El Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana es una institución de laicos católicos, con espíritu ecuménico, en diálogo con las culturas; cuya misión es contribuir a formar la conciencia personal y social, para construir una realidad social justa a la luz del Evangelio y a través de la investigación, la enseñanza y la difusión del pensamiento social cristiano. Asociación Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C., que auspicia al Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana Pedro Luis Ogazón 56, Col. Guadalupe Inn, 01020, México, DF Tels.: 56613043 - 56615612, Fax 56614286 comunica@imdosoc.org - www.imdosoc.org LA CUESTIÓN SOCIAL AÑO 25, N. 1, ENERO-MARZO. 2017 Número especial Textos de don Lorenzo Servitje Sendra 1 AÑO 25, N. 1, ENERO-MARZO. 2017 REVISTA DEL INSTITUTO MEXICANO DE DOCTRINA SOCIAL CRISTIANA, MÉXICO, DF. Aniversario
IMDOSOC: alternativa para nuestro tiempo Familia, matrimonio y sexualidad Responsabilidad social y familia Navidad: motivo de esperanza Los mayores El hombre del tercer milenio: retos, aspiraciones y compromisos Los jóvenes ante la realidad de hoy Libertad sí, irresponsabilidad no Juventud en la Iglesia “La sociedad que cuida”: un nuevo concepto La conciliación de los opuestos La corresponsabilidad y su necesidad Mujeres del mañana Un gran amigo ¿Qué futuro para México? Juntos por México ¿Hay alternativa? México y su miseria México visión y futuro La política económica y social para México 2000-2006 El futuro de México y la educación ¡Que los últimos sean los primeros! Igualdad y desigualdad entre las naciones ¿Qué debemos hacer? Igualdad y desigualdad Propuestas para la distribución del ingreso en América Latina La revolución de la igualdad Obispos y empresarios ante la pobreza Hablemos de desarrollo social Dimensión socioeconómica de la fe Manifiesto por un desarrollo solidario Shuman político cristiano Ozanam, un líder cristiano ¿Hay que acabar con los ricos? 5 8 10 15 16 17 30 32 34 35 37 47 54 55 58 63 67 70 75 86 90 95 97 113 115 120 129 132 136 143 154 159 167 173 Contenido Aniversario
1 La Cuestión Social Año 25, n.1 Presentación El pasado 3 de marzo nuestro presidente honorario vitalicio, don Lorenzo Servitje Sendra, partió a la casa del Padre. Con este número especial ―en el que nuestros lectores encontrarán una selección de textos de nuestro fundador, escritos en diferentes mo- mentos, contextos y todos publicados en nuestras revistas― queremos rendirle un sencillo homenaje. Sin duda, don Lorenzo, uno de los pilares de nuestra institución, fue un apasionado de la difusión de la doctrina social cristiana y nos atrevemos a decir que tenía un cariño muy especial por nuestras publicaciones periódicas Signo de los tiempos y La cuestión social. Él no era académico formal, por lo que no encontraremos un aparato crí- tico y tal vez falten algunas citas. Los artículos están agrupados por temas y en ocasiones pueden parecer repetitivos, sin embargo todos son diferentes, no tienen desperdicio y nos muestran el pensamiento de uno de los hom- bres más grandes que ha dado nuestro país. La cuestión social se ha publicado durante 25 años de manera ininte- rrumpida; agradecemos a Dios y a todas las personas que lo han hecho posible: nuestros lectores, suscriptores, donantes y colaboradores. Reite- ramos nuestro compromiso de seguir honrando la memoria de nuestros fundadores, dando lo mejor de nosotros en cada página. IMDOSOC 2017 CS
2 La Cuestión Social Año 25, n.1
3 La Cuestión Social Año 25, n.1 Directorio CONSEJO DIRECTIVO Presidente Honorario Vitalicio: Emmo. Sr. Cardenal Roger Etchegaray. Presidente Honorario Vitalicio: †Lorenzo Servitje Sendra. Presidente Honorario Vitalicio: †Salvador Domínguez Reynoso. PRESIDENTE Román Uribe Michel. VICEPRESIDENTES Lucila Servitje Montull. José Enrique Mendoza Delgado. TESORERO Sergio Castro Toledo. SECRETARIO Manuel Gómez Díaz. VOCALES Raúl González Schmal. Luis Javier Rubio Guerrero, OP. María de la Paz Sáenz de Soberón. VOCALES DEL CONSEJO Francisco Javier Albarrán González, Germán Araujo Mata, Martha Aviña de Chávez, Mariano Azuela Güitrón, Javier Ballesteros de León, Jesús Antonio Damian Basurto, Constantino de Llano Marhx, Mons. Guillermo Francisco Escobar Galicia, P. Mario Ángel Flores Ramos, Eduardo Garza Cuéllar, Conrado Antonio Larios Prado, Documentos, ensayos, comentarios y reseñas de libros acerca de lo social
4 La Cuestión Social Año 25, n.1 Mauricio Limón Aguirre, Maria del Pilar Mariscal Servitje, P. Manuel Olimón Nolasco, Wilfrido Perea Curiel, Tomas G. Reynoso Ruíz, Adrián Ruiz de Chávez, María Eugenia Romo de Murrieta, Arcadio Valenzuela Valenzuela. COMISIÓN DE VIGILANCIA María Luisa Aspe Armella, Rogerio Casas-Alatriste Hernández, Juan Guillermo Domínguez Meneses, Salvador Domínguez Reynoso, José Ignacio Mariscal Torroella, Juan Murguía Pozzi, Óscar Ortiz Sahagún y Lorenzo Servitje Sendra. Director General: Jorge Navarrete Chimés. La Cuestión Social, es una publicación trimestral editada y publicada por la Asociación Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C., a través del Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, con dirección en Pedro Luis Ogazón n. 56, Col. Guadalupe Inn, CP 01020, México, DF, Tels. 56614465, 56614169. E-mail: comunica@imdosoc.org www.imdosoc.org Responsable de la edición: Jorge Navarrete Chimés. Registro de correspondencia de 2a. Clase expedido en la Dirección General de Correos Publicación Periódica. Registro No. 129-93. Certificado de Licitud de Contenido (pendiente). Certificado de Licitud de Título (pendiente). No. de Reserva al Título del Derecho de Autor (pendiente). Registro ISSN en trámite. Distribución directa en el IMDOSOC. Impresa en Impresora Varel, S. A. de C.V, Calle 8 No. 222, Col. Granjas San Antonio Tel: 2065 3523 Fax: 5690 0463, impvarel@hotmail.com, este número se terminó de imprimir el 16 de abril de 2015, con un tiraje de 1,200 ejemplares. Coordinador de contenidos: Gerardo Cruz González Diseño: Roberto Mandeur Cortés Corrección de estilo: A. Alfonso Muñoz Chávez Suscripciones: martha.crm@imdosoc.org Los artículos publicados reflejan el punto de vista del autor y no necesariamente el de la Asociación Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C. No se devuelven originales no solicitados. Queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos e imágenes de la publicación sin previa autorización de la Asociación Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C. Precio del ejemplar: $ 100. 00 Suscripción anual: $ 330. 00 Suscripción para el extranjero Dlls. 80. 00
5 La Cuestión Social Año 25, n.1 IMDOSOC: alternativa para nuestro tiempo A principios de 1983, un grupo de amigos, algunos que ha- bíamos sido presidentes de USEM como Bernardo Pacheco, Óscar Ortiz Sahagún, José Ignacio Ma- riscal, yo mismo, y otras personas como Salvador Domínguez Rey- noso, Manuel Gómez Granados, Rogerio Casas-Alatriste, Alberto de Icaza Gómez, Gabriel Rosales Hueso, Eduardo Bretón… nos re- unimos porque veíamos la nece- sidad de que la doctrina social de la Iglesia fuera conocida no sólo por personas vinculadas al ám- bito empresarial. Hacía falta que maestros, profesionistas, comuni- cadores y diversos líderes sociales descubrieran también en esta doc- trina un instrumento para llevar a la vida concreta y cotidiana las enseñanzas sociales del Evangelio acerca de la justicia, la solidaridad, el desarrollo y la paz, y esto reque- ría una institución. En este esfuerzo cooperó activa- mente con nosotros el Lic. Efraín González Morfín, quien todavía residía en México y que había par- ticipado, de manera importante, en la preparación de nuestro cur- so de formación social, hoy llama- do CUFOSO. Nuestro objetivo quedó defini- do: «fomentar la investigación y estudio, la enseñanza y la difusión de la doctrina social cristiana en orden a promover en los cristia- nos y hombres de buena voluntad la renovación y cambio de menta- lidad y actitudes de manera que, conociendo y viviendo esa doctri- na, contribuyan a la creación de es- tructuras sociales inspiradas por el Evangelio». La constitución del IMDOSOC tuvo lugar el 23 de junio de 1983, con la presencia del cardenal Corri- pio Ahumada, los obispos Genaro Alamilla, Jorge Martínez, Alfredo Torres, Carlos Talavera, quien más tarde fue miembro de su Consejo Directivo hasta su muerte, y más de 150 asociados. Fue muy significativo el apoyo al IMDOSOC, en esa primera etapa, por parte del cardenal Roger Etchegaray, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz, de quien recordamos su sabia exhortación: «Deseo que el IMDOSOC ayude a reflexionar a los que actúan y ayude a actuar a los que reflexionan». Asimismo, Etche- garay nos insistió en la opción pre- ferencial por los pobres que quedó plasmada en nuestro Ideario. La USEM dedicó una de sus reuniones al IMDOSOC. En ella hablaron además de don Lorenzo, María Luisa Aspe y el presidente del IMDOSOC, Juan Murguía Pozzi.
6 La Cuestión Social Año 25, n.1 Desde el principio se insistió mucho en que el IMDOSOC sería una institución eclesial formada por laicos en estrecha comunión con los pastores, al mismo tiempo que autónoma. Su nacimiento fue muy oportuno, pues el Papa Juan Pablo II había mostrado ya un re- novado interés por la doctrina so- cial de la Iglesia. Durante su pontificado, aparecie- ron las encíclicas sociales Laborem Exercens, en el 90° aniversario de la Rerum Novarum, Sollicitudo Rei Socialis, en el 20º aniversario de Populorum Progressio, a las que el IMDOSOC dio oportuna difusión. Y especialmente Centesimus Annus, que el IMDOSOC celebró en 1991 con un concurridísimo congreso bajo el título de “México a un siglo de Rerum Novarum”. Con el apoyo de muchas personas que compartían nuestra fe cristia- na y nuestras inquietudes sociales pudimos organizarnos. Nos instala- mos en una casa propia en la colo- nia Guadalupe Inn y se incorporó a nuestra tarea el Lic. Manuel Gómez Granados, quien desde entonces es el director general del IMDOSOC. Al ser nombrado el cardenal Van Thuan presidente del Pontificio Con- sejo Justicia y Paz, el IMDOSOC fue grandemente beneficiado por su de- cidido apoyo e inspiración. Tuvimos la satisfacción de que nos visitara en varias ocasiones y publicamos con gran éxito sus libros, especialmente el titulado Cinco panes y dos peces, en el que el cardenal cuenta su itinera- rio espiritual en la cárcel de Vietnam donde estuvo por más de trece años. El tiraje de este libro supera los cien mil ejemplares. También hemos tenido la cola- boración y el estímulo del carde- nal Renato Raffaele Martino, actual presidente del citado consejo, con quien celebramos en México, en no- viembre del 2005, la presentación continental del Compendio de la doctrina social de la Iglesia, en un acto que tuvo gran relevancia y al que asistieron cardenales, obispos, rectores de universidades, políticos y hasta el Presidente de México. Desde el inicio, IMDOSOC decidió ponerse al servicio de toda la igle- sia, acogiendo personas y grupos diversos que estuvieran interesa- dos en conocer el rico patrimonio de la doctrina social de la Iglesia, que con sus grandes principios, criterios de juicio y directrices de acción ilumina y guía nuestro cami- nar en las actuales circunstancias que nos desafían al supeditar a las personas concretas a intereses ma- terialistas y egoístas. Al IMDOSOC lo distinguen dos tareas: la formación en doctrina social cristiana y su fondo edito- rial. Hemos contribuido a la for- mación no sólo de mexicanos, sino de centroamericanos y parti- cularmente de cubanos. El IMDOSOC ha apoyado y auspi- ciado varias obras sociales como la Fundación León XIII que promue- ve el desarrollo integral de comu- nidades indígenas.
7 La Cuestión Social Año 25, n.1 Estoy convencido de que el IMDO- SOC, como ha dicho el cardenal Et- chegaray, es un don de Dios, pues ha puesto en esa institución una pléya- de de personas extraordinarias co- mo el Card. Corripio, el Card. Pironio, Mons. Carlos Talavera, Mons. Jorge Martínez, Mons. Alfredo Torres, el Card. Suárez, el Card. Van Thuan, Tere Laborde, Bernardo Pacheco, Gaspar Elizondo, Isaac Guzmán Val- divia, el P. Luciano Rivas Picorelli, SJ, el maestro Alejandro Avilés, don Sal- vador Villaseñor, José T. Mata, Pablo Reynoso, Sergio Barrera Graf, José Barragán Leñero, Alfredo Amezcua, Alberto de Icaza Gómez, Ma. Teresa Porcile, Carlos Castillo Peraza, don Vicente Martínez, el P. Héctor Gon- zález Uribe, SJ, José N. Chávez, Jaime González Graf, Francisco Gutiérrez de Teresa, Ricardo Nieto, el P. Ma- nuel Loza, SJ, el P. Antonio Roqueñí, el P. Jesús Herrera, el P. Alfonso Cas- tro Pallares, el P. Picasso, el P. Chin- chachoma, el P. Félix Pecharromán, el P. Sergio Ruiz Moctezuma, el P. An- tonio Molina Meliá, todos ellos ya en presencia del Señor, y muchas otras personas que siguen activas. La ora- ción y la intercesión de tanta gente buena explica la fecundidad modes- ta pero firme del IMDOSOC. En estas obras el dinero es im- portante, pero también lo es la ora- ción y la confianza en el Señor. La USEM ha tenido una estrecha relación con el IMDOSOC. Muchos de sus socios y patrocinadores son también miembros de USEM, y el IMDOSOC publicó varios libros del P. Manuel Loza, quien fuera asesor moral de la USEM por muchos años. Creo que en estos XXV años de tra- bajo del IMDOSOC hay una experien- cia valiosa que ha forjado un estilo propio de vivir y enseñar la DSC, por lo que aprovecho la ocasión para invi- tarlos a ustedes a afiliarse al Instituto. Sus cursos, conferencias, libros y pu- blicaciones son de gran actualidad y sólidos contenidos. Y el apoyo de us- tedes sería muy útil para la tarea de llevar la enseñanza social de la Iglesia a otros sectores y grupos. CS La cuestión social, IMDOSOC, año 16, no. 2-3 (abril-sep., 2008), pp. 106-108.
8 La Cuestión Social Año 25, n.1 E n la historia de la humanidad siempre hubo épocas en las cuales los vicios, la inmoralidad, la co- rrupción y la violencia llegaron a ex- tremos inconcebibles. Puede decirse que hoy nos encontramos en una de esas épocas y esto está vulnerando severamente las bases mismas de la convivencia humana. En la vida social, la familia es su ci- miento básico. La familia y el hogar son el escenario donde se enseñan y se viven las normas fundamenta- les de la conducta personal. Allí, los miembros de la familia aprenden las virtudes esenciales: el respeto, la responsabilidad, la decencia, la disciplina, la honradez, la veraci- dad, la confianza, el perdón, la jus- ticia, los buenos modales, el decoro, el trabajo, el ahorro… A pesar de sus tensiones y con- flictos, el matrimonio es la columna vertebral de la familia. El matrimo- nio es la unión estable y enriquece- dora de una mujer y de un hombre, de un padre y de una madre. La finalidad natural primaria del matrimonio es la procreación de los hijos, su cuidado y educación. Pero no lo es menos el compromi- so de los cónyuges de ayudarse, acompañarse y quererse y todo lo que entraña su unión sexual. En casi todas las culturas el matri- monio ha tenido una importancia muy grande. Por eso se le ha rodea- do de requisitos, normas, ritos y ce- lebraciones. Se le ha considerado fundamental para la solidez de la familia. Hoy, el matrimonio es una institución que en nuestros países se está debilitando de manera alar- mante. Y de allí la desintegración fa- miliar, las familias de un sólo padre, el divorcio. ¿Cuáles son las causas de esta crisis del matrimonio? Una de las principales es el tra- bajo externo de la mujer que le ha dado mayor independencia de su marido y ha debilitado el vín- culo matrimonial. Pero hay otra causa, más de fondo, que conspi- ra para destruirlo y que es el des- orden sexual generalizado. Por el desorden sexual puede en- tenderse una cultura muy extendida de la relación sexual fuera del ma- trimonio y que se presenta en muy variadas manifestaciones: promis- cuidad, amor libre, relaciones pre- matrimoniales, infidelidad conyugal. Esto, a su vez, se debe a un radi- cal cambio cultural que ha otorgado una importancia desmedida a todo lo relacionado con la sexualidad. Familia, matrimonio y sexualidad A pesar de sus tensiones y conflictos, el matrimonio es la columna vertebral de la familia
9 La Cuestión Social Año 25, n.1 Alguien ha dicho que vivimos en una sociedad afrodisíaca en la que las manifestaciones de lo sexual se multiplican en la publicidad, en los espectáculos y en las comunicacio- nes en general. Parece ser una ob- sesión incontrolable. El origen de esto está, en par- te, en la llamada ‘liberación sexual’ que puede atribuirse a las teorías de Freud sobre la inhibición sexual y las frustraciones. El uso de los an- ticonceptivos, por otra parte, ha conducido también a la liberación de la posibilidad del embarazo y de la maternidad y se ha propiciado la actividad sexual, no necesariamente dentro del matrimonio. También ha contribuido a esta si- tuación la educación sexual de los niños y jóvenes, prematura y mu- chas veces equivocada. En lugar de promover la virginidad y la absten- ción se ha favorecido la experimen- tación sexual en la adolescencia y las relaciones prematrimoniales de manera generalizada. Las relaciones sexuales, tal como se describen hoy, tanto en el cine y la televisión como en las publicacio- nes, se plantean como algo que es normal y que se aprueba socialmen- te. La relación amorosa acaba siendo casi siempre un erotismo sin límites. La sexualidad, como manifestación de un amor verdadero, con todo lo que tiene de delicadeza, entrega, sa- crificio, confianza y plenitud, se con- vierte en simple fisiología. Las consecuencias de esta co- rriente están a la vista: el valor del matrimonio y la fidelidad de los cónyuges se pone en entredi- cho. Los matrimonios se disuel- ven y la familia se desintegra. Si no se fortalece el matrimo- nio, si no se exaltan la virgini- dad y la abstención sexual de los hombres y mujeres jóvenes, se resentirá la familia y se resenti- rán también las bases mismas de la sociedad. No es posible vivir en un clima de desenfreno sexual sin que se expe- rimenten sus corrosivos efectos de desintegración familiar y social. Se desencadenan la pornografía, las perversiones, la violencia sexual y una dolorosa degradación humana. Para remediar esta situación se requiere un gran esfuerzo de edu- cación y comunicación que reivin- dique la dignidad de la mujer y el valor del matrimonio y la familia. Hay que tener la decisión de ha- blar abiertamente de pudor, virgi- nidad, castidad y fidelidad como de las grandes virtudes indispen- sables para la solidez de la familia y la salud misma de la sociedad. CS Signo de los tiempos, IMDOSOC, año 20, no. 129 (abril, 2004), p. 6.
10 La Cuestión Social Año 25, n.1 L a familia, se ha dicho hasta la saciedad, es el cimiento mismo de la sociedad. Ella es in- dispensable para el pleno desa- rrollo de los seres humanos. En pocas palabras, para su felicidad. ¿Y qué puede entenderse por pleno desarrollo? Los seres humanos están im- pulsados, como decía Teilhard de Chardin, a ir arriba y adelante. Adelante, a avanzar, a progresar, en lo material, lo económico, lo político, para su bienestar. Hacia arriba, a crecer, a superarse, en lo estético, en lo moral, en lo re- ligioso, en lo espiritual, hacia su bieneser, hacia Dios mismo. Ese alcanzar niveles y cuotas de bien- estar y bienser, a mi juicio, cons- tituye el pleno desarrollo. ¿Y qué encontramos en la realidad, ante este camino hacia nuestro pleno desarrollo? Hoy, la vida social está sufrien- do un deterioro moral que ya es motivo de seria preocupación. Un deterioro moral que se manifiesta en vicios, deshonestidad, egoísmo desbordado, inseguridad pública y privada, corrupción, violencia y falta de respeto a la ley y a la auto- ridad. Una descomposición de la fibra moral de las personas que, a su vez, ocasiona la destrucción misma del tejido social. Incluso, muchas personas ya no se atreven a pronunciar ciertas pa- labras que tienen una connotación moral, más aún están desapare- ciendo del lenguaje. Por ejemplo: bien, bondad, buenas costumbres, deber, virtud, nobleza, recato, mo- destia, vergüenza, decoro, decen- cia…, y hasta se rehúye el uso de la palabra ‘moral’ y se prefiere decir ‘ética’. En Estados Unidos el deterioro moral, sobre todo de los jóvenes, ha llegado a extremos alarmantes. En 1940 los maestros se quejaban de que los alumnos en las clases hablaban sin levantar la mano, masticaban chicle, hacían ruido por los pasillos, se salían de las fi- las y se vestían inapropiadamente. Hoy se quejan del abuso de la dro- ga y del alcohol, de los embarazos, las violaciones y de los robos. Y con gran visión, Octavio Paz, el premio Nobel mexicano, de- cía: “cuando la virtud flaquea y nos dominan las pasiones —casi siempre las inferiores: la envidia, Responsabilidad social y familia A pesar de sus tensiones y conflictos, el matrimonio es la columna vertebral de la familia
11 La Cuestión Social Año 25, n.1 la vanidad, la avaricia, la lujuria, la pereza— las repúblicas perecen. Cuando ya no podemos dominar nuestros apetitos, estamos listos para ser dominados por el extraño. A medida que la virtud se debilita, crece el río de sangre”. ¿A qué se debe este deterioro moral? Se debe, entre otros motivos, a la falta de educación moral de los niños y jóvenes, sobre todo en el hogar, a causa de la desintegración de la familia y como consecuencia de ello al debilitamiento de su im- portante papel de educadora de los hijos. Esta desintegración se debe, en gran parte, a la crisis del matrimo- nio como institución indispensa- ble para la estabilidad y felicidad de la familia misma. A pesar de sus tensiones y con- flictos, el matrimonio es la columna vertebral de la familia. El matrimo- nio es la unión estable y enriquece- dora de una mujer y de un hombre, de un padre y una madre. La finalidad natural primaria del matrimonio es acompañarse, que- rerse y todo lo que entraña su unión sexual; después viene la procreación de los hijos, su cuidado y educación. Pero no lo es menos el compromiso de ayudarse mutuamente. En casi todas las culturas, el ma- trimonio ha tenido una importan- cia muy grande. Por eso, se le ha rodeado de requisitos, normas, ri- tos y celebraciones. Se le ha consi- derado fundamental para la solidez de la familia. Hoy, el matrimonio es una institución que en nuestros países se está debilitando de mane- ra alarmante. Y de allí la desintegra- ción familiar, las familias de un solo padre, el divorcio. ¿Cuáles son las causas de esta crisis del matrimonio? Una de las principales es el tra- bajo externo de la mujer que le ha- dado mayor independencia de su marido y ha debilitado el vínculo matrimonial. Pero hay otra causa, más de fondo, que conspira para destruirlo y que es el desorden se- xual generalizado. Por desorden sexual puede entenderse una cul- tura muy extendida de la relación sexual fuera del matrimonio y que se presenta en muy variadas ma- nifestaciones: promiscuidad, amor libre, relaciones prematrimoniales, infidelidad conyugal. Y las perver- siones, como son la corrupción de menores, la pornografía y otras. El origen de esto está en parte en la llamada liberación sexual Que puede atribuirse a las teo- rías de Freud sobre la inhibición sexual y las frustraciones. El uso de los anticonceptivos, por otra parte, ha conducido también a la liberación de la mujer de la posibi- lidad del embarazo y de la materni- dad. Y se ha propiciado la actividad sexual no necesariamente dentro del matrimonio.
12 La Cuestión Social Año 25, n.1 También, ha contribuido a esta si- tuación la educación sexual de los niños y jóvenes, prematura y mu- chas veces equivocada. En lugar de promover la virginidad y la absten- ción se ha favorecido la experimen- tación sexual en la adolescencia y las relaciones prematrimoniales de manera generalizada. Las relaciones amorosas, tal como se describen hoy tanto en el cine y la televisión como en las publicacio- nes, se plantean como algo que es normal y que se aprueba socialmen- te. La relación amorosa acaba siendo casi siempre un erotismo sin límites. La sexualidad, como manifestación de un amor verdadero, con todo lo que tiene de delicadeza, entrega, sa- crificio, confianza y plenitud, se con- vierte en simple fisiología. Muchas veces los medios de co- municación, para conseguir ratings, recurren al uso irresponsable y mor- boso de temas sexuales, de violencia y vulgaridad, sin la menor conside- ración para la sensibilidad y convic- ciones de la mayoría de la gente. Hay una influencia creciente de estos medios en la formación de la manera de pensar y en la con- ducta de la gente. Existe información de que la fami- lia, en la sociedad clásica, influía en sus valores un 45% y los medios de comunicación un 5%. Hoy, en la so- ciedad moderna los porcentajes son 27 y 23%, según encuestas recientes. Hemos hablado de la familia co- mo la institución indispensable para el pleno desarrollo de los seres hu- manos. Es evidente que constituye el ámbito privilegiado para la con- vivencia cotidiana, para compartir y ayudarse mutuamente, para satisfa- cer sus necesidades emocionales y, por la procreación, contribuir a la renovación de la especie humana. Y es también la institución económica que tiene vital relación con la pro- ducción y el consumo. A pesar de las fallas de la familia (divorcios, abandono, violencia in- trafamiliar, acoso sexual, lo que se ha llamado la disfuncionalidad de las familias), éstas siguen siendo de un gran beneficio para sus miembros. La familia es un baluarte para los malos tiempos. Las familias sólidas tienden a ser más saludables, con una mejor situación económica, capacidad de adaptación y mayores posibilidades de contribuir al bien social. Pero un grave riesgo que se ob- serva en las familias actuales y que contribuye al deterioro moral de la sociedad de que hemos hablado es toda una corriente que se observa en una buena parte de ellas. Se tra- ta de un individualismo creciente de sus miembros, por la permisividad de los padres. Esto suele traducirse en el egoísmo, la irresponsabilidad y las exigencias de los hijos que mu- chas veces desembocan en la rebel- día, la violencia y aun en el delito. ¿Ante esta situación quié- nes tienen la responsabili- dad de contribuir al forta- lecimiento indispensable de la familia?
13 La Cuestión Social Año 25, n.1 No hay duda de que ante la gra- vedad del problema es respon- sabilidad de todos contribuir a su solución. Y siendo la mujer quien tiene el nobilísimo papel de traer nuevos seres al mundo y de ser su principal educadora, es indispensa- ble que se le otorgue la mayor im- portancia en el proceso de solución. A mi juicio, al tratar de definir responsable, hablaremos primero del Estado. Al que por definición se le considera como el guardián del bien común. A él le corresponde diseñar políticas públicas, dictar leyes y hacerlas operantes a favor de la mujer, el matrimonio y la fa- milia, en orden a su revalorización, protección y fortalecimiento. Las Iglesias, a su vez, deben contri- buir con la valiosa aportación de sus principios morales y espiritualidad, que facilita y promueve el respeto, la comprensión, la ayuda mutua, la en- trega y el afecto entre los miembros de la familia. Y muy especialmente por su insistencia en la santidad del matrimonio, la honestidad y el reco- nocimiento del privilegio y respon- sabilidad de la mujer, como madre y maestra de familia. Las empresas tienen también una responsabilidad para el bien de la mujer, el matrimonio y la familia. Tienen necesidad de conciliar sus exigencias económicas con las exi- gencias de respeto a la dignidad y al trato justo a los hombres y mujeres que en ellas trabajan, sobre todo en condición de padres, madres o hijos de familia. La empresa puede hacer mucho por el bien de la familia como insti- tución clave de la sociedad. En la re- lación con su personal ha de crear condiciones de trabajo que prote- jan a quienes en ella trabajan, no simplemente como individuos, sino como miembros de una familia. De allí, por ejemplo, la necesidad de dar posibilidades de trabajo parcial y horarios flexibles y, en el caso de la mujer, facilidades para la mater- nidad y la lactancia. Además, una valiosa aportación que puede hacer la empresa a favor de la familia de su personal es el de ayudarles de manera subsidiaria en aquellas necesidades que tienen de educación, salud, vivienda y otras. Esto, desde luego, sin paternalismo y teniendo en cuenta las exigencias económicas de la empresa. Por otra parte, si las actividades de la empresa son la información o el entretenimiento —como son las de la televisión, la radio, el cine y las publicaciones—, ha de procurar no sólo no vulnerar los principios y va- lores morales de la familia, sino aun preservarlos y promoverlos. Tenemos que conseguir que los productores de programas, los pu- blicistas, los anunciantes y los me- dios de comunicación en general acepten no sólo desterrar de sus programas y mensajes todo aque- llo que desconcierta, empequeñe- ce o degrada, sino destacar lo más valioso de la condición humana: los actos nobles, la compasión, el servicio, la generosidad, el sentido de la vida, el esfuerzo abnegado y
14 La Cuestión Social Año 25, n.1 aun el heroísmo, lo mejor de nues- tras tradiciones y costumbres. También tienen una gran respon- sabilidad de hacer mucho a favor de la familia las organizaciones de la sociedad civil que han sido llamadas —no muy afortunadamente— or- ganizaciones no gubernamentales. En ellas se da toda una rica varie- dad de actividades que van desde la defensa de la vida, la protección y promoción de la mujer, el cuidado de los niños, la abstención sexual de los jóvenes, como una formación en el camino del amor, la revaloriza- ción del matrimonio y hasta el más amplio apoyo a los derechos de la familia y al reconocimiento de su vi- tal papel en la sociedad. Y finalmente, y no por ello menos importante, es la responsabilidad que tienen las instituciones educa- tivas en el buen éxito de los grandes temas de este Congreso. Es indis- pensable que las escuelas de todos los niveles contribuyan al desarro- llo de toda una cultura a favor de la mujer, el matrimonio y la familia. Una contribución muy valiosa es la que pueden hacer las universida- des en el campo de la investigación y en la que tienen influencia de to- das las entidades de la sociedad. Podemos decir que en esta gigan- tesca tarea de revertir el deterioro moral que padecemos, se impone realizar un enérgico esfuerzo, sobre todo en aspectos educativos. Debe- mos aspirar a que la educación sea capaz de mejorar la conducta de las personas, lo que se llamaron hace años las ‘buenas costumbres’. Bue- nas costumbres que se desarrollan en los buenos matrimonios y en las familias sólidas. Y aquí hay que añadir lo que los destacados historiadores Will y Ariel Durant —no creyentes— han señalado: “No hay un ejemplo en la historia antes de nuestro tiem- po, de una sociedad que mantenga eficazmente una vida moral sin la ayuda de una fe religiosa”. En conclusión, pienso que esta- mos en una encrucijada de la histo- ria. A la humanidad le costó mucho salir de la barbarie. Debemos hacer un gran esfuerzo para no regresar a ella. Y en ello, la familia tiene una gran responsabilidad. CS Signo de los tiempos, IMDOSOC, año 27, no. 220 (nov., 2011), pp. 13-17.
15 La Cuestión Social Año 25, n.1 N os ha llegado otra Navidad, con todo su caudal de regalos, saludos, abrazos y siempre con los mejores deseos para el Año Nuevo. Y aquí estamos en Mazapil reu- nidos como todos los años, aunque con algunas ausencias como ha de esperarse. Pero ha sido un año de bendiciones para la familia: la lle- gada de los bebés Sofía, Santiago y Tomás, la boda de Cecilia y Roy, la feliz espera de Adriana, Marisita y Marina, así como el compromiso de los novios Fer y Lucía. La Navidad es el recuerdo de la venida del Niño Jesús, en brazos de María, bajo la mirada de José, adorado por los pastores y feste- jado por el coro de ángeles. Ese ni- ño, al que nos imaginamos como los angelitos que nos han llegado este año, siempre nos invita a que se manifieste lo mejor de nuestra naturaleza, que haya mayor com- prensión, más ternura, sonrisas más francas, abrazos más cálidos, palabras más expresivas y que vi- vamos no sólo la generosidad de dar, sino también la generosidad de recibir, agradecer y perdonar. Y ahora algunas reflexiones. Esto ha de inspirarnos a alejarnos del ajetreo y aun del vértigo de nues- tra vida cotidiana que nos empu- jan demasiado a ir adelante. Hemos de levantar la vista a la dia- finidad del cielo, al esplendor del sol y al atrevido espectáculo de los ár- boles que quieren ir siempre hacia arriba, como un constante ejemplo para nosotros que tenemos que cre- cer, que mirar siempre hacia arriba, en la búsqueda de la bondad, la be- lleza, la verdad y de Dios mismo. Aunque también hemos de mi- rar hacia abajo para no tropezar y para tender la mano a los caídos, hacia atrás para alentar a los re- zagados y finalmente mirar hacia adentro de nosotros mismos pa- ra examinar nuestro propio yo y aproximarnos al Misterio, que hoy más que nunca nos interpela. En este día sentimos a faltar a quienes por diversos motivos no es- tán con nosotros, pero sobre todo a Carmen, mami querida, de quien con todo cariño y con tanto dolor recordamos su ausencia. Sin embar- go, la Navidad debe ser para todos nosotros motivo de ocasión de espe- ranza. El espíritu de Dios nace, sobre todo hoy, en el corazón de sus fieles. «Ven pues, Señor Jesús, y encien- de en nosotros el fuego de tu amor para seguir adelante y sin prisa el arduo camino de la vida». CS Signo de los tiempos, IMDOSOC, año26, no.209 (dic., 2010), p. 7. Navidad: motivo de esperanza Navidad 2007
16 La Cuestión Social Año 25, n.1 L os niños, ante lo desconocido y el peligro, se sienten protegi- dos por sus padres. En el fondo de su conciencia saben que aquellos tienen el deber de velar por ellos ante cualquier riesgo o amenaza. En general, una cosa semejan- te nos pasa al común de la gente, sobre todo cuando somos jóvenes. Ante problemas que nos desbor- dan, pensamos que alguien más importante que nosotros, los ma- yores, se harán cargo de ellos. Y, como ciudadanos, pensamos así de nuestros gobernantes. Ante la inflación, el endeudamiento del país, el auge petrolero, la explosión de la delincuencia, el crecimiento desorbitado de las ciudades y otros problemas parecidos, los ciudada- nos creímos que los mayores esta- ban preocupados por ello… estaban haciendo algo… estaban cumplien- do su deber. Sucedió que no lo estaban hacien- do. Sucedió que todos los mayores estaban ocupados en cosas meno- res y desatendieron las trascenden- tes. Y quienes confiamos en ellos fuimos defraudados. Pero también advertimos que algunos que en al- gún sentido éramos mayores, tam- bién nos habíamos descuidado… no habíamos cumplido nuestra tarea de mayores y así muchos tenemos que compartir la responsabilidad de lo que nos ha pasado. Ser mayor, padre de familia, maestro, jefe o gobernante, pide obediencia y otorga privilegios; pe- ro esto sólo se justifica si quienes dependen de los mayores, de algún modo se benefician de su mayor vi- sión, su sentido de responsabilidad, su buen juicio. No les queda a los mayores más re- medio que estar a la altura de lo que los menores esperan de ellos. Deben estar pendientes de los grandes pro- blemas, atenderlos a tiempo, buscar soluciones y, si no saben o pueden, advertir de su incapacidad a los que seguimos para que no nos culpen después de los desastres. CS Signo de los tiempos, IMDOSOC, año24, no.177 (abril, 2008), pp. 5. Los mayores
17 La Cuestión Social Año 25, n.1 S e me ha pedido hablar del hom- bre del tercer milenio y mencio- nar cuáles serán los retos que habrá de afrontar, las aspiraciones que su- ponemos tendría o debería tener y los compromisos que en consecuen- cia habría que asumir. Hablar del hombre del tercer milenio es para mí una tarea difí- cil. Soy hombre del siglo XX. Nací en 1918, poco después de termi- nada la Primera Guerra Mundial. ¡He visto tantas cosas! Un poco al desgaire les contaré algunas: Desde los fogones de carbón y el boiler de leña en la cocina y el lava- dero y el tendedero de ropa de mi casa, hasta la estufa y el calentador de gas y la lavadora y la secadora eléctrica que tienen hoy mis nietos. Desde los tés, las cataplasmas, la friega y purgas con que me cura- ron de chico, hasta los antibióticos, las vitaminas y los mil medicamen- tos con que contamos hoy. Desde las operaciones quirúrgicas traumáticas con el cloroformo como anestesia, hasta la microcirugía mo- derna y los trasplantes de órganos. Desde el fonógrafo y el cine mu- do, hasta la videocasetera y el dis- co compacto. Desde el radio de audífonos, pla- gado de estática, hasta la televisión a colores y la computadora con ac- ceso al Internet. Desde las pizarras, las plumas y los tinteros para escribir en la es- cuela, hasta las computadoras pro- cesadoras de la palabra. Desde haberme transportado en coche de caballos, hasta viajar en aviones jet. Desde transitar por las carreteras estrechas y peligrosas de los años 20, hasta hacerlo por las actuales autopistas de nuestro país. Desde saber de la Revolución en Rusia de 1917, con el trauma de la amenaza comunista, hasta ver su derrumbe con la Caída del Muro de Berlín en 1989. Desde enterarme del descubri- miento del Polo Norte y del Polo Sur y después del primer vuelo so- bre el Atlántico, hasta ver por tele- visión al hombre en la Luna. Desde saber de explosiones de dinamita en guerras y grandes obras, hasta ver, también por tele- visión, las explosiones atómicas. El hombre del tercer milenio: retos, aspiraciones y compromisos
18 La Cuestión Social Año 25, n.1 Desde saber del placentero Mé- xico agrícola y rural, hasta vivir el vertiginoso México urbano, indus- trial y financiero, hoy globalizado. Desde el fraude abierto y la vio- lencia en las elecciones de nuestro país, hasta el sufragio efectivo y pa- cífico del que disfrutamos hoy. Y para terminar esta larga lista: Desde la persecución religiosa en nuestro país de 1926 al 1929, hasta la amplia libertad para las Iglesias acordada en 1992. Hablar del hombre del tercer mi- lenio es tratar de inventar el futuro y nadie puede hacerlo. Simplemen- te hay demasiados conocimientos, demasiados proyectos, demasiadas posibilidades. Ya lo decía el humo- rista involuntario Yogui Berra: «La predicción es muy difícil, especial- mente cuando se refiere al futuro». Por ello, a la luz de los datos dis- ponibles y mi experiencia, trataré de imaginar cómo podría ser ese hombre del tercer milenio: los re- tos que ha de afrontar, sus aspi- raciones y finalmente a qué debe comprometerse. Pero como ya hemos visto que la tarea es muy ardua, lo que imagi- ne trataré de circunscribirlo a los próximos 25 años y como escena- rio, en lo posible: nuestro país. El nuevo siglo y milenio, que están cronológicamente por co- menzar, tienen ya su inicio en los acontecimientos de este siglo. Ja- más se parte de cero. Los paradig- mas que serán marco y brújula del hombre del tercer milenio hunden sus raíces en el pasado próximo y en el presente vertiginoso. La actividad humana puede ver- se en sus diversas facetas de lo personal, lo familiar, lo profesional y lo social, a su vez influido, confor- mado o inspirado, de algún modo, por lo científico, lo económico, lo social, lo político, lo moral y lo reli- gioso, todo ello relacionado en una intrincada vinculación. En los últimos diez años ha habi- do mayores avances científicos que en toda la historia de la humanidad. Se prevé que estos avances en las primeras décadas del nuevo siglo serán sencillamente inimaginables para el común de los mortales. Y también lo serán las consecuencias que tendrán para la vida cotidiana. En su libro Visiones, el físico Mi- chio Ekaku ha afirmado que a finales del siglo XX la ciencia ha llegado a la terminación de una época, desentra- ñando los secretos del átomo, desen- marañando la molécula de la vida y creando la computadora electróni- ca. Y que, con estos descubrimientos fundamentales, desencadenados por la revolución cuántica, la revolución del ADN y la revolución informática, se resuelven, en lo esencial, las leyes fundamentales de la materia, de la vi- da y de la mente. Estos avances científicos traerán ventajas indudables al hombre del tercer milenio. La alimentación, la salud, la comunicación, el traba-
19 La Cuestión Social Año 25, n.1 jo, el transporte, la educación, los intercambios y muchas otras co- sas se verán enriquecidas con sus aportaciones. Pero este hombre deberá afron- tar retos enormes y evitar caer en la idolatría de lo material. Habrá de aspirar seriamente a ser dueño y señor de esos poderosos instru- mentos y comprometerse a vigilar y pugnar porque no destruyan los valores propios de su naturaleza: su dignidad de persona humana, su espiritualidad, su sentido moral, su sensibilidad artística, su capacidad de amar y, en pocas palabras, su ad- miración y reverencia de Dios. Por los avances científicos y su consiguiente desemboque tecno- lógico, la vida económica conti- nuará también experimentando cambios radicales. Alvin y Heidi Toffler, que hace 25 años publicaron un libro de gran cir- culación: El shock del futuro, dicen, en un libro reciente, que una nueva civilización está surgiendo; que la especie humana ha experimenta- do hasta ahora dos grandes olas de cambio: la primera —la revolución agrícola— que invirtió en su desa- rrollo miles de años y la segunda ola —el auge de la Revolución Indus- trial— con sólo trescientos años y que la tercera ola, en la que ya esta- mos inmersos, trae un estilo de vida auténticamente nuevo. Esta civilización de la tercera ola está basada en nuevos métodos de crear y explotar conocimientos, cuenta con fuentes diversificadas y renovables de energía y con siste- mas de producción que dejan anti- cuadas a la mayoría de las cadenas fabriles de montaje. Se desmasifi- can los productos y se segmentan los mercados. La complejidad del sistema requiere un intercambio cada vez mayor de información y esto crea una necesidad voraz de computadoras, redes de comuni- caciones digitales y nuevos medios de información. En este nuevo mundo económico se presenta de manera abrumadora el fenómeno de la globalización, im- pulsado por las nuevas tecnologías de información y comunicación y por la eficiente modernización del transporte. La gente de todas par- tes se está conectando y es afecta- da por acontecimientos en remotos rincones del planeta. Esta globali- zación abre la vida de la gente a la cultura, a las corrientes de ideas y conocimientos, pero estas corrien- tes son desequilibradas, cargadas en un solo sentido: de los países ri- cos a los países pobres. En este mundo globalizado tienen un papel preponderante las empre- sas transnacionales. Por ejemplo, las ventas combinadas de las 200 más grandes de ellas, equivalen al 30% del PIB mundial. Y si compa- ramos las economías de los países y de las empresas transnacionales, del 100% del total, ellas represen- tan ya el 51%. El hombre del tercer milenio ha- brá de enfrentar el reto de que lo económico, ya tan importante en su vida, no lo desborde y desqui-
20 La Cuestión Social Año 25, n.1 cie. Hoy, la febril actividad produc- tiva le resta tiempo y la seducción del consumo suele ser tan fuerte que desvía el sentido de su vida. En este mundo económico la em- presa, sin importar su tipo o tama- ño, tiene un papel fundamental. Ella es escenario de una parte muy im- portante de la actividad humana. En ella se conjugan los ahorros de algunos, la dirección de otros y el trabajo de muchos. Y en su admi- rable función creativa, la aspiración sobre todo de los empresarios debe ser no sólo de hacer productivos los recursos a su disposición, sino pug- nar porque el grupo humano que es, facilite a sus integrantes su ple- no desarrollo humano. En nuestro país, el empresario como factor clave de la vida social y económica tiene que comprome- terse a desempeñar cabalmente su responsabilidad. La globalización trae aparejados riesgos y oportu- nidades. Él debe tener la visión y la tenacidad para sortear los prime- ros y aprovechar las segundas. Hoy, las empresas que tengan ciertas posibilidades de hacerlo no deben rehuir el tener acceso al mercado exterior. Las empresas mexicanas, por su gran mercado interno y por su privilegiada proximidad a Esta- dos Unidos —el mercado mayor del mundo—, tienen que fortale- cer su capacidad exportadora, sí, pero pugnar también por sustituir importaciones y elevar cada día su calidad y productividad. Como al- guien ha dicho: hacer las cosas me- jor, más rápido y más barato. Es evidente que el desarrollo eco- nómico, que implica la producción, el ahorro, la inversión y como con- secuencia el crecimiento y el consu- mo, tiene mayores posibilidades de éxito en una economía de mercado. Desde los años 80 se vio en el mundo toda una corriente a favor de la economía de mercado, a la que incluso se le ha llamado —a veces peyorativamente— neolibe- ralismo. En esta economía la inter- vención del Estado se ha reducido mucho, los países se han abierto al comercio exterior, se han privati- zado las empresas estatales, se han quitado permisos, controles y sub- sidios, los servicios sociales se han congelado o suprimido y el sindi- calismo ha declinado. En muchos países latinoameri- canos, con dolorosos altibajos, la nueva política económica logró re- ducciones en la inflación, mayores tasas de crecimiento y una razona- ble estabilidad económica; aunque soportando el pesado lastre de una deuda externa muy alta, herencia de los excesos populistas anterio- res a la década perdida. Esta economía de mercado, au- nada a la globalización, ha creado un fenómeno que en nuestro país es más preocupante: la brecha exis- tente en el ingreso de ricos y pobres. Este aumento de la desigualdad económica y, por consiguiente, so- cial en América Latina es creciente y muy grande. El investigador canadiense Al- bert Berry ha señalado que «la
21 La Cuestión Social Año 25, n.1 mayoría de los países latinoame- ricanos que han introducido re- formas económicas a favor del mercado en los últimos 20 años han sufrido también serios incre- mentos en la desigualdad». En 1995, una comisión de per- sonalidades del BID, la CEPAL y el PNUD, presidida por Patricio Alwyn, que evaluó la situación so- cial de la región, afirmaba: «Aun- que la pobreza es un problema de larga data en la región, los proce- sos de ajuste y reestructuración (económica) de los años 80 acen- tuaron la concentración del ingre- so y elevaron los niveles absolutos y relativos de la pobreza». The New York Times, en 1997, señaló a América Latina como «la región que tiene la mayor brecha entre ricos y pobres». El 20% más rico de su población tenía el 52.9% del ingreso y el más pobre el 4.5% del ingreso, menos que en África. En nuestro país esas cifras fueron muy semejantes: 52.6 y 4.8%. La nueva política económica, en los países en desarrollo, sostiene que una cierta desigualdad es in- evitable en su inicio, pero que des- pués habría un derrame o trickle down que reduciría las desigualda- des. La realidad es que esto llega demasiado tarde o nunca. Amartya Sen, premio Nobel de economía, ha afirmado que el creci- miento con equidad es perfectamen- te posible y Joseph Stiglitz, del Banco Mundial, ha dicho algo semejante: «Hay relaciones positivas entre cre- cimiento e igualdad. Altas tasas de crecimiento proveen recursos que pueden ser usados para promover la igualdad. Y asimismo, un alto grado de igualdad ayuda a sostener altas tasas de crecimiento». A pesar de ello, 80 países tienen todavía ingresos per cápita infe- riores a los de hace un decenio y, por lo tanto, es evidente que han de adoptarse a escala mundial me- didas para reducir la marginación de los países pobres y pequeños, y realizar actividades públicas enca- minadas a desarrollar tecnologías a favor del desarrollo humano y la erradicación de la pobreza. En nuestro país, la pobreza ex- trema —que más bien debería lla- marse miseria— aflige a alrededor de 26 millones de personas y de- be entenderse como tales quienes perciben menos de un dólar al día. Ante esta situación en el mundo, y sobre todo en nuestro país, los hombres del tercer milenio habrán de afrontar seriamente el reto de erradicar la pobreza extrema, las- tre económico y llaga social que clama a la conciencia. Han de aspi- rar a alcanzar en poco tiempo esta noble meta y comprometerse viva- mente a luchar y trabajar para ello con todos los medios a su alcance. En esta tarea fundamental de erradicar la pobreza extrema ha- brán de utilizarse todos los medios para hacer productivos a los po- bres. Deberán promoverse al máxi- mo los proyectos de autoempleo, microempresas, cooperativas, au-
22 La Cuestión Social Año 25, n.1 toconstrucción de viviendas y pro- moción de indígenas y pequeños productores rurales. Algo a lo que habrá que dar tam- bién atención en el nuevo siglo, ante el problema del desempleo —originado en buena parte por el avance tecnológico—, será fo- mentar al máximo el ahorro y la inversión productiva. En países en desarrollo, para generar ocupación para los cente- nares de miles de individuos que cada año ingresan al mercado de trabajo, son necesarias muy altas tasas de ahorro, indispensables para financiar la inversión. Hoy, ante el desbordamiento del consu- mo, se impone una nueva cultura en la adquisición de bienes que ha- gan posible ese ahorro. Es urgente crear conciencia de que los excesos en el consumo — que se han denominado ‘consu- mismo’— privan al conjunto de la sociedad de los bienes de produc- ción para emplearse o trabajar por cuenta propia. Habrán que con- vencerse, sobre todo ustedes los jóvenes, de que el tener algo de- be ser compatible con ponerlo a la disposición de los demás para que puedan ganarse la vida. Y nunca se insistirá demasiado en que si se ha definido al empre- sario como ‘aquel que tiene la habi- lidad de invertir’, ustedes, quienes lo sean, deben comprometerse a ponerla en acción. Tienen el deber moral de hacerlo. México más que nunca, para el nuevo siglo, necesi- tará esos empresarios dinámicos, capaces y comprometidos que con- tribuyan a incorporarnos como un país desarrollado en el concierto de las naciones del mundo. En esta gran tarea, los empresa- rios tendrán que pugnar por deste- rrar la relación adversaria dentro de su empresa —fruto de la ideo- logía de lucha de clases— y cons- truir una nueva cultura laboral para unir a todos los integrantes de la empresa en un proyecto co- mún. Éste es un signo de los tiem- pos muy alentador. Otro objetivo al que deberá abo- carse —sin remedio— el hombre del milenio es al cuidado del me- dio ambiente. Este objetivo, por desgracia, está fuera de la con- ciencia y de la responsabilidad de mucha gente, por los costos que tiene en el corto plazo. El daño que el hombre de hoy está infligiendo al planeta es igno- rado y menospreciado. La destruc- ción de los bosques aumenta, crece la desertificación, la contaminación del mar, los lagos y los ríos aumen- ta también, la capa de ozono de la atmósfera se deteriora y el calen- tamiento del globo se incrementa con riesgos inimaginables. Mucho de lo que está ocurriendo se debe a la acción irrestricta de los actores del mercado que, de acuer- do con su lógica, ven solamente sus intereses y a corto plazo. Esto nos lleva a la necesidad, ya frecuentemente señalada, de que
23 La Cuestión Social Año 25, n.1 las actividades del mercado —mo- vidas sólo por el interés propio— de algún modo deben ser vigiladas y en ciertos momentos aun ser con- troladas por el Estado, el cual tiene la responsabilidad de velar por el bien de todos los ciudadanos. Ante el derrumbe del comu- nismo, los socialismos modera- dos como el laborismo inglés y la social-democracia alemana se replegaron, pero las fallas que ya muestra la política económica lla- mada ‘neoliberal’ está dando lugar a su retorno en algunos países, in- cluso bajo el título de ‘tercera vía’. En el fondo, esta tendencia es ra- zonable. Debe desterrarse lo que se ha llamado ‘economía de mer- cado’ a secas y pugnar porque ten- ga una responsabilidad. Se quiere mercado, sí, pero con un Estado subsidiario y promotor y una so- ciedad participativa y solidaria para que esa economía esté ver- daderamente al servicio de todo el hombre y todos los hombres. El diseñar y mantener esa econo- mía de mercado con responsabi- lidad social deberá ser aspiración y compromiso de los hombres del milenio para construir una convi- vencia justa, pacífica y civilizada. Al llegar a este punto, debemos examinar cuál será o debería ser su actitud ante el Estado, o dicho de otro modo, cuál será o debería ser su conducta política. El hombre de hoy no puede sus- traerse a lo político. Es imperati- vo de algún modo participar en lo que se ha llamado la ‘cosa públi- ca’; participar en la construcción del bien común. Y en esto se nos presenta la de- mocracia, que si bien tiene imper- fecciones, es todavía el sistema que mejor —o si se quiere, menos mal— ha hecho posible esa convi- vencia justa, pacífica y civilizada a la que aspiramos. La democracia es confrontación, movimiento, cambio. Aquí vale la pena transcribir la definición de democracia, a mi juicio genial, del ex primer ministro de Israel, Shi- món Peres: «La democracia implica una divi- sión, una colección de desacuerdos. No es un lugar de gente similar, si- no de gente diferente. Su principio no es la igualdad, sino la igualdad de derechos para que cada quien sea diferente; y no obstante las di- ferencias y los puntos de vista va- riados, sea posible vivir juntos y sin violencia. La democracia es la historia de la pluralidad y la tole- rancia, no la de la victoria y la im- posición. Por ello, no hay victorias en la democracia, hay paz; y la paz es la verdadera victoria de la vida política de los pueblos». La democracia es el hogar de la diferencia, pero siempre y cuando acepte el ordenamiento axiológico de verdades múltiples, coexistien- do en el mismo tiempo y lugar. Federico Reyes Heroles, desta- cado sociólogo, dice citando a un
24 La Cuestión Social Año 25, n.1 reciente estudio de Freedom Hou- se, que si bien en la comunidad in- ternacional ya hay 118 países que califican como democracias elec- torales, sólo 79 son considerados como democracias verdaderamen- te libres, y señala que estas demo- cracias deben añadir a elecciones libres una serie de condiciones: po- der judicial independiente, restric- ciones al Ejecutivo, protección a los derechos individuales y a las liber- tades de expresión, de creencias, de asociación y de participación y consideración a los derechos de las minorías, entre otras. En nuestro país, el tránsito a la democracia ha avanzado sobre to- do al disminuir la población rural dispersa y al aumentar la educa- ción y las comunicaciones. El frau- de se ha desterrado. Se fortalece un pensamiento de centro que ocupa alrededor del 85% del electorado. El reto para los mexicanos en el próximo milenio es consolidar este avance democrático. Aspirar a una verdadera democracia en nuestro país es imperativo, pero para ello debemos comprometer- nos a su plena vigencia. Las crisis recurrentes que he- mos sufrido se deben, a mi juicio, a grandes fallas de nuestras au- toridades. Unas han sido ineptas, otras corruptas y unas cuantas ambas cosas. Esto sólo se corre- girá con una participación cívica y política de toda la ciudadanía. La acción del Estado es indispensa- ble en muchos ámbitos de la vida humana, pero sólo se mantendrá dentro de sus límites propios con una acción crítica y vigilante de esa ciudadanía. Se impone en la sociedad plural —que ya es la nuestra— llegar a un acuerdo en lo esencial, en los valores mínimos para esa convi- vencia justa, pacífica y civilizada que hemos mencionado. Y aquí de- be señalarse que una reafirmación del papel de la nación es impor- tante como fuerza estabilizadora frente a la fragmentación que se advierte. Reconociendo que se de- be ser tolerante con la diversidad y afiliación múltiple de la población, de todos modos esa reafirmación de la identidad es indispensable. Al llegar a este punto en que de- bemos examinar lo social, salta a la vista de inmediato un fenómeno de las últimas décadas que es un in- dividualismo utilitario y hedonista, en el que predomina lo que se ha llamado el “yo–primero”. Una acti- tud muy extendida en los países de- sarrollados que nos llega también a México. Una falta de interés casi to- tal por los demás y una afirmación desmesurada de lo propio. Otro fenómeno social que también preocupa es el debilitamiento de la familia. En nuestro país, la familia que siempre supusimos era unida y estable está en crisis. Millones de hogares son sostenidos exclusiva- mente por mujeres. Miles de niños crecen sin conocer a sus padres. Esta crisis de la familia se de- be en parte a que cada día más la mujer trabaja fuera del hogar; pe-
25 La Cuestión Social Año 25, n.1 ro sobre todo, a mi juicio, al debi- litamiento del matrimonio como institución que protege y da esta- bilidad al vínculo conyugal. Y es- te debilitamiento se debe a su vez, debemos reconocerlo, a una nueva cultura a favor de la relación se- xual fuera del matrimonio, que se manifiesta en la promiscuidad, el amor libre, las relaciones prema- trimoniales, la infidelidad conyu- gal y las perversiones que, si bien siempre han existido, hoy se pre- sentan de manera más extendida y aun, en ciertos medios, abierta- mente aceptadas. Este debilitamiento del matrimo- nio y la familia tiene como conse- cuencia que sufre la educación de los hijos. La educación en el hogar es el fundamento de la educación moral de niños y jóvenes. A falta de ella se deteriora la fibra moral de las personas y consecuentemente el tejido social, fenómeno generali- zado que padecemos y que se ma- nifiesta en inseguridad, violencia, deshonestidad, adicciones, corrup- ción y falta de respeto a la autori- dad, entre otros males. Por su lugar en la familia, y en forma creciente en el trabajo, la política y la vida social, debemos examinar cuál será en el futuro el papel de la mujer. No hay duda del lugar relevan- te que la mujer ha alcanzado hoy en muchas actividades de la vida social, a las que ha aportado su singular habilidad y sensibilidad. Cada día se verá una mayor parti- cipación de ella en campos en los que ha estado ausente o de ma- nera mínima. Incluso, alguien ha afirmado que el hombre del tercer milenio será una mujer. Sin embargo, las mujeres del ter- cer milenio deberán afrontar el reto de preservar la vocación de madre que la mujer tiene por su naturaleza y la de dueña y señora del hogar por su historia. Si en aras de afirmar su justificada igualdad esencial con el hombre la mujer se masculiniza, sería una gran pérdi- da para la humanidad. Un fenómeno social al que la ge- neración adulta, que se adentre en el nuevo siglo, habrá de abo- carse es el de las migraciones hu- manas y los problemas que esas migraciones crean. Y esto no se refiere sólo a los desplazamientos de unos países a otros con los problemas de desa- rraigo familiar y shocks culturales, sino en nuestro país a la migración campo–ciudad que da lugar a los asentamientos humanos irregula- res y cinturones de miseria en la periferia de las ciudades. Esto cau- sa graves problemas como delin- cuencia, insalubridad, ambulantaje y presiones sociales y políticas que se quieren combatir como causas mayores de otros males, cuando en realidad son sus consecuencias. El crecimiento demográfico en México ha venido moderándose en los últimos años, pero sigue alto en zonas rurales e indígenas. Crear una mentalidad de paternidad res- ponsable será necesario.
