203 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 Documentos, ensayos, comentarios y reseñas de libros acerca de lo social 3 AÑO 27 N. 3, JULIO - SEPTIEMBRE 2019 REVISTA DEL INSTITUTO MEXICANO DE DOCTRINA SOCIAL CRISTIANA, CIUDAD DE MÉXICO. Juan Luis Hernández El pensamiento social cristiano desde América Latina/ págs. 207-225. Luis Javier Rubio Guerrero La Escuela de Salamanca y América Latina: un pasado con futuro/ págs. 226- 242. Alí Guerrero Álvarez Migración y derechos humanos. El caso de la caravana migrante en la prensa es- crita/ págs. 243-253. Gerardo Cruz González De sanaciones y milagros o cómo enten- der a un Jesús taumaturgo y político/ págs. 254-262. Edith Trujillo Martínez El discipulado femenino/ págs. 263-272. Omar Pérez Uribe Violencia, crisis ambiental y migración: desafíos actuales para la pastoral social/ págs. 273-286. Organización Internacional del Trabajo Trabajar para un futuro más promete- dor/ págs. 287-293. Rodrigo Alonso López Rodríguez La condición del migrante en Norteamé- rica, una visión desde la filosofía/ págs. 294-297.
203 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 Presentación En esta edición de La cuestión so- cial les compartimos una serie de artículos acerca de diversas temá- ticas del pensamiento social cris- tiano como el mundo del trabajo, medio ambiente, migración, etc. Juan Luis Hernández escribe “El pensamiento social cristiano des- de América Latina”, donde repa- sa la historia tanto de las cuatro conferencias episcopales acaeci- das en nuestro continente, hasta los principales teólogos y filósofos que le han dado forma a la mane- ra en que percibimos y vivimos la doctrina social cristiana. “La Escuela de Salamanca y América Latina: un pasado con futuro”, de Luis Javier Rubio Gue- rrero, O.P., rescata los principales postulados de la Escuela de Sala- manca, con sus visionarios teó- logos y postulados humanistas, pero sobre todo, al potencial que tendría en su aplicación al caso latinoamericano, donde nos rige una fuerte identidad religiosa pe- ro, paradójicamente, se vive una marcada desigualdad. Alí Guerrero Álvarez escribe “Migración y derechos humanos. El caso de la caravana migrante en la prensa escrita”, donde reali- za un seguimiento de las notas pe- riodísticas de un medio impreso específico (La Jornada) acerca de este fenómeno que sacudió la opi- nión pública desde finales del año pasado. Este artículo recoge tanto los principales hechos aconteci- dos en el periodo, como la forma y lenguaje en que se abordó. Gerardo Cruz González nos com- parte “De sanaciones y milagros”, texto que hace un recorrido sobre diversos pasajes bíblicos sobre las curaciones físicas que realizó Jesús y que son consideradas mi- lagros, pero también de su reper- cusión social y política, donde reintegraba a personas que eran excluidas; en definitiva, una re- visión profunda de las sanacio- nes practicadas por Jesús que nos deben dar pautas en la socie- dad actual. “El discipulado femenino”, de Edith Trujillo Martínez, desmenu- za el sentido amplio del término ‘discípulo de Jesús’ y nos ofrece
204 La Cuestión Social Año 27, n. 3 referencias bíblicas y análisis teo- lógicos sobre el papel que ejer- cieron las mujeres que seguían a Jesús y su importante labor duran- te su vida pública; un texto revela- dor y bien documentado que nos invita a reflexionar el papel de la mujer como seguidora de Cristo. Omar Pérez Uribe escribe “Vio- lencia, crisis ambiental y migra- ción: desafíos actuales para la pastoral social”, donde nos mues- tra que estos tres fenómenos so- ciales están más interrelacionados de lo que parece. Aquí juega un pa- pel fundamental la pastoral social, que debe atender estos problemas en su conjunto para generar pro- cesos de cambio en las comuni- dades encaminados a mejorar la educación y cultura. “Trabajar para un futuro más prometedor”, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), es la introducción de un trabajo muy profundo acerca de la pertinencia de generar programas laborales enfocados en las personas que sir- ve, además, como una invitación para que los empleadores tomen conciencia y emprendan acciones para un verdadero bienestar de los trabajadores. Finalmente, Rodrigo Alonso López Rodríguez nos trae “La con- dición del migrante en Norteamé- rica, una visión desde la filosofía”, donde analiza la repercusión que ha tenido en la agenda migrante la presidencia de Donald Trump en Estados Unidos, que se convirtió de una situación de derechos hu- manos a un problema prioritario de seguridad nacional. Este texto también resalta las dificultades que tiene el migrante al abando- nar su lugar de origen para inser- tarse con lo otro diferente. Deseamos que esta selección de artículos le sirvan para su forma- ción académica o reflexión acerca de lo social y que le inviten a pro- fundizar en cada uno de los temas que, sin duda, son de vital impor- tancia para un adecuado desarro- llo social y personal.
205 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 Directorio CONSEJO DIRECTIVO Presidente Honorario Vitalicio: Emmo. Sr. Cardenal Roger Etchegaray. Presidente Honorario Vitalicio in memoriam: †Lorenzo Servitje Sendra. Presidente Honorario Vitalicio in memoriam: †Salvador Domínguez Reynoso. PRESIDENTE María Lucila Servitje Montull. VICEPRESIDENTES José Enrique Mendoza Delgado. Sergio de Jesús Castro Toledo. TESORERO Jesús Antonio Damián Basurto. SECRETARIO Manuel Gómez Díaz. VOCALES Maria del Pilar Mariscal Servitje P. J. Benjamín Fernando Bravo Pérez VOCALES DEL CONSEJO Raúl González Schmal, Francisco Javier Albarrán González, Rosario del Carmen Alfaro Osorio, Federico Altbach Núñez, Martha Aviña Dieguez, Mariano Azuela Güi- trón, Javier Ballesteros de León, Constantino José Antonio de Llano Marhx, Mons. Guillermo Francisco Escobar Galicia, P. Mario Ángel Flores Ramos, Rafael Ibarra Farfán, Conrado Antonio Larios Prado, Mauricio Limón Aguirre, Alejandro Ma. Latapí Díaz, P. Manuel Olimón Nolasco, Adrián Ruiz de Chávez, María Eugenia Romo de Documentos, ensayos, comentarios y reseñas de libros acerca de lo social
206 La Cuestión Social Año 27, n. 3 Murrieta, María de la Paz Sáenz de Soberón, Arcadio Valenzuela Valenzuela, Luis Javier Rubio Guerrero, OP. COMISIÓN DE VIGILANCIA María Luisa Aspe Armella, Rogerio Casas-Alatriste Hernández, José Ignacio Mariscal Torroella, Juan Enrique Murguía Pozzi, Óscar Ortiz Sahagún y Román Uribe Michel. La Cuestión Social, es una publicación trimestral editada y publicada por la Asociación Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C., a través del Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, con dirección en Pedro Luis Ogazón n. 56, Col. Guadalupe Inn, CP 01020, México, DF, Tels. 56614465, 56614169. E-mail: comunica@imdosoc.org www.imdosoc.org Registro de correspondencia de 2a. Clase expedido en la Dirección General de Correos Publicación Periódica. Registro No. 129-93. Certificado de Licitud de Contenido (pendiente). Certificado de Licitud de Título (pendiente). No. de Reserva al Título del Derecho de Autor (pendiente). Registro ISSN en trámite. Distribución directa en el IMDOSOC. Esta edición de La Cuestión Social consta de 700 ejemplares y se imprimió en MG Advanced Prepress Technology, S.A. de C.V. Canal Leningrado Mz. 34 Lt. 12, Col. Insurgentes, 09750, Ciudad de México, Tel: 5690 0463, impvarel@hotmail.com. Coordinador de contenidos: Gerardo Cruz González Diseño: Minerva Lizeth Mondragón Garduño Corrección de estilo: A. Alfonso Muñoz Chávez Suscripciones: martha.crm@imdosoc.org Los artículos publicados reflejan el punto de vista del autor y no necesariamente el de la Asociación Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C. No se devuelven originales no solicitados. Queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos e imágenes de la publicación sin previa autorización de la Asociación Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C. Precio del ejemplar: $ 100. 00 Suscripción anual: $ 330. 00 Suscripción para el extranjero Dlls. 80. 00
207 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 América Latina ha sido un lu- gar privilegiado para descubrir el paso de Dios en nuestra historia. Con sus contradicciones, tensio- nes y esperanzas, nuestra región conoció la praxis de Jesús dieci- séis siglos después del misterio de la crucifixión/resurrección; pero a pesar de ello, ha sido desde aquí, nuestra tierra mestiza y ne- gra, donde más se ha matado por defender la vida y luchar por la justicia desde la fe en el Dios de Je- sús. El martirio en América Latina ha mostrado en los hechos que un pensamiento social cristiano anidó y caló hondo en la conciencia de nuestros pueblos y desde ahí sigue iluminando nuestro caminar en medio de clamores y esperanzas. Revisitando la doctrina social cristiana La Doctrina Social Cristiana (DSC) es un corpus de postulados que la Iglesia católica empezó a sistematizar en torno a la no fácil relación entre fe-sociedad y polí- tica. La encíclica Rerum novarum, publicada el 15 de mayo de 1891 El pensamiento social cristiano desde América Latina Juan Luis Hernández* por el Papa León XIII, sería el pun- to de partida de esa reflexión. Habría que recordar que para el mundo antiguo, lo religioso y lo sociopolítico pertenecían a una misma y sola dimensión. Empero, el liberalismo radicalizó la visión agustiniana de las dos ciudades, entendiendo la vida de manera dicotómica entre el cielo y la tie- rra, lo sacro y lo profano, lo te- rrenal y lo espiritual, el templo y el palacio de gobierno, lo civil y lo eclesiástico, por lo que para el siglo XIX la fe cristiana poco o na- da tenía que decir al mundo de la economía, al problema obrero, a la cuestión campesina, a las implicaciones de la Revolución Industrial, a las revoluciones so- ciales, a los partidos políticos que emergían por doquier. Pero la vida se ha negado una y otra vez a hacer esas separaciones. La fe de Jesús y en el Dios de Je- sús es un todo integral que toca la totalidad de la existencia humana. De esta manera, la DSC se constru- yó como un cuerpo doctrinal que viene desde la Biblia (los profetas
208 La Cuestión Social Año 27, n. 3 de Israel en el Antiguo Testamen- to, las buenas noticias en el Nuevo testamento) y desde los albores de la vida de la Iglesia (el martirio de las primeras comunidades cristia- nas), enriquecida por la praxis de emblemáticos cristianos a lo largo de la historia y la aportación de las encíclicas papales sobre el proble- ma social. La DSC es una recuperación, tardía, pero recuperación al fin, de una mirada sistemática en la que la teología, la eclesiología y la cristología dialogan con el mundo contemporáneo, con sus avances y retrocesos, con sus posibilidades y negaciones. Por ello, también la DSC puede en- tenderse como un conjunto de im- plicaciones ético-sociales que desde la fe se orientarían para la transfor- mación de la persona y de la so- ciedad, una moral para la acción social o una respuesta evangéli- ca a las injusticias sociales de los tiempos (Vergara, 1992). El contexto en que nace formal- mente la DSC ha hecho de ésta fuente de una gran discusión so- bre sus propósitos, alineamiento o no político-ideológico e implica- ciones legitimadoras en las distin- tas trincheras de lucha histórica. En ese sentido, para Jesús Vergara (1992) fue necesario deslindar la DSC a partir de lo que a su juicio no es. En su perspectiva, no es una so- ciología cristiana, ni una economía cristiana, ni un esbozo de partido demócrata cristiano. Aunque los partidos demócratas en el mundo —y los que se derivan de ellos, co- mo el Partido Acción Nacional en México— bebieron de la DSC, se advierte que jamás se ha querido ser parte de la lucha partidista. La polémica con la DSC se agudi- zó en la Guerra Fría. Con el mun- do geopolíticamente polarizado entre capitalismo y socialismo, se quiso ver en la DSC una suerte de ‘tercera vía’ que sintetizaba las mejores aspiraciones humanas de ambos proyectos. No obstante, la reflexión sociopolítica que se nu- tría de la fe no podía alinearse a objetos históricos determinados. En América Latina, la recepción y creación de DSC, sobre todo des- pués del Concilio Vaticano II, se diferenció de otro pensamiento social cristiano: la teología de la liberación. Para algunos críticos como Ana María Ezcurra (1986), la DSC debía tomarse en América Latina como “un reformismo an- tisocialista” y con “una posición objetivamente competitiva con las ideologías políticas en juego en AL” (Ezcurra, 1986).
209 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 La persecución a la teología de la liberación hizo más evidente la di- ferenciación de contenidos de uno y otro pensamiento, aunque tam- bién hubo muchos esfuerzos de teólogos y agentes de pastoral para construir puentes y síntesis entre ambos. La catequesis y el pensamiento social del Papa Fran- cisco es un excelente ejemplo de cómo la doctrina social de la Igle- sia y la teología de la liberación se han nutrido mutuamente. Hacia una praxis social cristiana desde América Latina El pensamiento social cristiano desde América Latina es el resul- tado de una teología autóctona (la teología de la liberación), de cuatro conferencias episcopales (Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida) y de una praxis cris- tiana que llevó a muchos cristianos al martirio. Teología desde el pue- blo, eclesiología situada y evan- gelización profética nutrieron un pensamiento que no se hizo doc- trina, sino que se hizo praxis. Por ello, pensamiento y no doctrina, es en lo que derivó el esfuerzo al que alentaba el Papa Juan XXIII al convocar al Concilio, unir la fe y la vida. En América Latina, esa unión se concretaría en la lucha por la justicia desde la fe. Los aportes de la teología de la liberación a un pensamiento social cristiano La teología de la liberación irrumpió con Gustavo Gutiérrez a fines de los sesenta y principios de los setenta del siglo pasado con la fuerza del Espíritu. Su in- cursión inspiró un tipo de Iglesia y una manera de evangelización, pero también asustó a otros, puso en guardia a otros más y desenca- denó un proceso de tesis-antítesis que, como decíamos líneas arri- ba, el Papa Francisco ha sabido acomodar en su llamado a que la Iglesia se convierta a los pobres. Para zanjar la polémica sobre la ideologización de izquierda o marxista en la teología de la libe- ración, Gustavo Gutiérrez, citado por Vergara (1992), afirma: “Lo importante en la teología de la li- beración no es el manejo del análi- sis marxista, sino el que los pobres sean el centro de la Iglesia y de su acción pastoral, que tengan voz privilegiada en la Iglesia y en el mundo y que sean punto de arran- que de nuestra reflexión de acción, de modo que ellos ocupen siempre el lugar privilegiado que Dios les ha asignado”. Y un sector de la población po- bre de América Latina decidió
210 La Cuestión Social Año 27, n. 3 hacer Iglesia en las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs). En el documento de la conferencia epis- copal de Aparecida, las CEBs no sólo son reconocidas como mode- lo eclesial, sino testimonio de un actuar de compromiso cristiano desde la fe por una sociedad más justa. El documento, en su número 178, lo recoge así: “las Comuni- dades Eclesiales de Base han sido escuelas que han ayudado a for- mar cristianos comprometidos con su fe, discípulos y misioneros del Señor, como testimonia la en- trega generosa, hasta derramar la sangre, de tantos miembros su- yos” (Marins, 2009). Uno de los aportes más hondos y profundos de las CEBs, a un modo de proceder desde la fe en el cam- po del compromiso social y por la justicia, es haber hecho del méto- do ver, juzgar, actuar una seña de identidad, una manera de enfren- tar el mundo y la sociedad desde la Palabra de Dios, de partir de la realidad para ser iluminada y dis- cernida por la Biblia y el magiste- rio de la Iglesia, una manera para actuar en la realidad guiados por un celo apostólico. Esa manera de estar en la realidad y actuar en ella provocó muchos mártires en las CEBs y no faltó quien recorda- ra que había mucho en ellas de las primeras comunidades cristianas perseguidas en los albores de los movimientos post Jesús. El pensamiento social cristiano de América Latina se nutrió signi- ficativamente de la praxis pastoral de las CEBs y la reflexión teológica de la liberación que concitó a dece- nas de teólogos, que en un primer momento debatieron, pensaron y discutieron temas y asuntos de al- ta intensidad social y política. La teología de la liberación se erigió en las décadas de setentas a noventas del siglo pasado con la palabra, praxis y escritura de: Gustavo Gutiérrez, Roberto Olive- ros, Clodovis Boff, Enrique Dussel, Pablo Richard, Julio Lois, Álvaro Quiroz, Francisco Moreno, Ana María Tepedino, Margarita Ribei- ro, Ignacio Ellacuría, Juan Luis Segundo, Jon Sobrino, Leonardo Boff, Ronaldo Muñoz, Carlos Bra- vo, Ivone Gebara, Maria Clara Lucchetti Bingemer, José Comblin, Pedro Trigo, José Ignacio González Faus, Antonio Moser, Juan Ramón Moreno, Juan Antonio Estrada, Juan José Tamayo, Marcello de C. Azevedo, Víctor Codina, José Ma- ría Castillo, Alberto Parra, Diego Irarrazaval, Paulo Suess, Franz Da- men, Javier Jiménez Limón, Joao Batista, Carlos Palacio, Juan Her- nández Pico (Ellacuría-Sobrino, 1994), y otros muchos que conoci-
211 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 dos y no tan conocidos irrumpie- ron con una relación muy estrecha entre realidad latinoamericana y fe cristiana. Los tópicos, temas, asuntos y disquisiciones que estos teólogos y teólogas abordaron, entre otros, fueron: epistemología y método de la teología de la liberación; teología de la liberación y mar- xismo; teología de la liberación y doctrina social de la Iglesia; her- menéutica bíblica; teología en la teología de la liberación; cristolo- gía en la teología de la liberación; moral fundamental en la teología de la liberación; teología de la mu- jer en la teología de la liberación; pobres y opción fundamental; his- toricidad de la salvación cristia- na; libertad y liberación; utopía y profetismo; revelación, fe y signos de los tiempos; centralidad del Reino de Dios en la teología de la liberación; Trinidad; Dios Padre; Jesús de Nazaret, el Cristo libera- dor; cristología de la liberación; María; Espíritu Santo; creación y mundo material; antropología: persona y comunidad; gracia; pe- cado; sexualidad; la Iglesia de los pobres; evangelización; pueblo de Dios; el pueblo crucificado; co- munión, conflicto y solidaridad eclesial; comunidades eclesiales de base; sacramentos; sacerdocio, episcopado, papado; ministerios laicales; religión popular; incul- turación; sectas; espiritualidad y seguimiento de Jesús; sufrimien- to, muerte, cruz y martirio; espe- ranza, utopía y resurrección; vida religiosa; justicia; ideología; revo- lución, violencia y paz (Ellacuría- Sobrino, 1994). Como se puede observar, al ca- lor de la persecución tanto del Vaticano como de las dictaduras y gobiernos autoritarios, la teo- logía de la liberación abordó prácticamente toda la vida que im- plicaba un seguimiento cristiano. La teología de la liberación flore- ció, se expandió y tuvo sus apor- tes más profundos en medio de la opresión y censura a sus voces y plumas. Varios de estos teólogos fueron asesinados, silenciados, ex- pulsados, retirados, excluidos, pe- ro al mismo tiempo sembraron lo que muchos otros cosechamos. La caída del Muro de Berlín, y con él la Cortina de Hierro del mundo del socialismo real, per- mitió a la teología de la liberación expresarse no sólo con mayor li- bertad, sino que ya sin el ruido ideológico del comunismo se ex- pandió a otras miradas, surgieron más teólogos laicos, se incremen- tó significativamente la aporta- ción de las teólogas. Los críticos de la teología de la liberación de-
212 La Cuestión Social Año 27, n. 3 cretaron su muerte al instalarse el capitalismo en prácticamente todo el mundo, signo inequívoco de que no sólo habían comprendi- do mal a dicha teología, sino que no advirtieron que las consecuen- cias sociales y espirituales de la llegada del neoliberalismo, par- ticularmente a América Latina, darían la razón a las preocupacio- nes centrales de una teología que hacía teología desde el pueblo, desde abajo, desde los gritos y cla- mores de los oprimidos, los exclui- dos de siempre. En la era neoliberal de las últi- mas tres décadas, el pensamiento social cristiano se nutrió de nuevas teologías de la liberación y nuevos aportes y abordajes a la compleji- dad del siglo XXI, acompañando la urbanización salvaje de América Latina, sus procesos inacabados de transición a la democracia, el fin de las dictaduras pero no el fin de las violencias, la aparición del crimen organizado y la erección de kakistocracias (el gobierno de los peores), las migraciones, el cambio climático y muchas otras fenomenologías sociales. A raíz de estos procesos, se hi- zo más patente la necesidad de reafirmar nuestra identidad lati- noamericana. José María Vigil y don Pedro Casaldáliga crearon un vínculo entre pensamiento social cristiano-praxis evangélica-legado martirial-articulación latinoameri- cana a través de la Agenda latinoa- mericana, que en 2019 tiene 24 puntos de venta en AL y Europa, además de su versión digital. Esta agenda está orientada a visibilizar una causa cada año, y a través del método ver, juzgar, actuar, invi- ta a alrededor de 50 pensadores/ hacedores de fe/vida/justicia que alienan la praxis año con año si- guiendo el pulso de los signos de los tiempos. En 2019, la agenda discute, reflexionan y propone “las grandes causas, en lo pequeño” (Agenda latinoamericana, 2019). Este pensamiento social cristia- no de las últimas décadas ha situa- do su preocupación y ocupación en la visibilización de ciertas causas, como la indígena, negra, popu- lar, de la mujer y ecológica, entre otras. Estas causas han generado discutir y plantear el diálogo de culturas, de las religiones, la de- mocracia, la recuperación de la política, la crisis climática plane- taria, la propuesta indígena del Sumak Kawsay, la libertad, los de- rechos humanos, la igualdad, pro- piedad, ecología integral, igualdad de género. Y como anunciamos líneas arriba, este pensamiento social cristiano de la segunda dé- cada del siglo XXI tiene nuevas
213 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 preocupaciones como la trata de personas, el crimen organizado, los jóvenes como carne de cañón, el extractivismo, la migración múltiple, la iglesia negocio, la ka- kistocracia, la sociedad de castas mundial, la razón cínica, el con- sumismo voraz, el vaciamiento de sentidos. Para discernir estas realidades —las nuevas y las que aún nos ato- sigan con su terca persistencia—, el pensamiento social cristiano se apoya en las nuevas epistemolo- gías del sur, en la formulación de éticas cristianas transformadoras de la realidad, en el paradigma del cuidado como críticos, creativos y cuidadores, en desvelar los mo- dos de dominación moderna: cla- se (capitalismo), raza (racismo) y sexo (patriarcado) como lo plan- tea Boaventura Santos de Souza, al afirmar que “los filósofos, científi- cos y humanistas deben colaborar con quienes luchan contra la do- minación, creando formas de com- prensión del mundo que hagan posible prácticas de transforma- ción que liberen conjuntamente el mundo humano y el no humano” (Agenda latinoamericana, 2019). En suma, al cumplirse 50 años de que por primera vez Gustavo Gutiérrez propusiera en una con- ferencia el término ‘teología de la liberación’, América Latina ha sido un lugar teológico en el que el cristianismo evangelizó la vida integral de la persona, particular- mente su dimensión social, econó- mica, cultural, política y eclesial. Con ello, el discipulado de Jesús se hizo más congruente y se expe- rimentó la importancia de dar a conocer un rostro de Dios creíble, que escucha y acompaña los cla- mores de su pueblo. De esta manera, al finalizar la se- gunda década del siglo XXI, el pen- samiento social cristiano podría muy bien reflejarse en las palabras de un obispo comprometido desde la fe con la justicia, don Pedro Ca- saldáliga: “Nosotros/nosotras nos negamos a aceptar el yugo. Cree- mos, hasta por la más entrañada necesidad, que otro mundo es po- sible. Queremos ser la Humanidad una, pero de otro modo, en la li- bertad y en la igualdad, en la con- vivencia pacífica y en la pluralidad complementaria. La Humani- dad neoliberalizada no encaja en nuestros sueños ni encaja en los designios de Dios. Somos, quere- mos, vamos haciendo, otra Huma- nidad… Otra globalización, otra mundialización, pretendemos; sin imperios y sin exclusiones; una Humanidad toda ella humana. Hu- manizar la Humanidad es la tarea de toda educación, de toda comu-
214 La Cuestión Social Año 27, n. 3 nicación, de toda política y de toda religión que merezcan ser” (Agen- da latinoamericana, 2019). Las conferencias episcopales latinoamericanas y el pensa- miento social cristiano Latinoamérica hizo una recep- ción creativa del Concilio Vaticano II y, con ella, se abrieron horizon- tes inimaginables de acción evan- gélica, pastoral y social en el continente. Habría que ir a la mis- ma culminación del Concilio para ver a un obispo latinoamericano, Helder Cámara, animar el Pacto de las Catacumbas. En noviembre de 1965, se reunieron 42 obispos conciliares (nueve de ellos de AL) y signaron un pacto de 13 puntos en el que se comprometen a hacer realidad una Iglesia pobre entre los pobres para los pobres (Tama- yo-Hernández, 2018). Este punto de partida tendría una segunda parada en la Segun- da Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Medellín, Co- lombia (1968). A partir de este acontecimiento, la Iglesia latino- americana ya no sería la misma: caminaría, como el Señor Jesús, en medio del trigo y la cizaña, sería portadora de una mística proféti- ca inigualable en el mundo y po- seedora de una verdad en su lucha por la justicia y la dignidad del pueblo pobre. Llamaría la aten- ción su eclesiología, una llamada crítico-reflexiva sobre el ser y el quehacer de la Iglesia en medio de un continente injusto, desigual, pobre y oprimido. De esta forma, otra fuente en el pensamiento social cristiano de América Latina fueron las con- ferencias episcopales sucedidas a lo largo de cuatro décadas en Medellín (1968), Puebla (1979), Santo Domingo (1992) y Apare- cida (2007). Estas reuniones re- gionales de obispos también han dado lugar a lo que algunos de- nominan ‘el magisterio de la Igle- sia latinoamericana’, mediado por las preocupaciones vaticanas de que la teología de la liberación no fuera de influencia decisiva en di- chas conferencias. Por este motivo, se alza una ra- zonable polémica en torno al fre- no que habría impuesto Roma a partir de la conferencia de Puebla al ver los efectos de Medellín en una Iglesia movilizada, militan- te, comprometida y, muy tempra- no, perseguida. Aunque las cuatro conferencias aportan inequívoca- mente un pensamiento social cristiano de claro compromiso con la realidad, Medellín y Pue- bla destacan por su celo profético,
215 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 disruptor, utópico y compromiso evangélico sin ambages. De la conferencia de Medellín, con motivo de los 50 años de su irrupción en nuestra historia, se publicó y habló mucho. No hay su- ficiente espacio para enunciar lo que significó para el ser y queha- cer de una Iglesia y un cristianis- mo que no sólo no se había visto antes, sino que movilizaría una manera de ser y estar, desde la fe, en esta tierra de injusticia… pero también de esperanza. Por tal motivo, recupero la pala- bra de don Samuel Ruiz, obispo ya entonces de San Cristóbal de las Casas, quien participó en un ciclo de conferencias previas a la inau- guración de la Conferencia Episco- pal y cuyo contenido anuncia esa otra manera de construir un pen- samiento social cristiano crítico, autocrítico y profético. Su alocución se centró en la evangelización del mundo indíge- na y destaca lo siguiente: “Los po- bres no podrán ser evangelizados si nosotros somos latifundistas, los débiles y oprimidos se alejarán de Cristo, si nosotros aparecemos aliados a los poderosos; no se po- drá evangelizar a los ignorantes, si nuestras instituciones religiosas, continúan buscando el paraíso terrestre de las grandes ciudades y no los pueblos y los suburbios; no brillará el Evangelio en toda su plenitud —en una palabra— si los responsables de las Iglesias loca- les nos mostramos reticentes ante la mentalidad nueva exigida por el Vaticano II” (Ruiz, 2018). Estas palabras de don Samuel —nuestro querido don Samuel— anuncian ya en 1968 una teología, una cristología, pero sobre todo, una eclesiología que desvela las contradicciones de un cristianis- mo acomodado en las estructu- ras de poder y de pecado frente a un cristianismo que se anuncia desde la periferia, de los márge- nes, desde los de abajo, desde un pueblo oprimido. Hoy, las palabras del obispo siguen retumbando con un eco expandido ante la vigencia de su denuncia. Víctor Codina afirma que don Samuel Ruiz en su ponencia “urge que sea declarada América Lati- na un estado de misión. Se nece- sita una profunda evangelización, una misión profética que distinga evangelización de catequesis. La Iglesia primitiva bautizaba a con- vertidos, ahora en América Latina se trata de convertir a los bauti- zados con un encuentro personal con Cristo. Notemos aquí que el tema de la Iglesia ‘en estado de
216 La Cuestión Social Año 27, n. 3 misión’ que aparecerá años más tarde en Aparecida y en el Papa Francisco, tiene ya en las Ponen- cias de Medellín un precedente” (Codina, 2018). Así pues, el pensamiento social cristiano en América Latina no po- drá descansar sin antes ocuparse de lo que significa “convertir a los bautizados”. La paradoja de estar en un continente desigual, violen- to, pero católico, lo abordaremos más adelante. La Tercera Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Puebla tiene ya la marca de la contención, por parte del Vaticano, ante una Iglesia medellinista; pe- ro al mismo tiempo, Puebla es también la consolidación de cues- tiones clave que la teología de la liberación había puesto ya como insoslayable. Sobresalen las re- flexiones y llamados por la defen- sa y promoción de los derechos humanos y, particularmente, un apartado original y pedagógico, como el que más, sobre la relación entre el cristianismo y la política. En torno a los derechos huma- nos, los obispos en Puebla plan- tearon: “En todos los casos, el laico deberá buscar y promover el bien común en la defensa de la digni- dad del hombre y de sus derechos inalienables, en la protección de los más débiles y necesitados, en la construcción de la paz, de la li- bertad, de la justicia; en la crea- ción de estructuras más justas y fraternas” (Heredia, 2004). Este apartado hace una sínte- sis entre la doctrina social de la Iglesia y el pensamiento social cristiano desde América Latina al recordar el concepto clásico de ‘bien común’, pero aplicado a la urgencia que aparece en el conti- nente de la violación sistemática a los derechos humanos. Ya Ignacio Ellacuría había apelado a los dere- chos humanos como la posibilidad de la construcción del bien común frente al mal común. Ellacuría se preguntaba “¿cómo pueden las mayorías populares no ser priva- das de sus derechos humanos fun- damentales y pueden disfrutar de esos derechos?” (Ellacuría, 1999). Pero el Documento de Puebla lo- gró plasmar un debate nada sen- cillo en Latinoamérica: la relación fe-política. Ya el continente estaba atrapado en los entresijos de la Guerra Fría, las luchas ideológicas entre los bandos y las sospechas de infiltración del comunismo en el cristianismo. Con todo y ello, al fragor de la batalla, los obispos en Puebla lograron enunciar dos pos- tulados que siguen marcando la pauta de una relación necesaria.
