvenil que mues- tra la Iglesia católica como nece- saria, y que los testigos de Jehová ignoran, no existe en realidad; de alguna forma, el que ¡Despertad! no aborde estos temas no signi- ficaría una pérdida para llegar a las juventudes. De los jóvenes encuestados, 55.4% considera no ser una per- sona feliz, 66.8% se ha sentido deprimido alguna vez; de los nú-
320 La Cuestión Social Año 27, n. 4 meros analizados de ¡Despertad!, cuatro números no tuvieron como eje rector algún elemento rela- cionado con la felicidad o el éxi- to, pero todos daban claves para alcanzar la primera; Civilización, por otra parte, entiende la felici- dad como un largo proceso, aun- que no lo hace explícito. Además, 34.3% ha sufrido violencia algu- na vez y 21.3% se considera una persona violenta. En esta línea, la persona que consideran de mayor confianza es, con 36.4%, la ma- má, con 16.3% los amigos y con 15.4% el papá; el papá y la ma- má deben ser los principales para ¡Despertad! y Civilización da un pe- so importante a los amigos, mis- mos que se pueden encontrar en el proceso evangelizador. La Encuesta Nacional de Valores en Juventud, realizada por el Imju- ve y el Instituto de Investigaciones sobre Juventud (IIJ) de la UNAM, arrojó que para 67.6% de los jó- venes, la religión es “mucho o algo importante” para su vida. En el ámbito de las creencias, la misma encuesta reportó que más del 50% de los jóvenes creen en elementos base del catolicis- mo: el alma (82.1%), la Virgen de Guadalupe (79.1%), los mila- gros (74.1%), el pecado (71.1%), los santos (67.1%) y el infierno (58.1%); sin embargo, resulta inte- resante que exista una diferencia de 20% entre la creencia en la Virgen y la creencia en los santos, pues ambos provienen de la mis- ma base teológica; generalmente, cuando se es parte de un sistema religioso no católico ambos se tie- nen prohibidos, con excepciones como el espiritismo o la santería. Sobre esa línea, hay una impor- tante creencia en elementos má- gicos que no son aprobados por ningún sistema religioso cristia- no: espíritus, fantasmas, espantos (40.1%), amuletos (27.8%), limpias (26.7%), horóscopos, lectura de cartas (26.7%) y brujería (24.7%). Resalta, sin embargo, la presen- cia de las limpias en las creencias de los jóvenes como una muestra del sincretismo religioso que hizo permanecer este rito mesoame- ricano. El resto, se conforma por prácticas con base en el pensa- miento mágico o de otras tradicio- nes religiosas como el budismo o el judaísmo. Sobre esta línea, 2.4% de los jóvenes considera la suerte como el elemento más importante para tener éxito en la vida. Es im- portante resaltar que los testigos, mencionando algunos puntos en ¡Despertad!, condenan todos ellos. Se muestra también una apa- rente tolerancia a la diversidad religiosa, pues 81.3% de los en- cuestados respondieron ‘sí’ a si
321 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 quisieran o no tener como vecinos a personas de otra religión; en es- ta línea, ¡Despertad! condena ab- solutamente dicha diversidad al ser lejana a la verdad y Civilización muestra cierta tolerancia, aunque ésta es más evidente en encíclicas y homilías del Papa Francisco. Otros grandes temas que identi- fica ¡Despertad! son disciplina, se- xualidad y participación activa en la misión. Civilización apuesta por espiritualidad, descubrimiento de la vocación y conocimiento espe- cífico de la juventud según su lo- calidad, pero sin dejar de seguir los ejes rectores ni el respeto a la jerarquía. A manera de conclusión El presente trabajo evidencia la diferencia entre el discurso ins- titucional y la realidad que viven las juventudes en la Ciudad de México; de forma específica, mues- tra dos sistemas religiosos que se vuelven incapaces de atender la realidad joven de manera óptima, a pesar de que los documentos estudiados son dirigidos a este sector. Esto sugiere, en primer lu- gar, una interrogante: ¿estos sis- temas religiosos buscan llegar a las juventudes o moldear una idea de juventud bajo sus propios parámetros? Al hablar de juventudes, el acer- camiento debe considerar diversas aristas por parte de estos sistemas. Por una parte, Civilización busca entender la problemática joven a través de un diagnóstico de la re- gión, para después actuar en ella; aunque en ningún momento se hace explícita la fragmentación en ‘juventudes’ y se trata como un sector poblacional uniforme, sí se entiende un abanico de ejes rectores para atender diferentes problemáticas de esa juventud ho- mogénea; algunas corresponden a participación política, familia, ingresos, creencias u ocio. Si bien el catolicismo no muestra aper- tura a la diversidad de nichos de juventud, sí reconoce la variedad de problemas; sin embargo, re- sulta insuficiente cuando los ejes discursivos como la participación de los jóvenes en organizaciones o política son inexistentes en la rea- lidad de la Ciudad de México. En ¡Despertad!, más que atender a las juventudes, se busca consoli- dar una juventud a partir de valo- res definidos desde la institución, es decir, los jóvenes testigos de Jehová deben poseer ciertas ca- racterísticas para agradar a sus padres y Jehová; se trata de una formación moral que busca conso- lidar la fe y dar una respuesta ante la vida bajo los valores que la insti- tución rescata de la Biblia. Para los
322 La Cuestión Social Año 27, n. 4 materiales discursivos analizados, no importa responder a la realidad joven porque la realidad común es la infelicidad y el alejamiento de Jehová: no hay una verdadera dis- tinción de roles ni realidades en- tre el joven y el adulto. Por otra parte, como aporte me- todológico, el criterio de most si- milar para la elección de casos resultó fértil porque permitió comparar dos materiales que ba- jo otras circunstancias resultarían incompatibles y explorar el ele- mento de juventud en ellos. De es- ta forma, se constata la flexibilidad de este criterio para la elección de estudios comparativos. Bibliografía Arcos Chigo, J., & Romero Ra- mírez, R. (1995). “Estrategia proselitista de testigos de Jeho- vá y católicos de la Renovación Carismática” en: E. Masferrer, Sectas o Iglesias, Ciudad de Mé- xico: Universidad Nacional Au- tónoma de México. Calsamiglia Blancáfort, H., & Tusón Vall, A. (2001). Las co- sas del decir. Manual de análisis del discurso. Tercera edición. Madrid: Ariel. Comisión Latinoamericana de Juventud. (2013). Civilización del amor. Proyecto y misión. Conferencia del Episcopa- do Latinoamericano. (1995). Civilización del amor. Tarea y Esperanza. Corpus, A. (2013). “Jóvenes y religión en América Latina”. En Mondragón, & González, Mino- rías religiosas: el protestantis- mo en América Latina. Ciudad de México: CIELAC UNAM. Fortuny Loret de Mola, M. P. (1996). “Mormones y testigos de Jehová: la versión mexi- cana”. En G. Giménez, Identi- dades religiosas y sociales en México. Ciudad de México: Ins- tituto de Investigaciones Socia- les-UNAM. Goodrick, D. (2014). Estudios de caso comparativos. Floren- cia: Centro de Investigaciones de UNICEF. Imjuve. (2012). Encuesta Na- cional de Valores en Juventud. Ciudad de México: Imjuve-IIJ UNAM. Imjuve. (2013). “Consulta de tendencias juveniles”. Obtenido de Imjuve: https://issuu.com/ injuvecdmx/docs/consulta- tendencias-juveniles-2013 Imjuve. (s.f.). “La juventud en el Distrito Federal”. Obtenido de Imjuve: http://www.imju- ventud.gob.mx/imgs/uploads/ DF.jpg Inegi (29 de marzo de 2011). “Informativo oportuno. Cono-
323 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 ciendo… nos todos”. Obtenido de Inegi: http://www.inegi. org.mx/inegi/contenidos/es- panol/prensa/contenidos/ Articulos/sociodemograficas/ mexico-jovenes.pdf Inegi (2011). “Panorama de las religiones en México 2010”. Ciudad de México: Inegi. Inegi (7 de marzo de 2011). “Resultados definitivos. Cen- so de población y vivienda 2010. Datos de Distrito Fede- ral”. Obtenido de Inegi: www. inegi.org.mx/est/contenidos/ proyectos/ccpv/cpv2010/ doc/comunicados_cpv2010. zip#Resultados% Inegi (2015). “Anuario estadís- tico y geográfico del Distrito Federal 2015”. Ciudad de Méxi- co: Inegi. JW (s.f.). La Atalaya, publicada desde 1879. Obtenido de JW.org: https://www.jw.org/es/tes- tigos-de-jehov%C3%A1/ qui%C3%A9nes-somos- y-qu%C3%A9-hacemos/ editamos-publicaciones/vi- deoclip-revista-atalaya/ Masferrer Kan, E. (2007). ¿Es del César o es de Dios? Ciudad de México: Plaza y Valdés / UNAM. Masferrer Kan, E. (2009). Re- ligión, poder y cultura. Buenos Aires: Libros de la Araucaria. Masferrer Kan, E. (2013). Re- ligión, política y metodología. Buenos Aires: Libros de la Araucaria. Mondragón González, C., & Oli- vier Toledo, C. (2013). Minorías religiosas: el protestantismo en América Latina. Ciudad de Mé- xico: Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Cari- be (CIALC)-Universidad Nacio- nal Autónoma de México. Nelson, W. M. (1984). Los testi- gos de Jehová. Qué son y lo que creen. El Paso: Casa Bautista de Publicaciones. Sota García, E. (2010). Religión ‘por la libre’. Un estudio sobre la religiosidad de los jóvenes. Ciudad de México: Universidad Iberoamericana. Van Dijk, T. A. (2009). Discurso y poder. Barcelona: Gedisa. Van Dijk, T. A. (2010). “El estu- dio del discurso”. En S. Gonzá- lez Reyna, Antología de teorías del discurso. Ciudad de México: UNAM. *Flacso-México. Seminario de Investi- gación de lo Social de Jóvenes Uni- versitarios en IMDOSOC.
324 La Cuestión Social Año 27, n. 4 Introducción Los relatos en torno al bando- lerismo son tan antiguos como el cariño y la admiración de quienes preservaron en la memoria popu- lar de las comunidades rurales los recuerdos de cómo en los tiem- pos de mayor ignominia hay hom- bres dispuestos a enmendar los abusos sociales del expolio y el atraco, entre los esfuerzos por hacer valer de la manera que les sea posible la noción de una justi- cia consuetudinaria que pocos han defendido ante el agravio. A la par, podría afirmarse que los registros documentales sobre el bandole- rismo son tan primitivos como la misma preocupación de quienes denunciaron al ver en él un tipo de criminal cuyas conductas debían ser perseguidas y penadas por las autoridades instituidas. No cabe la menor duda de que los motivos que movieron a las comu- nidades rurales a preservar en sus formas de memoria colectiva una idea del bandolerismo, no fueron Resistencia social y bandolerismo Una reflexión acerca del bandolerismo como fenómeno de resistencia al capitalismo en espacios rurales Rodrigo Alonso López Rodríguez* los mismos motivos que obligaron a las figuras institucionales encar- gadas de la preservación del orden insinuado o delimitado por la ley a registrar entre sus archivos los casos y experiencias relativas al bandolerismo. Las formas de pre- servar en la memoria la experien- cia que podía implicar el contacto con el bandolerismo, por tanto, podía variar entre los distintos estratos sociales que interactua- ron indirecta o directamente con aquel fenómeno, desde campesi- nos y trabajadores de los espacios rurales que veían en él a un defen- sor, pasando por hombres ilustres y letrados que le inmortalizaron en las obras literarias del romanti- cismo y naturalismo del siglo XIX, hasta llegar a los escuetos regis- tros oficiosos que documentaban el trabajo punitivo dedicado a su persecución por ser conceptuado como una actividad delictiva a la que se le asoció —las más de las veces— con el simple bandidaje. En estas páginas, presento las consideraciones que he valorado
325 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 más importantes para plantear el fenómeno del bandolerismo so- cial como problema vigente para la reflexión e investigación histo- riográfica. El bandolerismo social como fenómeno de resistencia rural, frente a su relación indi- sociable con las formaciones so- cioeconómicas del capitalismo, ha sido la problemática con base en la cual he guiado mis reflexiones, comentado algunas propuestas y criticado otras tantas posiciones historiográficas. El estudio lo he segmentado en dos partes: en la primera me dedico a comentar el debate historiográfico en torno al bandolerismo social; la segunda la dedico a sugerir la tesis del ban- dolerismo social ya no únicamente como forma de resistencia hostil, sino como una formación socioló- gica que abreva de la experiencia histórica para reaccionar ante una forma de agravio moral. El bandolerismo social como problema historiográfico El primer reto que se nos pre- senta para emprender un estudio integral sobre el fenómeno del bandolerismo equivale a recono- cer que la sola descripción de sus prácticas poco contribuirá a com- prender el problema que hemos insinuado: el bandolerismo como forma de resistencia social pro- pia de los espacios rurales que comenzó a brotar como reacción a los agravios hacia una moralidad consuetudinaria asociada al tra- bajo campesino de una comuni- dad política estamental, gremial o corporativa. Los agravios hacia la moralidad, experiencia vital de la que se animó el bandolerismo, constituyen las disonancias en una vida tradicional campesina que afrontó las rupturas de ciertos esquemas sociológicos de convi- vencia común a los espacios rura- les. Hacia los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX, las economías locales que solían articularse sobre una pro- ducción agraria primitiva, habían estructurado una distribución social de las prácticas políticas sobre formas de organización e interacción comunal y autosufi- ciente. Cada una de estas formas de convivencia, organización e in- teracción fueron impactadas —en distintos ritmos— por la paulatina incorporación de los espacios ru- rales a las abruptas transforma- ciones sociológicas que el sistema capitalista moderno promovió al adaptarse y hacer adaptar las rea- lidades humanas a los modelos y dinámicas de la propiedad indivi- dual privada. 1 1 Para este trabajo, sería ingenuo estu- diar la inagotable complejidad de las sucesivas transformaciones sociológi- cas que el sistema capitalista moderno desplegó entre las prácticas políticas de las comunidades y Estados-nación, cu-
326 La Cuestión Social Año 27, n. 4 Plantear el estudio del bando- lerismo como una forma de re- sistencia social evitará desviar nuestra atención hacia formas de investigación ociosa que poco puedan favorecer a los estudios sociales que buscan comprender el fenómeno como una resistencia hostil cuyos rasgos son una cons- tante que constituye la reacción de un agraviado rural frente a un ca- pitalista (terratenientes, caciques, ya producción iba siendo incorporada a las dinámicas de la economía capitalis- ta. Sin embargo, nos basta con señalar que el estudio del fenómeno bandolero debe corresponderse con un reconoci- miento detallado de cómo las dinámi- cas del capitalismo interactuaron, a lo largo de los siglos modernos, con los espacios rurales para incorporarlos a un emergente “moderno sistema mun- dial”. Para el análisis de la integración del mercantilismo comercial moderno como un primer modelo del emergente sistema capitalista de los siglos XV, XVI y XVII, véase el estudio clásico de Fer- nand Braudel sobre el mercantilismo mediterráneo en: Fernand Braudel, El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, 2ª ed., 2 vols., Mario Monteforte Toledo, Wenceslao Roces y Vicente Simón (trad.), México, Fondo de Cultura Económica, 1976 (Sección de Obras de Historia), 1,792 pp.; véase, por igual, Immanuel Wa- llerstein, El moderno sistema mundial 2. El mercantilismo y la consolidación de la economía mundo europea, 1600-1750, 4 vols., Victoria Schussheim (trad.), México, Siglo XXI, 2014 (Historia), 554 pp.; así como, John H. Parry, Europa y la expansión del mundo 1415-1715, 3ª ed., María Teresa Fernández (trad.), Méxi- co, Fondo de Cultura Económica, 2014 (Breviarios, 60), 302 pp. hacendados, comerciantes, indus- triales, banqueros, legisladores, etc.). 2 Lo anterior es una premi- sa que debe ser válida tanto para la historiografía social como para la sociología y antropología social; de lo contrario, dejaríamos de ver al bandolerismo como una forma de resistencia y rebeldía rural pa- ra desdibujarle en las anécdotas del bandidaje criminal que, segu- ramente, debe ser tan arcaico co- mo las mismas prácticas agrícolas. Poco más de dos décadas antes de que en 1959 fuese publicada la primera edición de Rebeldes primi- tivos de Hobsbawm, el historiador peruano Enrique López Albujar echó las primeras luces sobre el estudio del bandolerismo en un texto de 1936, Los caballeros del crimen, donde encontró de mane- ra aguda, a instancias de que sus consideraciones historiográficas estuvieran todavía situadas en el esencialismo cientificista, que el bandolerismo se presenta como una reacción de rebeldía social frente a los abusos de una reali- dad ominosa que, en palabras del historiador peruano, se presenta como más fuerte. El estudio acier- ta al insistir que la rebeldía que plantea el bandolerismo es, en 2 Eric Hobsbawm, Bandidos, María Do- lors Folch y Joaquín Sempere (trad.), Barcelona, Crítica, 2001 (Libros de Historia), p. 35.
327 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 esencia, una respuesta social que se funda en la exaltación emocio- nal asociada a “la expansión de un sentimiento” moral que se vincula con la “libertad cerril y exuberan- te; un impulso de combatividad mal refrenado”. 3 Tenemos noticia de que para 1959, fecha en que apareció Re- beldes primitivos, Hobsbawm con- sultó el estudio de López Albujar para enriquecer su análisis sobre lo que identificó como “formas ar- caicas de agitación en sociedades precapitalistas”, 4 según lo refiere en tres ocasiones entre las notas al pie de página. El análisis de Hobs- bawm encuentra que el problema de quien se trueca bandolero, resi- de en la imposibilidad de los sec- tores campesinos de saber “cómo adaptarse a la vida y luchas de la sociedad moderna”, 5 pues el “ad- venimiento de la economía mo- derna, venga o no acompañada de la inversión extranjera, puede, y probablemente lo hará, que- brantar el equilibro de la sociedad 3 Enrique López Albújar, Los caballeros del delito, 2ª ed., Lima, Juan Mejía Baca, 1973, p. 53. 4 Hobsbawm, Rebeldes primitivos. Es- tudio sobre las formas arcaicas de los movimientos sociales en los siglos XIX y XX, Joaquín Romero Maura (trad.), Barcelona, Crítica, 2010 (Biblioteca de Bolsillo), pp. 11-26. 5 Ibid, p. 14. cognaticia”. 6 En un artículo del 2003, intitulado “Bandidos socia- les”, Fabio Erreguera señaló que la contribución hecha por Hobs- bawm a los estudios historiográfi- cos en torno a problemas sociales, formula una “teoría del bandole- rismo” que corresponde con las formas de rebeldía rural frente al desarrollo de formas de organiza- ción social propias de una econo- mía capitalista. 7 En el mismo tenor, Hobsbawm presentó sus consideraciones so- bre el bandolerismo de manera más acuciosa en un segundo estu- dio pormenorizado que publicó en 1976 con el título de Bandidos; ori- ginalmente, el texto fue segmen- tado en nueve capítulos donde el historiador británico examinó los rasgos del bandolerismo asocia- dos a la resistencia social que han hecho de éste una forma de resis- tencia campesina que se presenta de forma inminente “entre aque- llas sociedades que se hallan entre la fase de la organización tribal y familiar y la sociedad capitalista e industrial moderna [que incluye] aquí las fases de desintegración de la sociedad familiar y la tran- 6 Ibid, p. 15. 7 Fabio Erreguera, “Bandidos sociales. Juan Bautista Vairoleto: mito y resis- tencia cultural”, en Revista Confluencia, Mendoza, invierno 2003, núm. 1, p. 4.
328 La Cuestión Social Año 27, n. 4 sición al capitalismo agrario”. 8 Al esquema conceptual que postu- la una resistencia social de las co- munidades rurales frente a los procesos de transformación capi- talista, Hobsbawm añade de ma- nera velada un segundo esquema conceptual que postula el factor de la rebeldía como una forma consecuente del agravio que las comunidades rurales perciben, ya no sólo por el paulatino trastro- camiento de sus formas tradiciona- les de organización social, sino por la interacción con las dinámicas de una economía capitalista proclive a los actos de injusticia, persecu- ción, despojo y expolio que ha- brían de propiciar el surgimiento de bandoleros como “guardianes de los campos” que “cuando se en- frentan con algún acto de injusti- cia o de persecución, no claudican dócilmente ante la fuerza o la su- perioridad social, sino que eligen el camino de la resistencia y de la proscripción”. 9 Los estudios historiográficos en América Latina no tardaron en dar seguimiento a la propuesta que Hobsbawm desarrolló desde Rebeldes primitivos. Hacia 1968, la socióloga brasileña María Isau- ra Pereira de Queiroz publicó Os Cangaceiros: les bandits d’honneur 8 Hobsbawm, Bandidos, p. 34. 9 Ibid, p. 51. brésiliens, un estudio sociológico detenido donde la autora reviró las tesis de Hobsbawm al señalar que el fenómeno del bandoleris- mo responde a las precariedades individuales de un campesino que, en principio, poca relación pue- de tener con la pretensión de en- mendar los agravios hacia otros miembros de su estrato social. 10 El estudio sociológico considera que los brotes de bandolerismo, por lo que toca a la experiencia socioeco- nómica brasileña del siglo XIX, son el resultado de una profunda crisis del modelo latifundista que había regido la economía brasileña, en extenso dependiente de una pro- ducción agraria pre-industrial. 11 10 María Isaura Pereira de Queiroz, Os Cangaceiros: les bandits d’honneur bré- siliens, París, Juillard, 1968, 222 pp. 11 En fechas más recientes, los historia- dores Hugo Chumbita y Fabio Erre- guerena han emprendido estudios sociales sobre el bandolerismo argenti- no a partir de las consideraciones que Hobsbawm propuso en un principio, a las que le han objetado observaciones particulares sin formular una ruptura teórica estructural en torno a las pro- puestas historiográficas del historiador británico. Entre sus estudios, sobresa- len las descripciones sobre Juan Cuello y Juan Bautista Vairoleto, apelado por algunos como “el Robin Hood de las Pampas”. Véase, Hugo Chumbita, “Juan Cuello y sus biógrafos”, en Todo es histo- ria, mayo de 2000, núm. 394, pp. 28-36; y Erreguerena, “Bandidos sociales. Juan Bautista Vairoleto: mito y resistencia cultural”, en op. cit., pp. 1-19.