26 La Cuestión Social Año 25, n.1 Todo esto nos lleva al que consi- dero el gran tema del nuevo siglo: la educación y al que el hombre del milenio deberá comprometerse a brindarle su mayor atención. Se ha hablado mucho de que la educa- ción es la gran palanca para el de- sarrollo. Y para impulsarla habrá que fortalecer la educación básica, aumentar el número de horas y días de estudio, realizar rigurosas evaluaciones periódicas, fomentar las escuelas de padres de familia, capacitar, responsabilizar y esti- mular más al magisterio y mejorar lo que publican y difunden los me- dios de comunicación. Y en este propósito no sólo insis- tir en la instrucción y capacitación indispensables para la competitivi- dad y la globalización, sino en lo que debe ser la educación en su más alto sentido, en la formación del carácter de los educandos, en la difusión de los principios y valores morales que contribuyan sobre todo a su bienser, tarea a la que deben concurrir tam- bién la familia y las Iglesias. Educación moral que se impon- drá en un mundo donde el consu- mo excesivo, el ansia del placer y el egoísmo se están extendiendo. La decadencia de las naciones, se- gún nos enseña la historia, se ini- cia cuando los pueblos abandonan los principios morales y la práctica de las virtudes indispensables para una sana convivencia. Esto ya lo di- jo Octavio Paz elocuentemente: «Lo mismo para los pensadores antiguos que para los modernos, de Aristóteles y Cicerón a Locke y Montesquieu, sin olvidar al mismo Maquiavelo, la salud pública de las sociedades dependía de la virtud de los ciudadanos. Se discutió siempre el sentido de esa palabra, pero cual- quiera que sea la aceptación que se escoja, el vocablo denota siempre dominio sobre nosotros mismos. Cuando la virtud flaquea y nos do- minan las pasiones —casi siempre las inferiores: la envidia, la vanidad, la avaricia, la lujuria, la pereza— las repúblicas perecen. Cuando ya no podemos dominar a nuestros ape- titos, estamos listos para ser domi- nados por el extraño. A medida que la virtud se debilita, crece el río de la sangre». El reto del hombre del tercer milenio será que tendrá que en- frentarse a lo que se ha llamado ‘relativismo moral’, que es, en pocas palabras, dejar a la libertad de cada uno lo que es el bien y el mal. Esta decisión no puede dejarse a la subjetividad de cada uno. Hay normas morales, de valor universal y permanente, que son válidas por sí mismas y que la sabiduría de casi todos los pueblos han hecho suyas y las han observado y pagado un altí- simo precio cuando no lo han hecho. Hoy, a tono con el individualismo prevaleciente, se insiste mucho en los derechos humanos y existe la famosa carta de las Naciones Uni- das que los sustenta. ¿No nos está haciendo falta una carta de los de- beres humanos? En nuestro país este deterio- ro moral es evidente. Ya hemos
27 La Cuestión Social Año 25, n.1 mencionado algunas de sus ma- nifestaciones y una que desafor- tunadamente pesa mucho entre nosotros es la corrupción. Federico Reyes Heroles, en su re- ciente libro Memorial del mañana, profundiza en el tema y lo que no dice es muy doloroso: «La corrup- ción en México es brutal». Uno de cada tres mexicanos considera que violar la ley no es grave; uno de cada cuatro considera natural que haya prácticas inmorales y uno de cada cinco ha caído en cierto des- ánimo y considera que siempre ha existido: “así somos y así seremos”. Y añade que en un recuento re- ciente de Transparencia Interna- cional, México es calificado en esta materia entre los países más bajos superado sólo por: Pakistán, Rusia, Colombia, Bolivia y Nigeria. Aquí es oportuno insistir en los daños que causan algunos conteni- dos de los mensajes, espectáculos y programas de los medios de co- municación como el cine, la radio, las publicaciones y la televisión. Especialmente, por el menospre- cio de los valores de la familia, el desorden sexual y la violencia que de algún modo no sólo justifican, sino aun alientan. Un estudio reciente afirma que alrededor de los años 50, en la manera de pensar de la gente y en su conducta, la influencia de la familia era aproximadamente del 45% y la de los medios de co- municación 5%; ahora es del 27 y 23%, respectivamente. No hay duda que en la influencia de los medios de comunicación, la de la televisión, por mucho, es la más importante y entraña riesgos muy grandes no sólo en lo moral, sino también en lo político. Karl Popper, famoso pensador, dijo unos meses antes de su muer- te que el poder de la creciente in- fluencia de la televisión era una real amenaza para la democracia y que el Estado debiera tenerlo muy en cuenta. Educación del carácter, práctica de la virtud, promoción de los va- lores, formación moral. Cada día se habla más de esto porque se siente vivamente su necesidad. Estoy convencido que el hombre del tercer milenio tendrá que re- tornar al aprecio de la moral y a las buenas costumbres y compro- meterse a sostenerlas por su pro- pia supervivencia y felicidad. Y debe señalarse que los princi- pios morales tienen más solidez y fuerza cuando están fincados en una fe religiosa. Los destacados historiadores Will y Ariel Durant, no creyentes, afirmaron: «No hay un ejemplo en la historia, antes de nuestro tiempo, una sociedad que no mantenga eficazmente una vida moral sin la ayuda de la religión». La realidad es que vivimos en un mundo en el que los medios de co- municación nos condenan a las apa- riencias y callan en lo esencial; en el que lo que dicen los líderes es para dar gusto a todos y así avanzamos hacia el porvenir. Es la cultura de hoy
28 La Cuestión Social Año 25, n.1 que olvida las premisas que están en la conciencia del hombre, de donde brotan las últimas preguntas. Preguntas malditas que decía Dostoievsky. Preguntas que Paul Gauguin inscribió en una de sus pin- turas: «¿De dónde venimos? ¿Qué somos? ¿A dónde vamos?». A las que yo añadiría: ¿por qué estamos aquí? ¿Qué sentido tienen el mundo, el hombre; la vida y la muerte? La fe nos lleva a adentrarnos en el misterio de Dios. Misterio insonda- ble que se nos escapa, pero del que no podemos sustraernos. El hom- bre del tercer milenio, deslumbra- do por los avances de la ciencia y adormecido por las comodidades de la modernidad, trata de no ir más allá de lo cotidiano; pero ten- drá que afrontar tarde o temprano estas dramáticas preguntas, pues de lo contrario irá declinando irre- mediablemente su humanidad. Los avances científicos, que he mencionado al inicio de esta ex- posición, son asombrosos y sus consecuencias, como dije, son ini- maginables y podrían ser aterrado- ras. La aspiración prometeica de los hombres de ciencia, de ir cada día más al fondo de las cosas, es una tarea sin fin. Franceso Severi, ma- temático, amigo de Einstein, decía que cuando más se adentraba en la investigación científica, más se enfrentaba a un absoluto que se oponía a dejarse alcanzar por los medios a su disposición. Prevalece hoy un nihilismo que es agnóstico, placentero, confor- mista y que proclama la trivia- lización de la existencia. No hay esperanza, ningún ideal, ningún valor, sólo el tener un placer pron- to y a cualquier precio. Hay un gran vacío en la vida humana. Y sin em- bargo, llega un momento en que los hombres de hoy buscan cons- ciente o inconscientemente a Dios. Será necesaria una revolución en defensa del ser humano y ésta só- lo podrá tener un signo: el signo religioso. Lo dijo André Malraux, quien fuera ministro de Cultura en Francia hace años: «El siglo XXI se- rá religioso o no será». Y en esta tarea los cristianos de- beremos comprometernos en la búsqueda continua de Jesucristo, abrirnos a su encuentro y presen- cia y perseverar en su seguimiento, de tal modo que con el amor al pró- jimo y nuestra conducta demos tes- timonio de nuestra fe y esperanza. Los hombres y mujeres del ter- cer milenio han de afrontar no sólo una nueva sociedad, sino el comienzo de una civilización en- teramente nueva, que no dispone todavía de sus instituciones. Les incumbe la responsabilidad de un cambio trascendental. Deben comenzar por sí mismos, apren- diendo a no cerrar sus mentes a lo aparentemente distinto y radi- cal. A no adaptarse simplemente ante lo inevitable, sino influirlo pa- ra que se oriente en sentido cons- tructivo. Han de ser protagonistas en su medio y escala y no ser sim- ples espectadores resignados.
29 La Cuestión Social Año 25, n.1 Han de aspirar a la paz, al equi- librio y a la serenidad, después de un siglo de polarizaciones ideoló- gicas, excesos y violencia. Todos los seres humanos anhe- lan la felicidad. Hay que construir- la paso a paso pugnando por la convivencia democrática, fortale- ciendo la familia, insistiendo en el trabajo productivo, impulsando la educación que capacita y eleva, re- catando lo espiritual y religioso y promoviendo la solidaridad entre los hombres que habrán de buscar, antes de un acuerdo de mentes, un acuerdo de corazones. En un mundo complejo y vertigi- noso nos acercamos al nuevo mile- nio con incertidumbre y asombro. Sin embargo, los mexicanos he- mos de afrontarlo con esperanza. En México tenemos un gran país y —a pesar de sus defectos— un gran pueblo. Tenemos fe en Dios, alegría de vivir, tradiciones valio- sas, reciedumbre ante las vicisitu- des, capacidad de entendimiento y sentido de nación. Enrique Krauze ha dicho que en México se nos ha dado la unidad en la diversidad y diversidad en la unidad, un verda- dero milagro, y que lo único que nos hace falta es recobrar el ánimo. Tengamos confianza. CS La cuestión social, IMDOSOC, año 7, no. 4 (invierno, 1999), pp. 326-336.
30 La Cuestión Social Año 25, n.1 C uando los jóvenes observan a los viejos, les cuesta entender que éstos fueron como ellos son ahora. Hay que descubrir, detrás de las arrugas y las canas, al joven que el viejo fue algún día, lleno de vigor, de vida y de ilusiones. Y quizás por eso nosotros los viejos, queremos hablar, queremos comunicarnos con ustedes, los jóvenes. Porque así tene- mos la esperanza de que ustedes po- drán continuar la obra emprendida. La vida se abre ante ustedes, jó- venes, con todas sus posibilidades. Con la oportunidad de realizar ilu- siones y proyectos. Con el riesgo de encontrar desengaños y fracasos. Y a veces el aguijón clavado, la pregunta personal e insoslayable: ¿Quién soy yo? ¿Qué es todo lo que me rodea? ¿Quién es Dios? ¿Por qué estoy aquí? Como todos los seres humanos ustedes aspiran a la feli- cidad. La gran cuestión es discernir cuál es la verdadera felicidad y cuá- les los medios para alcanzarla. En la vida social hay fundamental- mente tres cauces ordenadores de la conducta: la ley, las buenas cos- tumbres y la moral personal. La ley es el último recurso para ordenar la convivencia. Las normas sociales o buenas costumbres facilitan la or- denación de la conducta de los ciu- dadanos. Pero es la moral personal, con su mayor exigencia, la que en definitiva puede asegurarla. ¿Qué es la virtud? En pocas palabras puede decirse que es, en el orden na- tural, la buena disposición de los seres humanos para obrar el bien. La vida social, para su desenvolvimiento pa- cífico, próspero y civilizado requiere mujeres y hombres virtuosos. A las virtudes del pensamiento clásico: prudencia, justicia, fortale- za y templanza, el cristianismo aña- dió el mandato del amor fraterno. La vida del ser humano se desen- vuelve en cuatro áreas fundamentales, que para mejor ilustración podríamos inscribir en cuatro círculos concéntri- cos: La primera, la más interior, es el área personal. Corresponde a lo más íntimo de cada uno: su salud, su con- dición física, su presentación personal, sus conocimientos y su cultura, su for- mación moral, su vida espiritual. Para nosotros los cristianos es lle- nar la sed que tenemos de infinito y de absoluto con la presencia cálida y definitiva de Jesucristo en nues- tras vidas, con todo lo que ello com- porta de fervor espiritual, oración, esperanza y conducta moral, que sobre todo debe manifestarse en el amor a Dios y a nuestros hermanos. El área siguiente, la segunda, es la de la vida familiar y afectiva. De la fami- lia se recibe apoyo, seguridad, consejo, ejemplo, afecto. Ella ha sido para la hu- manidad el refugio por excelencia. De la relación amorosa que ya llegó o que llegará muy pronto a Los jóvenes ante la realidad de hoy
31 La Cuestión Social Año 25, n.1 sus vidas ¿qué puedo decirles? Las novias y los novios deben conside- rarse como una posibilidad para un mayor y definitivo compromiso y su preparación para el mismo. La tercera área, que se refiere al mundo del trabajo. Descubrir la vocación personal es una de las tareas fundamentales de todo ser humano. Si siguen ustedes el cami- no para el que sus facultades y su habilidad les llaman es muy proba- ble que alcancen el éxito. Para ayudarse a descubrir la pro- pia vocación e incluso para acrisolar el hábito del trabajo, no hay como co- menzar a trabajar desde muy chico. Si ustedes quieren conseguir bue- nos empleos, conservarlos y progresar, el tener sentido de responsabilidad es indispensable. Las personas respon- sables no abundan. Por eso quienes lo sean pueden estar seguras que se les abrirán insospechadamente opor- tunidades en todas partes. Otras dos cualidades que apreciamos mucho los jefes es la puntualidad y la asistencia. En nuestro país, ahora han lanzado en muchas capas sociales, al vértigo del consumismo, al exceso desborda- do de consumo, el insistir en el aho- rro es de urgencia ineludible. Veamos ahora la cuarta y última área de actividades. La de nuestra responsabilidad, más allá de nuestras familias y de nuestras amistades. Todo esto se encuadra en el bien común, que es el conjunto de con- diciones sociales (valores, recur- sos, normas, instituciones) que hacen posible el pleno desarrollo de las personas y los grupos. ¿Saben ustedes de las innumera- bles necesidades no satisfechas que hay en nuestra sociedad? ¿Saben us- tedes de las vidas perdidas, destro- zadas, que terminan en los asilos, en los hospitales y en las prisiones? Organícense para juntos ayudar a enfermos, a niños, a ancianos, a dar catecismo, a dar orientación y con- sejo. No solamente van ustedes a dar, van ustedes a recibir y muchas veces a recibir emocionantes leccio- nes de bondad humana. Y también, en su momento, de- ben ustedes preocuparse por la vida cívica y política. La democra- cia y las libertades fundamentales sólo se alcanzan y conservan con la participación responsable de to- dos los ciudadanos, en la medida de sus posibilidades. México es un país de jóvenes. No pueden ustedes cruzarse de brazos y esperar que los adultos hagamos todo. Pugnen ustedes para que sus vidas dejen una huella, en lo personal, en sus familias, en sus estudios y traba- jo, en la vida social, en nuestra patria. Y lo van a conseguir, pero no se olviden que nada que vale la pena se consigue sin entusiasmo, esfuerzo, riesgo, sufrimiento y Gracia de Dios. CS Signo de los tiempos, IMDOSOC, año 20, no. 131 (jun., 2004), p. 7.
32 La Cuestión Social Año 25, n.1 ¿P uede alguien escandalizar a media noche y no dejar dormir a los demás? ¿Puede embo- rracharse y obligar a otros a oír sus impertinencias? ¿Puede enseñar a los niños a torturar a sus compañe- ros? ¿Puede incitar al robo, el odio o la violencia? ¿Puede desnudarse en un lugar público y obligar a ver su desnudez? ¿Puede enseñar a ha- cer explosivos y a emplearlos con fines terroristas? ¿Puede, sin razón, gritar «¡fuego!» en un cine lleno de gente? ¿Puede invitar a mi hija a prostituirse? ¿Puede insultarme, calumniarme o difamarme? Es obvio que estas acciones y otras semejantes no pueden jus- tificarse en uso de la libertad de expresión. Es evidente que esta li- bertad está limitada por la respon- sabilidad de responder de todos sus actos y de no dañar u ofender a los demás. Y en muchas ocasiones, la autoridad ha de intervenir para exigir esta responsabilidad y evitar que a nadie se ofenda o dañe. Con demasiada facilidad, quienes hablan, escriben, enseñan o entre- tienen, hacen una defensa cerrada de la libertad de expresión: una li- bertad sin restricciones de ninguna especie. Y advierten de inmediato el peligro de la mordaza y la censura. En toda sociedad, la libertad de ex- presión es un derecho humano fun- damental. Sin ella, el intercambio de ideas, valores y proyectos, la creativi- dad artística, el desarrollo científico y el progreso económico difícilmen- te podrían existir, y la crítica social y política, tan necesaria para una vida democrática, sería casi imposible. La libertad entraña audacia, ries- go, creatividad, imaginación, retos y rupturas, pero la realidad de la vi- da exige también orden, sensatez, prudencia, responsabilidad y dis- ciplina, cauces civilizados para la libertad. Y muchos sostienen que esa libertad de expresión, que ha de tener la responsabilidad de respon- der de su ejercicio y no ofender o dañar a los demás, debe asimismo contribuir, de algún modo, a su bien para justificarse socialmente. En los seres humanos, las ideas conducen a los actos y las malas ideas conducen a los actos malos. ¿Qué es lo que hace que una per- sona sea cada vez más persona? Hoy se plantea la cuestión de qué es bueno y qué es malo, y se dice que sobre esto no hay acuerdo porque todo es subjetivo. Sin embargo, en la mayoría de la gente hay una clara conciencia de lo que está bien y lo que está mal. Y las respuestas que se reciben a las preguntas arriba ex- presadas así lo demuestran. Examinando la realidad, obser- vamos que existen ideas y valo- Libertad sí, irresponsabilidad no
33 La Cuestión Social Año 25, n.1 res que se oponen, pero que no se contradicen. Ideas y valores que se sustentan por sí mismos y que coexisten en esa realidad como polos de un todo. Y la gama de esos opuestos en muy extensa. Pensemos en naturaleza‒cultura, razón‒sentimiento, teoría‒prác- tica, análisis‒síntesis, trabajo‒ ocio, reflexión‒acción… Y desde luego, libertad‒responsabilidad. En la vida cotidiana esta oposi- ción tiene como rasgo fundamental una tensión permanente y requie- re, para su eficacia, que se equilibre o armonice en una realidad difícil de definir y de alcanzar. Otro binomio semejante a los an- teriores es el de libertad‒orden, cuya conciliación con frecuencia se exige en el campo económico. Acer- ca de esto, hace años el destacado economista Wilhem Roepke dijo que «así como un reloj necesita no sólo un volante que regule su mar- cha, sino además una cuerda que lo mantenga en movimiento, así es im- posible una economía satisfactoria sin un sistema de fuerzas propulsi- vas y ordenadoras». Como conclusión puede decirse que la sociedad contemporánea, para asegurar una convivencia pa- cífica y civilizada, ha de esforzarse por respetar y sostener las ideas y valores fundamentales que le son indispensables y que inevitable- mente han de conciliarse. Juan Pablo II se preguntaba hace ya tiempo cómo podría vivirse la libertad sin que ésta se destruyese a sí misma. Y afirmaba que si la cultura es el motor de la historia, las economías libres y las comuni- dades democráticas deberían con- solidar los cimientos de una moral pública enérgica, capaz de discipli- nar la gran energía humana desa- tada por la libertad. CS La cuestión social, IMDOSOC, año 9, no. 2 (abril - jun., 2001), pp. 195-196.
34 La Cuestión Social Año 25, n.1 P ara muchos, los jóvenes son y seguirán siendo la rique- za humana más codiciada y quizá la más inexplorada de todas. Los jóvenes son, por así decirlo, tierra fértil donde puede darse casi cual- quier cosa, buena o mala, y ello los hace ser, desde luego, presa fácil de la depredación humana. Los jóvenes están llamados a ser no sólo objeto de la solicitud pas- toral de la Iglesia, sino que además son, y deben ser incitados a serlo, sujetos activos, protagonistas de la evangelización y artífices de la re- novación social. Pero, ¿cómo hacer que los jóvenes sean protagonistas de la evangelización y artífices de la renovación social? Christifideles Laici nos dice que la juventud es el tiempo de un des- cubrimiento particularmente in- tenso del propio «yo» y del propio «proyecto de vida»; la sensibilidad de la juventud percibe profunda- mente los valores de la justicia, de la no violencia y de la paz. Su cora- zón está abierto a la fraternidad, a la amistad y a la solidaridad. A este respecto, Pablo VI nos di- ce que es necesario que los jóvenes, bien formados en la fe y arraigados en la oración, se conviertan cada vez más en los apóstoles de la juventud. La Iglesia debe buscar un diálogo con los jóvenes, toda vez que, co- mo dice Christifideles Laici: la Igle- sia tiene tantas cosas que decir a los jóvenes, y los jóvenes tienen tantas cosas que decir a la Iglesia. El problema del cómo evange- lizar es siempre actual, ya que éste cambia según las diversas circunstancias de tiempo, lugar e idiosincrasia; por eso plantean un desafío a nuestra capacidad de descubrir y adaptar. La evangelización nos recuerda Evangelii Nuntiandi, pierde mu- cho de su fuerza y de su efica- cia si no toma en consideración al pueblo concreto al que se diri- ge, si no utiliza su «lenguaje», sus signos y símbolos, si no responde a las cuestiones que plantea, no llega a su vida concreta. ¿Qué es lo que debemos trans- mitir a los jóvenes? Debemos recordar que evange- lizar es dar testimonio, de una ma- nera sencilla y directa, de Dios. Se trata, entonces, de impulsar a la creación de una comunidad que sea capaz de iniciar un diálogo con los jóvenes y los incite a ser sujetos activos de la evangelización y la re- novación social, en una palabra, ser protagonistas de la acción social y política a la luz del Evangelio. Signo de los tiempos, IMDOSOC, año 17, no. 100 (sep. - oct., 2001), p. 31. La juventud en la Iglesia Protagonistas y artífices de la evangelización
35 La Cuestión Social Año 25, n.1 E n el pasado, la gente insistía en el valor del trabajo duro y en- contraba en la familia, en la iglesia o en las organizaciones voluntarias privadas, la ayuda que necesitaba en épocas difíciles. Pero en el últi- mo siglo en el mundo occidental, el Estado ha tomado a su cargo lo que esas instituciones hacían, dan- do nacimiento a lo que se ha llama- do el Estado benefactor (welfare State). El Estado, en la actualidad, ha asumido la responsabilidad de suministrar a la mayoría de la po- blación cada vez más servicios y bienes gratuitos o subsidiados. Y esto lo ha realizado con el propósito de reducir las desigualdades socia- les y “redistribuir el ingreso”. La consecuencia de esta políti- ca es que más y más grupos de la sociedad, incluso sus clases me- dias, pretendan recibir los bene- ficios de esa redistribución del ingreso, con el resultado de que a muchos “se les quita con una mano lo que se les da con la otra”. Y como la intermediación guber- namental es costosa, a menudo reciben menos (en subsidios y servicios) que lo que aportan (en contribuciones e impuestos). Sin duda, se espera que un Estado socorra a los más necesitados del país. Pero se supone que al cum- plir con ello ha de hacerlo pruden- temente. Las ayudas han de llegar, sobre todo, a los que no pueden va- lerse por sí mismos. Y por otra par- te, no deben de darse a quienes sí tienen la capacidad de hacerlo. Holanda es un país cuyo gobier- no, en los últimos años, ha recor- tado las ayudas indiscriminadas por enfermedad, desempleo y otras eventualidades. De este modo, ha podido atender mejor a un núme- ro de beneficiados que estaban más urgidos por su impotencia para mi- rar por sí mismos. El criterio de jui- cio ha sido el de ayudar solamente a quienes lo necesitaban de verdad y no de ayudar por igual a quienes podían valerse por sí mismos. En parte, como resultado de esto, en los últimos tres años el gobierno ha podido reducir el gasto público 9% y disminuir su déficit por debajo del 8% del producto. Kees van Kerbergen, politólogo de la Universidad de Amsterdam, prevé una sociedad que cuida (ca- ring society), disminuida en sus alcances y menos reglamentada, que suplante al Estado benefactor. Esta sociedad que imagina, ayu- daría solamente a aquellos muy necesitados y no trataría de ha- cerlo con todos por igual. Juan José Llach dice que si se po- ne igual énfasis en una distribu- ción igualitarista del ingreso que beneficie a las clases medias y en “La sociedad que cuida”: un nuevo concepto
36 La Cuestión Social Año 25, n.1 la lucha contra la pobreza, el de- sarrollo es casi imposible. Y por eso, en la política social deben dis- tinguirse más nítidamente que en el pasado los derechos igualitarios en general de los derechos de quie- nes viven en la pobreza extrema. Considera que es sobre estos últi- mos donde debe concentrarse la lucha por la justicia social. No hay duda que ante los altísi- mos costos y limitaciones del Esta- do benefactor, la solución del futuro está en la sociedad que cuida. CS Signo de los tiempos, IMDOSOC, año 3, no. 16 (sep. - oct., 1987), pp. 1-2.
37 La Cuestión Social Año 25, n.1 E xaminando las ideas, se llega a observar que existen concep- tos que son aparentemente opues- tos o polos de una misma realidad. Pensemos en libertad-orden, persona–sociedad, reflexión–acción, sujeto–objeto, unidad–diversidad, naturaleza–cultura, trabajo–ocio, racionalidad–sentimiento, estabilidad–flexibilidad, sencillez– complejidad, y aun en igualdad esencial–desigualdad existencial y en amor a sí mismo–amor al prójimo. Muchas veces se requiere que esta oposición aparente, esta bi- polaridad, se disuelva, equilibre o integre en una realidad vital, difícil de definir, y que tiene como rasgos una tensión permanente y una va- riabilidad de grados de equilibrio o integración. No creo que este equi- librio o integración corresponda a la “síntesis” del proceso dialéctico, porque ésta surge de la negación de la tesis por la antítesis. Aquí los opuestos no se niegan, sino que se reconcilian o integran, funda men- talmente porque no son esencial- mente opuestos. Considero que es indispensa- ble que se profundice en el cono- cimiento de este concepto no sólo por razones de carácter filosófico, sino porque su aplicación en la vi- da práctica, económica, social, cul- tural y política, puede tener una gran trascendencia. El licenciado López Portillo al- gunas veces en sus discursos ha mencionado este concepto. En su mensaje de toma de posesión dijo textualmente: “Comprender que to- da realidad está hecha de contradic- ciones. Entenderlas como problema es nuestro imperativo. Optar por resolverlas por destrucción y ani- quilamiento de los opuestos o por integración y equilibrio dinámico; definir si la lealtad a la clase, al gre- mio o al interés parcial, son compati- bles con la lealtad a México”. A continuación se transcriben algunos textos sobre este tema. Eupsychian Management. Abra- ham H. Maslow. págs. 96 y 97. Supongo que tengo que aclarar aquí la cuestión de la resolución de la dicotomía, al menos tratar de esclarecerla, ya que no está de- masiado clara para mí. Por un la- do hay que señalar que esto es diferente de la insistencia de Jung y Darwin en los beneficios del con- flicto, en las influencias dinámicas o las consecuencias del conflicto en el fortalecimiento de la gente o cosas por el estilo. Esto puede ser. Hay ciertamente algunas buenas consecuencias del conflicto junto con malas consecuencias. Pero no es lo que quiero significar aquí. Lo que en realidad tenemos es una trascendencia de la polaridad entre lo egoísta y lo no egoísta. Es decir uno se eleva por encima del conflicto La conciliación de los opuestos
38 La Cuestión Social Año 25, n.1 en lugar de beneficiarse de él. Cesa de ser un conflicto, cesa de ser una oposición. Uno se da cuenta, o per- cibe o descubre que mi bien y tu bien, egoísmo y desprendimiento, que siempre hemos sido enseñados a percibir como diferentes uno de otro y mutuamente excluyentes y aun opuestos, no lo son en realidad bajo las circunstancias correctas. Y donde el síndrome particular de la persona que se auto–actua- liza es una muy peculiar mixtura y fusión de egoísmo y despren- dimiento de tal suerte que final- mente es imposible etiquetar un acto particular ya sea como egoís- ta o no–egoísta. Uno se da cuenta que son ambas cosas o ninguna. Esto está también relacionado a la gran crítica de la lógica aristoté- lica, especialmente la ley del me- dio excluido, la mutua exclusión de Clase A y de la Clase no–A. Hay que ver al material no aristotélico de Korzybski para su crítica de la orientación doblemente valorada de la polarización y ver también las críticas del pensamiento en blanco y negro y del pensamien- to sí–no y todo lo parecido. Ellas están relacionadas aquí al hecho de que la sinergia representa una trascendencia de la dicotomía, no un aprovechamiento del conflicto. Creo que la sinergia es una per- cepción actual de una verdad más alta, de una realidad más alta... La verdad es que los intereses huma- nos, especialmente cuando la gen- te se conoce y se ama, se conjuntan más que se excluyen mutuamente. Un análisis de un buen matrimo- nio y de una buena sociedad (aso- ciación) demuestra esto. Las fuerzas económicas de nues- tro tiempo. J. L. Sampedro, págs. 101 y 102. Vemos entretejerse así siempre, en el telar de la historia, dos clases de fuerzas; las técnicas y las socia- les. A ambas recurriremos también nosotros, por consiguiente, para comprender la dinámica económi- ca de nuestra época. Una interpretación dualista de las cosas no es nada nuevo. Hace más de cuatro mil años que la filosofía china empezó a sistematizar con ese enfoque su visión del mundo en el I–Ching, el “libro de las Muta- ciones”. En esa obra sorprendente, tan revalorizada por los psicólogos en nuestros días, todo se interpreta combinando dos principios, activo el uno y receptivo el otro: el yang y el yin. Algo parecido podría decirse de nuestra urdimbre y trama. Las fuer- zas técnicas encarnarían la acción y la innovación, como el principio mas- culino yang, correspondiendo los fac- tores sociales al principio femenino yin. Ambas fuerzas son creadoras a su manera: aquélla, introduciendo novedades; ésta, humanizando el ar- tificio. Ambas se influyen, además, mutuamente. La técnica acaba con viejas estructuras y provoca otras, rompe y deforma el vaso recipiente colectivo; la sociedad hace posibles nuevas técnicas, las acoge y organiza a los hombres en relación con ellas.
39 La Cuestión Social Año 25, n.1 Small is beautiful, E.F. Schuma- cher, págs. 97, 99, 258 y 259. Es bastante fácil ver que a lo lar- go de todas nuestras vidas nos en- frentamos a la tarea de reconciliar opuestos que, en el pensamiento lógico, no pueden reconciliarse. Los típicos problemas de la vida son insolubles en el nivel del ser, en el que normalmente nos encontra- mos. ¿Cómo reconciliar las exigen- cias de libertad y de disciplina en la educación? Incontables madres y maestros, de hecho lo hacen, pero nadie ha escrito una solución. Ellos lo hacen introduciendo en la situa- ción una fuerza que pertenece a un nivel más alto en el que los opuestos se trascienden, el poder del amor. G. N. M. Tyrell ha propuesto los términos “divergente” y “conver- gente” para distinguir los proble- mas que no pueden resolverse por el razonamiento lógico, de aquellos que sí se pueden. La vida continúa su marcha por problemas diver- gentes que tienen que “vivirse” y que se resuelven sólo por la muer- te. Los problemas convergentes, por otra parte, son una de las invencio- nes humanas más útiles. No existen como tales en la realidad pero son creados por un proceso de abstrac- ción. Cuando se han resuelto, la so- lución puede escribirse y pasarse a otros, quienes pueden aplicarla sin el esfuerzo mental necesario para encontrarla. Si éste fuese el caso en las relaciones humanas, —en la vi- da familiar, economía, política, edu- cación y otras— bueno, me siento perdido para terminar la frase. No habría más relaciones humanas sino sólo reacciones mecánicas: la vida sería una muerte viviente. Los pro- blemas divergentes, como tales, for- zan al hombre a entrar en tensión a un nivel arriba de sí mismo. Piden, y por lo tanto provocan la aplicación de fuerzas de un nivel superior, tra- yendo así amor, belleza, bondad y verdad a nuestras vidas. Es sólo con la ayuda de estas fuerzas superiores como los opuestos pueden reconci- liarse en una situación viviente. Los verdaderos problemas de la vida —en política, economía, edu- cación, matrimonio, etc.— son siem- pre problemas de sobreponerse a, o reconciliar los opuestos. Son proble- mas divergentes que no tienen so- lución en el sentido ordinario de la palabra. Piden al hombre no simple- mente el empleo de su poder de ra- zonamiento sino el compromiso de toda su personalidad. Naturalmen- te siempre se proponen soluciones espurias, por medio de fórmulas as- tutas, pero a la larga no funcionan porque invariablemente descuidan uno de los dos opuestos y así pier- den la verdadera calidad de la vida humana. En economía, la solución propuesta puede dar lugar a la liber- tad pero no a la planeación, o vice- versa. En la organización industrial puede dar lugar a la disciplina pe- ro no a la participación de los tra- bajadores en la administración, o viceversa. En política puede propor- cionar liderazgo sin democracia, o de nuevo, democracia sin liderazgo. Tener que enfrentarse con pro- blemas divergentes tiende a ser pre- ocupante y agotador. De allí que la gente trate de evitarlo y huir de ello.
40 La Cuestión Social Año 25, n.1 Un laborioso ejecutivo que ha estado manejando problemas divergentes todo el día, leerá una novela policía- ca o resolverá un crucigrama en su viaje de regreso a casa. Ha estado usando su cerebro todo el día, ¿por qué continúa haciéndolo? La res- puesta es que la novela policíaca y el crucigrama presentan problemas convergentes y ése es el relajamien- to. Requieren un poco de actividad cerebral e incluso aún difícil activi- dad cerebral, pero no la tensión y la presión hacia un nivel más alto que es el reto específico de un problema divergente, un problema en el que los opuestos irreconciliables tienen que reconciliarse. Son éstos últimos los únicos que constituyen el mate- rial real de la vida. La clave de la vida económica y ciertamente la de la vida en ge- neral es que constantemente re- quiere una viva reconciliación de opuestos, que en estricta lógica son irreconciliables. No hay “soluciones finales” a es- ta clase de problema. Solamente hay una solución viviente alcanza- da día a día sobre la base de un claro reconocimiento de que am- bos opuestos son válidos. La democracia como forma po- lítica y forma de vida. C. J. Fie- drich. pág. 176. La dialéctica del pensamiento político ha luchado con la para- doja de que “vivir en comunidad” parece ser una característica uni- versal de la naturaleza humana, mientras que al mismo tiempo estas comunidades des exhiben la mayor variedad y por lo tanto pa- rece excluir la posibilidad de otras características “comunes” halladas dondequiera que el hombre está en política. La Propiedad. Pierre Bigó. págs. 54 y 55 No se llega a una solución válida cuando se construye, o bien a par- tir del individuo, o bien a partir de la colectividad, considerados como absolutos. Es preciso construir a partir de la persona viva, que es a la vez individual y social. Entonces se llega a un régimen en que las personas se sitúan unas respecto a otras, y respecto a la comunidad, de una manera com- pleja, en la cual lo individual se mezcla constantemente con lo co- lectivo, manteniéndose en tensión con él. Lejos de los simplismos del individualismo o del colectivismo jurídicos, se construye un régi- men de bienes que los une a la vez a la persona moral colectiva y a las personas privadas del tra- bajador, del consumidor, del aho- rrador. Se remedian entonces los antagonismos de clase, sin caer tampoco en el nivelamiento. Se establece un equilibrio entre las necesidades de una cierta “liber- tad” individual y de una cierta “coacción” colectiva. A partir de un análisis económi- co que reconoce el carácter indi- vidual y a la vez social del “homo economicus”, se llega a una crítica de la propiedad capitalista que se
41 La Cuestión Social Año 25, n.1 aleja tanto del esquema marxista como del esquema liberal. Alienation and Economics. Wal- ter A. Weisskopf. págs. 21 y 22. La unión hacia arriba es el in- tento de superar la división entre uno mismo y el mundo sin la ex- tinción de la conciencia, una sín- tesis de uno mismo y el mundo. La unión hacia abajo niega la concien- cia; la unión hacia arriba la afirma. Valores como la verdad, la belleza y el amor son meta de una unión hacia arriba. El conocimiento de la verdad surge por un eros que une al conocedor con lo conocido. Muestra claramente el patrón de separación y alienación y el cami- no hacia la unión y la síntesis: un centro de conocimiento separado se une a su objeto de conocimien- to sin destruir la separación. El conocimiento científico y tecnoló- gico moderno, con su pretendida neutralidad por lo que se refiere a valores, pone excesivo énfasis en la separación y por lo tanto al ne- gar la intuición y el conocimiento tácito no logra unir al conocedor y a lo conocido. Pero la experiencia creativa y re–creativa de la belleza implica una situación en la que el observador y el creador se unen y llegan a ser uno con el objeto bello sin destruir al sujeto ni al objeto de la creación artística o la experien- cia, la relación amorosa es el ca- mino más profundo y satisfactorio para sobreponerse a la separación de uno mismo y el mundo. Se re- quiere una afirmación completa e ilimitada del mundo, representado por el otro, el Tú, y la unión con el otro sin sumisión o destrucción tanto del Yo como del Tú. En todas estas situaciones el esquema bási- co es el mismo; el sujeto y el objeto se unen en una síntesis más alta sin extinguirse en el proceso. En la estructura de la existencia humana, sujeto y objeto son antinó- micos pero también polares; son in- terdependientes; uno no puede ser sin el otro. Esta polaridad implica que las dos ramas de la antinomia son dos aspectos de la misma totalidad. Esta trinidad de sujeto, objeto y síntesis ha sido simbolizada lúcidamente en el signo Yín–Yang de la filosofía chi- na, por dos mitades entrelazadas en blanco y negro, incluidas en la unión del círculo. Este símbolo no solamen- te representa el esquema básico de la alienación sino que señala el camino para sobreponerse a él: es decir por la unión o equilibrio entre las dos ra- mas de la antinomia. La alienación existencial está cau- sada también por la separación de la actualidad y la potencialidad en la existencia humana. La conciencia permite al hombre captar sus posi- bilidades. Puede avizorar lo que no es pero que puede ser. El hombre envejece, es finito, mortal, limita do en el tiempo y en el espacio y puede actualizar sólo unas cuantas de sus potencialidades. Al mismo tiempo está dotado o plagado con la habi- lidad de imaginar posibilidades no actualizadas debido a su habilidad de trascender, por su mente, los lí- mites de su existencia. Su finitud le impide realizar todas sus potencia- lidades; pero su conciencia y tras- cendencia le permiten verlas. Esto
42 La Cuestión Social Año 25, n.1 le crea lo que alguien podría llamar una situación de Tántalo. El hombre puede captar lo potencial pero es- tá confinado a lo actual. Esto es, en la existencia humana, un conflicto continuo entre el amplio mundo de las posibilidades que se avizoran y el limitado mundo de la actualidad. Science and the modern world. Alfred North Whitehead. págs. 287–289. Hay dos principios inherentes a la propia naturaleza de las cosas y que reaparecen incorporados de mane- ra particular en cualquier campo que exploremos. Nada puede ser re- al sin ambos. El simple cambio sin conservación es un paso de nada a nada ... La simple conservación sin cambio no puede conservarse. El tema de nuestro tiempo. José Ortega y Gasset. págs. 91 y 92. Contraponer la cultura a la vida y reclamar para ésta la plenitud de sus derechos frente a aquélla no es hacer profesión de fe anticultural. Si se interpreta así lo dicho ante- riormente, se practica una perfecta tergiversación. Quedan intactos los valores de la cultura; únicamente se niega su exclusivismo. Durante siglos se viene hablando exclusiva- mente de la necesidad que la vi- da tiene de cultura. Sin desvirtuar lo más mínimo esta necesidad, se sostiene aquí que la cultura no necesita menos de la vida. Ambos poderes —el imanente de lo bioló- gico y el trascendente de la cultu- ra—quedan de esta suerte cara a cara, con iguales títulos, sin supe- ditación del uno al otro. Este trato leal de ambos permite plantear de una manera clara el problema de sus relaciones y preparar una sín- tesis más franca y sólida. Por con- siguiente, lo dicho hasta aquí es sólo preparación para esa síntesis en que culturalismo y vitalismo, al fundirse, desaparecen. Recuérdese el comienzo de este estudio. La tradición moderna nos ofrece dos maneras opuestas de ha- cer frente a la antinomia entre vida y cultura. Una de ellas, el racionalis- mo, para salvar la cultura niega todo sentido a la vida. La otra, el relati- vismo, ensaya la operación inversa: desvanece el valor objetivo de la cul- tura para dejar paso a la vida. Ambas soluciones, que a las generaciones anteriores parecían suficientes, no encuentran eco en nuestra sensi- bilidad. Una y otra viven, a costa de cegueras complementarias. Como nuestro tiempo no padece esas ob- nubilaciones, como ve con toda cla- ridad el sentido de ambas potencias litigantes, ni se aviene a aceptar que la verdad, que la justicia, que la belle- za no existen, ni a olvidarse de que para existir necesitan el soporte de la vitalidad. Martín Lutero e Ignacio de Lo- yola. Friedrich Richter, págs. 298 y 299. La polaridad es una fecunda ten- sión en la co–eficiencia de dos co- sas opuestas. Significa siempre un aumento de energía. Esta tensión polar la encontramos en la electri- cidad. Pero toda la vida está llena también de tensiones polares, que
43 La Cuestión Social Año 25, n.1 son necesarias para vivir. La ley de la polaridad se aplica también a la vida del espíritu. Está en vigor en las relaciones del Protestantismo con el Catolicismo. Los abusos que existían en la Iglesia, dieron origen a la Reforma protestante. Esta estimuló al mismo tiempo los deseos de reforma que se manifesta- ban dentro del Catolicismo, haciéndo- les cobrar gran pujanza, y llegándose de esa manera a la renovación inter- na de la Iglesia católica. Hay en el ser humano una tendencia al simplismo. Para captar la realidad se abstrae de- masiado y en general muchas ideas son parciales, incompletas y además se tiende, sobre todo tratándose de fe- nómenos sociales, a rechazar a priori la posición contraria y aun a veces la posición aparentemente contraria. Se peca de “unidimensionalidad”. La realidad social podría decirse que es como una esfera. Al obser- varla y examinarla simplistamente sólo se apreciaría una cara de ella. Hay que girarla lentamente, obser- var las zonas limítrofes, ver la otra cara y finalmente tener una visión integral de toda la esfera. Una vi- sión totalizadora, global. Henri Bergson Es preciso obrar como hombre de pensamiento y pensar como hombre de acción. El trabajo y los dioses. Maurice Blin. pág. 40. Es sobre esta alianza paradójica entre lo obscuro y lo claro, la pasión tumultuosa y la voluntad metódica, que está construida la cultura hu- mana. A cualquier dominio que ella pertenezca, religioso, político, mili- tar, estético, una obra nace del en- cuentro entre una sensibilidad a la vez confusa y exigente y un cierto orden en el que a menudo ella se re- fleja y se calma como si las tinieblas se penetrasen de luz. Janus. Arthur Koestler. págs. 57, 58, 61, 62. Los “holones” que constituyen un organismo vivo o un cuerpo so- cial, son entidades que se aseme- jan a Jano: la cara vuelta hacia los niveles más altos en la holarquía es la de una parte subordinada en un sistema mayor; la cara vuelta hacia los niveles inferiores mues- tra un todo casi autónomo por su propio derecho. Esto implica que cada “holón” está poseído por dos tendencias o potenciales opues- tos: una tendencia integrativa para funcionar como parte de un todo mayor, y una tendencia autoafir- mativa para preservar su autono- mía individual. La manifestación más obvia de esta polaridad básica se encuentra en las holarquías sociales. Aquí la autonomía de los “holones” consti- tuyentes es celosamente guardada y afirmada en cada nivel, desde los derechos del individuo hasta los del clan o la tribu, desde los depar- tamentos administrativos hasta los gobiernos locales, desde las mi- norías étnicas hasta las naciones soberanas. Cada “holón” social tie- ne una tendencia interconstruida
44 La Cuestión Social Año 25, n.1 de preservar y defender su identi- dad de cuerpo. Esta tendencia au- toafirmativa es indispensable para mantener la individualidad de los “holones” en todos los niveles, y de la jerarquía como un todo. Sin esto, la estructura social se disolvería en una gelatina amorfa o se disolvería en una tiranía monolítica. La histo- ria da muchos ejemplos de ambas. Al mismo tiempo el “holón” de- pende del sistema mayor que lo contiene y debe funcionar co- mo una parte integrada a él; su tendencia integrativa o autotras- cendente, que resulta de su ca- rácter de parte, debe controlar su tendencia autoafirmativa. Ba- jo condiciones favorables, las dos tendencias básicas —autoafirma- ción e integración— están más o menos equilibradas, y el “holón” vive en una especie de equilibrio dinámico dentro del todo, las dos caras de Jano complementándose entre sí. Bajo condiciones desfa- vorables el equilibrio se altera con consecuencias terribles. Así llegamos a la polaridad básica entre la tendencia auto–afirmativa y la tendencia integrativa de los “holo- nes” en cada nivel y, como veremos, en cada tipo de sistema jerárquico. Esta polaridad es un rasgo funda- mental de la presente teoría y uno de sus leitmotifs. No es un producto de especulación metafísica, sino un he- cho implicado en el modelo de la ho- larquía de múltiples niveles, porque la estabilidad del modelo depende del equilibramiento de los aspectos duales de sus “holones”, como todos y como partes. Esta polaridad o coin- cidencia oppositorum está presente en grados diversos en todas las ma- nifestaciones de la vida. Sus impli- caciones filosóficas se discutirán en posteriores capítulos; por el momen- to señalaremos que la tendencia auto- afirmativa es la expresión dinámica de la totalidad del “holón”, su tenden- cia integrativa la expresión dinámica de su carácter de parte. La dicotomía del carácter de todo y del carácter de parte, y su mani- festación dinámica en la polaridad de las tendencias autoafirmativa e integrativa es inherente a todo ni- vel jerárquico de múltiples niveles y está implicado en el modelo con- ceptual. Encontramos esto refleja- do aun en la naturaleza inanimada: en dondequiera que hay un siste- ma dinámico relativamente estable, desde los átomos hasta las galaxias, su estabilidad se mantiene por el equilibrio de fuerzas opuestas, una que puede ser centrífuga, —es de- cir, inerte o separadora—, la otra centrípeta, es decir, atractiva o co- hesiva, que liga conjuntamente a las partes en un todo mayor sin sacrifi- car su identidad. (...) Podríamos aventurarnos un po- co más y observar al Principio de Complementaridad como un ejem- plo más básico de nuestra polari- dad. De acuerdo con este principio, que domina a la física moderna, to- das las partículas —electrones, fo- tones, etc.— tienen el carácter dual de corpúsculos y ondas: de acuerdo con las circunstancias se compor- tan ya sea como granos de materia, o como ondas, sin atributos sustan- ciales o fronteras definibles.
45 La Cuestión Social Año 25, n.1 Desde nuestro punto de vista el aspecto corpuscular del electrón —o de cualquier “holón” elemen- tal— manifiesta su carácter de to- do y su potencial autoafirmativo, mientras que su aspecto de onda manifiesta su carácter de parte y su potencial integrativo. Es inútil decir que las manifesta- ciones de estas dos tendencias bá- sicas aparecen de diferentes guías en diferentes niveles de la jerarquía, de acuerdo a códigos específicos —o “relaciones organizadoras”— carac- terísticas de ese nivel. Las reglas que gobiernan las interacciones de las partículas sub–atómicas no son las mismas que gobiernan las interac- ciones entre los átomos como todos; y las reglas éticas que gobiernan la conducta de los individuos no son las mismas que gobiernan la con- ducta de las muchedumbres o de los ejércitos. Y del mismo modo las ma- nifestaciones de la polaridad de las tendencias autoafirmativas e inte- grativas, que encontramos en todos los fenómenos de la vida, tomarán diferentes formas según el nivel. Así, por ejemplo, encontraremos la pola- ridad reflejada como: integración autoafirmación “partidad” “totalidad” dependencia autonomía centrípeto contrífugo cooperación competencia altruismo egoísmo Compensation. Ralph: Waldo Emer- son. (Citado en el Reader’s Digest de mayo de 1979, pág. 79). La Polaridad, o acción o reacción, la encontramos en todas las partes de la naturaleza: en la obscuridad y en la luz; en el calor y el frío, en lo mas- culino y lo femenino. Un inevitable dualismo bisecta la naturaleza, de tal modo que cada cosa es una mitad y sugiere otra cosa para hacerse entera. Así es en: hombre, mujer; fuera, den- tro; descanso, movimiento. Este mismo dualismo subraya la condición del hombre. Cada dulce tiene su amargo: cada mal su bien. Por cada cosa que se ha perdido, algo se ha ganado y por algo que se ha ganado, algo se ha perdido. “La preeminencia de la Civitas y la insuficiencia de la Polis. Una sín- tesis ontológica”. Carlos A. Siri. El hombre de que hablamos es muy rico y a la vez muy indigente. Rico, por la noble perfección subs- tancial de su ser específico, por los dones inmanentes de su naturaleza espiritual y por la elevación suma de su último fin, a la cual tiende infrus- trablemente. Pobre, por la imperfec- ción y miseria de su existencia, que viene de la nada y que marcha hacia la muerte, siempre con la angustia de su estado de privación: forzado a recorrer un camino fatigoso, lleno de incertidumbres y adversidades; que solo, o aislado, no puede nada, y que acaba en la corrupción corporal, sin haber alcanzado, en su vida efímera, la plena beatitud por la cual brama. El cristianismo y sus tensiones contrarias. Georges Ducoing, S. J. Professions et entreprises. sept. – oct. 1977. págs. 30 y 31.
