El Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana es una institución de laicos católicos, con espíritu ecuménico, en diálogo con las culturas; cuya misión es contribuir a formar la conciencia personal y social, para construir una realidad social justa a la luz del Evangelio y a través de la investigación, la enseñanza y la difusión del pensamiento social cristiano. Asociación Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C., que auspicia al Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana Pedro Luis Ogazón 56, Col. Guadalupe Inn, 01020, México, DF Tels.: 56613043 - 56615612, Fax 56614286 comunica@imdosoc.org - www.imdosoc.org LA CUESTIÓN SOCIAL AÑO 24, N. 3, JULIO-SEPTIEMBRE. 2016 Documentos, ensayos, comentarios y reseñas de libros acerca de lo social 3 AÑO 24, N. 3, JULIO-SEPTIEMBRE. 2016 REVISTA DEL INSTITUTO MEXICANO DE DOCTRINA SOCIAL CRISTIANA, CIUDAD DE MÉXICO. Miguel González Martín De la hostilidad a la hospitalidad / págs. 229-257. Karen Levy Gálvez-Fernando Córdova Tapia Pensar el cambio climático: México ante las amenazas inminentes / págs. 258-264. Armando Noguez A. “Ser como niños” y sus implicaciones en el cristianismo / págs. 265-271. Juan Francisco Garrido Jiménez Iglesia servidora de los pobres en las periferias del mundo obrero / págs. 272-282. Conrado B. Zepeda Miramontes Del clamor de los pobres al clamor de la Madre Tierra. Misericordia quiero, no sacrificios / págs. 283-290. Gerardo Cruz González Niños invisibles, los niños migrantes por México / págs. 291-295. Rvdmo. Alfredo Morante Mensaje del Rvdmo. Alfredo Morante, obispo de la Iglesia Episcopal del Ecuador, Diócesis Litoral, ante el sismo que azotó el país andino el pasado fin de semana / pág. 296. Conferencia Episcopal Venezolana Comunicado de la presidencia de la Confe- rencia Episcopal Venezolana ante la gravísima situación del país / págs. 297-299.
Portada: Pedro de Orrente (1580-1645). Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén (1620), Museo Hermitage. San Petersburgo, Rusia. Contenido Presentación De la hostilidad a la hospitalidad Miguel González Martín Pensar el cambio climático: México ante las amenazas inminentes Karen Levy Gálvez-Fernando Córdova Tapia “Ser como niños” y sus implicaciones en el cristianismo Armando Noguez A. Iglesia servidora de los pobres en las periferias del mundo obrero Juan Francisco Garrido Jiménez Del clamor de los pobres al clamor de la Madre Tierra. Misericordia quiero, no sacrificios Conrado B. Zepeda Miramontes Niños invisibles, los niños migrantes por México Gerardo Cruz González Mensaje del Rvdmo. Alfredo Morante, obispo de la Iglesia Episcopal del Ecuador, Diócesis Litoral, ante el sismo que azotó el país andino el pasado fin de semana Rvdmo. Alfredo Morante Comunicado de la presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana ante la gravísima situación del país Conferencia Episcopal Venezolana Reseña 225 229 258 265 272 283 291 296 297 300
225 La Cuestión Social Año 24, n. 3 Presentación En esta tercera entrega de La cuestión social, se abordan temas de actualidad. Se incluyen artículos sobre migración, la hospitalidad y los derechos de los migrantes, el cuidado de la casa común, la op- ción preferencial por los pobres y el mundo obrero, entre otros. El jesuita Miguel González Mar- tín, nos habla de la hostilidad que existe —y su incremento— hacia los migrantes que salen de sus paí- ses para poder tener una mejor calidad de vida, enfrentándose a un sinfín de problemas y peligros al cruzar cualquier frontera; pero también nos da un aliento espe- ranzador hablándonos de la hos- pitalidad, palabra convertida en imperativo para cada uno de noso- tros, los cristianos. La bióloga Karen Levy Gálvez y el académico Fernando Córdova Tapia, escriben sobre el problema del cambio climático, que a pesar de que aún existen muchos escépti- cos, es una realidad innegable. Mé- xico tiene poca cultura del cuidado del ambiente. Según datos oficiales, el 15% del territorio mexicano, el 68% de la población y el 71% del PIB se encuentran altamente ex- puestos al riesgo de los impactos adversos del cambio climático. El biblista Armando Noguez nos explica esa frase tan recurrente y que sólo el cristianismo resalta: “a menos que cambien y se hagan como niños, nunca entrarán en el reino de los cielos” (Mt 18,3; cf. 19,14). Un escrito que irá desme- nuzando la importancia de ser como niños, pero también nos da pauta a voltear a ver y ayudar en todo momento a los más peque- ños, a los más pobres, desprote- gidos, vulnerables. Por ejemplo, destaca la aparición de la Virgen de Guadalupe a uno de los más pe- queños de sus hijos, quien es el en- cargado de ser testigo y difundir la Buena Nueva. En otros temas, Juan Francis- co Garrido Jiménez, militante de la Hermandad Obrera de Acción Católica, con agrado escribe sobre la gran decisión de la Conferencia Episcopal Española de aprobar la instrucción pastoral Iglesia, servi- dora de los pobres. Y es que a 125 años de la publicación de la encí- clica Rerum Novarum los obispos
226 La Cuestión Social Año 24, n. 3 españoles también se han preocu- pado por construir Iglesia en las periferias del mundo obrero, cues- tionándose algo tan simple como ¿cuál es la realidad que viven los trabajadores y obreros hoy en día y cómo poder evangelizar en ese terreno? Además, José Luis Segovia Bernabé analiza a la Iglesia españo- la, libre frente al poder político. En ambos textos es notable la centrali- dad de los pobres. Siguiendo con el tema del cuidado de la casa común, el jesuita Conrado Zepeda, antropólogo de profesión, hace un profundo análisis de la en- cíclica Laudato Si’, destacando que el drama ecológico y la desigual- dad humana van inseparablemen- te de la mano y que para hablar de ecología necesitamos también hacer referencia a la política y a las economías injustas y explo- tadoras; el padre jesuita acerta- damente dice que es gracias a la espiritualidad ignaciana que el Pa- pa Francisco realiza con todos los temas un “estudio y observación cruda de la realidad real”. Otro tema del cual no podemos dejar de hablar es el de la migra- ción de Niños, Niñas y Adoles- centes (NNA) que transitan por México. Gerardo Cruz González, investigador del IMDOSOC, nos ex- pone situaciones y cifras plasma- das en el informe “Niñez migrante en su tránsito por México, vulne- rabilidad y propuesta de mejores prácticas” (IMDOSOC, 2016), don- de se denuncia que la llegada NNA de Centroamérica se incrementó más de 200% en el 2015 y resalta la vulnerabilidad y las graves vio- laciones de los derechos humanos de los NNA provenientes del trián- gulo Norte de Centroamérica. Después tenemos el mensaje del obispo de la Iglesia episcopal de Ecua- dor, tras el fuerte sismo que azotó a di- cho país en abril de este año, que se enlaza con el llamado de los Obispos venezolanos ante la grave crisis políti- ca, económica y humanitaria que vive esa gran nación. Finalizamos esta edición con la re- seña del libro Una historia oral de la infancia, del periodista John Gibler, sobre el lamentable hecho del 26 de septiembre de 2014 en Ayotzinapa, texto que va más allá de la “verdad histórica” que contó la autoridad en- cargada de la investigación ya que se sitúa desde las experiencias de jóve- nes normalistas. CS
227 La Cuestión Social Año 24, n. 3 Directorio CONSEJO DIRECTIVO Presidente Honorario Vitalicio: Emmo. Sr. Cardenal Roger Etchegaray. Presidente Honorario Vitalicio: Lorenzo Servitje Sendra. Presidente Honorario Vitalicio: Salvador Domínguez Reynoso. PRESIDENTE Román Uribe Michel. VICEPRESIDENTES Lucila Servitje Montull. José Enrique Mendoza Delgado. TESORERO Sergio Castro Toledo. SECRETARIO Manuel Gómez Díaz. VOCALES Raúl González Schmal. Luis Javier Rubio Guerrero, OP. María de la Paz Sáenz de Soberón. VOCALES DEL CONSEJO Francisco Javier Albarrán González, Germán Araujo Mata, Martha Aviña de Chávez, Mariano Azuela Güitrón, Javier Ballesteros de León, Jesús Antonio Damian Basurto, Constantino de Llano Marhx, Mons. Guillermo Francisco Escobar Galicia, P. Mario Ángel Flores Ramos, Eduardo Garza Cuéllar, Conrado Antonio Larios Prado, Documentos, ensayos, comentarios y reseñas de libros acerca de lo social
228 La Cuestión Social Año 24, n. 3 Mauricio Limón Aguirre, Maria del Pilar Mariscal Servitje, P. Manuel Olimón Nolasco, Wilfrido Perea Curiel, Tomas G. Reynoso Ruíz, Adrián Ruiz de Chávez, María Eugenia Romo de Murrieta, Arcadio Valenzuela Valenzuela. COMISIÓN DE VIGILANCIA María Luisa Aspe Armella, Rogerio Casas-Alatriste Hernández, Juan Guillermo Domínguez Meneses, Salvador Domínguez Reynoso, José Ignacio Mariscal Torroella, Juan Murguía Pozzi, Óscar Ortiz Sahagún y Lorenzo Servitje Sendra. Director General: Jorge Navarrete Chimés. La Cuestión Social, es una publicación trimestral editada y publicada por la Asociación Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C., a través del Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, con dirección en Pedro Luis Ogazón n. 56, Col. Guadalupe Inn, CP 01020, México, DF, Tels. 56614465, 56614169, Fax 56614286 E-mail: comunica@imdosoc.org www.imdosoc.org Responsable de la edición: Jorge Navarrete Chimés. Registro de correspondencia de 2a. Clase expedido en la Dirección General de Correos Publicación Periódica. Registro No. 129-93. Certificado de Licitud de Contenido (pendiente). Certificado de Licitud de Título (pendiente). No. de Reserva al Título del Derecho de Autor (pendiente). Registro ISSN en trámite. Distribución directa en el IMDOSOC. Impresa en Impresora Varel, S. A. de C.V, Calle 8 No. 222, Col. Granjas San Antonio Tel: 2065 3523 Fax: 5690 0463, impvarel@hotmail.com, este número se terminó de imprimir el 16 de abril de 2015, con un tiraje de 1,500 ejemplares. Coordinador de contenidos: Gerardo Cruz González Diseño: Roberto Mandeur Cortés Corrección de estilo: A. Alfonso Muñoz Chávez Suscripciones: martha.crm@imdosoc.org Los artículos publicados reflejan el punto de vista del autor y no necesariamente el de la Asociación Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C. No se devuelven originales no solicitados. Queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos e imágenes de la publicación sin previa autorización de la Asociación Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C. Precio del ejemplar: $ 100. 00 Suscripción anual: $ 330. 00 Suscripción para el extranjero Dlls. 80. 00
229 La Cuestión Social Año 24, n. 3 De la hostilidad a la hospitalidad Miguel González Martín* Introducción Hostilidad y hospitalidad. Entre una y otra nos movemos en relación a las personas migrantes. Este cuaderno reflexiona sobre ambas. En pri- mer lugar, la actualidad de constantes violaciones de los derechos huma- nos en la frontera sur nos lleva a posar en ella la mirada, como realidad que simboliza y acciona la hostilidad hacia las personas migrantes. Hostilidad que, partiendo de ese punto fronterizo concreto, se derrama más allá, más acá y más adentro. Ciertamente, podríamos haber adop- tado otro símbolo de la hostilidad hacia los migrantes: la exclusión sani- taria o los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE), por ejemplo. Creemos que la idea de frontera recoge e integra en sí esos y otros, tal y como trataremos de mostrar en las páginas que siguen. Situamos nuestra reflexión en la frontera sur española, con alguna mención al drama más amplio y casi cotidiano del Mediterráneo. No porque lo que suceda en otros lugares sea menos significativo; entendemos que mucho de lo que aquí se dice es válido para el conjunto de llagas en la piel de la humanidad en que se han convertido las fronteras. Al comenzar la escritura hacemos el ejercicio de contemplar, durante unos minutos y en silencio, los mapas con que periódicamente la Organización Internacional de las Migraciones mantiene el macabro recuento de personas muertas en las fronteras del mundo. 1 Hablamos de eso, pero desde aquí. La segunda parte se fija en la hospitalidad, como valor opuesto a la hos- tilidad. En los últimos años nos está sirviendo 2 como bandera bajo la cual integrar las diferentes dimensiones que tiene el trabajo a favor de las per- sonas migrantes: desde el mundo de la vida y la cercanía (acompañar), desde el ámbito de lo social (servir, sensibilizar) y desde el ámbito más 1 Missing Migrants Project, accesible online el 15/02/2015 en: http://mmp.iom.int/ 2 Me refiero, por ejemplo, al documento base del grupo de migraciones de las Redes Globales Ignacianas de Incidencia (GIAN), titulado Por una cultura de la hospitalidad y la inclusión (accesible online el 15/02/2015 en http://issuu.com/prensajesuitas/ docs/retos_por_la_justicia); la campaña impulsada en Latinoamérica y Caribe por distintas redes vinculadas a la Compañía de Jesús (accesible online el 15/02/2015 en http://campañaporlahospitalidad.com/) o la reflexión sobre comunidades de hospi- talidad en el seno del JRS–Europa, o del propio SJM España.
230 La Cuestión Social Año 24, n. 3 público (defender). Señalamos algunos retos a los que debe responder este trabajo por una cultura de la hospitalidad. El Servicio Jesuita a Migrantes ha consolidado en los últimos años un rico patrimonio de textos y reflexiones. 3 Algunos de ellos tienen un carácter técnico: son propuestas sobre políticas concretas, que descan- san en el conocimiento experto de las leyes. Otros, en cambio, buscan ahondar en la reflexión, desmontar tópicos, denunciar proféticamente, conectar con la teología y la espiritualidad, aportar a la construcción de una narrativa alternativa a la dominante… Este texto se sitúa claramen- te en esta segunda categoría. 3 Se pueden consultar en su página web, accesible online el 15/02/2015 en: www.sjme.org 4 Al cierre de este texto hemos conocido que, un año después de los hechos, el juz- gado de Ceuta encargado del caso ha imputado a varios agentes de la Guardia Civil que utilizaron material antidisturbios. 5 Véase el especial dedicado por eldiario.es en el aniversario de las muertes, accesi- ble online el 15/02/2015 en: http://lasmuertesdeceuta.eldiario.es/home.html 1. Las fronteras: hostilidad simbólica y en acción E mpiezo a escribir esta parte del texto sobre lo que está su- cediendo en la frontera sur española (Ceuta y Melilla) espoleado por un sentimiento de contradicción. Por un lado, es tan recurrente la violación de los derechos humanos de las perso- nas que tratan de atravesar a Europa por esos enclaves, que se hace inima- ginable no prestar atención y no de- nunciar esa realidad. Traigamos a la memoria algunas cosas. 1.1. Ampliar el foco de nuestra atención ¿Cómo mirar hacia otro lado en Tarajal? Ya ha pasado más de un año de la tragedia que allí se produjo. Un grupo de migrantes trataban de ac- ceder a nado hasta Ceuta. El intento fue repelido por la Guardia Civil con instrumental antidisturbios, inclu- yendo pelotas de goma. Quince jóve- nes murieron ahogados en la refriega no todos los cadáveres han sido iden- tificados. Los restos reposan en tum- bas numeradas. No se ha depurado responsabilidad política alguna, y las jurídicas parece que transitan por vía muerta, debido a la parálisis de la justi- cia. 4 Las versiones oficiales estuvieron plagadas de contradicciones. 5 5 Se re- torció el derecho al basar la actuación en un denominado “concepto operati- vo de frontera”. ¿Cómo callar ante la práctica coti- diana de las devoluciones en caliente y toda la ristra de vulneraciones de derechos que comportan? Después de ser cuestionadas por organismos europeos, por la abogacía, la justicia, por la academia, por la Iglesia, por las entidades sociales… el gobierno las ha “legalizado” por la puerta tra- sera. ¿Cómo permanecer impasible ante la creciente violencia con que las fuerzas de seguridad marroquíes —haciendo el trabajo sucio de Euro- pa— repelen los saltos de la valla y/o desmantelan los campamentos de
231 La Cuestión Social Año 24, n. 3 quienes esperan su oportunidad? 6 Demasiado dolor para no recogerlo, no hacerle eco y no mostrarlo. Por otro lado, uno no puede de- jar de preguntarse si una atención tan intensa a “la valla” —por de- cirlo gráficamente— no sirve para reforzar la sensación de emergen- cia que, sin duda, el gobierno es- tá muy interesado en proyectar, como caldo de cultivo para la aplicación de “medidas extraordi- narias” y, quizá también al estilo de las malas ONG, para dar pena en Bruselas y recoger más fon- dos. Claramente, la emergencia que percibimos desde las entida- des sociales es de naturaleza hu- manitaria, donde están en juego los derechos humanos. Mientras que el relato gubernamental — bien reflejado y amplificado por determinados medios de comu- nicación— se sustenta más bien en transmitir una emergencia por “invasión” del territorio nacio- nal, incluyendo cifras inverosími- les que meten en el mismo saco a quien quiere saltar, a quien lo intentó y ya desistió, e incluso al 6 Al cierre de este texto asistimos con dolor e indignación al desmantelamiento de los campamentos, detención y traslados for- zosos de cientos de migrantes subsaharia- nos en el entorno del monte Gurugú y de Nador. Todavía con la información confu- sa e incompleta, parece que estamos asis- tiendo a una auténtica caza del migrante subsahariano, con extrema violencia, sin el más mínimo respeto a la dignidad de las personas, con la impunidad que da a Euro- pa y a España tener “subcontratada” esta labor a un socio (Marruecos) que aprieta o afloja el control como baza para ganar posición de poder en la relación. que optó por regularizarse. 7 Todo ello, convenientemente aderezado de elementos generadores de mie- do: que si por la valla entra el ébola; que si la amenaza terrorista; que si las mafias, etc. Un miedo que pren- de socialmente en el contexto de angustia vital, inseguridad y falta de expectativas provocadas por la cri- sis y por las medidas que supuesta- mente nos han de sacar de ella. Por eso, frente a la atención se- lectiva y descontextualizada hacia lo “espectacular” de la valla o la em- barcación atestada de gente, creo que a la ciudadanía preocupada por los derechos humanos le correspon- de abrir el zoom, partiendo desde esas realidades concretas. Quizá de esa manera evitaremos contribuir a consolidar el relato que interesa al poder y en el que, con mayor o me- nor conciencia, con mayor o menor voluntad, también participamos. 1.2. Fronteras más allá, más acá y más adentro 8 ¿Qué realidades quedan excluidas cuando centramos nuestra atención sólo en aquellas más reconocibles, en las más fotografiables, en las más “campañables”? Esa es una pregunta que no debemos dejar de plantear- nos. El momento del “salto”, y la res- puesta que se da, forman parte de 7 Las cifras oficiales de 2014 hablan de 775 personas que entraron en España forzando el perímetro fronterizo en Ceuta y Melilla. 8 Para la elaboración de este apartado, agra- dezco mucho el intercambio mantenido con Sabina Barone, responsable de la Cam- paña por la Hospitalidad de la Red Jesuita con Migrantes, de América Latina y Caribe.
232 La Cuestión Social Año 24, n. 3 una realidad más amplia. Apenas es un momento, el más visible, del en- tramado fronterizo, que se extiende más allá (externalización de fron- teras), más acá (internalización) y más en profundidad (interioriza- ción de la frontera), en auténticas “fronteras invisibles”. Y todo ello, con el telón de fondo de un contexto de creciente desigualdad entre países y grupos sociales, de conflictos béli- cos enquistados o de nuevo cuño, de prácticas demasiado parecidas al saqueo colonial. Prestando un poco de atención no es difícil darse cuenta de una doble paradoja. En primer lugar, por más que se haya reforzado y militariza- do el control de los puntos fronte- rizos, por más alto que los muros y vallas hayan crecido, por más con- certinas que las hayan coronado, la entrada de personas no se ha dete- nido. Se ha puesto más difícil, sin du- da; la gente arriesga más. Al calor de un mayor control, también han flore- cido los negocios de quienes conocen los caminos o tienen los recursos y contactos para pasar. Se ha ampliado el área a “controlar”, porque se diver- sifican las rutas. Es decir, el endureci- miento convoca y hace necesario un endurecimiento mayor, en una espi- ral inagotable y autojustificativa, que sepulta recursos públicos y estánda- res de derechos humanos en la mis- ma fosa. Y a la vez, en segundo lugar, con una mirada amplia, las personas que acceden de manera irregular por los puntos fronterizos son una ínfima minoría, una gota en el río del flujo de movilidad humana (de entrada y de salida) que atestiguan nuestros aero- puertos cada año. Por eso, merece la pena fijarse no sólo en la valla, sino, como decíamos, en las otras ramifica- ciones fronterizas, aquellas que sue- len quedar invisibilizadas. 1.2.1. Fronteras externalizadas La frontera española, por ende la europea, ya no se sitúa en Ceu- ta y Melilla. Comienza antes. A tra- vés de un conjunto de acuerdos y transacciones con países del norte de África, Europa les encarga una parte del control de los flujos y la represión de la migración en trán- sito. 9 Como se dice en los documen- tos oficiales europeos, se trata de la dimensión exterior de la políti- ca migratoria, e involucra a países que ni siquiera cuentan con lindes territoriales con la UE. La colabora- ción en tales funciones suele esta- blecerse como condición para que dichos países accedan a fondos de cooperación europeos, o a tratos comerciales favorables. Muchos de estos acuerdos (“memorandos de entendimiento”) no están abiertos al escrutinio público. Las labores subcontratadas incluyen el control de documentación de migrantes en tránsito, la construcción de cen- tros de detención o la ejecución de deportaciones. Trabajo sucio. Mu- chas veces, se sustancian acuerdos de readmisión —los países han de aceptar de vuelta a aquellas perso- nas que hayan accedido al territorio a través de su frontera—. Paradó- jicamente, como después repetire- mos, una parte de estas funciones 9 Esta dinámica de externalización tam- bién se aprecia en la frontera México- Estados Unidos, extendiéndose hacia países centroamericanos.
233 La Cuestión Social Año 24, n. 3 se financian con fondos de coope- ración al desarrollo dedicados, por ejemplo, a formar a las fuerzas de seguridad en la “lucha contra la in- migración irregular”, a la compra de equipamientos para la vigilancia o al desarrollo de patrullas mixtas. Podemos decir que a través de este mecanismo de externalización, Euro- pa transfiere su hostilidad al migrante a países donde la figura del “migrante irregular” no ha existido nunca. Asu- me que toda la migración africana en tránsito tiene a Europa como destino, ignorando así las rutas de migración intraafricana. Y una cuestión espe- cialmente peliaguda desde nuestra perspectiva: ¿hasta qué punto se res- ponsabiliza Europa de los abusos de derechos humanos cometidos en el ejercicio de estas funciones “subcon- tratadas”? Existe un gran espacio de sombra jurídica en estos acuerdos que favorece la impunidad ante el su- frimiento infligido a las personas mi- grantes en su trayecto hacia el norte. 1.2.2. Fronteras internalizadas Nos referimos a la internalización de las fronteras cuando éstas se des- plazan al interior del territorio estatal. Es el caso de los centros de detención para extranjeros que salpican la geo- grafía europea y norteafricana, 10 en los que los migrantes indocumenta- dos son recluidos con el fin de devol- verlos a sus países. En el caso español, se trata de los ocho Centros de Inter- namiento de Extranjeros (CIE) distri- buidos en el territorio. 10 Véase en la página web de Global Detention Project, accesible online el 15/02/2015 en: www.globaldetentionproject.org En ellos se aplica, ni más ni me- nos, la privación forzosa de libertad a personas que no han cometido ningún delito, sino una irregulari- dad administrativa. Una medida que debiera ser de ultima ratio, absolu- tamente excepcional y controlada judicialmente, se convierte muchas veces en la primera respuesta y con ratificación judicial formal. Las condiciones de internamien- to, como muestran los informes de las entidades especializadas, 11 pue- den ser extremadamente duras. Con acceso limitado o nulo a derechos básicos, como la salud o la asisten- cia letrada, no es extraño que con frecuencia se produzcan denuncias por las propias personas internas de la insalubridad de las condiciones. También se han reportado y docu- mentado casos de violencia policial o muerte de internos por falta de atención médica. Las personas detenidas varían en sus perfiles. Muchas veces, se trata de gente con un gran arraigo en el país, donde llevan viviendo largos años, bien asentadas, con familia. Sin embargo, no han podido regu- larizar su situación —en general por falta de empleo “regular”— o porque sus permisos han expirado sin poder ser renovados, por haber- se quedado en el paro. Otras veces, bajo la categoría y tratamiento co- mo “inmigrante irregular” se aglu- 11 Imprescindible la lectura de los infor- mes periódicos sobre los CIE que elabo- ran las entidades de SJM Pueblos Unidos y Migra Studium, accesibles online el 15/02/2015 en: www.sjme.org, donde se documentan estos casos y situaciones.
