CUESTIóN SOCIAL LA Documentos, ensayos, comentarios y reseñas de libros acerca de lo social 4 El Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana es una institución de laicos católicos, con espíritu ecuménico, en diálogo con las culturas; cuya misión es contribuir a formar la conciencia personal y social, para construir una realidad social justa a la luz del Evangelio y a través de la investigación, la enseñanza y la difusión del pensamiento social cristiano. LA CUESTIÓN SOCIAL AÑO 23, N. 4, OCTUBRE-DICIEMBRE. 2015 AÑO 23, N. 4, OCTUBRE-DICIEMBRE. 2015 Asociación Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C., que auspicia al Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana Pedro Luis Ogazón 56, Col. Guadalupe Inn, 01020, México, DF Tels.: 56613043 - 56615612, Fax 56614286 comunica@imdosoc.org - www.imdosoc.org REVISTA DEL INSTITUTO MEXICANO DE DOCTRINA SOCIAL CRISTIANA, MÉXICO, DF. José I. González Faus, SJ La causa de los pobres, causa de Dios / págs. 305-330. CV Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española Iglesia, servidora de los pobres / págs. 331-357. José Noé Cárdenas Zamarripa La opción preferencial por los pobres del Papa Francisco / págs. 358-375. Severiano Blanco, cmf Los profetas, amigos de Dios y solidarios con las causas de los pobres / págs. 376-386. Jorge Domínguez Rojo, OFM La opción evangélica por los pobres y contra la pobreza / págs. 387-397.
Contenido Presentación La causa de los pobres, causa de Dios José I. González Faus, SJ Iglesia, servidora de los pobres CV Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española La opción preferencial por los pobres del Papa Francisco José Noé Cárdenas Zamarripa Los profetas, amigos de Dios y solidarios con las causas de los pobres Severiano Blanco, cmf La opción evangélica por los pobres y contra la pobreza Jorge Domínguez Rojo, OFM 301 305 331 358 376 387 Portada: Fra Angelico. San Lorenzo dando comida a los pobres (entre 1447 y 1449), Capilla Niccolina, Palacio Pontificio, en el Vaticano. La subjetividad humana en la era digital Phillip W. Rosemann La metafísica en el tomismo trascendental Carlos Gutiérrez Lozano Deseos personales, inclinaciones naturales Michele M. Schumacher Díalogo de poetas Angelina Muñiz-Huberman Creación Rosa María Toledo Dossier Homenaje a Gonzalo Suárez Belmont 113 Gestión migratoria en la frontera sur de México Antoine Desjonquère verano 2015 ISSN 0185-6383
301 La Cuestión Social Año 23, n. 4 Presentación En este último número del 2015, proponemos abordar La cuestión social desde un hilo con- ductor que es la opción preferen- cial y evangélica por los pobres. Cristo nos pide que dejemos todo y lo sigamos; los pobres son su prioridad, como nos plasma en su escrito José I. González Faus, SJ, La causa de los pobres, causa de Dios; una realidad es que he- mos dejado de ver a los pobres como rostros de Cristo. El mensa- je es claro: “la necesidad de resol- ver las causas estructurales de la pobreza no pueden esperar”, por lo que los actos de justicia con los pobres son urgentes, citando al recién beato Mons. Óscar Arnulfo Romero: “Es inconcebible que se diga alguien cristiano y no tome, como Cristo, una opción prefe- rencial por los pobres”. El texto del teólogo jesuita hace un reco- rrido desde la patrística hasta el magisterio del Papa Francisco, pasando por las enseñanzas de los grandes teólogos como santa Teresa de Ávila, santo Tomás de Aquino o Bartolomé de las Casas sobre los textos que hablan de los pobres. La Instrucción pastoral La Igle- sia, servidora de los pobres, de la Conferencia Episcopal Española, hace un análisis de la realidad y pone en el centro la preocupa- ción evangélica por los pobres. Los obispos españoles señalan de manera acertada que las crisis económicas tienen su origen en las crisis espirituales, en la ne- gación de Dios en lo personal y en lo social, lo que desata la des- igualdad y la exclusión social, por lo que brindan unos sencillos puntos para iluminar ante la cri- sis: reconocer la dignidad de la persona, la distribución univer- sal de los bienes, la solidaridad, la defensa de los derechos y pro- moción de deberes, el principio de subsidiariedad, el derecho a un trabajo digno y estable y eli- minar las causas estructurales de la pobreza, siempre en dirección de preservar el bien común. “Sin la opción preferencial por los po- bres, el anuncio del Evangelio, aun siendo la primera caridad, corre el riesgo de ser incomprendido o de ahogarse”, afirma el documento. Una de las personas que ha puesto nuevamente este tema en el contexto mundial es el Papa
302 La Cuestión Social Año 23, n. 4 303 La Cuestión Social Año 23, n. 4 Directorio CONSEJO DIRECTIVO Presidente Honorario Vitalicio: Emmo. Sr. Cardenal Roger Etchegaray. Presidente Honorario Vitalicio: Lorenzo Servitje Sendra. Presidente Honorario Vitalicio: Salvador Domínguez Reynoso. PRESIDENTE: Román Uribe Michel. VICEPRESIDENTES: Lucila Servitje Montull. José Enrique Mendoza Delgado. TESORERO: Sergio Castro Toledo. SECRETARIO: María de la Paz Sáenz de Soberón. VOCALES: Raúl González Schmal. Luis Javier Rubio Guerrero, OP. Javier Ballesteros de León. VOCALES DEL CONSEJO: Constantino José Antonio De Llano Marhx, Francisco Javier Albarrán González, Ger- mán Araujo Mata, Conrado Antonio Larios Prado, Martha Aviña de Chávez, Mariano Azuela Güitrón, Tomas G. Reynoso Ruíz, Adrián Ruíz de Chávez, María Eugenia Romo de Murrieta, Arcadio Valenzuela Valenzuela, P. Mario Ángel Flores Ramos, Eduardo Garza Cuéllar, Manuel Gómez Díaz, Mauricio Limón Aguirre, Documentos, ensayos, comentarios y reseñas de libros acerca de lo social Francisco, así lo comenta José Noé Cárdenas Zamarripa en un análisis del discurso del Santo Padre titu- lado La opción preferencial por los pobres del Papa Francisco. Los po- bres no sólo son los que no tienen dificultades monetarias, sino quienes sufren de injusticias: enfermos, huér- fanos, refugiados, indígenas, migran- tes, ancianos, marginados y también los que sufren de pobreza espiritual. En el texto Los profetas, amigos de Dios y solidarios con las causas de los pobres de Severiano Blanco, cmf, nos recuerda que otros de los aliados de los pobres e indefensos son los profetas, ya que el autén- tico profeta es capaz de discernir y denunciar el mal del pecado y las injusticias porque es libre y no tiene que rendir cuentas a más amos; sus únicos intereses son los de Dios. Y finalmente, fray Jorge Domín- guez Rojo, OFM, hace un estudio bíblico del Evangelio a partir de la opción preferencial por los pobres en el que resalta el lugar principal que tienen para él, misma que exi- ge que los ricos vendan todo lo que poseen y lo den a los pobres. El teólogo franciscano pone como premisa las palabras de Medellín que consideran que “la opción pre- ferencial por los pobres tiene como objetivo el anuncio de Cristo salva- dor que los iluminará sobre su dig- nidad, los ayudará en sus esfuerzos de liberación”. Recordando que Jesús es claro en su Evangelio: “en el momento su- premo de la historia, cuando se tra- ta de nuestra salvación o perdición eterna, lo que cuenta es nuestra actitud de aceptación o de repulsa de los pobres” (Mt 25,31-46). “El propio Juez supremo se esconde detrás de cada oprimido, consi- derado como un hermano peque- ño de Jesús” (Mt 25,40). CS Con estas últimas páginas de La cuestión social, el IMDOSOC desea a sus lectores feliz Navidad. Para nosotros es muy impor- tante la opinión de nuestros lec- tores, cualquier comentario le agradeceremos nos lo haga lle- gar al correo electrónico: lgomez.comunica@imdosoc.org
304 La Cuestión Social Año 23, n. 4 305 La Cuestión Social Año 23, n. 4 María del Pilar Mariscal Servitje, P. Manuel Olimón Nolasco, Wilfrido Perea Curiel, Carlo Pizano Salinas, Jesús Antonio Damián Basurto, Mons. Guillermo Francisco Escobar Galicia. COMISIÓN DE VIGILANCIA: María Luisa Aspe Armella, Rogerio Casas-Alatriste Hernández, Juan Guillermo Domínguez Meneses, Salvador Domínguez Reynoso, José Ignacio Mariscal Torroella, Juan Murguía Pozzi, Óscar Ortiz Sahagún y Lorenzo Servitje Sendra. Director General: Jorge Navarrete Chimés. La Cuestión Social, es una publicación trimestral editada y publicada por la Asociación Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C., a través del Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, con dirección en Pedro Luis Ogazón n. 56, Col. Guadalupe Inn, CP 01020, México, DF, Tels. 56614465, 56614169, Fax 56614286 E-mail: comunica@imdosoc.org www.imdosoc.org Responsable de la edición: Jorge Navarrete Chimés. Registro de correspondencia de 2a. Clase expedido en la Dirección General de Correos Publicación Periódica. Registro No. 129-93. Certificado de Licitud de Contenido (pendiente). Certificado de Licitud de Título (pendiente). No. de Reserva al Título del Derecho de Autor (pendiente). Registro ISSN en trámite. Distribución directa en el IMDOSOC. Impresa en Impresora Varel, S. A. de C.V, Calle 8 No. 222, Col. Granjas San Antonio Tel: 2065 3523 Fax: 5690 0463, impvarel@hotmail.com, este número se terminó de imprimir el 16 de marzo de 2015, con un tiraje de 1,500 ejemplares. Coordinador de contenidos: Gerardo Cruz González Diseño: Roberto Mandeur Cortés. Corrección de estilo: A. Alfonso Muñoz Chávez. Suscripciones: martha.crm@imdosoc.org Los artículos publicados reflejan el punto de vista del autor y no necesariamente el de la Asociación Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C. No se devuelven originales no solicitados. Queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos e imágenes de la publicación sin previa autorización de la Asociación Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C. Precio del ejemplar: $ 100. 00 Suscripción anual: $ 330. 00 Suscripción para el extranjero Dlls. 80. 00 Padres de la Iglesia La humanidad casi no ha crea- do riqueza hasta la aparición de la era industrial. Antes, la mayor o menor riqueza dependía sólo de los climas y de lo que diera la tierra. En esas condiciones, el problema principal era repartir lo que había, mientras que más tarde será repartir bien lo que se produce. Cuando en este contex- to, los Padres de la Iglesia dicen que al dar limosna no haces un 1 Aunque el ideal sería recurrir a las am- bientaciones y conclusiones de cada capítulo del libro. acto de caridad, sino de justicia, y que no das de lo tuyo, sino que devuelves al otro lo suyo, están mirando la limosna como un me- dio para el reparto equitativo de los bienes de la tierra. Hoy ese medio ya no vale. También, en una sociedad don- de la mayoría de la población eran esclavos a los que no se podía libe- rar de golpe (porque sería dejar un 60% de parados en un mundo con pocas posibilidades para crear empleo), la norma de ver a todos los pobres como rostros de Cristo, fue cambiando el trato y el modo de mirarlos y, poco a poco, irá lle- La causa de los pobres, causa de Dios José I. González Faus, SJ* Introducción P rácticamente todos los textos que integran el presente artículo —salvo unos tres o cuatro—, están tomados del libro-antolo- gía Vicarios de Cristo: los pobres (José I. González Faus, IMDOSOC, 2009), su contenido creemos, merece una difusión mayor y más en momentos como los actuales. Los textos necesitan un contexto para ser bien entendidos. Una misma palabra puede cambiar de significados o suscitar resonan- cias muy distintas aun manteniendo su mismo significado literal. Ello hace imprescindible un mínimo marco histórico que los encuadre. 1
306 La Cuestión Social Año 23, n. 4 307 La Cuestión Social Año 23, n. 4 vando a liberaciones progresivas —en algunos casos con motivo del bautizo del señor— que, a la larga, acabaron con la esclavitud. Es un contexto muy distinto del que se dará cuando reaparezca la escla- vitud en el siglo XVIII para favo- recer el capitalismo naciente —y sólo porque, como dicen Voltaire y Montesquieu: «si no hubiera es- clavos el cacao sería mucho más caro»— y las Iglesias son casi total- mente ciegas a esa monstruosidad. Es fácil percibir también las cla- ras diferencias de enfoque entre los Padres griegos (más teoló- gicos) y latinos (más prácticos). Pero eso nos permite recuperar algunas normas válidas también para nosotros, como la que cabe en el juego de palabras castellano “ayunar para ayudar” (no para ser personalmente más santo). Edad Media La sociedad feudal de la Edad Media era de grandes latifundios que van unidos al honor y al res- peto: el propietario es el señor y el agricultor el siervo. Con la mentali- dad de que el siervo puede ofender al señor, pero no puede reparar esa ofensa por su indignidad. 2 En ese contexto, la Iglesia ya no es minoritaria como antes, sino que prácticamente se ha identi- ficado con la sociedad. Ello hace que se pase también de respon- sabilidad individual a responsa- bilidad social. Así aparecen textos 2 Mentalidad que san Anselmo proyecta- rá sobre su explicación de la redención, convirtiendo en una evidencia racional, lo que era sólo una evidencia social. no sólo a favor de los pobres, sino contra los ricos —sean és- tos señores feudales, obispos o papas—, y también el tema del hurto legítimo en caso de extrema necesidad. También se desenmas- cara la ilusoria pobreza de espíri- tu (tener muchas tierras, quizás infecundas, pero el corazón des- prendido de ellas). Ese desenmas- caramiento ha servido para toda la Iglesia posterior —santa Teresa aún lo utilizará—, aunque noso- tros lo hayamos olvidado. Ya entrada la Edad Media va surgiendo una nueva economía de trueque a dinero que hará que el oro no sea sólo fuente de honor, sino un medio de cambio. Reapa- rece así la cuestión de la usura: el interés —que ya no es sólo un medio infame de enriquecerme más, sino que puede ser compen- sación por unas ganancias que yo podría haber obtenido con el di- nero prestado—. Ello da lugar a problemas nuevos que han de ser abordados. Y hace también que algunos concilios insistan en la ejemplaridad de los bienes de la Iglesia, que no son propios sino bienes de los pobres: en 585 el Concilio de Macon —no citado aquí— ordenará que las casas episcopales no tengan pe- rros. Una ejemplaridad que, des- graciadamente, también hemos perdido hoy. Renacimiento Con el Renacimiento nace un in- cipiente capitalismo y una revalua- ción del individuo. Va creciendo el comercio y, para ello, mejoran los caminos y las ciudades procuran ponerse guapas. Pero también surge la tentación de culpabilizar a los pobres de su suerte y, en todo caso, atenderlos pero encerrarlos para que no afeen la ciudad. Ade- más, el descubrimiento del hom- bre tiende a olvidar al que parece menos hombre (al pobre). Y, a la vez, el descubrimiento de Améri- ca desata una verdadera quimera del oro: una obsesión por el en- riquecimiento, junto a todos los problemas nacidos de la invasión y la opresión de los indígenas. Dominan aquí autores españoles por el Siglo de Oro y el erasmismo hispánico, otra gran promesa que se agostará al cambiar la Iglesia española con el paso de Cisneros al inquisidor Valdés. Barroco Luego de Trento es quizá en Francia donde más cuajó la Refor- ma. Eso se nota en la aparición de textos sobre los pobres, tanto en el esplendoroso Bossuet como en Vi- cente de Paul y en interpelaciones a la Iglesia. Coincide también esta época con el esplendor político de Francia. Pero los textos quedan más en palabras que en práctica, debido al esplendor cortesano y a la extracción social de los obispos. Siglo XIX Ello hace que cuando estalle la Revolución Industrial —y el pro- blema no sea ya sólo repartir lo que hay, sino repartir bien lo que se produce—, la Iglesia esté prác- ticamente callada, debido también al choque con la Modernidad na- ciente que rechaza o persigue a la Iglesia y desvía la atención de ésta hacia la autodefensa. El tema de los pobres queda en manos de Marx. En la Iglesia hay pocas voces, minoritarias y proféticas, aunque de gran calidad. En su lugar apare- ce un buen número de mujeres que se dedica a fundar órdenes para la enseñanza de los pobres. Siglos XX-XXI Pero aquellos profetas escasos, junto al ejemplo de algunos teólo- gos protestantes, van produciendo un renacer del tema de los pobres en el siglo XX, que culminará con el Vaticano II, la asamblea episco- pal de Medellín y la teología de la liberación. El siglo XX, a la vez, re- cupera muchos acentos teológicos de la tradición, pero tiene que enfrentarlos con unas circunstan- cias totalmente nuevas. Las ense- ñanzas sociales de la Iglesia nacen con retraso pero, muy lentamente, van abriéndose y enriqueciéndose hasta constituir hoy una seria in- terpelación al neoliberalismo an- ticristiano dominante. 3 Algunas tesis fundamentales De todo este recorrido pueden brotar algunas tesis teológicas 3 Remitimos a Textos olvidados de la DSI, Cuaderno nº 70 de esta colección; y al artículo de González Faus, DSI (La Van- guardia, 26/01/2015 y Alandar, marzo 2015), recogido también en el libro ¿El capital contra el siglo XXI?, Sal Terrae- Cristianisme i Justícia, 2015.
308 La Cuestión Social Año 23, n. 4 309 La Cuestión Social Año 23, n. 4 que anticipamos ahora para faci- litar la lectura: Presencia de Dios en los po- bres (vicarios de Cristo, per- sona de Dios, rostros de Cristo, pobres de Jesucristo, etc.). De ahí se sigue que no es volun- tad de Dios que haya pobres. El ser humano es mero admi- nistrador, nunca propietario último de los bienes de la tie- rra, cuyo propietario es Dios. Voluntad de Dios es que quien tiene no considere lo suyo como propio sino, una vez convenientemente cubiertas sus necesidades, sepa que lo que le sobra no es suyo. Y es ladrón si lo retiene. Si no se acepta ese principio, la mera existencia de los po- bres es un argumento decisi- vo contra la existencia de un Dios providente. La Iglesia es, necesariamente, Iglesia de los pobres o no es Iglesia de Cristo. En el mundo moderno se ha- cen necesarias dos cosas: la necesidad del contacto direc- to con los pobres, que puede ser fuente de experiencia es- piritual —si no: ojos que no ven, corazón que no siente— y la necesidad de abordar el tema desde coordenadas es- tructurales y no meramente personales: el problema se convierte en la cuestión social. Pasemos ahora a los textos. I Padres de la Iglesia (siglos I-V) Basilio 1. La mayor parte de los ricos no pone tanto afán en tener dinero por razones de comida y vestido, sino que el Diablo se ha dado bue- nas mañas en sugerir a los ricos infinitos pretextos para gastar; de modo que se busca lo inútil como necesario y nada les basta para sus necesidades imaginarias. […] [Pero] las riquezas nos han sido dadas para administrarlas, no para gastarlas en placeres y quien se desprende de ellas ha de alegrarse como quien devuelve lo ajeno […]. ¿Qué responderás al Juez tú que re- vistes las paredes y dejas desnudos a seres humanos? ¿Tú que adornas a los caballos y ni siquiera te dig- nas mirar a tu hermano cubierto de harapos? […] Cuando entro en casa de un rico, viejo y tonto, me doy cuenta de que adorna lo que carece de alma y deja sin adorno alguno a su alma. […] ¿De qué te aprovecha llevar tu mano ilumina- da por piedras preciosas? ¿A quién se le perdonó la muerte por consi- deración a sus riquezas? (Homilía contra los ricos, PG 31, 280ss) San Gregorio de Nisa 2. Considera quiénes son los po- bres y descubrirás su dignidad: el Señor, por su bondad, les restó su propia persona a fin de que con- muevan a los que son duros de co- razón y enemigos de los pobres que son los despenseros de los bienes que esperamos, los porteros del reino de los cielos, los que abren a los buenos y cierran a los malos. Ellos son, a la vez, duros acusadores y excelentes defensores. Y defien- den y acusan no por lo que dicen, sino por el hecho de ser vistos por el Juez. […] Mientras hay todos esos lujos en tu casa, ahí a la puerta es- tán tendidos mil Lázaros […] y si llegan a molestar un poco más en las puertas, salta de cualquier rin- cón un portero canallesco del amo cruel y los echa a palos o llama a los perros. […] Y así, los amigos de Cristo tienen que marcharse llevándose de propina insultos y golpes, ellos que son el resumen de todos los mandamientos. (Homilía sobre el amor a los pobres, PG 46, 455-68) San Juan Crisóstomo 3. Salimos de la iglesia y contem- plamos hileras de pobres que for- man como murallas a ambos lados. Y pasamos de largo sin conmover- nos como si viéramos columnas y no cuerpos humanos. Apretamos el paso como si viéramos estatuas sin alma en lugar de hombres que respiran. «Es que vamos con ham- bre» me decís. Pues precisamente el hambre os habría de persuadir a deteneros porque, como dice el refrán: «vientre lleno desconoce al hambriento»; sólo el que pasa gana reconoce la necesidad ajena por la suya propia. […] Y después de tanta inhumanidad nos atreve- mos a levantar las manos al cielo y pedir a Dios misericordia. […] No pensemos que basta para nuestra salvación traer a la iglesia un cáliz de oro y pedrería después de haber despojado a viudas y huérfanos. […] Si tu alma sigue siendo peor que el plomo o una teja ¿de qué vale en- tonces el cáliz de oro? En la Última Cena no era de plata la mesa ni la copa en que el Señor dio a sus discí- pulos su propia sangre. […] Porque Dios no tiene necesidad de vasos de oro sino de almas de oro; y la iglesia no es un museo de oro y plata sino una reunión de ángeles. [...] ¿Os digo acaso que lo tiréis todo? No. Disfruta de lo tuyo pero una vez hayas cubierto tu nece- sidad has algo necesario con lo inútil y superfluo y distribúyelo entre los que se mueren de ham- bre y tiritan de frío. […] Tu Señor anda por ahí muerto de hambre y tú dándote a la gula. […] Que no sea todo nuestro afán acumular riquezas a toda costa y más que nadie. Piensa lo que serías tú en su lugar. ¿Qué querrías enton- ces que hicieran los demás por ti? […] Si nos avergonzamos de quienes Cristo no se avergüen- za, nos avergonzamos del mismo Cristo. […] Un esclavo no teme a su amo ausente, pero el rico lle- va por todas partes a su propio tirano. […] Dios no ha hecho nada malo; todo es bueno y muy bueno. También las riquezas a condi- ción de que no dominen a quie- nes las poseen y remedien la pobreza. Una luz que no des- terrara las riquezas sino que las aumentara nos sería luz: de modo semejante no es verdade- ra riqueza la que no destierra la pobreza sino que la aumenta.