46 La Cuestión Social Año 25, n.1 Es cierto que el cristianismo es- tá hecho de afirmaciones diversas, a menudo paradójicas, llenas de tensiones, aparentemente contra- dictorias y aun contradictorias. No son solamente afirmaciones, es la realidad misma del cristianismo. Así nuestra fe cristiana se funda en Jesús, a la vez y al mismo tiempo hombre y Dios. Hombre verdadero que ha vivido en un lugar preciso, Palestina, y en un tiempo determi- nado. “El año quince del gobierno de Tiberio César...” (Lc 3,1) Pero también él ha sido reconocido co- mo Dios: “Mi Señor y mi Dios”. Este Jesús ha muerto y ha resuci- tado, dice el credo. Su fracaso por la muerte es al mismo tiempo su triunfo, y Juan, en su evangelio, ha- bla de la muerte de Jesús como de su glorificación. Hacemos notar esta tendencia evangélica: “Quien quiera salvar su vida la perderá, pero quien pierda su vida por causa mía, la hallará”. (Mt 16,25). Ciertamente se puede disertar y distinguir el aquí abajo y el más allá, el tiempo y la eterni- dad; pero cada uno no tiene más que una vida y la pierde o la gana. Así el punto de partida de nues- tra fe es una paradoja. Pero la pa- radoja continúa con el desarrollo del cristianismo. A la base hay un acontecimiento preciso, fechado, localizado, Jesús de Nazaret. Pero este acontecimien- to debe dominar toda la historia. De allí sale una tradición. ¿Pero có- mo el futuro a crearse puede acomo- darse a una tradición establecida? Una sociedad se constituye, surgida de los apóstoles y de los primeros dis- cípulos, la Iglesia, perfectamente je- rarquizada. ¿Pero entonces qué pasa con el valor personal y la autonomía? Y las parejas de oposiciones con- tradictorias se acumulan: la institu- ción y la responsabilidad personal, la autoridad y la libertad, la obedien- cia y la independencia, la estabilidad y la iniciativa, el conservadurismo y el espíritu de cambio y de aventura. ¡Y se podrían añadir todavía otras! Aquí se sitúa una de las dificul- tades concretas de nuestra fe cris- tiana. ¿Cómo mantener a la vez y al mismo tiempo los dos polos en tensión? Es conocida desde hace tiempo la expresión clásica: ¿Có- mo sujetar los dos extremos de la cadena sin saber cómo está hecha la cadena que los une? Todas las cosas de dos en dos, una frente a otra, y nada ha he- cho deficiente. Cada cosa afirma la excelencia de la otra, ¿quién se hartará de contemplar su gloria? (Eclesiástico 42, 24, 25) CS Signo de los tiempos, IMDOSOC, año 28, no.229 (ago., 2012), pp. 15-20.
47 La Cuestión Social Año 25, n.1 S e ha hablado hasta la sacie- dad de la situación de pobre- za de una porción importante de los habitantes de nuestro país, a los que se denominan también los marginados. Y se plantea con frecuencia la necesidad de que quienes integran la sociedad y en especial los marginados sean co- rresponsables en el proceso de su desarrollo y superación. En esta exposición trataré pri- mero de dar una definición del fe- nómeno de la marginación y una visión general del comportamien- to de los seres humanos ante su desigualdad esencial y las conse- cuencias de ello en su convivencia cotidiana. Después examinaré los principios y valores que deben re- gir la vida en sociedad y como pue- den orientar y alentar el ejercicio de la responsabilidad de cada uno. Y finalmente apuntaré algunas su- gerencias concretas de cómo pue- de identificarse y promoverse la corresponsabilidad. Según Coplamar, decía en 1977, «los marginados son aquellos gru- pos que han quedado al margen de los beneficios de la riqueza ge- nerada, pero no necesariamen- te al margen de la generación de riqueza ni mucho menos de las condiciones que la hacen posible». Son aquellos que, ante los que van montados en el tren del desarrollo, sólo los ven pasar. Y ellos, decía Julieta Campos en un libro que apareció en 1995: «Viven en zonas áridas o semiá- ridas: alcanzan apenas la mitad de los servicios indispensables y de sus bienes exiguos; no leen ni escriben o han cursado uno o dos años de primaria; minados por las enfermedades que el resto de la población no conoce, mueren has- ta antes de tiempo y a veces en la primera infancia; están desnu- tridos, hay hacinamiento en sus casas precarias, sin agua, sin dre- naje, sin electricidad...». Ante la igualdad esencial de to- dos los seres humanos, es también evidente su desigualdad existencial. Todos son desiguales por las innu- merables diferencias que los par- ticularizan como individuos y que surgen de numerosos y variados factores accidentales. En todos los grupos humanos observamos que siempre hay diferencias en el tener, el saber y en el poder; que siempre hay algunos que mandan y muchos que deben obedecer; que siempre hay un mayor y un menor. En la vida social la autoridad es indispensable y también el poder La corresponsabilidad y su necesidad
48 La Cuestión Social Año 25, n.1 que la acompaña. Y por la fragilidad humana abundan las desviaciones de la autoridad y los excesos de po- der. En tono menor aparecen el pa- ternalismo y la manipulación, pero suelen sucederles el autoritarismo, la arbitrariedad y la explotación. La existencia de personas que tie- nen mayor autoridad, más conoci- mientos o más recursos, y que he llamado mayores, indudablemen- te habría de ser para el bien de los menores. Así debe ser la relación padre–hijo, maestro–alumno, jefe– empleado, gobernantes–goberna- dos. Sin embargo, la realidad nos muestra que muchísimas veces quienes tienen esa superioridad no la ejercen para el bien de aquellos que de algún modo lo necesitan. Pensemos entre ellos como los ex- plotan los caciques, los acaparado- res, los agiotistas, «los coyotes»... Y ante esta prepotencia de los mayores, como un condiciona- miento fatal de los menores, éstos tienen una inclinación a someter- se, adolecen de una baja estima y suelen sentirse incapaces de resol- ver los problemas, pero también a exigir que otros se los resuelvan. Al fenómeno del paternalismo de los providentes surge el infantilismo de los desposeídos; surgen lo que alguien ha denominado los inte- grantes de la «sociedad peticiona- ria», que extienden la mano para recibir sin sentirse responsables de ser ellos los principales respon- sables de su destino. Esta actitud de unos y otros es manifestación de un fenómeno, que Carlos Siri, distinguido pensa- dor salvadoreño, denominó muy acertadamente el «quietismo so- cial». Y quien afirmó que el indi- vidualismo, cuyas bases filosóficas arrancan del siglo XVII y se institu- cionalizan con la Revolución fran- cesa, era la causa eficiente de este fenómeno social, enfermedad de la sociedad tan común en las nacio- nes de América Latina. Es muestra del «quietismo so- cial» la preeminencia del hombre aislado, dedicado a sus fines parti- culares e inmediatos y totalmente desinteresado de los demás. Hay apatía para realizar junto con otros lo que podría beneficiar a todos. Hay indiferencia ante las necesida- des de muchos por tener satisfac- ciones propias. La ley de la selva, el derecho del más fuerte, aunque di- simulados, tienen todavía vigencia. Siri decía que el hombre latino- americano, por una deformación una secular de su conducta, todo lo esperaba de las autoridades del Estado y le daba lo menos posible. Sobre este fenómeno de la irres- ponsabilidad social en nuestro país, Federico Reyes Heroles daba a co- nocer los resultados de una encues- ta que revelaba lo siguiente: el 54 de los mexicanos no considera que en su comunidad existan proble- mas que le interese solucionar; que el 56 estima muy difícil organizar- se con otros ciudadanos; que el 77 opina que sus conciudadanos sólo se ocupan de sí mismos y que el 82 acepta que nunca ha trabajado para resolver un problema común.
49 La Cuestión Social Año 25, n.1 Y en lo que se refiere a la legali- dad, a la necesidad de respetar las leyes y el orden público, señala el problema de la corrupción, fenó- meno desafortunadamente muy extendido y creciente en nuestro país. Sobre esto dice que «la corrup- ción en México es brutal»; que cada uno de tres mexicanos considera que violar la ley no es grave; que uno de cada cuatro considera natu- ral que haya prácticas inmorales y uno de cada cinco ha caído en cierto desánimo acerca de la corrupción y dice que siempre ha existido. «Así somos y así seremos». No hay duda que la «sociedad pe- ticionaria», esa actitud frecuente de muchos de los integrantes de las clases populares, se debe a la polí- tica de los gobiernos, especialmen- te en nuestro país, de granjearse el apoyo de estos votantes potencia- les por medio de dádivas, dispensa- das con graciosa benevolencia por el soberano en turno. Y esto se ha realizado en gran escala, fomentan- do no sólo la irresponsabilidad de los beneficiarios, sino también sus frecuentes y crecientes exigencias. Es la deplorable experiencia del «clientelismo político». El carácter egocéntrico del hom- bre le es natural, como también lo es su inclinación a la generosidad y a la ayuda mutua. Sin embargo, en los grupos marginados suele darse una tendencia a ser dependientes, a esperar que el Estado o que la sociedad acuda en su ayuda. Hay el propósito oculto o abierto de con- seguir algo por nada, de recibir sin dar nada a cambio, por poco que sea. Una lamentable minoría de edad. Veamos ahora los principios y valores que, a mi juicio, deben re- gir la vida en sociedad y que pue- den orientar y alentar el ejercicio de la responsabilidad de cada uno para el bien de todos. Estos princi- pios y valores que propongo, son desde la perspectiva de mi fe cris- tiana y especialmente de su doc- trina social, que considero son de una valiosa orientación para los creyentes y que pueden serlo tam- bién para los no creyentes. El deber y el derecho de cada uno de participar en su propio progreso y desarrollo nacen de la eminente dignidad que tiene todo ser humano por ser persona; per- sona que en el orden natural es un ser individual, dotado de razón, de voluntad libre y de una sociabili- dad natural. Dignidad que debe ser respetada porque es inherente a la naturaleza y destino trascendente del hombre y que le otorga dere- chos irrenunciables e inalienables, que la sociedad y el Estado deben respetar y promover. La exigencia de participación de que hemos hablado brota también del principio de justicia que es la inclinación permanente de reco- nocer, respetar y dar a cada quien lo que le corresponda y que rige no solamente para los intercambios entre individuos o grupos, sino también para lo que los individuos deben a la sociedad y la sociedad les debe a ellos. Además en los grupos humanos, para una convivencia pacífica y
50 La Cuestión Social Año 25, n.1 próspera, es indispensable que rija el principio del orden. Orden que se estructura en toda sociedad a través de las buenas costumbres y las leyes y las autoridades necesa- rias par hacerlas cumplir. De ahí la importancia de lo que se ha llama- do el Estado de derecho y que es esencial para el progreso y desa- rrollo de las personas, los grupos y las naciones. En nuestro país, por desgracia hay toda una inclinación a la ilegalidad, lamentablemente muy extendida. Ilegalidad que re- vela también una irresponsabili- dad en relación a las disposiciones de la autoridad y los derechos de los demás. Otro de los principios claves de la vida social es la solidaridad que es la determinación firme y perseveran- te de pugnar por el bien de todos y cada uno, de modo que puedan con- seguir juntos aquello que aislado no podrían conseguir. En todo grupo humano todos sus integrantes son inevitablemente interdependientes. Tienen objetivos comunes y otros que se complementan, pero tienen también objetivos divergentes y aun antagónicos que requieren una ne- gociación paciente para que se pue- dan alcanzar sus fines personales. Esta solidaridad brota de la igualdad esencial que tienen todos los seres humanos. Hace que todos los inte- grantes de grupos y comunidades sientan la tarea común como suya, de tal modo que sean suyos sus ob- jetivos, suyos sus problemas y suyos sus éxitos. El ser humano es social por natu- raleza y alcanza su plenitud princi- palmente dentro de la comunidad. Nació para ser útil a ella. Cuando da algo, la comunidad mejora y por reflejo él también mejora y cuando le quita algo, la comunidad se em- pobrece y por reflejo el también se empobrece. Las facultades que te- nemos, Don de Dios, las tenemos para que las desarrollemos a fin de ser más útiles al prójimo. Y la me- jor manera de desarrollarlas es tra- tando de servirlo. Se ha dicho que nuestro pueblo es muy solidario y ciertamente lo es en relación a su familia, pero es indispensable ha- cerlo consciente de la necesidad de esa solidaridad en relación también a la sociedad en la que se encuentra y al destino del país mismo. Un principio que puede ser de gran orientación y aliento para el ejercicio de la responsabilidad es el llamado principio de subsidiari- dad. Es un principio filosófico, ju- rídico y moral fundamental. Es la base de la eficiencia social, la ayu- da mutua y la complementariedad humana. Tiene incluso un gran va- lor administrativo y práctico. Por eso voy a tratar de explicarlo con amplitud y aprovecho para ello las reflexiones que acerca de ella ela- boró hace muchos años José María Basagoiti, destacado empresario y maestro. En general este principio ha sido poco difundido y aun mal entendido. Es simple y quizá por ello poco apreciado. Tiene grandes posibilidades para el hombre de hoy por su belleza y su utilidad. En pocas palabras establece que en toda relación humana en la que hay un mayor y un menor, el menor
51 La Cuestión Social Año 25, n.1 debe hacer lo más posible para su desarrollo y superación y el mayor sólo lo necesario. O dicho de otra manera que el mayor no haga lo que el menor puede hacer bien. El papel del mayor no es hacer las cosas por el menor, sino orientarlo y animarlo a que las haga por sí mismo. La palabra «subsidio» viene del latín «subsidium» que significa ayu- da extraordinaria. Y la «subsidiari- dad» proviene de «subsidiarii», cuerpo de reserva de las legiones romanas. Esta subsidiaridad no es una ayuda lisa y llana, sino ayuda de reserva, provisional, temporal, con- dicionada, supletoria, complemen- taria y desarrolladora, respetuosa siempre de la responsabilidad pri- maria y original. Es una norma de- limitadora de las actividades de los miembros de una sociedad. Los menores sólo deben ser ayudados cuando los medios con que cuentan sean insuficientes para el cumpli- miento de sus tareas. El principio de solidaridad se des- prende de la igualdad esencial del ser humano y de allí la exigencia de la ayuda. Por su parte el prin- cipio de subsidiaridad supone la desigualdad existencial de los seres humanos, porque si éstos no fueran desiguales no se ayudarían unos a otros. Precisamente por ser des- iguales existencialmente se agru- pan en sociedad. En pocas palabras, la subsidiaridad establece como de- be ser la ayuda solidaria. La subsidiaridad parte del cono- cimiento de cada uno de su capaci- dad tanto de dar como de recibir. Es el derecho que tiene a que le ayu- den o suplan por el hecho de ser limitado, pero esto está estrecha- mente vinculado con la obligación y el derecho a ser autónomo y au- tosuficiente y por lo tanto a no ser despojado o suplantado en aquellas tareas en las que es capaz de bas- tarse a sí mismo y a dar a los demás. Se es subsidiario tanto cuando uno pide ayuda como cuando uno la da a otro. El principio de subsidiari- dad llena una necesidad entre el que necesita y el que puede. La subsi- diaridad, evidentemente, excluye el autoritarismo y el paternalismo. En la economía de mercado la norma es la competencia, pero ésta, llevada demasiado lejos, conduce a lo que se ha llamado la relación adversaria, que debe desterrarse. La subsidia- ridad conduce más bien a la ayuda mutua y la colaboración. Otro principio fundamental es el de la libertad del ser humano que se desprende de su misma naturaleza ya que está dotado de voluntad libre. La libertad es la capacidad natural del ser humano de pensar y obrar de una manera u otra o de no ha- cerlo. Tiene relación desde luego con la dignidad de la persona y la justicia. No sólo entraña la indepen- dencia de restricciones del exterior, sino también el logro del señorío de sí mismo. Por eso se dice que hay una libertad externa y una libertad interna. Don Quijote afirmaba su valor al decir: «La libertad es uno de los dones más preciados que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre».
52 La Cuestión Social Año 25, n.1 Sin embargo, la libertad debe ejercerse con responsabilidad por- que nadie tiene derecho, al ejercer- la, de dañar, ofender a los demás o de limitar sus derechos ni tampoco dañarse o destruirse a sí mismo. Es- to tiene mucho que ver con la no- ción de la corresponsabilidad, tema fundamental de este artículo. No hay duda que los necesitados de- ben ser ayudados, pero por razones de su dignidad, de justicia, de so- lidaridad y de subsidiaridad, ellos deben ejercer plenamente su liber- tad y ser los principales responsa- bles de su destino. Ser responsable implica cum- plir las obligaciones contraídas y afrontar las consecuencias de los actos propios. Es estar dispuesto a rendir cuentas, tanto en sentido de justificarse, como en el de pa- gar el precio de las molestias, los errores y los daños causados. Veamos ahora algunas sugeren- cias prácticas, en el campo de la promoción «humana y la ayuda so- cial, sobre como puede lograrse la corresponsabilidad». Esta, como su nombre lo indica, debe existir tanto por parte de quienes brindan la ayu- da como parte de quienes la reciben. Ante los proyectos de apoyo a los marginados, tarea fundamental de la Secretaría de Desarrollo Social, es evidente que éstos deben poner en ello su máxima colaboración, deben tener confianza en sí mismos y ser, como se ha dicho, los principales responsables de salir de su subde- sarrollo, rechazando todo paterna- lismo público o privado. Pero para que esto suceda, quie- nes prestan la ayuda han de estar firmemente convencidos de que su papel debe ser subsidiario: que la finalidad última de toda ayuda es dejar de ayudar. Con frecuencia, en estas tareas de ayuda social, suele haber en quienes la brindan, la visión uni- lateral de la manera como los pro- blemas tienen que resolverse. Es indispensable escuchar lo más posible a la gente y lograr descu- brir sus necesidades sentidas y contar con su máxima participa- ción en el diseño de las soluciones que se decidan. En esta materia, el conseguir que los beneficiarios participen de ma- nera importante en la solución de sus problemas, es necesaria una capacitación especializada que lle- gue a cambiar sus patrones de con- ducta a fin de que las soluciones a las que lleguen sean verdadera- mente eficaces. Algo muy importante en este proceso para que los beneficiarios tomen sus decisiones, además de la capacitación, es esencial que cuenten con una amplia informa- ción con todas las circunstancias que puedan afectar los resulta- dos. Y que por ningún motivo ha de relevárseles fácilmente de sus problemas, sino que, por lo con- trario, se les dé la oportunidad de afrontarlos. Alguien ha dicho que robar a la gente sus problemas es peor que robarles dinero y hay que evitarlo porque cuando identifica sus problemas y trata de resolver-
53 La Cuestión Social Año 25, n.1 los contribuye a su madurez y al crecimiento de su responsabilidad. La clave de la eficacia en la di- rección de empresas, y creo que también en los proyectos de ayu- da social, es la de lograr la mayor participación de los interesados en el proceso. Cuando se ha con- seguido que alguien haga suyo el objetivo y haya puesto en ello lo mejor de sí mismo, serán más pro- bables los buenos resultados. Hay que escuchar a los interesados lo más posible y darles una razona- ble oportunidad de equivocarse. El ejercicio de la autoridad de manera imperativa puede conducir al desinterés, al cinismo, a la irres- ponsabilidad y a la destrucción de la gente. Se ha demostrado en la vi- da de las empresas que la autoridad cuando es participada, es el camino para conseguir mejores resultados. Si se desea una verdadera corres- ponsabilidad en este esfuerzo de desarrollo social, es indispensa- ble un cambio cultural, sobre todo de los beneficiarios, un cambio de mentalidad de modo que no sólo obtengan más recursos, sino que tengan conciencia de su dignidad y de su valor como personas, que tengan la capacidad de organizarse, de aceptar ideas nuevas, de pensar su futuro. Que combatan la deses- peranza y el fatalismo, afirmen su autoestima y, como se ha dicho re- petidamente, que tomen en sus ma- nos su destino. Para concluir este tema de la co- rresponsabilidad hay que hacer notar la importancia del concepto del deber de todos los involucra- dos. En todo proceso social ha de insistirse no sólo en los derechos, sino también en los deberes, en es- te caso de quienes brindan la ayu- da y de los que la reciben. «La sociedad moderna —decía Marañón— ha sofocado el sentido del deber». Hoy más que nunca de- be proclamarse que sólo si estamos dispuestos a cumplir con nuestro deber podremos garantizar nues- tros derechos. Y que si todos segui- mos el imperativo de la fraternidad humana, el imperativo de servir y amar a nuestros semejantes, rena- cerá la esperanza de que podamos vivir en un mundo más justo, más fraternal y más humano. CS La cuestión social, IMDOSOC, año 14, no. 4 (oct.-dic., 2006), pp. 325-331.
54 La Cuestión Social Año 25, n.1 E n el área personal las mujeres deben emprender el conoci- miento de su propia identidad, en- contrar la unidad y la armonía en las cuatro facetas que ya se menciona- ron: la personal, la familiar, profesio- nal y social. También debe cuidar su salud y cultivar una sana condición física y espiritual. La formación aca- démica en cuanto que logro personal también se encuentra en esta área. También debe alcanzar una eta- pa de madurez en la que logre la unidad y la armonía en todos los ámbitos en los que se desenvuelva. Enriquecer su propia vida, la de su familia y la de quienes le rodean. El papel de la mujer en la vida fa- miliar debe ser fundamental. De su prudencia, sentido de responsabili- dad y capacidad de amar depende- rá el vínculo que la une al hombre en el matrimonio por el bien de ambos y de los hijos. Revelar su «maternidad espiritual»; ser por- tadora y comunicadora de virtudes y valores: respeto, confianza, ayuda mutua, afecto, tolerancia, disciplina, trabajo, servicio, amor. En el ámbito profesional–laboral, si la mujer que trabaja no lo hace por necesidad, no debe descuidar al hogar y a la familia. En el caso de mujeres que sí necesiten traba- jar, la legislación debe prever que la mujer casada, y sobre todo con hijos, no trabaje jornada completa, pero que sí tenga salario completo. Las dotes propias de la mujer ha- rán posible que en el mundo de la política aporte el sentido humano que le hace falta: conservación de lo valioso, paz, comprensión, tole- rancia y perdón. En el área social, se espera que las mujeres participen en grupos e instituciones de servicio civil o ayuda social con diversas áreas de interés, como educación, asis- tencia, cultura, deporte, derechos humanos, medio ambiente, entre otros. La Iglesia tiene en la mujer su mayor esperanza. La mujer po- see facilidad para la comunicación de la fe, por lo que representa un gran valor para la evangelización y la catequesis. CS Signo de los tiempos, IMDOSOC, año 22, no. 160 (nov., 2006), p. 7. Mujeres del mañana Los retos que las mujeres enfrentan se pueden plantear en cuatro áreas de la vida: personal, familiar, profesional y social.
55 La Cuestión Social Año 25, n.1 C onocí a Gaspar Elizondo en 1937. Fuimos compañeros en el Instituto de Ciencias que había orga- nizado el maestro Antonio Caso con motivo de su salida transitoria de la Universidad Nacional. El Instituto es- taba en el tercer piso de una casa en la calle de Motolinía, en el centro de la ciudad. Coincidimos en una clase de griego (daba el maestro Demetrio Frangos. Juntos conocimos las com- plicadas letras y términos de esa len- gua y escuchábamos la explicación del maestro con citas de La Iliada que apenas entendíamos. Terminó este breve episodio ju- venil y pasaron varios años sin ver- nos. Lo encontré de nuevo, mucho tiempo después, al asistir a una conferencia del filósofo español, el P. José M. Gallegos Rocafull, re- fugiado en México después de la Guerra Civil Española, maestro de muy sólida doctrina y espléndida expresión. Gaspar lo conoció bas- tante y tenía para él una fraternal amistad y especial afecto. Años más tarde, alrededor de 1961, entré en contacto nueva- mente con Gaspar en su librería Biblia, Arte y Liturgia, en la calle de Berlín, en la colonia Juárez de la Ciudad de México. Tenía en la librería gran variedad de libros sobre los más diversos temas re- ligiosos. Asistían a ella numerosas personas interesadas, con algu- nas de las cuales llegó a tener gran amistad. Acudía a librería con cier- ta frecuencia porque compartía con Gaspar la fe cristiana y el amor por la lectura. Fueron aquellos tiempos en que en los medios cató- licos había un auténtico propósito de renovación y acción apostólica. Muchos de los libros de mi biblio- teca, en el tema religioso, los ad- quirí en Biblia, Arte y Liturgia. Con frecuencia conversábamos sobre temas religiosos y su amplia cultu- ra y actitud ponderada fueron para mí una valiosa orientación. En la librería tuve oportunidad de conocer la revista lnformations Catholiques lnternationales que se publicaba en Francia. En l 963, junto con Gabriel Zaid, se nos ocurrió que podría convenir traducirla, publi- carla en México y distribuirla tanto en nuestro país como en América Latina y España. Iniciamos el pro- yecto que para Gaspar se convirtió en una tarea apasionante y agota- dora: mandar a traducir cada mes los originales que llegaban por co- rreo aéreo de Francia, corregir las pruebas, vigilar la impresión, aten- der las suscripciones, distribuir la revista, todo esto siempre con gran- des dificultades económicas. Por más esfuerzo que se hacía de am- pliar la circulación de la revista, el número de suscripciones siempre era insuficiente. La revista se publicó durante cua- tro o cinco años. Tuvo particular di- fusión durante el Concilio Vaticano II (octubre l 962-diciembre 1963) Un gran amigo
56 La Cuestión Social Año 25, n.1 con noticias, reportajes y artículos de muy distinguidos colaborado- res. Fue para esa época uno de los medios de información más impor- tantes sobre los delicados temas re- ligiosos que se debatieron durante aquella reunión de tanta trascen- dencia para la vida de la Iglesia. Gaspar dio a esta tarea su máxima atención con particular esfuerzo y sacrificio, y estoy seguro que fue uno de los trabajos de su vida que más satisfacción le brindó. Informaciones Católicas Interna- cionales finalmente se tuvo que dis- continuar porque llegó un momento en que ya no hubo suficiente interés de los lectores para sostenerla, cosa que tanto Gaspar como Gabriel y yo lamentamos profundamente. Pocos años después Gaspar ce- rró la librería. En Bimbo lo invi- tamos entonces a colaborar con nosotros. Primero organizando nuestros primeros Cursos de Su- peración Personal, en los cuales daba la Conferencia de Cultura y se pasaba los tres días del curso, que se da siempre como un retiro lai- co, como director y animador del curso. Más tarde, en 1972, entró a trabajar ya regularmente en la empresa, como su primer director de Personal, a nivel corporativo, ta- rea para la que le consideramos es- pecialmente idóneo por sus dotes de prudencia, buen juicio y gran sensibilidad humana. En la empre- sa, Gaspar organizó la función de Personal con particular acierto y estableció muchas de las directri- ces que hoy todavía subsisten. Gaspar tenía un gran respeto por la dignidad de las personas. En su trabajo le gustaba el contacto con la gente. Urgía a sus colaborado- res a dejar el escritorio para estar en la línea. Tenía una clara visión de lo que debía ser la misión de la función de Personal. En una oca- sión le dijo a Javier Millán, el actual director: Javier, nosotros tenemos que ser como Juan el Bautista: de- bemos preparar el camino. El jefe es el que viene detrás». Se jubiló en 1979, sobre todo pa- ra dedicar más tiempo a su familia. Ya retirado, continuó colaborando de vez en cuando en nuestra em- presa, visitando las fábricas y entre- vistando a trabajadores, empleados y jefes, para que en la Dirección General se tuviera una opinión in- dependiente del clima laboral. Sus informes, realizados con gran pru- dencia y objetividad, nos permi- tieron conocer cada día mejor a nuestro personal y mejorar nuestra política de relaciones laborales. Se recuerda de él su gran amor a la vida, sembraba paz, nadaba, charlaba a gusto. Fue muy dedica- do a su familia. Era muy práctico, quizás por su origen regiomonta- no, iba al grano y tenía mucho sen- tido común. Su fe religiosa era muy sólida, nutrida por lecturas bíbli- cas y de los más variados escrito- res cristianos. Colaboró por más de tres años en el Consejo Directivo del Instituto Mexicano de Doctri- na Social Cristiana y especialmen- te en el Consejo de Redacción de sus revistas Signo de los Tiempos y Cuestión Social. Sus aportaciones y
57 La Cuestión Social Año 25, n.1 comentarios siempre fueron direc- tos y muchas veces no convencio- nales. En el Instituto se recordará siempre su participación lúcida, original y realista. De Gaspar me llamó siempre la atención su sencillez, su tranqui- lidad, su espíritu independiente y su franqueza. Fuimos amigos con una naturalidad admirable y su repentina desaparición, el mes de octubre de 1966, ha sido para mí la pérdida de uno de mis mejores y más queridos amigos. CS Fuente: Al aroma del café, Re- flexiones acerca de Gaspar Elizon- do, IMDOSOC, 1998, págs. 9-12. Signo de los tiempos, IMDOSOC, año 29, no. 238 (mayo, 2013), pp. 24-25.
58 La Cuestión Social Año 25, n.1 E n mi exposición primero tra- taré de hacer un balance pa- ra saber cómo estamos en nuestro país: nuestras fuerzas y nuestras debilidades. Después haré com- paraciones para identificar en qué estamos atrasados, qué nos falta. Finalmente, apuntaré lo que creo debemos hacer para que nuestro país tenga un mejor futuro. Para mi exposición he tomado en cuenta los valiosos puntos de vista del libro Regreso al futuro, de Héctor Aguilar Camín y Jorge G. Castañeda; las propuestas del mo- vimiento México a debate y los inte- resantes resultados de la encuesta de la revista Nexos sobre los sueños y aspiraciones de los mexicanos. Para comenzar: entre 191 países tenemos el lugar 11 en población, el 12 en tamaño de la economía y el 14 en territorio. Tenemos 31 ciudades de más de 500,000 habitantes. En la población 48% son hombres y 52% mujeres. Es urbana el 77% y 23% la rural. El índice de fertilidad es de 1.7 hijos por mujer en edad fértil. La alfabetización de adultos es de 93%, la expectativa de vida de los hom- bres 75 años y de las mujeres 80. El índice de bancarización es de 50% y el producto per cápita es de 13,200 dólares al año por habitante. Como ventajas económicas, te- nemos más de 112 millones de habitantes que constituyen un importante mercado interno. Otras ventajas son: nuestra vecin- dad con Estados Unidos, petróleo y once mil kilómetros de costas con oportunidades para turismo, puertos y pesca. En el 93% de los hogares hay televisión, en 82% refrigerador, en el 66% lavadora y el 44% coche. En los estudios citados se dice que México es ahora un país me- jor en todos los órdenes de lo que ha sido en toda su historia, que ha cambiado enormemente en los úl- timos quince años y que hay un en- sanchamiento de la clase media. Debido a los recursos que el go- bierno federal ha trasladado a los estados, todo habla de una holgura financiera en ellos. Se dice que Mé- xico es un nuevo país regional cuya pluralidad salta por todos lados. México ha cambiado. Es un país más próspero y menos pobre que en toda su historia. Sin embargo, nos pensamos como un país débil, con- denado al fracaso, al estancamiento económico y al laberinto de la ilega- lidad. Esto nos obliga a ver, con todo realismo, la otra cara de la moneda. No hay duda que para el país el problema principal es la inse- guridad y la delincuencia, muy vinculado a la corrupción y a la impunidad. Y ante el desafío de la inseguridad hay que convencerse que no sólo los policías están co- rrompidos, sino seguramente jue- ces, fiscales, alcaldes, militares y políticos. Es importante subrayar ¿Qué futuro para México?
59 La Cuestión Social Año 25, n.1 que el verdadero guardián de la seguridad pública no es una poli- cía limpia, sino el respeto a la ley. Lo anterior nos lleva a la convic- ción de que necesitamos un Estado de derecho, donde las leyes y las autoridades sean respetadas y en donde las instituciones de la justi- cia y la legalidad se fortalezcan. El siguiente problema es la situa- ción de la educación en México. Es mala en todos los sentidos. Se ha dicho que sigue siendo “una catás- trofe silenciosa”. Tiene el séptimo lugar de nuestras preocupaciones. Son un problema los pocos días y horas de clase. En México tenemos 200 días, Corea del Sur tiene 220 y Japón 243. Nuestras horas de clase son cuatro y media diarias compa- radas con las de otros países que llegan a ser hasta el doble. Los resultados de las pruebas, tanto internas como ENLACE, en las que el 51% de los alumnos quedaron abajo del básico y las internacionales como PISA, re- velan el bajísimo desempeño de nuestros estudiantes. Lo anterior se debe sobre todo a las deficiencias de los maestros. En una prueba reciente para acceder a nuevas plazas, 65% reprobaron. Y no hay duda que los resultados serían igualmente pobres si se exa- minara a los maestros en servicio, lo cual no se hace. Los maestros están están muy reacios cuando se habla de evaluación. Y sólo el 35% de los profesores quieren se- guir enseñando en las aulas. Se ha insistido mucho en la importancia del director de la escuela y en esto tampoco se ha avanzado. Se necesita implementar la es- cuela de horario completo, pero esto se logrará si hay recursos fis- cales que deben proceder sobre to- do del impuesto predial. Una de las grandes contradic- ciones del reto educativo es que la gente no percibe tal reto. La mayoría de los padres de familia están de acuerdo con su escuela. Uno de los principales obstácu- los para la reforma educativa es la actitud del sindicato de maes- tros que se resiste a cualquier cambio que afecte los privilegios con que cuenta. Hay que pugnar por poner una computadora en manos de ca- da niño, entre los seis y los doce años. Y qué decir de la enseñanza del inglés. En China ya se enseña inglés desde la primaria. El tercer problema que debe afrontarse para que el país salga adelante es la necesidad de una re- forma política. Hace falta un orden político democrático cuyo gobier- no garantice resolver los conflic- tos dentro del marco institucional y con la posibilidad de construir acuerdos positivos. Una reforma política que favorez- ca la conciliación entre los partidos; que reconozca la necesidad de re- elección de legisladores y alcaldes con buen desempeño, la disminu-
60 La Cuestión Social Año 25, n.1 ción del número de diputados y senadores; la iniciativa preferente, pero sobre todo un poder federal fuerte que pueda contrarrestar la fuerza y la autonomía alcanzadas, para bien y para mal, por los pode- res locales. El dinero federal de márgenes de autonomía a los gobiernos estata- les, nunca vistos. La extraordinaria transferencia de dinero federal a los estados se utiliza más o menos libremente, entre otras cosas para aceitar la política local. Se antoja difícil que gobernan- tes y políticos puedan responder a estos retos por la falta de un piso común de las demandas de los ciu- dadanos. El país está harto de la in- movilidad y el desacuerdo de sus políticos. Dicen que el cambio po- lítico que el país requiere sólo pue- de realizarlo en los hechos, el único con la voz que escuchan todos los mexicanos: el Presidente. El siguiente problema que debe afrontarse es la falta de crecimien- to económico y de empleo. Es la- mentable nuestro crecimiento en comparación al de otros países. Para este año esperamos un cre- cimiento cercano al 4%, cuando otros países crecen al 8% o al 10%. Y otro problema más: nuestro alto nivel de pobreza, cercano al 50% de la población. Y dentro de este renglón la pobreza extre- ma, llamada pobreza alimentaria, que alcanza 19.4%. A todo esto hay que agregar la gran desigual- dad en el ingreso que hay en el país. El decil más alto de la pobla- ción en 2008 recibía el 40.3% y el decil más bajo el 1.2%. Este problema de la pobreza de- be preocuparnos más a los mexica- nos. Como hemos visto, tiene una importancia muy alta. Debe comen- zar a resolverse mediante la edu- cación y el crecimiento económico, pero no basta. Es indispensable de- sarrollar en los pobres una cultu- ra de responsabilidad de su propio destino y de no estar atenidos a las dádivas del gobierno. Podríamos añadir otros proble- mas del país, como la recaudación fiscal que es muy deficiente; los pri- vilegios y prestaciones de las empre- sas estatales y la seguridad social, pero los primeros mencionados son los más importantes y urgentes. Ante esta situación, ante la pre- gunta de qué futuro queremos para México, hay que decidir qué hacer. Hemos de reconocer que falta un verdadero proyecto de nación y una imagen de futuro susceptible de ser compartida por una mayoría clara de los mexica- nos. México no alberga un sueño claro y explícito que sirva de guía y encamine las fuerzas de todos los mexicanos. México es un país vasto en el que conviven diferentes maneras de pensar, sentir y mirar el pasa- do y el futuro. No todos los mexi- canos piensan y sienten igual. Un país en el que los sólidos víncu- los comunitarios están ausentes, salvo en los pequeños estrechos lazos familiares.
61 La Cuestión Social Año 25, n.1 En el libro citado de Aguilar Camín y Castañeda, se menciona que los mexicanos de hoy aceptan que el po- der político se gana o se pierde en las urnas; que aceptan como principios no negociables las libertades indivi- duales y los derechos humanos; que aceptan que vivimos en una econo- mía de mercado; que nuestra econo- mía debe estar abierta y finalmente comparten la convicción de que de- be haber una política social de algún tipo para los menos favorecidos. Y plantean que hay cuatro grandes requisitos necesarios para un país moderno: debe ser próspero, equi- tativo, democrático y con un ingre- so de países desarrollados y clases medias consolidadas. Para lograrlo, su estrategia es doble: plantear las propuestas a los políticos profesio- nales para suscitar o cotejarla con la suya e impulsar en la sociedad civil y en la opinión pública la exigencia de una agenda moderna venida a los políticos desde la sociedad. Pero las preguntas asaltan de nuevo: ¿qué debe hacerse para conseguirlo y quién debe hacerlo? No hay duda de que los responsa- bles de esto son las autoridades y los políticos, pero la realidad es que las metas no se están alcan- zando o no se alcanzan en la medi- da deseable. ¿Qué falta entonces? Ante esta situación es necesario que la sociedad, los ciudadanos, se involucren en los asuntos públicos, en la política, para que puedan al- canzarse los objetivos citados. Esta participación ciudadana que se ve indispensable no se dará por generación espontánea. Hay que pugnar por desarrollarla. Existe en nosotros lo que muy acertadamente llamó Carlos Siri el ‘quietismo social’ que es la preva- lencia del hombre aislado, dedica- do sólo a sus fines particulares e inmediatos y totalmente desinte- resado de los demás; que es la apa- tía para realizar junto con otros aquello que podría beneficiar a to- dos; que es la indiferencia ante las necesidades de muchos por tener satisfechas las propias. Se ha dicho que los avances en el campo político se dan siempre por las minorías activas, por las fuer- zas regeneradoras de la sociedad de las que hablaba Messner. Pero la realidad es que la fuerza ciudadana en nuestro país es muy baja. En una encuesta reciente el 86% de la gente dijo interesarse sólo por lo que tiene que ver con su bienestar personal y su familia. Y en otra encuesta de hace unos años, el 85% de los mexicanos di- jeron no pertenecer a ninguna or- ganización de la sociedad civil y que en ese porcentaje los afiliados a alguna actividad política eran só- lo alrededor del 3%. Hay que pugnar, pues, por una ac- ción participativa y solidaria de los ciudadanos. Con este propósito un grupo de mil mexicanos hemos de- cidido crear la asociación Más Ciu- dadanía. Pretendemos fomentar la involucración de los ciudadanos en
62 La Cuestión Social Año 25, n.1 las organizaciones de la sociedad ci- vil y vincular el esfuerzo de todos para influir de manera determinan- te en los temas clave nacionales. Luis Rubio, analista político, ha dicho que ante el diagnóstico polí- tico de nuestra realidad, se necesita una organización que vaya suman- do gente para crear una masa crí- tica que se convierta en un factor político. La solución tendrá que ve- nir de una ciudadanía pujante que esté dispuesta a convertirse en un contrapeso efectivo. A esto, estoy convencido, hemos de aspirar. Debemos ser capaces de unir- nos en esta acción ciudadana, de unirnos en lo esencial para dar respuesta a los distintos retos que como Nación debemos enca- rar. Los cambios se darán por la persuasión de las élites y por la presión de los ciudadanos. ¿De dónde saldrá todo esto? Del mismo lugar donde salió la democracia: del hartazgo y de la exigencia de los mexicanos. Mé- xico es un país moderno y prós- pero al que llegaremos como nos llegó la democracia. México es infinitamente mejor que el que los mexicanos tenemos en nuestras cabezas. CS Signo de los tiempos, IMDO- SOC, año 27, no. 218 (sep., 2011), pp. 13-17.
63 La Cuestión Social Año 25, n.1 A gradezco la invitación de es- tar con ustedes esta mañana para darles mis puntos de vista de lo que debemos hacer los aposto- lados de los laicos para contribuir al bien común de nuestro país. Primero, trataré de describirles cómo veo la situación de los ca- tólicos, de la Iglesia: la progresiva descristianización de la sociedad y un deterioro moral creciente. Además, la situación de nuestra vi- da cotidiana, de nuestros recursos y de los problemas del país, algu- nos muy graves, que afectan la paz, el desarrollo y el bienestar. Después, examinaré y juzgaré esta situación en orden a una so- lución positiva. Y finalmente, se- ñalaré a ustedes, a mi juicio, qué hay que hacer en los distintos ór- denes de la sociedad, sobre todo en los campos económico, social y político. Veamos primero nues- tra situación como católicos. Hay una progresiva descristia- nización en la sociedad Para mucha gente, Cristo ya no tiene ninguna relevancia en sus vidas. Hay ignorancia de la fe cristia- na, indiferencia a sus enseñan- zas, alejamiento de la Iglesia. No hay tiempo para Dios, no hay práctica religiosa, no hay oración, sacramento ni Misa. Falta de vivencia del amor cris- tiano al prójimo. La secularización se extiende. Trabajar, vivir bien, tener cosas y divertirse es lo único que im- porta en la vida. No hay suficientes grupos de apostolado que sean testimo- nio de Cristo y de educación en la fe. La práctica religiosa entre los jóvenes ha disminuido mucho. Hay un deterioro moral creciente Desintegración familiar, des- enfreno sexual, egoísmo des- bordado, falta de honradez, corrupción, inseguridad y violencia. Se ha deformado la concien- cia personal y se ha perdido el sentido del pecado. Se des- precian las normas objetivas. Hay separación entre la vida religiosa y las actividades co- tidianas. La práctica de la virtud es al- go ajeno a la vida diaria. Se insiste mucho en los dere- chos de la persona y poco en sus deberes. Prevalecen el individualismo, el materialismo y el hedonismo. El respeto, la modestia y el recato se han debilitado mu- cho entre los jóvenes. La mortificación y la peniten- cia han desaparecido de las costumbres cristianas. Ahora veamos cuáles son nues- tros recursos y cuáles son los más Juntos por México
64 La Cuestión Social Año 25, n.1 importantes problemas económi- cos, sociales y políticos del país Entre 191 países, tenemos el lugar 11 en población, el 12 en economía y el 14 en territorio. Tenemos 31 ciu- dades con más de 500 mil habitantes. En la población, 48% son hombres, 51% mujeres, el índice de natalidad es del 1.7 hijos por mujer fértil. La población urbana es 77%, mien- tras que la rural 23%. Adultos alfa- betizados hay 93%. La expectativa de vida de los hombres es de 75 años y de las mujeres 80 años. El índice de bancarización es 50% y el producto per cápita es de 9,680 dólares al año. Ventajas económicas: un mer- cado interno de 112 millones de habitantes, vecindad con Estados Unidos. Tenemos petróleo y 11 mil kilómetros de costas. Por cada 100 hogares: hay 93 con TV, 82 con re- frigerador, 66 con lavadora y 44 con coche. México ha cambiado mucho en los últimos 15 años, la clase media se ha ensanchado. En los estados hay una holgura financiera notable. Pero nos pensamos como un país débil condenado al estancamiento y la ilegalidad. Esto nos obliga a ver la otra cara de la moneda. El pro- blema principal es la inseguridad y la delincuencia, vinculados a la co- rrupción y la impunidad. No sólo los policías están corrompidos. El siguiente problema es la situa- ción de la educación. Se ha dicho que es una “catástrofe silenciosa”. Comparados con otros países, te- nemos pocos días y horas de clase. Los resultados de las pruebas, tan- to nacionales como internaciona- les, revelan el bajo desempeño de nuestros estudiantes. Esto se debe a deficiencias de los maestros. En pruebas para nuevas plazas, 65% de los maestros reprobaron y algo parecido resultaría si se hacen a maestros en servicio. Un obstáculo es la actitud del sindicato de maestros y una contradicción del reto educa- tivo es el poco interés de los padres de familia. Todo estudiante debería tener una computadora y extenderse la enseñanza del inglés. En China se enseña desde la primaria. El tercer problema, es la necesidad de una verdadera reforma política para resolver los conflictos desde un marco institucional que permita acuerdos positivos. Esta reforma po- lítica debe reconocer, entre otras, la reelección de diputados, la iniciativa preferente, lo que favorezca la con- ciliación de los partidos y un poder federal fuerte. El dinero federal da margen nun- ca visto a los gobiernos estatales. La transferencia de dinero federal se está usando libremente. El país está harto del desacuerdo de sus políticos. El siguiente problema que debe afrontarse es el insuficiente crecimien- to económico y empleo. El reciente ca- si 4% es bueno, pero necesitaríamos más para resolver el desempleo. Y otro problema. Nuestro índice de pobreza, cercano al 50%, y la gran desigualdad del ingreso. El decil más
65 La Cuestión Social Año 25, n.1 alto de la población recibe 40.3% y el más bajo 1.2%. El problema de la pobreza de México es importante, debe preocuparnos más. Tienen que comenzar a resolverse sobre todo con mejor educación, crecimiento económico y con mayor responsabi- lidad de los mismos pobres. Hay más problemas. Uno es la baja recaudación fiscal. Los pri- vilegios del sindicato de ciertas empresas estatales. La defectuosa seguridad y la protección social, son un serio problema. Ante la pregunta de qué futuro queremos para México, hay que decidir qué hacer. Falta un verda- dero proyecto de nación y una ima- gen de futuro compartida. México no alberga un sueño claro que sea guía de todos los mexicanos. Es un país en el que conviven diferentes maneras de ver el pasado y el futu- ro. Los mexicanos aceptamos que el poder político se gana o pierde en las urnas. Y aceptamos como principios las libertades individua- les y los derechos humanos. Ahora debemos preguntarnos: ¿por qué estamos como estamos A mi juicio, porque a los católicos y a los mexicanos en general nos han faltado responsabilidad y so- lidaridad para atender los grandes problemas nacionales. Se ha dicho que el 86% de la gente no se preo- cupa más que por su bienestar per- sonal y de su familia. Porque no hemos tenido con- ciencia de la situación del país en algunos casos graves, ni de la necesidad de actuar de ma- nera decida. Porque desde nuestra labor apostólica nos ha faltado una orientación sólida para con- tribuir y aportar soluciones. Porque en general los católi- cos no hemos sabido conci- liar nuestra vida espiritual y religiosa con las tareas, sobre todo económicas y políticas, que una convivencia pacífica y civilizada exige. Porque los distintos movi- mientos de apostolado no han sabido o no han podido unir sus esfuerzos en proyectos comunes de gran alcance, de beneficio general. Porque no hemos tenido con- ciencia de que nuestro ca- rácter de católicos nos exige siempre la justicia y el amor fraterno en nuestra convi- vencia cotidiana. En pocas palabras, no nos hemos preocupado suficientemente por el bien común que, según la doctrina social de la Iglesia, es el conjunto de condiciones sociales que hacen po- sible el pleno desarrollo de las per- sonas y grupos. La necesidad de actuar es evi- dente. A continuación doy a uste- des mis puntos de vista de lo que creo que, como laicos católicos, por nuestra exigencia religiosa y moral, debemos hacer: Conocer la realidad: salir de nuestros espacios cerrados
66 La Cuestión Social Año 25, n.1 y enterarnos de lo que pasa más allá de nuestra vida per- sonal, familiar y de grupo. Conocer y aplicar la doctri- na social de la Iglesia, con su conjunto de principios de re- flexión, criterios de juicio y directrices de acción que se ha dicho es el instrumento esencial para la nueva evan- gelización. Sobre este tema, el IMDOSOC con sus confe- rencias, cursos y publica- ciones ha hecho un trabajo inapreciable. Tratar de entendernos, no sólo dentro de nuestras or- ganizaciones, sino también en nuestra relación con otras, pugnando por llegar a acuer- dos en beneficio de todos. Esto requiere capacidad de diálogo y un esfuerzo espe- cial por conciliar lo que se ha llamado los ‘opuestos inevi- tables en toda relación social’. Hay que hacer una realidad el nombre de este evento: Jun- tos por México. Ocuparnos no sólo de lo re- ligioso y moral. Por las exi- gencias de la justicia y la solidaridad debemos ocupar- nos también de lo económico y político. Y tratar de influir en lo que se han llamado las estructuras sociales que son los valores, las costumbres, las leyes y las instituciones. Es evidente la importancia de la unión y solidaridad de las dis- tintas asociaciones religiosas pa- ra su influencia política, sin la cual muchos problemas no se re- solverán. Una muestra de ello es el importante peso político que ya tienen en México los cristia- nos evangélicos protestantes. Para concluir, sólo quiero decirles que nuestra acción tendrá el privi- legio de la inspiración y aliento que nos dan nuestra fe y esperanza en Cristo Jesús, Señor Nuestro. CS La cuestión social, IMDOSOC, año 19, no. 4 (oct.-dic., 2011), pp. 332-336.
67 La Cuestión Social Año 25, n.1 A México le afligen muchos problemas pero, sin duda, entre los más importantes están los siguientes: la situación de mi- seria o de pobreza extrema de más del 20% de la población; la falta generalizada de seguridad pública; el atraso e insuficiencia de la edu- cación; y el rezago de las obras de infraestructura física del país. Estos problemas deben resol- verse, si se quiere que todos los mexicanos tengamos ese nivel de paz y bienestar, indispensable pa- ra una vida digna y civilizada. La lacerante miseria de una par- te importante de la población, ade- más de que es un lastre económico, es un riesgo para la paz social y un exigente reclamo a nuestra con- ciencia moral. La proliferación, casi incontro- lada, de robos, asaltos, secuestros y actos de violencia, ha llegado a extremos de creciente preocupa- ción para muchísima gente. La educación, gran instrumento para el crecimiento económico y el avance social, adolece de fallas cró- nicas y se encuentra en un inacep- table estancamiento. Y finalmente, ante las exigencias del crecimiento económico pa- ra aumentar el empleo y mejorar las condiciones de vida de toda la población, hay que señalar las ca- rencias y rezagos en materia de in- fraestructura (carreteras, puertos, ferrocarriles y generación eléctri- ca). Estas deficiencias, agravadas por los ajustes presupuestales re- cientes, afectan la competitividad del país, hoy más que nunca condi- ción vital en un mundo económica- mente globalizado. Desde luego que para remediar todo esto es indispensable que quienes gobiernan tengan la vo- luntad política de emprender la tarea y asumir los riesgos consi- guientes. Sobre todo porque hay un factor limitante para hacerlo, que ha de encararse con lucidez y energía: el Gobierno necesita más dinero. No hay que hacerse ilusio- nes, es infantil creer que todas esas cosas se pueden hacer sin dinero. El general Álvaro Obregón dijo que el dinero había que buscarlo donde lo hubiera. Este dinero tiene que conseguirlo el Gobierno, desde luego, con el crecimiento económi- co, con un mejor uso de los recursos públicos, con una mayor disciplina fiscal y con honestidad administra- tiva pero, a riego de crear una po- ¿Hay alternativa? Muchos problemas afligen a México: la miseria, la violencia, fallas crónicas en la educación, mejorar las condiciones de vida de la pobla- ción… Es indispensable que quienes gobiernan tengan la voluntad de asumir riesgos y, todos, de aceptar sacrificios.