234 La Cuestión Social Año 24, n. 3 tinan situaciones que van desde la explotación sexual a la enfermedad mental, pasando por personas que tendrían derecho a alguna forma de protección internacional. Todo este muestrario de precariedades exis- tenciales, que exigirían una respues- ta personalizada, pasa inadvertida ante esta maquinaria que consagra la exclusión. 1.2.3. Fronteras interiorizadas Las fronteras poseen un valor simbólico y performativo, es decir, configuran la forma en que vemos y decimos la realidad. Quienes las atraviesan de forma irregular —o de forma regular con vigencia limita- da— cargan con ella a sus espaldas, no se la quitan de encima. Esta vez, en forma del estigma social construi- do en torno al migrante “clandestino”, “sin papeles” o “ilegal”. Las personas en situación admi- nistrativa irregular son excluidas de determinados derechos sociales. En nuestro contexto, la exclusión sani- taria que arranca en abril de 2012 es un ejemplo muy claro, aunque no el único. Evidentemente, las per- sonas en situación administrativa irregular tampoco pueden trabajar “regularmente”. Sin embargo, mu- chos —y especialmente, muchas— trabajan en la economía sumergida. Esto ha sido así especialmente en épocas en las que el mercado de trabajo ha convocado a numerosa mano de obra del exterior. Es como si todo el entramado fronterizo del que venimos hablando estuviera di- señado, de hecho, para que la inse- guridad jurídica y la vulnerabilidad social que emanan de él domeñen a todo un colectivo de trabajadoras y trabajadores pobres. El miedo a ser identificado en una redada, recluido en un CIE y depor- tado en un vuelo express actúa como un poderoso mecanismo de discipli- na social. Aunque después muchas de las órdenes de expulsión no llegan a ejecutarse, la existencia de la ame- naza es suficiente. Mucha gente inte- rioriza este miedo y se protege de él haciéndose invisible socialmente. De esa forma, el estigma de la irregulari- dad no sólo empuja a aceptar condi- ciones laborales cada vez peores, sino que dificulta sobremanera la crea- ción de vínculos y la integración en el cuerpo social. La frontera se ha interiorizado. 1.3. Una retórica que retuerce la lógica y construye hostilidad Además de agitar el espantajo del miedo y de la situación de emergen- cia, escuchamos habitualmente tres o cuatro argumentaciones en los por- tavoces gubernamentales y en las de- claraciones internacionales sobre las migraciones, a las que merece la pena mirar con ojo crítico. 1.3.1. No hay forma de migrar legalmente En primer lugar, aparece la retóri- ca de la apuesta por la inmigración regular, frente a la irregular, que ge- nera inmenso sufrimiento humano. Es difícil no estar de acuerdo con esta formulación genérica. Es una opinión que acude rápido a la mente y boca de muchas personas de buena voluntad
235 La Cuestión Social Año 24, n. 3 al dialogar sobre inmigración. Su ló- gica es inapelable. El problema viene cuando caemos en la cuenta de que, en la práctica, la posibilidad que tiene una persona de conseguir un visado para migrar regularmente se acerca a cero. Para la gente africana que se po- ne en marcha, atraviesa varios países, el desierto, acampa en precario du- rante meses e intenta saltar, pasar en embarcación o a nado, no hay forma legal de entrar a Europa. Por lo tanto, una afirmación que en la teoría es ca- paz de concitar el beneplácito de casi todo el mundo se convierte en humo al atravesar el cedazo de la práctica cotidiana. “¿Por qué no lo intentas le- galmente en vez de jugarte la vida?”, parece que dicen las autoridades en tono condescendiente. Porque esa posibilidad, simple y llanamente, no está disponible. Mención especial dentro de es- ta retórica merece el caso de las personas que son potenciales so- licitantes de asilo, porque huyen de conflictos y persecuciones. Una de las vulneraciones de la legisla- ción nacional e internacional en las que incurren las llamadas “de- voluciones en caliente” es que im- posibilita que las personas ejerzan su derecho a la solicitud de asilo. Ya pueden concurrir en ti las cir- cunstancias que te hacen sujeto de protección internacional, que si te atrapo en el vallado, abro la por- tezuela y te mando de vuelta. Pues bien, hace unos meses el gobier- no español, ante la crítica a esas prácticas, decidió establecer dos puestos en la frontera donde se podría solicitar asilo. Fue un mo- vimiento que algunas organizacio- nes saludamos como positivo, si bien advertíamos que en ningún caso podía utilizarse la existencia de esos puntos para seguir justifi- cando —y cuanto menos incluyen- do en una ley— las devoluciones en caliente. Nuestro temor era que el gobierno dijera: “si usted tie- ne motivos para solicitar el asilo, sólo tiene que acercarse al pues- to habilitado a tal efecto, y no tie- ne que intentar saltar la valla”. El tiempo transcurrido no ha hecho sino confirmar dicha previsión. El dato de que después de varios me- ses ninguna persona subsahariana ha podido acercarse a dichos pues- tos (no se lo permiten las fuerzas de seguridad marroquíes, que só- lo granjean el acceso a personas sirias), no ha sido obstáculo para que el gobierno utilice la retórica de la existencia de posibilidades regulares frente a las irregulares. Pero, tampoco en este caso, están disponibles en la práctica. 1.3.2. Las mafias no producen la migración El segundo gran relato con el que se trata de legitimar las actuaciones en las fronteras nos habla de la lucha contra las mafias. La sensación que uno tiene es que aquí se malogró la flecha que une causa y efecto, y se dio la vuelta completamente, co- mo una brújula bajo el efecto de un imán. Las llamadas mafias —sería más exacto hablar de gente que hace negocio pasando las fronteras a gen- te y conectándolos con los siguien- tes pasadores— no son la causa de que haya personas que se pongan en marcha para llegar a Europa. Lo ha-
236 La Cuestión Social Año 24, n. 3 cen como fruto de su voluntad, con todos los condicionantes, circuns- tancias, incentivos, fuerzas repulso- ras y restricciones que acompañan a eso que llamamos ‘libertad’. A la inversa, la relación de causalidad se hace más plausible. Como apun- tábamos antes, a mayor presión, a mayor dificultades, mejor negocio para quienes conocen las rutas y tienen los contactos adecuados. Apuntar a esta perversión de la lógica en la narrativa oficial no nos impide en absoluto conocer y de- nunciar las situaciones de abuso, inhumanidad y vulneración de la dignidad de las personas en las que estos negociantes incurren con frecuencia. No cabe duda de que, junto a quien quiere echar una ma- no honesta al que transita, se agol- pan bandadas de aves carroñeras dispuestas a succionar el tuétano de los migrantes, convertidos en mercancía y objeto de negocio. Y en el caso de las mujeres migran- tes, esta situación se ve agravada. Para ellas, el riesgo de sufrir abu- sos sexuales —y no sólo por par- te de los “pasadores”, también por parte de los “pasados”— las em- puja muchas veces a buscarse un “marido del camino”: un varón que, a cambio de sus favores y ex- clusividad sexual, la “protegerá” de la rapiña de los demás. Por otra parte, no sólo los y las migrantes pueden ser objeto de vulneración de los mínimos derechos por par- te de los negociantes. También existe gente desesperada o nece- sitada que forma parte del último eslabón del negocio y que no po- cas veces corre el mismo riesgo que los propios migrantes. Así, por ejemplo, los menores que cada vez más frecuentemente son enviados al mando de las embarcaciones que parten de la costa africana a cruzar el Mediterráneo. Su condición de menores les puede ahorrar la im- putación penal en Europa en caso de ser apresados. Insistimos, no obstante, que el rechazo y la de- nuncia de esta realidad no pueden llevarnos a considerarlas el motor principal que pone en marcha los trayectos migratorios. De nuevo, mención aparte me- rece aquí una realidad distinta y sangrante, como es la de la trata de mujeres con fines de explota- ción sexual. En este caso sí se pue- de hablar de redes organizadas, de personas retenidas en contra de su voluntad, utilizando violencia física o psicológica —a veces, basadas en creencias tribales—. En ocasiones, este tráfico de personas para la ex- plotación se disimula entre los flu- jos del resto de migrantes, haciendo difícil su identificación. La gente que está en el terreno es muy cons- ciente de las dificultades de inter- venir en estos casos. Aquí sí sería necesaria una acción mucho más decidida frente a estas auténticas mafias. Una acción que debería ser consciente de que el origen de esta práctica degradante hay que localizarlo allá donde se produce la demanda, en nuestra sociedad, y dirigirse hacia ella. Y ser abso- lutamente impecable en la inter- vención para evitar, como hemos visto en no pocas ocasiones, una doble victimización de las muje- res explotadas. Primero, son trafi-
237 La Cuestión Social Año 24, n. 3 cadas y vendidas como ganado, y obligadas a ejercer la prostitución a destajo para, además, pagar sus deudas. Y, segundo, a pesar de los esfuerzos legislativos que se vie- nen realizando en esta materia, no han sido pocos los casos en que cuando la policía interviene en un prostíbulo, las mujeres en vez de ser consideradas como víctimas de trata y tener la posibilidad de acogerse a la legislación protec- tora ante la misma, son puestas a disposición de la brigada de ex- tranjería, donde reciben una orden de expulsión cuando no un trasla- do al Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE). 1.3.3. La defensa de los derechos no causa la xenofobia En el tercer tipo de argumenta- ción, nos volvemos a encontrar con otro desajuste en la dirección de la causalidad. Cuando la ciudadanía organizada levanta su voz contra lo que considera una política in- justa de gestión de las fronteras, la respuesta gubernamental tiende a poner sobre nuestras espaldas la responsabilidad por la xenofobia que estaríamos generando en la so- ciedad. “Inmigración + buenísimo = xenofobia”, 12 parece ser la fórmu- la que disuelve las manchas y de- vuelve el blanco a las políticas en este ámbito. Es decir, que si seña- lamos las vulneraciones de los de- 12 Argumento publicado en un artículo del Huffington Post publicado el 20/01/2015, accesible online el 15/02/2015 en: http://www.huffing- tonpost.es/2015/01/20/ministro-in- terior-inmigrantes_n_6505606.html rechos humanos de los migrantes, estamos haciendo que nuestros vecinos y vecinas les tengan más odio. En esta argumentación hay, al menos, un elemento implícito inquietante. Parece que parte del supuesto de que nuestra sociedad alberga una pulsión sádica hacia el débil: para aceptar a los inmi- grantes, para no odiarles, resulta que nos gusta que les den buenos palos, que les pongan en su sitio. Es como si nos dijeran: “vamos a ponérselo complicado para que veáis que les tratamos duro y no os hagáis xenófobos, porque si veis que los tratamos con las garantías que nos pide la ley, no vais a po- der soportarlo”. Por cierto, dicho de paso, una lógica parecida estaría en la base de la exclusión sanitaria de- cretada por el gobierno contra las personas migrantes en situación irregular, y tímida y parcialmente rectificada tres años después. Toda- vía estamos por ver alguna eviden- cia de que tal expulsión del sistema supusiera ahorro alguno a las arcas públicas —cosa que por sí misma tampoco hubiera sido un argumen- to para la exclusión—. Sin embar- go, sí entendemos que se utilizó la medida para preparar el clima so- cial frente a la voladura del siste- ma de salud universal que supuso la reforma. No nos dimos cuenta de que dejábamos de ser ciudadanos y pasábamos a ser “asegurados”, por- que esto era algo que afectaba a los inmigrantes sin papeles, los “otros” por antonomasia. Frente a esta lógica, pensamos que lo que alimenta la xenofobia es precisamente el tratamiento in-
238 La Cuestión Social Año 24, n. 3 digno hacia los inmigrantes por parte de las autoridades. Con sus políticas excluyentes, sus prácti- cas vulneradoras de derechos y su discurso del miedo favorecen un clima social en el que las personas migrantes son despreciadas. Mi- remos por un momento a Europa y sus políticas. El Mediterráneo se ha convertido en una gran fosa de cadáveres. En 2014, el balance de víctimas es escalofriante. Más de 3,000 personas murieron ahoga- das, de frío o de sed, tratando de alcanzar por mar las costas euro- peas. Pero es que cerca de 200,000 fueron rescatados, gracias a la ope- ración Mare Nostrum, articulada por Italia con apoyo europeo. Fun- damentalmente, las personas res- catadas que parten en embarcación desde Libia —un Estado descom- puesto— provenían de Siria, Eri- trea, Somalia… países desgarrados por la guerra. ¿Por qué es previ- sible que el balance en 2015 sea más dramático? La operación Ma- re Nostrum ha sido reemplazada por la Tritón. Mucho más barata y limitada en cuanto a su alcance (30 millas marinas desde las cos- tas) y en cuanto al número y tipo de barcos de rescate. La argumen- tación para el cambio de operativo discurría por dos sendas. Por un lado, la económica. Al parecer, los 9 millones de euros mensuales que costaba la Mare Nostrum constitu- yen una losa insoportable. Pero, en segundo lugar, se apelaba al “efec- to llamada” de esta operación, que incentivaría a la gente a embarcar- se en la travesía. Parece ser que la mayoría de los gobernantes euro- peos, a la hora de tomar estas deci- siones tan carentes de humanidad y moralidad —¡estamos permi- tiendo que niños mueran ahoga- dos!—, están mirando de reojo a las fuerzas populistas xenófobas, cuyo apoyo creciente ven como una amenaza. ¡Y quieren aplacar a la fiera dándole de comer! No sin razón, hay quien dice que el popu- lismo xenófobo celebra su victoria no tanto por el número de escaños que obtiene en las elecciones, sino porque ha capturado el corazón y la mente de los partidos democrá- ticos. 13 Y en vez de realizar una fun- ción pedagógica con la ciudadanía, compran el discurso y la práctica que, a la postre, hace más fuerte al monstruo. Por eso, sostenemos que la sordera y ceguera ante el drama de las fronteras, lejos de apaciguar a una sociedad supuestamente xe- nófoba —como se nos quiere hacer creer—, ejerce como fuelle sobre los rescoldos de miedo y egoísmo que albergan nuestros corazones personales y alma colectiva. Es la construcción de la hostilidad. 1.4. Fronteras, ¿para qué? Después de todo, las preguntas emergen casi espontáneamente: ¿pa- ra qué sirven las fronteras? ¿Por qué semejante despliegue, que incapaz de cumplir lo que promete, deja a la vez un reguero de sufrimiento huma- no injustificable a su vera? Algunas 13 Las negociaciones sobre las “cuotas” de refugiados a acoger en Europa, o las pro- puestas para militarizar la respuesta a una crisis humanitaria (acabar a cañonazos con las embarcaciones con las que cruzan el mar) son una muestra más de esto.
239 La Cuestión Social Año 24, n. 3 respuestas que se van perfilando 14 nos ayudan, como decíamos antes, a agrandar el ángulo de vista. En primer lugar, pareciera que la importancia de los muros no reside tanto en su dudosa eficiencia como en su ostentosa visibilidad. Esta- ríamos, por tanto, ante una función simbólica, casi teatral, de una sobe- ranía estatal en crisis galopante. “Los nuevos muros marcan los límites, existentes o deseados, de los Esta- dos nación, pero no llegan a consti- tuirse en fortalezas contra ejércitos invasores y, ni siquiera, en manifes- taciones de la soberanía nacional. Más bien, consagran la misma co- rrupción fronteriza que quisieran impedir y representan, de forma teatral, una soberanía que ha entra- do en una crisis irreversible”. 15 Esta tesis que enfatiza lo impor- tante que es mantener la “aparien- cia” de control más que el control en sí, que quedaría fuera del alcance y de las posibilidades de los Estados, encuentra su complemento en las ideas que surgen de la investigación de Hein de Hass. Realmente, las polí- ticas de control migratorio son muy poco eficaces para sus fines declara- dos. Reducen de manera muy limita- da los flujos y, además, tienen efectos colaterales que no sólo compensan 14 Ver, por ejemplo, el trabajo de Hein de Hass sobre la (in)eficacia de los controles fron- terizos (accesible online el 15/02/2015 en www. heindehaas.com), o más reciente- mente, Wendy Brown en Estados amuralla- dos, soberanía en declive, Herder, 2015. Más cerca, véase el ensayo Qué hacemos con las fronteras (AA. VV., Akal, 2013). 15 Wendy Brown, óp. cit , “Prólogo” e “Introducción”. dicha reducción, sino que las hacen directamente contraproducentes para sus fines: la búsqueda de ru- tas alternativas, el surgimiento de las mafias, el freno que supone pa- ra las salidas el conocimiento de las restricciones en ciernes o las dificul- tades para el retorno que generan. Y más allá de si se puede o si se quie- re de verdad controlar el flujo migra- torio, aquí consideramos cruciales las consecuencias humanas de cómo se lleva a cabo esa política, sea teatro o no. Porque, además de los derechos pisoteados a pie de valla, el hecho de que la función de los muros sea sim- bólica no debe conducirnos a pensar que no tienen efecto en la realidad, ya que ayudan a configurarla. Como veíamos antes, poseen un efecto per- formativo: señalan quiénes quedan dentro y quiénes fuera de la comu- nidad política. Quién goza del estatus de ciudadanía y quién no. Contribu- yen, junto con el resto del aparato de extranjería, a la construcción de la ca- tegoría “irregular”, a la exclusión del “no-ciudadano”. 1.5. ¿Las abrimos de par en par? Y, entonces, ¿qué hacemos con las fronteras? ¿Las abrimos de par en par? También suele ser ésta una cuestión con que se confronta cual- quier crítica de la actual gestión fronteriza, muchas veces con ánimo de dar por cerrada la conversación con quien apunta a las limitaciones del actual modelo. Al menos, consi- dero, es ésta una cuestión en la que merece la pena detenerse, reflexio- nar y compartir dudas y perplejida- des. Muchas veces está planteada
240 La Cuestión Social Año 24, n. 3 con honestidad y buena voluntad; no creo que pueda decirse lo mis- mo de otros intentos dialécticos. Re- cientemente, el ministro del interior desafió a quienes cuestionaban su gestión de la frontera a que acogie- ran en casa a uno de esos inmigran- tes. 16 Son unas palabras que, además de situar el nivel de la deliberación pública a la altura del sálvame, igno- ran y desprecian la labor de hospita- lidad y acogida de miles de personas y organizaciones, cuyas direcciones son bien conocidas en el ministerio. Por un lado, no cabe duda de que jurídicamente los Estados están en el derecho y el deber, como parte de su soberanía, de controlar sus fronteras pese a que, como hemos señalado, dicha acción tiene un com- ponente importante de “apariencia de control”, en un contexto en que la idea tradicional de soberanía hace aguas. En segundo lugar, dicho ejer- cicio debe conducirse de acuerdo a la legislación y con respeto de los derechos humanos. Aquí, vistas las prácticas, se nos empiezan a encen- der las alarmas. En otros lugares hemos abogado por un “control de- mocrático de las fronteras”, enten- diendo por tal el que cumple con los estándares de derechos humanos. Esto incluye la necesidad de exigir y garantizar también dichos requisitos a aquellos países a los que, como veíamos antes, hemos “subcontra- tado” o externalizado la frontera. 16 “Si me dan la dirección donde podemos trasladar a esa pobre gente, y que garan- ticen su manutención y les den traba- jo le aseguro que les enviamos” fueron sus palabras, tal como las recogieron los medios de comunicación. Y, ¿esto es todo? Ciertamente, no es poco. Aspirar a que en la fronte- ra sur se restablezca el Estado de derecho —¡se cumpla la ley!— puede parecer poco ambicioso, algo de mínimos. Y, sin embargo, debemos seguir vigilantes y en acción para que algo tan elemental suceda. 1.5.1. ¿Legitimidad? Más allá del status quo Pero es cierto que necesitamos po- ner las luces largas. Ampliar el zoom, como decíamos al principio. Señalar un horizonte utópico que vaya más allá del necesario cumplimiento de la ley y se sitúe en perspectiva de justicia social internacional. Exigir el cumplimiento de la ley no puede implicar que demos por bueno el status quo internacional, el reparto groseramente injusto de la riqueza, los intereses que, por activa o pasiva, están detrás de determinados con- flictos. La pregunta radical es si las fronteras tienen legitimidad alguna, en un mundo donde nacer a uno u otro lado de la raya significa —en el mejor de los casos— una brecha abismal de oportunidades para desa- rrollar el proyecto de vida, considera- do valioso, y —en el peor— la propia posibilidad o imposibilidad de desa- rrollar alguno. Honestamente, creo que no, mirado desde la perspectiva de nuestra tradición cristiana, entre cuyos principios más hondamente arraigados se encuentran el destino universal de los bienes y el del derecho de todos los seres humanos a la vida. Al reflexionar sobre muchas cuestio- nes sociales y especialmente sobre la inmigración, partimos del dato incues- tionado e incuestionable de las fron-
241 La Cuestión Social Año 24, n. 3 teras. Parece que estos constructos sociales e históricos que son las fron- teras territoriales siempre han estado ahí, y hemos armado toda nuestra re- flexión sobre lo que es justo partiendo de ese presupuesto tácito, del nacio- nalismo metodológico. Sin embargo, creemos que una mirada universalista debe cuestionar esta asunción, aun- que como señala Kymlicka, parece que casi nadie está dispuesto a hacer- lo, porque parece algo sumamente irrealista. 17 Precisamente, este autor realiza una exploración desde el li- beralismo igualitarista, tratando de encontrar una justificación moral a la delimitación fronteriza, algo con tan- tas y tan graves repercusiones huma- nas. Al final de su trayecto, después de encontrar argumentos para admitir formas limitadas del uso de fronteras para proteger bienes culturales, se to- pa con la cuestión más complicada de superar: la distribución de la rique- za. ¿Cómo justificar la reserva de los recursos de un país 18 para el disfrute exclusivo de sus ciudadanos, cuando el bienestar de todas y cada una de las personas importa por igual? La única manera sería un compromiso firme y real por asegurar a todas las personas un nivel de vida digno en su país de nacimiento. Si los países ricos se negaran a esta distribución de la ri- queza “perderían por ello el derecho a dificultar la entrada a sus fronteras, puesto que desde el punto de vista igualitarista, no es permisible restrin- 17 Will Kymlicka, Fronteras Territoriales, Trotta, 2006. 18 Si entramos en la cuestión de cómo se obtienen y se han obtenido histórica- mente dichos recursos, la cuestión se hace aún más espinosa. En este asunto no se detiene el autor. gir la admisión cuando ésta se limita para acaparar recursos” (p. 78). 1.5.2. ¿Ayudar para que “no vengan”? Considero sugerente esta vin- culación entre la legitimidad de las fronteras con el compromiso hacia la redistribución internacio- nal de la riqueza. Si analizamos el caso español, es llamativo el des- moronamiento que en los últimos años ha sufrido la ayuda oficial al desarrollo, situándose en la ac- tualidad en un magro 0.17% del PIB, después de haber sufrido una reducción del 62% en los últimos cinco años. Otros países también en dificultades económicas, como Portugal, no se han acercado ni de lejos a la escabechina española. 19 A esto se le añade que una par- te no despreciable de los fondos de cooperación que se destinan a África Occidental son utiliza- dos… ¡para reforzar los contro- les fronterizos! 20 Por otra parte, el compromiso con la redistribu- ción de la riqueza de un país no puede medirse únicamente por sus políticas de cooperación. Es necesario incluir otras muchas co- sas: políticas comerciales, financie- ras, de control de transnacionales, 19 Datos extraídos de los informes La reali- dad de la ayuda, de Oxfam-Intermon, ac- cesibles online el 15/02/2015 en www. realidadayuda.org 20 Véase el informe de ALBOAN y Entrecul- turas: Políticas de control migratorio y coo- peración al desarrollo entre España y África Occidental durante la ejecución del primer Plan África, accesible online el 15/02/2015 en: http://centroderecursos.alboan.org/es/ registros/6127-politicas-de-control-migrat
242 La Cuestión Social Año 24, n. 3 de venta de armamento, de gestión del cambio climático… y también la propia política migratoria, que es una poderosa herramienta de lucha contra la pobreza. Esto quiere decir que una política cicatera y restricti- va en materia migratoria erosiona la propia legitimidad de la misma. A veces ante tanta complejidad, dolor e impotencia nos agarra- mos a la afirmación “para evitar que vengan hay que ayudarles en sus propios países”. La verdad albergada en esta afirmación es que, efectivamente, todas las per- sonas y países tienen el derecho al desarrollo, a vivir dignamente y no verse forzadas a huir para po- der desplegar el proyecto de vida que consideran valioso. Pero, a la vez, esta afirmación parece suge- rir que la obligación de redistri- bución internacional de la riqueza nace principal y únicamente de su posible valor instrumental en relación a frenar las migraciones. Por otro lado, es necesario coho- nestar el derecho al desarrollo en el propio lugar de nacimiento con el derecho que asiste a todas las personas a migrar libremente, in- dependientemente de que exista o no la opción de no hacerlo. Y, por último, esta afirmación ha de ser cruzada con la evidencia empíri- ca que señala de forma bastante consistente la idea de que el incre- mento en los niveles de desarrollo de los países, lejos de mitigar los movimientos de personas al exte- rior, los animan. 21 No en vano, co- 21 Véanse, entre otros, los trabajos de Mi- chael Clemens sobre migración y desarro- mo se suele decir, el equipaje que menos pesa a la hora de viajar es la educación, y junto con ella, la red de contactos (el capital social que se atesora como red de soporte, en destino), por no mencionar la in- versión en el propio viaje. Y esos recursos no están precisamente al alcance de los más pobres. 1.5.3. ¿Qué hacer “mientras tanto”? Con la mirada y los pasos enca- minados decididamente hacia el horizonte utópico de la justicia inter- nacional, trabajamos en el día a día acompañando, sirviendo y defen- diendo a la gente a éste y otro lado de las diferentes fronteras visibles e invisibles que hemos señalado. Una reclamación básica, como apuntá- bamos, es la del cumplimiento de la legalidad en materia de extranjería y asilo, que entendemos, a día de hoy, no está garantizado. Otra segunda lí- nea de acción es el trabajo para trans- formar el marco legal. 22 Nos parece que más allá de los desarrollos técnicos pertinentes, las palabras del arzobispo de Tán- ger, Santiago Agrelo, 23 a la pregunta sobre si es posible disuadir a quie- nes buscan una vida mejor para que permanezcan en sus países, aporta en su brevedad y hondura, una sín- tesis de por dónde podrían caminar llo para el Center for Global Development (accesibles online el 15/02/2015 en: www.cgdev.org). 22 Hemos abordado propuestas de refor- mas en “¿Merece la pena plantear una reforma de la política migratoria?”, Razón y Fe, diciembre 2014 (accesible online el 15/02/2015 en: www. sjme.org). 23 Entrevista en Noticias Obreras (1558, 2014).