310 La Cuestión Social Año 23, n. 4 311 La Cuestión Social Año 23, n. 4 Me diréis «ya estás otra vez me- tiéndote con los ricos». […] Pero yo os digo: ¡ya estáis otra vez vo- sotros contra los pobres! […] No estoy hablando contra los ricos sino a favor de los ricos: porque te quiero librar del pecado, te saco de tu rapiña y te hago ami- go de todos y amable a todos. ¿Es eso aborrecerte o más bien amar- te? No te persigo a ti sino a tu pa- sión. […] El no dar parte de lo que se tiene ya es un género de rapi- ña [porque] el principio y raíz de toda riqueza es siempre forzo- samente la injusticia: porque al principio Dios no hizo rico a uno y pobre a otro. Y, si miramos las cosas hasta el fondo, el mayor placer está en la sobriedad. (Selección de varias homilías) San Jerónimo 4. Con razón habla el evange- lio de riqueza injusta, pues to- das las riquezas no tienen otro origen que la injusticia y no se puede uno hacer dueño de ellas a no ser que otro las pierda o se arruine. […] Por tanto, si tienes más de lo que necesitas para vestir, distribúyeselo a los que no tienen y reconoce que eres deudor de ello. (Carta a Hebidia, PL 22, 984) San Ambrosio 5. ¡Ay ricos! ¿Hasta dónde pen- sáis llevar vuestra codicia insen- sata? ¿Es que sois acaso los únicos habitantes de la tierra? ¿Por qué expulsáis de vuestras posesiones a los que tienen vuestra misma naturaleza y reivindicáis para vo- sotros solos la posesión de toda la tierra? […] Cuanto más tienes más deseas. Y aunque lo adquirieras todo seguirías siendo un indigen- te: pues la avaricia se inflama con el lucro en lugar de extinguirse. El rico es más tolerable cuanto me- nos tiene […] lo que Dios hizo na- cer para muchos por medio de ti, tú te lo reservas para ti solo o, me- jor dicho, lo pierdes para ti solo. Muchos ricos decís que no debe- mos bendecir al que Dios maldice y quiere que pase necesidad. Pero yo te digo que los pobres no son malditos. […] La tierra es de todos, no sólo de los ricos. Pero son mu- chos más los que no gozan de ella que los que la disfrutan. Lo que das al necesitado te aprovecha también a ti. […] [Porque] es el propietario el que debe ser dueño de la propiedad y no la propiedad señora del propietario. (Libro de Nabot el israelita, PL 14, 765ss) 6. Los misterios de la fe no re- quieren oro. Y lo que no se puede comprar con el oro tampoco se dig- nifica más con el oro. (Sobre los deberes de los minis- tros de la Iglesia, PL 16, 62) San Agustín 7. Las riquezas son injustas o porque las adquiriste injustamen- te o porque ellas mismas son in- justas, ya que tú tienes y otro no tiene, tú abundas y otro vive en la miseria. […] El oro y la plata pertenecen sólo a aquel que sabe usarlos. […] Uno es digno de po- seer cuando lo usa bien. Y quien no usa justamente no posee legí- timamente […] y si se proclama dueño de algo no será esta pa- labra de poseedor justo sino de usurpador sinvergüenza. (Sermón 50, PL 38, 327) San Pedro Crisólogo 8. Quien no ayuna para el pobre engaña a Dios. El que ayuna y no distribuye lo ahorrado sino que lo guarda, demuestra que ayuna por codicia, no por Cristo. Por tanto, hermanos míos, cuando ayunemos coloquemos nuestro sustento en la mano del pobre para que ella nos guarde lo que hemos quitado a nuestro estómago. (Sermón 8, PL 52, 209) Edad Media (siglos VI-XV) San Pedro Damián 9. Igual que la leña nunca sacia al fuego, del mismo modo el di- nero acumulado nunca sacia el ardor de la avaricia. (Opúsculo a los cardenales, 2; PL 145, 532) San Bernardo 10. Claman los desnudos, los hambrientos se quejan: decidnos, obispos, ¿qué hace el oro en el fre- no? ¿Acaso el oro del freno sirve para aplacar el frío o el hambre? Cuando nosotros morimos mi- serablemente de hambre y frío ¿de qué os sirve tantos vestidos extendidos en largas perchas o do- blados en las fundas? Nuestro es lo que malgastáis, a nosotros nos quitáis cruelmente lo que gastáis superfluamente. También no- sotros somos hechuras de Dios como vosotros y estamos redimi- dos por la sangre de Cristo. Somos hermanos vuestros. Mirad pues si es razón que lo que es herencia y lote de vuestros hermanos lo con- virtáis en pompa delante de vues- tros hermanos. […] Todo lo que aumenta vuestras vanidades se le quita a nuestras necesidades. (Tratado sobre las costumbres y deberes de los obispos, 2,7; PL 182 815) 11. No es la miseria sino la mi- sericordia lo que hace dichoso al hombre. Pero el lugar propio de ésta es la miseria. (PL 182, 841) Concilio de Aquisgrán (836) 12. Conviene que los obispos sepan que los bienes de la Igle- sia les han sido confiados no como sus propios bienes, sino por el Señor y para cumplir las necesidades de los demás. Que sepan también que los bienes de la Iglesia no son otra cosa que los deseos de los fieles, el precio de los pecados y el patrimonio de los pobres. Por tanto, hay que procurar al máximo que ningún obispo —ya sea por avaricia pro- pia o por miedo a los poderosos o afán por sus parientes— desvíe hacia otros aquello que fue dado para los servicios de la Iglesia. No sea que lo que a otros les sirva para perdón de los pecados, a él le sea
312 La Cuestión Social Año 23, n. 4 313 La Cuestión Social Año 23, n. 4 argumento para su condena. Más bien procure, tras atento examen, hacerlos llegar a los pobres a tra- vés de los ministros de la Iglesia. (Canon 19) Maestro Eckhart 13. Aun en el caso de que el gozo sea efectivamente amor, tampoco es lo mejor. Prueba de ello es que, a veces, debe el hombre renunciar a ese júbilo por algo de más calidad amorosa […]. Como he explicado otras veces, si un hombre estuviera en éxtasis como san Pablo y supie- ra que un enfermo tiene necesidad de una sopita, tengo por mejor que dejara el éxtasis y sirviera al nece- sitado con gran amor. (Reden der Unterweisung, 11) San Antonio de Padua 14. El avaro es un pobre hom- bre, no poseedor sino poseído: que no dispone de sí sino que las riquezas disponen de él. (Sermón en el 2º domingo de Pentecostés) 15. Ancho es el camino que lleva a la perdición. Pero […] no para los pobres de Cristo que entran por la vía estrecha, sino para los usureros de manos ra- paces que se están convirtiendo en los amos del mundo […]. Y ¡qué casualidad! Son esas mis- mas manos, todavía manchadas de la sangre de los pobres, las que luego se tienden para dis- pensar limosnas. (Sermones dominicales et festivi, Padua 1979, I, 33) Santa Catalina de Siena 16. La confianza en las riquezas empobrece y mata el alma, hace al hombre cruel consigo mismo. […] Los que se basan en ellas pierden el dominio de sí mismos y se hacen sus esclavos. Insaciables porque aman las cosas que son menos que ellos, pues todas han sido creadas para el hombre, para que le sirvan y no para que le conviertan en su esclavo. […] Hay tantos pobres porque los ricos, a causa del afec- to desordenado, poseerían todo el mundo si les fuese posible. […] Si bien lo consideras, de este des- ordenado deseo y voluntad de las riquezas procede todo pecado. (Diálogo, 150) San Bernardino de Siena 17. Lo admirable de este asunto es que, por lo general, los mendi- gos reciben más en limosnas de los pobres que de los ricos. Y esto pone muy en claro hasta qué punto las ri- quezas aumentan la insaciabilidad y la sequedad en los corazones de los avaros. Que si un árbol con agua da menos frutos que otro en tierra seca, señal es de que se trata de un árbol malo. […] Tanto afecto desor- denado tiene su origen en el amor propio e individualista, y fácilmente arrastra la conciencia a su modo de sentir. […] ¡Fijaos cuántos usureros tienen la conciencia cegada por su misma pasión hasta el punto de parecerles que son justas las ganan- cias que sacan de su usuras! (Cita tomada de E. Mollat, Les pauvres au moyen Âge, 314) ¿Qué significa ‘pobres de espíritu’? 18. Dichosos los pobres de es- píritu quiere decir: los que no por necesidad, sino por voluntad de entrega viven para Dios despre- ciando todas las otras cosas. (S. Anselmo, Homilía 2 sobre san Mateo; PL 198, 595) 19. Dichosos los pobres de espíri- tu: fíjate que no habla de los pobres sin más. No se refiere a aquellos que son pobres por una necesidad mise- rable, sino por una voluntad loable. […] Pobres de espíritu significa po- bres por una voluntad del Espíritu, pobres con una finalidad y un de- seo espiritual. (S. Bernardo, Sermón de todos los santos, PL 183, 456). 4 II Renacimiento (siglos XVI-XVII) Ignacio de Loyola 20. Se muestra cuánto aprecia Dios la pobreza viendo cómo los escogidos amigos suyos, sobre todo en el Nuevo Testamento, co- menzando por su santísima Ma- dre y los apóstoles y siguiendo por todos los que va de tiempo hasta nosotros comúnmente fue- ron pobres. […] Son tan grandes los pobres en la presencia divina que principalmente para ello fue enviado Jesucristo a la tierra […] y tanto los prefirió a los ricos que quiso Jesucristo elegir todo el san- tísimo colegio de entre los pobres 4 En este mismo sentido, ver el Libro de la vida de Santa Teresa, cap. 21,7. y vivir y conversar con ellos. […] Los pobres serán sus asesores: tan excelso es su estado. La amistad con los pobres nos hace amigos del Rey eterno. […] Si esto es verdad de los pobres no voluntarios ¿qué diremos de los voluntarios? […] Sólo esto os diré: que aquellos que aman la pobreza deben amar el séquito de ella, en cuanto de ellos dependa, como el comer, vestir, dormir mal y el ser despreciado. (Carta a los jesuitas de Padua. Obras, Madrid 1963, 701-704) Fray Francisco de Osuna 21. Tengamos en mucho a los pobres tan estimados de Dios. […] Padres nuestros son en represen- tarnos a Cristo. […] Y permitió Cristo, habiendo sido pobre, que su iglesia tuviese grandes ren- tas para mantener a los pobres; donde todas las rentas de los be- neficios y de las dignidades ecle- siásticas, todas se ordenaron para servir a los pobres, porque la ne- cesidad no les hiciese pecar ni el descontento de la vida trabajosa les hiciese desesperar o ser impa- cientes contra Dios. Si hallas duro al pobre, duro hallarás tú a Dios. (Ley del amor santo, cap. 38) San Juan de Ávila 22. El obispo, el señor de vasa- llos, el cura: éstos han de andar buscando a los que tienen necesi- dad. Los que no tienen estos cargos no son obligados a más de lo que se les ofreciere. […] En negocio de caridad no creáis a todos aunque sean predicadores. […] Quien tiene
314 La Cuestión Social Año 23, n. 4 315 La Cuestión Social Año 23, n. 4 caridad, si había de traer sayo de seda, pasa con un sayo de paño. «¡Oh! ¡Que conviene para la de- cencia de mi estado!». «Más tengo que amar la vida del prójimo que la decencia de mi estado». […] ¿A qué llamáis «estado»? «el que in- ventó la mujer loca y el sastre del diablo». […] Cuando lo que nos sobra gastamos en vanidades, ro- bamos las cosas ajenas. «No me sobra». Mirad no os engañéis. Si de verdad decís eso bien está. Más sospecho que te- néis engaño. Si el estado lo medís por el uso, vais muy engañados. Decimos a Dios «Padre nues- tro»; luego todos somos herma- nos. Quien no quiere el nuestro no quiere a Dios por Padre. (Comentario a la Primera car- ta de Juan, 3,17. Obras comple- tas, Madrid 1970, IV, 349-354) Juan Luis Vives 23. Si socorriéramos a los pobres con prontitud y tiempo, sin duda se seguiría el grande y público bien de que […] mudaran sus costumbres: pero en el día dejamos a los mendi- gos que se pudran en su necesidad; pues ¿qué pueden sacar ellos de sus inmundas miserias sino todos los vicios que ya hemos referido? Por eso sus culpas son miserias huma- nas y, de algún modo, necesarias; pero las nuestras son voluntarias, libres y casi diabólicas. Porque ¿qué es una ciudad cristiana donde se lee diariamente el evangelio […] vivir de tan diverso modo del que allí se prescribe? Tú no puedes ir vestido sino de seda y al otro le falta aún un pedazo de jerga con que cubrirse. […] A ti, por estar ya tan harto, te dan fastidio y ganas de vomitar los capones, perdices y otros manjares muy delicados y de grandísimo pre- cio; y a tu hermano le falta hasta un pan de salado con que sustentarse y mantener a su pobre mujer y niños tiernecillos; y echas tu mejor pan a tus perros. […] Dirá alguno […]: «hago esto de lo que es mío». […] Ya mostré el buen sentido en que nadie tiene cosa suya. Ladrón es y robador todo aquel que desperdicia el dinero en el juego, que lo retiene en su casa amontonado en las arcas, que lo derrama en fiestas y banquetes, el que lo gasta en vestidos muy pre- ciosos o en aparadores llenos de varias piezas de oro y plata, aquel a quien se le pudren en casa los ves- tidos, los que consumen su caudal en comprar con frecuencia cosas superfluas o inútiles. […] No hemos de medir nuestras necesidades de modo que contemos entre ellas el lujo, ostentación y demasía. […] Ni es agradable a Dios la limosna de lo que el rico ha quitado y tiene del sudor y hacienda del pobre: porque ¿a dónde va a parar, despojar tú a muchos con engaños, mentiras y fuerza, para dar un poco a algunos? […] A ninguno tengo por verdadero cristiano que al prójimo necesitado no le socorre en cuanto puede. (Tratado del socorro de los pobres, 1528. Madrid 1931, pp. 44-74) Francisco de Vitoria 24. El hombre, en cuanto a su persona, y por consiguiente en cuanto a sus bienes, más es de la república que de sí mismo. […] Así que, mediando una justa cau- sa, puede disponer la república de los bienes de cualquier particular, porque los bienes de éste más son de la república que suyos. […] [Por eso] el que se exime fraudu- lentamente de pagar los tributos no puede estar tranquilo en con- ciencia y está obligado a restituir. […] Es una manera de iniquidad que se grave más con tributos a los que deberían estar menos gra- vados. Esto es no sólo contra del derecho civil sino contra el dere- cho natural y así se hace ahora: que, exentos los ricos, pagan tri- butos los pobres. (Sentencias morales I, 93.194,132) 25. La división de las cosas no se hizo por derecho natural […] ni por derecho divino positivo. Ni por derecho divino ni por dere- cho natural, nadie en todo el orbe es dueño temporal de las cosas, es decir no hay ningún propieta- rio. Por una causa razonable o de buen gobierno pueden las cosas comunes ser reguladas por la ley positiva. Sin embargo, no deben ser repartidas como lo están en la actualidad, a saber: que los ricos tengan más y los pobres perma- nezcan en su necesidad. Deben ser divididas sin injuria para nadie. […] Para los que se encuentran en extrema necesidad todas las cosas son comunes, y de forma que las cosas que se necesitan ya no son en ese caso propias del rico sino del que padece la necesidad. (Comentario a la II, IIae, III, 74-75 y 260-270) Arzobispo Carranza 26. Estamos obligados en algu- nos casos a hacer limosna so pena de pecado mortal. […] Cuando al- guno, después de proveídas las ne- cesidades naturales de su persona y de los que tiene a su cargo (como son mujer, hijos y criados) con lo que es menester para la decencia de su estado, lo cual es mucho más que lo necesario para vivir confor- me a vuestra necesidad natural, si después de esto le sobre hacienda, está obligado a repartirla entre los pobres como limosna, aunque no padezcan extrema necesidad ni muy grave, porque basta la ordinaria ne- cesidad de su pobreza. […] Con lo superfluo que se gasta en las mesas y en los vestidos, que hace grande indecencia en las personas y en sus estados, se sustentarían los pobres. 27. Plega a Dios que en la Iglesia sirvamos a Dios […] como Él quie- re ser servido, porque no reclame contra nosotros como lo hizo con- tra los moradores de la sinagoga, y no diga en nuestros tiempos: «yo, fe y misericordia quiero, yo espíritu y verdad amo, y no misas ni vísperas, ni los sacramentos y ceremonias de la manera que vo- sotros me las dais. ¿Por qué dejáis morir a los pobres de hambre, y gastáis grandes haciendas en edi- ficar templos y grandes sepulcros para vuestra memoria?» […] En otros, con no perder la Misa ni las vísperas nunca veo mudanza en vuestras costumbres […] [Así] hago el negocio mío y no el de los pobres ni el de Dios y su servicio. […] Los bienes eclesiásticos se han
316 La Cuestión Social Año 23, n. 4 317 La Cuestión Social Año 23, n. 4 de distribuir entre los pobres de las iglesias de donde se tomaron. (Catecismo Cristiano,1558. Ed. BAC, II, 478ss, 492ss) Domingo Soto 28. Como dice el Eclesiástico: el rico, aunque haga injuria da voces y se defiende, el pobre, aunque padezca injurias, calla. […] El que defiende al pobre imita a Dios. […] Es cosa cierta y averiguada que to- das cuantas limosnas se hacen en cualquier lugar del Reino a verda- deros y falsos pobres, no igualan con mucho a lo que son obligados a hacer los cristianos. […] Los que tienen sobrado de su estado, son también obligados, so pena de pe- cado mortal, a hacer limosna. […] Los teólogos, por miedo de no espantar a los ricos, demasiada- mente juntan muchas causas antes que les obliguen a hacer limosna, y conviene a saber: que haya grandes necesidades de pobres y que les sobre a los ricos. Y estas sobras, ni los sabios las quieren explicar ni los ricos entender. Empero, cuando es- toy atento a lo que dicen los santos, quédame gran sospecha que, según ellos, ni es menester tan grandes faltas en los pobres ni tan grandes sobras en los ricos para que haya pecado mortal […]: que a la avari- cia en no dar limosna llaman todos hurto y rapiña. […] [Por tanto] o Dios no tuvo bas- tante providencia sino que fue descuidado en dejar los pobres sin remedio […] o los ricos han de ser tenidos y estimados por gente cruel e infiel que habiéndoles Dios confiado tantos bienes para que los repartiesen con sus hermanos, se han alzado con ellos quebran- tando la fe que a Dios deben. (Deliberación de la causa de los pobres,–1545–, caps. 7 y 12) Santa Teresa de Jesús 29. [El rico] si entendiese, no co- mería con tanto contento ni se da- ría a gastar lo que tiene en cosas impertinentes y de vanidad. Así vosotras, hijas siempre mirad con lo más pobre que pudieres pasar, así de vestidos como de manjares. […] Siempre procurad servir a su divina Majestad de manera que no comáis lo que es de los pobres. (Meditación de los Cantares, 2,11) 30. Muy mal parece, hermanas mías [que] de la hacienda de los pobrecitos, que a muchos les fal- ta, se hagan grandes casas. No lo permita Dios: sino pobrecita en todo y chica. (Camino de perfección, ed. Esc. 9) 31. Decid a un regalado y rico que es voluntad de Dios que ten- ga cuenta con moderar su plato para que coman otros siquiera pan, que mueren de hambre; sa- cará mil razones para no enten- der eso sino a su propósito. Es la voluntad de Dios querer tanto para su prójimo como para sí. (Camino de perfección, 57) Fray Luis de Granada 32. ¡Oh maravillosa excelencia del pobre pues en él se represen- ta la persona de Dios! De manera que Dios viene a esconderse en el pobre y éste es el que tiende la mano, mas Dios el que recibe lo que se ofrece y el que ha de dar el galardón. Si los pobres fueran re- yes o príncipes de la tierra, no me maravillara yo tanto que así los recomendara; mas siendo como son las heces del mundo, que los junte Dios consigo y los ponga en su lugar, ¿qué cosa puede ser de mayor nobleza y de mayor bon- dad y misericordia? […] No abris- te las puertas de tu casa al pobre, no te abrirá Dios las del cielo. […] ¿Por qué, si piensas, tú eres rico y aquel pobre? […] Mira pues lo que haces en tener lo que no sólo a ti mas también a tu prójimo per- tenece. Mira que de los pobres es el pan que injustamente guardas y de los desnudos la vestidura que en tu arca tienes, y del que anda descalzo el zapato que en tu casa se envejece y del pobre el dinero que escondes en la tierra. […] Algunos se conten- tan con dar a los pobres una nona- da, que parece que les dan más por redimir su vejación y ahorrar de aquella inoportunidad, que por socorrer a su necesidad. (Tratado de la oración y medita- ción, en Obras de F. L. de G., Madrid 1096, p. 604 ss. Selección de frases) Antonio de Montesinos 33. Todos estáis en pecado mor- tal y en él vivís y morís por la cruel- dad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. […] ¿Con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidum- bre a estos indios? […] ¿Éstos no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgi- co dormidos? Tened por cierto que, en el estado en que estáis, ¡no os podéis salvar más que los moros o los turcos que carecen y no quieren la fe de Jesucristo! (Sermón pronunciado en La Española, el 21/12/1511, cuarto domingo de Adviento) Bartolomé de las Casas 34. ¿En qué juicio de hombre cristiano puede caber que, para dorar una tiranía crudelísima y acérrima que consume a tantos pueblos y gentes sólo para satis- facer la codicia de los hombres y por darles oro, se tomase el tí- tulo de hacerles enseñar la fe por aquellos que ni para sí la saben y [con ese título] les entregasen a los inocentes para que sacasen de su sangre las riquezas que [los españoles] tienen por dios? […] Los españoles, por sólo su inte- rés temporal, han infamado a los indios con las mayores infamias que nadie imaginara decir. […] Los han infamado y acusado cien mil millares de veces después que cayeron en la cuenta de que podían enriquecerse [sólo con] servirse de ellos y robarles sus haciendas y personas. La caridad nos manda y enseña que amemos a nuestros prójimos como a nosotros mismos, hacién- doles bien y quitándoles y preser- vándoles del mal […] Dios, que es justísimo y verdadero y sumo rey de todos, está muy indignado, eno- jado y ofendido con grandes ofensas y pecados que han cometido los de España en las Indias, afligiendo y
318 La Cuestión Social Año 23, n. 4 319 La Cuestión Social Año 23, n. 4 oprimiendo, tiranizando, robando y matando a tantas gentes […] las cuales eran gentes de ánimas racio- nales, criados y formados a imagen y semejanza de la altísima Trinidad, todos vasallos de Dios y redimidos por su preciosa sangre. Aunque fuese posible que Vues- tra majestad perdiese todo su real señorío y que nunca fueran cris- tianos los indios, […] no sería in- conveniente que Vuestra Majestad dejara de ser señor de ellos y ellos nunca fuesen cristianos. […] Gran- des males son inexpiables pecados y dignos de condenación eterna, querer matar a los infieles con títu- lo de salvarlos, o matar a unos por salvar a otros. No quiere Dios tal ganancia con tanta pérdida. (Frases selectas de Obra indi- genista, 367-449) 5 35. Dejo en las Indias a Jesu- cristo nuestro Dios, azotado y afligido y abofeteado y crucifi- cado, no una sino miles de veces […] de parte de los españoles que asuelan y destruyen aque- llas gentes y les quitan el es- pacio de su conversión. […] He rogado y suplicado muchas ve- ces al consejo del rey […] que no permitan ir españoles a cierta parte de tierra firme donde los religiosos siervos de Dios han comenzado a predicar el evan- gelio […] y me respondieron que no ha lugar porque sería tener la 5 Se ha aclarado y dulcificado a veces el duro castellano de Las Casas, quitan- do el hipérbaton de algunas frases, o cambiando algunas preposiciones y el tiempo de algunos verbos. tierra ocupada los frailes sin que de ella tuviese renta el rey. (Obras Completas, ed. BAC, p. 511) 36. A Vuestra Beatitud humilde- mente suplico que haga un decreto en el que declare por excomulgado y anatematizado a cualquiera que dijese que es justa la guerra que se hace a los infieles, […] y al que di- jere que los gentiles no son verda- deros señores de lo que poseen o al que afirmare que son incapaces del Evangelio y salud eterna por más rudos y de tardo ingenio que sean, lo cual ciertamente no son los indios. […] Vuestra Santidad man- de que los obispos defiendan esta causa poniéndose por muro de ellos hasta derramar su sangre como por ley divina son obligados. […] Supli- co humildemente que les mande aprender la lengua de sus ovejas, declarando que son a ello obligados por ley divina y natural. (Carta al papa Pío V, Ibid, p. 541-42) Erasmo de Rotterdam 37. Dios no escucha nada más que a los pobres. Y ¿qué le que- da sino la muerte plena a aquel a quien Dios no escucha? Y de eso no está excluido nadie por más que sea rey o emperador, o sátra- pa o cardenal o sumo pontífice. (Comentario al salmo 85, Ope- ra omnia, V. 516) 38. Cristo quiere que sus bene- ficios no los devuelvas a él sino a tu prójimo. Mira pues qué pue- des tú y qué necesita él. […] Si un miembro tuyo rechina los dientes de hambre ¿vas a estar eructando perdices? Tu hermano desnudo tiembla de frío y a ti se te comen las polillas y la carcoma tus mu- chos vestidos. Tú pierdes una noche en el juego mil escudos de oro y esa misma noche una pobre cría se prostituye empujada por la necesidad. […] ¿Y piensas que con esos criterios puedes llamar- te cristiano cuando ni siquiera mereces ser llamado hombre? (Enchiridion militis christiani, Ibid. 45ss) 39. Con dificultad me parece que se pueden excusar de peca- do mortal los que con superfluos y demasiados gastos edifican o adornan los monasterios e igle- sias, sin particular necesidad del culto divino, viendo tantos tem- plos vivos de Dios perecer de hambre, encogidos de frío, afligi- dos con necesidad de otras cosas necesarias. […] Si quieren res- catar sus pecados para con Dios, estos gastos que hacen en dorar y esculpir las piedras de las igle- sias, los harían secretamente en socorrer a los verdaderos pobres. Pero no buscan la gloria de Dios sino la suya propia. […] Si las obras que nos harán merecer el Reino […] son vestir, albergar, vi- sitar a Jesucristo y otras tales, yo tengo por gran desvarío darle de comer donde él no ha hambre, de beber donde no ha sed, de vestir donde no está desnudo, alber- garle donde no le falta casa pues, según él dice, ninguna de estas cosas padece él sino donde su po- bres las padecen. (Coloquios, Madrid 1947, 122ss) Santo Tomás Moro 40. No hay castigo tan horrible que puede evitar que roben los que no tienen otros medios de subsistencia. […] Se destinan a los ladrones grandes y horribles cas- tigos, cuando mucho antes se hu- biese debido tomar precauciones para que hubiera algunos medios con los que pudieran ganarse la vida, de modo que nadie tuviera que llegar a ese extremo de nece- sidad. […] Pues casi todo ha caído en manos de unos pocos ricos que no necesitan vender más que cuan- do les place, y no les place más que cuando pueden vender tan caro como les place. […] Así, la irrazona- ble codicia de unos pocos ha con- vertido en una completa ruina […] lo que debía ser la principal fortu- na de vuestro reino. […] Y, para arreglar la cosa, a estas desgracias mendicidad y miserable pobreza se añade un gran desenfreno, lujos superfluos y desórdenes excesivos. ¿Qué hacéis sino crear ladrones y luego castigarlos? […] Nosotros los cristianos apartamos la vista de la mayoría de las cosas que Cristo nos enseñó. […] Los predicadores han retorcido y desviado su doc- trina y, como una regla de plomo, la han adecuado a las costumbres de los hombres. Donde las propiedades son pri- vadas, donde todo el peso se apoya en el dinero, es difícil y casi imposi- ble que la república pueda ser go- bernada justamente y florezca en la prosperidad. […] A menos que penséis que la prosperidad flore- ce donde todo está repartido en- tre unos pocos, los cuales no cabe
320 La Cuestión Social Año 23, n. 4 321 La Cuestión Social Año 23, n. 4 duda de que viven sus vidas muy acomodadamente, y el resto vive miserablemente, desgraciadamen- te y en la mendicidad. (Selección de frases de Uto- pía, Madrid 1985, pp. 85-113) III Barroco (siglo XVIII) San José de Calasanz 41. Prácticamente en todas las naciones los pobres son la mayoría de la población y no pueden sopor- tar por mucho tiempo el estudio de sus hijos. […] Con sus fatigas ellos sostienen al mundo, por así decir, y los mayores trabajos y las elucu- braciones más difíciles son los pen- samientos de los hombres pobres que, para llegar a cualquier cosa, trabajan y velan, mientras los ricos duermen y sólo aparecen en esce- na a cosas hechas. (Constituciones 20, 9 y Regula Calasancia 14,60) San Vicente de Paul 42. Para Dios es un honor que entremos en sus sentimientos más íntimos, hagamos lo que Él hizo y realicemos lo que Él ha ordenado. Pues bien, sus sentimientos más íntimos han sido preocuparse de los pobres para amarlos, consolar- los, socorrerlos y recomendarlos. En ellos es en quienes ponía todo su afecto. Y él mismo quiso nacer pobre, recibir en su compañía a los pobres, servir a los pobres, po- nerse en lugar de los pobres hasta decir que el bien y el mal que les hacemos lo toma como hecho a su misma persona. No hay ninguna diferencia entre amarle a Él y amar a los pobres. […] ¿Pensáis cristia- nos que podéis quedaros tranqui- los diciendo que no lo creéis? ¡Qué dureza de corazón! Porque no os falta nada cerráis la puerta a la compasión, a la ayuda a favor de esos pobres que languidecen. […] Como dice san Ambrosio: «no le has asistido, luego le has matado». (Citas tomadas de: A. Orcajo, San Vicente de Paul, espiritualidad y es- critos, 539 y de J. Mª Ibáñez, Vicen- te de Paul y los pobres de su tiempo, 360-362) Bossuet 43. En el mundo los ricos tienen todas las ventajas y ocupan los pri- meros puestos. En el reino de Jesu- cristo la preeminencia pertenece a los pobres, primogénitos y verda- deros hijos de la Iglesia. En el mun- do los pobres están sometidos a los ricos y parece que no han nacido más que para servirles. En la santa Iglesia, por el contrario, no se ad- mite a los ricos más que con la con- dición de servir a los pobres. En el mundo los favores y los privilegios son para los ricos y los poderosos; los pobres no tienen parte en ellos más que con el apoyo de los ricos. Mientras que en la Iglesia de Jesu- cristo las gracias y las bendiciones son para los pobres. La Iglesia en su plan original fue construida solamente para los pobres y ellos son los verdaderos ciudadanos de esta feliz ciudad. […] Jesús no tiene necesidad de ricos en su santa Iglesia. […] No busca a los ricos por ellos mismos. ¿Para qué le servirían en su reina- do? No creáis que se complace con sus adornos. […] La sencillez de que hace gala el culto de la nueva alianza es para demostrar a los ri- cos que ya no necesita de ellos más que para el servicio de los pobres. […] Venid ricos a su Iglesia: tenéis la puerta abierta. Pero os ha sido abierta a favor de los pobres y a condición de que les sirváis. Por amor a sus hijos es por lo que per- mite la entrada a esos extraños. […] Para eso fundó su Iglesia en la que recibe a los ricos pero a condición de que sirvan a los pobres. (Sermón de septuagésima en 1569 sobre la eminente dignidad de los pobres en la Iglesia; Oeu- vres Complètes, 1862, II, 155ss) 44. El Apóstol señala muy acer- tadamente las dos principales enfermedades de los ricos: la pri- mera el gran apego a sus bienes; y la segunda la gran estima que, por lo general, tienen a su propia per- sona: porque ven que sus riquezas hacen que el mundo les tenga en consideración… Pues bien, ricos, poderosos del mundo, sacad esta conclusión: que si de acuerdo con las leyes del mundo los pobres no han nacido más que para serviros, según las leyes del cristianismo sois vosotros los que habéis naci- do para servir a los pobres y ali- viar sus necesidades. (Sermón de Viernes Santo en 1662; Oeuvres, I 615). San Juan Eudes 45. [El presbítero] es un verda- dero padre del pueblo de Dios que tiene el corazón lleno de amor por los suyos. Pero, sobre todo, es el padre, el abogado, el procurador, el protector, «el defensor de los po- bres, de las viudas, huérfanos y ex- tranjeros» y el refugio de todos los miserables. Que tiene su gusto en conversar con ellos, vestirlos, con- solarlos y servirlos. En asumir en su propia mano la causa de los pobres, velar por sus intereses y defender- los contra aquellos que los aplastan y oprimen. (Memorial de la vida eclesiás- tica; en Oeuvres choisies, Paris 1935, VI, 38-39) San Juan Bautista de La Salle 46. Debéis abrigar para con los hijos de los pobres particularísi- mos sentimientos de ternura […] por considerarlos como los miem- bros de Jesucristo y sus predilec- tos. La fe debe moveros a honrar a Jesucristo en sus personas y a pre- ferirlos sobre los más acaudalados de la tierra porque son imágenes vivas de Jesucristo. […] ¿Honráis a Jesucristo en sus personas? […] ¿Los preferís a los niños de fa- milias acomodadas y tenéis con aquellos más miramientos que con éstos? Profesad tanto amor a la pobreza como tienen los ricos a las riquezas. […] Cuanto más améis a los pobres, en mayor me- dida perteneceréis a Jesucristo. (Selección de frases de Medita- ciones, Madrid 1970, pp. 245ss.)
