El Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana es una institución de laicos católicos, con espíritu ecuménico, en diálogo con las culturas; cuya misión es contribuir a formar la conciencia personal y social, para construir una realidad social justa a la luz del Evangelio y a través de la investigación, la enseñanza y la difusión del pensamiento social cristiano. Asociación Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C., que auspicia al Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana Pedro Luis Ogazón 56, Col. Guadalupe Inn, 01020, México, DF Tels.: 56613043 - 56615612, Fax 56614286 comunica@imdosoc.org - www.imdosoc.org LA CUESTIÓN SOCIAL AÑO 24, N. 2, ABRIL-JUNIO. 2016 Documentos, ensayos, comentarios y reseñas de libros acerca de lo social 2 AÑO 24, N. 2, ABRIL-JUNIO. 2016 REVISTA DEL INSTITUTO MEXICANO DE DOCTRINA SOCIAL CRISTIANA, MÉXICO, DF. Eleazar López Hernández Comentando la encíclica Laudato Si’ desde la perspectiva indígena / págs. 131-139. Manuel Olimón Nolasco Derechos humanos y ley: consideraciones prospectivas / págs. 140-158. Renán Vega Cantor El trasfondo económico de un crimen de lesa humanidad / págs. 159-172. Cristina Gómez-Johnson Migración centroamericana en tránsito por México / págs. 173-178. Luis Javier Rubio Democracia y ética teológica en las naciones latinoamericanas / págs. 179-191. Angelina Volpe Primo Mazzolari: la paz crucificada / págs. 192-215. Papa Francisco Mensaje del Santo Padre Francisco para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado / págs. 216-219.
Portada: Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828). La cometa, óleo sobre lienzo, Museo del Prado, Madrid, España, realizado en 1777-1778. La economía civil como berilo intelectual Stefano Zamagni Verdad y poder en la obra de Foucault Carlos Alfonso Garduño La significación ontológica de la primordialidad de la sustancia en Aristóteles Luis Fernando Mendoza Martínez Diálogo de poetas Gérard de Nerval Creación Federico Guzmán Rubio 115 Premio Alonso Lujambio Reglas de votación, comisiones e información Salvador Ascencio Pastora, Pedro Sánchez Rodríguez y Martín Gou Durante invierno 2015 ISSN 0185-6383 Contenido Presentación Comentando la encíclica Laudato Si’ desde la perspectiva indígena Eleazar López Hernández Derechos humanos y ley: consideraciones prospectivas Manuel Olimón Nolasco El trasfondo económico de un crimen de lesa humanidad Renán Vega Cantor Migración centroamericana en tránsito por México Cristina Gómez-Johnson Democracia y ética teológica en las naciones latinoamericanas Luis Javier Rubio Primo Mazzolari: la paz crucificada Angelina Volpe Mensaje del Santo Padre Francisco para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado Papa Francisco Reseña 127 131 140 159 173 179 192 216 220
127 La Cuestión Social Año 24, n. 2 Presentación El segundo número de 2016 de La cuestión social incluye temas va- riados encaminados a sensibilizar al lector acerca de la dignidad hu- mana vista desde diversas aristas, como la naturaleza, la economía o los desplazamientos humanos. El Pbro. Eleazar López retoma la preocupación del Papa acerca de la destrucción de nuestro entorno, pe- ro no desde el documento realizado por Francisco, sino del vínculo y la inspiración indígena, que ponde- ra ante todo el respeto a la natu- raleza. En su artículo Comentando la encíclica Laudato Si’ desde la perspectiva indígena, hace hinca- pié en este diálogo de la Iglesia con los indígenas, por quienes el Papa tiene un gran respeto y cu- ya filosofía fue fundamental para dar sustento a Laudato Si’. Derechos humanos y ley: conside- raciones prospectivas es el texto del Pbro. Dr. Manuel Olimón que privi- legia los derechos humanos como fuente de las leyes mexicanas; pero no siempre fue así, en este recorri- do histórico de las leyes de nuestro país se muestra el arduo camino que nuestra Constitución tuvo que andar para convertirse en lo que es ahora. Diversos temas constitu- tivos de la persona son tocados por el Pbro. Dr. Olimón, como la liber- tad religiosa y la objeción de con- ciencia que no comulga con una sociedad que privilegia el progre- so, pasando por encima de la con- ciencia y convicción de gran parte de la población. Renán Vega expone las atrocida- des cometidas en el caso específico de Buenaventura bajo el pretexto del desarrollo económico. El capita- lismo fue tan voraz en esta zona de Colombia que la motosierra fue un ícono de las matanzas perpetradas y su respectivo ocultamiento para dar un rostro de sostenibilidad y auge económico en la zona. Este ar- tículo titulado El trasfondo económi- co de un crimen de lesa humanidad nos enseña que ningún desarrollo económico se justifica cuando se construye por medio del sufrimien- to y vidas humanas. Migración centroamericana en tránsito por México, de Cristina Gó- mez-Johnson, nos muestra la otra cara de la migración. Nuestra mi- rada se fija en las irregularidades y
128 La Cuestión Social Año 24, n. 2 129 La Cuestión Social Año 24, n. 2 atrocidades cometidas por agentes fronterizos o ciudadanos norteame- ricanos cuando los mexicanos cru- zan la frontera norte del país, pero poco o nada se habla acerca del peli- gro y las constantes violaciones a los derechos humanos que sufren los migrantes centroamericanos en su paso por nuestro país en busca del sueño americano. La democracia es considerada la mejor forma de gobierno porque el pueblo elige a sus representantes. Sin embargo, el Mtro. Luis Javier Rubio en su artículo Democracia y ética teológi- ca en las naciones latinoamericanas nos presenta un panorama distinto: en nuestro continente la desigualdad es el pan de todos los días ante un sis- tema que hace más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Esto sólo se puede revertir con la participación de los ciudadanos en política, especial- mente de los católicos, que estamos llamados a buscar el bien común y la dignidad de toda persona humana. Angelina Volpe recapitula la vida y obra de un hombre ejemplar en Primo Mazzolari: la paz crucifica- da. En esta cronología histórica, se muestra el cambio de visión acerca de un problema social como es la guerra; en el inicio, Primo Mazzola- ri apoyaba la llamada guerra justa o las acciones bélicas como defensa. Con el paso del tiempo, este pensa- miento se revirtió gracias al estudio profundo del Evangelio en el que se ponderaba la paz como única vía. Esto fue importante justo en la épo- ca de las dos guerras mundiales en las que vivió. Y finalizamos este número de La cuestión social con el mensaje del Papa Francisco en la Jornada Mun- dial del Emigrante y Refugiado, don- de aborda la necesidad las personas para moverse de su lugar de origen, y que generalmente es para salir de la situación de pobreza extrema en la que se encuentran o por expul- sión debido a la violencia que se vive en los diversos territorios. Se trata de un tema vigente y del que po- cos nos preocupamos, ya que no se menciona demasiado en las noticias y se tiende a menospreciar porque se desconocen los riesgos que viven nuestros hermanos migrantes. CS Directorio CONSEJO DIRECTIVO Presidente Honorario Vitalicio: Emmo. Sr. Cardenal Roger Etchegaray. Presidente Honorario Vitalicio: Lorenzo Servitje Sendra. Presidente Honorario Vitalicio: Salvador Domínguez Reynoso. PRESIDENTE Román Uribe Michel. VICEPRESIDENTES Lucila Servitje Montull. José Enrique Mendoza Delgado. TESORERO Sergio Castro Toledo. SECRETARIO María de la Paz Sáenz de Soberón. VOCALES Raúl González Schmal. Luis Javier Rubio Guerrero, OP. Javier Ballesteros de León. VOCALES DEL CONSEJO Constantino José Antonio De Llano Marhx, Francisco Javier Albarrán González, Germán Araujo Mata, Conrado Antonio Larios Prado, Martha Aviña de Chávez, Mariano Azuela Güitrón, Tomas G. Reynoso Ruíz, Adrián Ruíz de Chávez, María Eugenia Romo de Murrieta, Arcadio Valenzuela Valenzuela, P. Mario Ángel Flores Ramos, Eduardo Garza Cuéllar, Manuel Gómez Díaz, Mauricio Limón Aguirre, Documentos, ensayos, comentarios y reseñas de libros acerca de lo social
130 La Cuestión Social Año 24, n. 2 131 La Cuestión Social Año 24, n. 2 María del Pilar Mariscal Servitje, P. Manuel Olimón Nolasco, Wilfrido Perea Curiel, Carlo Pizano Salinas, Jesús Antonio Damián Basurto, Mons. Guillermo Francisco Escobar Galicia. COMISIÓN DE VIGILANCIA María Luisa Aspe Armella, Rogerio Casas-Alatriste Hernández, Juan Guillermo Domínguez Meneses, Salvador Domínguez Reynoso, José Ignacio Mariscal Torroella, Juan Murguía Pozzi, Óscar Ortiz Sahagún y Lorenzo Servitje Sendra. Director General: Jorge Navarrete Chimés. La Cuestión Social, es una publicación trimestral editada y publicada por la Asociación Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C., a través del Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, con dirección en Pedro Luis Ogazón n. 56, Col. Guadalupe Inn, CP 01020, México, DF, Tels. 56614465, 56614169, Fax 56614286 E-mail: comunica@imdosoc.org www.imdosoc.org Responsable de la edición: Jorge Navarrete Chimés. Registro de correspondencia de 2a. Clase expedido en la Dirección General de Correos Publicación Periódica. Registro No. 129-93. Certificado de Licitud de Contenido (pendiente). Certificado de Licitud de Título (pendiente). No. de Reserva al Título del Derecho de Autor (pendiente). Registro ISSN en trámite. Distribución directa en el IMDOSOC. Impresa en Impresora Varel, S. A. de C.V, Calle 8 No. 222, Col. Granjas San Antonio Tel: 2065 3523 Fax: 5690 0463, impvarel@hotmail.com, este número se terminó de imprimir el 16 de abril de 2015, con un tiraje de 1,500 ejemplares. Coordinador de contenidos: Gerardo Cruz González Diseño: Roberto Mandeur Cortés Corrección de estilo: A. Alfonso Muñoz Chávez Suscripciones: martha.crm@imdosoc.org Los artículos publicados reflejan el punto de vista del autor y no necesariamente el de la Asociación Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C. No se devuelven originales no solicitados. Queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos e imágenes de la publicación sin previa autorización de la Asociación Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C. Precio del ejemplar: $ 100. 00 Suscripción anual: $ 330. 00 Suscripción para el extranjero Dlls. 80. 00 Comentando la encíclica Laudato Si’ desde la perspectiva indígena Pbro. Eleazar López Hernández* Introducción C asi inmediatamente después de publicarse la encíclica Lau- dato Si’ del Papa Francisco sobre el cuidado de la Tierra como nuestra casa común, me hicieron una entre- vista telefónica para que expresara mi sentir, desde la perspectiva indí- gena. Mi respuesta fue afirmar mi enorme alegría porque esta encíclica muestra el talante de este Papa que surgió de nuestra periferia latinoa- mericana llevando no sólo nuestros problemas (nuestras espinas), sino también nuestras mejores propues- tas (nuestras flores) para enfrentar la problemática del mundo actual. Ya en la encíclica Evangelii Gaudium, el Papa Francisco había reafirmado uno de los ejes principales de la teo- logía latinoamericana que consiste en la centralidad de los pobres en el evangelio cristiano. Y ahora, con Laudato Si’, asume para toda la Igle- sia, con inocultable entusiasmo que rápidamente contagió a todos, una de las preocupaciones más antiguas y fundamentales del pensamiento indígena de esta orilla del mundo: la relación armónica con la Madre Tie- rra como matriz, resguardo y soste- nimiento de la vida en el planeta. ¿Cómo no estar alegres y espe- ranzados cuando la instancia mayor de nuestra Iglesia retoma y lanza al mundo algo por lo que los indígenas hemos luchado siempre y que reite- radamente hemos lanzado a los cua- tro vientos, a menudo, sin encontrar eco ni en el ámbito civil ni en el re- ligioso? Quienes nos sentimos hijas e hijos de la Madre Tierra seríamos incoherentes e ingratos si no celebrá- ramos que el clamor de ella puede ser ahora escuchado con la fuerza y autoridad que tiene el Pastor Univer- sal de la Iglesia, que además viene a dar la razón a la teología de estos pueblos originarios, tanto en su ex- presión precolombina —de donde vino el amor a la Madre Tierra— co- mo también en su expresión actual cristianizada, al incorporar el Papa en su magisterio pontificio no sólo estas categorías teológicas indígenas, si- no también el sentido profundo que
132 La Cuestión Social Año 24, n. 2 133 La Cuestión Social Año 24, n. 2 ellas tienen para nuestros pueblos. Por eso, esta encíclica rebasa lo tra- dicionalmente ecuménico de otras palabras pontificias que intentaban incluir a las demás denominaciones e Iglesias cristianas, porque ella in- troduce ahora un planteamiento que proviene del patrimonio macro-ecu- ménico de la humanidad contenido no sólo en las grandes religiones, sino hasta en las pequeñas del mundo co- mo las tribales y de tradición oral de los pueblos indígenas. ¿Cómo explicar esta apertura de la Iglesia para asumir la voz ancestral de los pueblos originarios, que exis- ten mucho antes que la Iglesia? Desde luego, es un signo de los tiempos que únicamente se entiende en el con- texto del gran kairós abierto desde el Concilio Vaticano II hasta nuestros días. El mismo Papa Francisco forma parte de este kairós que Dios nos da para mostrarnos cómo el Espíritu de Dios aletea nuevamente sobre el caos actual, moviendo las aguas de la his- toria e invitándonos a entrar en ella para quedar renovados y así poder actuar adecuadamente en la cons- trucción de los cielos nuevos y la tie- rra nueva que manifiesten la llegada del Reino de Dios entre nosotros. Los antecedentes de la encíclica Laudato Si’, evidentemente, no son recientes. San Francisco de Asís, en quien el Papa se apoya explíci- tamente desde el inicio del escrito, ya había intentado introducir en la Iglesia tanto la centralidad de los pobres como el valor e importan- cia de las criaturas de la Hermana Madre Tierra tomando esta con- cepción holística de los desechados de su tiempo. Más recientemente, el magisterio latinoamericano —a partir de los años 60s, después de percatarse de la existencia de los indígenas, primero como pobres y luego como diferentes— poco a po- co fue dando el paso de mirar sólo las espinas o heridas de este sector a admirar sus incuestionables flo- res o valores que aportan a la hu- manidad. Y así, en Puebla (1979), los pastores se percatan de que todas las culturas —incluidas las indígenas— no son terreno vacío donde hay que plantar el Evange- lio de Cristo sin ninguna considera- ción de lo que ahí hay, sino espacios sembrados previamente durante siglos y milenios por estos pueblos, donde también Dios ha esparcido las “semillas del Verbo”, que la evan- gelización no ha de destruir sino servir para llevar a su crecimiento, fortalecimiento y plenitud en Cristo (DP, 201.401.403.404.451). Des- pués, en Santo Domingo (1992) nuestros obispos ponen a los in- dígenas como modelo a seguir en la relación armónica con la natura- leza (SD 169.176.248); y Aparecida “valora especialmente a los indíge- nas por su respeto a la naturaleza y el amor a la madre tierra como fuen- te de alimento, casa común y altar del compartir humano” (DA, 472). El Papa Francisco accede al ponti- ficado teniendo en sus manos esos antecedentes teológicos y pastorales, pero sin conocer más ampliamente la problemática y la perspectiva indí- gena de las cosas. Sin embargo, muy rápidamente se fue abriendo a ellas y las incorpora a su voz y compromi- so pastoral. Como él fue el redactor principal del texto final de Aparecida, de ahí toma los números 125 y 126 1 como esquema básico para la encícli- ca Laudato Si’. Varios episcopados le acercaron otros materiales necesa- rios para construir su pensamiento y acción sobre la ecología. Desde luego, resalta la colaboración de la Iglesia brasileña y, especialmente, del Conse- 1 3.5 LA BUENA NUEVA DEL DESTINO UNI- VERSAL DE LOS BIENES Y ECOLOGÍA 125. Con los pueblos originarios de Améri- ca, alabamos al Señor que creó el universo como espacio para la vida y la convivencia de todos sus hijos e hijas y nos los dejó como signo de su bondad y de su belle- za. También la creación es manifestación del amor providente de Dios; nos ha sido entregada para que la cuidemos y la trans- formemos en fuente de vida digna para to- dos. Aunque hoy se ha generalizado una mayor valoración de la naturaleza, perci- bimos claramente de cuántas maneras el hombre amenaza y aun destruye su ‘hábi- tat’. “Nuestra hermana la madre tierra” es nuestra casa común y el lugar de la alian- za de Dios con los seres humanos y con toda la creación. Desatender las mutuas relaciones y el equilibrio que Dios mismo estableció entre las realidades creadas, es una ofensa al Creador, un atentado contra la biodiversidad y, en definitiva, contra la vida. El discípulo misionero, a quien Dios le encargó la creación, debe contemplarla, cuidarla y utilizarla, respetando siempre el orden que le dio el Creador. 126. La me- jor forma de respetar la naturaleza es pro- mover una ecología humana abierta a la trascendencia que respetando la persona y la familia, los ambientes y las ciudades, sigue la indicación paulina de recapitular todas las cosas en Cristo y de alabar con Él al Padre (cf. 1 Co 3, 21-23). El Señor ha entregado el mundo para todos, para los de las generaciones presentes y futuras. El destino universal de los bienes exige la so- lidaridad con la generación presente y las futuras. Ya que los recursos son cada vez más limitados, su uso debe estar regulado según un principio de justicia distributiva respetando el desarrollo sostenible. jo Indigenista Misionero (CIMI) con su presidente Erwin Kräutler, quien mostró al Papa la situación dramática de la Amazonia y de sus pueblos. Pe- ro está también la voz de una de las iglesias pioneras de México en la pas- toral indígena: San Cristóbal de las Casas, Chiapas, que celebró en 2013 su congreso sobre la pastoral de la Madre Tierra, cuyo documento final empieza exactamente igual que la encíclica papal con la oración de san Francisco y muchos otros asuntos si- milares. Ya antes, en 2010, el obispo Felipe Arizmendi llevó esta voz eco- lógica que se gestaba en su diócesis a un simposio del Celam en Buenos Aires, Argentina, donde seguramente estuvo presente el entonces Cardenal Bergolio por ser el presidente de la Conferencia Episcopal de Argentina. Don Felipe elaboró su ponencia de la misma manera como el Papa Fran- cisco elaboró la encíclica Laudato Si’, es decir, recogiendo y profundi- zando la palabra plural de indígenas de muchas partes del continente, a quienes pidió previamente su pa- labra. De modo que en esos docu- mentos episcopales están las voces de muchas personas de las bases que contribuimos a dar rostro a la coyun- tura actual de la Iglesia. Para no endosar a otros la respon- sabilidad de las afirmaciones que hago, tomo como muestra lo que de 2 don Felipe incluyó en su texto 2 El texto redactado por mí retoma la pa- labra de hermanas y hermanos indígenas que se expresaron en diversos encuentros de teología y pastoral indígena. Dicho tex- to lo presenté en el Foro Social Mundial de 2009 en Belém do Pará, Brasil.
134 La Cuestión Social Año 24, n. 2 135 La Cuestión Social Año 24, n. 2 Ecología y pueblos originarios 3 y que, de alguna manera, llegó también al Papa Francisco, pues se notan nues- tras ideas principales reflejadas en su encíclica. Don Felipe Arizmendi, después de plantear las líneas mayores de su reflexión, escribe lo siguiente: Comparto testimonios de al- gunos sacerdotes indígenas y de otros agentes de pastoral que desde hace años han con- sagrado su vida a estos pue- blos en diversas regiones de nuestra América Latina. Ellos nos describen su propia vi- vencia sobre la espiritualidad ecológica de sus etnias: *** El P. Eleazar López Hernán- dez, del pueblo zapoteca en Oaxaca, México, con amplia experiencia de otros pueblos del continente, dice: A partir de mi experiencia de ser indígena y de ejercer el mi- nisterio sacerdotal en la Igle- sia católica, puedo afirmar que para los pueblos de la Biblia y para los pueblos indígenas de Mesoamérica la relación con Dios involucra necesariamente la tierra, de la que procede todo y de la que procedemos todos. 3 Mons. Felipe Arizmendi, obispo de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, ponencia en el Simposio del Departamento de Justicia y Solidaridad del Celam sobre “Espirituali- dad de la ecología: ambientes, economías y pueblos”, Buenos Aires, Argentina, 20-25 de agosto de 2010, páginas 4-6. Para los pobres de Yavé y, con más énfasis, para los poblado- res originarios de este conti- nente, nadie ni nada se puede entender sin una relación es- trecha con la tierra, que es ma- triz, resguardo y sostenimiento de toda manifestación de vida en nuestro pequeño territorio y en nuestra gran casa. Por eso, para quienes estamos vinculados a los pueblos nati- vos de estas tierras y también para quienes se sienten inter- pelados por la construcción de “otro mundo posible” a partir de una perspectiva ecoteológi- ca o geoteológica nueva, hace falta comprender mejor tanto el pensamiento bíblico cristia- no como el pensamiento indí- gena acerca de la tierra, a fin de asumir de ambas vertien- tes —que conforman hoy el alma del pueblo latinoameri- cano—, 4 la riqueza espiritual que nos movilice a luchar por- que se haga realidad ese “cie- lo nuevo y esa tierra nueva” del Evangelio de Cristo, y esa 4 En Aparecida, el Papa Benedicto XVI defi- nió así la religiosidad popular que carac- teriza la fe del pueblo latinoamericano: “La sabiduría de los pueblos originarios les llevó afortunadamente a formar una síntesis entre sus culturas y la fe cristia- na que los misioneros les ofrecían. De allí ha nacido la rica y profunda religiosidad popular, en la cual aparece el alma de los pueblos latinoamericanos… Todo ello forma el gran mosaico de la religiosidad popular que es el precioso tesoro de la Iglesia católica en América Latina, y que ella debe proteger, promover y, en lo que fuera necesario, también purificar” (Be- nedicto XVI, Discurso inaugural). “tierra sin males” 5 o “tierra de la flor” 6 , soñada por nuestros antepasados y que resulta del Suma Kausay 7 o vida en ar- monía entre nosotros y con todas las hijas e hijos de la Ma- dre Tierra. En la experiencia teologal indígena de Mesoaméri- ca, la tierra ocupa un lugar central e indispensable. To- da vida viene de la tierra, que es el mayor sacramen- to de Dios (a quien llamaron Ipalnemohuani=Aquel por quien vivimos), el que cons- tantemente nos da la vida. En los mitos de las culturas del maíz, la tierra es la energía vital originaria, un ser vivo que nos vivifica. La vegeta- ción es su piel o su vestido, en las cuevas de los cerros está su vientre, los ríos son sus ca- bellos; cualquier parte de ella son los brazos con que nos acaricia y nos protege, por- que todos los vivientes so- mos sus hijas y sus hijos. La fraternidad como ideal ancestral de los pueblos in- dígenas resulta del hecho de que todos somos “parientes” por venir de la misma madre, que es la tierra. Los humanos no estamos por encima de esta lógica, ya que compar- timos la vida con las piedras, las plantas y los animales. 5 Utopía del pueblo guaraní. 6 Sueño de los pueblos del Anáhuac Mexicano. 7 Es la propuesta del “Vivir Bien” que anima la lucha actual de los pueblos andinos. Según los mayas, hubo va- rios proyectos previos de humanidad que se caracte- rizan y se distinguen por el material diverso tomado de la tierra, que Dios usó para formarla: madera, barro, pie- dra, monos (cfr. Popol Vuh). 8 Representan estilos distin- tos de vida. Todos fracasa- ron porque les faltó solidez, capacidad de movimiento y, sobre todo, conciencia y sentimientos (corazón). Só- lo las mujeres y los hombres a quienes Dios hizo de maíz subsistimos hasta nuestros días, porque somos los ver- daderos interlocutores de Dios, los que le reconocen, le alaban y se constituyen en 8 Según el Popol Vúh (primera parte, capítu- lo II), “los primeros humanos fueron he- chos de lodo y, en consecuencia, su carne de barro no estaba bien, porque se desha- cía, estaba blanda, no tenía movimiento, no tenía fuerza, se caía, estaba aguada, no movía la cabeza, la cara se le iba para un lado, tenía velada la vista, no podía ver para atrás. Al principio hablaba, pero no tenía entendimiento. Rápidamente se humedeció dentro del agua y no se pu- do sostener”. Los segundos “se parecían al hombre, hablaban como el hombre y poblaron la superficie de la tierra. Exis- tieron y se multiplicaron, tuvieron hijas, tuvieron hijos los muñecos de palo; pero no tenían corazón, ni entendimiento, no se acordaban de su Creador, de su Formador; caminaban sin rumbo y andaban a gatas… Hablaban al principio, pero su cara esta- ba enjuta; sus pies y sus manos no tenían consistencia; no tenían sangre, ni substan- cia, ni humedad, ni gordura; sus mejillas estaban secas, secos sus pies y sus manos y amarillas sus carnes. Por esa razón ya no pensaban en el Creador ni en el Formador, en los que les daban el ser y cuidaban de ellos… Por eso cayeron en desgracia”.
136 La Cuestión Social Año 24, n. 2 137 La Cuestión Social Año 24, n. 2 sus colaboradores para man- tener la armonía de la vida en la tierra. La llamada “cruz maya” representa el ideal de la armonía de todo cuanto existe. Los humanos somos los guardianes y reconstruc- tores de esa armonía. Para los mesoamericanos, Dios es Corazón del Cielo y Corazón de la Tierra. Y lo re- presentaban en Quetzal- cóatl, Kukulkán o Gucumátz, que carga el cielo por encima de la tierra, para formar así nuestra casa que es el mundo. También los humanos fuimos creados por Dios para colabo- rar con Él en esa tarea de le- vantar el cielo sobre la tierra y mantenerlo como ahora está. Para ello, debemos ponernos en equilibrio y en armonía en el centro, allí donde se cruzan los rumbos del universo y, por medio del servicio al pueblo, volar como hacen ritualmen- te los totonacas, colgados de un palo alto, entre el cielo y la tierra, e ir descendiendo al dar 52 vueltas, formar el siglo mesoamericano, símbolo de la historia en la que hoy vivi- mos en la tierra. O danzar, co- mo lo hacen los rarámuris o tarahumaras, zapateando so- bre la tierra como si fuera el gran tambor de la vida. Y es que Dios solito no quiere lle- gar al culmen de la creación ni mantener la armonía de la vida; los humanos hemos si- do formados para ser colabo- radores de Él en esta tarea. Es lo que expresa el mito de cómo resolvió Dios el caos de la caída del cielo sobre la tierra, crean- do a la humanidad para que junto con Él pusiéramos el uni- verso como ahora está. Para el indígena mesoame- ricano, la tierra no nos per- tenece; más bien nosotros pertenecemos a la tierra. Vi- vimos por ella, estamos en ella, terminamos en ella. Por- que somos sus hijas e hijos; somos su familia al lado de los demás seres de la crea- ción. La tierra, entonces, no se puede vender porque no es mercancía, sino que for- ma parte constitutiva de no- sotros mismos. Sembrar la tierra no es pro- piamente un trabajo, sino una relación o colaboración amorosa para que la Tierra nos dé el alimento, como lo hace una madre. Por eso, sembrar es un acto sagra- do (litúrgico) que exige pri- mero pedir permiso y luego pedir perdón; hacer sacrifi- cios y prestar colaboración con la tierra manteniendo la reciprocidad; ya que si ella sufre para producir el maíz, nosotros debemos también sufrir por ella respetándola, cuidándola y defendiéndola contra toda agresión. El Cielo indígena, nuestra uto- pía, es Xochitlalpan, la tierra de la flor, que es la verdade- ra tierra, o sea el lugar de la sabiduría, de la belleza, de la armonía; también es Tonacat- lalpan, la tierra de nuestra car- ne y de nuestro sustento, esto es, lugar de la abundancia, del bienestar, del derecho a la vida para todos los hijos de la tierra. Por eso, buscamos construir esta utopía desde aquí y aho- ra, a través de la verdadera “fraternidad”, a través de la defensa de la “comunidad”. Por esto, en algunas regio- nes del continente a esta utopía le llaman “Tierra sin males” (Guaraníes). La perspectiva capitalista imperante —que mira la tie- rra y sus componentes sólo como medio de producción y por eso la explota degra- dándola con tecnologías dañinas— se contrapone a la perspectiva indígena y a la perspectiva cristiana, por- que está en contra de la vida. Sólo es posible la vida si res- petamos y colaboramos con la Madre Tierra. Nosotros necesitamos de ella y ella ne- cesita de nosotros; además, ella tiene derechos que de- ben ser reconocidos y respe- tados por todas y todos. Volver a la relación armónica con la tierra y con todas sus hi- jas e hijos es condición indis- pensable para superar la crisis actual. La austeridad indíge- na en el uso y consumo de los bienes de la tierra es el único camino que podrá revertir la depredación y contaminación que se ha echado sobre el pla- neta, por causa de la explota- ción irracional, de la ambición de tener y del consumo voraz de los bienes de la creación, acaparados por unos cuantos. También en este aspecto los indígenas tenemos, en los mitos y sabiduría ancestral de los pueblos, semillas de un mundo nuevo y justo, donde la vida sea posible en paz y armonía, y donde el ideal de Cristo también se pueda ha- cer realidad: «Yo vine para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10,10). Cuando en el área mesoame- ricana hablamos de ‘casa’ (de donde viene el término ‘eco- logía’), los indígenas nos re- ferimos a la realidad material de la construcción donde ha- bitamos, pero de inmediato nuestra mente se remonta a la categoría de casa grande donde habita la comunidad, donde vive el pueblo, y en ca- sa aún mayor, la tierra, donde existimos como humanidad. Es decir que nos referimos al planeta tierra y al universo, que es la verdadera casa de todas y de todos. Esto indi- ca de qué manera la temática y la preocupación ecológica no nos llega por la actual cri- sis del medio ambiente, que obliga a los más lúcidos de la sociedad occidental a pensar mejor las cosas, sino que for- ma parte integrante de nues- tra perspectiva ancestral, que
138 La Cuestión Social Año 24, n. 2 139 La Cuestión Social Año 24, n. 2 ha sido agredida en el en- cuentro con la sociedad colo- nial y ahora está atacada más violentamente por causa de la crisis. Los indios de este continen- te no nos sentimos escoria o basura. Nosotros somos hi- jas e hijos del cielo, de la nu- be o de la lluvia. Somos el fruto de la relación de amor de nuestro Padre el Sol y de nuestra Madre la Tierra. Los mayas consideran que todos tenemos una misión al nacer y tenemos que bus- car cuál es nuestro lugar en el universo. En la medida que ayudamos a mantener y re- crear la armonía personal, social y cósmica, cumplimos con nuestra misión de cola- boradoras y colaboradores de Dios. Lamentablemente, estos va- lores están siendo abandona- dos por hermanos indígenas a causa de la migración o in- fluenciados por la educación alienante y por los medios de comunicación social. Pero hoy tenemos que recuperar esos valores, fortalecerlos y ofre- cernos a los demás miembros de la sociedad y de la Iglesia para construir juntos el mun- do nuevo que queremos. Hasta aquí la cita del texto de Mons. Felipe Arizmendi presentado en Buenos Aires, Argentina, en 2010. Un comentario final Como acabo de mostrar, es evi- dente la influencia indígena en las palabras expresadas en la encíclica Laudato Si’. Por eso, nos sentimos contentos de que la Iglesia institu- cionalmente se una a la lucha ances- tral de nuestros pueblos para que prevalezca la vida en el planeta. Y con el Papa Francisco, los indíge- nas reiteramos a los demás: “ne- cesitamos una conversión que nos una a todos, porque el desafío am- biental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos im- pactan a todos. Las actitudes que obstruyen los caminos de solución, aún entre los creyentes, van de la negación del problema a la indife- rencia, la resignación cómoda o la confianza ciega en las soluciones técnicas. Necesitamos una solida- ridad universal nueva” (LS, 14). Más recientemente, al establecer el 1 de septiembre como Jornada Mun- dial de Oración por el Cuidado de la Creación, el Papa enfatiza: “La crisis ecológica nos llama a una profunda conversión espiritual: los cristianos están llamados a una conversión eco- lógica, que implica dejar brotar todas las consecuencias de su encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que los rodea. Como cris- tianos, queremos ofrecer nuestra contribución para superar la crisis ecológica que está viviendo la Hu- manidad”. Esta celebración, aña- dió, “ofrecerá a cada creyente y a las comunidades una valiosa opor- tunidad de renovar la adhesión personal a la propia vocación de custodios de la creación”. Desde luego, no basta con incluir el cuidado de la creación como un tema más en nuestra terminología pastoral, ni tampoco es suficiente hacer campañas de oración o de di- vulgación de la encíclica. Desde lue- go, son importantes, pero hace falta también acciones más contunden- tes para unir esfuerzos con todos los luchadores sociales del mundo a fin de modificar radicalmente el rumbo de los acontecimientos ha- cia un real cuidado de la Madre Tierra, con todo lo que implica el cambio de modelo de desarrollo y una nueva relación entre nosotros y con la Madre Tierra. En ese sentido, me atrevo a con- cluir que aun con las limitaciones e incoherencias que se dan entre los indígenas actuales —y también en la Iglesia— para llevar a la prácti- ca esta perspectiva ecológica radi- cal, los pueblos originarios seguirán siendo un referente importante y unos aliados estratégicos en la concreción y puesta en marcha de proyectos y programas para echar abajo la perspectiva dominante de quienes por ambición del dinero son capaces de llevarnos a la catás- trofe ecológica que arruinaría para siempre las posibilidades de vida nuestra y de la Madre Tierra. ¡Enhorabuena por la palabra y la propuesta de acción del Pa- pa Francisco para el cuidado de la creación! CS * Eleazar López Hernández nació en Juchitán, Oaxaca, México, el 6 de sep- tiembre de 1948; pertenece al pueblo zapoteca del Istmo de Tehuantepec. Fue ordenado sacerdote el 8 de sep- tiembre de 1974; es miembro funda- dor del Movimiento de Sacerdotes Indígenas de México (1970); partici- pa en la Pastoral Indígena de México desde 1970. Forma parte del Equipo Coordinador del Centro Nacional de Ayuda a las Misiones Indígenas, CE- NAMI, a partir de 1976, siendo res- ponsable primero del Departamento de Formación y actualmente del Área de Identidad Religiosa de dicho Centro. Ha colaborado en el surgimiento de la Teología India a nivel latinoamericano (1989). Es miembro de la Asociación Ecuménica de Teólogos del Tercer Mundo, ASETT, a partir de 1992. Al lado de Don Samuel Ruiz, obispo de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, fue asesor de la Comisión Nacional de Intermediación, CONAI, en el diálogo entre el Gobierno y la sociedad civil mexicana con los indígenas zapatistas del Ejército Zapatista de Liberación, Nacional, EZLN (1994-1997). Es tam- bién miembro fundador de la Asocia- ción Ecuménica de Misionólogos de América Latina (2003). Fue vicepresi- dente de la International Association of Catholic Missiologists, IACM, (2004- 2006). Representante de CENAMI en la Articulación Ecuménica Latinoa- mericana de Pastoral Indígena, AE- LAPI. Fue asesor de la presidencia de la Confederación latinoamericana de Religiosos, CLAR (2005-2007). Forma parte del equipo asesor del Consejo Episcopal latinoamerica- no, CELAM, para asuntos indígenas, desde 2006. Ha participado con ar- tículos diversos en varias revistas y libros de teología de América latina. Ha publicado diversos artículos en revistas teológicas de México, Cos- ta Rica, Bolivia, Ecuador, Argentina, Francia, Italia, Alemania.