243 La Cuestión Social Año 24, n. 3 algunas de esas reformas. Responde el arzobispo: No se puede. Nada hay más peligroso que un sueño, na- da más poderoso que una es- peranza. La expresión “vallas impermeables” nunca descri- birá lo que son las vallas, sino los riesgos cada vez mayores que habrán de asumir los so- ñadores para alcanzar lo que sueñan. La única disuasión po- sible sería el conocimiento de la realidad, conocimiento que se haría posible, razonable y práctico si, en vez de acorralar a los emigrantes en caminos de muerte, se les diese la oca- sión de entrar normalmen- te en los países, la ocasión de ver, la ocasión de quedar si encuentran algo mejor de lo que tienen, o de regresar sin humillación si lo que han vis- to no es lo que esperaban ver. Pero, contra toda racionali- dad, se les obliga a gastar lo que tienen, a arriesgar la sa- lud, la dignidad, la integridad física, la vida, a poner sobre la mesa tanto sufrimiento que ya no podrán nunca volver atrás sin echar a los perros la propia vida. Y, como tercera línea, debemos proponer una alternativa axiológica y ético-política a la hostilidad. Esto es la hospitalidad, a la que dedicamos el segundo bloque de este escrito. 2. Construyendo hospitalidad Como señalábamos en la “Intro- ducción”, en el reverso de las prác- ticas políticas de hostilidad hacia las personas migrantes nos encon- tramos con la idea, las prácticas y las políticas de hospitalidad. 2.1. La hospitalidad captura nuestra imaginación Algo tiene la hospitalidad que cap- tura nuestro ánimo. Se trata, sin duda, de un concepto cargado de connota- ciones y significados; nos evoca y nos convoca; resuena en nuestro corazón y nos encamina a la acción. Quizá en esto radique su poderosa vis atracti- va: la aparente sencillez del gesto de acogida que encarna, desata dinamis- mos personales, relacionales y políti- cos de largo recorrido. Adelanto tres elementos que tratan de recoger el contenido de idea de hospitalidad, la razón del fuerte eco que encuentra en nuestro interior, personal y comuni- tario, y su virtualidad para orientar prácticas sociales y políticas. En primer lugar, la hospitalidad 24 es abrir las puertas de nuestra casa. Tiene que ver con abrirse al extraño y hacerlo parte de nuestro mundo. Es- pecialmente cuando ese extraño es, además, vulnerable. Hospitalidad es hacer más amplio el “nosotros” que 24 Preparando este texto, he aprendido que existe una rama del saber llamada ‘cien- cias de la hospitalidad’, en referencia a la formación académica para gestionar ho- teles y alojamientos. No dejo de sentir que el mercado ha colonizado una esfera de la vida y un valor de profunda humanidad.
244 La Cuestión Social Año 24, n. 3 pronunciamos. Es la acogida de aquel diferente de mí. Pero no se trata de una acogida cualquiera: es una buena acogida. Seguro que tenemos la expe- riencia de saber y, sobre todo, sentir si somos o no bienvenidos a un espacio. En la buena acogida, quien llega no es meramente tolerado, sino celebrado. No es solamente atendido, sino cui- dado y agasajado. No encuentra sólo alimento y cama, sino empatía y es- cucha. No hay asimetría en el encuen- tro, sino reciprocidad. Cuando parte, no vuelve todo a la “normalidad”, si- no que algo ha cambiado en la iden- tidad de ambas partes, la anfitriona y la hospedada. Una cuestión martillea en el fondo de la conciencia: ¿quién acogió a quién? En segundo lugar, creo que hay al- go hondamente humano que vibra al hablar de hospitalidad. Ésta conecta con experiencias muy profundas del ser humano, en tanto especie y como individuos. Leonardo Boff afirma que “la acogida saca a la luz la estructura básica del ser humano […] existimos porque, de alguna manera hemos si- do acogidos”. 25 Hemos sido acogidos por la Tierra, por la corriente de Vi- da, por la naturaleza, por nuestros padres, por la sociedad. La acogida, pues, nos constituye. La hospitalidad conecta con nuestra condición de seres dependientes, necesitados de cuidado y vulnerables. Quizá, antes que otra cosa, seamos eso. El filóso- fo vasco Daniel Innerarity señala que “frente a los ideales de una vida ase- gurada contra todo riesgo […] la idea 25 Leonardo Boff, Virtudes para otro mun- do posible. (I) Hospitalidad: derecho y de- ber de todos, Sal Terrae, 2006, p. 82. de hospitalidad nos recuerda algo pe- culiar de nuestra condición: nuestra existencia quebradiza y frágil, nece- sitada y dependiente de cosas que no están a nuestra absoluta disposición, expuesta a la fortuna. Por eso, sufri- mos penalidades, necesitamos de los otros, buscamos su reconocimiento, aprobación o amistad”. 26 En tercer lugar, la hospitalidad no es tan sólo un valor privado, sino que se despliega y verifica en la esfera pública. En sus orígenes históricos, como veremos, la hospitalidad ade- más de un valor y una práctica es un deber, incluso legal. Aunque eso haya cambiado, no cabe duda de que po- demos hablar de “políticas” de hos- pitalidad. En este ámbito hacemos nuestra la lección del feminismo de que “lo privado es político”. Como señala Jean-Marie Carrière, actual director del JRS Europa, “en las condi- ciones actuales, una iniciativa privada —de una familia o una comunidad— resulta un acto político”, que puede tener como efecto desde el cambio del sentido del voto del anfitrión, has- ta la reactivación de una tradición na- cional (se refiere a Francia) “perdida en los meandros de las decisiones de políticas migratorias”. 27 Esta cuestión nos remite a cómo los valores perso- nales se extienden a la esfera comu- nitaria y cívica, y desde ahí informan 26 Daniel Innerarity, Ética de la hospita- lidad. Península, 2001, p. 38. 27 J. M. Carrière, L’hospitalité: vertu privée, vertu politique? Conférence aux An- ciens de l’École Sainte Geneviève. Cen- tre Sèvres, 2013. El autor fue, asimismo, director del JRS Francia e impulsor del proyecto de hospitalidad “Welcome”: http://es.jrs.net/campana_detalle?TN =PROJECT-20140624031928
245 La Cuestión Social Año 24, n. 3 la adopción de políticas concretas. O dicho de otro modo, cómo determi- nadas políticas encuentran un suelo fértil dónde arraigar en sociedades con ciertos valores. Algunos valores hacen viables ciertas políticas y le- gislaciones. Y, viceversa, ciertas legis- laciones promueven determinados valores y desincentivan otros. Esta relación es compleja y dialéc- tica, como se sugería unas páginas más arriba, y nos da pie a abordar la dimensión pública de la hospitalidad. Leonardo Boff, en la obra ya citada, se refiere a la “hospitalidad incondicio- nal” y la “hospitalidad condicional”. La primera sería el ideal de hospi- talidad, que se puede producir en el ámbito personal y comunitario, y “debe ayudar a elaborar buenas leyes y a inspirar políticas públicas generosas que hagan viable la aco- gida del extranjero, del inmigran- te, del refugiado y del diferente”. La segunda (condicional) sería la hos- pitalidad mediada por leyes e insti- tuciones —como política pública, diríamos—, y “tiene necesidad de la hospitalidad incondicional para no caer en el burocratismo y no perder el espíritu de apertura, esencial a to- da acogida” (p. 90 y ss.). En definitiva, la hospitalidad pre- senta una naturaleza expansiva e in- clusiva. Se va abriendo a diferentes esferas: nace en el ámbito perso- nal, va madurando en el terreno comunitario y social, y alcanza su plenitud cuando fecunda las polí- ticas públicas. García Roca lo ex- presa con claridad y belleza: “para ser ciudadanos se debe ejercer la ve- cindad, y para ser vecinos, se debe ejercer la hospitalidad”. 28 Las esferas políticas, comunitarias/relacionales y personales se entrelazan. Esta dinámica de entrelazamiento de esferas va a guiar las siguientes páginas. En primer lugar, si como se- ñala Habermas, “todo el entramado de instituciones políticas y jurídicas de nuestras sociedades se asien- ta sobre cimientos morales de ca- rácter preopolítico y con un fuerte compontente normativo”, 29 debe- mos explorar dichos cimientos. En nuestro contexto, tales pilares están erigidos sobre una amalgama donde confluyen las mitologías grecorroma- nas e indoeuropeas con la tradición bíblica y el pensamiento filosófico, desde Platón y Kant a Levinas y De- rrida. Nuestra mirada se detendrá particularmente en la tradición cris- tiana. En este primer punto busca- remos caracterizar la hospitalidad desde las narraciones y los mitos fun- dantes de nuestra tradición. En segundo lugar, analizaremos cómo esa hospitalidad ejercida en la esfera comunitaria se torna en vecindad, y las implicaciones de es- te proceso. Nos preguntaremos por algunos “disolventes” de esos lazos comunitarios (desigualdad, desin- formación) y exploraremos hasta qué punto se verifica la “hipótesis 28 J. García Roca, Reinvención de la exclu- sión en tiempos de crisis, Madrid, Cá- ritas Española/ Fundación FOESSA, 2012, p. 71. 29 El diario La Vanguardia (1/05/2005) recoge el debate entre el filósofo ale- mán y el entonces cardenal J. Ratzinger, titulado “Fundamentos morales pre- políticos del Estado liberal, desde las fuentes de la razón y la fe”.
246 La Cuestión Social Año 24, n. 3 del contacto” (la versión académica del dicho popular “el roce hace el cariño”). En tercer lugar, abordare- mos la dimensión más propiamen- te política de la hospitalidad, y para ello nos preguntaremos qué impli- caciones tiene pasar de la hospita- lidad en casa a la hospitalidad en el demos. Porque, como nos recuer- dan diversos pensadores, “existir es existir políticamente”. 2.2. La hospitalidad bíblica, fuente de inspiración Está fuera del alcance de este cua- derno y de la capacidad de quien esto escribe el ofrecer algo más que unas pinceladas sobre la abrumado- ra presencia de la hospitalidad y la figura del migrante en los textos bí- blicos, en la reflexión teológica, en el magisterio y en el pensamiento so- cial cristiano. 30 La pretensión de este apartado es mucho más modesta. Se trata de asomarnos a unos poqui- tos relatos bíblicos —del Antiguo y Nuevo Testamento— y mostrar tan- to la centralidad teológica de la hos- pitalidad como varios de sus rasgos, que hoy nos siguen interpelando y pidiendo a gritos hacerlos realidad. Me centro aquí en cuatro rasgos de 30 Quien esté interesado, no deje de con- sultar, entre otros, F. Torralba, “No ol- vidéis la hospitalidad” (Heb 13,2). Una exploración teológica, PPC, 2004. J. L. Pi- nilla (ed.), Lo que dice la Biblia sobre el ex- tranjero, Edice, 2012. G. Campese, Hacia una teología de la realidad de las migra- ciones. Método y desafíos. Cátedra Euse- bio Francisco Kino sj, México, 20008. D. Izuzquiza, Al partir el pan. Notas para una teología política de las mi- graciones, Cristianisme i Justícia, Cua- dernos nº 169 (2010). la hospitalidad bíblica de los que hoy en día podemos aprender. 2.2.1. La acogida al forastero nos conecta con lo transcen- dente: hacer sitio para el otro es hacer sitio para el “Otro” Una parte importante de lo que aprendemos en la Biblia sobre la hospitalidad no es patrimonio exclusivo de la tradición judeo- cristiana, sino que está muy pre- sente en civilizaciones antiguas. Pueblos viajeros como el griego comparten con el seminómada judío el hecho de sacralizar la figura del extranjero. Así apare- ce, por ejemplo, en La Odisea de Homero o en el mito de Filemón y Baucis. No dejan de portar un cierto aire de familia la idea, por un lado, de que los dioses —bajo el disfraz de extranjeros menes- terosos— recompensan a los hu- manos hospitalarios y, por otro, la recompensa de salvación a quien acoja al extranjero, del jui- cio final de Mateo 25. La escena bajo los árboles de Mam- bré que relata el capítulo 18 del Gé- nesis es quizá el primer relato bíblico en el que aparece la hospitalidad co- mo algo central. Abraham, padre de los creyentes, está sentado junto a su tienda en el momento más caluroso del día cuando divisa a tres hombres. En vez de sospechar de ellos u ocul- tarse, sale corriendo, se postra a sus pies, y tanto él como su esposa Sa- ra comienzan a servirlos. Agua para refrescarse; pan, cordero, mantequi- lla y leche para alimentarse. Abra- ham ha reconocido a Yahvé en ellos.
247 La Cuestión Social Año 24, n. 3 Por cierto, Dios no aparece solo, sino acompañado de lo que se interpreta como dos ángeles. ¿Quizá se adivina una incipiente alusión al Dios-comu- nidad trinitaria, dinamismo de uni- dad en la diversidad? La acogida nos lleva al encuentro con la divinidad. Dejar caer las barreras ante los otros nos conduce a una experiencia de transcendencia. El descentramien- to de uno mismo nos adentra en el misterio. En la segunda parte de la historia nos aguarda un regalo que revela lo crucial del gesto de acogida: es justamente este acto de hospitali- dad el que posibilitará que el pueblo de Israel tenga futuro, pues Dios no se marcha sin antes prometer un vásta- go a los ya ancianos Sara y Abraham. No es exagerado decir, por tanto, que la hospitalidad constituye al pueblo de creyentes. Y si del “principio” (Génesis) salta- mos al “final” (el juicio del evangelio de Mateo), encontramos el mismo hilo: el valor teológico de la hospita- lidad. Pero aquí de manera contun- dente y como criterio definitivo de salvación: “Fui forastero y me reci- bisteis en vuestra casa […] ¿cuándo te vimos forastero y te recibimos? […] Cuando lo hicisteis con alguno de los más pequeños de éstos mis hermanos, me lo hicisteis a mí”. Por tanto, acoger al necesitado es acoger al mismo Jesús. Y no acoger al necesitado es rechazarlo. Para los y las cristianas, por tanto, el gesto de acogida no supone únicamen- te repetir una praxis característica del Jesús histórico, sino que en este texto apreciamos la identificación de Jesús con el migrante hasta un grado máximo. Desde la fe, la acogi- da hospitalaria del extranjero es un gesto con el mismo Jesús. 2.2.2. Abrirnos al extraño cambia nuestra forma de ver el mundo y de entendernos a nosotros mismos Hay algunos relatos evangélicos que muestran con claridad que quien abre las puertas de su casa y de su corazón al extraño no se queda igual, es transformado. El re- lato del camino de Emaús (Lc 24,13 y ss.) nos ofrece un bello ejemplo de esto. Los discípulos caminan abatidos, avergonzados, en huida, después de la ejecución de Jesús. En su marcha, se les une un nuevo viajero que les inquiere por su des- ánimo. Bien podían haberse calla- do, y seguir el camino en silencio y cabizbajos. Pero optan por abrirse al extraño. Permiten que penetre en sus atribulados corazones. Le cuentan su relato, su versión de los hechos. Se hacen vulnerables ante el desconocido. Y éste les “rompe la cintura” con una reinterpreta- ción de la historia. Les ofrece una lectura diferente sobre lo que ellos mismos han sido y vivido. El desco- nocido les cambia el punto de vista y pone sus corazones a arder. La hospitalidad, pues, nos cambia “el relato”. Claro que el extraño es el Señor, al que invitaron a pasar la noche con ellos, y que reconocen al partir el pan, justo antes de desva- necerse de su vista. Hay otros muchos episodios na- rrados por los evangelios donde el Jesús itinerante recibe hospitalidad
248 La Cuestión Social Año 24, n. 3 de la gente, a la vez que la practi- ca con sus anfitriones: el corazón de éstos sale reconfortado. Jesús lleva a la casa que lo acoge amis- tad, consuelo y salud. Conversa con sus anfitriones sobre el sentido de la vida y de la existencia. Amplía el círculo del “nosotros”, reconocien- do a quienes son considerados co- mo “los otros”. Practica el diálogo intercultural. Es la historia de Za- queo. Son los lazos forjados en ca- sa de Lázaro, Marta y María. Es el reconocimiento de la mujer siriofe- nicia, en la comarca de Tiro, y de la samaritana en el Pozo de Sicar… Estos episodios nos traen el sabor de la horizontalidad y el aroma de la reciprocidad. Nos hablan del di- namismo del dar y el recibir que se produce entre la persona anfitriona y la acogida, desdibujando la clari- dad de sus límites. 2.2.3. Gestos de hospitalidad 31 Como señala José Carlos Bermejo, la acogida y la hospitalidad le entran al huésped por los sentidos. Hay una acogida que tiene que ver con el len- guaje que utilizamos para con quien llega. Hay también una acogida es- pacial, en el lugar. Y, en tercer lugar, hay una acogida en el corazón. 32 Los relatos bíblicos de hospitalidad con- tienen una gran riqueza de detalles, gestos y símbolos que reflejan esa consideración hacia la persona aco- gida. Son gestos de amor, cuidado y ternura que simbolizan la bienveni- da total, desde esa triple perspectiva. 31 Agradezco a Alberto Ares su apoyo pa- ra la confección de esta parte del texto. 32 José Carlos Bermejo, “Hospitalidad para el co- razón”, Revista Humanizar, Marzo/abril 2011. Hay, en primer lugar, un lenguaje no verbal fácilmente comprensible a quien llega: la inclinación en re- verencia. En algunos pasajes de la Biblia, el huésped es recibido con grandes muestras de agradecimien- to y de reverencia: recibir de rodillas, inclinando el cuerpo hasta tocar con la cabeza el suelo, besar los pies o las vestiduras, etc. (Gn 18,2-3; Mt 18,26; Hech 10,25). El beso es otro de los símbolos de la acogida personal. Cuando Jesús fue invitado a casa por un fariseo, entre las conductas que aquel le “afea” a éste, por contraste con las de la pecadora, está el no ha- berle dado un beso (Lc 7,44- 45). En cuanto al espacio, podemos en- tender la invitación a descalzarse co- mo expresión de entrar en tu propia casa, incluso en un terreno sagrado. A ello, además, se le acompaña con el gesto de lavar los pies al invitado, acción que con Jesús adquirirá una profunda resonancia teológica. La unción con aceite al invitado es otra de las costumbres de acogida, y sirve no sólo para suavizar la piel de quien llega, sino también para impregnar la estancia con un olor agradable. Por último, la acogida en el co- razón tiene que ver con la capa- cidad de escucha y de empatía con el huésped. Éste se siente en terreno emocionalmente seguro, no sometido a prejuicios ni jui- cios. Y la acogida en el corazón es recíproca, aporta horizontalidad. Mencionábamos antes todos los episodios en los que el consuelo entra en la casa hospitalaria junto con Jesús, huésped. En el espacio de acogida se genera un clima de
249 La Cuestión Social Año 24, n. 3 gratuidad, un diálogo sincero. La persona acogida trae temas y ai- res nuevos, perspectivas diferentes desde las que mirar la vida. 2.2.4. La hospitalidad y la acogida tienen carácter normativo También está presente en la Bi- blia, y en otras tradiciones de la an- tigüedad, el carácter normativo de la hospitalidad. Así se observa en numerosos preceptos que, esparci- dos a lo largo del Pentateuco, Yahvé dirige al Pueblo de Israel y a sus lí- deres. Una formulación contunden- te la encontramos en el Levítico 19, 34: “El extranjero que resida con vosotros os será como uno nacido entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo, porque extranjeros fuis- teis vosotros en la tierra de Egipto”. En Números 35, 19 Yahvé ordena a Moisés que funde seis ciudades de asilo: “Tanto para los israelitas como para el forastero y para el peregrino que vive en medio de vo- sotros”. Es interesante resaltar có- mo la fuente de dicha normatividad radica en la propia experiencia del pueblo israelita, en su propia con- dición originaria de extranjero en tierra hostil. Esto nos enseña el po- tencial de recordar nuestro pasado, personal y colectivo, como fuente de pautas de comportamiento con quien vive una situación por la que hemos pasado. La acogida como norma nos remite a una incipiente forma de relacionar- se entre los pueblos y de manteni- miento de la paz entre ellos, cuando no existían tratados internacionales. Sonia Adames 33 insiste en que, en el desierto y con medios precarios de transporte, la hospitalidad es una cuestión de vida o muerte. La hos- pitalidad está inscrita a fuego como un valor social y como una norma en los códigos de comportamiento del pueblo. Es difícil no ver el paralelis- mo con la situación actual de las per- sonas refugiadas huyendo de Siria o Eritrea, y ahogándose en el Medi- terráneo. Para ellas y ellos, la hospi- talidad también es cuestión de vida o muerte. Por cierto, la hospitalidad con los refugiados también es, antes que nada, ley internacional, pese a que su cumplimiento esté mediado por la voluntad de los Estados, que se demuestra raquítica. Sin embargo, en este caso la apelación a la historia no hace sino aumentar nuestro senti- miento de vergüenza y escándalo con lo que está pasando. 34 2.3. La hospitalidad se hace vecindad: de “acoger al refugiado” a “hablar con tu vecino” Si la hospitalidad con las perso- nas refugiadas ya es ley, ¿por qué no funciona? Seguramente concurren diversos factores. En este apartado queremos detenernos en revisar el 33 Sonia Adames, “La hospitalidad en el Antiguo Testamento y en el proyecto de Jesús”, presentación en el marco de la Campaña por la Hospitalidad del RJM- LAC: http://www.campaña porlahos- pitalidad.com/documentos/30.pdf 34 Argumentos similares a los que escuchamos estos días respecto a los refugiados sirios ya fueron esgrimidos hace más de setenta años respecto a los refugiados judíos huyendo de la Alemania nazi: http://heindehaas.blogs- pot.com.es/2015/05/how-much-do-we- really-learn-from-history.html
250 La Cuestión Social Año 24, n. 3 sustrato social que precede al acuer- do legal, sin el cual éste puede ser papel mojado. Sin duda, ese humus favorable tiene que fermentar en las relaciones cercanas, las que se pro- ducen en el barrio, en la comunidad, en la convivencia cotidiana. Es decir, allí donde nos sentimos vecinos y vecinas. La hospitalidad, al traspa- sar la puerta de la casa que acoge, se convierte en vecindad. Ésta se amasa a partir de vínculos sociales de confianza y apoyo mutuo, y se fermenta en dinámicas comparti- das de participación y deliberación. ¿Está sucediendo esto en nuestros barrios? Es difícil dar una respues- ta general. Ésta es una esfera en la que se están impulsando numerosas experiencias, 35 en la conciencia de lo crucial de fomentar lazos comunita- rios y de vecindad. Se trata de un tra- bajo auténtico de “micropolítica del contacto y el encuentro”. En un importante estudio de hace unos años —cuando la fisonomía y el paisaje humano de nuestros barrios consolidaba su cambio producto de la inmigración—, las investigadoras Carmen González y Berta Álvarez 36 constataban las dificultades experi- mentadas por vecinos y vecinas de diferentes procedencias para estable- 35 Recomendamos especialmente el tra- bajo coordinado por Josep Buades y Carlos Giménez, Hagamos de nuestro barrio un lugar habitable. Manual de in- tervención comunitaria en Barrios. Cei- Migra/IMEDES, 2013. 36 C. González Enríquez, y B. Álvarez Miran- da, Inmigrantes en el barrio. Un estudio cualitativo de opinión pública. Documen- tos del Observatorio Permanente de la Inmigración 6. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, Madrid, 2006. cer lazos de sociabilidad. Los autóc- tonos añoran los lazos del pasado y las personas migrantes, los que deja- ron atrás. “Ambos indican que el trato con los vecinos se reduce a menudo al saludo” (p. 166). Los inmigrantes —desvela la investigación— sustitu- yen esa falta de sociabilidad con una densificación de los vínculos y redes con los nacionales de su país, lo cual, a su vez, despierta recelos entre las personas autóctonas. A pesar de esta realidad de escasa trama relacional in- tercultural, despunta alguna intuición sobre la importancia de las relaciones cercanas: ambos ponen de manifiesto el contraste entre las opiniones abs- tractas sobre los colectivos (estereoti- padas y negativas) y la opinión que se forman sobre las personas concretas con quienes entablan relación, mucho más positivas o “normales”. 2.3.1. ¿El roce hará el cariño? Parece, por tanto, que el incre- mento de la diversidad en nuestros barrios produciría —o, al menos, coincidiría— con un debilitamien- to de las interacciones sociales y de la trama comunitaria. Al menos, en un primer momento, de rápido cambio en los barrios. En las cien- cias sociales se ha analizado con profusión y en diferentes contex- tos los efectos que el aumento de la diversidad produce sobre el ca- pital social, es decir, sobre la densi- dad de los lazos de confianza. 37 37 Sigo en este apartado a I. Zubero, Con- fianza ciudadana y capital social en sociedades multiculturales. Cuadernos Ikuspegi 1. Observatorio Vasco de la In- migración, 2010.