322 La Cuestión Social Año 23, n. 4 323 La Cuestión Social Año 23, n. 4 IV Siglo XIX Carta del obrero Claude Corbon al obispo Dupanloup (1877) 47. Nos habéis apostrofado pre- guntando ¿quién me dirá por qué nos abandona el pueblo? […] Pues bien. Os abandonamos porque vosotros nos abandonasteis hace algunos siglos. […] No pretendo decir que nos hayáis rehusado «las ayudas de la religión». […] Lo que quiero decir es que ha- béis abandonado nuestra causa temporal y que vuestro influjo se ha dirigido a impedir nuestra redención social más que a favo- recerla. […] Y sin embargo, debo reconocer gustoso que hubo un tiempo en que […] a diferencia de lo que hacéis hoy, solíais identifi- car vuestra causa con la nuestra. […] Luego cambió vuestra ense- ñanza, sobre todo la dirigida a las clases bajas. Se procuró expresa- mente apartarlas de toda idea de redención en este mundo. No se les recomendó más que la sumi- sión absoluta a todos los poderes establecidos (¡con la condición de que fueran devotos de la Iglesia!). Se les hizo creer que la más abso- luta resignación a su miserable suerte era agradable a Dios. Os empeñasteis en hacerles pensar que, cuanto más se resignaran a ser humillados, pisoteados, aplas- tados en este mundo, tanto más se granjearían una feliz compen- sación en la otra vida. (Citado por F. Isambert, Chris- tianisme et classe ouvrière, Paris 1061, 238ss) N.B. Es la primera vez que un texto de este tenor aparece en esta antología. ¿Cuáles son las causas de ese cambio? Daniel Rops señala en- tre ellas la extracción cortesana de casi todos los obispos. Así: «un cardenal D’Astros no ve «en la tris- te desigualdad» de las condiciones más que el orden de la Providencia. […] Ignoramos si K. Marx leyó las pastorales de Mons. D’Astros; en todo caso, habría hallado en ellas excelentes citas para probar que la religión es el opio del pueblo. […] El despertar de los católicos a las preocupaciones sociales ocurre al margen de la jerarquía». 6 Añadamos la tergiversación de la Revolución Francesa que acaba reducida a una revolución burgue- sa —como la independencia de América Latina—, desvinculando «libertad, igualdad y fraternidad» de su matriz cristiana y persi- guiendo a la Iglesia, pese a que en los estados generales de 1789 ha- bía casi una tercera parte de clero. Lo cual hace que la misma Iglesia se dedique más a defenderse a sí misma que a defender a los opri- midos de la naciente Revolución Industrial. Ello explica el carácter excepcional y el valor de los tres testimonios que vamos a citar. A. Frederic Ozanam 7 48. La cuestión que en nuestros días divide a los hombres ya no es una cuestión política sino una 6 Como ocurrirá después en la Amé- rica Latina con la independencia. cuestión social: si la sociedad no será más que una explotación mo- numental en beneficio de los más fuertes, o una consagración de cada uno al bien de todos y, sobre todo, a la protección de los débiles. Hay muchos hombres que tienen dema- siado y siguen queriendo tener más; hay otros muchos que no tienen bastante, que no tienen nada y es- tán dispuestos a arrebatar si no se les da. Entre ambas clases de hom- bres está preparándose una lucha y […] amenaza con ser terrible: por un lado el poder del oro, por el otro el poder de la desesperación. […] Cada día vemos que se va hacien- do más profunda la división que ha nacido en la sociedad. Ya no son las opiniones políticas lo que divide a los hombres, sino los intereses más que las opiniones. Aquí el campo de los ricos; ahí el de los pobres. En el primero un egoísmo que quiere re- tenerlo todo; en el otro un egoísmo que querría arrebatarlo todo, y en- tre ambos un odio irreconciliable. (Cartas a M. Jammot y a M. X. en 1836) 49. Gentes de bien: se os ha dicho que habéis salvado a Francia. […] Habéis aplastado la revuelta; pero os queda todavía un enemigo a quien no conocéis suficientemente, de quien no os gusta que os hablen y del que nosotros hemos decidido hablaros […]: la miseria. Sacerdotes: es de justicia reco- nocer que amáis a los pobres de vuestras parroquias, que acogéis con caridad al menesteroso que 7 Profesor de literatura. Beatificado por Juan Pablo II en 1997. toca a vuestra puerta y que no le hacéis esperar cuando os llama a la cabecera de su lecho. Pero ha llegado la hora de preocuparos más de esos otros pobres que no mendigan, que viven ordinaria- mente de su trabajo. […] Agotad el crédito que todavía os queda entre tantas familias cristianas, presionadlas a tiempo y a des- tiempo. Y estad seguros de que, forzándolas a que ellas mismas se desnuden, les ahorráis el disgus- to de ser desnudadas por manos más rudas. No os asustéis cuando los malos ricos […] irritados por vuestras palabras, os traten de comunistas, igual que antaño tra- taban a san Bernardo de fanático y de insensato. […] Ricos: la previsión tiene sus lí- mites: y Aquél que nos enseñó a pedir el pan de cada día, nunca nos aconsejó que nos asegurára- mos diez años de lujo. […] Representantes del pueblo: vuestro trabajo no servirá ni para un día si descuidáis este proble- ma formidable de la miseria, que no soporta más retrasos. Dios no hace a los pobres. […] Es la libertad humana la que hace a los pobres. […] Y líbrenos Dios de calumniar a aquellos a los que el evangelio bendice, haciendo a las clases inferiores sufrientes, responsables de sus males y sir- viendo así a los malos corazones que, cuando han descubierto algún error en el pobre, ya se creen dis- pensados de socorrerlo. (Artículo en L’Ere Nouvelle, en 1848) 50. Hay explotación siempre que el patrón considera al obrero no
324 La Cuestión Social Año 23, n. 4 325 La Cuestión Social Año 23, n. 4 como un socio, como un auxiliar, sino como un instrumento del que hay que sacar el mayor rendimiento posible al menor precio posible. Y la explotación del hombre por el hom- bre es esclavitud, trata de blancos. (Oeuvres, VIII, p. 588) Obispo W. E. von Ketteler 51. Nunca ha habido una dic- tadura del dinero como la de nuestros días, y es perceptible la estrecha vinculación de ese po- der del dinero y el liberalismo: […] atrae hacia sí a todos los ricos del mundo para calcular medios con los que aumentar todo lo po- sible el disfrute de lo material y con esa lógica le parece absolu- tamente correcto que el 90% de la humanidad, excluidos de toda satisfacción material, vivan sólo para servir al disfrute del 10% de elegidos y para facilitárselo has- ta la saciedad. […] El liberalismo quiere hacer a todos iguales. Pero en lugar de cumplir esa promesa, ha creado una diferencia entre los hombres mayor que todas las antiguas. […] La supresión de las jerarquías sociales no sirve para nada, mientras la propiedad en manos de unos pocos destroce toda igualdad entre los hombres en todos los campos de la vida hu- mana. […] El liberalismo destroza incluso la igualdad ante la ley. 8 (Schriften, München 1911, III, 244-59) 8 Si en lugar de ‘liberalismo’ ponemos el neoliberalismo actual, la fuerza de es- tas palabras será aún mayor. 52. Ya no es posible engañarse sobre el hecho de que toda la exis- tencia de la casi totalidad de la cla- se trabajadora (lo cual significa: de la gran mayoría de los hombres de los estados modernos) está expues- ta a las oscilaciones del mercado y del precio de las mercancías para la supervivencia de sus familias y para resolver el problema cotidiano del pan necesario. […] No conozco nada más digno de acusación que este estado de cosas. […] Éste es el mercado de esclavos de nuestra Eu- ropa liberal, configurado según el patrón de nuestro liberalismo ilus- trado. […] Hemos de preguntarnos qué es lo que ha convertido al tra- bajo en una mercancía de merca- do y qué es lo que hace bajar su precio hasta el último peldaño de la escala de las necesidades vita- les. [Y la razón es]: el salario del trabajador se regula por la ley de la oferta y la demanda y, al igual que otras mercancías, la oferta y la demanda se regulan según la ley de la competencia. (Ibid. III, 17-18. ¡Parecen pala- bras de hoy!) Lacordaire 53. Miseria es no ganarse la vida por más empeño que se ponga en ello. ¿Es posible que haya en el mundo hombres que pueden y quieren ganarse la vida con el tra- bajo y no lo consiguen? Efectiva- mente. […] Extraño fenómeno el de un hombre que tiene derecho a la vida, que no puede vivir sino del trabajo, que lo pide y no lo en- cuentra. Ese fenómeno existe. […] Y aún no basta: el miserable turba el sueño de los que gozan, aunque no hay que temer ninguna revolución: es molesto para quien vive en edi- ficios bien acondicionados e ilumi- nados […] gozando de magníficos espectáculos, pensar que quizás a la puerta de la calle haya lázaros que se contentarían con unas mi- gajas de pan y que no las tienen porque nadie se las da. Lo natural será deshacerse de esa miseria que tiene el atrevimiento de existir y de perturbar sus goces. (Conferencia en Bruselas, 1847, Obras completas, ed. Bruño, XIV, 57-85) 54. Nada hay en el mundo a lo que Dios maldiga más que el lujo. […] El lujo es la ruina de la limos- na, la ruina de las familias, la ruina de las sociedades. […] Las cosas tienen sus límites en las necesida- des que Dios ha querido. Pero las necesidades que Dios no ha queri- do, las que ha creado nuestra va- nidad, ésas no tienen límites. (Conferencia en 1851, Ibid. XV, 175ss) 55. Jesucristo quiso que la Igle- sia fuese pobre como lo había sido él; no le formó patrimonio en la tierra. […] El pobre es un miste- rio en la Iglesia. […] La razón jamás podrá admitir la dignidad del pobre. […] El po- bre es un sacramento […] que no exige de nosotros preparación alguna sino que nos comunica la gracia y nos dispone a recibir los otros sacramentos. (Conferencia en 1853, Ibid. XV, 62ss) V Siglos XX-XXI Hermann Kutter 56. La cristiandad […] sirve a Dios con toda clase de piedad y beatitud, pero olvida que Dios quiere ser servido mediante el amor a los débiles y la supera- ción de la maldad. […] Voy a deci- ros una cosa: el dinero ha cegado vuestro corazón, ha enloquecido vuestra razón y ha roto vuestra fuerza. El dinero ha arrancado de vuestros corazones la justicia, el derecho, la verdad y el amor, para plantar en ellos su propia moral. […] Al igual que Dios, el dinero tiene también sus diez manda- mientos. […] ¿O es que nunca los habéis oído?: No tendrás otro dios más que a mí. No te harás imágenes, ideas o reflexiones imprácticas. No respetarás nada de lo que hay en el cielo o en la tierra, pues yo, el Dinero, soy un dios fuerte que castiga su despre- cio en los hijos y en los nietos, y paga su adoración con bienestar y riqueza. No hablarás mal del Di- nero pues él no deja sin castigo a nadie que lo haga. Dedicarás seis días a los asuntos del Dinero, y el séptimo a pensar en él. Honrarás al Dinero mientras vivas, para que puedas vivir largos días, y os vaya bien a ti y a los billetes que él te da. No malgastarás nada. No adul- terarás en tu unión con el Dinero. Robarás tanto como puedas. Utili- zarás contra tus prójimos falsos testimonios y prácticas mentiro- sas, pues eso le agrada al Dinero. No desearás los bienes de otro
326 La Cuestión Social Año 23, n. 4 327 La Cuestión Social Año 23, n. 4 que no sea el Dinero. […] A la luz de esta moral, el hombre ve la vida de otra manera y se abre a nuestros ojos un mundo distinto. Ahora comprendemos por qué el rico y el poderoso se creen de más valor que el pobre: es que miden a los hombres sólo con el dinero porque él así lo ordena. […] No cabe oposición mayor en- tre el Reino de Dios y el señorío del dinero. No cabe mayor inca- pacidad de comprensión que la que tienen los adoradores del di- nero para la existencia del Dios vivo. Por eso, vosotros no enten- déis la cuestión social. […] Hay que dejar muy claro que la hu- manidad está prisionera de una sinrazón terrible y que nuestro sistema de producción es una ca- dena de injusticias y de desobe- diencias contra el Creador. (Sie müssen. Ein offenes Wort an die christliche Gesellschaft, Berlín 1904, Selección de frases) Karl Barth 57. La comunidad cristiana es testigo de que el Hijo de Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido. Esto significa para ella que, libre de toda falsa imparcialidad, ha de mirar prefe- rentemente hacia abajo, también en el terreno político. Interven- drá preferentemente y de manera particular a favor de aquellos que, por su posición social y económi- ca, son débiles y por ello amena- zados: en favor de los pobres. Y hará especialmente responsable de ellos a la comunidad civil. Lo primero —para la Iglesia— es dedicar a esos pobres su amor en forma de diakonía. Pero esto primero no permite descuidar lo otro, que entra en el campo de su responsabilidad política: el com- promiso por una configuración de la convivencia que excluya el que la igualdad de todos ante la ley se convierta en un pretexto para una desigualdad fáctica en- tre ricos y pobres, entre empre- sarios y obreros, en lo que toca a atención y protección social. La comunidad cristiana aparece en el campo político necesariamente en compromiso y en lucha por la justicia social. Y a la hora de elegir entre las diversas posibilidades sociales, […] se decidirá por la que ofrezca una mayor medida de justicia social, dejando al margen otras consideraciones. (Christengemeinde und Búrger- gemeinde, Zurich 1946, p. 27) 58. El mandamiento de Dios, en la medida en que se le pueda y se le quiera escuchar, será siempre y en todas circunstancias una lla- mada hacia la oposición, hacia la humanidad y en contra de todas las maneras de pisotearlas. Y, por tanto, una llamada a favor de los débiles y contra la prepotencia de los fuertes. Desgraciadamente, la comunidad cristiana ha tardado mucho en comprender esto, en su relación con el moderno de- sarrollo capitalista del proceso de trabajo, y se ha hecho corres- ponsable de la injusticia que ca- racteriza a este sistema. (Kirchliche Dogmatik, III/4, 624) Teilhard de Chardin 59. Tienes mil veces razón en trabajar por hacer reinar en tu ins- tituto el amor hacia el pobre: es la actitud más cristiana, más social y más educativa que puedas in- culcar en tus alumnos. Hacerles inclinar con verdadera simpatía ante los miserables es, en cierto modo, inculcarles un solo hábito, la quintaesencia de toda formación humana y católica. Jamás te exce- derás en este sentido. Para amar a nuestro prójimo «de modo distinto a como lo hacen los paganos», hay que saber sobrena- turalizar nuestras simpatías. Y esta sobrenaturalización será siempre sospechosa e incompleta, si no se la rodea de la aureola de un amor que alcance a los miserables, a los menos interesantes y a los me- nos simpáticos. (Cartas a su prima Marguerite en 1918; en Génesis de un pensa- miento, p. 109 y 158) Charles Péguy 60. La libreta de ahorros es el libro y el compendio del pensa- miento moderno. Este libro es el único suficientemente fuerte para resistir los embates del evangelio: porque es la Biblia del dinero que es el verdadero Anticristo. […] Los ricos llegan a creer que la pobreza ha dejado de existir una vez que han logrado rodearla oportuna- mente de silencio. Hay dos cate- gorías de ricos: ricos incrédulos y ricos creyentes. Los primeros, obviamente, no conocen el cristia- nismo puesto que lo rechazan. Los segundos aún lo conocen menos puesto que creen que pueden creer en él y practicarlo a pesar de su riqueza. […] No sé qué ha- cer de una caridad que capitule a diario ante los poderosos del mundo. […] La falta de caridad de los cristianos, combinada con su excesiva riqueza material es la que ha creado esa cosa horrenda: que las fábricas se hayan hecho un mundo cerrado para la Iglesia y que la Iglesia se haya hecho un mundo cerrado para las fábricas. (De la antología de J. L. Martín Descalzo sobre Péguy, Palabras cris- tianas, Salamanca 2002, p. 95ss) 61. No hay que disimular que, si la Iglesia ha dejado de ser la religión oficial del Estado, sigue siendo la religión oficial de la bur- guesía. Por eso, la fábrica le está cerrada y ella está cerrada a la fá- brica: porque es y actúa como la religión oficial, la religión formal del rico. Y ésta es la razón por la que la Iglesia no es nada y, sobre todo, no es nada de lo que era y se ha convertido en lo más contrario a ella misma. (Notre Jeunesse, en Oeuvres Com- plètes, IV, 171-72) E. Mounier 62. A muchos de los que disertan sobre el comunismo les ha faltado ir a mezclarse con las casas y los hombres de ese suburbio que se lla- ma rojo y que, de cerca, no es más que gris, tan gris que parece estar sellado para siempre con el color de los días. Ese suburbio que se pien- sa que está asediando a París y que basta recorrer para darse cuenta de que es París el que lo cerca y lo fuer-
328 La Cuestión Social Año 23, n. 4 329 La Cuestión Social Año 23, n. 4 za desde hace cinco generaciones a un destino desesperado. Ese su- burbio donde ayer quiere decir hu- millación, hoy inquietud y mañana amenaza. Donde, si se llega a comul- gar con él, aunque sólo sea por unas horas, las palabras justas te entran en seguida por la piel. No: nuestra filosofía no quiere renunciar a esas malas compañías. (Oeuvres, IV, 17-18) 63. El capitalismo defiende la ini- ciativa y la libertad de unos pocos sometiendo a la esclavitud la ma- yoría. Nosotros queremos para to- dos el constreñimiento material de unas instituciones necesarias, con el fin de asegurar a todos una libertad material sin peligros. […] La eco- nomía tiene por función satisfacer las necesidades de todos. Más allá de eso ha cumplido su cometido y las energías deben hallar otro em- pleo que no sea desarrollarlas arti- ficialmente. Por tanto, la actividad económica está subordinada a una ética de las necesidades. […] El capi- tal carece de derecho en una comu- nidad humana, si no ha nacido del trabajo y no colabora a un trabajo. (Obras, Barcelona 1974, I, 313) Monseñor Romero 64. El mundo de los pobres es cla- ve para comprender la fe cristiana. […] El encuentro con los pobres nos ha hecho recobrar la verdad central del evangelio con que la palabra de Dios nos urge a conversión. […] Ahora sabemos mejor lo que significa la encarnación, qué significa que Jesús tomó carne realmente humana y que se hizo solidario de sus hermanos en el sufrimiento, en los llantos y que- jidos, en la entrega. Sabemos que no se trata de una encarnación universal, que es imposible, sino de una encarnación preferencial y parcial, una encarnación en el mundo de los pobres. Desde ellos podrá la Iglesia ser para todos, podrá prestar un servicio pas- toral a los poderosos a través de una pastoral de conversión; pero no a la inversa, como tantas veces ha ocurrido. […] Los antiguos cris- tianos decían: la gloria de Dios es el hombre que vive (Gloria Dei vi- vens homo). Nosotros podríamos concretar eso diciendo: gloria Dei vivens pauper (la gloria de Dios el pobre que vive). Creemos que, des- de la trascendencia del evangelio podemos juzgar en qué consiste en verdad la vida de los pobres y cree- mos también que, poniéndonos del lado del pobre e intentando darle vida, sabremos en qué consiste la eterna verdad del evangelio. (Discurso cuando el doctorado H.C. en Lovaina. En La voz de los sin voz, San Salvador 1980, 184ss) 65. Es inconcebible que se diga alguien cristiano y no tome, como Cristo, una opción preferencial por los pobres. […] ¡Eso ya no es cris- tianismo! […] Muchos creen que cuando la Iglesia dice «por los po- bres» ya se está haciendo comunis- ta, ya está haciendo política. (Homilía del 09/09/1979) Asamblea episcopal de Puebla 66. «Rostros en los que debería- mos reconocer los rasgos sufrien- tes de Cristo: rostros de niños golpeados por la pobreza antes de nacer, […] de jóvenes desorienta- dos por no encontrar su lugar en la sociedad, […] de indígenas mar- ginados en situaciones inhuma- nas, […] de campesinos relegados y a veces privados de tierra, […] de obreros mal retribuidos, […] de subempleados y desempleados por las duras exigencias de crisis económicas, […] de marginados y hacinados urbanos con carencia de bienes frente a la ostentación de otros sectores sociales, […] de ancianos marginados por la socie- dad del progreso» (nº 2602 ss; en la edición de la BAC, pp. 432-22). […] El evangelio nos debe enseñar que, ante las realidades que vivi- mos, no se puede hoy en América Latina amar de veras al hermano y por tanto a Dios, sin comprome- terse a nivel personal y en mu- chos casos a nivel de estructuras, en el servicio y la promoción de los grupos humanos y de los es- tratos sociales más desposeídos y humillados, con todas las conse- cuencias que se siguen en el plano de esas realidades temporales (n. 327). […] El compromiso evangé- lico de la Iglesia […] debe ser un compromiso con los más necesi- tados (1141). Pablo VI 67. La Biblia desde sus primeras páginas nos enseña que la creación entera es para el hombre. […] Todo hombre tiene el derecho de encon- trar en la tierra lo que necesita. To- dos los demás derechos, sean los que sean, incluido el de propiedad y comercio libre, están subordina- dos a ello: no deben estorbar sino facilitar su realización. Y es un gra- ve y urgente deber social hacerlos volver a su finalidad primera. (Populorum progressio, 22) 68. La aversión surge contra vo- sotros precisamente en aquellos mismos a quienes ofrecéis […] trabajo. Vuestras empresas, mara- villosos frutos de vuestro esfuerzo ¿no son acaso motivo de disgustos y de choques? Las estructuras me- cánicas y burocráticas funcionan perfectamente, pero las estructu- ras humanas todavía no. […] ¿No se dice de vosotros que sois los capitalistas y los únicos culpa- bles? ¿No sois el blanco de la dia- léctica social? Ha de tener algún vicio profundo, una radical insufi- ciencia este sistema, si desde sus comienzos cuenta con semejantes reacciones sociales. […] El siste- ma económico-social, creado por el liberalismo manchesteriano y que todavía perdura en el criterio de la unilateralidad de la posesión de los medios de producción, de la economía encaminada a un prove- cho privado prevalente, no trae la perfección, no trae la paz, no trae la justicia, si continúa dividiendo a los hombres en clases irreductible- mente enemigas y caracteriza a la sociedad por el malestar profundo y lacerante que la atormenta. (Discurso a los empresarios ca- tólicos, 08/06/1964) Juan Pablo II 69. Pertenece a la enseñanza y a la praxis más antigua de la Iglesia
330 La Cuestión Social Año 23, n. 4 331 La Cuestión Social Año 23, n. 4 la convicción de que ella misma, sus ministros y cada uno de sus miembros, están llamados a ali- viar la miseria de los que sufren cerca o lejos, no sólo con lo «su- perfluo» sino con lo «necesario». Ante los casos de necesidad no se debe dar preferencia a los ador- nos superfluos de los templos y a los objetos preciosos del culto divino: al contrario, podría ser obligatorio enajenar estos bienes para dar pan, bebida, vestido y casa a quien carece de ello. (Sollicitudo rei socialis, 31) Francisco, obispo de Roma 70. El mensaje cristiano tiene un contenido ineludiblemente social. […] Existe un vínculo insepara- ble entre nuestra fe y los pobres. […] Hacer oídos sordos al clamor de los pobres cuando nosotros somos los instrumentos de Dios para escuchar al pobre, nos sitúa fuera de la voluntad del Padre. […] A los defensores de la ortodo- xia se dirige a veces el reproche de pasividad, de indulgencia o de complicidad culpables, res- pecto a situaciones de injusticia intolerables. […] No se puede tolerar que se tire comida cuando hay tanta gente que pasa hambre. […] Mientras las ganancias de unos pocos cre- cen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. […] El salario justo permite el acceso adecuado a los bienes destinados al uso común. […] Sin un cambio de actitud enérgi- co por parte de los dirigentes polí- ticos […] será imposible erradicar la violencia que, tarde o temprano, provocará su explosión. […] La ne- cesidad de resolver las causas es- tructurales de la pobreza no puede esperar. […] Mientras no se resuel- van radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la auto- nomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y ata- cando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo. (Textos de la Evangelii gaudium, 2013) Balance Prácticamente, todos los autores citados son figuras de máxima re- levancia y autoridad en la historia del cristianismo. Ello nos plantea a todos una cuestión ineludible: la de si el cristianismo no ha come- tido en este tema tan central una gran infidelidad a su Señor; y qué influjo ha tenido esa infidelidad en la aparición del ateísmo moderno y en la infame configuración del mundo actual. Dicho en forma de un latigazo simplificador, pero - cil de retener: o no hay Dios o el cristianismo le ha sido infiel. CS * Teólogo y fundador de Cristianismo y Justicia. Autor del libro Vicarios de Cristo publicado por el IMDOSOC. Iglesia, servidora de los pobres Instrucción pastoral CV Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española Introducción 1. E n los últimos años, es- pecialmente desde que estalló la crisis, somos testigos del grave sufrimiento que aflige a mu- chos en nuestro pueblo, motivado por la pobreza y la exclusión social; sufrimiento que ha afectado a las personas, a las familias y a la misma Iglesia. Un sufrimiento que no se debe únicamente a factores econó- micos, sino que tiene su raíz, tam- bién, en factores morales y sociales. Es de justicia, sin embargo, reco- nocer que este mismo sufrimiento ha generado un movimiento de generosidad en personas, fami- lias e instituciones sociales que es obligado poner de manifiesto y agradecer en nombre de todos, en especial de los más débiles. Dicha generosidad nos ha recordado la promesa de Dios a través del pro- feta Elías, cuando afirma que no le faltará ni el aceite ni la harina a la pobre viuda que supo compartir con el profeta lo poco que le que- daba para subsistir. 1 La Iglesia nos invita a todos los cristianos, fieles y comunidades, a 1 Cf.1 R 17,14 mostrarnos solidarios con los ne- cesitados y a perseverar sin des- mayo en la tarea ya emprendida de ayudarles y acompañarles. El Papa Francisco nos dice: “Es mi vivo de- seo que el pueblo cristiano reflexio- ne durante el jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espi- rituales. Será un modo para des- pertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina”. 2 Las comunidades cristianas, ins- titutos de vida consagrada y otras instituciones, están escribiendo en- tre nosotros una hermosa página de solidaridad y caridad. Basta recordar cómo Cáritas el año 2013 atendió en sus programas a casi dos millones de personas, y cuenta en la actualidad con más de 71,000 voluntarios. 2. Como pastores de la Iglesia, queremos compartir con los fieles y con cuantos quieran escucharnos nuestras preocupaciones ante la di- fícil situación que estamos viviendo 2 Francisco, Bula, Misercordiae vultus, 15 (2015).
332 La Cuestión Social Año 23, n. 4 333 La Cuestión Social Año 23, n. 4 y que a tantos afecta. 3 Algunos datos esperanzadores nos llevan a pensar que la crisis, poco a poco, se está su- perando; pero, hasta que no se haga efectiva en la vida de los más necesi- tados la mejoría que los indicadores macroeconómicos señalan, no po- dremos conformarnos. Percibimos, por otra parte, que en este período de crisis se han ido acrecentando las desigualdades sociales, debili- tando las bases de una sociedad jus- ta. Esta realidad nos está señalando la tarea: nuestro objetivo ha de ser “vencer las causas estructurales de las desigualdades y de la pobreza”, como pide el Papa Francisco. 4 Para contribuir a alcanzar esta meta tan deseable, ofrecemos mo- destamente estas reflexiones basa- das en la doctrina social de la Iglesia; en ellas tratamos de aportar motivos para el compromiso y la esperanza, y colaborar con nuestro grano de are- na a la inclusión de los necesitados en la sociedad. Intentamos “mirar a los pobres con la mirada de Dios, que se nos ha manifestado en Jesús”. 5 Se- cundamos así la especial atención que muestra el Papa Francisco a la 3 Documentos de la Conferencia Episco- pal Española: instrucción pastoral “La verdad os hará libres” (1990). “La cari- dad en la vida de la Iglesia. Propuestas de acción pastoral” (1994). Declaración “Crisis económica y responsabilidad moral” (1984). Declaración ante la crisis moral y económica (2009). Nota sobre la legislación familiar y la crisis económica (2012). Nota “Los obispos invitan a una mayor solidaridad con las víctimas de la crisis económica” (2014). 4 Francisco, Discurso a la Plenaria del Pontifico Consejo Justitia et Pax (2014). 5 Conferencia Episcopal Española, La caridad en la vida de la Iglesia, Introducción, p.11. dimensión social de la vida cristia- na. 6 Quiera el Señor que nuestra pa- labra sirva de luz orientadora en el compromiso caritativo, social y po- lítico de los cristianos y que nuestro aliento acreciente en todos una soli- daridad esperanzada. 1. La situación social que nos interpela 1.1. Nuevos pobres y nuevas pobrezas Familias golpeadas por la crisis 3. Nos encontramos ante una sociedad envejecida como conse- cuencia de nuestra baja tasa de natalidad y del escandaloso núme- ro de abortos. La familia, ya afecta- da como tantas instituciones por una crisis cultural profunda, se ve inmersa actualmente en serias di- ficultades económicas que se agra- van por la carencia de una política de decidido apoyo a las familias. Un elevado número de ellas ha visto disminuida su capacidad adquisiti- va, lo que ha generado, al carecer de la protección social que necesitan y merecen, 7 un incremento de des- igualdades y nuevas pobrezas. 8 Si- 6 Especialmente en el documento que es programático: en el cap. 4 de Evangelii Gaudium. 7 Un 43.2% están excluidas. Funda- ción Foessa, Análisis y perspectivas, Madrid, Cáritas, 2014. 8 Éstas han pasado de 17,042 euros por unidad de consumo en 2009 a 15,635 en 2013. Cf. Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) 2012 y 2013, INE, Madrid, agosto de 2014. tuación ésta que aflige de un modo especial a los hogares que han de cuidar de alguna persona discapa- citada o sufren la pérdida de em- pleo de alguno de sus miembros 9 e incluso de todos. 4. Nos resulta especialmente do- lorosa la situación de paro que afecta a los jóvenes: sin trabajo, sin posibilidad de independizarse, sin recursos para crear una fami- lia y obligados muchos de ellos a emigrar para buscarse un futuro fuera de su tierra. Asimismo, re- sulta doloroso el paro que afecta a las personas mayores de 50 años, que apenas tienen esperanza de reincorporarse a la vida laboral. San Juan Pablo II enumeraba las dramáticas consecuencias de un paro prolongado: “La falta de tra- bajo va contra el ‘derecho al tra- bajo´, entendido —en el contexto global de los demás derechos fun- damentales— como una necesi- dad primaria, y no un privilegio, de satisfacer las necesidades vi- tales de la existencia humana a través de la actividad laboral. (…) De un paro prolongado nace la in- seguridad, la falta de iniciativa, la frustración, la irresponsabilidad, la desconfianza en la sociedad y en sí mismos; se atrofian así las capacidades de desarrollo per- sonal; se pierde el entusiasmo, el amor al bien; surgen las crisis familiares, las situaciones perso- 9 De una tasa de paro cercana al 8% en 2007 se ha llegado al 23.78% en el pri- mer trimestre de 2015. Fuente: INE. En- cuesta de Población Activa (EPA), 23 de abril de 2015. nales desesperadas y se cae en- tonces fácilmente —sobre todo los jóvenes— en la droga, el alco- holismo y la criminalidad”. 10 5. También nos duele la situación de la infancia que vive en pobreza, 11 que sufre privaciones básicas, que carece de un ambiente familiar y social apto para crecer, educarse y desarrollarse adecuadamente. Y no podemos olvidar los niños, ino- centes e indefensos, a los que se les niega el derecho mismo nacer. 12 Como nos recuerda el Papa Fran- cisco: “mientras se dan nuevos de- rechos a la persona, a veces incluso presuntos, no siempre se protege la vida como valor primario y derecho básico de todos los hombres”. 13 6. Nos preocupa la situación de los ancianos, en épocas de bienestar olvidados por sus familias, pero que ahora se han convertido en el alivio de muchas de ellas; con sus escasas pensiones contribuyen al sustento de sus hijos y, con su esfuerzo per- sonal, cuidan de sus nietos; pero ello les sobrecarga de trabajo y reduce su bienestar empeorando ostensible- 10 San Juan Pablo II. “Mensaje a los tra- bajadores y empresarios durante su viaje apostólico a España”, 5, Barcelo- na (1982). En Juan Pablo II en España, edición especial de la CEE, 1983. 11 Cf. UNICEF. Informe La infancia en Es- paña 2014 (2014). 12 108,690 abortos. Fuente: Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igual- dad, 2013. 13 Francisco, Audiencia a los ginecólogos católicos que participaron en el encuen- tro de la Federación Internacional de las Asociaciones Médicas Católicas (2013).
334 La Cuestión Social Año 23, n. 4 335 La Cuestión Social Año 23, n. 4 mente sus condiciones de vida. Los abuelos, junto con los jóvenes y ni- ños, “son la esperanza de un pueblo. Los niños y los jóvenes porque saca- rán adelante a ese pueblo; los abue- los porque tienen la sabiduría de la historia, son la memoria de un pue- blo. Custodiar la vida en un tiempo donde los niños y los abuelos entran en esta cultura del descarte y se piensa en ellos como material des- echable. ¡No! Los niños y los abuelos son la esperanza de un pueblo”. 14 7. Asimismo, nos aflige el incre- mento del número de mujeres afectadas por la penuria económica pues, no sin razón, se habla de ‘fe- minización de la pobreza’. Algunas de ellas, incluso, son víctimas de la trata de personas con fines de ex- plotación sexual, particularmente las extranjeras, engañadas en su país de origen con falsas ofertas de trabajo y explotadas aquí en condi- ciones similares a la esclavitud. Igualmente, nos duele sobrema- nera la violencia doméstica que tiene a las mujeres como sus prin- cipales víctimas. Resulta necesario incrementar medidas de preven- ción y de protección legal, pero sobre todo fomentar una mejor educación y cultura de la vida que lleve a reconocer y respetar la igual dignidad de la mujer. Las pobrezas del mundo rural y de los hombres y mujeres del mar 8. Muchas veces pensamos en la pobreza en nuestras ciudades, pero 14 Francisco, Discurso al Movimiento por la Vida Italiano (2014). atendemos menos —por no tener tanta resonancia en los medios de comunicación— a la pobreza de los hombres y mujeres del campo y del mar. La articulación actual de la economía ha desplazado a muchas personas del mundo rural, incidien- do gravemente en su despoblación y envejecimiento. Los labradores y ganaderos han visto incrementados extraordinariamente los gastos de producción, sin que hayan podido repercutirlos en el precio de sus productos. Los pueblos más peque- ños son habitados mayoritariamen- te por ancianos y personas solas. Todo ello plantea problemas socia- les de un profundo calado. La pobreza del mundo rural, a veces, puede ser alimentada tam- bién por las mismas políticas de subsidios, que llegan a convertirse en una verdadera cultura de la sub- vención y que priva a las personas de su dignidad. Algunos obispos ya denunciaron esta situación: “Frente a la mentalidad tan exten- dida del derecho a la dádiva y de la subvención, se hace necesario pro- mover la estima del trabajo y del sacrificio como medio justo de cre- cimiento personal y colectivo para el logro del bienestar”. 15 La emigración, nueva forma de pobreza 9. En la actualidad, los flujos mi- gratorios y sus efectos están recon- figurando Europa. La migración debe ser entendida como el ejerci- cio del derecho de todo ser humano 15 Obispos del Sur de España, Nota ante las elecciones autonómicas, 8 (2012). a buscar mejores condiciones de vida en un país diferente al suyo. Hay un amplio consenso respecto al hecho de encontrarnos en un nuevo ciclo migratorio. Ahora es el mo- mento del asentamiento, de la inte- gración, de trabajar en el logro de la convivencia, sobre todo con las nue- vas generaciones. Ha llegado la hora de reconocer la aportación que han hecho los inmigrantes a nuestra so- ciedad. Hemos de valorar la riqueza de los otros, cultivando la actitud de acogida y el intercambio enrique- cedor, a fin de crear una conviven- cia más fraternal y solidaria. En un futuro próximo, nuestra sociedad será, en mayor medida, multiétnica, intercultural y plurirreligiosa. Los inmigrantes son los pobres entre los pobres. Los inmigrantes sufren más que nadie la crisis que ellos no han provocado. En estos últimos tiempos, debido a la preo- cupación del momento económico que vivimos, se han recortado sus derechos. Los más pobres entre nosotros son los extranjeros sin papeles, a los que no se les facilita servicios sociales básicos, olvidan- do así aquellas palabras de san Juan Pablo II: ”La pertenencia a la familia hu- mana otorga a cada persona una especie de ciudadanía mundial, haciéndola titular de derechos y de- beres, dado que los hombres están unidos por un origen y supremo destino comunes”. 16 Además, son necesarios progra- 16 San Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial de la paz, 6 (2005). mas que vayan más allá de la pro- tección de fronteras, 17 así como el compromiso por parte de los res- ponsables de la Unión Europea, de cuyo territorio somos una frontera más. Exhortamos a las autoridades a ser generosas en la acogida y en la cooperación con los países de ori- gen en orden a lograr unas socieda- des más humanas y más justas. 1.2. La corrupción, un mal moral 10. Los procesos de corrupción que se han hecho públicos, deri- vados de la codicia financiera y la avaricia personal, provocan alarma social y despiertan gran preocu- pación entre los ciudadanos. Esas prácticas alteran el normal desa- rrollo de la actividad económica, impidiendo la competencia leal y encareciendo los servicios. El en- riquecimiento ilícito que supone, constituye una seria afrenta para los que están sufriendo las estrecheces derivadas de la crisis; esos abusos quiebran gravemente la solidaridad y siembran la desconfianza social. Es una conducta éticamente repro- bable y un grave pecado. 11. La corrupción política, como enseña el Compendio de la Doctri- na Social de la Iglesia, «compro- mete el correcto funcionamiento del Estado, influyendo negativa- mente en la relación entre gober- nantes y gobernados; introduce una creciente desconfianza res- pecto a las instituciones públicas, 17 Cf. Francisco, Homilía en Lampedu- sa (2013). Blázquez, R. Discurso a la CV Asamblea Plenaria (2015).