329 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 Las flaquezas explicativas del es- quema propuesto por Hobsbawm en torno al bandolerismo, comien- zan a surgir al tratar de estudiar algunos casos específicos de ban- didaje a la luz de sus consideracio- nes. Si bien es frecuente encontrar experiencias descritas como casos de bandidaje cuyas prácticas y ras- gos asemejan de forma estrecha con las formas de resistencia pro- pias del bandolerismo social, tam- bién es cierto que las condiciones fácticas singulares suelen ofrecer elementos suficientes para dudar de si un caso específico pueda tra- tarse o no de bandolerismo social. Los casos de quienes dedicaron el tiempo de bandidaje al asalto de caminos son una experiencia sustancial que puede contribuir a comprender mejor el problema teórico que nos hemos planteado sobre las flaquezas explicativas del esquema historiográfico for- mulado por Hobsbawm. Ha sido el historiador Pat O’Malley quien, entre las descripciones del bandi- daje en la Australia industrial de finales del siglo XIX, encontró la de Ned Kelly, un salteador de caminos cuyas prácticas, si bien se aseme- jaron a las de un bandolero social, los espacios en que las desarrolló no corresponden a las precarieda- des del entorno rural en que los campesinos agraviados plantaron mediante el bandolerismo una fé- rrea resistencia a la incorporación de formas de vida de las socieda- des industriales. 12 El caso de Ned Kelly es espe- cial a causa de que sus actos de rebeldía social se desarrollaron entre las dinámicas del capitalis- mo agrario australiano, ya cons- tituido sobre las herramientas de la producción industrial financia- das, por demás, mediante redes de inversión del capital banca- rio anglosajón de finales del siglo XIX. O’Malley, y posteriormente Hobsbawm, encontraron con su- tileza que Ned Kelly y sus ban- doleros “no eran salteadores de caminos, en absoluto, sino que se concentraban en los atracos a los bancos. Los hermanos James eran notorios especialistas en bancos y ferrocarriles”; 13 sin embargo, nin- gún estudio ha logrado explicar de manera satisfactoria por qué, a instancias del desarrollo indus- trial que hayan alcanzado los me- dios de producción agrícola, los bancos pasaron a convertirse en el primer blanco de ataque del ban- dolerismo que, de origen, parecía tratarse únicamente de un fenó- 12 Pat O’Malley, “Social bandits, modern capitalism and the traditional peas- antry: a critique of Eric Hobsbawm”, en Journal of Peasant Studies, Austra- lian National University, 6/7, 1979, pp. 489-199. 13 Hobsbawm, op. cit., p. 199.
330 La Cuestión Social Año 27, n. 4 meno de resistencia rural que se daba “en las sociedades basadas en la agricultura (economía pas- toril inclusive) y que se componen fundamentalmente de campesinos y trabajadores sin tierra oprimi- dos y explotados”. 14 Para resolver esta inquietud conceptual, la his- toriografía, o bien ha desistido al reto de atenderla entre sus expli- caciones, o bien se ha conformado, entre líneas, con la respuesta que el propio Hobsbawm formuló al señalar que “hasta este punto, el período que convierte institucio- nes como los bancos en la quin- taesencia del malhechor público y hace del atraco a los bancos la forma más fácil de comprender el robo a los ricos señala la adap- tación del bandolerismo social al capitalismo”. 15 La respuesta de Hobsbawm es satisfactoria sólo si concedemos, dentro de la lógica de las mismas proposiciones que plantea el histo- riador británico, que ninguna de las objeciones particulares basa- das en los casos de excepción del bandolerismo, como sucede con Ned Kelly, suponen una altera- ción significativa “al hecho de que en una sociedad plenamente capi- talista” pueden surgir por igual “las condiciones [que hagan] persistir 14 Ibid, p. 35. 15 Ibid, p. 199. o resurgir el bandolerismo social del modelo antiguo…”, condiciones asociadas con “el debilitamien- to o incluso la desintegración del poder del estado moderno”. 16 La precarización de las oportunida- des de subsistencia en un entorno rural que ha sido marginado por los avances industriales, no resul- ta ser una explicación integral, si- no una conducta social patológica que se cultivó durante numerosos años de marginación en los que las instituciones del Estado no es- taban pensadas para responder a las exigencias populares, sino en construir por la vía del derecho las condiciones sociológicas favo- rables a propiedad privada, pen- sada aún por amplias facciones del liberalismo decimonónico como un derecho natural. 17 Sólo en este 16 Ibid, p. 197. 17 Para un estudio acucioso sobre el li- beralismo de los siglos XVIII y XIX co- mo pensamiento político, y su relación con la noción de propiedad individual privada, véase: Harold Joseph Laski, El liberalismo europeo, Victoriano Mi- guélez (trad.), México, Fondo de Cultu- ra Económica, 2014 (Breviarios, 81), 248 pp.; Norberto Bobbio, Liberalismo y democracia, José Fernández Santillán (trad.), México, Fondo de Cultura Eco- nómica, 2014 (Breviarios, 476), 115 pp.; Immanuel Wallerstein, El moderno sistema mundial 4. El liberalismo cen- trista triunfante, 1789-1914, Victoria Schussheim (trad.), México, Siglo XXI, 2014 (Historia), 497 pp.; sobre la teo- ría política asociada a la filosofía del derecho, no puede soslayarse la lectura que el teórico neokantiano John Rawls
331 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 caso, durante las décadas cuarta, quinta, sexta y séptima del siglo XIX asistiríamos al debilitamiento señalado por Hobsbawm de la re- gulación pública del Estado, ante la paulatina consolidación de mer- cados basados en el libre-cambio en “la era del capital”. 18 formuló en torno al liberalismo político posterior al siglo XVIII, en: John Rawls, El liberalismo político, Sergio René Madero Báez (trad.), México, Fondo de Cultura Económica/Universidad Nacio- nal Autónoma de México, 2006 (Política y derecho), 359 pp. Para el estudio del liberalismo en la práctica política mexi- cana del siglo XIX, me remito a: Silvestre Villegas Revueltas, El liberalismo mo- derado en México, 1852-1864, México, Universidad Nacional Autónoma de México: Instituto de Investigaciones Históricas, 2015 (Serie historia mo- derna y contemporánea, 26), 321 pp.; los capítulos relativos al liberalismo en tiempos de la Guerra de Reforma, en Patricia Galeana, Las relaciones Estado- Iglesia durante el Segundo Imperio, 2ª ed., México, Siglo XXI/Universidad Na- cional Autónoma de México: Institu- to de Investigaciones Históricas, 2015 (Historia), 298 pp.; Charles A. Hale, El li- beralismo mexicano en la época de Mora, 2ª ed., Sergio Fernández Bravo y Fran- cisco González Arámburu (trad.), Mé- xico, Siglo XXI, 2012 (Historia), 347 pp. 18 Para una lectura mucho más detenida del período que atestiguó la consolida- ción del librecambismo como modelo hegemónico en los mercados capitalis- tas, véase: Eric Hobsbawm, La era del capital, 1848-1875, Ángel García Fluixà y Carlo Caranci (trad.), Barcelona, Crí- tica, 2016 (Libros de historia), 358 pp.; Immanuel Wallerstein, El moderno sistema mundial 3. La segunda era de gran expansión de la economía mundo capitalista, 1730-1850, Victoria Schus- Los estudios historiográficos de- ben considerar, en este sentido, la importancia de periodizar con su- tileza las etapas sucesivas del desa- rrollo económico del capitalismo para identificar con precisión las formas de reacción sociológica que las sociedades impactadas pu- dieron adoptar al atravesar invo- luntariamente por un proceso de transición hacia la incorporación de modelos de producción, tráfico y cambio propios de un capitalis- mo que durante el siglo XIX estu- vo en continua transformación. La precisión para identificar ciclos de desarrollo económico se trueca indispensable para el estudio del bandolerismo social en la medi- da en que, según el propio Hobs- bawm, su importancia abreva del hecho de que se trata de una resis- tencia prepolítica indisociable de la consolidación de una economía capitalista. El problema no está en cómo ha sido planteado el es- quema del bandolerismo, sino en cómo se ha propuesto la relación bidireccional con respecto al fenó- sheim (trad.), México, Siglo XXI, 2016 (Historia), 528 pp.; para el desarrollo del librecambismo en las economías de América Latina, me remito a Tulio Halperín Donghi, “América Latina in- dependiente: economía y sociedad”, en T. Halperín Donghi, W. Glade, R. Thorp, et. al., Historia económica de América Latina. Desde la independencia hasta nuestros días, Ángeles Solá (trad.), Bar- celona, Crítica, 2002, pp. 9-47.
332 La Cuestión Social Año 27, n. 4 meno hacia el cual le plantea una resistencia: a saber, la transición hacia algún modelo determinado del sistema capitalista. Lo cierto es que las deficiencias teóricas surgen tras el uso excesi- vo de un aparato conceptual que no se ciñe sobre nociones precisas mientras mantiene la pretensión de designar un período de desa- rrollo socioeconómico tan exten- so como lo es la modernidad, pues desde el Robin Hood de los bos- ques ingleses hasta el australiano Ned Kelly, asaltante de los bancos anglosajones, han transcurrido cerca de 600 años en los que el capitalismo fue transitando desde las prácticas manufactureras inci- pientes, hasta desarrollar redes mercantiles bien afianzadas en- tre los mercados restringidos por el proteccionismo de los gremios, para terminar finalmente trans- formándose en el siglo XIX de manera errática en un librecam- bismo que devino en la ineludible acumulación del capital proclive a la conformación de los monopo- lios transnacionales. Frente a la complejidad apenas insinuada, el uso de los conceptos ‘pre-político’ y ‘pre-capitalista’ son lo suficien- temente ambiguos para explicar el fenómeno del bandolerismo social en su cabalidad, sin que puedan objetarse contradicciones como las que en un pasado objetaron Pereira Queiroz sobre el bando- lerismo brasileño o Pat O’Malley al examinar el caso de Ned Kelly en Australia. El historiador —en la misma medida que el antropólogo y el so- ciólogo— no debe perder de vista que al pensar en bandolerismo so- cial, estamos aludiendo a ciertas prácticas de resistencia hostil que responden a distintos tipos de re- acción sociológica ante el cambio inminente de las formas tradicio- nales de interacción política de una comunidad, en esencia, rural. Señalar que las instituciones cre- diticias, como los bancos, pasaron a convertirse a finales del siglo XIX en “la quintaesencia del malhe- chor” contra quien atizó sus asal- tos, alude a una transformación entre las prácticas de resistencia canalizadas mediante el bandole- rismo, pero no explica las razo- nes del cambio, ni menos cómo es que el bandolerismo continúa siendo una forma de resistencia pre-capitalista, si ha transitado ya a un espacio de tecnificación agraria que está cada vez más le- jos de parecerse al arcano mundo rural de las organizaciones comu- nales y tribales. El argumento de la paulatina “adaptación del ban- dolerismo social al cambio” que Hobsbawm apenas insinuó, no tiene menor fundamento en tan- to que líneas más adelante fue él
333 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 mismo quien aseguró que “es casi seguro que [al adaptarse política y socialmente] dejará de ser bando- lerismo social”. 19 La esencia del bandolerismo social radica en la protesta y resis- tencia; sin ellas, dejaría de serlo. Se afirmaba que “la mejor pre- sentación es siempre un epitafio”. El epitafio de quien se ha alzado contra los agravios, a instancias de que no podrá detenerlos, es el que lleva inscrito: “aquí yacen los restos de una utopía”. El ban- dolerismo que es social nunca se adaptaría, al hacerlo dejaría de ser social para ser mero bandi- daje a sueldo de las transforma- ciones contra las que antes había resistido. Tampoco pueden ases- tarse triunfos políticos ni ser re- formista ni revolucionario, porque no plantea la subversión al ad- venimiento de los cambios, sino sólo la resistencia. 20 En estos tér- 19 Hobsbawm, op. cit., p. 40. 20 Reconozco la discusión historiográfi- ca que ha formulado arduos debates en torno al carácter y formas de rebeldía primitiva que plantea el bandolerismo social. Algunos, como Óscar Bascuñán y Jesús Carlos Urda han planteado que la rebeldía del bandolero social es una for- ma de subversión. Por lo que a este es- tudio toca, me contento con señalar que no se trata de un fenómeno de subver- sión, reforma ni revolución en tanto que el bandolerismo no tiene fijo un progra- ma político, alternativa o conciencia subversiva contra el orden de transfor- maciones frente a las que se ha rebela- minos, Hobsbawm señaló: No hay futuro para ellos. Tan sólo perduran los ideales por los que lucharon, y por los que hombres y mujeres compusie- ron coplas acerca de ellos, las cuales siguen manteniendo vi- va, en torno de la chimenea ho- gareña, la visión de la sociedad justa, cuyos defensores son va- lientes y nobles cual águilas, veloces como corzos, los hi- jos de las montañas y de los bosques frondosos. 21 Lo único que permanece es el agravio a la dignidad, junto las emociones de quienes son sensi- bles ante la ignominia para decidir no tolerar más las transformacio- nes que han trastocado los espa- cios donde ni siquiera el Estado es capaz de hacer presencia. do; sin embargo, la discusión en torno a los alcances y dimensiones de la rebel- día social en el bandolerismo es un pro- blema que deberá ser atendido con más detenimiento en otro trabajo en virtud de su complejidad. Véase: Óscar Bascu- ñán Añover y Jesús-Carlos Urda Lozano, “El lugar del bandolero en el conflicto rural. Una aproximación historiográ- fica desde la obra de Eric Hobsbawm”, en Vínculos de historia, Universidad Complutense de Madrid/Universidad de Castilla-La Mancha, núm. 5, 2016, pp. 15-26. 21 Hobsbawm, Rebeldes primitivos, p. 50.
334 La Cuestión Social Año 27, n. 4 El bandolerismo social como experiencia sociohistórica del agravio moral En las páginas anteriores, he planteado algunas consideracio- nes en torno a los elementos que la investigación en historia social no debe soslayar al detenerse a inda- gar sobre un fenómeno de rebeldía social, como lo es el bandolerismo. En esta misma línea, he señalado que a los estudios historiográficos, de la misma forma que a los socio- lógicos y antropológicos, no les es posible plantear al bandolerismo de ninguna manera que omita la resistencia hostil como una forma de reacción sociológica que abre- va de las experiencias de enarde- cimiento individual en torno a la injusticia, al tiempo en que surge por el sentimiento de agravio ha- cia formaciones sociales de mora- lidad constituida entre distintos tipos de comunidad y asociación política cuyos espacios, rurales o urbanos, son los sitios en donde se extiende la vida de los hombres. Nos ha quedado clara también la manera en que el bandidaje adquiere su justa dimensión de rebeldía social a manera de ban- dolerismo, cuando comienza a perturbar los mecanismos me- diante los que opera el orden de transformaciones sociológicas en el espacio rural frente a las cuales plantea cierta resistencia campe- sina. El propósito, ahora, estriba en identificar las condiciones so- ciohistóricas que hacen posible gestar distintas formas de resis- tencia campesina que terminan por confluir en la forma del ban- dolerismo. Podemos identificar cómo la rebeldía que se manifies- ta a manera de resistencia social en el bandolerismo responde a un primer incentivo ético al que podemos llamar ‘agravio moral’, cuyas reacciones pueden suscitar, en mayor o menor intensidad, una respuesta hostil concreta contra los agraviantes por parte de quie- nes han desistido a permanecer pasivos ante las faltas, abusos y excesos perpetrados contra cierto tipo de dignidad que se ha consti- tuido de manera consuetudinaria entre las comunidades que habi- tan fuera de los espacios urbanos en donde las legislaciones oficio- sas del Estado no llegan a hacer presencia alguna. La resistencia social que encuen- tra sus ánimos en resarcir las fal- tas causadas por el agravio, no se despliega de manera sistemática entre mecanismos o principios sociológicos. Si bien es posible identificar un patrón de rasgos y conductas como las que Hobs- bawm ha esquematizado con pre- cisión, también es cierto que la resistencia que plantea el bando-
335 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 lerismo se despliega entre la inte- racción de quien ejerce la rebeldía, frente a ciertas formas sutiles de hostilidad que perturben con ma- yor eficacia el orden de condicio- nes sociológicas que se imponen en una inminente transición. De esta manera, podemos anticipar que la conducta del bandolero social nos habla más bien de una destreza singular acumulada so- bre formas de experiencia social de resistencia que dan cuentas, a manera de reacción, de las condi- ciones agraviantes que tratan de imponérsele en el espacio en que habita, y no solamente ya de las propias condiciones rurales en que había vivido él y sobre las que se habían articulado las prácticas de su comunidad. Para el estudio del bandoleris- mo social como una forma par- ticular de rebeldía animada por el agravio moral, tomaré como pun- to de partida las consideraciones en torno al agravio desarrolladas por Barrington Moor Jr. en un ex- tenso estudio intitulado La injusti- cia: bases sociales de la obediencia y la rebelión, 22 donde se detiene 22 Barrington Moore Jr., La injusticia: ba- ses sociales de la obediencia y la rebe- lión, Sara Sefchovich (trad.), México, Universidad Nacional Autónoma de México: Instituto de Investigaciones Sociales, 1996 (Colección de pensa- miento social), 481 pp. a reflexionar e investigar desde perspectivas historiográficas, an- tropológicas y sociológicas las razones más estrechas del com- portamiento social asociadas a los sentimientos de injusticia y agra- vio que incitan al enardecimiento, rebeldía y otras formas de resis- tencia. Para analizar el bandoleris- mo como una forma de conducta rebelde cuyos matices constantes se deben a la experiencia emana- da de la interacción hostil ante el agraviante moral, me remito a las reflexiones que Martin Heide- gger agrupó entre sus lecciones de 1923 sobre la ontología como una hermenéutica de la facticidad. 23 Por extraño que parezca, incluso en las formas de organización so- cial más primitivas que tuvieron rastros de una noción incipiente de propiedad, dan cuentas de una distribución de la riqueza desigual a partir de la cual pasa a confor- marse una estratificación social con base en el valor de los bienes sujetos a la propiedad, sea priva- da o comunal. En ese sentido, los espacios rurales no son ajenos a la disposición de formas de mo- ralidad singulares a sí mismas, de una sensibilidad social cuyos fun- damentos y reglas enteramente 23 Martin Heidegger, Ontología. Herme- néutica de la facticidad, 2ª ed., Jaime Aspiunza (trad.), Madrid, Alianza, 2017, 154 pp.
336 La Cuestión Social Año 27, n. 4 consuetudinarias dan cuentas de la experiencia gestada con el paso del tiempo en los individuos que interactúan entre las dinámicas de distintos estratos sociales. El agravio, en este orden, res- ponde a una forma peculiar de sensibilidad social que encuentra reprobable alguna conducta que quebranta, menoscaba u ofende la dignidad de una noción social de justicia cuyo valor es ente- ramente consuetudinario, pues responde a las experiencias so- ciohistóricas de quienes integran la comunidad que ha sido agra- viada por afrentas. Es importante considerar, siguiendo a Barring- ton Moore Jr., que “sin reglas que gobiernen la conducta social no podría haber sentimientos como el agravio moral o el de la injus- ticia”, pues es así como “las reglas sociales y su violación son compo- nentes fundamentales del agravio moral y del sentimiento de injus- ticia. En su sentido más esencial, es coraje hacia la injusticia lo que uno siente cuando otra persona viola una regla social”. 24 Las observaciones de Barrington Moore nos invitan a reconsiderar algunas nociones indispensables para el análisis de la rebeldía so- cial. El agravio moral, en efec- 24 Ibid, p. 18. to, surge como una reacción de “los sentimientos que perciben la violación de ciertas reglas que gobiernan la conducta”; sin em- bargo, el fenómeno del agravio nos remite a los sentimientos de enardecimiento hacia la fractura de algo más que simples reglas sociales. Siguiendo a Moore, si concedemos que el agravio surge “como respuesta al daño”, debe- ríamos comenzar por identificar que existe un vínculo estrecho entre el agravio y sus consecuen- tes formas de reacción social, con la moralidad que ha sido objeto del agravio. 25 Para que haya un camino fér- til que haga posible agravio, debe haber antes una sensibilidad éti- ca que considere agraviantes los perjuicios causados contra ciertos fundamentos sociológicos sobre los cuales han de articularse “las reglas sociales” que Moore des- cribía, y que, en su conjunto, son los que rigen el comportamiento entre los individuos de una co- munidad. El conjunto de aquellos fundamentos no son otra cosa que la moralidad que rige la com- prensión del mundo de una comu- nidad. En concreto, al bosquejar algún tipo de agravio entre las comunidades campesinas, Hobs- bawm señaló que: 25 Ibid, p. 19.