140 La Cuestión Social Año 24, n. 2 141 La Cuestión Social Año 24, n. 2 1. En medio de un cambio de época T omo la palabra en respuesta a la invitación que hace algunas semanas me hicieron amablemen- te los estudiantes Manuel Navarro y Alfredo Rivera para participar en este congreso. No soy ajeno a esta Universidad Autónoma de Nayarit ni a su Unidad Académica de De- recho. En 1964 fui por unos meses estudiante en la entonces Escuela de Derecho del todavía Instituto de Ciencias y Letras de Nayarit y par- ticipé, desde antes, como estudian- te de la preparatoria en gestiones 1 Participación en el XIV Congreso Inter- disciplinario de Derecho organizado por la Unidad Académica de Derecho de la Universidad Autónoma de Naya- rit. Tepic, 29 de septiembre de 2015. Agradezco para la construcción del presente texto la indispensable coope- ración en la parte doctrinal de la doc- tora María Concepción Medina y los doctores Raúl González Schmal y José Luis Caballero Ochoa, así como de la licenciada Verónica Morales, directora de la Biblioteca Pedro Velázquez del IMDOSOC para hacerme del acervo bi- bliográfico, sin el cual me hubiera sido imposible redactarlo. con el presidente Adolfo López Ma- teos y el gobernador Julián Gascón Mercado en vistas a la creación de la Universidad. Con motivo de los cincuenta años de la enseñanza del derecho en el estado en 2009, el doctor Rubén Hernández de la To- rre, decano de los profesores, me invitó a participar en la celebración con un texto que se publicó en un libro colectivo que titulé La fuerza y el valor de la palabra. 2 Participo, pues, con agradecimien- to y con la voluntad de contribuir a la reflexión siempre interesante, abierta y útil, acerca de un área en la que la vida en sociedad presenta perspectivas de búsqueda, contraste, complementariedad y conflicto: los derechos humanos y su relación con la ley. Área en que, además, para las generaciones que actualmente con- vivimos presenta perfiles que deben ser situados en un tiempo peculiar de la historia de la humanidad y en particular de la civilización occiden- tal, caracterizado por ser un cambio 2 Puede consultarse en mi página elec- trónica: www.olimon.org Derechos humanos y ley: consideraciones prospectivas 1 Pbro. Dr. Manuel Olimón Nolasco* de época y no únicamente una época de cambios. En este ambiente, pues, los elementos que quiero plantear en estas consideraciones prospecti- vas (o sea, orientadas al futuro), me parecen útiles para toda persona con sentido de responsabilidad so- cial y de modo especial para quienes quieren asumir con sentido ético y de servicio el papel de actores crea- tivos en el plano de la justicia y el derecho, y no sólo el de guardianes de una ley rígida y autosustentable. Advierto que el presente no es un texto fácil y no quiere aludir a una coyuntura o a un “tema de paso”. Es un texto que responde a la comple- jidad del binomio propuesto y, por consiguiente, tiene la vocación de ser leído posteriormente por quien desee compenetrarse con su am- plio marco de referencia. Las fuen- tes indicadas a pie de página, que he tratado de asimilar con cuida- do, le otorgan solidez. Por consi- guiente, de ninguna manera es mi intento polemizar. Me sitúo primeramente trein- ta años atrás en este país nuestro —el mismo desde el punto de vis- ta geográfico, pero muy diferente en sus coordenadas históricas— y anoto experiencias personales que me han permitido tanto seguir la trayectoria de la relación entre derechos humanos y ley, como te- ner la posibilidad de evaluar críti- camente esa trayectoria y poner sobre la mesa con ustedes y para ustedes los términos de una invi- tación a reflexionar a fondo, con miras a perfilar un futuro de demo- cracia poliédrica, por consiguiente no cúbica ni esférica, y contribuir a la construcción de una sociedad de ciudadanos y no de súbditos. Del 28 de enero al 1 de febrero de 1985 tuvo lugar en Guadalaja- ra una Asamblea Extraordinaria de la Conferencia del Episcopado Mexicano a la que fui invitado y en la que, al lado del doctor Jean Meyer, presenté más que una po- nencia un esquema que titulé: “Al- gunas claves de lectura sobre la relación Iglesia-Estado en la histo- ria de México”. 3 En el curso de esa asamblea se delineó con claridad, a partir de sólidas conferencias del doctor Carlos Corral Salvador, SJ, vicedecano de la Facultad de De- recho de la Universidad Pontificia de Comillas, que el planteamien- to adecuado del asunto no era el de las relaciones institucionales o cupulares (Iglesia-Estado), si- no el ámbito del reconocimiento de los derechos humanos de las personas y de las colectividades y, en el plano estrictamente jurídico, la superación de la doctrina del li- beralismo rígido que colocaba al ciudadano solo frente al Estado —“omnicomprensivo” lo llamaba el maestro Ignacio Burgoa Orihuela, distinguido profesor de la UNAM— tomando en cuenta la realidad y el necesario protagonismo de la so- ciedad civil. Por consiguiente, en la noción de libertad religiosa, según las fórmulas de la Declaración Uni- 3 Se publicó en: Conferencia del Episco- pado Mexicano (ed.) Sociedad civil y so- ciedad religiosa. Compromiso recíproco al servicio del hombre y bien del país, Librería Parroquial de Clavería, México 1985, pp. 545-561.
142 La Cuestión Social Año 24, n. 2 143 La Cuestión Social Año 24, n. 2 versal de los Derechos Humanos de 1948 y de los pactos interna- cionales subsiguientes, y no en la estrechez de una libertad de cultos “otorgada” constitucionalmente o en el pantanoso campo de las re- laciones Iglesia-Estado era donde había que situarse, emprender el estudio y, desde luego, la búsqueda de adecuación en las leyes. 4 En México comenzaba apenas a tratarse el tema de los derechos hu- manos. De hecho, pude asistir en no- viembre de 1984 a un simposio que, bajo el título de “debate”, tuvo lugar en el Colegio de México y en la Uni- versidad Autónoma Metropolitana. En el comentario que escribí sobre el libro en que se publicaron las po- nencias expuse: “El conjunto... mere- ce el calificativo de introductorio... [y en México] el tema se circunscribe a círculos intelectuales muy reduci- dos, sin abarcar el gran público”. 5 En octubre de 1986 se realizó a instancias del Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, prime- 4 Sin embargo, todavía Enrique Quiroz Acosta (Lecciones de derecho constitucio- nal. Segundo curso, Porrúa, México 2002, pp. 607-629) se concentra en la consti- tucionalidad de las relaciones Estado- Iglesia. De manera más congruente con la posición aquí indicada se estudió el asun- to en: Raúl González Schmal, Programa de Derecho Constitucional, Universidad Ibe- roamericana/Noriega Editores, México s.f., (cap. 14: “El Estado y la religión”, pp. 415-443). Y con mayor amplitud en: Dere- cho Eclesiástico Mexicano, Porrúa, 1997. 5 Los derechos humanos. Un debate, Uni- versidad Autónoma Metropolitana-Az- capotzalco, México, 1985. Reseña en: Efemérides Mexicana 3/9(1985), pp. 134-137 (p. 134). ramente en la Ciudad de México y poco después en la Universidad de Monterrey, otro simposio sobre el tema que considero un parteaguas en la conciencia y difusión del asun- to, en particular porque no evadió, como lo había hecho el celebrado en el Colegio y en la UAM, los puntos relacionados con la legislación in- ternacional en materia de libertad religiosa y, sin que el asunto se de- sarrollara, quedó claro el contrapun- to entre el derecho constitucional mexicano y el avance en el campo internacional, al hacer públicas las “reservas” y “declaraciones inter- pretativas” que el gobierno mexica- no había incluido a la hora de firmar los pactos internacionales en 1981, pues se consignó en anexos el texto de los mismos en un libro editado en 1987. 6 De esas fechas tengo en la memoria la cara de molestia del doctor Jorge Carpizo y sus palabras cortantes cuando, al final de una plá- tica que dio en el Instituto de Inves- tigaciones Jurídicas de la UNAM en 6 En este simposio participé con la po- nencia: “Historia contemporánea y derechos humanos”. Se publicó en: Ma- nuel Olimón Nolasco/Eduardo Bonnin Barceló/ José Ruiz Vera, Los derechos humanos, IMDOSOC, México 1987, pp. 7-40. Existe una 2a edición en la que amplié mi artículo: IMDOSOC, México, 1993, pp. 9-54. En ambas ediciones se dio a conocer una amplia bibliografía y el texto de un buen número de pac- tos internacionales, tanto generales como regionales. Con motivo de los se- senta años de la Declaración Universal, se editó a iniciativa del Departamen- to de Derecho de la Universidad Ibe- roamericana un libro de gran interés: José Luis Caballero Ochoa (coord.), La Declaración Universal de los Derechos Humanos. Reflexiones en torno a su 60 aniversario, Porrúa, México, 2009. 1986 en la que había expresado que “de ninguna manera” se podría cam- biar la legislación sobre la religión, le dije que era asunto de comprensión cabal de los derechos humanos y no “castigo histórico” por las posiciones políticas del siglo XIX, como él lo ha- bía insinuado; que había que mirar hacia adelante y no al pasado. Al finalizar la década y al comien- zo de la siguiente, el panorama cambió de forma radical a causa de la ampliación del ámbito de opinión y solicitud de respeto y promoción de los derechos. A ello se sumó, qui- zá por pragmatismo, la voluntad política manifestada en la llamada ‘modernización’ de las relaciones entre el gobierno y la sociedad civil, planteada en el discurso de toma de posesión del presidente Carlos Salinas de Gortari. Para la segunda edición en 1993 del libro colectivo que se había publicado en 1987, es- cribí lo siguiente: “Poca gente pudo pensar... que el tema iría ocupando un puesto de primera línea en la opinión pública mexicana y que el libro... sería pionero en la materia y prestaría apreciables servicios”. 7 En los diálogos sostenidos en vistas de la reforma del artículo 130 consti- tucional en 1991 y de la sustitución de la de 1929 por la de 1992, uno de los pilares fue el de la libertad re- ligiosa como derecho humano fun- damental y su liga con los derechos de pensamiento, opinión y reunión, principalmente. No obstante, para esas fechas sólo se había andado una pequeña parte del camino, so- bre todo porque el ámbito de estu- 7 P. 11. dio e interpretación seguía siendo el de la ley. 8 2. Crisis saludable del positivismo jurídico y el reconocimiento de los derechos humanos en la ley En México, la arraigada tradición liberal en materia de leyes y el posi- tivismo jurídico, dominante tanto en las escuelas y facultades de derecho como en los lugares de impartición de justicia, han dificultado la ubica- ción en su lugar propio de los dere- chos humanos y mantienen todavía en tensión, como lo ha estudiado con cuidado el doctor José Luis Caballero Ochoa, la incorporación al ámbito le- gislativo de los tratados internaciona- les. Su puesta en práctica no ha sido labor sencilla ni bien comprendida en nuestro país y existe todavía largo camino por recorrer. Desde luego, no es difícil entender las dificultades que enfrentan las personas formadas en 8 Una narrativa de los diálogos tendientes a los cambios constitucionales en mate- ria religiosa teniendo como protagonista a monseñor Adolfo Suárez Rivera, presi- dente de la CEM de 1988 a 1994: Manuel Olimón Nolasco, Servidor fiel. El carde- nal Adolfo Suárez Rivera, 1927-2008, Ar- zobispado de Monterrey/ Miguel Ángel Porrúa, sobre todo pp. 161-228. De la abundante bibliografía sobre libertad re- ligiosa cito solamente: Instituto de Inves- tigaciones Jurídicas. UNAM/ Consociatio Internationalis Studio Iuris Canonici Promovendo (eds.), La libertad religiosa. Memoria del IX Congreso Internacional de Derecho Canónico, UNAM, México 1996, VV.AA., Libertad religiosa. Derecho huma- no fundamental, IMDOSOC, México 1999 y Comisión Nacional de los Derechos Hu- manos (ed.), Memoria del Primer Congre- so sobre Iglesias, Estado Laico y Sociedad, VV.EE., México 2006.
144 La Cuestión Social Año 24, n. 2 145 La Cuestión Social Año 24, n. 2 la “supremacía de la ley”, sobre todo de rango constitucional. 9 El consenso contemporáneo de alguna manera rescata las antiguas nociones del derecho natural y el derecho de gentes y más a lo lejos la postura de Antígona ante las órde- 9 Son fundamentales: José Luis Caballero Ochoa, La incorporación de los tratados internacionales sobre derechos humanos en España y México, Porrúa, México, 2009, y La interpretación conforme. El modelo constitucional ante los tratados internacio- nales sobre derechos humanos y el control de convencionalidad, Porrúa/ IMDPC, Méxi- co, 2013. También: Raúl González Schmal, Tres vías para el reconocimiento integral del derecho de libertad religiosa, en: Comisión Nacional de los Derechos Humanos (ed.) Memoria del Primer Congreso Internacional sobre Iglesias, Estado laico y sociedad, pp. 346-358. Sobre la génesis y primer arraigo de la postura liberal en el siglo XIX mexi- cano he escrito: La libertad y el liberalismo: retos a la conciencia católica en el siglo XIX, en: Patricia Galeana (coord.) Encuentro de liberalismos, UNAM-Dirección General de Publicaciones, México, 2004, pp. 105-154, Las leyes liberales como conflicto de concien- cia. Reflexión inicial, en: Guadalupe Jiménez Codinach, El buen ciudadano: Benito Juárez. 1806-2006, INAH, México, 2006, pp. 65-80, El incipiente liberalismo de Estado en Méxi- co, Porrúa/Comisión Nacional de Derechos Humanos, México, 2009, La polémica sobre el juramento de la constitución de 1857 en la diócesis de Guadalajara, Boletín Eclesiás- tico... de la Arquidiócesis de Guadalajara, IX/3,4,5,(marzo-mayo 2015) (Este texto se puede consultar como libro electrónico en mi página: www.olimon.org). Aunque no contienen referencias explícitas a la incor- poración de los derechos humanos en la le- gislación mexicana, son pioneros en cuanto a la necesidad de un nuevo orden constitu- cional: Jaime F. Cárdenas Gracia, Una consti- tución para la democracia. Propuestas para un nuevo orden constitucional, UNAM-Ins- tituto de Investigaciones Jurídicas, México, 1996, y VV. AA., Hacia una nueva constitu- cionalidad, UNAM-IIJ, México, 1999. nes del tirano Creón hecha clásica en la tragedia de Sófocles. En su núcleo sostiene que los derechos humanos son previos a la legislación escrita y, por consiguiente, han de ser reco- nocidos y no otorgados por ésta. La modélica obra griega pone en relie- ve que no se trata de una conducta antisocial o una falta de compromi- so, sino la apertura a unos “manda- tos no escritos” (agraphé dogmata) superiores. 10 Los Estados nacionales surgidos en el siglo XIX, tanto en Eu- ropa como en América, elaboraron un sistema de codificación legal des- de el Estado e hicieron prevalecer los códigos como mandatos estric- tos sobre cualquier otra pretensión legislativa. Sólo más tarde, ya en el siglo XX, mediante una transfor- mación más personalista debida al enfoque diferente de la reflexión filosófica y sobre todo con la expe- riencia de los regímenes totalitarios se atenuó la rigidez legalista. 11 No fue casual que al terminar la Segunda 10 En México se publicó en el siglo XIX una obra que contribuyó determinadamente al conocimiento y estudio del derecho na- tural, de gentes e incipientemente inter- nacional: Clemente de Jesús Munguía, Del derecho natural en sus principios comunes y en sus diversas ramificaciones, o sea Cur- so elemental de Derecho natural y de gentes, público, político, constitucional, y principios de legislación, 4 vols., Imprenta de “La Voz de la Religión”, México, 1849 (edición facsi- milar con estudio introductorio de Fausti- no Martínez Martínez, Comisión Nacional de los Derechos Humanos/Suprema Corte de Justicia de la Nación, México, 2005.). 11 Son muy útiles para la reflexión varias ob- ras de Hannah Arendt: The origins of To- talitarianism, Harcourt, New York, 1966, The Human Condition, The University of Chicago Press, Chicago, 1998, EIchmann in Jerusalem. A report on the Banality of Evil, Penguin Books U.S.A., New York, 2006. Guerra Mundial haya tomado forma la Declaración Universal de los Dere- chos Humanos, proclamada en el ám- bito de las Naciones Unidas en 1948. Este consenso, particularmente claro en la legislación internacional, apunta a atender algunas cuestiones: 1) Aun cuando se legisle por votación mayoritaria, debe estar presente la sensibilidad a las minorías, pues de hecho son éstas las que pueden re- sultar vulneradas en sus derechos, los cuales, desde luego, son comunes a todos. 2) No se trata del enfren- tamiento entre la verdad y el error, pues éstos no son conceptos aéreos o meramente intelectuales, sino que “toman carne” en personas concre- tas. 12 3) El ser humano en y frente al Estado, y con mayor razón en y fren- te al gobierno, no tiene la calidad de súbdito, sino de ciudadano. 4) La raíz más honda de los derechos hu- manos se encuentra en la dignidad humana, singular respecto al resto 12 Este enfoque es la gran aportación de la Declaración del Concilio Vaticano II sobre libertad religiosa, Nostra Aetate, que su- pera la noción de ‘tolerancia’, sustentan- do esa libertad en la dignidad humana. Una excelente introducción a la génesis y sentido de esa posición: John Courtney Murray, SJ, The Declaration on Religious Freedom, en Bridging the Sacred and the Secular. Selected Writings of... (Ed. J. Leon Hooper, SJ), Georgetown University Press, Washington, 1994, pp. 187-199. Y del mis- mo: Religious Freedom and the Atheist, id., pp.255-265, que trató un perfil fronterizo, pero por ello mismo abierto a la universa- lidad del asunto. Una recentísima postura que recoge los principios asentados en el Vaticano II la dio el Papa Francisco en el Independence National Historical Park de Filadelfia, E.U.A., el 27 de septiembre de 2015 (puede consultarse en la página electrónica News.Va en la fecha). de los seres del universo, y que tiene como punto medular ese “santua- rio íntimo”, sede de la libertad y por consiguiente de la responsabilidad que es la conciencia. Aquí radican las convicciones éticas y religiosas que el filósofo José Ortega y Gasset llamó ‘creencias’ y diferenció con una frase de fácil comprensión: “Las ideas se tienen. En las creencias se vive”. 13 El derecho constitucional mexi- cano tardó mucho en acercarse a la aceptación y asimilación de los de- rechos humanos como previos a la legislación. El artículo 1° de la Cons- titución de 1857 hizo eco de la no- ción de ‘derechos del hombre’ de la Revolución Francesa y consideró “… [que] el pueblo mexicano reconoce [que] son la base y el objeto de las instituciones sociales”. No obstante, el reconocimiento se transformó en otorgamiento: “... declara que todas las leyes y autoridades del país deben respetar y sostener las garantías que otorga la presente Constitución”. En 1917 —también en el artículo 1°— no se mencionaron los derechos del hombre, sino únicamente que “... todo individuo gozará de las garantías que otorga esta Constitución, las cuales no podrán restringirse ni suspender- se, sino en los casos y con las condi- ciones que ella misma establece”. De esta manera, la ley fundamental prác- ticamente quedó cerrada a toda in- fluencia externa y autojustificada. 13 La publicación de Ideas y creencias se hizo en 1940. Existen varias ediciones. P.e.: Alianza Editorial, Madrid 2005. Es fundamental para la comprensión del cambio de época su obra En torno a Ga- lileo de 1933. Hay varias ediciones, p.e.: Biblioteca Nueva, Madrid, 2005.
146 La Cuestión Social Año 24, n. 2 147 La Cuestión Social Año 24, n. 2 Fue hasta el 10 de junio de 2011 cuando, mediante una reforma que podemos considerar histórica, se cambió la denominación del capítu- lo 1° “de las garantías individuales” por la de “de los derechos huma- nos y sus garantías”. El artículo 1° creció de manera significativa y se extendió a varios párrafos. En pri- mer lugar, se incorporó el término ‘reconocer’ y se hizo mención de los tratados internacionales: “Todas las personas [no el individuo] gozarán de los derechos humanos recono- cidos en esta Constitución y en los tratados internacionales de los que el Estado mexicano sea parte, así como de las garantías para su pro- tección, cuyo ejercicio [es decir, no su existencia] no podrá restringirse ni suspenderse, salvo en los casos y bajo las condiciones que esta cons- titución establece”. Más adelante se agregó un texto que ha sido objeto de interesantes estudios y divergencias en cuanto a la jerarquización de su interpre- tación conforme: “... las normas relativas a los derechos humanos se interpretarán de conformidad con esta constitución y con los tra- tados internacionales de la materia, favoreciendo en todo tiempo a las personas la protección más amplia”. Después se incluyó un método de tutela de los derechos dejando clara la obligación del Estado en es- ta materia: “Todas las autoridades, en el ámbito de sus competencias, tienen la obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos de conformidad con los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad. En consecuencia, el Estado deberá prevenir, investigar, sancionar y reparar las violaciones a los derechos humanos en los tér- minos que establezca la ley”. Y a modo de corolario, en una enu- meración no jerarquizada ni razona- da y, por consiguiente, problemática, introdujo el tema de la prohibición de la discriminación: “Queda prohi- bida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el gé- nero, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas”. Sin dejar de sostener que el texto promulgado en 2011 es un avance extraordinario que modificó la orien- tación misma de las leyes y su objeto, sobre la puesta en práctica del conte- nido del artículo se cierne la sombra de la ausencia de determinación clara de cada concepto enumerado, la je- rarquía dentro del orden enlistado y la diferencia epistemológica entre los principios y lo que parece una simple lista de elementos de una noción im- precisa de discriminación, que pre- senta problemas de interpretación, se presta a la manipulación ideológi- ca, a posturas políticas partidistas de conveniencia u oportunidad (lo “polí- ticamente correcto” o lo “incorrecto”) y a posiciones superficiales basadas en impulsos de la opinión pública o a consideraciones emocionales. Un ejemplo claro de esta última realidad es lo que afirmó el actual presidente de la Suprema Corte de Justicia, Luis María Aguilar Morales, al resolver en contra de la Ley de Sociedades de Convivencia del estado de Campeche, el 11 de agosto del año pasado, con una argumentación casuística más propia de una charla informal que de la tribuna de la máxima instancia de impartición de justicia: “¿Vamos a preferir que tengamos en la calle ni- ños que estén pidiendo limosna, que estén siendo explotados, dedicándo- se a las drogas, en lugar de vivir en una sociedad, en una convivencia, en una unión familiar —cualquiera que sea su naturaleza— a fuerza de im- pedir que sociedades, porque tienen personas del mismo sexo, no lo pue- den hacer?”. A riesgo de entrar en un terreno técnico —aunque no de tecnicis- mos—, hago dos citas un tanto largas al respecto. El doctor Juan Silva Meza, quien fue ministro presidente de la Suprema Corte de enero de 2011 a enero de 2015, escribió: “Comparto la necesidad... de fortalecer la iden- tificación del sentido constitucional de los derechos. Considero que una de las graves deficiencias no sólo en- tre quienes integran el Poder Judicial de la Federación, sino de todos los operadores jurídicos en su conjunto, son las diferentes percepciones de los contenidos mínimos de los de- rechos humanos... Cuando se tienen concepciones tan diferentes de los derechos, de los alcances de su ejer- cicio, es necesario contar con un piso mínimo en el Estado y en la sociedad del significado de los derechos huma- nos que nos permita avanzar en una construcción común”. 14 Y el doctor Jo- sé Luis Caballero, actual director del Departamento de Derecho de la Uni- versidad Iberoamericana reflexionó: “Es necesario observar que el pro- pósito fundamental de aplicación de las normas sobre derechos humanos es la integración. Por un lado, la inte- gración que se presenta entre los ele- mentos constitutivos del contenido de los derechos, es decir, las normas similares de fuentes distintas, cons- titucional e internacional, además de la interpretación que en el caso de las segundas hacen los organis- mos internacionales, especialmente las jurisdicciones. Por otra parte, la integración hermenéutica para favo- recer uno u otro derecho —a su vez integrado— ante las tensiones que se generan al momento de su ejercicio. Las antinomias se pueden resolver mediante un ajuste interpretativo a través de esta cláusula, no con una derogación a priori. Resaltar este as- pecto me parece importante porque en México la aproximación epistemo- lógica al control de convencionalidad o a la interpretación conforme no se está haciendo desde una perspectiva de integración, sino desde un posible resultado adverso a una norma in- convencional o inconstitucional”. 15 Hace falta, no cabe duda, mu- cho más estudio y clarificación, así como alejarnos de calificativos de índole reductivamente política o coyuntural. ¿Hará falta también una ley reglamentaria del artículo 1° constitucional en esta línea? 14 Prólogo, en: José Luis Caballero, La in- terpretación conforme, p. XXVI. 15 La interpretación conforme, p. 137.
148 La Cuestión Social Año 24, n. 2 149 La Cuestión Social Año 24, n. 2 3. La libertad religiosa, de conciencia, creencias y convicciones y la Constitución mexicana La reforma del artículo 1° plan- teó —y aún plantea— la revisión de otros textos constitucionales. Uno de los que requería reforma y se realizó a medias era el artículo 24, que limi- taba la libertad religiosa a la libertad de cultos y distaba mucho de lo se- ñalado en el artículo 18 de la Decla- ración Universal y en la “Declaración sobre la eliminación de todas las for- mas de intolerancia y discriminación basadas en la religión o en las con- vicciones”, aprobada por la Asamblea General de la ONU el 18 de enero de 1982, que concretó lo que hasta esa fecha se había declarado sobre el te- ma en el ámbito internacional. 16 De hecho, en el tiempo en que se dis- cutieron diferentes puntos de vista sobre la reforma constitucional en materia religiosa (de 1988 a 1991), opiné que era innecesario reformar el artículo 130, versión ampliada del 123 del texto de 1857 que sólo de manera oblicua suplió al proyecto no aprobado de artículo 15 sobre liber- tad de cultos, acuñando más bien el principio de subordinación del clero al poder civil; 17 que lo que correspon- día era suprimirlo y reelaborar si- guiendo la doctrina contemporánea 16 Puede consultarse el texto en: Oli- món/Bonnín/Vera, Los derechos hu- manos, 2a. ed., pp. 204-208. 17 Con cierta amplitud traté el caso en mi libro El incipiente liberalismo, pp. 209- 217. Identifiqué este episodio con estas frases: “El Congreso Constituyente y la ‘libertad de cultos’. Resultado: el princi- pio de la subordinación del clero al po- der civil que la libertad religiosa”, p. 209. sobre el derecho a la libertad religio- sa, dedicarle atención al artículo 24. En conformidad con los lineamientos citados y según el criterio pro per- sona, en 2007 se presentó un pro- yecto que en su segunda parte decía, en apoyo a la tutela de la objeción de conciencia, punto al que natural- mente había que llegar siendo con- gruentes con los criterios básicos: “La libertad de religión o creencia impli- ca la libertad de comportarse obede- ciendo a los mandatos de la propia conciencia. Cuando alguien se vea imposibilitado para cumplir una obli- gación legal por causa de su impera- tivo moral sincero, grave e ineludible, tendrá derecho a ser eximido de esa obligación legal en los términos esta- blecidos por la ley”. 18 De esta manera, entraría por la puerta grande la ob- jeción de conciencia, tal vez el punto culminante de la superación del po- sitivismo jurídico y de la “tutela de la persona frente a la incontinencia nor- mativa del poder” que, desde luego, apela a “convicciones o valores sub- jetivos firmemente arraigados” y que en la concepción más actual, secula- riza y amplía el concepto “... en cohe- rencia con la progresiva ampliación de un instituto que, concebido origi- nalmente como mecanismo de de- 18 Citado por: Graciela Sandoval Vargas, Re- seña a: Navarro-Valls, Rafael y Martínez Torrón, Javier, Conflictos entre conciencia y ley. Las objeciones de conciencia, Iustel, Madrid, 2011, Cuestiones constituciona- les, (Instituto de Investigaciones Jurídi- cas-UNAM) 27 (julio-diciembre 2012), p. 425. La propuesta amplia de reforma al artículo 24 aquí citada fue presentada el 9 de mayo de 2007 por el senador Jo- sé Alejandro Zapata Perogordo del Par- tido Acción Nacional. Véase, Dora María Sierra, o.c., p. 204. fensa de la conciencia religiosa frente a la violencia del poder, ha pasado a tutelar también contenidos éticos de conciencia no vinculados necesaria- mente a creencias religiosas”. 19 No obstante, los cambios en el ar- tículo 24 tardaron en hacerse y fue hasta el 19 de julio de 2013 cuando se hicieron. El texto nuevo, aunque no de la forma que lo hacía la propuesta de 2007, abrió el paso, aunque por un pasadizo estrecho, a la objeción de conciencia. La redacción aproba- da expone en su primera parte: “Toda persona tiene derecho a la libertad de convicciones éticas, de concien- cia y de religión”. Pero más adelan- te conservó la poco jurídica palabra “que más le agrade” (ahora: “a tener o adoptar, en su caso, la de su agrado”) y las últimas líneas, dejando fuera las “convicciones éticas [y] de concien- cia”, resbaló hacia la reglamentación del “culto” en términos que han esta- do presentes desde la etapa previa a la constitución de 1857 y, por consi- guiente, anacrónicos. Hemos abierto el tema fascinante de la objeción de conciencia, apenas explícito pero claro en el artículo 24 vigente. Conviene citar en este lugar al doctor José Luis Soberanes, bene- mérito en el tema de los derechos hu- manos: “No es fácil admitir la objeción de conciencia... Se requiere una men- te abierta, un espíritu generoso, una especial sensibilidad a los derechos humanos... (y) una estricta formación jurídica, conocimiento de la realidad 19 Paloma Lorenzo, Recensión a: Navarro- Valls... Conflictos, Foro. Nueva Época (Uni- versidad Complutense de Madrid), 1, 2011, pp. 247.248. social y de la historia nacional”. 20 A este propósito, conviene citar al entonces al senador Pablo Gómez, quien el 6 de diciembre de 2009 expuso que “... ade- más del peligro que implica llevar a la Carta Magna la libertad para la prácti- ca de dicha enseñanza, es una amena- za contra el Estado laico”. 21 Sobre este sendero invito a transitar. 4. La objeción de conciencia La temática de la objeción de con- ciencia es de palpitante actualidad y los casos se presentan con persis- tencia en la geografía de Occidente. Durante el viaje pastoral del Papa Francisco a Estados Unidos, hubo una visita breve que poco llamó la atención. No obstante, para la perspi- cacia de un periodista que lo interro- gó en la rueda de prensa en el avión de regreso a Roma, tuvo que ver con el punto que nos ocupa, pues las Pe- queñas Hermanas de los Pobres tie- nen pendiente en la Corte Suprema estadounidense un caso por objeción de conciencia en el estado de Colo- rado. A la pregunta del periodista, el 20 Citado en: Gabriel García Colorado, Las objeciones de conciencia en los Estados de- mocráticos, Bien Común (Fundación Ra- fael Preciado Hernández), 14/157, enero 2008, p. 21. Una posición de alto nivel intelectual y equilibrio que bien puede ser calificada ya como clásica es la pre- sentada en el Western Maryland College el 4 de junio de 1967 por John Courtney Murray S.J.: “Selective Conscientious Ob- jection”, en: Bridging the Sacred and the Secular, pp. 87-98. 21 La Jornada. Cita en: Dora María Sierra Madero, La objeción de conciencia en México. Bases para un adecuado marco jurídico, UNAM-Instituto de Investiga- ciones Jurídicas, México, 2012, p. 205.