336 La Cuestión Social Año 23, n. 4 337 La Cuestión Social Año 23, n. 4 causando un progresivo menos- precio de los ciudadanos por la política y sus representantes, con el consiguiente debilitamiento de las instituciones». 18 Es de justicia reconocer que la mayoría de nuestros políticos ejer- ce con dedicación y honradez sus funciones públicas; por eso, resulta urgente tomar las medidas adecua- das para poner fin a esas prácticas lesivas de la armonía social. La falta de energía en su erradicación puede abrir las puertas a indeseadas per- turbaciones políticas y sociales. Como pastores de la Iglesia que peregrina en España, consideramos esta situación como una grave de- formación del sistema político. 19 Es necesario que se produz- ca una verdadera regeneración moral a nivel personal y social y, como consecuencia, un mayor aprecio por el bien común; que sea verdadero soporte para la solidari- dad con los más pobres y favorezca la auténtica cohesión social. Dicha regeneración nace de las virtudes morales y sociales, se fortalece con la fe en Dios y la visión trascenden- te de la existencia, y conduce a un irrenunciable compromiso social por amor al prójimo. 20 18 Pontificio Consejo Justicia y Paz. Com- pendio de Doctrina Social de la Iglesia, 411. Cf. Bula Misericordiae vultus, 19. 19 Cf. Compendio de Doctrina Social de la Iglesia, n. 411. 20 Cf. Conferencia Episcopal Española, nota pastoral Una llamada a la solida- ridad y a la esperanza. CIV Asamblea Plenaria (2014). 1.3. El empobrecimiento espiritual 12. Por último, y determinando las pobrezas anteriores, nos referi- mos al empobrecimiento espiritual. Como pastores de la Iglesia pen- samos que, por encima de la pobre- za material, hay otra menos visible, pero más honda, que afecta a mu- chos en nuestro tiempo y que trae consigo serias consecuencias per- sonales y sociales. La indiferencia religiosa, el olvido de Dios, la lige- reza con que se cuestiona su exis- tencia, la despreocupación por las cuestiones fundamentales sobre el origen y destino trascendente del ser humano no dejan de tener in- fluencia en el talante personal y en el comportamiento moral y social del individuo. Lo afirmaba el beato Pablo VI citando a un importante teólogo conciliar: “Ciertamente, el hombre puede organizar la tierra sin Dios, pero, al fin y al cabo, sin Dios no puede menos de organi- zarla contra el hombre.” 21 La personalidad del hombre se enriquece con el reconocimiento de Dios. La fe en Dios da claridad y fir- meza a nuestras valoraciones éticas. El conocimiento del Dios amor nos mueve a amar a todo hombre; el sabernos criaturas amadas de Dios nos conduce a la caridad fraterna y, a su vez, el amor fraterno nos acer- ca a Dios y nos hace semejantes a Él. Es Jesucristo quien nos ha dado a conocer el rostro paternal de Dios. Ignorar a Cristo constituye una indi- 21 Pablo VI, Populorum progressio, 42. Cf. H. De Lubac, Le drame de l`humanisme athée, 3ª. Ed., Paris, Spes, 1945, 10. gencia radical. Como cristianos nos duele profundamente la pobreza de no conocerle. 22 Pero quien le conoce de verdad, inmediatamente lo reco- noce en todos los pobres, en todos los desfavorecidos, en los “pordio- seros” de pan o de amor, en las peri- ferias existenciales. Como señala el Concilio Vaticano II, “el misterio del hombre sólo se esclarece en el mis- terio del Verbo encarnado”. 23 13. Somos conscientes de que el empobrecimiento espiritual se da también en muchos bautizados que carecen de una suficiente formación cristiana y vivencia de la fe; esta fal- ta de base les convierte en víctimas fáciles de ideologías alicortas, tan propagadas como inconsistentes, que les conduce en ocasiones a una visión de las cosas y del mundo de espaldas a Dios, a un agnosticismo endeble. Nos están reclamando a gritos el beneficio de una nueva evangelización. Cuando los cristianos tienen la ex- periencia gozosa del encuentro con Jesucristo, alimentada por la oración, la Palabra de Dios y la participación fructuosa en los sacramentos, se acercan a la madre Iglesia deseosos de amarla más y de hacerla crecer; se empeñan en su edificación, viven una fe comprometida socialmente y aprenden a encontrar y a servir a Cristo en los pobres. 14. Los pobres también están ne- cesitados de nuestra solicitud espi- ritual. Comprobamos con dolor que 22 Cf. Francisco, Mensaje para la Cua- resma (2014). 23 Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, 22. “la peor discriminación que sufren es la falta de atención espiritual. La inmensa mayoría de los pobres tiene una especial apertura a la fe; necesi- tan a Dios y no podemos dejar de ofrecerles su amistad, su bendición, su Palabra, la celebración de los Sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y de madu- ración en la fe. La opción preferencial por los pobres debe traducirse prin- cipalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria”. 24 2. Factores que explican esta situación social 2.1. La negación de la prima- cía del ser humano 15. En el origen de la actual crisis económica hay una crisis previa: 25 “La negación de la primacía del ser humano”. 26 Esta negación es con- secuencia de negar la primacía de Dios en la vida personal y social. San Juan Pablo II habló de ‘estruc- turas de pecado’; dichas estructuras se fundan en el pecado personal y se refuerzan, se difunden y son fuente de otros pecados, condicio- nando la conducta de las personas y de los pueblos. 27 Un orden económico estableci- do exclusivamente sobre el afán de lucro y las ansias desmedidas 24 Francisco, Evangelii gaudium, 200. 25 Cf. Obispos de Navarra y del país vas- co. Carta conjunta de Cuaresma-Pas- cua “Una economía al servicio de las personas” (2011). 26 Francisco, Evangelii gaudium, 55. 27 Cf. San Juan Pablo II, Sollicitudo rei socialis, 36.
338 La Cuestión Social Año 23, n. 4 339 La Cuestión Social Año 23, n. 4 de dinero, sin consideración a las verdaderas necesidades del hom- bre, está aquejado de desequili- brios que las crisis recurrentes ponen de manifiesto. El hombre no puede ser considerado como un simple consumidor, capaz de ali- mentar con su voracidad crecien- te los intereses de una economía deshumanizada. Tiene necesida- des más amplias. Sin olvidar que “el objetivo exclusivo del beneficio, cuando es obtenido mal y sin el bien común como fin último, co- rre el riesgo de destruir riqueza y crear pobreza”. 28 Hoy imperan en nuestra sociedad las leyes inexo- rables del beneficio y de la com- petitividad. Como consecuencia, muchas personas se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin hori- zontes, sin salida. Parecía que todo crecimiento económico, favorecido por la economía de mercado, lo- graba por sí mismo mayor inclu- sión social e igualdad entre todos. Pero esta opinión ha sido desmen- tida muchas veces por la realidad. Se impone la implantación de una economía con rostro humano. 16. Urge recuperar una econo- mía basada en la ética y en el bien común por encima de los intere- ses individuales y egoístas. El Papa Francisco ilumina el contenido de esta primacía: “Afirmar la dignidad de la persona significa reconocer el valor de la vida humana, que se nos da gratuitamente y, por eso, no puede ser objeto de intercambio o de comercio (…) preocuparse de la fragilidad, de la fragilidad de los 28 Benedicto XVI, Caritas in veritate, 21. pueblos y de las personas. Cuidar la fragilidad quiere decir fuerza y ter- nura, lucha y fecundidad, en medio de un modelo funcionalista y priva- tista que conduce inexorablemente a la ‘cultura del descarte’. Cuidar de la fragilidad, de las personas y de los pueblos significa proteger la memo- ria y la esperanza; significa hacerse cargo del presente en su situación más marginal y angustiante y ser capaz de dotarlo de dignidad”. 29 2.2. La cultura de lo inmedia- to y de la técnica 17. La inmediatez parece haberse apoderado de la vida pública, de la vida privada, de las relaciones so- ciales y de las instituciones. Como denuncia el Papa Francisco: “en la cultura predominante, el pri- mer lugar está ocupado por lo exterior, lo inmediato, lo visible, lo rápido, lo superficial, lo pro- visorio. Lo real cede el lugar a la apariencia”. 30 En la cultura del aquí y del ahora, no hay espacio para la solidaridad con los otros, con los que se encuentran lejos o con los que vendrán más adelante. Incluso nos mostramos comprensivos, por no decir permisivos, con decisiones que no responden a criterios éticos, pero que son acordes con la lógica pragmática que parece inundar nuestro día a día. Ese pragmatismo nos invita a no asumir proyectos que conlleven renuncia, salvo que el esfuerzo invertido tenga una com- pensación rápida y suficiente. 29 Francisco, Discurso al Parlamento Eu- ropeo. n. 8 (2014). 30 Francisco, Evangelii gaudium, 62. 18. En la sociedad del conocimiento, la técnica parece ser la razón última de todo lo que nos rodea. La misma crisis actual no es entendida como un fenómeno de carácter moral, sino como una crisis de crecimiento, de aplicación correcta de las reformas, en definitiva, como un problema de orden exclusivamente técnico. El desarrollo técnico parece ser la panacea para resolver todos nuestros males. Pero la técnica no es la medida de todas las cosas, sino el ser humano y su dignidad. En efecto, sin un fortalecimiento de la conciencia moral de nuestros ciudadanos, el control automático del mercado siempre será insufi- ciente, como se viene demostrando repetidamente. En este sentido, re- sultan difíciles de justificar apues- tas educativas que privilegian lo científico y lo técnico en detri- mento de contenidos humanistas, morales y religiosos que podrían colaborar con la solución. 31 2.3. Un modelo centrado en la economía 19. Gran parte de la pobreza que actualmente existe en nues- tro pueblo tiene que ver con la crisis que estamos viviendo y con la vigente situación social. Esta crisis es difícilmente explicable sin adoptar una perspectiva global que se extienda más allá de nuestras fronteras, pero algunas caracterís- ticas de la misma son específicas de nuestro país. Entre nosotros, las cau- 31 Cf. Benedicto XVI, Mensaje a la dióce- sis de Roma sobre la tarea urgente de la educación (2008). sas de la actual situación, según los expertos, son, entre otras, la explo- sión de la burbuja inmobiliaria, un endeudamiento excesivo y, también, la insuficiente regulación y supervi- sión que han conducido a efectuar recortes generalizados en los ser- vicios, al asumir el endeudamiento público y privado, por lo que las pérdidas se han socializado, aunque los beneficios no se compartieron. Lo que la crisis ha puesto de mani- fiesto es que en nuestra economía, en época de recesión, se acrecienta la pobreza sin que llegue a recupe- rarse en la misma medida en épo- cas expansivas. La crisis no ha sido igual para to- dos. De hecho, para algunos, apenas han cambiado las cosas. 32 Todos los datos oficiales muestran el aumento de la desigualdad y de la exclusión social, lo que representa sin duda una seria amenaza a largo plazo. 20. Aspectos como la lucha contra la pobreza, un ideal compartido de justicia social y de solidaridad —que deberían centrar nuestro proyecto como nación—, se sacrifican en aras del crecimiento económico. Tanto el diagnóstico explicativo de la cri- sis como las propuestas de solución provenientes de la política econó- mica se nos han presentado en un marco de funcionamiento económi- co inevitable, cuando, en realidad, ha sido el comportamiento irracional o inmoral de los individuos o las insti- tuciones la causa principal de la si- 32 Cf. OCDE, “Income Inequality Update- June 2014”. Según este informe, el 10% de las rentas más altas de España se ha librado de los efectos de la crisis.
340 La Cuestión Social Año 23, n. 4 341 La Cuestión Social Año 23, n. 4 tuación económica actual. Ante este “mal funcionamiento”, la única solu- ción aplicada ha sido la de las refor- mas y los reajustes. Si la crisis se ha desencadenado entre nosotros con rapidez, ha sido en gran medida por dar prioridad a una determinada forma de eco- nomía basada exclusivamente en la lógica del crecimiento, en la convic- ción de que “más es igual a mejor”. Sin duda, es el modelo mismo el que corresponde revisar. 2.4. La idolatría de la lógica mercantil 21. La extensión ilimitada de la lógica mercantil se acaba convir- tiendo en una idolatría que tiene consecuencias no sólo económicas, sino también éticas y culturales; en lugar de tener fe en Dios, se prefie- re adorar a un ídolo que nosotros mismos hemos hecho. 33 Es la nueva versión del antiguo becerro de oro, el fetichismo del dinero, la dictadu- ra de una economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano. 34 La realidad ha puesto ante nuestros ojos la lógica econó- mica en su dimensión idolátrica. 35 La ideología que defiende la auto- nomía absoluta de los mercados y de la actividad financiera instaura una tiranía invisible que impone unilateralmente sus leyes y sus re- glas. 36 “Cuando esto sucede estamos ante una verdadera idolatría en la que al dinero se le rinde culto y se 33 Cf. Francisco, Lumen fidei,13. 34 Cf. Francisco, Evangelii gaudium, 55. 35 Cf. San Juan Pablo II, Centesimus annus, 40. 36 Cf. Francisco, Evangelii gaudium, 56. le ofrecen sacrificios; a la postre, es el rendimiento económico el que da fundamento a nuestra existencia y dictamina la bondad o maldad de nuestras acciones e incluso la acti- vidad política se convierte en una tecnocracia o pura gestión y no en una empresa de principios, valores e ideas”. 37 22. Se dice que la economía tie- ne su propia lógica que no puede mezclarse con cuestiones ajenas, por ejemplo, éticas. Ante afirma- ciones como ésta, es necesario reaccionar recuperando la dimen- sión ética de la economía, y de una ética amiga de la persona, pues “la ética lleva a un Dios que espera una respuesta comprome- tida que está fuera de las catego- rías del mercado”. 38 “La exigencia de la economía de ser autónoma, de no estar sujeta a injerencias de carácter moral, ha llevado al hom- bre a abusar de los instrumentos económicos, incluso de manera destructiva”. 39 ¿No es eso destruir y sacrificar al ser humano en aras de intereses perversos? La actividad económica, por sí sola, no puede resolver todos los problemas sociales; su recta ordenación al bien común es in- cumbencia sobre todo de la co- munidad política, la que no debe eludir su responsabilidad en esta materia. “Por tanto, se debe tener presente que separar la gestión 37 Blázquez R., Discurso inaugural de la CV Asamblea Plenaria de la Conferen- cia Episcopal Española (20-4-2015). 38 Francisco, Evangelii gaudium, 57. 39 Benedicto XVI, Caritas in Veritate, 34. económica, a la que corresponde- ría únicamente producir riqueza, de la acción política, que tendría el papel de conseguir la justicia me- diante la redistribución, es causa de graves desequilibrios”. 40 Esta tarea de restablecer la justi- cia mediante la redistribución está especialmente indicada en momen- tos como los que estamos viviendo. Es importante para la armonía de la vida social. “La dignidad de cada persona humana y el bien común son cuestiones que deberían es- tructurar toda política económica, pero a veces parecen sólo apéndices agregados desde fuera para comple- tar un discurso político sin perspec- tivas ni programas de verdadero desarrollo integral”. 41 3. Principios de doctrina so- cial que iluminan la realidad La Iglesia, maestra de humanidad, ha venido elaborando a lo largo de los siglos un corpus doctrinal cuyos principios nos orientan en la recta ordenación de las relaciones huma- nas y de la sociedad, y nos permiten formar un juicio moral sobre las realidades sociales. Para evaluar la actual situación evocamos algunos. 3.1. La dignidad de la persona 23. La primacía en el orden social la tiene la persona. La economía está al servicio de la persona y de su desarrollo integral. 42 El hombre no es un instrumento al servicio de 40 Benedicto XVI, Caritas in Veritate, 36. 41 Francisco, Evangelii gaudium, 203. 42 Cf. Francisco, Evangelii gaudium, 55. la producción y del lucro. Detrás de la actual crisis, lo que se escon- de es una visión reduccionista del ser humano que lo considera como simple homo oeconomicus, capaz de producir y consumir. Necesitamos un modo de desarrollo que ponga en el centro a la persona; ya que, si la economía no está al servicio del hombre, se convierte en un factor de injusticia y exclusión. El hombre necesita mucho más que satisfacer sus necesidades primarias. 24. El documento La Iglesia y los pobres recordaba hace 20 años que nuestro servicio a la liberación del pobre debe ser integral y, en con- secuencia, “lo que debemos evitar siempre es hacer un uso parcial y exclusivista del concepto de libera- ción reduciéndolo solamente a lo espiritual o a lo material, a lo indi- vidual o a lo social, a lo eterno o a lo temporal”. 43 3.2. El destino universal de los bienes 25. En una cultura que excluye y olvida a los más pobres, hasta el punto de considerarlos un desecho para esta sociedad del consumo y del bienestar, es urgente tomar conciencia de otro principio básico de la doctrina social de la Iglesia: el destino universal de los bienes. “No se debe considerar a los pobres como un ‘fardo’, sino como una ri- queza incluso desde el punto de vis- ta estrictamente económico”. 44 43 Comisión Ep. de Pastoral Social (CEE), La Iglesia y los pobres, 144 (1994). 44 Benedicto XVI, Caritas in Veritate, 15.
342 La Cuestión Social Año 23, n. 4 343 La Cuestión Social Año 23, n. 4 En la Sagrada Escritura se afirma repetidamente que la tierra es crea- ción de Dios, que desea que todos sus hijos disfruten de ella por igual. 45 Se dictan leyes para que, periódica- mente, en los años jubilares se res- tablezca la igualdad y todos tengan acceso a los bienes 46 y se recuerda que la tierra debe tener una función social. 47 En ocasiones se ve cómo Dios levanta su voz, por medio de los profetas, contra la acumulación de los bienes en pocas manos. 48 Y Jesús se aplica a sí mismo la misión de pro- clamar un año de gracia del Señor, es decir, la tarea de implantar la justicia rehaciendo la igualdad. 49 Los Padres de la Iglesia, inspi- rados en la Biblia, denunciaron la acumulación de bienes por parte de algunos mientras otros vivían en la pobreza. San Juan Crisósto- mo afirmaba que “no hacer parti- cipar a los pobres de los propios bienes es robarles y quitarles la vida. Lo que poseemos no son bienes nuestros sino los suyos” 50 y san Agustín decía que cuando tú tienes y tu hermano no, ocurren dos cosas: “Él carece de dinero y tú de justicia”. 51 San Gregorio Magno con- cluía que “cuando suministramos algunas cosas necesarias a los in- digentes, les devolvemos lo que es suyo, no damos generosamente de lo nuestro: satisfacemos una obra 45 Cf. Lev 25,23; Jos 22,19; Os 9,3; Ez 36,5. 46 Cf. Lev 25,8-13 y 23-28. 47 Cf. Lev 19,9-10; 23, 22. 48 Cf. Is 5,8-9; Am 8,4-7. 49 Cf. Lc 4,18-19. 50 In Lazarum, concio 2,6. En Catecismo de la Iglesia Católica, 2446. 51 Sermón 239, 4: PL 38,1126. de justicia, más que hacer una obra de misericordia”. 52 26. La doctrina social de la Iglesia, arraigada en esta tradición, ha afir- mado claramente el destino univer- sal de los bienes: “Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes crea- dos deben llegar a todos de forma equitativa bajo la égida de la justicia y con la compañía de la caridad”. 53 Igualmente, ha recordado que la pro- piedad privada no es un derecho ab- soluto e intocable, sino subordinado al destino universal de los bienes. 54 Como expresó tan claramente san Juan Pablo II, sobre toda propiedad privada “grava una hipoteca social”. 55 El destino universal de los bienes hay que extenderlo hoy a los fru- tos del reciente progreso económico y tecnológico, que no deben consti- tuir un monopolio exclusivo de unos pocos, sino que han de estar al servi- cio de las necesidades primarias de todos los seres humanos. Esto nos exige velar especialmente por aque- llos que se encuentran en situación de marginación o impedidos para lograr un desarrollo adecuado. 3.3. Solidaridad, defensa de los derechos y promoción de deberes 27. Necesitamos repensar el con- cepto de ‘solidaridad’ para respon- 52 Regula pastoralis 3,21: PL 77,87. 53 Conc. Ecum. Vat. II, Gaudium et spes, 69. 54 Cf. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 177 (2005). 55 San Juan Pablo II, Sollicitudo rei socialis, 42. der adecuadamente a los problemas actuales. Nos ayudarán dos citas. La primera está tomada de san Juan Pa- blo II: “La solidaridad no es, pues, un sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o leja- nas. Al contrario, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente res- ponsables de todos”. 56 La segunda es del Papa Francisco: “La palabra ‘so- lidaridad’ está un poco desgastada y a veces se la interpreta mal, pero es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad. Supo- ne crear una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos so- bre la apropiación de los bienes por parte de algunos”. 57 28. Debemos recordar que es la comunidad política —por la acción de los legisladores, los gobiernos y los tribunales— la que tiene la responsabilidad de garantizar la realización de los derechos de sus ciudadanos; a sus gestores, en pri- mer lugar, les incumbe la tarea de promover las condiciones necesa- rias para que, con la colaboración de toda la sociedad, los derechos económico-sociales puedan ser satisfechos, como el derecho al trabajo digno, a una vivienda ade- cuada, al cuidado de la salud, a una educación en igualdad y libertad. La implantación de un sistema fiscal eficiente y equitativo es pri- 56 San Juan Pablo II, Sollicitudo rei so- cialis, 38. 57 Francisco, Evangelii gaudium, 188, 189. mordial para conseguirlo. Para garantizar otros derechos funda- mentales —como la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural— es necesario, además, la efectiva voluntad po- lítica de establecer la legislación pertinente y, en especial, la referi- da a la protección de la infancia y la maternidad. 29. El ser humano no es sólo su- jeto de derechos, también lo es de deberes; al derecho de uno respon- de el deber correlativo de otro. En particular, los derechos económico- sociales no pueden realizarse si todos y cada uno de nosotros no co- laboramos y aceptamos las cargas que nos corresponden; requieren de bienes materiales para satisfa- cerlos, y éstos son fruto del trabajo diligente del hombre. Debemos advertir que “lamen- tablemente, aun los derechos hu- manos pueden ser utilizados como justificación de una defensa exa- cerbada de los derechos individua- les o de los derechos de los pueblos más ricos (…) Hay que recordar siempre que el planeta es de toda la humanidad y para toda la huma- nidad, y que el solo hecho de haber nacido en un lugar con menores recursos o menor desarrollo no justifica que algunas personas vi- van con menor dignidad. Hay que repetir que los más favorecidos deben renunciar a algunos de sus derechos para poner con mayor li- beralidad sus bienes al servicio de los demás”. 58 58 Francisco, Evangelii gaudium, 190.
344 La Cuestión Social Año 23, n. 4 345 La Cuestión Social Año 23, n. 4 3.4. El bien común 30. Una exigencia moral de la ca- ridad es la búsqueda del bien co- mún. Éste “es el bien de ese ‘todos nosotros’, formado por individuos, familias y grupos intermedios que se unen en comunidad social. (...) De- sear el bien común y esforzarse por él es exigencia de justicia y caridad. Trabajar por el bien común es cui- dar, por un lado, y utilizar, por otro, ese conjunto de instituciones que estructuran jurídica, civil, política y culturalmente la vida social, que se configura así como pólis, como ciu- dad. Se ama al prójimo tanto más eficazmente, cuanto más se trabaja por un bien común que responda también a sus necesidades reales. Todo cristiano está llamado a esta caridad, según su vocación y sus posibilidades de incidir en la pólis. Ésta es la vía institucional —tam- bién política, podríamos decir— de la caridad”. 59 Una caridad que, en una sociedad globalizada, ha de buscar el bien común de toda la familia huma- na, es decir, de todos los hombres y de todos los pueblos y naciones. “No se trata sólo ni principalmente de suplir las deficiencias de la justicia, aunque en ocasiones es necesario hacerlo. Ni mucho menos se trata de encubrir con una supuesta caridad las injusticias de un orden estableci- do y asentado en profundas raíces de dominación o explotación. Se trata más bien de un compromiso activo y operante, fruto del amor cristiano a los demás hombres, considera- dos como hermanos, en favor de un 59 Benedicto XVI, Caritas in veritate, 7. Cf. Concilio Vat. II. Gaudium et spes, 26. mundo justo y más fraterno, con es- pecial atención a las necesidades de los más pobres”. 60 3.5. El principio de subsidiariedad 31. Este principio regula las fun- ciones que corresponden al Estado y a los cuerpos sociales intermedios permitiendo que éstos puedan de- sarrollar su función sin ser anula- dos por el Estado u otras instancias de orden superior. 61 Y, al distribuir la compleja red de relaciones que forman el tejido social, la subsidia- riedad nos hace sentirnos como personas activas y responsables que viven y se realizan en las dis- tintas comunidades y asociacio- nes, de orden familiar, educativo, religioso, cultural, recreativo, de- portivo, económico, profesional o político. Estas instituciones surgen espontáneamente como resultado de las necesidades del hombre y de su tendencia asociativa y vertebran la necesaria sociedad civil que to- dos estamos llamados a promover y fortalecer. El principio de subsidiariedad establece un contrapunto a las ten- dencias totalitarias de los Estados y permite un justo equilibrio entre la esfera pública y la privada; recla- ma del Estado el aprecio y apoyo a las organizaciones intermedias y el fomento de su participación 60 Conferencia Episcopal Española. Los ca- tólicos en la vida pública, 61 (1986). 61 Cf. Pío XI, Quadragesimo anno, 79. Ca- tecismo de la Iglesia Católica, nn.1883- 1885 y Compendio de la Doctrina social de la Iglesia, 160.185. en la vida social. Pero nunca será un pretexto para descargar sobre ellas sus obligaciones eludiendo las responsabilidades que al Estado le son propias; fenómeno que está comenzando a suceder en la medi- da en que los organismos públicos pretenden desentenderse de los problemas transfiriendo a institu- ciones privadas, servicios sociales básicos como, por ejemplo, la aten- ción social a transeúntes. 3.6. El derecho a un trabajo digno y estable 32. La política más eficaz para lograr la integración y la cohesión social es la creación de empleo. Pero, para que el trabajo sirva para realizar a la persona, además de satisfacer sus necesidades básicas, ha de ser un trabajo digno y esta- ble. Benedicto XVI lanzó un llama- miento para “una coalición mundial a favor del trabajo decente”. 62 La apuesta por esta clase de trabajo es el empeño social por que todos pue- dan poner sus capacidades al servi- cio de los demás. Un empleo digno nos permite desarrollar los propios talentos, nos facilita su encuentro con otros y nos aporta autoestima y reconocimiento social. La política económica debe estar al servicio del trabajo digno. 63 Es imprescindible la colaboración de todos, especialmente de empresa- rios, sindicatos y políticos, para ge- nerar ese empleo digno y estable, y contribuir con él al desarrollo de las 62 Cf. Benedicto XVI, Caritas in veritate, 63. 63 Cf. San Juan Pablo II, Laborem exercens, 63. personas y de la sociedad. Es una destacada forma de caridad y justi- cia social. 4. Propuestas esperanza- doras desde la fe 33. Ante la ardua tarea que debe- mos afrontar, necesitamos levantar la mirada y acudir a Dios para que Él nos inspire. Estamos convencidos de que la apertura a la trascenden- cia puede formar una nueva men- talidad política y económica que ayude a superar la dicotomía abso- luta entre la economía y el bien co- mún social. 64 En la Palabra de Dios encontramos luz suficiente para ordenar las cuestiones sociales. El Evangelio ilumina el cambio e in- funde esperanza. Ofrecemos algunas pautas para el compromiso caritativo, social y político en el momento histórico que nos toca vivir. Deseamos que estas propuestas sirvan para avi- var la esperanza en los corazones y para ayudar a construir juntos espacios de solidaridad, tanto en nuestra sociedad como, especial- mente, en el interior de nuestras comunidades eclesiales, que han de ser casas de misericordia. 65 La Iglesia ha sido, desde su na- cimiento, una comunidad que ha vivido el amor. En ella se ha ama- do y servido a todos, especialmen- te a los más pobres, a quienes ya los Santos Padres consideraban el ‘tesoro de la Iglesia’. Los monaste- rios han socorrido siempre a las 64 Cf. Francisco, Evangelii gaudium, 205. 65 Cf. Francisco, Mensaje para la Cuares- ma, 2015, nº 2.
346 La Cuestión Social Año 23, n. 4 347 La Cuestión Social Año 23, n. 4 personas necesitadas y han trans- mitido gratuitamente la cultura y el cultivo de la tierra. Las prime- ras universidades, al igual que los primeros hospitales y centros de atención sanitaria, han nacido de la mano de la Iglesia. Las di- versas congregaciones religiosas, las cofradías y en general todas las instituciones eclesiales tienen como fin el ejercicio de la caridad. La Iglesia es caridad. Lo ha sido, lo es y será siempre, si quiere ser la Iglesia de Cristo que dio su vida por todos. Cáritas, Manos Unidas y otras organizaciones de la Iglesia especialmente vinculadas a Insti- tutos de vida consagrada, gozan de un bien ganado prestigio por su cercanía, atención y promoción de los más pobres. 4.1. Promover una actitud de continua renovación y con- versión 34. La solidaridad de Jesús con los hombres y, sobre todo, con los pobres de su tiempo, le llevó a comenzar su misión invitando a la conversión: “Se ha cumplido el tiempo y está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creed en el Evan- gelio” (Mc 1,15). También nosotros, si queremos ser hoy buena noticia para los pobres y hacerles presen- te el Evangelio del amor compasivo y misericordioso de Dios, tenemos que ponernos en actitud de con- versión, tal como nos lo propone el Papa Francisco: “Espero que todas las comunidades procuren poner los medios necesarios para avanzar en el camino de una pastoral de conver- sión y misionera que no puede dejar las cosas como están”. 66 Esta llamada a cambiar nos afecta a todos, per- sonas e instituciones, y en todos los niveles de la existencia: personales, sociales e institucionales. La conversión, si es auténtica, trae consigo una esmerada solici- tud por los pobres desde el encuen- tro con Cristo. En la medida en que nos adhiramos más a Cristo, en la medida en que nos conformemos más a Él, de manera que veamos con sus ojos, escuchemos con sus oídos y sintamos con su corazón, nuestra caridad será más activa y más eficaz. Cuanto más identifica- dos estemos con los sentimientos de Cristo Jesús, 67 más encendido será nuestro amor a los hermanos. La conversión a Cristo ha de ir de la mano de un retorno solícito a los que necesitan nuestro auxilio. Por otro lado, al contemplar las penurias y estrecheces de los des- favorecidos con los ojos de Cristo, se reaviva nuestra caridad y crece nuestra identificación con Él. 35. Cada cristiano y cada comuni- dad estamos llamados a ser instru- mentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamen- te en la sociedad. Esto nos obliga a cambiar, a salir a las periferias para acompañar a los excluidos y a desa- rrollar iniciativas innovadoras que pongan de manifiesto que es posible organizar la actividad económica de acuerdo con modelos alternativos a los egoístas e individualistas. 66 Francisco, Evangelii gaudium, 25. 67 Cf. Flp 2, 5. Sin la opción preferencial por los más pobres, “el anuncio del Evange- lio, aun siendo la primera caridad, corre el riesgo de ser incomprendi- do o de ahogarse en el mar de pa- labras al que la actual sociedad de la comunicación nos somete cada día”. 68 Si el Evangelio que anuncia- mos no se traduce en buena noticia para los pobres, pierde autenticidad y credibilidad. El servicio privilegia- do a los pobres está en el corazón del Evangelio. Pero, si realmente los pobres ocu- pan ese lugar privilegiado en la misión de la Iglesia, nuestra progra- mación pastoral no podrá hacerse nunca al margen de ellos; han de ser no sólo destinatarios de nuestro ser- vicio, sino motivo de nuestro com- promiso, configuradores de nuestro ser y nuestro hacer. Deseamos una sociedad que se preocupe de todas las personas y que muestre especial interés por los más débiles. Una so- ciedad que se esfuerce por acabar con las pobrezas, antiguas y nuevas. “El Hijo de Dios, en su encarnación, nos invitó a la revolución de la ter- nura”, nos dice el Papa Francisco. 69 4.2. Cultivar una sólida espi- ritualidad que dé consisten- cia y sentido a nuestro com- promiso social 36. La caridad “es una fuerza que tiene su origen en Dios, Amor eter- no y Verdad absoluta (…) de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terrenal y, sobre todo, con su 68 Francisco, Evangelii gaudium, 199. 69 Francisco, Evangelii gaudium, 88. Cf. también 270, 274, 279, 288. muerte y resurrección”. 70 Como dice san Juan, es la experiencia de ser amados por Dios la que nos posibi- lita amar a los hermanos. 71 Por eso, la caridad hunde sus raíces en la fe en Dios: “La experiencia de un Dios uno y trino, que es unidad y comu- nión inseparable, nos permite supe- rar el egoísmo para encontrarnos plenamente en el servicio al otro”. 72 37. Nuestras instituciones de ca- ridad y de compromiso social, como Cáritas y Manos Unidas y otras aso- ciaciones eclesiales, están llamadas a vivir una profunda espiritualidad. Por eso, en el documento La Igle- sia y los pobres se advirtió ya que “más de una vez, dentro de la Igle- sia, hemos caído en la tentación de contraponer la vida activa y la con- templativa, el compromiso y la ora- ción y, más concretamente, hemos considerado la lucha por la justicia social y la vida espiritual como dos realidades no sólo diferentes —que sí lo son en cuanto a su objeto inme- diato—, sino independientes y has- ta contrarias, cuando no lo son en modo alguno, sino más bien com- plementarias y vinculadas entre sí”. 73 Es el Amor personificado de Dios —el Espíritu Santo— “el que transforma y purifica los corazones de los discípulos, cambiándolos de egoístas y cobardes en generosos y valientes; de estrechos y calcula- 70 Benedicto XVI, Caritas in veritate, 1. 71 Cf. 1Jn 4, 10.16. 72 Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Apareci- da. Documento conclusivo, 240 (2007). 73 Comisión Episcopal de Pastoral Social (CEE), La iglesia y los pobres, 130.