337 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 La mayoría de la gente del campo desde la invención de la agricultura, la metalurgia, las ciudades y la escritura —la burocracia— ha vivido en sociedades en las cuales se ve a sí misma como grupo colec- tivo aparte e inferior al grupo de los ricos y de los podero- sos, aunque con frecuencia los individuos que la forman de- penden uno u otro de ellos. El resentimiento está implícito en esta relación. 26 Hemos señalado que para las comunidades campesinas, el or- den de transición sociológica que implica la incorporación de sus espacios a las dinámicas producti- vas de una sociedad capitalista in- dustrial y financiera cercana a los desarrollos técnicos del siglo XIX, aparece como un trastrocamiento agraviante contra las formas de organización social tradicional, en particular aquellas formacio- nes de carácter laboral que regían las prácticas primitivas asociadas al trabajo y la propiedad de la tie- rra. 27 Al señalar casos específicos, 26 Hobsbawm, Bandidos, p. 20. 27 Para un estudio detenido sobre los pro- cesos de transición de las formas primi- tivas o tribales de producción agraria hacia la producción industrial de un ca- pitalismo agrario de carácter financie- ro, y especulativo, recomiendo el texto de Eric Hobsbawm, “8. La Tierra”, en La era de la Revolución, 1789-1848, Felipe Ximénez de Sandoval (trad.), México, Booket, 2015 (Historia), pp. 153-172. como fue la experiencia agraria de México posterior a la Ley de desa- mortización de bienes corporativos de 1856, 28 encontramos que las pequeñas economías locales que practicaban desde los siglos no- vohispanos un cultivo extensivo de la tierra, al ser incorporadas al esquema de producción plantea- da por la política de desamortiza- ción de bienes, fue recurrente ver a los liberales apelar al eufemismo técnico llamado ‘amortización de tierras’ para propiciar la consoli- dación de un mercado agrario tec- no-industrial de libre competencia entre pequeños propietarios, que por la falta de regulaciones públi- cas en materia agraria, hacenda- ria, laboral y financiera, terminó por favorecer el acaparamiento de las tierras despojadas en las ma- nos de pocos financieros, hacen- dados e industriales acaudalados, nacionales e internacionales. 29 28 Para un estudio acucioso sobre los al- cances e impactos regionales que tuvo la dimensión agraria de la política libe- ral de desamortización de bienes corpo- rativos de 1856, en México, recomiendo la lectura de Antonio Escobar Ohmste- de, Romana Falcón y Martín Sánchez Rodríguez (coord.), La desamortización civil desde perspectivas plurales, Mé- xico, El Colegio de México: Centro de Estudios Históricos/El Colegio de Mi- choacán/Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, 2017, 551 pp. 29 Para un estudio sobre el liberalismo agrario y el capital en el México del si- glo XIX, recomiendo el texto de Thomas
338 La Cuestión Social Año 27, n. 4 El Estado liberal mexicano pro- curó materializarse sobre los fundamentos de un añejo mercan- tilismo anglosajón para los que el control social sólo es posible en los linderos de la continua libera- lización económica, de ahí que pa- ra muchos “el fin de la acción del Estado no es la vida buena, sino la consecución de la riqueza, la crea- ción por medios legislativos, de las condiciones que favorezcan la riqueza”. 30 Frente al control labo- ral en términos contractuales, sea público o privado, Hobsbawm se- ñala que “la economía campesina incluye una serie de empleos que quedan al margen de la rutina de trabajo corriente y de la esfera in- mediata de contrato social, tanto del que ejercen los gobernantes como del que se deriva de la opi- nión pública de los gobernados”. 31 Estas observaciones son perti- nentes no sin antes señalar que la incorporación de las prácticas Powell, El liberalismo y el campesina- do en el centro de México (1850-1876), Roberto Gómez Ciriza (trad.), México, Secretaría de Educación Pública, 1974, 191 pp.; asimismo, me remito al estu- dio de los vínculos entre el capital de inversión estadounidense en México y la política económica y hacendaria del liberalismo mexicano del siglo XIX, en John M. Hart, Imperio y revolución. Estadounidenses en México desde la Guerra Civil hasta finales del siglo XX, Enrique Mercado (trad.), México, Océa- no, 2010, 618 pp. 30 H.J. Laski, op. cit., p. 53. 31 Hobsbawm, op. cit., p. 50. laborales campesinas a las for- mas de trabajo relacionadas a una sociedad industrial, implica una jerarquía contractual bien estruc- turada a partir de elementos como la tasación del tiempo de trabajo, la propiedad privada de los me- dios de producción y la propiedad y distribución consecuente de la riqueza. Frente al orden de fundamentos liberales del capitalismo agrario, se contraponen las prácticas tri- bales del trabajo de las tierras. El agravio entre campesinos respon- de, en su carácter espiritual, no só- lo al despojo de las tierras para su explotación intensiva por parte de un propietario privado, sino a una colisión radical entre dos formas de conciencia del mundo comple- tamente distintas entre sí: una tribal y otra liberal. Entre las for- maciones sociales de carácter tri- bal, el valor de la tierra radica en un simbolismo sagrado, mágico o ancestral, cuya expresión material radica en la propiedad comunal, a diferencia del carácter mercan- til y utilitario que el liberalismo agrario atribuye sobre la tierra. El valor de la tierra para el capital, reside en tanto que es transforma- da en una mercancía de la cual es posible obtener una ganancia me- diante la renta o explotación de la misma. En estos términos, Karl Marx y Friedrich Engels analiza-
339 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 ron en el capítulo XXXVII del libro tercero de El Capital la transfor- mación de la tierra en mercancía: [Para el capital] la propie- dad de la tierra presupone el monopolio de ciertas perso- nas sobre determinadas por- ciones del planeta, sobre las cuales pueden disponer como esferas exclusivas de su arbi- trio privado, con exclusión de los demás. […] El uso de estas porciones depende por entero de condiciones económicas, independientes de la voluntad de aquellas personas. La pro- pia idea jurídica […] significa que el propietario de la tierra puede proceder con el suelo como cualquier propietario de mercancías […]; y esta idea só- lo ingresa en el mundo antiguo en la época de la disolución del orden social orgánico, ha- ciéndolo en el mundo moder- no sólo con el desarrollo de la producción capitalista. 32 En los límites de una compren- sión tribal del valor de la tierra, la propiedad privada de la misma no tiene cabida alguna, pues la tierra no aparece como un bien suscep- tible a su enajenación; sin embar- go, también es cierto que para el 32 Karl Marx y Friedrich Engels, El Capi- tal. Crítica de la economía política. Libro tercero. El proceso global de la produc- ción capitalista, 8 vols., León Mames y Pedro Scaron (ed.), México, Siglo XXI, 2009 (Biblioteca del Pensamiento So- cialista), vol. 8, pp. 793 y 794. liberalismo agrario, el valor de la tierra no reside en la propiedad de la misma, sino en las posibi- lidades de hacer de ella un medio de producción para la explota- ción en mercados que permitan la constante generación de rique- za en forma de capital monetizado. En este sentido, conviene remitir- nos a las observaciones que Marx apuntó en los Grundrisse al ana- lizar la transformación de la va- lorización de la tierra durante el decaimiento de las formas econó- micas precapitalistas: Está presente en el concepto del capital, en su génesis, el que surja del dinero y, por lo tan- to, del patrimonio que existe bajo la forma de dinero. Es- tá allí igualmente presente el que surja de la circulación. La formación del capital no pro- viene de la propiedad de la tierra (aquí puede surgir a lo más del arrendatario en tan- to éste es comerciante en pro- ductos agrícolas); tampoco de la corporación (aunque en este último punto hay una posibili- dad), sino del patrimonio mer- cantil y usurario”. 33 Las observaciones de Marx son un tanto más esclarecedoras, al ayudarnos a comprender que la 33 Marx, Formaciones económicas preca- pitalistas, 2ª ed., Eric Hobsbawm (ed.), Eugenia Huerta (trad.), México, Siglo XXI, 2015 (Biblioteca del Pensamiento Socialista), p. 106.
340 La Cuestión Social Año 27, n. 4 reacción hostil de los espacios ru- rales durante su incorporación a los mecanismos de producción in- dustrial, no responden en el fon- do a la imposición de las formas materiales de un capitalismo in- dustrial, sino a la configuración de mercados de especulación fi- nanciera vinculados a la valoriza- ción de la tierra como mercancía, cuyos usos y formas de propiedad pueden variar. Si concedemos que para el fenómeno del bandoleris- mo social el agravio moral es, en el fondo, una profunda reacción so- ciológica contra la conformación de sociedades cuya producción se articula sobre la especulación fi- nanciera, y no ya sólo mecanismos técnicos de industrialización, en- contraríamos una explicación mu- cho más satisfactoria hacia casos de reacción bandolera tan pecu- liar como la gestada en Australia con Ned Kelly, contra formaciones económicas complejas como las del capitalismo financiero. Barrington Moore, en las pri- meras líneas de su estudio al que nos hemos remitido, señaló que al preguntarnos por la resisten- cia y la rebeldía “se busca cono- cer las razones más profundas de su comportamiento”. Al analizar las formas de rebeldía, junto con las condiciones que le han hecho propicia, surge la pregunta sobre “cuáles son [las] ideas sobre la injusticia —y por lo tanto sobre la justicia— y de dónde vienen” para quien plantea la rebeldía. 34 Al hablar del bandolerismo so- cial como una forma de rebeldía primitiva planteada como resis- tencia campesina, podemos seña- lar que en un sentido amplio, el agravio que deviene de la colisión entre las formaciones sociológicas de conciencia moral, en consecu- ción con los abusos materiales y físicos, es el primer incentivo pa- ra que la rebeldía encuentre un camino fértil cuando se trata de espacios rurales. Los bandoleros sociales “son aquellos que, cuan- do se enfrentan con algún acto de injusticia o persecución, no clau- dican dócilmente ante la fuerza o la superioridad social, sino que eligen el camino de la resistencia y de la proscripción”. 35 Las tradiciones ancestrales, jun- to con las prácticas tribales, son las que dan cuenta de la experiencia histórica del campesino sobre el mundo; de ellas se conforma una moralidad que ordena los lazos sociológicos sobre los que se des- pliega el sentido de la vida entre cada comunidad. La moralidad, en esencia, no es otra cosa que una hermenéutica de la experien- 34 Barrington Moore Jr., op. cit., p. 9. 35 Hobsbawm, op. cit., p. 51.
341 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 cia del mundo que debe valorarse como una de las primeras faculta- des existenciarias que, mientras se nutre de la experiencia de vida, es la que hace posible cualquier tipo de comunicación y sociabilidad entre los hombres. Así, la morali- dad debe entenderse “no como un esquema, sino como una posibi- lidad de ser del momento […], es decir, transpone en el existir según su tendencia a la interpretación y preocupación”. Aquel concepto de moralidad es “el haber previo de la interpretación” del mundo. 36 Nociones como la de ‘justicia’ responden por costumbre a una conciencia moral que las comuni- dades rurales tienen del mundo, al tiempo en que ésta sólo puede ser operativa para ellas mismas en tanto que la moralidad surge como una facultad singular de significa- ción ontológica del mundo. Sobre esta consideración, Martin Heide- gger señaló en sus cursos sobre la facticidad, en 1923, que “el existir está sólo en sí mismo. Está, pero sólo en cuanto estar en marcha de sí mismo hacia el existir”. 37 La resistencia campesina, cuan- do se trata de una forma de rebeldía social frente a la integra- ción de formaciones sociológicas 36 Heidegger, op. cit., pp. 34 y 35. 37 Ibid, p. 35. ajenas a las comunidades rura- les, se presenta como una forma de experiencia sociohistórica cu- yas conductas nunca se atienen a esquemas mecánicos de com- portamiento, sino que la propia resistencia está en constante ac- tualización y es una inmediata reacción sociológica que sólo pue- de ser singular a sí misma en la medida en que da cuentas de los agravios infligidos por la inser- ción de dinámicas industriales y financieras sobre la producción agraria tradicional. La proposición de Heidegger, que señala cómo “el existir es- tá sólo en sí mismo”, reitera que al hablar de la resistencia social no hay posibilidad de adaptación alguna por parte del bandoleris- mo social a las transformacio- nes materiales y sociológicas, pues la resistencia social misma bro- ta de la colisión irresoluble entre dos formas de moralidad incom- patibles entre sí. La resistencia del bandolero sólo puede ser jus- ta para la moralidad campesina agraviada, mientras que para la moralidad de los propietarios, industriales y financieros, no puede ser otra cosa que me- ro bandidaje.
342 La Cuestión Social Año 27, n. 4 Bibliografía HEIDEGGER, Martin, Ontología. Hermenéutica de la facticidad, 2ª ed., Jaime Aspiunza (trad.), Madrid, Alianza, 2017, 154 pp. HOBSBAWM, Eric, Bandidos, María Dolors Folch y Joaquín Sempere (trad.), Barcelona, Crítica, 2001, (Libros de Histo- ria), 233 pp. ______, La era de la Revolución, 1789-1848, Felipe Ximénez de Sandoval (trad.), México, Booket, 2015, (Historia), 341 pp. ______, La era del capital, 1848- 1875, Ángel García Fluixà y Carlo Caranci (trad.), Barce- lona, Crítica, 2016, (Libros de Historia), 358 pp. ______, Rebeldes primitivos. Es- tudio sobre las formas arcaicas de los movimientos sociales en los siglos XIX y XX, Joaquín Ro- mero Maura (trad.), Barcelo- na, Crítica, 2010, (Biblioteca de Bolsillo), 368 pp. MOORE JR., Barrington, La in- justicia: bases sociales de la obediencia y la rebelión, Sara Sefchovich (trad.), México, Uni- versidad Nacional Autónoma de México: Instituto de Inves- tigaciones Sociales, 1996 (Co- lección de pensamiento social), 481 pp. Bibliografía complementaria BASCUÑÁN AÑOVER, Óscar y Jesús-Carlos Urda Lozano, “El lugar del bandolero en el con- flicto rural. Una aproximación historiográfica desde la obra de Eric Hobsbawm”, en Vínculos de Historia, Universidad Complu- tense de Madrid/Universidad de Castilla-La Mancha, núm. 5, 2016, pp. 15-26. BOBBIO, Norberto, Liberalismo y democracia, José Fernández Santillán (trad.), México, Fon- do de Cultura Económica, 2014 (Breviarios, 476), 115 pp. BRAUDEL, Fernand, El Medite- rráneo y el mundo mediterrá- neo en la época de Felipe II, 2ª ed., 2 vols., Mario Monteforte Toledo, Wenceslao Roces y Vi- cente Simón (trad.), México, Fondo de Cultura Económica, 1976 (Sección de Obras de His- toria), 1,792 pp. CHUMBITA, Hugo, “Juan Cuello y sus biógrafos”, en Todo es His- toria, mayo de 2000, núm. 394, pp. 28-36. ERREGUERENA, Fabio, “Ban- didos sociales. Juan Bautista Vairoleto: mito y resistencia cultural”, en Revista Confluen- cia, Mendoza, invierno 2003, núm. 1, 19 pp. ESCOBAR OHMSTEDE, Anto- nio, Romana Falcón y Martín
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345 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 Para leer a Francisco. Teología, ética y política 1 , la propuesta de Emilce Cuda Gerardo Cruz González* 1 Cuda, Emilce, Para leer a Francisco. Teo- logía, ética y política, Editorial Manan- tial, Buenos Aires, 2016. Para situar la radical importan- cia del tema del libro, hay que ir más allá de lo escrito en él, hasta la realidad misma. Para ello, em- piezo citando a Von Balthasar en su obra Gloria, una estética teoló- gica, que forma parte de la pro- puesta del teólogo suizo por completar la visión del verum y del bonum con el pulchrum. Ésta es una referencia que hace la propia Emilce Cuda: Hay épocas en que el hombre se siente degradado y humillado hasta tal punto ante la profana- ción y la negación de las formas, que diariamente se ve asaltado por la tentación de desesperar por la dignidad de la existencia y renegar de un mundo que re- chaza y destruye su propio ser imagen. El tener que encontrar, a partir de este vacío aterra- dor, la imagen que el Autor ori- ginario diseñó para nosotros, puede parecer una tarea casi inhumana. Quizá sólo sea po- sible realizarla de una mane- ra cristina… Textos como éste son útiles pa- ra entender propuestas y acciones —en este caso, la teología del Papa Francisco—, buscan exponer for- mas violentas de relacionarnos o des-relacionarnos como seres hu- manos. Al apenas abrir las redes sociales, leer periódicos… nos per- catamos de una realidad tan dura como indiferente: tres tiroteos en Estados Unidos con motivaciones racistas y supremacistas, un mi- grante centroamericano baleado en las inmediaciones de la casa pa- ra migrantes de Saltillo, niños se- parados de sus padres y familiares y enjaulados en Estados Unidos… Por ello, ese “quizá sólo sea po- sible realizarla de una manera cristiana” de Von Balthasar, en rea- lidad es la posibilidad de recobrar lo perdido en el origen del plan de Dios para la humanidad. Lo que nos presenta la Dra. Emilce Cuda en su texto Para leer a Francisco es una herramienta que se interesa en entender las ideas y acciones de un papa jesuita, latinoameri- cano, argentino, porteño, que ha conjugado en su pensar y hacer
346 La Cuestión Social Año 27, n. 4 teológico pastoral la tradición de la formación teológica dura, la académica de cuño eurocéntrico y la propia nacida como actualiza- ción de la constitución del Vatica- no II, Gaudium et spes, que recoge la riqueza de Medellín, hasta su consumación en Aparecida. Perdón por insistir, en este mo- mento de la historia, cuando esta- mos en una situación parecida a lo que genera la torpeza y el mal propios del hombre creado por los cabalistas, en El Gólem, que Bor- ges poetizó: Si (como afirma el griego en el Cratilo) el nombre es arquetipo de la cosa en las letras de ‘rosa’ está la rosa y todo el Nilo en la palabra ‘Nilo’. (…) Adán y las estrellas lo supieron en el Jardín. La herrumbre del pecado (dicen los cabalistas) lo ha borrado y las generaciones lo perdieron. Antes de hacer una invitación a leer el libro y describir su es- tructura, quiero advertir que su lectura requiere una precisión hermenéutica: cada término que se plasma, se asume desde una determinada esquina categorial. Cuando Cuda habla de ‘pueblo’, lo hace desde la tradición teológica latinoamericana, pero un tanto alejada de la teología de la libe- ración y circunscribiéndose a la teología del pueblo y, todavía más, bajo la aportación a la misma idea que hizo desde su postura post- marxista Ernesto Laclau. La nove- dad que propone en este punto la Dra. Emilce Cuda es el binomio pueblo-cultura, dando su lugar a la teología de la cultura o teología del pueblo. Otro ejemplo es el uso de la palabra ‘revolución’. También, cabe la pertinencia de pensar cada término desde un es- pecífico campo de significado, no desde el que cada lector le quie- ra dar. Así, cuando se refiere a la recategorización, respecto del término ‘pueblo’, nuestra autora reconoce que Lucio Gera, uno de los eminentes postuladores de la teología de la cultura, recoge una vieja disyuntiva: civilización o bar- barie; proposición de Domingo Faustino Sarmiento en su famoso Facundo. Gera, de lo que da bien cuenta Cuda, torna un giro: no se trata de elegir entre lo urbano y lo rural, alternativa sarmientina, sino que el teólogo hace énfasis y opción por el pueblo, para hablar de la sabiduría que descansa en el pueblo. Respecto de Emilce Cuda, lo que se valora en un primer momento es la múltiple adscripción en di- versas ciencias sociales. Ciencia política y teología son dos campos
347 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 de saber concretos que se comple- mentan en la obra de Emilce Cuda y que para el actual estudio de la teología, la interacción de las di- versas ciencias sociales es de vital importancia. Por ello, su campo académico y profesional se mue- ve entre democracia, populismo, trabajo, sindicalismo, estética y teología. Desde esos campos, la teología pastoral de Francisco —como nombra nuestra autora a la teolo- gía del Papa— puede ser leída sin dejar de considerar el entrecruce epistemológico que representa la fusión de horizontes del quehacer teológico del Papa. Para Cuda, la actual propuesta del Papa Francis- co en temas como ecología, demo- cracia, opción preferencia por los pobres, tienen un acercamiento multidisciplinario. Es importante señalar que el prólogo de este libro lo escribió el padre Juan Carlos Scannone, SJ, quien fue formador de Jorge Ma- rio Bergoglio y el más destacado teólogo impulsor de la teología del pueblo. Estructura y contenido La estructura del libro descansa en cuatro apartados: el primero propone la teología del Papa Fran- cisco como misionero, profeta que anuncia a conversión y denuncia la injusticia. Pero también es una llamada a reflexionar sobre una antropología —la de Francisco— que se apoya en la relacionalidad e importancia del otro. Por eso, la unidad es posible porque a par- tir de las diferencias se puede re- flejar en la humanidad lo que se vive en la Trinidad. En esa línea, Cuda propone la continuidad de lo asumido en el Vaticano II, en concreto en la constitución pasto- ral Gaudium et spes, en Medellín y toda la rica tradición del magiste- rio del CELAM. En Gaudium et spes se asumió metodológicamente la preocupación de leer los signos de los tiempos y por ahí sigue el pen- samiento teológico del Papa Fran- cisco. Ante ello, hay una premisa: la lectura de los tiempos ha de ser a posteriori de compartir la vida con el pueblo, poder oírlo, apren- der de su sapiencia. La teología del pueblo asume la idea de ‘pue- blo’ precisamente, pero también la de ‘pobres’. Precisamente, ese es el cometido del segundo capítulo: reconocer el devenir histórico de la teología del pueblo, la importancia de los teó- logos Rafael Tello, Lucio Gera y el propio Juan Carlos Scannone, a quien le dedica un apartado. Jus-
348 La Cuestión Social Año 27, n. 4 tamente a estas alturas, nuestra teóloga expresa un punto funda- mental en la teología del pueblo: la idea de pueblo-pobre-trabaja- dor. El pueblo, según nos ayuda a entender nuestra autora, no es un sujeto pasivo, no es una masa, no es objeto; sino sujeto capaz de articularse, actuar, pensar su rea- lidad bajo sus propias categorías. Cuda cita Civita Dei para rea- signar el papel fundamental de pueblo pobre; sin lugar a dudas, como propone san Agustín en la obra clásica de la filosofía política que representa la Ciudad de Dios, la critica que se hace a los sabios del mundo es que, precisamente, según la sabiduría bíblica, estos sa- bios tienen “pensamientos insus- tanciales”. Lo dicho en el Antiguo Testamento se confirma en la obra paulina y en la obra del obispo de Hipona, los elegidos para la reve- lación de la resurrección fueron unos pobres iletrados, quienes fueron portavoces de la propia re- surrección y a quienes incluso al- gunos filósofos les creyeron. El pueblo, para Francisco —se- gún reconoce Scannone—, en la teología del pueblo como tal, no es una masa, ni siquiera un grupo de personas, sino que le remite a dos significados: por un lado, con- junto de personas con una cultura común y, por el otro, la idea bíblica de Pueblo de Dios. Precisamente, la teología del pueblo concibe a és- te como pueblo-pobre-trabajador. Si ya se ha sentado la idea de ‘pueblo’, todavía muy general en mi comentario, pero muy profun- da en el texto de la Dra. Emilce Cuda, la idea ‘pobre’ también, des- de la línea de toda la teología lati- noamericana, la formulación de la idea pueblo-pobre-trabajador, da sentido a toda la teología pastoral de Francisco. Pero cabe hacer un comentario sobre las causas de la pobreza, preocupación fundamen- tal tanto en la teología del pueblo como en el discurso y pensamien- to profético del Papa Francisco, en especial en la línea teológica de Lucio Gera. Cuda afirma que dicho teólogo argentino, en la década de los años setenta, destacó el papel de la Iglesia para liberar económi- camente a los pobres de América Latina, lo que acarreó una nueva ola de sospechas sobre esos teólo- gos que vinculaban la teología con la política. En ese sentido, la libe- ración que postula esta teología es escatológica y económica; es de- cir, no se trata de dos liberaciones, sino de dos dimensiones de la mis- ma liberación. Respecto de la categoría ‘pobre’, que tiene mucho sentido desde
349 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 los anewin evangélicos, el análisis propuesto por la teóloga cuya obra nos ocupa es muy importante. Los pobres causan sospechas. ¿Có- mo pueden ellos tener sabiduría? ¿Cómo pueden revelar a Dios? ¿Cómo pueden ser sujetos activos de su propia historia? Son, los po- bres, la barbarie (Sarmiento); los que les falta algo para contar (Ra- nécire). Lo que no pueden contar son bienes, tierras, apellidos, tí- tulos nobiliarios o universitarios, tradiciones familiares. Pero para la teología de la liberación ese ile- trado, ese incómodo, ese nadie —como dice el poeta Eduardo Ga- leano— puede decir verdad. Se habla de ‘trabajador’, aunque el llamado ‘trabajador’ no tenga empleo, no pertenezca a la clase trabajadora, sea subempleado, su empleo sea cada vez más preca- rizado, no sea obrero o campesi- no, no tenga horario de trabajo y prestaciones laborales… es traba- jador porque tiene que arreglár- selas para subsistir, y eso quiere decir, en algunos casos, para re- solver qué medio comer en el día a día. No es clase trabajadora, pa- ra constituirse en ello falta que se organice y articule políticamente sus demandas. La tercera parte es una apro- ximación a la gran influencia de la teología pastoral del Papa Francisco: el teólogo jesuita Juan Carlos Scannone. El método que usa la autora es la analéctica, que a diferencia de la dialéctica —ya sea hegeliana o marxista— no tie- ne el camino de la negación de la negación, o la privación, sobre to- do en Hegel como la totalidad dia- léctica; sino que, la anadialéctica o analéctica, pasa de una prime- ra afirmación a la afirmación por eminencia, sin negar la negación de lo negativo. En el plano social, el rol analéctico de la resistencia cultural es la primera afirmación de identidad cultural, a pesar de la dependencia económica y política. El pueblo tiene un ethos histórico cultural y sabiduría teologal; el pueblo sabe la vida, sabe resistir la vida, habitar humanamente la vi- da, es el ethos encarnado. Analogía y analéctica son los métodos que propone teológicamente la autora. La última sección aborda direc- tamente el ministerio del Papa Francisco. Para la teóloga Emilce Cuda, la autorreferencialidad es un modelo, ya sea individualista libe- ral o socialista colectivista, tanto como el modelo comunional y par- ticipativo, ambos son paradigmas ético-culturales y ético-políticos que se contraponen y responden a una concepción propia del hom- bre y de Dios.