150 La Cuestión Social Año 24, n. 2 151 La Cuestión Social Año 24, n. 2 Papa fue claro, como suele serlo: “... la objeción de conciencia es un derecho humano... Y si una persona no per- mite hacer objeción de conciencia, niega un derecho. En cada estructu- ra judicial debe entrar la objeción de conciencia... En caso contrario, termi- namos en la selección de derechos: ‘éste es un derecho de calidad, éste es un derecho de no calidad’…”. 22 Primeramente, es necesario subra- yar que las convicciones no tienen lu- gar en áreas triviales o en el desarrollo normal de la vida cotidiana. Lo tienen en áreas sensibles y fronterizas de la persona y de su lugar en la sociedad: la vida y la muerte, la violencia y la paz, 22 Transcripción en estilo oral en: ACI Prensa, 28 de septiembre de 2015. Texto comple- to: “Santo Padre: usted visitó a las Peque- ñas Hermanas de los Pobres y nos dijeron que quería mostrar su apoyo para ellas porque su caso en la Corte. Y, Santo Pa- dre, usted también apoya a las personas, incluso funcionarios del gobierno que por objeción de conciencia no llevarían ade- lante una legislación en favor del matri- monio homosexual. ¿Usted apoyaría este tipo de reivindicaciones en el marco de la libertad religiosa? Papa Francisco: no pue- do conocer todos los casos que pueden existir de objeción de conciencia. Pero sí puedo decir que la objeción de conciencia es un derecho humano. Es un derecho. Y si una persona no permite hacer objeción de conciencia, niega un derecho, un derecho humano. En caso contrario, terminamos en la selección de derechos: ‘éste es un de- recho de calidad, éste es un derecho de no calidad’, éste... es un derecho humano. A mí siempre —y esto va en mi contra— siem- pre me conmovió cuando de joven leí mu- chas veces La chanson de Roland, cuando estaban todos los mahometanos en fila y delante estaba la pila bautismal o la espa- da, y tenían que elegir. No les estaba per- mitida la objeción de conciencia. No, es un derecho y si tenemos que hacer paz, hay que respetar todos los derechos”. la configuración de la cultura y la edu- cación, la convivencia social, el área sexual. Estas áreas sensibles y fronte- rizas presentan retos éticos y políticos más allá de lo meramente psicológico y conllevan la confrontación y el dis- cernimiento frente a las leyes. En ellas, lo íntimo repercute en lo público. En segundo lugar, la formulación clásica de la objeción de conciencia tenía en cuenta sobre todo la obliga- ción de prestar el servicio militar y la oposición a ella por motivos mo- rales o de postura pacifista. En este punto se ha vuelto ejemplar la opo- sición en Estados Unidos a la guerra de Vietnam. 23 Sin embargo, los avan- ces científicos —sobre todo en mate- ria genética—, la manipulación y las posibilidades de la utilización de re- cursos médicos en sentido diferente al juramento hipocrático, favorecido por la industrialización de la medici- na y la permisividad en las conductas, 23 Sujeto ejemplar de la oposición al be- licismo en Estados Unidos es el jesuita Daniel Berrigan, cuya oposición se mani- festó sobre todo en forma de poesía. Cito únicamente dos de sus obras: Love, Love at the End: Parables, Prayers and Medi- tations, Macmillan, New York, 1968, To Dwell in Peace: An Autobiography, Wipf & Stock Publishers Eugene (Oregon) 2007. John Courtney Murray asumió el tema en la conferencia ya citada: “Selective Cons- cientious Objection” (véase nota 21 en el presente artículo). Para el ámbito hispá- nico puede consultarse: Eduardo López Azpitarte, Objeción de conciencia e insu- misión. Reflexiones éticas, Sal Terrae/“Fe y secularidad”, Maliaño/Madrid, 1995. “En fechas recientes el senador José Luis García Zavildea (PRD)... [presentó] en el Senado de la República una iniciativa de reforma constitucional donde propone permitir la objeción de conciencia al ser- vicio militar”. (Dora María Sierra, p. 203). han situado en el centro y como para- digma cuestiones bioéticas que han desplazado el asunto de las armas, aunque incluyen a veces el tema de la muerte. Pensemos en la fecundación in vitro, la manipulación genética, la experimentación con embriones, la interrupción voluntaria de la gravi- dez (aborto), algunos tratamientos médicos tanto en su aplicación como en su omisión, así como las prácticas eugenésicas y eutanásicas. 24 Una vez aceptada la objeción de conciencia se aceptan varios ele- mentos que son integrales de la sociedad democrática contemporá- nea: 1) la pluralidad cultural pro- pia de una sociedad abierta, 2) el paralelo entre la ley que se abre y la convicción que se opone desde una persona o desde una minoría organizada o no, 3) la aceptación de que la oposición no viene de fue- ra del orden jurídico, aunque sub- jetivamente el objetor considere su postura por encima de la ley escrita sino del mismo orden que ha toma- do en cuenta la posibilidad de obje- ción, 4) la aceptación de que no ha de haber sanción o represión auto- mática por desacato y 5) la objeción “no daña el derecho, lo enaltece”, 25 pues no es lo mismo ley que dere- cho o ley que justicia. Esta panorá- mica es perfectamente compatible con la concepción de un Estado lai- co de derecho, convence de que “… imponer leyes más estrictas y ma- yor rigor en su aplicación no con- 24 Véase: Paloma Lorenzo s. Navarro-Valls, pp. 251s. 25 Víctor Pérez Valera, Reflexiones en torno a la objeción de conciencia, Jurídica (Univer- sidad Iberoamericana) 34(2004), p. 228. duce a un orden social más justo y humano” 26 y aleja del totalitarismo normativo y jurisprudencial. Por lo que he conversado en dife- rentes ámbitos, sobre todo con le- gisladores —no ha sido el caso con intelectuales e investigadores—, esta temática tiene rasgos de nove- dad en nuestro país. No obstante, en otras partes es algo que tiene arrai- go. Me parece que será conveniente —sobre todo para quienes se prepa- ran para ocuparse profesionalmente del derecho y de la justicia— seguir esta materia con la que tarde o tem- prano se encontrarán. Hasta la fecha, la obra que me parece más completa es la de los doctores Rafael Navarro- Valls y Javier Martínez-Torrón, Con- flictos entre conciencia y ley, editada en México por la editorial Porrúa en 2012. A ella me remito para el acer- camiento y discusión acerca de la in- finidad de matices del tema. 5. En México falta mucho camino por recorrer De esa “infinidad de matices”, sin embargo, tocaré de modo intro- ductorio algunos de ellos. Me detendré en el artículo 1° de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, modificada por última vez el 25 de mayo de 2011, que con- 26 Id., p. 220. A propósito de la que me pareció inútil reforma del artículo 40 constitucional en 2011 para agregarle a ‘República’ el tér- mino ‘laica’, pues creo que república se refie- re al régimen republicano y no directamente al Estado, teniendo como eje conductor el concepto de ‘laicidad abierta’, escribí Una re- pública laica, IMDOSOC, México, 2011.
152 La Cuestión Social Año 24, n. 2 153 La Cuestión Social Año 24, n. 2 serva una cláusula excluyente de las motivaciones de conciencia, a pesar de la reforma del artículo 24 constitu- cional. Ésta propone: “Las conviccio- nes religiosas no eximen en ningún caso del cumplimiento de las leyes del país. Nadie podrá alegar motivos religiosos para evadir las responsabi- lidades y obligaciones prescritas en las leyes”. Si en 2011 podía tener con- gruencia este texto, no la tiene más y es un elemento que abona la ventaja que tiene el artículo 24 sobre el 130 que, como lo insinué más atrás, es re- sabio de la estructuración del Estado liberal y del concepto de ‘supremo gobierno’ del siglo XIX. De manera breve, pues la biblio- grafía al respecto es inmensa, me referiré al tema de la objeción de conciencia de los agentes sanitarios para la interrupción del embarazo. 27 En Uruguay, Estado ejemplar de laicidad abierta, la Corte Suprema el 11 de agosto del 2015 hizo pública una sentencia en la que, a petición de un grupo de ginecólogos, no so- lamente reiteró el derecho a la ob- jeción de conciencia en esos casos, sino que anuló un decreto ejecutivo (375/012) del 22 de noviembre de 2012 que restringía el derecho en contrariedad a la ley respectiva y pre- sentaba notorias ambigüedades de redacción (como por ejemplo la ex- 27 El tema está tratado ampliamente en: José Guillermo Gutiérrez Fernández, La obje- ción de conciencia de los profesionales de la salud, 2a. ed., IMDOSOC, México, 2007. En referencia a un punto concreto es impor- tante: Pedro A. Talavera Fernández/ Vicen- te Bellver Capella, La objeción de conciencia farmacéutica a la píldora postcoital, Medici- na y Ética (Universidad Anáhuac), 14/3(ju- lio-septiembre 2003), pp. 257-278. tensión del concepto ‘salud’ al ámbito biosocial), contrarias a la nitidez ne- cesaria de una buena ley. 28 En México, a pesar de lo que fal- ta, existen bases que pueden —y deben— ampliarse. La libertad de conciencia, aunque se encuentra protegida en general, no está garan- tizada de modo explícito y extenso: “... el derecho de ajustar el compor- tamiento personal a la propia con- ciencia moral... cuando... suponga un conflicto de conciencia para ciertas personas, obligándolas —bajo pena- lización, sanción o privación de un beneficio— a realizar una conducta que su conciencia les exija”. 29 Sin em- bargo, por ejemplo, la Ley de Salud del estado de Jalisco, promulgada el 7 de octubre de 2004, dice en su artículo 18 en referencia al personal del sistema estatal de salud: “[pue- de] excusarse de participar en todos aquellos programas, actividades, prácticas, tratamientos, métodos o investigaciones que contravengan su libertad de conciencia con ba- se en sus valores, principios éticos o creencias religiosas”. En la Ley de Salud del Distrito Federal del 27 de enero de 2004 se reconoció la posi- bilidad de la objeción de conciencia 28 Tribunal de lo contencioso administrati- vo, Montevideo. Sentencia n. 586/2015, 26 pp. Como precedente teórico utili- zado para el tribunal está este artículo: Martín Fridman/Gianni Gutiérrez, “La objeción de conciencia en la ley de in- terrupción del embarazo (aborto)”, Tri- buna del Abogado (Montevideo), 183 (junio-julio 2013), pp. 15-20. 29 Dora María Sierra Madero, La objeción de conciencia en México, Bases para un adecua- do marco jurídico, UNAM-Instituto de Inves- tigaciones Jurídicas, México, 2012, p. 190. a “quienes corresponda practicar la interrupción del embarazo de- biendo remitir a la paciente con un médico no objetor... obligando a las instituciones de salud a contar con personal no objetor de manera per- manente” (artículo 16, bis 7). La última parte de esta redacción, me parece, abre la puerta a la discrimi- nación del personal, pues requiere interrogar tal vez previamente a la contratación acerca de las convic- ciones propias, lo que no correspon- de al respeto a la intimidad de cada persona y se encuentra garantizado en el artículo 2, párrafo c, de la Ley de Asociaciones Religiosas: “No ser objeto de discriminación, coacción u hostilidad por causa de sus creen- cias religiosas, ni ser obligado a de- clarar sobre las mismas. No podrán alegarse motivos religiosos para impedir a nadie el ejercicio de cual- quier trabajo o actividad”. El 26 de agosto de 2009 se mo- dificó la ley del Distrito Federal en sentido restrictivo al mencionar en su artículo 29 solamente a los mé- dicos. Esta restricción ciertamente contradice el reconocimiento cabal del derecho a toda persona que se encuentre involucrada en los hechos respectivos. En el ámbito federal, una reforma de la Secretaría de Salud del 27 de febrero de 2009 a la NOM-046-SSA2-2005, reconoció el derecho de objeción de concien- cia de médicos y enfermeras para la práctica del aborto en casos de violación, legal en la mayor parte del país. 30 30 Datos aportados por Dora María Sierra, o.c., pp. 200s. En pocas palabras, parece que existe una fuerte resistencia entre los legisladores mexicanos para aceptar lo que los tiempos piden en las actuales corrientes de pen- samiento y de comprensión de los derechos humanos. No obstante, se abren nuevos cam- pos donde la conflictividad está a la puerta como, por ejemplo, en el ca- so de los llamados “matrimonios igualitarios”. 31 Con notoria autosu- ficiencia, el ministro de la Suprema Corte, José Ramón Cossío Díaz, en un artículo en el diario El Universal del 4 de agosto de 2015, 32 reduciendo la problemática casi despectivamente a posturas de “diversos sacerdotes y organizaciones religiosas”, aceptando la protesta porque lo contrario sería políticamente incorrecto, expresó que se requeriría un cambio en la menta- lidad de los ministros de la Corte (lo cual podría suceder en 2021) para que pudiera tener efecto un cambio real a la manifestación jurispruden- cial que pidió que en los códigos es- tatales se incluyera en la definición del matrimonio la diversidad de se- xos y la procreación: “... pierden de vista estos grupos... que la posibi- lidad jurídica de éste no deriva de una decisión tomada por mayorías 31 El 21 de julio de 2015 participé en una mesa redonda a propósito de la tesis ju- risprudencial de la Primera Sala de la Su- prema Corte de Justicia, convocada por la XXXI Legislatura del Congreso del es- tado de Nayarit. El texto de mi interven- ción (Tiempo oportuno para reflexionar) se publicó en el periódico La Senda de agosto de 2015 y puede consultarse en mi página electrónica: www.olimon.org 32 “Matrimonio igualitario y justicia constitucional”.
154 La Cuestión Social Año 24, n. 2 155 La Cuestión Social Año 24, n. 2 parlamentarias ordinarias, sino por una decisión judicial”. Por ello, “Si un tribunal constitucional [y lo es en México la Suprema Corte] determina que una norma jurídica o, como en el caso, una institución contenida en diversas normas jurídicas, es incons- titucional, no es posible que los órga- nos legislativos la mantengan. Por el contrario, lo que éstos suelen hacer en deferencia al contenido de una sentencia constitucional, es ajustar las normas que las contemplan”. De esa manera, tal parece que lo único que corresponde hacer es someterse. El ministro, en primer lugar, alude a una procedencia de oposición muy débil y meramente coyuntural: “di- versos sacerdotes y grupos religio- sos” cuando, en realidad, en el caso del matrimonio entre un hombre y una mujer y la procreación como fin, aunque no único del mismo, se tra- ta de una convicción sustentada no sólo por la herencia común de Occi- dente, sino que es de índole intercul- tural, pues civilizaciones orientales antiguas y presentes, así como las po- blaciones originarias de América lo sostienen como una tranquila poses- sio, una posesión tranquila. Además, la ausencia de definición y jerarqui- zación de los derechos humanos y el carácter meramente enumerativo del área de discriminación en el artículo 1° constitucional presenta una duda razonable para la aplicación del tér- mino a la posibilidad de los enlaces homosexuales y las familias homopa- rentales. Por otra parte, parece que nos encontramos frente a una menta- lidad en que la Corte, elevada al rango de tribunal constitucional, supera y aun anula al poder legislativo, lo que conduce a un quebranto de la con- cepción democrática, pues se rompe la separación y el necesario equilibrio entre los tres poderes, que forman la columna vertebral del Estado demo- crático de derecho. En esta línea, hace poco escribí lo siguiente: “Entonces, ¿cuál es el papel de las complicadas y costosas estructuras electorales y el de los cientos de senadores y dipu- tados, ‘representantes populares’?”. 33 Esta tendencia a una tiranía judicial no es exclusiva de quien he citado. En Estados Unidos hace ya tiempo que la doctora Mary Ann Glendon en su ex- celente estudio crítico de 1994, Una nación bajo los abogados. Cómo la crisis en la profesión legal está trasfor- mando la sociedad estadounidense, 34 había alertado sobre esta situación. Pero sigamos en la geografía la- tinoamericana. El 13 de agosto, el rector de la Uni- versidad Católica Argentina, doctor Víctor Manuel Fernández, en una carta dirigida al presidente de la Corte Suprema, doctor Ricardo Lorenzetti, en la cual le señaló dos casos de invasión por la Corte del área legislativa: ampliación de las causales del aborto transformando el terapéutico en “aborto por vio- lación” e incluyendo la maternidad subrogada como “servicio que de- 33 La familia, herencia y reto. Rompi- miento de una tradición ancestral, pá- gina electrónica: www.olimon.org 34 A Nation under Lawyers. How the Crisis in the Legal Profession is Transforming American Society, Harvard University Press, Cambridge, Mass., 1994 (la refe- rencia a A Nation under lleva a la frase, común en Estados Unidos, que se auto- define como A Nation under God). be ser pagado”. En la citada misiva, Fernández reflexionó: “... se adivi- na una tendencia a que los jueces mediante fallos, terminen legislan- do... ¿Qué sentido tienen los deba- tes legislativos si los fallos avanzan más allá de lo legislado? ¿No se trata de un indebido avance de un poder del Estado sobre otro?”. Y abundó anotando un caso similar: “... la Corte Constitucional de Co- lombia ante la falta de ley ‘legali- zó’ la eutanasia, estableciendo un procedimiento que debe seguirse obligatoriamente”. 35 Por el 23 de septiembre de 2015 en México, la ministra Olga Sánchez Cordero, a propósito de un amparo que había sido rechazado en dos ins- tancias, pretendió que se cambien los artículos 333 y 334 del Código Penal Federal en que se restringe la interrupción del embarazo al “peli- gro grave para la madre” por el de “peligro para la salud”, abriendo un espacio de ambigüedad muy gran- de en la práctica, haciendo al aborto algo casi trivial a la manera de la am- pliación a la “salud biosocial” que, desde luego, fue declarada improce- dente en Uruguay. 36 Sabemos sin embargo que, como sucede en España precisamente a propósito de los enlaces homo- sexuales, puede apelarse a las sen- 35 Planteo del rector de la UCA al Presidente de la Corte, página electrónica: www.aica.org 36 Datos del artículo de Enrique Aranda, “Ma- niobra abortista”, Excélsior, 27 de septiem- bre de 2015: “La modificación planteada, en caso de proceder, estaría abriendo de par en par las puertas a la práctica crimi- nal del aborto a nivel nacional”. tencias de las Cortes Supremas y, desde luego, son campos naturales de la objeción de conciencia e invi- tan a una reflexión serena que, co- mo se aprecia, abarca nada menos que la revisión de la estructura de- mocrática de un Estado. En Estados Unidos se discute —y la prensa lo hace superficialmente— la objeción de conciencia de la funciona- ria del Registro Civil del estado de Ken- tucky, Kim Davis. Su encarcelamiento y su rápida excarcelación hacen que se vislumbre un deseo de que no se cree jurisprudencia, pues todavía se sostienen en el régimen civil estadou- nidense cláusulas de juramento reli- gioso que me parecen anacrónicas. 37 El Código Civil del Distrito Federal se ha modificado en 2010 introduciendo el matrimonio entre homosexuales, el cambio de sexo genérico y el divorcio sin causales. Estos puntos son plata- formas para la objeción de conciencia de los servidores públicos, como se re- conoce en buen número de países. A pesar de que el diputado Fidel Suárez Vivanco del PRI propuso el reconoci- miento de la objeción, el asunto no ha pasado adelante. 38 Me parece, sin em- bargo, que es algo que puede exigirse 37 Un ejemplo del trato superficial dado en la prensa es el artículo de Jeniffer Bendery, cuyo título sesga el enfoque de modo de- finido: “Kim Davis gets an award for brea- king the law to discriminate against gay people” (conservatives give her an award, “Cost of discipleship”), Huffington Post, 25 de septiembre de 2015. El tema del jura- mento religioso en materias políticas está tratado magistralmente en: Paolo Prodi, Il sacramento del potere. Il giuramento politi- co nella storia costituzionale dell Occidente, Il Mulino, Bologna, 1992. 38 Véase: Dora María Sierra, o.c., p. 203.
156 La Cuestión Social Año 24, n. 2 157 La Cuestión Social Año 24, n. 2 sin que deba causar polémica y que manifestaría un avance en nuestra práctica de un Estado de derecho. Tan- to la doctrina como el derecho compa- rado a nivel internacional permiten un acercamiento lejano a los prejuicios que todavía se escuchan como el que manifestó, por ejemplo, el ya citado se- nador Pablo Gómez: “... prácticamente cualquier ciudadano, bajo cualquier circunstancia, podría violentar el Es- tado de derecho en cuestiones a su conveniencia, tan sólo con esgrimir el ‘imperativo moral sincero’”. 39 Un plan- teamiento así, tan plano y superficial, ninguna persona seria o estudioso medio informado lo propondría. Ade- más, el texto de la propuesta que ci- té párrafos atrás incluía tres adjetivos que tendrían que ser ponderados en los casos que se presentaran: sincero, grave e ineludible. El campo de la bioética plantea cuestiones inéditas que no deben soslayarse y que, a pesar de las difi- cultades que presentan, no eximen al estudioso del derecho, al juez y al legislador de afrontarlas y de dimen- sionarlas dentro de un marco más amplio que el de la norma a obede- cer. 40 Asumo, a modo de profundi- zación, un párrafo del estudio del 39 La Jornada, 6 de diciembre de 2009. Citado en Dora María Sierra, p. 205. 40 Sobre la importancia de la bioética son in- teresantes tres artículos: Eduardo Bonnín Barceló, “¿Por qué el magisterio de la Igle- sia habla de las ciencias de la vida?”; Rodri- go Guerra López, “La Iglesia y las ciencias de la vida” y Gerardo Jiménez Sánchez, “La medicina genómica como instrumento es- tratégico en el desarrollo de México” en: Memoria del Primer Congreso Internacio- nal sobre Iglesias, Estado laico y sociedad, pp. 221-242. doctor Ottavio de Bertoli, a propósito de la amplitud de dimensiones de estas cuestiones: “No cualquier mo- tivación de disenso merece el títu- lo de ‘objeción de conciencia’ sino sólo aquellas que ponen en juego, por una parte, los valores religiosos [éticos y deontológicos] y por otra los valores fundamentales de convi- vencia social pacífica y ordenada que tutela el Estado. Probablemente no se puede invocar la objeción de concien- cia para protestar contra cierto tipo de gastos estatales, como por ejem- plo, los destinados al armamento, aun cuando sean nobles sus motiva- ciones: el debate político, es decir, las reglas fundamentales de convivencia en un Estado democrático deben bas- tar para manifestar en los ámbitos convenientes el propio disenso, que- dando abiertas tanto la obligación de todos al pago fiscal como la manifes- tación del propio pensamiento libre. “De manera diferente podría ac- tuarse en otros casos, como en el que la ley impondría a un funciona- rio del Estado actos que, aun siendo legales, socavan la misma antropo- logía: por ejemplo, celebrar un ‘ma- trimonio’ entre personas del mismo sexo, o cuando se tratara de impo- ner a un médico proceder a la euta- nasia, aun cuando sea a petición del paciente. Se trata de hecho de actos que, aun prescindiendo de su valo- ración religiosa y de su significado moral objetivamente distinto, ma- nifiestan la explosión de los ordena- mientos jurídicos contemporáneos que pasan a ser instrumentos de la voluntad individual, es decir, expre- san la renuncia de parte del Estado a ser instrumento de coexistencia pa- cífica, pues no se trata en realidad, no obstante cuanto se dice presun- tuosamente, de actos que empiezan y terminan entre los actores, como su asunto privado. El derecho es una racionalidad tutelada y garan- tizada, y la ley es su instrumento. La supresión de una persona es la ne- gación de ello y una relación mimé- tica [o sea, de imitación] no es, por su misma naturaleza, una relación real que, precisamente en cuanto relación, está basado sobre la dife- rencia, también sexual (aun callan- do el derecho de los hijos a tener una verdadera pareja de progenito- res, basada en el principio antropo- lógico fundamental de la diferencia y la complementariedad para el de- sarrollo de la propia identidad per- sonal, que nace de saber ‘quién es mi padre’ y de la identidad sexual correlativa)”. 41 6. Las grandes y fascinantes tareas de nuestras generaciones Al comienzo de estas líneas hice mención de que la etapa histórica en la que nos ha tocado vivir no es únicamente época de cambios sino un cambio de época, como aquellos que se verificaron en la historia de Occidente a la caída del Imperio Romano o al inicio de la modernidad. En circunstancias de esa índole suele acentuarse la fra- gilidad de los consensos y sentirse la provisionalidad de muchos sis- temas (ideológicos, sociales, jurí- 41 “L’obiezione di coscienza”, La Civiltà Cattolica, 156/3728 (15 de octubre de 2005), p. 156. El artículo está escrito en italiano. La traducción es mía. dicos, económicos) e incluso, como en los días que corren, se percibe la amenaza a la sobrevivencia mis- ma de la humanidad. De ahí que haya tentaleos, miedos y se quiera caer en la tentación del inmovilis- mo o de la imposición, de suplantar el horizonte de una vida por el ins- tante. De ahí también que se opte por asumir una cultura que se ha calificado como líquida, en contras- te con la que podría ser sólida y que se le dé sitio privilegiado al relati- vismo e incluso al cinismo. Si observamos más a fondo esta crisis de cambio de época, percibi- mos que se trata de una crisis de ín- dole filosófica, es decir, que pone en tela de juicio las causas últimas de la civilización y no solamente las remo- tas, esos tres consensos radicales, las raíces de Occidente: el consenso ético de raíz judeocristiana, el con- senso cultural basado en la racio- nalidad del pensamiento griego y el consenso jurídico procedente de la estructura del derecho romano, sino también las causas más cercanas, las que forjaron la modernidad, el pen- samiento de Descartes y Kant que subrayó la apariencia y el fenómeno frente a la realidad y enfatizó la re- latividad de la verdad y la certeza, la crítica de la economía política inte- grada por Marx y la insistencia en la fuerza del inconsciente y en la importancia de las experiencias in- fantiles de Freud y el psicoanálisis. Si tenemos en cuenta esos fac- tores y le dedicamos esfuerzo de pensamiento, podremos superar la incertidumbre y la perplejidad.
158 La Cuestión Social Año 24, n. 2 159 La Cuestión Social Año 24, n. 2 Propongo dos ejercicios de más trascendencia, sin dejar a un lado el tema que nos ha ocupado: los derechos humanos y la ley: 1. Tener en cuenta que existen enormes áreas en el horizon- te mundial que difícilmente volteamos a ver y que están en interdependencia crecien- te sobre nuestro marco cul- tural: las naciones islámicas, China, las poblaciones margi- nales asiáticas y africanas. En esa inmensa porción de la hu- manidad se tiene una versión muy diferente de los derechos humanos y de las concepcio- nes de legalidad. Estos modos de actuar y pensar están ya a las puertas de Europa, ¿no lle- garán a nuestro continente? 2. Corresponde acercarnos a pen- sadores que, incentivados por la experiencia de la Primera Guerra Mundial (inicio, me parece, del cambio de época que nos ocupa), reflexionaron sobre el ser humano situado en la historia, del hombre y su circunstancia. Concretamente, pienso en José Ortega y Gas- set y Miguel de Unamuno, es- pañoles universales, y en los mexicanos Antonio Caso, José Vasconcelos y Samuel Ramos, igualmente universales. ¡Qué enseñanzas guardan sus obras y qué poco las tomamos en cuenta para iluminar nuestra época! Remontándonos a la antigüedad tardía y el fin del Imperio Romano, están las reflexiones modernas de San Agustín: su ejercicio de intros- pección, Las Confesiones y su ensayo de filosofía de la histo- ria La Ciudad de Dios. Por último, considero que la com- plejidad de los retos que enfrenta- mos exige ir más allá de las frases bien cortadas, de los cambios en el vocabulario y de las conclusiones obtenidas sin reflexión por presio- nes de “vanguardia”. No basta ela- borar códigos de ética o proclamar “valores”, quedarnos en una posi- ción “profesional”, departamental o de especialización. Hace falta em- prender la tarea de índole educativa y de maduración de formar convic- ciones y la conciencia moral en las generaciones futuras. Hace falta, más que una interdisciplinariedad académica, la interrelación en cada uno y en las comunidades, de una interacción de saberes que conduz- can a una postura universalista y, por consiguiente, auténticamente huma- nista. Estoy convencido que este iti- nerario está expresado en el lema de ésta nuestra Universidad Autónoma de Nayarit: “por lo nuestro a lo uni- versal” y que, por tanto, se encuen- tra indudablemente en el horizonte de nuestros compromisos. CS * Consejero deI IMDOSOC y párroco en la diócesis de Nayarit. Historia- dor, miembro de la Academia Mexi- cana de la Historia Introducción E l discurso neoliberal y la pro- paganda que se difunde desde hace décadas afirma que el libre co- mercio es sinónimo de prosperidad y bienestar para los países que lo adopten. En el discurso convencional y dominante —que incluso han asu- mido sectores de la izquierda llama- da light a nivel mundial— se asegura que la apertura comercial de un país le traerá desarrollo y bienestar, “ríos de leche y de miel”. Para completar 1 Vega Cantor, Renán, “El trasfondo económi- co de un crimen de lesa humanidad”, Publi- cado en: El Ágora USB, Medellín, Colombia, Universidad de San Buenaventura, vol. 14, no. 1 (enero-junio, 2014), pp. 61- 74. el cuadro, al evocar los milagros del libre comercio, se afirma que son un resultado de las fuerzas irrever- sibles del mercado que se imponen por su superioridad intrínseca sobre sus “enemigos naturales”, entre los que se encuentran el Estado, los sin- dicatos, las organizaciones sociales, fuerza campesina, indígenas, organi- zaciones populares, etc. Estas afirmaciones que sustentan el discurso neoliberal justifican la imposición de tratados de libre co- mercio después de 1994 por parte de la mayoría de países de América Latina, con los que entraríamos en el Primer Mundo porque se supe- rarían siglos de aislamiento secular El trasfondo económico de un crimen de lesa humanidad 1 Renán Vega Cantor* Resumen El presente artículo, resultado de investigación, pretende aportar elemen- tos clave que den cuenta de los nexos entre libre comercio y la violación permanente de los derechos humanos, incluso con delitos de lesa humani- dad; situaciones que no se constituyen en hechos aislados, circunstanciales y producto de la simultaneidad aparente entre delincuencia en abstracto, generada en zonas donde se proyectan y desarrollan proyectos estratégicos para la economía global, sino en un asunto relacionado, provocado, sostenido por los grupos económicos, políticos tanto nacionales como internacionales que ganan con estos mega-proyectos.
