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La Cuestión Social
Año 24, n. 1
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La Cuestión Social
Año 24, n. 1
El Concilio Vaticano II y su novedad eclesiológica: ¿una agenda pendiente? Carlos Ceballos B., MSpS
La Lumen Gentium intenta un
camino distinto a las formulacio-
nes dogmáticas anteriores, prefi-
riendo recoger imágenes bíblicas
para hablar del misterio de la Igle-
sia, en vez de intentar formulacio-
nes dogmáticas cerradas.
3
Pero el
desarrollo del Concilio no fue sen-
cillo, estuvo marcado por una se-
rie de tensiones. El Card. Suenens,
testigo cualificado de este proce-
so, reconoce:
“Se trataba, en realidad, de
un enfrentamiento entre
dos concepciones de Iglesia.
El Santo Oficio había elabo-
rado un esquema impreg-
nado de una eclesiología
muy marcada por el aspecto
canónico y estructural de
la Iglesia, sin poner de re-
lieve de manera prioritaria
sus aspectos espirituales y
evangélicos. Se trataba, en
nuestro modo de ver, de
pasar de una eclesiología
jurídica a una eclesiología
de comunión centrada en
el misterio mismo de la
Iglesia en sus profundida-
des trinitarias”.
4
Efectivamente, a lo largo de las
sesiones del Concilio podemos en-
contrar toda una evolución en la ecle-
siología. Del planteamiento original
propuesto en el documento encar-
gado al Santo Oficio, De Ecclesia, a
la eclesiología que encontramos en
la constitución Lumen Gentium hay
3
Cf. Philips, G., op. cit., 22.
4
Citado en Madrigal, S., Vaticano II… p.31.
una distancia notable. Este cambio
se puede advertir de muchas mane-
ras, pero quizá el asunto más citado
entre los autores que estudian el Con-
cilio es la introducción del cap. II de la
LG sobre el Pueblo de Dios, después
del capítulo dedicado al misterio de la
Iglesia y antes de tratar el tema de la
organización jerárquica de la Iglesia.
Con la intervención del Obispo de
Bressanone, Mons J. Gargitter,
5
se
abre un importante debate con la
propuesta de introducir un capítulo
que hablara amplia y positivamente
de la Iglesia, proponiendo para ello la
categoría ‘Pueblo de Dios’. Este cam-
bio encontrará eco notable entre los
Padres conciliares, entre ellos los
Cardenales Liénart, Koening, Alfrink,
Doepfner, Léger, Suenens, Frings,
Bea, Montini, Lercaro y los obispos
Emile de Smedt y L. Elchinger. Poste-
riormente, con intervención expresa
del Papa Pablo VI, recién elegido, se
rechaza el esquema De Ecclesia y se
decide elaborar uno nuevo.
Según Y. Congar, la introducción de
este nuevo capítulo sobre el Pueblo
de Dios tenía una triple intención: 1)
mostrar cómo la Iglesia se construye
en el devenir de la historia vista como
historia de salvación (historicidad de
la Iglesia); 2) expresar cómo la Iglesia
se extiende en la humanidad, entre
personas diversamente situadas, en
el mismo sentido de la encarnación
(ecumenismo); 3) y exponer lo que
5
Cf. Acta Synodalia Sacr. Concilii Oecu-
menici Vaticani II, II, 1, 360 (en adelan-
te citada como AS; el número romano
refiere al volumen, el primer arábigo a
la parte y los últimos a las páginas).
es común a todos los miembros del
Pueblo de Dios, en el plano de la dig-
nidad de la existencia cristiana, con
anterioridad a toda distinción entre
ellos, tanto de oficio como de estado.
6
Esta manera de designar a la co-
munidad resultaba novedosa; es
una de las mayores originalidades
del Concilio y abre todo un nuevo
panorama, como reconoce Henri
de Lubac.
7
Yves Congar considera
que la expresión ‘Pueblo de Dios’
encierra tal densidad, tal savia, que
coloca a la Iglesia frente a una nueva
y vastísima perspectiva.
8
J.A. Estra-
da, hablando del legado del Conci-
lio, considera que “Pueblo de Dios
ha sido el título de mayor influen-
cia post-conciliar”, aunque recono-
ce que a lo largo de estos cuarenta
años se ha intentado “ignorar o, al
menos, reducir su significación”.
9
La recuperación de la expresión bí-
blica ‘Pueblo de Dios’ es producto de
un esfuerzo por volver a las fuentes
de la vida cristiana y del redescubri-
miento de la dimensión histórica de la
Revelación.
10
La identificación de la co-
6
Cf. Congar, Y., “La Iglesia como pue-
blo de Dios”, Conc 1 (1965) 9-10.
7
Cf. Paradoxe et mystère de l´Eglise, Au-
bier-Montaigne, Paris, 1967, 77-78.
8
Cf. Congar, Y., “La Iglesia como pueblo
de Dios”, 10.
9
Cf. Estrada, J.M. El cristianismo en una
sociedad laica, cuarenta años después
del Vaticano II, Desclée de Brouwer,
Bilbao, 2006, 50-56.
10
Cf. Schnackenburg, E., “La Iglesia como
pueblo de Dios”, Conc 1 (1965) 105-113.
El autor ofrece una amplia bibliografía y
anotaciones históricas sobre la concep-
ción de la Iglesia como Pueblo de Dios.
munidad cristiana como el Pueblo de
Dios de la nueva alianza tiene un lugar
importante en la eclesiología neotes-
tamentaria, especialmente en la teolo-
gía paulina;
11
la fórmula de la alianza,
acuñada en el A.T., es retomada en el
N.T. referida a los cristianos: “vosotros
seréis mi pueblo y yo seré su Dios”.
12
Aunque explícitamente referida a la
Iglesia sólo aparece en 1 P 2,9.
La designación de la Iglesia como
Pueblo de Dios aparece también en
los Padres de la Iglesia (Ambrosio,
Optato de Mileto, Jerónimo y Agus-
tín, entre otros), pero en el s. IV em-
pieza a desaparecer. Lutero retoma
esta categoría y la coloca en un lugar
fundamental para su eclesiología;
esto provoca una reacción que lleva-
rá a su olvido por varios siglos.
13
El
s. XX fue testigo de la reaparición de
esta categoría, con teólogos como
A. Vonier,
14
M. Koster,
15
N.M. Dahl
16
o L.Cerfaux.
17
Y. Congar considera
que la recuperación de la noción bí-
blica de Pueblo de Dios referida a la
Iglesia la debemos a la eclesiología
católica elaborada en el período pre-
conciliar, de los años 1937 a 1957.
18
Más allá de estas consideraciones
históricas, es importante resaltar
la importancia de esta categoría
11
Cf. Leon-Dufour, X., Vocabulario de teo-
logía bíblica, Herder, Barcelona, 1967,
663-664.
12
2 Cor 6,16; Gál 4,26; Hb 8,10; Ap 21,3;
Tit 2,14.
13
Cf. Pie-Ninot, S., Eclesiología…, 149-152.
14
The people of God, London, 1937.
15
Ekklesiologie im Werden, Paderborn 1941.
16
Das Volk Gottes, Darmstadt, 1963.
17
La iglesia en san Pablo, DDB Bilbao, 1959.
18
Cf. “La Iglesia como pueblo de Dios”, 15.