217 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 Por un lado, en el número 514 del documento, se afirma: “La fe cristiana no desprecia la activi- dad política; por el contrario, la valoriza y la tiene en alta estima” (Documento de Puebla). Un fraseo sencillo para una cultura social y popular que se acostumbró a es- cuchar en las homilías lo peligroso que era pensar en la política des- de la fe cristiana. Probablemente, en nuestras sociedades latinoa- mericanas la palabra ‘política’ sea de las más desprestigiadas, vi- lipendiadas y despreciadas. Por ello, parece relevante que el ma- gisterio eclesial valore la política y la tenga en alta estima, presu- miendo que el contenido de la misma no es otra cosa que el cui- dado del bien común. Este enunciado inicial se com- plementa con otro postulado más audaz y necesario para los sig- nos de los tiempos. En el núme- ro 515, el Documento de Puebla recoge: “La Iglesia —hablando to- davía en general, sin distinguir el papel que compete a sus diversos miembros— siente como su deber y derecho estar presente en este campo de la realidad: porque el cristianismo debe evangelizar la totalidad de la existencia huma- na, incluida la dimensión política. Critica por esto a quienes tienden a reducir el espacio de la fe a la vi- da personal o familiar, excluyendo el orden profesional, económico, social y político, como si el peca- do, el amor, la oración y el perdón no tuviesen allí relevancia”. Deber y derecho, imperativo ca- tegórico, estar y hacer presencia en la dimensión política, desde la fe cristiana. El punto se hace cargo del reduccionismo espiri- tualizante e individualizado de la fe y anima a ver más ampliamen- te la propia noción de ‘pecado’, misma que más adelante la propia evangelización hablará de ‘peca- do social’. Santo Domingo y Aparecida fue- ron conferencias episcopales me- nos disruptivas, pero importantes para hacer más patente la impor- tancia de la inculturación, la nece- saria presencia del Evangelio entre los pueblos indígenas, afrodes- cendientes, haciendo particular énfasis en la formación de laicos, mujeres, jóvenes, como los nuevos sujetos de una Iglesia necesitada de renovación. El pensamiento social cristiano se ha visto revi- talizado por las lecturas que en retrospectiva se hacen de dichas conferencias, pero la celebración de los 50 años de Medellín ha su- puesto volver a los orígenes de un pensamiento y praxis que aparece con una actualidad incuestionable.
218 La Cuestión Social Año 27, n. 3 El martirio como fuente de inspiración de un pensamiento social cristiano El lugar donde más se han ase- sinado cristianos en el mundo ha sido América Latina, un continen- te esencialmente católico. Esta paradoja pone de relevancia qué fe, qué Dios, qué discipulado de Jesús es lo que está en juego. El asesinato y masacre de catequis- tas, religiosos y religiosas, obis- pos, creyentes en general, de que había que comprometerse con las causas de la verdad y justicia, han configurado un martirologio lati- noamericano que más que derro- tas en el camino han significado victorias de esperanza, resistencia y lucha para el presente y futuro de nuestra región. El martirio es “manifestar un amor tan grande que supera la misma vida. Es amor personal a Dios, inseparable del amor a los hermanos. En el martirio la fe tes- timoniada opera enérgicamente como fe en un tú, como compro- miso vital con él. Martirio es así una entrega a la persona de Dios”. América Latina está sembrada de mártires, miles de mártires que dieron la vida por el anhelo de una esperanza de que todos tuviéramos vida, y vida en abun- dancia. La canonización de Mons. Romero, por parte del Papa Fran- cisco en 2018, no sólo fue poner de relevancia un modo de ser y hacer Iglesia, sino pedagogía con quien dio la vida por los más pequeños de la historia y sociedad. En este apartado recordaremos a tres tipos de mártires y reflexio- naremos por qué su martirio abonó en un pensamiento social cristiano. El primer tipo es el obis- po. Comúnmente, el obispo, perte- neciente a la élite eclesiástica, en América Latina automáticamente es pertenecer también a la élite política y económica. Las élites latinoamericanas tienen en alta estima a los obispos, sobre todo cuando éstos están vinculados a sus intereses, sean simbólicos, religiosos, económicos o políti- cos. Por eso, cuando un obispo se distancia de la tradición de per- tenecer a las élites y poner el ca- pital simbólico de la Iglesia para ofrecer voz y denuncia de las in- justicias a los desheredados de la tierra, no puede verse sino como alta traición. El obispo mártir por excelen- cia es monseñor Óscar Arnulfo Romero, por su conversión, clari- dad pastoral, homilías proféticas y compromiso eclesial al servicio de los más pobres de su pueblo. De monseñor Romero recupera-
219 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 mos una homilía que habla pre- cisamente sobre el martirio, de quienes se adelantaron a él en su testimonio de fe, de quienes perte- necían a su asamblea de creyentes y los mataban: Quiero recordar aquí al que- rido hermano, el padre Al- fonso Navarro, a nuestros queridos catequistas. Sería imposible enumerarlos, pero recordemos por ejemplo a Filomena Puertas, a Miguel Martínez, a tantos otros que- ridos hermanos que han tra- bajado, que han muerto y que en la hora de su dolor, de su agonía dolorosa, mientras los despellejaban, mientras los torturaban y daban su vida, mientras eran ametrallados, subieron al cielo. ¡Y están allá victoriosos! ¿Quién ha vencido? Como la Biblia, po- demos preguntar desde el cielo a nuestros mártires, a los que los mataron y siguen persiguiendo a los cristia- nos: ‘¿dónde está, oh muerte, tu victoria?’ La victoria es la de la fe. Han sido victoriosos los matados por la justicia (homilía de Mons. Romero en El Paisnal, el 1 de noviembre de 1977). El segundo tipo de martirio es el que vivieron las congregacio- nes religiosas. Muchos religiosos y religiosas hicieron cambios es- tructurales en sus institutos, va- rios dejaron la educación formal para irse a vivir en barrios po- pulares o con los campesinos, su entrega e inculturación fueron muchas veces prodigiosas, testi- monio de quienes se desclasaron, se abajaron, se confundieron en- tre la gente pobre para vivir con y como ellos. Recordamos a la hermana Alicia o Cathy Domon, desparecida en la dictadura argentina. Como ella, miles sufrieron y siguen sufriendo de la desaparición forzada, casi siempre a cargo de fuerzas para- militares del Estado, hoy también, por parte del crimen organizado. La hermana Alicia estaba muy comprometida en los primeros movimientos sociales para encon- trar a los desaparecidos y escribió este testimonio: Me siento verdaderamente en comunión con tantas familias que sufren el mismo drama (los desaparecidos en Argen- tina). Tratamos de buscar la respuesta del Señor a la luz del Evangelio… Nuestra ora- ción se debe extender a todos y expresarse de diferentes for- mas: una huelga de hambre, una concentración, una carta abierta a los obispos, etc. Es- toy convencida de que esta situación de pasión está pro- fundamente unida a la de Cris- to y que ella precede a la de la resurrección (Debesse, 1992) (última carta antes de que la desaparecieran en 1977).
220 La Cuestión Social Año 27, n. 3 En una carta y en unas cuantas líneas, la hermana Alicia logró sintetizar el pensamiento social cristiano que se desprendía de la unión entre la fe y la lucha por la justicia. Su teología y cristología situadas en la Argentina de los se- tentas dan testimonio de esta ca- minata de hombres y mujeres que se comprometieron con su tiempo hasta dar la vida. Finalmente, el tercer tipo de martirio es el del laico, el hombre y la mujer sencillos, los que esta- ban en una comunidad eclesial de base, asistían a una formación parroquial, leían la Biblia y se pre- guntaban qué es lo que Dios les decía para su cotidianidad, para sus dolores, necesidades, luchas y esperanzas. Recordamos entonces a Santos Dias da Silva, obrero y sindicalis- ta brasileño. Santos participaba en las CEBs y era ministro de la eu- caristía. Casado de 37 años, padre de dos hijos. Antes de emigrar a la ciudad de Sao Paulo trabajaba en el sindicato de trabajadores del campo. En la ciudad pasa por varias fábricas, siendo despedido por su lucha en favor de la digni- dad y bienestar de los obreros. Muere asesinado mientras se so- lidariza con sus propios compa- ñeros, frente a la fábrica donde trabaja. En su funeral participa- ron obispos, sacerdotes y fueron presididos por el cardenal Arns y acompañado por las calles de Sao Paulo por más de 100 mil perso- nas el 30 de octubre de 1979 (De- besse, 1992). Desde la fe nadie quiere ser már- tir. El martirio es la consecuencia no deseada de un compromiso por la causa del Dios de Jesús. El pensamiento social cristiano en América Latina se nutre tanto de la palabra como de la praxis de los mártires, al tiempo que también discierne sobre el propio proceso del martirio en un continente que se dice cristiano. Probablemente, el desafío más grande que enfren- ta un pensamiento social cristia- no que recoja la memoria de los mártires de los últimos 50 años en América Latina, sea dinami- zar una evangelización que haga adultos en la fe a quienes hoy in- fantilizan y hacen infantil su fe o práctica religiosa. Corolario: hacia una geopolítica de la esperanza A lo largo y ancho del mundo, a pesar del mal común, han so- bresalido múltiples iniciativas orientadas a construir un mundo más justo y fraterno. Veamos tres ejemplos globales. El primero de
221 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 ellos es el esfuerzo de la UNESCO que desde 1992 planteó 4 saberes para la humanidad (1997): apren- der a ser, aprender a pensar, aprender a resolver, aprender a convivir con otros. Otro ejemplo es la Agenda 2030 (2016) para el desarrollo soste- nible en la que la ONU animó a todos los países y naciones a com- prometerse con 17 objetivos para que la humanidad alcance en el menor tiempo posible prosperi- dad, paz, equidad, sostenibilidad. Un ejemplo más son las propues- tas de acción transformadora que asumieron los movimientos po- pulares del mundo en diálogo con el Papa Francisco, en el que plan- tearon una agenda para defender los derechos humanos, democra- cia participativa, agua como bien público, reforma agraria integral, reforma laboral para el trabajo digno, reforma urbana para vi- vienda humana y digna, construc- ción de una ciudadanía universal. Apenas unos cuantos ejemplos de muchos conocidos y desconoci- dos que impulsan desde ya marcos referenciales utópicos y prácti- cos, agendas de política pública y activismo local. Respuestas orga- nizadas o caóticas, pero que signi- fican el despertar de los pueblos y las personas, la animación de con- ciencias adormiladas. Y en este sentido, valdría la pena pensar en un pensamiento social cristiano del siglo XXI que organice la espe- ranza frente a la desesperanza. En este sentido, propongo cin- co campos en los que se podría trabajar una geopolítica de la es- peranza: 1) epistemología; 2) pra- xis; 3) espiritualidad; 4) ética; 5) geopolítica propiamente dicha. Primero, una epistemología de la esperanza se concretaría en la realización de análisis de la reali- dad con el método profético (de- nunciar las injusticias, anunciar las buenas noticias). Necesitamos dar un paso epistemológico en América Latina para leer la rea- lidad. Muchos análisis de la rea- lidad terminan siendo “agoreros de la desilusión”, “inhibidores de la acción o la movilización” si sólo desentrañan al mal estructural. Epistemológicamente hablando, los análisis de la realidad tienen que estar animados para iluminar la esperanza. Enfáticos para ana- lizar las injusticias estructurales, pero igualmente sólidos para re- conocer las transformaciones de la realidad de nuestro tiempo. Es- ta epistemología de la esperanza debe reconocer la pedagogía del mal como la pedagogía de la espe- ranza (Freire, 2009), aquello que nos anima a preparar la mesa para
222 La Cuestión Social Año 27, n. 3 la solidaridad y el bien común. En este terreno, no debemos olvidar la necesidad de producir utopías (Tamayo, 2017), fundamentales en el mundo del cinismo profesio- nal y vaciamiento ético. Segundo, una praxis de la espe- ranza se concretaría en la resis- tencia. Si somos capaces de ver en el Evangelio y proyecto de Jesús un horizonte orientador, enton- ces estamos listos para ser una comunidad de seguidores que no nos equivoquemos, seremos una minoría, pero una minoría activa, alternativa y resistente. La praxis de la resistencia es posiblemen- te hoy, en tiempos de capitalismo voraz y múltiples vaciamientos de sentido personal y social, la praxis de las praxis. Resistir es solidari- dad y sostener el bien común con- tra viento y marea. Oponerse al mal común, ser signo de oposición a la injusticia. Resistir es un signo de esperanza en transformación de realidad. Tercero, la espiritualidad de la esperanza. Uno de los efectos de privilegiar el dogma y las prácti- cas religiosas de una fe es perder el centro, el eje neurálgico, la sus- tancia, es decir, la espiritualidad de esa fe. En América Latina está muy reconocida y vivida la prác- tica religiosa, pero muy escondi- da la espiritualidad cristiana. En estos tiempos, han sido nuestros pueblos originarios quienes han venido en nuestra ayuda y rescate para volver a conectar con nuestro interior, para reconocer y descu- brir el gran pozo de espiritualidad que es el cristianismo. Y uno de los aspectos centrales y concretos de esta apuesta es el discernimiento. Una espiritualidad de la esperan- za anima, prepara y forma en el discernimiento. Sociedades como las nuestras (violentas, injustas e impunes) nos ofrecen cotidiana- mente dilemas para enfrentar, resolver, reflexionar. El discerni- miento para descubrir la volun- tad de Dios en nuestra realidad se convierte en una necesidad es- peranzada. Una espiritualidad de la esperanza se conmueve con el pueblo crucificado y prepara un banquete para la humanidad anunciando la resurrección en nuestro diario caminar. Cuarto, la ética de la esperanza. Una ética que nos ayuda a con- cretar la esperanza es la ética del cuidado. Cuidar de nosotros mis- mos, los otros y nuestra casa co- mún. No en ese orden. Paralela y transversalmente, una ética del cuidado y de cuidarnos los unos y los otros haría más saludables y humanas nuestras convivencias sociales, encuentros con los dife-
223 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 rentes, cohabitaciones obligadas. Esta ética del cuidado puede ser fuente de esperanza, resistencia, inspiración y consolación. Esta éti- ca del cuidado prepara la mesa del encuentro, amasa la solidaridad, endulza el corazón de quien pro- mueve el bien común, incluye a los diferentes, a los que piensan dis- tinto, a los perdedores de la glo- balización, a los desheredados de la tierra. Quinto, la geopolítica de la es- peranza. La epistemología, pra- xis, espiritualidad y ética de la esperanza se concretan en un te- rritorio determinado, en un lugar, en un espacio en el que sucede la vida humana, donde permanen- temente está en juego la vida y la muerte, la vida buena y los despo- jos de la misma. Y concretamente, en el territorio, la parroquia y la escuela se han convertido en pre- sencias territoriales que pueden ser articuladoras de esperanza. También pueden ser exactamente lo contrario. Proyectos de ador- mecimiento popular, manipu- ladoras de la conciencia social, negocios capitalistas. Pero gracias a Dios, América Latina está sem- brada de proyectos territoriales de parroquias y escuelas que ofre- cen luz en medio de las tinieblas. Ahí, en las escuelas y parroquias se puede formar la mentalidad, surgir el sujeto histórico cuya hermenéutica hace suyo el com- promiso con su tiempo y circuns- tancia. Formar la mentalidad es empoderar a las personas, sobre todo las más vulnerables, para que ellas mismas sean capaces para los demás. Esta praxis se cocina paciente pero decididamente con una pe- dagogía: “aprendizaje situado” (Diaz-Hernández, 2018) que ha- ce posible aprender desde, con y para la realidad. La solidaridad, bien común, inclusión, igualdad, preparación de la mesa común son experiencias que se apren- den; son pedagogías que se pro- pagan. El aprendizaje situado también es una mística de profe- sor que anima a estar interesados en interesar a los no interesados y seguir interesando a los que ya están interesados. La educación en América Latina necesita libe- rarse y ser liberadora. El pensamiento social cristiano del siglo XXI implica preparar y prepararse para una geopolítica de la esperanza movilizada, urdi- da localmente, desde abajo, desde la periferia, desde lo pequeño, co- mo grano de mostaza. Es una es- peranza para esperanzar. Primero Dios, que así sea.
224 La Cuestión Social Año 27, n. 3 Bibliografía Codina, Víctor (2018). “Las po- nencias en Medellín”, en Revista Medellín, edición especial, CE- LAM, No. 171, mayo-agosto de 2018, Bogotá, Colombia, pags: 25-50. Debesse, Paul (1992). Mártires la- tinoamericanos de hoy. Ediciones Paulinas, Colombia, 173 pags. Delors, Jacques, et.al (1997). La educación encierra un tesoro. México. ONU/UNESCO. Díaz Rosales, María Alejandra y Juan Luis Hernández (2018). Aprendizaje Situado. Trans- formar la realidad educando. México. Tercera edición. Ellacuría, Ignacio (1999). Escri- tos universitarios. UCA Editores. El Salvador, 306 pags. Ellacuría, Ignacio y Jon Sobrino (1994). Conceptos fundamenta- les de la teología de la libera- ción. Ed. Trotta/UCA Editores. Madrid. 2 tomos. Ezcurra, Ana María (1986). Doc- trina social de la Iglesia: un re- formismo antisocialista. UNAM/ Nuevomar, México. 263 p. Freyre, Paulo (2009). Pedagogía de la esperanza, México, Siglo XXI Editores. Los objetivos de desarrollo sos- tenible y la iniciativa de ciuda- des prósperas (2016). Naciones Unidas. Pdf Heredia, Jorge (2004). Los dere- chos humanos en las conferen- cias generales del episcopado latinoamericano de Medellín, Puebla y Santo Domingo. Univer- sidad Iberoamericana/Colegio de estudios teológicos. México, 688 pags. Marins, José (2009). A la luz de Aparecida: CEB y pequeñas co- munidades eclesiales. CELAM/ Obra Nacional de la Buena Prensa, México. 40 p. Praxis del martirio: ayer y hoy (Autores varios). Imprenta del Colegio Técnico Don Bosco, Qui- to, Ecuador, s/a. Ruiz, Samuel (2018). “La evan- gelización en América Latina”, en Revista Medellín, edición especial, CELAM, No. 171, ma- yo-agosto de 2018, Bogotá, Colombia, pags: 121-148. Samour, Héctor (2013). “El con- cepto de ‘mal común’ y la críti- ca a la civilización del capital en Ignacio Ellacuría”, en revista ECA, num. 732, enero-marzo de 2013, vol. 68, San Salvador, El Salvador, pp: 7-18. Tamayo, Juan José (2017). La utopía, motor de la historia. Ma- drid, Fundación Ramón Areces. Tamayo, Juan José y Juan Luis Hernández (2018). Iglesia, Po- lítica, Religión y Sociedad: inte- racciones para el bien público desde Ignacio Ellacuría. Univer-
225 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 sidad Carlos III/Ed. Dykinson. Madrid. 197 p. Vergara Aceves, et.al. (1992). Cien años de doctrina social. Universidad Iberoamericana, México. 63 p. Vigil, José María y Pedro Casal- dáliga, eds. (2019). Agenda lati- noamericana mundial 2019. Las grandes causas, en lo pequeño. Ediciones Dabar, México. *Politólogo. Profesor de Ciencias Po- líticas desde 1995. Co-creador del método de aprendizaje situado. Conferencista internacional sobre temas de análisis de la realidad. Actualmente, director del Depar- tamento de Ciencias Sociales de la Ibero Puebla.
226 La Cuestión Social Año 27, n. 3 La Escuela de Salamanca y América Latina: un pasado con futuro 1 Luis Javier Rubio Guerrero, O.P.* 1 Texto de “La lección inaugural” presentada por fray Luis Javier Rubio, O.P., con motivo del inicio de los cursos del Programa CIDALC-Salamanca 2019. Introducción y justificación La pregunta ¿cómo me fui a me- ter en la boca del lobo? Me la he repetido muchas veces a lo lar- go de las últimas semanas, espe- cialmente los días previos a esta presentación, y es que todavía no comprendo ¿cómo quiero enseñar el Padrenuestro al señor cura? Es decir, cómo venir precisamente al Convento de San Esteban para ha- blar sobre la Escuela de Salaman- ca, o sea, al lugar donde ha nacido y se ha desarrollado una parte del tema que hoy quiero presentar, y donde los hijos de este convento han aportado tanto a América La- tina y al Caribe. La verdad es que como latinoa- mericano, fraile dominico y cola- borador del proyecto de formación entre las entidades dominicanas de Latinoamérica y la Facultad San Esteban de Salamanca, per- dería esta gran oportunidad si no hablara de algo tan importante para nosotros como es la relación entre la Escuela de Salamanca y Latinoamérica con un pasado glo- rioso, pero sobre todo con un futu- ro prometedor. Y permítanme explicarme con un breve ejemplo: el pasado 1 de marzo, el presidente de mi país, México, con motivo de los 500 años de la Conquista de Hernán Cortés de las tierras aztecas en- vió al Rey de España, Felipe VI, y al Papa Francisco una misiva en la que reclamaba la necesidad de “reconocer y pedir perdón” por los abusos cometidos por la Monar- quía Hispánica y la Iglesia católi- ca en la Conquista de México. Más allá de lo desacertado o no de es- ta petición, ofreció la oportunidad para constatar cómo desde diver- sos ámbitos de la cultura y la inte- lectualidad, y de ambos lados del Océano, se alzaron voces para se- ñalar que dentro del grupo de los venidos de otras tierras se encon- traban no sólo los conquistadores, sino también los humanistas, prin- cipalmente representados por los misioneros llegados de España.