251 La Cuestión Social Año 24, n. 3 Hay tres miradas o resultados po- sibles. En primer lugar, la ‘hipótesis del contacto’ señala que la diversi- dad acaba por reforzar la solidari- dad social. En la medida en que nos relacionamos más frecuentemente con personas que no son de nues- tro grupo, vamos superando nues- tras dudas e ignorancias iniciales, y surge la confianza. Frente a esta hi- pótesis, se sitúan quienes defienden la ‘teoría del conflicto’, que sugiere que la diversidad fomenta la descon- fianza extragrupal, a la vez que in- crementa los lazos intragrupales. En tercer lugar, están quienes observan el ‘efecto tortuga’: el incremento de la diversidad no es que desencadene la división intra y extragrupo, sino que diluye los lazos comunitarios de todos, generando desafección y aislamiento social. Es decir, todos se retraen a su caparazón, se abandona lo público, e incluso los lazos con el propio grupo sufren de corrosión. Entonces, ¿el roce hace el cariño, nos acerca más a “los nuestros”, ale- jándonos de “los otros”, o nos aísla a todos por igual? Las conclusiones a las que llegan los científicos sociales en nuestro contexto apuntan a que, efectivamente, el roce acaba haciendo el cariño —es decir, verifican la hipó- tesis del contacto— siempre que se den algunas condiciones de contorno. Una de ellas es, sin lugar a dudas, unos mínimos de igualdad socioeconómi- ca. La desigualdad ejerce como disol- vente de los lazos sociales antes y por encima de las diferencias culturales. A veces, tendemos a sobreestimar la importancia de estas últimas, cuando la brecha real que nos aleja es la pro- ducida por las desigualdades estruc- turales. Allí donde existen políticas sociales universalistas, es más difícil que se desdibujen los vínculos socia- les. Y allí donde el neoliberalismo cam- pa a sus anchas con menor resistencia, las virtudes cívicas y el sentimiento de comunidad se desmoronan. Otra de las condiciones que fa- vorece el surgimiento de densidad relacional en espacios de diversi- dad es la existencia de proyectos, objetivos e iniciativas compartidas en el nivel comunitario. La alegría de hacer juntos y juntas, en aras de un objetivo compartido, ejerce de argamasa social. Todas las iniciati- vas participativas, deliberativas, ce- lebrativas, reivindicativas que, con mirada inclusiva, podamos lanzar y animar ayudarán a construir esta vecindad que venimos reclamando. No menos importante es que los espacios urbanos faciliten el en- cuentro del vecindario diverso. Del mismo modo que señalábamos an- tes la existencia de una hospitali- dad espacial (el propio lugar nos da o no la bienvenida), en el ámbito co- munitario debemos preguntarnos si los espacios barriales están cons- truidos para fomentar el encuentro o el aislamiento, y ver qué espacios debemos recuperar para la convi- vencia y cómo lo hacemos. Si nos fijamos bien, en los pun- tos anteriores aparece la conexión que venimos mencionando entre la esfera social y la de las políticas pú- blicas. Si antes señalábamos cómo los valores vividos socialmente ha- cen de condición de posibilidad de determinadas políticas, ahora su-
252 La Cuestión Social Año 24, n. 3 brayamos el otro camino que las co- necta. Las iniciativas comunitarias de encuentro y convivencia —que nacen de la conciencia ciudadana y de la búsqueda de la amistad cívi- ca— exigen ir acompañadas de po- líticas concretas que las enmarquen y potencien. O, cuando menos, ta- les iniciativas necesitan no sufrir de políticas hostiles que ahoguen la se- milla de fraternidad que albergan. 2.3.2. Vecindad y bien decir La vecindad comienza cuando re- conocemos al otro diferente como parte de un nosotros, con capaci- dad para construir algo diferente a lo que tenemos. Ese reconocimien- to es lo contrario al menosprecio, que hace inviable el vínculo social. La hostilidad de las leyes se alimenta —y retroalimenta a su vez— de la hostilidad social. Romper esa espiral demanda, en primer lugar, que esta- blezcamos cortafuegos para la pro- pagación de maledicencias sobre nuestros vecinos y vecinas. En los últimos años, nuestra ex- periencia personal constata lo que también desvelan diferentes estu- dios de opinión: la consideración hacia las personas migrantes se ha endurecido y la atribución a las mis- mas de diferentes comportamientos no ha hecho sino crecer. “Abusan del sistema de prestaciones”, “bajan el nivel de las escuelas”, “con esa cul- tura o religión son imposibles de integrar”, etc. Las imágenes este- reotipadas, los prejuicios y los bulos sobre las personas inmigrantes en- cuentran un amplio eco en muchos sectores de la sociedad. Como señalábamos antes, reco- giendo la experiencia de conviven- cia en barrios, la relación personal concreta ayuda a cuestionar las opi- niones abstractas sobre un colecti- vo. Sin embargo, considero que la propagación e instalación de estas imágenes sobre las personas inmi- grantes contribuyen a ensanchar la distancia que nos mantiene acomo- dados entre los míos. Entorpecen el descubrimiento de nuestra común humanidad y de los valores comu- nes sobre los que edificar una nueva sociedad de hospitalidad e inclusión. Esto en sí mismo ya es suficien- te como para trabajar decidida- mente en detener estos rumores. 38 Hay que desterrarlos para pasar de la coexistencia a la convivencia. Este racismo difuso o de baja in- tensidad, es cierto, no tiene nece- sariamente por qué desembocar en comportamientos discriminatorios concretos. Sin embargo, a veces el estereotipo (ámbito cognitivo), tras- mutado en prejuicio (ámbito emo- cional) llega al terreno conductual. Este deslizamiento por la pendiente del desprecio puede acabar en actos concretos de discriminación cuando se da un contexto propicio para ello: cuando, por ejemplo, quien actúa se siente legitimado para hacerlo, por factores políticos, sociales o históri- cos. Entre estos factores, uno de par- ticular relevancia es el hecho de que las autoridades, u otros prescriptores sociales de opinión, avalen e inclu- so alimenten esos climas de opinión 38 En los últimos años, numerosas ciuda- des europeas están lanzando iniciativas “antirrumores”, impulsadas por munici- pios o gobiernos autonómicos.
253 La Cuestión Social Año 24, n. 3 contra las personas inmigrantes. En tal clima enrarecido y con la convi- vencia crispada, no es difícil que sur- jan episodios concretos de racismo, como agresiones o humillaciones públicas. 39 Algunos autores deno- minan ‘zonas de aquiescencia’ a es- ta zona gris en la que se legitiman y extienden los discursos y las prácti- cas xenófobas. Ejercer la vecindad significa tam- bién poner diques de contención a estas zonas de aquiescencia, empe- zando por nuestra red cercana, fami- liar y comunitaria, donde los bulos encuentran el caldo de cultivo para su reproducción y extensión. Cuando todo invita a callar, ejercer de vecinos es tomarnos la molestia de sembrar la duda con una pregunta, de suscitar la curiosidad de tus interlocutores, de narrar una experiencia positiva de convivencia, de utilizar el humor para cuestionar… siempre desde el respeto y la escucha a las emociones latentes (miedo, angustia, inseguri- dad, etc.) que puedan subyacer. Hay quien ha querido ver en es- te combate contra las zonas de aquiescencia una dictadura de lo políticamente correcto. Algunos di- rigentes se jactan de poner en pala- bras aquello que “la gente piensa y no se atreve a decir”. Ir de díscolos e incorrectos es una pose que puede atraer votos u opiniones favorables, o limpiar imágenes maltrechas por otros asuntos. Ante esto, nos puede ayudar recuperar la idea de Todorov 39 Lo sucedido en Vitoria-Gasteiz bajo el mandato del ya exalcalde J. Maroto se ajusta bastante a esta descripción. sobre lo “políticamente abyecto”. 40 Lo políticamente correcto puede ser un error, pero no convierte en verdad lo supuestamente “inco- rrecto” que, además, puede ser abyecto políticamente. 2.4. De la vecindad a la ciudadanía: la hospitalidad en el demos Cuando suceden episodios como los que señalábamos en el apartado anterior (responsables instituciona- les dando pábulo a maledicencias so- bre un grupo de vecinos y vecinas), se suele apuntar al hecho de que quienes son objeto de las diatribas carecen de poder para defenderse. Y esto apunta al meollo de la cuestión sobre cómo hacer de las personas inmigrantes miembros plenos de la comunidad política, con voz y vo- to, con igualdad plena de derechos, también políticos. Cómo pasar, por tanto, del vínculo personal y social al vínculo político. Del sentimiento de pertenencia al barrio, al sentimiento de pertenencia a la polis. Como apuntábamos al principio, los valores, prácticas y leyes de hos- pitalidad nacen mayormente referi- dos a viajeros, es decir, a personas en tránsito, aunque también hemos vis- to preceptos antiguos sobre el trato al extranjero que se establece perma- nentemente. Hoy, la realidad global de la movilidad humana presenta rostros muy diversos. Hay diferentes tipos de proyectos migratorios: des- plazamientos forzosos y voluntarios, 40 Ver el artículo con este título de Agustín Unzurrunzaga en: http://www.mugak. eu/news/lo-politicamente-abyecto
254 La Cuestión Social Año 24, n. 3 de mayor o menor duración, de cir- cularidad, de reemigración, de perte- nencia simultánea a varios espacios (transnacionalismo). Proyectos que van evolucionando y mutando con las trayectorias vitales de las perso- nas. Aquí nos vamos a referir a aque- llas personas que se establecen con voluntad y proyecto a largo plazo, in- dependientemente de que luego eso pueda variar por las circunstancias que sean. Cuando hablamos de inmigración, suelen distinguirse dos tipos de polí- ticas. Por un lado, aquella que regula los flujos migratorios y las posibi- lidades y condiciones de acceso al país, y por otro, aquella que regula la integración o incorporación de las personas migrantes a la sociedad receptora. Ambas políticas pueden parecer desconectadas o ser inde- pendientes. Incluso, su dependencia orgánica se sitúa en ministerios dife- rentes, y en niveles administrativos distintos. Sin embargo, las dos están más conectadas de lo que puede pa- recer a simple vista. Según cómo se establezcan las condiciones de acceso al territorio, la política de integración se orienta- rá o subrayará aspectos diferentes. En el caso español, la política de re- gulación de flujos ha estado históri- camente ligada a las necesidades del mercado de trabajo, bajo una con- cepción instrumental de la inmigra- ción. La idea de fondo es la de que la persona migrante es una trabajado- ra invitada que, concluida su aporta- ción a las necesidades del mercado español, regresará por donde ha ve- nido —o, si no, se le expulsa—. De ahí que las políticas de integración han tendido a dar primacía a aspec- tos relacionados con la inserción en el mercado laboral y el acceso a otros derechos sociales, que a la inclusión en la comunidad políti- ca. Como señala Javier de Lucas, el “contrato de extranjería” es ajeno al “contrato de ciudadanía”. 41 De ahí que la siguiente “fronte- ra” o esfera de expansión de la hos- pitalidad ha de ser la cuestión del sentimiento de pertenencia a la co- munidad política, a través de la ins- tauración de la capacidad de influir y codecidir en los temas que nos afec- tan a todos. Se trata, en definitiva, de plantear con seriedad la participa- ción política de las personas inmi- grantes. Porque hoy, la ampliación del círculo de la ciudadanía encuen- tra un último reducto que abrazar en las personas inmigrantes, que de hecho son excluidas de la capa- cidad de elegir a los representantes en los lugares donde viven, traba- jan, contribuyen y crean sociedad. Se trata, a nuestro juicio, de una ano- malía democrática de primer orden. Está claro que la participación no se puede reducir al derecho al voto. Hay un amplio margen de trabajo participativo en lo local, de impulso del asociacionismo, de presencia en el ámbito laboral, de compromiso en las escuelas, iglesias, etc. Y también es evidente que la preocupación por 41 J. de Lucas, Sobre los fundamentos de la igualdad y del reconocimiento. Un aná- lisis crítico de las condiciones de las po- líticas europeas de integración ante la inmigración. X Premio a la investigación Francisco Javier de Landáburu Universi- tas 2011. Eurobask, Vitoria, 2012.
255 La Cuestión Social Año 24, n. 3 el acceso al empleo, a los servicios y a las prestaciones sociales son cla- ves porque, evidentemente, existen unas bases materiales mínimas que soportan la condición ciudadana. Sin embargo, la participación po- lítica y electoral suele estar ausente del trabajo por la integración. Cier- to que en nuestro entorno existen limitaciones legales importantes, empezando por el artículo 13.2 de la Constitución Española, que condi- ciona la participación a la existencia de tratados internacionales bajo el principio de reciprocidad. Se trata, sin duda, de un marco legal insufi- ciente que debería modificarse para abrirse a la plena posibilidad de su- fragio activo y pasivo de los extran- jeros residentes. Dicha modificación debería tomar como principio bási- co la desvinculación de la condición ciudadana respecto de la naciona- lidad, para ligarla a la idea de resi- dencia. Mientras tanto, es necesario hacer uso del margen legal existente, por pequeño que sea. De esa mane- ra, se podrá comenzar a revertir la tendencia a la infra-representación política de las personas residentes de origen extranjero, con la consi- guiente dificultad para hacer valer sus intereses y voces —también di- versos— en la esfera pública. Epílogo El proceso de producción de un texto como éste da ocasión para que quien lo escribe se vea sobre- pasado por la actualidad. Afor- tunadamente, también para que cuente con un poco de margen de reacción, abríamos el cuaderno so- brecogidos por el ninguneo a los derechos humanos en la frontera sur española, y lo cerramos indig- nados, estupefactos, casi incrédu- los, ante la dimensión de la crisis de refugiados en las puertas de Eu- ropa, durante el verano de 2015. No es que las líneas precedentes estén sujetas a los vaivenes de cada momento. Somos de la opinión de que esta crisis, gestada en los últi- mos años ante unas autoridades pa- sivo-agresivas y una mayor o menor indiferencia de las opiniones públi- cas europeas, nos ayudan a poner algunos acentos a las reflexiones es- bozadas previamente. Quisiera ofrecer en estas líneas unas reflexiones finales, que en parte sinteticen y en parte dejen abierto el camino para profundi- zar en las cuestiones planteadas. Las fronteras se han convertido en un lugar de dolor y muerte. Las políticas que los Estados ponen en marcha para su protección condu- cen en demasiadas ocasiones a la vulneración de los derechos huma- nos. Por eso, en primer lugar, debe- mos exigir que cualquier medida de regulación de la circulación de las personas sea compatible con los de- rechos humanos y esté sometida al control legal, judicial y político que sea efectivo. Pero, en segundo lugar, no podemos obviar el hecho de que las fronteras hoy en día están sir- viendo para el mantenimiento de un orden global injusto. Desafiar este último implica cuestionarse aquellas. No darlas como un dato inamovible de la realidad —¡nun-
256 La Cuestión Social Año 24, n. 3 ca lo han sido!—, sino atrevernos a colocar un interrogante sobre su legitimidad. ¿Al servicio de la pro- tección de qué se erigen las fron- teras? ¿El qué protegen y el cómo lo hacen tienen alguna conexión? Si no queremos llegar tan lejos, por- que lo consideramos irrealista o po- co práctico, un enfoque utilitarista también daría mucho juego. Junto al endurecimiento de las po- líticas de control de fronteras, nos encontramos con la construcción de la hostilidad hacia el migrante, a través de discursos públicos y de prácticas que estigmatizan y que se retroalimentan. No es necesario abundar en ejemplos, porque en los últimos meses hemos tenido que escuchar un rosario de despropó- sitos por parte de las autoridades, que nos han tenido recorriendo ida y vuelta la senda que va del pro- fundo bochorno a la indignación. Afortunadamente, también hemos asistido a una respuesta social de signo favorable a la acogida y la soli- daridad, que en parte puede contri- buir a que cambien determinadas políticas. En los tiempos venideros vamos a comprobar hasta qué pun- to ha calado el ácido corrosivo de determinados relatos hostiles, y có- mo el antídoto activado facilita una alternativa sostenible. Quizá la crisis de personas refu- giadas actual, además de la intrínse- ca gravedad y necesidad de acción decidida que presenta, nos ayuda a caer en la cuenta que la movilidad de personas, y no sólo por la gue- rra, va a seguir marcando el futuro de la vieja Europa. Y que tenemos la imperiosa urgencia de replantear los valores, principios y políticas que afectan a dicha realidad. En este con- texto, debemos echar mano de todos los recursos morales y axiológicos disponibles, pues el reto es enorme, y el repliegue defensivo de socie- dades y autoridades de los últimos años respecto de las migraciones no ha sido pequeño. Es aquí donde emerge y encuentra su lugar la tradición de la hospitali- dad. Éste es un valor humano y so- cial que aunque últimamente parece yacer olvidado en un rincón oscuro del trastero de las cosas en desuso, no ha dejado de resplandecer —siem- pre sereno, humilde y pequeño— en numerosas prácticas de personas y comunidades que abren sus casas y corazones al extranjero. Algunas, alentadas desde las raíces de la fe y desde la sabiduría de los textos sa- grados de las tradiciones religiosas. Otras, desde la conciencia cívica y lo mejor de la tradición humanista y solidaria. Muchas, desde ambas. Y todas, entrelazadas en la defensa del otro vulnerable. Ese resplandor, en momentos tan dramáticos como los vividos en los últimos tiempos, se torna fulgor cuando numerosas per- sonas, grupos e instituciones optan por no ponerse de perfil y dan un pa- so de responsabilidad y civismo. Rescato ahora algunas pistas que hemos ido apuntado, para actualizar la tradición de la hospitalidad y ayu- dar a que hoy contribuya de manera significativa. En primer lugar, consi- dero necesario conectar con nues- tra condición de seres vulnerables y necesitados de cuidados. Desde
257 La Cuestión Social Año 24, n. 3 luego, como individuos, huyendo de la hybris que nos hace incapaces de darnos cuenta que necesitamos al otro, a los otros, para vivir. También como sociedades y naciones, colec- tivamente. Esto supone, entre otras cosas, mirar a nuestra historia. Si en algún lugar se ha conocido la necesi- dad de salir huyendo del hambre, de la intolerancia religiosa, de la guerra y las represalias, de la falta de opor- tunidad… ha sido en Europa. “Mi pa- dre fue un arameo errante que bajó a Egipto” y “mi madre una campesi- na empobrecida que llegó a la ciu- dad a buscar trabajo” y “mi abuelo un exiliado político”… En segundo lugar, debemos su- brayar el aspecto de la hospitali- dad en cuanto valor o virtud que se expresa en lo público, a través de leyes e instituciones. Las prácticas personales y comunitarias son el sustrato sobre el que se ha de cons- truir política pública. Tenemos que preguntarnos cómo hacer el puen- te entra unas y otras, para romper el hiato que quiere desconectar las iniciativas personales y sociales de las responsabilidades públicas. He- mos señalado más atrás una diná- mica expansiva de la hospitalidad, de la casa, al barrio y a la comuni- dad política, que debemos alentar. Entendida de esta manera, la hospi- talidad disuelve fronteras. Concluyo con una conocida leyenda nativa americana que estos días me venía al recuerdo una y otra vez. Una abuela le explica a su nieto que en el interior de cada persona dos lobos li- bran una permanente lucha. Uno de ellos, es el lobo del egoísmo, la insoli- daridad, el odio, la agresión… la hosti- lidad. El otro representa la compasión, la solidaridad, la alegría, el cuidado… la hospitalidad. “Y, ¿cuál de los dos gana, abuela?”, pregunta el nieto. “Aquel que tú alimentes, mi amor”. CS * Director de la Fundación Social Ig- nacio Ellacuría, y coordinador del Servicio Jesuita a Migrantes de Es- paña (SJM). Entre otros cargos y funciones relacionadas con políti- cas migratorias fue director de In- migración y Diversidad del gobier- no vasco.
258 La Cuestión Social Año 24, n. 3 E l cambio climático es real: las altas temperaturas y la alta in- tensidad de los fenómenos meteo- rológicos son consecuencias de las actividades humanas. Es momento de que México comience a adaptar- se para un futuro incierto. Es muy preocupante saber que nunca, en los últimos 100 años el mes de marzo, había registrado temperaturas tan altas como ahora. La frecuencia y la velocidad con que rompemos récords de temperatura superan cualquiera de los pronós- ticos que se habían realizado. Por si fuera poco, la irreversibilidad de los impactos asociados al aumento de la temperatura está siendo ca- da vez más evidente. Actualmen- te no existe duda alguna de que el cambio climático es real, de que es consecuencia de las actividades hu- manas y de que no hemos sido ca- paces de detenerlo. El cambio climático está directa- mente relacionado con la emisión de gases de efecto invernadero, pro- venientes de las actividades huma- nas. Estos gases se acumulan en la atmósfera creando una barrera que impide que el calor del planeta sal- ga de ella. Si tomamos en cuenta que estos gases tienen una perma- nencia prolongada en la atmósfera, Pensar el cambio climático: México ante las amenazas inminentes Karen Levy Gálvez-Fernando Córdova Tapia* entonces podemos deducir que los efectos del cambio climático perdu- rarán por varios siglos, aun cuan- do las emisiones se reduzcan. Figura 1. Municipios más vulnerables ante el cambio climático.
259 La Cuestión Social Año 24, n. 3 Fuente de información: INECC (2013). Vulnerabilidad al cambio climático en los municipios de México, Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático, México. Ante esta situación crítica, los es- fuerzos globales deben enfocarse no sólo en reducir las emisiones, sino en fortalecer las capacidades para ma- nejar y adaptarse a lo inevitable. El reto en México: mitigar y adaptarnos México, un territorio que goza de una riqueza envidiable de re- cursos naturales, es considerado también uno de los países más vul- nerables frente al cambio climático. Según datos oficiales, el 15% del territorio mexicano, el 68% de la población y el 71% del PIB se en- cuentran altamente expuestos al riesgo de los impactos adversos del cambio climático. Ningún sector de la población es- tá exento. Sin embargo, los impactos serán más severos en los sectores sociales más vulnerables. La recupe- ración ante eventos meteorológicos extremos, como huracanes e inun- daciones, ocurre diferencialmente de acuerdo con la resiliencia y el poder adquisitivo. Por ejemplo: el huracán Wilma (categoría 5) golpeó la zona turística de la península de Yucatán, mientras que Stan (categoría 1) im- pactó las zonas rurales de Chiapas, y aunque el primero registró mayo- res daños en términos monetarios, la recuperación de esa zona fue más rápida. Resulta, así, urgente modifi- car la forma en que se responde a estos eventos, sobre todo conside- rando que 88 de los 125 municipios más pobres del país son propensos al impacto de inundaciones y hura- canes. (Ver figura 1).