348 La Cuestión Social Año 23, n. 4 349 La Cuestión Social Año 23, n. 4 dores, en abiertos y desprendidos; el que con su fuego encendió en el hogar de la Iglesia la llama del amor a los necesitados hasta darles la vida”. 74 Es muy importante no diso- ciar acción y contemplación, lucha por la justicia y vida espiritual. Esta- mos llamados a ser evangelizadores con Espíritu, evangelizadores que oran y trabajan. “Siempre hace falta cultivar un espacio interior que dé sentido al compromiso”. 75 En el compromiso caritativo y so- cial hemos de estar muy atentos al Espíritu que lo anima y alienta: “El Espíritu es también la fuerza que transforma el corazón de la comuni- dad eclesial para que sea en el mun- do testigo del amor del Padre, que quiere hacer de la humanidad, en su Hijo, una sola familia”. 76 Y es este mismo Espíritu el que obró la encar- nación del Verbo en las entrañas de María, el artífice de la encarnación del amor de Dios en la Iglesia. 77 La Iglesia puede y debe hacer suya la proclamación de Jesús en la sinagoga de Nazaret al comien- zo de su vida pública. Comentando el texto de Isaías dice: “El Espíritu del Señor está sobre mí, / porque me ha ungido / para anunciar a los pobres la Buena Nueva, / me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos / y la vista a los ciegos, / para dar la libertad a los oprimi- dos / y proclamar un año de gra- cia del Señor”. Y añadió después, al comenzar su comentario: “Esta 74 Ibid. 75 Francisco, Evangelii gaudium, 262. 76 Benedicto XVI, Deus caritas est, 19. 77 Cf. Comisión Episcopal de Pastoral So- cial (CEE), La iglesia y los pobres, 23. Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy”. 78 38. La espiritualidad que anima a los que trabajan en el campo carita- tivo y social no es una espiritualidad más. Posee características particula- res que nacen del Evangelio y de la realidad en que se vive y actúa, y que hemos de cultivar: una espirituali- dad trinitaria que hunde sus raíces en la entraña de nuestro Dios, una espiritualidad encarnada y de ojos y oídos abiertos a los pobres, una espi- ritualidad de la ternura y de la gracia, una espiritualidad transformadora, pascual y eucarística. La unión con Cristo que se reali- za en el sacramento de la Eucaristía es, al mismo tiempo, unión con to- dos los hermanos. Cristo refuerza la comunión y apremia a la recon- ciliación y al compromiso por la justicia. La vivencia del misterio de la Eucaristía, alimento de la verdad, nos capacita e impulsa a realizar un trabajo audaz y comprometido para la trasformación de las estructuras de este mundo. 79 4.3. Apoyarse en la fuerza transformadora de la evange- lización 39. Los problemas sociales tienen, como ya hemos señalado, causas más profundas que las puramente materiales. Tienen su origen “en la falta de fraternidad entre los hom- bres y los pueblos”. 80 Derivan de la 78 Lc 4, 18-21. 79 Cf. Benedicto XVI, Sacramentum carita- tis, 89-91. 80 Benedicto XVI, Caritas in veritate, 19. ausencia de un verdadero “huma- nismo que permita al hombre ha- llarse a sí mismo, asumiendo los valores espirituales superiores del amor, de la amistad, de la ora- ción y de la contemplación”. 81 Por eso, la proclamación del Evangelio, fermento de libertad y de fraterni- dad, ha ido acompañado siempre de la promoción humana y social de aquellos a los que se anuncia. El Evangelio afecta al hombre en- tero, lo interpela en todas sus es- tructuras: personales, económicas y sociales. Entre la evangelización y la promoción humana existen la- zos muy fuertes. La evangelización —la proclamación de la buena no- ticia del Reino de Dios— tiene una clara implicación social. 82 40. El Papa Benedicto XVI nos explica claramente la interrelación entre las funciones de la Iglesia: “La naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en una triple tarea: anun- cio de la Palabra de Dios (keryg- ma-martyria), celebración de los Sacramentos (leiturgia) y servicio de la caridad (diakonia). Son tareas que se implican mutuamente y no pueden separarse una de otra. Para la Iglesia, la caridad no es una espe- cie de actividad de asistencia social que también se podría dejar a otros, sino que pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia. La Iglesia es la fa- milia de Dios en el mundo. En esta familia no debe haber nadie que sufra por falta de lo necesario. Pero, al mismo tiempo, la caritas-agapé 81 Pablo VI, Populorum progressio, 20. 82 Cf. Francisco, Evangelii gaudium, 176. supera los confines de la Iglesia”. 83 El compromiso social en la Iglesia no es algo secundario u opcional, sino algo que le es consustancial y pertenece a su propia naturaleza y misión. El Dios en el que creemos es el defensor de los pobres. La Iglesia nos llama al compromi- so social. Un compromiso social que sea transformador de las personas y de las causas de las pobrezas, que denuncie la injusticia, que alivie el dolor y el sufrimiento y sea capaz también de ofrecer propuestas con- cretas que ayuden a poner en prác- tica el mensaje transformador del Evangelio y asumir las implicaciones políticas de la fe y de la caridad. 84 4.4. Profundizar en la dimen- sión evangelizadora de la caridad y de la acción social 41. La Iglesia existe para evan- gelizar, nuestra misión es hacer presente la buena noticia del amor de Dios manifestado en Cristo; es- tamos llamados a ser un signo en medio del mundo de ese amor di- vino. El servicio caritativo y social expresa el amor de Dios. Es evan- gelizador y muestra de la fraterni- dad entre los hombres, base de la convivencia cívica y fuerza motriz de un verdadero desarrollo. Si Dios es amor, el lenguaje que mejor evangeliza es el del amor. Y el medio más eficaz de llevar a cabo esta tarea en el ámbito social es, en primer lugar, el testimonio de nuestra vida, sin olvidar el anuncio explícito de Jesucristo. “Hablamos 83 Benedicto XVI, Deus caritas est, 25. 84 Cf. Pablo VI, Populorum progressio, 75.
350 La Cuestión Social Año 23, n. 4 351 La Cuestión Social Año 23, n. 4 de Dios cuando nuestro compro- miso hunde sus raíces en la entraña de nuestro Dios y es fuente de fra- ternidad; cuando nos hace fijarnos los unos en los otros y cargar los unos con los otros; cuando nos ayu- da a descubrir el rostro de Dios en el rostro de todo ser humano y nos lleva a promover su desarrollo inte- gral; cuando denuncia la injusticia y es transformador de las personas y de las estructuras; cuando en una cultura del éxito y de la rentabilidad apuesta por los débiles, los frágiles, los últimos; cuando se vive como don y ayuda a superar la lógica del mercado con la lógica del don y de la gratuidad; cuando se vive en comu- nión, cuando contribuye a configurar una Iglesia samaritana y servidora de los pobres y lleva a compartir los bienes y servicios; cuando se hace vida gratuitamente entregada, alimentada y celebrada en la Euca- ristía; cuando nos hace testigos de una experiencia de amor de la que hemos sido hechos protagonistas, y abre caminos, con obras y palabras, a la experiencia del encuentro con Dios en Jesucristo”. 85 42. No podemos olvidar que la Iglesia existe, como Jesús, para evangelizar a los pobres y levantar a los oprimidos y que evangelizar en el campo social es trabajar por la justicia y denunciar la injusti- cia. 86 Nuestra caridad no puede ser meramente paliativa, debe de 85 Aportación de Caritas Internationalis al Sínodo sobre la nueva evangeliza- ción para la transmisión de la fe, 2012. 86 Cf. Comisión Episcopal de Pastoral So- cial (CEE), La iglesia y los pobres, 46. ser preventiva, curativa y proposi- tiva. La voz del Señor nos llama a orientar toda nuestra vida y nues- tra acción “desde la realidad trans- formadora del Reino de Dios”. 87 Esto implica que el amor a quienes ven vulnerada su vida, en cualquie- ra de sus dimensiones, “requiere que socorramos las necesidades más urgentes, al mismo tiempo que colaboramos con otros orga- nismos e instituciones para orga- nizar estructuras más justas”. 88 43. El acompañamiento es otra forma muy válida de presentar el Evangelio. No todos tenemos po- sibilidad de anunciar a Jesucristo promoviendo grandes obras socia- les, pero sí que podemos hacerlo en el encuentro con el hermano, acompañándolo en sus dificulta- des, compartiendo con él sueños y esperanzas, haciendo juntos el camino del crecimiento humano integral y liberador; obrando así hacemos presente la Buena Noticia del amor del Padre. 44. El recto ejercicio de la función pública representa una forma ex- quisita de caridad. Es preciso que el impulso de la caridad se manifieste eficazmente en el modo justo de gobernar, en la promoción de polí- ticas fiscales equitativas, en propi- ciar las reformas necesarias para una razonable distribución de los bienes, en la efectiva supervisión de las instituciones bancarias, en 87 Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Apareci- da. Documento conclusivo, 382 (2007). 88 Ibid., 384. la humanización del trabajo indus- trial, en la regulación de los flujos migratorios, en la salvaguardia del medioambiente, en la universaliza- ción de la sanidad y la educación, protección social, pensiones y ayu- da a la discapacidad. Que mueva a los depositarios del poder político a colaborar estrechamente con otros gobiernos para resolver aquellos problemas que, en una economía globalizada, superan el control de los Estados particulares. Y a coo- perar en el pronto establecimiento de una autoridad política mundial, reconocida por todos y dotada de poder efectivo capaz de garantizar a cada uno la seguridad, el cumpli- miento de la justicia y el respeto de los derechos y de la paz. 89 45. Tenemos, además, el reto de ejercer una caridad más profética. No podemos callar cuando no se reconocen ni respetan los derechos de las personas, cuando se permite que los seres humanos no vivan con la dignidad que merecen. Debemos elevar el nivel de exigencia moral en nuestra sociedad y no resignarnos a considerar normal lo inmoral. Por- que la actividad económica y polí- tica tienen requerimientos éticos ineludibles, los deberes no afectan sólo a la vida privada. La caridad social nos urge a buscar propuestas alternativas al actual modo de pro- ducir, de consumir y de vivir, con el fin de instaurar una economía más humana en un mundo más fraterno. 89 Cf. Benedicto XVI. Caritas in Veritate, 67. 4.5. Promover el desarrollo integral de la persona y afron- tar las raíces de las pobrezas 46. El aumento de la pobreza en esta crisis ha obligado a las institu- ciones de la Iglesia a dar una res- puesta urgente de primera asistencia —reparto de comida, ropa, pago de medicamentos, de alquileres y otros consumos— que considerábamos ya superadas en nuestro país. Es- tos servicios de beneficencia se han multiplicado tanto que en ocasiones han restado tiempo y disponibilidad para poder atender a tareas tan im- portantes como el acompañamiento y la promoción de la persona. Este segundo nivel de asistencia, junto con la erradicación de las causas es- tructurales de la pobreza, constitu- yen las metas superiores de nuestra acción caritativa. 47. El acompañamiento a las personas es básico en nuestra ac- ción caritativa. 90 Es necesario estar con los pobres —hacer el camino con ellos— y no limitarnos a dar a los pobres recursos (alimento, ropa, etc.). El que acompaña se acerca al otro, toca el sufrimiento, comparte el dolor. “Los pobres, los abandona- dos, los enfermos, los marginados son la carne de Cristo”. 91 La cercanía es auténtica cuando nos afectan las penas del otro, cuando su des- valimiento y su congoja remueven nuestras entrañas y sufrimos con 90 Cf. Cáritas Española, Modelo de Acción social, Madrid, Cáritas, 2009, 31-36. 91 Francisco, Misa de Canonización de la Santa mexicana María Guadalupe García Zabala (2013).
352 La Cuestión Social Año 23, n. 4 353 La Cuestión Social Año 23, n. 4 él. Ya no se trata sólo de asistir y dar desde fuera, sino de participar en sus problemas y tratar de solu- cionarlos desde dentro. Por eso, si queremos ser compañeros de cami- no de los pobres, necesitamos que Dios nos toque el corazón; sólo así seremos capaces de compartir can- sancios y dolores, proyectos y espe- ranzas con la confianza de que no vamos solos, sino en compañía del buen Pastor. 48. La pobreza no es consecuen- cia de un fatalismo inexorable, tiene causas responsables. Detrás de ella hay mecanismos económi- cos, financieros, sociales, políticos; nacionales e internacionales. “Un enfrentamiento lúcido y eficaz con- tra la pobreza exige indagar cuáles son las causas y los mecanismos que la originan y de alguna manera la consolidan”. 92 Debemos hacerlo movidos por la convicción de que la pobreza hoy es evitable; tenemos los medios para superarla. Los principa- les obstáculos para conseguirlo no son técnicos, sino antropológicos, éti- cos, económicos y políticos. “Mientras no se resuelvan radicalmente los pro- blemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los merca- dos y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los pro- blemas del mundo y en definitiva nin- gún problema. La inequidad es raíz de los males sociales”. 93 Debemos asumir todos, la propia responsabilidad, a ni- vel individual y social, las naciones 92 Comisión Episcopal de Pastoral So- cial (CEE), La iglesia y los pobres, 28. 93 Francisco, Evangelii gaudium, 202. desarrolladas y las naciones en vías de desarrollo. 49. Hemos de trabajar con tesón para alcanzar esta ambiciosa meta de eliminar las causas estructurales de la pobreza. Los objetivos han de ser: Crear empleo. Las empresas han de ser apoyadas para que cumplan una de sus finalida- des más valiosas: la creación y el mantenimiento del em- pleo. En los tiempos difíciles y duros para todos —como son los de las crisis económi- cas— no se puede abandonar a su suerte a los trabajadores, pues sólo tienen sus brazos para mantenerse. 94 Que las administraciones públi- cas, en cuanto garantes de los derechos, asuman su responsa- bilidad de mantener el estado social de bienestar, dotándolo de recursos suficientes. Que la sociedad civil juegue un papel activo y comprome- tido en la consecución y de- fensa del bien común. Que se llegue a un pacto social contra la pobreza, aunando los esfuerzos de los poderes públicos y de la sociedad civil. Que el mercado cumpla con su responsabilidad social a favor del bien común y no pretenda sólo sacar provecho de esta situación. 94 Cf. San Juan Pablo II, Mensaje a los tra- bajadores y empresarios durante su viaje apostólico a España, Barcelona (1982). Que las personas oriente- mos nuestras vidas hacia actitudes de vida más aus- teras y modelos de consu- mo más sostenibles. Que, en la medida de nues- tras posibilidades, nos im- pliquemos también en la promoción de los más pobres y desarrollemos, en coheren- cia con nuestros valores, ini- ciativas conjuntas, trabajando en red, con las empresas y otras instituciones; apoyan- do también con los recursos eclesiales las finanzas éticas, microcréditos y empresas de economía social. Que la dificultad del actual momento económico no nos impida escuchar el clamor de los pueblos más pobres de la tierra y extender a ellos nues- tra solidaridad y la coopera- ción internacional y avanzar en su desarrollo integral. Cultivar con esmero la forma- ción de la conciencia sociopo- lítica de los cristianos de modo que sean consecuentes con su fe y hagan efectivo su compro- miso de colaborar en la recta ordenación de los asuntos eco- nómicos y sociales. 4.6. Defender la vida y la familia como bienes sociales fundamentales 50. La familia ha sido la gran vale- dora social en estos años. ¡Cuántos han podido subsistir ante la crisis gracias al apoyo moral, afectivo y eco- nómico de la familia! Este hecho nos tiene que llevar a valorar la vida y la familia como bienes sociales funda- mentales y superar lo que san Juan Pablo II llamó la ‘cultura de la muer- te y de la desintegración’. También, el Papa Francisco nos exhorta en este sentido al recordarnos que no hay una verdadera promoción del bien común ni un verdadero desarrollo del hombre cuando se ignoran los pilares fundamentales que sostienen una na- ción, sus bienes inmateriales, como lo son la vida y la familia. 95 Tenemos una sociedad demográ- ficamente envejecida, a la vez que empobrecida, en el orden moral y cada vez más limitada para mante- ner determinados servicios sociales: pensiones, subsidios por desempleo, atención a la dependencia, etc. 51. Nos preocupan las desigual- dades que sufren las mujeres en el ámbito familiar, laboral y social. Es preciso aceptar las legítimas reivindicaciones de sus derechos, convencidos de que varón y mujer tienen la misma dignidad. Debe- mos reconocer que la aportación específica de la mujer, con su sensi- bilidad, su intuición y capacidades propias, resulta indispensable y nos enriquece a todos. Es urgente crear cauces para “acompañar adecuadamente a las mujeres que se encuentran en situa- ciones muy duras porque el aborto se les presenta como una rápida solución a sus profundas angustias. ¿Quién puede dejar de comprender esas situaciones de tanto dolor?”. 96 Nuestras instituciones sociales de- 95 Cf. Discurso a la comunidad de Varginha, Río de Janeiro (25-7-2013). 96 Francisco, Evangelii gaudium, 214.
354 La Cuestión Social Año 23, n. 4 355 La Cuestión Social Año 23, n. 4 ben movilizarse para asistir, acompa- ñar y ofrecer respuestas suficientes a las mujeres que se encuentran en estas difíciles situaciones. 4.7. Afrontar el reto de una economía inclusiva y de comunión 52. “No a la economía de la exclusión”, 97 a esta economía que olvida a tantas personas, que no se interesa por los que menos tienen, que los descarta convirtiéndolos en “sobrantes”, en “desechos”. 98 No a la indiferencia globalizada, que nos lleva a perder la capacidad de sentir y sufrir con el otro, a buscar nuestro propio interés de manera egoísta, y a apoyar el sistema económico vi- gente pensando que el crecimiento, cuando se logra, beneficia a todos de forma automática. Es preciso supe- rar el actual modelo de desarrollo y plantear alternativas válidas sin caer en populismos estériles. No podemos seguir confiando en que el crecimiento económico, por sí solo, vaya a solucionar los pro- blemas; esto no sucederá si el com- portamiento económico no tiene en cuenta el bien de todos y cada uno de los ciudadanos, si no considera que todos importan, que ninguno nos resulta indiferente. La búsque- da del verdadero desarrollo implica dar relevancia a los pobres, valorar- los como importantes para la socie- dad y para las políticas económicas. 53. La reducción de las desigual- dades —en el ámbito nacional e 97 Ibid., 53. 98 Cf. Ibid. internacional— debe ser uno de los objetivos prioritarios de una so- ciedad que quiera poner a las per- sonas, y también a los pueblos, por delante de otros intereses. Para ello necesitamos tomar conciencia de que no es deseable un mundo in- justamente desigual y trabajar por superar esta inequidad, bien cons- cientes de que la solución no puede dejarse en manos de las fuerzas cie- gas del mercado. 99 Es preciso dar paso a una econo- mía de comunión, a experiencias de economía social que favorezcan el acceso a los bienes y a un repar- to más justo de los recursos; llevar a cabo lo que ya nos pedía Bene- dicto XVI: “No sólo no se pueden olvidar o debilitar los principios tradicionales de la ética social, como la transparencia, la honestidad y la responsabilidad, sino que en las re- laciones mercantiles el principio de gratuidad y la lógica del don, como expresión de fraternidad, pueden y deben tener espacio en la actividad económica ordinaria. Esto es una exigencia del hombre en el momen- to actual, pero también de la razón económica misma”. 100 4.8. Fortalecer la animación comunitaria 54. La caridad es una dimensión esencial, constitutiva, de nuestra vida cristiana y eclesial, que compe- te a cada uno en particular y a toda la comunidad. Así lo dice Benedicto XVI: “El amor al prójimo enraizado en el amor a Dios es ante todo una 99 Cf. Francisco, Evangelii gaudium, 204. 100 Benedicto XVI, Caritas in veritate, 36. tarea para cada fiel, pero lo es tam- bién para toda la comunidad ecle- sial... También la Iglesia en cuanto comunidad ha de poner en práctica el amor. En consecuencia, el amor necesita también una organiza- ción, como presupuesto para un servicio comunitario ordenado”. 101 Y amplía: “Cuando la actividad caritativa es asumida por la Igle- sia como iniciativa comunitaria, a la espontaneidad del individuo debe añadirse también la progra- mación, la previsión, la colabora- ción con otras instituciones”. 102 El documento La Iglesia y los pobres, refiriéndose a la Iglesia servidora que encarna el rostro misericordioso de Dios manifestado en Cristo, afirma- ba que “en la Iglesia de hoy debemos adquirir ‘una conciencia más honda’ de esta misión recibida del Espíritu Santo para dar testimonio de la mise- ricordia de Dios. Se trata de un deber de toda la comunidad, y no solamente de unos pocos, digamos, especializa- dos en este ministerio”. Es necesario que la comunidad cristiana sea el verdadero sujeto eclesial de la caridad y toda ella se sienta implicada en el servicio a los pobres; toda la comunidad ha de estar en vigilancia permanente para responder a los retos de la margina- ción y la pobreza. 103 55. La acción social en la Iglesia no es labor de personas inmunes al cansancio y a la fatiga, sino de 101 Benedicto XVI, Deus caritas est, 20. 102 Ibid., 31 b). 103 Cf. Cáritas Española, Marco de ac- ción en los territorios, Madrid, Cári- tas, 2013, 7-9. personas normales, frágiles, que también necesitan de cuidado y acompañamiento. Han de prestar- se mutuamente asistencia y ayuda para poder cumplir la noble tarea en la que están comprometidos. En servir a los demás ponen su alegría. Las organizaciones han de cuidar con solicitud de sus agentes; tam- bién a ellos se extiende el deber de la caridad. Son instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, signos e instrumen- tos de su presencia salvadora. Pero tienen sus limitaciones, necesitan ayudarse unos a otros para más saber y mejor hacer, para crecer en formación y en espiritualidad. 5. Conclusión 56. “He visto la opresión de mi pueblo en Egipto y he oído sus quejas”, dijo el Señor a Moisés (Ex 3,7). También nosotros, Pastores del Pueblo de Dios, hemos con- templado cómo el sufrimiento se ha cebado en los más débiles de nuestra sociedad. Pedimos perdón por los momentos en que no hemos sabido responder con prontitud a los clamores de los más frágiles y necesitados. No estáis solos. Esta- mos con vosotros; juntos en el do- lor y en la esperanza; juntos en el esfuerzo comunitario por superar esta situación difícil. Juntos, herma- nos en Jesucristo, debemos edificar la casa común en la que todos po- damos vivir en dichosa fraternidad. Pedimos al Padre que nos colme de inteligencia y acierto para construir una sociedad más justa en la que los anhelos y necesidades de los más desfavorecidos queden satisfechos.
356 La Cuestión Social Año 23, n. 4 357 La Cuestión Social Año 23, n. 4 Las víctimas de esta situación so- cial sois nuestros predilectos, como lo sois del Señor. Queremos, con todos los cristianos, ser signo en el mundo de la misericordia de Dios. Y queremos hacerlo con la revolución de la ternura a la que nos convoca el Papa Francisco: “Todos los cristia- nos estamos llamados a cuidar a los más frágiles de la Tierra”. 104 57. No podemos dejar de agrade- cer el esfuerzo tan generoso que, en medio de estas dificultades, están haciendo las instituciones de Iglesia como Cáritas, Manos Unidas, Ins- titutos de Vida Consagrada —que realizan una gran labor en el ser- vicio de la caridad con niños, jóve- nes, ancianos…— y otras muchas. Hemos podido comprobar con gran satisfacción el ingente trabajo lle- vado a cabo por voluntarios, direc- tivos y contratados en la atención a las personas y en la gestión de recursos. Tras ellos están las comu- nidades cristianas, tantos hombres y mujeres anónimos que responden con su interés y preocupación, con su oración y su aportación de socios y donantes. 58. A pesar de las crecientes desigualdades sociales y econó- micas que advertimos y de las de- mandas cada día mayores que los pobres nos presentan, os pedimos a todos que continuéis en el es- fuerzo por superar la situación y mantengáis viva la esperanza. La caridad hay que vivirla no sólo en las relaciones cotidianas —fami- lia, comunidad, amistades o peque- 104 Francisco, Evangelii gaudium, 209. ños grupos—, sino también en las macro-relaciones sociales, econó- micas y políticas. Necesitamos im- periosamente “que los gobernantes y los poderes financieros levanten la mirada y amplíen sus perspectivas, que procuren que haya trabajo dig- no, educación y cuidado de la salud para todos los ciudadanos”. 105 Es preciso que todos seamos ca- paces de comprometernos en la construcción de un mundo nue- vo, codo a codo con los demás; y lo haremos, no por obligación, como quien soporta una carga pesa- da que agobia y desgasta, sino como una opción personal que nos llena de alegría y nos otorga la posibili- dad de expresar y fortalecer nues- tra identidad cristiana en el servicio a los hermanos. Recordamos frecuentemente con el Papa Francisco que “el tiempo es superior al espacio”. 106 “Este princi- pio permite trabajar a largo pla- zo sin obsesionarse por resultados inmediatos. Ayuda a soportar con paciencia las situaciones difíciles y adversas. (…) Darle prioridad al es- pacio lleva a enloquecerse para te- ner todo resuelto en el presente. (…) Darle prioridad al tiempo es ocupar- se de iniciar procesos más que de poseer espacios”. 107 Por eso, no nos quedemos en lo inmediato, en los li- mitados espacios sociales en que nos movemos, en lo que logramos aquí y ahora. Demos prioridad a los proce- sos que abren horizontes nuevos y promovamos acciones significativas que hagan patente la presencia ya 105 Ibid., 205. 106 Francisco, Evangelii gaudium, 222. 107 Ibid., 223. entre nosotros del Reino de Dios que se consumará en la vida eterna. 108 59. Con María cantamos que Dios “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes”. 109 Es el canto de la Madre que lleva en su seno la esperanza de toda la huma- nidad. Y es el canto de la comunidad creyente que siente cómo el Rei- no de Dios está ya entre nosotros transformando desde dentro la his- toria y alumbrando un mundo nue- vo y una nueva sociedad, asentados no en la fuerza de los poderosos, sino en la dignidad y los derechos inalienables de los pobres. El canto de María es nuestro canto, un canto que es llamada a la esperanza, canto 108 Cf. Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, 39. 109 Lc 1, 52. que nos apremia a ser luz alentado- ra, soplo vivificante para todos, de manera especial para aquellos que más hondamente están sufriendo los efectos devastadores de la po- breza y la exclusión social. Que santa María, Virgen de la Espe- ranza y Consoladora de los afligidos, ruegue por nosotros hoy y siempre. Que ella consiga que no nos falte nun- ca en el corazón la necesaria y urgen- te solidaridad con los más pobres. A nuestra Madre del Cielo unimos la intercesión de santa Teresa de Jesús, bajo cuya protección, en el V Centenario de su nacimiento, pone- mos también nuestro servicio a los más pobres. CS Ávila, 24 de abril de 2015
358 La Cuestión Social Año 23, n. 4 359 La Cuestión Social Año 23, n. 4 Introducción Constantemente, el Papa Francisco ha hecho el llamado de acoger a los excluidos. Su ministerio como arzobispo de Buenos Aires, la escuela jesuita y varios gestos de calidez y proximidad que han marcado su pon- tificado, respaldan esta noción. Uno de los más pobres entre los pobres de nuestros tiempos es la Tierra; poco a poco va perdiendo todo color, pareciera que el único ímpetu restante es la vitalidad que insuflamos los humanos y la naturaleza circundante. Sin embargo, hay quienes no go- zan de esta vitalidad plenamente, personas que por múltiples factores viven en situaciones de tristeza y enfermedad, de vacío y decadencia. Este trabajo de investigación parte del pensamiento de Jorge Mario Ber- goglio, pasando por sus intervenciones como Cardenal y, después, como Obispo de Roma, la carta encíclica Laudato Si’, la exhortación Evangelii Gau- dium y, especialmente, el discurso del Papa durante el II Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, acaecido en el marco de su viaje apostólico a Bolivia. Nos encontramos con una renovada invitación para rehabilitar la realidad de los excluidos, que permita ir construyendo y, paulatinamente, vislumbrar una nueva Tierra, donde reine la belleza y la solidaridad. Este trabajo pretende brindar algunas luces que vigoricen el trabajo por las periferias sociales, de acuerdo a documentos del Magisterio, la Sagrada Es- critura y aportaciones de otros estudiosos. 1. Noción de pobreza y opción preferencial por los pobres según el Papa Francisco 1.1 Opción preferencial por los pobres, ¿excesivo diag- nóstico de un problema apremiante? Es cuantiosa la literatura sobre el tema de la opción preferencial por los pobres. Identificada, a menudo, con la teología de la li- beración e ideologías socialistas. Dentro de la estructura eclesial ha llegado a ser vista con recelo debido al llamado a ejercer una pastoral que no solamente hable de los pobres, sino que se inser- La opción preferencial por los pobres del Papa Francisco José Noé Cárdenas Zamarripa* te de lleno en las circunstancias de estrechez y penuria. La llega- da del Papa Francisco a la máxi- ma instancia de la Iglesia católica brinda una nueva oportunidad de reflexionar y, sobre todo, ejecu- tar una iniciativa que priorice la atención a los más necesitados. Ya no es tabú, sino una necesidad de toda la estructura eclesial. En el comienzo de su pontifica- do, Bergoglio manifestó un anhelo: «cómo me gustaría una Iglesia po- bre para los pobres». 1 Fue sólo el principio de un sólido discurso en favor de las periferias humanas, en continuidad con un ministerio episcopal bonaerense caracteri- zado por la proximidad, un «sí a la cercanía, a caminar con el pueblo de Dios». 2 No solamente ha dado preferencia a los pobres de recur- sos materiales, sino a todos los ex- cluidos de la sociedad, escuchando sus penurias y situaciones de in- justicia. Esta exposición mediáti- ca ha reconciliado a la institución papal con varios estratos sociales, quienes ven en Francisco una Igle- sia conciliadora, más abierta y sin miopía. Sin embargo, su franqueza y señalamientos han incomodado a sectores menos liberales. La pobreza, entendida como la escasez o carencia de lo necesario 1 Francisco, Audiencia con profesiona- les de los medios de comunicación, Vaticano, 16 de marzo de 2013. 2 Homilía del cardenal Jorge Mario Ber- goglio, arzobispo de Buenos Aires, en la misa de clausura del Encuentro de Pastoral Urbana Región Buenos Aires, 2 de septiembre de 2012. para vivir, o la insuficiencia de una cosa determinada, tiene varios ma- tices. Entre los pobres, de acuerdo al Papa, se encuentran los enfer- mos, los huérfanos, los refugiados, los pueblos indígenas, los que no tienen hogar, los esclavos, los mi- grantes, los ancianos y todos los marginados, 3 sin olvidar que ac- tualmente hay una gran pobreza espiritual, resultado de la «dicta- dura del relativismo». 4 No vacila en sentenciar que «todo el camino de nuestra redención está signado por los pobres», 5 porque el cristianis- mo tiene como punto de referencia a un humilde galileo que vivió hace más de dos mil años, un hombre cuyo testimonio siempre prefirió la sencillez frente a la opulencia. Por ende, la opción por los pobres es prioridad para la Iglesia, resultado de una preferencia divina. En Evangelii Gaudium, Francis- co exhorta al cristiano a dejarse evangelizar por los pobres, reco- nocer la fuerza salvífica de sus vi- das y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia. Textualmen- te, nos invita a descubrir a Jesu- cristo en ellos, ser la voz de la que han sido privados, pero especial- mente «también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos». 6 3 Cf. Evangelii Gaudium (EG), 210-2013. 4 Cf. Francisco, Audiencia al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, viernes 22 de marzo de 2013. 5 Cf. EG, 197. 6 EG, 198.