350 La Cuestión Social Año 27, n. 4 La pertinencia del texto radica en que, en estos tiempos donde las subjetividades hacen de las opi- niones el reino de la especulación, propone una hermenéutica de conceptos bien guardados y asu- midos. El rigor metodológico de esta obra le otorga sentido y co- herencia en el contexto de una Iglesia en salida y en la urgencia de regresar los ojos a la encíclica Lau- dato si’ para replantearnos el lugar que tenemos en el mundo. Si bien la hechura de la pastoral teológica del Papa Francisco es de cuño la- tinoamericano, esta propuesta de pensamiento social busca crear espacios de unidad sin negar ni excluir la diversidad. El libro cum- ple uno de sus cometidos: ser una fuerte interpelación a quien lo lea. *Académico investigador de IMDOSOC.
351 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 1. Puesto que “no hay dos cri- sis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y com- pleja crisis socio-ambiental”, 1 “un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la jus- ticia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres”. 2 La ecología integral siempre in- cluye al ser humano y su dimen- sión espiritual, considera que la profundidad de la crisis ecológica revela la gravedad de la crisis mo- ral del hombre (san Juan Pablo II) y no disocia “la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la so- ciedad y la paz interior”, 3 tal co- mo lo demostró san Francisco de 1 LS, 139. 2 LS, 49. 3 LS, 10. Discípulos misioneros custodios de la casa común Carta pastoral del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) Discernimiento a la luz de la encíclica Laudato si’ “Todo está conectado, y eso nos invita a madurar una espiritualidad de la solidaridad global que brota del mis- terio de la Trinidad” (LS, 240) Asís con sus opciones de vida. Si “los desiertos exteriores se multi- plican en el mundo [es] porque se han extendido los desiertos inte- riores” (Benedicto XVI). 2. De esta forma, se entiende que la ecología integral no es un capricho pasajero, moda super- ficial o desviación de la fe. Por el contrario, “vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo op- cional ni en un aspecto secunda- rio de la experiencia cristiana”. 4 “… lo que está en juego es nues- tra propia dignidad”. 5 Los asuntos ambientales no pueden tratarse de manera aisla- da, fragmentaria, accesoria, ni si- quiera complementaria. Se trata 4 LS, 217. 5 LS, 160.
352 La Cuestión Social Año 27, n. 4 de una mirada a la raíz de la exis- tencia humana y, por eso, se cues- tiona la orientación general de la vida, su sentido, sus valores en relación con las condiciones de la casa común y el ambiente que co- mo familia humana establecemos dentro del hogar que Dios en su inmensa bondad nos ha confiado. “No estamos hablando de una acti- tud opcional, sino de una cuestión básica de justicia, ya que la tierra que recibimos pertenece también a los que vendrán”. 6 Por tanto, asu- mir en serio el discipulado misio- nero del Evangelio implica asumir la responsabilidad de custodiar la creación, considerando que los seres humanos hacemos parte in- tegral de ella. 3. La expresión Laudato si’ signi- fica “Alabado seas”, “Loado seas” y fue pronunciada en la lengua de la región de Umbría (Italia) por san Francisco de Asís hace ocho siglos. Hace parte del Cántico de las crea- turas (también conocido como Cántico del Hermano Sol). Francis- co, superando un momento de su vida en el que experimenta una noche oscura y con grandes limita- ciones de salud en su vista, descu- bre que el Hermano Sol contiene una especial significación del Pa- dre Dios. 6 LS, 160. Contemplar el Sol le lleva a ex- perimentar la grandeza del Señor. Encuentra en los seres de la natu- raleza un camino para vivir la co- munión con Dios. Y así, le canta por la Hermana Luna y las estre- llas, la Hermana Agua, la Hermana Madre Tierra. Además, alaba al Se- ñor por la Hermana Muerte cor- poral, por quienes perdonan, los que sufren tribulación. Tal actitud contemplativa y de alabanza está a la base del discipulado misione- ro del evangelio de la vida. Cuidar la creación es una forma de alabar a Dios Creador. Es darle gracias por su maravillosa obra y la res- ponsabilidad que nos ha confiado. 4. La creación es un evangelio, una buena noticia de Dios para la humanidad. Podemos “leer con feliz admiración el misterio del universo” 7 en ejercicio de una su- blime capacidad de estrechar el vínculo de amor con la Trinidad Santa, que es fuente de toda vida. Dicha capacidad de asombro, el don de maravillarse ante la mag- nificencia de Dios que se revela, se comunica, se dona a través de sus creaturas, es un aspecto muy necesario para cultivar en la espi- ritualidad cristiana. Reverenciar a Dios. Darle gloria haciendo que el ser humano viva (san Ireneo de Lyon). 7 LS, 243
353 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 Darle gloria a Dios promoviendo al pobre para que viva plenamente (beato Óscar Arnulfo Romero). Re- conociendo que “entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que ‘gime y sufre dolores de parto’ (Rm 8,22). Estos gemidos de la creación nos interpelan, des- piertan una santa indignación, nos llevan también a rebelarnos contra la injusticia, a trabajar por la transformación social. Pues la contemplación de la realidad nos conmueve y nos lleva a reconocer la voz de Dios en el clamor de los excluidos de América y el mundo. ‘Entonces, si reconocemos esto, digámoslo sin miedo: necesitamos y queremos un cambio’”, afirmó el Papa en Bolivia ante los Movi- mientos Populares. 8 5. Para ello, la Iglesia —así como las otras organizaciones religio- sas— debe promover un diálogo “orientado al cuidado de la natu- raleza, a la defensa de los pobres, a la construcción de redes de res- peto y de fraternidad” 9 en el que participen también pobladores, diferentes movimientos ecologis- 8 Mensaje del Papa en el II Encuentro Mundial de los Movimientos Popula- res. Santa Cruz de la Sierra (Bolivia). 9 de julio 2015. http://w2.vatican.va/ content/francesco/es/speeches/2015/ july/documents/papa- francesco_2015 0709_bolivia-movimenti-popolari.html 9 LS, 201. tas, empresarios, gobernantes, medios de comunicación, centros de investigación, establecimien- tos académicos con un enfoque interdisciplinario, 10 que ponga en contacto “el lenguaje científico- técnico con el lenguaje popular” 11 en el que ciencia y religión, 12 fe y razón, 13 política y economía se en- cuentren para trabajar en pos de la plenitud humana. Por supuesto, “la Iglesia no pre- tende definir las cuestiones cien- tíficas ni sustituir a la política”, pero el debate debe ser “honesto y transparente, para que las necesi- dades particulares o las ideologías no afecten al bien común”. 14 6. En consecuencia, la crisis eco- lógica es un llamado a una pro- funda conversión interior. 15 Nada lograremos si el cambio de sis- temas económicos y modelos de producción no es el reflejo de un cambio de mentalidad, concien- cia, hábitos y corazón. La evange- lización auténtica se evidencia en una conversión ecológica. Tal conversión ecológica es- tá referida a la ecología integral. 10 LS, 195. 11 LS, 143. 12 LS, 62. 13 LS, 63. 14 LS, 188. 15 LS, 217.
354 La Cuestión Social Año 27, n. 4 Lo ecológico tiene que ver con el hogar. 16 Luego, la metanoia o conversión implica “volver a casa”, a la fami- lia de Dios, a reconocernos como parte de la creación. Olvidamos que nosotros mismos somos tie- rra (cf. Gn 2,7; LS, 2). Nuestro pro- pio cuerpo está constituido por los elementos del planeta: su aire es el que nos da aliento y su agua nos vivifica y restaura. 17 Implica tam- bién sentir misericordia por esta hermana que “clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella”, pues entre los pobres más abandonados y maltratados, es- tá nuestra oprimida y devastada Madre Tierra, que “gime y sufre dolores de parto” (cf. Rm 8,22). 7. El Papa Francisco nos invita a caminar cantando Laudato si’ sin perder el gozo de la esperanza. 18 Ese vivir gozosamente en el amor de Dios y en la esperanza, es per- cibir a cada criatura cantando el himno de la existencia. 19 Laudato si’, no lo cantamos sólo los seres humanos. Es un canto que ha de 16 Recordemos que la raíz de las palabras ‘ecología’, ‘economía’, ‘ecumenismo’ es el prefijo griego oikos, que signifi- ca ‘hogar’. 17 LS, 2. 18 LS, 244. 19 LS, 85. entonar toda la creación median- te los cuidados que le brindamos. Las creaturas cantan porque tie- nen un valor intrínseco, dan gloria a Dios con su existencia y comu- nican su propio mensaje, 20 ya que “así como cada organismo es bueno y admirable en sí mismo por ser una criatura de Dios, lo mismo ocurre con el conjunto ar- monioso de organismos en un es- pacio determinado, funcionando como un sistema”. 21 Todo está relacionado, y todos los seres humanos estamos juntos como hermanos y her- manas en una maravillosa pe- regrinación, entrelazados por el amor que Dios tiene a cada una de sus criaturas y que nos une también, con tierno cari- ño, al Hermano Sol, a la Her- mana Luna, al Hermano Río y a la Madre Tierra (LS, 92). 8. Para lograr que el coro de la creación entone el himno a su Creador, se requiere “una mira- da distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritua- lidad que conformen una resisten- cia ante el avance del paradigma tecnocrático”. 22 20 Cf. LS, 33. 21 LS, 140. 22 LS, 111.
355 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 Es la mirada de la ecología in- tegral que abarca cinco dimensio- nes: ambiental, económica, social, cultural y vida cotidiana, 23 en relación con el principio ético del bien común y la justicia entre ge- neraciones. Más allá de la abstrac- ción de los términos explicativos, la ecología integral es una expe- riencia humana, una vivencia de la misericordia que “requiere aper- tura hacia categorías que trascien- den el lenguaje de las matemáticas o de la biología y nos conectan con la esencia de lo humano” (LS, 11). 9. Nuestro llamado como pasto- res, para que juntos cuidemos nuestra casa común, parte de tes- timonios, datos y análisis recogi- dos por expertos, para luego, a la luz del Evangelio y de la doctrina social de la Iglesia —sobre todo en la perspectiva del Documento Con- clusivo de Aparecida (2007) y de la carta encíclica Laudato si’—, hacer una lectura de la realidad, proponiendo reflexiones y orien- taciones nuestras, así como va- rios compromisos concretos para nuestras comunidades por el bie- nestar de nuestros pueblos y de la tierra, comprendidos como crea- ción de Dios. Dado que la crisis ecológica tie- ne una raíz humana, y debe en- 23 LS, 137-162. tenderse desde una perspectiva compleja y sistémica, conside- ramos muy importante tener en cuenta las líneas de orientación y acción planteadas en el Capítulo V de Laudato si’, ya que el discerni- miento de los atentados contra la casa común requiere de diálogo y transparencia en los procesos decisionales sobre el ambiente, y en la formulación de nuevas polí- ticas internacionales, nacionales y locales. El desafío del extractivismo 10. En el período después de la Conferencia de Aparecida (2007) hasta hoy, el índice de conflictos por causa de proyectos que explo- tan los bienes del subsuelo, se ha venido incrementando en el conti- nente. Muchas comunidades ecle- siales experimentan confusión y perplejidad, llegando incluso a dividirse frente a la valoración de actividades mineras, petroleras, hidroeléctricas, agropecuarias, obras viales, infraestructuras tu- rísticas, entre otras. Esto es motivo de honda preocupación pastoral y amerita un acercamiento concien- zudo, ya que “como discípulos de Jesucristo, nos sentimos interpe- lados a discernir los ‘signos de los tiempos’, a la luz del Espíritu San- to, para ponernos al servicio del Reino, anunciado por Jesús, que vino para que todos tengan vida
356 La Cuestión Social Año 27, n. 4 y ‘para que la tengan en plenitud’ (Jn 10, 10)”. 24 Por eso, al abordar en esta ex- hortación pastoral los grandes desafíos que la ecología integral presenta a nuestro continente, nos detendremos particularmente a analizar el impacto de las activi- dades extractivas en nuestra casa común, especialmente aquellas re- feridas a la minería. 11. Por ‘extractivismo’ enten- demos una desaforada tendencia del sistema económico por con- vertir en capital los bienes de la naturaleza. La acción de extraer la mayor cantidad de materiales en el menor tiempo posible, para convertirlos en materias primas e insumos que la industria utilizará: se transformarán en productos y servicios que otros comercializa- rán, la sociedad consumirá y lue- go la misma naturaleza recibirá en forma de desechos contaminan- tes, es el circuito consumista que se está generando cada vez con mayor celeridad y riesgo. Lo grave de esta lógica de rela- cionamiento con la naturaleza es que los bienes se están agotando y nos acercamos vertiginosamente a los límites físicos de la Tierra. No es sostenible la pretensión de un 24 DA, 33. crecimiento infinito en un mun- do que es finito, se viene diciendo desde los años setenta del siglo XX. Tampoco lo es el hecho que en el afán de generar riquezas materia- les se sacrifiquen las condiciones de vida de pueblos enteros y se deterioren valiosos ecosistemas, como lo reitera el Papa en Laudato si’. El interés codicioso de explo- tar la Madre Tierra hasta la última gota lleva a transformar drástica- mente los paisajes, talando bos- ques, desviando ríos, trazando carreteras, destruyendo la capa vegetal y, en fin, generando una serie de impactos que merecen ser sometidos a evaluación desde el punto de vista ético y moral en diálogo con las ciencias. 12. Este acercamiento a la reali- dad conduce a reflexionar sobre el sentido del trabajo humano y, en general, a interrogarnos sobre el sentido de la existencia huma- na. 25 Tenemos el gran reto como humanidad de satisfacer nuestras necesidades sin agotar las posibi- lidades de vida para las próximas generaciones. La intención de cui- dar el jardín del mundo para que todos tengamos tierra, techo y tra- bajo, requiere de un esfuerzo de ingenio y creatividad, basado en la grandeza espiritual de una econo- mía de comunión. “El Creador no 25 LS, 160.
357 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 nos abandona, nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor, no se arrepiente de habernos crea- do 26 […] porque se ha unido defi- nitivamente a nuestra tierra, y su amor siempre nos lleva a encon- trar nuevos caminos”. 27 Fieles a la tradición teológica pastoral latinoamericana y cari- beña, desde una actitud de dis- cernimiento de los signos de los tiempos, convocatoria al diálogo honesto, plural y argumentado, y con la mirada de la ecología inte- gral, los obispos exhortamos a las comunidades católicas del conti- nente a ver y tocar la realidad, con- templando en ella el Evangelio de la creación y percibiendo la acción del Espíritu Santo en la historia humana para analizar, interpretar, discernir lo que conviene o no de las actividades extractivas en los territorios y, así, proponer, planifi- car, actuar para transformar nues- tro propio estilo de vida, incidir en las políticas minero-energéticas de Estados y Gobiernos, y en las políticas y estrategias de las em- presas dedicadas al extractivis- mo, con miras a alcanzar el bien común y un auténtico desarrollo humano, sostenible e integral. 28 26 LS, 13. 27 LS, 245. 28 LS, 18. 13. Desde esta perspectiva, una vez planteados estos principios generales de abordaje de la situa- ción, realzamos nuestra vocación y misión como pastores (Capítu- lo I), hacemos un recuento histó- rico de los hitos recorridos en el camino de la Iglesia de cara a las actividades extractivas (Capítu- lo II), entramos en detalles de la realidad que nos interpela (Ca- pítulo III), los leemos a la luz de la fe desde la DSI (Capítulo IV), proponemos líneas de acción pertinentes a nuestra identidad católica para fortalecer el com- promiso de cuidar la casa común (Capítulo V) y culminaremos con unas directrices para alcanzar una conversión ecológica integral. I. Nuestra palabra como pastores 14. Como pastores acompa- ñando a nuestros pueblos, no podemos ser indiferentes a sus angustias y sufrimientos, sus lu- chas y profundas esperanzas. Las acogemos en nuestro corazón. Por ello, prestamos atención a sus cla- mores en toda América Latina y el Caribe, y nos sentimos impulsa- dos por el Evangelio a pronunciar- nos ante esta situación dolorosa, conflictiva e interpelante. Com- partimos la convicción del Papa Francisco de que “nadie puede exi- girnos que releguemos la religión
358 La Cuestión Social Año 27, n. 4 a la intimidad secreta de las per- sonas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, […] sin opi- nar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos. […] Ama- mos este magnífico planeta donde Dios nos ha puesto, y amamos a la humanidad que lo habita. […] Si bien el orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política, la Iglesia no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia” (Evangelii gaudium, 183). Deseamos discernir los signos de nuestro tiempo, entre los cua- les está el avance acelerado y a gran escala de las actividades ex- tractivas y las industrias que de ella se derivan, causando múlti- ples impactos en las vidas y la sa- lud de las poblaciones próximas a los proyectos, en el ambiente y en toda nuestra región, prestando una especial atención a los biomas estratégicos para mantener la vida en el planeta. 15. Consideramos como un sig- no de nuestro tiempo la creciente conciencia en los creyentes de que su cometido dentro de la creación, así como sus deberes con la natu- raleza y el Creador, forman parte de su fe (LS, 64). El cuidado de la casa común no es ya una moda u opción que puede o no hacerse. Es parte imprescindible de nuestra condición de cristianos. Incluso, 500 años después de la Reforma protestante y cuestio- nados por las manifestaciones de fanatismo religioso, la casa común se vuelve para muchos lugar de encuentro: la mayor parte de los habitantes del planeta se decla- ran creyentes, y esto debería pro- vocar a las religiones a entrar en un diálogo entre ellas orientado al cuidado de la naturaleza, la defen- sa de los pobres, la construcción de redes de respeto y fraternidad (LS, 201). 16. La Iglesia católica valora la importancia histórica de las activi- dades extractivas en el proceso de la humanidad; es consciente del aporte de las empresas extracti- vas y el servicio que pueden brin- dar a la comunidad humana, a las economías y al progreso de todas las sociedades. 29 Es consciente de que, a través de los ingresos por regalías y diferentes tipos de im- puestos pagados por las empresas, el Estado podría financiar obras de infraestructura, así como de salud 29 Mensaje del Papa Francisco “Una jor- nada de reflexión. Unidos a Dios escu- chamos un grito”. Roma, 17-19 de julio de 2015. http://es.radiovaticana.va/ news/2015/07/17/ el_papa_escribe_a_ los_participantes_por_el_encuentro_ sobre_l/1159131
359 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 y educación públicas. Reconoce la responsabilidad de algunos acto- res (empresarios, funcionarios del Estado, profesionales ingenieros y técnicos) que se esfuerzan en ir más allá del cumplimiento de las normas legales para proteger la integridad física de trabajadores, poblaciones locales y pueblos in- dígenas, y para cuidar el ambiente. A la vez, incentivas prácticas res- ponsables que promueven el bien- estar de las personas con base en el derecho y las vías democráti- cas. Sin embargo, mantiene como prioridad el criterio evangélico de poner al ser humano por encima de cualquier fin económico, pues “el sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado” (Mc 2, 27). 17. Las evidencias concretas del trabajo mancomunado de sectores eclesiales con empresarios deben verse reflejadas en las condiciones de vida de los pobladores, la repa- ración justa y generosa de las víc- timas y la sustentabilidad de los ecosistemas afectados. Cualquier otra forma de relación falta a la ca- ridad y pone en riesgo la autono- mía que la Iglesia debe tener para ser autocrítica con sus estilos de vida y la capacidad de incidencia para “alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio los crite- rios de juicio, los valores determi- nantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad…”. 30 De ahí nuestro llamado a empre- sarios, inversionistas y gobernan- tes, para que revisen el alcance de las actividades económicas basa- das en el extractivismo, de modo que se priorice la sustentabilidad de la vida de los territorios y sus pobladores por encima de cual- quier otro interés financiero. Esto obliga a una reflexión profunda, pero también es un ejercicio que invita a la creatividad en búsque- da de la plenitud humana. Para tal efecto, es muy importante escu- char respetuosamente los relatos de quienes están afectados por los proyectos extractivistas, asu- mir asertivamente los datos de la ciencia y diseñar plataformas de diálogo transparente y honesto orientados al cuidado de la vida en nuestra casa común. 18. La misericordia nutre y da sentido a nuestro servicio pasto- ral. Nos preocupa la situación de los caídos al borde del camino. Nos sentimos llamados a compor- tarnos como el Buen Samaritano (Lc 10, 25-37). En este contexto, hacemos eco de las palabras del 30 EN, 19.