227 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 Pero ¿quiénes fueron estos hu- manistas? Aquellos hombres for- mados casi exclusivamente en las universidades y conventos espa- ñoles, sobre todo en Salamanca, que llevaron la fe cristiana a los naturales de esas tierras, pero que también estudiaron sus cos- tumbres e idiomas y lucharon por sus derechos, pero aún más, aque- llos que fundaron una escuela de pensamiento teológico, que supo dialogar con la realidad y ofrecer perspectivas para un desarrollo verdaderamente humano en nues- tras tierras y más allá de ellas, lo cual, pienso, hoy hace tanta falta en esos mismos lugares, donde ac- tualmente se siguen violando los derechos humanos y se ensancha la brecha entre aquellos que tienen todo y los descartados, que nada o casi nada poseen; entre aquellos que viven en el continente digital y otros que no han tenido la opor- tunidad de usar una computadora; entre aquellos que viven con cier- ta seguridad y aquellos que todos los días se ven presos de la delin- cuencia; en fin, podríamos decir muchas cosas más a este propósi- to, pero basta señalar que vivimos en la zona más desigual del mun- do, según informes de varios orga- nismos internacionales. La Escuela de Salamanca Pero iniciemos hablando de la Escuela de Salamanca, cuna de estos humanistas, esencialmen- te teológica pero que tuvo, como dicen los estudiosos, 2 una noción amplia y universal de lo que es la teología y su objeto, lo cual llevó a sus miembros a estudiar muchos temas sociopolíticos, jurídicos, económicos, propios de la socie- dad de su tiempo; pero desde la formalidad teológica, aplicando la luz de los principios revelados a las realidades humanas y terre- nas. Así, la teología se convirtió en el motor impulsor de los estu- dios en otros campos, teniendo como factor común la utilización de santo Tomás de Aquino, como autor y guía fundamental de sus estudios, aclarando que no de una forma única, sino ofreciendo una teología abierta; pues, al igual que el Aquinate, los salmantinos ante- pusieron la búsqueda de la verdad a cualquier otra consideración. To- do ello ayudó a elaborar un méto- do que incluso logró reformar los programas de estudios universita- rios en Europa y América Latina. En el contexto de nuestra inves- tigación, tal vez lo más importante es que este método permitió aten- 2 Cf. Juan Belda Plans, “Hacia una noción crítica de la Escuela de Salamanca”, Scripta Theologica 31 (1999) 367-411.
228 La Cuestión Social Año 27, n. 3 der los problemas humanos de su tiempo desde un nuevo punto de vista, sobre todo, desde la reela- boración del concepto del derecho natural, como base de la reflexión para temas tan importantes como: las relaciones internacionales, la defensa de los hoy llamados ‘de- rechos humanos’, de la economía y de la política. Lo cual es sorpren- dentemente actual, según han afir- mado importantes especialistas en estos campos. 3 Así, una primera pregunta es: ¿cómo hoy podríamos revitalizar esta experiencia integral e interdisciplinar que tan buenos resultados trajo para nuestro con- tinente? Y, en segundo lugar: ¿có- mo lograr recuperar ese talante heurístico y reflexivo en la teolo- gía que tiene que seguir alimen- tando la esperanza de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, además de animar a la puesta en práctica de la justicia y la caridad en un mundo tan complejo como sigue siendo el de América Lati- na? Nuestra reflexión apunta a dar una breve respuesta a estos cuestionamientos. 3 Cf. Juan David Velázquez Monsalve, “El derecho natural en la Declaración Uni- versal de los Derechos Humanos”, Re- vista Facultad de Derecho y Ciencias Políticas 43 (2013) 735-772. Toma- do de: www.scielo.org.co/pdf/rfdcp/ v43n119/v43n119a08.pdf (consultado el 12/08/2019). Y es que a nosotros como cristia- nos no puede dejar de preocupar- nos lo que pasa con la humanidad, sus alegrías, tristezas y esperan- zas, como también preocuparon a los maestros de la Escuela de Salamanca las grandes preguntas existenciales que tenían los hom- bres de su tiempo, y también, co- mo ellos, sentirnos llamados a dar razón de nuestra esperanza en momentos de crisis, en los que parece que no hay condiciones pa- ra vivir en esa paz que brota de la acción de la justicia; y también velar por aquellos que como en el siglo XVI se ven descartados de una sociedad que muchas veces se muestra indiferente ante quienes sufren desprecio o falta de opor- tunidades. Esto sin olvidar el com- promiso de lograr un verdadero desarrollo humano, y no sólo un crecimiento económico, como sa- biamente lo plantearon los herma- nos salmantinos. Así, es evidente que hoy sigue vigente la tarea de conquistar los nuevos areópagos de la economía, política, cultura y medios de comunicación, don- de todo parece importante menos proteger la condición humana, igual que en su tiempo lo hicie- ron aquellos teólogos profesores y misioneros, quienes desde el púl- pito, la cátedra, en las selvas o en la celda pensaron en construir un mundo nuevo desde la defensa de
229 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 la dignidad humana y de la imagen de Dios en cada uno de los habi- tantes de estas tierras. Recordemos que los pensadores de Salamanca lograron integrar un sistema o método de principios, criterios y procesos, pero sobre todo una actitud, un talante, fren- te a problemas tan graves como el mercantilismo, el sistema de enco- miendas, el mercado de esclavos, el ejercicio del poder, los trabajos forzados y las malas prácticas co- merciales y el sistema tributario que oprimía a muchos hombres de su época. Estos teólogos impulsaron la re- humanización, pacificación, soli- daridad y reconciliación entre los pueblos originarios de América y los españoles, por lo que hoy pa- rece necesario volver sobre sus pasos para aprender de ellos y, sin repetir puntualmente lo que hi- cieron, integrar un nuevo sistema de actitudes, métodos y principios frente a otros grandes problemas como son: migración forzada, vio- lación a los derechos humanos de sectores marginales, discrimina- ción, cuidado del medio ambiente, explotación de los pueblos origi- narios, rezago educativo, la cre- ciente brecha entre ricos y pobres, manipulación política, uso del po- der y otros problemas graves que lesionan nuestra región. Pero, para mayor claridad, per- mítanme ahora hablar un poco sobre el método y características de la Escuela de Salamanca; tal vez con esto podamos compren- der cómo lograron realizar el pro- ceso mencionado. El método de la Escuela de Salamanca y alguna de sus contribuciones Lo primero que debemos decir —un poco a manera de justifica- ción— es que seguramente mu- chos de ustedes, como estudiosos del tema, encontrarán que esta presentación sobre las particula- ridades, o notas específicas de la Escuela de Salamanca, es bastante general; la razón es que responde a nuestro propósito de mostrar sólo aquellas características que pueden arrojar luz sobre las apor- taciones que hizo esta corriente de pensamiento para la transfor- mación de una realidad insensi- ble, cruenta e injusta, a otra más consciente y humana, sin negar que muchas veces sus aportes no llegaron a aterrizar del todo en nuestras tierras. Por eso, más allá de las notas sobre su origen y principal re- presentante, el Convento de San Esteban y Francisco de Vitoria, y su duración que va del siglo XVI y
230 La Cuestión Social Año 27, n. 3 primeros años del XVII, pasemos a señalar aquellas otras que, como ya decíamos, pueden alimentar nuestra reflexión sobre la mane- ra en que la llamada Escuela de Salamanca puede ser inspiración y modelo para una reflexión teo- lógica actual que colabore en las nuevas transformaciones que ne- cesita nuestra región para ser lu- gar de justicia, paz y convivencia fraterna. Así, en primer lugar, presente- mos aquellas notas metodológicas que distinguieron a la Escuela de Salamanca frente a otros sistemas de pensamiento teológico. 4 1) El nuevo método teológico y su equilibrio entre teología posi- tiva y teología especulativa co- mo funciones de una misma y única teología; revalorizando el estudio crítico de las fuentes, pero sin renunciar a las adqui- siciones tradicionales referen- tes al carácter científico de la teología y al papel de la razón especulativa en la inteligencia del dato revelado. 2) La búsqueda libre de la verdad que, sin negar su filiación to- mista, no se ata a ningún sis- tema teológico determinado, y 4 Cf. Juan Belda Plans, Hacia una noción crítica de la Escuela de Salamanca, 367- 411. es capaz de investigar por do- quier y asumir los logros alcan- zados en un sistema armónico de verdades. 3) La orientación práctica y pas- toral de la teología que lleva especialmente a un enfoque moral y ético de la tarea in- vestigadora; evitando una teo- logía demasiado intemporal o abstracta que se preocupa de problemas obtusos e inservi- bles para la vida cristiana; aquí juega un papel primordial el in- terés por el hombre y sus pro- blemas concretos. 4) El nuevo estilo formal y lite- rario que revisa el sistema escolástico de cuestiones, dis- tinciones y artículos, agilizán- dolo y haciéndolo más elegante y ameno, de acuerdo con las exigencias culturales de los nuevos tiempos; y unido a ello, la elegancia latina clásica tan apreciada por los humanistas. Estas cuatro características uni- das permitieron ampliar el espa- cio de investigación teológica a nuevas temáticas, alcanzando con su reforma el objeto de estudio, desechando los temas inútiles o demasiado abstractos de la es- colástica decadente para, sin des- cuidar los grandes temas teoló- gicos, preocuparse por el estudio teológico de problemas vivos y ac-
231 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 tuales; muchos de ellos surgidos de los nuevos descubrimientos geográficos y de la conquista de los nuevos territorios, o derivados de los cambios propios de una época nueva. 5 Esto supuso la apertura de la teología a una nueva cultura que estaba naciendo en Europa y a los problemas humanos que es- taban surgiendo en América La- tina, el llamado Nuevo Mundo: la dignidad inviolable de todo hom- bre, la perspectiva ética del dere- cho internacional o de las nuevas estructuras socioeconómicas, por poner algunas cuestiones que en- traron plenamente en la tarea de la teología y recibieron de ella la luz de la revelación cris- tiana. Así, esta Escuela es la pro- ductora de una teología viva y dinámica que se preocupa de estudiar los nuevos problemas surgidos en aquella época con- creta, pero desde la perspectiva sobrenatural y revelada, usan- do de su método propio, ilumi- nando desde la fe, los problemas humanos más dispares. 6 Lo cual 5 Ibíd. 6 Thomas Duve, “La Escuela de Salaman- ca: ¿un caso de producción global de conocimiento?: Consideraciones in- troductorias desde una perspectiva histórico-jurídica y de la historia del conocimiento”, Max Planck Institute for European Legal History, Working Paper Series No. 2018-02. https://bit. nos parece realmente sugeren- te para nuestra actual coyun- tura histórica. Pero, además de estudiar estas cuestiones candentes de la época desde el punto de vista teológi- co, los grandes maestros salman- tinos llegaron a estar presentes en aquellos lugares en los que pudieron incidir en medidas po- líticas de gran calado. Recorde- mos cómo fueron consultados en su calidad de teólogos por monar- cas y príncipes para obtener luz y criterio cristiano a la hora de en- focar correctamente las grandes cuestiones del momento; un claro ejemplo es su intervención en la Controversia de Valladolid, orga- nizada por el Consejo de Indias, y su aportación en la elaboración de la bula Sublimis Deus, promulgada por el Papa Pablo III el 2 de junio de 1537; en ella se estableció el de- recho a la libertad de los naturales de las llamadas Indias, la prohibi- ción de someterlos a esclavitud y la conveniencia de predicar entre ellos la doctrina cristiana, pero sin el uso de la violencia. ly/2ZrULMo 8 de ene. 2019 (consultado el 12 de agosto de 2019).
232 La Cuestión Social Año 27, n. 3 América Latina y sus grandes desafíos Toca ahora dirigir nuestra aten- ción al segundo sujeto de nuestra reflexión: América Latina, región que comprende más de 20 países y se extiende por veinte millones de kilómetros cuadrados. Este concepto étnico-geográfico, apare- cido en el siglo XIX para identificar una región del continente ame- ricano con habla mayoritaria de lenguas derivadas del latín (prin- cipalmente español o portugués, y en menor medida francés), com- prende una realidad sumamente compleja, donde se dan casi por igual las diversidades y similitu- des, y que a pesar de más de si- glo y medio que llevan los países de la región ensayando, aislados unos de otros, su propia vida in- dependiente, existe una concien- cia latinoamericana. Esto mismo, de una manera más poética, lo decía el Dr. Guzmán Ca- rriquiry, secretario de la Pontifi- cia Comisión para América Latina: “Más allá de confesiones y perte- nencias eclesiásticas, nuestros pueblos comparten un vivo senti- do de la dignidad humana, una pa- sión por la justicia, una práctica de la solidaridad especialmente en- tre los pobres, una alegría de vivir aún en condiciones sufridas y una esperanza contra toda esperan- za, que son frutos del Evangelio arraigado en nuestra buena tierra americana”. 7 Así, tratando de contextualizar la situación de América Latina, se- gún el equipo de análisis llamado Crisis Group, en un documento que ha titulado “Los peligros de América Latina y el Caribe”, pode- mos decir que la región tiene mo- tivos para preocuparse en 2019, como lo estamos viendo, ya que muchos ciudadanos están desilu- sionados con sus democracias y molestos con las élites políticas, a las que consideran incapaces de gestionar el declive económico y los niveles crónicos de violen- cia. Los resultados se pueden ver, por ejemplo, en las elecciones de los dos nuevos presidentes de los países más grandes de la región (Brasil y México), ya que a estos factores le deben, en gran medida, su triunfo aplastante en las urnas. Por otra parte, la polarización en la región se hace evidente ante las crisis políticas de Venezuela y Ni- caragua, en un momento en que el primero corre el riesgo de aumen- 7 Guzmán Miguel Carriquiry Lecour, “Plu- ralismo religioso y cultural en América Latina: retos y oportunidades”. Mesa redonda realizada por la Embajada de Argentina ante la Santa Sede y la Ponti- ficia Comisión para América Latina, Va- ticano, 28 de mayo de 2019.
233 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 tar su carga de violencia en las ca- lles y el segundo atraviesa por una situación de falsa tranquilidad, que parece preparar un escenario para una guerra civil, lo que exige un fuerte consenso regional a fa- vor de un acuerdo negociado en los dos casos, lo cual parece bas- tante lejano. 8 Por otra parte, los problemas de desplazamientos y migraciones preocupan en general a los líderes de los países de la región, los cua- les responden muchas veces con políticas de mano dura y medi- das estrictas que empeorarán las cosas. La situación de los pueblos centroamericanos y la cuestión migratoria de Venezuela ejempli- fican cómo hoy el problema de la migración no es restrictivo sólo de los países que envían migrantes y aquellos que los reciben, sino a nivel regional multidimensional. La misma crisis en Venezuela y su consiguiente éxodo migratorio —unos tres millones y medio de personas que han huido del país, la mayoría desde 2016— ha de- mostrado nuestra incapacidad de encontrar una solución pacífica y negociada para resolver este pro- blema. Y, ¿qué decir sobre la si- tuación que se presenta, no sólo 8 Crisis Group, “Los peligros de América Latina y el Caribe”, 7 de febrero de 2019 (https://www.crisisgroup.org/global/ watch-list-2019). en la frontera de México con Esta- dos Unidos, sino en la del mismo México con Guatemala? A nivel de las relaciones internacionales: las divisiones en la región, el vo- látil compromiso estadounidense y la influencia creciente de Chi- na y Rusia han obstaculizado una respuesta efectiva y unánime a varios problemas de diversas ín- doles que aquejan a la región en temas tan variados como inversio- nes y trabajo. 9 Mientras tanto, las políticas de mano dura ante el deteriorado orden público en diversos países podrían empeorar las cosas. De nuevo, tenemos como ejemplos a Brasil y México. Las maniobras en diversos países para facilitar la posesión de armas podrían gene- rar una violencia mucho peor; y en otros, podrían dejar la seguridad pública en manos de las fuerzas militares, por ejemplo, para hacer frente a los cárteles de la droga. Todo esto parece constituir una estrategia que podría perpetuar los terribles niveles de violencia. Finalmente, en economía y co- mercio se pronostica que el año 2019 dará continuidad a buena parte de las tendencias que aconte- 9 Cf. Crisis Group, “Los peligros de Amé- rica Latina y el Caribe”, 7 de febrero de 2019 (https://www.crisisgroup.org/ global/watch-list-2019).
234 La Cuestión Social Año 27, n. 3 cen en el escenario latinoamerica- no. Las expectativas generales que plantea el Fondo Monetario Inter- nacional en la región se ubican en el 2% de crecimiento económico, si bien únicamente en Colombia y Panamá se apreciarían tendencias expansivas de la economía, mien- tras que en Perú, México o Chile se prevé una importante desacelera- ción, más pesimista, si cabe, para casos como el argentino (-1%) o el venezolano (-11.5%). En térmi- nos comerciales, América Latina también mantiene su déficit por balanza de pagos, sólo superavi- tario en dos pequeñas economías como son Guatemala y Paraguay; el tipo de control de cambios, las remesas y la tendencia al alza de los precios del petróleo los co- locan en grandes dificultades. El referido contexto de ciclo econó- mico desacelerado se une a un importante déficit comercial, difi- cultando la capacidad de mitigar el crecimiento sostenido de la po- breza y desigualdad. Lo anterior es igualmente fruto de los redu- cidos niveles de inversión, tanto en materia de infraestructura y comunicaciones, como en gasto público y políticas sociales. 10 És- ta es una realidad especialmente preocupante en la que se trata de la región más desigual del mundo 10 Cf. Jerónimo Ríos Sierra, “Los desafíos de América Latina en 2019”, Esglobal, 9 enero 2019. y explica buena parte de su alto nivel de violencia homicida —de nuevo— para Naciones Unidas, el más elevado del globo; que, ade- más, afecta principalmente a los grupos más vulnerables, como las minorías étnicas y las mujeres, se- gún reconoce la ONU. En síntesis, las situaciones de pobreza, injusticia y exclusión, con sus matices, se perciben en los países de la región que no pa- recen mejorar. Sistemas políticos deficientes, corrupción, droga, violencia… han provocado que las perspectivas de crecimien- to para 2019, como hemos vis- to, no se cumplan y que tampoco sea posible reducir la persistente desigualdad social que aqueja a nuestra región, lo cual se refle- ja, por ejemplo, en campos como la educación y el empleo. Así, alre- dedor de uno de cada tres jóvenes no termina la escuela secundaria; y la generación de empleo asa- lariado sigue siendo insuficiente para absorber el incremento de la fuerza laboral y, al igual que en años previos, vuelve a expandirse con una tasa más elevada (2.5%). En este contexto, es fácil que nues- tras sociedades sean propensas a creer en mesianismos de derechas o izquierdas y dejar de lado una postura crítica y racional. 11 11 Cf. Cepal, Hacia la inclusión social juve-
235 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 Los nuevos desafíos de América Latina, posibilidad para la renovación de una antigua amistad Hasta aquí hemos hablado so- bre los dos sujetos de nuestra re- flexión: la Escuela de Salamanca, su método, y América Latina, su situación actual. Resta ahora, en este apartado, ofrecer un esbozo de cómo hoy nuestro primer su- jeto estaría en posibilidades de ofrecer elementos para contribuir a repensar la actual situación y preparar un espacio de renova- ción de una antigua amistad que aún tiene nutrientes para dar mu- cho fruto. Como hemos visto, América Lati- na se encuentra frente a una serie de desafíos que necesitan de una reflexión de segundo grado, es de- cir, que vaya más allá de las puras soluciones técnicas, y pueda ofre- cer una visión global de la persona humana ante la actual situación. Y es que, si bien la globalización ha entrado en una etapa de transfor- mación o revisión, algunos ana- listas hablan de desglobalización, otros de reglobalización. En esta situación, es necesario decir una palabra bien fundamentada des- de el propio ser del hombre ante nil, Herramientas para el análisis y el di- seño de políticas, Naciones Unidas 2016. una realidad que sigue excluyendo a una gran parte de la población, y que cada vez va generando más odios y confrontaciones que lasti- man a muchos pueblos y regiones, como hemos visto en nuestra des- cripción de la situación actual. 12 Así, lo primero es reconocer que es difícil anticipar hacia qué ti- po de globalización vamos, pero lo que sí podemos afirmar es que hemos entrado en un proceso de transición que, sin dejar de ser glo- bal, nos lleva a una serie de proce- sos y actitudes distintas a las que habíamos conocido hasta ahora, y en los que se dan fenómenos tan contradictorios como una ofensi- va global contra la globalización, utilizando los mismos medios que la hicieron posible (tecnología di- gital, medios de comunicación, política, etc.), además de otros impensables hasta hace poco, co- mo el regreso de proteccionismo y nacionalismos extremos, paradó- jicamente tan peligrosos como los procesos ante los cuales se tratan de defender. En todo caso, me parece que hay tres situaciones, por lo menos, donde se refleja que los cambios que se han venido dando no repre- sentan realmente una transforma- 12 Enrique Fanjul, “Hacia una nueva glo- balización”, en Economía internacional, 11 de octubre de 2018.
236 La Cuestión Social Año 27, n. 3 ción en la visión que se tiene del valor del ser humano y su desarro- llo integral: en primer lugar, po- demos seguir viendo el deterioro continuo de los sectores más vul- nerables de la sociedad y el empo- brecimiento de las clases medias, derivado de medidas económi- cas que no generan riqueza, sino sólo hacen uso de transferencias directas de dinero que no impac- tan realmente en el desarrollo de las personas, sino en muchos ca- sos sirven para generar lealtades políticas; el segundo ejemplo es la migración, de la cual ya no sólo hablamos como un fenómeno so- cial, sino que ahora se ha conver- tido en un problema de seguridad a nivel mundial y genera exclusión y rechazo en países que en un pa- sado cercano se reconocían como amigos; un tercer y último ejem- plo es la solución al aumento de la criminalidad, pues se ha optado en muchos casos por la militarización de las fuerzas policiales, lo cual puede generar más violencia de la ya existente, pues está demostra- do que la formación del ejército esencialmente tiene como objeti- vo la preparación para guerra y no el control de la violencia, y mucho menos la generación de una cultu- ra de paz. Por eso, ante éstos y otros de- safíos de igual o mayor magnitud, debemos pensar la construcción de nuevos espacios de discusión, análisis y solución que tengan co- mo punto de partida una antro- pología que abra las conciencias nuevamente hacia la considera- ción de la persona humana como un ser universal, con una misma dignidad y un mismo fin: la feli- cidad; y que vaya más allá de las particularidades y distinciones que hoy, por diversos intereses, se quieren crear en medio del género humano. Me parece que es un mo- mento en que las palabras ‘comu- nión’, ‘solidaridad’ y ‘colaboración’ son más necesarias que nunca. Una puerta abierta: la Escuela de Salamanca Pienso que es precisamente des- de la anterior visión donde los teólogos de Salamanca podrían aportar mucho a la reflexión en la actual coyuntura social, ya que precisamente ellos siempre in- sistieron en la universalidad del hombre, su destino común, su li- bertad y una racionalidad que le confiere una dignidad única, la cual es exaltada al considerar que él es imagen y semejanza de Dios. Un ejemplo claro lo tenemos en las consideraciones de su funda- dor, Francisco de Vitoria, que en su texto Sobre la libertad de los
237 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 indios postula que el hombre apa- rece como un ser único, sustancia compuesta de cuerpo y alma, pe- ro integrados, como ser racional y libre y, por tanto, dueño de sus actos, además con un fin trascen- dente que se ha de alcanzar por el camino de la razón y la libertad en búsqueda de la felicidad, obte- nida por la consecución del bien y la verdad que se corresponden. Precisamente, esa concepción le lleva a postular que los derechos que enuncia no dependen ni per- tenecen a una religión, cultura ni pueblo determinado, sino que tie- nen su fundamento en la misma naturaleza humana —racional— y, por tanto, todos deben gozar de los mismos derechos. Narciso Martínez Morán, en su texto “Aportaciones de la Escuela de Salamanca al reconocimiento de los derechos humanos”, hace un breve recuento de cuáles serían los principales derechos que Fran- cisco de Vitoria postula, a saber: 13 Derecho a la igualdad. Para Francisco de Vitoria, todos los hombres son iguales, pues nin- guno es superior por derecho natural con respecto a otros. 13 Cf. Narciso Morán Martínez, “Aporta- ciones de la Escuela de Salamanca al reconocimiento de los derechos huma- nos”, Cuadernos Salmantinos de filosofía 30 (2003) 491-520. Derecho a la libertad. Todos los hombres son libres por de- recho natural, puesto que el hombre fue creado en libertad. Derechos civiles y políticos. El hombre es un animal civil y so- cial por naturaleza, y por ello tiene que vivir en comunidad y sociedad. Derecho a libertad religiosa. Defiende Vitoria que los infie- les no deben ser coaccionados para recibir la fe católica, ni sus hijos deben ser bautizados sin el consentimiento de los padres, pues los indios tienen perfecto derecho a permane- cer en sus religiones y no ser coaccionados para convertirse a una religión distinta. Derechos a la paz y a la guerra. El derecho a la guerra en Fran- cisco de Vitoria está precedido o, si se quiere, inspirado por el derecho a la paz, pues res- pecto de la guerra, establece tres reglas de oro. Primera: antes de ella, buscar por todos los medios la paz. Segunda: durante ella, hacerla sin odio, buscando sólo la justicia. Ter- cera: después de ella, usar el triunfo con moderación y fi- nes exclusivos de resarcirse de la injusticia que la motivó. En todo caso, la guerra ha de ser justa y la única causa de guerra justa es la injuria grave.