160 La Cuestión Social Año 24, n. 2 161 La Cuestión Social Año 24, n. 2 que nos habían mantenido al mar- gen de la modernización y el progre- so. Con una lógica bastante primaria, propia de los economistas neolibe- rales, a rajatabla se impusieron y si- guen imponiendo hoy los TLC. Aunque las evidencias empíricas —como en el caso de México— in- diquen un impacto negativo sobre la vida de la población, los librecambis- tas repiten el estribillo que el libre comercio representa la redención para quienes “valientemente” lo adopten en forma consciente por- que, se agrega, que no existe alterna- tiva: exportar o morir. Quienes sostienen esto no están muy equivocados, salvo que haya que darle la vuelta al dilema, por- que en realidad esa consigna de- vino en exportar y morir o, más precisamente, morir para exportar, exportar aunque muchos mueran, exportar gracias a la muerte de mi- les de personas o exportar sobre los huesos de los muertos. Esto es indispensable recordarlo, porque el libre comercio debe enten- derse como otra forma de guerra, co- mo lo decía Bertolt Brecht: “He oído a mucha gente decir que el comercio y la economía son humanos, y que sólo la guerra es inhumana. Pero re- sulta que, en primer lugar, ni el co- mercio ni la economía son humanos, y en segundo lugar, nos conducen a la guerra […] La barbarie procede de la barbarie, puesto que la guerra pro- cede de la economía” (Brecht, 1994). Estas macabras características del libre comercio han sido estudiadas de forma magistral en La doctrina del shock, la obra de Naomi Klein, donde se demuestra con numerosos ejemplos que la libertad de mercado no es un resultado de la mano in- visible del mercado, sino del brazo bien armado de diversas fracciones del capital que propician la guerra, la tortura y la muerte de millones de seres humanos. El libre mercado se impone sobre una interminable pila de cadáveres de gente pobre y hu- milde; se levantan las exitosas eco- nomías exportadoras, siendo Chile el ejemplo más alabado. El descubrimiento analítico de Naomi Klein puede sintetizarse con pocas palabras: para que el libre co- mercio opere, sin incómodos obs- táculos sociales, los capitalistas de cada país generan un estado pre- vio de pánico y terror que inmovi- liza a la población, posibilitando la apertura comercial y la aplicación de medidas neoliberales. En otros términos, existe una estrecha rela- ción entre libre mercado y tortura, porque esta última es uno de los instrumentos favoritos para ate- rrorizar a la población y consoli- dar las economías de exportación, que luego son presentadas como modelos exitosos y ejemplos que deben ser imitados. Sobre los trabajadores, campesi- nos, indígenas, afrodescendientes, mujeres humildes y, en general, habitantes pobres del campo y la ciudad, se erigen los monumentos del mercado libre. “Si recordamos que algunas de las violaciones de derechos humanos más despreciables de este siglo, que hasta ahora se consideraban como actos de sadismo fruto de regímenes antidemocráticos, fueron de hecho un intento deliberado de aterrori- zar al pueblo, y se articularon acti- vamente para preparar el terreno e introducir las ‘reformas’ radicales que habrían de traer ese ansiado li- bre mercado” (Klein, 2007). Si se trata de buscar una ilustra- ción práctica de los nexos entre li- bre comercio, tortura y muerte, Colombia es el modelo más brutal —como lo ejemplifica lo que su- cede por estos días— desde hace varios años, en el Puerto de Buena- ventura, en el Océano Pacífico. Sin embargo, no debe suponerse que éste es un hecho aislado, circuns- tancial y producto de la delincuen- cia o de los “violentos” en abstracto, como suelen presentarlo los me- dios masivos de comunicacón. El Puerto de Buenaventura es sólo una muestra a pequeña escala del terror que acompaña la imposición de casi dos decenas de tratados de libre comercio entre Colombia y el resto del mundo. Por otra parte, como se concluye de la contundente realidad que se re- fleja en muchos estudios sobre vícti- mas y paramilitarismo en Colombia, el símbolo criminal que identifica más claramente la apertura comer- cial de Colombia es la motosierra, que de ser un medio de trabajo uti- lizada para cortar árboles y madera, en manos de los paramilitares —li- gados en forma directa al Estado co- lombiano y financiados y armados por las clases dominantes, políticos nacionales, regionales, ganaderos, industriales colombianos y empre- sas transnacionales— se transfor- mó en el más horroroso y cruel instrumento de tortura y muerte, por medio del cual se procede a des- membrar vivas a las personas y lue- go se les bota como residuos a un caño, a una ciénaga, al mar o se les entierra en fosas comunes (Balbin & Insuasty Rodriguez, 2009). En todos los lugares del territorio colombiano que hoy son presenta- dos como modelos de éxito exporta- dor, como paso previo se destruyeron las sociedades y economías locales, al tiempo que se arrasaban las bases so- ciales de los movimientos reivindica- tivos y de la insurgencia, mediante el terror planificado. Metodología Para el desarrollo del presente texto, se consideran las siguientes cuestiones: Se indica cuáles son las carac- terísticas de la guerra mundial por los recursos, traducido en proyectos estratégicos de desarrollo; Se subrayan los aspectos me- dulares de la estrategia de con- trol territorial como proyectos a mediano plazo, que dan trá- mite a la implementación de grandes proyectos para el sec- tor productivo internacional; El impacto de dichas estrate- gia de control territorial es- pecificando algunos casos, en
162 La Cuestión Social Año 24, n. 2 163 La Cuestión Social Año 24, n. 2 concreto el del puerto de Bue- naventura, Colombia. Para ello, se acuden a fuente ofi- ciales, centros de documentación e investigación, contrastación, análi- sis de fuentes. Resultado-discusiones El método más frecuente, el que puede denominarse como la contri- bución auténticamente colombiana a la historia universal de la infamia, ha sido el de la motosierra para destrozar a seres humanos, como se ilustra en la película Perro come perro. No por azar, la BACRIM (Ban- da Criminal) más sanguinaria (los Urabeños) y asociada al expresiden- te Álvaro Uribe Vélez, acuñó como lema de guerra —electoral y mili- tar— el de “Mano firme, motosierra grande” (El Tiempo, 2014). En Medellín, la “tasita de plata” de los traquetos paisas y de las clases dominantes de Colombia paramili- tares la emplearon y sobre miles de muertos de esta ciudad y de las zonas circundantes se levanta el proyecto de una ciudad competitiva, turística y abierta a las inversiones extranjeras (Franco Restrepo, 2011). En la costa atlántica, durante años se efectuó una ronda de muertes a punta de machete y motosierra, en muchas ocasiones acompasada por el ritmo de gaitas y vallenatos; en esos mismos territorios se erigen megaproyectos, represas, grandes haciendas y centros comerciales, que se enaltecen como los milagros de la “paz paramilitar”. Para no ir muy lejos, a la ciudad de Montería, capital de Córdoba, una de las cunas del paramilitarismo, y sitio de donde es oriundo Salvatore Man- cuso (revista Semana, 2011), para- militar aristocrático y bestial, se le compara con Miami y, lo que parece un chiste cruel, fue distinguida co- mo una de las cincos ciudades más sostenibles del planeta en 2014 por parte del Fondo Mundial para la Na- turaleza (El Espectador, 2014). Los Llanos Orientales han sido la cuna de ejércitos paramilitares, es- cenario a vasta escala del extermi- nio de la Unión Patriótica y donde se efectuaron masacres, como la de Mapiripan en 1997, con participa- ción de Estados Unidos y las Fuer- zas Armadas de Colombia. Es a ese mismo territorio de los Llanos al que los capitalistas locales y forá- neos quieren convertir en un empo- rio agrícola de vocación exportadora que produzca caña, palma, caucho y materias primas para generar agro- combustibles, y en el que se extraen miles de barriles de petróleo por la Pacific Rubiales y otras compa- ñías que, como se observa en estos momentos, destruyen las reservas hídricas de algunos sectores del De- partamento del Casanare. Se podrían seguir enumerando en forma rutinaria las regiones de Colombia que aparecen como em- blemas del libre comercio, todas con un pasado y un presente ple- no de crímenes y torturas, que se constituye en el telón de fondo en el que, en medio del terror de la moto- sierra, se despejaron territorios, se asesinaron a sus líderes sociales, se masacraron habitantes lugareños y otros fueron obligados a huir… Y luego vinieron los “prósperos” y “honorables” hombres de empresa a fortalecer las empresas exporta- doras. Esto lo manifestaron sin pes- tañear, como si fueran laureados economistas de encopetadas uni- versidades, los jefes paramilitares. Por ejemplo, Vicente Castaño afir- mó en una ocasión: “Queremos que nos dejen hacer nuevos modelos de empresas que ya hemos ve- nido desarrollando a nivel na- cional. […] En Urabá tenemos cultivos de palma. Yo mismo conseguí los empresarios pa- ra invertir en esos proyectos que son duraderos y pro- ductivos. La idea es llevar a los ricos a invertir en ese ti- po de proyectos en diferen- tes zonas del país. Al llevar a los ricos a esas zonas lle- gan las instituciones del Es- tado. Desafortunadamente, las instituciones del Estado sólo le caminan a esas co- sas cuando están los ricos. Hay que llevar ricos a todas las regiones del país y esa es una de las misiones que tienen todos los comandan- tes” (revista Semana, 2005). En estas afirmaciones no pue- de dejarse pasar un detalle fun- damental: en Urabá, la región a la que se refiere Vicente Castaño, se presentó un proyecto de lim- pieza social por los paramilitares, los militares y el Estado, que re- currió al terror y a las masacres. No por casualidad de ese proyec- to regional salió un político local directamente a la presidencia de la República. Y los productos es- trellas de ese proyecto de muer- te, el banano y la palma aceitera (o palma africana, por su origen geográfico), se consolidaron co- mo renglones exportadores del país gracias a la motosierra. Luego de que miles de trabajadores fue- ran asesinados, se destruyeran sus sindicatos clasistas, se extermina- ra a la Unión Patriota, la Chiquita Brands financiara a las bandas de paramilitares, se “pacificó” la re- gión y ésta se convirtió en una zo- na competitiva en la producción y exportación del banano, por su- puesto un banano sangriento. En cuanto a la palma, comunidades afrodescendientes fueron masa- cradas para que en sus tierras se iniciara el proyecto terrateniente de trasformar el país en la Malasia de Sudamérica, sembrando la re- gión con la “palma de la muerte” (O Loingsigh, 2013). El paramilitar conocido como El Alemán pontificaba sobre las bon- dades del libre comercio, como cualquier ministro de Hacienda o Agricultura formado en las “mejores escuelas de negocios” del país o del mundo, cuando sostenía: “Queremos […] un desa- rrollo regional que desde grandes proyectos de in- fraestructura posibilite el establecimiento de cadenas productivas y de comercia- lización que aprovechen las ventajas geoestratégicas
164 La Cuestión Social Año 24, n. 2 165 La Cuestión Social Año 24, n. 2 de nuestro país, generando una verdadera revolución constructiva y democrati- zadora del agro que integre a la industria y al gran capi- tal con el trabajo asociado y con el pequeño propieta- rio rural” (Contreras, 1999). Quien no tenga ni idea de quién procede esta afirmación, puede pensar que nos encontramos an- te un consultor internacional del Banco Mundial o ante un ilustre economista de Chicago, pero lo lla- mativo es que quien así hablaba era el cabecilla del bloque paramilitar Elmer Cárdenas, responsable de la muerte de miles de campesinos en Urabá. Este mismo individuo, para más señas, controlaba el negocio de la madera en el Atrato e impulsó el Plan Motosierra que se sustentaba en poseer 200 motosierras y 500 mulas, que se usaban para presio- nar a los campesinos y obligarlos a producir grandes cantidades de madera, mediante la aparcería y el endeude forzado: “Le vendíamos al que nos trajera la plata en efectivo, no fiábamos. Nos llegaba la plata en costal. Había meses de 200 o 100 millones (de pesos). Era la partici- pación que teníamos. Y el campesi- no tenía la posibilidad de volver al monte e ir pagando la herramien- ta que no tenía”. Como en cualquier enclave, “a cambio de las herra- mientas, los campesinos empeña- ban la madera cortada para pagar la deuda y el resto […] se les pagaba con vales que sólo podían redimir en negocios controlados por los ‘paras’” (Verdad Abierta, 2014). Tan jugoso negocio no podía pros- perar sin acudir a la fuerza bruta, porque el bloque Elmer Cárdenas fue responsable del “episodio de un grupo de paras que luego de cortar la cabeza de una de sus víctimas, jugó fútbol con ella” y del “asesinato con sevicia de mujeres embaraza- das y la quema de caseríos” (revista Semana, 2006). Como veremos enseguida, lo que acontece en Buenaventura tiene notables antecedentes y similitu- des con lo sucedido en otras re- giones de Colombia, en donde se rubricó un nexo orgánico entre el libre comercio y la motosierra. Esto es necesario plantearlo para eludir las explicaciones convencionales de los medios de desinformación, quienes se rasgan las vestiduras y pretenden que los hechos de Bue- naventura son inéditos y un resul- tado exclusivo de la delincuencia y el narcotráfico, sin ninguna relación con los magaproyectos de moderni- zación del puerto. Como si, además, el narcotráfico y la violencia asocia- da no fueran también expresiones del libre comercio, impulsadas por Estados Unidos. En Buenaventura, ubicada a 115 kilómetros de Cali, se encuentra el primer puerto de Colombia, tanto por el volumen de carga que llega del mundo como el que se envía hacia el exterior. El puerto está enclavado en la región del Chocó biogeográfico, un auténtico tesoro de la naturaleza que se extiende desde Panamá has- ta el Ecuador en un área de 187 ki- lómetros cuadrados, siendo la zona más lluviosa del mundo. Su elevada pluviosidad, su ubicación tropical y su aislamiento la convierten en una de las regiones más biodiversas del planeta en plantas, mamíferos, aves, reptiles y anfibios, además de que posee maderas, agua y minerales. Esta riqueza es apetecida por los países imperialistas y sus empre- sas transnacionales, cuyo interés aumenta por la geoestratégica ubicación, comercial y militar, de Buenaventura. Junto a esa riqueza de la natura- leza, coexiste una terrible desigual- dad social que exacerba aún más el libre comercio —entre unos pocos ganadores y muchos perdedores—, lo cual ha hecho emerger dos reali- dades opuestas, dos Buenaventuras que están claramente separadas, co- mo es típico en los enclaves econó- micos, cuya característica distintiva es la de servir de punto de tránsi- to de mercancías hacia el mercado mundial. Esas dos Buenaventuras están formadas por el puerto y la ciudad. El puerto se localiza en una envidiable posición geográfica, en el corazón de la cuenca del Pacífico; hoy por hoy, el centro del comercio mundial y próximo a las principales rutas marítimas del planeta, entre ellas el Canal de Panamá. Por ese puerto circula el 60% del comercio exterior de Colombia —incluyendo el 80% del café— y está equipado con lo último en tecnología, es limpio y automatizado. Funciona sin pa- rar las 24 horas del día y un muro electrificado lo separa del resto de la ciudad. Ese puerto es apetecido por inversionistas y transnaciona- les, y como parte de esa avanzada se construyó la Terminal de Con- tenedores. Está protegido metro a metro por centenares de miembros de las fuerzas militares del Estado y guardias privados. Se le menciona siempre como modelo exitoso de la integración exitosa del país al co- mercio mundial. Por el puerto pasan diariamen- te enormes buques trasatlánticos que descargan y se llevan cada año doce millones de toneladas en un típico intercambio desigual, pues- to que “por cada 10 contenedores que llegan llenos de juguetes, ropa, carros y electrodomésticos de Asia, sólo tres regresan cargados con pro- ductos de postre: café, plátanos o azúcar de Colombia” (Weis, 2012). El Puerto de Buenaventura es una prueba a pequeña escala de los “be- neficios” del libre comercio, que tanto exaltan Mario Vargas Llosa y todos los neoliberales de su es- tilo. Este puerto aparece como el epicentro de megaproyectos de infraestructura y como la capital co- lombiana de la Alianza del Pacífico en que participan Chile, México, Cos- ta Rica y Colombia. Es un puerto sin gente, con pocos trabajadores, hecho para descargar containers y almace- nar mercancías, porque las grandes grúas y enormes recipientes susti- tuyeron a los estibadores. Mientras que a finales de la década de 1980 trabajaban en el puerto 2,500 traba- jadores, en la actualidad la Sociedad Portuaria emplea a 181, quienes ga- rantizan la conexión con el mercado mundial (Almario, 2007). Al lado del iluminado, limpio, trans- parente, privatizado y “pacífico” puer-
166 La Cuestión Social Año 24, n. 2 167 La Cuestión Social Año 24, n. 2 to está la ciudad, en donde viven en la pobreza absoluta 400 mil personas, cuyas condiciones de vida alcanzan tal indignidad que bien podría lla- marse Malaventura. Cada cuatro de cinco de sus habitantes, en un 88% afrodescendientes, son pobres abso- lutos; el desempleo supera el 60%, el 35% de la población no cuenta con acceso al agua potable, al alcantari- llado, a la energía eléctrica y al gas. Si antes había pobreza, ahora lo que hay es miseria extrema como resulta- do de la privatización de Colpuertos, debido a que los trabajadores que es- taban ligados a esta empresa pública eran quienes redistribuían sus ingre- sos entre la población, y con sus sala- rios dinamizaban la economía local. La eliminación de esa empresa y la formación de la Sociedad Portuaria le ocasionaron un golpe mortal a la eco- nomía de la ciudad y, en contra de la cartilla neoliberal del libre comercio, propiciaron que Buenaventura se ais- lara no sólo del mundo, sino del resto de Colombia. Esto ha sido el resultado de la pri- vatización de la actividad portuaria, porque se rompió el vínculo entre el puerto y la ciudad, como consecuen- cia de lo cual “Buenaventura, negra, mulata, indígena ha devenido gueto y el gueto va camino de convertir- se en una gran prisión en la que las fuerzas armadas del Estado supervi- san la matanza que ocurre ante sus ojos” (Salazar, 2007). Malaventura crece y se expande para recibir los miles de desplazados de las zonas circundantes, a quienes se les despo- ja de sus tierras y bienes comunes, con lo que se ahondan los proble- mas de miseria y desempleo. Nada la une con el puerto, ni negocios, ni trabajo, ni actividad económica, por- que la ciudad no transforma ningún producto que provenga del puerto y ninguna empresa de la ciudad abas- tece al puerto. Para sobrevivir, como en cualquier prisión, los bonaerenses deben re- currir a lo que está al alcance de la mano, que en este caso es el micro- tráfico de estupefacientes, pero a un nivel paupérrimo y miserable, que nada tiene que ver con los grandes negocios y fortunas de los capos de los carteles de otras regiones. Se lucha entre pobres para conseguir unos cuantos centavos, con lo cual se completa el círculo vicioso de delincuencia, descomposición del tejido social y abandono de cual- quier lucha colectiva. Sin embar- go, en Buenaventura no hay dinero, porque éste se encuentra afuera, en las manos de quienes ordenan los envíos, “los dueños de las caletas, los que hacen los negocios con los DEA en Miami o en Nueva York, los que pagan por matar a los muchachos que han participado en algún envío fallido, los que pagan por ejercer un control precario sobre las zonas cla- ves de la ciudad, los que se apropian de los escasos dineros públicos. Por eso, en las calles con nombres de te- mas de salsa los muertos mueren sin dinero y todos los dineros viven en la pobreza absoluta, sin agua, sin alcantarillas, sin educación, sin espe- ranza”. La miseria y la muerte están ligadas al comercio mundial, porque “los que pagan por matar y los que disfrutan del dinero por cuya causa tantos mueren en Buenaventura no están en la ciudad y no viven en los barrios periféricos en los que rondan la muerte y el terror” (Salazar, 2007). Esto sucede, aunque en la vida coti- diana la población pobre de la ciudad —es decir, casi todos sus habitan- tes— haya sido encarcelada en un gueto, aislado del resto del territorio colombiano, y que no le interesa ni al Estado ni a las clases dominantes. Para completar el acoso y el ago- bio, la Armada ha impuesto una es- tricta vigilancia costera, so pretexto de evitar la entrada y salida de em- barcaciones ilegales, y ha prohibido que los pescadores locales salgan a pescar de noche y les raciona la can- tidad de combustible que les ven- den, como consecuencia de lo cual se dispararon los precios de gasolina en el mercado negro y se restringió la pesca, uno de los pocas activida- des legales que todavía existían. Esto ha originado la cruel paradoja que en Buenaventura, en cuyo mar se encuentra una gran variedad de pes- ca, sus habitantes compren pescado importado mientras “los barcos pes- queros de Asia arrasan en las aguas profundas frente a la costa. Las pes- queras colombianas en Buenaventu- ra quebraron y sus fábricas se están convirtiendo en almacenes para car- bón y otros recursos que esperan su embarque para Asia” (Weis, 2012). Como para que no queden du- das de que la realidad supera el realismo mágico de Gabriel García Márquez, ¡a Malaventura se le de- nomina oficialmente por el Estado como el Distrito Especial, Indus- trial, Portuario, Biodiverso y Eco- turístico de Buenaventura! ¡Típico en un país de gramáticos y legule- yos que suponen que con nombres rimbombantes se edulcora la mi- seria y la infamia! Que estos dos mundos tan cerca- nos y separados por una inmensa ba- rrera ya no tienen ninguna relación, lo testifica de manera cínica Domingo Chinea, gerente general de la Socie- dad Portuaria Regional de Buenaven- tura, para quien, mientras los pobres son descuartizados en los barrios de bajamar, el puerto “está traba- jando perfectamente”. En el mismo sentido, el gerente de Hamburg Süd, una empresa naviera alema- na —una de las veinte más impor- tantes del mundo— que en el 2013 se instaló en el puerto, señala que “el tema (sic) de Buenaventura no ha impactado el comercio y el mo- vimiento de carga de ninguna ma- nera” (Legiscomex.com, 2014). En otras palabras, como lo dijo el presi- dente de la Cámara de Comercio lo- cal: “Mientras la maquinita de hacer dinero (el puerto) siga facturando, el Estado no atenderá las proble- máticas de Buenaventura”. Para los promotores del libre comercio en Buenaventura queda claro que una cosa es la gente y otra la carga, es decir, la ganancia. La gente de Malaventura ya no inte- resa al capital como fuerza de trabajo ni como consumidores porque no tie- nen ingresos de ninguna índole, pero al capital si le apetecen los lugares en donde se hacinan esos pobres, sobre todo los barrios de bajamar, porque allí se tienen proyectadas obras de ampliación del puerto y de “modernización económica”. Los habitantes de esos lugares son vistos
168 La Cuestión Social Año 24, n. 2 169 La Cuestión Social Año 24, n. 2 como incómodos estorbos que im- piden el progreso del puerto, y a los que se debe quitar del camino, como sea. Por este evidente interés, se libra una guerra brutal contra la gente más pobre, con el objetivo de expulsar- la de sus lugares de habitación. Por supuesto, los asesinos intelectuales e ideólogos del mercado libre no se manchan directamente las manos con sangre, sino que actúan por me- dio de los grupos paramilitares — con la aquiescencia y participación velada del Estado y sus fuerzas re- presivas— que cambian de nombre (ahora se llaman los Chocoanos, los Rastrojos, La Empresa…), pero siem- pre actúan en representación del gran capital colombiano o extranje- ro, con la finalidad de conseguir los apetecidos terrenos, que luego de ser arrebatados o comprados a bajo precio a sus legítimos propietarios, son vendidos a los inversionistas en finca raíz y a los agentes de las em- presas portuarias. Las bandas criminales de parami- litares recurren a todos los medios en su propósito de desalojar los ba- rrios de bajamar, por donde se van a construir los megaproyectos. Entre esos medios se encuentran los “in- cendios de clase” o la “demolición en caliente”, como la denomina el geó- grafo Mike Davis, que consisten en quemar las casas de los pobres para obligarlos a salir y luego apropiarse de los terrenos ahora yermos y des- habitados (Davis, 2007). Eso se ha hecho en varias oca- siones, como el primero de abril de 2014, cuando fueron devoradas por las llamas 35 viviendas en el barrio Santa Fe, quedando 196 familias en la intemperie. La gente afectada señaló que “las bandas las quemaron para que nos vayamos del todo”. Estas afir- maciones se relacionan con el hecho que “Santa Fe es uno de los barrios de bajamar que han sido codiciados por la administración distrital para adelantar la ampliación portuaria de la Terminal de Contenedores de Bue- naventura (TCBuen), ubicada al no- roeste de la ciudad. La terminal, que según sus representantes, factura cerca de U$122,000 millones al año y ha buscado la expansión en los últi- mos cinco años” (Valenzuela, 2014). Como sucede en el resto del país, donde los paramilitares actúan tranquila e impunemente, la región está militarizada sin necesidad de que la tomen las fuerzas armadas, como lo anunció triunfalmente Juan Manuel Santos, porque a escasos 9 kilómetros se encuentra Bahía Málaga, en donde funciona la prin- cipal base militar de la Infantería de Marina, y ha hecho presencia la Marina de Estados Unidos. Senci- llamente, la llegada de más tropa lo que quiere es consolidar el proceso de expulsión de los pobres de los ba- rrios de bajamar. Conclusiones Con lo dicho anteriormente, se quie- re resaltar la razón principal que ex- plica el terror generalizado que se ha impuesto desde hace años en Buena- ventura, detrás del cual se encuentran los grandes inversionistas nacionales y extranjeros, aunque ellos nunca apa- rezcan como directos responsables. Dichos inversionistas aplican a las mil maravillas el manual del capitalismo del shock, que ordena aterrorizar a la población para hacer avanzar los proyectos de “desarrollo” y “moderni- zación” propios del capitalismo neoli- beral. Algunos habitantes de la ciudad entienden lo que se mueve detrás de los descuartizamientos, como lo in- dica una dirigente social que prefiere permanecer anónima: “Lo que está en el fondo de esta violencia no es sólo el narcotráfico, es el control territorial del municipio, es una táctica de terror para que la gente se vaya de la zona insular y se desplace hacia las zonas rurales, para que los megaproyectos puedan tener rienda suelta. Los ma- fiosos, aliados con algunos empresa- rios, quieren sacar a la gente a punta de miedo y comprando barato, para luego hacer buenos negocios” (Mola- no Jimeno, 2013). Malaventura, la de los pobres, y Buenaventura, el puerto del capital, no figuran en los mismos planes de la Alianza del Pacífico, el plan de libre comercio que ha entrado en marcha para que los cipayos de América La- tina (Chile, Colombia, México y Costa Rica) le preparen el terreno a las mul- tinacionales de Estados Unidos, en su proyecto de revivir el ALCA. Para esa Alianza del Pacífico, que preten- der extraer y llevar rápido aquellos productos primarios (petróleo, car- bón, madera, minerales, cocaína…) que necesita el capitalismo mundial, lo prioritario es el puerto, no la gen- te. Por eso, ponderan las obras in- dispensables para que Colombia sea competitiva en el concierto mundial, tales como la doble calzada Buga- Buenaventura, el aumento del tama- ño de los muelles, la ampliación de los depósitos de carga y descarga, la construcción de un malecón… Pura cuestión de negocios y de dinero. A ese puerto es el que se quiere de- clarar la capital colombiana de la Alianza del Pacífico, donde no haya gente y mucho menos si son po- bres y afrodescendientes, porque aparte de la dominación de clase impera el racismo. Malaventura, donde vive la gente y corre la sangre a chorros, se tor- tura y se procede a desmembrar a jóvenes y mujeres con motosierra, hachas y machetes, porque son un estorbo para los “empresarios de bien”, los partidarios del libre comer- cio. Aún más, su terrorífica miseria, sus casas derruidas, su suciedad no puede ser ni siquiera vista por los grandes inversionistas del mundo. Por esa razón, allí no se reunieron a comienzos de este año los presi- dentes de la Alianza del Pacífico, que se sentaron a manteles a mil cien ki- lómetros de distancia, en Cartagena, que no está sobre el Océano Pacífico, sino al otro lado en el Mar Caribe. Tan inesperados giros geográficos, en una vuelta de tuerca, llevan a que una cumbre del Pacífico se reú- na en el Atlántico, lo cual no impor- ta, porque la sapiencia geográfica no es propia de los tecnócratas del libre comercio y porque lo funda- mental es la buena imagen que el Estado colombiano como huésped les debe mostrar a sus socios co- merciales. Además, en Malaventura por la magnitud de la miseria ur- bana no es posible realizar lo que se ha hecho recientemente en Me- dellín durante el Foro Mundial Ur- bano, cuyos pobres fueron sacados
170 La Cuestión Social Año 24, n. 2 171 La Cuestión Social Año 24, n. 2 de la ciudad durante los ochos días que duró el encuentro, para que los ilustres visitantes no se alteraran al contemplar a mendigos e indigentes, puesto que eso afea el milagro paisa y altera negativamente el buen clima de los negocios (El Espectador, 2014). Ni siquiera eso de expulsar a los pobres del centro de la ciudad puede hacerse en Buenaventura, porque tendrían que, literalmente, desocuparla, lo que no es fácil por- que ¿a dónde y cómo van a trasla- dar a 400 mil pobres? ¿Acaso los van a echar al mar, luego de picarlos a todos, para que los inversionistas y presidentes de la Alianza del Pací- fico puedan almorzar con tranqui- lidad algún día en un lujoso hotel de la empobrecida ciudad, sin ver a un pobre ni a un afro en su cami- no y sin contemplar ni un tugurio? Aunque eso no lo puedan hacer ple- namente, por ahora se fortalece el capitalismo del shock, porque como lo ha dicho el obispo Héctor Epalza: “El puerto se convirtió en la patria del miedo y mientras el progreso avanza, el genocidio continúa ”. Na- da debe detener el libre comercio, así que mientras se pica a la gen- te con motosierra en los barrios de bajamar, los negocios andan bo- yantes, porque los barcos entran y salen del puerto llevando y trayen- do mercancías de toda clase, entre ellas armas y cocaína, que tanto le fascina a Estados Unidos, el cam- peón mundial de la guerra y de la imposición del libre mercado. “De rodillas, escondido de- trás de un precario horno de leña, Ismael Peña vio la for- ma como sus vecinos eran asesinados. El campesino, de 35 años de edad, guardó en lo más profundo de su alma el dolor que sentía al presen- ciar que los hombres arma- dos con fusiles, machetes y motosierras, humillaban a sus víctimas. […] Los hom- bres armados primero in- sultaban a las personas. Les decían que eran guerrilleros mal nacidos y que iban a mo- rir como perros” (El País, Ca- li, abril 16 del 2001). “Es lo peor: desmembrar a las personas. Y eso no es imaginación, eso es una ver- güenza. Esa es la barbarie de hasta dónde ha llegado la violencia en Buenaventu- ra […] Buenaventura es el corredor estratégico para la salida de la droga […]. Pero no es sólo la droga. Hay mu- chos otros intereses […]. Los megaproyectos también han azuzado la violencia” (Héc- tor Epalza, obispo de Buena- ventura, BBC Mundo, 24 de marzo de 2014). CS * Historiador. Profesor titular de la Universidad Pedagógica Nacional de Bogotá, Colombia. Autor y compilador de los libros Marx y el siglo XXI (2 volú- menes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 1998-1999; Gente muy rebelde, (4 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 2002; Neoliberalis- mo: mito y realidad; El Caos Planeta- rio, Ediciones Herramienta, 1999; entre otros. Premio Libertador, Ve- nezuela, 2008. Su último libro publi- cado es Capitalismo y despojo, Editor Revista CEPA. Referencias bibliográficas Almario, O. (2007). “Ay mi bello puerto del mar, mi Buenaventura”. Revista de la Universidad del Valle, 15-18. Balbin, J., Insuasty Rodriguez, A. (2010). Las victimas en contextos de violencia e impunidad: caso Medellín. Medellín: Instituto Popular de Capacticación. Balbin, J., & Insuasty Rodriguez, A. (2009). Victimas, Violencia y Des- pojo. Medellín: Litoimpacto. Bastidas, W., Insuasty Rodriguez, A. (2010). Victimas en Medellín. EL AGORA USB, 367-397. Brecht, B. (1994). Diálogos de refugiados. Madrid: Alianza Editorial. Contreras, H. 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174 La Cuestión Social Año 24, n. 2 175 La Cuestión Social Año 24, n. 2 Además, los golpean y violan ma- sivamente a las mujeres, vendien- do a las que consideran atractivas por dos o tres mil dólares a redes de explotación sexual. Quienes no pagan o no quieren llamar a su fa- milia son ejecutados frente al resto del grupo. Estos hechos han llamado la atención tanto de medios de co- municación como de las autorida- des mexicanas y, en algunos casos, de los países de origen de los mi- grantes, pues la situación se ha ido agravando. Además, mientras los migrantes esperan en las estacio- nes para subirse al siguiente tren, muchas veces son víctimas de asal- tos, robos, violaciones y asesinatos. Algunos testimonios confirman que inclusive los civiles abusan de ellos con cobros excesivos por productos básicos, como el agua, o con porcen- tajes elevados de los envíos que re- ciben de sus familiares. 3 La transmigración por México se multiplicó por 25 en un lapso de 25 años (de 1980 a 2005). Lamenta- blemente, al tratarse de un tránsito no reglado, la medición es compli- cada. Las estadísticas con las que se cuenta son los “aseguramientos” 3 Algunos migrantes conocen el calvario que les espera en México y prefieren ir financiado el tránsito con envíos peque- ños de sus familiares. Así evitan perder todo su dinero al ser asaltados. Recurren a la red de tiendas Elektra en las que es- tán instaladas oficinas de Money Gram, donde pueden retirar los envíos desde Estados Unidos o Centroamérica. Sin em- bargo, para hacerlo deben presentar una identificación oficial y la mayoría viaja sin papeles, por lo que buscan ayuda de al- gún civil que retire el dinero. Algunos se quedan con el 50% o más de los envíos. realizados por el Instituto Nacional de Migración (INM), que no otorgan datos suficientes referentes a carac- terísticas sociodemográficas o nú- mero de ingresos totales. Conforme ha aumentado el flujo de migrantes en tránsito, también lo han hecho los controles y las deportaciones sistemáticas. La mayoría de los ase- guramientos se realizan en Chiapas, seguido por Tabasco y Quintana Roo. Según datos del INM, la ma- yor parte de los asegurados son va- rones mayores de 18 años, aunque en los últimos años se ha visto un incremento de mujeres y menores de edad no acompañados. Las rutas migratorias también han variado, y muchos atraviesan por zonas selvá- ticas o ríos, por Guatemala y Belice. Las condiciones de seguridad exi- gidas desde el norte son también una razón para el cambio de rutas, haciendo más peligroso el cruce de los migrantes. Como se ha repetido en varios in- formes y testimonios de los propios migrantes, los abusos son cometidos en general por el crimen organizado, relacionado con el contrabando, trata de personas o tráfico de drogas, que actúa en contubernio o bajo la indife- rencia de las autoridades municipa- les, estatales y federales. Este tipo de situaciones, junto con aseguramien- tos de dudosa legitimidad, se repite a lo largo de la frontera de México. La detención se ha convertido en el instrumento de la política migrato- ria mexicana y, por tanto, se le está dando un enfoque de control y repre- sión. “El reciente endurecimiento de las Normas para el Funcionamiento de las Estaciones Migratorias (2009) es un claro ejemplo de los efectos del enfoque de seguridad nacional que afecta directamente las vidas de las personas detenidas en las estaciones migratorias. A raíz de la aplicación de éstas, los procesos y las consecuen- cias de la detención administrativa se han vuelto aún menos transparentes debido a la ausencia de monitoreo civil de la situación en las estaciones migratorias y por las restricciones para el acceso de los representan- tes legales” (Bonnici, 2011: 388). Di- cha cuestión ha sido confirmada en entrevista con personal de la orga- nización Sin Fronteras. El único cam- bio registrado sería que, a partir de 2008, la migración irregular en trán- sito ya no está tipificada como delito, sino como falta administrativa que conlleva una multa y la detención in- mediata. Formalmente, esto repre- senta un cambio, pero en la práctica se continúa criminalizando al mi- grante, que por su vulnerabilidad no se atreve a denunciar. En el caso particular de El Sal- vador y Guatemala, 4 la migración creció a partir de los años 80, por un lado por la crisis económica, no sólo en ambos países sino en toda Latinoamérica, y por otro debido a 4 Guatemala tiene una relación más es- trecha con México debido a que com- parte una frontera. Ahí las personas que residen en las ciudades limítrofes con México tienen la autorización de transitar en uno y otro país, únicamen- te con su documentación. Tradicional- mente, los guatemaltecos cruzaban a la zona del Soconusco durante la cosecha del café, de ahí que no resulte extraña su presencia en Chiapas. Sin embargo, si traspasan el límite chiapaneco son asegurados y retornados a Guatemala. que estaban inmersos en una gue- rra civil que forzó a muchas familias a salir. Los acuerdos de paz se fir- maron en 1992 y 1996, respectiva- mente, pero los flujos migratorios no cesaron; las promesas de me- jora económica no se concretaron con la rapidez necesaria, los nuevos migrantes salían buscando otras oportunidades y otros muchos por seguridad, pues sus países todavía no estaban estabilizados. Ya en el siglo XXI la migración forma parte de los procesos sociales de ambas naciones, muchos han salido y por ello las redes han crecido y facilita- do el proceso. El tema de la seguri- dad se ha posicionado como una de las razones para migrar: numero- sas personas son víctimas de extor- siones, los jóvenes son cooptados por pandillas y los homicidios han aumentado. 5 En este siglo, además, la zona ha sufrido desastres natura- les que han obligado a poblaciones enteras a abandonar sus zonas de origen (Del Cid, 2011). En México, la migración hacia Es- tados Unidos data desde finales del siglo XIX, siempre condicionada a la débil economía y las pocas oportu- 5 En el caso hondureño, los índices de migrantes en tránsito por México au- mentaron a partir de 2009, quizá resul- tado del golpe de Estado contra Manuel Zelaya en junio de ese año. Además, la situación de inseguridad empeoró por la presencia de pandillas pertenecien- tes a la Mara Salvatrucha y Barrio 18, obligando a la población a salir huyen- do. El Consejo Noruego para los Des- plazados registró 550 mil desplazados durante 2014 en el denominado Trián- gulo Norte Centroamericano (Guate- mala, El Salvador y Honduras).