68 La Cuestión Social Año 25, n.1 lémica, se debe afirmar sin rodeos que el Gobierno tiene que obte- nerlo de los contribuyentes, no de préstamos. No hay alternativa. Y lo tiene que conseguir, sobre to- do de esos millones de mexicanos que no pagan impuestos o pagan muy poco, y que sin embargo usan y disfrutan de los servicios del Gobier- no, buenos, malos o regulares. Vea- mos qué es lo que se podría hacer: Crear un impuesto sobre ganan- cias de capital en todas las opera- ciones de Bolsa que realizan las personas físicas. Hoy están exentas y en muchos casos estas ganancias son de dimensiones cuantiosas. En varios países, entre ellos Estados Unidos, están gravadas. Establecer, como ya se hizo ha- ce algunos años, un impuesto so- bre las utilidades excedentes de algunas empresas que las obtie- nen en una proporción muy al- ta en relación con su inversión, tomando desde luego en cuenta el grado de inmovilización de sus activos, la índole de su actividad y los riesgos consiguientes. 1. Crear una escala superior en el Impuesto Sobre la Renta (ISR) para gravar en mayor proporción los in- gresos exorbitantes de per- sonas físicas, como los de algunos artistas, deportis- tas y altos funcionarios de empresas. 2. Gravar en mayor medida con IVA o derechos de im- portación, el gasto llamado suntuario: joyas, objetos de arte, mansiones, automóvi- les de lujo, aviones, yates, cruceros, etc. 3. Buscar la manera de cobrar impuestos a los integrantes de la amplísima economía in- formal: entre otros a los am- bulantes, tianguistas, grandes comerciantes emboscados propineros y también a quie- nes lindan con la delincuencia, como los agiotistas, los coyotes y los vendedores de chueco. 4. Hacer un esfuerzo especial para un mejor cumplimiento del IVA. Hay muchas empre- sas registradas que no de- claran todos sus ingresos. La evasión de este impuesto es muy grande, sobre todo por parte de empresas media- nas y pequeñas. Sin embargo, habría que combatir eficaz- mente la economía informal, porque muchas veces dichas empresas están siendo orilla- das a la evasión por la fuerte y desleal competencia de la economía informal. 5. Y finalmente, si algunas de estas medidas no se pudieran aplicar habría que aumentar el impuesto a la gasolina. Es- te impuesto, si se conserva su impacto en el transporte público, es el más seguro y general porque lo pagan lo mismo cumplidos que evaso- res, formales que informales. En Europa su uso está muy
69 La Cuestión Social Año 25, n.1 extendido. Sin amargo, para compensar de algún modo a los que sí pagan, habría que reducir un poco el IVA. Esto se hizo en el sexenio pasado. México es uno de los países en donde la distribución del ingreso es de las más inequitativas: el 10% más bajo de la población recibe el 1.1% del ingreso, mientras que el más alto recibe el 41.2%. Estas medidas para resolver los graves y urgentes problemas ya mencionados afectarían los inte- reses de muchísima gente que no contribuye con nada o con muy po- co a los gastos de la nación. Hoy, un obrero que tiene un ingreso de tres salarios mínimos gana menos y pa- ga más impuestos que muchos fal- sos pobres de la economía informal. Hablando claro, deben tomarse medidas drásticas en esta materia. Esto implica un alto riesgo político para cualquier partido que las pro- ponga: las personas afectadas son votantes. La única solución es que los tres grandes partidos de Méxi- co, con gran sentido patriótico y de responsabilidad ciudadana, hagan a un lado sus proyectos partidis- tas y se pongan de acuerdo para realizar esta tarea crucial y urgen- te que requeriría también un titá- nico esfuerzo de comunicación. Si queremos resolver realmente los problemas que nos preocupan, te- nemos que aceptar sacrificios. Ésta es la única alternativa. CS La cuestión social, IMDOSOC, año 6, no. 2 (verano, 1998), pp. 163-166.
70 La Cuestión Social Año 25, n.1 J ulia tiene 15 años y está es- perando un hijo. Ha llegado al hospital hace unas horas y ya le han comenzado las contrac- ciones y el dolor que anuncian el parto. Frágil, delgada, víctima de hambre y la miseria, Julia está tu- berculosa y espera el trance defi- nitivo de ser madre. Con prisa se le pasa a la sala de parto. Sus familiares esperan afuera. El médico no llega, está terminando una operación. La frecuencia de las contracciones aumenta. La Herma- na de la Caridad que la acompaña trata de reconfortarla. Julia tiene un cansancio infinito y siente que la vida se le escapa. Sangra profu- samente y su pulso desciende. Por fin, el médico acude. Hay que prac- ticar una cesárea, pero el cansado corazón de Julia deja de latir. Hay que salvar al niño. Un llanto repeti- do anuncia su nacimiento. Muerte y vida en un hospital de Altamirano en Chiapas, en 1988. De la lejana Oaxaca llegó Erasmo a Tijuana. Había logrado pasar al otro lado, pero siempre la migra lo había devuelto. Decidió quedarse en la ciudad y llamó a su mujer y a sus dos hijos. Vivían precariamen- te en una casucha hecha con hojas de triplay y lámina de cartón, en el costado de una barranca profunda. No tenían agua ni luz. Los desechos iban al arroyo que corría en medio de las casas, siempre arrastrando las inmundicias de los de arriba. Un día de pronto, comenzó a llo- ver torrencialmente. Una enorme tromba corrió por la barranca y se llevó consigo árboles, casas y gente, a Erasmo, a su esposa y a sus hijos, junto con su miseria. Los campesinos de aquella ran- chería del Valle de Mezquital habían vivido siempre en la miseria. Mu- chos habitaban todavía en covachas construidas con carrizos y piedras amontonadas y cubiertas con pen- cas de maguey. Las mujeres tenían ayates o morrales y pastoreaban es- cuálidas cabras. Los hombres iban a trabajar como jornaleros en el cam- po o en las ciudades vecinas, en lo que podían. Un día supieron que iba a llegarles agua por un canal de la presa lejana. Por fin iban a poder la- brar la tierra y vivir mejor. Pero al poco tiempo llegaron unos hombres armados que les dijeron que las tie- rras por regarse iban a ser de un tal señor vecino y que se conformaran si algo les daba. Y así lo hicieron y así acabaron sus esperanzas. Esos son algunos sufrimientos y desgracias de los pobres. Pero ¿por qué son pobres? Lo son porque no tienen con qué ganarse la vida. Por- que no tienen bienes para producir lo que necesitan, no tienen empleo, no tienen educación, no tienen quien los ayude. Y su situación suele obedecer ya sea a azares de la vida, ya sea a obs- táculos del medio en que se encuen- tran, ya sea los atropellos que sufren, ya sea el egoísmo que las ignora, ya sea a las estructuras que los oprimen, ya sea a su manera de ser. México y su miseria
71 La Cuestión Social Año 25, n.1 Sin embargo, otras estrujantes preguntas nos asaltan: ¿por qué unos tenemos todo en abundan- cia y a otros les falta aun lo indis- pensable? ¿Por qué unos nacemos en un medio que no sólo favore- ce nuestra supervivencia sino aun nuestra comodidad, y otros en la ignorancia, la miseria y el abando- no? ¿Por qué unos tenemos cono- cimientos, bienes o autoridad que nos permiten afrontar las necesi- dades y contingencias de la vida y otros no? Obviamente la respuesta no es sencilla. La pobreza cristiana, que es la virtud del desprendimiento, la mo- deración en el uso de los bienes y la disposición a compartirlos, que es la privación voluntaria siguiendo el mandato del Evangelio y que se asume con dependencia y confian- za filial en Dios, debemos aceptarla y aun amarla. Pero la pobreza inhu- mana, la que implica el sufrimiento involuntario del desamparado y el inocente, la que degrada y destruye al ser humano, la que la impide vi- vir con dignidad y obrar bien y que se sufre sin esperanza, no sólo no podemos aceptarla, sino que debe- mos combatirla. Ante tal radical exigencia de cor- tar las extremas desigualdades sociales y de combatir la pobreza, los cristianos debemos trabajar incansablemente para aliviar la si- tuación de los pobres, con nuestra atención y nuestra ayuda, por me- dio de las buenas obras, tanto las de asistencia como las de promo- ción humana y desarrollo. Pero también debemos pugnar por poner a su alcance todo aque- llo que les permita ganarse la vida, como los bienes productivos, el em- pleo y la educación, por remover todos los obstáculos y estructuras que los hunden en el desamparo y la miseria y por corregir las causas que los originan. La finalidad de la Iglesia es extender el Reino de Dios y esta obra de salvación aparece «indisolublemente ligada a la labor de mejorar y elevar las condiciones de la vida humana en este mundo» (ILCL). Ésta es para todos los cris- tianos una tarea inaplazable. La pobreza inhumana es una ver- güenza de la humanidad y un pe- cado que clama al cielo. Pero para avanzar con eficacia en su comba- te es indispensable que la conoz- camos a fondo. Hay que ir a donde están los pobres y conocer de cer- ca la situación del trabajador que ha perdido su empleo o no lo tie- ne, palpar su angustia para pagar la renta o al médico o para llevar el pan a su familia. Para conocer la situación de los huérfanos, de los niños de la calle, de las madres sol- teras o abandonadas, de los jóve- nes alcohólicos o drogadictos, de las personas con discapacidad o de los ancianos olvidados, de las de- cenas de miles de gente del campo que emigran a las ciudades y que viven en cinturones de miseria, de las vidas destrozadas que termi- nan en los asilos, en los hospitales o en las prisiones. La necesidad de este conocimien- to se impone con exigencia, ante la ignorancia y la incomprensión. Y al
72 La Cuestión Social Año 25, n.1 respecto alguien contaba la anéc- dota, sin duda imaginaria, de la niña rica a quien su profesora le enco- mendó una composición sobre una familia pobre. Y la niña escribió: «Ésta era una familia muy pobre, tenía una casa muy pobre, un jardín muy pobre, una cocinera muy po- bre, un coche muy pobre…». Por estas razones, el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cris- tiana pensó en la necesidad de que se escribiera un libro que relatara la situación de la pobreza en nues- tro país, especialmente la llamada ‘extrema’, que es el otro nombre de la miseria. Y encomendó su reali- zación a Wilfrido Perea, María de la Luz Sevilla y Nelson Álvarez Li- cona, que hoy presentamos. Y en este libro, bajo el título Méxi- co y su miseria, se cuentan las histo- rias desgarradoras que van desde la de Reyna García, de 19 años, del Distrito Federal, enferma de sida y desahuciada, hasta la de Francisco García, de 74 años, de Tepelmeme, Oaxaca, que en su ancianidad mal- vive haciendo uno o dos sombreros a la semana por los que le pagan menos de tres pesos cada uno. Des- file dantesco de vidas inútiles y sin esperanza, ante las cuales algunos se revelan con rencor y amargura y otros se resignan como Margarito Cruz, que dijo: «La desgracia les to- ca a los más desgraciados y ni mo- do, nos tocó a nosotros». En la encíclica Sollicitudo Rei Socialis, Juan Pablo II afirma que «tanto los pueblos como las perso- nas individualmente deben disfru- tar de una igualdad fundamental, sobre la que se basa, por ejemplo, la Carta de Organizaciones de las Naciones Unidas, igualdad que es el fundamento del derecho de to- dos a la participación en el proceso de desarrollo pleno». Por otra parte, en Gaudium et Spes se dice que: «La igualdad fun- damental entre todos los hombres exige un mayor reconocimiento ca- da vez mayor. Porque todos ellos, dotados de alma racional y creados a imagen de Dios, tienen la misma naturaleza y el mismo origen. Y porque, redimidos por Cristo, dis- frutan de la misma vocación y de idéntico destino». Y se subraya: «resulta escandaloso el hecho de las excesivas desigualdades econó- micas y sociales que se dan entre los miembros o los pueblos de una familia humana». Todos los hombres, tanto des- de el punto de vista natural como sobrenatural, son esencialmente iguales por tener el mismo origen, dignidad y destino, esencia de la que procede la unidad del género humano. Y todos los hombres son existencialmente desiguales por las innumerables diferencias que los particularizan como individuos y que surgen de muchos y muy varia- dos factores accidentales, extrínse- cos a la esencia del hombre. Si la igualdad esencial de todos los seres humanos como individuos les confiere derechos fundamenta- les e inalienables, esto implica pa- ra los individuos superiores, ya sea en riqueza, poder o conocimientos,
73 La Cuestión Social Año 25, n.1 que deben pugnar por la vigencia de esos derechos y que las des- igualdades existentes dentro de los países se vayan reduciendo de algún modo. A este propósito, Juan XXIII señala: «resultan anacrónicas las teorías, que duraron tantos si- glos, por virtud de las cuales ciertas clases recibían un trato de inferio- ridad, mientras otras exigían posi- ciones privilegiadas a causa de la situación económica y social, del sexo o de la categoría política. Hoy, por el contrario, se ha extendido y consolidado por doquiera la convic- ción de que todos los hombres son, por dignidad natural, iguales entre sí» (Pacem in Terris, 43-44). Ante esta situación hay que men- cionar el fenómeno de la gigantes- ca explosión de las comunicaciones y sus consecuencias. No hay duda que los pobres de otros tiempos eran más miserables y sus condi- ciones de vida más desesperadas, pero no tenían aunque fuese una televisión destartalada para ver cómo vivían los ricos. Y para estos últimos también esa visión cons- tante de las desgracias de los de- más los están haciendo insensibles a la desgracia en general, porque se apodera de ellos una sensación de impotencia y desánimo que les ori- lla simplemente a cambiar de canal. La pobreza actual existe junto a una riqueza tan ostentosa que ambas se conocen como nunca antes se ha- bían conocido. La igualdad esencial de los se- res humanos, creados a imagen y semejanza de Dios, con un destino eterno y llamados a vivir en socie- dad, exige que todos tengan un mí- nimo de bienestar que les permita vivir y obrar bien. Ya nuestro poeta Díaz Mirón había dicho: «Nadie ten- drá derecho a lo superfluo mientras alguien carezca de los estricto». La pobreza extrema no debe ser sufrida en silencio por los pobres ni debe ser tolerada por quienes están en situación de cambiarla. Ante la aspiración de los pobres del mundo de mejorar su condición y de reducir las desigualdades, hay que reconocer, con realismo, la limi- tación de los recursos del planeta, el dinamismo del crecimiento de- mográfico y el deterioro del medio ambiente. Por ello, debe plantearse esta inescapable pregunta: ¿quie- nes ganan mucho y tienen todo, tanto dentro de los países como en- tre los países, estarían dispuestos a ganar y tener menos para que quie- nes ganan poco o no tienen nada puedan ganar y tener lo necesario para vivir dignamente? La respuesta es que, es casi impo- sible que quienes viven en la abun- dancia estén dispuestos a reducir su nivel de vida, pero la pregunta sigue en pie. Es indudable que no hay ni habrá mucho para todos. Si se requiere avanzar en este azaroso camino de aumentar el cre- cimiento para reducir la pobreza y las desigualdades, esto sólo se con- seguirá si se concilian las exigencias de la libertad, con todo lo que és- ta tiene de creatividad y progreso, con las exigencias del orden y de la justicia, indispensables para una
74 La Cuestión Social Año 25, n.1 convivencia pacífica y solidaria. Y sólo si se lleva a cabo una acción concertada del mercado, el Estado y la sociedad a fin de cambiar las llamadas ‘estructuras sociales’: cos- tumbres, leyes e instituciones para alcanzar dicho fin. Una nueva corriente está sur- giendo en los países desarrolla- dos a favor de un nivel de vida más sencillo, con un consumo menor de las cosas y el destierro del des- perdicio. Es el regreso a aquellas prácticas de otros tiempos de re- mendar la ropa, ahorrar el agua, apagar las luces, no dejar comida en el plato y guardar todo aquello que podía ser útil. Ese cambio cultural radical debe ser fundamentalmente un cambio moral, un renacimiento generaliza- do de los principios y valores que la humanidad requiere para su digni- dad, supervivencia y bienestar. Al- guien ha dicho que la revolución del siglo XXI será moral o no será. La práctica de las virtudes tradi- cionales de la generosidad, la com- pasión, la justicia, la honradez, el amor al prójimo es indispensable para la convivencia pacífica y prós- pera de los hombres y los pueblos. No se puede aspirar a que se dis- minuya la pobreza y se erradique la miseria si no hacemos un esfuer- zo sobrehumano para atenuarlas lo más posible dentro de nuestro pro- pio país, a la luz de un renacimiento moral indispensable. Es indispensable combatir los ex- cesos del consumo y el hedonismo característicos de los países desa- rrollados, que desafortunadamente se extienden a los países pobres, so- bre todo por el afecto de las comuni- caciones y el intercambio comercial. La moderación en las expectativas de la gente en general y la auste- ridad en el consumo son vitalmen- te necesarias para el ahorro y la inversión que exige el crecimiento económico indispensable para so- lucionar estos problemas. Cada pobre es una persona huma- na, tiene un rostro, un nombre, una historia, una familia. Sólo conociendo de cerca su terrible desamparo, que difícilmente imaginamos, y toman- do conciencia de la injusticia de todo aquello que lo margina y oprime, sólo así, podremos comprender la atroz realidad que es la pobreza y la mise- ria, y con verdadero celo, imaginación y entrega, obrar en consecuencia. Pero esto exige en nosotros un pro- fundo cambio, una conversión moral, conversión que sólo será posible si está animada verdaderamente por el Espíritu del Evangelio. CS La cuestión social, IMDOSOC, año 9, no. 3 (jul. - sep., 2001), pp. 291-295.
75 La Cuestión Social Año 25, n.1 A nte la situación de nuestro país en estos momentos, se impone una observación objetiva de la realidad en sus diversos as- pectos, un juicio crítico y un conjun- to de propuestas para afrontarla. Desde luego que todo lo que pue- da decir yo en relación a lo anterior, por más que me esfuerce, será un punto de vista muy personal y por lo tanto sujeto a la interpretación y evaluación de cada uno de ustedes. Para tener una visión lo más com- pleta posible, examinaré la situa- ción de México en cinco aspectos: político, económico, social, moral y religioso, a sabiendas de que todos ellos están inextricablemente vin- culados y que sólo los distingo así para fines de exposición y análisis. Puede decirse que durante 1995, aunque modestamente, se avanzó en lo político. El Presidente Zedi- llo logró resolver algunos de los problemas que obstaculizaban la transformación política del país. El conflicto de Chiapas ha sido conte- nido y encauzado. Un nuevo tipo de relación se ha establecido con los partidos de oposición. Las elec- ciones en 13 estados fueron tran- quilas y no impugnadas, salvo la de Yucatán y Tabasco, de 1994. Los veinte compromisos por la de- mocracia que en 1994 los partidos acordaron y que sus candidatos a la presidencia suscribieron, aunque después no se explicaron integral- mente, fueron una base excelente para progresar en el difícil tránsito de México hacia la democracia. Las conversaciones de los presi- dentes del PRI, PAN y PRD que tuvie- ron lugar en las reuniones llamadas del Castillo de Chapultepec y en el IFE, bajo los auspicios de los con- sejeros ciudadanos, produjeron un acuerdo de 93 puntos para la refor- ma electoral, que serán planteados próximamente al poder legislativo para su debate. Esto constituye tam- bién un cierto avance. La libertad de prensa y de comu- nicación en general es, sin duda, mucho mayor que antes. Hoy, sobre todo en las publicaciones y radio, se puede hablar abiertamente y las censuras al Gobierno abundan. La preocupación por los derechos hu- manos se ha extendido y cada día hay mayores presiones para su ob- servancia. Se dice que existen más de 200 instituciones o grupos inte- resados en ellos. La ciudadanía en general, sobre todo después de los temblores de 1985, se ha manifestado de mil ma- neras para llenar el vacío en las ac- tividades del Gobierno. Hay ya una concientización de la necesidad de participación cívica y política. Pero a pesar de todo lo anterior, persiste el clima de incertidumbre México: visión y futuro Ponencia sustentada en el IMDOSOC el 12 de marzo de 1996
76 La Cuestión Social Año 25, n.1 y descontento en lo político. Podría decirse que por los asesinatos polí- ticos no aclarados y por la eviden- cia de la corrupción desorbitada de funcionarios. También, porque la vigencia de un auténtico federalis- mo, reclamo constante de todos los partidos, va muy despacio. Estados y municipios requieren más libertad de acción y más recursos. Asimismo, aunque hay avances, el peso y la in- dependencia de los poderes legisla- tivo y judicial no son suficientes. Además, otro punto importante, inscrito decididamente en lo polí- tico, es la falta de la vigencia plena del Estado de derecho. Hoy la auto- ridad —con demasiada frecuencia, no tanto por prudencia explicable, sino por consideraciones de políti- ca electoral— se acomoda y claudica ante presiones de personas, grupos y partidos, definitivamente violato- rias de la ley. También en México, a pesar de repetidas demandas, no tenemos instrumentos de la llamada ‘demo- cracia participativa’ como en otros países, como son el referéndum, el plebiscito, la iniciativa popular y el derecho de petición para la remo- ción de funcionarios públicos. Pero más grave aún es lo que ha salido a la luz pública en estos últi- mos días, con motivo del retiro del PAN del diálogo sobre la reforma del Estado, y es su descontento, más que por el problema electoral de Huejo- tzingo, porque las conversaciones se han alargado indebidamente y los acuerdos no se han cumplido, lo que ha llevado a la convicción de que no hay una voluntad real de las autori- dades y del PRI de que exista en el país una democracia verdadera. A pesar de esto, para el presente año el panorama político tiene que ser menos desalentador. El conflic- to de Chiapas parece desembocar en una oportunidad política concreta para el EZLN. Las elecciones locales serán solamente en 8 estados y en ninguno de ellos para gobernador. Salvo quizás Guerrero y San Luis Po- tosí, no se esperan mayores tensio- nes. El PRI tendrá que irse ajustando a una nueva posición de menor peso político, a pesar de la presión de po- líticos desplazados o que se sienten amenazados, que procurarán reco- brar o defender posiciones. El cam- bio democrático no retrocederá. No hay duda de que la mayor par- te de las presiones que el Gobierno afronta y los quebrantos que el PRI sufre se deben al severo deterioro de la situación económica del país. Se considera que nos encontramos en la peor crisis económica de los últimos 60 años. Lo más grave ha si- do la disminución del crecimiento, que para 1995 se estima que será alrededor del 7%, sólo inferior a la de 1932, que fue de 9%. Lo anterior ha dado lugar a que la tasa de desempleo abierto — que en 1993 era de 3.2%— en noviembre pasado fuera de 6.2%, y a que el rezago salarial se haya incrementado, pues ante un au- mento de los precios en 1995 de 52%, el aumento de los salarios en general ha sido alrededor del 25%. También ello ha provocado
77 La Cuestión Social Año 25, n.1 una contracción radical de la plan- ta productiva, que ha visto dismi- nuir sus ventas, en algunas ramas a niveles increíblemente bajos. Nu- merosas empresas que ya en 1994 se encontraban en mala situación, han tenido que recurrir a despedir trabajadores, a suspensiones de pagos y aun a cierres definitivos. Además, el desplome financiero del país, con la consecuencia de ta- sas de interés exorbitantes, agra- vó la situación de endeudamiento de cientos de miles de personas y empresas, con el consiguiente que- branto para los bancos y sus accio- nistas, muchos de los cuales han perdido casi toda su inversión. Sin embargo, algunos hemos lle- gado a pensar que ya se ha tocado fondo. Ciertos indicadores económi- cos así lo señalan: el déficit en cuen- ta corriente ha bajado y la inversión, aunque levemente, ha repuntado. El índice de desempleo ha mejorado y el tipo de cambio está en niveles razonables. Pero otros, desgraciada- mente, desconciertan: la Bolsa, que había subido, ha tenido una de sus bajas más severas; los intereses, que habían bajado, se han incrementado y la inflación está resultando más resistente de lo previsto. Además, subsiste el problema del endeuda- miento de personas y empresas, aunque se ha avanzado algo en su reducción. Y subsiste también, en forma preocupante, la situación crí- tica de los bancos por los elevadísi- mos montos de su cartera vencida. Por otra parte, la necesidad urgente de reactivar la economía no se resuel- ve. Salvo las empresas que pueden exportar y algunas otras, el resto se ve todavía vulnerado por las ventas excesivamente bajas y los problemas de liquidez. El gobierno ha manifesta- do su propósito de aumentar el gasto público, sobre todo en el primer se- mestre del año, pero esto no será su- ficiente para salir de la recesión. A pesar de que en enero el índice inflacionario ha sido alto, no hay du- da de que la inflación va descendien- do y aunque la meta de 20.5% de los planes del gobierno no se alcanzara, ciertamente la inflación en el año po- drá llegar a ser de la mitad de la de 1995. Sin embargo, debe insistirse en que la lucha contra la inflación, mediante la política monetaria res- trictiva del Banco de México, contri- buye al doloroso estancamiento de las ventas y del empleo. Para este problema de cómo re- activar la economía, algunos eco- nomistas han propuesto que con extrema prudencia y en forma gra- dual y moderada se emita circulante y que éste no se canalice al gasto pú- blico, sino que a través de la banca comercial vaya a las empresas, tan- to para reducir su carga financiera como para que otorguen crédito a su vez y así se puedan aumentar las ventas y después el empleo. Esta propuesta no ha sido acep- tada por las autoridades, quienes aducen que cualquier modificación a la política monetaria restrictiva, en vista de la estricta vigilancia del Fondo Monetario Internacional y de la comunidad financiera del ex- tranjero, causaría de inmediato una
78 La Cuestión Social Año 25, n.1 alarma con el consiguiente aumen- to en el tipo de cambio y en las tasas de interés. Por otra parte, aducen que en virtud de que la liquidez in- ternacional se ha incrementado y sus tasas de interés han descendi- do, comienzan ya a llegar recursos del exterior. Esta entrada de recursos, que en su gran mayoría son para inversiones de portafolio y no directas, ha preo- cupado mucho por su volatilidad. Se ha propuesto a las autoridades que de alguna manera se regule su entrada, como se hace en Chile; se nos ha di- cho que en principio, dada la situación económica del país, esto no es conve- niente, pero que se tratará de inducir su mayor permanencia mediante una colocación con mejor interés y a pla- zos medianos o largos. El Presidente Zedillo ha reitera- do con firmeza su perseverancia en la política económica del gobierno, precisada en las metas para 1996 de la Alianza para la Recuperación Económica (ARE) que se definieron a fines de octubre del año pasado. A grandes rasgos, estas metas son: crecimiento 3%, inflación 20% y finanzas públicas equilibradas. En- tre los medios para conseguirlas se cuentan: la disciplina en el manejo de la política fiscal; el estímulo a la inversión privada, el ahorro inter- no y la exportación; la participación privada en ferrocarriles, telecomu- nicaciones, energía y gas; la desre- gulación para el establecimiento y operación de las empresas; la libre flotación del tipo de cambio y una política monetaria congruente con los objetivos de inflación y creci- miento. Y todo esto con mayores re- cursos para el gasto social. Luis Rubio, destacado sociólogo, dice que «el gobierno lleva muchos meses dándole forma a un programa económico sumamente ambicioso y visionario, pero que probablemente no rendirá frutos antes de bien entra- da la primera década del próximo si- glo», y en relación con este año afirma que «la mejoría será mucho menor de lo que la mayoría de los mexicanos desea y sin duda merece». Rubio sostiene también que el planteamiento del gobierno de lo- grar tasas elevadas de crecimiento basadas en los factores estructurales de ahorro interno, legalidad y educa- ción, implica el problema de que nin- guno de ellos puede ser corregido en un plazo breve, y eso si todo sale per- fectamente bien. Y señala el otro obs- táculo para el logro de los objetivos gubernamentales, que es el de cómo satisfacer las demandas urgentes de la población en términos de ingresos y empleos, con los grandes planes de largo plazo. «No es realista —dice— suponer que la población va a tole- rar años de estancamiento en aras de la panacea en el futuro. Por ello, por encomiable que sea la noción de construir el futuro, es igualmente ne- cesario avanzar en el presente». Los problemas de los empresarios se concretan en la falta de demanda, en la baja de las ventas y en la falta de liquidez, en el endeudamiento y en las tasas de interés excesivas. Y sus problemas se convierten a su vez en problemas para quienes
79 La Cuestión Social Año 25, n.1 pierden el trabajo o no pueden con- seguirlo. Se instala así una espiral diabólica: no tenemos crédito, no podemos pagar intereses altos, no producimos, quitamos gente, no hay consumo, no nos compran, no vendemos, quitamos gente, no ven- demos y así al abismo. Con todo esto, en nuestro país au- menta la pobreza y la disparidad en el ingreso de la población. En 1992 el 20% más alto de la población re- cibía el 54.2% del ingreso y el 20% más bajo el 4.3%. Hoy, sin duda, es- ta relación se ha agravado. Luis Fe- lipe Barrón, investigador del Centro de Investigaciones para el Desarro- llo, afirmaba a principios del año pasado que, debido a la crisis, uno de cada tres mexicanos que no era pobre iba a serlo. En lo social subsisten muchos problemas crónicos y algunos in- cluso se han agravado. Muchos de ellos se deben sobre todo a la cri- sis económica, pero otros reflejan el rezago y aun el descuido que ha habido en su solución. Entre éstos se cuenta de manera importante la situación de la edu- cación, que como se ha visto, tiene un papel fundamental en el pro- greso de los países. Del total de la población mayor de los 15 años, 11.2% es analfabeta y en los estados de Guerrero, Oaxaca y Chiapas lo es en 24% o más. En 1995, la población que no asistió a primaria o no la concluyó fue 31.5% del total. Entre 1994 y 1995, 300 mil jó- venes presentaron examen para entrar a preparatoria. En ninguna materia la calificación en prome- dio fue superior a 5 puntos. En es- pañol fue 4.3 y en matemáticas 3.7. En materia de salud, también en nuestro país padecemos grandes deficiencias y rezagos. Por ejem- plo, la mortalidad de los adultos en Oaxaca es comparable a la de In- dia. En Nuevo León es comparable a la de varios países europeos. Otros datos: en toda América La- tina y Caribe, México es el país con el menor número de camas por habitante. En 1991, México perdió 12.8 millones de años de vida salu- dable, debido a muerte prematura y a discapacidad. La tasa de muertes por violen- cia es del doble de la de Estados Unidos, que ya es muy alta. Entre los hombres de 15 a 44 años las lesiones por accidente son respon- sables del 56% de la pérdida de vi- da saludable. Únicamente 5% del gasto público se destina a servicios preventivos, mientras los curativos absorben 64%. El progreso económico y social del país depende de una población sa- ludable. La necesidad de hacer más eficientes los servicios de las insti- tuciones dedicadas al cuidado de la salud es evidente. Se dice que si la seguridad social siguiera creciendo al mismo ritmo promedio de 1943 a la fecha, ésta cubriría el 100% de la población hasta el año 2030.
80 La Cuestión Social Año 25, n.1 Otro problema social cuya so- lución ha sido olvidada constan- temente por las autoridades es el que se crea por la migración cam- po-ciudad, que casi siempre causa asentamientos urbanos precarios y desordenados en las ciudades grandes, medianas y aun en las pe- queñas. Los llamados ‘cinturones de miseria’ y colonias proletarias están creciendo de forma desorbi- tada, con su cauda de deterioro del medio ambiente, demanda de ser- vicios, presiones políticas, ambu- lantaje y aun delincuencia. La emigración de gente del cam- po en busca de trabajo, sobre todo a Estados Unidos, también tiene repercusiones sociales, por los problemas personales y familiares de los emigrantes. La falta generalizada de vivien- da en el país, consecuencia de los repetidos períodos de crisis eco- nómica que hemos padecido, cons- tituye uno de nuestros problemas sociales más graves. La forma en que viven —si así se le puede lla- mar— millones de personas en nuestro país, hacinadas en habita- ciones exiguas, en mal estado y sin los más elementales servicios, es una vergüenza nacional. Y aquí se debe mencionar la falla tremenda del Infonavit, que por su pésimo desempeño ha privado al país de cientos de miles de viviendas que en el curso de su historia debiera haberle proporcionado. El narcotráfico, con su repercu- sión en aspectos políticos y eco- nómicos, es un problema social enorme y creciente. Su solución no se ve fácilmente posible, sobre to- do porque tiende a la corrupción de funcionarios, policías y jueces como su principal instrumento. Y esta lacra de la corrupción por des- gracia existe no solamente en rela- ción con las autoridades, sino que se ha extendido a otras actividades de la población. Y en esta lista de problemas so- ciales tenemos que señalar uno más, que se ha incrementado alar- mantemente en los últimos años, y es el de la falta de seguridad perso- nal. Podemos decir que casi nadie, ya sea en lo individual o en sus fa- miliares, no ha sufrido un robo o un asalto. Éste es el síntoma de un gra- ve desquiciamiento social y moral que requerirá un esfuerzo coordi- nado del gobierno y los ciudadanos para verdaderamente corregirlo. Hablando de lo moral, podemos decir que nuestra sociedad se en- frenta hoy a un creciente deterioro en ese aspecto, que se manifiesta de muchas maneras: falta generaliza- da de honradez y de respeto a la autoridad y a la ley, desintegración familiar, desenfreno sexual, egoís- mo desbordado, indiferencia al mal ajeno, violencia y corrupción. Tra- bajar sólo para vivir bien, tener co- sas y divertirse parece ser lo único que importa en la vida. El dominio de sí mismo y la capacidad de sacri- ficio han desaparecido de las cos- tumbres de muchísima gente. En la vida social hay fundamen- talmente tres cauces ordenadores de la conducta: la ley, las buenas
81 La Cuestión Social Año 25, n.1 costumbres y la moral personal. La ley es el último recurso para or- denar la convivencia. Las normas sociales y las buenas costumbres facilitan la ordenación de la con- ducta de los ciudadanos. Pero es la moral personal, la conciencia de ca- da uno con su mayor exigencia, la que en definitiva puede asegurarla. Pero esta conciencia personal se ha deformado; con frecuencia se desprecian las normas morales ob- jetivas; prevalece el relativismo mo- ral y el pragmatismo, especialmente en el mundo de los negocios. Hoy se insiste mucho en los derechos de la persona y poco en sus deberes. In- cluso, se ha perdido el sentido del pecado. El sacrificio, el perdón, las exigencias de la justicia, el servicio a los demás y el amor al prójimo son ajenos a la mayoría de la gente. Con pena puede afirmarse que los medios de comunicación y la escuela, tanto pública como priva- da, con sus carencias y fallas, han contribuido a esta situación. Hoy nuestras escuelas ya no educan — en el amplio sentido del término—, ya no forman el carácter, ya no con- tribuyen a que haya hombres bue- nos. La práctica de las virtudes ya ni se propone: suena algo pasado de moda. Y la labor disolvente de los medios de comunicación, sobre todo de la televisión, ha llegado a límites inimaginables. No hay duda de que en este campo, las personas, la sociedad, la Iglesia y el gobierno tienen muchísimo que hacer. Octavio Paz ha dicho: «Lo mismo para pensadores antiguos que para los modernos, de Aristóteles y Cice- rón a Locke y Montesquieu, sin olvi- dar al mismo Maquiavelo, la salud pública de las sociedades dependía de la virtud de los ciudadanos. (…) Cuando la virtud flaquea y nos do- minan las pasiones —casi siempre las inferiores: la envidia, la vanidad, la avaricia, la lujuria, la pereza— las repúblicas perecen». Y los destacados autores Will y Ariel Durant, en su libro Las leccio- nes de la historia, afirman que no hay un ejemplo significativo en la historia, antes de nuestro tiempo, de que una sociedad pueda soste- ner eficazmente una vida moral sin la ayuda de la religión. No hay duda de que los deberes morales, cuando están fincados en una fe religiosa, tienen una mayor fuerza y exigencia. Y esto me lleva a examinar la situación de la reli- gión católica en nuestro país. Es evidente que la proporción de católicos en México ha bajado mucho. Hace algún tiempo, el Lic. Nicéforo Guerrero, quien fue coor- dinador de Asuntos Religiosos en la Secretaría de Gobernación, nos decía que estimaba que los cató- licos representábamos en México no más de un 70%, en virtud de la penetración de las Iglesias pro- testantes desde hace muchísimos años, y más recientemente de las sectas de todo signo. Por otra parte, una observación superficial nos revela que la prácti- ca religiosa ha descendido mucho. En el Distrito Federal se estima
82 La Cuestión Social Año 25, n.1 que no más de un 10% de los cató- licos asiste a Misa los domingos. Y entre los jóvenes esta situación es aún más preocupante. En general, entre los bautizados hay mucha ignorancia de la fe cris- tiana, indiferencia a sus enseñan- zas y alejamiento de la Iglesia. Para mucha gente, Cristo ya no tiene nin- guna relevancia en su vida. No hay tiempo para Dios, no hay oración, no se frecuentan los sacramen- tos. El secularismo se extiende. No evangelizamos, no damos testimo- nio de nuestra fe. México podría considerarse, a la luz de estos hechos, un país de misión. Por desgracia, a nivel de muchos obispos, sacerdotes y reli- giosos no se reconoce debidamente esto. Y no sólo no hay suficientes sacerdotes, sino, más grave aún, en muchos de ellos la formación es de- ficiente. Y lo mismo puede decirse de los seminaristas. Ante la situación descrita llega- mos al punto de plantear qué se puede hacer para enfrentarla. En lo político, nos encontramos en una etapa de transición en la que lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer. Quie- nes vivimos las épocas en que la prepotencia del grupo político en el poder era abrumadora y menu- deaban los atropellos a la voluntad ciudadana, vemos con esperanza cómo se está dando este gradual y azaroso tránsito a la democracia. Por ello, no debemos insistir en rencillas y agravios pasados, ni ali- mentar rumores que hacen cundir la incertidumbre y el desconcierto. Es evidente que al Presidente de la República le falta experiencia polí- tica y ha tenido que enfrentar pro- blemas de una magnitud que nunca sospechó, pero tiene a su favor que recibió un mandato muy claro y tie- ne que aprender. Un avance que en los últimos años se observa es la apertura de las autoridades, aunque modesta, al diálogo y la participación. Sin em- bargo, ésta todavía no es suficiente. Las autoridades deben escuchar a la ciudadanía cada vez más y mejor, convencerse de que con su colabo- ración resolverán mejor los proble- mas y no tratar de manipularla. Pero precisamente para evitar retrocesos lamentables es indis- pensable que se dé la verdadera participación de los ciudadanos en la vida pública, ya sea a través de los partidos políticos o de los or- ganismos intermedios gremiales o cívicos. La ausencia y abstención política en nuestro país, de gran parte de la población, es lo que ha permitido los malos gobiernos que hemos padecido. Y como punto clave de nuestra vi- da pública debemos insistir denoda- damente en la absoluta necesidad de que rijan un Estado de derecho, en el que la ley y la autoridad sean respetadas. No puede aceptarse que minorías audaces puedan conseguir con su presión y violencia lo que la ley no les permite ni otorga.
83 La Cuestión Social Año 25, n.1 En lo económico ¿qué debería hacerse? De inmediato: Pugnar por una pronta reac- tivación económica. Debemos salir de la recesión, proble- ma principal de nuestro país, y presionar al gobierno para que tome las medidas necesa- rias. Va demasiado despacio y la planta productiva está re- sintiendo daños, en muchos casos irremediables. Resolver el problema de la situación financiera de los bancos y de sus acredita- dos. Lo que se ha hecho has- ta hoy no es suficiente. El hacerlo traerá costos para el fisco y los accionistas de los bancos, pero parece que no hay otro remedio. Continuar con la política de adelgazamiento del Estado y la reducción de la burocra- cia y de sus privilegios y pre- bendas. Todavía hay mucho qué recortar en Pemex, en la Comisión Federal de Electri- cidad, en el Instituto Mexi- cano del Seguro Social y en otras dependencias. Impulsar la exportación, que constituye la actividad que ac- tualmente puede contribuir más a nuestro crecimiento eco- nómico y también a la industria de la construcción, que se en- cuentra estancada y que pue- de ayudar en mayor medida a la reactivación y el empleo. Pero simultáneamente con lo an- terior y con una visión del futuro habría que hacer lo siguiente: Velar rigurosamente de que por ningún motivo vuelva a sobrevaluarse nuestra mo- neda. Reaccionar de inme- diato cuando se observe que comience el proceso. Hemos sufrido tanto daño por no hacerlo, que debemos estar alerta siempre. Cuidar de que los créditos que recibamos del extranje- ro sean a largo plazo y para bienes de capital y no para bienes de consumo. Buena parte de nuestro endeuda- miento externo se debió a gasto corriente, a consumo y a inversiones no generadoras de divisas. Diseñar una política de de- sarrollo a largo plazo, con una meta de crecimiento del 6% anual, indispensable pa- ra generar los empleos que nuestro crecimiento demo- gráfico requiere. Fomentar el ahorro interno para alcanzar una tasa de ahorro del 30% del PIB, in- dispensable para lograr el crecimiento mencionado. Trazar una política indus- trial realista que permita un máximo aprovechamiento de nuestros recursos en la competencia internacional. Pugnar por superar la rela- ción adversaria que ha exis- tido con los trabajadores e impulsar los logros de la nue- va cultura laboral de coope- ración y armonía acordada entre la CTM y la Coparmex, que constituye un extraordi- nario avance en las relaciones
84 La Cuestión Social Año 25, n.1 de trabajo, de importancia histórica en nuestro país. Fomentar la formación y el fortalecimiento de una clase empresarial dinámica y res- ponsable, indispensable para el desarrollo sólido del país. Em- presarios que inviertan, sepan competir y asuman riesgos. Todo ello debe conducir a gene- rar empleos, combatir la pobreza y reducir las lacerantes discrepan- cias en el ingreso de los mexicanos. Y por lo tanto, hay que insistir en la afirmación de Luis Rubio, que men- cioné antes, de que la población no va a tolerar años de estancamiento en aras de la panacea de largo plazo, y que aunque es encomiable tratar de construir el futuro, es igualmente necesario avanzar en el presente. En lo social mucho debe hacerse: En lo que se refiere a educa- ción, debe haber una dispo- sición de la ciudadanía para que se dediquen mayores re- cursos a esta actividad clave de la vida social y económica, aunque haya que pagar ma- yores impuestos, pero tam- bién exigir mayor eficacia en su utilización. En educación, también insis- tir en que quienes sean pa- dres de familia, maestros o interesados en ella participen en los consejos que, a nivel de escuelas, municipios, estados y federación, las recientes dis- posiciones establecen. Pugnar porque la escuela tanto pública como privada tenga como uno de sus obje- tivos principales la educación del carácter y la formación en valores de educandos. Por los daños que produce la migración campo-ciudad desordenada, presionar a la autoridad para que dé una adecuada atención a este pro- blema, hasta ahora lamenta- blemente descuidado. Por lo que se refiere a la falta de vivienda, este problema no se comenzará a resolver sino hasta que tenga lugar la reactivación económica; pero mientras tanto, habría que corregir la lamenta- ble situación del Infonavit. En cuanto a la falta de seguridad personal de los mexicanos, éste es un problema cuya importancia exige un análisis a fondo y un tra- bajo conjunto de las autoridades y la sociedad para encontrar la solu- ción, que es muy difícil, pero que hay que buscar con todo empeño. Ante el creciente y doloroso dete- rioro moral de nuestra sociedad, se hace indispensable una profunda renovación moral. Una gran parte de los problemas políticos, econó- micos y sociales de México tienen su raíz en la corrupción y la irres- ponsabilidad de muchas autorida- des y ciudadanos. El debilitamiento en su fibra moral lleva a las civiliza- ciones a su destrucción. La familia, la escuela, la Iglesia y también la empresa deben insistir
85 La Cuestión Social Año 25, n.1 en la necesidad de los principios morales y de los valores funda- mentales, y convencer de la impor- tancia del dominio de sí mismo y del vencimiento de las pasiones. Es indispensable enseñar a los jóvenes el valor de la castidad, el amor verdadero, la santidad del matrimonio y la responsabilidad de ser padres de familia. También, con una acción concer- tada, hay que pugnar por desterrar de los medios de comunicación y de las empresas del entreteni- miento los mensajes en contra de la moral y las buenas costumbres. En general, se debe fomentar el respeto a la dignidad de la persona humana, la reducción de las des- igualdades económicas y sociales, la ayuda mutua y la preocupación por el bien común. Y a la par de esa renovación moral, debemos convencernos de que hay que trabajar por un renacimiento cristiano, verdadero y profundo. La gente en su intimidad siente ansia de Dios, de un Alguien tras- cendente, infinito y eterno, que dé sentido a sus vidas. Es indispensa- ble fortalecer la fe y el espíritu me- diante la oración y los sacramentos, y estar cerca de quienes con su con- sejo y ejemplo estimulen a amar y servir a Cristo. Si somos cristianos debemos sentir vivamente el mandato de evangelizar y el deber de compar- tir con los demás, con amor ver- dadero, el tesoro de nuestra fe y nuestra esperanza. Los retos son enormes y la tarea es ardua, pero como hombres de acción que somos debemos afron- tarla con entusiasmo, esfuerzo y sacrificio, pero con esperanza. Concluyo con las recientes pala- bras de Juan Pablo II en la ONU: «La humanidad debe aprender a perder el mie- do. Debemos aprender a no tener miedo, recupe- rando el espíritu de con- fianza y esperanza». CS La cuestión social, IMDOSOC, año 4, no. 1 (primavera, 1996), pp. 57-65.
86 La Cuestión Social Año 25, n.1 S e nos ha pedido a quienes he- mos actuado o estamos actuan- do en el campo económico y social de nuestro país que expresemos nuestros puntos de vista acerca de lo que se debería hacer en el próxi- mo sexenio. Propuestas concretas de política económica y social. Estas propuestas deben inscri- birse en un marco político que las haga posibles: Estado de derecho, democracia, justicia, participación ciudadana y —añadiría yo— go- bernabilidad, conducente todo ello a que exista el clima de confianza necesario para que pueda llevarse a cabo una política económica y so- cial eficaz. Veamos primero las pro- puestas propiamente económicas: Crecimiento. Para atender la necesidad de trabajo de los jóve- nes que se incorporan a la pobla- ción económicamente activa, y para comenzar a reducir el reza- go que existe en este aspecto, es indispensable que nuestra eco- nomía crezca a un 6% del Pro- ducto Interno Bruto cada año. Ahorro e inversión. Para que pueda darse el crecimiento men- cionado se requiere que el ahorro interno, que incluye el del Gobier- no, las empresas y los hogares, sea alrededor del 30% del PIB y que junto a ese ahorro se dé la inver- sión correspondiente. Se impone un gran esfuerzo nacional a favor del ahorro que debe conducir a la moderación del consumo del en- deudamiento personal: un verda- dero cambio cultural. Productividad. Aumentar la pro- ductividad es una propuesta que surge inevitablemente cuando se habla de crecimiento económico. En nuestro país es indispensable un esfuerzo titánico en esta mate- ria. Esfuerzo que implica aprove- chamiento máximo de la tecnología, especialmente de la informática. Y también una cruzada nacional que cree conciencia de su necesidad en trabajadores y empresarios, sobre todo de los niveles medios y bajos. Nueva cultura laboral. El artífi- ce de que se iniciara entre obreros y empresarios y entre sus organi- zaciones una nueva relación, orien- tada a desterrar la tradicional relación adversaria y a lograr el for- talecimiento de la empresa en be- neficio de todos. Un acuerdo que ha marcado una etapa alentadora de importancia histórica en el ámbito laboral de nuestro país y que cons- tituye un elemento fundamental para su crecimiento económico. La política económica y social para México 2000-2006 Conferencia presentada el 19.X.99 en la Coordinadora Ciudadana, APN, Fundación Konrad Adenauer
87 La Cuestión Social Año 25, n.1 Un empresariado dinámico. Sin una clase empresarial dinámi- ca, responsable y visionaria, los países están condenados al sub- desarrollo. Necesitamos que en nuestro país haya un mayor apre- cio y comprensión de la función empresarial que crea riqueza y da trabajo. Para ello, hay que insistir en que empresario lo es desde el propietario de un pequeño taller o tienda hasta el directivo de una gran compañía, pasando por una amplia gama de empresas de to- dos tipos y tamaños. Suscitar la vo- cación empresarial es a todas luces indispensable y en esta materia DESEM —institución dedicada a promoverla, sobre todo entre los jóvenes— hace un trabajo enco- miable que debe difundirse y apo- yarse lo más posible. Política industrial. Hablar de po- lítica industrial se ha visto siempre con suspicacia porque se piensa de inmediato en protecciones, subsidios y una intervención preocupante del Estado. Pero una política industrial orientada a la promoción de la inver- sión y de la productividad es indis- pensable. Se requiere el fomento de la pequeña y mediana industria que sirve a las grandes empresas y articu- lar las cadenas productivas. Hay que pugnar por que se produzcan en el país, de manera competitiva, muchos productos que se importen y atender debidamente el mercado interno que ofrece grandes posibilidades. Sistema financiero. Se ha di- cho hasta la saciedad que la debili- dad de nuestro sistema financiero constituye un obstáculo grave pa- ra nuestro desarrollo económico. Debe crearse el clima de confian- za para que venga la inversión ex- tranjera indispensable. Y que se den los cambios legislativos para su buen funcionamiento. Y aquí debe subrayarse la necesidad de que los partidos políticos se com- porten con la mayor responsabi- lidad posible y que el Ejecutivo haga también lo más posible por entenderse con los legisladores. Vivienda. Siempre se ha dicho que la construcción de la vivienda es uno de los más eficaces deto- nadores del crecimiento económi- co. Hace falta que el Gobierno dé a esta actividad mayor atención, y ayudaría mucho a esto el mejora- miento del sector financiero. Ade- más, se respondería a una de las demandas más antiguas e insisten- tes de las clases populares. Reforma fiscal. Hay que recono- cer que ante las necesidades de se- guridad pública, educación, combate a la pobreza y construcción de la es- tructura física del país y otros, los re- cursos del erario son insuficientes. Cuando se habla de la reforma fiscal se piensa sobre todo en hacerla más ágil y equitativa. Sin embargo, debe aceptarse que si queremos hacer frente de verdad a las necesidades arriba descritas se necesita una ma- yor recaudación fiscal y, para ello, el Gobierno ha de buscar gravar lo que es más difícil de evadir, como lo ha sido por ejemplo la gasolina. Yo no entiendo por qué, en esa línea, se dio marcha atrás en el impuesto al servi- cio telefónico y por qué no se gravan las utilidades en la Bolsa.
88 La Cuestión Social Año 25, n.1 Aunque lo económico está estre- chamente vinculado con lo social, vea- mos ahora algunas propuestas que podrían considerarse más dentro del ámbito económico que en lo social. Pobreza. No hay duda que la erradicación de la pobreza, sobre todo de la llamada pobreza extre- ma o miseria, debe ser uno de los objetivos principales de la política social. Para el caso de la pobreza extrema la acción asistencial del Estado es evidentemente de im- portancia primordial. Algunas ac- ciones de las autoridades como el programa Progresa y los tortibo- nos han sido criticadas, y aunque podrían manejarse mejor, no por ello deben dejar de realizarse. Desigualdades sociales. Se ha di- cho repetidamente que en los países de América Latina —y México no es una excepción— las desigualdades en el ingreso de la población son altamen- te inequitativas. ¿Qué puede hacerse ante este problema? A mi juicio hay que llevar a cabo programas para incrementar la capacidad productiva de las clases populares. Hay que fomentar esa capacidad sobre todo mediante capacitación, crédito y organización administrativa. Hay que promover la difusión del autoempleo, la microempresa, las cooperativas y programas de vivienda popular, como antes mencioné. Ahorro y crédito popular. Pa- ra apoyar las actividades produc- tivas de los pobres y marginados, y también para subvenir a sus nece- sidades personales y familiares de emergencia, es indispensable pro- mover las cajas de ahorro y crédi- to. En esta materia hay una gran experiencia, tanto en México como en el extranjero, y su desarrollo, si se hace de manera ordenada y efi- ciente, puede ser sumamente útil. Asentamientos humanos. La co- rriente de asentamientos humanos precarios y desordenados, sobre todo en la periferia de ciudades grandes y medianas, constituye un problema social al que no se ha dado suficien- te importancia. En estos lugares mu- chas veces las autoridades no tienen acceso. Prolifera la delincuencia, la economía informal y la manipulación política de las presiones populares. El remedio de esta situación implica una política de asentamientos urba- nos, que se adelante a los problemas de invasiones y vayan dando cauce a estos asentamiento, que por otra par- te, son inevitables por la migración del campo a las ciudades. Familia. Es un lugar común afirmar que la familia como cé- lula básica de la sociedad se está deteriorando. La familia, además de ser el fundamento de la vida social, constituye un valioso so- porte económico. A niveles popu- lares, su aportación al trabajo y al ingreso es evidente y su sen- tido de solidaridad también. Hay que hacer un gran esfuerzo pú- blico y privado para fortalecer la familia, insistiendo en el valor del matrimonio como institución in- dispensable para esa fortaleza. Educación. Se ha hablado hasta la saciedad de la educación como ins- trumento indispensable para el de-
89 La Cuestión Social Año 25, n.1 sarrollo económico y social de todo país, y es una gran verdad. Muchas cosas hay que hacer en esta mate- ria, como aumentar los días y horas de estudio, mejorar la calidad de la enseñanza, evaluar sus resultados y publicarlos, requerir la participación de los padres de familia, crear las lla- madas ‘escuelas de padres’ y dedicar una atención especial a la educación básica que en nuestro país tiene se- rias fallas. También debe pugnarse por la llamada ‘vinculación escuela- empresa’, sobre todo con las institu- ciones de educación superior, a fin de que se impartan las materias que en las empresas se requieren y que todo sea conducente a una mayor productividad, necesidad en la que tanto hemos insistido. Principios y valores morales. Éste es un tema en que también se ha venido insistiendo en los últimos años. Aparte del papel que tiene la fa- milia, que debe apoyarse como maes- tra educadora invaluable en esta materia, hay que pedir a las autorida- des que en las escuelas públicas y pri- vadas se promueva la enseñanza de principios y valores morales. La falta de ellos se debe gran parte a los pro- blemas que hoy aquejan a la sociedad como son la violencia, la deshonesti- dad, la corrupción, la falta de respon- sabilidad y de respeto, las adicciones y el egoísmo desbordado, entre otros. Y en el deterioro de estos principios y valores morales tienen una gran in- fluencia los medios de comunicación en algunos de sus mensajes, progra- mas y espectáculos. Un esfuerzo de corrección en esta materia lo está lle- vando a cabo la Asociación a Favor en los Medios, que merece apoyarse. Vertebración social. Se ha di- cho que las masas impersonales y amorfas que constituyen la socie- dad deben convertirse en pueblo, y eso sólo se logra si se fortalecen los grupos primarios como son las familias y las empresas y se pro- mueve la máxima difusión de orga- nismos intermedios de la sociedad, asociaciones, instituciones y gru- pos de lo más diverso. El Gobierno debe dar facilidades y apoyo para que esto se realice. En este aspecto la labor de las organizaciones ci- viles —mal llamadas ‘no guberna- mentales’— es indispensable. Participación cívica y política. Necesitamos mejores autoridades y sólo se lograrán si los ciudadanos nos decidimos a participar en organiza- ciones sociales primero y después en organizaciones cívicas, como pueden ser uniones de padres de familia, aso- ciaciones de vecinos, instituciones para el mejoramiento de las comuni- caciones, etc. Y finalmente, participar en política en la medida de la capaci- dad e inclinación de cada uno. Éstas y otras propuestas deben hacerse y llevarse a la práctica si queremos que en los próximos años exista en nuestro país una po- lítica económica y social, que haga posible un mejor nivel de vida y un mayor desarrollo humano de to- dos los mexicanos. Se dice que los seres humanos viven en el futuro. Debemos darles las razones y los medios para que vivan con espe- ranza ese futuro. CS La cuestión social, IMDOSOC, año 8, no. 1 (ene. - mar., 2000), pp. 26-29.