360 La Cuestión Social Año 27, n. 4 Sumo Pontífice: “Los pobres del mundo, que son los menos respon- sables de los cambios climáticos, son los más vulnerables y sufren ya los efectos… como subraya la ecología integral, los seres huma- nos están profundamente unidos unos a otros y a la creación en su totalidad. Cuando maltratamos la naturaleza, maltratamos también a los seres humanos. Al mismo tiempo, cada criatura tiene su pro- pio valor intrínseco que debe ser respetado. Escuchemos ‘tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres’ (ibíd., 49) y busque- mos comprender atentamente có- mo poder asegurar una respuesta adecuada y oportuna”. 31 II. Hitos en un camino recorrido 19. En América Latina y el Ca- ribe las actividades extractivis- tas han crecido mucho; abarcan, además de la minería y la explo- tación de los hidrocarburos, la pesca a escala industrial, la ex- plotación forestal y agrícola, así como la generación de energía 31 Mensaje del Santo Padre Francisco pa- ra la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación. 1 de septiem- bre de 2016. “Usemos misericordia con nuestra casa común”. http://w2.vatican. va/content/francesco/es/messages/ pont-messages/2016/documents/ papa-francesco_20160901_messaggio- giornata-cura-creato.html hidroeléctrica, fotovoltaica y eó- lica a gran escala. La mayoría de los países del continente han op- tado políticamente por promover la extracción de materiales de su subsuelo como el fundamento principal del crecimiento econó- mico. Por eso, no sorprende que en los últimos años, a nivel mun- dial, América Latina haya sido una de las regiones con más inversio- nes, sobre todo privadas, en las empresas del sector extractivista. 20. A lo largo de los últimos diez años hubo encuentros y simposios sobre la temática organizados por el Consejo Episcopal Latinoameri- cano (CELAM). Entre ellos, destaca el seminario internacional realiza- do en Lima en 2011, que concluyó con una declaración pública sobre “Industrias extractivas (minera e hidrocarburos), la problemática de los recursos naturales no reno- vables en América Latina y la Mi- sión de la Iglesia”. Dicho seminario se realizó en un momento en que los precios de los minerales y del petróleo eran muy altos en el mer- cado mundial y las inversiones en las empresas extractivas experi- mentaban un auge significativo. A la vez, aumentaron en for- ma alarmante los conflictos socio- ambientales, las denuncias por las graves violaciones de dere- chos humanos y las repercusiones
361 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 negativas de las actividades ex- tractivistas en la salud de las po- blaciones aledañas y de la tierra. Muchas conferencias episcopa- les nacionales como las de Boli- via, Brasil, 32 Colombia, Ecuador, Guatemala, Honduras y Panamá se pronunciaron al respecto. En 2012 hubo el número más alto de pronunciamientos en respuesta a estas situaciones graves. 21. El CELAM buscó también el diálogo con empresarios; por ello, patrocinó dos reuniones con em- presarios católicos de UNIAPAC: 33 En septiembre de 2012 se rea- lizó en Tegucigalpa (Honduras) el XI Simposio CELAM-UNIAPAC que tuvo como tema principal “La empresa, fuente de desarrollo y esperanza”. 34 Se reflexionó sobre el tema desde el pensamiento social cristiano y en la perspectiva de Aparecida, planteando la exigen- cia de “una empresa altamente productiva, plenamente humana y socialmente responsable”. 35 Dos años más tarde, en octubre de 32 En 2016, la Conferencia de los Obis- pos de Brasil creó un grupo de trabajo sobre minería, buscando asesores para los obispos y las iglesias locales a fin de acompañar las reivindicaciones de las comunidades afectadas. 33 Asociación Internacional Cristiana de Dirigentes de Empresas, de carácter no lucrativo creada en 1931 en Europa. 34 http://www.simposioempresarialhn. com/, visitado el 28-01-2017 35 Ibíd. 2014, tuvo lugar el XII Simpo- sio CELAM-UNIAPAC en Santia- go de los Caballeros (República Dominicana) sobre el tema “Res- ponsabilidad de los líderes em- presariales para la construcción de una sociedad más justa, en paz y fraterna”. Se reflexionó sobre el tema a la luz de la exhortación apostólica Evangelii gaudium y el documento del Pontificio Consejo Justicia y Paz “La vocación del lí- der empresarial. Una reflexión”. 36 22. En septiembre del mismo año, se fundó la Red Eclesial Pan- Amazónica (REPAM) como “orga- nismo de articulación y comunión que busca estrechar los lazos de colaboración, y pretende alcan- zar una visión común del traba- jo misionero y evangelizador en la región”. 37 La REPAM “se coloca al servicio de los pueblos de la Pan-Amazonía y busca luchar en defensa de sus sabidurías ancestrales, territo- rios y derecho a una participación efectiva en las decisiones que se hacen con respecto a su vida y so- bre su futuro”. 38 La fundación de la REPAM es un hito muy importante en el camino de la Iglesia latinoa- 36 El documento fue publicado en sep- tiembre de 2012. 37 Carta Fundacional de la REPAM de sep- tiembre de 2014. 38 Ibíd.
362 La Cuestión Social Año 27, n. 4 mericana, y ha tenido resonancias posteriores, tanto que hoy en día existe una red eclesial en la cuen- ca del río Congo en África (REBAC, por sus siglas en francés), otra en el Acuífero Guaraní (REICOSUR, Red de Ecología Integral del Cono Sur), otra en el Corredor Biológi- co Mesoamericano (REMAM, Red Eclesial Mesoamericana) y ya hay provincias eclesiásticas como la de Bogotá (Colombia) que han da- do pasos para una pastoral de con- junto en torno al agua. Esto se debe a que, en enero de 2016 durante el seminario “Iglesia en salida: pobre y para los pobres”, realizado en Bogotá, el Departa- mento de Justicia y Solidaridad (DEJUSOL) del CELAM y el Secre- tariado Latinoamericano y del Ca- ribe de Cáritas (SELACC), optaron por considerar a REPAM como modelo de acción evangelizadora en territorios específicos. En la perspectiva del Sínodo de la Amazonía que el Papa ha con- vocado para octubre de 2019, 39 la REPAM es un espacio trascenden- tal para el proceso evangelizador en el siglo XXI. Vale destacar como 39 Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la Amazonia en octu- bre 2019 http://es.radiovaticana.va/ news/2017/10/15/asamblea_especial _del_s%C3%ADnodo_de_los_obispos_ para_la_amazonia/1343130 un hito de este camino sinodal el encuentro del Papa Francisco con indígenas en Puerto Maldonado durante su visita a Perú (enero 2018), en el cual los representan- tes de los pueblos originarios pi- dieron al Santo Padre, a través de él a toda la Iglesia, que los defien- da y acompañe en las luchas por sus territorios, tradiciones, lengua y vida. Responder a este llamado es tarea ineludible de la misión evangelizadora de la Iglesia de América Latina y el Caribe. 23. Otro hecho relevante fue la Reunión de Obispos de las Améri- cas el 11 y 12 de febrero de 2014 en Tampa (Estados Unidos). En esa reunión, los representantes de las Conferencias Episcopales de Esta- dos Unidos y Canadá respaldaron explícitamente las iniciativas de la Iglesia católica de América Latina en relación con las industrias ex- tractivas. Esto tuvo repercusión posterior, con la participación de la Iglesia católica en una audien- cia pública de la Comisión Intera- mericana de Derechos Humanos (CIDH) el 19 de marzo de 2015 en Washington, DC. Por primera vez, la Iglesia católica de las Américas participó en un foro a ese nivel. En la audiencia, el DEJUSOL del CELAM, el SELACC, la Confedera- ción Latinoamericana y Caribeña de Religiosos y Religiosas (CLAR), la Comisión Amazónica de la Con-
363 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 federación Nacional de Obispos de Brasil (CNBB) y la REPAM pre- sentaron cinco casos emblemá- ticos de vulneración y abusos contra los derechos humanos y afectación del ambiente por las empresas extractivas en América Latina y el Caribe. 40 En agosto de 2016 se firmó un convenio entre el CELAM y la CIDH, en el cual ambas partes se comprometen mutuamente a trabajar en conjunto por la de- fensa de los derechos humanos. En marzo de 2017, la REPAM pre- sentó, ante la CIDH y otros foros en Estados Unidos, otras denuncias de violación de derechos humanos a pueblos indígenas por causa de las empresas extractivistas. 24. Un hito histórico es la publi- cación de la carta encíclica Lau- dato si’ del Papa Francisco, pues con este importante documento el Sumo Pontífice sigue desarrollan- do la doctrina social de la Iglesia, enriqueciéndola con una mirada desde la ecología integral que in- volucra aspectos ambientales. A las relaciones fundamentales 40 Se trató de: Caso Piquiá de Baxio (Açai- lândia, Brasil), Casos San José del Pro- greso y Magdalena de Teitipac (Oaxaca, México), Caso Parque Nacional Yasuní (Ecuador), Caso Comunidad Nueva es- peranza (Atlántida, Honduras), Caso Lo- te Petrolero Nº 116 (Amazonas, Perú). con Dios, con uno mismo y con el prójimo añade la relación con el entorno, de modo que esta pers- pectiva de ecología integral invita a pasar de la cultura del descarte 41 a la cultura del cuidado 42 y de la cultura de la muerte prematura 43 a la cultura de la vida. 44 De igual modo, llama con insistencia no sólo a los cristianos, sino a todas las personas de buena voluntad a comprometerse con el cuidado de nuestra casa común. En comu- nión con el Santo Padre, hacemos un discernimiento de la realidad con actitud de diálogo para buscar alternativas integrales para las po- blaciones y territorios afectados por proyectos de extracción. 25. Un mes después de la divul- gación de Laudato si’, el Pontificio Consejo Justicia y Paz (PCJP) or- ganizó, en colaboración con la Red Latinoamericana Iglesias y Minería (julio 2015, Roma), un encuentro de representantes de comunidades afectadas por acti- vidades mineras. El encuentro se realizó bajo el lema “Unidos a Dios escuchamos un grito” y contó con la participación de líderes de 18 países del mundo. De las Américas participaron líderes de Brasil, Ca- nadá, Chile, Colombia, El Salvador, 41 LS, 22, 43. 42 LS, 231. 43 LS, 48. 44 LS, 213.
364 La Cuestión Social Año 27, n. 4 Estados Unidos, Guatemala, Hon- duras, México, Perú y República Dominicana. Los y las represen- tantes de comunidades afecta- das por la minería denunciaron las graves violaciones a los dere- chos humanos y la contaminación y destrucción de sus territorios, de las cuales son víctimas. El cardenal Peter Turkson, presiden- te del PCJP (desde el 1 de enero de 2017, incluido en las labores del nuevo Dicasterio al Servicio del Desarrollo Humano Integral), co- municó que este encuentro tenía como objetivo principal reconocer la dignidad de las personas y co- munidades afectadas. Recalcó: “Somos conscientes de su aislamiento, de la violación de derechos humanos, de la persecu- ción, del desequilibrio de poder”. 26. En abril de 2017, en El Salvador se publica la Ley de Prohibición de la Minería Metá- lica, fruto de más de una década de lucha, del esfuerzo conjunto de organizaciones sociales, am- bientales, educativas y de la incidencia decisiva de la Iglesia católica. La Ley establece el principio de que la minería de metales afecta al ambiente y la salud de las personas y constituye “una amenaza para el desarrollo y bienestar de las familias”. La prohibición incluye las actividades de exploración, extracción, explotación y procesamiento a cielo abierto y subterráneo, y tam- bién impide el uso de químicos tóxicos en cualquier proceso de minería metálica. III. Una realidad que nos interpela 27. El Papa afirma en Laudato si’ que “la violencia que hay en el corazón humano, herido por el pe- cado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que ad- vertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes”. 45 “El problema está en ver a la na- turaleza sólo como un recurso útil para el consumo y no valorar- la desde otros significados sim- bólicos, culturales y religiosos”. 46 Tal mentalidad es la que está a la base del paradigma tecnocráti- co, el antropocentrismo y la crisis moral que se refleja en la grave- dad de la crisis ecológica, según lo dijo san Juan Pablo II hace ya va- rias décadas. 47 Como aporte al estudio que ca- da comunidad eclesial debe hacer desde el contexto particular de su realidad, sin perder de vista las 45 LS, 2. 46 LS, 5. 47 “Paz con Dios Creador, Paz con toda la Creación”. Mensaje para la Jornada Mundial por la Paz. 1 de enero de 1990.
365 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 grandes tendencias de la situación global, la mirada de la ecología integral que proponemos es una invitación a discernir los signos de los tiempos, tomando cada caso con sus especificidades y auscul- tando las versiones que provie- nen de los diversos actores hasta llegar a precisar cuál es la postura más fiel a la voluntad de Dios, Uno y Trino. Para ello, consideramos impor- tante resaltar: a) La conexión entre modelo económico, extractivismo y ambiente. b) El impacto del extractivis- mo en el clima y en el agua. c) La relación entre activida- des extractivistas y pobreza. d) Los conflictos socioambien- tales. e) El papel del Estado. f) La responsabilidad de las empresas. g) El compromiso de las co- munidades. a) Modelo económico, extracti- vismo y ambiente 28. Observamos que, a escala planetaria, la crisis de un modelo de economía cuyas políticas han conducido —en no pocos países— a que se acentúen los niveles de pobreza, desigualdad, agota- miento de los bienes naturales y destrucción ambiental. Hay una explotación desenfrenada “que va dejando una estela de dilapi- dación, e incluso de muerte, por toda nuestra región”. 48 Tal mode- lo responde a un paradigma tec- nocrático 49 que se ha globalizado y cuyo problema fundamental es “el concepto del sujeto que progre- sivamente, en el proceso lógico- racional, abarca y posee el objeto que se halla afuera”. 50 Tal como se ha dicho, es el ser humano que parece “no percibir otros signifi- cados de su ambiente natural, si- no solamente aquellos que sirven a los fines de un uso inmediato y consumo”, según un pensamiento de san Juan Pablo II, citado en la encíclica Laudato si’. 51 La razón instrumental y utili- tarista se pone al servicio de la idolatría del capital, pierde todo sentido de religación y sacralidad de la naturaleza, y por eso el Pa- pa Francisco dedica el Capítulo 3 de Laudato si’ a analizar las raí- ces humanas de la crisis ecológi- ca que se reflejan en esa alianza perversa entre tecnología y finan- zas que ocasiona una cultura del descarte, 52 alimenta un antropo- 48 DA, 473. 49 LS, 53, 203. 50 LS, 106. 51 LS, 5. 52 LS, 109.
366 La Cuestión Social Año 27, n. 4 centrismo 53 reduccionista y sesga- do y facilita un relativismo moral que conlleva a la explotación de las personas como si fueran mer- cancías. 54 La destrucción de eco- sistemas, la trata de personas, la explotación laboral y otras for- mas de esclavitudes modernas obedecen a un mismo patrón de pecado social. 29. Nos preocupa la lógica eco- nomicista que impone este pa- radigma tecnocrático que se sostiene en el principio de que to- da actividad humana no tiene otra finalidad que producir y consumir, fijar un precio y obtener benefi- cios monetarios; desplazando a un segundo plano el derecho de toda persona a una vida digna basada en la justa distribución de los bie- nes materiales y espirituales. No- tamos que “fácilmente el interés económico llega a prevalecer so- bre el bien común y a manipular la información para no ver afectados sus proyectos”. 55 Por ello, en el Do- cumento de Aparecida se exige que “en las intervenciones sobre los recursos naturales no predominen los intereses de grupos económi- cos que arrasan irracionalmente las fuentes de vida”. 56 53 LS, 122. 54 LS, 123. 55 LS, 54. 56 DA, 471. 30. Observamos que, en Améri- ca Latina y el Caribe, esa misma lógica ha generado un patrón de producción de carácter extracti- vista, orientado a la explotación de los bienes de la naturaleza bajo tres características básicas: como fuentes no agotables (producción ilimitada), ocupación de amplias áreas geográficas (producción extensiva) y de alta productivi- dad (producción intensiva). La tendencia es explotar la mayor cantidad de material en el menor tiempo posible, ocasionando gran- des impactos en los ecosistemas y afectando la vida de los poblado- res de los territorios. El desequilibrio ecológico que resulta como consecuencia de ese afán utilitarista del suelo y el subsuelo tiende a hacerse irre- versible, dado que la alteración del clima, la pérdida de biodiver- sidad y la desertificación avan- zan aceleradamente. Esa manera de comprender la economía está poniendo en riesgo la vida de las presentes y futuras generaciones, al conducir al planeta a sobrepa- sar sus límites en lo que consti- tuyen las tres fuentes esenciales que posee el planeta (agua, aire y suelo) para la sobrevivencia de la humanidad. 31. La competencia en el merca- do ha hecho de la maximización de
367 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 las ganancias la medida para la sa- tisfacción de las necesidades hu- manas, bajo la lógica de producir bienes y servicios al menor costo y en menos tiempo posible. En las empresas extractivas, la reducción de costos ha constituido una prác- tica generalizada por el uso que hacen de nuevas tecnologías, la contratación de servicios de terce- ros (tercerización) y las medidas de reducción de los niveles están- dares ambientales que establecen algunos Estados. 32. Aun reconociendo que el uso de nuevas tecnologías contribu- ye a reducir los efectos pernicio- sos que ocasionan las actividades extractivas, consideramos que su impacto en el empleo es negati- vo. Asimismo, nos preocupa que la práctica de contratación de ser- vicios de terceros esté atentando contra los derechos laborales, re- duciendo al ser humano a la cate- goría de factor productivo. Y, en lo que respecta a la reducción de los estándares establecidos para el cuidado del ambiente, observa- mos que esas medidas no sólo lo desprotegen, sino que contribuyen a la competencia desleal entre las empresas, poniendo en desventaja a aquellas que, por razones éticas, asumen responsable y seriamente la gestión ambiental. 33. Observamos con interés que se haya puesto en la agenda del debate ambiental el tema de las causas y efectos que producen en los territorios y poblaciones que los habitan, la extracción de bie- nes naturales de diverso origen, sea que la realicen grandes em- presas o pequeñas (informales e ilegales). Asimismo, observamos que dicho debate permite que la cuestión ecológica esté sien- do abordada no sólo desde sus dimensiones biológicas, econó- micas, sociales, políticas, legales, educativas y culturales, sino, ade- más, desde la ética. Consideramos que ello contribuye a que la opi- nión pública, estando mejor infor- mada y consciente del problema, asuma el compromiso de inducir a que las empresas realicen sus actividades extractivas bajo es- tándares ambientales y respeto a los derechos de los pobladores, y exigir que los Estados asuman plenamente su responsabilidad en cuanto a la protección de los bienes naturales y defensa de los derechos de quienes ocupan los territorios. b) El impacto de las activida- des extractivas en el clima y agua 34. La encíclica Laudato si’ se publicó en el contexto previo a la COP 21 (Cumbre Climática de la
368 La Cuestión Social Año 27, n. 4 Organización de las Naciones Uni- das), en diciembre de 2015, e inci- dió para lograr el Acuerdo de París sobre cambio climático, luego de dos décadas de infructuosas nego- ciaciones. “El clima es un bien co- mún, de todos y para todos”. 57 “El cambio climático es un problema global con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas, y plantea uno de los principales desafíos ac- tuales para la humanidad”. 58 “Si la actual tendencia continúa, este siglo podría ser testigo de cam- bios climáticos inauditos y de una destrucción sin precedentes de los ecosistemas, con graves con- secuencias para todos nosotros. El crecimiento del nivel del mar, por ejemplo, puede crear situaciones de extrema gravedad si se tiene en cuenta que la cuarta parte de la población mundial vive junto al mar o muy cerca de él, y la mayor parte de las megaciudades están situadas en zonas costeras”. 59 35. “Muchos síntomas indican que esos efectos podrán ser cada vez peores si continuamos con los actuales modelos de producción y de consumo”. 60 En este marco, hay que comprender que los mega- proyectos extractivistas generan 57 LS, 23. 58 LS, 25. 59 LS, 24. 60 LS, 26. grandes obras de transformación del paisaje por la construcción de obras viales, campamentos, tala de árboles, cambio del uso del suelo, entre otras, lo que está directamente relacionado con el cambio climático, más aun cuan- do el patrón de desarrollo se basa “en el uso intensivo de combus- tibles fósiles (petróleo, carbón, gas natural)”. 61 36. Hacemos nuestras las preocupaciones de sacerdotes, re- ligiosas, laicas y laicos de congre- gaciones, movimientos y diversas organizaciones que comparten la vida de las poblaciones aledañas a las actividades extractivas. Pues allí se percibe que “el cambio cli- mático está haciendo más comple- ja la gestión del agua, ya que está provocando sequías más severas, ha acelerado el retroceso glaciar y aumentaría el nivel del mar, en- tre otros impactos. Esta situación es agravada por las actividades ex- tractivas (minería e hidrocarburos en especial) que requieren la de- saparición de la cobertura vegetal en el área de tales proyectos, afec- tando ecosistemas donde se origi- nan cursos de agua. Además, estas actividades consideran en gran medida la desaparición de cuerpos de agua, como lagunas, y pueden afectar incluso los cursos de agua 61 LS, 23.
369 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 subterránea y de los acuíferos, por la remoción de suelos, la profun- didad de los tajos, la liberación de aguas ácidas y de relaves. […] Pese a todo ello, durante la vida útil del proyecto minero no se considera ninguna medida para compensar los impactos generados”. 62 37. En un continente que posee los acuíferos más abundantes del planeta, “las industrias extractivas internacionales y la agroindus- tria, muchas veces, no respetan los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales de las poblaciones locales y no asumen sus responsabilidades. Con mu- cha frecuencia, se subordina la preservación de la naturaleza al desarrollo económico, con daños a la biodiversidad, con el agota- miento de las reservas del agua y de otros recursos naturales, con la contaminación del aire y el cam- bio climático”. 63 62 Pronunciamiento de sacerdotes, reli- giosas, laicos y laicas de congregaciones, movimientos y diversas organizaciones de trece países de América Latina (en total 65 organizaciones suscribieron este pronunciamiento), en el marco del seminario internacional “Iglesia y mi- nería” que tuvo lugar en Brasilia (Bra- sil) del 2 al 5 de diciembre de 2014, a propósito de la realización de la COP 20 que tuvo lugar por esos mismos días en Lima (Perú). 63 DA, 66. 38. También, nos sumamos al llamado de los especialistas so- bre la necesidad de poner límites a la extracción intensiva de bienes naturales a través de megaproyec- tos, especialmente los vinculados con la minería y energía, debido a que su expansión a nivel conti- nental está contribuyendo, de ma- nera indirecta, a que se produzcan alteraciones significativas en los procesos climáticos, afectando se- riamente la biodiversidad y el uso de los suelos con fines agrícolas para la seguridad alimentaria. c) Actividades extractivistas y pobreza 39. La relación entre el cambio climático y la producción y dis- tribución de alimentos es notoria. Asimismo, el alto grado de vul- nerabilidad de los sectores más empobrecidos frente a los rigo- res del clima. Muchos de ellos se ven obligados a migrar. 64 El des- plazamiento forzado por la ham- bruna o drásticos cambios en las condiciones de los ecosistemas es una nueva faceta de la movilidad humana. “Este mundo tiene una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua po- table, porque eso es negarle el derecho a la vida radicado en su 64 LS, 26.