360 La Cuestión Social Año 23, n. 4 361 La Cuestión Social Año 23, n. 4 Uno de los temas favoritos en la moral social es abordar las causas de la pobreza y hacer denuncias que se quedan en el papel. Es decir, demasiados diagnósticos y poquí- simas soluciones. Con todo, no está de más conocer el pensamiento del actual Papa, pues esto nos adentra- rá en la nueva perspectiva que, des- de el seno de la Iglesia, se debería tener de la opción preferencial por los pobres, una decisión respaldada por el Concilio Vaticano II, para una Iglesia donde «los gozos y las espe- ranzas, las tristezas y angustias de los hombres de nuestro tiempo, so- bre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperan- zas, tristezas y angustias de los dis- cípulos de Cristo». 7 También dice el Papa que «el pobre, cuando es ama- do, es estimado como de alto valor, y esto diferencia la auténtica opción por los pobres de cualquier ideolo- gía de cualquier intento de utilizar a los pobres al servicio de intereses personales o políticos». 8 Bergoglio advierte: «el que sufre el despojo de sus bienes, de su salud, de pérdidas irreparables, de las seguridades del ego y se deja conducir por la experiencia de lo sabio, de lo luminoso, del amor gratuito y desinteresado de los otros, conoce algo o mucho de la Buena Nueva». 9 Según Francisco, en clara alusión con la parábola del Buen Samaritano, apunta que «la 7 Gaudium et spes, 1. 8 EG, 199. 9 Bergoglio, J., La Patria es un don, la Nación una tarea, Editorial Claretia- na, Buenos Aires, 2013, p.87. inclusión o la exclusión del herido al costado del camino define todos los proyectos económicos, políti- cos, sociales y religiosos». 10 Como se sabe, los destinos de los pueblos están definidos por la integridad de su entramado social, un armazón por donde confluyen todo tipo de modos de vivir. Muy seguido repa- ramos en esfuerzos para atenuar o erradicar las heridas sociales, reba- sadas por el pesado lastre del histo- rial de la indiferencia. Se olvida que la raza humana está hermanada. Francisco asevera que la pala- bra ‘pobreza’ siempre crea difi- cultad, polémica o rechazo. No obstante, la pobreza es precisa- mente el centro del Evangelio, tan así que «si quitásemos la pobreza del Evangelio, no se comprende- ría nada del mensaje de Jesús». 11 Del mismo modo, no debe atemo- rizarnos sentir compasión hacia los pobres, puesto que «hemos sido hechos para la plenitud de ser. […] Esto debe hacernos bajar de nuestra serenidad para ‘alterarnos’ por el do- lor humano, el de nuestro prójimo, el de nuestro vecino». 12 El Papa ha señalado varios factores causantes de la pobreza y la decadencia social, enumerados a continuación. 1.2 Detonantes de la pobreza Consumismo Una de las dimensiones más llamativas, y aparentemente con- 10 Íbidem., p.74. 11 Francisco, Homilía de la Misa del martes 16 de junio de 2015. 12 Bergoglio, La Patria, p.74. troversiales de Laudato Si’ es la conexión explícita que Francisco hace entre la pobreza extrema y la degradación ambiental. La ver- dad no es una idea nueva, sino se remonta, en palabras del Papa, al legado de Francisco de Asís. El es- tigmatizado vivió en una época donde la esclavitud era común, es decir, ya se visualizaba a los hombres y mujeres en términos fi- nancieros. La negativa de san Fran- cisco a jugar las reglas económicas, normales en su familia dedicada al comercio, lo llevó a abrazar una pobreza voluntaria que le permitió acercarse a todas las personas y ver, en las cosas simples de la natu- raleza, la presencia de Dios. El Papa Francisco ha descrito en numerosas ocasiones, con elo- cuencia y precisión, cómo el gigan- te económico está destruyendo la biodiversidad, alterando peligrosa- mente el clima y socavando los sis- temas de soporte vital del planeta para la humanidad y millones de otras especies. Para evitar una co- lisión catastrófica de la economía mundial y el medio ambiente, la humanidad necesita con urgencia cambiar la trayectoria y el funcio- namiento de la economía. Un consumista no es una per- sona que adquiere muchos artí- culos, sino aquel que orienta su existencia hacia ese afán. En efec- to, cuando la persona emprende el papel de su rol social, se amplía su cosmovisión y supone que, para crecer en la escala social, es inelu- dible incrementar su bagaje cultu- ral y material. Debe consumir para vivir mejor. El consumo se exacer- ba para realizar deseos, facilitar el esparcimiento, definir el estilo de vida, ocupar el tiempo libre o sim- plemente para vivir experiencias nuevas. Numerosas razones para olvidar el compromiso moral para con los que no tienen esas oportu- nidades, cosa que el Papa no pasa por alto al afirmar: «la gran ilusión de Jesús es que estuviéramos her- manados, pero el otro proyecto, el contrario, es muy fuerte, muy fuer- te. Y somos víctimas de la compra y venta. Compra y venta de cariño, de amor, de personas, de trabajo». 13 Antonio Millán-Puelles señala- ba que «el interés por la verdad se aminora con el exceso de solicitud por los bienes corpóreos, aunque éstos no pertenezcan a la clase de los que son reclamados por la gula y la lujuria». 14 Cada quien va creando sus propias necesidades y verdades, pues escoger la ver- dad ética no garantiza la satisfac- ción de las realidades transitorias. No es un secreto constatar que la realización de los deseos huma- nos llega a evadir los criterios y exigencias morales, pues el fin jus- tifica los medios y los individuos no pueden dejar pasar oportuni- dades de cambio y progreso, de- tenerse y crear lazos filiales con quienes llegan a ser vistos como amenaza para el afán de consumo. La confrontación con la realidad circundante trastoca los ideales 13 Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio, 27 de marzo de 2011. 14 Millán-Puelles, A., El interés por la ver- dad, Rialp, Madrid, 1997, pp.148-149.
362 La Cuestión Social Año 23, n. 4 363 La Cuestión Social Año 23, n. 4 del hombre consumista, quien evi- tará a toda costa caer en el paupé- rrimo escenario del indigente. Empero, la acumulación desme- dida de bienes no siempre tiene el efecto esperado. Si bien no suele caerse en una pobreza material, sí tiene lugar una debacle del ser, pues «cuando el trabajo no es lo prime- ro sino lo primero es la ganancia, la acumulación de dinero, ahí empieza una catarata descendiente de degra- dación moral. […] Cuando se revierte el verdadero fin del trabajo, la perso- na, empieza a crecer el afán de dine- ro insaciable y ahí todos los medios para terminar en la esclavitud». 15 Volteemos a nuestro alrededor y veremos individuos repletos de po- sesiones, que sólo maquillan el deni- grante estado de su escala moral. Para muchos, la solución a la po- breza debería ser una reducción de la natalidad. A lo que el Papa responde: «culpar al aumento de la población y no al consumismo extremo y selectivo de algunos es un modo de no enfrentar los pro- blemas. Se pretende legitimar así el modelo distributivo actual, donde una minoría se cree con el derecho de consumir en una proporción que sería imposible generalizar, porque el planeta no podría ni si- quiera contener los residuos de se- mejante consumo». 16 En resumen, mientras unos pasan hambre, otros no tienen con qué reivindicar su condición humana. 15 Bergoglio, La Patria. 16 LS, 50. Contaminación Desde el relato de la Creación, en el libro Génesis, es notorio que la vivencia del ser humano es una vocación, es decir, una invitación; es Dios quien llama al hombre a la existencia, dado el amor que tiene por sus creaturas. Dios crea al hom- bre a su imagen y semejanza insu- flando en su alma el amor divino. Esta dignidad de hijo de Dios brin- da al hombre una libertad y una responsabilidad de irse forjando a sí mismo y a los demás, de huma- nizar y humanizarse. Así, la perso- na modela, configura y modifica la realidad de acuerdo a sus intere- ses. Esta construcción requiere la orientación que da la ética, así dicha dirección obtiene una orientación responsable que le permita alcan- zar la anhelada humanización. Son notables dos críticas a la tra- dición judeo-cristiana sobre el lugar que le da a la naturaleza, 17 la primera se remite a un antropocentrismo, en el cual el hombre se visualiza como culminación de la Creación, pues fue creado a imagen de Dios y es capaz de dominar el mundo; la segunda critica es al sometimiento de las criaturas, pues se ha subraya- do el dominio del ser humano sobre la naturaleza y el respectivo dominio arbitrario del resto de los seres vivos. Francisco visualiza a la Tierra como uno de los pobres más abandona- dos y maltratados. Los constantes desastres naturales y abruptos cam- 17 Cf. Gafo, J., Bioética teológica, Des- clée de Brouwer, Sevilla, 2003, p.487. bios climáticos nos recuerdan que el planeta está reaccionando a la ex- plotación y marginación que sufre por parte de sus pobladores. Bergo- glio pone de relieve muchas de las crisis que enfrentamos en nuestra casa común: la polución de aire, el cambio climático, la contaminación del agua, la pérdida de la biodiver- sidad y una degradación general de la sociedad. En síntesis, hay un des- orden general y existe un deterioro gradual. El Papa cita a la agricultu- ra como una de las áreas que está contribuyendo a la contaminación del agua y del suelo mediante el uso excesivo de pesticidas, herbi- cidas y otros productos químicos. Y nuestros hermanos y hermanas más vulnerables están sintiendo el peso del deterioro en muchas par- tes del mundo. «La humanidad —dice Francis- co— está llamada a tomar con- ciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo, para combatir este calentamiento o, al menos, las causas humanas que lo producen o acentúan». 18 Y en concreto, dice, se ha vuelto ur- gente e imperioso el desarrollo de políticas para que en los próximos años la emisión de anhídrido car- bónico y de otros gases altamen- te contaminantes sea reducida drásticamente. 19 Otro punto en la encíclica Laudato Si’ afirma: «la misma lógica que dificulta tomar decisiones drásticas para invertir la tendencia al calentamiento glo- 18 LS, 23. 19 Ibídem., n.26 bal es la que no permite cumplir con el objetivo de erradicar la po- breza. «Necesitamos una reacción global más responsable, que im- plica encarar al mismo tiempo la reducción de la contaminación y el desarrollo de los países y regio- nes pobres». 20 La acción de los poderes Para Max Weber, encontrarse con lo político es toparse con la presen- cia de poder, con la existencia de una voluntad que determina otras voluntades. Este poder político se logra como un perfecto monopo- lio, que en la coacción encuentra su herramienta de construcción. 21 Los problemas de contaminación y consumismo son alentados por las estructuras de gobierno imperan- tes, que en Latinoamérica suelen ser de corte neoliberal, las cuales con sus agendas políticas y comer- ciales poco a poco van dificultando la vivencia digna del hombre. Dicha problemática permanen- te sólo hace que el pueblo pierda la esperanza y se resigne a vivir en la miseria. En Bergoglio no hay medias tintas, pues puntuali- za: «hundir a un pueblo en el des- aliento es el cierre de un círculo perverso perfecto: la dictadura invisible de los verdaderos inte- reses, esos intereses ocultos que se adueñaron de los recursos y de nuestra capacidad de opinar y 20 Ibídem., n.175 21 Cf. Weber, M., “La política como vo- cación” en Escritos Políticos, II, Fo- lios y Ediciones, México, 1982.
364 La Cuestión Social Año 23, n. 4 365 La Cuestión Social Año 23, n. 4 pensar». 22 Es la inoculación de la vida agitada, donde todo se arre- gla con la fuerza bajo el principio del más fuerte, o no hay solución para nada, sólo resta permanecer en silencio. La vida deja de ser genuina en cuanto es sometida a una forma de violencia. Se puede tomar como referencia la historia de Caín y Abel, en los albores del Primer Testamento. 23 Dos hermanos, con ideas diferentes y visiones parale- las de la vida, nacidos de una pri- mera pareja que sucumbió ante la expectativa de una existencia desinteresada. En el texto, Yahvé mira con agrado la ofrenda de Abel, pastor, y no mira propicia la ofrenda de Caín, quien era labra- dor. Dios prefiere el sacrificio del hermano menor, del más vulnera- ble por sus condiciones de edad y oficio; Caín no puede soportar esta preocupación por el más pequeño, y lo asesina. Estamos ante el pri- mer abuso contra los pobres de la historia, fruto de la intolerancia, el despilfarro, y ¿por qué no decirlo?, de la indiferencia. La indiferencia siempre rompe la fraternidad, la posibilidad de comunión, la opor- tunidad de vivir juntos. No obstante, el Creador entra en escena y no titubea al preguntar a Caín: «¿Dónde está tu hermano Abel?», quien contestó: «No sé, ¿soy yo acaso el guardián de mi hermano?». Hasta este punto, constatamos que la trama de los 22 Bergoglio, La Patria, p.78. 23 Cf. Gn 4,1-16. hijos de Adán y Eva se repite día a día en la comunidad que lucha por satisfacer las exigencias propias, sin importar a quién se deba pi- sotear, pues es menester de cada individuo solucionar sus propias dificultades, incluso si la integri- dad de una persona está en riesgo. No es ningún desconocido a quien se acalla, se les restringen sus li- bertades o se le quita la vida, es un hermano. Este suele ser el modus operandi de las estructuras de po- der: amenazar, someter y acallar. El Papa ha señalado el papel cru- cial de los medios de comunicación en la implantación y sostén de este círculo vicioso. Giovanni Sartori, do- cente de filosofía moderna, afirmaba que la televisión es el único invento que ha destruido el pensamiento abstracto. El predominio de la tele- visión está creando, en la formación de la opinión pública según Sartori, una videocracia compuesta por un bajo perfil de contenido; estimula nocivamente el intelecto y mengua la sensibilidad cultural y social; en- tendimiento y pensamiento chocan irremediablemente. Cuando se ma- nipula al pueblo, se comienza a or- questar la manipulación del Poder y sus consabidos abusos contra los po- bres. Como dice Francisco: «si toda la Nación sufre, más duramente sufren los pobres». 24 2. Las tres ‘T’ y la necesidad de cambio Cuando habló ante los movi- mientos populares, durante su 24 Bergoglio, La Patria, p.112. viaje apostólico a Bolivia, el Papa manifestó que la humanidad ne- cesita un cambio para abatir todas las desfavorables consecuencias del sistema socioeconómico actual que hace a un lado el bien común y convierte al dinero en el centro de todo, una ambición convertida en el «estiércol del diablo». Con el hombre convertido en esclavo, se da el enfrentamiento entre pueblos, se arruina la sociedad y se pone en riesgo la casa común, toda una sutil dictadura. 25 Ante este coctel de con- trariedades, liderado por la fatiga y la desilusión, «parecería que sólo se pueden contraponer tibias propues- tas reivindicatorias o eticismos que únicamente enuncian principios y acentúan la primacía de lo formal sobre lo real. O, peor aún, una cre- ciente desconfianza y pérdida de interés por todo compromiso con lo propio común que termina en el ‘sólo querer vivir el momento` en la perentoriedad del consumismo». 26 Nada de eso: el Papa recalca que los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos pueden ha- cer mucho para abandonar esta pesadilla. El secreto está en la búsqueda cotidiana de las tres T, a saber: trabajo, techo y tierra, den- tro de una participación activa en los procesos de cambio regiona- les, nacionales y mundiales. Es la única manera de rescatar nuestra memoria, «que significa contem- plar los brotes de un alma que se resiste a la opresión». 27 25 Ídem. 26 Ibídem., p.29. 27 Ibídem., p.53. Pero antes, considero oportuno reflexionar un episodio de la Pala- bra, que justifica las declaraciones papales. El relato de la multiplica- ción de los panes, del Evangelio de Mateo, 28 es ejemplo del ejercicio a favor de los pobres. Se advierte la figura de un nazareno que «sintió compasión de ellos», y comienza entonces un diálogo sorprenden- te. Jesús replica a sus discípulos, llamándolos a la responsabilidad social: «dadles vosotros de comer». Éstos proponen la solución cómoda y menos comprometida: «despi- de, pues, a la gente, para que vayan y se compren comida»; que cada quien resuelva sus problemas como pueda. Se repite la trama de Caín y Abel: ante la contrariedad, es preci- so suprimir el problema causante de incomodidad o que sacude las segu- ridades de grupos situados en un es- calón superior en cuanto nivel social o académico, por ejemplo. Cristo, de hecho, no ofrece so- luciones parciales: sus acciones y sentimientos nos enseñan el ca- mino a seguir. Pide que lleven a su presencia el poco alimento que guardaban, cinco panes y dos pe- ces. Cuando Jesús dice «traédme- los acá», les pide a sus discípulos poner en común todo lo que les pertenece. El Maestro no hace una burda repartición de los alimentos, sino solicita acomodar a la mul- titud, en grupos, para repartirles el pan y los peces, no realiza dis- tinciones. Un grupo de personas en torno a un mismo objetivo; se pueden ver las caras, reconocerse, 28 Cf. Mt 6, 34-44.
366 La Cuestión Social Año 23, n. 4 367 La Cuestión Social Año 23, n. 4 entrever cómo es la persona con quien comparte la vida, inferir o conocer sus dificultades. Sólo así se desencadena la solidaridad y el despertar social. El cristiano del siglo XXI, a semejanza de los doce discípulos, debe ser quien repar- te los panes, no espera ningún Mesías que prometa solucionar mágicamente la vida. Francisco re- mata afirmando: «sentarse a partir el pan del Resucitado es animarse a vivir de otra manera». 29 Continuemos con una breve disertación sobre las tres T. 2.1 Tierra Es curioso que, en el Año Inter- nacional de los Suelos, declarado por la ONU, 30 Francisco hable más que nunca del tema. Aun y cuando alberga una cuarta parte de la bio- diversidad del planeta, el suelo del planeta se encuentra en peligro. Una tierra sana es base para la pro- ducción de alimentos saludables, es fundamento para la vegetación y garante para la seguridad alimen- taria y un futuro sostenible. A veces ya no se alcanza a dis- tinguir la diferencia de suelos, dado el acelerado crecimiento de la mancha urbana. Sin embargo, para adentrarnos en el tema po- demos valernos de la clasificación jurídica presentada por la VIII Conferencia Europea de Ministros de Ordenación del Territorio, de 1988, que clasificó el territorio en 29 Ibídem., p. 31. 30 Cf. http://www.fao.org/solis-portal/es/ tres categorías. En primer lugar, el suelo soporte de actividades, utili- zado como medio de extensión del hábitat humano, de las actividades económicas no agrícolas y del ocio. En segundo lugar, el suelo como es- pacio agrícola y forestal, en que se explota su profundidad nutricia, y en tercer lugar, el suelo como espa- cio natural, el cual es preservado de las actividades humanas. 31 El suelo no es una mercancía ni un objeto de estudio, no es sim- plemente suelo, sino parte de un entramado simbólico, social y eco- lógico que permite la reproducción de la vida y la permanencia de los pueblos que resisten. Desde luego, poseer una tierra propia y con un suelo fértil representa para el ser humano no sólo tener dónde vivir y de qué alimentarse sino, del mismo modo, lo hace artífice de su bonan- za y dueño de su vida, le permite construir un amor propio y, a la vez, respeto por los demás y por la na- turaleza coexistente. Lo hace cons- ciente del gran poder que posee al ser capaz de dotarse a sí mismo de una vida de trabajo, una vida digna para él y para su familia. Varios años de crisis ecológica han permitido una reflexión cristiana pertinente de este grave problema. Su presen- cia ha podido servir para criticar los exagerados pesimismos. Debido a cuestiones políticas, so- cioeconómicas y de marginación, mucho del campesinado de nuestros 31 Ávila, J., El suelo como elemento ambien- tal. Perspectiva territorial y urbanística, Universidad de Deusto, Bilbao, 1998, p.25. pueblos ha sido excluido de las tie- rras fértiles con condiciones adecua- das para la producción de alimentos. Solamente en México, el 49% de los suelos, incluyendo zonas naturales y agrícolas, están degradados. La lógica del capital no prevé los daños ambientales y sociales, solamente se calculan los logros económicos. Los otros costos no son pagados por el capital, sino por la naturaleza, por las comunidades, las poblaciones y los individuos. Lamentablemen- te, «la transmutación neoliberal del campesinado de sujeto productivo en ‘pobre’ ha operado como una profecía autocumplida, empobreciéndolo en forma creciente y utilizándolo como votante cautivo por medio de los múl- tiples y crecientes programas para el ‘combate a la pobreza’». 32 2.2 Techo Al considerar la cuestión de las per- sonas sin hogar, estamos hablando del corazón de la exclusión social. De pobres a pordioseros, de mendigos a vagabundos u holgazanes, con Fran- cisco estas personas encuentran un reconocimiento que les es negado por las masas. Los sin techo son quie- nes viven permanentemente en la ca- lle, raras veces van a algún albergue, duermen en cartones o en colchones abandonados y ocasionalmente men- digan. El perfil del sin techo estaría de- finido por: varón, entre 40 y 55 años, soltero, con importante deterioro físico y psicológico, sin recursos eco- nómicos, con niveles de cualificación 32 Suárez, V., “Campesinos: de «pobres» a sujetos productivos” en La Jornada del Campo, n.95, p.7, México, Agosto 2015. profesional y educativa bajos. 33 No es un asunto para la burla o la simple compasión, pues quien no tiene dón- de vivir está echado a su suerte, con la consecuente falta de identidad. El Papa no exagera al expresar: «la pose- sión de una vivienda tiene mucho que ver con la dignidad de las personas y con el desarrollo de las familias». 34 En nuestro país, hasta la década de 1970, los dos sistemas de vivienda popular más concurridos fueron las vecindades y las ciudades perdidas. Estas últimas representan una distor- sión del sistema de vecindades, pues una vez que las primeras se saturan y ya no hay oferta de vivienda por parte del sector privado, las perso- nas se asientan en terrenos baldíos o abandonados del área tradicional urbana. Son pequeñas, densamente pobladas, en condiciones de grave hacinamiento e insalubridad, caren- tes de servicios urbanos propios y relativamente aisladas del resto de la ciudad, pese a encontrarse dentro del centro urbano. 35 Según información de la SHCP, casi 36 millones de perso- nas carecen de una vivienda digna en México, y más de dos millones viven en hacinamiento. 36 Está comprobado científicamente que el hacinamiento 33 Estébanez, P., Medicina Humanitaria, Edi- torial Díaz de Santos, España, 2005, p.799. 34 LS, 152. 35 Cf. Durand, V., La construcción de la de- mocracia en México: movimientos socia- les y ciudadanía, Siglo Veintiuno Editores, 1994, pp.170-171. 36 Cf. Diario La Jornada: “Unos 36 millones de mexicanos carecen de acceso a vivienda dig- na”, 1 de julio de 2013, http://www.jornada. unam.mx/2013/07/01/index.php?section=ec onomia&article=022n1eco&partner=rss
368 La Cuestión Social Año 23, n. 4 369 La Cuestión Social Año 23, n. 4 prolongado aumenta las posibilida- des de episodios violentos; no quiere decir que el hacinamiento signifi- que necesariamente la presencia de muchas personas en un espacio reducido, sino a la falta de organi- zación y a la continua interferencia entre unos y otros. 37 En la mente del Papa, el problema es severo: «la falta de vivienda es grave en muchas partes del mundo, tanto en las zonas rurales como en las grandes ciudades, porque los presu- puesto estatales sólo pueden cubrir una pequeña parte de la demanda». 38 2.3 Trabajo La vida laboral aporta las coor- denadas culturales y sociales que los hombres necesitan para consti- tuirse como personas plenas. Fran- cisco refiere que «el trabajo, se dice comúnmente, es necesario para mantener a la familia, criar a los hi- jos y asegurar una vida digna a los seres queridos. De una persona se- ria, honrada, lo más hermoso que se puede decir es: ‘es un trabajador’, se trata precisamente de alguien que trabaja, que en la comunidad no vive a expensas de los demás». 39 Es posible encontrar la belleza y el sen- tido de buena parte de nuestra vida en la acción de cumplir un horario, 37 Pan American Health Organization, In- forme mundial sobre la violencia y la salud, Washington, 2003, p.74. 38 Francisco, Laudato Si’ (LS), 152. 39 Francisco, Audiencia General del miércoles 19 de agosto de 2015, Vaticano http://m. vatican.va/content/francescomobile/es/ audiences/2015/documents/papa-frances- co_20150819_udienza-generale.html fomentar las relaciones interperso- nales, ponerse metas, capacitarse, ser responsable, dominar la propia profesión, sentirse productivos, etc. Se pueden distinguir dos dimen- siones presentes en toda actividad laboral: 40 a) dimensión objetiva: con- siste en la acción productiva de la persona que perfecciona un objeto producido; b) dimensión subjetiva: abarca el perfeccionamiento inte- gral mediante el trabajo. Es erróneo pensar que el valor del trabajo reside principalmente en la productividad y no en la dignificación que la persona adquiere con su obrar. Sin embargo, la teoría capitalista ve solamente los resultados, la producción. A menu- do, el trabajador recibe un salario paupérrimo o es víctima de la explo- tación; si ya no funciona o no da re- sultados, se le despide y su lugar será ocupado por alguien que recibirá un trato igual o peor. Francisco dirá: «la gestión del trabajo es una gran res- ponsabilidad humana y social, que se puede dejar en manos de unos pocos o de un ‘mercado divinizado’. Causar una pérdida de puestos de trabajo significa provocar un grave daño social». 41 El problema del desempleo, aun- que no parezca, también afecta la esfera espiritual personal. Un es- tudio realizado por Pew Research Center en 2014 reveló que 36% de los desempleados en Estados Uni- 40 Cf. García, J., Antropología Filosófica. Una introducción a la Filosofía del Hombre, EUNSA, Pamplona, 2003, pp. 205-207. 41 Francisco, Audiencia General del miércoles 19 de agosto de 2015. dos no se siente identificado con ninguna creencia religiosa, pues a toda institución la ven por igual, incluida la Iglesia. 42 3. Conversión ecológica: fruto de la projimidad y el servicio. En Laudato Si’, Francisco habla ampliamente de la noción de ‘con- versión ecológica’, referente a las incitaciones que surgen de la espi- ritualidad para alimentar una pa- sión por cuidado del mundo, que deberá hacerse mediante redes co- munitarias. Implica amor y gratui- dad, estar conectado a las demás creaturas y desarrollar creatividad y entusiasmo para resolver las di- ficultades del mundo. 43 Si entende- mos ecología no únicamente como el cuidado por el medio ambiente, sino como las relaciones equilibra- das de recíproca complementarie- dad y vital dependencia, veremos que lo indicado por el Papa es facti- ble y mandatorio. Por otro lado, Bergoglio suele usar el término ‘projimidad’ para referirse a la única forma de re- construir el lazo social para vivir en amistad y en paz, 44 reconocien- do al otro como prójimo, es decir, hacernos prójimo. De ese modo, la comunidad está en posibilidad de 42 Cf. Millenials increasingly are driving growht of ‘nones’. http://www.pewresearch. org/fact-tank/2015/05/12/millennials-increa- singly-are-driving-growth-of-nones 43 LS, 220. 44 Cf. Bergoglio, J., El verdadero poder es el servicio, Editorial Claretiana, Madrid, 2007, pp. 26.31-32. entender a la persona y de enten- derse a sí misma, para dejar de ver en el otro un objeto a poseer, sino como una persona a quien promo- ver y amar. En resumen, el servi- cio es projimidad. Un servicio que podría definirse como fruto de la conversión ecológica. Este servi- cio se distingue en gran medida del servilismo o del activismo sin inspiración cristiana porque, para el Papa, «definir el ‘poder como servicio’ se puede entender en la medida que el amor concreto y real por el otro sea la expresión prácti- ca del primer mandamiento». 45 Son tres los temas que, inspira- dos por las enseñanzas de Fran- cisco, propongo como la base para llevar a cabo esta metanoia, esta reivindicación de los más pobres y su reinserción en nuestro con- texto, a saber: el bien común, epi- centro del mensaje bergogliano; el encuentro y la esperanza frente a la indiferencia, y la construcción de la historia mediante el servicio, en todos los pueblos que buscan su propio camino de acuerdo a los valores del Reino. 3.1 Bien común, garante de ecología Más que una noción, el bien co- mún recurre a dos principios bási- cos: solidaridad y subsidiariedad. El primero, invita a integrar a la comunidad como un todo, propi- ciando un orden justo para que todos puedan alcanzar el bienestar colectivamente generado. La subsi- 45 Bergoglio, La Patria, p.129.
370 La Cuestión Social Año 23, n. 4 371 La Cuestión Social Año 23, n. 4 diariedad, por su parte, afirma que las unidades mayores, por ejemplo el Estado, deben intervenir para ofrecer apoyo en el desarrollo de los grupos sociales de orden inferior, al igual que apuntalar todas las iniciativas ciudadanas que los predispongan a actuar con responsabilidad. Es prioritario delimitar claramen- te el tipo de nexos efectivos entre persona y sociedad. La sociedad existe para el hombre, no éste para la sociedad. Si se empieza a pisotear la dignidad de la persona, dichas opresiones comenzarán a crear animadversión de los excluidos en contra del gobierno, los estratos acaudalados, las instituciones, etc. El bien común no se crea con orato- rias impecables ni con decretos de reformas constitucionales, sino con el respeto a la persona y a las socie- dades intermedias, representadas por la familia, la escuela, la empresa y diversas asociaciones civiles 46 o, como los visualiza Bergoglio, todos aquellos «hombres y mujeres que hacen propia y acompañan la fra- gilidad de los demás, que no dejan que se erija una sociedad de exclu- sión, sino que se aproximan —se hacen prójimos— y levantan y re- habilitan al caído, para que el bien sea común». 47 Otro de los rasgos fundamentales del bien común es la redistribución de los bienes materiales y sociales: en otras palabras, se debe impedir que algunos no tengan lo indispen- 46 Cf. GS, 74. 47 Bergoglio, J., La Patria, p.73. sable para vivir, mientras que otros gozan de estos bienes de manera desmedida. Una segunda caracte- rística del bien común es la auto- ridad, que no debe ser despótica, sino que tiene el papel de señalar el rumbo de la comunidad y marca las conductas apropiadas para el bien común. La tercera característica es la moralidad; justicia y rectitud son fundamentales. Toda corrupción daña el bien común y afecta princi- palmente a los más necesitados. 3.2 Hacia una globalización del encuentro y la esperanza La pobreza es tan común para nosotros que, del mismo modo que distinguimos entre hombres delgados y obesos, también dife- renciamos entre ricos y pobres. Es un hecho del cual ninguna nación de la Tierra puede escapar. Esta mentalidad, producto de la globa- lización de la indiferencia tan refe- rida por Francisco, nos ha llevado al conformismo y a la falta de com- promiso para reducir y erradicar la pobreza. Muchos creen que con sólo destinar dinero público a una variedad de programas y acciones es suficiente. No obstante, se des- carta a priori una transición hacia la globalización del encuentro y la esperanza, de ofrecer opciones de desarrollo para las familias mar- ginadas y no solamente sentarse a ver números y estadísticas que hablan del problema: es preciso reconocer que no sólo son cifras, sino seres humanos. El Papa piensa que «al dar lu- gar a la esperanza, con la humilde oración y penitencia en el trabajo —aburrido a veces— de cada día, irán cayendo esas actitudes munda- nas, preñadas de mundanidad espi- ritual, actitudes desesperanzadas porque tienen sus raíces en la rique- za, en la vanidad y en la soberbia», 48 es decir, cuando el hombre atiende el clamor del pobre no solamente está saciando sus necesidades in- mediatas de tierra, techo y trabajo, también está rehabilitando su reali- dad, sana las heridas de su pasado y lo prepara para afrontar el futuro con un dejo de anhelo y confianza. Por el contrario, la mentalidad que culpa a los pobres de su propia des- gracia pretende imponer la idolatría del mercado. Es una extensión más de la cultura de la muerte. La esperanza toca todos los as- pectos de la vida, es decir, la socie- dad civil, la política, la medicina, el desarrollo, las instituciones públicas y privadas, etc. Actualmente, asisti- mos a un deterioro de todas aquellas instancias otrora baluartes de espe- ranza y quienes más sufren las con- secuencias son los pobres pues, fuera de la gratuidad del anhelo y la ilusión, se hallan envueltos en compromisos y retos que por su circunstancia his- tórica no pueden abarcar. Y tampoco hay muchos de nosotros que quieran ayudarlos a salir adelante. El Papa insiste en «refundar con esperanza nuestros vínculos sociales. […] Es la necesidad im- periosa de convivir para construir 48 Bergoglio, J., Mente abierta, corazón creyente, Editorial Claretiana, Ma- drid, 2013, p.85. juntos el bien común posible». 49 No se trata de auspiciar perpetuamen- te al pobre, sino de darle las herra- mientas técnicas, morales, legales, etc., para que puedan integrarse plenamente en nuestra colectivi- dad. Y tampoco olvidar que la es- peranza «expresa esta voluntad de cambiar nuestra manera de vin- cularnos amasando, en esperanza, una nueva cultura del encuentro, de la projimidad». 50 Por otra parte, el Papa demanda que los pobres, en cada comuni- dad cristiana, deben sentirse como en casa, si bien ha repetido en nu- merosas ocasiones que la Iglesia no es una ONG. Señala que la peor discriminación que sufren es la fal- ta de atención espiritual, porque «la inmensa mayoría de los pobres tiene una especial apertura a la fe; necesitan a Dios y no podemos de- jar de ofrecerles su amistad, su ben- dición, su Palabra, la celebración de los sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y de ma- duración en la fe». 51 De ahí que la opción preferencial por los pobres debe traducirse en una atención religiosa y prioritaria, reto muy le- jano de ser afrontado en gran parte de nuestras comunidades. Y es que, para apreciar la belleza misma del Evangelio, hay un signo que es im- prescindible: «la opción por los úl- timos, por aquellos que la sociedad descarta y desecha». 52 49 Bergoglio, La Patria, p.39. 50 Homilía del cardenal Jorge Mario Bergo- glio, arzobispo de Buenos Aires, 25 de mayo de 2000. 51 EG, 200. 52 Ibídem, 195.