90 La Cuestión Social Año 25, n.1 P ara examinar el futuro de México y la educación convi- ne, antes, tener una visión general de la situación de nuestro país. En lo económico los llamados indicadores «macro» andan bien, para este año se espera un creci- miento alrededor de 5%, que es muy bueno. El desempleo está ba- jando. Las exportaciones crecen al 10%, los intereses bajan y, ante el dólar; el peso se fortalece. Todo esto, de algún modo se está reflejando en la microeconomía. El problema consiste en que, si bien la situación mejora, el nivel de los sala- rios de 1994 todavía no se recupera; aunque año por año ha habido pe- queños avances. Y por otro lado, las grandes desigualdades que existen en nuestro país no se reducen. Además, el lastre económico del que tardaremos muchos años en deshacernos es la gran deuda ex- terna que contrajimos en los años de crisis y la deuda interna; recien- temente incrementada por el tan repetido Fobaproa. En lo que se refiere al desem- pleo, por pequeño que sea, se debe a que mucha gente es «inem- pleable», por su falta del nivel de educación, que muchísimas em- presas exigen hoy. En lo social, siguen pesando problemas no resueltos como la pobreza extrema de cerca de una cuarta parte de la población; la fal- ta de vivienda y, especialmente, el deterioro moral de la sociedad que se manifiesta, entre otras cosas, en la inseguridad pública y privada, la falta de honradez y de respeto a la ley y a la autoridad, el desorden se- xual, el narcotráfico y la corrupción. Este deterioro moral se debe, so- bre todo, a la falta de principios y valores morales en la población en general, al relativismo moral —la definición subjetiva de lo que es bien y de lo que es mal—, al hedonismo o la busca de la satisfacción personal y el placer a toda costa y el individua- lismo egoísta; la llamada cultura del «yo primero» con una absoluta des- preocupación por los demás. Ante esta situación, hay que exa- minar cuál es la posible influencia de la educación en la solución de los problemas planteados. La educción es una de esas ta- reas prácticas y perennes, que no podemos discutir sin involucrar- nos en las más profundas consi- deraciones especulativas. La educación debe buscar desa- rrollar las excelentes características de que los seres humanos son capa- El futuro de México y la educación DESEM, México, D. F., 30 de marzo del 2000.
91 La Cuestión Social Año 25, n.1 ces. Sus fines últimos son la felicidad humana y el bien de la sociedad. La UNESCO ha dicho que la edu- cación debe ser un compromiso de por vida y que debe enseñar cómo aprender a aprender, cómo apren- der a hacer, cómo aprender a ser y cómo aprender a vivir juntos. Y también ha dicho que la edu- cación —de algún modo— sea una utopía orientadora que logre que el mundo converja hacia un mayor entendimiento mutuo, un mayor sentido de responsabilidad y una mayor solidaridad; sobre la base de la aceptación de nuestras diferen- cias espirituales y culturales. Y que la educación tiene un papel muy concreto que desempeñar en la realización de esta tarea universal: ayudar a comprender el mundo y a comprender a los demás para com- prenderse mejor a sí mismo. Se ha insistido, sobre todo últi- mamente, en que la educación debe incluir no sólo la tarea de impartir conocimientos y habilidades para ganarse la vida y desenvolverse en la sociedad; ahora indispensables para sobrevivir en la globalización y la competitividad, sino también, la de promover actitudes construc- tivas y sanas, formar el carácter y el sentido moral de los educandos, pa- ra que sea posible, una convivencia justa, pacífica y civilizada. Lo que se ha llamado educar en principios y valores morales. No hay duda que el deterioro mo- ral de la sociedad que padecemos se debe a que la educación ha de- jado de enseñar esos principios y valores morales indispensables. La decadencia de las naciones se ini- cia, según nos enseña la historia, cuando los pueblos los abandonan y la práctica de las virtudes desapa- rece. Lo ha dicho Octavio Paz, elo- cuentemente al referirse a la virtud: «Se discutió siempre el sentido de esa palabra, pero cualquiera que sea la aceptación que se escoja, el vocablo siempre denota domi- nio sobre nosotros mismos. Cuan- do la virtud flaquea y nos dominan las pasiones —casi siempre las in- feriores: la envidia, la vanidad, la avaricia, la lujuria, la pereza— las repúblicas perecen. Cuando ya no podemos dominar a nuestros ape- titos, estamos listos para ser domi- nados por el extraño. A la medida que la virtud se debilita, crece el río de sangre». En relación a este deterioro moral debemos subrayar a una de sus ma- nifestaciones que es la corrupción y que pesa mucho entre nosotros. Federico Reyes Heroles ha dicho re- cientemente que «la corrupción en México es brutal». Uno de cada tres mexicanos considera que violar la ley no es grave; uno de cada cuatro considera natural que haya prácti- cas inmorales y, uno de cada cinco ha caído en cierto desánimo y con- sidera que siempre ha existido: «así somos y así seremos». En lo que respecta a la tan men- cionada necesidad que tenemos de prepararnos con mejores conoci- mientos para enfrentar la globaliza- ción y la competitividad, ya no me
92 La Cuestión Social Año 25, n.1 referiré a la conveniencia de apren- der computación e inglés como lo dijo Francisco Labastida. Me referiré más bien al conocimiento de las ma- temáticas y de la ciencia, materias en las que tenemos serias deficiencias. En un informe de 1997, del Ter- cer Estudio Internacional de Ma- temáticas y Ciencia se señalaba el gran avance que tenían Japón y algunos países del Sudeste Asiáti- co y, que esto, no se debía a que hubiera clases de pocos alumnos, o que se invirtiera más tiempo y dinero en ello, sino a que se insistía en lo básico, en el cálculo mental, en las manualidades estandariza- dos y bien probados, en la partici- pación de todos los alumnos y en el apoyo de los que se retrasaran. ¿Quiénes son los responsa- bles de la educación? Al hablar de educación sue- le pensarse en la escuela como el único agente educativo, pero es in- dispensable que a la escuela se le sume como una tarea vital, la de los padres de familia, sobre todo en la educación básica. Para realmen- te involucrarlos a ello, las llama- das «escuelas de padres» pueden contribuir mucho. El problema es la falta de interés y de tiempo de los padres de familia. Pero hay que subrayar que en la formación del carácter de los educandos, en su educación moral, el papel de la fa- milia es definitivo. Otro agente educativo y de ca- rácter permanente, es la empresa, la cual, de algún modo, debe com- plementar, suplir y perfeccionar la educación impartida en las aulas. Y, finalmente, hay que advertir la responsabilidad que en materia de educación tienen los medios de co- municación, que pueden hacer mu- cho a favor de ella, pero a los que se les podría pedir siquiera que no mermen o destruyan lo que la es- cuela y padres de familia hacen a favor de sus hijos y alumnos. Al mencionar los agentes educa- tivos, nos hemos referido a la em- presa. La empresa tiene finalidades económicas, propias de su natura- leza, pero también tiene finalidades sociales y una de ellas es contribuir al pleno desarrollo de sus integran- tes, especialmente a su personal. En la empresa, los trabajadores además de adquirir los conocimien- tos y habilidades concretas para el desempeño de su trabajo han de adquirir hábitos de responsabili- dad, orden, disciplina y en general, aquel comportamiento que toda empresa requiere para su eficiencia y eficacia. Pero también la empresa siente la necesidad de contribuir no sólo al bienestar del trabajador sino también a lo que se ha llamado a su bienser, a su superación como per- sona humana. En cierto modo debe ser para él una segunda escuela. Si bien hay muchos agentes edu- cativos, la escuela, en la práctica, es el más importante. En muchos ca- sos los padres de familia, depositan a sus hijos en la escuela y dicen a los maestros «edúquenlos». No hay duda, que todos los agentes educa-
93 La Cuestión Social Año 25, n.1 tivos cuentan, pero hay que recono- cer la realidad de la escuela y por ello pugnar por su excelencia. Y sobre esto, la sociedad ha expre- sado sus sugerencias y propuestas: Educación con principios y valores morales. Medición, evaluación de su desempeño y publicarlo. Participación de los padres de familia y de la comuni- dad educativa. Mejorar la calidad de la educación. Capacitación y desarrollo de los maestros. Optimización del uso de los recursos. Se ha dicho que una empresa es tan buena, tan valiosa como lo sea su gente. Y nosotros hemos añadi- do que la gente de una empresa, su personal, es tan buena y capaz como lo sean sus jefes. De algún modo, lo mismo pode- mos decir de la escuela: el factor más importante de ella no son ni los planes y programas ni los libros de texto ni las instalaciones. Lo más importante de una escuela son sus maestros y su dirección. Todo ello, nos lleva a subrayar la importancia del maestro en la educación. La sociedad siempre ha afir- mado la importancia de la labor eminentemente constructiva del maestro, y ha cifrado en ella sus mejores esperanzas de supera- ción y progreso. Y ha visto en él no al simple transmisor de conocimientos sino al forjador del carácter de los niños y jóvenes. Aquel hombre o aque- lla mujer que no sólo nos hicieron aprender a leer, a escribir y a ha- cer cuentas. Que no sólo nos expli- caron la historia, la geografía y las ciencias, sino que nos enseñaron a portarnos bien, a ser ordenados y puntuales, a ir aseados, a respetar y ayudar a los demás, a querer a México... Aquellos que nos hicieron amar el estudio, la lectura, el traba- jo, la belleza. ¡Benditos maestros! Por tanto que recibimos de ello y por tanto que les somos deudores, es indispensable que pugnemos porque la noble misión del maes- tro sea cada día mejor reconocida, tanto en términos del aprecio so- cial que merece, como el de su re- muneración económica. El maestro al realizar, esta tarea que ha elegido no sólo como un medio de ganarse el sustento sino como la meta profesional de su vi- da, no hay duda que ama lo que ha- ce, asume la nobleza de su misión y da lo mejor de sí mismo. Y el mejor elogio que he conocido, ya no sólo de los maestros propia- mente dichos, sino de quienes reali- zan una labor educativa auténtica, es lo que dijo hace muchos años Simone Weil, escritora, periodista y heroica luchadora social: «No es cierto que la igualdad sea la primera preocupa- ción natural y moral de los hombres, ni aun su necesidad. Lo que ellos de- sean, lo que ellos esperan siempre, es tener maestros admirables.
94 La Cuestión Social Año 25, n.1 Al llegar a este punto considero indispensable profundizar aún más en la trascendencia de la educación. Los seres humanos sueñan con la felicidad. Quieren realizar to- das las potencialidades de su na- turaleza humana. Aspiran a salir de su estancamiento y su pobre- za material y espiritual. Se ha dicho que el desarrollo, pa- labra mágica, consiste en pasar de un nivel de vida menos humano, a uno más humano en el menor tiem- po posible y al menor costo posible. Pero también puede decirse que ese desarrollo, parafraseando a Teil- hard, que no a Echeverría, consis- te en ir arriba y adelante. Adelante: avance y progreso económico y aún político en pos de un mayor bien- estar. Pero también arriba, ascenso, superación que comprenden lo es- tético, lo moral, lo religioso en pos del «bienser», de Dios mismo. La educación es el instrumen- to más idóneo para este progreso y superación. A la educación todos debemos prestarle nuestra máxima atención si queremos salir del sub- desarrollo y de la mediocridad. Se ha dicho que el ser humano vive en el futuro. Si todos, padres de familia, maestros, comunica- dores, empresarios y gobernan- tes nos abocamos a esta noble y vital tarea, con más atención, más talento, más recursos y más entrega, sin duda lograremos que los niños y jóvenes mexicanos de hoy puedan vivir, con esperanza ese futuro. CS La cuestión social, IMDOSOC, año 8, no. 3 (jul. - sep., 2000), pp. 228-231.
95 La Cuestión Social Año 25, n.1 E n libros y periódicos, en cá- tedras y conferencias, en fo- ros y asambleas, se ha repetido que nuestra sociedad necesita una transformación fundamental y que ésta consiste, sobre todo, en redis- tribuir la riqueza, el poder político y la cultura. O para decirlo de otro modo, esa transformación exige disminuir la desigualdad en el te- ner, en el poder y en el saber. Hoy, aspiran a tener más tanto el ejecutivo asegurado de las socie- dades de consumo como el campe- sino destituido del Tercer Mundo. Y esto, en opinión del sociólogo Daniel Bell, está evolucionando a lo que él denomina la ‘revolución por más y más derechos’, en la que ya no simplemente se espera más, sino en la que todos los grupos so- ciales presionan y exigen que se les reconozca como derechos: mayor remuneración, mayor seguridad y mayores servicios, muchas veces fuera de toda posibilidad realista. Un proverbio chino dice: “El agua busca un nivel más bajo, pe- ro el hombre un nivel más alto”. Aristóteles en su Política atribuía a la lucha por la igualdad y por la desigualdad el sentimiento revolu- cionario y expresaba que «los in- feriores se sublevan como objeto de poder ser iguales, y los iguales para poder ser superiores». El pensamiento de la Iglesia Hay en la Sagrada Escritura y en los documentos pontificios del úl- timo siglo, expresiones que se re- fieren tanto a la igualdad como a la desigualdad humana. Pero, es indispensable discernir cuando se refieren en unos casos a la igual- dad esencial y cuando, en otros, a la desigualdad existencial. Veamos un texto que subraya la igualdad: «Por el bautismo no hay ya judío ni gentil. No hay esclavo ni libre, no hay varón ni mujer, pues todos sois uno en Cristo Jesús» (Gálatas 3,28). Ahora veamos otros textos que su- brayan la desigualdad: «Porque al que tiene le será dado y lo será en abundancia; pero a aquel que no tiene, aún lo que tienen se le quita- rá» (Mateo 13,12). ¿Qué hacer? Primero. Aceptar que es in- dispensable la reducción de las desigualdades económicas entre los miembros de una sociedad, no solamente por razones de paz social, sino por el más elemental sentido de fraternidad humana. Segundo. Aceptar que en toda so- ciedad habrá hombres superio- res en inteligencia, en voluntad, en liderazgo, y que —aunque en un momento dado nos cueste re- conocerlo— esos hombres serán mejor remunerados y disfruta- rán de un mayor bienestar ma- ¡Qué los últimos sean los primeros! Igualdad y desigualdad
96 La Cuestión Social Año 25, n.1 terial. Si esto parece injusto, es lamentable pero es realista. La solución estará en que los hombres sobresalientes, los mejor dotados, no sean remunerados en forma ilimitada como lo son hoy. Y que los destituidos ya sea por la naturaleza o por el azar, los mal dotados, puedan disponer de lo mínimo para una vida digna. Es- to implica que habrá que quitar a unos para dar a otros y tendre- mos que aceptarlo. Es necesario evitar que se acumule en unos po- cos ya sea la riqueza, ya la mise- ria, no robando al que trabaja, sino legislando para que unos no ten- gan ni ganen sobremedida, y otros cuenten con las oportunidades y ayudas básicas. En esta dirección marcha el mundo. Una idea semejante expresó ha- ce ya muchos años una escritora y periodista, heróica luchadora social, Simone Weil: «No es cier- to que la igualdad sea la primera preocupación natural y moral de los hombres, ni aún su necesidad —decía—; lo que ellos quieren, lo que ellos desean, lo que ellos es- peran siempre, es tener maestros admirables». CS Signo de los tiempos, IMDOSOC, año 24, no. 184 (nov., 2008), p. 18.
97 La Cuestión Social Año 25, n.1 A l examinar a los países del mun- do observamos, por una parte, la tremenda desigualdad que existe entre ellos y, por la otra, el comple- jo fenómeno de la globalización que producirá inevitablemente cambios fundamentales tanto entre unos paí- ses y otros, como dentro de sus pro- pios países. ¿Cuál es la situación de los distintos países? ¿Qué indicadores nos revelan su situación? ¿Por qué se encuentran donde se encuentran? ¿Qué factores determinan su desarrollo? ¿Cuál es su futuro? ¿Cómo es el proceso de globalización? ¿Qué alcances tendrá en los distintos países? ¿Es posible un mundo en que se reduzcan las des- igualdades y haya posibilidades para todos de una vida digna? ¿Qué pode- mos y qué debemos hacer? El objeto de esta exposición es tratar de responder a estas y mu- chas otras preguntas, aunque para algunas no tendremos respuesta. Los países del mundo, en rela- ción con su nivel de vida, se han definido que son de dos tipos: de- sarrollados y en desarrollo. Pero en rigor, deben dividirse en tres: desarrollados, en desarrollo y sub- desarrollados, aunque haya resis- tencia a usar este último término. De todos los países, a un poco me- nos de cincuenta se les considera desarrollados y se les llama también ricos, adelantados o industrializados. Un poco más de cuarenta son los más pobres, los países de la miseria extrema y que propiamente deben denominarse subdesarrollados. En una posición intermedia es- tán los países restantes, que pueden considerarse realmente países en desarrollo porque tienen algunos re- cursos a su favor, están pugnando por modernizarse y tratan de mejorar el nivel de vida de sus poblaciones. Sin embargo, aun dentro de los países en desarrollo hay que hacer distinciones importantes. Los hay de desarrollo lento —como algunos de Centro y Sudamérica y el Sur de Asia y otros—, aunque rezagados —co- mo China, India, Pakistán, Indonesia y Nigeria— tienen mayores posibili- dades que les aseguran un gran mer- cado interno. Si a China se le calcula el ingreso de sus habitantes por su capacidad de compra interna, China es la segunda economía del mundo. El gran problema, tanto de los países en desarrollo como de los subdesarrollados, es que muchos de ellos, por su crecimiento demo- gráfico, insalubridad crónica, baja escolaridad, inestabilidad política y deterioro ecológico, se les dificul- ta y aun se les imposibilita cumplir con los estándares internacionales Igualdad y desigualdad entre las naciones
98 La Cuestión Social Año 25, n.1 para atraer inversión y generar el crecimiento que requieren. Esos países están fuera de la ra- cionalidad mínima que exigen los inversionistas, que para invertir toman en cuenta muy diversos fac- tores políticos, económicos y so- ciales e incluso ambientales y de corrupción. La realidad es que la inversión extranjera va sólo y co- mo máximo a unos sesenta países y deja prácticamente afuera a dos tercios de la humanidad. Se ha hablado mucho de la tensión Norte-Sur en el planeta, ubicando a los países pobres al sur y los ricos al norte. La afirmación de que estos úl- timos están al norte es casi exacta ya que, a excepción de Australia y Nue- va Zelanda, los países desarrollados se encuentran a unos cuantos para- lelos al norte del Ecuador. Lo importante no es tanto su ubi- cación, sino la enorme desigualdad que existe entre esos países del Norte y los demás, sobre todo con los sub- desarrollados. En 1990 se estimaba que 18% de la población mundial producía y se beneficiaba del 66% de los bienes y servicios del mundo, mientras que el 82% restante, mayo- ritariamente pobre, lo hacía sólo en 34%. Y más lamentable aún es que en mucho países subdesarrollados su exiguo capital y conocimientos se desperdician masivamente. A la luz de todo esto, puede de- cirse que la economía mundial está objetivamente dominada por un po- co más de 30 países ricos y que las relaciones internacionales son pre- ponderantemente entre ellos mis- mos. En 1989 los préstamos hechos al extranjero fueron en 87% a paí- ses ricos. El resto se repartió entre los demás, aunque la mayoría de los países más pobres no recibió ni un dólar de estos préstamos. El comer- cio entre las empresas transnacio- nales representa ya más de la mitad del comercio exterior mundial. Los pobladores de los países sub- desarrollados son los marginados, los excluidos, los parias del planeta. No se les conoce; no se necesita lo que ellos producen; no compran lo que los ricos venden; no se les presta ni se les cobra. No son ni siquiera el Sur, ni el Tercer Mundo. Son, como alguien los denominó, el Row (Rest of the World), el resto del mundo. En general, a los gobernantes del Norte esos países no les interesan y si les dispensan alguna atención es sólo por razones políticas y hu- manitarias, no por económicas. Según el último Informe sobre De- sarrollo Humano de las Naciones Unidas, el progreso logrado en la reducción de la pobreza en el siglo XX es notable y no tiene preceden- tes, pero insiste en que los adelantos han sido desiguales y aun afectados por retrocesos. Una cuarta parte de la población mundial sigue sumida en la pobreza extrema. Alrededor de 1,300 millones de personas tienen un ingreso inferior a un dólar diario. Paul Kennedy, distinguido histo- riador, ha afirmado recientemente: «Nos estamos encaminando al siglo XXI a un mundo que consistirá en
99 La Cuestión Social Año 25, n.1 una cantidad relativamente peque- ña de sociedades ricas, saciadas y estancadas demográficamente y un gran número de naciones azotadas por la pobreza y desprovistas de re- cursos, cuyas poblaciones se dupli- can cada 25 años o menos». Estas enormes diferencias en- tre los países del mundo obedecen a numerosas causas y en diferente medida: condiciones geográficas, disponibilidad original de recursos, características de sus poblaciones, historia, política, oportunidades de educación, propensión al trabajo, al ahorro o al consumo, calidad de sus gobernantes y de sus empresarios. Y lo más grave de estas desigual- dades es que se dan también y muchas veces en forma extrema dentro de sus propias poblaciones. Los promedios suelen ocultar do- lorosas tragedias humanas. A este dramático escenario se está presentando el fenómeno de la glo- balización o mundialización. Se ha- bla del mundo como la aldea global, la fábrica floral, el mercado global. La globalización es un proceso de cre- ciente articulación e interdependen- cia de las actividades económicas, políticas y culturales que se llevan a cabo en diversas latitudes en las que todos los ámbitos geográficos y re- gionales están ligados. Este proceso presupone la universalización de un conjunto de principios organizado- res con una racionalidad dominante que es la del neoliberalismo. La difusión rápida de la ciencia y de la tecnología, sobre todo la de la tec- nología de la información (semicon- ductores, computadoras, software y telecomunicaciones), al aplastar el tiempo y el espacio, han ayudado a globalizar los mercados de la produc- ción y financieros. En las dos últimas décadas, la red global de computa- doras, teléfonos y televisores ha in- crementado su capacidad de llevar información un millón de veces. La capacidad de las computadoras se duplica cada 18 meses. Este colosal avance de las comuni- caciones, junto con la liberación del comercio y de los flujos del capital y la mayor capacidad de la transfe- rencia de la tecnología, han hecho que más economías se incorporen al mercado mundial y a que se haya in- crementado la oportunidad de com- petir para los países en desarrollo. Lo anterior está teniendo grandes consecuencias para las empresas, trabajadores y gobierno. Los costos y beneficios de la globalización se están distribuyendo en forma des- igual. Hay ganadores y perdedores. Esto está ensanchando la brecha en el ingreso y en las posibilidades de empleo, sobre todo entre trabajado- res capacitados y no capacitados. Esto está ocurriendo no sólo en los países en desarrollo, sino también en los industrializados. Sobre todo en Gran Bretaña, Australia y Nueva Zelanda la brecha entre los trabaja- dores instruidos y los otros se ha in- crementado desde principios de los años ochenta. Por otra parte, no hay duda que la globalización tendrá como resultado
100 La Cuestión Social Año 25, n.1 una tendencia a que se vaya cerrando la enorme desigualdad en los salarios que existen en los diversos países del mundo. Así lo ha afirmado el Presi- dente del Instituto de Estrategia Eco- nómica en Washington, diciendo que esto será «una mala noticia para mu- chísimos americanos». «La globalización es una realidad y quienes digan que quieren que ocurra o no, viven en un mundo de fantasía», ha afirmado un líder obrero francés. La globalización es un proceso que realmente nadie controla. El tránsito de las mercan- cías y de la inversión a través de las fronteras revela que el capital crea- dor de empleos fluye a donde pue- de ser más productivo y no a donde los gobiernos o los trabajadores quisieran que fuese. La globaliza- ción está cambiando el panorama del comercio mundial. La propor- ción del 24% que la Comunidad Europea tenía de este comercio en 1978, bajó al 18% en 1992 y re- cientemente puede estar en 14%. La globalización y el crecimiento consiguiente aliviarán la situación económica y social de muchos paí- ses, peros los subdesarrollados y aun algunos en desarrollo quedarán fuera, con lo que persistirá la pro- funda desigualdad entre países ricos y pobres que se ha descrito. Esta desigualdad está alimenta- da por el crecimiento demográfico de los países pobres, con el con- siguiente agotamiento de sus re- cursos y el deterioro ecológico de sus territorios y, como consecuen- cia, la acentuación de un fenóme- no que puede tener proporciones alarmantes: la migración galopan- te de los habitantes de los países pobres hacia los más ricos. Esta migración parece ser un fenómeno inevitable cuyas con- secuencias no han sido todavía debidamente aquilatadas. El fenómeno fue descrito en 1973 en la novela apocalíptica de Jean Raspail titulada El campo de los san- tos. En ella se relataba el éxodo de un millón de indios que abandonaban las horribles condiciones del cen- tro de Calcuta y pueblos vecinos y que abordaban una armada de bar- cos decrépitos para zarpar hacia las costas de la Riviera Francesa. Y que las autoridades de Francia se plan- teaban el terrible dilema de dejarse invadir o luchar y que los invasores miserables tuviesen que morir. Algunas manifestaciones de lo anterior han sido los boat-people que salieron de Vietnam a donde fuera; los albaneses rumbo a Italia; los haitianos que trataron de des- embarcar en Miami; los magrebíes que cruzaron el estrecho de Gilbral- tar para entrar clandestinamente a España y, finalmente, la marea irre- sistible de mexicanos y centroame- ricanos hacia Estados Unidos. Todos estos preocupantes fe- nómenos se dan en el marco de la ideología del capitalismo, hoy triun- fante en el mundo con sus luces y sombras: el llamado neoliberalismo cuyos conceptos básicos son el mer- cado, la competencia, la apertura, las
101 La Cuestión Social Año 25, n.1 privatizaciones, la desregulación, la disciplina fiscal, la reducción del Es- tado y de su acción social y la decli- nación del sindicalismo. ¿Tendrá esta ideología la capacidad de resolver los problemas planteados? Hace más de 35 años, Bárba- ra Ward, en su libro Las naciones ricas y las naciones pobres, decía que se estaba experimentando un proceso de cambio en la manera de vivir y ver las cosas, un proceso que cambiaba todo y pronto, y que este proceso lo constituían cuatro revoluciones. Una de ellas era la idea del pro- greso, con la posibilidad de un cam- bio material que condujera a una vida mejor. Otra, el repentino y vas- to crecimiento de la raza humana en la faz de la tierra. Otra más, la aplicación de la ciencia, del ahorro y de la inversión en los procesos económicos. Y en primer lugar, en el campo de las ideas, la revolución de la igualdad, una de las mayores fuerzas que mueven al mundo hoy. La revolución de la igualdad, decía Ward, tiene sus raíces en dos pro- fundas tradiciones de la sociedad occidental: la griega y la judeo-cris- tiana. Los griegos, a pesar de que ex- cluían a las mujeres y a los esclavos como ciudadanos, disfrutaban de igualdad ante la ley, que era su es- cudo ante la tiranía. La visión judeo- cristiana se finca en la creencia de que todos los seres humanos son iguales ante Dios y que, por tanto, su igualdad es innata, metafísica e independiente de consideraciones de raza, clase o cultura. En la encíclica Sollicitudo Rei Socialis, Juan Pablo II afirma que: «tanto los pueblos como las perso- nas individualmente deben disfru- tar de una igualdad fundamental sobre la que se basa, por ejemplo, la Carta de Organización de las Na- ciones Unidad: igualdad que es el fundamento del derecho de todos a la participación en el proceso de desarrollo pleno» (SRS, 33). Por otra parte, en Gaudium et Spes se dice: «La igualdad funda- mental entre todos los hombres exige un reconocimiento cada vez mayor. Porque todos ellos, dotados de alma racional y creados a ima- gen de Dios, tienen la misma natu- raleza y el mismo origen. Y porque, redimidos por Cristo, disfrutan de la misma vocación y de idéntico destino». Y se subraya: «resulta es- candaloso el hecho de las excesivas desigualdades económicas y socia- les que se dan entre los miembros o los pueblos de una misma familia humana» (GS, 29). Todos los hombres, tanto des- de el punto de vista natural como sobrenatural, son esencialmente iguales por tener el mismo origen, dignidad y destino, esencia de la que procede la unidad del género humano. Y todos los hombres son existencialmente desiguales por las innumerables diferencias que los particularizan como individuos y que surgen de muchos y muy varia- dos factores accidentales, extrínse- cos a la esencia del hombre.
102 La Cuestión Social Año 25, n.1 Si la igualdad esencial de todos los seres humanos como individuos les confiere derechos fundamentales e inalienables, esto implica para los individuos superiores —ya sea en riqueza, poder o conocimientos— que deben pugnar por la vigencia de esos derechos y que las desigualda- des existentes dentro de los países se vayan reduciendo de algún modo. A este propósito, Juan XXIII seña- la: «resultan anacrónicas las teorías, que duraron tantos siglos, por virtud de las cuales ciertas clases recibían un trato de inferioridad, mientras otras exigían posiciones privilegia- das a causa de la situación económi- ca y social, del sexo o de la categoría política. Hoy, por el contrario, se ha extendido y consolidado por do- quiera la convicción de que todos los hombres son, por dignidad natural, iguales entre sí» (PT, 43-44). Ahora bien, ¿esto que es válido para las personas individuales lo es para los países mucho meno- res que a otros, cuyas poblacio- nes están también constituidas por personas individuales? Quizás la desigualdad existencial entre los países desarrollados y en desarrollo pueda irse mitigando, pe- ro por lo que se refiere a la diferen- cia de los primeros con los países de la pobreza extrema, ésta es tan gran- de que no se ve cómo las exigencias de la igualdad esencial de sus pobla- dores puedan ser atendidas. Como solución a este gravísimo problema, tanto de los países en de- sarrollo como de los subdesarrolla- dos, se ha planteado la globalización y el crecimiento económico. Existe crecimiento cuando una población puede producir y consumir mayores bienes y servicios, ya sea por emplear más capital, más trabajo, mejores téc- nicas, todo ello conducente a tener una mayor productividad. La esperanza de que el creci- miento económico sea la fórmula para reducir las desigualdades no sólo dentro de los países, sino entre los países, ha sido muy discutida, toda vez que se piensa no sólo en el crecimiento que beneficia a unos cuantos, sino al que beneficia todas las personas y a todos los países. Una voz de advertencia acerca de las posibilidades reales de esta fór- mula se dio hace más de 25 años en el libro del Club de Roma, titulado Los límites del crecimiento, el cual causó gran controversia por la me- todología empleada y las afirmacio- nes respecto al futuro del mundo. En relación al mismo tema, dos años después, apareció la obra La humanidad en la encrucijada, de M. Mesarovic y E. Pestel, auspiciada también por el Club de Roma, en la que los autores, con mayores reser- vas y precisión, insistieron en que: si bien las brechas entre el hombre y la naturaleza y el Norte y el Sur deberían reducirse para evitar ca- tástrofes que pudieran destruir al mundo, eso sólo se lograría si se re- conociese explícitamente la unidad global y lo finito de la Tierra. Es evidente que pretender alcan- zar tasas muy altas de crecimiento
103 La Cuestión Social Año 25, n.1 en todo el mundo, sin el consiguien- te ajuste en el nivel de vida de mu- chos países desarrollados, no es realista. No se puede pensar en cre- cimiento del 6% o más de todo el mundo sin que en el largo plazo no tenga lugar un agotamiento final de los recursos. Sin embargo, para reducir las des- igualdades, un cierto crecimiento es indispensable, pero habría que dis- cernir muy bien, tomando en cuenta consideraciones tanto técnicas co- mo ecológicas y desarrollo humano. ¿Qué tipo de crecimiento, su forma, sus tiempos y sus procesos? Según la ONU, los programas de crecimien- to han fallado para la cuarta parte de la población mundial. Algunos países, casi la mitad, están en peor situación que hace diez años. No existe, ha dicho James Gus- tave Spetch, director del Progra- ma de las Naciones Unidas para el Desarrollo, un vínculo automático entre el crecimiento económico y el desarrollo humano, lo que al pa- recer confirma la falsedad de que la riqueza «ya irá permeado» a to- das las clases de la sociedad. Y lo mismo podría decirse a todos los países del mundo. Aunque no se ha dicho expresa- mente que la globalización econó- mica sea un instrumento específico para reducir las desigualdades en- tre los países ricos y pobres, sí se ha afirmado que el aumento en el in- tercambio mundial, el desarrollo de nuevos mercados, inevitablemente mejoraría la situación de muchos países en desarrollo, aunque no la de los subdesarrollados. Por ello, es indispensable señalar las ventajas y desventajas de la globalización. La vinculación de una economía planetaria en una familia de perso- nas y de naciones es una inmensa oportunidad para la humanidad. «Es buena y provechosa», dijo Juan Pablo II en Centesimus Annus, la globaliza- ción abre a muchos países mercados para sus productos y, consiguiente- mente, empleo para sus trabajadores. La división internacional del trabajo permite a los países aprovechar sus ventajas comparativas. Sin embargo, son muy numerosos los inconvenientes que existen y que requieren ser evaluados cuidadosa- mente: se desplaza la oferta interna por las importaciones, hay vulnera- bilidad frente a los flujos del capital financiero; el Estado-nación es reba- sado en sus decisiones económicas; hay desindustrialización y ruptura de las cadenas productivas y, muy es- pecialmente, dada la importancia de las empresas transnacionales, hay un desfase entre su racionalidad privada y la lógica del interés nacional. Además, se insiste en que mu- chas de las decisiones que afectan a la macroeconomía de los países pobres se toman fuera de ellos: la inversión extranjera, las tasas de interés, los precios de intercambio, la tecnología. Y que en la globaliza- ción salen beneficiados aquellos a quienes la internacionalización au- menta sus posibilidades de lucro y pierden aquellos que quedan aisla- dos, al margen de toda ventaja, por incompetencia u otras razones.
104 La Cuestión Social Año 25, n.1 Debe señalarse que en el mundo existen muchas empresas multina- cionales. Tienen 60 millones de tra- bajadores y empleados, un tercio de los activos privados del mundo y producen una cuarta parte de sus bienes y servicios. Constituyen una fuerza colosal poco controlada. Ya hemos señalado el fenómeno de la migración de los habitantes de los países pobres hacia los países ricos con las presiones y conflictos consiguientes y la preocupación por esta migración en sus gobernantes. La globalización económica implica que todos los factores de producción —capital, conocimientos, adminis- tración— se muevan a través de las fronteras nacionales en forma de in- versiones, experiencia de consulto- res, nuevas plantas y otras cosas. Hay también intercambio de mercancías. Pero hay un factor de la producción que no ha sido liberado: el trabajo. Lo anterior es algo que repug- na a la conciencia. ¿Por qué si tú tienes la libertad de venderme lo que produces, yo no puedo ven- derte mi trabajo? Y aún más, ¿si tú me vendes lo que produces y eso antes yo lo producía, cómo quieres que te lo compre ahora, si ya no tengo empleo y no te lo puedo comprar? A estos problemas se refirió hace años Paul A. Samuelson al postular su teorema de la igualación de los precios de los factores, que plantea que: en condiciones de competencia perfecta y libre movimiento de mer- cancías, el comercio internacional produciría la igualación en términos absolutos y relativos de la remune- ración de los factores de la produc- ción, entre otros, del trabajo. Desde luego que ese plantea- miento es muy teórico, aunque no hay duda que una forma de re- tener a quienes quieren emigrar es que tengan oportunidad de ga- narse razonablemente la vida en su propio país produciendo mer- cancías que compren quienes viven en el país al que quieren emigrar. El problema estriba en que las trabas arancelarias y no arancelarias, por una parte, y las diferencias en los términos de in- tercambio y los tipos de cambio consiguientes, por la otra, hacen que esta igualación sea más apa- rente que real. Otra de las manifestaciones de la globalización que ya hemos mencionado es la gigantesca ex- plosión de las comunicaciones y sus consecuencias. No hay duda que los pobres de otros tiempos eran más miserables y sus con- diciones de vida más desespera- das, pero no tenían aunque fuese una televisión destartalada para ver cómo vivían los ricos. Y pa- ra estos últimos también esa vi- sión constante de las desgracias de los demás los está haciendo insensibles a la desgracia en ge- neral, porque se apodera de ellos una sensación de impotencia y desánimo que les orilla simple- mente a cambiar de canal. La po- breza actual existe junto a una riqueza tan ostentosa que ambas se conocen como nunca antes se habían conocido.
105 La Cuestión Social Año 25, n.1 Es evidente la existencia de es- ta insensibilidad hacia las necesi- dades y el mal de los demás. Hay una erosión profunda de la solida- ridad humana que ha hecho mella en amplios sectores de los países y del mundo. Y tenemos que reco- nocer que esto, en buena parte, se debe al espíritu mismo de una eco- nomía de mercado a secas. Como empresarios, estamos des- de luego a favor de una economía de mercado, pero estamos conscien- tes de sus límites e imperfecciones. No podemos estar conformes con ese espíritu que suele animarla: espíritu de cálculo, avaricia, ambi- ción desbordada, indiferencia hacia los demás y lucha sin cuartel. Oc- tavio Paz ha dicho certeramente: «El mercado es un mecanismo que ignora la justicia y la piedad. Debe- mos humanizarlo. Es una creación nuestra, de modo que podemos orientarlo y volverlo más equitati- vo y menos anárquico». Luis de Sebastián ha afirmado que el liberalismo económico de hoy es una lucha de todos contra todos, que discrimina a favor de los más fuertes. La competencia es el nombre de esta lucha, que mani- fiesta las posibilidades de supervi- vencia de los más fuertes a costa de los menos fuertes y de los positiva- mente débiles. En esta concepción económica no hay mucho espacio para la compasión, como tampoco lo hay para la igualdad y la solidari- dad. Se dice que el problema crucial de esta idea es que, si bien en un primer momento efectivamente los beneficios de un mayor intercam- bio y competencia son a favor de los más fuertes, en el futuro la mayor actividad económica de algún mo- do descenderá también a favor de los más débiles. La realidad es que este trickle down, que tanto se ha mencionado, les llega exiguamente o no les llega nunca a los pobres. La reforma económica que se ha denominado ‘neoliberalismo’ se define por el predominio del in- terés particular como eje organi- zador y principio de racionalidad de la vida social, dentro de la más rigurosa ortodoxia del liberalis- mo económico. Pero hoy, el suje- to portador del interés particular no es el individuo que compite en condiciones de igualdad con una multiplicidad de individuos se- mejantes. Ahora, el portador del interés particular es un sujeto corporativo, transnacional, anóni- mo y, a menudo, ubicuo. Aquí cabe mencionar lo dicho por Juan Pablo II en Sollicitudo Rei So- cialis: «es necesario denunciar la existencia de unos mecanismos eco- nómicos, financieros y sociales, los cuales, aunque manejados por la voluntad de los hombres, funcionan de modo casi automático, haciendo más rígidas las situaciones de rique- za de unos y de pobreza de los otros. Estos mecanismos, maniobrados por los países más desarrollados de modo directo o indirecto, favorecen, a causa de su mismo funcionamien- to, los intereses de los que manio- bran, aunque terminan por sofocar o condicionar las economías de los países menos desarrollados. Es ne- cesario someter en el futuro estos
106 La Cuestión Social Año 25, n.1 mecanismos a un análisis atento bajo el aspecto ético-moral» (SRS, 16). «A este respecto deseo recor- dar particularmente: la reforma del sistema internacional de comercio, hipotecado por el proteccionismo, la reforma del sistema monetario financiero mundial, reconocido hoy como insuficiente, la cuestión de los intercambios de tecnologías de su uso adecuado; la necesidad de una revisión de la estructura de las orga- nizaciones internacionales existen- tes, en el marco de un orden jurídico internacional» (SRS, 43). Hay una aspiración generalizada y legítima de todos los seres humanos de mejorar su nivel de vida. Se pug- na en todos los países por un mayor bienestar material y se postulan co- mo medios para alcanzarlo un mayor intercambio mundial, la globaliza- ción, el crecimiento. Pero hay que se- ñalar con realismo los límites a los que debe enfrentarse ese propósito. No es posible que el nivel de vida de los países desarrollados pueda ser el de muchísimos en desarrollo, ni qué decir el de alguno de los subde- sarrollados. Decía Mahatma Gandhi: «La tierra puede producir lo suficien- te para satisfacer las necesidades de cada persona, pero no la codicia de cada individuo». Y Gabriel Zaid ha di- cho: «Después de tantas soluciones costosas y fracasadas, hay que buscar maneras de ser más con menos». Es- tas sobrias y nobles advertencias nos deben hacer reflexionar. Michel Falise, quien fue presi- dente de la Unión Europea de Uni- versidades Católicas, ha dicho que: «como todo cambio importante, la interdependencia económica y fi- nanciera cada vez mayor abre el campo del futuro, tano en sus as- pectos positivos como negativos (…) En una palabra, puede ser su mejor oportunidad para un incremento de la solidaridad; pero también hay que contar con el riesgo contrario: el del miedo, el de negarse a la apertura, el replegarse sobre sí mismo». Añade: «la acentuación de las des- igualdades a escala internacional plantea otro problema ético. ¿Hasta dónde deben extenderse nuestras preocupaciones y nuestros compro- misos concretos de solidaridad? (…) ¿El bien común, que supera nuestro interés individual, se circunscribe a un espacio determinado?, ¿tiene que detenerse en alguna parte?, ¿dónde? La respuesta no es sencilla. Y es ante todo de orden ético». Finalmente, afirma: «que de las dos críticas anteriores de tipo éti- co se desprende una tercera: la del abandono de ciertas parcelas de so- beranía nacional en beneficio de los poderes públicos internacionales». Ante esta situación de la enor- me desigualdad entre países ricos y pobres hay que insistir, desde una perspectiva cristiana, en esa urgente y absoluta necesidad de la solidaridad internacional. Debe ser una solidaridad visionaria y efec- tiva que supla la falta de sistemas redistributivos formales a escala in- ternacional, aunque sea a costa de sacrificios de quienes están mejor. El Papa Juan XXIII en la encíclica Pacem in Terris decía: «Y como hoy
107 La Cuestión Social Año 25, n.1 el bien común de todos los pueblos plantea problemas que afectan a to- das las naciones, y como semejantes problemas solamente puede afron- tarlos una autoridad pública cuyo poder, estructura y medios sean su- ficientemente amplios y cuyo radio de acción tenga un alcance mundial, resulta, en consecuencia, que, por imposición del mismo orden moral, es preciso constituir una autoridad pública general» (PT, 137). Y Bárbara Ward, en las últimas páginas de su libro que hemos mencionado, hacía esta dramática requisitoria: «¿Si consideramos la igualdad de los seres humanos co- mo un hecho moral y profundo, po- demos realmente contentarnos de verlos en continua inanición y mala salud, pasar hambre y morir, cuando tenemos medios para ayudarles?». Hemos señalado las estrujantes di- ferencias entre los diversos países del mundo, sus exigencias, sus esperanzas y los riesgos de la indiferencia y pasivi- dad. Hemos examinado los fenóme- nos del crecimiento económico, del desarrollo humano, de la demografía y de la globalización. Hemos escucha- do los juicios acerca de esta situación y las voces que apelan a nuestra con- ciencia moral y nos instan a encontrar soluciones. ¿Qué hacer? Es evidente que tratar de que se reduzcan los índices de pobreza y desigualdad en el mundo es una tarea gigantesca y que solamente se avanzará en ese propósito si se da un cambio cultural radical en los pobladores del planeta y, sobre todo, en sus gobernantes. Ese cambio cultural radical debe ser fundamentalmente un cambio moral, un renacimiento generaliza- do de los principios y valores que la humanidad requiere para su digni- dad, supervivencia y bienestar. Al- guien ha dicho que la revolución del siglo XXI será moral o no será. La práctica de las virtudes tradi- cionales de la generosidad, la com- pasión, la justicia, la honradez, el amor al prójimo es indispensable para la convivencia pacífica y prós- pera de los hombres y de los pue- blos. No se puede aspirar a que se disminuyan las desigualdades entre los países si no hacemos un esfuer- zo sobrehumano para atenuarlas lo más posible dentro de nuestros propios países, a la luz de ese renaci- miento moral indispensable. Es indispensable combatir los ex- cesos del consumo y el hedonismo, característicos de los países desarro- llados, que desafortunadamente se extienden a los países pobres, sobre todo por el efecto de las comunica- ciones y el intercambio comercial. La moderación de las expectativas de la gente en general y la austeridad en el consumo son vitalmente necesarias para el ahorro y la inversión que exi- ge el crecimiento económico al que aspiran esos países. Para conseguir la ambiciosa meta de reducir las desigualdades, está en nuestras manos un instrumento formidable: la educación, que tan- to se ha mencionado como la gran palanca para el crecimiento econó- mico y el desarrollo humano. Pero debe ser educación integral, en su
108 La Cuestión Social Año 25, n.1 más profundo sentido de conoci- mientos y aptitudes para ganarse la vida, pero también los principios y valores para la formación de su ca- rácter y su voluntad en orden a una conducta moral y civilizada. Esta vital tarea ha estado tradicio- nalmente encomendada a la escuela, pero es indudable que a ella deben concurrir desde luego la familia y la Iglesia, pero también lo más posible la empresa. Ante las deficiencias de los agentes educativos formales, la empresa tiene una responsabilidad ineludible en esta materia. En América Latina, en 1970, la educación era comparable con la del Sudeste asiático. Hoy, el adulto latinoamericano tiene en prome- dio sólo cinco años de estudios en comparación con su contraparte en el Sudeste asiático, de nueve años. La raíz de la profunda desigualdad social en América Latina está en el acceso desigual a la educación. Una investigación del Banco Interame- ricano de Desarrollo muestra que mejorar la extensión y calidad de la educación haría más que cualquier otra medida para incrementar el crecimiento e igualar la distribu- ción del ingreso. El propósito de disminuir las desigualdades, tanto dentro de los países como entre los países, de- be tener como uno de los objetivos prioritarios y expresos de su política económica erradicar la pobreza de sus poblaciones. El esfuerzo de algu- nos países en este sentido es nota- ble. Un ejemplo es Malasia: en 1970, 60% de su población vivía por deba- jo de la línea de la pobreza de ingre- so; en 1993 estaba en 14% y para el año 2000 se ha fijado la meta de 7%. Muchos afirman que no es posi- ble incurrir en el gasto que impli- ca la erradicación de la pobreza. Esto no es así. Según el Informe sobre Desarrollo Humano de las Naciones Unidas que hemos men- cionado, con alrededor del 1% del ingreso de los países en desarrollo se estima que bastaría para cubrir el costo adicional para lograr pres- tar servicios sociales básicos a to- dos los países en desarrollo. A pesar de sus limitaciones, el crecimiento económico es el instru- mento principal para la reducción de la pobreza y las desigualdades. Requiere numerosas medidas, en- tre otras reducir el desempleo, promover la agricultura en peque- ña escala, la microempresas y el sector no estructurado, rescatar las zonas ecológicamente deterio- radas, fomentar el ahorro popular e impulsar la participación de los interesados. Sobre todo en esto se insiste mucho en la participación de la mujer. A cerca de este último punto, Paul Kennedy ha afirmado que no hay una acción individual que pueda contribuir más en el desarrollo que invertir en las niñas, lo que tiene el doble efecto de disminuir la presión demográfica al retrasar su materni- dad. Y también invertir en el desa- rrollo de las mujeres, sobre todo en el de las más pobres, quienes tienen una gran capacidad emprendedora y logran hacer mucho con muy poco.