176 La Cuestión Social Año 24, n. 2 177 La Cuestión Social Año 24, n. 2 nidades que hay en el país, al menos para un sector rural, aunque últi- mamente los movimientos se han diversificado. Los primeros flujos respondían a necesidades agrícolas e industriales del país vecino, e invo- lucraban sobre todo a los estados del norte del país. Pero los flujos comen- zaron a crecer en las primeras déca- das del siglo XX, posiblemente por la creación de una ruta de ferrocarril que unía el centro con el occiden- te de México, y a su vez conectaba con rutas ferroviarias estadouni- denses. Además, se estimuló un sistema de contratación conocido como “enganche”, 6 cuya caracterís- tica recurrente era la irregularidad. También en esos años, la Revolución Mexicana dejó muchos refugiados en Estados Unidos, seguida por la Primera Guerra Mundial, cuando la participación de la Unión America- na aumentó la demanda de mano de obra agrícola, cubierta por mexica- nos. A este aumento de flujos le siguió un periodo de deportaciones, siendo las más importantes durante la Gran Depresión, que afectó las redes y circuitos migratorios creados hasta entonces y puso fin al primer pe- riodo de expansión de la migración mexicana hacia Estados Unidos. En los 40 el flujo volvió a crecer. Para Durand y Massey existen periodos de 20 a 22 años en la migración hacia Estados Unidos de “apertu- 6 Se trataba de un sistema que dejaba en manos privadas la contratación, trasla- do, salario y control de campamentos y cargas de trabajo. El resultado fueron mi- serables condiciones laborales y de vida, trabajo infantil, policía privada y casas de contratación. Las contrataciones se lleva- ban a cabo en la frontera o en la ruta del ferrocarril (Tuirán y Ávila, 2010). ra de la frontera, control fronterizo y deportación” (Durand y Massey, 2003: 48). A partir de este enfoque, identifican tres periodos de 1942 a la fecha: Programa Bracero (1942- 1964), migración indocumentada (1965-1986) y el que se inicia en 1987 hasta hoy con la Ley de Re- forma y Control de Inmigración, caracterizado por la preocupación por la seguridad nacional estadou- nidense, agravada en 2001 por los ataques terroristas contra las To- rres Gemelas en Nueva York. Como no es de extrañar, la políti- ca mexicana de seguridad fronteriza viene dictada desde Estados Unidos, que a partir de 2001 ha incrementa- do controles y represión fronteriza, y ha exigido lo mismo a México en su frontera sur. En ese contexto, se imple- mentaron acuerdos y políticas de co- laboración con el gobierno de Vicente Fox, con el fin hacer menos “porosa” la frontera sur, por donde podrían pasar no sólo migrantes, sino también inte- grantes de redes delincuenciales, nar- cos e inclusive terroristas. A raíz del endurecimiento de los controles fron- terizos, las condiciones de paso han empeorado. La ruta migrante —la del tren— ha cobrado muchas vidas, no solamente por los frecuentes acciden- tes, generalmente por cansancio, sino porque las bandas delincuenciales han visto una veta para incrementar sus ganancias. Los narcotraficantes se han sumado al recorrido, 7 quizá por- 7 Al cerrar Estados Unidos los pasos tradi- cionales de droga, los cárteles vieron que la ruta migratoria era una buena solución al problema, sea con la colaboración de los polleros o por sus medios. “Esta ruta del tren siempre ha sido una ruta en cier- que algunos migrantes empezaron a utilizar rutas tradicionales de con- trabando de mercancías y drogas, in- tentando esquivar la alta seguridad fronteriza. Debido a la clandestinidad de los delitos y la falta de denuncia, no existen registros de estas prácticas, so- lamente testimonios recabados por la Comisión Nacional de Derechos Hu- manos (CNDH) o Amnistía Interna- cional (AI) en los albergues a lo largo del camino. Según datos de la CNDH, los secuestros suceden sobre todo en la zona sur del país, en Veracruz y Ta- basco principalmente, pero también en Oaxaca y Chiapas; luego le sigue el norte (Tamaulipas, Coahuila, Chihua- hua, Sonora, Nuevo León y San Luis Potosí), el centro (Puebla, Estado de México, Guanajuato, Tlaxcala y Ciu- dad de México) y hay un porcentaje sobrante que no se ha identificado. La mayor parte de los testimonios identi- fican a los Zetas como los perpetrado- res de los secuestros desde Veracruz hasta la frontera norte. Hasta este momento se ha plan- teado la situación actual del paso de los centroamericanos por México, sin dejar de lado que los mexicanos son también víctimas del crimen organizado. Sin embargo, no se de- be olvidar la violencia ejercida en los países expulsores. Los testimo- nios de los migrantes con respecto a las razones para trasladarse siem- ta forma no regulada, donde ya existía la corrupción por parte de las autorida- des y la correspondiente impunidad. Ya existían los medios de transporte y otros negocios alrededor de la migración en tránsito, así como opciones reducidas pa- ra los migrantes presos en las vías clan- destinas” (Bonnici, 2011: 431). pre se repiten: económicas, no obs- tante, al depurar las respuestas se identifica que muchos están siendo víctimas de violencia. CS * Universidad Iberoamericana. Bibliografía Bonnici, Gisele (2011): “Diag- nóstico Nacional de México”, pp. 372-489, en INEDIM-INCEDES (Coord.), Construcción de espa- cios y estrategias de diálogo y comunicación en torno a la pro- blemática de migración y seguri- dad en Centroamérica y México, INEDIM, México. 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178 La Cuestión Social Año 24, n. 2 179 La Cuestión Social Año 24, n. 2 Tuirán, Rodolfo y Ávila José Luis (2010): “La migración México-Es- tados Unidos, 1940-2010”, pp. 94- 134, en Alba, Francisco, Castillo Manuel Ángel y Verduzco Gustavo (coords.), Los grandes problemas de México Vol. III, Migraciones In- ternacionales, El Colegio de Méxi- co, México. Presentación y propósito El propósito de este artículo es, luego de exponer el origen común de la democracia y la ética y retratar someramente el momento en que se encuentran las jóvenes democracias en nuestros países latinoamerica- nos, manifestar la necesidad de que ellas se vean acompañadas irrenun- ciablemente de la ética en su camino para lograr una democracia eficaz en la resolución de los problemas actuales que van minando este proyecto político-social y van resucitando autoritarismos pasados. Finalmente y co- mo una motivación para el creyente, la última parte de la exposición con- sistirá en presentar argumentos que desde la fe apoyen nuestra posición, teniendo claro que un verdadero desarrollo humano es indudablemente cristiano. Democracia y ética teológica en las naciones latinoamericanas Mtro. Luis Javier Rubio, OP* El surgimiento de la demo- cracia y la ética E s claro que democracia y ética tienen un origen común: el re- conocimiento del ser humano como persona, es decir como alguien valio- so por sí mismo, dado que tiene una serie de constitutivos que lo hacen diferente a los demás seres sobre la tierra, y que le permiten ser arquitec- to de su propio destino. En otras pala- bras, la democracia y la ética hunden sus raíces en la posibilidad que tiene el ser humano de decidir sobre sí mis- mo y dónde y cómo quiere vivir. Por otra parte, esa persona sabe que lograr la libertad y el bienestar deseados requiere de un grado mí- nimo de derechos que le aseguren su participación, en medio de la comunidad humana donde habita, para expresar sus ideas y sueños, además de defenderlas y trabajar por su realización, pues de la mis- ma manera comprende que nadie le regalará ese espacio soñado, aun cuando sus congéneres comparten la misma aspiración. En este contexto, el principio ins- pirador de la democracia es la par-
180 La Cuestión Social Año 24, n. 2 181 La Cuestión Social Año 24, n. 2 ticipación creativa de las personas, sin discriminaciones; el protagonis- mo de los ciudadanos que asumen el papel de sujetos activos, en vez de ser objetos pasivos que mudamente callan y aceptan lo que viene de arri- ba en todos los niveles de la vida so- cial. Sin embargo, derivado también de la creatividad humana debemos tener claro que la democracia, como proyecto de convivencia humana, es siempre una idea por perfeccionar, pues el ciudadano siempre deseará mejorar sus condiciones de vida y participación, así, aunque la demo- cracia es siempre perfectible y, por tanto, nunca se realiza plenamente, podemos decir que el ser humano intentará construirla día con día, pues en ella se asegura su participa- ción como persona libre y respon- sable de su propio futuro. En este mismo sentido, afirma Ra- fael Belda: “La democracia ha sido un descubrimiento progresivo de la mente humana y una realización histórica también progresiva pero que continuamente se ve amenaza- da. Nunca se puede excluir del todo el peligro de una supresión o falsifi- cación de ella. En definitiva la demo- cracia, para consolidarse y crecer, requiere una protección y un cultivo ininterrumpido, de ahí procede su grandeza y debilidad. Grandeza por- que reclama nuestro esfuerzo per- severante al servicio de una causa noble y justa. Debilidad, porque des- cansa sobre los cimientos frágiles de nuestras libertades humanas”. 1 Así, la 1 Belda, Rafael, Modelo de sociedad en conceptos fundamentales de ética teo- lógica, Trotta, Madrid 1992, p. 691. democracia exige de quienes creen y quieren vivir en ella un esfuerzo constante y un compromiso total al servicio de su vigencia y efectividad. Por su parte, la ética surge tam- bién de la capacidad y la necesidad que tiene el ser humano de dar un sentido a su vida. La originalidad biológica del ser humano radica en sus características y necesidades, pues si bien no cuenta con ninguno de los resortes naturales que faci- litan la supervivencia del animal, esta carencia radical se compensa con la existencia de la libertad. Si la adecuación del animal con su medio se realiza sin ningún pro- blema, pues hay un ajustamiento innato que le viene ofrecido por sus propios medios, el hombre está dotado de una capacidad su- perior para adaptarse con su li- bertad al ambiente que lo rodea. Él modela, modifica y configura la realidad para ponerla al servicio de sus intereses; a pesar de su ina- daptación y falta de firmeza consti- tutiva, sabe encontrar los caminos para su realización. Está llamado a conseguir, con su razón y respon- sabilidad, la tarea que no le han fa- cilitado sus estructuras naturales. 2 Así, este plus cualitativo no se ex- plica con una comprensión zooló- gica de lo humano. Como explica Eduardo López Azpitarte: “El co- nocimiento, los sentimientos, la li- bertad emergen como funciones que no radican exclusivamente en 2 Cfr. Azpitarte, Eduardo, Fundamen- tación de la ética cristiana, Paulinas, Madrid 1991, p. 49. su base neurológica del cerebro. De esta manera, el hombre que no goza de las ‘armas’ de los anima- les ni encuentra en su estructura las respuestas determinadas tiene que modelar sus pulsiones y reha- cer su vida como una tarea. Nace sin estar hecho, y su evolución y progreso debe conseguirse a través de un aprendizaje. Necesitamos de una orientación para canalizar las fuerzas anárquicas e instintivas ha- cia una meta que no se consigue de- jándose conducir pasivamente por ellas”. 3 En este sentido, podría de- cirse que estamos irremisiblemen- te condenados a ser libres y, por tanto, a ser éticos. Esta fundamentación de la eti- cidad en el ser humano se explica, como afirma Tony Mifsud desde su propia etimología, ya que el ethos como opuesta al pathos (recibir pa- sivamente, impuesto, muerte), ex- presa el esfuerzo activo y dinámico, que no se deja vencer por el pathos recibido. El griego se valía de la pa- labra ethos pero con dos significacio- nes diferentes, según se escribiera con eta (h) o con épsilon (e). En el primer caso —además de expresar la residencia o el lugar en el que ha- bita— indicaba fundamentalmente el carácter, el modo de ser, el estilo de vida que cada persona quiere dar a su existencia. Mientras que la segunda acepción haría referencia a los actos concretos y particulares con los que lleva a cabo semejante proyecto. La ética consistiría, enton- ces, en dar a nuestro pathos el estilo y la configuración (hthox) querida 3 Ibid. p. 48. por nosotros, mediante nuestros actos y formas concretas de actuar (ethox). 4 En pocas palabras, el hom- bre, a pesar de sus limitaciones, se percibe como un ser libre que debe dar a su existencia una orientación de la que se sienta responsable. Ha- blar de ética supone que la persona humana puede alcanzar un nivel de libertad mediante el cual puede ser constructor de su propia historia. Aceptando así el origen común de la democracia y de la ética, las dos están llamadas a lograr que la persona humana pueda vivir de acuerdo a la dignidad que le es in- herente; de aquí que las dos exijan una serie de condiciones de po- sibilidad para hacer efectivo este ideal, empezando por cierto nivel de libertad que le permita actuar, además de un grupo de creencias rectoras que posibiliten la instau- ración del ideal democrático, a sa- ber: la igualdad fundamental de la persona humana, la iniciativa per- sonal, la posibilidad de participa- ción del mayor número posible de ciudadanos en la toma de decisio- nes y la aceptación del principio de la soberanía popular. 5 Pero también, una serie de con- diciones objetivas que posibilitan la puesta en práctica de las creencias rectoras, ya que si no se dan éstas, la democracia será más que un bonito sueño imposible de lograr. Así, la exi- 4 Cfr. Mifsud, Tony, Moral de discerni- miento, T. I, San Pablo, Santiago de Chile 1994, p. 18. 5 Cfr. Belda, Rafael, Modelo de sociedad en conceptos fundamentales de ética teoló- gica, Trotta, Madrid 1992, 690.
182 La Cuestión Social Año 24, n. 2 183 La Cuestión Social Año 24, n. 2 gencia de participación requiere un mínimo de elementos económicos, culturales, sociales, educativos, que permiten que el ciudadano pueda sin miedo y con conocimiento par- ticipar en la toma de decisiones so- bre el modelo de convivencia social que desea construir. Por ello, cuan- do éstas se encuentran mermadas o canceladas, la democracia se ve afec- tada desde sus cimientos aunque se pueda tener un sistema electoral regularmente eficiente. Una demo- cracia en los medios de produc- ción, en la cultura, en la educación y en la economía, facilita y posi- bilita la democracia política. Aquí precisamente podemos dar cuen- ta de que las condiciones en nues- tras jóvenes democracias todavía no están dadas en su totalidad y resta mucho camino por recorrer. Algo más que un sistema electoral En este sentido, la definición de democracia hace referencia a algo más que a un sistema político, pues incluso desde el punto de vista fi- losófico la democracia es más que “poder del pueblo”, es un sistema sociopolítico y económico de hom- bres libres e iguales; pero no sólo libres e iguales en teoría, sino que ella nos conduce a algunos de los ideales más sublimes que el hom- bre intenta consolidar en la histo- ria: igualdad y justicia. La sociedad auténticamente democrática debe ser simétrica y no arbitraria. Así, la democracia debe hacer posible la participación del pueblo en los asuntos públicos, pero con respe- to a todas las posiciones expresa- das en la formación de la voluntad soberana de una persona que es igual a las demás. Por eso, José Joaquín Brunner afir- ma que la democracia tiene que ver con el triunfo de un ideal de parti- cipación del ciudadano: “La demo- cracia como ideal de organización de la polis, representa el triunfo de la creencia de que los derechos de la persona, la libertad individual y las aspiraciones de igualdad de la gente, así como la mejor forma de gobier- no compatible con el desarrollo de la economía, reside en un sistema multipartidario y competitivo. En este sentido, idealmente las liber- tades de los modernos son insepa- rables de la democracia, pues sólo en ella, según estos pensadores, los hombres y las mujeres pueden re- conocerse como ciudadanos, dar curso a su imaginación e impugnar su propia situación de vida”. 6 De igual manera, Cristián Par- ker habla de la democracia actual no sólo como fruto de un sistema electoral, sino como el redescubri- miento de valores que están ligados con un desarrollo verdaderamente humano y, por tanto, ético. “El ideal de todo desarrollo humano en una sociedad democrática, en el mar- co de un sistema de mercado glo- balizado, reside quizás, entre otras cosas, no tanto en restaurar esos sueños pasados que confiaban en un acto revolucionario refundante, como un gran acto de magia en la 6 Cfr. Brunner, José Joaquín, Globaliza- ción Cultura y Postmodernidad, FCE, México 1998, 28. historia, sino más bien injertar his- tórica y dialécticamente, en la po- lítica y la economía ciertos valores radicales de la vida: la solidaridad, la recta conducta, la transparencia en las relaciones sociales, la armo- nía del hombre consigo mismo y con la naturaleza”. 7 Las condiciones para la democracia Así, retomando nuestra idea ante- rior, un Estado democrático que no asegure a sus miembros un desarro- llo integral y condiciones mínimas de bienestar se verá amenazado por ideas totalitaristas o anárquicas que prometen un bienestar a partir de la destrucción o la disolución del mismo modelo que les dio participa- ción. El problema, en otras palabras, es cómo asegurar que la vida demo- crática no solamente sea un sueño de libertad, sino que sea eficaz téc- nicamente, asegurando un desarro- llo de la población y una serie de valores que permitan al ciudadano gozar de una convivencia pacífica e integradora, teniendo en cuenta la dignidad que le es inherente por su condición de persona. En este sentido, señala el mismo Cristián Parker que la problemáti- ca ética en el desarrollo involucra, al menos, tres racionalidades: a. La racionalidad técnica, eco- nómica o ingenieril, que mi- ra lo factible y lo viable. 7 Parker, Cristián, Ética, democracia y de- sarrollo humano, CERC-UAHC, Santia- go de Chile 1998, p.22. b. La racionalidad política, que fija los límites sociopolíticos a la elección técnica y mira ha- cia la aceptación de lo técnica- mente escogido por parte de la sociedad civil y lo viable. c. La racionalidad propiamen- te ética, que mira hacia el an- helo moral de lo escogido. Debemos entender que la raciona- lidad técnica no es axiológicamen- te neutra y que en ella intervienen condiciones prácticas que involu- cran condiciones humanas y socia- les con la cual se ofrecen diversas alternativas vinculadas a enfoques diversos acerca de los intereses que mueven al hombre y de los fines del bienestar humano 8 . Por eso mismo, una democracia que no ofrece viabilidad técnica a un pro- yecto de nación y que no alimenta la generación de unos valores que generen humanización en las rela- ciones sociales estará condenada a mediano plazo al fracaso. Con lo anterior queremos decir que mientras la democracia no trai- ga aparejada una mejor situación económica, social y política en nues- tras naciones y, por tanto, un aumen- to en la calidad de vida, una mayor vivencia de fraternidad y respeto para los ciudadanos, la fragilidad del sistema irá en aumento y se presa- gian tiempos en que, de no cambiar las actuales condiciones, las demo- cracias se verán fracturadas por los mismos ciudadanos que estarán dis- puestos a negociar autonomía y par- ticipación, por seguridad y paz. 8 Ibid., p 23.
184 La Cuestión Social Año 24, n. 2 185 La Cuestión Social Año 24, n. 2 Aquí me parece oportuno acercar- nos a las reflexiones de Adam Pre- zeworski quien señala que “puesto que las transiciones a la democra- cia suelen coincidir con crisis eco- nómicas y sociales, muchas nuevas democracias se enfrentan, al mismo tiempo, a una urgente necesidad de consolidar las nuevas instituciones políticas y a superar el colapso eco- nómico. Las instituciones democrá- ticas se pueden consolidar sólo si ofrecen a los grupos políticamente relevantes los canales e incentivos apropiados para procesar sus de- mandas dentro del marco de las ins- tituciones representativas”. 9 En este contexto, la pregunta es cómo lograr que nuestras democra- cias latinoamericanas —con un pro- medio de crecimiento de tres puntos porcentuales, según datos recientes del Programa de las Naciones Uni- das para el Desarrollo (PNUD), a todas luces insuficiente para satis- facer los reclamos de la gran parte de la población en salud, educación, seguridad y trabajo— sean capaces de dar salida a estas demandas de una gran parte de la población y lo- grar que, al no verse satisfechas del todo, puedan los sectores afectados canalizar sus demandas y reclamos dentro de las propias instituciones democráticas, sin poner en peligro la sustentabilidad de ella. Lo que quere- mos saber es qué hace que un Estado democrático funcione y dure, es decir, que sea sustentable pero sin lesionar los intereses de los grupos menos re- presentativos. Cómo construir una 9 Przeworski, Adam, Democracia susten- table, Paidós, Buenos Aires 1995, p. 27. democracia que ofrezca seguridad, desarrollo y libertad al mismo tiem- po que participación. Una democra- cia que funcione, que genere efectos deseables desde el punto de vista axiológico y normativo, pero tam- bién desde el punto de vista político, económico, social y jurídico, asegu- rando la paz y un Estado de derecho donde todos nos podamos sentir se- guros para participar en su desarro- llo integral. Esto mismo lo expresaban los participantes del seminario “De- mocracia, economía y ciudadanía” —organizado por el PNUD y aus- piciado por el Gobierno de Chi- le y celebrado en Santiago en el 2004— en sus conclusiones al ha- cer referencia a “la necesidad de una política económica compatible con la expansión democrática. Una forma de organizar la producción y distribución de bienes y conoci- miento que rompa el círculo vicio- so en el que América Latina está atrapada, con un mercado que po- lariza la sociedad y debilita la de- mocracia y un sistema político que, por su inestabilidad, no ofrece se- guridad y condiciones para el desa- rrollo del potencial de crecimiento del mercado”. 10 Así se subrayó la urgencia de una política económi- ca que abra un círculo virtuoso dis- tinto; una economía que promueva la integración social; una democra- cia que incluya, que integre y que ofrezca al mercado el marco social, político, jurídico e institucional in- dispensable para su expansión. 10 PNUD, seminario “Democracia, economía y ciudadanía”, Santiago de Chile 2004. Para complicar más la situación, es importante señalar que nuestras democracias deben funcionar y lo- grar este bienestar para todos en un sistema que subestima el rol de las instituciones estatales en la or- ganización de la vida pública, pero son ellas a las que paradójicamente se les pide, además de garantizar la integridad territorial y la seguridad física de los ciudadanos, mantener las condiciones necesarias para el ejercicio efectivo de la ciudadanía. Aquí, el seminario sobre democra- cia y economía del PNUD, del que ya hemos hecho referencia, expresa, a partir de un estudio elaborado por la misma Institución, que los ciuda- danos latinoamericanos quieren más amparo del Estado (70% desearía más Estado contra 26% que preferi- ría más Mercado). Esto no lo pode- mos ignorar, así pues se tiene que reconstruir un Estado que si bien no sea una regresión a las prácticas diri- gistas e intervencionistas del pasado, sí garantice las condiciones mínimas de igualdad, asegurando el ejercicio de derechos civiles y sociales, pero sin dejar de ofrecer opciones de eco- nomía de mercado. Es obvio que las cosas no pueden seguir como están y no porque lo digan las encuestas, sino por lo que se muestra en las calles y en los foros de América Latina donde se insiste en el cambio en las condi- ciones de vida de una gran parte de nuestros conciudadanos. Aquí hay que volver a apostar por la democracia, pero no sólo por la vía electoral, sino por aquella que surge del deseo de igualdad y participación. Como dice el Informe: “hay que com- batir los males de la democracia, con más democracia”, pero teniendo cla- ro que esa democracia tenga valores, una ética, que aseguren la aportación de todos en igualdad de condicio- nes, especialmente de los excluidos, y puedan tener acceso a la toma de decisiones para buscar un nuevo equilibrio de poder. Una democracia no en la que el poder se ocupe de los pobres, sino una en la que los pobres se sienten en la mesa del poder, tal co- mo lo han afirmado diversos analis- tas políticos y foros internacionales. Con todo lo anterior, debe quedar- nos claro que la democracia se consti- tuye como todo un estilo o cultura de vida, pues es un modo de vivir basado en el respeto a la dignidad humana, la libertad y los derechos de los miem- bros de la comunidad, lo que implica la construcción colectiva de un talante o ethos de vida para la comunidad na- cional y mundial. Es aquí donde nue- vamente podemos observar con toda claridad la necesidad que el cambio democrático y la sustentabilidad de éste se vea acompañada de una ética. Así, la democracia es todo un sis- tema complejo de derechos y res- ponsabilidades, pero que exige condiciones necesarias para ejer- cerlos, lo cual no se genera automá- ticamente con la mera existencia de mecanismos electorales eficientes: se requiere un Estado viable y un mundo de valores que haga posible su ejercicio. De este modo, la cues- tión entre el Estado, la ciudadanía y la democracia es fundamental. 11 11 Przeworski, Adam, Democracia Sus- tentable, Paidós, Buenos Aires 1995, p.
186 La Cuestión Social Año 24, n. 2 187 La Cuestión Social Año 24, n. 2 El mismo Alain Touraine precisa con respecto al proceso de demo- cratización que “Es necesario en primer lugar evitar definir la demo- cratización por ella misma, dejando de lado toda referencia al funciona- miento general de la sociedad”, 12 de allí que es importante aclarar que, si bien la gobernabilidad democrá- tica importa para el desarrollo, el ser una democracia no asegura és- te. De hecho, el rápido crecimien- to económico de los países del Este asiático demuestra que la demo- cracia no es imprescindible para el desarrollo, pero sí para la calidad del desarrollo, pues se espera que se den los valores básicos que ase- guren el reconocimiento y la salva- guarda de la dignidad humana. Por eso, al momento de evaluar o pensar una democracia, la consi- deración de una serie de elemen- tos que vayan más allá de la simple posibilidad de emitir un voto, es imprescindible. Así, la necesidad de dar tiempo a las jóvenes de- mocracias de nuestros países pa- ra que puedan ir cualificando esa democracia con elecciones cada vez más libres y limpias, respeto a las leyes, fortalecimiento insti- tucional, participación responsa- ble, rendición de cuentas y lucha contra la corrupción, incluyendo financiamiento de campañas polí- ticas, pero sobre todo generando las condiciones para que la partici- pación de los ciudadanos se dé en un mínimo de igualdad. 12 Tourein ,Alain, Los caminos sinuosos de la democracia: la democracia en Amé- rica Latina, PNUD 2004. Un ejemplo claro de lo anterior es el profundo descontento de los ciu- dadanos con los partidos políticos, a quienes se les tacha de corruptos, incompetentes, clientelistas y has- ta mentirosos, cosa que inhibe la participación del ciudadano en las urnas el día de la elección; de igual manera, observar cotidianamente un deterioro en la condiciones de vida y compararlo con un discurso oficial que habla de grandes logros macroeconómicos, necesariamente empañará cualquier justa electoral, al sugerir que los llamados cambios democráticos no se reflejan en me- jores condiciones de vida. Por eso, nuevamente reafirmamos que la democracia siempre es un proceso no terminado. Cada avan- ce da lugar a nuevos problemas, a nuevas restricciones y posibilida- des, que a través de las propias ins- tituciones que la componen tiene que ofrecer alternativas viables a la población que las reconoce como legítimas. La cultura política de la democracia supone y requiere acto- res sociales, prácticas, política, solu- ciones institucionales de naturaleza democrática; la tolerancia de las di- ferencias y las divergencias suponen la aceptación de la legitimidad de los conflictos y la necesidad de proce- dimientos legales para dirimirlos y obligar a buscar instrumentos y me- canismos de diálogo, negociación y concertación que deben tener como objetivo el bienestar integral de la población en su conjunto. Las elecciones limpias (competi- tivas, libres, igualitarias y decisivas) no deben ser sino el reflejo de lo que sucede dentro de un Estado, donde son reconocidos y tutelados los de- rechos políticos de cada ciudadano, como son: los de expresión, asocia- ción y acceso a la información, ade- más la posibilidad de ser elegido en el caso de cumplir con los requisitos marcados por la ley. Pero también de otra serie de derechos sociales y económicos que posibilitan una re- al y verdadera participación: así lo han afirmado diferentes politólogos y economistas de América Latina, quienes han señalado que: “Los es- fuerzos por fortalecer la democracia procesal en la región estarán desti- nados al fracaso si no van acompa- ñados de un profundo esfuerzo por erradicar la pobreza”. En este contexto, vale la pena re- cordar que el 11 de septiembre del 2001 —día en que Estados Unidos sufrió a causa del terrorismo, con consecuencias para todo el mun- do—los países miembros de la Or- ganización de Estados Americanos (OEA) se reunieron en Lima para firmar la Carta Democrática Inte- ramericana, lo que constituyó un importante logro en la lucha por la democracia en América Latina, en ella podemos leer la siguien- te declaración: “los pueblos de las Américas tienen derecho a la de- mocracia”, pero también se detalla que una democracia es un sistema representativo que incluye no sólo el estándar mínimo de los derechos políticos, sino también otras funcio- nes claves como “la transparencia en las actividades gubernamenta- les, la honestidad, la administración pública responsable por parte de los gobiernos, el respeto por los de- rechos sociales y la libertad de ex- presión y de prensa”, quienes son componentes esenciales del ejer- cicio de la democracia. Es más, la Carta explícitamente reconoce que “la pobreza, el analfabetismo y los bajos niveles de desarrollo huma- no” son factores que obstaculizan la plena democratización”. 13 Así, un Estado democrático, para asegurar su supervivencia y seguir ofreciendo los beneficios deriva- dos de su existencia, requiere que esos beneficios sean experimenta- dos de manera significativa por los ciudadanos y puedan ellos mismos otorgarle un grado de confiabilidad que le permita seguir existiendo, a la vez que cualificándose, y ofre- ciendo más beneficios a la misma población. He aquí la importancia de la extensión del imperio de la ley y de la seguridad social y eco- nómica para todos los ciudadanos, además de ofrecerles ese mundo de valores y de sentido que llama- mos ética, y que permite tener una vida realmente humana. No debe- mos olvidar —como nos recorda- ba el Primer Informe acerca del Desarrollo Humano, elaborado por el PNUD en 1990— que: “la idea de los beneficios sociales deben juz- garse según la medida en que pro- muevan el bienestar humano”. 14 13 OEA, Carta Democrática Interamericana (aprobada en la primera sesión plenaria, celebrada el 11 de septiembre de 2001). 14 PNUD, Informe de Desarrollo Huma- no, Santiago de Chile 1990.