372 La Cuestión Social Año 23, n. 4 373 La Cuestión Social Año 23, n. 4 3.3 Construir la historia, sinónimo de servicio No es atrevido leer, en las pala- bras del Papa a los movimientos populares de Bolivia, una exposi- ción magistral de su opción prefe- rencial por los pobres. 53 Propone tres grandes tareas para que lo- gren desarrollarse plenamente como individuos y en conjunto, ta- reas que también se hacen exten- sivas a todos quienes luchan por las causas de los desamparados: Poner la economía al servicio de los pueblos Se trata de poner el sistema eco- nómico al servicio de la persona, pues los hombres no estamos he- chos para servir al sistema econó- mico rapaz. Implica no exagerar en la acumulación, cuidar los recur- sos naturales, en otras palabras, es la definición de una economía de inspiración cristiana que «debe ga- rantizar a los pueblos las condicio- nes para que cada persona pueda gozar de una infancia sin carencias, desarrollar sus talentos durante la juventud, trabajar con plenos dere- chos durante los años de actividad y acceder a una digna jubilación en la ancianidad». 54 Un sistema que hace todo lo contrario no sólo es inhumano, sino antievangélico. 53 Discurso del Papa Francisco en el II Encuen- tro Mundial de los Movimientos Populares (en adelante, DMP), 9 de julio de 2015, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, http://m.vatican.va/ content/francescomobile/es/speeches/2015/ july/documents/papa-francesco_20150709_ bolivia-movimenti-popolari.index.html 54 DMP, 3.1. El Papa pone las cosas más com- plicadas para los cristianos, pues para ellos no se trata de mera filan- tropía o un deber moral, sino «es un mandamiento […] una realidad anterior a la propiedad privada». 55 Porque pueden existir muchas ini- ciativas que resuelvan temporal- mente esas necesidades, mas si no están sustentadas en una nueva vi- sión que vislumbre libertad, creati- vidad, solidaridad, etc., no pasarán de ser una moda pasajera. Algunas soluciones que propone Bergoglio son: «alentar el mejoramiento agrí- cola de regiones pobres mediante inversiones en infraestructuras ru- rales, en la organización del merca- do local o nacional, en sistema de riego, en el desarrollo de técnicas agrícolas sostenibles. Se pueden facilitar formas de cooperación o de organización comunitaria que defiendan los intereses de los pequeños productores y pre- serven los ecosistemas locales de la depredación». 56 Si el Estado, el capital y las or- ganizaciones sociales garantizan al pobre sus derechos, mejorando sus condiciones laborales y robus- teciendo la economía popular, se fortalecerá el bien común. A final de cuentas, éste no deja de ser una «convicción constante expresada en gestos […] donde el privilegio no sea ya un poder inexpugnable e irreductible, donde la explotación y el abuso no sean más una manera habitual de sobrevivir». 57 55 Ídem. 56 LS, 180. 57 Bergoglio, J., La Patria, p.39. Unir nuestros pueblos en el cami- no de la paz y la justicia Mucho hemos dicho respecto a la identidad de los pueblos, es decir, aquello que los conforma como su lengua, diversidad racial, tradiciones, etc. Sin embargo, pa- reciera que nuestro continente se divide en dos partes: el norte y el sur. Pero ninguna de las dos áreas se ha librado de la influencia cul- tural y económica que evoca al Primer Mundo, mancillando su identidad propia. Pareciera que nuestras naciones latinoameri- canas son el patio trasero de las grandes potencias, con la respec- tiva privatización de los recursos naturales situados en los territo- rios explotados, lo que Francisco llama el nuevo colonialismo. Un colonialismo cuya base es el sa- queo desmedido, y quienes pagan las consecuencias inmediatas son los más pobres. Dentro de su llamada al cambio de sistema, Francisco recalca: «ningún poder fáctico o constituido tiene de- recho a privar a los países pobres del pleno ejercicio de su soberanía». 58 Estos reclamos le han valido acalo- rados reclamos por parte de políti- cos, empresarios y economistas de naciones primermundistas, 59 que ven en Bergoglio una de las pocas voces que reclaman un alto al despo- jo criminal de los países pobres, de 58 DMP, 3.2. 59 Cf. Jeb Bush joins Republican backlash against Pope on climate change, http:// www.theguardian.com/us-news/2015/ jun/17/jeb-bush-joins-republican-back- lash-pope-climate-change las que Cristo quiere ser desterrado, «tal vez porque nuestra fe es revo- lucionaria, porque desafía la tiranía del ídolo dinero». 60 El Papa es claro y enfático: «Digamos ‘NO’, entonces, a las nuevas formas de colonialismo. Digamos ‘SÍ’ al encuentro entre pue- blos y culturas». 61 El encuentro multicultural en- tre las regiones del Tercer Mundo tiene como objetivo un fortaleci- miento entre los lazos de amistad y evitar que la periferia se ponga al servicio del centro. En otros términos, hay que asumir la sana interdependencia. Por otro lado, sin pretensión de conformismo, el sano encuentro entre las dife- rentes perspectivas de vida pro- mueve la convivencia evangélica de nuestros hermanos relegados, cuya catequesis vivencial rebasa las enseñanzas de cualquier ma- nual teológico, pues «en nuestro pueblo más humilde encontramos mucho de esta bienaventuranza: la de los que conocen la riqueza de la solidaridad, la riqueza del compartir lo poco, pero compar- tirlo; la riqueza incluso de las pro- pias miserias pero que, vividas con confianza en la providencia y en la misericordia de nuestro Padre Dios, alimentan en nuestro pueblo esa grandeza humilde de saber pedir y ofrecer perdón, re- nunciando al odio y la violencia». 62 60 DMP, 3.2. 61 Ídem. 62 Bergoglio, J., La Patria, p.102.
374 La Cuestión Social Año 23, n. 4 375 La Cuestión Social Año 23, n. 4 Defender a la Madre Tierra La mayor parte de los debates ecológicos, previos a la publica- ción de Laudato Si’, se centraban en una variedad de cuestiones técnicas y políticas: la validez de la evidencia científica del cam- bio climático, los hidrocarburos como fuente de energía, la viabi- lidad de las tecnologías alterna- tivas, cuál era la mejor forma de abordar el continuo escándalo de la pobreza mundial y la des- igualdad económica, etc. Con la publicación de Laudato Si’ existe ya un sólido referente antropoló- gico para leer todas estas proble- máticas: «todo está conectado», recalca el Papa una y otra vez en el documento. Debemos destacar el papel que tiene la educación familiar para favorecer una cultura ambiental, porque sin una iniciación en la conciencia ecológica los esfuerzos que autoridades u organizaciones realicen serán en vano. Asimismo, es responsabilidad de las estruc- turas de poder crear consensos con el sector industrial para que mantengan un control en el de- secho de residuos, la capacidad de producción… de manera que el impacto nocivo en nuestra biós- fera sea mínimo. El Papa expone que «no se puede permitir que ciertos intereses —globales pero no universales— se impongan, so- metan a los Estados y organismos internacionales, y continúen des- truyendo la creación. Los pueblos y sus movimientos están llamados a clamar, a movilizarse, a exigir —pacifica pero tenazmente— la adopción urgente de medidas apropiadas». 63 Conclusión El mensaje del Papa es un him- no al optimismo sobre una nueva conciencia y el regreso de la mo- ral, para proteger a los pobres y preservar la Tierra. No podemos seguir contemplando a los pobres como un problema, sino como un potencial productivo y creativo. La gravedad de la situación am- biental revela cuan profunda es la crisis ética del hombre. Ciertos ele- mentos de la crisis ecológica que estamos viviendo revelan de modo claro su carácter moral. Cuando las aspiraciones mercantiles de unos pocos se anteponen al bien de los individuos; cuando la catástrofe ambiental es fruto de una óptica reductiva y antinatural, es cuan- do afirmamos que esta disyuntiva moral está tomando connotaciones dramáticas, donde el hombre se ol- vida del hombre. Estamos llamados a forjar una espiritualidad que vincule el cui- dado de la creación y la diversidad de formas de cultura con una pre- ocupación especial por los pobres y vulnerables. El hombre tiene un ingente compromiso en la tarea por ayudar a los que menos tienen y en la conservación de la naturaleza, con mayor razón quienes creemos en un Dios creador que nos llama a cuidar la creación y a ser hermanos. 63 DMP, 3.3. Concluyo con esta cita de Fran- cisco: «no hay dos crisis separa- das, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproxi- mación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza». 64 CS * Licenciado en Filosofía por el Ins- tituto de la Arquidiócesis de Mon- terrey. Actualmente cursa estu- dios teológicos. 64 LS, 139.
376 La Cuestión Social Año 23, n. 4 377 La Cuestión Social Año 23, n. 4 Los profetas, amigos de Dios y solidarios con las causas de los pobres Severiano Blanco, cmf* L a exhortación apostólica Vita Consecrata hablaba de un “profetismo inherente a la vida consagrada en cuanto tal”, pro- fetismo que debe manifestarse en el “testimonio de la primacía de Dios y de los valores evangé- licos” (VC, 84). Y para corrobo- rarlo dirigía la mirada al profeta Elías, que “defendía los derechos de Dios y se erguía en defensa de los pobres contra los poderosos del mundo” (cf.1Re 18-19). Son dos rasgos complementarios que muestran cómo el profeta, ínti- mo de Dios, no es un intimista desencarnado o refugiado en la evasión; y su preocupación por el bien de sus hermanos es mu- cho más que mera filantropía de puertas abajo: cree en el Dios de la Alianza, una de cuyas cláusulas más características es la defensa del oprimido. Ésta será la tónica del resto de los profetas de Israel. La figura y misión del profeta La fe judeo-cristiana se vive siempre en comunidad, en la cual van surgiendo y configurándose, según las diversas épocas histó- ricas, determinados servicios de ayuda o mediación dentro del grupo. La comunidad es lugar de interdependencias. Aunque cada miembro del pueblo es destina- tario de una elección y un amor personal intransferible por parte de Dios, no es comprensible la época más antigua de la historia de Israel sin la mediación de Moi- sés, quien en representación del pueblo creyente y para servicio del mismo habla con Yahvé cara a cara “como lo hace un hom- bre con su amigo” (Ex 33,11). Algo semejante puede decirse de Samuel en la época de los jue- ces, de Isaías como orientador del pueblo en la última época del Reino del Norte, de Jeremías en vísperas del exilio de Judá o llegando ya éste o del Deutero- Isaías al final del cautiverio. Característica del creyente es vivir en sintonía con el proyec- to de Dios; pero se da el caso de creyentes en los que tal sintonía se radicaliza y agudiza, se vive con exageración, adquiere carac- teres de desposorio místico, de modo que ese creyente de excep- ción —especialmente algunos profetas— parece quedarse sin sentimientos propios para ser portador de los de Dios. Esa sintonía se expresa en la Bi- blia de muchas formas. En un texto- resumen sobre la misión profética, el Deuteronomio viene a designar al profeta como boca de Dios, portador de una palabra que lle- va el sello y la autoridad divinos: “Yo les suscitaré de en medio de sus hermanos un profeta seme- jante a ti, pondré mis palabras en su boca y él les dirá todo lo que yo le mande… a quien no le es- cuche le pediré cuentas de ello” (Dt 18,18s); con una lectura con- vencional de dicho texto, Hch 3,23 interpreta que quien no escuche al profeta “será exterminado del pueblo”. Es decir, en la relación con el profeta se juega la relación con Dios, la pertenencia o no al grupo de sus elegidos. Con imagen de fuerza insupera- ble confiesa Jeremías, describiendo una tentación personal de aposta- sía: “Me dije: no volveré a recordar- lo, no hablaré más en su nombre; pero había en mi corazón algo así como fuego ardiente, prendido en mis huesos, y, aunque yo no tra- bajaba por ahogarlo, no podía” (Jr 20, 19). Otras veces, celebra gozo- samente esa íntima comunión con Yahvé: “me sedujiste, Yahvé, y me dejé seducir” (Jr 20,7). Siglos más tarde, dirá el apóstol Pablo que quienes son de Cristo no viven ya para sí mismos, sino para Él, que murió y resucitó por ellos (2Cor 5,15). Así lo habían ex- perimentado los grandes profetas, mediante el símbolo de que Dios les tocó (Jr 1,9) o quemó la lengua (Is 6,7), o los privó del oficio que tenían: “Yahvé me tomó de detrás del rebaño y me dijo: ve y profeti- za a mi pueblo Israel” (Am 7,15). Oseas es obligado a llevar una vida matrimonial humillante, que él no habría deseado, pero tiene que vi- sualizar lo que está sucediendo a Dios con su pueblo, con el que que- ría vivir en fiel desposorio (cf. Os 1,2). En el caso de Elías, sin que nos cuente cómo llegó a tal situación, sabemos que su sensibilidad ya no es la suya, sino la de Yahvé, hasta el punto de que cuando Israel se aparta de la alianza con su Dios, el profeta cae en la desesperación: “Basta ya, Yahvé; quítame la vida, que no valgo más que mis padres… Ardo en celo por Yahvé, porque los israelitas han abandonado tu alian- za” (1Re 19, 4, 10). La serie de testimonios podría alargarse; basten éstos para mos- trar la dirección fundamental del ser y hacer del profeta. Afortu- nadamente, hoy está superada la concepción del mismo como alguien cuya única misión es pre- decir el futuro. Por el contrario, su identificación con el sentir de su Dios le lleva sobre todo a orientar la vida de su pueblo en el presen- te: “su misión principal es iluminar el presente, con todos sus proble- mas concretos: injusticias sociales, política interior y exterior, corrup- ción religiosa, desesperanza y escepticismo”. 1 Al profeta le toca 1 Sicre, José Luis, Los profetas de Israel y su mensaje, Cristiandad, Madrid 1986, 20.
378 La Cuestión Social Año 23, n. 4 379 La Cuestión Social Año 23, n. 4 impulsar hacia una vida en fide- lidad a la Alianza, la cual abarca todas las zonas y aspectos de la existencia humana. El Papa Francisco ha recordado a los religiosos que también ellos tienen un servicio peculiar en la Iglesia, el nuevo pueblo de Dios. En la carta que les ha dirigido con motivo del Año de la Vida Consa- grada (21 de noviembre de 2014), recordando algo que un año an- tes (29 noviembre 2013) había dicho a los superiores generales, les recuerda que: “la radicalidad evangélica no es sólo de los reli- giosos: se exige a todos. Pero los religiosos siguen al Señor de ma- nera especial, de modo profético. Ésta es la prioridad que ahora se nos pide: ser profetas como Jesús ha vivido en esta tierra… Un reli- gioso nunca debe renunciar a la profecía” (carta II, 2). En la misma alocución a los su- periores generales, les había di- cho que el religioso está llamado a “despertar al mundo”, que debe ser “como una centinela que vigila por la noche y sabe cuándo llega el alba (cf.Is 21, 11-12). Conoce a Dios y conoce a los hombres y mu- jeres, sus hermanos y hermanas. Es capaz de discernir… no tiene otros intereses sino los de Dios” (citado ib.). El ministerio profético enton- ces y ahora Las tareas de los profetas de Is- rael nos han quedado bien docu- mentadas. Cuando nos acercamos al ser y hacer de estas destacadas personalidades religiosas perci- bimos que siguen marcando la línea en que el servicio profético puede y debe ofrecerse a la Igle- sia y al mundo de hoy. El profeta es ante todo el hombre de la palabra Se trata de una palabra que orienta, ilumina, da vida, corrige, destruye… En sus fragmentos au- tobiográficos, Jeremías recuerda así su vocación: “Alargó Yahvé su mano y tocó mi boca, y me dijo Yahvé: mira que he puesto mis pa- labras en tu boca…” (Jr 1,9). Isaías, por su parte, experimentó la voca- ción como una purificación de sus labios y como una llegada de la voz de Yahvé que le encargaba: “ve y di a ese pueblo” (Is 6,9). Y al Trito- Isaías se le ordenará: “clama a voz en grito, no te moderes, levanta tu voz como cuerno” (Is 58,1). Por ser palabra sustentada por Dios, va dotada de su misma autoridad y poder. Frente al mal del mundo, el profeta “destruye y arranca” o es instrumento de Dios para hacerlo añicos: “los he hecho trizas por medio de los profetas” (Os 6,5). Pero la palabra profética es sobre todo portado- ra de vida, instrumento del Dios de la vida: “Yo profeticé como me había ordenado Yahvé y el espíri- tu entró en los huesos secos; re- vivieron y se incorporaron…” (Ez 37, 10). Se entiende que las funciones de la palabra son múltiples, según circunstancias y destinatarios. Al siervo de Yahvé se le encarga de- cir “al oprimido una palabra de aliento” (Is 50, 4), pero el Trito- Isaías tiene que echar en cara “a mi pueblo su rebeldía, a la casa de Jacob sus pecados” (Is 58,2). Y los papeles no deben confundirse. El profeta que ve venir la desgracia no debe engañar al pueblo con lisonjas y el llamado a consolar y dar vida no debe convertirse en profeta de calamidades. El profeta es el hombre de los signos (las “acciones simbólicas”) Hoy se lo calificaría de excelen- te pedagogo. Con frecuencia, los profetas visualizan su mensaje antes de exponerlo en conceptos; lo transmiten mediante acciones propias o ajenas. Sucesos extraor- dinarios o anodinos se convierten ante sus ojos en vehículo del men- saje de Yahvé. Jeremías fue a casa del alfarero y observó su modo de trabajar la arcilla; cuando le vio comenzar de nuevo una vasija que se le había malogrado supo leer, a través de un hecho tan sim- ple, una llamada a la esperanza; luego lo expuso al pueblo y que- dó para la posteridad la llamada a ser arcilla en manos de Yahvé y a dejarse rehacer por Él tras los fracasos o frustraciones (Jr 18,16). Otra forma de proclamar un mensaje de esperanza consis- tió en quebrar un yugo: mientras los profetas Jeremías y Ananías predicen al alimón la pronta li- beración del pueblo desterrado, el segundo realiza un signo: “el profeta Ananías tomó el yugo que Jeremías llevaba sobre su cuello y profetizó: así dice Yahvé: así rom- peré el yugo de Nabucodonosor de sobre la cerviz de todas las na- ciones” (Jr 28,11). En un momento de indignación del profeta Jeremías (porque Yahvé mismo está “indignado”), se le en- cargó realizar un signo de decisión drástica: “rompes el botijo a la vista de los hombres que vayan contigo y les dices: esto dice Yahvé Shebaot: así quebrantaré yo a este pueblo y esta ciudad, como quien rompe un cacharro de alfarero que ya no pue- de recomponerse” (Jr 19,10s). ¡Te- rrible amenaza: romper una alianza a la que el pueblo no quiere ajustar su vida! Una vida portadora de mensaje A veces, la vida entera del profeta se convierte en signo, en parábola, como suele decirse hoy. Quienes le observan quizá consideren que lle- va una conducta excéntrica, pero no por ello produce rechazo, sino que suscita interrogantes; y éste es el primer paso para la acogida de un mensaje. La vida del profeta va cargada de significatividad. Se tiene a veces la gozosa expe- riencia de como en matrimonios de ancianos, realizados y felices, ambos cónyuges van más allá de tener cri- terios y gustos semejantes: ¡llegan a parecerse físicamente! Al profeta le sucede algo semejante con Yahvé: le ama tanto que quiere parecerse visiblemente —físicamente— a él. Es bien conocida la extraña vida ma- trimonial de Oseas. Su fracaso en la
380 La Cuestión Social Año 23, n. 4 381 La Cuestión Social Año 23, n. 4 elección de mujer, que una y otra vez marcha en busca de nuevos aman- tes, es el reflejo de la experiencia dolorosa de Dios mismo; quiso vivir idílicamente con Israel, en relación de plena y gozosa fidelidad, pero el pueblo se entregó a la adoración de dioses extraños y conculcó todas las cláusulas de la alianza: “Pleitead con vuestra madre, pleitead, que ella ya no es mi mujer y yo no soy su mari- do” (Os 2,4). Otras veces, la forma de vida del profeta es el resumen de un men- saje particular de Yahvé a su pue- blo. Jeremías no vive célibe así por ascesis, ni como consecuencia de su peculiar experiencia mística de unión con Yahvé, sino anticipando en sí la situación del pueblo que será aniquilado: sin descendencia que le llore (Jr 16,1-4). No requiere especial esfuer- zo la traducción de estos viejos cometidos a la vida de los con- sagrados de hoy. Desde su vida activa o contemplativa anuncian “la primacía de Dios y de los bie- nes futuros” y “la fidelidad al propio carisma los conduce a dar por doquier un testimonio cuali- ficado, con la lealtad del profeta que no teme arriesgar incluso la propia vida” (VC, 85). El Concilio ya advertía que la profesión de los consejos evangélicos aparece como un signo que puede y debe atraer eficazmente a “todos los miembros de la Iglesia” (LG, 44). Grandes núcleos de la antigua profecía que conservan su actualidad El señorío del Dios único Los profetas de Israel fueron mo- noteístas radicales, combatieron implacablemente el politeísmo y la idolatría y fueron inflexibles frente al menor indicio de componen- da, de pretender compatibilizar el culto del Dios de la Alianza con el de los falsos dioses de la cultura cananea; lo tomaban con pasión, sentían que en ello les iba la vida. El gran ejemplo es Elías, el hombre de fuego que procede con violencia desmesurada contra el culto a los baales; pero no lo lamenta menos Jeremías, por medio del cual dice Yahvé: “¿Cambia un pueblo de dio- ses? Pues mi pueblo cambió su Glo- ria por lo inconsistente” (Jr 2,11). El Papa Francisco invita a los religiosos a que nos preguntemos por el propio monoteísmo, por la primacía del amor de Jesús como fuente de nuestros mejores ser- vicios eclesiales: “Jesús, ¿es real- mente el primero y único amor, como nos hemos propuesto cuan- do profesamos nuestros votos? Sólo si es así, podemos y debemos amar en la verdad y la misericor- dia a toda persona” (Carta a los Consagrados I, 1). La defensa del pobre y desvalido Forma parte de las cláusulas de la Alianza, y no prescribe. Será preocupación profética sin ex- cepción: el pobre, el huérfano, la viuda, el forastero… De ahí las invectivas contra la injusticia y las desigualdades sociales. El profeta se enfrenta a los poderosos, inclu- so al rey de Israel, que debieran ser modélicos en la justicia y son los primeros en abusar. En el siglo VIII, Amós bramaba contra el lujo de la Corte de Samaría, que con- trastaba con la pobreza de la po- blación: “acostados en camas de marfil, arrellenados en sus lechos, comen corderos del rebaño… be- ben vino en anchas copas, se un- gen con los mejores aceites y no se afligen por el desastre de José” (Am 6,4-6). El Papa recuerda a los consa- grados que “el profeta está gene- ralmente de parte de los pobres y los indefensos, porque sabe que Dios mismo está de su parte” (Carta II, 2). La esperanza futura Aunque los profetas de Israel frecuentemente tuvieron que re- convenir e incluso amenazar a sus hermanos con castigos por sus caminos erróneos, los libros proféticos no son un centón de anuncios de calamidades. Los últi- mos Papas, desde Juan XXIII hasta Francisco, han puesto en guardia frente a los profetas de desventu- ras; Francisco acaba de decirnos: “con Benedicto XVI, repito: no os unáis a los profetas de desven- turas” (Carta I, 3). Adoptar esa opción como predominante sería olvidar que a Dios, cuando pien- sa en sus hijos, “le da un vuelco el corazón y se le estremecen las en- trañas” (Os 11,8). Mensajeros del Dios en cuyo nombre hablan o ac- túan es el Dios de la salvación, que no deja a su pueblo abandonado a la fatalidad, sino orientado hacia la vida en plenitud a la fatalidad. Ésta comportaba para ellos diver- sos ingredientes: La reunificación de los dos reinos. A la muerte de Salo- món (hacia el año 930) había tenido lugar el cisma político y religioso en el pueblo de la Alianza; pero éste, y particu- larmente los profetas, nunca olvidaron que el norte y el sur constituían una misma co- munidad de elegidos, y que la restauración debía conducir a su reunificación. “Los con- gregaré de todas partes para conducirlos a su suelo… no volverán a formar dos nacio- nes ni estar divididos en dos reinos” (Ez 38,22). Los maes- tros de discernimiento consi- deran criterio de autenticidad de carismas la creación de co- munión. La perspectiva de los grandes profetas no podía ser otra: el Dios salvador restau- rará la fraternidad rota. La conversión y purificación de los corazones. El Deutero- Isaías alegró a su pueblo con la buena noticia del inminente regreso a Judá, dejando atrás la residencia en un entorno pagano. La apreciación va mucho más allá de lo topo- gráfico: se trata de dejar atrás no el país incircunciso, sino el corazón incircunciso; décadas antes ya se llamaba a los fieles a “extirpar los prepucios de
382 La Cuestión Social Año 23, n. 4 383 La Cuestión Social Año 23, n. 4 vuestros corazones” (Jr 4,4). Ezequiel ve en el regreso del exilio algo mucho más gran- dioso: la vivificación de los huesos secos, una auténtica resurrección de muertos: “in- fundiré mi espíritu y viviréis” (Ez 37,14). Y para que se per- ciba que no es una vida mera- mente mecánica o biológica, el profeta insiste: “os rociaré con agua pura… de todas vuestras impurezas y basuras os purifi- caré” (36, 25). El señorío del Mesías. No to- dos los profetas bíblicos co- nocieron a esta figura, pero fueron muchos los que, a partir de una reflexión sobre los aspectos más positivos del reinado de David, dibuja- ron el futuro como el señorío del David verdadero y defi- nitivo, del Mesías del Yahvé: “pondré al frente de mis ovejas un solo pastor que las apacentará; mi siervo Da- vid será su pastor. Yo Yahvé seré su Dios y mi siervo Da- vid serás príncipe en medio de ellos” (Ez 34, 23s). Bajo el cayado del rey salvador, los creyentes constituirán el pueblo de los salvados, con vida en plenitud: “el árbol del campo dará su fruto, la tierra dará sus productos y ellos vivirán seguros en su tierra” (34,27). Afrontar las tentaciones En su Carta a los consagrados, el Papa Francisco sale al paso de alguna tentación que pudiera amenazar su acción profética en el mundo. La tarea que se nos im- pone es ímproba y las fuerzas son limitadas: “A veces, como sucedió a Elías y Jonás, se puede tener la tentación de huir, de evitar el co- metido del profeta, porque es de- masiado exigente, porque se está cansado, decepcionado de los re- sultados. Pero el profeta sabe que nunca está solo. También a noso- tros. Como a Jeremías, Dios nos asegura: «No tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte» (1, 8)” (Carta II, 2). La primera tentación que ame- nazó a varios profetas de Israel fue la del rechazo de la llamada por fijarse demasiado en lo limi- tado de sus fuerzas: yo no valgo, soy un muchacho, no sé hablar… Cuando Dios llama a alguien al ministerio profético, le promete su asistencia —como vemos en el caso de Jeremías— pero no le libra de su debilidad huma- na; acoger la llamada implica un acto de fe y de confianza: que la grandeza del poder de Dios pue- da estar actuando en la pequeñez del hombre. Ésta es justamente la constante en el actuar del Dios bíblico: “llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se muestre que una fuerza tan ex- traordinaria es de Dios y no de no- sotros” (2Cor 4,7). Además del rechazo inicial, puede darse ulteriormente la tentación de abandonar el servicio ya emprendi- do. Jonás es una figura simbólica; el libro que narra su peripecia se con- sidera hoy novela edificante, pero tiene un indiscutible valor histórico. No es la historia de un profeta, sino de muchos: ante lo ímprobo de la tarea, resulta preferible tomar otra dirección. Otras veces, ante la fal- ta de respuesta de unos mínimos de éxito en el ministerio, resulta duro perseverar en éste. Moisés, el primerísimo de los profetas y gran líder de Israel, se quejaba amarga- mente de la carga que Dios había puesto sobre sus débiles hombros y pedía ser destituido de tal res- ponsabilidad: “¿Por qué has echado sobre mí la carga de todo este pueblo? ¿Acaso he sido yo el que ha concebido a todo este pueblo?; es demasiado para mí” (Nm 11, 12- 14). Pero Yahvé se muestra siempre pertinaz y termina dirigiendo la his- toria según su proyecto inicial. Esta desazón en la realización del ministerio puede adquirir la forma de indignación que a ve- ces es incluso reflejo del sentir de Dios para con sus hijos díscolos. Unos oyentes rebeldes animan poco al profeta. Ciertamente, en- tre los atributos de Dios que el profeta debiera visibilizar desta- ca la compasión; el corazón del profeta está llamado a ser un re- flejo sensible de ese sentimiento, y muchas veces lo es. El simbólico siervo de Yahvé cumple con su mi- nisterio de “decir al oprimido una palabra de aliento” (Is 50,40) y el compasivo Moisés suplica a Dios por su pueblo, para que tenga pa- ciencia y no lo aniquile (cf. Ex 32, 11.31s). Pero, cuando ni siquiera esa compasión es aceptada, se nos habla del Dios indignado contra su pueblo; es inaceptable que el pue- blo elegido por Yahvé como única esposa ande flirteando con otros dioses, cojeando al danzar o hacer genuflexión ante varios altares: “hasta cuándo vais a estar cojean- do de los dos pies” (1Re 18,21). El profeta ama tanto a su Dios que no soporta que sea traicionado, y adopta la cólera de Dios como propia. Pero se equivoca si olvida que Yahvé no permanece en esa indignación: “has retirado todo tu furor, has desistido del ardor de tu cólera” (Sal 85,4). El cuestionamiento radical del profeta llega a tomar la forma de desesperación. De nuevo, las con- fesiones de Jeremías nos ilustran en este sentido: “Maldito el día en que nací; el día en que me dio a luz mi madre no sea bendito, maldito el que felicitó a mi padre diciéndole: te ha nacido un hijo varón” (Jr 20, 14s). Esta actitud, semejante a la desmoralización existencial de Job, implica que el profeta se siente atrapado y no entrevé un camino de salida; la vocación se ha convertido para él en carne de su carne; no se ima- gina a sí mismo entregado a otra causa y la única vía de escape es la muerte. Nos recuerda al Elías igualmente desesperado que ora desde el límite: “Basta, Señor, quí- tame la vida” (1Re 19, 4). La falta de éxito palpable en la misión puede originar toda clase de dudas y titubeos, el profeta puede llegar a cuestionar su envío; ¿real- mente le ha llamado el Señor y le acompaña respaldando su pala- bra o será imaginación suya? El
384 La Cuestión Social Año 23, n. 4 385 La Cuestión Social Año 23, n. 4 enviado puede sentirse dejado de la mano de Dios y revivir per- sonalmente la tentación de Meri- bá: “¿Está Yahvé entre nosotros o no?” (Ex 17, 7). El que le había di- cho “no temas que yo estoy con- tigo” a veces parece desmentirlo, y el profeta se siente desampa- rado. Elías, ante el fracaso en su denuncia de los pecados de Israel —que no sólo no produce fruto alguno, sino que le granjea perse- cución—, sucumbe a la desespe- ración y pérdida de las ganas de vivir: “Se deseó la muerte y dijo: ‘basta, Señor, quítame la vida, que no valgo yo más que mis padres’. Y se echó a dormir bajo una reta- ma” (1Re 19, 4s). Una tentación frecuente en el profeta es la de ceder al cansan- cio. No conocemos una vocación ad tempus: Yahvé les ha encomen- dado una tarea de por vida. Pero cuando el desempeño de ésta no lleva a resultado alguno, es nor- mal que el profeta, hombre tan débil como sus hermanos, se pre- gunte si aquello vale la pena. El Deutero-Isaías lamentó en un de- terminado momento: “En viento y en nada he gastado mis fuerzas” (Is 49,4); y Jeremías vivió esta si- tuación de manera angustiosa: “La palabra de Yahvé ha sido para mí oprobio y befa cotidiana” (Jr 20,8). Era muy bella la promesa inicial de “no les tengas miedo, que yo estoy contigo para salvarte… Te he convertido en plaza fuerte, en pilar de hierro, en muralla de bronce… Te harán la guerra pero no podrán contigo” (Jr 1, 8.18s). Pero tal promesa pareció a veces contradicha por la realidad; el mis- mo Yahvé avisó a Jeremías de los planes homicidas que tramaban contra él: “era como un cordero manso llevado al matadero, sin saber que contra mí tramaban maquinaciones: talemos el árbol en su lozanía, arranquémoslo de la tierra de los vivos” (Jr 11,19). Naturalmente a la tentación del cansancio sigue la del abandono: “no hablaré más en su nombre, no volveré a recordarlo” (Jr20,9). Vistas las causas de la tenta- ción de huida, ceder al cansancio, cejar en su empeño, se percibe también una salida alternativa: optar por agradar. Esta llevaría a pecado tan grave como poner en boca de Yahvé palabras que no son suyas. San Pablo dirá que si él intentase agradar a los hombres no sería siervo de Jesucristo (Gal 1, 10), y lamenta que hay quie- nes falsean la Palabra de Dios en provecho propio (cf. 2Cor4, 2). En el Antiguo Testamento nos encontramos a veces con los fal- sos profetas, que lo que buscan es halagar los oídos de los pode- rosos y así poner la propia vida a buen recaudo. El más combati- vo con ellos en Jeremías, que en nombre de Yahvé dice al pueblo: “no escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan. Os están embaucando, os cuentan sus propias fantasías, no cosa de boca de Yahvé” (Jr 23, 16). Por el contrario, el profeta fiel arriesga, es radicalmente libre e indepen- diente: “Yahvé me ha enviado a profetizar sobre esta casa y esta ciudad todo lo que habéis oído… Aquí me tenéis en vuestras ma- nos; haced conmigo como mejor os parezca; empero sabed de fijo que, si me matáis, cargaréis sobre vosotros y sobre esta ciudad san- gre inocente” (Jr 26, 12-15). El Papa Francisco nos ha adver- tido que el auténtico profeta “es capaz de discernir, y también de denunciar el mal del pecado y las injusticias, porque es libre, no debe rendir cuentas a más amos que a Dios, no tiene otros intereses sino los de Dios” (Carta a los Consagra- dos II, 2). Ciertamente el heraldo de la salvación de Dios no debe ser un habitual cascarrabias, pero se da una clara diferencia entre ofre- cer buena noticia del Dios del amor y unas lisonjas narcóticas que a na- die mueven ni inquietan. Alimentar las raíces de la profecía Según Juan Pablo II, “la verda- dera profecía nace de Dios, de la amistad con Él, de la escucha aten- ta de su palabra en las diversas circunstancias de la historia”; y, fijando la atención en Elías como modelo y figura de la vida reli- giosa monástica, le designa como “profeta audaz y amigo de Dios. Vivía en su presencia y contem- plaba en silencio su paso, inter- cedía por el pueblo… se erguía en defensa de los pobres contra los poderosos del mundo” (VC, 84). Indudablemente, la sintonía con Dios que la vida de profeta requiere no puede conservarse si no se tiene trato asiduo con Él; es indispensa- ble la vida de oración, la intimidad y la escucha. Ya el viejo profeta-juez Samuel, ante una petición insóli- ta de los israelitas: la instauración de una monarquía, lo primero que hace es invocar a Yahvé, con el que comparte suerte; de Él espera ilumi- nación, y la recibe: “no te han recha- zado a ti sino a mi” (1Sam 8, 7). El siervo de Yahvé nos habla de su ha- bitual silencio matutino para aten- der a la voz de Dios: “cada mañana me despierta el oído, para que es- cuche como los iniciados. El Señor me ha abierto el oído” (Is 50,49). Jeremías, en una situación de crisis personal, recuerda con nostalgia la antigua y gozosa intimidad que Dios le dispensó: “Se me presentaban tus palabras y yo las devoraba; eran para mí gozo y alegría de corazón” (Jr 15,16). Y junto con la escucha es indis- pensable la actitud de obediencia. A pesar de su cercanía, Dios se presenta siempre como el Señor, el dueño de la vida del profeta, que debe consagrársela incluso olvidándose de sí mismo. A Jere- mías le dijo: “a donde quiera que yo te envíe irás, y todo lo que yo te mande les dirás” (Jr 1,7). Y el siervo de Yahvé confiesa que “el Señor Dios me ha abierto el oído y yo no me he resistido ni me he echado atrás” (Is 50,5). Repetidas veces los profetas manifiestan que no actúan por gusto, o por haberse elegido ellos ese oficio, sino que cumplen un encargo su- perior: “Yo no soy profeta ni hijo de profetas, sino pastor y cultiva- dor de higos. Pero Yahvé me tomó de detrás del rebaño y me dijo: ve a profetizar a Israel” (Am 7, 8s).