238 La Cuestión Social Año 27, n. 3 Derechos de los naturales. De- recho de autodeterminación y emancipación: si todos los hombres son iguales y libres por derecho natural, los indios tienen los mismos derechos de igualdad y libertad, y los mis- mos derechos políticos, pues también son hombres. Tienen derecho a sus propiedades, dominios, leyes, magistrados..., pues los indios son dueños de todas sus cosas, como lo son los cristianos de las suyas. Los derechos de la comuni- dad internacional. Vitoria se pronuncia también sobre los derechos de todo el género humano que —dice— tuvo de- recho a elegir un solo monar- ca en un principio, antes de la división de los pueblos; luego también podrá hacerlo ahora, puesto que ese derecho es na- tural y, por tanto, no cesa. Des- de esa perspectiva, el orbe, que en cierta forma constituye una república, tiene poder de dar leyes justas y convenientes a todos, como son las del de- recho de gentes, el cual tiene verdadera fuerza de ley. Y con- cluye Vitoria afirmando el de- recho de intervención de otro Estado ante leyes que consti- tuyan verdaderos crímenes o perjudiquen gravemente a la nación en que son impuestas. La anterior reflexión es más fuerte si la vemos desde la parti- cularidad de la teología, pues al ver al hombre como imagen de Dios, lo constituye como centro de la creación, pero también co- mo responsable de ella, así debía de cuidar de sus hermanos: los demás hombres. Es decir, estamos hablando desde una antropología positiva basada en la confianza en el ser humano y en la posibi- lidad de que él mismo, gracias a su inteligencia, puede orientar adecuadamente su desarrollo en muy diversos campos como la eco- nomía o el derecho. Ejemplos de esto los tenemos en sus investiga- ciones sobre la equidad y justicia en la distribución e intercambio de bienes, o sobre la escasez, pre- cio y valor del dinero, valor del trabajo, responsabilidad de la au- toridad, temas que suponían gran- des problemas para su tiempo, pero que también hoy nos siguen preocupando, ya que muchos de ellos, como bien sabemos, conti- núan estando abiertos por lo me- nos desde una consideración ética y cristiana. 14 Y es que la Escuela de Salaman- ca supo reformular el concepto de derecho natural para expre- sar el respeto que se le debe a la 14 Cf. Ramón Hernández Martín, Francis- co de Vitoria y su reelección sobre los In- dios, EDIBESA, Madrid 1998.
239 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 misma naturaleza y a los que exis- ten según el orden natural. De tal manera que los seres humanos, al compartir la misma naturaleza, comparten también los mismos derechos, los cuales deben ser respetados por todos, empezan- do por las autoridades, que tienen la gravísima tarea de cuidarlos y promoverlos. 15 Pero todavía más, ya que al ser nuestra naturaleza comunitaria, es decir, por el hecho de ser seres sociales, el cuidado del que hemos hablado no se li- mita al individuo, sino también a la comunidad, la cual, al igual que el ser humano, tiene el derecho de gozar de libertad, justicia, paz y equidad, tal como se menciona en el texto De potestate civili, por lo que la actividad del buen gobierno debería estar enfocada a propor- cionar estos bienes a los habitan- tes de la sociedad, ayudando así a su desarrollo integral. A manera de conclusión Antes de llegar al final de esta lección inaugural, deseo presentar brevemente cómo el pensamien- to de la Escuela de Salamanca es perfectamente compatible con lo que más recientemente nos ha propuesto la doctrina social de la Iglesia. De hecho, la propia re- 15 Cf. Fernando Rovetta Klyver, El des- cubrimiento de los derechos humanos, Iepala, Madrid 2009. flexión de estos teólogos cumple perfectamente con cada una de las palabras de la encíclica del Papa Juan Pablo II Sollicitudo rei socia- lis en su nº. 41 cuando afirma: “La doctrina social de la Iglesia no es, pues, una ‘tercera vía’ entre el ca- pitalismo liberal y el colectivismo marxista, y ni siquiera una posi- ble alternativa a otras soluciones menos contrapuestas radicalmen- te, sino que tiene una categoría propia. No es tampoco una ideo- logía, sino la cuidadosa formula- ción del resultado de una atenta reflexión sobre las complejas realidades de la vida del hombre en la sociedad y en el contexto internacional, a la luz de la fe y de la tradición eclesial. Su objetivo principal es interpretar esas rea- lidades, examinando su confor- midad o diferencia con lo que el Evangelio enseña acerca del hom- bre y su vocación terrena y, a la vez, trascendente, para orientar en consecuencia la conducta cris- tiana. Por tanto, no pertenece al ámbito de la ideología, sino al de la teología y especialmente de la teología moral”. Y es que nuestra Escuela de Sa- lamanca, al igual que el Concilio Vaticano II, no hace otra cosa que poner en el centro de su interés a la persona humana, como ser libre y responsable de su propio cami-
240 La Cuestión Social Año 27, n. 3 nar, pero siempre bajo la mirada atenta de Dios. Así nos lo recuer- da el nº. 14 de la Gaudium et spes cuando dice lo siguiente: “No se equivoca el hombre al afirmar su superioridad sobre el univer- so material y al considerarse no ya como partícula de la natura- leza o como elemento anónimo de la ciudad humana. Por su inte- rioridad es, en efecto, superior al universo entero; a esta profunda interioridad retorna cuando en- tra dentro de su corazón, donde Dios le aguarda, escrutador de los corazones, y donde él perso- nalmente, bajo la mirada de Dios, decide su propio destino”. Pero también se hace responsable de sus hermanos, especialmente de los más necesitados, tal como afir- ma la misma Gaudium et spes en su n°. 1: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y espe- ranzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay ver- daderamente humano que no en- cuentre eco en su corazón”. Según queda patente en los evangelios, también para el mis- mo Jesús el hombre ocupó siem- pre el primer lugar frente a la ley y las instituciones. Jesús aparece en los evangelios como el Señor del sábado y de las instituciones. Por eso, no podemos dejar de recordar aquellas palabras de la Escritura: “El sábado se hizo para el hom- bre y no el hombre para el sába- do” (Mc 2,27); ni tampoco aquellas otras bien conocidas como el man- damiento del amor: “amaos unos a los otros como yo los he amado” (Jn 13,34), palabras a modo de testamento que Jesús dio a sus dis- cípulos antes de salir hacia el Cal- vario, invitando al amor recíproco, pero que debe rebasar el ámbito de la propia fraternidad eclesial y alcanzar a todo ser humano. Es precisamente así como la éti- ca cristina debe salir al encuentro de aquella ética civil que tenga también a la persona humana co- mo centro de sus preocupaciones y reflexiones. Y es que, si bien sa- bemos que la ética cristiana no es una tercera vía entre el socialis- mo y el capitalismo, y que ella no ofrece una alternativa a los pro- yectos humanos de una manera concreta, y aunque del Evangelio no se puede deducir un proyecto específico de realización munda- na (política, económica, etc.), nos ofrece una serie de criterios y principios que nunca deben de ser desoídos, porque el Evangelio no es neutral: es beligerante, interpela y compromete con proyectos comunes y globales,
241 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 además de ofrecer elementos que nos deben ayudar esencialmente en tres tareas: 1) Reconocer los auténticos valo- res humanos, que van haciendo su aparición en las diversas si- tuaciones históricas de la vida humana; los cuales están en co- nexión con el cristianismo. 2) Rechazar los contravalores, aunque se presenten disfra- zados de progreso y racionali- dad, pero que atentan contra la persona y su naturaleza comu- nitaria. 3) Proponer ideales globales, que aporten principios de esperan- za para la liberación humana. 16 Por eso, pienso que la Escuela de Salamanca, en medio de una so- ciedad plural como la nuestra, supuesto su talante racional y abierto a la discusión, y dispuesto a la búsqueda de soluciones con- cretas, podrá colaborar ofreciendo un diálogo serio con los diversos grupos que la constituyen, y que ya no aceptan posturas dogmá- ticas e inamovibles venidas sólo desde las creencias o sentimientos religiosos, pero sí aceptan un diá- logo constructivo, solidario y ge- nerador de vida. 16 Cf. Ildefonso Camacho, “Introducción”, en Ildefonso Camacho, Raimundo Rin- cón, Gonzalo Higuera, Praxis Cristiana III, Opción por la justicia y la libertad, Ediciones Paulinas, Madrid 1986, pp. 11-13. Pero, me parece que esta veta interdisciplinar, racional y secular de la Escuela de Salamanca no le hace perder dos de sus elementos sustanciales: su carácter proféti- co y su visión utópica, fortalecien- do con ello el encuentro del punto óptimo de la tensión entre historia y Reino de Dios. Y es que cuando contemplamos la sociedad como un proceso dinámico, la gran ta- rea para los cristianos es propo- ner a una sociedad laica y plural un justo medio donde el ser hu- mano encuentre aquellos elemen- tos que le permitan vivir al mismo tiempo como persona e hijo de Dios, abriendo siempre la posibili- dad para que nuestro Dios pueda manifestarse en medio de nues- tra historia humana convirtién- dola, para el creyente, en historia de salvación. En otras cosas, me parece que la Escuela de Salamanca podría dar- nos pistas de cómo hoy, nosotros cristianos y hombres de buena voluntad, en un territorio particu- lar como América Latina, con una serie de problemas sociopolíticos y económicos concretos, pode- mos abrir esos espacios para una discusión que hemos llamado de ‘segundo nivel’, en el que no sólo preocupen las soluciones técnicas, sino aquellas que tengan que ver con una auténtica defensa y pro-
242 La Cuestión Social Año 27, n. 3 moción de la dignidad humana, que hoy por hoy se ve lastimada de muchas maneras y que, lamen- tablemente, va convirtiendo nues- tros caminos en ríos de sangre. Así, la ética teológica y la ética civil, hermanadas por un solo pro- pósito: el bien de la humanidad, están llamadas a observar con ojos críticos y esperanzadores los grandes problemas de la humani- dad y, desde esa realidad, propo- ner criterios éticos posibles que alimenten los trabajos y sueños para un futuro mejor. *Facultad de Teología San Esteban, Sa- lamanca.
243 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 Introducción El presente ensayo tiene como propósito observar el seguimien- to al caso de los derechos huma- nos en el desarrollo de la caravana migrante. Para tal efecto, la inves- tigación se centrará en un medio escrito específico a través de pala- bras claves tales como: albergues, detenciones, niñez, muertes, de- rechos humanos. Cabe mencionar la importancia de los medios de comunicación en el análisis de co- yuntura de los fenómenos sociales y su análisis posterior sirviendo de base, de un sustento de fuentes para la interpretación de la reali- dad social. La delimitación de la investiga- ción entre los meses de diciembre a febrero del 2019 corresponde a un momento específico dentro de la caravana migrante, al menos desde el medio de investigación en cuestión, donde es evidente que la agenda de derechos humanos en el movimiento migrante ocupa las primeras planas; posterior a Migración y derechos humanos. El caso de la caravana migrante en la prensa escrita Alí Guerrero Álvarez* la fecha establecida se muestran otras dinámicas en el acontecer del hecho en los medios impre- sos, donde la violencia y políti- ca migratoria de Estados Unidos desplaza la importancia de los de- rechos humanos. La región latinoamericana en la que se encuentra inmersa Centro- américa es considerada una de las regiones más desiguales del mun- do; resultado de ello, se encuen- tran constantes en la región como crisis económica, corrupción, cri- men organizado y violencia que a lo largo de los últimos 40 años se han agudizado a tal punto que la crisis migratoria que observamos hoy día, no es más que el resultado de todo ello. En palabras del presidente de la Corte Interamericana de Dere- chos Humanos, Eduardo Ferrer Mac-Gregor: … millones de personas y fa- milias enteras están en una constante búsqueda de mejo-
244 La Cuestión Social Año 27, n. 3 res condiciones de vida y mi- gran hacia otros países; otras tantas se encuentran en situa- ción de desempleo. 1 El Papa Francisco pidió en con- ferencia de prensa no dejar de defender los derechos humanos, pues en estos tiempos de profun- dos cambios sociales y políticos, no puede decaer el compromiso por parte de los gobiernos: Es esencial que el respeto por la dignidad humana y por los derechos humanos inspire y dirija todos los esfuerzos para enfrentar las situaciones gra- ves de guerra y de conflictos armados, de pobreza opresiva, discriminación y desigualdad que afligen a nuestro mundo y que en los últimos años han contribuido a la crisis migra- toria actual. 2 En octubre de 2018 salen de Honduras 4,000 personas con di- rección a la frontera con Chiapas; a este contingente denominado por La Jornada como la “caravana migrante”, le continuaron al me- nos uno al mes en su cruce por México hacia Estados Unidos, cada uno con un número indetermina- do de integrantes. 1 Frías, Eduardo; “A.L. la región más des- igual del mundo, también la más violen- ta”, Gaceta UNAM, 27-05-19. 2 ACI Prensa, 13-12-18. Algunos datos generales sobre la caravana migrante De octubre de 2018 a enero de 2019 ha salido al menos una caravana por mes desde Honduras con dirección a Es- tados Unidos. Integrantes de la caravana mi- grante de acuerdo a su país de origen: Honduras (72%), El Salvador (10%) y Guatema- la (2%). 68% de los migrantes perma- necen en Tijuana, 22% busca empleo en el país y sólo 4% ha intentado regresar a su país de origen. Hombres (82%), mujeres (18%). Motivos de la migración: vio- lencia en su país (47%), falta de oportunidades laborales y económicas (45%), reencon- trarse con su familia en Esta- dos Unidos (2%). Al 17 de enero se estimó un aproximado de casi un millar de migrantes (registrados) que ingresaron a México. 3 Los albergues migrantes Uno de los lugares físicos más señalados en el transcurso de la caravana migrante fue el caso de los albergues: establecidos para 3 “Buscan ingresar a EU 68% de migran- tes que permanecen en Tijuana”, La Jor- nada, 22-01-19.
245 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 que los migrantes pudiesen per- noctar, alimentarse y asearse con una duración determinada. Estos albergues son en muchos de los casos carpas instaladas co- mo dormitorios, con colchonetas y cobijas —en el mejor de los casos con divisiones para familias, hom- bres y mujeres por separado—, una cocina industrial y un come- dor. En los albergues con número importante de migrantes se cuen- ta con elementos de seguridad, así como apoyo médico, jurídico y asesoría de derechos humanos. 4 En San Luis Potosí, los albergues fueron adecuados con internet, esto para que los migrantes pudie- sen comunicarse con familiares, tanto del lugar de origen como en Estados Unidos. 5 La situación en estos lugares no siempre fue óptima, muchos al- bergues fueron rebasados en sus capacidades, en la mayoría de ca- sos por falta de organización de los gobiernos. La organización Save the Chil- dren respecto al tema pidió: “mejorar las condiciones de los 4 “Continua ayuda humanitaria a 821 migrantes en el ‘Palillo’”, La Jornada, 03- 02-19. 5 “Migrantes salen de SLP rumbo a Coahuila”, La Jornada, 02-02-19. albergues garantizando un núme- ro suficiente de baños y en buen estado, así como adecuar las insta- laciones en cuestiones de higiene, servicios de salud y una alimenta- ción adecuada”. 6 Estas demandas surgen después de conocer las situaciones por las que atravesaban los migrantes, en la mayoría de los albergues, donde dormían en estacionamientos con bajas temperaturas y en graves condiciones de insalubridad de- bido a las grandes acumulaciones de basura. 7 Tijuana fue un lugar donde los albergues sufrieron situaciones más apremiantes. Grupos civi- les como Derechos Humanos sin Frontera mencionaban sobre una fallida huelga de hambre por parte de los migrantes que residían en el albergue del deportivo Benito Juá- rez; después de ello, y debido a las fuertes lluvias que provocaron grandes daños en el albergue, éste fue clausurado. 8 Referente a la situación en los albergues de Tijuana, ya se con- 6 “Save the Children pide proteger a ni- ños de la caravana migrante”, La Jorna- da, 10-12-18. 7 Íbidem. 8 “A pesar de la ayuda, migrantes ya des- confían hasta de su sombra”, La Jornada, 09-12-18.
246 La Cuestión Social Año 27, n. 3 sideraba una situación explosiva donde además comenzaban co- natos de rechazo por grupos re- sidentes del lugar, estando muy cerca de hechos violentos hacia los migrantes. 9 Se puede observar respecto a los albergues, que no todos llegan a operar bajo la misma eficacia; las condiciones de cada uno eran úni- cas y dependía de su operatividad los apoyos externos que ayudaran a mejorar el servicio al migrante. También, se puede señalar que muchos de los albergues son con- siderados de transito, es decir, las instancias no son de forma prolon- gada; mientras que los albergues en Tijuana y el resto de la fronte- ra norte seguían recibiendo a los migrantes sin que éstos pudieran pasar a Estados Unidos, creando así un efecto embudo donde las situaciones se agravaban con el paso de las semanas. La niñez dentro de la caravana migrante La niñez dentro de los temas migratorios ha resultado po- co señalado; dentro del grupo de migrantes, la niñez es la más vulnerables ante toda clase de atropellos y peligros. 9 “Se debe modificar política migratoria: senadores y COLEF”, La Jornada, 17- 12-18. Resulta imposible detallar el número de niños y niñas que han viajado junto a las diversas carava- nas desde el octubre de 2018 a la fecha; entre las principales dificul- tades destaca que no todos estos grupos llevan un registro desde que ingresan al país, en la mayoría de los casos por entrar de forma violenta en la frontera sur. Sin embargo, diversos datos a lo largo de la revisión de las notas periodísticas dan cuenta de infantes que sí logran ser conta- dos e identificados a lo largo del recorrido de las caravanas, dando incluso con menores de edad que viajan solos en su trayecto a Esta- dos Unidos. De acuerdo a la Procuraduría para Niños, Niñas y la Familia, en un grupo migrante llegado al esta- do de Coahuila se había resguar- dado a 22 menores que viajaban sin ningún acompañamiento en- tre un grupo aproximado de 1,000 migrantes; 10 en una de las cara- vanas que llegaban a la ciudad de Saltillo —integrada por 1,600 mi- grantes— se contabilizaban 433 menores de edad viajando con ellos; 11 en otro grupo migrante 10 “Coahuila pone en marcha programa para dar empleo a migrantes”, La Jorna- da, 12-02-19. 11 “Un grupo de la caravana migrante llega a Saltillo”, La Jornada, 03-02-19.
247 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 allegado a Chiapas se registraban 3,051 personas, de las cuales 644 eran menores de edad. 12 De acuerdo a Save the Children, 15% del total de las caravanas mi- grantes son menores de edad, 13 mientras que los rangos de edad oscilan entre los 5 y 15 años en su mayoría. 14 Son muchos los puntos a tra- tar en cuanto al porcentaje im- portante de niños y niñas dentro de las caravanas migrantes y hay un factor de suma importancia al momento de hablar sobre su pro- tección de los derechos humanos, sobre todo por la vulnerabilidad en la que se encuentran —junto a las mujeres— dentro del grupo de migrantes. “Infancia en peligro”, campaña de protección a los menores de edad dentro de las caravanas mi- grantes, señala: “durante las ca- ravanas, los niños han sufrido situaciones de violencia, hambre y enfermedades”; 15 mientras que 12 “Caravana migrante se divide, llegan los primeros a Huixtla, Chiapas”, La Jor- nada, 19-01-19. 13 “Alejandro Sanz y Save the children exigen proteger a niños migrantes”, La Jornada, 07-01-19. 14 “Caravana migrante se divide, llegan los primeros a Huixtla, Chiapas”, La Jor- nada, 19-01-19. 15 “Alejandro Sanz y Save the children exigen proteger a niños migrantes”, La Save the Children concluía: “en- tre las enfermedades más comu- nes entre los niños se encuentran las enfermedades respiratorias, casos de anemia y padecimientos gastrointestinales; mientras que muchos de ellos habían decla- rado haber pasado hambre en distintos momentos de los recorridos”; 16 en una de las cara- vanas que llegó a San Luis Potosí, se habían detectado cinco meno- res de edad con varicela, a quienes se dio la atención médica nece- saria y se alertaron a los estados de la ruta migrante para evitar una epidemia. 17 En el caso de la niñez de las cara- vanas migrantes, no han escapado de la ola de violencia propia del fe- nómeno migratorio y se registran casos alarmantes que recalcan la importancia tanto de derechos humanos como de diversos ac- tores civiles. Se tienen registros de niños gaseados por elementos de la protección fronteriza en Ti- juana, donde no existían los ele- mentos básicos para su resguardo y protección. 18 Jornada, 07-01-19. 16 “Save the Children pide proteger a niños de la caravana migrante”, La Jor- nada, 10-12-18. 17 “Migrantes salen de SLP rumbo a Coahuila”, La Jornada, 02-02-19. 18 “A pesar de la ayuda, migrantes ya des- confían hasta de su sombra”, La Jornada, 09-12-18.
248 La Cuestión Social Año 27, n. 3 Detenidos de la caravana migrante Los detenidos dentro de la cara- vana migrante han sido una cons- tante en el desarrollo de la etapa migratoria de Honduras hasta Estados Unidos y los casos se enumeran a continuación. A mediados de diciembre del 2018, el secretario general del Co- legio de la Frontera Norte dio la cifra de 1,206 detenciones a mi- grantes centroamericanos sólo en los últimos días del mismo mes. 19 En los límites entre California y Arizona, se contabilizaron 2,109 centroamericanos detenidos, de los cuales mil ya habían sido de- portados; entre las detenciones se encontraban entre los moti- vos desde orinar en la vía pública hasta riñas entre los mismos mi- grantes. 20 Un caso mítico fue lo sucedido con el migrante Alfonso Guerre- ro, quien encabezó una marcha integrada por 250 hondureños en la embajada de Estados Unidos en Baja California. Entre las exi- 19 “Se debe modificar la política migra- toria: senadores y COLEF”, La Jornada, 17-12-18. 20 “A pesar de la ayuda, migrantes ya des- confían hasta de su sombra”, La Jornada, 09-12-18. gencias estaba que el presidente norteamericano, Donald Trump, permitiera la entrada a los mi- grantes a su país o, en su defecto, pagara a cada migrante 50 mil dólares para un retorno con digni- dad a su lugar de origen. 21 Alfonso Guerrero fue detenido y se le cul- pó de encabezar la marcha. A inicios del 2019, se registró la detención de 26 hondureños en el Instituto Nacional de Migración a causa de violar el cerco del bando policial de Mexicali, mientras se encontraban en espera de su de- portación: prendieron fuego a los colchones de sus celdas y exigían su liberación inmediata. 22 Sin inci- dentes mayores, los migrantes de- tenidos fueron trasladados a otro centro para que continuaran su proceso de deportación. Casos de muerte en la carava migrante No resultan pocos los casos de muerte de migrantes durante la última caravana, parece ser una de las constantes en las investigacio- nes de derechos humanos, puesto que no siempre logran esclarecer- se los casos y la justicia simple- mente no llega a concretarse. 21 “Detienen en BC a hondureño que diri- gió marcha al consulado de E.U.”, La Jor- nada, 18-12-18. 22 “Migrantes incendian instalaciones del INAMI en BC”, La Jornada, 09-01-19.
249 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 Uno de los primeros casos que salieron a la luz fue el ocurrido a principios de diciembre del 2018 en el estado de Veracruz, donde una mujer guatemalteca perdió la vida cuando un grupo de migran- tes que viajaban en un camión fueron interceptados por perso- nas encapuchadas y que, al mar- car el alto, dispararon con armas largas; también resultaron heri- das tres personas más, entre ellos un niño de 3 años de edad. Ante tales acontecimientos, la CNDH mencionó las omisiones de medi- das cautelares a los miembros de la carava migrante. 23 Otro de los casos que repercu- tió en medios impresos de comu- nicación fue el homicidio de dos menores de edad hondureños en Tijuana a finales del 2018. Dos jóvenes de 16 y 17 años de edad habían sido estrangulados luego de ser enganchados por una joven que les había ofrecido mantener relaciones sexuales. 24 Un tercer adolescente logra escapar dan- do aviso a las autoridades muni- cipales, quienes encontraron los cuerpos sobre una avenida pú- blica. Ante tal hecho, se giraron 23 “CNDH condena ataque contra migran- tes en Veracruz”, La Jornada, 08-12-18. 24 “Honduras exige a México investigar muerte de dos niños migrantes”, La Jor- nada, 19-12-18. medidas cautelares al sobrevi- viente del atroz homicidio. 25 Dos hechos emblemáticos fue- ron las muertes de dos niños guatemaltecos dentro de Estados Unidos, donde las omisiones en ambos casos generaron más du- das que una idea de justicia. Jakelin Caal y Felipe, originarios de Guatemala y menores de edad, fallecieron en albergues de Esta- dos Unidos una vez que habían sido capturados en la frontera. La menor de edad presentó fiebre, vómito, convulsiones y deshidra- tación antes de su muerte; el me- nor de edad presentaba signos de una enfermedad potencial que confundieron con una gripe y a su regreso al albergue falleció. 26 Cabe mencionar que en ambos casos, la CNDH cuestionó el cui- dado de los derechos humanos de los jóvenes fallecidos en albergues norteamericanos, pues existieron graves omisiones en tratar las cuestiones de salud de los meno- res, así como su atención médica. 25 “Demanda CNDH esclarecer homicidio de dos menores hondureños”, La Jorna- da, 19-12-18. 26 “Guatemala solicita a E.U. informes so- bre el menor fallecido en albergue”, La Jornada, 27-12-18.