109 La Cuestión Social Año 25, n.1 Sin embargo, el simple crecimien- to económico no es suficiente para reducir las desigualdades. Es indis- pensable que, a la par que crece el ingreso de las personas y de los países, se incrementen también las condiciones de vida y que ese mayor bienestar se extienda de algún mo- do a todas las capas de la población. El desarrollo humano, según los indicadores de las Naciones Uni- das, comprende no sólo un mayor ingreso, sino mejor salud para una vida más larga y menos mortalidad infantil, mayor educación y alfabe- tización y más oportunidades de ganarse la vida; cuando se invierte en desarrollo humano juntamente con el crecimiento económico se generan más aptitudes en la gente, se obtiene una espiral virtuosa de reducción de la pobreza de ingreso y de la pobreza humana. Indone- sia, Malasia y Corea así lo hicieron. No así Egipto y Pakistán. Es interesante presentar aquí los datos de dos países: México y Sri Lanka, la antigua isla de Ceilán. El primero tiene un producto per cápita ajustado de 5,915 dólares y el segundo de 3,277; sin embargo, los dos tienen la misma esperanza de vida al nacer (72 años), la mis- ma tasa de alfabetización de adul- tos (90%) y la misma matrícula en educación básica (66%). Es evidente que el crecimiento económico y el desarrollo humano son medios idóneos para alcanzar ese bienestar y bienser al que aspi- ran todos los seres humanos y para reducir las extremas desigualdades que les aquejan. Pero esos medios, a su vez, requieren un elemento fundamental que es escaso y que está en la raíz de todas las carencias y rezagos de la población del mun- do: los recursos financieros, el capi- tal, la inversión, el dinero… Ante la escasez de este bien in- dispensable que es el capital, hay que pugnar por generarlo y evitar que se desperdicie. No hay duda que se produce para consumir, pe- ro cuando un bien se consume, su capacidad de reproducirse —su fecundidad— se pierde para siem- pre, mientras que un bien que se invierte la conserva para siempre. Es increíble cómo se desperdicia el capital en el mundo, tanto en los países ricos como en los pobres. En la primera época del desarrollo no hay ninguna esperanza de creci- miento, a menos que pueda persua- dirse a la gente en general a asumir un programa ambicioso y creciente de ahorro y de formación de capital. Sin embargo, ahorrar implica priva- ción, reducción del consumo ordi- nario. ¿Puede persuadirse a la gente pobre, y menos aún a votar, para so- meterse a un compromiso de redu- cir su consumo por cinco o diez años para tal fin? Éste es un dilema inescapable y exige, sobre todo de los gobernantes de los países pobres, un liderazgo excepcional. La creación del capital, en el interior de los países, implica todo un cambio cultural: modera- ción y sacrificios de grandes capas de la población, desarrollo del espí- ritu emprendedor con su capacidad
110 La Cuestión Social Año 25, n.1 de asumir riesgos, de inventiva y de aumento de la productividad. Y también se requiere un esfuer- zo en el cual lo que hagan o dejen de hacer los países desarrollados tiene una influencia decisiva en los demás: comercio exterior equita- tivo, deuda externa en condiciones favorables, inversiones pertinen- tes con visión de largo plazo, cier- tas facilidades para la emigración y también ayuda directa. En relación a esta ayuda directa cabe señalar que en los años 70 las Naciones Unidas pidieron a los países de la OCDE que para lo que iba a ser la década del desarrollo destinaran 0.7% de su Producto Interno Bruto a este fin. No lo han cumplido. Estados Unidos lo hace sólo en 0.2%. Y desgracia- damente, mucha de esta ayuda ha caído en malas manos y se ha usado para otros propósitos. Juan Pablo II ha dicho: «los cris- tianos deberán hacerse voz de todos los pobres del mundo proponiendo el Jubileo como un tiempo oportu- no para pensar, entre otras cosas, en una notable reducción, si no en una total condonación, de la deuda inter- nacional que grava sobre el destino de muchas naciones». Es alentador que hace unas semanas el Banco Mundial ha informado su acuerdo de reducir drásticamente y aun can- celar la deuda externa de varios paí- ses subdesarrollados y también la de algunos en desarrollo. La acción de los países ricos a fa- vor de los países en desarrollo y de los subdesarrollados tiene que fin- carse en la convicción profunda de la necesidad de la solidaridad in- ternacional. Esta solidaridad, co- mo se dijo en la encíclica Sollicitudo Rei Socialis: «no es un sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas. Al con- trario, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común, es decir, por el bien de todos y cada uno, porque todos so- mos verdaderamente responsables de todos» (SRS, 38). Y en Populorum Progressio se afirma: «El deber de solidaridad de las personas es tam- bién el de los pueblos: los pueblos ya desarrollados tienen la obligación gravísima de ayudar a los países en vía de desarrollo… Lo superfluo de los países ricos debe servir a los paí- ses pobres» (PP, 48-49). Esta solidaridad hay que cultivar- la subjetivamente para equilibrar el motivo de lucro de los comporta- mientos humanos y plasmarla cons- cientemente en estructuras objetivas. Debe ser una solidaridad que supla la falta de sistemas redistributivos for- males a escala mundial y que contri- buya a paliar los efectos que genera la internacionalización, particularmen- te el aislamiento y la marginación de los países más pobres. Debe ser una solidaridad que de algún modo limi- te las tendencias hegemónicas de las grandes potencias y las ambiciones de predominio absoluto de las em- presas multinacionales. Bárbara Ward decía: «Los países ricos deben aceptar la obligación común de proveer de capital y asis- tencia técnica a los países subde- sarrollados y al hacerlo ampliarán también su prosperidad y bienes-
111 La Cuestión Social Año 25, n.1 tar. Una de las pruebas más vivas de que hay un gobierno moral en el universo es el hecho de que cuando los hombres o los gobiernos traba- jan inteligentemente y con visión de futuro por el bien de los demás, alcanzan su propia prosperidad». Esta solidaridad debe cristalizar- se en organizaciones a escala mun- dial que de algún modo establezcan obligaciones y compromisos a favor de una mayor justicia internacional. Desde luego que no puede pensar- se en una sociedad política mundial integrada, pero es posible concebir muchas etapas intermedias: coope- raciones informales, cooperaciones institucionalizadas y duraderas, en- tidades regionales de tipo federal, instancias internacionales con com- petencias especializadas. Es indis- pensable imaginar e innovar mucho en este camino. Se ha dicho que el mundo se en- cuentra en un período de transi- ción en el que se está dando una aceleración del tiempo histórico. En el libro El futuro del capitalis- mo, que apareció el año pasado, el autor, Lester C. Thurow, dice que la humanidad se encuentra hoy como aquel pez que había sido sacado del agua y que se sacudía desesperadamente para encontrar su camino de retorno y que en esa situación nunca se planteó a dón- de le llevaría el próximo aleteo, si- no sólo sentía que era intolerable y debía intentar algo más. Y subraya que para sentirnos seguros en el nuevo medio, en el cual repentina- mente nos encontramos como el pez, debemos comprenderlo. Thurow afirma que el mundo eco- nómico de hoy está en un período de equilibrio interrumpido que se ha configurado por cinco fenómenos: el fin del comunismo, el cambio tecno- lógico basado en la capacidad inte- lectual del hombre, una demografía nunca antes vista, una economía glo- bal y una era sin un poder económi- co, político o militar dominante. Y se pregunta, en relación a la ideología del liberalismo económico renovado, qué es lo que tiene que hacer y có- mo hacerlo si quiere sobrevivir, has- ta dónde puede llega la desigualdad creciente antes de que el sistema se derrumbe; qué hace el capitalismo para adaptarse a las nuevas circuns- tancias cuando no existen las ame- nazas externas del comunismo ni las amenazas internas del socialismo. Como ya hemos indicado, la eco- nomía de mercado a secas del neo- liberalismo es inaceptable. Hay una acción del Estado insustituible no sólo para corregir los excesos del mercado, sino para ayudar a los dé- biles y atenuar las desigualdades. Pero esta necesaria acción del Es- tado, si no queremos que caiga de nuevo en el caos de las economías dirigidas y los devaneos populistas, es indispensable que la sociedad, a través de sus grupos intermedios y sus organizaciones gremiales, cívi- cas y políticas, la equilibre. Para concluir, la igualdad esen- cial de los seres humanos, creados a imagen y semejanza de Dios, con un destino eterno y llamados a vivir en sociedad, exige que todos tengan un mínimo de bienestar que les permi- ta vivir y lograr bien. Ya nuestro poe-
112 La Cuestión Social Año 25, n.1 ta Díaz Mirón había dicho: «Nadie tendrá derecho a lo superfluo mien- tras alguien carezca de lo estricto». La pobreza extrema no debe ser sufrida en silencio por los pobres ni debe ser tolerada por quienes están en situación de cambiarla. Ante la aspiración de los pobres del mundo de mejorar su condición y de reducir las desigualdades, hay que reconocer, con realismo, la limi- tación de los recursos del planeta, el dinamismo del crecimiento demo- gráfico y el deterioro del medio am- biente, Por ello, debe plantearse esta inescapable pregunta: quienes ganan mucho y tienen todo, tanto dentro de los países como entre los países, ¿es- tarían dispuestos a ganar y tener me- nos para que quienes ganan poco o no tienen nada puedan ganar y tener lo necesario para vivir dignamente? La respuesta es que es casi impo- sible que quienes viven en la abun- dancia estén dispuestos a reducir su nivel de vida, pero la pregunta sigue en pie. Es indudable que no hay ni habrá mucho para todos. Si se quiere avanzar en este aza- roso camino de aumentar el creci- miento para reducir la pobreza y las desigualdades, esto sólo se con- seguirá si se concilian las exigencias del orden y de la justicia, indispen- sables para una convivencia pacífica y solidaria. Y sólo si se lleva a cabo una acción concertada del merca- do, el Estado y la sociedad a fin de cambiar las llamadas estructuras sociales: costumbres, leyes e institu- ciones para alcanzar dicho fin. Una nueva corriente está surgien- do en los países desarrollados a fa- vor de un nivel de vida más sencillo, con un consumo menor de las cosas y el destierro del desperdicio. Es el regreso a aquellas prácticas de otros tiempos de remendar la ropa, aho- rrar el agua, apagar las luces, no de- jar comida en el plato y guardar todo aquello que podía ser útil. Pero este cambio en las estruc- turas, en las costumbres, las leyes y las instituciones sólo se dará si a su vez quienes participan en la vi- da económica cambian su conducta personal, toman conciencia del pro- blema y asumen el compromiso de contribuir a resolverlo. Se necesitará este profundo cambio en quienes in- vestigan, enseñan y comunican; en quienes gobiernan, legislan y juz- gan, en quienes invierten, producen y administran y en quienes trabajan, ahorran y consumen. Este profundo cambio de todos implica una conversión moral, con- versión que sólo será posible en rea- lidad si es animada verdaderamente por el espíritu del Evangelio. CS La cuestión social, IMDOSOC, año 5, no. 4 (invierno, 1997) pp. 344-357.
113 La Cuestión Social Año 25, n.1 D ebemos convencernos que es indispensable un profun- do cambio cultural en relación al consumo y a la distribución de la riqueza que una sociedad produce. A lo largo de la historia siempre hubo personas y aun grupos que llevaron el consumo a extremos de lujo, extravagancia y despilfarro. El ansia de placer, el deseo de grati- ficarse o de mostrarse superiores a otros les impulsaba a adquirir, acumular bienes y procurarse ser- vicios con abundancia y variedad. El consumismo, fenómeno social y económico del que hoy se habla tanto, es algo más que un simple consumo excesivo. Es la propensión de mucha gente a adquirir cosas o a procurase satisfacciones, casi como autómatas, sin suficiente reflexión, inducidos por la publicidad, por la moda o por las costumbres de los demás. Consumir sin razones ver- daderamente válidas, comprar por comprar, distraerse por distraerse. Hipertrofiar —digámoslo así— el consumo, esto es el consumismo. Manifestaciones de este fenóme- no son comprar demasiadas unida- des de la misma cosa: demasiados vestidos, demasiadas corbatas, de- masiados relojes… Llenarse de co- sas innecesarias, gadgets, baratijas. Comprar cosas que, aunque nos gustan, no vamos a usar por falta de tiempo: los libros que no vamos a leer, los discos que no vamos a oír… Adquirir cosas simplemente porque otros las adquieren, el esno- bismo, la imitación, el seguimiento dócil y sin discernimiento de pa- trones de consumo de personas de niveles superiores o de otros paí- ses. Cambiar lo que tenemos, sim- plemente por cambiarlo, el equipo más automatizado sin necesidad ―pensemos en el cepillo de dien- tes eléctrico—, el refrigerador de distinto color, el coche de último modelo. Descartar las cosas antes de tiempo, sin siquiera esperar que termine su vida razonablemente útil. Querer siempre lo nuevo, sim- plemente por nuevo y no por mejor. El desperdicio, los sobrantes inne- cesarios, los platos rebosantes que no vamos a acabarnos. Las envoltu- ras exageradas, los envases que va- len más que lo que contienen. En el campo de los servicios su- cede lo mismo. Se come fuera de casa con excesiva frecuencia y a costos altos. Hay que salir a diver- tirse casi por obligación. La gente viaja y se desplaza como querien- do huir de algo. Y todo el proceso estimulado y apoyado por la publicidad —rea- lizada hoy aprovechando ya los avances de las ciencias de la con- ducta—, las ventas a plazos y esa varita mágica moderna que es hoy la tarjeta de crédito. Nuestro país es más bien una co- lectividad de acusados contrastes, al grado que se ha dicho que existen ¿Qué debemos hacer?
114 La Cuestión Social Año 25, n.1 dos Méxicos. Uno, el de quienes tie- nen propiedad o tienen empleo, pue- den alimentarse bien, disponen de habitación decorosa, reciben educa- ción, atención médica y sienten que es posible un futuro mejor para ellos y para sus hijos. Y otro México, el de quienes no tienen propiedad algu- na ni empleo estable, quienes pasan hambre y visten andrajosamente, vi- ven en habitaciones infrahumanas, no tienen acceso real a la educación ni a la atención médica y para quie- nes sólo hay un futuro sin esperanza. Para México, el problema de los altos patrones de consumo, el con- sumismo, se nos ha presentado por la gran difusión de las comu- nicaciones y por la cercanía de Es- tados Unidos. Y entre nosotros la revolución de las expectativas y exi- gencias crecientes se agrava, pues nuestra economía no cuenta con los recursos ni con la tecnología ni con la productividad para satisfacerlas. El consumo excesivo, propicia- do por quienes han tenido interés en producir y vender, y realizado por quienes se han dejado arras- trar por él, está llevando a una parte de la humanidad a una ma- terialización creciente de la vida y sus consecuencias son la angustia, la desorientación, el hastío. Nuestra conciencia moral y el sentido común nos dicen que de- bemos salir de la trampa en que torpemente nos hemos encerrado. Esta elevada propensión al consu- mo es en México causa muy impor- tante de nuestra falta de ahorro, que es a su vez causa de falta de capi- tales, de inversión y de creación de fuentes de empleo. Los mexicanos que hoy consu- mimos mucho, tenemos una res- ponsabilidad hacia los mexicanos que consumen poco, y hacia los mexicanos de las generaciones fu- turas. La situación actual no puede continuar. ¿Qué debemos hacer? Nuestra generación ha heredado un sistema de vida en el que las gran- des diferencias sociales se ignorar o se justifican; en donde lo que cuenta es lo que cada individuo quiere, sin preocuparse por las consecuencias que sus actos tengan en sus seme- jantes; en el que parece descono- cerse lo limitado de los recursos naturales y lo finito del mundo; en el que una mala entendida libertad se rebela a aceptar las restricciones que el bien común exige. Debemos convencernos que es indispensable un profundo cam- bio cultural en relación al consu- mo y a la distribución de la riqueza que una sociedad produce. Tenemos derecho a la alegría y a la felicidad. Pero para ello, se re- quiere un nuevo estilo de vivir, una vida más sencilla y moderada, con respeto para la naturaleza, consi- derando las necesidades de los demás y con el propósito de contri- buir a la instauración de una con- vivencia más justa, más humana y más fraterna. CS Signo de los tiempos, IMDOSOC, año 19, no. 125 (dic., 2003), pp. 3-4.
115 La Cuestión Social Año 25, n.1 E n libros y periódicos, en cáte- dras y conferencias, en foros y asambleas, se ha repetido que nues- tra sociedad necesita una transfor- mación fundamental que consiste, sobre todo, en redistribuir la riqueza, el poder político y la cultura. O para decirlo de otro modo: esa transfor- mación exige disminuir la desigual- dad en el tener, poder y saber. Hay desigualdades entre los hombres de naturaleza biológica y psicológica, mentalidad, incli- naciones, habilidad, costumbres, gustos, que no tienen importan- cia en sí mismas y que contribu- yen a esa maravillosa diversidad del fenómeno humano. Pero son las desigualdades de talen- to, educación, relaciones, opor- tunidades y podríamos decir de suerte, las que hieren y que se rechazan porque suelen producir desigualdades de poder o rique- za que entrañan, para quienes no los tienen, el que se vean preci- sados a depender, de un modo u otro, de quienes sí los tienen. Desigualdad económica La desigualdad económica se ma- nifiesta en cómo se reparte el in- greso. La diferencia entre los más pobres y los más ricos dentro de una sociedad varía según los países. Hay casos en que el 10% de la población más rico lo es 11 veces más que el 10% más pobre y casos en que esta proporción es de 30 veces o más. La desigualdad en el ingreso en- tre diversas zonas de un mismo país también es muy acusada, así como entre los diversos países del mundo. Si se compara el ingreso de los prin- cipales países desarrollados con el de los más subdesarrollados, se ad- vierte que el de los primero es 50 veces o más que de los segundos. Otra desigualdad económica, más aguda que la del ingreso y menos conocida, es la desigualdad de la ri- queza. No tenemos datos de ella en México. En Inglaterra, en 1960, el 1% de la población tenía el 42% de la riqueza privada. En Estados Uni- En el fondo de todas las tentaciones y conflictos sociales se advierte co- mo una recurrente el propósito de los hombres de borrar su desigualdad, igualándose a otros, o de alcanzar la desigualdad superándolos. Alguien dijo que cada hombre es, en cierto modo, como todos los hombres, como algún hombre y como ningún hombre. O dicho de una manera, todos los hombres son esencialmente iguales por tener el mismo origen, dignidad y destino, esencia de la que procede la unidad del género humano. Y todos los hombres son existencialmente desiguales por las innumerables diferen- cias que los particularizan como individuos y que surgen de muchos y muy variados factores accidentales, extrínsecos a la esencia del hombre. Igualdad y desigualdad
116 La Cuestión Social Año 25, n.1 dos, en 1962, el 1% de las familias tenía el 33%. En Francia, la desigual- dad en la riqueza es del doble de la desigualdad en el ingreso. Galbraith sostiene que la preocu- pación por reducir la desigualdad social y política ha venido declinando en urgencia por una variedad de ra- zones, pero sobre todo por el hecho de una producción incrementada. Otros opinan lo contrario. Sostienen que al reducirse las diferencias socia- les, la lucha de los prójimos entre sí se ha hecho más aguda y las deman- das mayores son las de aquellos que han subido demasiado aprisa. Por la difusión de la educación y de las co- municaciones, las aspiraciones de los hombres han crecido, dando lugar a lo que se ha llamado la ‘revolución de las expectativas crecientes’. Hoy as- piran a tener más tanto el ejecutivo asegurado de las sociedades de con- sumo como el campesino destituido del Tercer Mundo. Y esto, en opinión del sociólogo Daniel Bell, está evolu- cionando a lo que él denomina la ‘re- volución por más y más derechos’, en la que ya no simplemente se espera más, sino en la que todos los grupos sociales presionan y exigen que se les reconozcan como derechos: mayor remuneración, mayor seguridad y mayores servicios, muchas veces fue- ra de toda posibilidad realista. El problema de fondo El hombre se encuentra des- garrado entre su conciencia de la desigualdad esencial que tiene con otros hombres, sus semejantes, y la realidad de su desigualdad existen- cial, expresada ya sea en términos de superioridad o inferioridad, que lo pone en tensión o conflicto con otros hombres, distintos de él. Un proverbio chino dice: “El agua busca un nivel más bajo, pero el hom- bre un nivel más alto”. Aristóteles en su Política atribuía ya a la lucha por la igualdad y por la desigualdad el sentimiento revolucionario y expre- saba que “los inferiores se sublevan con objeto de poder ser iguales, y los iguales para poder ser superiores”. El individuo rechaza la igualdad porque necesita afirmar su identi- dad personal. Se dice a sí mismo: si eres igual a los demás, no eres nadie; tienes que ser distinto y si eres su- perior, mejor. Quizás la lucha por ser superior a los iguales sea más enér- gica que la lucha por ser igual a los superiores. Se persigue más despe- garse de aquello con quien uno vive, que acercarse a aquellos que están lejos o muy arriba de uno. Parece ser que nuestra identidad como especie nos pide ser iguales a nuestros semejantes y nuestra iden- tidad como individuos nos pide ser desiguales a ellos. Luchamos juntos, como especie, contra lo que es ajeno a nosotros. Luchamos entre nosotros como individuos, por nuestra identi- dad personal, por lo nuestro, por lo que vitalmente nos atañe a cada uno. El pensamiento de la Iglesia Hay en la Sagrada Escritura y en los documentos pontificios del últi- mo siglo, expresiones que se refieren tanto a la igualdad como a la des- igualdad humana. Pero es indispen-
117 La Cuestión Social Año 25, n.1 sable discernir cuando se refieren en unos casos a la igualdad esencial y cuando, en otros, a la desigualdad existencial. Veamos algunos textos que subra- yan la igualdad: “Así lo hicieron los hijos de Israel, unos recogieron mu- cho y otros poco. Pero cuan- do lo midieron con el gomor ni los que recogieron mucho tenían de más, ni lo que re- cogieron poco tenían de me- nos. Cada uno había recibido lo que necesitaba para su sustento” (Éxodo 16 a 18). “Por el bautismo no hay ya judío ni gentil. No hay es- clavo ni libre, no hay varón ni mujer, pues todos sois uno en Cristo Jesús” (Gála- tas 3, 28). “La igualdad fundamental entre todos los hombres exige un reconocimiento cada vez mayor. Porque to- dos ellos, dotados de un al- ma racional, y creados a imagen de Dios, tienen la misma naturaleza y el mis- mo origen. Y porque, redi- midos por Cristo, disfrutan de la misma vocación y de idéntico destino” (Gaudium et Spes, 29). Ahora, veamos otros textos que subrayan la desigualdad: “Y así los puso Dios en la Iglesia: primeramente como apóstoles; en segundo lugar como profetas; en tercer lu- gar como maestros; luego el poder de los milagros…” (1 Corintios, 12, 28). “Cada uno permanezca ante Dios en la condición en que fue llamado”. “Porque al que tiene le se- rá dado y lo será en abun- dancia; pero a aquel que no tiene, aún lo que tiene se le quitará” (Mateo 13, 12). “Y hay, por naturaleza, entre los hombres muchas y gran- des diferencias; no son igua- les los talentos de todos, ni la habilidad, ni la salud, ni lo son las fuerzas, y de la inevi- table diferencia de estas co- sas brota espontáneamente la diferencia de fortuna” (Rerum Novarum, 13). Además, en el Evangelio se dice que un vigilante difiere de otro en su actuación. Algunas vírgenes son ton- tas, otras sensatas. El hijo obediente no recibe ningún festejo comparable al que otorga el padre al hijo pródi- go. A los trabajadores que llegan a última hora les dan el mismo sala- rio que a quienes soportan el calor de todo el día. Algunos que reciben muchos talentos hacen poco con ellos, los despilfarran o los entierran; otros producen con ellos más de los que recibieron. San Pablo incita a to- dos a competir, a medirse como él se mide a sí mismo, y a superarlo si alguno puede… Podría decirse que la desigualdad existencia de los hombres, con todo lo que conlleva, es parte del misterio de la vida y de Dios. Los cristianos
118 La Cuestión Social Año 25, n.1 sólo sabemos que tendremos que dar cuenta de los talentos recibidos. En el Evangelio de san Lucas se lee que a quien se le dio mucho se le reclamará mucho y que a quien se le confió mucho se le pedirá más. ¿Que hacer? Entre los caminos prácticos que podrían seguirse para alcanzar el necesario equilibrio entre igualdad y desigualdad, sobre todo en el as- pecto económico, hay fundamental- mente dos: Primero. Aceptar que es indispen- sable la reducción de las desigualda- des económicas entre los miembros de una sociedad. No solamente por razones de paz social, sino por el más elemental sentido de fraterni- dad humana. Segundo. Aceptar que en toda so- ciedad habrá hombres superiores en inteligencia, voluntad, liderazgo, y que —aunque en un momento da- do nos cueste reconocerlo— esos hombres serán mejor remunerados y disfrutarán de un mayor bienestar material. Si esto parece injusto es la- mentable, pero es realista. El ideal comunitario postula que todos los hombres debieran aportar según sus capacidades y recibir se- gún sus necesidades. Es decir que el acceso a los bienes materiales estu- viese determinado para los hombres por las necesidades que tuviesen y no por la contribución que hubiesen hecho para crearlos por medio de su inteligencia o trabajo. Tal planteamiento ha funciona- do en la familia, que es una comu- nidad cuyo vínculo esencial es el amor. Ha funcionado también en algunas tribus primitivas, verda- deras extensiones de la familia, y también en comunidades religio- sas, en donde la fe y la renuncia personal han tenido un papel deci- sivo para hacerlo posible. Pero la sociedad moderna es he- terogénea, está integrada por nu- merosos individuos y grupos, y vinculada sobre todo por razones de interés y ayuda mutua. Por ello, pretender que en esta sociedad sus hombres sobresalientes, quienes tienen el mando, quienes la guían, quienes crean riqueza e impulsan su progreso, se conformen simple- mente con la satisfacción que esto les pueda proporcionar y no aspiren a un mejor bienestar material, por más noble y deseable que esto sea, es desafortunadamente una utopía. La solución estará en que los hom- bres sobresalientes, los mejor dota- dos, no sean remunerados en forma ilimitada como lo son hoy. Y que los destituidos, ya sea por la naturaleza o por el azar, los mal dotados, pue- dan disponer de lo mínimo para una vida digna. Esto implica que habrá que quitar a unos para dar a otros y tenderemos que aceptarlo. Es nece- sario evitar que se acumule en unos pocos ya sea la riqueza, la miseria, no robando al que trabaja, sino le- gislando para que unos no tengan ni ganen sobre-medida, y otros cuenten con las oportunidades y ayudas básicas. En esta dirección marcha el mundo.
119 La Cuestión Social Año 25, n.1 Por otra parte, habrá que aceptar también lo que dice Abraham H. Mas- low, que en una sociedad ideal la ha- bilidad de seguir, admirar y escoger al líder más eficiente y la habilidad para detectar la verdadera superioridad, son indispensables para que cual- quier cultura funcione y que tienen que ir juntas con un mínimo de an- tagonismo y de hostilidad hacia esos superiores. Y que en conclusión, una buena sociedad es imposible a me- nos que desarrollemos la habilidad de admirar la superioridad. Una idea semejante expresó ha- ce ya muchos años una escritora y periodista, heroica luchadora social, Simone Weil: «No es cierto que la igualdad sea la primera preocupa- ción natural y moral de los hombres, ni aún su necesidad —decía—; lo que ellos quieren, lo que ellos de- sean, lo que ellos esperan siempre, es tener maestros admirables”. Sin embargo, nunca se dirá que quien ejerce la autoridad y disfru- ta de los privilegios consiguientes, no estará legitimando en su cargo o puesto si no se compenetra de su obligación de pugnar por el bien co- mún y entregarse al servicio de quie- nes lo han elegido. Hay que recordar el mensaje evangélico: “Los reyes de las naciones gobiernan como seño- res absolutos, y los que ejercen la au- toridad sobre ellas se hacen llamar bienhechores; pero no así vosotros, sino que el mayor entre vosotros sea como el menor y el que manda como el que sirve”. CS Signo de los tiempos, IMDOSOC, año 1, no. 3 (jul. - ago, 1985), pp. 10-12.
120 La Cuestión Social Año 25, n.1 E n la primera conferencia de este congreso se ha exami- nado cuál es la situación en mate- ria de creación y distribución de la riqueza en América Latina, tan- to por los avances logrados como por las carencias y rezagos que se sufren. Para este examen se han tomado en cuenta los indicadores del Programa de las Naciones Uni- das para el Desarrollo en relación con nuestros países. En la segun- da conferencia se ha examinado dicha situación, con un propósi- to de diagnóstico a la luz del pen- samiento social cristiano: ¿cómo llegamos aquí y por qué? En mi exposición presentaré lo que puede ser una estrategia —con las propuestas consiguientes— pa- ra que el desarrollo económico de América Latina sea sostenible, compartido y verdaderamente hu- mano y que para ello se corrijan las tremendas desigualdades que nos aquejan. Y además, definir las res- ponsabilidades que nos toca asu- mir en este proceso. Aunque en las conferencias cita- das se han dado ya datos y emi- tido juicios acerca de la situación de desigualdad y pobreza en nues- tros países, no me resisto a rei- terar a ustedes, porque lo siento muy hondamente, la realidad de esa desigualdad desgarradora que hemos mencionado, y me refiero sobre todo a la que aqueja a nues- tros países. Al lado de una minoría adinera- da con todas las comodidades del mundo moderno (buena alimenta- ción, casa confortable, automóviles, ropa a la última moda, atención mé- dica oportuna y educación avanza- da), mal vive una mayoría en la más dolorosa destitución (desnutrición, ignorancia, vivienda precaria, salud deficiente, desempleo y un futuro sin esperanza). Esta situación de desigualdad, pobreza y aun miseria es una rea- lidad que clama a nuestra concien- cia. Y ello nos obliga a esforzarnos a «moderar tanto la indigencia co- mo la opulencia», recogiendo la frase memorable de Morelos, hé- roe patrio de México. Esta voluntad de reducir las desigualdades debe traducirse en nuestros países en un aumento sustancial de las clases medias, lo cual tiene repercusiones positivas en la paz social y el crecimiento económico. Estas clases medias Propuestas para la distribución del ingreso en América Latina Congreso Latinoamericano UNIAPAC 2000. Aguascalientes, México, 26 al 28 de octubre del 2000
121 La Cuestión Social Año 25, n.1 —entendidas como el conjunto de personas cuyo ingreso es cercano a la media de la nación— caracte- rizan sobre todo a los países más desarrollados. En Estados Unidos representan el 50% de la pobla- ción, 75% en Alemania, 80% en Suecia y Suiza y 89% en Japón. Esta reducción de las desigual- dades no limita el crecimiento eco- nómico. Joseph Stiglitz, del Banco Mundial, ha afirmado que hay relaciones positivas entre creci- miento e igualdad. Altas tasas de crecimiento proveen de recursos que pueden ser usados para pro- mover la igualdad y, asimismo, un alto grado de igualdad ayuda a sos- tener altas tasas de crecimiento. Y no debemos olvidar que la en- señanza social de la Iglesia señala que la obra de salvación está indi- solublemente ligada a la labor de mejorar y elevar las condiciones de la vida humana en este mundo. Reducir las grandes desigual- dades que hay en el ingreso de nuestros países es un objetivo ina- plazable. Pienso que la manera más inmediata de hacerlo es tratando de erradicar la pobreza que les aqueja. Y dentro de ella, esforzarse por po- ner aún más atención a la pobreza extrema, que se ha definido como la de aquellos que tienen un ingreso inferior a un dólar al día. En el Informe sobre Desarrollo Humano de la ONU de 1997 se de- cía que erradicar esta pobreza es un imperativo moral, un objetivo alcanzable. Y que al no ser ya inevi- table, debe relegarse la pobreza a la historia, junto con la esclavitud, el colonialismo y la guerra nuclear. ¿Quiénes son los responsables en esta lucha contra la pobreza? Evidentemente, y esto ha sido pro- bado empíricamente, los pobres mismos deben ser los primeros res- ponsables de salir de su condición. Muchos planes de erradicación de la pobreza han fracasado por no in- volucrar a los pobres en la solución del problema. Cuanto más los po- bres participan en el proceso, hay más posibilidades de lograr resul- tados satisfactorios. Otros responsables son los go- biernos que deben llevar a cabo planes realistas para lograrlo, in- corporando a ellos las mejores ex- periencias de otros países. Desde luego, otro agente muy importante en este esfuerzo es la empresa, por su capacidad de ge- nerar empleo. Y finalmente, para ese propósito debe aprovecharse la colaboración de las organizaciones de la sociedad civil, que cada día más colaboran en la solución del problema con aporta- ciones originales y valiosas. Se consideran pobres aquellos que carecen de los satisfactores básicos para su supervivencia: ali- mento, vestido, vivienda, que son analfabetas, cuya vida es breve por mala salud y que en general es- tán excluidos de todo aquello que brinda la civilización.
122 La Cuestión Social Año 25, n.1 Pero debemos preguntarnos: ¿por qué los pobres son pobres? Lo son porque no tienen con qué ganarse la vida. Porque no tienen los bienes para producir lo que ne- cesitan, no tienen empleo, no tie- nen educación, no tienen quien les ayude. Y su situación suele obede- cer ya sea a azares de la vida, ya sea a obstáculos del medio en que se encuentran, ya sea a los atrope- llos que sufren, ya sea a las estruc- turas que los oprimen, ya sea a su manera de ser, ya sea al egoísmo que los ignora. Hemos de señalar que la pobreza cristiana, que es la virtud del des- prendimiento, la moderación en el uso de los bienes y la disposición a compartirlos, que es la privación voluntaria siguiendo el mandato del Evangelio y que se asume con de- pendencia y confianza filial en Dios, debemos aceptarla y aun amarla. Pe- ro la pobreza inhumana, la que im- plica el sufrimiento involuntario del desamparado y el inocente, la que degrada y destruye al ser humano, la que le impide vivir con dignidad y obrar bien y que sufre sin esperanza, no sólo no podemos aceptarla, sino que debemos combatirla. Una cuestión que se impone es examinar el origen de la riqueza y la pobreza. En relación con ello, quiero relatar a ustedes algo que leí hace poco y que son las intere- santísimas reflexiones que hace un viajero imaginario a un país rico. Decía el viajero que además del avance tecnológico, lo que más le asombró fue el comportamiento de la gente: una serie de actitudes no comunes en nuestros países: la pri- mera, un orden que se reflejaba en todo lugar y circunstancia. Después, fue la limpieza en calles, hoteles, ba- ños, taxis, autobuses, trenes y en el vestir de la gente. Otra cosa que le llamó la atención fue la exactitud matemática de los horarios de salida y de llegada de los aviones, trenes y otros medios de transporte. Una puntualidad en- vidiable. Además, observó que la responsabilidad, el sentido del de- ber de la gente, estaba muy arrai- gado y también que una actitud sobresaliente era su fuerte deseo de superación, que estaba presente en la mayoría de las personas. Desde luego, comprobó que la honradez era una práctica común, así como el respeto a los derechos de los demás, a la ley y a los regla- mentos que se cumplían rigurosa- mente. Y como un corolario de todo esto, advirtió que existía un gran amor al trabajo y un afán por el ahorro y la inversión. No hay duda que este cuadro de ejemplar disciplina —escenario ideal para que desaparezca la po- breza— es difícil que se dé en la realidad, pero tampoco hay duda que debe pugnarse por estable- cerlo si se requiere avanzar en es- te propósito. Se requiere toda una cultura que propicie la creación de riqueza, para desterrar la pobreza. Sin embargo, el crecimiento del Producto Interno Bruto, y otras cir- cunstancias de carácter económico,
123 La Cuestión Social Año 25, n.1 no es lo único importante. Reducir las privaciones políticas puede ayu- dar a disminuir la vulnerabilidad económica. Hay muchas pruebas que la democracia, así como los de- rechos civiles y políticos, pueden ayudar a generar seguridad econó- mica dando voz a quienes sufren carencias y rezagos. Amartya Sen, economista premio Nobel, ha afirmado reiteradamente que la pobreza no debe verse como una simple privación de recursos económicos, sino también como una falta de derechos civiles y políticos. Otra observación acerca de la po- breza es que, en la lógica del neolibe- ralismo, quienes pierden en la lucha del mercado se descartan sin mise- ricordia alguna. En el régimen de Margaret Tatcher solía decirse que si en aras del progreso de la mayoría, quedaban unos cuantos al margen de éste, eso era muy doloroso pero in- evitable. Desde entonces se ha creado mayor conciencia de este fenómeno de los excluidos y el término que los describe se usa más y más. Antes de entrar a enumerar al- gunas propuestas para reducir las desigualdades y erradicar la pobre- za en nuestros países, debo señalar que hay un punto previo y es que el Estado tiene un papel de importan- cia capital, pero para desempeñar- lo cabalmente requiere disponer de recursos suficientes. Uno de los pro- blemas frecuentes de los gobiernos de nuestros países es la falta cróni- ca de ingresos para realizar todo lo que han de hacer, no sólo en materia de combate a la pobreza, sino para otros fines de gobierno. Su papel re- distributivo es insoslayable ante la gran brecha de la desigualdad social. Muchos consideramos que esta escasez de recursos se debe sobre todo a una deficiente política impo- sitiva. Acerca de esto, se ha insistido constantemente en que la norma debiera ser gravar más el consumo que las utilidades de las empresas. Esto de no gravar tanto las utilida- des de las empresas tiene mucho sentido porque va orientado a la creación de riqueza y de empleo. Y el impuesto a los dividendos o al consumo toma más en cuenta con- sideraciones de equidad social. En materia impositiva, nuestros gobiernos tienen que acudir más a gravar las actividades especulativas y a las llamadas ganancias de capital. Con objeto de evitar lo más posible la evasión, pueden recurrir a los im- puestos vía gasolina, luz y teléfonos, que son más fáciles de controlar y recaudar. Asimismo, tienen que con- siderar la posibilidad de impuestos al patrimonio como los que existen en algunos países europeos. Desde luego que todo esto exige la honra- dez y la eficiencia administrativa de los funcionarios y empleados públi- cos, pero es indispensable insistir en un mayor ingreso fiscal. En Mé- xico, al menos, mucha gente no pa- ga impuestos o paga muy poco. Una buena parte de los ambiciosos pro- gramas de los gobiernos se ven limi- tados por la falta de recursos. El Papa Juan Pablo II ha dicho que la cultura es la principal res- ponsable de fomentar «la confian-
124 La Cuestión Social Año 25, n.1 za en el potencial humano de los pobres y, por consiguiente, en su capacidad de mejorar su situación mediante el trabajo, o de reali- zar una contribución positiva a la prosperidad económica». Veamos ahora algunas propuestas concre- tas para combatir la pobreza. Alimentación y salud El mejoramiento de la alimenta- ción y la salud de los pobres pueden considerarse como un resultado de luchar contra la pobreza, pero al mismo tiempo es un prerrequisito para que los pobres puedan salir de su situación. Por lo tanto, es respon- sabilidad de los gobiernos mejorar la alimentación de los indigentes, en particular de las mujeres emba- razadas, madres lactantes y niños pequeños, mediante programas de amplia asistencia social. La adición de proteínas a los alimentos básicos del pueblo es un medio eficaz para reducir daños de la desnutrición de los pobres. Los desayunos escola- res para niños pobres y los comple- mentos alimenticios para madres y recién nacidos de zonas de extrema pobreza son programas en nuestro país que están teniendo resultados muy satisfactorios. En materia de salud, también se requiere de amplios programas orientados a prevenir y curar las enfermedades más comunes de los pobres, sobre todo en las zonas de población indígena o muy aparta- das. En nuestro país esta tarea se está orientando a las enfermedades respiratorias y digestivas, que son las más frecuentes. Otra actividad en la que también hay avances no- tables es la de programas de vacu- nación, que han conseguido una cobertura casi total de la población. Otro de los requisitos para me- jorar la salud de los pobres es que tengan acceso a servicios de agua potable, drenaje, comunicación y salubridad en general. Hay que re- cordar la condición de limpieza que le llamó la atención al viajero ima- ginario que visitó un país rico y que antes mencioné. Educación Se ha hablado hasta la saciedad de la educación como el instrumen- to más idóneo para salir del subde- sarrollo y es una gran verdad. Se impone que en nuestros países, la educación no sea una simple ins- trucción que dé a los educandos los conocimientos y aptitudes para ga- narse la vida. Una verdadera educa- ción debe, además, contribuir a la formación de carácter de los edu- candos, facilitar la adquisición de los principios y valores que le per- mitan alcanzar no sólo su bienestar, sino también su bienser. Hábitos y virtudes —como los que el viajero imaginario mencionó— de honra- dez, orden, responsabilidad, respe- to a los demás, amor al trabajo y afán por el ahorro. En esta materia debe ponerse un énfasis especial en la alfabeti- zación de adultos y la educación básica, indispensables para los estudios siguientes o la capacita- ción. A este propósito pueden ser de gran ayuda las llamadas ‘escue-
125 La Cuestión Social Año 25, n.1 las de padres’ y las diversas y ricas aportaciones de las organizacio- nes de la sociedad civil. Vivienda Para erradicar la pobreza, es indis- pensable toda una cultura a favor de una vivienda digna. Debe dotarse a las familias de una percepción am- plia de su situación y brindárseles elementos para remontarla. Tanto los gobiernos como las organizaciones interesadas en el problema deben ofrecer programas de construcción de viviendas que, ante la escasez de recursos para este fin, favorezcan la autoconstrucción, aporten asistencia técnica y financiamiento. Participación Uno de los medios más valiosos para que los pobres salgan de su pobreza es potenciar su participa- ción en las decisiones que afectan sus vidas y permitirles aumentar sus puntos fuertes. En casi todos los planes de desarrollo popular se ha hablado mucho de esto últimamen- te, en pugnar por la involucración de las mujeres. Se ha comprobado que todo lo que se haga en favor de las mujeres y las niñas tiene un efecto multiplicador insospechado. Tecnología y recursos propios Uno de los errores más frecuen- tes en muchos planes de reduc- ción de la pobreza es tratar de aplicar recursos y soluciones para los problemas de los pobres que no corresponden a su cultura ni a su capacidad de aprovecharlos. Es muy importante respetar los patro- nes de conducta y las necesidades sentidas de las personas a quienes se quiere beneficiar. Hay, lo que se ha llamado, la tecnología adecuada y fórmulas sencillas de bajo costo que rinden resultados satisfacto- rios. Debe evitarse que quienes lle- van a cabo planes de combate a la pobreza transmitan sus conceptos, no necesariamente aplicables, de lo que es bienestar y desarrollo. Patrones de consumo Un fenómeno, de algún modo asociado con lo anterior, es la copia por parte de los pobres de los há- bitos de consumo de las clases me- dias y aun de las altas, lo cual tiene repercusiones en su consumo bási- co y en su capacidad de ahorro. Es justa su aspiración de disfrutar de mejores satisfactores, pero hay que llevar a cabo una tarea educativa que les oriente a no dejarse seducir por los reclamos de la publicidad, muchas veces destructiva, a la que se ven sometidos. Aquí cabe men- cionar el consumismo como un mal de la sociedad actual que la Iglesia frecuentemente ha señalado. Crecimiento Ya se ha dicho que para que se re- duzca la pobreza es indispensable el crecimiento económico, pero hay que evitar ese crecimiento que muchas veces sólo beneficia al sector urbano ya modernizado y conduce a una ma- yor desigualdad en el ingreso. Ante esta situación, la acción redistributiva de Estado es insoslayable, debiendo
126 La Cuestión Social Año 25, n.1 sólo evitar llevarla demasiado lejos, ya que de otra forma desalentaría la inversión necesaria. Después de las propuestas de tipo general para reducir la pobreza arri- ba mencionadas, cabe recoger aquí la propuesta muy concreta de Peter Drucker de que hay que lograr que los pobres sean productivos para que puedan salir de su pobreza. Y si al comenzar esta exposición hemos afirmado que los pobres lo son porque carecen de medios de producción, advertimos que pue- den hacerlo fundamentalmente de dos maneras: trabajando por su cuenta con medios propios o tra- bajando por cuenta ajena mediante un empleo. Autoempleo, microempresa, cooperativismo Los pobres pueden trabajar por cuenta propia mediante el autoem- pleo, la microempresa o formando parte de cooperativas o institucio- nes semejantes. Para quienes deseen trabajar de esta manera, debe facilitárseles su capacitación en oficios u otras ac- tividades productivas; poner a su alcance medios de financiamiento; asesorarles en materia de organiza- ción y administración, simplificar los trámites legales y fiscales a los que deban someterse. En lo que se refiere al financia- miento de actividades de las clases necesitadas, es muy importante fo- mentar las llamadas ‘cajas popula- res de ahorro y crédito’ que existen con diversas modalidades en mu- chos países. Un ejemplo de esto es el ya muy famoso Banco Grameen de Bangladesh, con una gran expe- riencia en microcrédito para muy diversas finalidades y en beneficio especialmente de mujeres. Sus ser- vicios alcanzan a centenares de mi- les de personas y sus actividades ya se extienden a otros países. La experiencia del ahorro y crédi- to popular ha desmentido muchos mitos: los pobres sí ahorran; los po- bres sí pagan sus deudas; los pobres pueden pagar intereses altos. En materia de ahorro y crédito popular, además de la experiencia del Grameen Bank, cabe mencionar que en América Latina existen des- de principios del siglo pasado insti- tuciones de este tipo, inspiradas por una preocupación social cristiana. En México, desde hace unos cuantos años, se han creado dos institucio- nes semejantes a iniciativa de socios de USEM: una es la Unión de Crédi- to Fin Común y la otra la Fundación Economía Solidaria. Aunque son de tamaño muy distinto, ambas han he- cho un gran esfuerzo por difundir el microcrédito y el ahorro popular. Una de sus características es que in- vitan a personas y grupos que, aun- que no sean pobres, deseen invertir en ellas, dando con esto la oportuni- dad para que los pobres disfruten de mayores volúmenes de crédito. Una institución europea, ecumé- nica, Oikocredit, existe desde 1968 con propósitos muy semejantes a los arriba mencionados.
127 La Cuestión Social Año 25, n.1 Empleo Hemos dicho que la otra moda- lidad del trabajo de los pobres es hacerlo por cuenta ajena, es decir empleándose en una empresa, en el gobierno o en alguna otra institu- ción. Es indudable que el aumento del empleo y su mejor calificación es uno de los mejores medios para combatir la pobreza. La importancia de la empresa co- mo proveedora de empleo es defini- tiva. De allí su responsabilidad de ser productiva, a fin de que no sólo dé oportunidades de empleo a la gente que lo requiera, sino también la es- tabilidad a la que también esa gente aspira. La responsabilidad de crear y mantener fuentes de trabajo es muy directa y la UNIAPAC siempre ha in- sistido en esta responsabilidad, es la de promover lo más posible la pro- ductividad de los trabajadores a fin de que puedan progresar y alcanzar un mejor nivel de vida. Peter Drucker sostiene que la productividad es proceso y resulta- do, cuyo protagonista y beneficiario es la misma persona y constituye la vía directa para la superación de la pobreza y al camino que conduce al desarrollo. Si el trabajo es el único recurso del pobre, hay que pugnar por que sea altamente productivo por la adquisición de conocimien- tos y habilidades. Responsabilidades de la empresa Todo lo anterior lleva a los em- presarios y, en particular, a los miembros de UNIAPAC a ser cada día más conscientes de nuestro pa- pel clave en la sociedad que espera mucho de nosotros, no sólo para su bienestar y progreso, sino también para su superación y desarrollo. Además, por deber de estado, de- bemos hacer a nuestras empresas muy productivas. Hemos de pugnar por que haya en ellas un profundo sentido humano: se destierre la re- lación adversaria, se otorgue parti- cipación cada día más a quienes en ella trabajan y pueda ser un escena- rio para su realización plena. El Papa Juan Pablo II dijo en Du- rango, México, en su segundo viaje a nuestro país: «Una empresa eficien- te, competitiva y justa es el mejor instrumento que ha creado el hom- bre para erradicar la pobreza extre- ma de los pueblos… las empresas productivas son la clave del desarro- llo y el bienestar de las naciones». Es bien sabido que las empre- sas medianas y pequeñas son las que ocupan un mayor número de trabajadores en nuestros países. De allí que este tipo de empresas deben ser objeto de una especial atención por parte de los gobier- nos. Deben existir planes para su desarrollo mediante su promo- ción, asesoría y financiamiento. Por la importancia de la cultura empresarial en el desarrollo de los pueblos y particularmente en los que existen porcentajes altos de pobreza, es indispensable que la sociedad y el Estado auspicien y promuevan el sur- gimiento de empresarios y empresas. Toda una corriente de reconocimien-
128 La Cuestión Social Año 25, n.1 to y estímulo a la actividad empresa- rial se requiere para el combate a la pobreza y el desarrollo económico de nuestros países. En este aspecto, es pertinente mencionar aquí la labor que rea- liza una institución en México y en algunos países de América Latina que promueve entre estudiantes de nivel medio la formación de lo que se ha llamado ‘empresas juveniles’ y que consiste en que organicen, con la asesoría debida de empresarios, pequeñísimas empresas durante su año escolar, a modo de aprendizaje. De esta experiencia han salido jóve- nes que descubrieron su vocación empresarial y formaron después sus propias empresas. Como empresarios de la UNIA- PAC, de cara al futuro, deseamos influir en nuestros países en la ges- tación de una cultura que fortalezca y vivifique el tejido social y que in- corpore de manera eficaz a quienes hayan quedado rezagados o exclui- dos del progreso. Contribuir a re- ducir las desigualdades sociales y a erradicar la pobreza es un objetivo al que debemos aspirar desde nues- tro ámbito especial de empresarios y nuestra condición de cristianos. Si la pobreza cristiana es una virtud, la pobreza inhumana es una vergüenza de la humanidad y un pecado que clama al cielo. Para avanzar con eficacia en su comba- te es indispensable que la conoz- camos a fondo. Hay que ir a donde están los pobres y sentir de cerca su situación de terrible desamparo. Cada pobre es una persona huma- na, tiene un rostro, un nombre, una historia, una familia. Sólo conocién- dolo mejor y tomando conciencia de la injusticia de todo aquello que lo margina y oprime, sólo así podre- mos comprender la realidad atroz que es la pobreza y la miseria, y con verdadero celo, imaginación y en- trega, tratar de remediarla. En el último Informe sobre Desa- rrollo Humano de la ONU se dice que la atención y el cuidado de los demás es el corazón invisible del desarro- llo del hombre y de sus capacidades. Que es indispensable nutrir las re- laciones humanas con amor, altruis- mo, reciprocidad y confianza. Y Amartya Sen ha dicho: «Si tengo esperanza en el futuro es porque veo la exigencia, cada vez más manifies- ta, de democracia en el mundo y la convicción cada vez mayor de que la justicia social es necesaria». Debemos tener una perspecti- va de la pobreza suficientemente amplia como para asegurarnos de que los pobres tienen una razón para la esperanza. Estoy convencido que quienes so- mos empresarios, quienes tenemos conocimientos, autoridad, recursos y además el don de la fe cristiana, te- nemos la responsabilidad de que los pobres tengan efectivamente razón para la esperanza. CS La cuestión social, IMDOSOC, año 9, no. 1 (ene. - mar., 2001), pp. 15-23.
129 La Cuestión Social Año 25, n.1 ¿E s posible un mundo en el que se reduzcan las des- igualdades y haya posibilidades para todos de una vida digna? ¿Qué pode- mos hacer y qué debemos hacer? El gran problema, tanto de los países en desarrollo como de los subdesarro- llados, es que muchos de ellos, por su crecimiento demográfico, insalubri- dad crónica, baja escolaridad, inesta- bilidad política y deterioro ecológico, se les dificulta y aun se les imposibilita cumplir con los estándares internacio- nales para atraer inversión y generar el crecimiento que requieren. La realidad es que la inversión extranjera va sólo a unos sesenta países y deja prácticamente fuera a dos tercios de la humanidad. A la luz de todo esto, puede decirse que la economía mundial está objetiva- mente dominada por poco más de 30 países ricos y que las relaciones internacionales son preponderante- mente entre ellos mismos. Los pobladores de los países sub- desarrollados son los marginados, los excluidos, los parias del planeta. No se les conoce; no se necesita lo que ellos producen; no compran lo que los ricos venden; no se les presta ni se les cobra. La globalización y el crecimiento consiguiente aliviarán la situación económica y social de muchos paí- ses, pero los subdesarrollados y aun algunos en desarrollo quedarán fue- ra, con lo que persistirá la profunda desigualdad entre países ricos y po- bres que se ha descrito. Todos estos preocupantes fenó- menos se dan en el marco de la ideo- logía del capitalismo, hoy triunfante en el mundo, con sus luces y sobras: el llamado neoliberalismo, cuyos conceptos básicos son el mercado, la competencia, la apertura, las priva- tizaciones, la desregulación, la disci- plina fiscal, la reducción del Estado y de su acción social y la declinación del sindicalismo. ¿Tendrá esta ideo- logía la capacidad de resolver los problemas planteados? En la encíclica Sollicitudo Rei Socia- lis, Juan Pablo II afirma que: «tanto los pueblos como las personas individual- mente deben disfrutar de una igual- dad fundamental, sobre la que se basa, por ejemplo, la Carta de Organización de las Naciones Unidas, igualdad que es el fundamento del derecho de todos a la participación en el proceso de de- sarrollo pleno» (SRS, 33). Todos los hombres, tanto des- de el punto de vista natural como sobrenatural, son esencialmente iguales por tener el mismo origen, dignidad y destino, esencia de la que procede la unidad del género humano. Y todos los hombres son existencialmente desiguales por las innumerables diferencias que los particularizan como individuos y que surgen de muchos y muy va- riados factores accidentales, extrín- secos a la esencia del hombre. La revolución de la igualdad
130 La Cuestión Social Año 25, n.1 Decía Mahatma Gandhi: «La tierra puede producir lo suficiente para satisfacer las necesidades de cada persona, pero no la codicia de cada individuo». Y Gabriel Zaid ha dicho: «Después de tantas soluciones cos- tosas y fracasadas, hay que buscar maneras de hacer más con menos». Estas sobrias y nobles advertencias nos deben hacer reflexionar. Es evidente que tratar de que se reduzcan los índices de la pobreza y desigualdad en el mundo es una tarea gigantesca, y que solamente se avanzará en ese propósito si se da un cambio cultural radical en los po- bladores del planeta y sobre todo en sus gobernantes. Ese cambio cultural radical debe ser fundamentalmente un cambio moral, un renacimiento generaliza- do de los principios y valores que la humanidad requiere para su digni- dad, supervivencia y bienestar. Es indispensable combatir los ex- cesos del consumo y el hedonismo característicos de los países desa- rrollados, que desafortunadamente se extienden a los países pobres, so- bre todo por el efecto de las comuni- caciones y el intercambio comercial. La moderación en las expectativas de la gente en general y la austeri- dad en el consumo son vitalmente necesarias para el ahorro. La ambiciosa meta de reducir las desigualdades está en nuestras ma- nos con un instrumento formidable: la educación. El crecimiento económico es el ins- trumento principal para la reducción de la pobreza y las desigualdades. Requiere numerosas medidas, entre otras reducir el desempleo, promo- ver la agricultura en pequeña escala, las microempresas y el sector no es- tructurado, rescatar las zonas ecoló- gicamente deterioradas, fomentar el ahorro popular e impulsar la partici- pación de los interesados y sobre to- do —en esto se insiste mucho— en la participación de la mujer. El desarrollo humano, según los indicadores de las Naciones Uni- das, comprende no sólo un mayor ingreso, sino mejor salud para una vida más larga y menos mortalidad infantil, mayor educación y alfabeti- zación y más oportunidades de ga- narse la vida. Ante la escasez de este bien in- dispensable que es el capital, hay que pugnar por generarlo y evi- tar que se desperdicie. No hay du- da que se produce para consumir, pero cuando un bien se consume, su capacidad de reproducirse —su fecundidad— se pierde para siem- pre, mientras que un bien que se invierte la conserva para siempre. Es increíble cómo se desperdicia el capital en el mundo, tanto en los países ricos como en los pobres. La acción de los países ricos a favor de los países en desarrollo y de los subdesarrollados tiene que fincarse en la convicción profunda de la nece- sidad de la solidaridad internacional. En Populorum Progressio se afirma: «El deber de solidaridad de las per- sonas es también el de los pueblos:
131 La Cuestión Social Año 25, n.1 los pueblos ya desarrollados tienen la obligación gravísima de ayudar a los países en vías de desarrollo… Lo su- perfluo de los países ricos debe servir a los países pobres» (48-49). Esta solidaridad debe cristalizar- se en organizaciones a escala mun- dial que de algún modo establezcan obligaciones y compromisos a favor de una mayor justicia internacional. Para concluir, la igualdad esencial de los seres humanos, creados a ima- gen y semejanza de Dios, con un destino eterno y llamados a vivir en sociedad, exige que todos tengan un mínimo de bienestar que les permi- ta vivir y obrar bien. Ya nuestro poe- ta Díaz Mirón había dicho: «Nadie tendrá derecho a lo superfluo mien- tras alguien carezca de lo estricto». Por ello, debe plantearse esta ines- capable pregunta: quienes ganan mucho y tienen todo, tanto dentro de los países como entre los países, ¿estarían dispuestos a ganar y te- ner menos, para que quienes ga- nan poco o no tienen nada puedan ganar y tener lo necesario para vi- vir dignamente? Una nueva corriente está surgien- do en los países desarrollados a favor de un nivel de vida más sencillo con un consumo menor de las cosas y el destierro del desperdicio. El cam- bio en las estructuras, costumbres, leyes e instituciones sólo se dará si, a su vez, quienes participan en la vi- da económica cambian su conduc- ta personal, toman conciencia del problema y asumen el compromiso de contribuir a resolverlo. Se nece- sitará este profundo cambio moral en quienes investigan, enseñan y co- munican; en quienes gobiernan, le- gislan y juzgan; en quienes invierten, producen y administran; y en quie- nes trabajan, ahorran y consumen. Este profundo cambio de todos implica una conversión moral, que sólo será posible en realidad si es animada verdaderamente por el es- píritu del Evangelio. CS Signo de los tiempos, IMDOSOC, año24, no.175 (feb., 2008), pp. 3-4.