370 La Cuestión Social Año 27, n. 4 dignidad inalienable”. 65 Es un de- recho fundamental que está por encima de cualquier emprendi- miento económico. 66 40. Reconocemos que el modelo de crecimiento económico ha con- tribuido a reducir los índices de pobreza monetaria y mejorado las condiciones de salud y educación como resultado de la ampliación de la cobertura de los programas sociales. Sin embargo, observa- mos con preocupación que, en paralelo a estas políticas de reduc- ción de la pobreza, la desigualdad se ha acentuado debido a una ma- yor concentración de la actividad productiva y de las ganancias em- presariales, lo que nos conduce a concluir que dicho modelo ha estado lejos de mostrar señales claras de una eficaz y justa distri- bución de la riqueza. 41. En ese escenario, denuncia- mos las violaciones a los derechos humanos, personales y colectivos de las poblaciones indígenas u originarias, tradicionales y cam- pesinas, principalmente las de la Amazonía, ocasionadas por em- presas que realizan actividades extractivistas, sean agrícolas, fo- restales, mineras o energéticas. Esas empresas, por lo general de 65 LS, 32. 66 LS, 185. capital transnacional, tienden a ocupar, sin consulta previa y con el apoyo de los Estados, los terri- torios de estas poblaciones confi- nándolas a espacios de vida cada vez más reducidos, limitando así las posibilidades de acceso a sus tradicionales medios de subsis- tencia y destruyendo sus culturas. d) Conflictos socioambientales y acción del Estado 42. Expresamos nuestra preo- cupación por los crecientes con- flictos sociales que se han vuelto recurrentes a nivel de América Latina, en particular los de carác- ter socioambiental, originados por la presencia de grandes empre- sas que, amparadas por contratos de concesión otorgados por los Estados y sin consulta previa ni consentimiento libre e informa- do, realizan actividades extracti- vas en territorios que constituyen las fuentes básicas de vida (tierra, agua, bosques, etc.) de las pobla- ciones que los habitan. 43. Constatamos que, frente al hecho de verse despojadas de sus territorios y medios de vida, esas poblaciones tienen que enfren- tarse —en no pocos casos— a la inacción de los entes guberna- mentales, incluso a situaciones en las que ellos toman posición en favor del interés privado de las
371 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 empresas. Aun cuando recono- cemos que, en algunos países, el Estado hace respetar la normati- vidad vigente para dar solución a los conflictos socioambientales, en otros, dichos conflictos no son resueltos con medidas justas, oportunas y efectivas. Conside- ramos que, frente a estas situa- ciones, los Estados deben actuar guiados por principios y criterios de justicia y equidad, a fin de que su actuar responda al interés pú- blico y al bien común. 44. Nos llama la atención la po- sición de algunos gremios empre- sariales que persisten en hacer prevalecer el interés privado en la realización de las actividades ex- tractivas, justificando este accionar con el argumento de los elevados costos que implica la protección social y ambiental. Consideramos que la actividad empresarial es un lugar privilegiado para alabar a Dios, que requiere de una gran dosis de creatividad e ingenio para producir riqueza sin perjudicar al ser humano y su entorno. 45. La actitud de indiferencia de amplios sectores de la socie- dad en relación con el drama que viven las poblaciones que más di- rectamente se ven afectadas por las actividades extractivas. Tam- bién observamos con preocupa- ción, con escasas excepciones, las muestras de indiferencia de los medios de comunicación sobre las situaciones de injusticia social que viven las comunidades; la fal- ta de objetividad y apertura para exponer puntos de vista diferentes sobre estos problemas y la preten- sión de ignorar o desviar de ma- nera tendenciosa la atención de la opinión pública. 46. Observamos que algunos gobiernos han ido perdiendo la confianza de las poblaciones afec- tadas por los proyectos extrac- tivistas, debido a que han hecho prevalecer políticas impuestas por organismos internacionales que, en la práctica, resultan contrarias a la adecuada gestión de los bienes naturales y la protección ambien- tal. En este marco de desconfian- za hacia las medidas adoptadas por los gobiernos, nos preocupa particularmente que la demanda de protección que exigen las po- blaciones indígenas u originarias asentadas en territorios próximos a las áreas de explotación, se esté viendo amenazada con medidas de criminalización de la protesta. e) Responsabilidad del Estado 47. Durante mucho tiempo, los vacíos legales, los intereses co- rruptos y la falta de voluntad po- lítica han sido factores cómplices de injusticias que han puesto en
372 La Cuestión Social Año 27, n. 4 situación de vulnerabilidad a en- teros grupos humanos que han visto amenazada no sólo su forma de vida, sino su misma subsisten- cia. No podemos cesar de exhor- tar a los Estados para que asuman plenamente su responsabilidad de proteger las poblaciones más vulnerables y hacer valer por en- cima de cualquier interés par- ticular el bien común de todos sus miembros, 67 cuestión especial- mente decisiva cuando se trata de asuntos como ordenamiento terri- torial, explotación de bienes de la naturaleza, derechos acuíferos y derechos de comunidades nativas. 48. Saludamos el hecho de que en varios países latinoamericanos se avanzó en legislar y reglamentar la consulta previa e informada, como lo exige el Convenio 169 de la OIT. Pero nos han llegado los reclamos de muchas poblaciones indígenas, afrodescendientes y mestizas de Latinoamérica, porque en la prác- tica su derecho a esta consulta an- tes de que el Estado otorgue las concesiones a las empresas para realizar actividades extractivas en el territorio de sus poblaciones, ha sido vulnerado por los mismos Estados. Lamentamos constatar 67 El bien común debe incluir el bien de las minorías. Ver Consejo Pontificio Justicia y Paz (ed.), Compendio de doc- trina social de la Iglesia (en adelante CDSI), 169. que, en varios casos en los cuales la consulta previa e informada fue realizada por el Estado, éste no cumplió su rol de garantizar que la población aledaña a los proyectos extractivistas sea ampliamente in- formada en un lenguaje accesible y con materiales que faciliten la comprensión de materias comple- jas para que puedan sopesar con criterio los argumentos a favor y en contra. 49. Siguen llegando denuncias de poblaciones de diferentes re- giones de nuestro continente, según las cuales el Estado no cum- ple con su responsabilidad de ga- rantizar un estudio de impacto ambiental imparcial y fiable. Que- remos recordar a los Estados su gran responsabilidad de velar que las empresas no contaminen el ambiente por la dispersión y de- posición de sustancias químicas y residuos tóxicos de diferente na- turaleza, arriesgando así una de- gradación del ambiente y graves daños a la salud de la población. También es su responsabilidad ha- cer valer las leyes sociales, labora- les y ambientales y sancionar a las empresas que no las cumplen. 50. Los problemas del extrac- tivismo —y los problemas eco- lógicos en general— no pueden ser abordados en toda su com- plejidad y magnitud por los indi-
373 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 viduos particulares, ni siquiera por los Estados individualmente considerados. Sus repercusiones son tan grandes que requieren un consenso continental y global, que se traduzca en cuerpos normati- vos supranacionales y una autori- dad que vigile su cumplimiento y aplicación. Hacemos un llamado a las instancias internacionales co- rrespondientes para que pongan mayor empeño en trabajar hacia esa meta. 51. Por los altos precios inter- nacionales que metales como el oro y el coltán experimentaron en los últimos años y la falta de oportunidades laborales, se ha extendido la minería informal, que también viene depredando la naturaleza sin que hasta aho- ra nuestros Estados hayan sido capaces de detenerla o siquiera regularla adecuadamente. Criti- camos decididamente la práctica de minería ilegal que causa daños muy graves, tanto a la ecología de- jando vastas áreas completamente contaminadas, como también a la vida de los trabajadores y la salud de las personas que habitan en las zonas afectadas. Además, evade el pago de impuestos afectando de esta manera el bien común y la moral pública. 52. Nos preocupa que la minería ilegal se promueva como antesala para debilitar la gobernanza de los territorios y así facilitar el ingreso de megaproyectos financiados por empresas transnacionales en el marco de tratados de libre comer- cio. Al mismo tiempo y con la mis- ma fuerza, criticamos las prácticas que, siendo consideradas ilegales en los países de origen de las em- presas, se hacen impunemente en los países latinoamericanos. En úl- timas, el efecto de destrucción de la vida prima sobre el debate de la legalidad e ilegalidad de las prác- ticas extractivas. Tanto la minería artesanal como la gran minería mecanizada deben someterse a un criterio de justicia y reorientarse según los criterios que favorez- can la vida en nuestra casa común. La legislación ambiental debe proteger los derechos humanos y los de la Madre Tierra, más allá de cualquier discurso economicista que no tenga en cuenta los princi- pios de la ecología integral. f) Responsabilidad de las em- presas 53. Escuchamos numerosos tes- timonios de nuestros sacerdotes y agentes de pastoral de que, muchas veces, empresas transnacionales y nacionales, privadas y estatales, no cumplen con los estándares socioculturales y ambientales re- conocidos internacionalmente. Hay denuncias de prácticas de co-
374 La Cuestión Social Año 27, n. 4 rrupción, de causar discordia en las poblaciones aledañas a los pro- yectos extractivos, de amedrenta- miento y hasta violaciones graves de los derechos humanos en la búsqueda de los fines de la em- presa, a cualquier costo humano, social y ambiental. Observamos que a menudo prima “como único criterio de acción el máximo be- neficio en la producción” 68 y no la persona humana, sus justas nece- sidades y el bien común. 54. Advertimos la existencia de iniciativas de reflexión sobre mi- nería y fe, y propuestas de minería en alianza en la que las empresas extractivistas pretenden que los sectores de Iglesia se muestren como simpatizantes de sus me- gaproyectos, a cambio de obras, dineros, favorecimientos. Justa- mente, la presente carta pastoral brinda herramientas para dis- cernir con la comunidad cada ca- so en particular, sin manipular los principios de fe y los criterios de la doctrina social de la Iglesia, sino teniendo siempre presente el bien común para los más débi- les, abandonados y maltratados de la sociedad, entre los cuales es- tá nuestra “oprimida y devastada” Madre Tierra. 69 68 CDSI, 71. 69 LS, 2. g) El compromiso de las comunidades 55. El Papa Francisco llama a la construcción de una ciudadanía ecológica. 70 Muchas veces, la per- misividad de las comunidades an- te los atropellos de las empresas extractivistas y la pasividad de los Estados son factores de agrava- miento de los conflictos. Hay ac- titudes deterministas que nutren imaginarios de conformismo y poca decisión para defender los bienes comunes. Hay quienes, an- te un peligro de contaminación o daño por parte de alguna inicia- tiva extractivista, simplemente dicen “de algo nos tenemos que morir”, o ante los riesgos de una actividad empresarial para la vi- da de la generación presente y las venideras, afirman “al menos te- nemos trabajo”. 56. El Documento de Puebla es muy enfático en rechazar esos re- duccionismos antropológicos. El rico magisterio de la doctrina so- cial de la Iglesia invita a valorar el trabajo como lugar de santifica- ción; por eso, en la búsqueda de mejores programas políticos que se orienten al beneficio común y la sustentabilidad de la vida, hace parte de la identidad cristiana y de la responsabilidad de la Iglesia 70 LS, 211.
375 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 para incidir en las políticas esta- tales y las prácticas de las empre- sas extractivistas. 57. A la vez, es muy loable el tes- timonio de comunidades organi- zadas que, con criterio de apertura a otros credos y espiritualidades, luchan por la defensa del territo- rio y sus pobladores. La Red Ecu- ménica “Iglesias y Minería” es un buen ejemplo de ello. Los triunfos mediante el consentimiento pre- vio, libre e informado, el trabajo en equipo con asesores jurídicos y consultores técnicos, la influen- cia en funcionarios públicos para que cumplan cabalmente su labor, las alianzas con medios de comu- nicación independientes, el uso de redes sociales, el apoyo con otras comunidades, la conformación de redes territoriales y temáticas, constituyen hitos que alientan a la esperanza e incentivan a seguir fortaleciendo procesos para cui- dar nuestra casa común, desde la mirada de la ecología integral. IV. Palabra y vida 58. Ante la grave crisis ecológica, el creciente calentamiento global de la temperatura superficial del planeta y el cambio climático, que sus efectos extremos ponen en pe- ligro la supervivencia humana en la Tierra, estamos llamados a dis- cernir nuestro lugar como seres humanos en la creación y nues- tra responsabilidad por ella, pues esta crisis en el fondo es cultural y espiritual. 59. En la tradición judeocristiana hablamos de ‘creación’; con ello, decimos más que ‘naturaleza’ o ‘recursos naturales’, porque la creación “tiene que ver con un proyecto del amor de Dios donde cada criatura tiene un valor y un significado” (LS, 76) y está llena de signos del gran amor solícito, de la ternura y la insondable sabiduría del Creador. 60. En su encíclica Laudato si’, el Papa Francisco recalca que esta- mos llamados a vivir en una rela- ción respetuosa con “la tierra que nos precede” (LS, 67) y nos ha sido confiada para cuidarla. No somos dueños de la tierra, sino llamados a ser sus administradores y custo- dios. Pues el mandato bíblico de cultivar y custodiar la creación (cf. Gen 2,15) “significa hacer crecer el mundo con responsabi- lidad, transformarlo para que sea un lugar habitable para todos”. 71 Vale la pena recalcar que la Bi- blia, correctamente entendida, “no da lugar a un antropocentrismo 71 Papa Francisco en la Audiencia Ge- neral del 05-06-2013, Día Internacio- nal del Ambiente, en la Plaza de San Pedro, Roma.
376 La Cuestión Social Año 27, n. 4 despótico que se desentienda de las demás criaturas” (LS, 68). 61. Más bien, por ser “creados por el mismo Padre, todos los se- res del universo estamos unidos por lazos invisibles y conforma- mos una especie de familia uni- versal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde” (LS, 89). Al afirmar esto, es importante acla- rar que “no significa igualar a to- dos los seres vivos y quitarle al ser humano ese valor peculiar que implica al mismo tiempo una tre- menda responsabilidad. Tampoco supone una divinización de la tie- rra que nos privaría del llamado a colaborar con ella y a proteger su fragilidad” (LS, 90). 62. El mensaje principal de los textos bíblicos sobre la creación del mundo (Gn 1 y 2; Salmo 8, Sal- mo 104 y otros) nos recuerda que estamos llamados a vivir “en tres relaciones fundamentales estre- chamente conectadas: la relación con Dios, con el prójimo y con la tierra” (LS, 66). Los evangelios nos dan testimonio de la mirada de Je- sús que sabía descubrir en la crea- ción los signos del amor solícito y generoso del Padre. 63. Laudato si’ nos habla del “Evangelio de la creación” (LS, 62). Jesús invitaba a sus discípulos —y en ellos nos invita a nosotros hoy— a “reconocer el mensaje escondido en las cosas (cf. Lc 12, 24-27; Jn 4, 35)” (DA, 225). Una mirada contemplativa y respetuo- sa lleva al ser humano a valorar las otras criaturas y a “hacer uso de ellas con cuidado y delicadeza” (DA, 225). No olvidemos que el Nuevo Tes- tamento nos comunica la Buena Noticia que Dios por Jesucristo “quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cie- lo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz” (Col 1,19-20). En Cristo toda la creación será llevada a su plenitud (cfr. Rom 8, 22s). Esta fe exige una relación de respeto profundo con la creación. 64. La fe nos ofrece una luz que nos permite ver con mayor cla- ridad que la creación es nuestra casa común, don de Dios Creador para todos los hombres y mujeres —o todos los seres humanos—. Y de aquí sigue una mayor respon- sabilidad y compromiso por parte de los creyentes en el cuidado de nuestra casa común. El primer ca- pítulo de la Biblia justamente co- mienza con esta presentación de la creación del mundo y de todo lo que lo habita por parte de Dios. Sin entrar en los distintos matices de un relato ciertamente arcaico, nos queda como lo revelado en es-
377 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 te texto que todo lo creado tiene su origen en la infinita bondad de Dios y, justamente por esto, todo lo creado es muy bueno. Más ade- lante, los sabios afirmarán que el motivo fundamental de este acto creador es el amor de Dios: “Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que hiciste, porque, si algo odiaras, no lo habrías creado” (cf. Sb 11,24). 65. Esta bondad y belleza de la creación es una constante invita- ción a la alabanza del Creador por el mundo maravilloso que nos ha regalado (cf. Sal 136). Y también, el hombre como creatura siente la necesidad de invitar a todos los seres creados para que se le unan a este coro de alabanza al Dios Creador (cf. Sal 148). Además, este texto del capítulo 1 del Génesis nos revela que en el mundo salido de las manos de Dios existe la diversidad, que es la que permite la comunión. También, nos enseña que con la creación del hombre y la mujer el relato alcan- za su clímax; y a ellos se les confía la especial misión de “dominar” sobre el resto de la creación (Gn 1, 26-28). Ahora bien, esta superiori- dad sobre el resto de la creación no debe entenderse como un derecho a la explotación de lo creado; al contrario, siendo el hombre ima- gen de Dios, es su mayordomo o delegado; y su misión es gobernar la naturaleza, haciendo presente del poder de Dios, es decir sirvien- do, cuidando, respetando, sanando, mediante el seguimiento de las le- yes que el Creador ha inscrito en su creación (cf. Prov 3,19). 66. En este sentido, la tradición rabínica, teniendo en cuenta que la expresión “y dijo” viene repe- tida diez veces en el texto, ve una relación entre estas 10 palabras y las famosas 10 palabras del decá- logo. De esto saca una conclusión moral: así como en Gn 1 la vida surge por obediencia a las 10 pa- labras que Dios ha dicho, así es en la obediencia a las diez palabras del decálogo que el hombre en- cuentra la vida y la creación se mantiene en orden. Por último, este texto nos deja bien claro que entre Dios y el mun- do está la “palabra” separando a ambos, de modo que ni el mundo es divino ni Dios es mundano. Pero además de separar, esta “palabra” relaciona la creatura con el Crea- dor dándole a la creación un carác- ter dialógico. Por esto, siendo la creación ‘expresión o dicción de Dios’ es, en cierto modo, una ma- nifestación natural de Dios. 67. El relato de Génesis 2 es complementario del anterior; y aquí se especifica que la actividad
378 La Cuestión Social Año 27, n. 4 del hombre es ‘cultivar y cuidar’ el “Edén o lugar de delicias” donde Dios lo ha colocado. En este rela- to se grafica mejor la relación del hombre con la creación por cuan- to fue creado del barro o polvo de la tierra; y a ella volverá. Expre- sado en nuestro lenguaje actual, se afirma con claridad que la re- lación con la creación es esencial al hombre; e incluso que tienen un destino común, según veremos. En efecto, este segundo relato incluye el drama del pecado del ser huma- no que no sólo lo afecta a él mis- mo, sino su vínculo con lo creado y a la misma creación. De modo misterioso, la creación se ha he- cho solidaria al pecado del hom- bre y también ha quedado herida por ese pecado (Gn 3, 17-19). 68. En particular, es la violencia de los hombres la que mancha y contamina la tierra buena crea- da por Dios; y por eso, la voz de la sangre derramada de los justos —como Abel— clama al cielo por justicia (Gn 4, 6-9). El hombre llena la tierra con su violencia, por eso Dios tiene que purificarla con el diluvio (cf. Gn 6, 13). Todo a causa de la maldad del hombre (cf. Gn 6, 5-6). Los profe- tas seguirán denunciando al pue- blo por arruinar la tierra dada en custodia por Dios (Ez 8, 17; 9, 9), la cual sufrirá las consecuencias del pecado del hombre volviéndo- se un desierto, una desolación (cf. Ez 12, 20: 15, 8). Ahora bien, por la misericordia de Dios el pe- cado puede ser perdonado, la culpa reparada y la tierra restau- rada (cf. Ez 36, 34-35). A causa de esta herida recibi- da por el pecado del hombre, la misma creación gime también esperando la redención de Dios (Rm 8, 22). 69. En conclusión, “en estos re- latos tan antiguos, cargados de profundo simbolismo, ya estaba contenida una convicción actual: que todo está relacionado, y que el auténtico cuidado de nuestra pro- pia vida y de nuestras relaciones con la naturaleza es inseparable de la fraternidad, la justicia y la fi- delidad a los demás” (LS, 70). Todo lo dicho puede ser asumi- do como la mirada misma de Jesús hacia la creación, siendo heredero de la tradición de Israel. Jesús mi- ra la creación como la obra de su Padre, que sigue siendo actual y permanente, “haciendo salir el sol sobre malos y buenos, y hacien- do llover sobre justos e injustos” (Mt 5, 45). 70. En los evangelios vemos que Jesús vivía en perfecta armo- nía con la creación, con un domi-
379 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 nio sobre ella propio del Creador (“¿Quién es éste, que hasta el vien- to y el mar le obedecen?”: Mt 8, 27). De hecho, los primeros tes- tigos de la fe cristiana como san Pablo y san Juan han reconoci- do en sus escritos que Cristo, en cuanto Palabra Eterna del Padre, es artífice y sentido final de la mis- ma creación: “Todo fue creado por Él y para Él” (Col 1, 16); “todo llegó a ser por medio de Él, y sin Él nada se hizo de cuanto fue hecho”, (Jn 1, 3). Y también le reconocen a Cris- to Resucitado un señorío univer- sal sobre todo lo creado, haciendo participar a toda la creación de la redención obra por su muerte y resurrección: “Dios quiso en él re- sidiera toda la plenitud. Por él qui- so reconciliar consigo todo lo que existe, en la tierra y en el cielo, res- tableciendo la paz por la sangre de su cruz” (Col 1, 19-20). 71. Gracias a la redención obra- da por Cristo por medio del Espíri- tu Santo, toda la creación recupera su orientación originaria hacia la plenitud que se dará al final de los tiempos, cuando el Hijo entregue al Padre todas las cosas y “Dios sea todos en todos” (1Cor 15, 28). Se- rá entonces el cumplimiento defi- nitivo de lo que esperamos, según su promesa: “nuevos cielos y nue- va tierra, en los que habita la justi- cia” (2Pe 3,13). Podemos decir que la preocupa- ción por el cuidado de la creación es también una forma de expresar nuestra fe cristiana en la resurrec- ción, nuestra espera de esos “cie- los nuevos y tierra nieva” (Ap, 21). “Todo está relacionado” (LS, 90) 72. En nuestro mundo todo es- relacionado. Las cuestiones acerca de las actividades extrac- tivas, sus beneficios e impactos negativos deben abordarse desde una visión sistémica que supera visiones fragmentarias. Pues és- tas no nos permiten percibir que “todo está relacionado” 72 con todo. En su encíclica Laudato si’, el Pa- pa Francisco nos llama a asumir la visión de una ecología integral (LS, 10, 62, 124, 137) “que incor- pore claramente las dimensiones humanas y sociales” (LS, 137). Frente a la creciente contamina- ción y profunda crisis ecológica y social, urge tomar mayor con- ciencia de la estrecha relación que existe entre el ambiente, o sea “la naturaleza y la sociedad que la habita. Esto nos impide entender la naturaleza como algo separado de nosotros. Estamos incluidos en ella, somos parte de ella y estamos interpenetrados” (LS, 139). 72 LS, 23, 70, 92, 120, 137 y 142.