260 La Cuestión Social Año 24, n. 3 Frente a este devastador escena- rio, ¿cómo se está preparando Mé- xico para afrontar los efectos del cambio climático? Las acciones en México contra el cambio climático se cristaliza- ron en 2012 con la publicación de la Ley General de Cambio Climático. A partir de su publicación, le han seguido diversos instrumentos de política pública, como la Estrate- gia Nacional de Cambio Climático y el Programa Especial de Cambio Climático (que incluye compro- misos de las catorce secretarías de Estado), y ahora se trabaja en la ela- boración de programas y leyes esta- tales al respecto. Para fortalecer la transversalidad de las políticas, a fi- nales de 2015 se creó el Sistema Na- cional de Cambio Climático, el cual agrupa a la Comisión Intersecre- tarial de Cambio Climático (CICC), al Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), al Con- sejo de Cambio Climático, a las en- tidades federativas, a asociaciones de autoridades municipales y al Congreso de la Unión, además de que cuenta con una coordinación de evaluación. Además, para 2030, México se ha comprometido —muy ambicio- samente— a lograr una tasa de de- forestación cero y a reducir entre 25% y 40% las emisiones de ga- ses de efecto invernadero en todo el territorio. Parece ser, entonces, que México cuenta con una gama suficiente de organismos, políticas, acciones y compromisos para ga- rantizar la seguridad frente al cam- bio climático. Sin embargo, el éxito de estas políticas depende del nivel de prioridad que se les conceda en la agenda del país, de cuántos re- cursos económicos se destinen día con día y, sobre todo, de qué y cuán- tas acciones concretas se imple- menten para hacerle frente y a qué velocidad. La tendencia en las dis- cusiones internacionales apunta a que se requiere un cambio drástico en la tendencia de desarrollo. Para México, esto significaría reinventar el país, y ahí está el problema. ¿Está México dispuesto a transformarse? Antes de intentar responder es- ta pregunta, es necesario entender que existen dos frentes que deben ser atacados: por un lado está la mi- tigación, es decir, la reducción de la emisión de gases para desace- lerar el cambio climático; y por el otro, la adaptación, que consiste en ajustarse al inminente cambio y a las consecuencias que éste supon- drá con el fin de reducir nuestra vul- nerabilidad, obligación por demás compleja. En primera instancia, se podría creer que la vulnerabilidad se limita sólo a la relación entre las poblaciones, a la infraestructura que está a su alcance y a los efectos cli- máticos adversos. Pero la vulnerabi- lidad depende estrechamente de la relación que existe entre los recur- sos naturales, el territorio, la des- igualdad social, el conocimiento del entorno y el poder. Además, hay un factor funda- mental que aumenta la compleji- dad del problema: lo difícil que es percibirlo. El cambio climático es una amenaza invisible, lo suficien- temente lenta como para que pase
261 La Cuestión Social Año 24, n. 3 inadvertida, y sólo podemos deducir su existencia a partir de números y estadísticas. Estas características lo convierten en el enemigo perfecto. Si no podemos entenderlo, es poco probable que tengamos la voluntad de adoptar medidas suficientemen- te estrictas para enfrentarlo. Por lo tanto, el proceso que de- beremos vivir para adaptarnos no será un proceso amigable, y mu- chas de las medidas para lograr esa adaptación generarán serios conflictos debido a la confronta- ción de diversos intereses. Por si fuera poco, lograr la adaptación a nivel nacional es un reto casi im- posible, pues se debe atender a es- cala local. En este sentido, sólo se logrará una adaptación si se con- centran los esfuerzos en proteger a las comunidades locales, a los ecosistemas y a los recursos natu- rales. Para garantizarla, la función del Estado deberá ser la de im- plementar políticas públicas en- focadas en fortalecer la toma de decisiones a nivel local, asegurar verdaderas prácticas de diálogo y promover la gestión pública del desarrollo territorial. Pues resulta que en México es- tamos haciendo exactamente lo opuesto: numerosas comunidades locales están siendo despojadas de sus recursos naturales; están suje- tas a una continua violación a sus derechos; cada vez se autorizan más megaproyectos con gravísi- mos impactos ambientales asocia- dos; existe un continuo desgaste del tejido social y, por supuesto, se excluye sistemáticamente a la po- blación en la toma de decisiones. Esta absurda dinámica está siendo alimentada por la acostumbrada e irreflexiva visión de que el patri- monio natural representa el obstá- culo a vencer para lograr imponer un concepto —equivocado— de desarrollo. (Ver figura 2, pág 262.). La mayor parte de los conflictos so- cioambientales se ubica en las regio- nes más marginadas del país, tanto en algunas ciudades como en el cam- po. En estas regiones, las comunida- des urbanas, indígenas y campesinas son los principales actores involu- crados, y en el 79% de los conflictos originados por tierra, territorio y recursos naturales el actor confron- tado son las secretarías (Sagarpa y Semarnat) y los tres niveles de go- bierno; además, en el 48% de esos conflictos se genera una respuesta impositiva por parte del Estado. Para comenzar a revertir esta di- námica se requiere de un cambio en el proceso de toma de decisiones que ocurra de abajo hacia arriba. Es decir, las verdaderas políticas públi- cas para enfrentar el cambio climáti- co deberán surgir de las necesidades y preocupaciones de los ciudadanos. En este sentido, la planificación lo- cal del territorio es una herramienta que puede ser utilizada para incidir desde abajo para determinar cómo deben ser manejados los recursos clave para el futuro. Esto requiere de democratizar la planificación, y en un país con un tejido social tan desgarrado como México esto re- presentará uno de los más grandes desafíos como nación.
262 La Cuestión Social Año 24, n. 3 México y el Acuerdo de París Por otro lado, cada vez son más las naciones preocupadas por en- frentar el inminente cambio climá- tico. Así, a finales de 2015 se redactó el Acuerdo de París al finalizar la vi- gésimo primera Conferencia de las Partes (COP21). Cuando el ministro de asuntos exteriores de Francia, Laurent Fabius, presentó el texto final del Acuerdo, declaró: “es real- mente un punto de quiebre para todos nosotros. A partir de ahora te- nemos verdaderas bases ecológicas para salvar nuestro planeta con es- te acuerdo que era necesario para el mundo entero”. Este acuerdo establece que la adaptación debe tener como fin proteger a las personas, los me- dios de vida y los ecosistemas, ni más ni menos. Asimismo, estable- ce una meta global que consiste en “aumentar la capacidad de adapta- ción, fortalecer la resiliencia y re- ducir la vulnerabilidad al cambio climático con miras a contribuir al desarrollo sostenible”. Para poder lograr esta meta, se reconoce “la importancia de garantizar la inte- gridad de todos los ecosistemas, incluidos los océanos, y la protec- ción de la biodiversidad, recono- cida por algunas culturas como la Madre Tierra”. El pasado 22 de abril, México se sumó a la lista de países firmantes. Sin duda, la firma de este acuerdo marca un precedente, y todas las políticas públicas de México relacionadas con el cambio climático tendrían que ser forzosamente actualizadas con base en los lineamientos del Acuerdo, ya que, a diferencia de esfuerzos globales anteriores, el Acuerdo de París es legalmente vinculante. Para México, la firma significa es- tablecer un compromiso real con los bienes comunes, poniendo especial énfasis en proteger a las comuni-
263 La Cuestión Social Año 24, n. 3 dades locales y sus ecosistemas. Es momento de que México comience a adaptarse para un futuro incierto. En el momento en el que el Acuerdo entre en vigor, las políticas extracti- vas que se ejecutan en el territorio mexicano estarán siendo indiscuti- blemente incongruentes con nues- tros compromisos. Nuestros conflictos socioambienta- les surgen cuando distintas comuni- dades alzan la voz ante el despojo de la tierra y para conservar la biodiver- sidad, proteger los ecosistemas, frenar la contaminación, impedir la devasta- dora actividad minera, exigir igualdad y defender el agua. En el Acuerdo de París queda muy claro que los países deben garantizar lo que nuestras co- Figura 2. Municipios en los que existen conflictos socioambientales.
264 La Cuestión Social Año 24, n. 3 munidades mexicanas ya están de- fendiendo. Siendo así, el gobierno mexicano ha firmado un acuerdo con el que automáticamente admi- te, reconoce y respalda las luchas por el agua, el territorio, el trabajo, los recursos y la vida. Son las comunidades que viven conectadas con la naturaleza las que siempre han salido a defender- la. Son de ellas de quien debemos aprender a adaptarnos, y a ellas de- bemos agradecerles haber resistido tanto frente a un modelo equivoca- do de desarrollo. No cabe duda de que en México las comunidades son las que están dando ya la verdadera lucha contra el cambio climático. CS Publicado en: www.horizontal.mx * Bióloga de la UNAM, especialista en biología de la conservación. Actual- mente colabora en el Grupo de Aná- lisis de Manifestaciones de Impacto Ambiental de la Unión de Científi- cos Comprometidos con la Sociedad (GAMIA-UCCS). ** Coordinador académico del Labora- torio de Restauración Ecológica de la UNAM y del Grupo de Análisis de Ma- nifestaciones de Impacto Ambiental de la Unión de Científicos Comprome- tidos con la Sociedad (GAMIA-UCCS).
265 La Cuestión Social Año 24, n. 3 En el discurso sobre la comunidad (Mt 18), el evangelio según Mateo re- coge una invitación de Jesús a sus discípulos para que cambien y se ha- gan “como niños” (Mt 18,3; cf. Mc 10,15, Lc 18,17). Surge así una imagen fecunda que ilustra el tipo de vida propio de los discípulos/as de Jesús. Se trata ahora de explorar esa imagen o figura simbólica del discipulado. Al comprenderla en su contexto social y en el texto de los relatos evan- gélicos, esa imagen puede ayudar a iluminar la vida de los cristianos que viven en sistemas sociales violentos y excluyentes. “Ser como niños” y sus implicaciones en el cristianismo Armando Noguez A., crs* 1. Los niños en las familias patriarcales del Imperio Romano E n el mundo del Imperio Ro- mano del siglo I d.C. la familia era la base del Estado y se formaba por tres relaciones: esposo-esposa, padre-hijos, amo-esclavos, y por un cuarto elemento que era el pa- trimonio económico. Era una fami- lia patriarcal en la que el padre o el patriarca en su calidad de esposo dominaba a la esposa, como padre dominaba a los hijos y como amo dominaba a los esclavos. Esta domi- nación la podía ejercer el patriarca porque era el dueño y el proveedor de los bienes económicos, que re- cibían el nombre de ‘patrimonio’. Como el imperio era jerárquico, desigual y aristocrático le interesa- ba que las familias fueran también jerárquicas, desiguales y de domi- nación. Así, el imperio se podía le- gitimar, reproducirse y conservarse. En una familia patriarcal es obvio que los niños o hijos vivían en una condición que los antropólogos ca- racterizan con tres rasgos: depen- dencia, marginalidad y transición. Dependencia. La condición del niño en el mundo del imperio estaba asociada con experien- cias de sometimiento, debilidad y riesgo. Los niños eran pose- sión de sus padres y estaban subordinados a ellos; de ellos dependen para su sustento y, por ser frágiles y vulnerables, necesitaban de sus cuidados. El alto índice de mortalidad infan-
266 La Cuestión Social Año 24, n. 3 til era una signo innegable de que los niños eran físicamente débiles, que no podían valerse por sí mismos. Marginalidad. En aquella so- ciedad, los niños también eran marginales e insignificantes. Los niños no contaban, de- bían estar bajo la tutela de sus padres y obedecerles en todas las circunstancias. Estaban al margen de toda decisión. Como se les consideraba fal- tos de juicio, podían ser una amenaza para el orden cívico; entonces había que enseñar- les qué lugar les correspondía ocupar en la estructura fami- liar y social. Transición. El valor de un ni- ño no dependía de lo que era, sino de aquello en lo que se iba a convertir. Los niños eran inmaduros por definición. Se esperaba que cuando ellos crecieran iban a madurar, iban a ser ciudadanos leales al Es- tado y los protectores de sus padres ancianos, para cuidar- los y servirlos. En su niñez no importaban, pero convertidos en adultos iban a garantizar el futuro del Estado y de la raza. 2. “Hacerse como niños”, una imagen de los discípulos de Jesús Con el trasfondo de la situación de los niños en las familias del im- perio, Jesús manda a sus discípulos “hacerse como niños” (Mt 18,3) y se los exige para participar en el Reino de Dios. Luego, presuponiendo que sus discípulos ya son misioneros del Reino, se refiere a ellos como “esos pequeños que creen en mí” (Mt 18,6). En seguida da indicaciones so- bre el trato que habrá de brindarles la comunidad y promete recompen- sar a quienes los reciban. 2.1. “Hacerse como niños”: una figura que simboliza a los discípulos Cuando sus discípulos andan bus- cando jerarquías y grandezas en sintonía con los valores del imperio (Mt 18,1), Jesús los amonesta y les advierte que “a menos que cambien y se hagan como niños, nunca entra- rán en el reino de los cielos” (Mt 18,3; cf. 19,14). Les propone la condición de los niños, pero como imagen que simboliza la vida de los discípulos se- gún la escala de valores del Reino de Dios y no del imperio. A partir de lo que implica ser niños en el contexto histórico de los evangelios, se derivan algunos rasgos del discipulado: Para hacerse como niño, el dis- cípulo habrá de ponerse en situa- ción de transición, vivir un proceso permanente para convertirse en verdadero seguidor de Jesús. Ten- drá que irse construyendo como tal, haciendo suyos los valores del Reino. En esta permanente transi- ción sólo llegará a la meta cuando venga Jesús en su parusía. Para hacerse como niño, el discí- pulo también procurará vivir en una condición de dependencia, pero ya no de un patriarca o de instituciones imperiales. Se hará dependiente só-
267 La Cuestión Social Año 24, n. 3 lo de su Padre celestial. Se esforzará en vivir como hijo, obedeciendo la voluntad de su Padre del cielo, y só- lo ganará el estatuto de adulto inde- pendiente hasta la parusía. Para hacerse como niño, el dis- cípulo optará por una existencia marginal, vivida en el límite de los patrones sociales jerárquicos pro- pios del imperio. No buscará ser tenido en cuenta ni aspirará a par- ticipar en en los centros de poder de los patricios. Rehusará a la seguri- dad y al estatus asociados a la élite. Para hacerse como niño, en la co- munidad de los discípulos de Jesús se promoverá una existencia igualitaria, tal como suele darse en la convivencia de los niños. En la comunidad habrá de vivirse la convicción de que todos son niños; no se permitirá que haya lugar para patriarcas, superiores o do- minadores; sólo se reconocerá a Dios como Padre y frente a él todos son hermanos y todos son iguales. El compromiso de hacerse “co- mo niños” y, en consecuencia, ser verdaderos discípulos en el Reino de Dios, implica construir una for- ma de vida alternativa y contraria a los valores del Imperio Romano desigual y dominador. 2.2. El trato que habrán de recibir “los pequeños” En el discurso sobre la vida en la co- munidad (Mt 18,1-35), Jesús también instruye sobre el trato que habrán de recibir los niños, a quienes luego lla- ma “estos pequeños que creen en mí” (Mt 18,6). El término ‘pequeños’ ex- presa de otra manera la fragilidad, la vulnerabilidad propia de los niños y de los discípulos de Jesús frente a los grandes del sistema imperial. Se da a entender que los pequeños no hacen parte de la élite, porque son leales a Jesús y creen en él. En la primera mitad del discurso sobre la comunidad (Mt 18,1-14), que culmina con la parábola de la oveja perdida (Mt 18,12-14), Jesús alecciona sobre la forma de tratar a los pequeños y sobre los cuidados que la comunidad habrá de brin- darles. Se proponen cuatro tipos de atención: recibir/acoger a los ni- ños, no hacer tropezar a los peque- ños, no menospreciarlos y buscar a los extraviados. A los niños se les recibe/aco- ge. Jesús dice: “el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe” (Mt 18,5; Mc 10,35; Lc 18,43). La vida frágil de un niño requie- re cuidados; hay que acogerlo y brindárselos. La expresión “en mi nombre” está conecta- da con la actividad misionera. Prueba de ello es que Mateo la repite en el discurso misio- nero (Mt 10,40), tal como su- cede en los otros sinópticos (Mc 10,37; Lc 10,16; 18,48). Recibir a un discípulo misione- ro significa darle hospitalidad, escuchar su palabra y aceptar su mensaje. Con ello se enseña también que un recibimiento favorable a los discípulos mi- sioneros expresa un recibi- miento positivo a Jesús.
268 La Cuestión Social Año 24, n. 3 A los pequeños no se les ha- ce tropezar. Jesús dice: “el que haga tropezar a uno de estos pequeños que creen en mí, más le convendría que le col- garan al cuello una piedra de molino” (Mt 18,6.14). El tér- mino ‘pequeños’ significa que los discípulos, sean misione- ros o hermanos de la comuni- dad, son débiles y son pocos. Hacerlos tropezar consiste en hacerlos pecar, desviarlos, des- truir su fe, impedir su vida mi- sionera o ser ocasión para que la abandonen. Hacer eso a los discípulos es una ofensa seria que merece la desaprobación y el juicio de Dios; por ello aca- rrea un terrible castigo. A los pequeños no se les me- nosprecia. Jesús dice: “guár- dense de menospreciar a uno de estos pequeños” (Mt 18,10). Los discípulos, sean misioneros o hermanos de la comunidad, por ser insignifi- cantes y marginales, pueden ser desatendidos, descui- dados en sus necesidades o no reconocidos en su propio valor. Se advierte a todos los demás, sean o no de la co- munidad, que esos pequeños tienen mensajeros ante Dios que procuran su cuidado. Al extraviado se le busca hasta encontrarlo. La parábola de la oveja perdida cierra la prime- ra mitad del discurso comuni- tario (Mt 18,12-14) y enseña que un discípulo, hermano o misionero, puede perderse; pero como cada uno es valio- so para Dios, él lo busca y lo hace regresar, porque no es voluntad suya que se pierda. Esa habrá de ser la tarea pro- pia de una comunidad cris- tiana con los hermanos que se pierden. Los extraviados habrán de recibir de la co- munidad cristiana una solici- tud semejante a la del Padre del cielo. Con estas recomendaciones y advertencias se recalca que en la comunidad cristiana todos sus miembros, aunque sean frágiles y parezcan insignificantes, son valio- sos para Dios. En una comunidad minoritaria, marginal y vulnera- ble, los discípulos habrán de sos- tenerse y ayudarse unos a otros en el camino del seguimiento, que es radical y exigente. 2.3. La recompensa prometida a los que asistan a los pequeños Al final del discurso sobre la mi- sión (Mt 10,1-42), Jesús promete que “cualquiera que dé de beber un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, solamente por ser discí- pulos, se lo aseguro que no perde- rá su recompensa” (Mt 10,42; cf. Mc 9,41). Por una parte, se asegura que la apertura a los pequeños y las atenciones que se brinden a los dis- cípulos misioneros es equiparada a recibir a su maestro y al mismo Dios que los envió (Mt 10,40). Por otra parte, Jesús promete recompensas comparables a las que, según el tes- timonio de la Escritura, se dieron a
269 La Cuestión Social Año 24, n. 3 los que atendieron a los profetas y a los justos (Mt 10,41). En la parábola del juicio final (Mt 25,31-46) se enumeran otras cate- gorías de los “más pequeños” a los que se refería Jesús, y se puntua- liza el tipo de recompensa que se dará a quienes los atiendan. Los “más pequeños”, con los que Jesús se identifica y a quienes llama “mis hermanos”, es el calificativo que se da a seis categorías de per- sonas: los hambrientos, sedientos, extranjeros, desnudos, enfermos y encarcelados (cf. Mt 25,35-36.42- 43). A ellos hoy se les llamaría po- bres, necesitados, marginados, sufrientes, víctimas. Y requieren ayuda para satisfacer sus necesi- dades, consuelo, alivio de sus su- frimientos y dolencias, tal como lo hizo Jesús con ellos durante su mi- nisterio (cf. Mt 4,23-24; 9,35). Según que se haya asistido o no a los “más pequeños”, la parábola del juicio final asegura una recom- pensa diferenciada: “vengan, ben- ditos de mi Padre; hereden el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo” (Mt 25,34) y “¡apártense de mí, malditos! ¡Al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles!” (Mt 25,41). La recompensa es definitiva: “e irán éstos al castigo eterno y los justos a la vida eterna” (Mt 25,46). El trato dado a los pequeños es el criterio que decide el destino esca- tológico de la humanidad. 3. Los niños y los pequeños en otros contextos de la vida eclesial La tradición evangélica sobre los niños y los pequeños, aunque en claves culturales diferentes, apare- ce en otros momentos de la historia de la Iglesia. 3.1 El acontecimiento guadalupano “El más pequeño de mis hijos”. En el relato del Nican Mopohua, la Guadalupana se dirige a Juan Diego llamándolo “el más pequeño (xoco- youh) de mis hijos”, pues reconoce que a raíz de la conquista españo- la, el indio que era digno de respeto, ha sido oprimido, despreciado, re- ducido, disminuido. Y precisamen- te por esta condición de ser el “más pequeño”, es a él a quien le revela sus propósitos y lo envía al obispo para solicitar su colaboración. Ella no acepta su renuncia cuando Juan Diego fracasa en su primera misión, se autodenigra y propone “a uno de los principales, conocido, respetado y estimado” para que lleve su men- saje. Sucede lo contrario, ella lo con- firma en el encargo y lo nombra “mi embajador, muy digno de confianza”. “Niña mía, la más pequeña de mis hijas”. Al entrar en la historia de un pueblo conquistado, la Guadalupa- na se expone, a su vez, a convertirse en insignificante, a no ser reconoci- da. Desde que Juan Diego comen- zó a constatar que se rechazaba el mensaje de la Virgen, comenzó a llamarla “Señora, la más pequeña (xocoyohue) de mis hijas, niña mía”
270 La Cuestión Social Año 24, n. 3 y así sigue nombrándola en el rela- to mientras no se cumple su propó- sito. Juan Diego reconoce y afirma su dignidad de Señora, pero a la vez le hace saber que ella está siendo empobrecida y despreciada, em- pequeñecida igual que el indio. En la parte final del relato, sólo hasta después de entregar la señal y en diálogo con el obispo, Juan Diego la nombrará “mi ama, la señora del cielo, santa María, preciosa madre de Dios”. Es oportuno recordar que el pro- yecto de María de Guadalupe se pro- pone “mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa… oír sus lamentos y remediar todas sus miserias, penas y dolores”. Su eje- cución supone un proceso que re- creará a Juan Diego como sujeto: “es preciso que tú mismo solicites y ayudes y que con tu mediación se cumpla mi voluntad”. El pro- yecto comienza a realizarse cuan- do el tío Juan Bernardino, a quien “le ha dado la peste y está para mo- rir”, “ya sanó” y “estaba contento y nada le dolía”. 3.2 El viaje apostólico del Papa Francisco a México La agenda de la visita del Papa Francisco a México en febrero de 2016 incluyó encuentros signifi- cativos: muchedumbres de gente sencilla en las calles de las ciudades visitadas, vecinos de las colonias proletarias de Ecatepec en los már- genes de la gran metrópoli, niños en- fermos de un hospital en la Ciudad de México, comunidades de pueblos originarios que han sido despojados y menospreciados en Chiapas, en- fermos presentes en la Catedral de la Paz de San Cristóbal de Las Ca- sas, jóvenes de tierras michoacanas azotadas por episodios de violencia persistente, migrantes y presos de una cárcel en la ciudad fronteriza de Juárez donde los crímenes contra las mujeres parecen no tener final. Esos encuentros no han sido ca- suales, la selección resultó de un discernimiento pastoral y estraté- gico para que la visita pastoral del Obispo de Roma sintonizara con el programa mesiánico que Jesús pre- sentó en la sinagoga de Nazaret (cf. Lc 4,18-19) y que luego desarrolló durante su ministerio (cf. Mt 11,4- 6). El objetivo era acercarse, aten- der, hacer algo a favor de aquellos a quienes Jesús llama “mis herma- nos más pequeños” en la parábola del juicio final (Mt 25,40.45). Ha sido un programa que también re- fleja una coherencia profunda con el evento del Tepeyac y que apunta al mismo tiempo a las obras de mi- sericordia que habrán de caracte- rizar la Cuaresma de un año santo. 4. Implicaciones para la evangelización Entre las implicaciones que el mandato de Jesús de “hacerse como niños” puede tener para la vida cris- tiana y para el anuncio del Evangelio, se mencionan las siguientes: Los niños de una familia patriar- cal suelen criarse en un ambiente que reafirma su condición depen- diente, marginal e inmadura. Esto reforzaba las estructuras imperia-
271 La Cuestión Social Año 24, n. 3 les de Roma y de las sociedades desiguales e injustas del presente. Se trata de una forma de vida in- compatible con el Reino de Dios y un cristiano habrá de rechazarla. Subvertir las estructuras opre- soras es algo que los discípulos de Jesús no podrán hacer desde las alturas jerárquicas de un orden injusto, sino que habrán de “ha- cerse como niños”. Esto significa entrar en un proceso de conver- sión o transición para asumir los valores del Reino de Dios, depen- der y hacer sólo la voluntad del Padre del cielo, llevar una vida al margen de los centros del poder, reconocerse y tratarse como her- manos en condición igualitaria. Los niños de la comunidad cris- tiana, y los discípulos misioneros equiparables a ellos, requieren cui- dados. Por ser marginales y vulne- rables, habrán de ser recibidos y atendidos en sus necesidades; habrá que guardarse de hacerlos tropezar en su vida o en su misión; se evita- rá menospreciarlos y descuidarlos tratándolos como insignificantes; y si llegaran a extraviarse habrá que buscarlos hasta encontrarlos. En el juicio que Dios hace de la his- toria se prevé una sentencia de casti- go escatológico para quien no asiste a los hermanos de Jesús “más pe- queños” y necesitados. Pero a quie- nes los hayan asistido, aun sin saber que era al mismo Jesús a quien lo hacían, se ofrece como recompensa la bendición de recibir en herencia el Reino de vida definitiva. El evento guadalupano escoge y confirma al “indio pobre llamado Juan Diego” como sujeto evangeliza- dor. Que el pobre —“el más pequeño de mis hijos”— evangelice, que sea agente de conversión y mensajero de la Señora del cielo, parece ser un postulado fundamental de la tradi- ción guadalupana. María de Guadalupe responde al llamado de Jesús y se hace “niña”, “la más pequeña” para evangelizar a un pueblo sufriente a los “diez años después de tomada la Ciudad de Mé- xico, cuando se suspendió la gue- rra”. Sólo quien se hace pequeño puede dar la señal que haga creíble el mensaje del cielo. Cuando el Obispo de Roma pere- grinó a México como misionero de misericordia y paz en el año santo de 2016, en sus diversos recorridos escogió visitar a niños enfermos, dis- capacitados, encarcelados, migran- tes, marginados urbanos, indígenas, víctimas de la violencia, etc. Atender a los niños y a los pequeños ha sido el criterio evangélico para que ese viaje, y el de cualquier otro misione- ro, fuera apostólico y compatible con la fe guadalupana del pueblo que vi- sitaba y, sobre todo, con el ministerio dado a Pedro de confirmar a sus her- manos en la fe (Lc 22,32) y de dar razones de la esperanza que hay en él (1Pe 3,15). CS * Licenciado en Ciencias Bíblicas por el Pontificio Instituto Bíblico de Roma. Profesor del Instituto de Formación Teológica Intercongregacional de Mé- xico (IFTIM) y de la Universidad Ibe- roamericana.