188 La Cuestión Social Año 24, n. 2 189 La Cuestión Social Año 24, n. 2 Aportes de la doctrina social de la Iglesia y de la teología Pasemos a la parte final de esta exposición, donde la intención es presentar, desde la doctrina social de la Iglesia y la reflexión teológi- ca, la importancia que tiene para el cristianismo, no sólo contar con un sistema que asegure la parti- cipación de todos los ciudadanos en condiciones de igualdad, sino también la exigencia de que ese modelo se base en valores y prin- cipios que aseguren el respeto irrestricto a la dignidad humana, más allá de los resultados que se puedan dar en cada proceso. Teniendo claro que la moral so- cial cristiana no es una ideología ni una tercera vía entre el marxis- mo y el capitalismo, ni ofrece una alternativa a los proyectos huma- nos, y que del Evangelio no se pue- de deducir un proyecto específico de realización política y económi- ca que pueda llamarse cristiano en sentido estricto, 15 sino que la moral social cristiana tiene una categoría propia, que se realiza a partir de la atenta reflexión sobre las comple- jas realidades de la vida del hom- bre en sociedad y en el contexto internacional, a la luz de la fe y de la tradición eclesial, y que su obje- tivo principal es interpretar estas realidades, examinando su con- formidad o diferencia con lo que el Evangelio dice para orientar al hombre en su compromiso social y de acuerdo con su vocación te- 15 Cfr. Centesimus Annus, n. 43. rrena y sobrenatural. 16 Debemos señalar que, efectivamente, la doc- trina social valora muy positiva- mente el modelo democrático; el Magisterio de la Iglesia ha afirma- do con claridad que si bien en la forma de gobierno existe pluralis- mo de opciones con tal de que las elegidas realicen el bien común, también ha señalado que todas ellas deben ser compatibles con un principio anterior: el de la de- mocracia fundamental. En el mismo sentido, la Confe- rencia Episcopal Española afirmó contundentemente que “La Iglesia está a favor de la democracia, por ser un ordenamiento de la vida social con- forme a la dignidad de la persona” 17 y el propio Juan Pablo II lo recorda- ba cuando escribía que “La Iglesia aprecia el sistema de la democracia en la medida que asegura la partici- pación de los ciudadanos y garanti- za a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituir- los oportunamente de manera pa- cífica”. De igual forma, el Concilio Vaticano II lo había declarado so- lemnemente rechazando, al mismo tiempo, como inhumano que “la au- toridad política caiga en formas to- talitarias o en formas dictatoriales que lesionen los derechos de la per- sona o de los grupos”. 18 Hay que señalar en este recuen- to de las posiciones magisteriales 16 Cfr. Sollicitudo Rei Socialis, n. 41. 17 Conferencia Episcopal Española, Mo- ral y sociedad democrática, LXV Asam- blea Plenaria 1996. 18 Gaudium et Spes, n.39 sobre democracia, que la doctrina tradicional —de que toda autoridad proviene de Dios— no ha sido im- pedimento para la Iglesia el haber expresado su conformidad con ella; así, Juan XXIII afirmó que “del hecho de que la autoridad proviene de Dios no debe en modo alguno deducirse que los hombres no tengan derecho a elegir gobernantes de la nación, establecer la forma de gobierno y determinar los procedimientos y los límites en el ejercicio de la auto- ridad. De aquí que la doctrina que acabamos de exponer puede con- ciliarse con cualquier clase de régi- men auténticamente democrático”. 19 Con lo anterior pretendemos de- jar claro no sólo que el Magisterio de la Iglesia a través de la doctrina social de la Iglesia acepta la demo- cracia, sino que la promueve como medio para hacer que la persona hu- mana, hija de Dios desde la visión de fe, pueda recibir un trato digno que le es inherente precisamente por su condición humana, y esto desde el mismo momento en que a través del modelo democrático se le asegura su participación en la construcción del medio ambiente social en el cual se va a desarrollar. Por eso, sabiendo que la demo- cracia es un sistema político y una forma de gobierno basado en el plu- ralismo y el reconocimiento de los derechos humanos donde la sobe- ranía reside en el pueblo, ésta debe ser para la Iglesia un modo de con- vivencia humana que empata per- fectamente con el cristianismo que 19 Pacem in Terris, n.52 ensalza el valor de la persona huma- na y promueve su libertad. Debemos recordar que para el cristiano el sistema democrático, como cualquier otro, está al servicio del hombre, de cada ser humano, de su defensa y de su dignidad que le viene no por prerrogativa del Es- tado, por consenso democrático o por otorgamiento social, sino por el mismo hecho de ser persona, donde radica la base y posibilidad de su realización en libertad. Sin embargo, como lo ha señalado la Iglesia, el cristiano también debe reconocer la legítima pluralidad de opiniones temporales discrepan- tes y debe respetar a los ciudada- nos que, aun agrupados, defienden lealmente su manera de ver la rea- lidad y el futuro. En este contexto, Juan Pablo II en Centessimus Annus afirmó: “una au- téntica democracia es posible so- lamente en un Estado de derecho y sobre la base de una recta con- cepción de la persona humana. Re- quiere que se den las condiciones necesarias para la promoción de las personas concretas, mediante la educación y la formación en los verdaderos ideales, así como la sub- jetividad de la sociedad mediante la creación de estructuras de participa- ción y corresponsabilidad”. 20 Lo que es muy similar con lo que ya había- mos afirmado en nuestro apartado anterior, de no considerar la demo- cracia sólo como un sistema electoral, sino como todo un estilo de vida que necesita de elementos objetivos que 20 Centessimus Annus, n. 46.
190 La Cuestión Social Año 24, n. 2 191 La Cuestión Social Año 24, n. 2 permitan una real participación del ciudadano, no sólo a la hora de de- positar un voto. Si bien la ética cristiana no aporta, en materia de contenidos, elemen- tos diferentes a los de una ética civil que tenga en el centro de su preo- cupación el desarrollo integral de la persona humana y su vida en co- munidad, sí puede subrayar princi- pios que, teniendo como centro la dignidad de la persona humana y la praxis de Jesucristo y su proyecto del Reino de Dios, pueden animar y alentar la actuación de los cristianos y de todos los hombres de buena voluntad en medio de una sociedad democrática donde se defiendan los derechos de igualdad y participa- ción para todos los que viven en ella; entre ellos, podemos contar: el de- seo de igualdad entre todos los hom- bres, la libertad como don y tarea para la persona humana, la apuesta por un sociedad justa, pero sobre to- do la atención preferencial para los excluidos y marginados, cosa que nos pone en la línea de pedir para el ciudadano mucho más que una bo- leta en sus manos, más bien todo un sistema de valores que acompañan el ejercicio electoral. En este contexto, al igual que todo ciudadano, el cristiano, el creyente en Jesucristo está llamado a colabo- rar en la construcción de un nuevo orden donde la justicia y el respe- to por la dignidad humana deben tener un puesto prioritario. Es pre- cisamente allí donde encuentra su fundamento la participación política del que se ha comprometido por la fe en el proyecto de Dios, que tiene como premisa básica que el hombre viva en plenitud, como lo afirmaban ya los Padres de la Iglesia. Un cristiano, nos tiene que que- dar claro, no deja de serlo cuando se ocupa de actividades propias de la política, sino que asumiendo su creencia actúa de tal manera de acuerdo con lo que profesa en lo más profundo de su ser, tal como lo afirmaba el Concilio Vaticano II en la Gaudium et Spes. De lo que se deriva que todo cristiano está llamado en primer lugar a participar de la acción po- lítica en su más genuina expresión como colaborador de la construc- ción de la polis, en vías de lograr la realización, ya desde aquí, del reino prometido e inaugurado por Jesucristo; y en segundo lugar, rea- lizar las acciones conducentes para que, perteneciendo o no a un parti- do, pueda lograrse la implantación de las propuestas sociopolíticas que puedan legítimamente extraerse del Evangelio, por ejemplo la defensa de los más débiles, la primacía del ser humano ante otros valores, la cons- trucción de la justicia y de paz, etc. Como han afirmado varios exége- tas y teólogos, la participación del cristiano en la creación de mejo- res condiciones de vida no es algo ajeno a nuestro ser creyentes, es la propia Sagrada Escritura quien afir- ma desde el Antiguo Testamento que el Dios de Israel es un Dios que salva y libera de las condiciones de opresión y esclavitud, y que pide la participación de todo el pueblo pa- ra llevar a cabo esa acción soterio- lógica: “Yo soy Yavé, soy tu Dios el que te ha sacado del país de Egipto, de la tierra de la servidumbre”, así, la divinidad no se presenta como un concepto abstracto, ni como un argumento metafísico, es más bien ese Alguien personal que acompa- ña y guía a su pueblo en la búsque- da de una mejor calidad de vida. Pero es el mismo Jesucristo quien alienta la participación de sus dis- cípulos en la realización de su pro- yecto: el Reino de Dios, un reino que si bien por un lado es promesa escatológica, por otro lado ya está presente, pues se ha inaugurado con la palabra y la acción del pro- pio Jesucristo, quien ha venido para “llevar la nueva buena a los pobres, para anunciar la libertad a los cau- tivos y a los ciegos que pronto van a ver, para despedir libre a los opri- midos y proclamar el año de gracia del Señor” (Lc 4,17). De esta manera, y como señala Je- sús Espeja, el compromiso del cris- tiano con la transformación social y con la construcción de un modelo de convivencia armónico no es una opción cualquiera, es una exigencia en el seguimiento de Cristo. El com- promiso, empeño por lograr que las mediaciones sociopolíticas, en este caso la democracia, sirvan para crear una fraternidad de hombres libres, es ineludible para los cris- tianos. Según el Evangelio, la per- fección se alcanza trabajando por el Reino de Dios, que va cuajando en los proyectos intramundanos; la esperanza cristiana conlleva una in- cidencia política, entendida esta pa- labra en sentido amplio, y se hace práctica de cada día en la búsqueda del Reino. 21 Tal participación requiere de la Iglesia y de cada cristiano una cul- tura política con concepciones y virtudes democráticas que expre- sen en el ámbito de la vida pública la vitalidad y fecundidad de su fe para la construcción de sociedades más humanas. CS * Sacerdote Dominico licenciado en Teología, con especialidad en Moral por la Universidad Pontificia de Mé- xico. Se ha desarrollado como Pre- sidente en el Centro de DDHH Fray Francisco de Vitoria. Rector del Insti- tuto de Formación Intercongregacio- nal de México. Miembro del Consejo Directivo del IMDOSOC. 21 Espeja, Jesús, La Iglesia, Memoria y Profecía, San Esteban, Salamanca 1983, 292-293.
192 La Cuestión Social Año 24, n. 2 193 La Cuestión Social Año 24, n. 2 Primo Mazzolari: la paz crucificada Angelina Volpe* Introducción Había escuchado hablar de Primo Mazzolari, pero no había leído ninguna de sus obras. Sin embargo, cuando le pedí un consejo a mi amigo Giovanni Riva para un curso universitario sobre cultura cristiana, queriendo presen- tar a los jóvenes a cristianos comprometidos en obras sociales, culturales y políticas, Giovanni me dijo: “Incluye a Primo Mazzolari”. Me dijo también que, de joven, solía llevar en su billetera una de sus frases: “Es una gracia sufrir a manos de los enemigos de la Iglesia, pero es una gracia todavía más grande sufrir a manos de la Iglesia misma”. El primer libro que conseguí de la rica producción del genio del padre Mazzo- lari fue Tu non uccidere (Tú no matarás), publicado de manera anónima en 1955. Lo leí tres veces seguidas. Que en los años ’50, en plena Guerra Fría, más allá de to- das las teorías de las así llamadas guerras “justas”, en ambientes incluso católicos, un sacerdote dijera: “Quien piense que con la guerra defiende la libertad, se en- contrará en un mundo sin ninguna libertad”, llamando a todos —a los cristianos de manera particular— al deber supremo de no matar, sin duda, un acto revolu- cionario. De hecho, también este libro, como ya otros de manera precedente, fue puesto en el índice del Santo Oficio y, por consiguiente, retirado de las librerías. No obstante, a casi sesenta años, este libro continúa siendo una provoca- ción para todos aquellos que no se contentan con pseudo-teorías justifica- tivas de la guerra, detrás de las cuales se esconden los intereses egoístas de “militares, políticos y banqueros”. Este breve ensayo quiere ser un pequeño vehículo de esta “provocación”, so- bre todo para los jóvenes, a reflexionar sobre el hecho de si la paz es sólo una utopía o un ideal hacia el cual tender, construyendo juntos relaciones no de abuso ni de violencia, sino de escucha, respeto y colaboración con el otro. En particular, queremos aquí indagar sobre cómo una personalidad apasio- nadamente patriótica como la de Mazzolari, en los terribles acontecimientos históricos de la Primera Guerra Mundial, el advenimiento y triunfo del fascis- mo y la Segunda Guerra Mundial, haya poco a poco purificado su pensamiento acerca de la guerra, hasta llegar a la clara posición del Tu non uccidere. 1 Este artículo fue publicado en japonés por la revista teológica de la Universidad Nanzan. Cf. A. Volpe, Primo Mazzolari shinpu (1890-1959) to heiwa – Heiwa ha juujika ni tsukerarete iru, “Nanzan shingaku”, 37, 2014/03, pp. 117-148. Traducción del italiano: A. Víctor García Salas. La guerra como lucha por la libertad C uando el joven Mazzolari par- tió como voluntario para el frente en Francia como capellán, en 1918, se daba por hecho que algunas guerras eran justas. Italia entró a la guerra el 24 de mayo de 1915, después de que el ministro de Relaciones Exteriores, Sidney Sonnino, estipuló en Lon- dres, a escondidas del Parlamen- to, un pacto con las potencias de la Entente, pidiendo a cambio, con- cluida la guerra, el Trentino (in- cluido el Tirol meridional), Trieste y Dalmacia (excluida la ciudad de Fiume). ¿Por qué Italia entró a la guerra cuando el pueblo, incluido el Papa Benedicto XV, estaban en contra? 2 Estaban en contra inclu- so los socialistas —los socialistas italianos consideraban esta guerra sólo como el resultado de los con- flictos entre intereses capitalistas e 2 De hecho, el Papa escribe: “¿Quién di- ría que los que así se combaten tienen un mismo origen, participan de una misma naturaleza, y pertenecen a la misma sociedad humana? ¿Quién les reconocería como hermanos, hijos de un mismo Padre que está en los cielos? […] y conjuramos con toda vehemencia a los príncipes y a los gobernantes, a fin de que, considerando cuanta sangre y cuantas lágrimas habían sido derra- madas se apresuraren a devolver a los pueblos los soberanos beneficios de la paz”. Benedetto XV, Ad beatissimi Apos- tolorum Principis, carta encíclica, en: En- chiridion delle encicliche, vol. 4, (Pio X, Benedetto XV 1903-1922), a cargo de E. Lora, R. Simionati, Edizioni Dehoniane, Bologna, 2006 2 , p. 467, p. 469. imperialistas—, 3 como también la mayor parte del Parlamento. A esto hay que agregar que Italia no estaba de ninguna manera pre- parada para semejante empresa. El hecho es que sobre la voz de la mayo- ría, del Papa y de los políticos de más largo alcance como Alcide de Gaspe- ri, prevalecieron las voces de los can- tores de la guerra, entre ellas las de Giovanni Papini, Gabriele d’Annunzio y Benito Mussolini, quien en 1914 abandonó el camino del socialismo para convertirse a la ideología de la guerra como medio necesario del progreso humano. Pero la interven- ción se debió, sobre todo —como subraya el historiador Giuliano Pro- cacci—, a la convicción de que una guerra breve y victoriosa habría fa- cilitado, mediante la instauración de una mayor disciplina en el país, una involución en sentido autoritario del Estado, como en 1898, dando un res- piro a las fuerzas de la conservación y del orden constituido alejando las amenazas subversivas. 4 Y hay que recordar también que los 600,000 muertos en el campo de batalla trajeron notables bene- ficios a las grandes industrias: por ejemplo, la producción de automó- viles, que en 1914 era de 9,200 uni- dades, alcanzó las 20,000 unidades en 1920. La Fiat, que antes de la guerra era la trigésima industria del país, se convirtió en la tercera más grande, mientras que entre 1914 y 3 Cf. R. Bosio, Lo scomodo profeta della Bas- sa. Vita di Primo Mazzolari, parroco di frontiera, EMI, Bologna, 2011, p. 30, n. 3. 4 G. Procacci, Storia degli italiani, vol. II, Uni- versale Laterza, Roma-Bari, 1978 12 , p. 486.
194 La Cuestión Social Año 24, n. 2 195 La Cuestión Social Año 24, n. 2 1919 Ansaldo duplicaría el núme- ro de sus dependientes. 5 A este re- specto, dice Graziella Merlatti: Sin contar con que la historia, con la apertura de los archi- vos habsbúrgicos, revelaría que el emperador Francisco José había ofrecido tratar en paz el asunto de las “tierras irredentas”, sin esparcir san- gre, y fue el gobierno italia- no el que quiso el conflicto, para detener la hemorra- gia migratoria con un poco de ocupación en la industria bélica, y con centenares de miles de jóvenes —previsi- blemente— asesinados en el campo de batalla. 6 Lo singular es que el futuro au- tor de Tu non uccidere, un texto que no sólo llamó la atención, si- no que incluso causó escándalo por su firme oposición a la violen- cia y a la guerra, estuviera cuan- do ésta estalló de acuerdo con los intervencionistas. Pero su inter- vencionismo ciertamente no fue de la vulgaridad y demencialidad de aquellos que proclamaban la necesidad “de víctimas y de ma- sacres” —claro, estas víctimas se- rían después los hijos de la gente más pobre, esa que no sabiendo ya cómo seguir adelante, abando- naba la propia tierra para partir hacia América—. El suyo era de los que querían que Italia saliera 5 Cf. Ibid., pp. 488-489; ver también: Bo- sio, op. cit., p.32. 6 Cf. G. Merlatti, www.mondoinpace.it/ dowload/Recensione_ Tu_non_Uccide- re.pdf 2.5.2013. de la neutralidad en nombre de la justicia para la patria. Por esto, ante la exhortación por la paz de Benedicto XV, él respondió con un artículo en L’Azione, el 12 de sep- tiembre de 1915: Digan a gobernantes y súb- ditos, a instituciones y a pue- blos que la salud y la paz duraderas no llegará si no se convierten de corazón, si no renuevan su espíritu, si no buscan la verdadera libertad y el verdadero amor, la verda- dera fraternidad que son fru- to de la Cruz de Jesús llevada en el espíritu y en el corazón. 7 Primo le tiene horror a la gue- rra y la considera una “horrible necesidad”, pero una necesidad. Y la necesidad era la de poner fin al imperio germánico y así a la “exagerada potencia material que, guiada por un malvado espíritu de dominio, ahora se manifiesta des- pués de habernos hecho temblar durante años”. 8 Junto con Carducci, cree que la guerra es para “dar Ita- lia a los italianos”, y que morir por esto es “un supremo testimonio de amor”. De hecho, en un artículo publicado en el diario L’Azione, el 15 de agosto de 1915, para con- memorar la muerte de su amigo Eugenio Vaina de Pava, escribe: “Seamos dignos: dignos de Él que 7 P. Mazzolari, “L’opera per la pace (lette- ra al Papa)(L’Azione, 12 de septiembre de 1915), en: Scritti sulla pace e sulla guerra, Edizioni Dehoniane Bologna, Bologna, 2009, p. 62. 8 Copione (octubre-noviembre de 1915), en: Scritti, pp. 71-72. ha amado la verdad como los san- tos, que por la Justicia ha donado su juventud, como los mártires”. 9 Mazzolari se mantiene lejos de las pretensiones nacionalistas de aquellos que quisieran “sólo nues- tra patria, por encima de todas”. La lucha por la libertad no consiste sólo en hacer valer los propios de- rechos, sino también en el desear que los derechos de los otros sean respetados. La patria es hermana de otras patrias y no “dominatriz de patrias libres”. Ellos, los nacionalistas, com- baten contra un imperia- lismo para erigir sobre sus ruinas otro imperialismo, no importa si más modesto, nosotros, en cambio, com- batimos contra una injus- ticia para crear una mejor justicia, y un atropello para restaurar el equilibrio. 10 Con la entrada de Italia a la gue- rra, Primo no soporta la idea de es- tar tranquilo en casa, mientras que sus coetáneos están en el frente. El 15 de octubre es enrolado como ca- pellán militar destinado a los servi- cios sanitarios. Escribe a su amigo Eligio Cacciaguerra (Cacciaguerra murió en el frente de fiebre españo- la en 1918): Tengo una buena noticia que co- municarte: seré soldado. Esta vez la patria no me ha rechazado [de hecho, en su primer intento, a los 9 “A le sorgenti” (L’Azione, 15 de agosto de 1915), en: Scritti, p. 60. 10 Copione, art.cit., en: Scritti, p.70. veinte años, había sido declarado inhábil] y estoy muy orgulloso de ello, como de un privilegio. Te ha- bía escrito que me sentía humilla- do y que me apenaba mi juventud mirando que no hacía nada mien- tras que muchos se sacrificaban. 11 Escribió también un testamen- to en el que se decía dispuesto a morir por la patria, pidiendo a su madre llorarlo, pero con el con- suelo de saber que el hijo había muerto cumpliendo su deber. En realidad, la madre tuvo que llo- rar, pero no por él, sino por el amado hermano Peppino que, el 24 de noviembre del mismo año, murió en el Monte Sabotino (Car- so) a sus tan sólo 22 años. 12 Comienza el viraje. Guerra: medio desesperado El 11 de febrero de 1917, Primo Mazzolari escribe un artículo en L’Azione con el título “Post tene- bras”. A pesar de seguir creyendo en la necesidad del sacrificio para detener la incontenible fuerza ger- mánica y para asegurar una ma- yor justicia entre las gentes, Primo revela también una profunda des- 11 Carta de Mazzolari a Cacciaguerra, 14-10- 1915, L’Azione, “La voce dei nostri solda- ti”, 28 de noviembre de 1915, p. 4, en: G. Maroni, La stola e il garofano. Mazzolari, Cacciaguerra e la rivista «L’Azione» (1912- 1917), Fondazione Don Primo Mazzolari, Morcelliana, Brescia, 2008, p.69. 12 “Murió Peppino, mi único hermano. Lo mejor de mi sangre para la patria. Las mejores cosas son las que más cuestan”. Carta de Mazzolari a Cacciaguerra, 3 de diciembre de 1915 (L’Azione, “La voce dei nostri soldati”, 26 de diciembre de 1915, p. 2), en: Maroni, op. cit., p. 70.
196 La Cuestión Social Año 24, n. 2 197 La Cuestión Social Año 24, n. 2 ilusión por el hecho de que la vida civil continúe tan tranquila mien- tras la gente se mata en el frente: Después la guerra [...] que cada día arrastra y destroza juven- tud y corazones y asola hoga- res y pueblos, [...] con, por si faltara algo, el espectáculo de una vida privada y civil que tras la línea del fuego per- manece siempre la misma, apática, chismosa, mezqui- na, gozosa; con quien espe- cula a lado de quien muere, quien nada da y mucho reci- be a lado de quien dona todo silencioso, heroico. 13 Y retomando las palabras de Giu- seppe Manzzini, lanza una dramá- tica pregunta: “¿Morimos por la verdad o por el error? ¿Por la jus- ticia de los pueblos o por la locura de los imperios?”. 14 Mazzolari, que en 1915 escribía que partía con orgullo para la guerra para cumplir su deber con la patria, algunos años después sostiene la necesidad de combatir porque es un deber, pero un deber fatal, sin luz ante los ojos, con la duda sobre la inutilidad de tal sacrifi- cio. 15 Él está convencido de que Italia tiene el deber de intervenir para libe- rar a los pueblos de la opresión del Im- perio Austro-Húngaro, pero al mismo tiempo teme que la guerra haya enfu- recido a los nacionalistas y abierto un abismo de odio entre los europeos. Por desgracia, en esto fue profeta. 13 “Post tenebras” (L’Azione, 11 de febre- ro de 1917), en: Scritti, p.78. 14 Cit.: Ibid. 15 Cf. Ibid., p. 79. Con el final de la guerra quedó claro que la Entente no liberaría a Europa del militarismo, habien- do firmado el tratado de Versalles, mismo que Mazzolari definió como “infame”. De hecho, el tratado divi- dió a Italia e Inglaterra de Francia al no estar de acuerdo ambos paí- ses con la política francesa que, en lugar de buscar justicia, buscaba vengarse de Alemania. Y poniendo de rodillas a esta última (Alemania tuvo que renunciar a sus colonias, ceder una parte de su territorio a otras naciones, entre ellas Francia, Dinamarca, Bélgica, Polonia, redu- cir su ejército a 100,000 soldados, pagar una indemnización de 132 millardos de marcos de oro), tira- ba la semilla del deseo de revancha por parte de los alemanes (“A un pueblo de 70 millones o se le eli- mina o se le hace amigo. Cualquier otro camino es peligrosísimo”). 16 Incluso, Benedicto XV, que en 1917 dirigió una conmovedora exhorta- ción a los jefes de Estado para que ce- saran la guerra, “inútil masacre”, sin citar explícitamente el tratado, en la encíclica Pacem Dei Munus llamó a los pueblos europeos a perdonarse las injurias y a la fraterna reconcilia- ción, sin los cuales la paz no puede ser duradera. De hecho, el Papa escribe: Porque, si bien la guerra ha cesado de alguna manera en casi todos los pueblos, y se han firmado algunos trata- dos de paz, subsisten, sin em- bargo, todavía las semillas del 16 Riflessioni su guerra e pace in Alta Slesia (marzo-julio de 1920), en: Scritti, p.121. antiguo odio. Y, como sabéis muy bien, venerables herma- nos, no hay paz estable, no hay tratados firmes, por muy laboriosas y prolongadas que hayan sido las negociaciones y por muy solemne que ha- ya sido la promulgación de esa paz y de esos tratados, si al mismo tiempo no cesan el odio y la enemistad median- te una reconciliación basada en la mutua caridad. 17 El Papa escribió también, en julio de 1919, a los obispos de Alemania, invitándolos a exhortar al pueblo alemán a eliminar todo sentimiento de odio contra aquellos con los que había sido la guerra, y a ayudarse mutuamente, sobre todo compar- tiendo los alimentos con quienes habían sido afectados de manera extrema. 18 Al mismo tiempo, a los franceses que se preparaban para consagrar en Montmarte, la basíli- ca dedicada al Sagrado Corazón de Jesús, les recuerda que el Corazón Divino es un corazón que ha ama- do a todo el género humano, in- cluidos aquellos que le son hostiles y enemigos. 19 17 Benedicto XV, Pacem Dei Munus, carta encíclica, 23 de mayo de 1920, en: Enchi- ridion delle encicliche, op. cit., Edizioni De- honiane Bologna, Bologna, 2006, p. 557. 18 Cf. Benedicto XV, Diuturni luctuosissimi- que, carta, 15 de julio de 1919, www.vati- can.va/holy_father/benedict_xv/letters/ documents/hf_ben-xv_let_19190715_ luctosissimique_it.html (14.12.2013). 19 Cf. Benedicto XV, Amor ille singularis, car- ta, 7 de octubre de 1919, www.vatican.va/ holy_father/benedict_xv/letters/1919/ documents/hf_ben-xv_let_19191007_ille singularis_it.html (14.12.2013). También Primo, al regresar a Boz- zolo después de la guerra, en su pri- mer encuentro con sus parroquianos, les repite una y otra vez en la homilía del 31 de octubre de 1920 la nece- sidad de construir la paz. De hecho, la guerra había vuelto a los hombres peores que las bestias y ahora que el conflicto internacional había cesado, no había cesado la violencia. He aquí el presente: ricos contra pobres, pobres contra ricos, partidos contra parti- dos, los trabajadores que tra- bajan con sus manos contra los que trabajan con su ce- rebro, los trabajadores de la tierra contra los de las ofici- nas, los burgueses contra el pueblo, el pueblo contra la burguesía, organizaciones contra organizaciones, sin- dicatos contra sindicatos. 20 De hecho, estamos en el terrible periodo entre 1919 y 1922, periodo de guerra civil o, como escribe Pro- cacci, “de profunda y general crisis de la sociedad y del Estado y de fermen- to revolucionario”. 21 El fermento, o la guerra civil que fue, era provocado por la imposibilidad para la mayor parte de los italianos de sobrevivir, mismos que al regresar de la guerra se habían encontrado sin trabajo, con los cam- pos yermos, los establos vacíos, en un país fuertemente endeudado con sus aliados y con sus 600,000 muertos. Huelgas, ocupaciones de tierras, pro- testas contra el encarecimiento de la 20 Primo saluto ai parrocchiani della S.S. Trinità (31 de octubre de 1920), en: Scritti, p. 127. 21 Procacci, op. cit., p. 494.
198 La Cuestión Social Año 24, n. 2 199 La Cuestión Social Año 24, n. 2 vida. El mito de la “victoria mutilada” (por victoria mutilada se entiende el trato que dieron Francia e Inglate- rra a Italia después de la guerra: los dos países no mantuvieron las pro- mesas respecto a eventuales conce- siones territoriales contenidas en el pacto secreto de Londres del 26 de abril de 1915) se difundió rápida- mente, sobre todo entre aquellos que habían hecho la guerra pero que, al regresar a casa, no teniendo de qué vivir, eran más vulnerables y por eso estaban dispuestos a escuchar voces como las de D’Annunzio o Mussolini. Por tanto, para muchos el conflicto no había terminado. Aún había ene- migos que enfrentar, externos e in- ternos, y los fascistas del grupo Fasci del Combattimento, fundado el 23 de marzo de 1919, defensores de la “le- gitimidad de la guerra y de las venta- jas de la victoria”, comenzaron pronto a ponerlo en práctica. 22 Entre 1920 y 1921 los fascistas entraron en ac- ción contra sus enemigos “internos”, pacifistas, socialistas, campesinos y trabajadores que reivindicaban el de- recho al trabajo, en 410 localidades, provocando un balance total de 166 muertos y 252 heridos de gravedad. Sobre estos acontecimientos, Benito Mussolini comentó en 1921: “Y por mucho que se pueda deplorar la vio- lencia, es evidente que nosotros para imponer nuestras ideas a los cere- bros teníamos, a son de garrotazos, que tocar los cráneos refractarios”. 23 Los italianos fueron fácilmente em- baucados por los sueños de grande- za de los fascistas, no tanto porque, 22 Cf. A. D’Orsi, L’Italia delle idee. Il pen- siero politico in un secolo e mezzo di storia, Bruno Mondadori, 2011, p. 155. 23 Cit.: Bosio, p.42. como ellos, quisieran hacer de Italia un nuevo Imperio Romano, sino en cuanto que el fascismo daba a mu- chos el sentido de ser liberados de la pobreza, del desorden social y de la derrota. Tan es así que los inscritos al partido fascista pasaron de 20,165 en 1920 a 322,310 en mayo de 1922. Primo Mazzolari se alarmó en se- guida por este movimiento, que de inmediato calificó de anti-cristiano y de bárbaro. Su concepto de patria está muy lejos del de los fascistas, sobre todo, rechaza la violencia que aquellos proclaman como necesaria para alcanzar los propios fines. 24 Y sin embargo, también Primo, al estallar la guerra en Etiopia (ini- ciada por Italia el 3 de octubre de 1935 sin declaración de guerra), que en realidad fue una verdadera agresión por motivos puramente de interés del régimen de Mussoli- ni, fue en cierto sentido víctima de la propaganda fascista. De hecho, 24 La persecución que sufrió por parte de los nacistas es un hecho conocido: amenazas, censuras, interrogatorios. Después del 8 de septiembre de 1943 y de la consecuen- te restauración fascista, tuvo que alejarse de Bozzolo. Regresa poco después, escon- diéndose en el sótano de algunas monjas, para después volver a trasladarse a otros pueblos colindantes. En la primavera de 1944 regresa a su parroquia. El 31 de agosto un amigo que trabaja en la coman- dancia alemana de Mantova le advierte de la orden de captura que se ha levantado en su contra. Una hora después comienza su vida de clandestino que durará hasta el final de la guerra. De este periodo se en- cuentra su testimonio en las cartas a su obispo. (Cf. P. Mazzolari, Obbedientissimo in Cristo... Lettere al Vescovo 1917-1959, Edizioni San Paolo, Cinisello Balsamo, 1996 2 , pp.175-187. en un documento importante del 30 de septiembre de 1935 titulado Quando la patria chiama (Cuando la patria llama), juzga la empresa de Etiopía como un hecho inevita- ble, ya que las otras potencias ven- cedoras del tratado de Versalles no le habían concedido a Italia ni siquiera las migajas y puesto que, con la crisis de 1929, los ricos epu- lones cerraron las fronteras a los emigrantes italianos. 25 Por tanto, Italia, con sus 43 millones de habi- tantes, para poder sobrevivir tenía que recurrir “necesariamente” a la conquista de la tierra africana que los mass media proclamaban co- mo fértil y rica en materias primas. Cuando el gobierno de Mussolini agredió militarmente a Etiopía, 52 naciones de la Sociedad de las Na- ciones aprobaron sanciones econó- micas contra Italia, que parecieron la causa agravante de la pobreza del pueblo italiano. De hecho, tales sanciones —que entraron en vigor desde el 18 de noviembre— en lu- gar de ayudar a Etiopía le siguieron el juego al régimen fascista. El go- bierno italiano se pudo presentar como víctima de las otras poten- cias europeas que, teniendo ellas mismas colonias en África, Asia y Oceanía, impedían a Italia el “dere- cho” de tener sus colonias. Además, Alemania y Estados Unidos, que ha- bían salido de la Sociedad de las Na- 25 “Y hay que decir que les bastaban unos cuantos dólares, algunas libras esterli- nas, un puñado de francos que pudieran mandar a casa para pagar el carbón y el acero que nuestros mineros extraían, el trigo, el algodón y el café que nuestros colonos cultivaban” (Quando la Patria chiama, texto mecanografiado, 30 de septiembre de 1935), en: Scritti, p.168. ciones, continuaron sus relaciones comerciales con Italia, y a las naves italianas se les siguió permitiendo atravesar el Canal de Suez. Al final, el 6 de julio de 1936 las sanciones fueron abolidas: la Italia fascista servía a Europa para detener a la potencia alemana. Y Etiopía, con sus miles de muertos —entre ellos muchos civiles exterminados por los gases esparcidos sobre el país desde aviones italianos; las estimas italianas hablan de 70,000, las de Etiopia de 275,000—, fue la mone- da del intercambio. 26 Al inicio, Primo seguramente no podía saber todo esto. De hecho, en un pasaje de su escrito de 1935 ha- bla de tierra mal cultivada que los campesinos italianos mejorarían, ayudando así también al pueblo abisinio; se le llevaría el pan y se construirían caminos. 27 Sin embargo, Mazzolari, aun to- mando distancia de una actitud pacifista radical, nunca compartió el concepto teológico de “guerra justa” como era presentado en la Civiltà Cattolica por el padre Mes- sineo o en el Corriere della sera por Guido Manacorda. De hecho, inclu- so respondió con una carta abierta a un artículo de Manacorda del 9 de junio de 1936, donde el intelectual se valía de Agustín, Bernardo, Francisco 26 Cf. S. Tieghi, Guerra fascista contro Etiopia: un eccidio con i gas asfissianti, antifascismoresistenza.ilcannocchia- le.it/2008/03/31/guerra_fascista_ contro_etiopia.html (18.1.2014). 27 Cf. Quando la Patria chiama, art.cit., en: Scritti, p.170; también: La vera della Ma- donna, (8 de diciembre de 1935), p.174.