380 La Cuestión Social Año 27, n. 4 73. Múltiples estudios científi- cos nos ponen en alerta ante el hecho de que muchas repercusio- nes de nuestras intervenciones en el ambiente tienen efectos tardíos que se hacen notar a mediano y largo plazo. Hay que tomarlo muy en cuenta en el caso de las empre- sas extractivas y sus intervencio- nes impactantes en la naturaleza. Requieren estudios de impacto ambiental efectuados con sumo cuidado y rigor científico en la perspectiva de una ecología inte- gral antes de iniciar los proyectos. 74. Como “profetas de la vida” (DA, 471) denunciamos que “el ac- tual modelo económico privilegia el desmedido afán por la riqueza, por encima de la vida de las per- sonas y los pueblos y del respeto racional de la naturaleza” (DA, 473). Tampoco respeta las relacio- nes de interdependencia e inter- penetración entre la naturaleza y la sociedad humana. Muchas ve- ces, se impone una visión instru- mentalista de la naturaleza y la ambición por la máxima ganancia que llevan a una extracción a gran escala de los bienes naturales re- novables y no-renovables, sin con- trolar y contrarrestar “los efectos dañinos sobre el ambiente circun- dante” (DA, 473) o haciéndolo de manera muy insuficiente. 75. Nuestro planeta no aguanta más los múltiples impactos negati- vos sobre los frágiles equilibrios de sus ecosistemas y en su capacidad de auto-regeneración; impactos causados por una economía y es- tilo de vida que llevan a una explo- tación desenfrenada de los bienes naturales de la tierra, contaminan gravemente, de manera creciente, el ambiente en muchas regiones de nuestro mundo, y convierten cada vez más nuestra tierra en un gran basural. Con todo ello, tales impactos socavan los fundamen- tos de vida para los seres humanos y otros seres vivientes de la Tierra y llevan en forma alarmante a los ecosistemas al borde del colapso. “La interdependencia nos obliga a pensar en un solo mundo, en un proyecto común” (LS, 164). 76. Para fomentar y fortalecer la visión de una ecología integral y un desarrollo pleno de la humanidad, las religiones tienen sus riquezas espirituales y morales a ofrecer (cfr. LS, 62). Eso vale también pa- ra las religiones de los pueblos in- dígenas en nuestro continente. Si de verdad queremos construir una ecología que nos permita sanar to- do lo que hemos destruido, enton- ces ninguna rama de las ciencias y ninguna forma de sabiduría puede ser dejada de lado, tampoco la re- ligiosa con su propio lenguaje (LS, 63). De ahí que, como Iglesia, de-
381 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 bemos poner especial empeño en ayudar a rescatar, conocer y valo- rar las tradiciones religiosas y la teología de los pueblos indígenas. El rol central del bien común 77. Queremos recalcar que “la ecología integral es inseparable de la noción de bien común, un principio que cumple un rol cen- tral y unificador en la ética social” (LS, 156). Junto con los principios de solidaridad y subsidiariedad, este principio debe ser tomado muy en cuenta en las decisiones sobre los proyectos extractivos, pues “el bien común presupone el respeto a la persona humana en cuanto tal, con derechos básicos e inalienables ordenados a su de- sarrollo integral. También reclama el bienestar social y el desarrollo de los diversos grupos interme- dios, aplicando el principio de la subsidiariedad”. 73 78. El bien común es responsabi- lidad y deber de toda la sociedad, pero de manera especial es una obligación del Estado “defender y promover el bien común” (LS, 157). Eso implica la responsabili- dad del Estado por velar que en las decisiones sobre proyectos de las empresas extractivas no dominen visiones egoístas y cortoplacistas 73 LS, 157. guiadas por el máximo rédito en un tiempo mínimo, sino la sincera preocupación por el bien de todos los ciudadanos, sobre todo de los pobres, marginados y los secto- res más vulnerables de la pobla- ción, así como por el bien de la Tierra, nuestra casa común. Bien común y justicia intergeneracional 79. A la vez, la noción del bien común está estrechamente unida a la responsabilidad por las gene- raciones futuras. Entregarles un mundo habitable es una exigencia de justicia (cf DA, 471). Nos uni- mos a los obispos de Portugal en su exhortación a asumir este de- ber de justicia, recalcando que “el ambiente se sitúa en la lógica de la recepción. Es un préstamo que ca- da generación recibe y debe trans- mitir a la generación siguiente”. 74 Cuidar los bienes comunes: tierra, agua, clima 80. En la tradición cristiana, la propiedad privada no es un dere- cho absoluto e intocable. Más bien, está subordinada al destino uni- versal de los bienes. Por ello, toda forma de propiedad privada tie- ne una función social, pues “Dios 74 Conferencia Episcopal Portuguesa, carta pastoral Responsabilidadesolidária pelo bemcomum (15 septiembre 2003), 20.
382 La Cuestión Social Año 27, n. 4 ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno” 75 (LS, 93). También, la empresa “desempeña una función social” y “debe caracterizarse por la capa- cidad de servir al bien común” (CDSI, 338). 81. Recordamos a todos que el ambiente con sus fuentes de agua, ecosistemas y biodiversidad “es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos. Quien se apropia algo es sólo para administrarlo en bien de todos. Si no lo hacemos, cargamos sobre la conciencia el peso de ne- gar la existencia de los otros” (LS, 95). Por eso, como pastores de nuestros pueblos, queremos mani- festar nuestra gran preocupación por la realidad de que en varios países de América Latina hay mi- les de pasivos ambientales de alto riesgo que, además de contaminar agua, suelo y aire, afectan la salud de las personas viviendo en las zo- nas circundantes. En muchos casos, las activida- des extractivistas contaminan las aguas, tanto superficial como sub- terránea. Con ello, ponen en riesgo “el acceso al agua potable en canti- dad y calidad adecuadas”. 76 75 Centesimus annus (1 mayo 1991), 31: AAS 83 (1991), 831. 76 Pontificio Consejo Justicia y Paz, El 82. Queremos llamar de manera especial la atención sobre el hecho de que la Amazonía ha sido afec- tada por derrames petroleros que han contaminado en niveles alar- mantes el agua de ríos y subsue- lo con graves consecuencias para la salud de la población cercana y de la flora y fauna en la región. En el caso de la minería, el agua es a menudo causa de controversias y conflictos persistentes por la alta cantidad que se requiere para las actividades mineras, mientras al mismo tiempo la población aleda- ña sufre una grave escasez de agua. 83. Exhortamos a los Estados a administrar con justicia, pruden- cia y previsión el agua y los otros factores del ambiente que son ‘bienes públicos’ y, como tales, contribuyen al bien común glo- bal. Es una tarea ineludible de los gobiernos “garantizar el destino universal de estos bienes”, 77 pues “el agua es un bien universal que es esencial para el desarrollo inte- gral de los pueblos y para la paz”. 78 agua, un elemento esencial para la vida. Adoptar soluciones eficaces. Contribu- ción de la Santa Sede al Sexto Foro Mun- dial del Agua. Marsella, Francia, marzo 2012, Nº. III. 3. 77 Pontificio Consejo Justicia y Paz, El agua, un elemento esencial para la vida. Adoptar soluciones eficaces. Contribu- ción de la Santa Sede al Sexto Foro Mun- dial del Agua, Marsella, Francia, marzo 2012, p.13. 78 Ibid, p. 16.
383 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 84. La falta de agua potable po- ne en gran riesgo la vida y salud humana. El agua limpia y en canti- dades satisfactorias es igualmente indispensable para el sostenimien- to de los ecosistemas terrestres y acuáticos (ver LS, 28) y para pre- venir el avance del calentamiento de la Tierra y del cambio climáti- co. Como lo afirmaron los obispos de Ecuador en su carta pastoral: “Podemos vivir sin oro, pero sin agua, jamás”. 79 85. En la encíclica Laudato si’, el Papa nos motiva a tomar mayor conciencia de que “el clima es un bien común, de todos y para to- dos. A nivel global, es un sistema complejo relacionado con muchas condiciones esenciales para la vi- da humana” (LS, 23). Frente al cre- ciente cambio climático, y desde la fe cristiana, tenemos la respon- sabilidad de colaborar con otros para cuidar el clima y reducir sig- nificativamente las actividades que aumentan la emisión de gases de efecto invernadero, exacerbán- dolo y causando el calentamiento global, con severas consecuencias en el ambiente planetario. 86. Desde nuestra opción pre- ferencial por los pobres, insisti- mos ante Estados y empresas su 79 Declaración de la Conferencia Epis- copal Ecuatoriana titulada “Cuidemos nuestro planeta”, del 20 de abril de 2012, p. 5. deber de hacer todo lo que esté a su alcance para proteger de mane- ra eficaz el clima y, junto con mu- chos otros actores de la sociedad civil, nos unimos a estos esfuerzos, pues los países con menos recur- sos y que menos han contribuido al cambio climático —sobre todo los pobres en estos países— son los más afectados por las conse- cuencias desastrosas del cambio climático (cf. LS, 25). Ante esta realidad, se plantean exigencias de justicia entre los países del Norte que llevan la ma- yor responsabilidad por la gene- ración de los gases invernaderos y los países del Sur que sufren los mayores impactos dañinos del cambio climático. El cuidado de los bienes colectivos debe ser prioritario y determinante en las decisiones sobre posibles proyec- tos extractivistas. Cuidar la biodiversidad 87. En América Latina y el Ca- ribe gozamos de una gran biodi- versidad. Somos conscientes de que ella es “una herencia gratui- ta que recibimos para proteger” (DA, 471). Pero “esta herencia se manifiesta muchas veces frágil e indefensa ante los poderes econó- micos y tecnológicos” (DA, 471). Su cuidado responsable exige una mirada más allá de las máximas
384 La Cuestión Social Año 27, n. 4 ganancias económicas a corto pla- zo, requiere una mirada integral de la naturaleza con sus ritmos, potencialidades, fragilidades y lí- mites. Ello implica incluir en los cálculos económicos de los pro- yectos de las empresas extracti- vas el costo de todos los servicios de la naturaleza que se reducen o pierden totalmente por las in- tervenciones. Hay que tener mu- cho más presente que “el costo de los daños que se ocasionan por el descuido egoísta es muchísimo más alto que el beneficio econó- mico que se pueda obtener. En el caso de la pérdida o el daño gra- ve de algunas especies, estamos hablando de valores que exceden todo cálculo” (LS, 36). 88. Apreciamos mucho que va- rios países en América Latina y el Caribe “han avanzado en la pre- servación eficaz de ciertos lugares y zonas —en la tierra y los océa- nos— donde se prohíbe toda in- tervención humana que pueda modificar su fisonomía o alterar su constitución original” (LS, 37). Con ello, contribuyen de manera eficaz al cuidado de la biodiver- sidad, especialmente de especies endémicas o poco frecuentes. En defensa de la Amazonía 89. Entre los lugares que tienen una enorme importancia, tanto para los ecosistemas como pa- ra el clima a nivel mundial, está ciertamente la Amazonía que, uni- da a los bosques tropicales del cin- turón ecuatorial en África y Asia, equilibran la vida en el planeta. Ellos captan el agua evaporada del océano y la mantienen en circula- ción; toman el dióxido de carbono de la atmósfera y, por la fotosín- tesis, lo transforman en oxígeno. La Amazonía es una reserva de agua dulce muy significativa a ni- vel mundial y es un bioma con una inmensa y compleja biodiversidad, una de las más grandes en el mundo (ver LS, 37). Sus bosques albergan plantas y hierbas imprescindibles para la producción de muchos me- dicamentos. Hasta el presente, no se conoce toda la enorme variedad de las plantas de la Amazonía y sus cualidades curativas. 90. La Amazonía tiene gran im- portancia para todo el planeta, la humanidad entera y su futuro. Co- mo lo advierte Laudato si’: “cuando esas selvas son quemadas, en po- cos años 80 se pierden innumerables especies, cuando no se convierten en áridos desiertos” (LS, 8). La cre- ciente destrucción de la Amazonía y los cambios radicales en el eco- sistema amazónico amenazan la existencia de cerca de 30 millones de personas, miembros de nume- 80 Resaltado en el texto de la encíclica.
385 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 rosos pueblos indígenas, de pue- blos afroamericanos y ribereños y de muchas otras poblaciones. El peligro de la ‘tecnocracia’ 91. En las empresas extractivas, las tecnologías de punta juegan un rol prominente. Son una expresión de la inteligencia y creatividad hu- mana. Estas tecnologías pueden traer muchos beneficios, como por ejemplo en el caso de la minería y la explotación de los hidrocarbu- ros: reducir al máximo los impac- tos negativos sobre el ambiente y la salud de las personas. A la vez, ellas dan muchísimo poder al ser humano. Nunca en la historia de la humanidad el hombre ha tenido tanto poder como ahora, gracias a las nuevas tecnologías. 92. Por ello, queremos advertir con el Papa Francisco del gran pe- ligro en nuestro tiempo de que la tecnología ya no sea sólo un me- dio, sino que se transforme en un fin en sí misma. El Papa habla de ‘tecnocracia’, es decir una situa- ción en la cual el ser humano no domina la tecnología, sino que es dominado por ella y cree equivo- cadamente que la tecnología es la solución para todos los graves problemas ecológicos y sociales que padecemos en la actualidad (ver LS, 106-114). 93. Queremos también llamar la atención sobre el hecho de que el paradigma “reduccionista” y “eficientista” (LS, 104) de la tec- nocracia es absolutamente contra- rio a una economía al servicio de la vida humana y de los ecosiste- mas con su gran biodiversidad. Es necesario tener presente que las causas de la dramática crisis eco- lógica son justamente las inter- venciones técnicas del ser humano a gran escala en nuestro mundo. En la minería, por ejemplo, con las nuevas tecnologías se pueden re- mover miles de toneladas de tierra en muy poco tiempo y así se gene- ran impactos inmensos en el am- biente. Pero también hay riesgos frecuentes, como la ruptura de los diques de relave (tal es el caso del crimen ambiental de Mariana, Brasil). Los múltiples derrames de petróleo son una triste manifesta- ción de que ninguna tecnología es perfecta y que cada tecnología, incluyendo la más desarrollada, tiene sus riesgos de falla, muchas veces irreversibles. Por el gran po- der que la tecnología da al ser hu- mano, éste tiene que discernir con sumo cuidado y precaución su uso y sus múltiples impactos. 94. Nuestras afirmaciones no de- ben entenderse como un rechazo de la tecnología en general; por el contrario, la Iglesia aprecia mucho una “tecnociencia bien orientada”
386 La Cuestión Social Año 27, n. 4 (LS, 103) y desarrollada con cri- terios éticos al servicio de la vida humana y del cuidado del ambien- te. Sólo de esta manera se puede contrarrestar el alto riesgo de que “la alianza entre la economía y la tecnología termine dejando afuera lo que no forme parte de sus inte- reses inmediatos” (LS, 54). Participación activa de las comunidades en las decisiones sobre proyectos 95. Nuestra fe cristiana nos compromete a respetar todas las culturas y apreciar la diversi- dad cultural (ver LS, 144). Con el Papa Francisco insistimos en que “hace falta incorporar la perspec- tiva de los derechos de los pueblos y las culturas, y así entender que el desarrollo de un grupo social su- pone un proceso histórico dentro de un contexto cultural y requiere del continuado protagonismo de los actores sociales locales des- de su propia cultura. Ni siquiera la noción de calidad de vida puede imponerse, sino que debe enten- derse dentro del mundo de sím- bolos y hábitos propios de cada grupo humano”. 81 96. Tanto los grandes proyectos de explotación ambiental bajo un patrón extractivista (minera, hi- 81 LS, 144. drocarburífera, monocultivos y agroindustrial, maderera, turís- tica, entre tantas otras) como los proyectos de producción de ener- gías limpias (hidroeléctrica, fo- tovoltaica y eólica), afectan de múltiples maneras los espacios vitales de las comunidades indíge- nas. Recalcamos que dichas comu- nidades no deben ser consideradas como “una simple minoría entre otras, sino que deben convertirse en los principales interlocutores, sobre todo a la hora de avanzar en grandes proyectos que afecten sus espacios” (LS, 146). 97. Como lo exige el Convenio 169 de la Organización Interna- cional del Trabajo de las Naciones Unidas, los pueblos indígenas de- ben ser consultados desde la fa- se inicial del planeamiento de los proyectos. Notamos con gran pre- ocupación que “hay demasiados intereses particulares y muy fácil- mente el interés económico llega a prevalecer sobre el bien común y a manipular la información para no ver afectados sus proyectos” (LS, 54). 98. Se debe respetar el hecho de que para las comunidades aborí- genes “la tierra no es un bien eco- nómico, sino don de Dios y de los antepasados que descansan en ella, un espacio sagrado con el cual necesitan interactuar para soste- ner su identidad y sus valores” (LS,
387 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 146). Como podemos observar en muchas partes de América Latina, cuando estas comunidades “per- manecen en sus territorios, son precisamente ellas quienes me- jor los cuidan” (LS, 146). 99. Nos consta que a pesar de ello y por el gran interés en ob- tener las mayores ganancias eco- nómicas posibles a través de la extracción de los bienes naturales en sus territorios, estas comunida- des sufren de fuertes y continuas presiones “para que abandonen sus tierras a fin de dejarlas libres para proyectos extractivos y agro- pecuarios que no prestan atención a la degradación de la naturaleza y de la cultura” (LS, 146). 100. Somos testigos de que en muchas partes, las comunidades indígenas y afroamericanas están expuestas no sólo a una explota- ción altamente concentrada de sus territorios y, en consecuen- cia, a la degradación de su am- biente y pérdida de sus recursos locales, sino también a la amenaza de perder un modo de vida que ellas han desarrollado a lo largo de muchas generaciones en relación estrecha con el ambiente y sus bienes. Su cultura les brinda identidad, un sentido de vida y pertenencia. Con el Papa Francis- co queremos afirmar con deter- minación que “la desaparición de una cultura puede ser tanto o más grave que la desaparición de una especie animal o vegetal. La im- posición de un estilo hegemónico de vida ligado a un modo de pro- ducción puede ser tan dañina como la alteración de los ecosiste- mas” (LS, 145). 101. Con sus concepciones del buen vivir, los pueblos indígenas en América Latina presentan una visión alternativa y cuestionan radicalmente una visión mera- mente economicista del desarro- llo. Tienen una visión mucho más integral y “poseen un gran acervo de conocimientos tradicionales sobre la utilización sostenible de los recursos naturales”. 82 102. Queremos reafirmar que su sabiduría y experiencia son “una riqueza insustituible para toda la humanidad” (CDSI, 471). Los pue- blos indígenas tienen el pleno de- recho de participar en condiciones de igualdad en los debates y deci- siones locales, nacionales e inter- nacionales sobre los así llamados ‘proyectos de desarrollo’. Cambio radical en la compren- sión y práctica de la economía 103. Es absolutamente necesa- rio “cambiar el modelo de desa- 82 DA, 83.
388 La Cuestión Social Año 27, n. 4 rrollo global” (LS, 194). Ello exige reflexionar con mucha responsa- bilidad “sobre el sentido de la eco- nomía y su finalidad, para corregir sus disfunciones y distorsiones” (LS, 194). 104. En nuestro contexto actual de un gran auge de las empresas extractivas con sus posibles bene- ficios y sus altos riesgos, queremos resaltar que “la protección am- biental no puede asegurarse sólo con base en el cálculo financiero de costos y beneficios. El ambien- te es uno de esos bienes que los mecanismos del mercado no son capaces de defender o promover adecuadamente”. 83 Evitemos “una concepción mágica del mercado, que tiende a pensar que los proble- mas se resuelven sólo con el cre- cimiento de los beneficios de las empresas o individuos” (LS, 190). 105. Los testimonios de mu- chas comunidades afectadas por las actividades extractivistas, que hemos recibido, nos muestran con claridad que dentro del es- quema tecnocrático que garantiza máximas ganancias “no hay lugar para pensar en los ritmos de la naturaleza, en sus tiempos de de- gradación y regeneración, y en la complejidad de los ecosistemas, que pueden ser gravemente alte- 83 CDSI, 470. rados por la intervención huma- na” (LS, 190). 106. La situación crítica de nuestro planeta y la amenaza de un colapso de los ecosistemas y la extinción de la vida en nuestra tierra nos exigen con premura un cambio a fondo en la comprensión y práctica actual de la economía hacia una economía al servicio del hombre y en armonía con la naturaleza y los límites de nues- tro planeta. Recordemos que “la economía, como la misma palabra indica, debería ser el arte de alcan- zar una adecuada administración de la casa común, que es el mundo entero. Todo acto económico de envergadura realizado en una par- te del planeta repercute en el todo; por ello, ningún gobierno puede actuar al margen de una responsa- bilidad común” (EG, 206). 107. Necesitamos “una ecología económica, capaz de obligar a con- siderar la realidad de manera más amplia. Porque ‘la protección del medio ambiente deberá constituir parte integrante del proceso de desarrollo y no podrá considerar- se en forma aislada’ 84 ” (LS, 141). El mercado requiere de un marco ético para que se garantice el de- sarrollo humano integral, el de- 84 Declaración de Río sobre el medio am- biente y el desarrollo (14 de junio de 1992), Principio 4.
