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La Cuestión Social
Año 24, n. 3
pronunciamos. Es la acogida de aquel
diferente de mí. Pero no se trata de
una acogida cualquiera: es una buena
acogida. Seguro que tenemos la expe-
riencia de saber y, sobre todo, sentir si
somos o no bienvenidos a un espacio.
En la buena acogida, quien llega no es
meramente tolerado, sino celebrado.
No es solamente atendido, sino cui-
dado y agasajado. No encuentra sólo
alimento y cama, sino empatía y es-
cucha. No hay asimetría en el encuen-
tro, sino reciprocidad. Cuando parte,
no vuelve todo a la “normalidad”, si-
no que algo ha cambiado en la iden-
tidad de ambas partes, la anfitriona y
la hospedada. Una cuestión martillea
en el fondo de la conciencia: ¿quién
acogió a quién?
En segundo lugar, creo que hay al-
go hondamente humano que vibra al
hablar de hospitalidad. Ésta conecta
con experiencias muy profundas del
ser humano, en tanto especie y como
individuos. Leonardo Boff afirma que
“la acogida saca a la luz la estructura
básica del ser humano […] existimos
porque, de alguna manera hemos si-
do acogidos”.
25
Hemos sido acogidos
por la Tierra, por la corriente de Vi-
da, por la naturaleza, por nuestros
padres, por la sociedad. La acogida,
pues, nos constituye. La hospitalidad
conecta con nuestra condición de
seres dependientes, necesitados de
cuidado y vulnerables. Quizá, antes
que otra cosa, seamos eso. El filóso-
fo vasco Daniel Innerarity señala que
“frente a los ideales de una vida ase-
gurada contra todo riesgo […] la idea
25
Leonardo Boff, Virtudes para otro mun-
do posible. (I) Hospitalidad: derecho y de-
ber de todos, Sal Terrae, 2006, p. 82.
de hospitalidad nos recuerda algo pe-
culiar de nuestra condición: nuestra
existencia quebradiza y frágil, nece-
sitada y dependiente de cosas que no
están a nuestra absoluta disposición,
expuesta a la fortuna. Por eso, sufri-
mos penalidades, necesitamos de los
otros, buscamos su reconocimiento,
aprobación o amistad”.
26
En tercer lugar, la hospitalidad no
es tan sólo un valor privado, sino que
se despliega y verifica en la esfera
pública. En sus orígenes históricos,
como veremos, la hospitalidad ade-
más de un valor y una práctica es un
deber, incluso legal. Aunque eso haya
cambiado, no cabe duda de que po-
demos hablar de “políticas” de hos-
pitalidad. En este ámbito hacemos
nuestra la lección del feminismo de
que “lo privado es político”. Como
señala Jean-Marie Carrière, actual
director del JRS Europa, “en las condi-
ciones actuales, una iniciativa privada
—de una familia o una comunidad—
resulta un acto político”, que puede
tener como efecto desde el cambio
del sentido del voto del anfitrión, has-
ta la reactivación de una tradición na-
cional (se refiere a Francia) “perdida
en los meandros de las decisiones de
políticas migratorias”.
27
Esta cuestión
nos remite a cómo los valores perso-
nales se extienden a la esfera comu-
nitaria y cívica, y desde ahí informan
26
Daniel Innerarity, Ética de la hospita-
lidad. Península, 2001, p. 38.
27
J. M. Carrière, L’hospitalité: vertu privée,
vertu politique? Conférence aux An-
ciens de l’École Sainte Geneviève. Cen-
tre Sèvres, 2013. El autor fue, asimismo,
director del JRS Francia e impulsor del
proyecto de hospitalidad “Welcome”:
http://es.jrs.net/campana_detalle?TN
=PROJECT-20140624031928