200 La Cuestión Social Año 24, n. 2 201 La Cuestión Social Año 24, n. 2 de Victoria, Suárez, Taparelli para jus- tificar la “guerra justa”, considerada como signo providencial de la histo- ria, fortaleza moral, si viene de la au- toridad, causa justa y recta intención, y obra de justicia y de paz. Es más, Manacorda llega a decir que también la “guerra ofensiva” podía ser consi- derada como “moral”, necesidad de vida y exigencia de civilización, si bus- caba la liberación de los pueblos des- trozados y oprimidos 28 —habría que ver lo que pensaba el pueblo etíope al respecto—. En un segundo artículo del 27 de junio, Manacorda describe el nuevo Imperio Italiano, proclama- do por el Duce el 9 de mayo, como “justo”, “óptimo entre todos los regí- menes”, “imperio de paz”, “afirmación de plena humanidad” ante Dios y los hombres. 29 Mazzolari envió su car- ta abierta a Sante Maggi, director del “Italia”, pero obtuvo un rechazo cortés y su carta no fue publicada por razo- nes de “utilidad general”. 30 En la carta, corregida más de una vez, Mazzolari dice estar de acuerdo sobre el hecho de que la “guerra no es intrínseca- mente mala, es decir, no siempre es un pecado, puede volverse también un deber e imponerse como una ne- cesidad ineluctable de justicia social” pero, al mismo tiempo, la define como una “tara” y una “plaga”: “Nosotros 28 Cf. G. Manacorda, Le esigenze della civiltà e la contraddizione di una ideologia, “Co- rriere della sera”, 9 de junio de 1936, en: P. Mazzolari, Diario III/B, (1934-1937), Edizioni Dehoniane Bologna, Bologna, 2000, pp.293-296. 29 Cf. G. Manacorda, “Spiriti e forme del nuo- vo Impero”, Corriere della sera, 27 de ju- nio de 1936, en: Diario III/B, pp. 311-315. 30 Cf. Lettera di Sante Maggi a Primo Ma- zzolari, 24 de mayo de 1936, en: Diario III/B, p. 305. tenemos que trabajar para volverla menos tristemente necesaria, para eliminarla. Nuestra fe es el amor de Cristo hecho hombre”. 31 Y, en lo que se refiere a la tesis ca- tólica de la guerra “justa”, Mazzolari pide a Manacorda tener cuidado de justificarla arbitrariamente, puesto que ciertas citas, tomadas sin consi- derar el contexto, pueden ser fácil- mente manipuladas: Me reservo mi opinión sobre las citas, incluso sólo de los nom- bres. Podríamos hacer un gran volumen, tanto Usted como yo, con la conclusión de hacer de- cir a los otros aquello que no- sotros queremos que digan. La documentación fragmentaria se presta a todas las insinceri- dades. [...] Evitaré decir que no esunatesiscatólica—nomeco- rresponde a mí como a ningún laico o religioso, sino a la Igle- sia—. A mí me basta decir que en el mundo católico puede ha- ber derecho de ciudadanía sin ser acusada de herejía una opi- nión un poco diferente de la suya. León XIII-Pío X-Benedic- to XV-Pío XI el cardenal Ver- dier, el cardenal Faulhaber, los teólogos: Charrière, Delos O.P., Mayer, Keller, Noppel S.J., De So- lages, Stratmann O.P., Valensin S.J., ciertamente no llegan a sus mismas conclusiones. 32 31 Lettera aperta a Guido Manacorda, 13 de junio de 1936, en: Diario III/B, p. 299. 32 Ibidem, pp. 298-299. Para Mazzolari, la guerra sigue siendo sólo un medio “desesperado”, una tristeza no querida por el hom- bre en general, pero que se le impo- ne por el desorden establecido. Él trata de inmediato de mantenerse a distancia de la tesis romántica e hi- pócrita de misión civilizadora, anties- clavista y misionaria, difundida por la propaganda fascista y, por desgracia, compartida por muchísimos católi- cos. Para él, el binomio espada-cruz es absolutamente impensable: “El centurión no siempre abre paso al misionero”. Y citando a Charles de Foucauld, que había sido soldado en África pero que por Cristo había re- nunciado a asesinar a su prójimo, di- ce: “Carlos de Foucauld entendió que tenía que regresar a Marruecos con otro hábito y con otro corazón y de- jarse asesinar”. 33 Ésta será la tesis que más adelante Mazzolari sostendrá en Tu non uccidere. Sin embargo, en 1936 Mazzolari, aunque en las antí- podas respecto a la posición conser- vadora y pro-fascista de intelectuales como Manacorda y Papini, es aún muy patriota cuando sostiene, al fi- nal de la ya mencionada carta abierta a Manacorda, que el cristiano es ciu- dadano de dos patrias: “soldado que abraza bajo el iris tricolor de la Patria terrena todas las justicias avanzando incluso a través de un campo de bata- lla hacia la Ciudad de la paz”. 34 La Segunda Guerra Mundial Mientras tanto, Europa se diri- gía hacia la catástrofe de la Segun- 33 Quando la Patria chiama, art.cit., en: Scritti, p. 168. 34 Le esigenze della carità (Carta a Guido Mana- corda), junio de 1936, en: Diario III/B, p. 311. da Guerra Mundial. Los acuerdos de Múnich de septiembre de 1938 habían creado la ilusión de poder mantener la paz. 35 Sin embargo, Mazzolari, en un artículo del 3 de noviembre, se pregunta si este “vie- jo navío alquitranado”, que era la Europa de entonces, habría resisti- do el mar —y de hecho no lo resis- tirá—. Para él, la condición era sólo una: regresar al sagrado deber de la caridad y de buscar el bien común más allá de los intereses persona- les. La solución es un regreso a la cristiandad auténtica de los prime- ros tiempos que, “aun si no logra eliminar todas las causas de lucha entre las varias tendencias nacio- nales y étnicas, terminaba siempre por volver a unir a los varios miem- bros de la misma cristiandad que traducía, a su modo, el Cuerpo mís- tico en el campo político y social. 36 35 El encuentro fue convocado por iniciativa de Mussolini y aprobado por Francia e Inglaterra. Para evitar un ataque armado por parte de Alemania, Checoslovaquia fue obligada por este acuerdo unilateral a ceder a Alemania la región de Los Sude- tes, población de origen alemán. 36 “Figliuoli di pace” (Il Nuovo cittadino, 3 de noviembre de 1938), en: Scritti, p. 183 (también Giorgio La Pira, amigo de Mazzo- lari, llamará al mismo concepto en su texto de 1945, Premesse della politica. Escribe La Pira: “La sociedad humana abraza a todos los hombres. [...] Esta universalidad [...] se ha vuelto realidad social —al menos en el plano religioso— con la constitución de la Iglesia católica: la respublica christianorum del Medioevo trató de construir la sociedad política de los cristianos de acuerdo a este principio de universalidad. [...] La sociedad es, intrínsecamente, universal [...] Naciona- lismo, racismos, etc. encuentran en ello su irremediable condena”. G. La Pira, Premesse della politica, Libreria Editrice Fiorentina, Florencia, 2004, pp. 148-149).
202 La Cuestión Social Año 24, n. 2 203 La Cuestión Social Año 24, n. 2 En este artículo, escrito sólo tres años después de Quando la patria chiama, estamos muy lejos de la te- sis de la guerra como consecuencia de tratados injustos. Más aun, Maz- zolari dice claramente: “La denigra- ción sistemática, aunque motivada por injusticias evidentes y por co- losales errores, no ayuda a reparar nada. 37 No se trata aquí del clásico lugar intransigente de que sólo la Iglesia podía garantizar la verdade- ra paz, 38 sino de un llamado a los católicos que habían traicionado su tarea y que habían cedido “con poca o ninguna resistencia, a todo tipo de sugestiones, con la excusa de mejor cumplir el propio deber” y que habían amado más al padre y a la madre —¿se refería quizás al Duce?— que a Cristo. 39 Con la invasión de Polonia por parte de Alemania en septiembre de 1939, Mazzolari parece haber aban- donado definitivamente la idea de guerra “justa o necesaria”. La guerra que se ha desencadenado es para él sólo “una barbarie sin pudor”. El 18 de septiembre, en el pasaje anotado en su diario como Ascoltando la ra- dio (Escuchando la radio), escribe: Bombardeos, torpedeos, masa- cres. Acribillar. Basta. Mejor ignorar esta barbarie sin pudor. Hubo una vez en que la historia descubría la gloria y cubría la ignominia, la cruel- 37 Ibidem. 38 Cf. G. Formigoni, “Don Primo Mazzola- ri dall’interventismo al pacifismo”, en: P. Trionfini (ed.), «Tu non uccidere» Mazzola- ri e il pacifismo del Novecento, Morcelliana, Brescia, 2009. 39 Cf. Ibid., p. 184. dad. Hoy no queda más que la im- pudicia: la vanagloria de quién mata más rápido. Nos han hecho asesinos contra nuestra voluntad: nos han ordenado convertirnos en eso. Por esto, el amor a la Patria tiene un pre- cio insoportable. Me han quitado la alegría de poder amar con manos puras a mi Patria. 40 En la hora de las tinieblas, Maz- zolari entiende que la tentación es la de la fuerza, es decir, la de la car- ne, que hace que renunciemos al único camino válido: el del Espíri- tu. De hecho, leyendo las bienaven- turanzas se da cuenta de que hay alguien dentro de él que se resiste a la palabra que lee. Sin embargo, es- te alguien es derrotado por el Dios que decide hacerse niño, paradoja de la impotencia que es verdadera potencia. Mientras que el gobierno fascista se está preparando para entrar a la guerra (Italia entrará a la guerra el 10 de junio de 1940), la Navidad del ’39 escribe: Nosotros nos vestimos de fierro y de acero, ponemos a nuestro alrededor forta- lezas de cemento y cam- pos de minas: nos servimos de armas que vomitan fue- go y muerte. Nos gloriamos de nuestra fuerza matando. ¡Qué pobre fuerza, una fuer- za que mata! Mientras que el fuerte se viste de pobre car- ne, una carne que tiene frío, tiene hambre [...] pone su 40 P. Mazzolari, Ascoltando la radio, 18 de septiembre de 1939, en: Idem, Diario IV 1938-25 aprile 1945, Edizioni Deho- niane Bologna, Bologna, 2006, p. 174. tienda entre los hombres, elimina el límite entre infi- nito y finito, entre lo huma- no y lo divino, y se pone al servicio de todos, a la mer- ced de todos... 41 Con la entrada de Italia a la gue- rra, la posición de Primo se vuelve cada vez más clara. La guerra es una “porquería”, y el recuerdo de la ma- sacre de la Primera Guerra Mundial ha hecho caer para siempre la idea romántica fascista de la guerra re- generadora. En la exhortación de Mussolini de la guerra necesaria pa- ra dar un largo periodo de paz y de justicia a Italia, a Europa, al mundo, ya no cree nadie. En los terribles años que siguieron, Primo Mazzolari ope- ró en dos direcciones: el apoyo a sus muchachos que estaban en la guerra y el continuo llamado a no odiar. Esta doble acción podría parecer contra- dictoria. No obstante, como él mismo escribe para recordar a uno de sus amigos sacerdotes muerto en Mon- tenegro, “a la Patria se sirve verdade- ramente permaneciendo fieles cada uno a su propia vocación. Y la voca- ción de un sacerdote es la de amar y dar la vida por los que ama”. 42 Tam- bién él ha pedido partir, como había hecho cuando era joven, pero es muy diferente el tono de esta petición res- pecto a aquella precedente llena de ardor patriótico. El 28 de febrero de 1941 escribe a su obispo: Odio la guerra, pero tengo trecientos muchachos en la 41 “Ci sei tu” (L’Italia, 24 de diciembre de 1924), en: Scritti, p. 211. 42 “18 de junio de 1943: al amigo Ferdi- nando Durand”, en: Diario IV, p. 544. guerra y otros están por par- tir [...] No hay nada de teme- rario ni de aventurado en mi decisión [...] Cuando nues- tros muchachos mueren con tanta simplicidad, sería odioso y sacrílego enrolarse por enrolarse. 43 Su petición fue ignorada pero él, durante todo el periodo de la guerra, siguió personalmente las vicisitudes de sus parroquianos en el frente. Es- ta correspondencia, con el envío de noticias, fotografías y promesas de oración, fue hecha pasar por la policía política como “propaganda muy no- table” pero, en realidad, en sus cartas no hay nunca una palabra que invite a matar al prójimo. Son las cartas de un padre que tiene a sus hijos en la guerra y desea que vuelvan sanos y salvos junto a los del otro bando, que también son amados por el Señor y tienen un padre y una madre. De he- cho, escribe: “Debe ser un dilema pa- ra el Señor sentir que se le reza por los unos en contra de los otros”. 44 Y en un pasaje —censurado— co- mo respuesta a G. Papini, que exalta la guerra como la gran misión para oponerse a la hegemonía británica, escribe: “Hay Uno que da testimo- nio a los muertos, sin preguntar de qué lado están. Un joven que ofrece su propia vida está siempre del lado de Cristo”. 45 43 P. Mazzolari, [Lettera al Vescovo], 28 de febrero de 1941, en: Idem, Obbedien- tissimo in Cristo... Lettere al Vescovo 1917-1959, Edizioni San Paolo, Cinisello Balsamo, 1996 2 , p. 136. 44 Liturgia del tempo di guerra, 18 de no- viembre de 1941, en: Scritti, p. 267. 45 “Ode al SS. Sacramento” (L’Italia, 25 de abril de 1940), en: Diario IV, p. 294.
204 La Cuestión Social Año 24, n. 2 205 La Cuestión Social Año 24, n. 2 Al obispo, después de haber leído un documento de un oficial contra algunos católicos —incluidos sacer- dotes y hermanos— que habrían instigado a los croatas contra los serbios, escribe indignado: “¿En el seminario de Cremona se debe orar por la paz de los pueblos o por la victoria de las armas italianas?”. 46 Para él, el cristiano debe liberarse antes que nada de cualquier juicio sobre la guerra y no decantarse por éstos o por aquéllos. Él está obligado a aceptar el misterio de esta “cala- midad permitida por Dios”, pero al mismo tiempo debe interrogarse sobre su responsabilidad personal por no haber logrado impedirla, no tanto en la mesa de la declaración de guerra de los poderosos, sino en su corazón. De hecho, cuando por cuestiones pequeñas o grandes se ignoran la justicia y la caridad en nombre de la propia ganancia, es- ta rebelión contra el bien prepara el camino a la tragedia de la guerra entre los pueblos. 47 Este tema de la responsabilidad, como cristianos en tiempo de gue- rra y también en los tiempos que preceden a ésta, se encuentra a me- nudo en sus escritos de este perio- do. Son de particular importancia Tempo di credere (Tiempo de creer), de finales de 1940 y Risposta ad un aviatore (Respuesta a un aviador) de agosto de 1941. Tempo di credere es una reflexión sobre el nuevo encuentro de los des- 46 [Lettera al Vescovo], 16 de octubre de 1941, en: Obbedientissimo, pp.139-140. 47 Cf. Parole pacate per l’ora turbolenta, julio de 1940, en: Diario IV, 301-306. ilusionados discípulos de Emaús con Cristo resucitado, y que revivirá en ellos el valor y la fe. Pero, al lector atento no se le escapa la implícita crí- tica al régimen fascista y a la guerra. Por lo tanto, no sorprende el hecho de que fuera inmediatamente prohi- bida su difusión y que el libro fuera puesto en el índice por el régimen. De hecho, dice Mazzolari: “¡Cuántas lágrimas y cuánta sangre por em- presas que la historia, apenas a al- gunos años de distancia, despoja de toda gloria!”. Y añade: “El hombre no tiene miedo de ofrecerse: tiene mie- do de ser ofrecido por causas que son vanas como las mentes que las han concebido”. 48 Este tipo de causa es ciertamente la causa de la guerra actual y las mentes son las mentes disparatadas del demiurgo o del su- perhombre, creadoras de mitos “de la suficiencia colectiva de la raza, de la casta, del estado, de la clase, etc.”. 49 También en Risposta ad un avia- tore. I problemi della ricostruzione cristiana (Respuesta a un aviador. Los problemas de la reconstrucción cristiana), el largo documento escri- to en respuesta a un aviador anóni- mo en agosto de 1941, Mazzolari, aun convencido de su posición de que existen guerras justas y gue- rras injustas, recuerda con gran sen- sibilidad histórica y profética que “se puede comenzar en la justicia y terminar en la injusticia”. 50 Y cuan- 48 P. Mazzolari, Tempo di credere, Edizio- ni Dehoniane Bologna, Bologna, 2010 (primera edición crítica), p. 135. 49 Cf. Ibid., pp. 119-120. 50 Risposta a un aviatore. I problemi della ricostruzione cristiana, agosto de 1941, en: Scritti, p. 248. do la autoridad impone una guerra injusta, sin responder ya a su obje- tivo que es el bien común, sino que actúa en su contra, entonces todos los ciudadanos y en particular los cristianos que tienen como ley aque- lla del amor, tienen el derecho a la objeción y a la revuelta. Y aquí Ma- zzolari apela a la cuestión de la ob- jeción de consciencia, en tiempo de guerra, cuando sólo hablar de una cuestión semejante podía llevar a uno a prisión. Él no tiene miedo de decir que “la iniquidad de ciertos ór- denes o de ciertas situaciones que se me imponen, no puede ser juzgada sino en el campo de mi conciencia; ya que sólo mi conciencia está lla- mada a responder ante Dios y ante los hombres”. 51 Claramente se refie- re a su oposición al régimen fascista y, por tanto, a la guerra a la que éste había arrastrado a Italia, diciendo: “El Salus rei publicae suprema lex ya no nos basta. Nuestra alma cristiana no puede ser reconducida al plano absolutista y pagano de ayer, aunque los regímenes vuelvan a él con ban- deras desplegadas”. 52 No obstante, para oponerse a es- tos regímenes, ¿es lícito recurrir a la violencia? Mazzolari, aunque no participó activamente, estuvo cerca del movimiento antifascista y anti- nazista. Y la Resistencia usaba, para resistir, las armas. En Il compagno Cristo (El compañero Cristo), co- menzado en el verano de 1942, Ma- zzolari parece admitir que incluso la gente apacible y no sanguinaria puede verse obligada a recurrir a 51 Ibidem., p. 254. 52 Ibidem., p. 255. la fuerza. Ellos —los buenos— no son dóciles incurables, imbéciles. Sin amar la violencia, que condenan “de manera abierta, son capaces de portar válidamente la espada, no para lastimar, sino para impedir a otros que lastimen”. 53 Sin embargo, éstos son como Cristo, que renun- cia a defenderse con la violencia, pero que defiende con la firmeza de su ánimo a aquellos que el Pa- dre le había dado. Cuando detiene a Pedro diciéndole que guarde su espada —lo que quiere decir que los discípulos portaban espada para defender a su Maestro—, su ofrecerse franco y generoso descon- cierta inmediatamente a aquel en- jambre de mercenarios al servicio del gran sacerdote. Comentando esta actitud de Cristo que se ofrece a sí mismo para salvar a los suyos, Mazzolari escribe: “No se puede abandonar al pueblo de Dios: no se puede dejarlo tiranizar, dispersar, sitiar, matar, como hemos dejado que pase en estos años, bajo nues- tras narices, con nuestro benepláci- to, callado o gritado según nuestros intereses”. 54 Los cristianos nunca de- bieron haber permitido que la tra- gedia de la guerra aconteciera una vez más por su desidia o, peor aun, por su complicidad con los violen- tos y los armamentistas. Durante una relación al clero de Cremona en agosto de 1943, Mazzolari solicita a sus compañeros que trabajen pa- ra reeducar al pueblo en la libertad política y en la elección política, a “no temer a los inconvenientes de 53 P. Mazzolari, Il compagno Cristo. Vange- lo del reduce, Edizioni Dehoniane Bolo- gna, Bologna, 2008 4 , p. 229. 54 Ibidem.
206 La Cuestión Social Año 24, n. 2 207 La Cuestión Social Año 24, n. 2 la libertad, que son siempre menos espantosos que el orden impuesto”, a tomarse las propias responsabili- dades civiles como cristianos, a in- teresarse por la cosa pública; de lo contrario, “nos harán interesarnos a fuerza, nos darán un pensamiento de acuerdo a sus intereses”, reedu- car a pensar con la propia cabeza, dando a la gente sin imponer, de- jando la libertad de juzgar según la propia consciencia, un mínimo de criterio evangélico de “justicia, bon- dad, bien común, solidaridad, en oposición a todas aquellas formas de reacción, de violencia, de odio”. Para garantizar la paz futura, Pri- mo no tiene dudas sobre los medios necesarios: el desarme, la limitación de la autoridad del Estado, un nuevo Consejo de Naciones, la condena ab- soluta sin distinción de la guerra. 55 Las actividades por la paz durante la Guerra Fría Probablemente, uno de los even- tos más trágicos durante la Segunda Guerra Mundial, que llevaron a Maz- zolari a un rechazo sin excepciones de la guerra, fue el lanzamiento de las dos bombas atómicas (en Hiro- shima el 6 de agosto y en Nagasaki el 9 de agosto de 1945). Para Primo, el uso de la bomba atómica fue el sig- no de lo mucho que la inteligencia humana se podía desviar hasta vol- verse demoniaca. Pero todavía más desconcertante fue el hecho de que los 55 millones de víctimas no hubie- 55 Cf. Relazione per Cremona. Per la ri- unione tenuta a Cremona nell’agosto 1943 durante l’interregno, en: Diario IV, pp. 553-560. ran bastado para detener, al final de la guerra, la carrera armamentista y el fomento de la bomba atómica. 56 Es más, los dos bloques que se forma- ron (el estadounidense y aliados y el soviético y aliados) de inmediato se precipitaron en una guerra fría que amenazaba con volver a llevar al mundo a la tercera guerra mundial. Incluso, legitimando la adhesión de Italia al Tratado del Atlántico (firma- do por 12 países en Washington el 4 de abril de 1949), porque en una situación tan grave no se podía per- manecer neutral, Mazzolari advierte a los católicos sobre el hecho de que nadie puede monopolizar la paz, ni en Oriente ni en Occidente. De hecho, la paz puede ser sinceramente queri- da por ambos frentes pero, al mismo tiempo, manifiesta no estar dispuesto “a expedir ni a los occidentales ni a los orientales un cheque en blanco. De- trás de los hombres más estimados, a veces juegan a sus espaldas intereses y pasiones innobles”. 57 No se fía de los occidentales porque han acepta- do el capitalismo materialista, ni de los orientales, también ellos mate- rialistas del bando opuesto, es decir, del comunista. La visión materialista de la historia lleva, inevitablemente, 56 De 1945 a 1958, Estados Unidos realizó 20 pruebas nucleares en Micronesia (Bi- kini), entre ellas la de la súper-bomba de hidrógeno (Castle Bravo) de 15 megato- nes, mientras que en 1961 los soviéticos construyeron y experimentaron la bom- ba de hidrógeno (Bomba del Zar) más poderosa hasta ese momento (3,125 veces más poderosa que la bomba que había destruido a Hiroshima), con expe- rimentos que dañaron de manera irrepa- rable ambientes y saludes. 57 “ La pace di Parigi” (Adesso, 30 de abril de 1949), en: Scritti, p. 354. a querer resolver los problemas con la fuerza; por eso, la guerra se vuelve una fatalidad inevitable como condi- ción de subsistencia tanto del capita- lismo como del comunismo. 58 Para Primo sólo la revolución cris- tiana —es decir, la toma activa de conciencia por parte de los cristianos de la tarea que Jesús había confiado a los suyos de construir un mundo ba- sado en la hermandad y en la espe- ranza en Dios Padre— podía salvar a la humanidad de la autodestrucción. Entonces, ¿por qué los cristianos se mostraban tan reticentes a tomar decididamente posición contra la guerra, cuando el Papa mismo los había exhortado recordando, en la encíclica Summi moeroris del 19 de julio de 1950, que ésta no traía más que ruina, muerte y todo género de miseria? Pero, escribe Mazzolari en el artículo Adesso o mai più. Lo sfor- zo per salvare la pace (Ahora o nun- ca. El esfuerzo por salvar la paz) del 15 de septiembre de 1950: “¿quién escucha la palabra del Papa? Salir ésta del Vaticano y entrar en el olvido es la misma cosa”. 59 Y, como prueba de esta intencional indiferencia a la palabra del Papa, cita como ejemplo el caso del catolicísimo Secretario de Estado de la Marina estadouni- dense, Francisco Matthews, quien había declarado que, para asegurar la paz, tal vez era necesario recu- rrir a la guerra preventiva (el 25 de agosto de 1950, Matthews también 58 “La bomba atomica e ogni arma stermi- natrice fuori legge” (Adesso, 1 de julio de 1950), en: Scritti, p. 374. 59 “Adesso o mai più. Lo sforzo cristiano per salvare la pace”, (Adesso, 15 de sep- tiembre de 1950), en: Scritti, p. 385. había solicitado al gobierno iniciar la guerra contra la Unión Soviética para obligarla a poner fin a la gue- rra de Corea, que había estallado en el mes de junio precedente). Tal po- sición fue apoyada por el periódico The Pilot, el órgano del arzobispado de Boston, que legitimaba el uso de la guerra preventiva (aggression for peace) en caso de que fuera necesa- ria para impedir nuevos crímenes por parte de los soviéticos. 60 Pero, se pregunta Mazzolari, ¿es éste un mo- do evangélico de razonar? A veces los cristianos tendrían que apren- der precisamente de sus adversa- rios. De hecho, los comunistas de un pueblo que conocía, durante la procesión del Corpus Domini, escri- bieron como saludo al Señor que pa- saba: “Señor, sálvanos de la bomba atómica”, mientras que los católicos contestaron: “Señor, haz que el pro- greso atómico sirva para el bien y no para la ruina del hombre”. Y agregó: “¿No habría sido mejor que los ca- tólicos se hubieran apropiado de la primera [oración] y la hubieran lle- vado sin titubeos ante Cristo?”. 61 Esta ineptitud de los cristianos, y de los católicos en particular, salvo pocas excepciones, 62 resultó más evidente cuando los comunistas-ateos forma- ron el Consejo del Congreso Mundial de los Partidarios de la Paz, que se reunió en Estocolmo del 15 al 19 de marzo de 1950. Los trabajadores 60 Cf. Ibid., p. 386. 61 “La bomba atomica e ogni arma stermi- natrice fuori legge”, art. cit., en: Scritti, p. 379. 62 Como la de Giorgio La Pira que, en Flo- rencia y en el mundo, continuaba con perseverancia trabajando por la paz entre los pueblos.
208 La Cuestión Social Año 24, n. 2 209 La Cuestión Social Año 24, n. 2 produjeron un llamado nombrado precisamente “Llamamiento de Es- tocolmo”, que pedía la interdicción de la bomba atómica, un control por parte de organismos internaciona- les de las armas atómicas y la con- dena a los gobiernos que las usaran. De inmediato surgió una protesta contra la iniciativa por parte de car- denales, obispos, sacerdotes, hom- bres insignes del laicado católico y de toda la prensa católica. Las voces a favor, como las de los obispos fran- ceses que, en sintonía con el espíri- tu del “Llamamiento”, condenaban las armas que golpeaban de modo indiscriminado a combatientes y a la población civil, difundiendo cie- gamente la muerte en espacios ca- da día más vastos en la medida que aumenta la potencia científica del hombre, no fueron entendidas ni siquiera por espíritus generosos co- mo el de François Mauriac. 63 En cambio, Mazzolari en lugar de dejarse guiar por el pánico antico- munista ampliamente difundido en el mundo occidental, examina en el “Llamamiento” los puntos negativos y también los que los cristianos ha- brían podido reconocer como buenos, todo esto en un largo artículo publi- cado en Adesso el 1 de julio de 1950 con el título “La bomba atómica e ogni arma sterminatrice fuori legge” (“La bomba atómica y cualquier otra arma de exterminio prohibida”). Antes que nada, era claro que el “Llamamiento”, que iniciaba con las palabras de Stalin, 63 De hecho, Mauriac criticó la posición de los obispos de haber cedido a la ideo- logía comunista en las páginas de Le Figaro. Cf. La bomba atomica..., art. cit., en: Scritti, p. 365, n. 121. un hombre seguramente “no pacífico”, estaba claramente ligado a los intere- ses de la Unión Soviética, considera- da como la única potencia pacífica en oposición a los Estados Unidos, quie- nes habían usado la bomba atómica contra el pueblo japonés. Así pues, no había duda de que el comunismo internacional, promotor del “Llama- miento”, estaba maniobrado por el gobierno de Moscú. Por otra parte, Moscú no había escondido su pensa- miento, escribiendo en la Pravda el 27 de abril de 1950: “La lucha por la paz, por la democracia y el socialismo, es la lucha de los trabajadores contra los imperialistas y sus lacayos, en otras palabras es una de las formas de la Guerra Fría”. 64 Sin embargo, una vez claras estas contradicciones del “Lla- mamiento”, Mazzolari se declara a fa- vor de la firma. Primero: para expiar la apatía de los cristianos que les ha- bía impedido tomar la iniciativa. Los comunistas habían precedido a los cristianos, quienes por vocación están llamados a construir la paz. Segundo: ¿Jesús no ha dicho acaso que nosotros, que somos malos, sabemos dar cosas buenas a nuestros hijos? Y agrega: “La mano que ofrece el Pan Eucarís- tico puede ser una mano homicida, pero el pan que sostiene y dona sigue siendo el pan del Cielo”. 65 Y concluye el artículo diciendo que está dispuesto a firmar el “Llamamiento” porque: “La Iglesia, desde que Cristo la ha queri- do, está contra toda guerra, contra to- da violencia, contra todo odio, contra toda arma, contra todo atropello, con- tra todo campo de concentración”. 66 64 Ibidem, p. 375. 65 Ibidem, p. 378. 66 Ibidem, p. 380. Por esta posición fue acusado de pro- comunismo; 67 tuvo que sufrir un ulte- rior reclamo por parte de su obispo, quien recibió una carta del cardenal Selvaggini pidiendo explicaciones a propósito del artículo en cuestión. Ma- zzolari dio las debidas explicaciones, pero continuó actuando en una direc- ción que lo llevaría hacia una posición cada vez más radical en contra de cual- quier tipo de guerra. Con el estallido de la guerra de Co- rea, las posiciones de muchos cristia- nos —católicos incluidos— eran cada vez más a favor de la intervención ar- mada. Y fue todavía más preocupante la posición de muchos de ellos cuando las tropas de la ONU cruzaron el pa- ralelo 38º para una expedición puni- tiva en contra de los norcoreanos. En aquella ocasión hasta Georges Bidault, uno de los fundadores de la Asocia- ción de la Juventud Católica Francesa y exponente del grupo antifascista Li- berté escribió que, puesto que la agre- sión partió del Norte hacia el Sur por obra de los comunistas, la agresión no tenía que ser sólo rechazada, sino cas- tigada. Por tanto, se justificaba la strafe expedition, según la así llamada ley del mal menor. Dado que los comunistas eran una amenaza, había no sólo que golpearlos primero, sino que también había que castigarlos. 68 Mazzolari, en cambio, en respues- ta a la grave situación internacional, funda y promueve el movimiento 67 En 1949, la Santa Sede promulgó un de- creto para excomulgar a los inscritos en el partido comunista y para los católicos que colaboraran con los comunistas. 68 Cf. “Quando comandano i generali” (Ades- so, 15 de octubre de 1950), pp. 410-412. Vanguardias Cristianas, que tendría como objetivo la paz entre los pue- blos. El movimiento, que se reunió por primera vez el 7 de enero de 1951 en Modena sin ceder a ningún compromiso ideológico, tuvo el mé- rito de reunir y hacer dialogar a los cristianos con algunos Partidarios de la Paz. Este intento fue entendido y apreciado por intelectuales como Frédéric Joliot-Curie, presidente del Congreso Mundial de la Paz, que el 6 de noviembre de 1950 lo había in- vitado al congreso que se habría de realizar en Sheffield. Sin embargo, para evitar ulteriores acusaciones de pro-comunismo que habrían com- prometido la actividad de Vanguar- dias Cristianas, Mazzolari rechazaría prudentemente participar en el con- greso y, después de haber respondi- do de manera privada a Joliot-Curie, escribe una carta abierta, publicada en su revista Adesso el 15 de noviem- bre, para dejar en claro su posición. En la carta escribirá que rechazar participar no significaba rechazar ni la invitación ni el encuentro. Con extrema lucidez pone tam- bién en evidencia los límites del Mo- vimiento de los Partidarios de la Paz. Primero que nada, la falta de separa- ción de los vínculos políticos de sus responsables y de la propaganda de partido: la causa de la paz no puede estar a las órdenes de nadie. Segundo: la ausencia de las voces de los pobres de todas partes del mundo, aquellos a quienes les había sido arrancada la dignidad, la libertad y el gusto de vivir, aquellos que iban a morir cuando los poderosos decidieron hacer la guerra. Tercero: la falta de reconocimiento del derecho a la libertad religiosa. Di-
210 La Cuestión Social Año 24, n. 2 211 La Cuestión Social Año 24, n. 2 cho esto, él reconocía al Movimiento el mérito de mantener en el mundo el debate sobre la paz, obligando a los gobernantes y a los pueblos oc- cidentales y orientales a reflexionar sobre la gravedad de la cuestión, y a los cristianos a tomar sus responsa- bilidades ante los nuevos probables fratricidios colectivos. 69 Durante el Congreso de Modena, Mazzolari tuvo el valor de lanzar un pacto de fraternidad entre los italianos de cualquier partido, reli- gión y clase social, para que juntos fueran capaces de “extraer del co- razón, de la tradición y de la reli- gión, del sufrimiento de ayer y del de hoy, de los muertos ya incon- tables, la resistencia espiritual que es la única que puede compensar y sustituir la defensa armada, más peligrosa que válida”. 70 Este pacto —al que se adhirió también gente de izquierda— fue la ocasión final para que Adesso, que era su porta- voz, fuera obligada a cerrar. 71 69 Cf. “Messaggio delle Avanguardie cri- stiane al Congresso della Pace” (Ades- so, 15 de noviembre de 1950), en: Scritti, pp. 427-430. 70 “Patto di fraternità” (Adesso, 15 de fe- brero de 1951), p. 476. 71 La revista quincenal Adesso, fundada por Mazzolari en enero de 1949, participó ac- tivamente en el debate cultural y político de aquellos años pero, debido a su apertu- ra en el debate al mundo comunista, sobre todo en lo que se refiere al tema de la justi- cia social y de la paz, fue obligada a cerrar el 15 de marzo de 1951, por intervención del cardenal Idelfonso Schuster. De hecho, el cardenal Schuster lo había acusado de generar confusión entre los católicos “con gran alegría de los comunistas, quienes hace poco participaron en el Congreso de Modena” (Cit.: [Lettera del Vescovo], 27 de enero de 1951, en: Obbedientissimo, p. Mazzolari obedeció, porque to- das las cosas, incluido Adesso, son menos que un momento, “mientras que la Iglesia es custodia del Eter- no”. Y él ha elegido al Eterno, escri- birá a su obispo el 16 de febrero de 1951. Pero en seguida añadirá: A mis ciento cincuenta des- empleados no podré decirles nada diferente de lo que he escrito durante dos años en Adesso...; [...] de la paz no puedo pensar ni decir nada diferente; en cuanto a la «de- fensa armada» de mi patria, ya no tengo el valor de repe- tir «parte, hijo, es tu deber». 72 Las prohibiciones de publicación y predicación por parte de la Santa Sede continuaron hasta y después de su muerte. 73 Tú no matarás En abril de 1955, Primo Mazzolari publica de manera anónima Tu non uccidere. En 1957 sale, aún de ma- nera anónima, la segunda edición; pero para la tercera se tuvo que es- 216). Después de comprobar la inconsis- tencia de las acusaciones contra Mazzola- ri, la revista pudo volver a su actividad en noviembre del mismo año. Sin embargo, los ataques por parte de obispos, cardena- les y la Acción Católica continuaron. 72 [Lettera al Vescovo], 16 de febrero de 1951, en: Obbedientissimo, p. 223. 73 Uno se pregunta si Pío XII realmente co- nocía los detalles de esta persecución. Mazzolari había tratado de encontrarlo personalmente, pero la audiencia nun- ca le fue concedida. Para profundizar sobre estas dolorosas vicisitudes véase el volumen Obbedientissimo in Cristo. perar hasta 1965, cuando el libro fi- nalmente pudo salir firmado por su autor. Ya muchos libros y artículos de Mazzolari habían sido censura- dos por autoridades eclesiásticas y por la Santa Sede, pero Tu non ucci- dere fue probablemente el texto me- nos comprendido por eclesiásticos y laicos. En la introducción de Arturo Chiodi, de la edición del 2003, se ex- plica que la ocasión de compilación del texto fue dada por dos cartas en- viadas a Mazzolari en agosto de 1950 por parte de algunos jóvenes católi- cos. Estos le preguntaban: 1) En caso de guerra, ¿tendrían que prepararse para el combate? 2) En caso afirmati- vo, como italianos, ¿con quién y con- tra quién? 3) En caso de ocupación americana o rusa, ¿tendrían que cola- borar, ser neutrales u hostiles? 74 Ma- zzolari responderá a los jóvenes por medio de Adesso, pero la cuestión que ellos planteaban se volverá el tema constante de muchos de sus apuntes y escritos, que luego serán compila- dos en el texto de 1955. Como hemos visto, Primo Maz- zolari conoce muy bien la teoría de la guerra justa que, sostenida por grandes pensadores como Ambrosio, Agustín y Tomás, había sobrevivido en la Iglesia hasta el Concilio Vaticano II. Con base en esta teoría, la guerra justa, para ser tal, debe prever las siguien- tes condiciones: una causa justa; una autoridad competente que la declara; una recta intención; un remedio extremo, la probabi- 74 Cf. A. Chiodi, Introducción, en: P. Mazzo- lari, Tu non uccidere, Edizioni San Paolo, Cinisello Balsamo (Milano), 2003 10 , p. 11. lidad de éxito; la discriminación entre objetivos militares y civiles y la proporcionalidad entre ac- ciones militares y ventajas con- seguidas. 75 Probablemente, tales condiciones nunca se cumplie- ron en las guerras hasta el siglo XX, pero en las del siglo XX, tanto mundiales como coloniales o civi- les, es un hecho que ciertamente no se cumplieron. Sin embargo, tal teoría en los años ’50 era acep- tada por la teología moral de la Iglesia. El obispo mismo de Maz- zolari, monseñor Cazzani, en una de sus cartas con fecha de 27 de enero de 1951 lo reprendía por su actitud radical diciéndole: ¿Dónde encuentra usted en el Evangelio la condena absoluta de la guerra defen- siva? Mientras que para el derecho natural, como siem- pre han admitido con unáni- me consenso los doctores y los padres católicos, ésta se consiente, y en sí y para los gobernantes, cuando es ver- daderamente necesaria, es incluso precisa. 76 Como hemos visto, Primo duran- te muchos años se mantuvo en la posición de la guerra como “horri- ble necesidad”, “medio desespera- do”, “calamidad” de la que el Señor 75 Cf. L. Lorenzetti, “Guerra e pace nella ri- flessione teologica della prima metà del ’900. Le fonti del pensiero di Mazzola- ri”, en: P. Trionfini (ed.), ‘Tu non uccidere’ Mazzolari e il pacifismo del Novecento, Fondazione Don Primo Mazzolari, Mor- celliana, Brescia, 2009, p. 67, n. 1. 76 [Lettera del Vescovo], 27 de enero de 1951, cit., en: Obbedientissimo, p. 216.