272 La Cuestión Social Año 24, n. 3 Iglesia servidora de los pobres en las periferias del mundo obrero Juan Francisco Garrido Jiménez* E n plena primavera, los obis- pos españoles han aprobaado la instrucción pastoral Iglesia, ser- vidora de los pobres. 1 En un perio- do donde los militantes de la HOAC nos encontramos en medio de la preparación de nuestra XIII Asam- blea General. Un tiempo de conver- sión, de oración y de reflexión. Una asamblea en la que, bajo el lema “Construyendo Iglesia en las periferias del mundo obrero”, 2 que- remos responder a la pregunta: ¿cómo evangelizar, al servicio de la Iglesia, la realidad actual del mundo obrero empobrecido? Y pretende- mos hacerlo, desde nuestro ser tra- bajadores cristianos que queremos vivir comprometidos con el mundo del trabajo, a la escucha de la Pala- bra siempre novedosa de Dios y en comunión con toda la Iglesia. Por esta razón, la instrucción pas- toral, como la exhortación apostóli- ca Evangelli Gaudium de la que ésta bebe, viene como agua de mayo que 1 Textocompletoen:www.hoac.es/?p=16595 2 Noticias Obreras. Noviembre 2014. Núm. 1,565. Tema del mes. refresca y fecunda nuestra reflexión y nuestros diálogos, así como nues- tra vida de comunión con el mundo obrero. En el presente artículo va- mos a proponer algunas reflexiones a la luz de dicha instrucción y de la vida y misión de la HOAC y, en con- creto, de su XIII Asamblea General. 1. Los empobrecidos, el tesoro de la Iglesia. Los pobres en el corazón de la vida y misión de toda la comunidad cristiana “La Iglesia ha sido desde su naci- miento una comunidad que ha vi- vido el amor. En ella se ha amado y servido a todos, especialmente a los más pobres, a quienes los San- tos Padres consideraban el ‘tesoro de la Iglesia’” (30). 3 La instrucción pastoral es una respuesta al “grave sufrimiento que aflige a muchos en nuestro pueblo motivado por la po- breza y la exclusión social...” (1). Los empobrecidos, por tanto, no son una obsesión o la tarea específica 3 La numeración entre paréntesis corres- ponde a la instrucción pastoral Iglesia, servidora de los pobres. Conferencia Episcopal Española (CEE), 2015.
273 La Cuestión Social Año 24, n. 3 de unos movimientos o sectores concretos de la Iglesia, son el cora- zón de la vida y misión de toda la comunidad cristiana. “No podemos olvidar que la Iglesia existe, como Jesús, para evangelizar a los pobres y levantar a los oprimidos...” (42). Toda la vida de la Iglesia y toda su misión evangelizadora cobra un sentido nuevo y profundo desde lo pobres. Pobres, que como nos de- cían también los obispos españoles, aún sin poderse identificar todo el mundo obrero con ellos, “… son una parte muy importante del mundo obrero y tienen una estrecha rela- ción con él”. 4 En ese mismo docu- mento, en otro apartado se vuelve a insistir: “… es justo reconocer que una parte muy amplia del mundo de los pobres, destinatarios prefe- rentes de la evangelización, perte- nece al mundo del trabajo, ya que existe una conexión objetiva muy estrecha entre la situación laboral y el mundo de la pobreza, la emi- gración, la marginación”. Por este motivo, la instrucción pas- toral supone un impulso de aliento a todos los movimientos, comunida- des, organizaciones eclesiales... que tienen a los empobrecidos en el cen- tro de su vida, de su discernimiento y de su misión. Pero es más, es al mis- mo tiempo un respaldo a movimien- tos y comunidades cuya razón de ser y misión es la evangelización del mundo obrero y del trabajo; ya que, como hemos comentado, los desti- natarios preferentes de la evangeli- 4 La Pastoral Obrera de toda la Iglesia. CEE. 1994. zación, los pobres, pertenecen a este mundo y su situación es consecuen- cia de la manera en cómo se concibe y se organiza el trabajo humano. La instrucción se nos ha presen- tado también a la HOAC en nues- tro proceso asambleario como una confirmación de cómo los objetivos de nuestra asamblea, las reflexio- nes, propuestas e insistencias que estamos debatiendo y compartien- do, están en plena comunión con el ministerio pastoral. Toda nues- tra asamblea nace como una con- creción, desde nuestra realidad y destinatarios, del proyecto evange- lizador que supone para la Iglesia universal la exhortación apostó- lica Evangelli Gaudium, donde se desgrana la dimensión social de la evangelización y donde los pobres, verdadero rostro de Cristo, son la medida de la Iglesia. En ese sentido, la instrucción pastoral Iglesia, servi- dora de los pobres nos interpela a la HOAC y nos ayuda a vivir la comu- nión con nuestros obispos y con el conjunto de la comunidad eclesial. Además, nos aporta una clave im- portante: responder a la pregunta de cómo evangelizar al mundo obre- ro y del trabajo más empobrecido, como pretende nuestra asamblea, sólo es posible en comunión con to- da la Iglesia. Que se concreta en escu- char el clamor de los empobrecidos y preguntar a la comunidad eclesial có- mo podemos ponernos a su servicio para que toda ella sirva a los pobres del mundo obrero. Significa interpe- lar a la comunidad y, al mismo tiem- po, dejarnos iluminar por ella para convertirnos y desarrollar la misión
274 La Cuestión Social Año 24, n. 3 evangelizadora a la que dicha comu- nidad nos llama haciéndola partí- cipe de esa tarea. Desde ahí cobra sentido nuestra reflexión y nuestra misión. La instrucción pastoral es una fenomenal herramienta para hacer este ejercicio de discernimien- to y comunión. 2. La metodología de la instrucción pastoral: ver, juzgar y actuar Ésta desarrolla una metodología que es expresión de la espirituali- dad cristiana enraizada en la rea- lidad sufriente de los pobres. Una espiritualidad que nos lleva a mi- rar dicha realidad desde los ojos de Dios, a enjuiciarla desde su Pa- labra leída en este momento his- tórico y a comprometernos para transformarla y sembrarla de las semillas del Reino. A ello responde la estructura del documento. Esta metodología que propone la instrucción pastoral es la manera de estar en el mundo desde el Es- píritu de Jesucristo. Y la metodo- logía que la HOAC y toda la Acción Católica va forjando en sus militan- tes a través de la revisión de vida y del método de encuesta. Ser mi- litantes que intentamos mirar la realidad desde Dios, desarrollando en nosotros la sensibilidad de Je- sucristo. Ser fieles desde la fe a esa realidad nos hace preguntarnos por la suerte que corre en ella la persona y, en concreto, la más dé- bil. Supone también llevar esa vida al Evangelio, leer la realidad desde la Palabra de Dios y desde la Doc- trina Social de la Iglesia (DSI) para dejarnos transformar por ella, pa- ra forjar en nosotros los valores, la mentalidad y el entendimiento de Jesucristo. Y por último, ese mi- rar y enjuiciar la realidad sufriente no es un mero ejercicio intelectual, sino que se convierte en una ma- nera de ser y de hacer militante, profundamente cristiana, que nos lleva a la conversión y al compro- miso para ayudar a desvelar el Rei- no de Dios y su Justicia en la vida de las personas, en sus relaciones y en el conjunto de la sociedad. Una dinámica que nos hace llevar el Evangelio a la vida, que alimenta en nosotros la voluntad y la ma- nera de actuar de Jesucristo. Ésta es la dinámica y metodología de la XIII Asamblea General de la HOAC. 3. El ver: la convergencia del problema de los pobres y del problema antropológico. La disolución de lo humano La instrucción pastoral nos mues- tra una realidad social interpelante en la que, al mirarla desde la fe, en- cuentran nuevos pobres y nuevas pobrezas. Y, al mismo tiempo, nos presentan la corrupción, un mal mo- ral, y el empobrecimiento espiritual de nuestra sociedad. Esta mirada de- tecta, tal como nos muestra el traba- jo sobre el conflicto social 5 elaborado por el Departamento de Pastoral Obrera de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, la convergencia del problema de los empobrecidos y del problema de la deshumaniza- ción que sufrimos. Una realidad que 5 El trabajo humano, principio de vida. Alcaide Maestre, Alfonso (ed.) Madrid. Editorial EDICE, 2007.
275 La Cuestión Social Año 24, n. 3 la crisis que estamos viviendo ha aflorado con mayor fuerza. No sólo nos encontramos en una sociedad fracturada, más empo- brecida y desigual, con altas tasas de desempleo y peores condicio- nes de vida y trabajo, con menos derechos sociales, sino que tam- bién estamos viviendo un proceso social que está transformando la naturaleza humana, pervirtiendo la verdad sobre el ser humano; un proceso que está deshumanizando y deformando las dimensiones y necesidades que constituyen dicha naturaleza humana —la vida fa- miliar, la política como cuidado de los otros, el trabajo humano como principio de vida—; un proceso que está configurando la perso- na capaz de vivir en esta sociedad profundamente individualista y materialista donde el centro es el dinero. Y lo peor de todo, constru- yendo una atmósfera cultural que nos hace entender y comprender toda esta realidad como la manera única, normal y natural de ser y de actuar de las personas. Una cultura que frena la lucha por la justicia y la transformación social. La instrucción pastoral también indaga en las causas de esta reali- dad. Y lo hace de manera valiente y profética, siguiendo la estela del Papa Francisco y de tantas comu- nidades eclesiales encarnadas en la realidad sufriente de los pobres, señalando como factores de es- ta situación social: 1) La negación de la primacía del ser humano que “es consecuencia de negar la pri- macía de Dios en la vida personal y social” (15). Es decir, la primacía de una vida personal y social que se construye desde el proyecto de humanización que Jesucristo nos ofrece. Donde afirmar a Dios es vi- vir y organizar la vida personal y social como Dios quiere, desde la centralidad de lo humano. Y aquí nos encontramos creyentes y no creyentes. 2) La cultura de lo in- mediato y de la técnica. 3) Un mo- delo centrado en la economía. 4) La idolatría de la lógica mercantil. Para la HOAC es un motivo de certeza y nos empuja en nuestro quehacer apostólico en el mundo obrero estar en comunión con esta mirada de la realidad. Un ver enrai- zado en la experiencia vital de los militantes hoacistas en las perife- rias del mundo obrero y del trabajo. 4. Una realidad discernida desde la DSI La instrucción pastoral aporta, desde principios fundamentales de la doctrina social de la Iglesia, una reflexión que nos llama a la conver- sión y al compromiso evangeliza- dor. Principios como: la dignidad de la persona, el destino universal de los bienes, la solidaridad, defensa de los derechos y promoción de de- beres, el bien común, la subsidiarie- dad y el derecho a un trabajo digno y estable. Aplicar estos principios a la rea- lidad de empobrecimiento y des- humanización encontrada es, en primer lugar, una llamada a cómo tenemos nosotros que ser para que vivamos coherentemente con el
276 La Cuestión Social Año 24, n. 3 Evangelio. También se desprende de este juicio orientaciones para nues- tra acción evangelizadora. Y, por úl- timo, muchos de los criterios de este discernimiento tienen un profundo contenido ético que pueden y deben ayudar, junto a otros, a construir un proyecto de vida social que recupere la centralidad de lo humano y gene- re una cultura humanizadora. Toda la instrucción pastoral y, en concre- to, este capítulo de principios de la DSI que iluminan la realidad, son una muestra del papel central que tiene que jugar esta doctrina en la vida de la Iglesia y en su acción pastoral. Otro aspecto importante que la instrucción nos presenta es el carácter dinámico de la DSI. La instrucción pastoral es una concre- ción de los principios más genera- les de dicha doctrina a la realidad española y, al mismo tiempo, se nutre de la experiencia de la co- munidad eclesial encarnada en las víctimas de la pobreza. Y, por otro lado, esta instrucción se convierte en motor que nos anima a la comu- nidad a seguir viviéndola y expe- rimentándola en nuestra realidad; a seguir reflexionándola y concre- tándola; a continuar escribiéndola. Ésta es la experiencia de la HOAC y, en concreto, de nuestra próxima asamblea general. 5. La dimensión social de la evangelización y la urgente y necesaria caridad política. El actuar En el capítulo cuarto de la ins- trucción pastoral se desarrolla el actuar: propuestas esperanzado- ras desde la fe. En este apartado se ofrecen algunas pautas para el compromiso caritativo, social y político en el momento histórico que nos toca vivir. Propuestas que van dirigidas a la propia comunidad eclesial para que seamos casas de misericordia, como al conjunto de la sociedad para que puedan servir y colaborar a construir un proyec- to político y social más solidario y fraterno, cuya centralidad sea la persona humana. Este actuar que nos proponen los obispos españoles nos mues- tra una concepción integral de la evangelización, dirigida a presen- tar a Jesucristo como propuesta de liberación y salvación para la vida personal y social. Esto supo- ne que evangelización, promoción humana y construcción de una realidad social acorde al Evange- lio están estrechamente unidas. Este camino es el que puede com- batir el empobrecimiento y la des- humanización. Esta visión de la evangelización y, por tanto, de la liberación de los empobrecidos conlleva aparejada una concepción de la caridad. La instrucción pastoral nos anima al compromiso evangelizador fruto de la caridad política. Es decir, la que une amor y justicia; la que desarro- lla al mismo tiempo la atención a las víctimas, paliando sus necesidades y carencias, y el compromiso por hacerlas protagonistas de sus vidas y liberación, implicándolas en la transformación de las estructuras de pecado que generan las distintas pobrezas. Por ello, el compromiso
277 La Cuestión Social Año 24, n. 3 evangelizador es profundamente caritativo, social y político. Pero vivir esto, empezando por la propia comunidad cristiana y entrando en comunión con los em- pobrecidos, requiere alimentar el encuentro con Jesucristo. Por ello, en la HOAC venimos poniendo el acento en la necesidad de cultivar una espiritualidad y una mística de ojos y oídos abiertos, profunda- mente enraizada en Jesucristo y en- carnada en la debilidad del mundo obrero. Es fundamental tocar las llagas de Cristo en el momento ac- tual. Es ahí donde los cristianos y la Iglesia nos jugamos la credibilidad de nuestro anuncio. 6. La instrucción pastoral: un reto para la comunidad eclesial La instrucción pastoral es un re- to para la Iglesia y para cada uno de los cristianos. Son muchas las veces que nuestros documentos y palabras van por un camino y nues- tras vidas y acción pastoral van por otro. Por ello, los propios obispos desde una actitud de humidad re- conocen: “Pedimos perdón por los momentos en que no hemos sabido responder con prontitud a los cla- mores de los más frágiles y nece- sitados. No estáis solos” (56). Para ello es fundamental que esta ins- trucción sea leída, profundizada y vivida por todos los miembros de nuestras comunidades. Es clave que las diócesis articulen sus planes pastorales desde la intencionalidad de este documento; yendo a la raíz del problema prioritario que hoy tiene la Iglesia y al que tiene que hacer frente: la realidad de empo- brecimiento y exclusión de tantas personas. Para ello, debe desarro- llar las distintas propuestas que nos aporta dicha instrucción pastoral. En este sentido, es esencial cultivar la dimensión social de la fe y de la evangelización y, al mismo tiempo, impulsar una comprensión de la caridad que abarque la asistencia, la promoción y la lucha por la jus- ticia. Y en esta tarea todos estamos implicados. Nuestra XIII Asamblea General debe ser un impulso para seguir prestando a la Iglesia y al mundo obrero este servicio. La Iglesia española, libre frente al poder político La CEE se visibiliza sólo casada con Cristo y hermanada con los pobres José Luis Segovia Bernabé** Una excelente noticia. Por fin ha visto la luz la instrucción pastoral Iglesia, servidora de los pobres. No pretendemos hacer una exposición sistemática del texto. Apostamos por una cala trasversal en algunos aspectos que nos llaman la aten- ción en el actual momento político y eclesial. Aprobado en Ávila el 24 de abril, se trata de un documento largamente gestado. Hay que celebrar el grandísi- mo esfuerzo de sus promotores por lograr un consenso episcopal que ha resultado casi unánime (sólo 9 votos en contra en la Asamblea Plenaria). La inmensa mayoría de los obispos
278 La Cuestión Social Año 24, n. 3 españoles eran socialmente percibi- dos en una posición muy cercana al partido actualmente en el Gobierno. Con este documento han efectuado un elocuente gesto de soberanía y de independencia política. Posible- mente, algunos pensaban, sin duda con buena intención, que el Partido Popular (o el PNV o CIU) eran los que mejor garantizaban la continuidad de los acuerdos del Estado español con la Iglesia, la presencia del hecho religioso en las escuelas o el asegu- ramiento de la asistencia religiosa en hospitales y cárceles. Ello les habría llevado a relativizar algunas diferen- cias de calado. Sin embargo, se venía percibiendo con nitidez en distintos ámbitos (derecho a la vida, devalua- ción del trabajo frente al capital, devo- luciones en caliente de inmigrantes, etc.) que iba quedando muy poco del humanismo y de la ética cristiana que inspiraron inicialmente al Partido Po- pular. Éste ha resultado aquejado del mismo utilitarismo moral, corrup- ción, idolatría de la racionalidad eco- nomicista y cálculo electoralista que otras formaciones. En cualquier ca- so, sin la más mínima pretensión de entrar en la liza política y partidista, los obispos abandonan la tendencia a ser políticamente correctos con el poder, sobre todo cuando eran de los supuestamente “nuestros”. Bienvenida sea esta casi unánime expresión de coherencia evangéli- ca por parte de la Asamblea Plena- ria de la Conferencia Episcopal. Se trata de una vigorosa y creíble pro- clama de independencia política: la Iglesia solo está casada con el Señor y hermanada con los pobres e in- justiciados. Desde ahí, se manifies- ta universalmente abierta a todos. Cualquier forma de alineamiento político, tácito o explicito, en cual- quier dirección, hipoteca la libertad de la Iglesia, servidora de la verdad de un Evangelio siempre contra- cultural, gobierne quien gobierne. Se perdonará la tardanza del do- cumento si se justifica por el deseo de llegar a buen puerto todos los obispos juntos “para que el mundo crea”. Recuerda este dinamismo el espíritu de la maltratada transición política española y el cambio sincero y no oportunista de amplios secto- res del franquismo aperturista que se abrieron lealmente a los nuevos tiempos democráticos y tuvieron la audacia de reconvertirse. Destaco este punto porque otros méritos de la Instrucción de algún modo ya estaban avanzados y muy asentados, de una u otra manera, en otros pronunciamientos papa- les o en estudios de entidades de prestigio: por ejemplo, el VII Infor- me Foessa 2014 6 sobre exclusión y desarrollo social en España, al que no se cita, y del que beben bastan- tes de las afirmaciones más grue- sas del documento. Además de esa santa libertad de los hijos de Dios que devuelve credibilidad a la Iglesia, hay que celebrar que el documento recupera la metodología inductiva. En efecto, se devuelve la palabra a la reali- dad misma, porque la Palabra de Dios no se agota en la Escritura y se vuelca también en el libro de la 6 NNOO. Diciembre 2014. N. 1,566. Te- ma del mes.
279 La Cuestión Social Año 24, n. 3 historia. Juan XXIII y su Mater et Magistra (1961) recuperaron para la Iglesia universal el método ‘ver, juzgar y actuar’, tan querido por los movimientos apostólicos. Tras un periodo de silenciamiento de esta metodología, íntimamente relacio- nada con el principio de la encar- nación, el Documento de Aparecida (2007) la rescata y recibe del Papa Francisco un empujón importante para hacer una reflexión teológica que no sea de escritorio. En consonancia con este méto- do, la instrucción pastoral estruc- tura el texto en cuatro partes: las dos primeras dedicadas al ‘ver’ (“La situación social que nos in- terpela” y “Factores que explican esta situación social”), la tercera se ocupa del ‘juzgar’ (“Principios de doctrina social que iluminan la realidad”) y la cuarta versa sobre el ‘actuar’ (“Propuestas esperanza- doras desde la fe”). Otra aportación determinante del documento es la crítica a una de las bases del actual sistema económi- co. Al cuestionamiento que el Papa Francisco hace de las teorías del derrame en Evangelii Gaudium, 54, suman ahora los obispos la idea de que el dogma economicista, mer- ced al cual el crecimiento deviene automáticamente en desarrollo y equidad, es rotundamente falso. Ciertamente es falaz históricamen- te porque las épocas de mayor bo- nanza económica en España, con crecimiento de sus macromagnitu- des (PIB, renta per cápita, etc.), no corresponden con una disminución de la desigualdad, sino todo lo con- trario. Además, el crecimiento de- be ser sostenible y universalizable. Los obispos chocan con el pensa- miento económicamente correcto de buena parte del espectro políti- co: la salida de la crisis no vendrá automáticamente de la mano del crecimiento. Es más, advierten los pastores, hasta que no se perciba efectivamente en la vida de los afec- tados la mejora de su calidad de vi- da, “no nos conformaremos”. Aciertan nuestros obispos al in- sistir en la necesaria dimensión ética de la actividad económica que el tardo-capitalismo había ido aban- donando desde hace varias décadas. Ponen sobre la mesa la importancia del concepto de ‘ser humano’. Esto llevó al Papa sabio, Benedicto XVI, a afirmar que la cuestión social es hoy sobre todo una cuestión antro- pológica (Caritas in Veritate, 75). Por eso, urge retomar una concep- ción de ser humano que desborde la del “individuo racional y egoís- ta susceptible de adoptar eleccio- nes diversas” del materialismo individualista liberal tan en boga. Sustentado también por amplios sectores de la izquierda, que redu- cen el cuerpo humano y la vida a una concepción burguesa de mer- cancía autodisponible, hay que apostar por el desarrollo integral de todo el ser humano y de todas las personas sin exclusión. La jus- ticia social, las políticas redistribu- tivas, las prestaciones del Estado social —precipitadamente ente- rrado por algunos—, los derechos económicos y sociales, la ética, en suma, devienen imprescindibles.