250 La Cuestión Social Año 27, n. 3 2018 cerraba con otra muerte de un migrante en la frontera de Tijuana al ahogarse en su intento de cruzar hacia Estados Unidos. 27 Estos casos particulares sólo conforman un mosaico de un nú- mero de muertes mayor en cuanto a cifras; sólo en Tijuana a finales del 2018 hubo seis muertes, de las cuales dos fueron asesinato y cuatro atropellados; 28 en todo el estado de Baja California se daba la cifra de cuatro muertes más, dos asesinatos, una por sobredosis y uno más atropellado, 29 mientras que la cancillería hondureña con- firmaba nueve migrantes muertos por diferentes circunstancias. 30 Sobre los derechos humanos Hablar de la caravana migrante es hablar de derechos humanos en cualquiera de sus connotacio- nes, pues su interacción natural a la problemática social es más que necesaria para su entendimiento. Cabe señalar que podemos en- tender y correlacionar el término ‘derechos humanos’ a los dere- 27 “Muere ahogado hondureño en intento por llegar a E.U.”, La Jornada, 29-12-18. 28 Íbidem. 29 “Honduras exige a México investigar muerte de dos niños migrantes”, La Jor- nada, 19-12-18. 30 Íbidem. chos humanos en sí que contiene la Carta Magna, a las instituciones de derechos humanos nacionales e internacionales, así como or- ganizaciones civiles apegadas a estos derechos. En cualquiera de las acepcio- nes, encontramos señalamientos en prensa respecto a ello. Entre las primeras críticas encontramos las declaraciones de Rafael Her- nández, director del Centro de Es- tudios México-Estados Unidos de la Universidad de California, que puntualizó: “las autoridades mexi- canas han sido incapaces de de- fender los derechos humanos de los migrantes. El gobierno mexica- no sólo ha sido un observador”. 31 Esta crítica al gobierno mexica- no, aunada a la de muchas otras, contribuyó a poner sobre la mesa el tema de los derechos humanos en torno a la problemática migran- te. A mediados de enero del 2019, en Chiapas, se instalaban mesas de trabajo para la atención mi- grante supervisada por los tres ni- veles de gobierno; entre los temas a tratar se encontraban seguridad, control migratorio, derechos hu- manos y ayuda humanitaria. 32 31 “Se debe modificar la política migra- toria: senadores y COLEF”, La Jornada, 17-12-18. 32 “Instalan mesas de trabajo para aten- ción a migrantes”, La Jornada, 14-01-19.
251 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 En uno de los testimonios re- cabados por el diario La Jorna- da, “Juan” mencionó que el grupo Pueblo sin Fronteras los llevó mediante engaños a Tijuana pen- sando que las condiciones serían mejores, además de mencionar que el Instituto de Migración los había secuestrado al privarlos de su libertad. 33 A pesar de que continuaban los señalamientos sobre la injerencia del gobierno federal a favor de los derechos humanos de los migran- tes que cruzaban la frontera sur del país en dirección a Estados Unidos, también se encuentran referencias de que se hacían cada vez más frecuentes sus menciones en la agenda política nacional. La Secretaria de Bienestar del gobierno de México supervisaba la atención a los migrantes centro- americanos vinculando políticas migratorias a políticas de desa- rrollo en pleno respeto a los dere- chos humanos; 34 el secretario de gobierno de Coahuila, José María Fraustro Siller, menciona tener la instrucción desde el gobierno federal de atender la agenda mi- 33 “A pesar de la ayuda, migrantes ya des- confían hasta de su sombra”, La Jornada, 09-12-18. 34 “Supervisa Albores atención a la cara- vana migrante en Suchiate”, La Jornada, 24-01-19. gratoria con apego a los derechos humanos, además de aceptar la participación de visitadores de la CNDH; 35 ya para febrero de 2019 se hacía mención que el INAMI avalaba la entrega a los migrantes de la tarjeta blanca con duración de un año por razones humanitarias. 36 Es así como se observa que el tema de derechos humanos poco a poco se posiciona en la agenda nacional, siendo esporádico en las primeras semanas de la etapa de la caravana migrante y, con- forme avanza, es más recurrente su importancia no sólo de hacer mención, sino de esfuerzos reales para su incorporación dentro de la misma caravana migrante. Por supuesto, quedan muchas veces en el papel los esfuerzos de llevar a cabo la validación de los derechos humanos en cuestiones migratorias y su consideración de estudiar los casos específicos para su verdadera aplicación. 35 “Un grupo de la nueva caravana mi- grante llega a Saltillo”, La Jornada, 03- 02-19. 36 “Coahuila pone en marcha programa para dar empleo a migrantes”, La Jorna- da, 12-02-19.
252 La Cuestión Social Año 27, n. 3 Conclusiones El fenómeno migratorio no es nuevo. La migración centroameri- cana hacia Estados Unidos ha sido una constante, sobre todo a par- tir de la segunda mitad del siglo XX, pero también es cierto que las migraciones durante las déca- das de 1970 a 1990 responden a cuestiones políticas provocadas por los múltiples movimientos ar- mados en la región; lo que obser- vamos hoy en día es consecuencia —como se mencionó antes— de crisis económica, corrupción de los gobiernos, fracturas sociales, violencia de grupos delincuencia- les que responden a otras dinámi- cas que hacen en el análisis una diferenciación entre las migracio- nes pasadas y actuales. Colocar el tema de los derechos humanos como eje rector de la problemática migratoria resul- ta difícil en muchos sentidos; el Estado mexicano no es capaz de garantizarlos a sus propios ciuda- danos, cuanto más a los migrantes centroamericanos que cruzan el país. Las notas periodísticas de- nuncian una ausencia de derechos humanos a un grupo vulnerable como lo son los migrantes. Queda claro en el planteamiento de la política nacional, la prioridad de robustecer las instituciones re- ferentes a los temas migratorios. No son pocas las voces de denun- cia de la incapacidad del Instituto Nacional de Migración ante una problemática que, a todas luces, le ha rebasado en todos los senti- dos; es momento de pensar en la transformación del INM en una se- cretaria de Estado, capaz de con- tar con los elementos jurídicos, económicos y humanos necesarios que permitan afrontar la migra- ción de la mejor manera posible. También será prioridad garan- tizar el trabajo de los organismos de derechos humanos nacionales e internacionales, con una verda- dera autonomía para lograr poner la dignidad humana como única prioridad en temas migratorios. La migración es un asunto ante todo de derechos humanos, no de cuestiones políticas y económicas. Bibliografía Eduardo Frías, “A.L. la región más desigual del mundo, tam- bién la más violenta”, Gaceta UNAM, 27-05-19 “CNDH condena ataque contra migrantes en Veracruz”, La Jor- nada, 8-12-18. “A pesar de la ayuda, migrantes ya desconfían hasta de su som- bra”, La Jornada, 09-12-18.
253 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 Save the Children pide pro- teger a niños de caravana mi- grante”, La Jornada, 10-12-18. “Reportan a López Obrador atención oficial a la caravana mi- grante”, La Jornada, 11-12-18. “Se debe modificar política mi- gratoria: senadores y COLEF”, La Jornada, 17-12-18. “Detienen en BC a hondureño que dirigió marcha al consulado de EU”, La Jornada, 18-12-18. “Honduras exige a México inves- tigar muerte de dos niños mi- grantes”, La Jornada, 19-12-18. “Demanda CNDH esclarecer homicidio de dos menores hon- dureños”, La Jornada, 19-12-18. Guatemala solicita a EU infor- mes sobre el menor fallecido en albergue”, La Jornada, 27-12-18. Muere ahogado hondureño en intento por llegar a EU”, La Jor- nada, 29-12-18. “Alejandro Sanz y Save the Chil- dren exigen proteger a niños mi- grantes”, La Jornada, 07-01-19. “Migrantes incendian instala- ciones del INAMI en BC”, La Jor- nada, 09-01-19. “Instalan mesas de trabajo para atención a migrantes en Chia- pas”, La Jornada, 14-01-19. Nueva caravana migrante sale del Salvador hacia EU”, La Jor- nada, 16-01-19. “Cruza Guatemala la nueva ca- ravana migrante”, La Jornada, 17-01-19. Caravana migrante se divide; llegan los primeros a Huixtla, Chiapas”, La Jornada, 19-01-19. “Buscan ingresar a EU 68% de migrantes que permanecen en Tijuana”, La Jornada, 22-01-19. “Caravana migrante continúa avance en territorio oaxaque- ño”, La Jornada, 23-01-19. “Supervisa Albores atención a caravana migrante en Suchia- te”, La Jornada, 24-01-19. “Pasan migrantes su segunda noche en el estadio ‘Palillo’”, La Jornada, 29-01-19. “Permanecen más de 700 migrantes en estadio ‘Palillo’”, La Jornada, 02-02-19. “Migrantes salen de SLP rum- bo a Coahuila”, La Jornada, 02-02-19. “Un grupo de la nueva caravana migrante llega a Saltillo”, La Jor- nada, 03-02-19. “Continúa ayuda humanitaria a 831 migrantes en el ‘Palillo’”. La Jornada, 03-03-19. “Coahuila pone en marcha pro- grama para dar empleo a mi- grantes”, La Jornada, 12-03-19. “El Papa anima a los Estados a mantener su compromiso con los derechos humanos”, ACI Prensa, 13-12-18. *Historiador, investigador de la his- toria del catolicismo del siglo XX mexicano y miembro del semina- rio “Investigación de lo social” en el IMDOSOC.
254 La Cuestión Social Año 27, n. 3 Estudios bíblicos en torno a Jesús e intención del texto De entre los estudios bíblicos del último siglo, y más precisa- mente de las últimas décadas, sobresalen los que giran en torno a la figura de Jesús, sus milagros y sanaciones. Los mensajes de Jesús, el Reino de Dios, sus relaciones so- ciales, así como su experiencia de Dios, sus acciones simbólicas, el conflicto en la vida de Jesús, su jui- cio y muerte, los relatos pascuales y las acciones liberadoras entre las que destacan las sanaciones y exorcismos, son los temas en los que, en gran medida, se han inte- resado dichos estudios bíblicos. Gerd Theissen establece dos eta- pas que se han desarrollado a par- tir de la historia de la tradición y por la crítica de las formas, por un lado; y por otro, y como una forma de corrección de la anterior, la crí- tica de la redacción y crítica litera- ria (Theissen, 2007, 9-10). A estas alturas de la historia somos bene- ficiarios de esos y otros trabajos. De sanaciones y milagros o cómo entender a un Jesús tau- maturgo y político Gerardo Cruz González* La trascendencia de dichos estu- dios ha repercutido no sólo en la producción de estudios bíblicos, sino en la propia concepción del mensaje cristiano. Para el mismo Theissen, estos estudios también aportan en la función pastoral. En este contexto, la presente investi- gación se interesa en la persona de Jesús, sus milagros y sanaciones. Para el siguiente trabajo, re- cobraremos especialmente los estudios realizados por Gerd Theissen y la Dra. Carmen Berna- bé, quienes parten del evangelio de Marcos para sus respectivos estudios. Además, como un modo de actualizar las propuestas de los biblistas, consideraremos apuntes de Jon Sobrino. Resulta interesante la aproxima- ción que hace Warren Carter a los milagros de Jesús en el evangelio de Mateo. Reconoce en la curación al ciego de centurión una escena audaz, subversiva, ingeniosa, que reúne dos imperios (el de Roma y
255 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 el de Dios), dos culturas (la gentil y la judía), dos hombres con dife- rente papel social (el centurión y Jesús); es interesante que para este autor, ante el aparente apoyo de Jesús al Imperio, en realidad, en el texto de Mateo, se logra un resultado de anticipación del Im- perio de Dios (Carter, 2007, 308). Sin embargo, para nuestro estudio tendría como resultado la disper- sión de un objetivo. Por ello, para efectos de este trabajo sólo consi- deraremos a Marcos, con el obje- tivo de centrar la atención tanto en Carmen Bernabé y su equipo, como en Theissen, con algunas anotaciones de Jon Sobrino. La persona de Jesús como sanador Jesús se manifiesta de diversos modos. Sus dichos y hechos tie- nen diversas formas de expresar- se y responden a ciertas teologías o intenciones teológicas de quie- nes han escrito el evangelio. Den- tro de sus dichos, sus mensajes y enseñanzas se deben considerar con su contexto, motivaciones pa- ra la redacción, fuentes y público a quien va dirigido. Resulta muy interesante la serie de prácticas y hechos peculiares de Jesús porque revelan su persona y misión. Entre dichas prácticas están las comidas de Jesús que —junto con sus inter- locutores, situaciones geográficas, signos proféticos del templo, cura- ciones y exorcismos— tienen di- versos significados comprendidos en las últimas décadas gracias a las ciencias sociales, especialmen- te la antropología cultural, historia de las religiones y sociología de las religiones (Bernabé, 101). Entender la forma de agruparse y los diferentes roles sociales que asumían las personas en tiempos de Jesús, sus modos de comer que funcionan como códigos de inclu- sión y exclusión, las normas ri- tuales religiosas y sus relaciones económicas… pueden ayudarnos a aproximarnos al sentido del escrito evangélico y, con ello, en- tender de un modo nuevo el men- saje de Jesús. En este sentido, el término ‘Eua- ggelion’, entendido como Buena Nueva, otorga una primera inter- pretación liberadora y de sanación de los relatos de las curaciones y exorcismos de Jesús. Él cura, libe- ra y sana a quienes son excluidos por la sociedad. Pero el contexto de esas sanaciones también tiene una carga sociopolítica que nos presentan los estudios de la crítica literaria y los enfoques sociorre- tóricos tanto de Theissen como de Bernabé. Por su parte, y a modo de completar la reflexión bíblica,
256 La Cuestión Social Año 27, n. 3 Jon Sobrino tiene como primeros destinatarios de la Buena Noticia y el Reino que trae con ella a los pobres. Por ello, para el jesuita, el Reino de Dios es “la utopía de la vi- da justa y digna”. Jesús se presenta como sanador en un contexto en el que la socie- dad judía era muy desigual. Sólo 2% de la población pertenecía a la élite hegemónica y 80% a una clase que apenas aseguraba su subsistencia, de tal modo que cual- quier situación de la que aparecía la enfermedad podía reducirlos a la miseria y exclusión. Las sana- ciones de Jesús, de algún modo, equilibraban esas desigualdades y proponían la necesidad de que los valores del Reino fueran asumidos en el ámbito sociopolítico y reli- gioso. Como sea, la persona de Je- sús es ante todo un mediador que pasó haciendo el bien (Sobrino), lo que incluye las sanaciones. En las narraciones de los evan- gelios, las curaciones que realiza Jesús son diversas: ceguera, sorde- ra, parálisis, mudez, espina dorsal doblada, enfermedades dermato- lógicas. Ante esta realidad, Jesús es un sanador cuya acción salvífica se realiza por medio de su actitud y palabra que radican fundamen- talmente en su autoridad. En el gran contexto de los milagros, Je- sús aparece en la narración de los evangelios como un taumaturgo, pero es algo más. El rasgo que más lo define es el de sanador y exorcis- ta. El relato no tiene la intención exclusiva de recordar cómo Jesús cura a un paralítico o a la hemo- rroísa, por ejemplo, sino que en el trasfondo se puede leer la apuesta que tiene Jesús por la resistencia al Imperio y a las autoridades reli- giosas de su tiempo. En el caso de los exorcismos, estos estudios bí- blicos recientes nos proporcionan la posibilidad de desligar dichos exorcismos de una visión mágica y proponerlos desde el plano políti- co. En Sobrino, en estos milagros radicaba la fuerza de atracción de Jesús con la gente. En este sentido, los milagros de Jesús tienen otro efecto: abrir los ojos a sus discípulos, quienes has- ta antes de la curación de un ciego que proclama a Jesús como mesías (Mc 28,29), eran incapaces de re- conocer la dignidad de Jesús. Pe- dro como portavoz de todos los discípulos, lo proclama Mesías (Theissen, 2002, 45). Una narrativa política a partir del milagro Para Theissen, más que Marcos, es la comunidad marcana quien en sus narraciones tenía su pro-
257 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 pio evangelio. Propone al texto de Marcos como un anti-evangelio de frente a la dinastía flaviana. Los flavios tenían su propia narra- tiva de ascensión al poder con un proceso en el que se contrapone al Mesías el emperador romano. Jesús es la contraimagen de los fla- vios. En este sentido, las profecías y oráculos se veían cumplidos en Vespasiano, quien había sido pro- clamado emperador de Alejandría. De frente para Marcos, Jesús de Nazaret, de un modo profético, fue designado hijo de Dios en su bau- tismo y más tarde el propio cen- turión romano proclama a Jesús en la cruz como “Hijo de Dios”. En esta contraposición de los flavios y Jesús, la comunidad marcana presenta a Jesús en un plano supe- rior: es reconocido incluso por el ejército romano y el poderoso Im- perio en la persona del centurión. Por ello, no es el centurión un per- sonaje casual, sino que tiene una carga política y teológica que supo aprovechar muy bien la comuni- dad marcana. En este punto, bajo el género de milagros, Suetonio y Tácito pro- ponen una narrativa que recono- ce a Vespasiano como curador. Se cuenta en esos relatos varias historias como la de la curación de un ciego que a la vez era cojo en Alejandría. La intención de es- tas narrativas, que corrían en la sociedad romana, era asegurar la legitimidad de su autor. Vespasiano curaba la enferme- dad y discapacidad de los roma- nos, pero en Jesús de Nazaret hay un vuelco, ya que no sólo curaba enfermos —con ello demostró ser vencedor de la enfermedad y los demonios—, sino que la narrati- va del Evangelio apunta a señalar que el mal es imperial. En este sentido, en Mc 5, Jesús expulsa un demonio que se autodenomina “Legión”. Este demonio que hace referencia, por su nombre, al ejér- cito romano, tenía las mismas ac- titudes de dicho ejército, quería permanecer en el país. Ante tal actitud, Jesús lo expul- sa y como los romanos no tenían aversión para entrar en contac- to con animales impuros, Jesús lo arroja en una piara de cerdos que terminan por ahogarse en el mar. El simbolismo alcanzado en la re- dacción literaria recoge la capaci- dad crítica y política de Jesús y de la comunidad marcana. La nota importante es que en los milagros, curaciones y exorcismos, Jesús de- mostró ser superior al gobierno invasor de Roma. Ante el oráculo que registra Táci- to, que aseguraba a Vespasiano su
258 La Cuestión Social Año 27, n. 3 reivindicación de la jefatura, el an- tievangelio de Marcos propone la siguiente advertencia: “En los últi- mos días, falsos profetas y mesías intentaran descarriar a los creyen- tes”. Habrá gente en la cual depo- sitarán la esperanza del Mesías. Dirán ¡mira, aquí está el mesías!, o ¡mira, está allí!, pero todo eso es una tentación demoniaca. No son los flavios, ni en concreto Ves- pasiano quien gobierne al mundo y la forma de ejercer ese poder, no es al modo del imperio, sino al servicio: “sabéis que los que fi- guran como jefes de las naciones los gobiernan tiránicamente y que sus magnates los oprimen. No ha de ser así entre vosotros. El que quiera ser grande entre vosotros que sea vuestro servidor” (Thei- ssen, 2007, 30–32). El mismo Theissen reconoce que Vespasiano logró, siendo usurpador, su legitimación por medio de curaciones milagrosas; en cambio, Jesús por medio de los milagros, además de legitimar su autoridad, anuncia algo nuevo: el Reino. Para este autor, el caris- ma de obrar milagros se transfor- mó en el movimiento de Jesús, convirtiéndose de un poder para lograr reconocimiento (legitimi- dad y autoridad), en un poder para conseguir imponerse (Thei- ssen, 2008, 280). La secrecía del milagro Pero esta jefatura o majestad de Jesús se contrapone a la del im- perio porque busca mantenerse secreta. Además de la prohibición expresa de Jesús de no revelar su identidad, corre también la prohi- bición de que los testigos o perso- nas sobre las que caen los milagros manifiesten el poder de Jesús. No es el hecho de la curación lo que ha de mantenerse en secreto, si- no la milagrosa naturaleza de los milagros. El leproso al que Jesús declaró limpio ha de contar que lo declararon limpio los sacer- dotes de Jerusalén sin decir que Jesús lo había curado milagrosa- mente con su palabra y tacto; la resurrección de la hija de Jairo, el jefe de la sinagoga, por ejemplo, está construida para que desde fuera se considere como un des- pertar del sueño y no tanto como un incomprensible milagro de re- surrección de muertos. Pero man- tener en secreto la realización de estos milagros es imposible. Un caso evidente es la curación del sordomudo (Mc 7, 31–37). Cuanto más prohíbe Jesús di- fundir la noticia del milagro, los testigos más se atreven a procla- marlo. Jesús liberó la lengua del sordomudo y, con ello, muchas otras personas hablarían por to-
259 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 das partes de sus grandes mi- lagros como una secuencia del primer dicho prodigioso. El secre- to de los milagros manifiesta que los hechos con los que Jesús salva y libera no pueden permanecer ocultos (Theissen, 2007, 32–34). Lo anterior también ayuda co- mo ejemplo para entender que una creencia muy desarrollada en el Mediterráneo oriental recaía en dioses salutíferos y en el recur- so que la gente tenía a ellos. Este mundo de dioses con poderes sa- nadores permitía que las personas acudieran al templo para visitar al dios sanador. Una práctica co- mún era, por ejemplo, dormir en el templo y despertar sanado. A la par de dioses sanadores, existían hombres sanadores entre los cua- les se encontraban taumaturgos o exorcistas (Theios aner). Estos hombres sanadores no se localizaban en el mundo pagano, también los judíos los tenían. En- tre sus cualidades estaban, como parte de su poder de curar, ex- pulsar demonios. Su papel era el de mediación entre los dioses y las personas enfermas. El poder de los taumaturgos y exorcistas residía en el carisma, el don y la autoridad que la divinidad les ha- bía concedido. Otra figura paralela eran los magos, que a diferencia de los taumaturgos no eran propiamen- te intermediarios de la fuerza divina, ni carismáticos; en cambio, poseían cierto conocimiento de algunos elementos naturales y los aplicaban en el momento y persona adecuados. Además de los magos existía la adivinación, práctica muy extendida ejercida a través de la astrología o por me- dio de los oráculos de los dioses. La adivinación se ejercía en la lec- tura de las estrellas y sus posi- ciones, las vísceras de animales o algunos otros elementos (Berna- bé, 103–106). Una sanación integral En este contexto social algunos autores, según Carmen Bernabé, proponen que había tres niveles en la salud para los judíos. En el primer nivel del enfermo está el estrato familiar, que se trata de las personas más allegadas del en- fermo, Bernabé le llama ‘popular’; los otros dos círculos son el de los médicos y el étnico, en el que tam- bién se encontraban buenos tipos de sanadores. Estos sectores o ni- veles tenían que ver con la aten- ción prestada al enfermo, así que cuando un enfermo se presentaba, quien primero actuaba era la fa- milia o ese círculo cercano, si no
260 La Cuestión Social Año 27, n. 3 había resultados favorables recu- rrían al sector profesional de los médicos o al étnico. La atención se prestaba bajo un concepto de enfermedad diver- so al nuestro, ya que consideraba el mundo judío a ésta como una afectación física, sociocultural y también religiosa; todo ello en- tremezclado y unido. Por lo tanto, la curación acontecía en la restau- ración física, sociocultural y reli- giosa (Bernabé, 106). Había, por lo tanto, una relación directa y estrecha entre las dolencias y afectaciones físicas, y las valora- ciones sociales sobre ellos. Las diferencias en los sectores o niveles de sanación que propone la Dra. Carmen Bernabé nos per- mite entender en qué momento intervienen diversos tipos de sa- nadores. En este contexto, el tau- maturgo interviene en el entorno social del enfermo y busca que tenga un efecto sobre el cuerpo - sico, social y religioso atendiendo la recuperación del equilibrio de todo este entramado. Por ello, se puede inferir que todo sanador en tiempo de Jesús, para tener auto- ridad reconocida, debía tener en cuenta todo el sistema. Estos elementos están presu- puestos en el Evangelio que, ade- más, considera siempre que la curación de Jesús tiene un claro énfasis en la fe del enfermo. En Mc 5, 25–34, el evangelista relata el pasaje de la mujer hemo- rroísa. Este texto recoge la práctica sanadora de Jesús y su significado. Por su parte, la mujer con flujo de sangre expresa la realidad física corporal que la excluye de la vi- da social y la infravalora desde el punto de vista religioso. Por ello, es importante la inclu- sión que propone Marcos, dado que la mujer recoge una forma de exclusión más acentuada. El sistema social, político y religio- so de Israel excluye a la mujer de modo sistemático. En el Levítico, se condena a la mujer que padez- ca flujo de sangre excediendo su periodo, la propia ley la declaraba impura, con lo que se establecía la imposibilidad de que cualquie- ra se acercara a ella, bajo el ries- go de quedar contaminados e impuros también. En términos de Carmen Bernabé, “las muje- res eran especialmente víctimas en este sistema, puesto que esta- ban sujetas a las interpretaciones dominantes (masculinas) de la do- lencia, la disfunción y la normali- dad” (Bernabé, 107). Jesús rompe con esa exclusión y se deja tocar, al sanar incluye y abre nuevos horizontes para la mujer sanada, pero también para la comunidad.
261 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 A modo de conclusión De frente a la realidad actual —en estado de franca deshuma- nización, al grado de que algunos académicos han hablado de una crisis de la civilización y humani- dad—, los modos de exclusión se presentan en diversos niveles y lugares (pobres, mujeres, niños, diversos grupos que tienen que migrar, la devastación de nuestra casa común que alcanza niveles de aniquilamiento de muchas es- pecies, etc.), se requiere de una Buena Noticia. En este sentido, la Palabra en- carnada resulta oportuna cuando la persona de Jesús no represen- ta una divinidad inalcanzable. El riesgo que ha corrido la interpre- tación de los milagros de Jesús es que, en muchos casos, se ha redu- cido su figura a un simple tauma- turgo que en el mejor de los casos se traslada al plano espiritual, pero no consigue una incidencia social y política. Las sanaciones de Jesús rein- tegran al enfermo, pero no en el mismo sistema de valores que lo excluyeron, sino en el Reino: ese lugar en el que las diferencias no existen, tampoco las exclusiones. Las comunidades actuales tam- bién pueden ser sanadoras. La Ecclesia como seguidora de Jesús también tiene el deber y poder de reintegrar a los alejados, des- cartados, excluidos e invisibiliza- dos. Una Iglesia que camina por la historia sin atender dichas ex- clusiones no tiene ningún sello soteriológico. La persona de Jesús de Nazaret, bajo la interpretación que se propone, representa el sa- nador de este mundo excluyen- te y una forma de emancipación política frente a nuevas formas —económicas, políticas y cultura- les— de un imperio opresor. Por eso, en Carmen Bernabé y Jon Sobrino las curaciones de Je- sús tienen una estrecha relación con el Reino de Dios, porque con ellas, como en el caso de la cura- ción e inclusión de mujeres, Jesús establece nuevas formas de rela- cionarse con Dios y entre las per- sonas; son un signo de la acogida de Dios de aquellos excluidos por quienes se atribuían una función intermediaria con Dios. Ahora, Je- sús es el único intermediario que revela un rostro de Dios que no discrimina ni excluye; se muestra cara a cara con todos, especial- mente con quienes eran consi- derados menos dignos (Bernabé, 111-112).