212 La Cuestión Social Año 24, n. 2 213 La Cuestión Social Año 24, n. 2 nos debe de liberar, como del ham- bre y de la peste. Pero ahora la ha abandonado definitivamente. De hecho, ahora recuerda a los lecto- res que Dios ha mandado: tú no matarás que, por más que se le dé vueltas, quiere decir: tú no matarás. Las antiguas profecías del Antiguo Testamento están impregnadas de una ansiedad de paz que preanun- cia el Evangelio: “Opus justitiae pax (Isaías 32,17), “convertirán sus es- padas en azadas, y sus lanzas en podaderas” (Miqueas, 4,3), “disper- sa a los pueblos belicosos” (Salmo 68,31). Cristo ha venido a respon- der a esta ansia de paz que habita en el hombre. Ya desde su nacimiento los ángeles cantaron “paz en la tie- rra a los hombres de buena volun- tad”. Toda su vida estuvo dirigida por la caridad y “fruto de la cari- dad es la paz. Su ley es el perdón”. 77 La guerra, incluida aquella defini- da como “justa”, no es un concepto evangélico; ésta ha sido tomada de la concepción humana antigua gre- co-latina, que puso freno al alcance revolucionario del mensaje evangé- lico. Después, por razones de inte- rés, “teólogos medrosos o ingenuos o mercenarios” desfiguraron las pa- labras de Cristo “para legitimar la carnicería”. Sin embargo, el teólogo no puede sustituir la conciencia del cristiano y el cristiano —aquel que sigue a Cristo— es, como su Señor, hombre de paz. La palabra ‘paz’ no soporta que se le atribuya ningún adjetivo. En el momento en el que se limita a condiciones “racionales”, nace la guerra. Y la guerra nunca es justa, es más, es un acto criminal 77 Tu non uccidere, p. 29. en sí mismo, pues confía a la “fuer- za la solución de un problema de derecho”. 78 Ya en 1950, en respuesta a los que lo acusaban de un pacifismo cobar- de, Mazzolari había dicho claramen- te que el adjetivo ‘justa’ no puede ser atribuido a ‘guerra’, porque como pecado de fratricidio, nunca puede ser definida como tal. De hecho, no se puede decir: “¡matar justamente —masacrar justamente—, destruir un pueblo justamente!”. 79 Mazzolari critica, además, otro concepto —y en esto es decidida- mente revolucionario—: el de gue- rra defensiva. Pero, si en el caso de la negación de la guerra justa en- contró partidarios, la negación de la guerra defensiva pareció un intento suicida y absurdo de rendirse ante los malvados. Salvo algunas excep- ciones como Giorgio La Pira, Giulio Vaggi y Clemente Rebora, los cató- licos se declararon en contra de la negación de la guerra defensiva. La revista Civiltà Cattolica, aun ha- biendo apreciado Tu non uccidere por haber dado voz al dolor de algu- nos jóvenes cristianos, no aprobaba la condena de la guerra defensiva, y definió a ésta como una afirmación demasiado absoluta, antihumana y anticristiana. El boletín de la parro- quia de San Carlos de Milán (Bollet- tino della Corsia dei Servi), a pesar de haber apoyado la condena a la gue- rra moderna, juzga también la con- 78 Ibidem, p. 37. 79 “Pace e guerra” (Adesso, 15 de no- viembre de 1950), en: Scritti, p. 423. dena de Mazzolari como de “muy criticable y discutible”. 80 No obstante, Mazzolari no era ningún iluso. Se habían necesita- do cuarenta años para llegar a esta drástica conclusión, perfectamente justificable, más allá de por el conte- nido del Evangelio, por razones his- tóricas y teóricas. De hecho, Primo hace ver que “o se condenan todas las guerras, también las defensivas y las revolucionarias, o se aceptan to- das. Basta una excepción para hacer pasar por el ojo de la aguja a todos los camellos”. 81 Si se mira la historia, las guerras siempre están hechas para defender lo propio, como si no existieran prácticamente agresores y canallas, sino caballeros que com- baten contra caballeros. En reali- dad, la guerra sólo es entre lobos. Y el cristiano no puede ni debe trans- formarse en un lobo. Debe compor- tarse como un cordero a imitación de Jesús, que rompió de una vez y para siempre la lógica del “ojo por ojo, diente por diente”, concedien- do, además del manto, también la túnica.Y aquí está la propuesta es- candalosa de Mazzolari. A quienes le objetaban que no combatir al malva- do significaba hacerse su cómplice en la opresión de los débiles, él les contesta que el cristiano es un resis- tente y un combatiente por vocación, pero lo que lo distingue es el modo, que seguramente no es el homicidio. “¿Estamos seguros de que la resis- tencia armada acaba con las tribula- 80 Cf. D. Saresella, “Reazioni, recensioni e dibattiti su Tu non uccidere”, en: Trion- fini, op. cit., pp. 187-190. 81 “Il bruscolo e la trave” (Adesso, 1 de di- ciembre de 1950), en: Scritti, p. 438. ciones de los inocentes? «Por tanto, ¿se tendrá que matar para impedir que existan los malvados? De esta manera habrá dos en lugar de uno» (Pascal)”. Mazzolari agrega: El cristiano está en contra de todo mal, no hasta la muer- te del malvado, sino hasta la propia muerte, puesto que no hay amor más grande que el de poner la propia vida al servicio del bien y del her- mano perdido. Gana quien se deja matar y no quien mata. La historia de nuestra reden- ción se abre con la masacre de los inocentes y se cierra con el Calvario: una historia, si se observa bien, un poco menos absurda que la histo- ria de las guerras. 82 He aquí, pues, la propuesta que Mazzolari hace a los cristianos: volverse como Cristo, que nunca dejó de testimoniar la justicia y la verdad, pero lo hizo con su sacrifi- cio, hasta la muerte en la cruz. El realismo mira al Evangelio como a un obstáculo. Estos textos están bien en la igle- sia: pero el banco, el comer- cio, la industria, la guerra, la política son otra cosa. En tal razonamiento queda prác- ticamente anulada la encar- nación. Si no es así, hay que decir que el Verbo se hizo carne en la tierra por haber- se equivocado de planeta. 83 82 Tu non uccidere, pp. 52-53. 83 Ibidem, p. 53.
214 La Cuestión Social Año 24, n. 2 215 La Cuestión Social Año 24, n. 2 Conclusión En 1915, Primo Mazzolari partió como intervencionista, creyendo que la guerra contra el Imperio Austro- Húngaro era una causa justa. Pero la guerra no resolvió los problemas, es más, los agravó. Tan sólo veinte años después, Europa repitió la tragedia con un segundo conflicto mundial que generó todavía más muerte y destrucción. Mazzolari, en su oposición clara al fascismo, pasó al concepto de la guerra como un “mal a veces necesario”, participando en la Resistencia en el ’43. Pero esta guerra y la sucesiva posguerra, con la carre- ra armamentista nuclear —la trage- dia de Hiroshima y Nagasaki, en lugar de haber desalentado para siempre a las potencias a usar tales medios, las hizo tratar de conseguir armas aún más poderosas en nombre de la legítima defensa— por parte de las coaliciones de Oriente y Occidente, le hicieron darse cuenta de que ningu- no de los dos estaba del lado correcto. Oriente y Occidente habían olvidado el respeto al hombre, hijo de Dios, ba- luarte intocable y no instrumentali- zable por ninguna ideología, ni la de la “exasperación colectivista” ni la de la “dureza capitalista”. Al final de su vida llegó a la con- clusión de que ninguna guerra era lícita, en cuanto homicidio, suici- dio y deicidio. De hecho, el hom- bre fue hecho a imagen de Dios. Por tanto, la solución a los conflic- tos se debe buscar en el diálogo, en el encuentro con el otro no como un enemigo, sino como un hermano. Mazzolari es un cristiano que no bus- ca escapatorias. El método de Cristo no fue el de la espada, sino el de la ra- zón y el de la conciencia. Y ese debe ser también el método de los que lo siguen, de lo contrario el cristianis- mo se vuelve sólo un oropel orna- mental inútil que no tiene la fuerza ni el valor de intervenir en las cues- tiones de la vida y de la historia. Si los cristianos se hubieran acordado de esto, probablemente muchos desas- tres como el del nacismo se habrían podido evitar. A este propósito, Ma- zzolari solía citar al alemán Max Jo- sef Metzger, sacerdote y mártir, quien fuera asesinado por los nazis en 1944 por predicar la paz. Pero los nacistas, ¿habrían podido exterminar a todo el pueblo cristiano alemán y europeo si éste se hubiera opuesto? El mal llega cuando el cristiano abandona su tarea. Ésta es la ex- traordinaria autocrítica que ha- ce Mazzolari a los cristianos de su tiempo, que habían renunciado a los valores del Evangelio en nombre de los valores burgueses del benefi- cio. Mazzolari tiene toda la autori- dad para hacer esta crítica, aunque se defina sólo como “un pobre cura de campo”, así como la tuvieron los profetas cuando le gritaban al pue- blo de Israel por haberse alejado de la ley divina. Como ellos, pone en juego su persona. Habiendo experi- mentado la tragedia de las dos gue- rras, junto a la de los veinte años de dominación fascista, Mazzolari no es sólo espectador del sufrimiento de los demás. Quizás para él, el su- frimiento más grande fue el de asis- tir al desolador espectáculo de una Europa salida de la guerra, vacua, presa de intereses partidarios y ba- jo el peligro de nuevas guerras civi- les e imperialistas. De la guerra no había nacido, pues, el mundo más libre, justo y fraterno que se espera- ba. Por tanto, Primo Mazzolari, con base en la experiencia, tiene todo el derecho de recordar a los suyos, es decir, a los cristianos que existe la “sublime posibilidad”, dejada a un lado por razones pragmáticas, de un amor más grande: Si queremos que el hombre no sea aplastado por el odio y la venganza, y pisoteadas la libertad y la justicia, o re- negadas ambas por nuevos despotismos, es necesario que de las iglesias desoladas y de los altares profanados se eleve la ofrenda de una catolicidad renovada, que proponga en su inmolación sin límite y sin debilidad que donde quiera y siempre la única política que salva y construye es la del amor ar- mado de amor. 84 Esta heroica radicalidad no fue comprendida por los de su casa (la Iglesia católica), que durante mu- chos años, a través de sus eminen- tes representantes, trató de hacerlo callar por medio de prohibiciones y admoniciones. Sin embargo, antes de morir, el 5 de febrero de 1959 tuvo la gran alegría y consolación de ser recibido por Juan XXIII, el Papa “de carne” —como él lo de- finía—. El Papa lo llamó “la trom- 84 “Giovani coscienze cristiane davanti alla possibile guerra” (Adesso, 15 de sep- tiembre de 1950), p. 399. peta del Espíritu Santo en tierra mantovana”, y lo invitó también a participar en una de las comisiones preparatorias del Concilio Vatica- no II, convocado el 25 de enero de ese mismo año. Mazzolari no logró participar en él porque murió el 12 de abril, pero Juan XXIII en la su- cesiva encíclica de 1963, Pacem in Terris, afirmó lo que el sacerdote había afirmado con palabras y con el ejemplo durante toda su vida: “Es absurdo pensar que la guerra pue- da ser utilizada como instrumento de justicia”. 85 CS * Licenciada en Filosofía y Letras en el Instituto Oriental de Nápoles. Docto- ra en Misiología en la Pontificia Uni- versidad Gregoriana en Roma. Vive en Japón y es docente en la Univer- sidad Nazan de Nagoya. Imparte las clases de Antropología cristiana, Re- ligiones y Civilizaciones, Educación para la Paz y la dignidad de la perso- na humana. Es la traductora oficial de las obras de Giovanni Riva al idioma japonés “Para conocer a Jesús y Pe- queña antropología”. 85 Juan XXIII, Pacem in Terris, Litterae en- cyclicae, 11 de abril de 1963, cap. III, http://www.vatican.va/holy_father/jo- hn_xxiii/encyclicals/documents/hf_j-xxiii_ enc_11041963_pacem_It.html (27.1.2010).
216 La Cuestión Social Año 24, n. 2 217 La Cuestión Social Año 24, n. 2 Queridos hermanos y hermanas. E n la bula de convocación al Jubileo Extraordinario de la Misericordia recordé que «hay mo- mentos en los que de un modo mu- cho más intenso estamos llamados a la mirada fija en la misericordia para poder ser también nosotros mismos signo eficaz del obrar del Padre» (Misericordiae vultus, 3). En efecto, el amor de Dios tiende alcanzar a todos y a cada uno, trans- formando a aquellos que acojan el abrazo del Padre entre otros brazos que se abren y se estrechan para que quien sea sepa que es amado como hijo y se sienta «en casa» en la única familia humana. De este modo, la premura paterna de Dios es solícita para con todos, como lo hace el pastor con su rebaño, y es particularmente sensible a las ne- cesidades de la oveja herida, cansa- da o enferma. Jesucristo nos habló así del Padre, para decirnos que él se inclina sobre el hombre llagado por la miseria física o moral y, cuan- to más se agravan sus condiciones, tanto más se manifiesta la eficacia de la misericordia divina. En nuestra época, los flujos migra- torios están en continuo aumento en todas las áreas del planeta: refu- giados y personas que escapan de su propia patria interpelan a cada uno y a las colectividades, desafiando el modo tradicional de vivir y, a veces, trastornando el horizonte cultural y social con el cual se confrontan. Ca- da vez con mayor frecuencia, las víc- timas de la violencia y de la pobreza, abandonando sus tierras de origen, sufren el ultraje de los traficantes de personas humanas en el viaje ha- cia el sueño de un futuro mejor. Si después sobreviven a los abusos y a las adversidades, deben hacer cuentas con realidades donde se ani- dan sospechas y temores. Además, no es raro que se encuentren con falta de normas claras y que se pue- Mensaje del Santo Padre Francisco Para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado [17 de enero de 2016] «Emigrantes y refugiados nos interpelan. La respuesta del Evangelio de la misericordia» dan poner en práctica, que regulen la acogida y prevean vías de integración a corto y largo plazo, con atención a los derechos y a los deberes de todos. Más que en tiempos pasados, hoy el Evangelio de la misericordia interpe- la las conciencias, impide que se habi- túen al sufrimiento del otro e indica caminos de respuesta que se fundan en las virtudes teologales de la fe, de la esperanza y de la caridad, desple- gándose en las obras de misericordia espirituales y corporales. Sobre la base de esta constata- ción, he querido que la Jornada Mundial del Emigrante y del Re- fugiado de 2016 sea dedicada al tema: «Emigrantes y refugiados nos interpelan. La respuesta del Evangelio de la misericordia». Los flujos migratorios son una reali- dad estructural y la primera cues- tión que se impone es la superación de la fase de emergencia para dar espacio a programas que conside- ren las causas de las migraciones, de los cambios que se producen y de las consecuencias que imprimen rostros nuevos a las sociedades y a los pueblos. Todos los días, sin embargo, las historias dramáticas de millones de hombres y mujeres interpelan a la Comunidad inter- nacional, ante la aparición de in- aceptables crisis humanitarias en muchas zonas del mundo. La indife- rencia y el silencio abren el camino a la complicidad cuanto vemos co- mo espectadores a los muertos por sofocamiento, penurias, violencias y naufragios. Sea de grandes o pe- queñas dimensiones, siempre son tragedias cuando se pierde aunque sea sólo una vida. Los emigrantes son nuestros her- manos y hermanas que buscan una vida mejor lejos de la pobreza, del hambre, de la explotación y de la in- justa distribución de los recursos del planeta, que deberían ser divididos ecuamente entre todos. ¿No es tal vez el deseo de cada uno de ellos el de mejorar las propias condiciones de vida y el de obtener un honesto y legítimo bienestar para compartir con las personas que aman? En este momento de la historia de la humanidad, fuertemente marcado por las migraciones, la identidad no es una cuestión de importancia se- cundaria. Quien emigra, de hecho, es obligado a modificar algunos aspec- tos que definen a la propia persona e, incluso en contra de su voluntad, obliga al cambio también a quien lo acoge. ¿Cómo vivir estos cambios de manera que no se conviertan en obstáculos para el auténtico desa- rrollo, sino que sean oportunidades para un auténtico crecimiento hu- mano, social y espiritual, respetando y promoviendo los valores que ha- cen al hombre cada vez más hombre en la justa relación con Dios, con los otros y con la creación? En efecto, la presencia de los emi- grantes y de los refugiados interpela seriamente a las diversas sociedades que los acogen. Estas deben afrontar los nuevos hechos, que pueden verse como imprevistos si no son adecua- damente motivados, administrados y regulados. ¿Cómo hacer de modo que la integración sea una experiencia enriquecedora para ambos, que abra caminos positivos a las comunidades y prevenga el riesgo de la discrimi-
218 La Cuestión Social Año 24, n. 2 219 La Cuestión Social Año 24, n. 2 nación, del racismo, del nacionalismo extremo o de la xenofobia? La revelación bíblica anima a la acogida del extranjero, motivándola con la certeza de que haciendo eso se abren las puertas a Dios, y en el rostro del otro se manifiestan los rasgos de Jesucristo. Muchas institu- ciones, asociaciones, movimientos, grupos comprometidos, organismos diocesanos, nacionales e internacio- nales viven el asombro y la alegría de la fiesta del encuentro, del in- tercambio y de la solidaridad. Ellos han reconocido la voz de Jesucristo: «Mira, que estoy a la puerta y llamo» (Ap 3,20). Y, sin embargo, no cesan de multiplicarse los debates sobre las condiciones y los límites que se han de poner a la acogida, no sólo en las políticas de los Estados, sino también en algunas comunidades parroquiales que ven amenazada la tranquilidad tradicional. Ante estas cuestiones, ¿cómo pue- de actuar la Iglesia si no inspirándo- se en el ejemplo y en las palabras de Jesucristo? La respuesta del Evange- lio es la misericordia. En primer lugar, ésta es don de Dios Padre revelado en el Hijo: la miseri- cordia recibida de Dios, en efecto, sus- cita sentimientos de alegre gratitud por la esperanza que nos ha abierto al misterio de la redención en la sangre de Cristo. Alimenta y robustece, ade- más, la solidaridad hacia el prójimo como exigencia de respuesta al amor gratuito de Dios, «que fue derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo» (Rm 5,5). Así mismo, cada uno de nosotros es responsa- ble de su prójimo: somos custodios de nuestros hermanos y hermanas, donde quiera que vivan. El cuidar las buenas relaciones personales y la capacidad de superar prejuicios y miedos son ingredientes esenciales para cultivar la cultura del encuen- tro, donde se está dispuesto no sólo a dar, sino también a recibir de los otros. La hospitalidad, de hecho, vive del dar y del recibir. En esta perspectiva, es importante mirar a los emigrantes no solamente en función de su condición de regu- laridad o de irregularidad, sino sobre todo como personas que, tuteladas en su dignidad, pueden contribuir al bienestar y al progreso de todos, de modo particular cuando asumen responsablemente los deberes en relación con quien los acoge, respe- tando con reconocimiento el patri- monio material y espiritual del país que los hospeda, obedeciendo sus leyes y contribuyendo a sus costes. A pesar de todo, no se pueden reducir las migraciones a su dimensión polí- tica y normativa, a las implicaciones económicas y a la mera presencia de culturas diferentes en el mismo territorio. Estos aspectos son com- plementarios a la defensa y a la pro- moción de la persona humana, a la cultura del encuentro entre pueblos y de la unidad, donde el Evangelio de la misericordia inspira y anima itine- rarios que renuevan y transforman a toda la humanidad. La Iglesia apoya a todos los que se esfuerzan por defender los derechos de todos a vivir con dignidad, sobre todo ejerciendo el derecho a no te- ner que emigrar para contribuir al desarrollo del país de origen. Este proceso debería incluir, en su primer nivel, la necesidad de ayudar a los países del cual salen los emigrantes y los prófugos. Así se confirma que la solidaridad, la cooperación, la in- terdependencia internacional y la ecua distribución de los bienes de la tierra son elementos fundamentales para actuar en profundidad y de manera incisiva sobre todo en las áreas de donde parten los flujos migratorios, de tal manera que ce- sen las necesidades que inducen a las personas, de forma individual o colectiva, a abandonar el propio ambiente natural y cultural. En todo caso, es necesario evitar, posible- mente ya en su origen, la huida de los prófugos y los éxodos provoca- dos por la pobreza, por la violencia y por la persecución. Sobre esto es indispensable que la opinión pública sea informada de forma correcta, incluso para prevenir miedos injustificados y especulacio- nes a costa de los migrantes. Nadie puede fingir de no sentirse interpelado por las nuevas formas de esclavitud gestionada por organiza- ciones criminales que venden y com- pran a hombres, mujeres y niños como trabajadores en la construc- ción, en la agricultura, en la pesca y en otros ámbitos del mercado. Cuán- tos menores son aún hoy obligados a alistarse en las milicias que los trans- forman en niños soldados. Cuántas personas son víctimas del tráfico de órganos, de la mendicidad forzada y de la explotación sexual. Los prófugos de nuestro tiempo es- capan de estos crímenes aberrantes, que interpelan a la Iglesia y a la co- munidad humana, de manera que ellos puedan ver en las manos abier- tas de quien los acoge el rostro del Señor «Padre misericordioso y Dios te toda consolación» (2 Co 1,3). Queridos hermanos y hermanas emigrantes y refugiados. En la raíz del Evangelio de la misericordia el encuentro y la acogida del otro se en- trecruzan con el encuentro y la acogi- da de Dios: Acoger al otro es acoger a Dios en persona. No se dejen robar la esperanza y la alegría de vivir que brotan de la experiencia de la mise- ricordia de Dios, que se manifiesta en las personas que encuentran a lo largo de su camino. Los encomiendo a la Virgen María, Madre de los emi- grantes y de los refugiados, y a san José, que vivieron la amargura de la emigración a Egipto. Encomiendo también a su inter- cesión a quienes dedican energía, tiempo y recursos al cuidado, tanto pastoral como social, de las migra- ciones. Sobre todo, les imparto de corazón la Bendición Apostólica. Vaticano, 12 de septiembre de 2015, memoria del Santo Nombre de María Francisco
220 La Cuestión Social Año 24, n. 2 221 La Cuestión Social Año 24, n. 2 En 2005 había leído un libro de Arnulfo Vigil titulado Antología de poesía cristiana en América Latina, publicado por Claves Latinoameri- canas, de Raúl Macín, en 1990, que abordaba el tema de la poesía reli- giosa latinoamericana. Hoy, el autor nos sorprende de manera muy posi- tiva con el texto Literaturgia. Poesía católica de Nuevo León, libro que im- plica cinco años de trabajo de inves- tigación, sumado al conocimiento que sobre el tema ha venido acumu- lando el autor. Éste dedica el libro a los cultos sacerdotes Luis Eduar- do Villarreal Ríos y José Francisco Gómez Hinojosa, dando las gracias igualmente a don Israel Cavazos Garza, académico de la historia y cronista de Monterrey y Guadalupe. En la “Introducción” deja claro que durante los tres siglos novohispanos la Iglesia católica dominó “las activi- dades y el pensamiento de los mexi- canos”, para después, con las Leyes de Reforma en el siglo XIX, abrirnos a las confesiones religiosas evangéli- cas. Para Vigil, desde finales del siglo XX la poesía religiosa “es una tradi- ción agotada […] que ha palidecido, sin esperanza de resurrección”. El au- tor atribuye este yermo a la secula- rización, al mal ejemplo de algunos clérigos y a la ausencia de renovación literaria, entre otras causas, señalan- do que durante el siglo XIX y la mi- tad del XX, los poetas abrevaron en las fuentes de la fe y la literatura, en clara unicidad. Pide distinguir la au- téntica poesía religiosa de la que sólo se queda en hojuelas. “Poesía religio- sa —agrega— no es la que se escribe a Dios como un asunto más […], sino la de los religiosos […] o laicos que convierten su fe en palabra”. De “En el Ambón al Amén”, prime- ro y último de los capítulos, el autor va haciendo un recuento biográfico, y en muchas ocasiones antologado, de nuestros poetas nacidos en el terru- ño o que permanecieron en el mismo por cierto tiempo, por muchos años o incluso hasta su muerte. Igualmente, da el contexto literario novohispano y nacional de autores y obras e ini- cia en lo local con Luis de Carvajal ‘El Mozo’ (p. 29), Juan Bautista Chapa (p. 35), Lucas de las Casas (p. 37), Fran- cisco González de Paredes, Servando Teresa de Mier (p. 42), Antonio del Álamo (p. 43), José de Jesús Belaun- zarán (p. 49), Máximo Valencia (p. 54), María Brown de Berlanga (p. 67) , Oralia Rocha de Barocio, Jose Arrese (p. 71), Julia de la Peña (p. 72), Ro- mulado Elizondo (p. 76), Simón de la Garza Melo (p. 78), Antonio Margil Cortés (p. 79), Ignacio Montes de Oca (p. 82), Jacinto López Romo (p. 84), Literaturgia. Poesía católica de Nuevo León José Roberto Mendirichaga* Reseña Vigil, Arnulfo. Literaturgia. Poesía católica de Nuevo León, Oficio Ediciones, Monterrey, 2014, 193 pp. Epigmenio Melo (p. 85), Emigdio Bé- jar (p. 91), Juan José Hinojosa (p. 94), Mauricio Martínez Guzmán (p. 99), Fortunato Lozano (p. 104), Francisco Zambrano (p. 109), Celedonio Junco de la Vega (p. 111), Alfonso Junco, Ri- cardo Arenales (p. 113), Ramón Valle, Fidencio García y Vicente F. Gómez. Ya en el siglo XX, los poetas religio- sos de Nuevo León son: Irene Gómez Reina (p. 150), Virginia R. de Cárde- nas (p. 153), Ana María Medina (p. 156), Amalia Quintanilla de Zorrilla (p. 158), Esther M. Allison (p. 159), Ma. de los Ángeles García de Galle- gos (p. 161), Cristina White (p. 162), Gloria Siller (p. 164), María Elena As- sad de Dieck, Luis Horacio Durán (p. 167), Luis J. Prieto (p. 170), Jorge Eu- genio Ortiz (p. 173), Claudio Hinojo- sa y Daniel Baruc Espinal (p. 188). Incluye Vigil en su libro Literaturgia a algunos poetas del Noreste, como Jerónimo Verduzco, de Coahuila, y a las tamaulipecas Isaura Calderón y Gloria Riestra. En “Amén o conclusión”, escribe Ar- nulfo Vigil: “Hoy la poesía religiosa es una especie en extinción […]; ha fa- llecido ante sus propios epígonos. No renovó el catolicismo su discurso, no siguió avante la poesía religiosa”. Algunas sugerencias al autor, pa- ra la segunda edición de este libro: aclarar que algunos de los poetas antologados son o fueron evangé- licos, por lo que el título debiera ser Literaturgia. Poesía cristiana de Nuevo León, como queda dicho en el colofón; la inclusión de Alfonso Rubio en la lista de poetas religio- sos locales; citar al final la biblio- grafía y hemerografía consultadas; y elaborar un índice onomástico. Una muy sincera felicitación al poeta, ensayista y editor Arnulfo Vi- gil por este libro, que lo confirma en el género literario y aporta un singular valor a la historia de la lite- ratura local. CS * Maestro en Letras Españolas por la UANL y doctor en Historia por la UIA. Cultiva el ensayo y la biografía. Autor de varios libros individuales. Profesor emérito de la Universidad de Monterrey.
222 La Cuestión Social Año 24, n. 2 223 La Cuestión Social Año 24, n. 2 La revista La Cuestión Social se imprimió en MG Advanced Prepress Technology, S.A. de C.V. Canal Leningrado Mz. 34 Lt.12, Col. Insurgentes 09750, Ciudad de México impvarel@hotmail.com Tel. 56900463. La edición consta de 1,000 ejemplares.
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