280 La Cuestión Social Año 24, n. 3 Llama la atención la valentía de una afirmación de grueso calado: “es el modelo mismo el que co- rresponde revisar”. Ello reclama un pacto social contra la pobreza que refuerce la cohesión social y que los poderes públicos pongan en marcha medidas fiscales, de distribución de los bienes y de hu- manización del trabajo para que efectivamente sea digno, decente y estable. La línea de construcción del nuevo modelo parece apuntar a un juego cualitativamente diferente de tres actores sociales, hoy por hoy imprescindibles: el mercado como espacio para las relaciones de in- tercambio —pero regulado y trans- parente—, el Estado social —que asume el papel normativo y redis- tribuidor de rentas, la garantía de los derechos y la subsidiariedad— y, la parte más sana y valorada en la crisis: el tejido social solidario y las organizaciones intermedias. Aborda —¡bendita la hora!— la cuestión de la corrupción políti- ca. Peca, quizá, de un exceso de buenismo a la hora de hablar de la clase política. Creemos que la mayoría no han estado a la altura de las circunstancias. Por acción o por omisión, han permitido una peligrosa deslegitimación demo- crática, actuando de cara a sus propios partidos y electores, más como sacerdotes del rey que co- mo profetas. La instrucción pone en valor co- mo criterio de juicio los principios de la doctrina social de la Iglesia. Muestra hasta qué punto tienen enorme fuerza para iluminar la realidad. Tiene el acierto de in- tegrar la ética de la defensa de la vida con la defensa de la calidad de esa vida en forma de derechos económicos y sociales de carácter universal (ciudadanía mundial). Destaca los aspectos antropológi- cos, éticos, religiosos y culturales de una crisis que es mucho más que económica. Sólo ese abordaje integral permitirá acabar con una economía “sin rostro humano”, que hace prevalecer la cultura del aquí y ahora desde un modelo social centrado en la economía y la idola- tría de los mercados. En un momento en que parecían triunfar las tesis del ‘Estado mí- nimo’ y la concesión a la gestión privada de buena parte de los ser- vicios y bienes públicos, la reivin- dicación del Estado social evoca el pensamiento de Benedicto XVI en Caritas in Veritate cuando seña- laba que no parece que sea preci- samente este momento de crisis el más idóneo para que el Estado abdique de sus responsabilidades; por el contrario, más bien parece que “su papel está destinado a cre- cer” (CV, 41). Importan menos algunos aspec- tos subjetivamente cuestionables. Por ejemplo, se habría agradecido un lenguaje más concreto e incisi- vo, tipo Papa Francisco, al que se le entiende todo. Se podría haber sido más original y evitar la casca- da de citas sobre citas que en algún momento hace menos ágil la lectu- ra, pero puede entenderse desde la búsqueda de una base común magisterialmente indiscutible pa-
281 La Cuestión Social Año 24, n. 3 ra legitimar el profundo cambio afrontado. Desde ahí se puede comprender que, en momentos, el lenguaje y las propuestas sean de- masiado genéricas, sobre todo en la parte final del ‘actuar’, bastante abstracta e inconcreta. Habría estado bien alguna refe- rencia más incisiva al capitalismo financiero. En particular, a la rea- lidad indecente de los desahucios que sigue afectando a muchas fa- milias: ancianos y niños son pues- tos en la calle sin contemplaciones por entidades bancarias sin escrú- pulos (véase también la estafa de las preferentes) y rescatadas con dinero de todos sin ninguna con- traprestación social. A esto habrá que añadir la ausencia de concre- ciones intraeclesiales: ¿es legítimo que entidades de Iglesia tengan fondos o participen en partena- riados con entidades comprome- tidas con la venta de armas o los desahucios? ¿Para cuándo una apuesta comprometida y vigilan- te por la banca ética desde todas las instancia eclesiales? Finalmente, el título afortuna- do del documento Iglesia, servidora de los pobres podría en una lectu- ra equivocada animar a obviar una dimensión fundamental de la rela- ción de la Iglesia con los pobres. Los pobres también sirven a la Iglesia. Nada menos que son sacramento y juicio de Dios. Por eso tienen tan- to que aportarnos y tanto que en- señar. Eso sólo es posible desde la horizontalidad —Francisco convo- ca a ser amigos de los pobres (EG, 198)—. Hay que evitar que la ayuda asfixie su capacidad de ser sujetos, protagonistas y hermeneutas de su propia lucha contra la pobreza. En ningún lugar, se ha destacado tanto esta dimensión como en el impo- nente discurso del Papa Francisco al clausurar el Encuentro Mundial de Movimientos Populares el 28 de octubre de 2014, donde no só- lo prevenía frente al riesgo de mo- derarles, acallarles o pretender ser su voz; además, señalaba sus valo- res irremplazables: “¡Los pobres no sólo padecen la injusticia, sino que también luchan contra ella!... Solidaridad es también luchar con- tra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, la tierra y la vivienda, la negación de los derechos socia- les y laborales”. Ciertamente, algo de todo eso hay en la Instrucción cuando habla de la solidaridad de los abuelos o de los emigrantes. No olvidemos el protagonismo, la hori- zontalidad y la transformación de la realidad desde ellos y en compli- cidad con ellos. Hay que dar una sentida bienve- nida a este documento. Nos invita a no dejar solos a los pobres y a man- tenernos “juntos en el dolor y en la esperanza, hermanos de Jesucristo” para “edificar la casa común en la que todos podamos vivir en dicho- sa fraternidad”. La Iglesia españo- la ha acogido el dolor de muchas personas en nuestro país: jóvenes sin trabajo, niños y niñas empobre- cidos, ancianos olvidados, mujeres afectadas por la desigualdad, la pe- nuria y el maltrato, la pobreza en el campo, la precariedad de los hom- bres y mujeres del mar, inmigrantes
282 La Cuestión Social Año 24, n. 3 con derechos violados... Además, los obispos han dado una lección de independencia, no por largamente esperada menos importante. Ha- bremos de mostrar esa misma in- dependencia frente a los poderes económicos, siempre más difusos y diabólicos. Y, por encima de todo, tendremos que estar a la altura de los elevados listones de coherencia evangélica y moral a que nos con- vocan para que en la Iglesia sea- mos realmente servidores de los pobres. Haberles pedido perdón por todos los fallos que hemos co- metido con ellos es un prometedor buen principio de regeneración evangélica y moral por parte de nuestra querida Iglesia. CS * Juan Francisco Garrido Jiménez, mi- litante de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), profesor, es- pecialista en el tema del trabajo. ** Doctor y Profesor en Teología Pasto- ral, Licenciado en Derecho, Gdo. Cien- cias Empresariales, Diplomado en Criminología, Lic. en Teología Moral. Director del Instituto Superior de Pas- toral de la Universidad Pontificia de Salamanca. Prof. de Teología Pastoral Social. Coordinador del Área Jurídica del Dpto. Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal Española. Texto original “HOAC, Iglesia servidora de los pobres en las periferias del mun- do obrero”, publicado en: Noticias obre- ras, no. 1572 (junio 2015), pp. 19-26.
283 La Cuestión Social Año 24, n. 3 E ste texto fue compartido du- rante el conversatorio “Medio ambiente y desarrollo: ¿una postu- ra crítica desde el Vaticano?”, que organizó el Instituto José María Luis Mora en febrero de 2016. En él ex- pongo lo que considero las razones más profundas, o parte de ellas, que llevaron al Papa Francisco a escribir la encíclica Laudato Si’, que pocos académicos entienden que pueda surgir desde esta triple experien- cia: una sólida formación académi- ca interdisciplinar, una profunda experiencia espiritual —la de los ejercicios espirituales ignacianos, que se llevan a cabo en silencio— y también de un profundo discer- nimiento diario, en la cercanía diaria con los pobres y excluidos de nuestra sociedad moderna, ca- pitalista, occidental. Esta manera de analizar la reali- dad del Papa Francisco cuenta con el beneplácito de muchos académi- cos que admiran su labor, así como su claridad para hablar de temas que antes habían sido vetados den- tro de la Iglesia católica. Deseo que mis palabras generen en el lector una provocación, un enojo, molestia o admiración, pero que no queden sólo en palabras que man- tengan a quienes las lean cómoda- mente instalados, sin ningún tipo de cuestionamiento; deseo que nos in- viten a reflexionar o a cuestionarnos si algo estamos haciendo mal. A fin de generar un diálogo entre Dios, el Papa Francisco y tú, lector de este texto, la encíclica Laduato Si’ hace referencia al cuidado de la casa común, la casa en la que todos vivimos, convivimos y sufrimos en conjunto: la Tierra. Parece que la Iglesia católica es- tá cada día más alejada de su pro- pia feligresía, y esto lo refrendó el Papa durante el diálogo fraterno que sostuvo con los cardenales y Del clamor de los pobres al clamor de la Madre Tierra. Misericordia quiero, no sacrificios Conrado B. Zepeda Miramontes, SJ*
284 La Cuestión Social Año 24, n. 3 obispos mexicanos el 13 de febre- ro, mismo que por cierto no fue bien recibido por algunos de ellos. Pero no podemos dejar de men- cionar los escándalos, en México y en el mundo, derivados de los abu- sos sexuales contra niños y jóvenes perpetuados por sacerdotes y que han sido ocultados por algunos obis- pos; tampoco hacernos de la vista gorda ante los abusos físicos come- tidos contra estudiantes en escuelas e internados católicos, por parte de religiosas y religiosos; o ser omisos ante los oscuros destinos de las fi- nanzas del Banco Vaticano, salidos a la luz con los Vatileaks; o ignorar algunos conflictos que bien podrían calificarse como mafiosos protago- nizados por la Curia Romana, o el descredito e incongruencia de mu- chos clérigos, justo donde me en- cuentro parado hoy. Muchos de estos temas no desea- rían que fueran tocados por muchos creyentes, muy a pesar de que son parte de nuestra realidad eclesial. To- das estas situaciones injustificables han generado que la distancia entre feligreses e Iglesia se amplíe. Es clara la distancia también entre las necesi- dades que vive la gente común y los interés de un grupo de jerarcas —no todos— que siguen viviendo con es- quemas autoritarios del pasado, que ya no responden a los nuevos tiem- pos y que reflejan su poca o nula vi- sión sobre el hoy y el futuro. En medio de esto, la Iglesia de Pe- dro y Pablo ha emprendido, por la vía del Papa Francisco, una serie de reformas que quisieran ser más que simples palabras, sino acciones que en verdad modifiquen la manera tradicional en que se ha desenvuelto la Iglesia católica, y sea una manera más evangélica de vivir la vida ecle- sial de hoy en adelante. Debe reconocerse que en medio de esos escándalos hay pequeñas ranu- ras en el sistema —que para algunos parecen ya obsoletas— que abren brechas y dan esperanza en el Espíri- tu, como el que dentro de la jerarquía eclesiástica ya se mencionen temas que no se habían tocado. Y no son pocos, podemos citar aquí a manera de ejemplo los siguientes: los casos de los divorciados y vueltos a casar; la diversidad sexual; el impulso a los jóvenes para que hagan “lío”; el abra- zo a la Iglesia inculturada de san Cris- tóbal; la apertura al desarrollo de la mujer dentro de la Iglesia, los cuales son, sin duda, lágrimas de consola- ción del Espíritu para miles de fieles, y confirman la postura del Papa Fran- cisco de apertura al Espíritu y al Dios Misericordia, para quien la Iglesia ca- tólica peregrina hoy entre angustias y penares; y la gran sorpresa de la ya conocida encíclica Laudato Si’. Sobre el cuidado de la casa común. No me detendré a analizar los te- mas anteriores ni los capítulos que engloban la citada encíclica. Mi in- tención es analizar, desde la postu- ra del jesuita que soy, los contextos psico-sociales y espirituales que enfrenta el Papa Francisco, los cua- les, a mi parecer, explican el tono y características de la encíclica. Sin tomar en cuenta estos contextos no podrían entenderse los lineamien- tos a partir de los cuales Francisco
285 La Cuestión Social Año 24, n. 3 toma sus decisiones y dirige sus ac- ciones. Resultaría imposible com- prender algunas afirmaciones que parecieran confirmar una manera distinta de abordar temas que afec- tan a cristianos y no cristianos, y que él retoma y pone sobre la mesa de discusión. Entonces, ¿de dónde procede to- do este pensamiento, que resulta bastante diferente al que sirve de sustento a las encíclicas tradicio- nales? En ésta es evidente un corte distinto, y por supuesto también es evidente el tremendo impacto generado en diversos grupos —en especial el académico y de científi- cos ambientalistas, entre otros—. Es notorio que se habla de la encí- clica más allá de las huestes cató- licas. ¿Será parte de una campaña mediática para atraer a quienes se han alejado de la Iglesia? ¿Es una estrategia para tender puentes an- te un mundo cada vez más secula- rizado y crítico del poder eclesial? En este contexto surgen las pre- guntas de fondo, y puedo asegurar que no será fácil entender el con- tenido de Laudato Si’ sin entender primero que Francisco vive una espiritualidad llamada ‘ignaciana’, basada en el estudio y observa- ción cruda de la realidad real, en la profunda experiencia espiritual y en la cercanía con los pobres y ex- cluidos. Todos estos elementos son la fuente de inspiración para sus acciones y escritos. También es in- dudable que muchas de sus accio- nes se sustentan en la educación jesuítica de corte humanista que recibió durante toda su formación, sus vivencias y oración. No quedan de lado tampoco sus experiencias personales que marcan —como a todos— su muy particular mane- ra de ver parte de la realidad en la que vivimos. Aunque el Papa Francisco, canó- nicamente hablando, no pertenece a la orden de la Compañía de Jesús, desde que fue ordenado obispo pa- ra quedar a las órdenes del Papa en turno, como cualquier obispo más, resultaría absurdo negar toda la impronta que dejó en él la for- mación jesuítica que recibió. Como parte de la Compañía de Jesús vivió y nutrió su pensamiento y sentir. Otra fuente que alimentó su ser es la formación científica que reci- bió como técnico en Química, como licenciado en Filosofía, en Ciencias Sociales, Literatura, Lenguas y Teolo- gía. En pocas palabras, la formación del Papa Francisco es interdiscipli- nar, y esta característica también da carácter y esencia a la formación de una mirada interna y tierna, muy aguda, que desarrolló desde los ejercicios espirituales de san Ignacio —realizados en total silen- cio durante cinco semanas— que le permitieron conocer lo mejor y lo peor de sí mismo; los deseos más profundos que lo mueven, así como reconocer su amplia capaci- dad de discernimiento, que en la práctica, como a todo el que lo ex- perimenta, le lleva a tomar decisio- nes a favor de los seres humanos. En una frase: por este movimiento del discernimiento ignaciano, mi- rando al Espíritu, es que pasan to- das las decisiones de Francisco.
286 La Cuestión Social Año 24, n. 3 Por último, pero no por eso me- nos importante, está el tema de su interés por estar en cercanía con los pobres y excluidos; su necesidad de confrontar su interdisciplinariedad y espiritualidad con la realidad mis- ma, ya sea desde su modesta fami- lia y su trabajo remunerado iniciado cuando contaba apenas con 12 años, o desde su trabajo pastoral desde la teología del pueblo, que aprendió con su formador, el padre Scannone, SJ, que hace énfasis en los signos de los tiempos para encontrar la volun- tad de Dios en nosotros. Creo que resulta indudable que to- do lo citado en estas líneas puedan ser buenas pistas para participar en el diálogo que el Papa propone me- diante la encíclica; un diálogo pro- fundo entre Dios, él y tú, lector. ¿Pero de qué sirve hablar sobre estos temas en un foro académico?, ¿no puede confundirse con algún ti- po de proselitismo religioso esto que describí? La respuesta es que todo dependerá de la lupa con la que mi- remos. Habrá quienes consideren que vivir desde la perspectiva que da algún tipo de espiritualidad, sin importar la que sea, es en realidad enajenación, manipulación o falta de desarrollo del espíritu crítico; como también hay quienes, por el contra- rio, consideren que tener un tipo de espiritualidad nos ayuda a mante- nernos en la lucha por lograr cam- bios radicales en favor de los propios seres humanos, y que en eso Dios nos ayuda en el intento de construir el Reino de Dios aquí en la Tierra, pa- ra que se haga visible el Amor —así, con mayúscula— del Dios Uno y Tri- no, en medio de sus hijos e hijas que gozan y sufren en esta tierra. Desde mi perspectiva, que trata de ser más holística, lo escrito aquí no es proselitismo religioso ni crí- tica dura contra la Iglesia. Yo soy hombre servidor de la Iglesia, pa- ra la Iglesia y más allá de ella, pe- ro justo por eso no me aparto de la realidad que vivimos hoy los seres humanos en general. Los cristianos afines a la espiritualidad ignaciana y a otras espiritualidades que llegan al mismo fin vemos a Dios en to- das las cosas, pero mediante otros medios y con interpelación teoló- gica lo encontramos en la realidad misma. Esta realidad nos permite entender que el sufrimiento en el que viven muchos —por ejemplo aquí en México, como consecuencia de la muerte violenta de sus seres queridos, de la desaparición for- zada de miles, del trato inhumano contra los migrantes…— son he- chos contundentes que nos invitan a meternos en esa realidad, para así conocer la voluntad de Dios desde la vida misma de las víctimas. Estos elementos también nos sir- ven para conocer o tratar de enten- der las decisiones y afirmaciones que llevan al Papa Francisco a ac- tuar como lo hace, de manera prác- tica y concreta. Y aunque sabemos que muchos de los escritos que lee no son totalmente redactados por él, sí estamos convencidos de que existe una impronta, por así decir- lo, jesuito-bergoliana. Para quienes nos hemos formado y vivido en una manera dicotómica
287 La Cuestión Social Año 24, n. 3 de la vida, introyectando este talan- te desde nuestra formación acadé- mica, nos resultará difícil explicar y hacer entender otras maneras más holísticas de pensar y actuar. Más allá de lo occidental, más allá de la modernidad fallida, debemos lograr comunicar la necesidad de acercar- nos y reconocer la verdadera reali- dad, como diría Ignacio Ellacuría, jesuita rector de la UCA en El Salva- dor asesinado junto con otros com- pañeros en 1989, cuando evocaba a Xavier Zubiri, y de ese modo a toda la teoría de la realidad; en específico, su abordaje con respecto a que los seres humanos vivimos no sólo del pensamiento, sino a partir de nues- tra inteligencia sentiente, mediante la cual procesamos nuestra realidad. Este tipo de abordaje de la rea- lidad real nos coloca en una tesi- tura que rebasa nuestras visiones aristotélico-tomistas-cristianas- capitalistas-coloniales-dictómicas- dualistas-binarias, y por lo mismo podemos afirmar que la vida y la historia no están divididas en par- tes. No existe lo bueno y lo malo como polos opuestos, como tam- poco lo feo y lo bello, ni lo blan- co y lo negro; más bien, existe una inmensa variedad de grises, y se trata de ver y entender la vida y la historia como un todo interconec- tado en todas sus variedades. Esto se ve reflejado en las afir- maciones de Francisco cuando en Laudato Si’ afirma: “Estas situacio- nes provocan el gemido de la her- mana tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo, con un clamor que nos reclama otro rumbo”, donde el drama eco- lógico y la desigualdad humana van inseparablemente de la mano. No podemos hablar de ecología en abstracto. Tenemos que hablar de los efectos (dolores) sociales gene- rados, sobre todo en las capas más empobrecidas del planeta. Por eso, podemos afirmar que: “todo está conectado con todo”. Aunque nos cueste trabajo, no podemos separar los distintos ám- bitos de la vida del ser humano, con su íntima relación con todo lo creado. Estos vínculos se reflejan, por ejemplo, en esta frase encon- trada en la parte final del índice de Laudato Si’, que es necesario en- tender como telón de fondo para el desarrollo de todo el escrito so- bre el cuidado de la casa común. Francisco afirma que éstos son los ejes que atraviesan por completo la encíclica: La íntima relación entre los po- bres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecno- logía, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de ca- da criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de deba- tes sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política in- ternacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nue- vo estilo de vida. Esta cita nos ayuda a comprender que no existe ámbito del ser huma-
288 La Cuestión Social Año 24, n. 3 no y de toda la creación que pueda estar fuera de la vida misma de cual- quier ser viviente del planeta Tierra. Entrar en un ámbito en el que to- do está conectado nos hace tomar distancia de las posturas hegemó- nicas, muchas de las cuales se ci- mentan en posturas dicotómicas y supuestos que para nosotros, mo- dernos occidentales, son base, pero no responden a otro tipo de reali- dades que el Papa Francisco trata de interrelacionar desde el inicio de su escrito. Hay otros autores que nos invi- tan a valorar las concepciones mo- dernas eurocéntricas, pero que también nos abren a otro tipo de conocimiento científico, que no tie- ne que pasar forzosamente por un conocimiento dicotómico. Tal es el caso de Boaventura de Sousa San- tos, con sus epistemologías del sur; o Gustavo Esteva, con su proyecto de entretejer diversas voces y pos- turas en un diálogo intercultural y socialmente pertinente; o las gran- des propuestas de los pueblos in- dígenas, como las del EZLN o las de los académicos indígenas, que nos regalan su particular concepto de comunalidad, además de otros co- nocimientos que no separan ni divi- den al ser humano. Por el contrario, procuran acercarse de manera ho- lística y en relación profunda con la naturaleza y el mundo, junto con todos sus seres vivientes. Aquí radica la importancia de es- te tipo de abordajes, sobre todo de la ecología, donde resulta evidente constatar que todo está conectado con todo. A la ecología no escapan los ámbitos políticos, sociales, es- pirituales, económicos, entre otros, para analizar la problemática de que estamos destruyendo nuestra casa común. Y hablar de ecología implica también hablar de desigualdad de oportunidades, de capitalismo, de extractivismo por desposesión, de formas de producción, de dere- chos humanos, de vínculos con la Madre Tierra, que no está de más decir que no es una mercancía más que se compra y vende; es hablar de resistencias y de nuevas maneras de hacer economía, como las econo- mías exitosas sociales y solidarias en las que el centro de la cuestión se coloca en los seres humanos y no en el capital en sí. Necesitamos hablar, desde nuestra perspectiva mexicana, de los miles de muertos y desaparecidos; de la cre- ciente corrupción social, guberna- mental, eclesial, y de cómo todo esto está unido al deterioro ambiental. Para hablar de ecología necesi- tamos también hacer referencia a la política y a las economías injus- tas y explotadoras. Resulta urgente mencionar nuestras propias visio- nes para acercarnos a la realidad y a la necesidad de nuevos espacios de enunciación; de nuevas epistemo- logías y ontologías que nos podrían enseñar los pueblos indios y su re- lación armónica entre lo humano y la naturaleza. Sería muy pertinente no sólo to- mar en cuenta, sino aprender de la
289 La Cuestión Social Año 24, n. 3 propuesta de los pueblos mayas: “pensar desde el corazón”, para lle- gar a prácticas concretas que nos lle- ven a rescatar lo que aún nos queda de la casa común, y conservarla para todos y todas, en especial para los más pobres y excluidos de este siste- ma, que son los más afectados por el calentamiento global. Ahora resaltaré algunas frases de la encíclica en las que se aprecia esta mirada que llamo holística, interre- lacional, interdependiente, interco- nectada, para así entender de dónde parte y tratar de comprender la mi- rada compleja e interdisciplinar que pone énfasis en “el cuidado de la ca- sa común”. No podemos cuidar el planeta si no cuidamos primero a sus habitan- tes: “El cambio climático es un pro- blema global que conlleva graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas, y plantea uno de los principales de- safíos actuales para la humanidad”. El ejemplo del agua, que al igual que la Madre Tierra no es un bien económico que desde una lógica capitalista puede comprarse o ven- derse, para Francisco y para muchas personas y organizaciones más es un derecho primordial e inaliena- ble que permite ejercer los demás derechos individuales y colectivos. Afirma el Papa: “El acceso al agua po- table y segura es un derecho huma- no básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los de- más derechos humanos”. La desigualdad entre los seres hu- manos es ya escandalosa. Basta de- cir que 80% de la riqueza está en manos del 20% de la población, y esta desigualdad genera asimismo un problema ecológico de enverga- dura mundial: “Podemos ser testigos mudos de gravísimas inequidades cuando se pretenden obtener im- portantes beneficios haciendo pagar al resto de la humanidad, presente y futura, los altísimos costos de la de- gradación ambiental”. No puede haber separación en- tre la degradación humana y la am- biental, ya que están íntimamente unidas: “El ambiente humano y el ambiente natural se degradan jun- tos, y no podemos afrontar adecua- damente la degradación ambiental si no prestamos atención a las cau- sas que tienen que ver con la de- gradación humana”. Es inminente el impacto del calen- tamiento global, así como su afecta- ción a todo lo que tiene vida en el planeta, pero en especial a los más pobres, que son los más vulnerables a los fenómenos meteorológicos y a la conservación de sus propias vidas: “El impacto de los desajustes actuales se manifiesta también en la muerte prematura de muchos po- bres; en los conflictos generados por la falta de recursos y en tantos otros problemas que no tienen espacio su- ficiente en las agendas del mundo”. No podemos dejar de lado que la inequidad no sólo se da entre indivi- duos o colectivos, sino también entre países enteros, donde la abundancia en unos es ofensiva para el hambre y
290 La Cuestión Social Año 24, n. 3 sed de otros: “La inequidad no afecta sólo a individuos, sino a países ente- ros, y obliga a pensar en una ética de las relaciones internacionales”. Y coincido con el Papa Francisco en que el problema más grave es el sistema capitalista, que sólo mira por sus propios intereses y no con- sidera el bien común. Dice Fran- cisco: “Los poderes económicos continúan justificando el actual sistema mundial, donde priman una especulación y una búsqueda de la renta financiera que tienden a ignorar todo contexto y los efec- tos sobre la dignidad humana y el medio ambiente. Así se manifiesta que la degradación ambiental y la degradación humana y ética están íntimamente unidas”. Espero que estas líneas sirvan pa- ra estimular el diálogo entre Dios, el Papa Francisco y tú, lector de ellas; y que no deriven en una re- acción negativa, donde se reconoz- ca el mal en el otro, pero se ignore el mal que cada uno hacemos. No hay plazo que no se cumpla, y hoy es el momento de hacer un serio y responsable examen de conciencia; dejar de lado nuestras ideologías para abrir por entero nuestro co- razón y permitir que el gran clamor de Dios, reflejado en la voz de los pobres y de la Madre Tierra, se haga uno solo con nuestro propio clamor de mayor amor, justicia, perdón, ac- ción, discernimiento, espiritualidad y, sobre todo, humildad para reco- nocer aquello en lo que estamos fa- llando no sólo ante Dios, sino ante los seres humanos, el propio mun- do y nuestra casa común. CS * Voluntario de Amnistía Internacio- nal. Antropólogo y colaborador en Interculturalidad e Indígenas.