262 La Cuestión Social Año 27, n. 3 Bibliografía Rafael Aguirre, Carmen Berna- bé, Carlos Gil, Qué se sabe de… Jesús de Nazaret, Verbo Divino, 5ª reimpresión (2018). Warren Carter, Mateo y los már- genes, Verbo Divino, 2007. Jon Sobrino, “¿Es Jesús una Buena Noticia?”, consulta- do en: https://jesuitas.lat/ uploads/es-jesus-una-buena- noticia/JON%20SOBRINO%20 -%201993%20-%20ES%20 JESS%20UNA%20BUENA%20 NOTICIA.pdf Gerd Theissen, El movimiento de Jesús, historia social de una revolución de los valores, Bi- blioteca de Estudios Bíblicos, Sígueme, Salamanca, 2005. Gerd Theissen, La fe bíblica. Una perspectiva evolucionista, Verbo Divino, 2002. Gerd Theissen, La redacción de los evangelios y la política ecle- sial. Un enfoque socio-retórico, Verbo Divino, 2002. Gerd Theissen, El Nuevo Tes- tamento, Sal Terrae, Presencia Teológica, 2003. *Teólogo, área de Formación e Investi- gación de IMDOSOC.
263 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 La Real Academia define la pa- labra ‘discípulo’ como la “per- sona que aprende una doctrina, ciencia o arte bajo la dirección de un maestro” o la “persona que sigue la opinión de una escuela, aun cuando viva en tiempos muy posteriores a los maestros que la establecieron”. 1 Y al utilizar el término ‘persona’, la Academia se refiere a todo individuo de la es- pecie humana, hombres y mujeres por igual. Si bien esta definición no nos causa extrañeza, todo cambia cuando se habla de los discípulos de Jesús, ya que nuestro imagi- nario únicamente recuerda a los 1 Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, consultada el 20 de junio de 2019 en: https://dle.rae. es/?id=DsLLpKP El discipulado femenino Edith Trujillo Martínez* Recorrió a continuación ciudades y pueblos, procla- mando y anunciado la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, lla- mada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susa- na y otras muchas que les servían con sus bienes. (Lc 8, 1-3) doce hombres que fueron envia- dos por todo el mundo para predi- car el Evangelio y se nos olvida que dentro del grupo cercano al Nazareno también había mujeres. En este trabajo se presentan los argumentos de John Meier, Nuria Calduch-Benages y Carmen Ber- nabé respecto al papel de estas mujeres y si pueden o no ser lla- madas ‘discípulas’. En su libro Un judío marginal, John Meier 2 dedica un apartado a “Jesús en relación con sus segui- 2 John Paul Meier (New York, 1942) es doctor en Sagrada Escritura por el Pontificio Instituto Bíblico de Roma; profesor de Nuevo Testamento en el Departamento de Teología de la Univer- sidad de Notre Dame (Indiana, EUA). Fue ordenado sacerdote en 1967 en la Basí- lica de San Pedro, Roma, y fue presiden- te de la Catholic Biblical Association.
264 La Cuestión Social Año 27, n. 3 dores: los discípulos”, en el que propone: “el Jesús histórico fun- cionó durante su ministerio como un profeta y un maestro judío […] Tener discípulos es simplemen- te una de las condiciones para el desempeño de la actividad [de co- municación social] de Jesús en la Palestina judía del siglo I”. 3 Sin embargo, no podemos decir simplemente que ‘discípulo’ sig- nificó seguidor, adepto o alumno; entonces ¿qué representó ser discípulo de Jesús? Meier respon- de dando tres características: 1) Jesús tomaba la iniciativa de decidir quién iba a ser su discí- pulo. Se dirigía a determinadas personas con su imperiosa or- den de seguirlo, no admitía opo- sición ni demora. 2) Al hablar de ‘seguimiento’, Je- sús no empleaba una piadosa metáfora, sino que se refería al seguimiento literal, físico, en sus recorridos de predi- cación por Palestina. Por eso, quien aceptaba su orden de seguirle tenía que dejar atrás casa, familia y despedirse de otros gratos vínculos. 3 Meier, Un judío marginal. Nueva visón del Jesús histórico. Tomo III: Compañeros y competidores, p. 70. 3) Además de estas dificultades, Jesús advertía a sus discípulos que podían esperarles otros su- frimientos: oposición, incluso por parte de la familia, y una hostilidad acaso funesta. 4 Si éste era el modelo a seguir para convertirse en discípulo, ¿qué pasó con las seguidoras de Jesús?, ¿eran consideradas discí- pulas? Meier señala que los datos disponibles para la búsqueda de las mujeres situadas en el entor- no de Jesús histórico son pocos; no obstante, los textos disponibles dan pistas sobre ellas y “es claro que ciertos pasajes evangélicos […] parecen presentar a las segui- doras de Jesús desempeñando un papel similar al de los discípulos”. 5 Para comprobar esta afirmación, Meier ofrece dos ejemplos: pri- mero, “ciertas devotas seguidoras acompañaban a Jesús en sus viajes por Galilea y, finalmente, a Jerusa- lén, además de asistirle a él y a su grupo con dinero, comida u hos- pitalidad” (Lc 8, 1-3); en segundo lugar, “tanto los sinópticos como Juan sitúan ciertas seguidoras de Jesús en la crucifixión de Jesús y en el hallazgo del sepulcro vacío”. 6 4 Ibid., p. 97. 5 Ibid., p. 100. 6 Ibid., p. 101-102. Vid. Mc 15, 40-41. 16, 1-8; Mt 27, 55-56. 28, 1-9; Lc 23, 49. 55- 56. 24, 1-8; Jn 19, 25. 20, 1.
265 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 Meier afirma que es “la realidad y no la denominación” lo que da a estas mujeres el título de dis- cípulas; 7 lo cual se debe, según el autor, a que “Jesús y sus discípulos no emplearon nunca una palabra especial en arameo para nombrar a las discípulas, por la sencilla ra- zón de que no la había, y por eso los evangelios griegos proceden- tes de tal tradición tampoco la utilizan”. O bien, pudo deberse a que en griego el masculino plu- ral ‘discípulos’ (οί μαθταί) podía referirse tanto a hombres como a mujeres; por tanto, sin detenernos en los “problemas de vocabulario, la conclusión más probable es que Jesús veía y trataba a esas mujeres como discípulas”. 8 Por su parte, Nuria Calduch-Be- nages 9 en El perfume del Evangelio 7 Únicamente en Hch 9, 36 se llama μαθήτρια (discípula) a Tabitá, mujer “rica en buenas obras y en limosnas que hacía”. Meier subraya que este nombre aparece hasta el siglo II “con el apócri- fo evangelio de Pedro, donde en 12, 50 es aplicado, poco sorprendentemente, a María Magdalena” (Ibid., p. 105). 8 Ibid., p. 104-105. 9 Nuria Calduch-Benages (Barcelona, 1957) es religiosa de la congregación Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret; doctora en Sagrada Escri- tura por el Pontificio Instituto Bíblico de Roma; profesora de Antiguo Testa- mento en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Gregoriana y profesora invitada en el Pontificio Ins- tituto Bíblico. Actualmente, es miembro presenta encuentros entre Jesús y algunas mujeres; apoyándo- se en el teólogo francés Gérard Rossé, subraya que “ver a Jesús acompañado de hombres y muje- res constituía un hecho sorpren- dente, insoportable para la élite religiosa, y debía mostrar al pro- feta itinerante de Nazaret como alguien extravagante”, 10 ya que las mujeres estaban excluidas de la esfera pública. 11 Al igual que Meier, Calduch ano- ta que “los evangelios hablan poco de las mujeres, pero lo poco que nos han transmitido nos confir- man su presencia y su seguimien- to respectivo a Jesús”, 12 sobre todo durante su Pasión y Muerte, como se lee en los cuatro evangelios: de la Comisión para el Estudio del Dia- conado de la Mujer creada por el Papa Francisco en 2016. 10 Gérard Rossé, Il Vangelo di Luca, p. 281, apud. Calduch-Benages, El perfume del Evangelio. Jesús se encuentra con las mujeres, p. 85. 11 Nuria Calduch ejemplifica la mentali- dad patriarcal y androcéntrica del tiem- po de Jesús retomando textos del Rabí Eliezer: “Es mejor quemar la Torá que enseñarla a las mujeres” (Sotá 3, 4) o “Una mujer no tiene que aprender más que a servirse del huso” (Joma 66b), (p. 86). 12 Calduch-Benages, p. 79.
266 La Cuestión Social Año 27, n. 3 Los sinópticos hablan del segui- miento desde Galilea y cómo miran de lejos lo que ocurre, “una distan- cia que, si por una parte indica su fragilidad, por otra subraya su ad- hesión al Maestro crucificado […] En este ambiente hostil, las muje- res son las únicas que permaneces fieles”. 13 La autora hace hincapié en que, junto con los doce, las mu- jeres formaban parte del grupo de los discípulos de Jesús. Si bien sorprende que María de Magdala, Juana de Cusa, Su- 13 Ibid., p. 83-84. sana y las otras muchas mujeres (Lc 8, 1-3) llevaran su hos- pitalidad y servicio fuera del ambiente doméstico, es más asom- broso que Jesús considerara a la mujer destinataria de su mensaje (Lc 10, 38-41) y se opusiera “a un viejo sistema que la había confi- nado desde siempre a las tareas domésticas, negándole toda posi- bilidad de instrucción. Dicho con otras, Jesús se alinea contra el ‘ser- vir’ tradicional de las mujeres en favor de un discipulado integral”. 14 14 Ibid., p. 93. Mc 15, 40-41 Había también unas muje- res desde lejos, entre ellas, María Magdalena, María la madre de Santiago el menor y de Joset, y Salomé, que le seguían y le servían cuan- do estaba en Galilea, y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén Mt 27, 55 Había allí muchas mujeres mirando desde lejos, aque- llas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirle. Entre ellas estaban María Magdalena, María la madre de Santiago y de Jo- sé, y la madre de los hijos de Zebedeo. Lc 23, 49 Todos sus conocidos y las mu- jeres que le habían seguido desde Galilea se mantenían a distancia, viendo estas cosas Jn 19, 25 Junto a la cruz de Jesús esta- ban su madre y la hermana de su madre, María, la mujer de Clopás, y María Magdalena.
267 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 Al mismo tiempo, la autora enfatiza que en Lc 8, 3 el verbo diakoneō (‘servir’), en el griego del Nuevo Testamento, significa ‘heraldo’ o ‘mensajero oficial’; por este motivo, Calduch propone una traducción diferente; en lugar de “y otras muchas [mujeres] que le asistían con sus bienes” podría ser “y otras muchas [mujeres] que usaban sus recursos yendo en mi- sión en su nombre”, 15 así: … se podría hablar de un ‘ser- vicio misionero’, de un servi- cio que se vuelve expresión de una llamada-elección interior a la que no se puede escapar, un servicio abierto a todos y a todo, un servicio sin límites ni prejuicios. Entendida de este modo, la diakonia de las muje- res adquiere otro alcance. 16 Por este motivo, asegura la au- tora, las mujeres no sólo colabo- raron con recursos materiales, sino que constituyeron parte de la misión; ellas escucharon su doc- trina, fueron testigos de la Cru- cifixión y “fueron ellas también quienes la mañana de la Pascua se convirtieron en las primeras testi- gos de su resurrección y a ellas se 15 Ibid., p. 94. Desde la filología, Nuria Cal- duch-Benages subraya que diakoneō no puede entenderse como el servicio de las mesas (Lc 4, 39; 10, 40; 12, 37; 17, 8) como se ha hecho hasta ahora. 16 Ibid. les confió el anuncio pascual” 17 de la resurrección de Jesús. Por su parte, Carmen Bernabé 18 se pregunta: ¿qué significa ser se- guidor de Jesús? Para ella supone: … pertenecer consciente y vo- luntariamente a un grupo que se caracteriza por tener una historia enraizada en un acon- tecimiento histórico, la vida de Jesús de Nazaret, y en la fe que confesó en Él la encarna- ción de Dios en la historia y en su acción el comienzo intra- histórico de la salvación pro- metida para el final. La vida de Jesús de Nazaret, su visión de dios y del hombre, sus valores hermenéuticamente aplicados a cada situación histórica conforman una identidad que se caracteriza como cristia- na, es decir, la de un seguidor de Jesús. 19 A decir de Bernabé, los evan- gelios muestran prototipos de la identidad grupal; éstos presentan a quienes configuraron su vida a partir de su identidad cristiana y “aquellas mujeres de los comien- 17 Ibid., p. 95. 18 Carmen Bernabé Ubieta (Bilbao, 1957) es doctora en Teología por la Universi- dad de Deusto (Bilbao, España); pro- fesora titular del Departamento de Sagrada Escritura de la Facultad de Teo- logía de la misma universidad; presi- denta de la Asociación Bíblica Española y miembro fundador de la Asociación de Teólogas Españolas. 19 Bernabé, Con ellas tras Jesús: mujeres modelos de identidad cristiana, p. 17.
268 La Cuestión Social Año 27, n. 3 zos son recordadas como mode- los de discipulado, tanto para varones como para mujeres”. 20 Los relatos evangélicos presen- tan a un grupo de mujeres en el momento de la Crucifixión y se- pultura de Jesús, “su testimonio sobre las últimas horas de Jesús y sobre la suerte de su cuerpo es fundamental para los seguido- res de Jesús y las comunidades posteriores”; sitúan a María Mag- dalena visitando la tumba de Jesús y, en este escenario, la revelación “del destino de Jesús mediante un ser celestial” (Mc 16, 1-8; Mt 28, 1-8; Lc 24 1-12; Jn 20 11-13). Por su parte, Mateo y Juan unen es- te relato “con una aparición del Resucitado, en una especie de do- blete revelador” 21 (Mt 28, 9-10; Jn 20, 14-18). Ahora bien, en Hch 1, 21-22 se puede ver el concepto de ‘após- tol’ y autoridad apostólica que tiene Lucas: “haber estado con Jesús desde el comienzo hasta la Crucifixión, ser testigo de su re- surrección y ser varón”; el evan- gelista “lo reduce por época y por género cuando lo aplica sólo a los Doce —varones-—, retrotrayen- do un título comunitario a tiem- pos de Jesús y de sus primeros 20 Ibid., p. 19. 21 Ibid., pp. 26-27. discípulos”. 22 Bernabé insiste que María de Magdala, por ejemplo, cumple con todas las condiciones puestas por Lucas, excepto la de ser varón: Ella fue testigo desde el co- mienzo al final y, por eso, para los seguidores posteriores de Jesús, ella era una de aquellos maiores que estaban en aquel momento inicial de la ‘fun- dación del edificio’ de lo que llegaría a ser la Iglesia, una de aquellos que había he- cho crecer lo iniciado por Jesús. Había recibido una apa- rición del Resucitado y el en- vío a hacer crecer lo iniciado por Jesús. 23 Entonces, ¿por qué no se le re- conoce como discípula? Para Ber- nabé, el problema radica en la relación entre la autoritas y la potestas. 24 En el contexto de Je- sús, los dotados de autoridad eran los ancianos o los patres por descendencia o tradición, “sólo los cabeza de familia varones li- bres podían representar a la oikos 22 Ibid., p. 23. 23 Ibid., p. 31. 24 La autoritas se refiere a las “cualidades o atributos que ciertas personas poseen […] y que las coloca en una posición de preminencia o supremacía moral respecto a los demás”; la potestas a “la capacidad que tienen algunas personas o instituciones de influir y determinar la conducta de otros” (Carmen Bernabé Ubieta, Mujeres con autoridad en el cris- tianismo antiguo, p. 19).
269 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 [casa-familia] ante la ciudad” 25 y esta idea formaba parte del ima- ginario cristiano que se refleja en los textos canónicos. Evidentemente, esto “afectó de forma grave y decisiva a la consi- deración de las mujeres discípulas y su papel como testigos y piedras fundadoras de la Iglesia”. 26 No obstante, Bernabé establece que existe una relación entre “la mi- sión y la experiencia de la Resu- rrección (aparición) […] el factor decisivo es el encuentro con el Resucitado, que se experimentó como una llamada o un manda- to especial”. 27 A María Magdale- na, junto con otras mujeres, en su visita a la tumba, un ser angélico las envió a anunciar “la nueva existencia resucitada de Jesús” 28 a los discípulos varones y conducir- los a Galilea. Por tanto, “su autoridad proce- de del envío del Resucitado y del 25 Bernabé, p. 21. 26 Ibid., p. 22. Ejemplo de esto es Ap 21, 14: “la muralla de la ciudad se asienta sobre doce piedras, que llevan los nom- bres de los doce apóstoles del Cordero”. Los doce se convirtieron en los padres fundadores de la Iglesia, “de quienes se entiende que deriva la autoridad apos- tólica de los obispos posteriores que conservan y pasan su testimonio, por medio de la Tradición, de generación en generación”. 27 Ibid., p. 25. Vid. Gal 1, 11-16; 1 Cor 15, 8-11. 28 Ibid., p. 28. conocimiento que esa experiencia del Resucitado le ha procurado” 29 y algunos escritos extracanónicos ayudan a reconocer la autoridad de María Magdalena en las pri- meras comunidades cristianas. La Pistis Sofia narra: En una ocasión Pedro llega a decir: “mi Señor, no podemos aguantar a esta mujer que nos quita la oportunidad de ha- blar y no permite que nadie hable porque ella lo hace mu- chas veces”. Jesús le contes- ta diciendo que habla quien es impulsado por el Espíritu. [… Más adelante] María Mag- dalena se presenta delante de Jesús y le dice: “Señor mío, mi mente está entendiendo que debería adelantarme y dar la interpretación [de las pala- bras y enseñanzas] pero ten- go miedo de Pedro, que me odia y odia a nuestro género” ( genos). 30 29 Ibid., p. 30. 30 Ibid., pp. 36-37. Carmen Bernabé apun- ta que distintos autores traducen ge- nos como ‘raza’, sin embargo le parece más coherente traducirla como género. Pistis Sofía es una obra escrita entre los siglos III y IV. Se trata de un diálo- go entre el Resucitado con sus discípu- los: “María Magdalena hace 39 de las 46 preguntas que se realizan”; en ella se observa “la abierta rivalidad entre Pe- dro y María Magdalena. Jesús felicita y elogia a María por las interpretaciones que hace de su enseñanza, con expre- siones como: la bendita, cuyo corazón está dirigido hacia el reino de los cielos, el pleroma, bendita entre las generacio- nes, puro espíritu, superior a todos los discípulos” (Ibid., p. 46).
270 La Cuestión Social Año 27, n. 3 Este texto defiende que “la per- sona que debe dar la interpre- tación del Señor tiene que ser aquella que se sienta movida por el Espíritu, independientemente de su sexo”, por tanto “afirma la le- gitimidad del liderazgo apostólico de las mujeres porque […] el lide- razgo apostólico parece basarse en la cualificación y superioridad espiritual, en la autoridad perso- nal, y no en el sexo o el género de la persona”. 31 Al finalizar la revisión de los textos de John Meier, Nuria Cal- duch-Benages y Carmen Bernabé entendemos que los evangelios nos presentan varios episodios en los que las mujeres aparecen como protagonistas y que a través del tiempo se les ignoró o minimizó; sin embargo, en los últimos años, con la recuperación de la figura histórica de Jesús se les ha presta- do la atención y el estudio debido. El objetivo de algunos de estos estudios es rescatar lo no dicho o lo silenciado. Para afirmar el li- derazgo, enseñanza y, por ende, autoridad apostólica de las muje- res, es necesario recordar dos as- pectos que rescatan los autores. El primero es el contextual, es decir, como hombres de su tiempo los autores evangélicos responden a 31 Ibid., p. 38. estructuras mentales y costum- bres sociales que se reflejan en los textos canónicos; el que los evangelistas recuerden cómo las discípulas de Jesús permanecen con él hasta su muerte nos habla de la importancia de éstas para las primeras comunidades. El segundo aspecto es el análisis filológico, si bien los tres autores analizados coinciden en que la in- formación sobre las mujeres que seguían a Jesús es poca, el análi- sis de la estructura del texto y la evolución del lenguaje nos permi- te entender lo dicho en el Nuevo Testamento en su contexto e hilar los textos neotestamentarios con otra óptica. Es posible pensar que quizá al- gunas de estas historias y ense- ñanzas fueron conservadas por la tradición oral femenina, pro- porcionándonos una percepción de la experiencia de las mujeres del movimiento de Jesús; aquí es indispensable recordar que la memoria colectiva favorece la co- hesión social, afirma la identidad y fundamenta su continuidad en el tiempo, y algunas de estas tareas fueron delegadas a las mujeres. En cualquier caso, es necesario mirar desde otro lugar y con otra perspectiva, velar por el bien co-
271 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 mún es un campo de acción com- plejo y un trabajo arduo para todos los cristianos. Por esto, es preciso universalizar la participa- ción de todos los bautizados por igual; recuperar la cultura del en- cuentro de las discípulas con el Resucitado donde la relación no se establece en términos de do- minación o poder, sino a través de afecto, confianza y reconocimien- to; esto puede tener como resul- tado una apertura de perspectivas para toda la Iglesia, no sólo para las mujeres. Para esto es imperioso regresar a la Sagrada Escritura, a la relación íntima con Dios y a la propuesta de comunidad de Jesús; reivindicar el valor de la mujer frente a acusa- ciones como la de ser responsa- bles de la entrada del pecado y el mal en el mundo o lidiar con los prejuicios sociales hacia las ma- dres solteras. Si se puede hablar de una misión de las mujeres en los primeros si- glos del cristianismo sería llevar adelante la enseñanza del Reino transgrediendo, si es necesario, las normas. Como discípulas de Jesús, somos libres y estamos lla- madas a ocupar espacios de mayor protagonismo dentro de la Iglesia dejando de ser ‘hijas de Eva’ y con- virtiéndonos en discípulas como María Magdalena. Bibliografía Aguirre, Rafael et al., ¿Qué se sabe de Jesús de Nazaret?, Na- varra: Verbo Divino, 2018. Bernabé Ubieta, Carmen. “María Magdalena y los siete demonios” en María Magda- lena. De apóstol, a prostituta y amante, Bilbao: Desclée de Brouwer, 2007. Bernabé Ubieta, Carmen. Muje- res con autoridad en el cristia- nismo antiguo, Navarra: Verbo Divino, 2007. Biblia de Jerusalén, Bilbao: Des- clée De Brouwer, 1998. Calduch-Benages, Nuria. El perfume del Evangelio. Jesús se encuentra con las mujeres, Na- varra: Verbo Divino, 2008. Con ellas tras Jesús. Mujeres modelo de identidad cristiana, edición de Carmen Bernabé, Navarra: Verbo Divino, 2010. Meier, John. Un judío mar- ginal. Nueva visión del Jesús histórico. Tomo III: Compañeros y competidores, Navarra: Verbo Divino, 2005. Stegemann, Ekkehard. “Roles y condición social de las mujeres en el mundo mediterráneo y en el cristianismo primitivo” en Ekkehard Stegemann et al., His- toria social del cristianismo pri- mitivo. Los inicios en el judaísmo y las comunidades cristianas en
272 La Cuestión Social Año 27, n. 3 el mundo mediterráneo, Nava- rra: Verbo Divino, 2001. *Licenciada en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras en la Universi- dad Nacional Autónoma de México, actualmente estudia la maestría en Teología y Mundo Contemporáneo en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México. Es profesora en el Seminario Conciliar del Espíri- tu Santo de la diócesis de Ecatepec en la clase de Historia de la Iglesia.
273 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 El presente artículo propone pensar los desafíos actuales de la sociedad mexicana y global, desde la teología pastoral como reflexión teológica sobre la acción de la Iglesia y mediadora de los proce- sos de relación entre cristianismo y sociedad a partir del binomio palabra-realidad. Invitando a reconocer el valor de recuperar la historia y volver a la riqueza de las fuentes, se re- salta el Concilio Vaticano II y se reflexiona sobre tres desafíos pa- ra la pastoral social, no exclusivos ni excluyentes, en el contexto de la realidad mexicana actual: las vio- lencias vividas, la crisis de nuestra relación con el medio ambiente y el fenómeno de la migración, pro- poniendo que el reto tanto de la pastoral social como de la comu- nidad eclesial en su conjunto es responder con los principios de la teología a estos desafíos. Finalmente, se propone el segui- miento de los principios de la sino- Violencia, crisis ambiental y mi- gración: desafíos actuales para la pastoral social Omar Pérez Uribe* dalidad como modelo eclesiológico y el modelo pastoral de poliedro que reconoce la interconexión de todo, así como la necesidad de in- corporar la inderdisciplinariedad para el discernimiento de la acción organizada, para respetar y favore- cer la creatividad de las comunida- des eclesiales. Pensar los desafíos actuales desde la teología pastoral Frente a una realidad cambiante en nuestro país, en una sociedad imbuida en la modernidad que transforma los vínculos y formas de nuestras relaciones (Bauman, 2017), quienes estamos interesados —e idealmente, comprometidos— en el cambio social, buscamos asi- deros que nos permitan encontrar preguntas e inspiraciones para abrir procesos de cambio en nues- tras vidas y realidades que vivi- mos, en medio de fundamentos que nos impulsen a un mayor compromiso con nuestra fe en la vida tan cambiante que nos ha to- cado vivir.