132 La Cuestión Social Año 25, n.1 N o hay duda de que uno de los grandes problemas de nuestro país es la pobreza de un porcentaje muy alto de la población. Las medidas para derrotarla están muy ligadas a la necesidad de crear empleos, corre- gir la marginación y mejorar la distri- bución de la riqueza. Ella tiene lugar cuando capas importantes de la po- blación están desempleadas o tienen un empleo transitorio o precario. La marginación da lugar al fenómeno de la economía informal o subterránea. El Dr. Ernesto Zedillo ha dicho que México tiene necesidad de crear un millón de empleos al año y de redu- cir la economía subterránea. El concepto de pobreza tiene un significado primordialmente eco- nómico. Se considera pobre al hogar cuyo ingreso por persona es inferior a dos veces el valor de una canasta básica de alimentos. Pobre extremo o indigente es el hogar cuyo ingreso per cápita es inferior al valor de una canasta básica de alimentos. La condición de pobreza está re- lacionada también con la aptitud de conseguir trabajo, lo cual depende sobre todo de su nivel de educación y también de la condición del en- torno en que viven los pobres: agua potable, drenaje, electricidad, sa- lud, escuela. Patricio Allwyn, ex presidente de Chile, ha dicho que: «El mayor escándalo de este fin de siglo es la magnitud de la pobreza en un mun- do tan rico y el injustificable abismo entre ricos y pobres. Este drama no sólo debiera golpear la conciencia de todos los hombres y mujeres que abrigan sentimientos huma- nos, sino aún más la de quienes nos llamamos cristianos, lo que además nos obliga a todos a contribuir con nuestra aportación a la lucha para derrotar la pobreza». El combate a la pobreza, afirma Allwyn, tiene una dimensión mo- ral y cultural, pero también una trascendencia política y constitu- ye un deber social. Tiene una dimensión moral y cultural porque es la expresión del individualismo y egoísmo exa- cerbado que prevalecen en nues- tras sociedades, manifestaciones de una cultura materialista que ha olvidado la práctica de las vir- tudes del amor al prójimo, la soli- daridad y la justicia. Tiene una trascendencia política porque genera un riesgo perma- nente de inseguridad y violencia en las sociedades, con la consiguiente amenaza para la estabilidad de las instituciones democráticas. Obispos y empresarios ante la pobreza CEPS y USEM organizaron un encuentro entre obispos y empresarios. Este texto es el punto de vista de uno de los participantes
133 La Cuestión Social Año 25, n.1 Y constituye un deber social por- que ninguna persona consciente de su pertenencia a la comunidad hu- mana puede cruzarse de brazos an- te lo que objetivamente es un mal, sin disponerse a aportar lo que es posible para remediarlo. Una quinta parte de la población del mundo vive en la pobreza. En América Latina 46% de la pobla- ción total vive en condiciones de pobreza, de la cual casi la mitad (22%) en pobreza extrema. En el mundo en general hay un creciente aumento de la distancia entre ricos y pobres. En México el 20% más alto de la población reci- bía en 1992 el 54.18% del ingreso y el 20% más bajo el 4.31%. En 1984 los porcentajes eran 49.50% y 4.83%, respectivamente. Se ha hablado mucho de la ne- cesidad de la redistribución del in- greso. La experiencia, sin embargo, demuestra que para superar la po- breza no bastan las políticas redis- tributivas. En países en desarrollo como el nuestro, si no se aumenta la riqueza la sola redistribución sólo reparte la pobreza y, generalmente, estimula la inflación, que termina perjudicando a los más pobres. La experiencia también demues- tra que la pobreza no se termina por el simple crecimiento. Éste no basta para derrotarla. Michel Camdessus, director ge- rente del Fondo Monetario Inter- nacional, ha dicho: «Quisiera hacer hincapié en que el crecimiento eco- nómico puramente cuantitativo no es nuestro objetivo único. Nuestra meta es lograr lo que se ha deno- minado un ‘crecimiento de alta ca- lidad’, es decir, un crecimiento que sea viable, que permita alcanzar el pleno empleo y la reducción de la pobreza en forma duradera, que reduzca la excesivas desigualdades del ingreso y que respete la libertad humana y el medio ambiente». Y en relación con las economías de mercado es indispensable se- ñalar que sus mecanismos, si bien han demostrado eficiencia para ge- nerar riquezas, no dan por sí solos respuesta a los requerimientos del desarrollo social. Sobre todo, porque con mucha frecuencia olvidamos la existencia de lo que Juan Pablo II lla- ma ‘estructuras de pecado’. Patricio Allwyn sostiene que: «Las características de la economía de mercado, con su publicidad ili- mitada, incentiva el consumismo en términos trágicos para los sectores pobres de la población, sea por su incapacidad de comprar los bienes que se le exhiben a cada instante como apetecibles o por la tentación de adquirirlos sacrificando necesi- dades prioritarias o incurriendo en conductas ilícitas o delictuosas». La solución del problema de la po- breza, la marginación y el desempleo es desde luego muy difícil. En pocas palabras, puede decirse que consiste en aumentar la creación de la rique- za y en distribuirla mejor. Para ello se requieren, en forma importante, medidas de carácter macroeconómi- co, pero también medidas en otros
134 La Cuestión Social Año 25, n.1 aspectos de la economía y de la vida social en general. Veamos las propuestas de lo que le correspondería hacer al Gobierno, a la Iglesia y al empre- sariado, según sus responsabili- dades particulares. El número de medidas puede parecer excesivo, pero la complejidad del problema exige atacarlo en varios frentes. Estabilidad económica. Asegu- rar la estabilidad económica conti- nuando el combate a la inflación, y con el equilibrio de las finanzas pú- blicas y la disciplina fiscal. Estabilidad Política. Pugnar tam- bién por la estabilidad política, in- dispensable para un clima general de certidumbre y confianza. Ahorro. Promover al máximo há- bitos de ahorro en los individuos, en los hogares y en las empresas, indispensables para la inversión. Combatir a fondo el consumismo. Aceptar que se incremente la coo- peración empresarial al Sistema de Ahorro para el Retiro de los traba- jadores (SAR) y fomentar las cajas populares de ahorro y préstamo. El ahorro en México es del 17% del PIB. En varios países asiáticos es del doble o más de este porcentaje. Crecimiento. Contribuir a la re- activación de la economía y al cre- cimiento del producto. La meta ha de ser 4% como mínimo, arriba del crecimiento demográfico en 1995 y mayor en los años siguientes. Inversión. Fomentar la inversión productiva, generadora de empleos, y orientarla sobre todo a la satis- facción de necesidades priorita- rias. Ésta es una obligación moral del empresario. Iniciativa empresaria. Promover la iniciativa y el espíritu empre- sario. Sin esa iniciativa, el trabajo perseverante y la voluntad de asu- mir riesgos del verdadero empre- sario, los países están condenados al subdesarrollo. Educación. Elevar los niveles de calidad y eficiencia de la educación básica, media y superior. Insistir en la necesidad de que esta educación no sólo imparta conocimientos, si- no que contribuya a la formación del carácter de los educandos y la promoción de los valores. Productividad. Impulsar el au- mento de la productividad no sólo en las empresas, sino también en el Gobierno y en otras instituciones. Corrupción. Luchar por deste- rrar la corrupción en todas sus manifestaciones. Los ingresos por corrupción violan la justicia en la distribución del ingreso. Evasión fiscal. Pugnar por el cum- plimiento fiscal de todos los contri- buyentes. La evasión de impuestos por parte de algunos perjudica a los demás. Oficios y autoempleo. Promover la capacitación en oficios y revalorizar- los socialmente. Fomentar y apoyar al autoempleo y a la microempresa.
135 La Cuestión Social Año 25, n.1 Relación adversaria. Desterrar la relación adversaria entre traba- jadores, empresarios, Gobierno y otros grupos sociales. Participación. Facilitar y alentar la participación de todas las perso- nas y grupos en la solución de los problemas económicos y sociales que los afecten. Gasto social. Pugnar por que se aumente el gasto social en educa- ción, salud, vivienda e infraestruc- tura vial y sanitaria. Campo. Promover este sector, que es el más rezagado. Perfeccio- nar los subsidios de PROCAMPO. Pronasol. Mejorar el Programa Nacional de Solidaridad, quitán- dole cualquier carácter partidista. Competencia. Estimular una sa- na competencia en el mercado, combatiendo prácticas desleales o monopólicas. Disciplina fiscal. Corregir las inefi- ciencias y dispendios de las empresas estatales, erradicar gastos improduc- tivos en el Gobierno y reducir o supri- mir subsidios innecesarios. Política tributaria. Reformar la política tributaria, en orden a una mayor eficiencia y simplificación administrativa, para aumentar los ingresos del Gobierno a fin de que pueda ampliar su gasto social. Sindicalismo. Pugnar por la exis- tencia de un sindicalismo auténti- co, independiente y responsable. Natalidad. Insistir en la necesi- dad de la planeación familiar y la paternidad responsable. Cultura de la pobreza. Examinar la llamada ‘cultura de la pobreza’ para salvar los obstáculos que im- piden a mucha gente salir de la pobreza y la marginación. Enseñanza de la economía. Difun- dir la enseñanza de cómo funciona el sistema económico, a fin de que los integrantes de la sociedad, con ese conocimiento, puedan otor- garle a la actividad económica su aquiescencia y su cooperación. Finalmente, dar a conocer la doctrina social de la Iglesia a los diversos agentes económicos, es- pecialmente a los empresarios, a fin de que tengan la orientación moral y la animación con el espíri- tu del Evangelio, que se requieren ante la complejidad y la resisten- cia del problema de la margina- ción, el desempleo y la pobreza. Y así, con todo esto, habremos de movilizar a toda la sociedad con ur- gencia, desde los propios pobres, marginados y desempleados, hasta todos aquellos que, de algún modo, podemos y debemos coadyuvar a que mejore su situación. CS Signo de los tiempos, IMDOSOC, año 10, no. 59 (nov. - dic., 1994), pp. 26-28.
136 La Cuestión Social Año 25, n.1 A gradezco la invitación de es- tar con ustedes esta mañana para hablar sobre el desarrollo eco- nómico y el desarrollo social y su obligada vinculación. Estoy conven- cido de la necesidad de examinar y profundizar en estos temas por su trascendencia en el ámbito econó- mico y político en nuestro país. En mi exposición hablaré de la situación en los países de América Latina y especialmente en nuestro país; de los avances del desarrollo económico y la necesidad de lo que se ha llamado el desarrollo social, de lo que estamos haciendo en esta materia y, finalmente, lo que a mi juicio debiéramos hacer. Se ha dicho que el desarrollo eco- nómico es el paso de un determina- do nivel de vida a otro más alto, en el menor tiempo posible y al me- nor costo posible. Desarrollo funda- mentalmente orientado a un mayor bienestar material. Al derrumbe del comunismo y al repliegue de los socialismos, a fi- nes de la década pasada, llegó una versión de economía de mercado que se ha denominado, muchas veces peyorativamente, ‘neolibe- ralismo’ y que se caracteriza por la reducción del papel del Estado en la economía, la apertura comercial, la desregulación administrativa, la privatización de las empresas pú- blicas, la disciplina fiscal y el debili- tamiento del sindicalismo. Este proceso se extendió a muchos países, y de algún modo al nuestro durante el gobierno de Carlos Sali- nas de Gortari. Fue el período llama- do del cambio estructural, orientado sobre todo a la estabilización eco- nómica, que propicia la eficiencia, el crecimiento, el ahorro y la inversión. En muchos países de la región, con dolorosos altibajos, la nueva política económica logró reducciones en la in- flación, mayores tasas de crecimiento y una razonable estabilidad econó- mica, aunque soportando el pesado lastre de una deuda externa muy alta, herencia de los exceso populistas de la década perdida y avanzando, aun- que lentamente, a una mayor apertu- ra comercial y financiera. No hay duda que esta liberaliza- ción de la economía, con su mayor eficiencia, ha propiciado en nuestros países una mejoría en el nivel de vi- da de la población, como puede ser la reducción del analfabetismo, el aumento de esperanza de vida al na- cer, el incremento de los niveles de escolaridad, todo ello gracias a pro- gramas de gobierno en educación, salud y servicios públicos. Hablemos de desarrollo social Intervención en la LXII Convención Bancaria 1999, el 10 de abril en Acapulco, Gro.
137 La Cuestión Social Año 25, n.1 Sin embargo, ante estos avances innegables deben señalarse datos ad- versos y desconcertantes. Hay, eviden- temente, un aumento en el ingreso per cápita de la población, pero los pro- medios ocultan dolorosos extremos de desigualdad. Hay en la región, y desde luego en nuestro país, lo que se ha llamado el ‘dualismo social’. Al lado de una minoría con todos los recursos y comodidades del mundo moderno, vive una mayoría, gran parte de ella, en la más dolorosa indigencia, con desnu- trición, ignorancia, salud precaria, des- empleo y un futuro sin esperanza. En los medios internacionales, a América Latina se le considera co- mo la región con mayores niveles de desigualdad. Shadid Burke, vice- presidente para América Latina del Banco Mundial, decía en 1996: «La región de América Latina y el Caribe tienen la más pronunciada dispari- dad en los ingresos de todas las re- giones de desarrollo del mundo». El New York Times, en 1997, seña- laba a América Latina como la región «que tiene la mayor brecha entre ri- cos y pobres». El 20% más rico de su población tiene el 52.9% del ingreso, proporción muy superior incluso a la de África. Y el 20% más pobre sólo accede al 4.5% del ingreso, también menos que en África. En nuestro país, en 1996, esas cifras fueron muy se- mejantes: 52.6% y 4.8%. Y esta situación es más grave por- que revela una tendencia. Un informe de la CEPAL ha dicho que en la región la pobreza ha crecido significativa- mente en los últimos años. En 1980, 40% de la población estaba por de- bajo de la línea de pobreza. Ahora se ha elevado alrededor de 47%. En México, a pesar de avances evi- dentes, la pobreza alcanza todavía cifras muy altas. En Guerrero, Chia- pas, Hidalgo, Oaxaca, Puebla y Cam- peche existe en más del 57% de la población. Y la pobreza absoluta, que podemos llamarla ‘miseria’, es de 26 millones de habitantes que, según el Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas (PDNU) correspon- de al ingreso de un dólar por día. Los indicadores de la inequidad en la distribución del ingreso en Améri- ca Latina se manifiestan en carencias y rezagos en materia de salud, educa- ción, propiedad de la tierra, salarios, empleo y crédito. En algunos países centroamericanos la esperanza de vida de los niños al nacer en grupos pobres es de 10 años menor a la de los niños de grupos no pobres de la población. En lo que respecta a la educación, en los sectores pobres la deserción y la repetición son más fre- cuentes. Cerca de 30% de los hogares de la región son actualmente de fami- lias con un solo titular. ¿Por qué se ha agravado la inequi- dad en las dos décadas pasadas como lo indican las cifras disponibles? El investigador canadiense Alberth Be- rry ha señalado que «la mayoría de los países latinoamericanos que han introducido reformas económicas a favor del mercado en los últimos 20 años han sufrido también serios in- crementos en la desigualdad». En 1995, una comisión de per- sonalidades del BID, la CEPAL y
138 La Cuestión Social Año 25, n.1 el PNUD, presidida por Patricio Alwyn, que evaluó la situación so- cial de la región, afirmaba: «Aun cuando la pobreza es un problema de larga data en la región, los pro- cesos de ajuste y reestructuración (económica) de los años 80 acen- tuaron la concentración del ingreso y elevaron los niveles absolutos y relativos de la pobreza». Ante esta situación de crecimien- to, y del consiguiente desarrollo económico en la región, que no han ido acompañados por un mejor ni- vel de vida para gran parte de sus pobladores, se impone la pregunta de por qué ha sucedido esto y qué debería hacerse para remediarlo. Este mejoramiento de nivel de vi- da, a la que todos aspiran, no hay duda que podría alcanzarse con una mayor equidad en la distribu- ción del ingreso. Y aquí hay que afir- mar que son totalmente erróneas las teorías convencionales que sos- tienen que la eficiencia económica tiene por fuerza un costo social y que una alta inequidad es necesaria para alcanzar la acumulación de ca- pital e impulsar el crecimiento. Bernardo Kilsberg, coordinador del Instituto Interamericano pa- ra el Desarrollo Social, afirma que hay países que practican políticas sistemáticas de mejoramiento de la equidad que logran resultados efectivos y no bloquea su creci- miento económico, sino que, por lo contrario, lo ha favorecido de mo- do muy relevante, generando cír- culos virtuosos de crecimiento. La experiencia de países como Suecia, Dinamarca, Noruega, Finlandia, Ho- landa y Bélgica, así como Japón, Co- rea, Israel y Canadá lo demuestra. Amartya Sen, en 1992, se refirió en sus investigaciones sobre Costa Rica y el estado de Kerala, en la India, que a ambos, con recursos económicos de partida muy limitados, lograron dar a sus poblaciones altos estánda- res de esperanza de vida, educación, salud y desarrollo humano en gene- ral, con políticas que favorecieron activamente la equidad. Joseph Stiglitz, del Banco Mundial, ha afirmado que «hay relaciones po- sitivas entre crecimiento e igualdad. Altas tasas de crecimiento proveen recursos que pueden ser usados pa- ra promover la igualdad. Y, asimismo, un alto grado de igualdad ayuda a sostener altas tasas de crecimiento». Sin embargo, si bien el crecimien- to económico y el reparto de sus frutos se hacen con equidad, esto es un requisito necesario pero no suficiente para el pleno desarrollo de los seres humanos. El bienestar material, aunque es de gran impor- tancia, no es a lo único que aspiran. Una definición de desarrollo gene- ral, parafraseando a Teilhard, que no a Echeverría, puede decirse que es el tránsito de una sociedad arriba y ade- lante. Hacia adelante: avance y pro- greso para alcanzar su bienestar, que es casa, vestido, sustento, salud, di- versión… Y hacia arriba: superación y ascenso para alcanzar su bienser, que es lo cívico, estético, moral, religioso, Dios mismo… Un adelante y arriba en estrecha vinculación.
139 La Cuestión Social Año 25, n.1 De lo anterior se desprende que un verdadero desarrollo implica que el desarrollo económico debe estar acompañado del desarrollo social, entendiendo este último no sólo como una mejor distribución del ingreso, sino el que pone el én- fasis en el bienser del hombre, que le facilita la convivencia con sus se- mejantes, que le impulsa a la par- ticipación y a la ayuda mutua, que insiste en la vigencia de la ley y la vida democrática, que le abre los horizontes de la educación y la cul- tura, que favorece su acceso al te- ner, saber y poder, para ser más… A este esfuerzo por alcanzar el bienestar y el bienser, a esta con- junción de desarrollo económico y desarrollo social podría llamársele ‘desarrollo humano’, no sólo al simple aumento del bienestar, sino al proce- so de ampliación de las opciones hu- manas que permiten a la gente vivir una vida larga, sana y creativa. Ahora les ruego permitirme hacer un ejercicio singular y es el de com- parar varios índices de desarrollo de México y Sri Lanka, la antigua Ceilán. En el informe antes citado, México ocupa el lugar 49 y Sri Lanka el 90. Sri Lanka está debajo de México en el ingreso per cápita y en el consu- mo de calorías; pero está práctica- mente igual en esperanza de vida al nacer, alfabetización de adultos, matriculación escolar, población con servicios de salud; pero está mejor en número de niños que llegan a 5° año de primaria, en participación en elecciones y en población arriba de un dólar diario de ingreso. ¿A qué se deberá esto? Creo que vale la pena investigarlo, pero lo que parece es que no todo se debe al progreso eco- nómico, que se mide por el ingreso per cápita y el consumo de calorías. Veamos ahora qué es lo que esta- mos haciendo en México en materia de desarrollo social. Como punto de partida, hay que afirmar que los da- tos macroeconómicos, tomando en cuenta el contexto internacional y nuestra historia reciente, son satis- factorios. Sin embargo, en lo que se refiere a mejorar la injusta distri- bución del ingreso, no hemos avan- zado. Subsiste la concentración del ingreso y la existencia de dos Méxi- cos opuestos, como resultado de la implacable lógica del mercado. En relación con lo que se podría decir específicamente del desarro- llo social, examinemos qué estamos haciendo. Por el lado del Gobierno concurren a ello las Secretarías de Educación, Salud y, desde luego, la de Desarrollo Social. A pesar de su insu- ficiencia ante la magnitud de las nece- sidades, son innegables los esfuerzos que realizan y los resultados que se consiguen. La cobertura de la educa- ción ha crecido y los años de escola- ridad han aumentado. Las campañas de vacunación en general han sido exitosas y se avanza en el combate de diversas enfermedades. En especial, debe señalarse el esfuerzo de la Secretaría de Desa- rrollo Social. Realiza programas en cooperación con las Secretarías de Educación y Salud, especialmente el llamado Progresa, que trata de me- jorar la alimentación, la salud y la educación de las familias en extrema
140 La Cuestión Social Año 25, n.1 pobreza y que constituye el segundo en importancia de esa Secretaría. Además de esto, es de mencionar- se lo que está haciendo la sociedad civil mediante el trabajo de un nú- mero creciente de organizaciones voluntarias no lucrativas. Éste es sig- no alentador de una mayor concien- cia solidaria en nuestro país y que se manifiesta en las más variadas ac- tividades de ayuda a la comunidad. Al llegar a este punto, veamos qué se debería hacer para impulsar efec- tivamente el desarrollo social en nuestro país. Reiterando lo que se ha dicho, debe subrayarse que el desa- rrollo social, dando por aceptada la necesidad del desarrollo económico, se centra en la gente y considera que el crecimiento y el mayor consumo, aunque necesarios, no son suficien- tes para lograr el pleno desarrollo de los seres humanos. Y antes de entrar a propuestas concretas, considero indispensable insistir en la vigencia de los valores fundamentales que deben regir to- da la vida económica y social y que, para muchos de nosotros, son los del pensamiento social cristiano, que nos interpela: ¿en las actividades econó- micas se toma en cuenta la dignidad de la persona humana? ¿Se respetan sus derechos y no se soslayan sus obligaciones? ¿Se insiste en la solida- ridad social que nos impulsa a sentir como propias las necesidades de los demás y a conseguir juntos lo que no podemos lograr solos? ¿Se reconoce la exigencia de la subsidiaridad para que haga la sociedad lo más posible y el gobierno solamente lo necesario? ¿Se ejerce la autoridad con sentido de servicio? ¿Hay suficientes espacios de libertad para el pleno desarrollo de los individuos y los grupos? ¿Se pug- na por la responsabilidad de la pro- piedad privada y por su difusión? ¿Se otorga amplia vigencia a la justicia? ¿Se insiste en la obligación de aportar al bien común si se quiere alcanzar el beneficio de todos? Por principio de cuentas, consi- dero que debemos aspirar a un de- sarrollo económico distinto, con los siguientes objetivos: Cambiar las pautas actuales de consumo Reducir la concentración del ingreso. Erradicar la pobreza extrema. Reorientar la política fiscal. Aumentar dramáticamente la productividad. En el Informe de Desarrollo Hu- mano de las Naciones Unidas que hemos mencionado, se afirma que el consumo contribuye claramente al desarrollo humano cuando au- menta la capacidad y enriquece la vida de la gente sin afectar negati- vamente el bienestar de otros, pero que con frecuencia ocurre e insiste en que el consumo debe ser com- partido, socialmente responsable y sostenible. Plantea que es indispen- sable cambiar los patrones actuales de consumo, más hacia la satisfac- ción de las necesidades básicas y generales que hacia las necesida- des más sofisticadas de las mino- rías de la población, y subraya que las presiones cada vez mayores de consumo conspicuo pueden volver-
141 La Cuestión Social Año 25, n.1 se destructivas, reforzando la exclu- sión, la pobreza y la desigualdad. La pobreza extrema, que es otra manera de llamar a la miseria, al- canza en nuestro país la cifra de 26 millones de personas. Esta situa- ción clama a nuestra conciencia y exige al Gobierno y a la sociedad es- fuerzos muy concretos para erradi- carla, ¿cómo hacerlo? Decía Peter Drucker que para combatir la pobreza había que ha- cer productivos a los pobres. Y los pobres lo son sobre todo porque no tienen medios de producción, es decir, porque no tienen capital físi- co ni educación o no tienen empleo. El aumento de la productividad, exigencia fundamental del desarro- llo económico, lo es aún más para la erradicación de la pobreza extrema. Hay que llevar financiamiento a los pobres, y para hacerlo existen pro- bados modelos exitosos de cajas populares de ahorro y préstamo. Hay que fomentar el autoempleo y las microempresas. Nuestro pueblo tiene un gran sentido empresarial y una ayuda directa en estos aspectos puede ser muy fructífera. Pero la gran palanca para el de- sarrollo económico y el desarrollo social y que tanto se ha menciona- do, es la educación. Y para esto hay que fortalecer la educación básica, aumentar el número y días de estu- dio, realizar rigurosas evaluaciones periódicas, fomentar las escuelas de padres de familia, capacitar, res- ponsabilizar y estimular más al ma- gisterio y mejorar lo que publican y lo que difunden los medios de co- municación. Y, a este propósito, no sólo insistir en la instrucción pro- piamente dicha, sino en lo que debe ser la educación en su más alto sen- tido, en la formación del carácter de los educandos, en la difusión de los principios y valores morales que contribuyan sobre todo a su bien- ser, tarea a la que deben concurrir también la familia y las Iglesias. Otro elemento, con frecuencia muy poco considerado, es que exis- tan suficientes recursos fiscales pa- ra todas las tareas que el desarrollo social y obras de Gobierno, tam- bién muy importantes, requieren. La realidad es que en nuestro país mucha gente no paga o paga muy pocos impuestos. Por ejemplo, si comparáramos los ingresos del go- bierno mexicano con los de Brasil, el nuestro es de ocho puntos por- centuales menor, sin contar los pe- troleros. Es infantil creer que se van a poder atender las necesidades de seguridad y de erradicación de la pobreza, sin mayores recursos. Ante la situación del país, no hay duda que a los empresarios nos toca desempeñar un papel funda- mental. Somos una minoría, pero lo que nosotros hagamos tiene un pe- so decisivo en nuestra vida econó- mica y social, sobre todo si tenemos sensibilidad para atender los pro- blemas que hemos mencionado. El panorama tiene riesgos y opor- tunidades, mucho dependerá de nuestra actitud. Y al llegar aquí men- ciono lo que un viejo filósofo chino decía a su emperador: «Un reino ne- cesita armas, alimento y la confianza
142 La Cuestión Social Año 25, n.1 del pueblo en las autoridades. En un caso extremo puede prescindir de armas y los alimentos, pero no de la confianza, porque si se pierde, se pierde el reino». Para concluir: estoy convencido de que tenemos un gran país y, a pesar de sus defectos, un pueblo extraordi- nario. Podemos salir adelante. Para ello, como ha dicho Enrique Krauze, lo que hay que hacer es recobrar el ánimo. Tengamos confianza. CS La cuestión social, IMDOSOC, año 7, no. 2 (verano, 1999), pp. 135-140.
143 La Cuestión Social Año 25, n.1 E n esta exposición intentaré ex- plicar el concepto de ‘lo socioe- conómico’. Examinaré el juicio y las exigencias de la fe cristiana a la vida económica y las reflexiones y conclu- siones del Episcopado Latinoameri- cano en su Segunda Conferencia de Medellín (1968), especialmente en sus capítulos referentes a justicia y paz. Haré un breve bosquejo de la situación de América Latina y con- cluiré con algunas observaciones acerca de un tema tan controvertido y actual como lo es el cómo debiera organizarse la vida económica a la luz de la fe y del Evangelio. Veamos el concepto de ‘lo social’. El hombre es un ser sociable por na- turaleza. Nace, crece, se desarrolla y muere en la sociedad. Necesita de ella invariablemente para su superviven- cia. Pero no es sólo por necesidad, si- no por una existencia profunda de su naturaleza lo que le inclina a buscar y relacionarse con los demás. Es un im- pulso vital, más fuerte que él mismo y que le ayuda a definir su identidad. Ve en el otro a una reduplicación de sí mismo y siente esa necesidad que se manifiesta de mil maneras: conver- sación, amistad, generosidad, ayuda mutua, afecto. Veamos ahora ‘lo económico’. Los recursos materiales, así como los servicios, no están disponibles de manera ilimitada. Las necesidades humanas son muy amplias. Lo eco- nómico nace de la insuficiencia. El campo de la economía es lo que con- cierne directa o indirectamente al esfuerzo de los seres humanos ante esa insuficiencia, ya sea para redu- cirla o repartirla. La actividad econó- mica suele constituir para el hombre de hoy su preocupación dominante. Ganar el pan y vivir cada día mejor son aspiraciones de todos los hom- bres en general. La vinculación de lo social y lo eco- nómico es evidente. Dentro del gran marco del trabajo, vocación funda- mental del hombre, se inscriben la multitud de actividades de la econo- mía que son eminentemente sociales: producir, vender, comprar, comunicar, transportar, financiar, contratar, capa- citar, competir, anunciar, consumir… Pero el ser humano no es simple- mente un homo economicus. No es sólo un productor y un consumidor: es un padre o un hijo de familia, un miembro o no de alguna asociación, un elector, un ciudadano. Y desde lue- go, creyente o no, un ser que necesita Dimensión socioeconómica de la fe Iglesia y justicia a 30 años de las conclusiones del Episcopado Latinoa- mericano en su Conferencia de Medellín Conferencia presentada en la Universidad Iberoamericana, Santa Fe, 10.VI.98
144 La Cuestión Social Año 25, n.1 plantearse el sentido de su existencia. Y eso nos lleva a los cristianos al de- ber de examinar la dimensión socioe- conómica de nuestra fe. Fe que implica creer en la existen- cia de Dios, de sus designios sobre el mundo, la vida y el hombre, que reclama sentir vivamente la presen- cia de Jesucristo en nuestras vidas, con todas sus exigencias de justicia y de amor al prójimo y que compro- mete a trabajar por el advenimiento del Reino con la fe, la esperanza y el amor que nos pide el Evangelio. Es así como la dimensión socioeco- nómica de la fe está inextricablemen- te involucrada en nuestra vida de todos los días. Todo lo que hagamos en este ámbito ha de juzgarse ante los mandatos de la justicia, del amor y de la paz. ¡Y cómo la indiferencia, la vaci- lación y el miedo los destierran! El impacto de lo económico es de- finitivo en la vida de muchísima gen- te. Las necesidades de alimentación, vestido, vivienda, salud y aun edu- cación constituyen para ellos una carga abrumadora y continua. No es posible obrar ni vivir bien sin un mí- nimo de bienestar. En América Latina, la pobreza ha crecido significativamente en los úl- timos años. Un informe de la CEPAL ha dicho que 40% de su población por debajo de la línea de la pobre- za era en 1980 del 40% del total y que ahora se ha elevado alrededor del 47%. La UNESCO dice que un latinoamericano promedio estará llegando al año 2000 con una esco- laridad aproximada de cinco años en comparación con quienes nacie- ron en el sudeste asiático, que tienen actualmente un promedio de 9.2 años. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) afirma que más de la mitad de los empleos latinoa- mericanos son informales. El Banco Mundial expresa que la mortalidad materna en el subcontinente es sie- te veces más alta que en los países desarrollados. Con razón se ha ca- racterizado a América Latina como “tierra de pobreza, inequidad y ex- clusión social”. Uno de los fenómenos más graves de nuestros países es la desigualdad desgarradora de su población. Al la- do de una minoría adinerada con todas las comodidades del mundo moderno: buena alimentación, casas confortables, automóviles, ropa a la última moda, atención médica opor- tuna, educación avanzada; malvive una mayoría en la más dolorosa in- digencia: desnutrición, ignorancia, vivienda precaria, salud deficiente, desempleo y un futuro sin esperanza. Al cuadro estrujante de la pobre- za urbana, de las colonias proleta- rias y de los cinturones de miseria, se suma la de nuestros campesinos, pueblos indígenas y trabajadores migrantes. En México, más de 22 mi- llones de personas viven en condi- ciones de pobreza extrema. El desequilibrio en el ingreso en nuestro país ha venido agravándose. Datos recientes indican que el 20% más alto de la población recibe 54.5% del ingreso y el 20% más bajo 4.4%. Los promedios suelen ocultar doloro- sas tragedias humanas. Y esta distribu-
145 La Cuestión Social Año 25, n.1 ción es muy semejante en la mayoría de los países de América Latina. En el mundo de la empresa ocurre algo semejante. Las grandes y me- dianas empresas con acceso al cré- dito extranjero, a la tecnología más avanzada y a las mejores técnicas de administración y productividad, con capacidad exportadora y dedicadas principalmente al mercado moder- no, sobreviven mejor a las crisis. Por lo contrario, las empresas pequeñas y las microempresas, sin capital ni crédito, con poco acceso a las nue- vas tecnologías, van quedando atrás y han desaparecido. Y lo mismo pasa a los trabajadores de casi todas las empresas que no han podido atra- par el rezago salarial, herencia de las numerosas devaluaciones. Todo esto ha venido agravándose por el fenómeno de la globalización económica y, sobre todo, por la gran movilidad de los capitales en el mun- do, con su capacidad muy real de crear de la noche a la mañana crisis tremendas como las que hemos veni- do experimentando los países del su- deste asiático y los de América Latina. Ha llegado el momento de examinar la situación actual de América Latina a la luz de lo que se dijo en Medellín en 1968. Lo socioeconómico se trata sobre todo en los capítulos “Justicia” y “Paz” de su documento de conclu- siones. La realidad es que, si bien ha habido avances, la mayoría de los pro- blemas que preocupaban a los pas- tores en esa época subsisten todavía. Se insistía en la formación de comu- nidades nacionales que reflejaran una organización global, donde toda la po- blación, pero muy especialmente las clases populares, tuviera a través de estructuras territoriales y funcionales una participación activa y receptiva, creadora y decisiva, en la construcción de una nueva sociedad. Desde luego, desde entonces hasta ahora hemos visto una sorprendente proliferación de organizaciones voluntarias de la sociedad civil —mal llamadas no gu- bernamentales—, que de algún mo- do han recogido esa preocupación; sin embargo, no tienen el alcance ni la profundidad que la declaración arriba citada propugnaba. En lo que se relaciona a la empre- sa y los empresarios, el documento les exhortaba a que modificaran ra- dicalmente la valoración, las activi- dades y las medidas con respecto de la finalidad, organización y funciona- miento de las empresas. Y enviaba un mensaje de aliento a aquellos que, individualmente o a través de sus or- ganizaciones, hicieran esfuerzos por inspirar a las empresas dentro de las orientaciones del Magisterio social de la Iglesia y que de ello depen- dería fundamentalmente el cambio social y económico de América La- tina hacia una economía verdade- ramente humana. La respuesta a esta exhortación por parte del empresariado latinoameri- cano ha sido modestísima. Prevale- ce la empresa pragmática, orientada principalmente a su finalidad econó- mica y financiera. En América Latina existen varias organizaciones empre- sariales que trabajan por poner en práctica las enseñanzas sociales de la Iglesia, organizaciones casi todas ellas afiliadas a la Unión Internacio-
146 La Cuestión Social Año 25, n.1 nal Cristiana de Dirigentes de Empre- sa (UNIAPAC), a la que pertenece en nuestro país la Unión Social de Em- presarios de México (USEM), y de la que formó parte desde 1963. En el capítulo sobre “La paz” en el Documento de Medellín se llamaba la atención sobre aquellos aspectos que constituyen una amenaza o ne- gación de la misma. Entre éstos se mencionaban las diversas formas de marginalidad, tanto en las zonas ur- banas como en las rurales, las des- igualdades excesivas ante las clases sociales, las formas de opresión de grupos y sectores dominantes y, co- mo consecuencia, las frustraciones crecientes y la toma de conciencia de los sectores oprimidos. En el as- pecto económico, se mencionaba la fuga de capitales, técnicos y personal competente, la evasión de impues- tos y, sobre todo, el endeudamiento progresivo de todos los países del área, fenómeno que en los años si- guientes en lugar de decrecer ha au- mentado considerablemente. En lo político, puede decirse que los países del área se encontraron, salvo casos contados, bajo gobiernos autoritarios, y algunos encabezados por militares que se denominaron de “Seguridad Nacional”. Hubo varios movimientos guerrilleros importan- tes. Algunos fueron reprimidos bru- talmente, otros se disolvieron por vías conciliatorias y muy pocos sub- sisten todavía. En los últimos diez años, el narcotráfico ha cobrado una dimensión alarmante con su cauda de corrupción y violencia. El alentador tránsito a la demo- cracia, lento y desigual, vino a darse prácticamente durante los últimos diez años en todos los países, a ex- cepción de Cuba. En lo económico, también en la mayoría de esos países prevalecie- ron por más de veinte años las lla- madas ‘economías mixtas’, muchas de ellas con rasgos populistas y aun socializantes. En estas economías, el Estado tenía una gran intervención en la dirección de la economía: era dueño de numerosas empresas, al- gunas de ellas muy grandes, y exis- tían abultadas burocracias. Había una gran protección al comercio ex- terior con permisos tanto para la im- portación como para la exportación de mercancías y altos aranceles. Además, en muchos países se sub- sidiaban ciertos bienes de consumo necesario y se mantenían controles de precios y, en algunos casos, con- troles de cambio. Los déficits fisca- les solían ser elevados y se resolvían con emisión de circulante que fatal- mente desembocaba en devaluacio- nes y crisis recurrentes. La inflación, y en montos altísimos, ocurría con frecuencia en el área. Se llevaron a cabo nacionalizaciones de empresas y obras públicas muy costosas que se financiaban con alto endeuda- miento interno y externo. La situa- ción actual de la deuda externa de América Latina se debe en buena parte al financiamiento que se requi- rió para todas estas actividades. Con toda razón el período de los 80 llegó a llamarse, para América Latina, la década perdida.
147 La Cuestión Social Año 25, n.1 Como consecuencia de todo esto, las clases populares sufrieron un de- terioro severo en su nivel de vida, al no poder afrontar, por su ignoran- cia y debilidad, las perturbaciones económicas; mientras que las clases acomodadas, por su mejor conoci- miento de lo que ocurría, se defen- dieron mejor. La fuga de capitales y la evasión fiscal fueron endémicas. No cabe duda que Medellín fue un hito en la historia de la Iglesia y de la sociedad en América Latina. Tuvo un efecto catalizador en la reflexión teológica y pastoral que se venía ges- tando en varios de nuestros países y un efecto dinamizador de las fuer- zas existentes. Ante una situación que parecía legitimar la violencia como alternativa, generó la necesi- dad de construir una teología de la no violencia, en la necesidad de crear formas de presión alternativas y mecanismos para realizar la justicia sin perder la eficacia de la paz y del amor con toda su fuerza intrínseca. También Medellín fue un detona- dor de las llamadas, más tarde, ‘co- munidades eclesiales de base’. cuya misión se identifica desde entonces como una instancia de interpretación de la propia realidad social a partir de la Palabra de Dios y la acción consi- guiente. Esta concientización estuvo presente en muchas personas que ejercían un liderazgo social y que ca- be llamarlas luchadores sociales, mis- mos que se convirtieron en fermento de la organización civil. Además desde Medellín, se tomó con fuerza y sin temor la opción pre- ferencial por los pobres, que en cier- tos medios suele no entenderse y se ve con recelo. «Cristo en su condición humana eligió un estado de pobreza e indigencia, a fin de mostrar en qué consiste la verdadera riqueza que se ha de buscar, es decir, la comunión de vida con Dios». «La Iglesia, desde sus orígenes, y a pesar de los fallos de muchos de sus miembros, no ha cesado de trabajar para aliviar, defen- der y liberar a los pobres». En el desarrollo de esta exposición sobre la dimensión socioeconómica de la fe, he de referirme obligada- mente a la doctrina social de la Igle- sia, enseñanza que tiene su fuerte, desde luego, en la Sagrada Escritura y en las enseñanzas de los Padres y grandes teólogos de la Iglesia y en el Magisterio, especialmente el de los últimos papas. Poco después del Concilio Vatica- no II, la doctrina social de la Iglesia pasó por un período de cierto me- nosprecio y olvido. Puede decirse que no es sino hasta quince años después, con motivo de la III Con- ferencia del Episcopado Latinoame- ricano de Puebla, cuando cobra un nuevo impulso y se pone de una ma- nera directa y más eficaz a los católi- cos de América Latina. En el Documento de Puebla se afir- ma que esta enseñanza tiene como propia una visión global y dinámica del hombre y de la humanidad; que su objeto primario es la dignidad per- sonal del hombre, imagen de Dios, y la tutela de sus derechos inalienables; que su finalidad es siempre la libera- ción integral de la persona humana, en su dimensión terrena y trascen-
148 La Cuestión Social Año 25, n.1 dente; y que en su elaboración los lai- cos no deben ser pasivos ejecutores, sino activos colaboradores con los pastores, a quienes aportan su expe- riencia profesional y científica; y que para que esta enseñanza sea creíble y aceptada por todos, debe respon- der de manera eficaz a los desafíos y problemas graves que surgen en la realidad latinoamericana. También, en el Documento se insis- te en que «ni el Evangelio ni la doc- trina o enseñanza social que de él provienen son ideologías. Por el con- trario, representan para éstas una po- derosa fuente de cuestionamientos para sus límites y ambigüedades». En el Documento de la Congrega- ción para la Doctrina de la Fe, titulado Instrucción sobre libertad cristiana y liberación, se reafirma que la Igle- sia ofrece en su doctrina social un conjunto de principios de reflexión, criterios de juicio y de directrices de acción para que los cambios en pro- fundidad que exigen las situaciones de miseria y de injusticia sean lleva- dos a cabo de una manera tal que sirvan al verdadero bien de los hom- bres. Y se insiste en que la obra de salvación aparece indisolublemente ligada a la labor de mejorar y elevar las condiciones de la vida humana en este mundo, exigencia ineludible de la dimensión económica de la fe, objeto de esta exposición. Los criterios y directrices, pero so- bre todo los grandes principios de la doctrina social de la Iglesia, tienen una gran relevancia para la econo- mía en general y para la empresa en particular. Se encuentra entre estos últimos la dignidad de la persona hu- mana, con la exigencia de sus dere- chos inviolables e imprescriptibles; la solidaridad que impulse a los hom- bres a sentir como propias las nece- sidades de los demás y a conseguir juntos lo que no podrían conseguir solos; la subsidiaridad, para que las entidades menores hagan lo más po- sible y las mayores sólo lo necesario; el destino universal de los bienes con su exigencia de justicia; el trabajo co- mo instrumento para la plena reali- zación humana; el bien común, como obra de todos para beneficio también de todos; y, desde luego, el amor al prójimo, mandato vital del Evangelio. A esta exposición de la realidad económica y social de América Lati- na y de los principios de la doctrina social de la Iglesia que deben orien- tarla y juzgarla, hemos de añadir el examen del sistema o sistemas vi- gentes en el área. Puede decirse que a mediados de la década de los 80 comenzó a darse aquí una transición de los regímenes estatistas y populistas hacia un nue- vo modelo, mediante la estabiliza- ción económica y el llamado cambio estructural, orientado a disminuir la protección de la producción nacional ante la competencia extranjera, a la privatización de las empresas estata- les, a la reducción de la reglamenta- ción y los controles burocráticos y en general a disminuir el tamaño y las atribuciones del Estado. Esta economía de mercado a secas, que muchos han denominado ‘neo- liberalismo’, ha mejorado la eficien- cia y el crecimiento económico, el
149 La Cuestión Social Año 25, n.1 ahorro y la inversión. Sostiene que, finalmente, el aumento de la pros- peridad de la parte más dinámica de la sociedad se derrama hacia los de- más. La realidad es que este derra- me no les llega nunca o exiguamente y la brecha entre ricos y pobres se ha ensanchado y se ha propiciado la corrupción y el desempleo. A este escenario desconcertante se está presentando el fenómeno de la globalización económica mundial. El colosal aumento de la comunicación, junto con la liberación del comercio y de los flujos de capital, así como el desarrollo y la transferencia de la tec- nología, si bien ha aportado beneficios, también han creado distorsiones eco- nómicas severas, con el consiguiente perjuicio de personas y empresas. Ante esta economía de merca- do, impersonal y despiadada, se ha vuelto a plantear la necesidad de definición del dilema existente en el mundo por muchísimos años: có- mo organizar la vida económica con justicia. Por una parte, la economía socialista, comunista o reformista ya superadas y, por la otra, la economía de mercado en su nueva versión de neoliberalismo. Juan Pablo II ha dicho: «La Iglesia no tiene modelos para proponer. Los modelos reales y verdaderamente eficaces pueden nacer sólo de las di- versas situaciones históricas, gracias al esfuerzo de todos los responsables que afrontan los problemas concre- tos en todos sus aspectos sociales, económicos, políticos y culturales que se relacionan entre sí. Para este objetivo la Iglesia ofrece, como orien- tación ideal e indispensable, la doc- trina social, que si bien reconoce lo positivo del mercado y de la empresa, reconoce también que éstos han de estar orientados al bien común». Ante el fracaso de las soluciones colectivistas y estatistas, es evidente el valor de la propiedad privada, la iniciativa de emprender y la compe- tencia para la eficacia de la econo- mía de mercado. Pero la conciencia cristiana no puede aceptar el espí- ritu que suele animarla, de cálculo, avaricia, ambición desbordada, in- diferencia hacia los demás y lucha sin cuartel, que las leyes no pueden evitar pero que deberían contribuir a moderar. Los problemas y desafíos de nuestra sociedad reclaman cada día más una conciencia y orienta- ción moral. Hace falta una economía que es- té verdaderamente al servicio del hombre, de todo el hombre y de to- dos los hombres. Una economía en la que la moral tenga primacía sobre la técnica, el trabajo sobre el capi- tal y el hombre sobre las cosas. Una economía en la que se concilien las exigencias de la libertad, con todo lo que tiene de creatividad y progreso, con las exigencias de la justicia, in- dispensable para una convivencia pacífica y solidaria. Una economía ordenada en la que las imperfeccio- nes y el rigor de la libertad económi- ca sean corregidos de algún modo. Se ha hablado mucho de esta eco- nomía; se le ha denominado una economía de mercado con responsa- bilidad social, una economía de ros- tro humano, una economía al servicio
150 La Cuestión Social Año 25, n.1 del hombre. Hemos llegado al punto en que nos pide y nos corresponde a los laicos proponer el modelo econó- mico que puede ser más conforme a nuestra fe de cristianos. Tarea difícil y muy controvertida. Alguien ha dicho que a la mano in- visible del mercado se le debe sumar la mano de la justicia del Estado y la mano solidaria de la sociedad. Es- to suena muy bien, pero se requiere profundizar en la idea y explicitar los cómos, en los cuales suelen es- tancarse las propuestas. La vida del hombre de hoy se des- envuelve sobre todo en el ámbito del mercado y del Estado, a los que de algún modo se somete. Es un pro- ductor, un vendedor, un consumidor. Es un ciudadano, un contribuyente, un elector. Está sujeto a la ley de la oferta y la demanda y a las leyes y re- glamentos del Gobierno. En ambos casos, se ejerce sobre él una coer- ción de la que puede sustraerse. Y también está sujeto a la influencia de los modernos medios de comuni- cación, que hoy ejercen sobre él una coerción sutil sobre sus gustos, opi- niones y costumbres, más allá de lo que él mismo es consciente. ¿Tendrá un sistema económico que reducirse a la interacción del mercado, el Estado y las comuni- caciones, y ser el hombre simple- mente un objeto de los intereses, la influencia, las presiones y aun los caprichos de unos y otros? Evidentemente no, porque hay en la convivencia humana otro mundo que está fincado en lo más profun- do de nuestro ser, que calladamente añoramos y que nos pide y aun nos exige reivindicarlo. Es el mundo de la confianza, la amistad y la alegría. El mundo de la generosidad, la toleran- cia, la ayuda mutua, la cortesía, el per- dón y otros valores fundamentales. Es la existencia de lo que Husserl llamó el lebenswelt, como verdadero cimento de la sociedad, el del ethos primario de la vida, el mundo de las relaciones personales y comu- nitarias. O como denominó Gaos, el mundo que está fuera del intercam- bio riguroso y del contrato que piden exactamente el precio. Es un mundo en el que hay, sí, cierta reciprocidad, pero no exigencia de la misma. En el que alguien ha dicho “se toma sin quitar y se da sin perder”. De algún modo, la depositaria de todo este mundo es lo que se ha lla- mado la ‘sociedad civil’, entendién- dola como el rico tejido no sólo de asociaciones y grupos voluntarios no lucrativos de toda índole, sino tam- bién las parroquias, los clubes, los barrios y, aún más, las familias, las es- cuelas, los sindicatos, las organizacio- nes profesionales, las empresas, los partidos políticos y hoy las redes de amigos y personas afines, vinculadas por los más diversos motivos. Aun en esta área de la sociedad ci- vil, un destacado economista, Stefano Zamagni, señala que existe lo que él llama ‘economía civil’, constituida por una variedad de organizaciones y gru- pos cuyo objetivo no es filantrópico, pero tampoco estrictamente lucrativo. Organismos y grupos que piden una
151 La Cuestión Social Año 25, n.1 cierta reciprocidad por lo que ofre- cen o venden. Empresas cooperati- vas, mutualidades, comunidades de apoyo, prestadoras de servicios semi- gratuitos, instituciones culturales o de promoción humana, cajas de ahorro y préstamos populares. En la vida social hay fundamen- talmente tres cauces ordenadores para la conducta: la ley, las buenas costumbres y la moral personal. La ley es el último recurso para orde- nar la convivencia. Las normas so- ciales o buenas costumbres facilitan la ordenación de la conducta de los ciudadanos. Pero es la moral perso- nal, con su mayor exigencia, la que en definitiva puede asegurarla. El Estado, como responsable de promulgar y hacer cumplir las leyes, tiene una ineludible responsabilidad en el campo económico. Como reac- ción ante los excesos de los socialis- mos y de los regímenes estatistas, su papel en la economía se ha visto dis- minuido en las versiones actuales de la economía de mercado. Es indis- pensable restituirle las atribuciones que legítimamente le corresponden de acuerdo con las exigencias del bien común y de la subsidiaridad. Hay que rechazar tanto la idolatría como la satanización del Estado. Tiene funciones que él y sólo él puede desempeñar, Para evitar sus excesos, se impone una permanen- te actitud crítica y vigilante de los ciudadanos. El vacío cívico y político siempre ha conducido al desborda- miento del Estado. El Papa Juan Pablo II, en Centesi- mus Annus, dice que «la actividad económica, en particular la eco- nomía de mercado, no puede des- envolverse en medio de un vacío institucional, jurídico y político». E insiste en que «es deber del Estado proveer a la defensa y tutela de los bienes colectivos, como son el am- biente natural y el ambiente huma- no, cuya salvaguardia no puede estar asegurada por los simples mecanis- mos del mercado». Una nación responsable y subsi- diaria del Estado ha sido reivindicada por muchos pensadores políticos. Es indispensable para prevenir los exce- sos, superar las limitaciones y corre- gir las imperfecciones de la economía de mercado. Hace algunos años se expresó en este sentido Federico Ma- yor, director general de la UNESCO, y recientemente Nelson Mandela, presidente de Sudáfrica, y Fernando Henrique Cardoso, de Brasil. Se ha dicho que a la mano invisi- ble del mercado había que sumarle la mano de justicia del Estado. Apar- te de la responsabilidad del Estado en materia de seguridad pública e impartición de justicia hoy enérgi- camente reclamadas, el Estado en materia económica también está siendo reclamado en su obligación de desterrar la miseria, reducir la pobreza y tratar de corregir la exce- siva desigualdad en el ingreso de la población de nuestros países. Una parte de los ingresos del Es- tado tiene un fin redistributivo. Por principio de cuentas, en nuestros países, el Estado ha de aumentar
152 La Cuestión Social Año 25, n.1 su capacidad de obtener ingresos, tanto por el aumento de impues- tos como por su mejor cobranza y buen manejo. El gasto suntuario, la especulación y las ganancias excesi- vas han de gravarse más. Esto, desde luego, debe hacerse con prudencia para no desalentar la inversión pro- ductiva. Y también debe combatir la evasión fiscal y velar por la eficien- cia y honradez administrativa de los servidores públicos. Ante esta exigencia de justicia de las mayorías, el Estado tiene que asignar acertadamente mayores re- cursos para la satisfacción de las ne- cesidades básicas de las clases muy necesitadas. Son adecuados los pro- gramas de alimentación como ahora se llevan a cabo en las zonas de ex- trema pobreza y el subsidio selecti- vo a la tortilla en México. Habrá que promover más, de manera sistemá- tica, los programas de salud, seguri- dad social, vivienda popular y sobre todo los de educación, que todavía en nuestros países tiene serios reza- gos y deficiencias. El economista René Villarreal ha propuesto en un interesante libro, Ha- cia una nueva economía de mercado, la idea de que la mano de la justicia del Estado debe ser además una mano promotora. Insiste que en nuestro país se ha privilegiado la exportación como pivote del desarrollo, pero que debe darse una mayor atención a la susti- tución de importaciones y a lo que él llama el ‘mercado endógeno’. La actividad promotora del Esta- do implica, a mi juicio, una política industrial, una amplia campaña a favor del ahorro interno, promoción de la capacitación y el aprendizaje en todas las empresas, desarrollo de un auténtico cooperativismo, mayor apoyo al autoempleo, a la micro y pequeña empresa y a los pequeños productores rurales, facilitar la cons- trucción de viviendas modestas y fo- mentar las instituciones de ahorro y crédito popular. También es muy importante la reorientación de las actividades productivas mediante apoyos fiscales y concesión selectiva de crédito, a fin de que las inversio- nes se destinen en mayor medida a la satisfacción eficiente de las nece- sidades de los sectores más pobres. Entre otras, éstas son las acciones que el Estado debería llevar a cabo para cumplir el mandato de hacer más equitativa a la economía de mercado; sin embargo, queda pen- diente lo que debe realizar la socie- dad, como arriba la hemos definido, toda vez que el efecto de las disposi- ciones legales no es suficiente. Esto nos lleva al indispensable de- sarrollo de las buenas costumbres o, si se quiere llamar de otra manera, una ética social, es decir, a una mane- ra de comportarse de los agentes eco- nómicos del más diverso tipo, como son los consumidores, las empresas, las organizaciones gremiales y otros; de modo que, por convencimiento profundo de su responsabilidad so- cial, adopten políticas de creación de confianza, respeto al bien común, solidaridad humana y que esto se traduzca en muchos casos en una ac- ción cívica y aun política que lleve a cambios en la legislación y a la cons- titución de organismos privados de
153 La Cuestión Social Año 25, n.1 apoyo complementario a las agencias gubernamentales. En pocas palabras, debemos bus- car en nuestros países una definición de una política económica del Esta- do congruente con nuestra manera de ser y nuestras necesidades. A esta definición deben concurrir todas las fuerzas sociales, sobre todo partidos políticos, universidades, empresas y sus asociaciones, sindicatos, Iglesias y los más destacados portavoces de la llamada ‘economía civil’. Pero, como hemos dicho, la vida económica en último análisis no po- drá ordenarse sin las exigencias de la conciencia moral de todos los ac- tores de esa vida económica, seres humanos concretos, con sus fortale- zas y debilidades, con sus ideales y sus prejuicios, con sus recursos y ne- cesidades. Se ha hablado mucho de que se requiere el cambio de las es- tructuras de nuestra vida moderna, de las leyes, costumbres, institucio- nes y valores que la rigen. Pero ese cambio no se dará si antes no hay un cambio en la conducta personal de quienes participan en la vida econó- mica, toman conciencia de los pro- blemas y asumen el compromiso de contribuir a resolverlos. Se necesita- rá este profundo cambio en quienes investigan, enseñan y comunican, en quienes gobiernan, legislan y juzgan, en quienes invierten, producen y administran y en quienes trabajan, ahorran y consumen. Se necesitará para todos, y especial- mente para los cristianos, una con- versión moral, que sólo será posible si es animada verdaderamente por el espíritu del Evangelio, si vivimos ple- namente la dimensión socioeconó- mica de nuestra fe. Sólo así podremos contribuir a que América Latina, co- mo a partir de Medellín se dijo, sea “el continente de la esperanza”. CS La cuestión social, IMDOSOC, año 6, no. 4 (invierno, 1998), pp. 339-348.