389 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 sarrollo sostenible y la inclusión social. Por sí mismo, el mercado no lo hace (ver LS, 109). 108. Además, urge desmontar el mito del crecimiento ilimitado po- niendo de manifiesto que un cre- cimiento ilimitado en un planeta finito es insostenible por razones físicas, ecológicas y sociales. Para que se logre la realización del bien común, el cuidado de los bienes colectivos y del clima, “necesita- mos imperiosamente que la polí- tica y la economía, en diálogo, se coloquen decididamente al servi- cio de la vida, especialmente de la vida humana” (LS, 189). Tomar decisiones bien discernidas 109. Como ya lo dijo la Confe- rencia Episcopal Ecuatoriana: “no se trata entonces de decir un ‘sí’ o un ‘no’ rotundo y acrítico a la mi- nería y explotación petrolera, sino de informarse amplia y detallada- mente sobre sus beneficios y per- juicios y luego tomar decisiones inteligentes, oportunas y valien- tes, teniendo presente que la vida y la salud de los seres humanos y el equilibrio del medio ambiente son más importantes que todos los metales”. 85 85 Declaración de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana titulada “Cuidemos nuestro planeta”, del 20 de abril del 2012, p. 5. 110. Por todo lo expuesto, es imprescindible que las interven- ciones en la naturaleza y la explo- tación de bienes de la tierra por parte de las empresas respeten las reglas y la legislación de los Esta- dos, que deben ser orientadas por la solidaridad entre los diferentes grupos sociales, sobre todo con los más empobrecidos y margina- dos que están mucho más expues- tos a que se vulneren sus derechos fundamentales, como también por la solidaridad con las generacio- nes futuras. Necesidad de “una valiente revolución cultural” 111. Una visión consumista de lo que significa realizarse como ser humano genera un hambre insaciable de bienes naturales y energía, con una voracidad peli- grosa, indiferente a los daños eco- lógicos y sociales que este estilo de vida genera, lleva fácilmente a las personas a una manera muy egocéntrica de vivir, fijadas sólo en sus intereses individualistas, sin tomar en cuenta que todo es- tá relacionado y que, por ello, hay una responsabilidad compartida por nuestra tierra y por los de- más, sobre todo por las personas más vulnerables. 112. Necesitamos “una valiente revolución cultural” (LS, 114) y,
390 La Cuestión Social Año 27, n. 4 por consiguiente, una conversión ecológica hacia el cuidado de la Tierra, nuestra casa común, y de las personas, sobre todo de los pobres. Dicha conversión ecológi- ca integral nos debe llevar a com- promisos concretos y duraderos a nivel personal, familiar, local, re- gional, nacional e internacional. 113. La sabiduría ancestral de los pueblos originarios es me- moria viva de una alternativa a la cultura del descarte; 86 por eso, el diálogo planteado desde una eco- logía cultural enriquece los pro- cesos de evangelización. Con el Sínodo de la Amazonía previsto para 2019, se abre un horizonte de renovación teológica y creatividad pastoral que invita a una conver- sión ecológica, una espiritualidad de comunión y una apuesta por el buen vivir, en armonía con los ci- clos de la naturaleza, el agua co- mo derecho fundamental y valor intrínseco de cada creatura. Tal visión, basada en el querer de Dios para toda su creación, ilumi- na cada lugar del continente para entablar diálogos interculturales y asumir compromisos que con- duzcan a la plenitud de la vida en nuestra casa común. 86 LS, 22, 43, 123. V. Fe sin obras está muerta 114. Nuestra vocación de ser profetas de vida en palabras y he- chos nos impulsa a apostar por un estilo de vida diferente de un consumismo compulsivo como el que promueve el mercado. Forta- leceremos en nuestras comunida- des y en las diferentes instancias y obras eclesiales la conciencia de que el compromiso por el cuidado de la creación “no consiste en algo opcional ni en un aspecto secun- dario de la experiencia cristiana” (LS, 217). Más bien, es inseparable de un auténtico amor a Dios y al prójimo, como también de una vi- vencia coherente del seguimiento de Jesús. Nos comprometemos a generar mayor conciencia de que “un crimen contra la naturaleza es un crimen contra nosotros mismos y un pecado contra Dios” (LS, 8). 115. Animamos a las comuni- dades cristianas a vivir su misión de cuidar la Tierra y la vida de las personas, particularmente de los pobres, en alianza con muchas otras personas y organizaciones que comparten este compromiso. Lo importante es comenzar por casa y revisar qué hay que cam- biar para generar una nueva cul- tura del cuidado de la vida.
391 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 Algunas acciones concretas su- geridas por el Papa en LS, 211 son: a) La vigilancia del propio consumo. b) Reducir, reusar, reciclar. c) Evitar el uso de material plástico y papel, reducir el consumo de agua. d) Separar los residuos. e) Utilizar el transporte públi- co o compartir un mismo vehículo entre varias per- sonas. f) Plantar árboles, apagar las luces innecesarias. g) Promover y proteger espa- cios verdes en nuestras ciu- dades. 116. Animamos a todos a cul- tivar en este esfuerzo un espíri- tu ecuménico y que las religiones unidas den testimonio del cuidado amoroso de Dios por su creación. Las iniciativas, convergencias, mesas interreligiosas, coaliciones y alianzas ecuménicas son ejem- plos alentadores de la capacidad de trabajo mancomunado que los creyentes podemos desplegar en función del cuidado del ambiente. 117. Podemos aprender mu- cho de los jóvenes, que a menudo son sensibles al cuidado de nues- tro planeta y disponen del cono- cimiento necesario para poner al servicio de esta tarea las nuevas tecnologías y las redes sociales. El Sínodo de los Jóvenes (2018), la Jornada Mundial de la Juventud (2019), así como todo evento ecle- sial en el que se rescate el prota- gonismo de los jóvenes, debería ser un laboratorio vivencial de los consejos de Laudato si’, un aula ambiental permanente en la que se ponga en práctica en el estilo de vida que posibilita la susten- tabilidad y, en general, un punto de encuentro interdisciplinario para que fe y ciencia se esfuercen en reducir la huella de carbono y ahondar la espiritualidad ecológi- ca desde una perspectiva integral. 118. Todas y cada una de las co- munidades cristianas, desde su propia realidad y particulares ca- racterísticas, son agentes de cam- bio y promoción de la sensibilidad por el cuidado de la vida. No sólo son importantes los grandes hitos y avances que en esta línea se pue- dan lograr, sino también son va- liosas las opciones individuales y comunitarias que desde lo peque- ño pueden contribuir a sumar fuer- zas. Todos estos gestos —grandes o pequeños— generan “un bien en la sociedad que siempre produce fruto más allá de lo que se pueda constatar […], un bien que siempre tiende a difundirse, a veces invisi- blemente” (LS, 212).
392 La Cuestión Social Año 27, n. 4 119. En varios lugares de Amé- rica Latina y el Caribe, las co- munidades cristianas ya están comprometidas en practicar el co- mercio justo. Queremos incentivar esta práctica en nuestras diócesis para que sea cada vez más exten- dida. Asumamos nuestra “respon- sabilidad social de consumidores” (LS, 206), teniendo presente que “comprar es siempre un acto mo- ral, y no sólo económico” (LS, 206). 120. Seguiremos en nuestros es- fuerzos por generar con medios democráticos una necesaria pre- sión sobre los gobiernos del Norte global, para que promulguen leyes con la exigencia a las empresas transnacionales de informar con transparencia en sus países de origen de dónde vienen los bienes naturales extraídos y en qué con- diciones ecológicas y sociales han sido extraídos. Así se puede evi- tar que se importen y usen bienes naturales que han sido generados con base en conflictos socioam- bientales y grandes injusticias co- metidas en contra de la población local y de los trabajadores y traba- jadoras. En este marco, reconoce- mos la importancia de un tratado vinculante sobre corporaciones internacionales y derechos huma- nos, así como está siendo deba- tido en la ONU, con el apoyo del propio Estado del Vaticano. 121. Reafirmamos nuestro compromiso de acompañar a las comunidades afectadas por con- flictos causados por las activida- des extractivistas con la voluntad de contribuir, desde el espíritu del Evangelio, a que esos conflictos se resuelvan en forma pacífica y a la vez con justicia y respeto a los derechos de los pueblos y las cul- turas. Por ello, seguimos compro- metidos en fomentar los procesos formativos que permiten a las co- munidades, sus organizaciones y líderes conocer sus derechos, así como adquirir información am- plia y en un lenguaje comprensi- ble sobre los posibles beneficios, impactos y riesgos de los proyec- tos extractivistas para un verdade- ro discernimiento. 122. Apoyamos decididamente a las comunidades en sus reclamos por su derecho a participar en las decisiones sobre los proyectos ex- tractivistas en sus tierras por los grandes impactos que generan en la vida y cultura de las comunida- des y en el ambiente circundante. Es necesario garantizar el derecho de consulta, consentimiento y veto de las comunidades locales afec- tadas por las actividades mineras. Las comunidades pueden decir ‘no’ a la minería, si en su evalua- ción los emprendimientos genera- rían más daños que beneficios.
393 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 Al Estado le compete realizar las consultas respectivas y debe hacer respetar esta competencia suya, según normas internacionales. Instamos a los Estados a que cum- plan a cabalidad con su deber de realizar las consultas previas e in- formadas en condiciones de trans- parencia y diálogo sincero entre las diferentes partes. 123. Exigimos que un estudio de impacto ambiental se realice antes de “la elaboración de un proyecto productivo o de cualquier políti- ca, plan o programa a desarrollar- se” (LS, 183). A la vez, insistimos en que debe “elaborarse de modo interdisciplinario, transparente e independiente de toda presión económica o política” (LS, 183) y debe facilitarse el acceso público a esta información. La información tiene que estar al alcance de los habitantes locales afectados por proyectos extractivistas. 124. Con base en la doctrina social de la Iglesia, recordamos a los Estados que es su deber no sucumbir a las presiones de inte- reses económicos fuertes e inme- diatos, sino defender los derechos de los habitantes locales, mayor- mente miembros de poblaciones muy vulnerables y en condicio- nes de asimetría de poder frente a las grandes empresas nacionales y transnacionales y al Estado mismo. 125. Con el Papa Francisco recal- camos que “hay que dejar de pen- sar en ‘intervenciones’ sobre el ambiente para dar lugar a políticas pensadas y discutidas por todas las partes interesadas” (LS, 183). Tenemos presente que en la doc- trina social de la Iglesia católica, la participación activa de los ciu- dadanos y las ciudadanas en las cuestiones que afectan su vida y su futuro, es “uno de los pilares de todos los ordenamientos demo- cráticos, además de una de las me- jores garantías de permanencia de la democracia” (CDSI, 190) y de la paz social. 126. Instamos a los gobiernos locales, regionales y nacionales, a los Estados y organismos inter- nacionales correspondientes, a diseñar políticas que incentiven el desarrollo de “formas menos contaminantes de producción de energía” (LS, 172) y de otros re- cursos, y así diversificar las ramas de producción económica. 127. Es necesario que los Esta- dos y apropiados mecanismos de consulta popular definan la tasa de extracción de las minas, así co- mo el límite de la cantidad de mi- neral a ser explotado cada año en cada mina. 128. Es urgente la implemen- tación de legislaciones específi-
394 La Cuestión Social Año 27, n. 4 cas de salud y seguridad para el trabajo en la minería. Los ritmos intensos de actividades mineras generan impactos sobre la salud y seguridad de los trabajadores: ac- cidentes y lesiones, enfermedades ocupacionales, acoso moral en el ambiente laboral. 129. Es necesario prever en los sistemas legales de los países, así como acontece en los países mi- neros de Australia y Canadá, áreas libres de minería, que incluyen áreas protegidas, cuencas de cap- tación de agua para centros ur- banos, lugares de importancia histórica, bosques primarios, en- tre otros. 130. Las minas son abandona- das bajo diversas justificaciones —en especial, la supuesta quiebra de las empresas mineras— cuan- do se acerca el momento de su agotamiento. Es necesario exigir la elaboración de planes de cierre de mina, garantizando la contin- gencia de recursos especiales para esa finalidad desde el inicio de las operaciones de la mina. 131. Nos preocupa profunda- mente que muchos líderes sociales y agentes pastorales sufran conti- nuas amenazas, persecución y ase- sinatos en contextos de conflictos socioambientales: “su integridad física o psicológica y su libertad corre peligro por defender los de- rechos humanos y los derechos de las poblaciones locales” 87 y por proteger el ambiente y la conser- vación de los bienes de la creación. 132. Denunciamos los abusos contra los derechos humanos y los actos de violencia de los cua- les han sido víctimas. A la vez, ex- hortamos a los Estados a cumplir con su deber de garantizar la pro- tección de los derechos humanos y los derechos de las poblaciones locales. Seguimos en nuestro com- promiso de trabajar a través de las redes eclesiales de solidaridad a nivel internacional para dar a co- nocer en los países de origen de las empresas transnacionales los abusos contra los derechos. 133. Debemos construir alter- nativas ante un modelo económi- co que empobrece, excluye a las mayorías y deteriora la casa co- mún. Un modelo extractivista que en aras de un supuesto desarrollo acaba con naturaleza, biodiversi- dad, cultura de nuestros pueblos y no pocas veces con la vida de seres humanos. Trabajar por “un modelo circular de producción que asegure recursos para todos y para las generaciones futuras, y que supone limitar al máximo el 87 Audiencia pública ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (2015), p. 11.
395 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 uso de los recursos no renovables, moderar el consumo, maximizar la eficiencia del aprovechamiento, reutilizar y reciclar” (LS, 22). Por una conversión ecológica integral 134. La encíclica Laudato si’ nos hace un llamado a la conversión ecológica. Todos los bautizados y bautizadas debemos cambiar nuestros estilos de vida, modos de producción y consumo, para ser más coherentes con los valo- res del Evangelio. Una Iglesia en salida misionera, pobre para los pobres, es también una Iglesia que ama y protege la creación, que se sitúa y encarna en el terri- torio, que se reconoce como “casa y escuela de comunión” y, por eso mismo, defiende la vida de la crea- ción, promueve las relaciones de hermandad entre todas las crea- turas y enseña a vivir y convivir rompiendo la autorreferenciali- dad y promoviendo una sincera preocupación por el otro. 135. El enfoque de la ecología integral que subyace en el corazón de esta encíclica del Papa Fran- cisco, debe ser asumido por toda la Iglesia, como dimensión cons- titutiva de la tarea evangelizado- ra. Instamos a cada conferencia episcopal de América Latina y to- das las diócesis que consideren el establecimiento de una comisión o pastoral de ecología integral que ayude a la comunidad eclesial a cuidar la creación de forma acti- va, colaborando con las pastorales sociales en la dimensión social de la evangelización. 136. Necesitamos parroquias, es- cuelas, universidades cuyas prácti- cas den testimonio de una cultura ecológica que respeta, ama y de- fiende la vida: toda vida humana y toda la creación. La Guía de Eco- Parroquias, 88 los green seminar, 89 los eco-barrios, colegios sosteni- bles, universidades sustentables son referentes eco-pedagógicos para generar una ciudadanía eco- lógica coherente con la respon- sabilidad ambiental, “que en nuestros seminarios y casas reli- giosas de formación se eduque para una austeridad responsable, para la contemplación agradecida del mundo, para el cuidado de la fragilidad de los pobres y del am- biente” (LS, 214). 137. Los catequistas, animado- res de comunidades eclesiales de base, miembros de grupos de 88 Una primera versión de la Guía de Eco- Parroquias se puede descargar desde http://catholicclimatemovement.glo- bal/eco-parroquia/ 89 En http://www.greenfaith.org/pro- grams hay un buen ejemplo de trabajo interreligioso para organizar conventos y seminarios verdes.
396 La Cuestión Social Año 27, n. 4 apostolado seglar, movimientos juveniles deben asumir la ecolo- gía integral como desafío pastoral en sus prácticas cotidianas. Nadie en la Iglesia puede ser indiferen- te ante el grito de los pobres y el grito de nuestra hermana Madre Tierra. Todo el proceso evangeli- zador debe ser pensado en clave de vivir y convivir amorosamente en este hogar común. Toda activi- dad catequética, litúrgica, pastoral puede resaltar esta conexión vital entre nuestra fe y el cuidado de la creación. 138. La familia como Iglesia do- méstica tiene una responsabili- dad enorme. El cuidado de la casa común comienza por casa. “En la familia se cultivan los primeros hábitos de amor y cuidado de la vida, como por ejemplo el uso co- rrecto de las cosas, el orden y la limpieza, el respeto al ecosistema local y la protección de todos los seres creados” (LS, 213). 139. La ecología integral im- plica una espiritualidad orante y contemplativa en la acción. Como san Francisco de Asís, alabamos al Creador y le damos gracias por cada una de sus creaturas. El Mo- vimiento Católico Mundial por el Clima traduce bien ese compro- miso de orar por y con la creación, asumiendo un estilo de vida auste- ro y sencillo, y abogando pública- mente por la defensa de la vida. 90 140. El “Tiempo para la crea- ción”, que es una celebración cada vez más popular a nivel mundial con la participación de muchas Iglesias cristianas y diversas confe- rencias episcopales. Es una oportu- nidad concreta para que la Iglesia profundice su proceso de conver- sión ecológica. Esta celebración ecuménica transcurre anualmente entre el 1 de septiembre (Jornada Mundial de Oración por el Cuida- do de la Creación, instituida por el Papa Francisco) y el 4 de octubre (Fiesta de San Francisco de Asís). Éste es un buen primer paso para ir permeando creativamente tiem- pos litúrgicos, ritos sacramenta- les, expresiones de piedad popular y, en general, la dimensión cele- brativa de la fe, de modo que el comportamiento cotidiano expre- se la espiritualidad ecológica de las comunidades. 141. A partir del encuentro con Jesucristo, Palabra de Dios hecha carne, nos comprometemos con 90 El Movimiento Católico Mundial por el Clima (MCMC), mediante una campaña avalada por el Vaticano, promueve que oremos por la creación, asumamos un estilo de vida austero y defendamos la creación. Es un buen ejemplo de los compromisos que se pueden promover entre las comunidades católicas (www. vivelaudatosi.org).
397 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 la construcción de su Reino. Este encuentro nos lleva a dejar actuar en cada uno de nosotros al Espíri- tu Santo, para que llene nuestros corazones del amor de Dios y re- nueve la faz de la tierra. La Jornada Mundial de los Pobres nos recuerda que para dar gloria a Cristo Rey debemos abrazarlo en la piel de los empobrecidos y mar- ginados. Cuidar a la Madre Tierra, con la misma consideración en el trato a los más pobres, constituye un horizonte ético de la ecología integral. La educación ecológica se plenifica en espiritualidad eco- lógica, al pasar de la información ambiental a dar un salto de comu- nión con el Misterio (LS, 210). 142. También, es necesario cui- dar a los cuidadores de la casa co- mún, porque no pocas veces son amenazados, maltratados, repri- midos y encarcelados por anun- ciar la Buena Nueva del Reino y denunciar a los “dioses del poder y del dinero”. Ya son muchos los mártires que en América Latina han dado su vida en la lucha por la defensa de la vida. Su sangre es semilla de libertad y esperanza. 143. Nuestros territorios gozan la maravillosa bendición de la bio- diversidad, pero también están expuestos a tragedias por sismos, huracanes, deslizamientos de tie- rra, entre otros. Muchos de estos riesgos se han incrementado por causa de una equivocada activi- dad humana. Es tarea imprescin- dible de cada comunidad eclesial prepararse para las emergencias, mediante el conocimiento profun- do de su región; crecer en solida- ridad y comunicación; formarse en gestión de riesgos, adaptación al cambio climático y fortalecer la capacidad de enfrentar la adversi- dad con la mirada centrada en el mensaje de Jesús, quien nos ofrece vida en abundancia (Jn 10, 10). 144. “María, la madre que cui- dó a Jesús, ahora cuida con afecto y dolor materno este mundo heri- do” (LS, 241). Que Nuestra Señora de Guadalupe, Madre de Améri- ca Latina, nos acompañe y anime a ser discípulos misioneros custo- dios de la casa común, para que en Jesús nuestros pueblos tengan vi- da plena y podamos cantar juntos con gozo: “alabado seas”. Bogotá, Colombia 25 de enero de 2018
398 La Cuestión Social Año 27, n. 4 ¿Síntoma o enfermedad? ¿Cómo observar el tema de la migración en el México moderno? El análisis de Rodolfo García Zamora sobre el tema migratorio en México permite dar respuesta a tales cuestionamientos. Entender la problemática del éxodo de 11 mi- llones de mexicanos entre 1980 y 2018 debe entenderse más allá de una dinámica social y empezar a involucrar otros puntos al deba- te, como las cuestiones políticas y económicas, que permitan profun- dizar el tema migratorio. El diagnóstico es claro para el autor: la migración es una de las enfermedades que más atañen al México actual y los síntomas son México la nación desafiada. Análisis y propuesta ante la migración y la falta de desarrollo en México Alí Guerrero Álvarez* García Zamora, Rodolfo. México la nación de- safiada. Análisis y propuesta ante la migración y la falta de desarrollo en México, Universidad Autónoma de Zacatecas y Editorial MA Porrúa, México, 2019. el resultado de tres décadas de nu- lo desarrollo económico, empleos insuficientes, corrupción y falta de cohesión social. Un punto interesante respecto del porqué el tema migratorio en México se ha vuelto más insistente en los últimos años, tiene respues- ta en la crisis económica que afec- tó a Estados Unidos (2008) en la etapa del presidente Barak Obama y sus consecuencias en las políti- cas migratorias propuestas por el presidente Donald Trump a partir de 2017, que cerraron la válvula de escape que representó el país del norte ante las omisiones de nues- tro país en políticas económicas y sociales en los últimos sexenios.
399 La Cuestión Social AÑO 27, N. 4 Por supuesto, todo análisis no se queda solamente en señalar las problemáticas, sino en proponer soluciones en los campos de la po- lítica nacional, como reformas y regulaciones; en la economía, co- mo la sustentabilidad en el cam- po y la ciudad; y en lo social, como la seguridad y reconstrucción de las clases sociales, sobre todo las más desfavorecidas. Sin duda, un título capaz de ayu- darnos a comprender el tema de la migración, no sólo en nuestro país, sino en las sociedades actuales, que ofrece una visión más amplia y, así, actuar con mayores argu- mentos en la parte de la sociedad civil e influir de mejor manera en un tema que nos preocupa y ocupa a todos. *Historiador y miembro del Seminario de Investigación de lo Social de Jóve- nes Universitarios en IMDOSOC.
E N E R O INICIO DE ENTREVISTAS CICLO 2020-2022 Coordinador de la Maestría: Gerardo Cruz González gerardo.investigacion@imdosoc.org 56615612 ext. 125 PENSAMIENTO SOCIAL CRISTIANO www.universidadcatolica.edu.mx www.imdosoc.org
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