274 La Cuestión Social Año 27, n. 3 El desafío no es menor, pues frente al ideal del compromiso colectivo por la transformación social y la construcción del Rei- no, la encuesta “Creer en México” (IMDOSOC, 2013) nos mostraba que 46% consideraba que en Mé- xico cada quien ve por su propio beneficio y sólo 5% de los encues- tados participaba en cualquier tipo de organización social. Ya en 1991, José Antonio Pago- la cuestionaba dos presupuestos que llamaba “cada vez más falsos” (p.23): la consideración de la fe como una asunto hereditario y la idea de la pertenencia universal a la Iglesia, como idea de que casi se podía identificar la pertenencia social con la pertenencia eclesial, lo que se muestra en la Encuesta Nacional de Creencias y Prácticas Religiosas (ENCREER/RIFREM, 2016), que indica que sólo 4.8% de los católicos se identificó a sí mis- mo como ‘creyente practicante’, 26.9% ‘creyente por convicción’ y 47.3% ‘creyente por tradición’. En este artículo, me propon- go reflexionar tres desafíos que nos presenta la realidad social en nuestro país desde la teología pastoral, como reflexión teológica sobre la acción de la Iglesia (Floris- tán, 2009), una parte real y consti- tutiva de la teología como ciencia (Bourgeois, 2000) y que conside- ro retos que, sin ser exclusivos ni excluyentes, marcan la agenda de la pastoral social en nuestros días y surgen de un acercamiento a la realidad desde el método pastoral latinoamericano como una con- tinuidad que refiere a ver la rea- lidad como un kairos de Dios. 1 Abordar las violencias vividas, la crisis de nuestra relación con el medio ambiente y el fenómeno de la migración nos demanda entrar en la dinámica de la conversión, es decir, un cambio de mentali- dad para dejarnos interpelar, pero también para reconocer la interco- nexión de los diversos fenómenos. Se suele considerar que la pas- toral social es una acción que rea- lizan quienes tienen una actitud de simpatía por las cosas sociales; sin embargo, el evangelio de Mar- cos (6, 30-42) nos recuerda que la multiplicación de los panes tiene una realidad en la que podemos fundar la acción de la comuni- dad, el actuar de la Iglesia, es decir, la comunidad que sigue a Jesús, ha sido iluminada con la Palabra, ahora tiene que ver la realidad para saciar aquello que deman- da la realidad, pero no desde una ocurrencia, sino desde la reflexión 1 Cf. Discurso Inaugural de Benedicto XVI en la V Conferencia del Episcopado La- tinoamericano, Aparecida 2007.
275 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 a partir de este binomio: palabra- realidad que nos lleva a una ac- ción organizada. Desde ahí que nos proponemos hacerlo desde la teología pastoral, que ha tenido un desarrollo fun- damental posterior al Concilio Va- ticano II, con enfoques anclados a las realidades locales-nacionales que reflejan los cambios de las realidades sociopolítico eclesia- les, pues la teología pastoral se ha consolidado como mediadora en las transformaciones de los proce- sos de relación entre cristianismo y sociedad (Lanza, 1992), mante- niendo una dimensión crítica (Prat i Pons, 1995) que debe respetar y fomentar “la pluralidad de opcio- nes y de iniciativas que caben en el Pueblo de Dios. […] [Y] ayudar al resto de la teología a mantener su referencia vital a cada persona y su destino en Cristo” (Pellite- ro, 2000: 441-442), relacionando “dialécticamente la práctica ecle- sial con la teología y las ciencias humanas, [pues] la teología pasto- ral es interdisciplinar” (Floristán, 2009: 9). Del valor de recuperar la historia Estudiar la historia del cristia- nismo y situar nuestro devenir actual en su adecuada historici- dad 2 nos permite hacer una re- flexión sobre el actuar de la Iglesia considerando los factores históri- cos, contextuales y teológicos y, al mismo tiempo, nos da la oportu- nidad de descubrir cuáles fueron en su momento los aportes nove- dosos, pero a la vez hacer que esos aportes nos den hoy día nuevas dinámicas de reflexión para que el momento que nos toca transitar vuelva a las fuentes. A más de 50 años de haberse iniciado el Concilio Ecuménico Vaticano II, un “concilio de natura- leza pastoral” (Floristán, 2009: 9), conviene recordar el día en que el ahora santo Juan XXIII, en la Basí- lica de San Pablo, anunciaba este gran acontecimiento. El entonces papa tenía una vivencia de ecume- nismo 3 y supo volver a las fuen- tes, interpretando e iluminando la historia que le tocó transitar; su anuncio no fue sólo el hecho del Concilio, sino que puso en la 2 Al respecto, resultó particularmente interesante la conferencia “Relevancia social y eclesial de los estudios sobre los orígenes del cristianismo en la ac- tualidad”, impartida por la Dra. Carmen Bernabé en mayo de 2019 en el IMDO- SOC; así como los estudios que realiza el Grupo de Investigación “Origenes del Cristianismo”, al que ella pertenece (www.origenesdelcristianismo.com). 3 Juan XXIII fue delegado apostólico en Bulgaria, Grecia y Turquía, en donde se distinguió por el respeto y diálogo con el mundo ortodoxo y musulmán.
276 La Cuestión Social Año 27, n. 3 agenda tres acciones —aunque al paso del tiempo no se hayan con- solidado totalmente—: un sínodo para la Iglesia de Roma, la reforma del Código de Derecho Canónico y el Concilio Ecuménico (Serres López de Guereñu, 2014). Fruto del aggiornamento, no só- lo fue el hecho de que los obispos en la sinodalidad respondieron al tiempo que estaban viviendo, sino que en las fuentes encontraron lo que se necesitaba para poder res- ponder a los retos que tenían en cada Iglesia particular, es así como debemos entender las constitu- ciones del Concilio Vaticano II. No debemos dejar de lado que ni las constituciones ni los decretos son aislados, sino el fruto de abrir las ventanas para que entraran vien- tos nuevos. Sin duda alguna, encontramos una gran riqueza en la Lumen gen- tium, después de los momentos de discusión sobre el esquema de la Iglesia, cuando en el documen- to final aparece que la Iglesia es pueblo de Dios. Todo pueblo se va constituyendo a partir de las ne- cesidades que van encontrando; recordemos el pasaje de Josué so- bre la asamblea de Siquén, en la que Josué, con las tribus de Israel, discierne a quién quieren servir, “Yo y los míos daremos culto al Señor”. 4 El discernimiento nos de- manda saber regresar al origen y poder transitar la historia; eso fue lo que pasó durante el Concilio Vaticano II, cuando se logró que cada Iglesia particular caminara en sinodalidad para responder a sus necesidades. Así, “teniendo como centro y clave la Lumen gentium, las otras tres constituciones muestran los fundamentos de la acción eclesial: la Dei verbum estudia la Palabra de Dios; la Sacrosanctum conci- lium, la liturgia; la Gaudium et spes, el servicio de salvación que la Iglesia presta al mundo” (Pellitero, 2000: 442). La constitución Gaudium et spes es una profunda interpelación a la misma esencia de lo que creemos y pone de relieve la necesidad de dialogar con la sociedad y las cien- cias que la estudian, puesto que no podemos disociar la fe de la reali- dad concreta y vivirla de manera intimista, sino que: La fe nos libera del aislamien- to del yo, porque nos lleva a la comunión: el encuentro con Dios es, en sí mismo y como tal, encuentro con los herma- nos, un acto de convocación, de unificación, de responsa- bilidad hacia el otro y hacia los demás. En este sentido, 4 Cfr. Josué 21, 1-16.
277 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por no- sotros, para enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Co 8, 9). 5 “Al llegar el Concilio se redes- cubre la dependencia de […] [la teología pastoral] respecto a la Iglesia. Por eso la cuestión del qué sea la Iglesia y las perspectivas eclesiológicas […] [están] detrás del cómo se entienda la teología pastoral” (Pellitero, 2000: 461). La eclesiología del Vaticano II tiene como base una sinodalidad que permite vivir la comunión en- tre los obispos, lo que lleva a una eclesiología de comunión vivida en los ministerios; por eso, tanto Lumen gentium como Gaudium et spes responden a los goces y fati- gas que está viviendo un mundo tan cambiante que se reflejó en la emergencia de múltiples movi- mientos sociales de los años se- sentas y setentas del siglo XX. Sin embargo, sería un riesgo quedarnos con estas dos cons- tituciones. Por un lado, porque “la Iglesia está en relación con el mundo hoy de modo diferente respecto a ayer” (Pellitero, 2000: 462) y por otro, debido a que tenemos que ver el Concilio com- 5 Cf. Discurso inaugural de Benedicto XVI en la V Conferencia del Episcopado La- tinoamericano, Aparecida 2007. pleto y no de manera mutilada, pues como afirma el Papa Francis- co en su encíclica Evangelii gau- dium, la fe, la Iglesia, la pastoral y la vida deben vivirse como la conexión de todas sus partes, en que ninguna es más importante, sino que son parte del todo. 6 Por eso, es fundamental tener la vivencia de la eclesiología del con- cilio, ya no debemos pensar que la Iglesia es una institución ajena a la vida de la comunidad, o una sociedad bien organizada, sino en una comunidad, un pueblo que se va formando (Martucelli, 2011). En la conformación de las co- munidades hay procesos socia- les de encuentro y desencuentro que transforman las dinámicas sociales y constituyen crisis civi- lizatorias (Estermann, 2013) que podemos observar en múltiples expresiones. De todas ellas, en este artículo me concentro en las violencias vividas, reconociendo su diversidad, pero enfatizando la crisis actual que vive México en materia de violencia social; la crisis ambiental derivada de diná- micas de explotación y consumo que se reflejan en crisis alimen- taria, energética, cambio climá- tico, contingencias ambientales, escasez del agua, entre otros; y 6 Cf. EG, 234-237.
278 La Cuestión Social Año 27, n. 3 finalmente, el fenómeno de la mi- gración internacional que en bue- na medida es consecuencia de las anteriores. Las violencias vividas Hablar de violencia, si bien es un término que utilizamos con frecuencia, es en realidad cómo- do, de difícil definición, con múl- tiples caras y anclajes, por lo que se segmenta en “modalidades significativas. Hablamos […] de violencia juvenil, de género, se- xual, étnica, racista, familiar, an- cestral, endémica, terrorista, discursiva, abierta o simbólica, corporal o psíquica, cotidiana o estructural, de alta o baja intensi- dad, violencia legítima o criminal” (Ferrándiz Martín y Feixa Pam- pols, 2004: 159). La lógica de la violencia está presente desde la Colonia (Bri- ghenti, 2015) y habría que discutir si, como afirmaba Octavio Paz en El laberinto de la soledad, somos una sociedad que ha incorporado la violencia como parte de su iden- tidad. Esto también se puede ob- servar en el ámbito religioso, por ejemplo, en muchas expresiones de la religiosidad popular que es- tán basadas en el sufrimiento. Los obispos mexicanos en su magisterio 7 han plasmado en el análisis de la realidad cómo han acrecentado los índices de violen- cia y, de acuerdo al Índice de Paz Global 2018, México se encontra- ba en el lugar 140 de 163 países, es decir, sólo 23 países en el mun- do eran más violentos, la mayoría de ellos con conflictos armados y guerras civiles o internacionales. Las víctimas de todo tipo de vio- lencias se multiplican en nuestro país y en el mundo, frente a lo cual la pastoral social tiene el desafío de responder a partir de los princi- pios cristianos, que son ese puen- te de diálogo en el que se funda la teología pastoral (Lanza, 1992), desde la pastoral latinoamericana que nos ha dado antes la respues- ta: es en la opción preferencial por las víctimas de las violencias que debe estar nuestra orientación. El error fundamental es que le he- mos quitado al Evangelio el fun- damento de acción salvadora en el aquí y ahora, pues esto debería ser la acción de la comunidad, es decir, la acción de la Iglesia. Volviendo al texto de Marcos en la multiplicación de los panes, Je- sús después del ver, pide que se 7 Del encuentro con Jesucristo a la soli- daridad con todos; Educar para una nueva sociedad; Encuentro de la visita Ad Limina; Proyecto global de pastoral 2031-2033.
279 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 atienda a esa necesidad de modo organizado. Si vemos la encuesta del IMDOSOC (2013), menos del 40% de los encuestados habían participado (en el último año) en alguna acción a favor del otro; a eso sumémosle el miedo ante la descarnada realidad violenta que escuchamos día a día, por eso mu- chos preferimos una fe que sólo se quede con la Palabra, en lo sacro, pero no en una acción que toman- do eso sea fuerza para transfor- mar el rostro sufriente de quien ha sido violentado; sin embargo, como nos recuerda el Papa Bene- dicto XVI en su discurso al Consejo Pontificio de Justicia y Paz: 8 De una nueva evangelización de lo social puede derivarse un nuevo humanismo y un re- novado compromiso cultural y de planificación. Ayuda a des- tronar a los ídolos modernos, a reemplazar el individualismo, el consumismo materialista y la tecnocracia, con la cultura de la fraternidad y la gratui- dad, del amor solidario. Nuestra relación con el ambiente Urgidos por el evidente daño que hemos hecho al planeta y la crisis socio-ambiental que se ge- nera a partir del deterioro del me- 8 Cf. Discurso de Benedetto XVI a los par- ticipantes de la plenaria del Consejo Pontificio de Justicia y Paz (2-Dic-2012). dio ambiente que afecta, primero, a los más empobrecidos, quienes “son los más vulnerables ante el deterioro ambiental de los eco- sistemas del planeta y el consumo voraz de los bienes de la natura- leza que agota sus fuentes ma- teriales, socava la biodiversidad de la Tierra e impide o amenaza la continuidad de la vida buena de las comunidades humanas en ella y de las futuras generaciones del conjunto de la humanidad” (Senet de Frutos, 2016: 108), las preocupaciones medioambien- tales irrumpen la vida de las so- ciedades, casi siempre cuando se viven sus consecuencias directas y pocas para pensar en sus cau- sas fundamentales. Sin embargo, estas preocupacio- nes no se reflejan en las relaciones de consumo, producción de basu- ra y otros aspectos directamente relacionados con la cotidianeidad de las comunidades. Delgado Ra- mos, Imaz Gispert y Beristain Aguirre (2015) advierten que en el siglo XX la humanidad creció cuatro veces, el consumo de ener- gía 12 veces, el de los metales 19 veces y el de algunos materia- les como el cemento lo hizo 34 veces. Afirman también que los residuos sólidos se multiplicaron por cuatro en los últimos cincuen- ta años y se espera que esa enorme cifra se duplique en el año 2025.
280 La Cuestión Social Año 27, n. 3 Entre las causas de fondo de la situación —aunque no la úni- ca— hay que reconocer el mo- delo antropocéntrico que, como modelo de la ecología occidental, es “expresión de una cultura mi- lenaria de matriz greco-romana y judeo-cristiana, [que] afirma una superioridad ontológica del ser humano con respecto al resto de la naturaleza, comprendida como creación” (Sánchez-Romero Mar- tín-Arroyo, 2017: 43); sin embar- go, han existido otras visiones de la relación de la naturaleza, co- mo las de los pueblos originarios en América Latina (Estermann, 2013) que permitía ver que lo cre- ado formaba el todo, cada uno te- nía una esencia, aportaba algo, mantenía un orden en el todo. La riqueza del magisterio del Papa Francisco, en algunos mo- mentos tan cuestionado ad intra ad extra, ha dado la primera pauta sobre cómo entender la conversión ecológica en Evagelii gaudium, que profundizará en la encíclica Lau- dato si’, como un claro signo de aquello que mencionábamos an- teriormente: el aggiornamento entendido como la capacidad de responder con los principios de la teología a una problemática actual. El reto, tanto para la pastoral so- cial como para la comunidad ecle- sial que peregrina en México, es una adecuada educación en conce- bir que la casa común, en palabras del apóstol de los gentiles, espe- ra ser liberada, 9 lo que nos lleva a concebir que la redención no será al final de los tiempos, sino que es- tamos llamados a formar un mun- do en la verdad, justicia y paz en aquello que tiene el origen: vio que todo era bueno. 10 Indudablemente, es una conver- sión que también nos demanda no ser partícipes del analfabetismo religioso, entendido en este sen- tido como la falta de conocimien- to del magisterio de los obispos, pues en el Plan global de pastoral de la CEM se propone la opción por una Iglesia compasiva y testigo de la redención; ahí está una direc- triz para poder vivir el compromi- so ante el reto del cuidado de la casa común. La sinodalidad, una de las gran- des riquezas que nos trajo el Concilio Vaticano II, ya se vivía en Latinoamérica a partir de la uni- dad fomentada por las conferen- cias episcopales; prueba de ello es Río de Janeiro (1955), resaltada por Jorge Bergoglio al ser electo papa. El Papa Francisco anuncia en su primera aparición como 9 Cf. Romanos 8, 18-25. 10 Cf. Génesis 1.
281 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 pontífice la comunión con sus her- manos obispos que han elegido al obispo de Roma; y es un mode- lo que continúa destacando en la exhortación apostólica Evangelii gaudium (236), que propone que el modelo pastoral es de poliedro, una figura que a diferencia de la esfera “refleja la confluencia de todas las parcialidades que en él conservan su originalidad” e in- cluye “la totalidad de las perso- nas en una sociedad que busca un bien común que verdaderamente incorpora a todos”. Comprender que todo está re- lacionado con todo, como afirma hasta en cuatro ocasiones Laudato si’, implica reconocer que existen múltiples diferencias entre comu- nidades humanas y ecosistemas. En estas últimas no se da el lengua- je, la conciencia y la cultura ni, por consiguiente, la justicia, la demo- cracia…; pero tampoco la codicia ni la deshonestidad. Nada pode- mos aprender de los ecosistemas sobre estos valores y limitacio- nes humanas. Pero lo que sí pode- mos y debemos aprender de ellos es cómo vivir sosteniblemente. A lo largo de más de tres mil millones de años de evolución, los ecosiste- mas del planeta se han organiza- do de formas sutiles y complejas para maximizar su sostenibilidad, pues la percepción ecológica es espiritual o religiosa. Cuando el concepto de espíritu es entendido como el modo de conciencia en el que el individuo experimenta un sentimiento de pertenencia y co- nexión con el cosmos como un to- do, queda claro que la percepción ecológica es espiritual en su más profunda esencia (Capra, 2006). El reto es, en el discernimiento, poder vivir el actuar del método latinoamericano que ha guiado el caminar de nuestra Iglesia. Ven- drá el evaluar y ojalá lleguemos al celebrar. El fenómeno de la migración Existe todo un fenómeno de des- plazamiento interno asociado a distintas causas —incluyendo la violencia (Anguiano Téllez, 2008; Ibáñez & Vélez, 2008; Martínez Velasco, 2005) y el cambio climá- tico (Egea Jiménez y Soledad Sues- cún, 2011)—, aunadas a la falta de oportunidades económicas en el mundo y de manera particular en nuestro país. El Reporte de Mi- gración 2018 afirma que 3.3% de la población mundial es migran- te, lo que equivale a 244 millones de personas, de los cuales 22 mi- llones son refugiados (IOM, 2018). Para el caso mexicano, reviste de particular importancia la mi-
282 La Cuestión Social Año 27, n. 3 gración que procede del llamado Triángulo Norte (Guatemala, Hon- duras y El Salvador). Se trata, es- tadística y mediáticamente, de un fenómeno que en la actualidad nos enfrenta a lo que se ha llamado una emergencia migratoria aso- ciada no sólo a la cantidad de mi- grantes que se internan en el país, sino a las presiones políticas y amenazas económicas de Estados Unidos para frenar el fenómeno en las fronteras mexicanas y recibir a quienes esperan las resoluciones de asilo de Estados Unidos. Se trata de personas que hu- yen de situaciones de violencias diversas, claramente asociadas a los desplazamientos urbanos y al crimen organizado (Castro Neira, 2018), a la situación económica de sus países y, por si fuera poco, experimentan distintas formas de violencia en el tránsito (Slack, 2019; Sladkova, 2013), que se ve agravada por el sentimiento anti- migrante que culturalmente se instala a partir de los discursos políticos y mediáticos que enfati- zan los costos económico-sociales para los países receptores y no las aportaciones de las poblacio- nes migrantes a la diversificación cultural y económica. Abordar la crisis migratoria no sólo implica responder con accio- nes mediáticas que den tranquili- dad a los mercados o la geopolítica mundial, se trata sobre todo de preguntarnos, a largo plazo, ¿qué hacemos con los contingentes de personas que llegan a las fron- teras? ¿Cómo abordar en el dia- rio vivir la experiencia de fe con quienes huyen de sus condiciones objetivas de existencia y buscan una esperanza en o a través del territorio mexicano?; pero al mis- mo tiempo, implica generar opor- tunidades para ofrecer trabajo, seguridad y educación, entre otros, para que nadie tenga que migrar por falta de lo necesario para una vida digna. La reacción ante la amenaza de un aumento en los aranceles por parte del gobierno de Donald Trump a finales de mayo del 2019 dejo ver, por un lado, una econo- mía basada en la exportación, pero a la vez una crisis para quie- nes, desde su realidad, atienden a tantos migrantes, como son los re- fugios a lo largo y ancho del país, que en buena medida son atendi- dos por comunidades eclesiales. Aquí está un gran reto para la pastoral social: se tiene que dis- cernir la movilidad, la migración en la conversión, en la realidad de sabernos que los seres humanos estamos en constante movimien-
283 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 to, visualizándonos realmente en un gran familia, donde nadie de los migrantes —que ya viven un calvario al dejar sus espacios de origen— se tengan que enfrentar a la red de corrupción, delincuen- cia organizada, etc. La conversión debe llevarnos como agentes de pastoral a la atención en clave de que somos peregrinos constantes para poder llegar a los cielos y la tierra nueva. 11 Frente al incremento de la mo- vilidad y migración en el mundo, en gran medida provocada por los efectos de la violencia y el cam- bio climático, vale recordar dos textos del Evangelio que nos in- terpelan para comprometernos con la realidad de los migrantes, pues ésta no debe ser tarea de una minoría —como hasta ahora—, particularmente concentrados en activistas sociales y congregacio- nes específicas. En ese sentido, los textos sobre las Bienaventuran- zas (Mt. 5, 1-12) y el juicio final (Mt. 25, 31-46) pueden ser con- siderados el corazón del cristia- nismo; en ellos están los derechos humanos, profundamente vul- nerados en las realidades de los migrantes. En este desafío par- ticular que estamos viviendo como sociedad y como cristianos, dar la vuelta a las fuentes de la misma fe 11 Cf. 1aPe, 2: 12. que profesamos nos debe interpe- lar para asumir que en la comuni- dad eclesial no debemos hospedar como una acción secundaria, sino como fruto de una fe integral. Conclusiones Fruto de la reflexión con los principios de la teología pastoral, las realidades que emergen de la vivencia de la violencia, la cri- sis del medio ambiente y el fenó- meno de migración, tiene que ser iluminado por la conversión. No podemos caer en el pesimismo de que nada se puede hacer, que así deben continuar las cosas. Antes que nada, la conversión como Igle- sia (comunidad de creyentes) es pensarnos necesitados de todas las disciplinas, que cada una siem- pre está buscando la verdad, que juntos podemos sumar para que la verdad ilumine la realidad. Segun- do, que la comunidad, ante todo, es la riqueza de pensamientos, es el espacio donde, para nosotros los creyentes, la acción del Espíri- tu se manifiesta, no pensando que Él lo realizará todo, sino que en el discernimiento la comunidad va caminando e iluminando el aquí y ahora. Como hemos mencionado al principio de este artículo, la teolo- gía pastoral nos propone tener en
284 La Cuestión Social Año 27, n. 3 mente que si bien los principios de la eclesiología no cambian, és- ta debe responder a las realida- des y desafíos que hoy vivimos. De ahí la importancia de volver a las fuentes y favorecer el modelo ecle- siológico de la sinodalidad, enfati- zando siempre los procesos antes que los resultados. En ese sentido, conviene recordar los relatos del libro de los Hechos de los Apósto- les sobre las primeras comunida- des cristianas o los textos en los que Jesús nos invita al proceso, como las parábolas de la higuera estéril (Lc 13, 6-9), los talentos (Mt 25, 14-30) o el grano que cre- ce por sí solo (Mc 4, 26-29). Aquí nuevamente tenemos textos que nos invitan a volver a las fuentes para entender que nuestra acción, sobre todo, debe ser cuidar, hacer que los demás tengan un lugar, como se dice hoy en términos de rehacer el tejido social: que cada persona sea ente de cambio. La construcción de comunida- des eclesiales donde todos nos escuchamos nos conecta con pro- cesos de discernimiento —como mencionábamos al principio al recordar la asamblea de Siquém en los que buscamos caminos co- munes que se enriquecen a partir de ser interdisciplinarios, es decir, saber que ninguna ciencia o insti- tución tiene la verdad absoluta y que todos debemos contribuir; lo que nos debe llevar a vivir lo que el Papa Francisco ha mencionado en Evangelii gaudium: el todo es superior a la parte. Finalmente, desde estos mode- los eclesiológicos (sinodalidad) y pastorales (poliedro), el principal reto de la pastoral social no es que se presenten nuevos desafíos, sino que sepamos discernir lo que ya tenemos. Es una constante en la acción eclesial pensar que se debe iniciar de la nada, el gran reto deri- va en que hemos considerado que toda acción viene de la jerarquía y eso no es verdad, la acción del Es- píritu se manifiesta donde y como quiere, 12 eso es el comienzo minis- terial de Pentecostés. Respetar y favorecer la crea- tividad de las comunidades nos demanda también favorecer es- pacios de educación y cultura en el sentido del enriquecimiento del acceso a los elementos que per- mitan fortalecer aquello que nos da identidad, pero también el re- conocimiento y acceso a una vida digna, propia y de los demás. El ac- ceso a estas herramientas, desde los ámbitos de la educación formal y no formal, tiene que llevarnos a que la educación deje de ser un privilegio para ciertos sectores 12 Cf. Jn. 3,8
285 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 de la sociedad, pues en la educa- ción la conversión se manifiesta en saber que el camino para poder enfrentar los retos ya menciona- dos, recuperando la identidad tan diluida en estereotipos que se ale- jan del sentido comunitario, pues “la búsqueda de una sociedad más justa es un proceso […] un trabajo continuo de densificación que debe tener lugar en el plano social de la vida” (Zermeño, 2010: 248). Referencias Anguiano Téllez, M. E. (2008). “Chiapas: territorio de inmigra- ción, emigración y tránsito mi- gratorio”. Papeles de población, 14(56), 215-232. Bauman, Zygmunt. (2017). Mo- dernidad Líquida. México: FCE. Bourgeois, Daniel. (2000). La pastoral de la Iglesia. Valencia: Edicep. Brighenti, Clovis. (2015). “Co- lonialidade do poder e a violen- cia contra os povos indígenas”. Revista PerCursos. Florianópo- lis, 16(32), 103-120. Capra, Fritjof. (2006). La trama de la vida. Una nueva perspecti- va de los sistemas vivos. Barce- lona: Anagrama. Castro Neira, Y. (2018). “Migra- ciones y fronteras en la época del fetichismo de la ley.URVIO Revista Latinoamericana de Es- tudios de Seguridad, (23), 29-43. Delgado Ramos, Gian Carlo; Imaz Gispert, Mireya y Beris- tain Aguirre, Ana. (2015). “La sustentabilidad en el siglo XXI”. INTERdisciplina. 3(7). 9-21. Egea Jiménez, Carmen y So- ledad Suescún, Javier Iván. (2011). “Los desplazados am- bientales más allá del cambio climático: un debate abierto”. Cuadernos Geográficos, 49(2). 201-215. IMDOSOC. (2013). Encuesta Creer en México del Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana. Disponible en www. encuestacreerenmexico.mx Ibáñez, A. M., y Vélez, C. E. (2008). “Civil Conflict and For- ced Migration: The Micro De- terminants and Welfare Losses of Displacement in Colombia”. World Development, 36(4), 659-676. IOM. (2018). World Migration Report 2018. Geneve: Interna- tional Organization for Migra- tion, UN Migration Agency. Estermann, Josef. (2013). “Cri- sis civilizatoria y Vivir Bien”, Polis [Revista En línea], 33 ENCREER/RIFREM. (2016). Encuesta Nacional de Creencias y Prácticas Religiosas de la Red Nacional de Investigadores del Fenómeno Religioso en México. Disponible en www.rifrem.mx/ encreer
286 La Cuestión Social Año 27, n. 3 Ferrándiz Martín, Francisco y Feixa Pampols, Carles. (2004). “Una mirada antropológica so- bre las violencias”. Alteridades. 14,(27). 159-174. Floristán, Casiano. (2009). Teo- logía práctica: Teoría y praxis de la acción pastoral. Salaman- ca: Ediciones Sígueme. Lanza, Sergio (1989). Intro- duzione alla Teologia pastorale, I. Teologia dell’azione ecclesiale. Brescia: Queriniana. Lanza, Sergio (1992). “La teo- logia pastorale: identità e compiti”, en: Marianelli, F. (Ed.). La teologia pastorale. Natura e compiti. Bologna: Dehoniane. pp. 29-60. Martínez Velasco, G. (2005). “Conflicto étnico y migraciones forzadas en Chiapas”. Política y cultura, 195-210. Martuccelli, P. (2001). Origine e natura della Chiesa: la prospe- ttiva storico-dommatica di Joseph Ratzinger. Frankfurt: Peter Lang. Pagola, José Luis (1991). Acción pastoral para una nueva evange- lización. Santander: Sal Terrae Pellitero, Ramiro. (2000). “Evo- lución del concepto de ‘Teo- logía Pastoral’. Itinerario y estatuto de una Teología de la acción eclesial”. Scripta Theolo- gica. 32(2). 433-470 Prat i Pons, R. (1995). Tratado de Teología pastoral. Compartir la alegría de la fe. Salamanca: Secretariado Trinitario. Sánchez-Romero Martín-Arro- yo, José Manuel. (2017). “El an- tropocentrismo en la ecología occidental”. La Albolafia: Revis- ta de Humanidades y Cultura. 10. 43-60. Senet de Frutos, Juan Antonio. (2016). “Antropocentrismo y modernidad. Una crítica post– ilustrada”. Revista de Fomento Social. 71. 107-114 Serres López de Guereñu, Ro- berto. (2014). “La reforma del Derecho Canónico: de Juan XXIII a Juan Pablo II”. En: Ga- briel Richi Alberti (Ed.), Juan XXIII y Juan Pablo II: Testigos de nuestro tiempo. Madrid: Edicio- nes Universidad San Dámaso. Slack, J. (2019). Deported to Death: How Drug Violence is Changing Migration on the US- Mexico Border. Oakland: Uni- versity of California Press. Sladkova, J. (2013). “Stratifica- tion of Undocumented Migrant Journeys: Honduran Case”. Inter- national Migration, 54, 84-99. Zermeño, S. (2010). Recons- truir a México . México: Oceáno. *Maestro en Pastoral Fundamental con enfoque en la comunidad por la Pontificia Universidad Lateranense en Roma.