291 La Cuestión Social Año 24, n. 3 S uelo recordar, de frente al fenó- meno de la migración, la afir- mación del Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon, pronunciada al conmemorar el Día Internacio- nal del Emigrante: “La migración es una expresión de la aspiración humana por la dignidad, la seguri- dad y un futuro mejor. Es parte del tejido social, de nuestra condición como una familia humana”. Empero, de frente a la realidad, en el día a día, desgraciadamente el miedo a la alteridad, a la diferencia y la pluralidad inmoviliza y hace vio- lentas a muchas personas y comu- nidades, gobiernos y funcionarios públicos. Prueba de ello es el dis- curso xenófobo de Donald Trump, la política de seguridad y no de protección a los derechos de las personas migrantes del gobierno mexicano —especialmente practi- cada desde la implantación del Plan Frontera Sur— y la construcción de muros contenedores en tantas par- tes del mundo. Para el caso de México, hay una tendencia generalizada en los dis- cursos oficiales a hablar del recono- cimiento de los derechos humanos que nuestra Constitución, los trata- dos internacionales y las leyes ase- guran en nuestro país. Sin embargo, la vigencia plena y real de los dere- chos humanos no es tan clara. Prue- ba de ellos son los derechos de Niños, Niñas y Adolescentes (NNA) migrantes, cuya edad fluctúa entre los cero y los 17 años y quienes por Niños invisibles, los niños migrantes por México Gerardo Cruz González* “Es necesario que todos cambiemos la perspectiva hacia los emigrantes, que pasemos de una perspectiva defensiva, miedo, desinterés y de marginación, y construir un mundo más justo y fraterno.” Papa Francisco
292 La Cuestión Social Año 24, n. 3 razones diversas, todas en la lógica de la cultura del descarte, pasan in- visibles ante nosotros. En efecto, desde la frontera sur del país —una frontera porosa— hasta la frontera norte, uno de los grupos de personas más vulne- rable son los NNA migrantes que pasan por México hacia Estados Unidos. Niños pequeños y adoles- centes, que muchas veces viajan solos. Vienen de diferentes pueblos y ciudades tratando de hacer una sola geografía, el Triángulo Nor- te de Centroamérica (Guatemala, Honduras y El Salvador). Sin lugar a dudas, por su ubicación México es un país de tránsito de miles de migrantes. No podemos negar que también hay miles de niños mexi- canos que viajan a Estados Unidos o que se mueven en migración in- terna buscando campos donde ocu- parse, ciudades que les dé refugio o posibilidades de vida. En México se declaró una crisis hu- manitaria en 2014 ante el alto trán- sito NNA venidos de esos tres países centroamericanos. Según el informe “Niñez migrante en su tránsito por México, vulnerabilidad y propues- ta de mejores prácticas” (IMDOSOC, 2016), el número de casos de NNA extranjeros presentados ante las au- toridades migratorias mexicanas pa- só de 4,160 en 2001 a 9,630 en 2013; a partir de entonces creció de mane- ra exponencial hasta llegar a 22,864 eventos entre enero-agosto de 2015. A la fecha, el flujo migratorio de NNA sigue siendo muy alto. Esta condi- ción de alta vulnerabilidad se agrava cuando viajan solos. Si tomamos en cuenta que muchos de ellos son indígenas, agrava su vul- nerabilidad; pero todavía más, si son niñas esa vulnerabilidad crece expo- nencialmente. Por su aspecto físico, la explotación a la que se exponen tiene una clasificación. Para el tráfi- co y trata de personas son más vul- nerables las adolescentes y jóvenes de Honduras; para la explotación laboral en los campos y en trabajo doméstico las mujeres indígenas de Guatemala. Los niños (varones) también son explotados sexualmen- te, pero sobre todo son utilizados co- mo “halcones” y en múltiples delitos y actividades relacionadas con el trá- fico de drogas y crimen organizado. No son raros los secuestros, el cobro de piso, las extorsiones y una lista larga de actividades ilícitas como pi- ratería y control de territorios en las que son involucrados. El Papa Francisco, en su visita a México, reconoció que el camino que representa México para los mi- grantes no es fácil recorrerlo. En la homilía de la Misa de Ciudad Juárez afirmó: “Un paso, un camino carga- do de terribles injusticias: esclavi- zados, secuestrados, extorsionados, muchos hermanos nuestros son fruto del negocio de tráfico huma- no, de la trata de personas. No po- demos negar la crisis humanitaria que en los últimos años ha signifi- cado la migración de miles de per- sonas, ya sea por tren, por carretera e incluso a pie, atravesando cientos de kilómetros por montañas, de- siertos, caminos inhóspitos”. Imagi- nemos lo doloroso que es el camino para los niños y niñas, sobre todo cuando viajan solos.
293 La Cuestión Social Año 24, n. 3 Los NNA invisibles tienen negados derechos fundamentales como el derecho a una vida libre de violen- cia, a las posibilidades de desarrollo integral y pleno, lo que incluye dere- chos de educación y de salud, dere- chos tan elementales como el de la reunificación o la no separación fa- miliar. Pensemos en las separacio- nes que propician las autoridades cuando los padres son deportados desde Estados Unidos o desde Mé- xico, y los NNA permanecen en ese lugar. Pero también pensemos en los NNA que son deportados y no lo- gran reunirse con sus papás, o con alguno de ellos, en Estados Unidos. Las más graves violaciones son sin duda la privación de su liber- tad, cuando son secuestrados y la pérdida de la vida. En 2014 llegaron a Estados Uni- dos, según fuentes oficiales, 68,455 migrantes provenientes de México, Guatemala, Honduras y El Salvador. Pero, ¿qué es lo que mueve o motiva a los NNA a dejar sus tierras, sus es- cuelas, amigos y familias? ¿Qué pro- picia que abandonen su historia y sus casas? Las causas son múltiples. En primer lugar, y ésta es la cau- sa de mayor peso histórico, está la pobreza que junto a la desigualdad son un lastre para niños y niñas. Además, la violencia y la inseguri- dad son altísimas en Centroaméri- ca. Maras, narcotraficantes, crimen organizado y autoridades policiales contribuyen a la elevada violencia ejercida contra de los niños y niñas. Se ha detectado, lamentablemente, cada vez en mayor número una es- pecie de sicariato, reclutamiento de NNA que hacen los grupos delicti- vos en Centroamérica. Los maras y otros grupos violentos persiguen a los NNA para reclutarlos, hacerlos sicarios o para que les ayuden en múltiples ilícitos: extorsiones, pago de piso, venta y trasiego de droga… En El Salvador, después de la gue- rrilla de los años 80, la violencia se ha internado en la vida de los más pobres que alcanza, con niveles altos de pobreza, a un 64% de la pobla- ción. En este país ser joven, niño o niña, es ya un factor de riesgo dada la extrema pobreza y la desorbitada violencia. El crimen organizado ha proliferado en todo el país. Esta des- humana violencia ha victimizado a NNA de manera especial. La mayor tasa de feminicidios del hemisferio le corresponde a este pequeño país centroamericano: más del 25% de esos feminicidios es de mujeres me- nores de 19 años. En Honduras, el panorama no es más halagador. San Pedro Sula tie- ne el índice de homicidios más alto del mundo para una ciudad. Preci- samente, el homicidio es la principal causa de muerte de NNA de ese país. Tan sólo en los último 3 lustros se han registrado en Honduras 9,881 ejecuciones arbitrarias y muertes violentas de NNA y jóvenes menores de 23 años. En 2015, de enero a sep- tiembre, se registraron 708 muertes violentas de personas, hombres y mujeres menores de 23 años. Des- pués del golpe de Estado que sufrió el país, los niveles de vida se han de- teriorado considerablemente, ello se refleja en la miseria y la violencia que sufre Honduras.
294 La Cuestión Social Año 24, n. 3 En Guatemala, 49.8%, casi la mi- tad de la población infantil de me- nos de 5 años, sufre desnutrición crónica, mientras que el 78.5% de la población indígena desde los re- cién nacidos hasta los 17 años, vive en situación de pobreza, mientras que el resto (21.5%) vive en la po- breza extrema. ¿Qué oportunida- des tienen y qué tipo de vida están condenados a vivir? El trinomio es pobreza, desigual- dad y extremada violencia. Justa- mente, sin horizontes la violencia es una forma de búsqueda de sobrevi- vencia. Ni siquiera tienen los NNA centroamericanos la posibilidad de elegir; entre la pobreza y la violen- cia se ha creado un círculo vicioso que los adormece. Sólo a veces la oportunidad de salir puede generar una esperanza de vida. Sin embargo, no son las únicas causas de la migración infantil. A veces, las condiciones jurídicas fa- vorables prometidas por el presi- dente Obama de Estados Unidos son la causa para que los niños sean enviados a migrar solos. Otras ve- ces, las mismas redes de migrantes hacen pensar que la migración es fácil para los NNA. Es decir, las fami- lias ya asentadas en Estados Unidos propician las migraciones de NNA. Dentro de estos casos están los an- helos de reunificación familiar; los padres quieren reunirse con sus hi- jos dejados en sus lugares de origen y se aventuran a realizar ese periplo tan peligroso. Los peligros a los que se exponen los NNA son tan grandes como di- versos: la falta de alimento y agua en el camino; la exposición a la in- clemencia del tiempo y los varia- dos climas de México; los caminos inhóspitos, dado que a partir de la implantación del Plan Frontera Sur, las rutas conocidas, y de algún modo menos inseguras que usaban migrantes y polleros o coyotes, han cambiado: La Bestia, ese tren que se abarrotaba de migrantes, cada vez es menos usado. Disuadidos por el ejército mexicano, policías estatales o municipales, e incluso guardias de empresas privadas, los migrantes se ven obligados a tran- sitar por selvas, montañas, desier- tos e incluso mar. Otros peligros, por desgracia, son los secuestros y trata de personas; violencias físicas y sexuales; reclu- tamiento de los grupos del crimen organizado; golpizas y atentados con armas de fuego, no sólo de parte del crimen organizado, sino también de grupos policiales y mili- tares de México. La detención no es rara, por el con- trario, es muy común. Hay agentes especializados para menores en el Instituto Nacional de Migración, co- nocidos como OPIS. Pero muchas veces sin un protocolo o con un tra- to inhumano por falta de capacita- ción de dichos agentes, los NNA son despojados de sus derechos funda- mentales. Las estancias migratorias representan muchas veces verdade- ras cárceles para los NNA; ahí son ilegítimamente detenidos y las auto- ridades administrativas los dejan en espacios muy pequeños y convivien- do con adultos. Finalmente, el último
295 La Cuestión Social Año 24, n. 3 peligro que corren es la deportación. Hay cada semana, nos decía una fun- cionaria de Sin Fronteras, 3 vuelos desde México hacia Centroamérica cargado de migrantes deportados, sin contar los que son repatriados por vía terrestre. Debemos reconocer que mucho fallamos como sociedad cuando pa- san estas cosas. Hay que recordar que el primer derecho que tienen los NNA es migrar; pero anterior a él, está el derecho a no migrar. En Bolivia, el Papa se pronunció a favor de los niños: “Digamos juntos des- de el corazón: (…) ningún niño sin infancia”; qué tal si hacemos nues- tras estas palabras y las vamos con- virtiendo en acciones. CS * Investigación, IMDOSOC.
296 La Cuestión Social Año 24, n. 3 Q ueridos amigos, queremos manifestar nuestros profun- dos agradecimientos por los men- sajes de afecto y oraciones que hemos recibido para nuestra dióce- sis y nuestro país en este momento tan difícil que estamos pasando. Hemos vivido una experiencia inolvidable en la cual temíamos por nuestra vida, la de nuestros se- res queridos y la vida de los miem- bros de nuestra comunidad de fe, donde nos aferramos con profun- do fervor a la mano protectora de nuestro Dios. Viendo las imágenes en periódicos y redes sociales de lo acontecido, sólo pienso en el sufri- miento de nuestros compatriotas. Pido consuelo y solidaridad por todas las personas que han perdi- do seres queridos, para que Dios les aliente y les restablezca en su infinita misericordia y bondad. La zona costera de nuestro país sufrió un daño considerable en su infraestructura, pérdidas de vidas, muchos heridos y desaparecidos. Una de las zonas más afectadas por el terremoto corresponde a las ciu- dades de Manta y Portoviejo y la población de la Pila, donde nuestra iglesia tiene presencia. Nos reportan que 48 viviendas de miembros de la Iglesia están total o parcialmente destruidas y 3 templos tienen daños considerables en su estructura física; afortunadamente, no hubo pérdida de vidas entre nuestros miembros, aunque sí contusiones y traumas fí- sicosy psicológicos. La sociedad se está movilizando porque hay necesidades básicas de agua potable, alimentos, medicinas, kit de primeros auxilios, herramien- tas básicas, en general todos los ele- mentos para casos de desastre. En este momento hay muchos damnificados que requieren nuestra atención, buscaremos hacer llegar ayudas de alguna manera, a pesar de que hay vías de acceso afectadas, pero con la ayuda de la Policía Nacio- nal u otro ente gubernamental en- contraremos la forma de llegar a los más necesitados. Alc-noticias.net 20/04/2016 Mensaje del Rvdmo. Alfredo Morante, obispo de la Iglesia Episcopal del Ecuador, Diócesis Litoral, ante el sismo que azotó el país andino el pasado fin de semana “Dios es nuestro refugio y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones” (Salmo 46:1)
297 La Cuestión Social Año 24, n. 3 Comunicado de la presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana ante la gravísima situación del país 1. Mediante un discernimiento espiritual, a la luz de la Palabra de Dios, los Obispos de Venezuela he- mos orado y reflexionado acerca de la situación actual de nuestro país. Hacemos nuestras las angustias de nuestro pueblo del cual somos servidores. Nunca antes habíamos sufrido los venezolanos la extre- ma carencia de bienes y produc- tos básicos para la alimentación y la salud, junto con otros males como el recrudecimiento de la de- lincuencia asesina e inhumana, el racionamiento inestable de la luz y el agua y la profunda corrupción en todos los niveles del Gobierno y la sociedad. La ideologización y el pragmatismo manipulador agudi- zan esta situación. Fruto del men- cionado discernimiento son las ideas que ahora presentamos a la consideración de todos los ciuda- danos de Venezuela. 2. En más de una ocasión, Jesús el Señor, manifestó su solidaridad con las personas sufrientes y que sen- tían alguna necesidad. Incluso lle- gó a sentir compasión ante aquella multitud que le había seguido pa- ra escuchar su mensaje. Fue cuan- do les pidió a sus discípulos que le dieran de comer a todos. El mismo Señor manifestó su solidaridad con ellos al multiplicar los panes y dar de comer a todos hasta la saciedad, gesto de amor y de misericordia (cf. Mt 14,14). Este hecho relatado por los evangelistas nos ilumina a to- dos nosotros, miembros de la Igle- sia, para poder atender a quienes en nuestro país están sufriendo por las graves carencias de alimentos y medicinas, la violencia y la insegu- ridad. En este Año jubilar de la Mi- sericordia, los pastores de la Iglesia en Venezuela queremos manifes- tar nuestra cercanía y acompaña- miento a todos, y así motivar a los creyentes discípulos de Jesús a que reafirmen con gestos concretos la solidaridad entre todos como her- manos. A pesar de lo dramático de la situación, nuestro pueblo ha vivi- do con gran dignidad e incluso con respuestas alternativas de solida- ridad. Estas nobles actitudes cons- tituyen signos de esperanza. ¡El pueblo nos evangeliza! ¡Sentimos “el gusto de ser pueblo”! (Cf Fran- cisco, La alegría del Evangelio). 3. Queremos alertar al pueblo! Que no se deje manipular por quienes le ofrezcan un cambio de situación por medio de la violencia social. Pero tampoco por quienes le exhortan a la resignación ni por quienes le obli- gan con amenazas al silencio. ¡No nos dejemos vencer por las tentaciones! No caigamos en el miedo paralizan- te y la desesperanza, como si nuestro presente no tuviera futuro. La violen-
298 La Cuestión Social Año 24, n. 3 cia, la resignación y la desesperanza son graves peligros para la democra- cia. Nunca debemos ser ciudadanos pasivos y conformistas, sino sujetos conscientes de nuestra propia y ca- lamitosa realidad; sujetos pacíficos, pero activos y, en consecuencia, ac- tuar como protagonistas de las trans- formaciones de nuestra historia y nuestra cultura. ¡El Evangelio nos re- clama eficacia!. Hacemos un llamado a todos los poderes públicos, en los diversos ámbitos de sus respectivas competencias, a que escuchen con respeto la voz del pueblo, las diversas expresiones de sus múltiples necesi- dades y sus justos reclamos. 4. También queremos hacer un llamado de atención a todos los que se aprovechan de la situación de escasez y carestía por la que atravesamos los venezolanos: a los que se dedican a especular con los precios, asaltando a los ciudadanos con la práctica del llamado ‘bacha- queo’, como a quienes, abusando de su autoridad, exigen pagos que no les corresponden. Tal proceder es moralmente inaceptable y hace evi- dente la falta de valores éticos en sus vidas. Aprovecharse de la nece- sidad ajena para lucrarse es un cri- men y un pecado mortal a los ojos de Dios, del cual tendrán que dar cuenta en algún momento. 5. Tanto los líderes del oficialis- mo como los de la oposición deben expresar su seria preocupación por todo el pueblo, sin dejarse llevar por intereses partidistas y particu- lares. Es hora de demostrar que se está en una actitud de defensa del bien común y de los verdaderos in- tereses de cada uno de los ciudada- nos de Venezuela. 6. El momento actual conlleva algu- nas exigencias que hemos de asumir todos a favor del bien común. Los di- rigentes políticos, sociales, empresa- riales, gremiales y religiosos estamos llamados a dar testimonio tangible de responsabilidad y de compromiso de amor a nuestra patria. 7. El Gobierno debe favorecer to- das las formas de ayuda a los ciuda- danos. Es apremiante la autorización a instituciones privadas del país, co- mo Cáritas y otros programas de di- ferentes confesiones religiosas, que no nos metemos en la diatriba políti- ca, sino que servimos directamente a los más necesitados, para que po- damos traer alimentos, medicinas y otros insumos necesarios, prove- nientes de ayudas nacionales e in- ternacionales, y organizar redes de distribución a fin de satisfacer las urgentes necesidades de la gente. 8. Es indispensable y justo pre- servar la sana convivencia. Las au- toridades han de contribuir, con su discurso y sus acciones, a crear un clima de tranquilidad y paz so- cial. Condenemos, como nos ense- ña Dios en el quinto mandamiento (Ex 20,13), toda forma de violencia, reñida siempre con el respeto a la vida. Denunciemos y condenemos los horrorosos linchamientos per- petrados en algunas ciudades, sig- no de la deshumanización en que han caído algunos ciudadanos. To- dos los católicos tienen la tarea de fortalecer la solidaridad entre los vecinos y en las comunidades. És-
299 La Cuestión Social Año 24, n. 3 te es su primer y principal aposto- lado. Quienes estén integrados en los Consejos Comunales tienen un instrumento útil para este propósi- to. Escuchemos al Papa Francisco: “vivan los conflictos en modo evan- gélico, volviéndolos ocasión de cre- cimiento y reconciliación”. 9. El respeto a la institucionalidad es un compromiso y una obligación moral irrenunciable. Los Poderes Públicos deben respetarse entre sí y articularse a favor de la nación. Lo contrario, el irrespeto y la perma- nente confrontación entre ellos, va en detrimento de la posibilidad re- al de solucionar los problemas que nos afectan a todos. Concretamen- te, el Poder Ejecutivo y la Asam- blea Nacional, a más de respetarse y actuar según su respectiva auto- nomía, reconociendo el papel que a cada uno le corresponde, están lla- mados a dar al pueblo ejemplo de encuentro y diálogo en favor de la convivencia nacional. En esta mis- ma línea, deben buscar de manera conjunta soluciones que el pueblo reclama a problemas de vital im- portancia: la recuperación econó- mica general del país, el desabasto de alimentos y medicinas, la falta de electricidad y calidad de los servi- cios públicos, la violencia y la inse- guridad, la seguridad social de los adultos mayores, el problema de los llamados presos políticos. La Ley de Amnistía es un clamor nacional e internacional y una contribución a la distensión social. Desconocer a la Asamblea Nacional es desconocer y pisotear la voluntad de la mayoría del pueblo. 10. Todas las instancias de servi- cio de la Iglesia (diócesis, parroquias, institutos religiosos, asociaciones y grupos de apostolado, institutos educativos católicos, centros de re- flexión) deben iluminar, con la Pala- bra de Dios y la doctrina social de la Iglesia, la situación concreta de cada región. Desde esta perspectiva, es imperativo seguir ofreciendo la ac- ción decidida de la Cáritas Nacional, diocesana y parroquial y las diver- sas acciones de la Pastoral Social. Es necesario primerear la caridad. Ésta ha sido la lección imperecedera de la historia de la Iglesia. Todas nuestras comunidades eclesiales deben abrir un espacio, de modo que se convier- tan en casas de encuentro y diálogo para quienes sincera y desinteresa- damente buscan construir la paz. Todo esto lo sustentamos en la Pala- bra de Dios, la Eucaristía, la oración y la caridad evangélicas. 11. En medio de las dificultades del presente y las sombras que os- curecen el porvenir, estamos invita- dos a ver y sentir el paso del Señor en medio de nosotros. Descubrirlo nos ayudará a actuar como testigos del Resucitado y edificar en Vene- zuela el Reino de Dios, de justicia, amor y paz, sabiendo que “si el Se- ñor no construye la casa en vano se cansan los albañiles” (Salmo 126). Para ello, contamos con la interce- sión de María de Coromoto, quien es Madre que nos acompaña y con- suela y estrella de la evangelización. Con nuestra afectuosa bendi- ción episcopal. CS Caracas, 27 de abril de 2016
300 La Cuestión Social Año 24, n. 3 El libro, dirigido a los sobrevivientes, los caídos y los desaparecidos, y sus fa- milias, narra las diversas experiencias de lo sucedido el 26 de septiembre de 2014 en Ayotzinapa, haciendo una re- copilación de testimonios de quienes estuvieron cerca de esta masacre, pro- porcionando un panorama más am- plio de todos los sucesos. El periodista John Gibler nos ofrece una historia totalmente diferente a la oficial de la PGR, la cual nos hace du- dar sobre el buen cumplimiento de las autoridades. Los testimonios rela- tan cómo es la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa y todo lo que se realiza en ella, y poco a poco se va involu- crando en lo que pasaba horas antes del ataque, contándonos toda la or- ganización que se tenía prevista para ir a la marcha del 2 de octubre que se realiza en la Ciudad de México, pero también nos expresa todas las preo- cupaciones que tenían los alumnos al ser reprimidos por las fuerzas po- liciacas, para así contarnos un antes, durante y después de los hechos. Narra los hechos sucedidos duran- te la madrugada del 26 de septiem- bre; son desgarradores e indignantes, todos están llenos de irregularidades que siguen sin resolverse. Un testi- monio que refleja todo esto es el del estudiante de segundo año, Iván Cis- neros: “Vimos cuando bajaron a los chavos y vimos cuando los pusieron en el suelo, todos así con las manos en la cabeza. Los bajaron sin playera, sin nada y los pusieron en el suelo. Ya nosotros con la impotencia, el coraje. No podíamos hacer nada”. Una historia oral de la infamia de- nuncia la ineptitud de las autorida- des, la injusticia que asecha todos los días a nuestro país, pero sobre todo la gran infamia irresuelta. Una historia oral de la infamia Giovanni Alfredo Garcia Huerta* Reseña John Gibler (2016). Grijalbo-Random House, México, 227 p. La revista La Cuestión Social se imprimió en MG Advanced Prepress Technology, S.A. de C.V. Canal Leningrado Mz. 34 Lt.12, Col. Insurgentes 09750, Ciudad de México impvarel@hotmail.com Tel. 56900463. La edición consta de 1,000 ejemplares.