154 La Cuestión Social Año 25, n.1 1 848. Marx y Engels lanzan al mundo su famoso Manifiesto del Partido Comunista, que pue- de considerarse como el punto de arranque de esa ideología social, económica y política, el comunis- mo, que conmovió al mundo por casi ciento cincuenta años. Y por considerar que la lucha contra la pobreza —pero sobre todo contra la pobreza extrema, la miseria—, por ser uno de los males más graves que agobian a la humanidad en la época actual, precisamente por ello, he escogido la palabra ‘manifiesto’, para darle a estas palabras mías un acento de desafío, de urgencia, de responsa- bilidad y de acicate para la acción. Y un manifiesto por un desarrollo solidario, porque estoy convencido que el desarrollo social y económico debe ser un desarrollo para todos, ese progreso y superación que todos los seres humanos ambicionan, al que todos debemos contribuir y que debe ser, por lo tanto, ‘solidario’. ¿Cuál es la dimensión de la pobreza, sobre todo de la pobreza extrema? Los datos acerca de la pobreza extrema en México se han dado a conocer repetidamente. Tenemos rezagos y carencias en salud, nutrición, servicios y em- pleo, especialmente en estados de la República como Oaxaca, Guerre- ro, Chiapas, Puebla y otros. Se ha dicho recientemente que en nuestro país hay 53 millones de pobres y que, de éstos, al menos 12 millones viven —si así se le puede llamar— en pobreza extrema, que es el otro nombre de la miseria. ¿Por qué los pobres son pobres? Los pobres son pobres, esencial- mente, porque no tienen los medios de producción para ganarse la vida. Es decir, no tienen para trabajar por su cuenta o no tienen empleo. No pueden conseguir que alguien pon- ga a su disposición esos medios de producción que necesitan. Otra ma- nera de decirlo es que no cuentan con activos generadores de ingresos. Y la pregunta siguiente es ¿or qué ocurre esto? Porque no hay empleo, porque la actividad económica está restringida, no hay quién invierta y cree empleos. Porque no tienen medios propios para trabajar por su cuenta por azares de la vida, por- que tienen poca inclinación para trabajar, ahorrar e invertir. O por- que de algún modo enfrentan obs- Manifiesto por un desarrollo solidario ¿Por qué un manifiesto? ¿Por qué por un desarrollo solidario?
155 La Cuestión Social Año 25, n.1 táculos para conseguir esos medios de producción: ignorancia, aisla- miento, explotación. ¿Cómo remediar la situa- ción de los pobres? En estudios, artículos y confe- rencias se han mencionado con frecuencia los instrumentos que deben emplearse para combatir la pobreza. En aras de simplificar la cuestión, podemos examinar los ocho frentes que se estiman fun- damentales en esta lucha contra la pobreza. Estos ocho frentes consi- dero que son los siguientes: ¿Qué tan importantes son la nutrición y la salud en el combate a la pobreza? El frente de la nutrición y la sa- lud es indudablemente, en orden de tiempo, el primero que debe con- frontarse, porque sin nutrición y sa- lud no hay sujeto para todo lo demás. Pero nos encontramos en un círculo vicioso; para que haya salud se re- quiere nutrición y para que haya nu- trición se debe dejar de ser pobre. Este círculo hay que romperlo de algún modo y el antiguo programa Progresa de Sedesol —hoy Oportu- nidades— va en esa dirección. Y desde luego, los programas de salud pública son indispensables. Atender las enfermedades cróni- cas: tuberculosis y paludismo, pero desde luego: las enfermedades gas- trointestinales y respiratorias, que son las más comunes. Y también se requieren los indispensables servi- cios públicos de agua y drenaje. ¿Cuáles son los alcances de la educación? Se ha hablado mucho que la educación es la gran palanca del desarrollo. En nuestro país se ha avanzado mucho en la cobertura de la misma. Nuestra gran carencia es la calidad de la educación. Pero en la lucha contra la pobreza debemos insistir en la calidad, sobre todo en la alfabetización, educación básica y educación de adultos. Hay 32 millones de mexicanos que no es- tán alfabetizados, no completaron la primaria o la secundaria. Aquí hay un inmenso campo de acción y el Co- nevit (Consejo Nacional de la Educa- ción para la Vida y el Trabajo) está haciendo un destacado esfuerzo. ¿Por qué hay que legalizar la propiedad precaria de los pobres? Unos de los problemas crónicos que subyace en la pobreza es la in- seguridad que los pobres tienen de la propiedad de sus terrenos o ca- sas, tanto en las ciudades como en el campo. Hernando de Soto ha hablado de ese problema desde hace más de 20 años y es, sin duda, un problema que si se soluciona puede contribuir mu- cho a que los pobres salgan de su po- breza, pero para ello es indispensable que haya una legislación adecuada a sus circunstancias. El reconocimiento y la protección de la propiedad pre- caria es un medio valiosísimo para el mejoramiento material de los pobres.
156 La Cuestión Social Año 25, n.1 ¿Es posible propiciar la producción para los pobres y por los pobres? No hay duda que la producción de bienes y servicios en nuestra sociedad está orientada más bien a clases medias, tanto bajas como altas, y para las clases altas. Hacen falta productos diseñados para los pobres y en lo posible fa- bricados por los pobres. De ahí la necesidad de propiciar el autoem- pleo, la microempresa, los talleres artesanales, las cooperativas. Hay ejemplos de gran éxito en In- dia y China, donde se diseñaron pro- ductos económicos para los pobres y sistemas de distribución novedo- sos. El resultado fue un consumo in- sospechado de esos productos. ¿Qué tan importante es el ahorro y el crédito popular? El pobre es víctima del coyote y del acaparador, pero sobre todo del agiotista. Hay deudas que consti- tuyen una verdadera esclavitud. La solución para esta situación es pro- piciar la existencia de las llamadas ‘cajas populares’, tanto de ahorro como crédito. En esto se ha avan- zado mucho y hay que pugnar por entenderlo al máximo con apoyos legales y fiscales. Hay tres mitos: Que el pobre no ahorra. Que el pobre no paga sus deudas. Que el pobre no paga intere- ses altos. Estas afirmaciones son falsas y de- ben desecharse: los pobres ahorran, pagan sus deudas e intereses altos. Lo que necesitan es tener servicios financieros confiables a su nivel y a su alcance. ¿Es posible la construcción de un millón de viviendas anualmente en México? Para este año hay prevista la cons- trucción de un poco más de 500 mil. Hay quien dice que se pueden ha- cer 850 mil, ya que hay recursos pa- ra hacerlo. Pero el déficit de vivienda en nuestro país es de 5 millones. Hay que hacer un esfuerzo titánico para avanzar en esto. Utilizar lo más posi- ble la autoconstrucción. Destrabar lo que se oponga. Una gran cruzada a favor de la vivencia tendría grandes frutos so- ciales y económicos. ¿Qué tan grave es la falta de protección y seguridad social en los pobres? A los pobres, cuando se les presenta una desgracia como una enfermedad larga, una muerte o ruptura familiar sus exiguos recursos desaparecen, se acaba su patrimonio y deben comen- zar de nuevo con gran dificultad. Es indispensable el seguro para quienes están fuera del IMSS y del ISSSTE. El problema es que esto requiere una fuerte aportación del Estado. Quizás en las sociedades de aho- rro y préstamo podrían proporcio- nar servicios de seguro elemental.
157 La Cuestión Social Año 25, n.1 ¿Cuál es el gran cambio cultural que hay que llevar a cabo para que los pobres dejen de serlo? Hemos examinado los diversos frentes por lo que hay que atacar la pobreza, pero el más importante es lograr cambiar la mentalidad y la conducta de los pobres, de mo- do que no sólo tengan más recur- sos, sino consciencia de su dignidad y de su valor como personas, que tengan la capacidad de organizarse, de aceptar las cosas nuevas, de pla- near su futuro. Necesitan desterrar los condicio- namientos colectivos que existen fue- ra de sus conciencias individuales. Necesitan combatir la desesperan- za y el fatalismo, afirmar su autoesti- ma y tener confianza en sí mismos para salir de su subdesarrollo, re- chazando todo paternalismo ya sea público o privado. Aquí la subsidia- ridad, de que haga el menos lo más posible y el mayor sólo lo necesario, se impone decididamente. ¿Quiénes deben ser los principales actores en la lucha contra la pobreza? En esta lucha contra la pobre- za es indispensable la acción del gobierno, porque es el único que cuenta con los inmensos recursos que se requieren. Y desde luego, la cooperación de la sociedad, me- diante la acción de los numerosos grupos altruistas y filantrópicos que de algún modo trabajan para desterrar la pobreza. Sin embargo, la acción de los po- bres mismos es vitalmente necesaria y a ellos debe conducir una tarea edu- cativa especial y del más largo alcan- ce para esa promoción de una nueva cultura, para ese cambio de mentali- dad y de la conducta de los pobres, in- dispensable para salir de su pobreza. Es un cambio moral que compren- de su responsabilidad y compromiso de modo que ello sean los verdaderos autores de su progreso y superación, acordes con su dignidad de personas. Si todo lo anterior se ha dicho muchas veces, ¿qué es lo que falta para resolver este problema? Y para esta lucha contra la pobre- za —especialmente contra la mise- ria— se requiere de todos una férrea voluntad, una decisión inquebran- table, sobre todo del gobierno para que ya, en materia de políticas públi- cas y asignación de recursos, se lleve a cabo una estrategia del más alto nivel y con una rigurosa evaluación periódica para su necesaria eficacia. En este sentido, es alentador lo de- cidido por la Secretaría de Desarrollo Social en su estrategia Contigo, que es la primera de una nueva generación de políticas sociales que deben sentar las bases para una política de Estado, caracterizada por una mayor y mejor interacción entre y dentro de los tres órdenes de gobierno. Y para concluir Ya hemos visto que para comba- tir la pobreza hay que hacer mu- chas cosas.
158 La Cuestión Social Año 25, n.1 En lo material, necesitamos más actividad económica, mejor recau- dación fiscal, eficiencia administrati- va del gobierno, pero sobre todo una mística poderosa que remueva obs- táculos y que consiga que por enci- ma de conferencias y declaraciones haya una acción tenaz y decidida pa- ra afrontar con energía este gravísi- mo problema, ya. ¡Unámonos todos para erradicar al menos la miseria de los pobres de nuestro pobre México! CS La cuestión social, IMDOSOC, año 11, no. 3 (jul. - sep., 2003), pp. 210-214.
159 La Cuestión Social Año 25, n.1 1. Los primeros años R oberto Schuman nace en la capital del Gran Ducado de Luxemburgo, ese minúsculo país eu- ropeo contiguo a Bélgica, en 1886, dieciséis años después de la Guerra Franco–Prusiana y cuatro años an- tes de la caída de Bismark, el artífice de la unidad alemana y el Imperio Alemán. Su padre Jean–Pierre, origi- nario de Lorena, agricultor y rentista se había casado a los 47 años con Eugenia Duré joven luxemburguesa de 20 años. Robert pasa una infancia feliz en- tre un padre más bien severo y una madre fina, sensible y de una pro- funda piedad. Durante sus vacacio- nes de verano sus padres lo llevan a Kruth, en Alsacia, donde su madre vivió de pequeña. El amor que ella tenía a Francia y su dominio de la lengua francesa tienen este origen. A los seis años entra en la escuela primaria, sabiendo ya leer y escri- bir, su abuelo y su madre le habían enseñado. En cuatro años domina el programa de seis años de primaria. A los diez años entra al Ateneo, la institución de enseñanza secunda- ria en Luxemburgo. Es una escuela de gran prestigio y alimentada de una doble cultura. La enseñanza es bilingüe, aunque es privilegiada la lengua francesa. A los 14 años muere su padre y los lazos que le unían a su madre se estrechan aún más. Compartían el gusto por la lectura que una biblio- teca de autores franceses y alema- nes facilitaba y gustaban de la buena música. Pero tenían sobre todo en común su interés por las cosas del espíritu y su profunda fe cristiana, que se expresaba particularmente por la meditación diaria, la piedad mariana y la comunión frecuente. 2. El estudiante Los siete años pasados en el Ate- neo estructuran armoniosamente su inteligencia. Aprende a razonar, a abordar las cuestiones de la manera más objetiva posible. A los 17 años, cuando deja el Ateneo, ya está prepa- rado para afrontar los combates de la vida. Su carácter está formado de una disciplina y un rigor a los cuales se so- mete con gracia y delicadeza. Robert tiene 26 años. A la Asamblea de la Unión Popular Católica le dice que para afrontar el individualismo de competencia descarnada de la ci- vilización industrial, hay que formar al pueblo, pues de lo contrario queda indefenso ante el egoísmo brutal en el seno de la sociedad. Hay que pugnar por preservar al obrero amenazado por el embrutecimiento y la ausencia de esperanza. La formación se hace por el conocimiento de las institucio- nes sociales y políticas; por la lectura, especialmente de los periódicos cris- tianos; por la iniciación en el aposto- lado. Cada cristiano está llamado a comprometerse como apóstol. Schuman. Un político cristiano
160 La Cuestión Social Año 25, n.1 El obispo de Metz, Msr. Willibrord Brenzler se da cuenta pronto de la gran piedad del joven abogado, la amplitud de su inteligencia, su vi- brante deseo de hacer el bien y crea una estructura a su medida: «La Di- rección de las Obras Diocesanas de la Juventud», de la que Robert es nom- brado presidente. Su área de acción se extiende por toda la diócesis que recorre sin descanso, dándose a conocer y apreciar por todos sin la menor pretensión política. La acción de Msr. Brenzler marca profundamente su pensamiento. Un día le encarga estudiar el tomismo y él sigue su consejo a la letra. Estudia las obras del doctor Angélico y no cesará de hacerlo, sino hasta el fin de su vida. A través de esto consolida su filosofía de la naturaleza y del hom- bre así como su obrar moral y puede establecer una síntesis precisa y sis- temática en el dominio de la fe. Con el lanzamiento de los «Círcu- los obreros» el obispo sensibiliza a los lorenenses en la lucha por la justicia social, reforzada desde 1891 por la encíclica Rerum Novarum y es precisamente la misión que le con- fiere a Robert la cabeza de las Obras Diocesanas de la Juventud, de difun- dir estas ideas renovadoras entre la generación que se le presenta. En 1903, a pesar de haber decidido continuar sus estudios en Metz, ciu- dad de Lorena, todavía parte del Im- perio Alemán, conscientemente elige a Francia, a la que esta región volverá a formar parte 15 años después. En el Liceo Imperial de Metz sigue siendo el alumno brillante que fue en el Ateneo de Luxemburgo y con- tinúa sus estudios universitarios en Bonn y Munich. En 1908, en Berlín, se gradúa como licenciado en dere- cho y dos años después obtiene en la Universidad de Estrasburgo el doc- torado con la más alta distinción. 3. El abogado Además del doctorado, Robert recibe el «Asesorado», grado que le permite como abogado, asistir al presidente de un tribunal. Entre los cuarenta y cinco candidatos él es el más joven y el más brillante. A los 26 años abre su despacho de abogado en Metz, ciudad ahora bajo el dominio alemán que cada día más es abandonada por los lorenenses y ocupada por los alemanes. Su ac- tividad profesional prospera. Litiga en alemán y sus demandas llaman la atención por su seriedad, el rigor de su argumentación, la honradez de las pruebas, las objeciones y las refutaciones. Los miembros de la Barra de Metz se dan cuenta que es un abogado de peso, no obstante de su juventud, de su modestia y de su inclinación a pasar inadvertido. Al cabo de un año de trabajo su reputa- ción es ya sólida. 4. El apóstol El 30 de agosto de 1911 muere su madre. Este acontecimiento crea un vacío doloroso en su vida. Llega a pensar en ser sacerdote. Su mejor amigo, Henri S. Eschbach lo disua- de. Le dice: «En nuestra sociedad, el
161 La Cuestión Social Año 25, n.1 apostolado laico es una necesidad urgente. Yo no puedo imaginar un mejor apóstol que tú. Seguirás sien- do laico porque lograrás ‘hacer el bien mucho mejor’ y que esa sea tu única preocupación». Hereda de su madre la caridad efi- caz, una honestidad escrupulosa, el amor por el trabajo bien hecho, la fide- lidad a las prácticas religiosas, el cuida- do por el perfeccionamiento interior, la sensibilidad musical y literaria. A pesar de su trabajo absorbente como abogado pugna por «hacer el bien». Da conferencias en un Congre- so de «Cáritas» sobre los niños aban- donados y los jóvenes delincuentes. Se afilia a la Unión Popular Católica Lorenense cuyo objetivo es «propa- gar el orden cristiano en la sociedad, de rechazar los ataques lanzados contra los fundamentos religiosos de la sociedad y combatir los errores aparecidos en el terreno social». Robert se ve como apóstol en la ciu- dad. Lo que menos piensa es parti- cipar en política. Es al amparo de la Iglesia como quiere actuar. A un año de haber llegado a Metz, en uno de los diarios de la ciudad se dice de él: «Aunque recién llegado ya es muy co- nocido. La parte que toma en todas las manifestaciones católicas, así co- mo su entrega sin límites a las obras de beneficencia han hecho de él uno de los hombres más queridos y ya un líder respetado y escuchado». 5. El político Robert Schuman, como Konrad Adenauer y Alcides de Gasperi, es un hombre de frontera. Aunque nace en Luxemburgo, su origen es lorenés. Su padre había combatido como sol- dado francés contra los alemanes durante la Guerra Franco–Prusia- na. Por eso y sobre todo su patria es Francia. Lorena, junto con Alsacia eran provincias francesas que fue- ron anexadas por el Imperio Alemán después de la mencionada guerra. Después de la Primera Guerra Mun- dial pasaron de nuevo a Francia, pe- ro Hitler se apoderó de ellas durante la Segunda Guerra Mundial, para que después de su derrota fuesen reintegradas a Francia. A pesar de estos avatares el patriotismo francés de los lorenenses se mantuvo. En 1908 a Robert, que es conside- rado ciudadano alemán, se le excep- túa del servicio militar por razones de salud. En 1914, al estallar la Se- gunda Guerra Mundial, se le destina a algunos trabajos en el ejército y des- pués como trabajador auxiliar en una ciudad cercana a Metz hasta termi- nar el conflicto. Su experiencia de la guerra, aunque distante, fortalece su profunda aversión a toda violencia. Y es así como este hombre, de gran dul- zura y moderación y dotado de una sensibilidad evangélica, el futuro ar- tífice de la paz, escapa a los torrentes de violencia del viejo continente. Al reintegrarse Lorena a Francia en 1918 hay una gran conmoción porque el gobierno francés es muy drástico con la población alemana, incluso con el obispo Benzler que es deportado y además por la legisla- ción sectaria en contra de los católi- cos lorenenses. Robert tiene treinta y dos años. Ha abierto de nuevo su
162 La Cuestión Social Año 25, n.1 despacho de abogado en Metz y re- anuda sus actividades al servicio de la Diócesis. De inmediato le piden participar en la Comisión Municipal, encargada de administrar la ciudad hasta las elecciones. Acepta, su de- seo es servir y no tiene ninguna am- bición política. Con motivo de esas elecciones se forma el Partido Unión Popular Re- publicana e inmediatamente le pi- den su colaboración. Era cuestión de contar con un hombre que pudiese contribuir a la integración armonio- sa de las provincias recuperadas en el conjunto francés. Robert dice que no, y sólo se rinde después de insisten- tes ruegos de sus amigos. Es así como el futuro «Padre de Europa» entra en política. Y ante esta responsabilidad inesperada reconoce la voluntad de Dios y se abandona a su Providencia. En 1924 hay nuevas elecciones y el partido lo elige como portavoz de su delegación. El día de las elec- ciones alcanza en su nombre propio más del 52% del sufragio, lo cual confirma su prestigio. En París en- cabeza a la delegación de Alsacia y en Lorena a la Cámara de diputa- dos. Ayuda a desbrozar el cúmulo de problemas que se presentan por la indispensable armonización de las legislaciones. Se admira su extraor- dinaria capacidad de trabajo y su integridad moral. En particular des- taca su respeto por la justicia. Robert se adhiere a este principio toda su vida. Además para él, el futuro de la humanidad se encuentra en la uni- dad y no en los fraccionamientos. Una unificación debe respetar las identidades regionales y locales, si- guiendo el principio de subsidiari- dad que él cita mucho antes que la Europa Comunitaria lo adopte. Al llegar las elecciones legislativas de 1928 obtiene la mayoría de votos y en 1931 consigue lo mismo. Más se le conoce más se le aprecia. An- te una personalidad íntegra, entre- gada y competente el buen sentido popular no se equivoca. Se inscribe en el Partido Demócrata Popular, considerado como la vanguardia del catolicismo social en el que jue- ga un papel importante conforme a su naturaleza profunda y su función conciliadora y reconciliadora. Al ter- minar su legislatura bate todos los récords parlamentarios de autores y reportadores de proyectos y de pre- paración de leyes. En la víspera del cataclismo mun- dial en 1939, se une al Movimiento Republicano Popular, de opciones so- ciales de avanzada, así como a favor de una política europea de reconciliación y de unión. Es como miembro de es- te partido que por fin podrá dar una muestra plena de su inspiración y ta- lento de hombre de estado. Lucha por el progreso social, sin medidas dema- gógicas y sin el peso insoportable para las finanzas públicas. En lo que concierne al Estado pug- na por reformas constitucionales profundas. Atribuye la inestabilidad gubernamental al deterioro moral de la sociedad así como por la guerra. Durante los cuatro años de la Se- gunda Guerra Mundial su vida es muy azarosa. Se traslada a París y después a Vichy para cumplir con sus
163 La Cuestión Social Año 25, n.1 funciones oficiales y decide dimitir a fin de regresar a Lorena. Llega a Metz en donde es de inmediato detenido por las autoridades alemanas y en- carcelado por siete meses. Deja la pri- sión bajo libertad provisional. Un año después decide escapar y cuando los nazis se dan cuenta de ello ponen precio a su cabeza. El res- to del tiempo hasta la terminación de la guerra está en continuo movi- miento, viviendo por períodos bre- ves en residencias de sus amigos o en conventos o casas de religiosos. Durante este tiempo consciente de la inevitable derrota alemana, está convencido de que Francia y Alema- nia deben unirse de una vez por to- das y formar las dos el núcleo de la unificación de Europa. Además llega a redactar un proyecto de constitu- ción para Francia de la postguerra. 6. El estadista Terminada la guerra, Schuman tie- ne casi sesenta años y se pregunta si debe regresar a la política o si hay algo mejor que hacer. Escribe a un amigo: «La vida sin responsabilidad política es ciertamente más fácil so- bre todo en el desconcierto actual, pero nadie tiene ahora el derecho a sustraerse a ella». Lanza con un amigo un movimiento local deno- minado Agrupación Democrática de Mosela. Se presenta a elecciones junto con el Movimiento Republica- no Popular, MRP, que pierden y ya después sólo con el MRP que ganan. El nuevo gobierno emanado de esa elección va a consagrarlo como hom- bre de Estado. Se le nombra Minis- tro de Finanzas, función de la que ya tenía cierta experiencia. La situación financiera de Francia en esos mo- mentos es preocupante y Schuman propone medidas drásticas para salir adelante. Su lema «realismo sin ideo- logía», define su política y lo aplica también a las finanzas con éxito. El gobierno de que forma parte cae en noviembre de 1949. El que le sucede le pide que lo encabece na- da menos que como Presidente del Consejo de Ministros. Desde su ini- cio no pierde el tiempo. Su programa de gobierno se resume en dos expre- siones: «hablar claro y obrar pron- to». De inmediato tiene que hacer frente a una situación de extrema gravedad. Las huelgas se extienden afectando sectores vitales y toman un carácter insurreccional. El país está paralizado. Pero Schu- man está decidido a no dejarse intimi- dar. Hace frente a la sedición con una calma y una especie de despreocupa- ción extraordinarias. Su firmeza da re- sultado y Francia recobra la confianza. Sin embargo, la situación económi- ca se agrava día a día. Las diferencias entre los partidos hacen imposibles los acuerdos para gobernar. El país se encuentra a la deriva. Schuman tie- ne serias dificultades con el general De Gaulle, quien ha entrado reciente- mente a la arena política. Finalmente dimite, al cabo de ocho meses esca- sos de su investidura. Casi de inmediato es nombrado Ministro de Asuntos Extranjeros. Le favorece el conocimiento amplio que tiene de lo que acontece en el
164 La Cuestión Social Año 25, n.1 mundo. Su visión política va más allá de las fronteras de Francia. Como diputado ha visitado Roma, Viena, Berlín, Belgrado y Budapest. Al ini- cio de su gestión los dos bloques an- tagonistas que se reparten el mundo entran a un período de enfrenta- miento y choques. Por todas partes los comunistas aprueban los méto- dos estalinianos y anuncian el adve- nimiento de una nueva humanidad. Una buena parte de la intelectuali- dad francesa sucumbe al canto de la sirena marxista. En el curso de esta realidad, car- gada de peligros, incluyendo la guerra nuclear, está la cuestión ale- mana. Schuman, consciente de este contexto, comienza a ejercer su res- ponsabilidad con un objetivo que lo obsesiona: una Europa unificada que no será posible más que por la recon- ciliación de Francia y Alemania. Un vínculo personal hace mara- villas. Schuman conoce a Konrad Adenauer en 1949 cuando éste era Presidente del Partido Demócrata Cristiano de Alemania del Oeste. El encuentro es providencial. Los dos son hombres de frontera, conocidos por su integridad y rectitud, anima- dos de una misma fe cristiana, con gustos comunes de frugalidad, sim- plicidad y sentido del humor. Esta re- lación hace que puedan comunicarse fácilmente. El Señor de la Historia dis- pone de dos seres humanos excepcio- nales para servir a un propósito que los sobrepasa. Si se les añade Alcides de Gasperi, Jefe del Gobierno Italiano, que se parece a ellos, por su origen, fe, visión y gustos, tiene lugar la «Tercia» más prodigiosa de la postguerra. En 1951 antes de comenzar las di- fíciles negociaciones para el famoso Tratado de París, ellos se reunieron en un monasterio benedictino a orillas del Rhin para meditar y orar juntos. Es admirable la prudencia y habili- dad con que Schuman consigue pro- poner que la producción de carbón y acero de Francia y Alemania se colo- que «bajo una Alta Autoridad común en un organismo abierto a otros paí- ses de Europa». El proyecto visiona- rio es de Jean Monnet y ambos están de acuerdo en que el momento es particularmente favorable para lan- zarlo. Schuman habla casi al terminar el Consejo de Ministros y es aproba- do con poca discusión. En Alemania, tras una breve deliberación en el Con- sejo de Gobierno Alemán, Adenauer trasmite a Schuman su aprobación y más tarde en sus «Memorias dice, que el 9 de Mayo de 1950 fue el día más hermoso de su vida. La declara- ción del proyecto se inicia con la fra- se, que parece escrita con letras de sangre: «La paz mundial no podrá salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan». En esa fecha memorable Robert Schuman entra definitivamente en la escena mundial y alcanza el cé- nit de su vida. Es el momento en que invita a las naciones demo- cráticas europeas a asociarse en una «comunidad de destino», sin precedentes en la historia. Seis responden: y así nace la Europa comunitaria, que abre un nuevo capítulo en la historia de Europa y quizá del mundo. En 1951 este proyecto cristaliza en la constitu-
165 La Cuestión Social Año 25, n.1 ción de la Comunidad Europea del Cartón y del Acero. En Enero de 1953, después de cuatro años y medio en el cargo, deja el Ministerio de Asuntos Extranjeros y dos años más tarde el Gobierno de Francia le llama de nuevo, ahora como Ministro de Justicia. «Pronto constata que la justicia está ‘politi- zada’ más allá de lo que podía imagi- nar. Insiste en que la independencia de la autoridad judicial es crucial para la paz civil y la tranquilidad de los ciudadanos». Deja el cargo y al cabo de diez meses, en Mayo de 1958, la Asamblea parlamentaria única de los tres países y comunida- des existentes entonces, que pronto fue llamada Parlamento de Europa, le elige como su Presidente, cargo que desempeña con talento y su ce- lo acostumbrado. Lo deja dos años después. Así termina la actividad pú- blica de este hombre extraordinario que por su gran servicio a los países europeos ha sido llamado con toda propiedad «Padre de Europa». 7. El líder cristiano Hombre de fe, de meditación dia- ria y piedad mariana, asiste a la Eu- caristía cuantas veces le es posible. De nariz aguileña, cráneo desnudo, rostro anguloso, una mirada enér- gica pero benévola, los hombros al- go encorvados, una sonrisa franca y abierta y siempre bien vestido, así lo recuerdan sus contemporáneos. Es un hombre pacífico y aun tímido. Fue célibe por su absorbente activi- dad política que consideró siempre como un deber de estado. Fue un hombre consagrado a su tarea, sin deseos personales y sin otra ambi- ción más que la de servir. Sin em- bargo, cuando está seguro de lo que su voz interior le exige, toma brusca- mente las iniciativas más atrevidas y las lleva hasta el final, insensible a las críticas, los ataques y las amenazas. En su primera intervención en la Cámara presenta la doctrina social de la Iglesia, en la que había sido ple- namente iniciado desde su juventud. Sus discursos fueron siempre me- surados ante las posiciones adver- sas, pero sin claudicaciones expresa clara y simplemente sus propias posiciones tomadas a la luz de la fe y la doctrina de la Iglesia. Estudia a Maurice Blondel y de él descubre la justificación razonada de la unidad profunda de la persona humana, la del ser y la de la acción. Dice: «La ta- rea del hombre político responsable consiste en conciliar en una síntesis, a veces delicada pero necesaria, lo espiritual y lo profano». En sus discursos no oculta su in- quietud ante la evolución materia- lista de la sociedad. Insiste en que hay que velar porque el progreso espiritual vaya a la par de los avan- ces materiales. En su momento tie- ne la audacia de proponer al mundo una prueba evidente de perdón, re- conciliación y solidaridad entre los pueblos y dejando fuera rumores y todos los esquemas en boga, se atre- ve a pedir del pueblo de Francia que debe olvidar agravios pasados y po- nerse a la cabeza de una Europa uni- da y fuerte. En su libro Por Europa dice: «El cristianismo ha enseñado la igualdad de naturaleza de todos los hombres, hijos de un mismo Dios,
166 La Cuestión Social Año 25, n.1 rescatados por el mismo Cristo sin distinciones de raza, color, categoría social o profesión». Dos viajes marcan su vida de cris- tiano. En 1955, va en peregrinación a Tierra Santa y de ella habla con una emoción poco común para al- guien tan reservado. En 1959, visita Roma en donde tiene la oportuni- dad de entrevistarse con Juan XXIII. Etiene Borne dice de él, que si bien no existe una política cristiana, sí es posible en medio de los riesgos y las aproximaciones de la acción, servir cristianamente, a un conjunto de va- lores de razón y comunes a creyen- tes e incrédulos y que en ese sentido puede considerarse honrosamente a Robert Schuman como un político cristiano. La santidad de la política de Schuman se manifiesta no sólo en la habilidad y el saber hacer las cosas sino en la consagración de un ser abandonado todo a Dios, del que se sabe el instrumento. 8. El santo A sus 38 años había comprado una finca en Scy–Chazelles, a unos cuan- tos kilómetros de Metz que sería su residencia de paz entre los avatares de su actividad política. A ese lugar retorna con frecuencia, y allí pasa sus últimos años, en un retiro forzado por la esclerosis cerebral que poco a poco lo va destruyendo. El 13 de septiem- bre de 1963, entrega su bella alma a Dios a quien ha servido con tanta fi- delidad a lo largo de su vida. Por el mérito de sus virtudes en grado he- roico y su vida ejemplar la causa de la beatificación de Robert Schuman se encuentra en la recta final y muchos anhelamos sea pronto aprobada. CS La mayoría de los textos de es- ta conferencia son del libro Robert Schuman, Le pere D’Europe de René Lejeune. Capítulo 3 del libro Cinco cristia- nos en política, IMDOSOC, México, 2005, págs. 61-72. Signo de los tiempos, IMDOSOC, año 28, no. 231 (oct., 2012), pp. 15-20.
167 La Cuestión Social Año 25, n.1 Los primeros años Federico Ozanam nace en Milán en 1813, cinco años antes que Marx y un año antes del fin del Emperador Napoleón. Su padre, Juan Antonio, oficial del Ejército Francés y después médico, había casado con María Nantas, ambos de profunda fe reli- giosa y caridad ejemplar. A los dos años la familia se traslada a Lyon, Francia, patria de sus padres y que será la suya. De esta ciudad de- cía que si bien París era la capital de Francia, Lyon era su corazón”. Allí estudia en el Colegio Real donde ha- ce sólidos y brillantes estudios clá- sicos. Y todavía en este colegio, a los 15 años, asaltado por las dudas, ve vacilar su fe, pero con los sabios con- sejos de su maestro el Abate Noirot, sale fortalecido y decía: “creo de hoy en adelante en una fe reafirmada, y tocado de un favor .tan excepcional, que prometo a Dios dedicar mis días al servicio de la verdad que me da la luz”. El estudiante A los 16 años Federico termina su bachillerato en letras y entra con un abogado para comenzar a prac- ticar sus estudios de derecho. Dos años después parte para París para entrar a La Sorbona. Esta ciudad le impresiona porque al lado de una lujosa ostentación existía una mise- ria espantosa, que años más tarde Víctor Hugo describirá en Los Mise- rables: Esa capital del egoísmo, en ese torbellino de pasiones y errores humanos”, decía. A los 21 años es licenciado en de- recho, y los 22 licenciado en letras y dos años más tarde se gradúa de Doctor en derecho después de lo cual regresa a Lyon. Durante su estancia en París y en La Sorbona es cuando Federico, un joven brillante y combativo, reúne a un grupo de compañeros estu- diantes que comparten sus ideales y proyectos. Con ellos cada quince días organiza discusiones sobre la fi- losofía de la historia. Su relación con cristianos convencidos y la frecuen- tación de destacados de intelectua- les católicos amantes de la libertad le permiten admirar la alianza lumi- nosa de la fe con la elocuencia, con el valor y con la libertad de espíritu y de expresión. El apóstol Su sueño de adolescente de una verdadera renovación del catolicis- mo le acompañará siempre: “pleno de juventud y de fuerza, se elevaría pronto sobre el mundo, se pondría a la cabeza del siglo renaciente para conducirlo a la civilización, a la fe- licidad”. Su ardiente fe religiosa, su amor por la verdad, su pasión por la libertad y por la redención de los Ozanam. Un líder cristiano
168 La Cuestión Social Año 25, n.1 pobres le impulsaran a iniciar con entusiasmo contagioso numerosas obras y proyectos. Concibe la magna idea de organi- zar las conferencias científico- reli- giosas de Nuestra Señora de París y consigue, después de tenaces ges- tiones, que el Arzobispo Quelan las instituya, conferencias que han sido hasta hoy un modelo de rigor cientí- fico y oratoria sagrada. En esa época la situación de los obreros en las grandes ciudades era de una insoportable dureza, trabajo infantil, largas jornadas de trabajo, ambiente peligroso y malsano y sa- larios exiguos que no les permitían vivir dignamente. Tenía Ozanam 20 años y asistía a unas Conferencias de Historia y en una ocasión los jóvenes católicos allí presentes fueron confrontados por sus compañeros sansimonianos — los socialistas de entonces— que les reprocharon su alejamiento de los pobres. Ante esto Ozanam propuso a sus compañeros: ¿Por qué no for- mamos unas Conferencias de Cari- dad? Y así el 23 de Abril de 1833, Ozanam y cinco estudiantes amigos suyos fundaron lo que se llamó la So- ciedad de San Vicente de Paul, santo francés conocido como el apóstol de los pobres. Se resolvieron “unir la ac- ción a la palabra y a afirmar por las palabras la vitalidad de la fe. La obra de las Conferencias de San Vicente de Paul tuvo un crecimiento admirable. A los 8 años tenía 2,000 miembros y cuatro años después eran ya 10,000 en 133 ciudades de Europa. Las Conferencias subsisten hoy en muchísimos países. Ozanam describió la obra como una socie- dad católica pero laica, humilde pe- ro numerosa, pobre pero plena de pobres a quienes auxiliar, sobre todo en una época en que las organiza- ciones caritativas tienen una misión tan grande a cumplir para el desper- tar de la fe, para el sostenimiento de la Iglesia y para apaciguar los odios que dividen a los hombres. Visitaban a los pobres y no sólo les llevaban el pan sino también el alimento del alma: el consuelo y el afecto. Pero la meta era también re- novar y extender entre la juventud el espíritu del catolicismo. Por ello la asistencia de los miembros a las re- uniones, la unión en las intenciones y en la oración eran indispensables. El maestro Federico a los 24 años decide con- sagrar una buena parte de su vida a la investigación intelectual cristiana y se pone al servicio de la Universi- dad de Lovaina. No hay duda que fue un maestro extraordinario. A. los 26 años es profesor de Derecho Comer- cial. Dos años después es profesor suplente de literatura extranjera en la Sorbona, puesto al que accede lle- gando en primer lugar, después de una preparación intensa por largas horas en sólo tres meses y compi- tiendo con concurrentes mayores y más experimentados. Siete años después, a los 31 años, es ya profe- sor titular de la misma cátedra en la Universidad de la Sorbona en la que enseñará por ocho años.
169 La Cuestión Social Año 25, n.1 Durante todo este tiempo Ozanam conoce la humilde tarea del maestro con sus innumerables tareas rutina- rias. Pero él está recompensado por el respeto que le rodea, por su gran auditorio sensible a su erudición, a su conciencia profesional, a su claridad y también a su elocuencia, elocuen- cia conquistada más profundamente por el entusiasmo que comunica a su ciencia y su fe. Su vocación de maestro es inde- clinable. Ya en el último año de su vida, ante una huelga de maestros en la Sorbona, se dirige a los estu- diantes que estupefactos le acla- man y pronuncia estas palabras memorables: Se reprocha a nues- tro siglo ser un siglo de egoísmo y eso se dice de profesores atacados de esa epidemia general. Sin em- bargo es aquí en donde ponemos nuestra salud, es aquí en donde usamos nuestras fuerzas. Yo no me quejo. Nuestra vida, mi vida, os per- tenece, os la debemos hasta el últi- mo suspiro y la tendréis. El esposo y padre A los 28 años se casa con Amelia Surlacroix. Su hermano sacerdote oficia la misa de matrimonio. De es- ta unión nacerá María su única hija. Es un esposo amoroso de su mu- jer, un hombre de gran sensibilidad,. fiel en la amistad, profundamente apegado a su esposa y lleno de de- licadeza con ella y con gran ternura para su hija. En una hermosa carta a Amelia le dice: “Ven entonces, mi bienamada, mi paloma, mi ángel, ven a mis bra- zos para estrecharte contra mi cora- zón, ven a traerme lo de ti que es tan puro y tan generoso, ven y que Dios nos bendiga, viendo que al cabo de dos años nos amamos mil veces más que el primer día. Y contemplando a su hija dice: “Yo no puedo ver a esa dulce figura llena de inocencia y pureza, sin en- contrarle la impronta del Creador, menos oscurecida que en nosotros. No puedo pensar en esta alma impe- recedera de la que tendré que rendir cuenta, sin que no me sienta pene- trado por mis deberes”. Debe señalarse que en la vida de Federico, la amistad y el amor fue- ron siempre indisociables. Tenía una sensibilidad tal que comprendía siempre las alegrías y los dolores de aquellos que amaba. El pensador Ozanam fue un sabio en el pleno sentido de la palabra. Pero en él la avidez del saber era indisociable de la voluntad de ponerlo al servicio de la verdad cristiana y, aun mejor, de mostrar por sus trabajos y en su enseñanza universitaria la alianza natural de la fe y la ciencia. Y decía: Cristianismo y filosofía: “yo no he visto ni sentido jamás que se asocien tan bien para la felicidad del hom- bre”. Su fe no era la del carbonero. La quería confrontada a la ciencia, a la historia, a la política. Es admirable que a los 20 años pu- diera tratar temas como la mitología en general, la religión de Confucio y Lao-Tsé, la filosofía religiosa de la In-
170 La Cuestión Social Año 25, n.1 dia y el pensamiento de Buda. Escri- bió tesis en francés y en latín. Hablaba perfectamente el italiano y el alemán, comprendía el inglés y el español y podía leer la Biblia en hebreo. Todavía muy joven Ozanam se mostraba como un católico a favor de la libertad pero amante y fiel a la Iglesia, y consideraba a los prin- cipios de la Revolución Francesa —libertad, igualdad y fraternidad— como la traducción moderna del espíritu evangélico. Consideraba in- separables a la verdad y la libertad. Coincidía así con lo dicho por Juan Pablo II “que verdad y libertad van juntas o perecen juntas”. El escritor Puede decirse que la obra literaria de Ozanam fue amplísima, si toma- mos en cuenta su corta vida. Uno de sus primeros escritos, a los 17 años, fue el titulado “La verdad de la religión cristiana probada por la conformidad de todas la creencias. Escribe su tesis “Ensayo sobre la filosofía de Dantey sobre los escri- tores germanos y en la que decía: estos ensayos son para mí como los dos jalones extremos de un trabajo al cual he dedicado ya una porción de mis lecciones públicas y que qui- siera reanudar para completarlo. De ello resultaría la historia de los tiempos bárbaros, la historia de las letras y, por lo tanto, la de la civiliza- ción, desde la decadencia latina y los primeros vagidos del genio cristiano hasta fines del siglo XIII”. A estas obras les sucedieron varias más entre las que se cuentan Los poetas franciscanos en la Italia del siglo XIII y “La civilización en el siglo V”, en, cuya introducción dice: Todo el pensamiento de mi libro es mos- trar como el cristianismo supo sacar de las ruinas romanas y de las tribus acampadas sobre ellas una nueva sociedad capaz de poseer la verdad, hacer el bien y encontrar la belleza”. Sus trabajos solían ser fruto de una laboriosa investigación que le exigió viajar a Italia varias veces y también a Alemania. Visitó incluso Inglaterra y España y de esta última escribió el libro “Peregrinación al país del Cid”. El objeto preferente de sus es- tudios fue la alianza de la fe y la religión. Concibió un programa his- to-biográfico vastísimo que la muer- te le impidió terminar. Debe subrayarse su trabajo perio- dístico, por sus diversas colabora- ciones en periódicos católicos, pero sobre todo por su participación de- cidida en “La Era Nuevaperiódico de vanguardia que aparece en 1848 con el advenimiento de la Repúbli- ca, que llega a alcanzar un tiraje de 20,000 ejemplares, pero que pierde su identidad original un año des- pués, por presiones políticas del ala más conservadora de la Iglesia. El líder cristiano Pero si bien Ozanam era, como hemos visto, un estudioso amante de las ideas, era también un hombre de acción a la que se volcaba con va- lor y entusiasmo. Merece recordar-
171 La Cuestión Social Año 25, n.1 se su papel decisivo en la fundación de las Conferencias de San Vicente de Paul para ayudar a los pobres, con una dedicación y entrega y con una capacidad de unir voluntades a su alrededor, que mostraba ese ad- mirable liderazgo. Alguna vez escribía a un amigo: Porque Dios y la educación me han dotado de algún tacto, de alguna ex- tensión de ideas, de alguna ampli- tud de tolerancia, se quiere hacer de mí una especie de jefe de la juven- tud católica de este país. Se me ha otorgado una estima de la cual me siento indigno. Sin embargo el con- junto de circunstancias exteriores ¿no pueden ser signo de la voluntad de Dios? Su vocación a favor del bien co- mún y de la acción política le llevó a la expresión de sus ideas, no sólo en la cátedra, sino también a través de discursos, libros y artículos pe- riodísticos. Ya a los 20 años, desde la tribuna de La Sorbona, desplega- ba la bandera del catolicismo contra los profesores anticristianos. Decía: Pienso que ante el poder hace fal- ta también el principio sagrado de la libertad; pero que se debe señalar de manera valiente y severa al poder que explota en lugar de sacrificarse; la palabra está hecha para ser el di- que que se opone a la fuerza; es el grano de arena al que se viene a es- trellar el mar. A fines de la monarquía de Luis Felipe de Orleans en 1848, Ozanam entró en la política y en relación a su famosa expresión de “Pasemos a los Bárbaros”, por la que implicó que había que salirse de los cauces habituales y acercarse a los extra- ños o alejados, decía: Pasemos a los rbaros, yo demando que nosotros hagamos como él (se refea a Pío IX) que en lugar de esposar los inte- reses de una burguesía egoísta, nos ocupemos del pueblo que tiene de- masiadas necesidades e insuficien- tes derechos, que reclama con razón una participación más completa en los asuntos públicos, garanas de trabajo en contra de la miseria... Es en el pueblo en donde yo veo bas- tantes restos de fe y moralidad para salvar a una sociedad en la que las clases altas se han perdido”. Su pasión por la justicia y el bien de los desheredados le llevó a la si- guiente declaración, también famo- sa: El orden de la sociedad reposa sobre dos virtudes: justicia y cari- dad. Pero la justicia supone mucho de amor ya que se tiene que amar mucho al hombre para respetar sus derechos, que limitan nuestros de- rechos, y su libertad que estorba a nuestra libertad”. Impulsado por sus compañeros, presentó su candidatura para dipu- tado en la Asamblea Nacional que no obtuvo, pero siguió en la lucha por sus ideas a favor de la república y de la democracia, sobre todo ante el gol- pe de estado de Luis Napoleón, que deploró como una derrota del cam- po de la libertad. Y llegó a afirmar con gran generosidad: “Aprendamos a defender nuestras convicciones sin odiar a nuestros adversarios; amar a aquellos que piensan de otra manera que nosotros.
172 La Cuestión Social Año 25, n.1 El santo Después de una larga y doloro- sa enfermedad, Federico fallece en Marsella unos cuantos meses des- pués de cumplir 40 años. En su lecho de muerte al sacerdote que le asiste y le exhorta a tener confianza en el Señor le responde: “¿Por qué vaya temerle si le amo tanto?”. En alguna ocasión señaló: “Dios puede ser servido por nuestros su- frimientos, es decir de una manera más pesada y más .desinteresada, ya que no vemos el fruto de una jorna- da pasada sufriendo. Y sin embargo se puede decir que en el plan divi- no nuestros dolores valen más que nuestros libros...”. Por el mérito de sus virtudes en grado heroico y su vida ejemplar, Federico Ozanam fue beatificado el 22 de Agosto de 1997 por el Papa Juan Pablo II en la catedral de No- tre-Dame de París. Muchos anhela- mos su canonización. CS Signo de los tiempos, IMDOSOC, año 28, no. 233 (dic., 2012), pp. 17-21. Ju- nio 23, 2003.
173 La Cuestión Social Año 25, n.1 A nte esta pregunta podríamos responder: “No, lo que hay que hacer es acabar con los pobres”, como alguna vez dijo el célebre Cantinflas. Creo que siempre va a haber pobres, y también que debe hacerse lo imposible para remediar su situación y así reducir drástica- mente la cantidad de éstos. Frente a la magnitud de la pobreza de nuestros países surgen pregun- tas inquietantes: ¿Porqué algunos tenemos todo en abundancia y a to- dos les falta aun lo indispensable? ¿Porqué algunos nacemos en un medio que no sólo favorece nues- tra supervivencia, sino aún nuestra comodidad, y otros nacen en la ig- norancia, la miseria y el abandono? ¿Por qué algunos tenemos conoci- mientos, bienes o autoridad que nos permiten afrontar las necesidades y contingencias de la vida y otros no? Son preguntas que, en conciencia, debemos tratar de responder. No hay duda de que la pobreza inhumana, la que implica el sufri- miento involuntario del desampa- rado y el inocente, la que degrada y destruye al ser humano, la que le impide vivir con dignidad y obrar bien y que se sufre sin esperanza, no sólo no podemos aceptarla, si- no que debemos combatirla. Para avanzar con eficacia en este combate es indispensable que co- nozcamos a fondo lo que es la po- breza. Hay que ir a donde están los pobres y conocer de cerca la situa- ción del trabajador que ha perdido su empleo o no lo tiene, palpar su angustia para pagar la renta o el mé- dico o para llevar el pan a su fami- lia. Para conocer la situación de los huérfanos, de los niños de la calle, de las madres solteras o abandonadas, de los jóvenes alcohólicos o droga- dictos, de los discapacitados, de los ancianos olvidados, de las decenas de miles de personas del campo que emigran a las ciudades o al extranje- ro y que viven en cinturones de mi- seria, de las vidas destrozadas que terminan en los asilos, en los hospi- tales o en las prisiones… Ante esta situación, la reacción inmediata y simplista de algu- nos gobiernos es corregir drás- ticamente la distribución de la riqueza y del ingreso. En pocas palabras, quitarles a los que tie- nen y dárselo a los que no tienen, es decir, enfrentar a ricos y pobres ¿Éste es el camino? Lo anterior nos lleva necesaria- mente a examinar cómo dentro de una economía se producen los bienes de consumo, cómo se crean los medios de producción, cómo se obtiene un valor agregado, cómo se crea la riqueza, aunque el térmi- no muchas veces sea equívoco. ¿Quiénes son los que general- mente crean riquezas? ¿Quiénes son los que invierten y generan em- pleo? Son los empresarios, perso- nas poco comprendidas y muchas veces menospreciadas. Son perso- ¿Hay que acabar con los ricos?
174 La Cuestión Social Año 25, n.1 nas particularmente ingeniosas e insatisfechas que trabajan asidua- mente y que no derrochan todo lo que obtienen, sino que una buena parte de ello la dedican a incremen- tar su propia capacidad de producir o la de los demás. Son quienes aho- rran, invierten y hacen posible la formación de capital y de empleos, organizan y dirigen el trabajo de otros y lo hacen más eficiente, des- cubren e inventan más o mejores sistemas o herramientas, todo ello asumiendo riesgos, planificando y siempre dispuestos a experimentar, a crecer, impulsados por una ambi- ción, sí, pero también por un ideal de realización creadora. En este proceso muchos empre- sarios se enriquecen, pero mu- chos otros se endeudan, fracasan y pierden todo o que tienen. Ciertamente hay empresarios ri- cos, muy ricos. Se les pediría que no cometieran excesos, que no hi- cieran ostentación de su riqueza, que fueran muy generosos y que ayudaran a todo tipo de obras bue- nas, pero esto es un reclamo moral. La economía y la sociedad los necesita como inversionistas, crea- dores de empleo y, desde luego, pagadores de impuestos. El Esta- do, en su papel de apoyo a la po- blación necesitada, puede agravar de distintas maneras a los empre- sarios, pero tiene que hacerlo con prudencia, porque si no, no conta- ría con su valiosa aportación. Ocu- rriría el abandono de la actividad productiva, la fuga de cerebros, la fuga de capitales y el desempleo, como ya ha sucedido. Una observación final. No todos los empresarios son ricos –pense- mos en los dueños de un pequeño comercio o un modesto taller- ni todos los ricos son empresarios. Lo son también muchos profesio- nistas, artistas; deportistas y aun funcionarios públicos y políticos. Debemos evitar los procedimien- tos que enfrentan a ricos y pobres porque el remedio puede ser peor que la enfermedad. CS Signo de los tiempos, IMDOSOC, año 28, no. 225 (abril, 2012), pp. 4-5.
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176 La Cuestión Social Año 25, n.1 Esta edición de La Cuestión Social consta de 1200 ejemplares y se imprimió en MG Advanced Prepress Technology, S.A. de C.V. Canal Leningrado Mz. 34 Lt.12, Col. Insurgentes 09750, Ciudad de México, impvarel@hotmail.com Tel. 56900463.