287 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 El futuro del trabajo Nuevas fuerzas están transfor- mando el mundo del trabajo. Las transiciones implicadas en esta evolución piden que se tomen me- didas enérgicas. Nos esperan innumerables oportunidades para mejorar la calidad de vida de los trabajado- res, ampliar las opciones disponi- bles, cerrar la brecha de género, revertir los estragos causados por las desigualdades a nivel mundial y mucho más. Sin embargo, nada de ello ocurrirá por sí mismo. Sin esas medidas enérgicas, nos diri- giremos a un mundo en el que se ahondarán las desigualdades e in- certidumbres existentes. Los avances tecnológicos —la inteligencia artificial, la automa- tización y la robótica— crearán nuevos puestos de trabajo, pero quienes van a perder sus traba- jos en esta transición podrían ser los menos preparados para apro- vechar las nuevas oportunidades. Trabajar para un futuro más prometedor* Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo, Organización Internacional del Trabajo (OIT) Las competencias de hoy no se ajustarán a los trabajos de ma- ñana y las nuevas competencias adquiridas pueden quedar des- fasadas rápidamente. La ecologi- zación de nuestras economías creará millones de puestos de trabajo a medida que adoptemos prácticas sostenibles y tecnolo- gías limpias; en cambio, otros puestos de trabajo desaparecerán cuando los países vayan reducien- do progresivamente sus indus- trias basadas en el carbón y el uso intensivo de los recursos. La evolución demográfica no es un factor desdeñable. Si bien es cierto que el aumento de la pobla- ción juvenil en algunas regiones del mundo y el envejecimiento de la población en otras pueden ejer- cer presión sobre los mercados de trabajo y los sistemas de la segu- ridad social, estos cambios abren nuevas vías que nos brindan la po- sibilidad de contar con sociedades activas, basadas en los cuidados y la inclusión.
288 La Cuestión Social Año 27, n. 3 Tenemos que aprovechar las po- sibilidades que nos brindan estas transformaciones profundas para crear un futuro más prometedor y conseguir seguridad económi- ca, igualdad de oportunidades y justicia social; así como, en última instancia, reforzar nuestro teji- do social. Aprovechar el momento: revitalizar el contrato social Para abrir esas vías, es preci- sa una acción comprometida por parte de los gobiernos y organi- zaciones de empleadores y tra- bajadores. Estos actores deben revitalizar el contrato social que asegura a los trabajadores una participación justa en el progreso económico, el respeto de sus de- rechos y la protección de los ries- gos a los que se exponen a cambio de su constante contribución a la economía. El diálogo social puede desempeñar un papel fundamen- tal en garantizar la pertinencia de este contrato con miras a afron- tar los cambios en curso si todos los actores del mundo del trabajo intervienen plenamente en él, en particular los muchos millones de trabajadores que están exclui- dos actualmente. Un programa centrado en las personas Proponemos un programa cen- trado en las personas para el fu- turo del trabajo que fortalezca el contrato social, situando a las personas y el trabajo que realizan en el centro de las políticas eco- nómicas y sociales y de la prácti- ca empresarial. Este programa se asienta en tres ejes de actuación, que combinados entre sí gene- rarían crecimiento, igualdad y sostenibilidad para las generacio- nes presentes y futuras: 1. Aumentar la inversión en las capacidades de las personas Al propiciar que las personas prosperen en una era digital, libre de emisiones de carbono, nuestro planteamiento no se limita al ca- pital humano, sino que incide en las dimensiones más generales de desarrollo y progreso en las condi- ciones de vida, incluidos los dere- chos y un medioambiente propicio que haga posible que las personas puedan ampliar sus oportunida- des y mejorar su bienestar. • El derecho a un aprendizaje a lo largo de la vida que permita a las personas adquirir competen- cias, perfeccionarlas y reciclarse profesionalmente. El aprendizaje
289 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 permanente engloba el aprendiza- je formal e informal desde la pri- mera infancia y toda la educación básica hasta el aprendizaje en la vida adulta. Los gobiernos, traba- jadores y empleadores, así como las instituciones educativas, tie- nen responsabilidades comple- mentarias a la hora de generar un ecosistema de aprendizaje a lo largo de la vida que sea efectivo y cuente con la financiación adecuada. • Incrementar las inversiones en las instituciones, las políticas y las estrategias que presten apo- yo a las personas a lo largo de las transiciones que entraña el futuro del trabajo. Los jóvenes necesi- tarán ayuda para navegar por las cada vez mayores dificultades que entraña la transición de la escue- la al trabajo. Habrá que aumentar las posibilidades de los trabaja- dores de edad avanzada para que puedan seguir siendo económica- mente activos mientras lo deseen, lo que a su vez generará una so- ciedad activa a lo largo de toda la vida. Será preciso ayudar a todos los trabajadores en las transicio- nes cada vez más frecuentes del mercado de trabajo que afronta- rán en el curso de sus vidas. Las políticas activas del mercado de trabajo han de hacerse proactivas y ampliarse los servicios públicos de empleo. • Aplicar un programa trans- formador y mensurable para la igualdad de género. El mundo del trabajo empieza en el hogar. Desde las licencias por paternidad hasta la inversión en servicios públi- cos de cuidados, las políticas han de promover que se comparta la prestación de cuidados no remu- nerados en el hogar para crear una auténtica igualdad de opor- tunidades en el lugar de trabajo. El fortalecimiento de la voz de las mujeres y su liderazgo, la elimi- nación de la violencia y acoso en el trabajo, y la aplicación de po- líticas de transparencia salarial son condiciones para la igualdad de género. Es preciso también adoptar medidas específicamente orientadas a la igualdad de género en los puestos de trabajo del ma- ñana que las nuevas tecnologías harán posible. • Proporcionar protección so- cial universal desde el nacimiento hasta la vejez. El futuro del traba- jo requiere un sistema de protec- ción social sólido y con capacidad de respuesta, basado en los prin- cipios de solidaridad y reparto de riesgos, que subvenga a las nece- sidades de las personas a lo largo de su ciclo vital. Esto exige un piso de protección social que asegure un nivel básico de protección pa- ra todas las personas vulnerables,
290 La Cuestión Social Año 27, n. 3 complementado por regímenes contributivos de seguridad social que proporcionen niveles mayores de protección. 2. Aumentar la inversión en las instituciones del trabajo Nuestras recomendaciones tra- tan de consolidar y revitalizar las instituciones que regulan el tra- bajo. Estas instituciones, desde la reglamentación y contratos de trabajo hasta los convenios colec- tivos y sistemas de la inspección del trabajo, son las piedras angu- lares de las sociedades justas. Son las forjadoras de las vías que lle- van a la formalización, reducción de la pobreza laboral y un futuro de trabajo con dignidad, seguridad e igualdad económicas. • Establecer una garantía la- boral universal. Todos los traba- jadores, con independencia de su acuerdo contractual o situación laboral, deberían disfrutar de de- rechos fundamentales del trabajo, un “salario vital adecuado” (Cons- titución de la OIT, 1919), límites máximos respecto a las horas de trabajo y protección en relación con la seguridad y salud en el tra- bajo. Los convenios colectivos o la legislación pueden aumentar es- te piso de protección social. Esta propuesta contribuye también a que se reconozca la seguridad y salud en el trabajo como uno de los principios y derechos funda- mentales del trabajo. Ampliar la soberanía sobre el tiempo. Los trabajadores necesi- tan una mayor autonomía sobre su tiempo de trabajo, sin dejar de satisfacer las necesidades de la empresa. Aprovechar la tecnolo- gía para ampliar las oportunida- des y conciliar la vida profesional con la vida personal puede ayu- darles a alcanzar este objetivo y encarar las presiones derivadas de la difuminación de la línea diviso- ria entre el tiempo de trabajo y el tiempo privado. Será preciso per- severar en los esfuerzos encami- nados a aplicar límites máximos al tiempo de trabajo, además de medidas para mejorar la produc- tividad, así como un mínimo de horas de trabajo garantizadas que genere opciones reales de flexibi- lidad y control sobre los horarios de trabajo. • Garantizar la representación colectiva de los trabajadores y em- pleadores a través del diálogo so- cial como bien público, promovido activamente a través de políticas públicas. Todos los trabajadores y empleadores deberán disfrutar del reconocimiento de su libertad sindical y del derecho de negocia-
291 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 ción colectiva, con el Estado co- mo garante de esos derechos. Las organizaciones de trabajadores y empleadores deben robustecer su legitimidad representativa a tra- vés de técnicas de organización in- novadoras que lleguen a quienes están involucrados en la economía de las plataformas, incluso a tra- vés del uso de la tecnología. Asi- mismo, deben recurrir a su poder de convocatoria para poder traer diversos intereses en torno a la mesa de negociación. • Encauzar y administrar la tecnología en favor del trabajo decente. Esto significa que los tra- bajadores y directivos han de di- señar la concepción del puesto de trabajo. Significa también que se adopte un enfoque de la inteligen- cia artificial bajo control humano que garantice que las decisiones definitivas que afectan al trabajo sean tomadas por personas. De- bería establecerse un sistema de gobernanza internacional de las plataformas digitales del trabajo que exija a estas plataformas —y a sus clientes— que respeten determinados derechos y pro- tecciones mínimas. Los avances tecnológicos requieren también de la reglamentación del uso de datos y de la responsabilidad so- bre el control de los algoritmos en el mundo del trabajo. 3. Incrementar la inversión en trabajo decente y sostenible Recomendamos inversiones transformadoras en áreas cla- ve en favor del trabajo decente y sostenible, de conformidad con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. Incentivos para promover in- versiones en áreas clave en favor del trabajo decente y sostenible. Inversiones de este tipo impulsa- rán también la igualdad de género y podrían crear millones de pues- tos de trabajo y nuevas oportuni- dades para las microempresas y las pequeñas y medianas empre- sas. El desarrollo de la economía rural, del cual depende el futuro de muchos de los trabajadores del mundo, debería convertirse en una prioridad. Es necesario orientar la inversión hacia infraestructuras materiales y digitales de alta cali- dad para reducir la brecha existen- te y apoyar la creación de servicios públicos de valor elevado. • Remodelar las estructuras de incentivos empresariales en pro de estrategias de inversión a largo plazo, y explorar indicadores suplementarios de desarrollo hu- mano y bienestar. Dentro de estas medidas cabe contemplar políti- cas fiscales justas, la revisión de las
292 La Cuestión Social Año 27, n. 3 normativas contables empresaria- les, una mayor representación de las partes interesadas y cambios en las prácticas de presentación de informes. Han de adoptarse también nuevos modos de medir el desarrollo de los países para que den cuenta de las dimensio- nes distributivas del crecimiento, el valor del trabajo no remune- rado que se realiza en el servicio doméstico y en las comunidades, así como de las externalidades de la actividad económica, por ejemplo, la degradación medioam- biental. Asumir responsabilidades Exhortamos a todas las partes interesadas a que asuman su res- ponsabilidad en la construcción de un futuro del trabajo justo y equitativo. La adopción de me- didas urgentes para fortalecer el contrato social en cada país re- quiere que se aumenten las in- versiones en las capacidades de las personas e instituciones del trabajo, y se encaucen las oportu- nidades hacia un trabajo decen- te y sostenible. Los países han de establecer estrategias nacionales sobre el futuro del trabajo por medio del diálogo social entre los gobiernos y organizaciones de tra- bajadores y empleadores. Recomendamos que todas las instituciones multilaterales perti- nentes consoliden su labor conjun- ta sobre la base de este programa. Recomendamos, en particular, el establecimiento de relaciones de colaboración más sistémicas y sustantivas entre la Organización Mundial del Comercio (OMC), las instituciones de Bretton Woods y la OIT. Las políticas en mate- ria comercial, financiera, econó- mica y social presentan vínculos estrechos, complejos y de capital importancia. El éxito del programa de crecimiento y desarrollo cen- trado en las personas que propo- nemos depende, en gran medida, de la cohesión que se consiga entre todas estas áreas de políticas. La OIT está llamada a desempe- ñar un papel ejemplar en el apoyo a la ejecución de este programa, orientado por su mandato nor- mativo basado en los derechos y con pleno respeto a su carácter tripartito. La OIT puede convertir- se en un órgano de referencia en el sistema internacional en lo que respecta al diálogo social, la orien- tación y el análisis de las estrate- gias de cada país en pro del futuro del trabajo, así como en el examen de cómo la aplicación de la tecno- logía puede incidir favorablemen- te en el diseño del trabajo y en el bienestar del trabajador.
293 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 Recomendamos, además, que se preste especial atención a la uni- versalidad del mandato de la OIT. Esto implica aumentar el alcance de sus actividades para incluir a aquellas personas que, histórica- mente, han permanecido exclui- das en gran escala de la justicia social y del trabajo decente, en particular a quienes trabajan en la economía informal. Esto impli- ca tomar medidas innovadoras para afrontar la diversidad cada vez mayor de situaciones en las que se presenta el trabajo y, en particular, el fenómeno emergen- te del trabajo digital a través de la economía de plataformas. Con- sideramos que la garantía labo- ral universal es una herramienta adecuada para responder a estos desafíos y recomendamos que la OIT preste atención con urgencia a su aplicación. Entendemos el presente informe como el principio de un camino. Ya que la OIT agrupa a gobiernos, empleadores y trabajadores de to- do el mundo, resulta un organismo idóneo para ser brújula y guía del camino que tenemos por delante. Enero 2019 *Informe completo disponible en: https://bit.ly/2UcYc7w
294 La Cuestión Social Año 27, n. 3 La condición del migrante en Norteamérica, una visión desde la filosofía Rodrigo Alonso López Rodríguez* El texto tiene por objeto reflexio- nar sobre las consideraciones que deben valorarse al meditar la condición de los migrantes, en el escenario regional, entre México y Estados Unidos. No busco recrear ni adentrarme en el debate público que en Esta- dos Unidos se desarrolla sobre la cuestión migrante latinoameri- cana. En él, desde luego, el gobier- no, la prensa y la opinión pública multifacética de los estadouniden- ses, han tenido una participación muy compleja desde distintos puntos de vista. Emprender semejante recorri- do, excedería los límites de este escrito. Sin embargo, es aconseja- ble para nuestra reflexión tomar como punto de partida cronológi- co la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos en enero de 2017, como un punto de inflexión donde el fenómeno mi- gratorio comenzaría a abordarse en forma más visible por distin- tos segmentos de la opinión esta- dounidense, ya no sólo como una cuestión de derechos humanos, si- no como un problema prioritario de seguridad nacional. Al tomar como referente crono- lógico la presidencia de Trump, no pretendemos olvidar que los flujos migratorios que tienen por destino América del Norte (Méxi- co, Estados Unidos y Canadá), así como el debate en torno a tal even- to, constituyen en su conjunto un fenómeno que no es inédito, pues su falta de uniformidad ha ido evo- lucionando sobre los escenarios de la política regional con una ma- yor velocidad desde la entrada en vigor del Tratado de Libre Comer- cio de América del Norte (1994), al que podríamos situar como el punto de partida de un proyecto transnacional mayúsculo de in- tegración regional, cuya falta de previsión e impactos negativos, después de más de dos décadas, han encontrado en la migración la mayor de sus consecuencias
295 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 y en el migrante la mayor de sus víctimas. Por último, mi propósito es pro- blematizar cuáles pueden ser los horizontes o líneas de reflexión a partir de los cuales sería posible pensar la condición de los migran- tes de tal forma que, al hacerlo, no hagamos de ellos un botín político, o bien, no actualicemos a partir de nuestros juicios nuevos mecanis- mos de una violencia silenciosa que tenga por objeto la perpetua- ción del migrante en su condición de vulneración, agravio, persecu- ción y marginación. La condición del sojuzgado: el otro y su alteridad En un primer escenario, al pen- sar al migrante surge la pregunta: ¿quiénes migran?, sin adentrarnos en las preguntas de cómo y por qué lo hacen. En esencia, la prime- ra cuestión que surge —aparen- temente nada visible— nos exige responder también qué queremos decir cuando hablamos sobre los migrantes: ¿qué es un migran- te? A semejante pregunta, el diccionario de la Real Academia Española apunta: “que migra”. La pregunta que en consecuencia sur- ge, versa en preguntarnos si el ac- to de migrar es lo suficientemente decisivo para definirlo. En esencia, creemos que sí, sin embargo, el diccionario apunta que migrar es “trasladar desde un lugar en que se habita a otro diferente”. La definición de la Real Aca- demia, por breve que sea, ofrece una luz reveladora al señalar que el acto de migrar apunta hacia el abandono del espacio que se habi- ta para llegar a una alteridad ajena al mundo antes habitado. En esen- cia, se trata de una acción que trae consigo una actitud de abandono y desposesión que tiene frente a sí la incorporación del migrante a al- gún otro diferente. El migrante que encarna al vulnerado no es aquel que ha viajado para implantar en otro territorio la tradición que porta consigo. El migrante, al negar la tradición que lleva consigo, le es vedada la alternativa de reconocerse como algo más que un sojuzgado del otro diferente al que ha llegado. En el mundo que encarna al otro diferente, está claro, el acto de la comunicación es inasequible. Da- da la configuración moral sobre la que se erige la sociabilidad y la acción política del mundo ajeno, no tiene posibilidad alguna de ha- cerse inteligible la condición del migrante si no es en los propios términos del otro diferente al que se ha llegado.
296 La Cuestión Social Año 27, n. 3 Sea con bondad o malicia, el otro diferente se ve obligado a negar la condición del migrante para so- juzgarlo dentro de límites concep- tuales de la vida de la sociedad a la que ha llegado. En términos metafísicos, para que el migrante sea políticamente legible para las prácticas, vida e instituciones del mundo al que ha llegado, debe ser aniquilado a título de su no perte- nencia a lo otro diferente para ser incorporado, en forma ulterior y plenaria, como un apéndice más en la cultura hegemónica sin que aquello suponga el reconocimien- to pleno de su dignidad humana. Lo que identificamos como mi- grante, en términos de política pública, prensa u opinión públi- ca social, no es otra cosa que la codificación de un sujeto mediá- tico colonial que se apropia de una condición humana específica —las más de las veces precaria—, a la que toma como referente re- tórico susceptible, ya sea de elogio o descalificación. En ese sentido, el migrante sólo puede aspirar a ser reconocido como sujeto objeto del derecho y de alguna dignidad en tanto se codifica como sujeto colonizado por los valores hege- mónicos del mundo ajeno al que ha llegado. Ahora bien, es cierto que sólo podrá ser sujeto de tales derechos en el escenario de la re- tórica, pero no de la realidad efec- tiva. Así lo ha visto Boaventura de Sousa Santos, a quien vale la pena transcribir: Hoy no se pone en tela de jui- cio la hegemonía global de los derechos humanos como dis- curso de la dignidad humana. Sin embargo, esa hegemonía convive con una realidad per- turbadora: la gran mayoría de la población mundial no cons- tituye el sujeto de los derechos humanos, sino más bien el ob- jeto de los discursos sobre los derechos humanos. La cues- tión es, en consecuencia, si los derechos humanos son efi- caces en ayudar a las luchas de los excluidos, los explotados y los discriminados, o si, por el contrario, las hacen más di- fíciles. En otras palabras: ¿es la hegemonía de los derechos humanos el resultado de una victoria histórica, o más bien de una histórica derrota? 1 El migrante en América del Nor- te es, en sentido lato, una codifi- cación política de la retórica de los derechos humanos. Esta codi- ficación, marcha disuelta a la pla- nificación de un sujeto concreto inteligible para las prácticas del mundo al que tiene por destino in- corporarse, la mayor de las veces Estados Unidos. El sujeto margi- 1 Boaventura de Sousa Santos, Si Dios fue- se un activista de los derechos humanos, Carlos Martín Ramírez (trad.), Madrid, Trotta, 2014, p. 13.
297 La Cuestión Social AÑO 27, N. 3 nado, es planificado por la técnica humanitarista como un escenario fértil para dirigir contra él todo tipo de agravios a título de lo in- deseable y ajeno a lo cual hay que perseguir. Para el supremacis- mo, al marginado que migra se le persigue y aniquila a título de su pertenencia a lo migrante, mien- tras que para la hipermoralización política del progresismo liberal, al marginado se le silencia a tí- tulo de su pertenencia perpetua a lo que debe ser la víctima segre- gada, plenamente imposibilitada para poner en cuestión la condi- ción de sojuzgamiento a la que se le ha sometido desde todos los frentes posibles. La cuestión que tenemos frente a nosotros reside en hacer explí- cito que pensar la condición de los migrantes representa un reto, antes que para los migrantes, pa- ra nosotros mismos como lectores de una triste experiencia de aban- dono que difícilmente puede serle asequible a una empatía que nun- ca ha vivido ni dimensionado los alcances de semejante realidad. El reto de la empatía sensible de- bería representar una actitud vital prioritaria no sólo para los opi- nantes, analistas y políticos, sino para todo aquel que se asuma dis- puesto a conocer la realidad mi- gratoria en América del Norte. Pensar la empatía, ya no sólo como una posibilidad de ser sen- sibles a lo ajeno, sino como una primera forma de la aniquilación de los prejuicios y pretensiones de sojuzgamiento emanadas de sí mismo, es el primer deber ético de quien navega en la convicción de comprender la condición de los migrantes como un sujeto vulne- rable, al que se le ha perseguido y criminalizado a título de su no per- tenencia a lo humano. El migrante que es cobijado en la retórica hu- manitarista, para después ser aba- tido y marginado en la realidad efectiva de la persecución. *Historia, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
DEPÓSITO EN CUENTA BANCARIA Bancomer, Cta.0446105254, clabe interbancaria 012180004461052543 NUEVA IMAGEN Signo de los tiempos ASOCIACIÓN MEXICANA DE PROMOCIÓN Y CULTURA SOCIAL, A.C. Cuestión social Suscripciones martha.crm@imdosoc.org Por un año $350 Por un año $330 Por dos años $600 Por dos años $580
Esta edición de La Cuestión Social consta de 700 ejemplares y se imprimió en MG Advanced Prepress Technology, S.A. de C.V. Canal Leningrado Mz. 34 Lt.12, Col. Insurgentes 09750, Ciudad de México, impvarel@hotmail.com Tel. 56900463.