386 La Cuestión Social Año 23, n. 4 387 La Cuestión Social Año 23, n. 4 Y se trata, naturalmente, de una obediencia que se prolonga, que no es sólo un paso inicial, sino una actitud vital, cultivada en la intimidad de que hemos hablado. Junto con esas actitudes de fe, al profeta le toca cultivar y acre- centar una serie de riquezas humanas que de entrada lleva consigo. Tiene que agudizar sus sentidos corporales, haciendo que sean más que corporales; Nm 21, 3 habla de Balaam como pro- feta que emite oráculos porque es “hombre de ojos perfectos”. Tiene que cultivar su oído para captar no sólo las palabras de Yahvé, sino “los lamentos de su tienda” (Num 11, 10), y tuvo compasión. El profeta está llamado a ver y oír no sólo las cosas, sino el sentido de las cosas; según el Papa Fran- cisco, “el profeta recibe de Dios la capacidad de observar la historia en la que vive y de interpretar los acontecimientos” (Carta II, 2). Lo mismo que su boca ya no es suya, tampoco lo son sus sentidos, ni sus sentimientos. Sabemos poco de la psicología de los profetas; es posible que inicialmente alguno fuera amorfo o apático; pero, sin duda, el trato asiduo con Yahvé le convirtió más bien en un apasiona- do. Es posible que alguno fuera tem- peramentalmente superficial o poco sensible; pero el trato con Yahvé tuvo que dotarle de profundidad para ver y sentir como Yahvé mis- mo. Al profeta llamado por Yahvé y enamorado de su vocación —aun- que a veces le resulte incómoda— no le queda ya espacio ni energías para lo frívolo y banal. Dios le ha secuestrado para lo sublime y debe orientar habitualmente su mirada en esa dirección. CS * Misionero claretiano. Profesor del ITVR, Madrid. Publicado en la Revista Vida Religiosa, páginas 27-48, del número 2/2015/ vol. 118., de los Misioneros Hijos del Corazón de María (Claretianos). La opción evangélica por los pobres y contra la pobreza Fr. Jorge Domínguez Rojo, OFM* L a opción por los pobres ha surgido en América Latina, continente mayoritariamente po- bre y cristiano. 1 Puebla la remite a Medellín, «que hizo una clara y profética opción preferencial y so- lidaria por los pobres» (n. 1134) y consagra la expresión ‘opción pre- ferencial por los pobres’ en el con- texto de la misión evangelizadora de la Iglesia. Con esto se quiere indicar tanto el destinatario como el contenido de la evangelización: La opción preferencial por los pobres tiene como objetivo el anuncio de Cristo salvador que los iluminará sobre su dignidad, los ayudará en sus esfuerzos de liberación de todas las carencias y los llevará a la comunión con el Padre y los hermanos, mediante la vivencia de la pobreza evangé- lica (n. 1153). La fundamentación de la opción está en la evangelización del mis- mo Jesús (n. 1141) y en la defen- sa y amor de Dios hacia ellos por 1 Sobrino, J., “Opción por los pobres” en Conceptos fundamentales del cristia- nismo, Trotta, Madrid, 1993, 880-898. Idem. Nuevo diccionario de teología, Trotta, Madrid 2005, 675-684. el mero hecho de ser pobres (n. 1142); históricamente está exigida «por la realidad escandalosa de los desequilibrios económicos en Amé- rica Latina» (n. 1154). En cuanto opción pastoral, esta opción es pre- ferencial, no excluyente; no significa, por tanto, desatender la evangeli- zación de otros, aunque se insinúa que incluso para la evangelización de los que no son pobres esta op- ción es muy importante y necesaria: El testimonio de una Iglesia po- bre puede evangelizar a los ricos que tienen su corazón apegado a las riquezas, convirtiéndolos y liberándolos de esta esclavitud y de su egoísmo (n. 1156). A. La buena noticia para los pobres 2 Hay una frase, tan breve como sencilla, que no ha recibido la debi- da atención a lo largo de una tradi- ción cristiana de dos mil años, pero que posee para nosotros, hombres y mujeres del Tercer Mundo, una importancia suprema. Examinare- mos sus diversas dimensiones. 2 Abesamis, C. H., La buena noticia para los pobres, Conc. 218 (1988) 41-51.
388 La Cuestión Social Año 23, n. 4 389 La Cuestión Social Año 23, n. 4 I. Lugares en que aparece Éstos son los principales pa- sajes en que aparece: «Id a contar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven… y a los pobres se les anuncia la buena noticia» (Mt 11.4-5; Lc 7,22-23). «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la bue- na noticia a los pobres» (Lc 4,18). «Dichosos los pobres, por- que vuestro es el reino de Dios» (Lc 6,20). II. Significado de ‘buena no- ticia para los pobres’ Cuando dijo Jesús que esta- ba «anunciado la buena noticia a los pobres», ¿a qué pobres se refería? ¿A los espiritualmente pobres o a los real y material- mente pobres, es decir, a los po- bres, desposeídos y oprimidos? Si se refería a los últimos, serían los mendigos (Mc 10,46), los jornale- ros (Mt 20,1-9), los renteros (Mt 21,33) y los esclavos (Mt, 8,6) que encontramos en las páginas de los evangelios. No es éste el momento de entrar en una larga argumentación exegé- tica. Me limitaré a llamar la atención sobre el uso del término ‘pobres’ en Isaías y en los evangelios, para for- mular una modesta conclusión. a) ‘Pobres’ en Isaías Los ‘anawim o ‘aniwim de Isaías constituyen el trasfondo y la fuente de inspiración de los pobres en los labios de Jesús. En los escritos de Isaías se mencionan los ‘anawim o ‘aniwim en los siguientes pasa- jes: Is 3,14; 10,1-2; 11,4; 14,32; 26,5-6; 29,19; 32,7; 41,17; 51,21- 22; 54,11; 58,7; 61,1; 66,1-2. Es preciso leer con suma atención estos textos para establecer si ‘pobres’ (‘anawim o ‘aniwim) se refiere a los espiritualmente po- bres o a los realmente pobres, desposeídos y oprimidos. De ahí, concluimos que ‘pobres’ (‘anawim o ‘aniwim) en Isaías, es- pecialmente cuando se habla de justicia, liberación o gozo por ellos, significa —con sólo una posible excepción— los realmente pobres, no los espiritualmente pobres. Más exactamente, el hebreo sig- nifica normalmente ‘oprimidos’. Esta opresión se debe con mucha frecuencia, como en los contextos anteriores, a la pobreza económi- ca. Por consiguiente, la mejor tra- ducción de ‘anawim o ‘aniwim, al menos en Isaías, es ‘pobres, despo- seídos y oprimidos’. b) ‘Pobres’ en los evangelios Se recogen a continuación todos los textos de los evangelios en que son mencionados los pobres. Tra- temos de deducir del contexto si se trata de los realmente pobres o de los espiritualmente pobres: Mc 14,5-7 = Mt 26,9-11; Mc 10.21= Mt 19,21= Lc 18,22; Lc 14,13; Lc 14,21; Lc 16,19.22; Lc 19,8; Lc 21,1-4 = Mc 12,42; Jn 12,5-8; Jn 13,29; Mt 5,3. Además de los textos mencio- nados, también nos interesan éstos: Mt 11,5 = Lc 7,22; Lc 6,20. Es poco instructivo advertir que ‘pobres’ significa siempre en los evangelios los realmente pobres, excepto cuando Mateo introdu- ce, en un solo caso (Mt, 5,3), la expresión «en el espíritu» como una matización de la redacción. En otras palabras, ‘pobres’ en los evangelios se refiere siempre a los realmente pobres, a menos que se añada una matización que se debe no al mismo Jesús, sino a Mateo. c) Una conclusión modesta No podemos, por consiguiente, decir alegremente que cuando Je- sús anunciaba la buena noticia a los pobres se refería a los espiri- tualmente pobres o a los pobres de espíritu. No podemos limitar estrechamente la pobreza, como tantas veces hemos hecho en la Iglesia, a la pobreza de espíri- tu. Como mínimo, Jesús hubo de referirse también a los real y ma- terialmente pobres. En la expresión «buena noticia para los pobres», ¿qué significa realmente ‘buena noticia’ o evan- gelio? ¿Se trata de la buena noticia acerca de la muerte sacrificial de Jesús, de la que serán beneficia- rios privilegiados los pobres? No exactamente. Más bien, la buena noticia es una buena noticia para los pobres de todos los tiempos, el evangelio de la justicia y de su libe- ración de la pobreza y de la opre- sión. Proclamar el evangelio a los pobres es proclamar la liberación y la justicia. III. Formulaciones de la mi- sión de Jesús En la teología y la catequesis ha- bituales, ¿se considera la procla- mación de la buena noticia a los pobres parte de la misión de Je- sús? No mucho, al parecer. Por ello, vendrá bien reflexionar sobre los siguientes textos evangélicos clave: «Juan se enteró en la cárcel de las obras que hacía Cristo y mando dos discípulos a preguntarle: ¿eres tú el que tiene que venir o hemos de esperar a otro? Jesús le respon- dió: Id a contar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: Los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos que- dan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la buena noticia» (Mt 11,2-5 = Lc 7,18-23). «Fue a Nazaret… entró en la si- nagoga… el volumen del profeta Isaías… donde está escrito: “El Es- píritu del Señor está sobre mí, por- que él me ha ungido para que dé la buena noticia a los pobres. Me ha enviado para anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los opri- midos, para proclamar el año de gracia del Señor”. Enrolló el volu- men… y empezó a hablarles: “Hoy, en vuestra presencia, se ha cumpli- do este pasaje”» (Lc 4,16-21)
390 La Cuestión Social Año 23, n. 4 391 La Cuestión Social Año 23, n. 4 Ante todo, hemos de reconocer en todo su valor estos textos. Son algunos de los principales textos de misión de los evangelios, es decir, que por su contexto y su te- nor tratan de explicar al lector en qué consistía la misión de Jesús. Son, por consiguiente, clave en los evangelios. También hemos de te- ner en cuenta el siguiente: «Dicho- sos vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios» (Lc 6,20 = Mt 5,3). En esta formulación va implícita una declaración sobre la misión, que es la de proclamar la bue- na noticia del reino de Dios a los pobres. Está claro que esta decla- ración procede de alguien que es consciente de una determinada misión. Podemos afirmar, sin lu- gar a dudas, que Lc 6,20 es una formulación indirecta de misión. El sentido y alcance de esta decla- ración es como sigue: «Yo procla- mo a los pobres, los desposeídos y los oprimidos el reino de Dios, que es lo contrario de su pobreza y opresión. Les proclamo la salva- ción de la pobreza y la opresión. En consecuencia, son dichosos». Para concluir, la buena noticia de la justicia y la liberación para los pobres: a. procede de una antiquísima tradición, con toda verosimi- litud del mismo Jesús, que se inspira en la visión de Isaías sobre la salvación futura; 3 3 Por ejemplo, Is 52,7-10; 35,1-10; 29,17-21; 61, 1-4. b. aparece en las declaracio- nes sobre la misión; c. es prácticamente el único elemento constante men- cionado en las declaracio- nes clave sobre la misión, por lo que ha de conside- rarse elemento capital de la autoconciencia de Jesús. IV. Las acciones de Jesús Las formulaciones sobre la misión son meras declaraciones. ¿Qué hay de las acciones de Jesús? ¿Eran tam- bién sus acciones una buena noticia para los pobres, los desposeídos y oprimidos? En Galilea, azotada por la pobreza, sus seguidores serían mayoritariamente los pobres: a. Los enfermos (mal alimen- tados y vulnerables a la enfermedad); b. los posesos (muchos de ellos enfermos mentales, víctimas de la desnutrición y la pobreza); c. las multitudes (en su ma- yor parte atraídos por un predicador y autor de mi- lagros populares); d. muchos de los llamados pe- cadores. Junto a los pecado- res en sentido propio, 4 los llamados pecadores serían: 1.) individuos forzados a practicar profesiones peca- minosas a causa de la po- breza, como las prostitutas y los ladrones; 4 Por ejemplo, Mc 2,5. 2.) los pobres ignorantes que no conocían la Torá y eran considerados pecadores por las autoridades religiosas. Puesto que las páginas de los evangelios nos muestran a un Je- sús que sale en busca de los enfer- mos, los posesos, las multitudes y los pecadores, podemos afirmar que las acciones de Jesús y su mi- nisterio constituían una buena no- ticia para los pobres de su tiempo. 1. Los ricos marginados ¿Se preocupó Jesús también y atendió a los marginados que no eran pobres? Sí, pues se dirigió, por ejemplo, a los publicanos, los leprosos, los niños, las mujeres, los posesos, los pecadores y los enfermos. Todos ellos sufrían las consecuencias de algún tipo de marginación cultural, psicológica o religiosa. Jesús se preocupa de todos los que sufren, están opri- midos o son proscritos de cual- quier forma. No parece adecuado, sin embargo, aplicar el calificativo de ‘pobres’ a estos marginados, pues la terminología bíblica reser- va el término ‘pobres’ (‘anawim; ptochoi) para designar a los real- mente pobres y oprimidos. Ahí está la raíz de muchas confusiones y racionalizaciones. Conviene, por tanto, reservar ‘pobres’ para los realmente pobres y oprimidos. ¿Cuál sería la actitud de Jesús con respecto de un marginado rico, por ejemplo, a un publica- no? Jesús se preocupaba de él en cuanto que se trataba de un pu- blicano marginado. Pero al mismo tiempo le exigía, porque era rico, vender todo lo que tenía y darlo a los pobres (cf. Mc 2, 14; Mc 10,17- 21; Lc 19,1-10). 2. ¿Liberación sustancial/ estructural en las acciones de Jesús? ¿Se encaminaban las acciones de Jesús a una efectiva liberación sustancial/estructural de la pobre- za en beneficio de los pobres, desposeído y oprimidos? Jesús se preocupaba de las víctimas de la opresión, pero sus acciones en cuanto tales, como las curaciones, no puede decirse que procurasen su li- beración estructural. Hemos de fijar- nos, por tanto, en otras facetas de su ministerio, es decir, sus enseñanzas acompañadas de acciones, después de todo, una de las principales fun- ciones de Jesús fue la de maestro y profeta de su tiempo. V. Las enseñanzas de Jesús 1. Las sentencias de Jesús ¿Era la doctrina de Jesús algo capaz de hacer felices a los pobres? Leamos cuidadosamente los siguien- tes textos y veamos si las sentencias proféticas de Jesús constituyen un mensaje feliz para los pobres: Mc 10,21; Lc 12,33-34; 16,19-23; Mt 6,24; Lc 6,21. 24; 12, 15; 12,16-21; Mc 10,23-25. De estas sentencias de Jesús puede afirmarse con seguridad: a. que hablan a favor de los pobres;
392 La Cuestión Social Año 23, n. 4 393 La Cuestión Social Año 23, n. 4 b. que critican la riqueza de los ricos; c. que constituyen un men- saje feliz para los pobres, desposeídos y oprimidos. 2. La doctrina de Jesús, ¿libe- ración sustancial o estructural? ¿Se puede afirmar que la doc- trina de Jesús proponía la buena noticia de la liberación sustancial y estructural y la justicia para los pobres, desposeídos y oprimidos? Veamos unos textos que definen la postura, la plataforma o la filoso- fía de Jesús sobre cuestiones como posesiones y pobreza: Mc 10,21; Lc 12,33-34. Veamos también de qué modo vivían los primeros seguidores de Jesús sus doctrinas: Hch 2,42-47; 4,32-35; 4,36-37 (5,1-10 puede leerse también provechosamen- te); Mt 23,23; 9,13; 12,7. Acotemos en primer lugar las palabras que guardan relación con posesiones y pobreza y con justicia social: «Vete a vender lo que tie- nes y dáselo a los pobres» (Mc 10,21). «Vended vuestros bienes y dadlo en limosna» (Lc 12,33-34). «Los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y lo repartían entre todos según la necesidad de cada uno» (Hch 2,42-47). «Lo poseían todo en co- mún y nadie consideraba suyo nada de lo que tenía» (Hch 4,32). «Entre ellos ninguno pasaba necesidad, ya que los que poseían tierras o casas las vendían, llevaban el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles; luego se distri- buía según lo que necesitaba cada uno» (Hch 4,34-35). «…tenía un campo y lo ven- dió; llevó el importe y lo puso a disposición de los apóstoles» (Hch 4,36-37». «…lo más grave de la ley, la justicia, la compasión y la sinceridad. ¡Esto había que practicar!, y aquello…, no dejarlo» (Mt 23,23). «Misericordia quiero, no sacrificio» (Mt 9,13; 12,7). 3. Postura de Jesús sobre las posesiones y la riqueza La postura de Jesús con respec- to a las posesiones y la riqueza fue clara y rotunda: dar, distri- buir, es decir, compartir. «Vete a vender lo que tienes y dáselo a los pobres» (Mc 10,21) y «Vended vuestros vienes y dadlo en limosna» (Lc 12,33) constituyen la visión profética de las cosas de Jesús. Cuando esta visión proféti- ca fue transportada a la vida real, la comunidad que vemos surgir en los Hechos de los Apóstoles (Hch 2,42-47; 4, 32-35) muestran los rasgos siguientes: Tenían todas las cosas en común; Vendían sus posesiones y sus bienes, como tierras y casas —cada cual según sus posibilidades— y dis- tribuían el producto entre todos, según las necesida- des de cada cual —a cada uno los que necesitara; Nadie decía que las cosas que poseía eran suyas; Entre ellos no había nin- gún necesitado. «Vete a vender lo que tienes y dáselo a los pobres» (Mc 10,21) y «Vended vuestros vienes y dadlo en limosna» (Lc 12,33) constituyen la visión profética de las cosas, no un programa económico, porque Jesús era una personalidad profética, no un economista. Pero si el espíritu de esta visión profética de Jesús tuviera que tomarse como fuerza inspiradora de un programa eco- nómico para la sociedad contem- poránea, ¿qué tipo de comunidad humana tendríamos? ¿Qué tipo de sistema social surgiría? Queda para el lector la tarea de reflexio- nar y discutir sobre ello. En resumen, ¿podemos afirmar que la doctrina de Jesús sobre posesiones y pobreza aporta la buena noticia de una liberación sustancial y estructural y de la jus- ticia de los pobres, desposeídos y oprimidos? Parece que así es. 4. ¿Justicia social? ¿Enseñó Jesús algo que pudiera equivaler a lo que hoy llamaríamos ‘justicia social’? Para entender a Je- sús hemos de familiarizarnos antes con un lenguaje que pertenece a la esencia misma de las enseñanzas proclamadas por los profetas israe- litas. Aquel Israel en que había in- justicia social —derramamiento de sangre inocente, leyes injustas y jue- ces venales, opresión de los pobres, las viudas y los huérfanos— era un Israel en que no había sedakah (=justicia o rectitud), mispat (=justi- cia o derecho), hesed (=compasión, misericordia o amor constante) ni ’emet (= verdad, sinceridad). Cf. Is 59,3-15; 1,21-23; 5,7. La salvación futura implica la presencia de sedakah, mispat, he- sed y ’emet. Cf. Is 1,26-27; 9,6-7; 32,15-16; 33,5; Os 2,19-20. De estos textos se desprende clara- mente que: a. sedakah, mispat, hesed y ’emet = justicia social; b. sedakah, mispat, hesed y ’emet son elementos esenciales en el mensaje de los profetas. ¿Qué ocurre con Jesús? Antes de responder esta pregunta no ven- dría mal hacer mentalmente una lista de los asuntos más impor- tantes o graves de la religión cris- tiana. Compárese con esta lista la de Jesús. Lo que Jesús tiene que decirnos es esto: «¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, del anís y del comino y descuidáis lo más grave de la ley: la honradez (mispat), la compasión (hesed) y la sin-
394 La Cuestión Social Año 23, n. 4 395 La Cuestión Social Año 23, n. 4 ceridad (’emet)! ¡Esto habría que practicar!, y aquello… no dejarlo» (Mt 23,23). «Id mejor a aprender lo que significa “misericordia (hesed) quiero, no sacrifi- cios”» (Mt 9,13; 12,7). Para Jesús, lo más importante de la religión es sedakah, mispat, hesed y ’emet. Está claro que Je- sús enseñaba algo que equival- dría a una exigencia de justicia social, como diríamos hoy. De he- cho, Jesús coloca sedakah, mispat, hesed y ’emet en el corazón mis- mo de la verdadera religión (Mt 23,23; cf. también Mt 25,31-46). Jesús, lo mismo que Yahvé, prefie- re la justicia entre los hombres al culto (Mt 9,13; Os 6,6). Una vez que hemos conocido la postura o filosofía sobre las po- sesiones y la pobreza y la justicia social, podemos decir como con- clusión que la enseñanza de Jesús proponía la buena noticia de la liberación sustancial y estructural y la justicia para los pobres, des- poseídos y oprimidos. También podemos decir como resumen que la enseñanza de Jesús era una noticia buena y feliz en los oídos de los pobres, desposeídos y opri- midos, y ello de un modo tal como nuestro testimonio y nuestra pra- xis actuales como Iglesia no han sabido serlo. Hemos de subrayar que Jesús declara bienaventura- dos a los pobres no primariamen- te porque fueran subjetivamente buenos, sencillos o santos o por cualquier otra cualificación moral. La atención bíblica a los pobres tiene por razón primaria el hecho de que son pobres. El centro de la atención de Jesús no era la bondad de los pobres, sino la pobreza de los pobres. 5. ¿Qué ocurre con los ricos? ¿Qué piensa Jesús de los ricos, de los que no son pobres? ¿Qué relaciones mantenía con ellos? En la vida de Jesús aparecen los ricos en distintas situaciones: a. Los que fueron criticados por Jesús, por ejemplo: «¡Ay de vosotros, los ricos!» (Lc 6,24); b. Los que fueron puestos a prueba por Jesús, como el joven rico al que Jesús pidió que vendiera lo que tenía y lo diera a los pobres (Mc 10,21); c. Los que se convirtieron y repartieron sus riquezas, como Zaqueo (Lc 19,1-10); d. Los que creían en Jesús y en todo lo que Jesús repre- sentaba —como la justicia y la liberación para los po- bres— y no en un opresor, como las mujeres que lo seguían (Lc 8,2) o el cen- turión romano (Lc 7,1-10). ¿No murió acaso Jesús por los ricos y por los pobres? Ciertamente, murió por ricos y pobres. Pero mientras vivió, estuvo a favor de la justicia y la liberación para los po- bres. Y esta postura a favor de los pobres tuvo que ver sin lugar a du- das con su muerte a manos de los poderosos y los ricos de su tiempo. ¿ Acaso no proclamó Jesús su buena noticia del reino a todos, ri- cos y pobres, por igual? Ciertamen- te, así fue. La invitación al reino va dirigida a todos. Pero en virtud de las exigencias del reino, muchas veces resultó ser una mala noti- cia para los ricos y poderosos (Mc 10,21-22; Lc 14,15-24). Puesto que Jesús murió por los ricos y por los pobres, ¿no ha de estar hoy la Iglesia también al servicio de los ricos? Ciertamen- te. La única cuestión es saber cómo. No es suficiente que los ricos se apropien la gracia espi- ritual de la muerte de Jesús en el bautismo y la alimenten con los sacramentos. Hay que exigir a los ricos que vivan de acuerdo con las exigencias del reino plan- teadas por Jesús. VI. Una pregunta a la con- ciencia cristiana A lo largo de los quinientos años de teología católica y protestante, hemos enumerado todas las obras de Jesús antes, durante y después de su existencia terrena, a excep- ción o poco menos de su proclama de la liberación y la justicia para los pobres, que a pesar de todo se men- ciona en las principales formulacio- nes sobre la misión; es el único acto de Jesús 55 que se menciona constan- temente en las distintas formulacio- nes sobre la misión, lo que significa que esa proclama está inserta en el núcleo mismo de la misión de Jesús. 5 La otra acción frecuentemente men- cionada es «dar vista a los ciegos». La pregunta que hemos de for- mular a la conciencia cristiana es: ¿por qué el evangelio de la liberación y la justicia para los pobres no ha formado parte de la conciencia cristiana a lo largo de varios siglos? Los pobres de nues- tros días y su lucha nos han obli- gado a retornar a nuestras raíces bíblicas y redescubrir el evangelio de la justicia y la liberación en el centro mismo de la misión origi- nal de Jesús. Que este evangelio, a su vez, nos ayude a entregarnos con ardor a la tarea de instaurar la justicia y la liberación en nues- tra época. B. Dimensiones teológicas para la opción por los pobres 6 Los pobres de la opción son his- tóricamente pobres; son los em- pobrecidos por otros. Pobreza no es mera carencia, no es mera difi- cultad de dominar la vida, sino di- ficultad de vivir causada por otros e ignominia añadida introducida por otros. La pobreza entonces «clama al cielo» (Medellín, Justi- cia, 1), «es contraria al plan del Creador y al honor que se mere- ce» (Puebla, 28). Esta opción tiene varias dimensiones teológicas. 1. Dimensión humano-creatural (de parte del ser humano) Jesús menciona la parábola del samaritano compasivo para expli- 6 Boff, CL./Boff, L., “Algunos temas clave de la teología de la liberación” en Cómo hacer teología de la liberación, Paulinas, Madrid, 1988, 59-65. Sobrino, J., op. cit.
396 La Cuestión Social Año 23, n. 4 397 La Cuestión Social Año 23, n. 4 car cuál es el mayor de los manda- mientos, pero el contenido de la parábola no basa la reacción del samaritano en que quisiera o tu- viera que cumplir un mandamien- to, sino en algo más primigenio: en la compasión y misericordia que siente ante el herido. Afirmar que la opción por los pobres es salvación es, además, afirmar que la salvación es posi- ble; es apostar por la esperanza en la historia, que la última pa- labra es bendición y no condena- ción. Afirmar que de los pobres es el reino y que quienes optan por ellos entran en el reino, es la forma de aceptar que en la histo- ria hay un sentido último contra muchas apariencias; es una for- ma de fe que mueve a optar (fides qua), pero que posee también un contenido (fides quae) explícito o implícito: hay salvación. 2. Dimensión teológica (de parte de Dios) Dios se revela como quien hace una opción por los pobres, y esa opción es mediación esencial de su revelación. En el hecho fundan- te del pueblo de Dios está un acto parcial: la liberación de Egipto, a través de la cual Dios se muestra como es. El Dios bíblico es fundamental- mente un Dios vivo, autor y de- fensor de la vida. Siempre que alguien ve amenazada su vida y tiene que morir antes de tiempo, puede contar con la presencia y con el poder de Dios, que de algu- na manera acude en su ayuda. Por su propia naturaleza, Dios se sien- te impulsado a acudir en socorro del pobre, carente de vida (cf. Ex 3,7-9). El culto grato a Dios ha de ir acompañado de la justicia y de la conversión al necesitado y opri- mido (cf. Is 1,10-17; 58, 6-7; Mc 7,6-13). Al optar por los pobres, la Iglesia imita al Padre celestial que está en los cielos (cf. Mt 5,48). 3. Motivación cristológica (de parte de Cristo) No se puede negar que Cristo hizo personalmente una opción por los pobres y los conside- ró como los destinatarios de su mensaje (cf. Lc 6,20; 7,21-22). Cumple la ley del amor el que se acerca a los que yacen en el suelo, como el buen samaritano (cf. Lc 10,25-37), que hace del descono- cido un prójimo y del prójimo un hermano. Los seguidores de Je- sús que forman la Iglesia realizan esta opción hoy en los cuadros de la pobreza generalizada como manera eminente de expresar la fe en Cristo. El valor permanente de la op- ción de Jesús por los pobres es: hay que ver la historia desde ellos y, escandalosamente, como espe- ranza para ellos; hay que poner signos de todo tipo en su favor, benéficos y liberadores; hay que denunciar y atacar el antirreino desde su raíz. Y hay que optar por los pobres, introducirse en el con- flicto de la historia por salir en su defensa, aunque en ello surja la persecución y la muerte. 4. Motivación eclesiológica (por parte de la Iglesia) Ante la marginación y el em- pobrecimiento de las grandes mayorías latinoamericanas, la Iglesia continental —urgida por las motivaciones arriba refe- ridas y movida por un sentido humano de compasión— ha he- cho una solemne opción prefe- rencial por los pobres, iniciada en Medellín (1968) y ratificada en Puebla (1979). Los obispos reconocieron «la necesidad de conversión de toda la Iglesia a una opción preferencial por los pobres, en orden a su integral li- beración» (Puebla, 1134). Partiendo de los anhelos y lu- chas de los pobres, la Iglesia se esfuerza por acentuar su evan- gelización de modo que todos se sientan instados a vivir su fe también —no exclusivamente— como factor de trasformación de la sociedad en el sentido de una mayor justicia y fraternidad. To- dos han de realizar una opción por los pobres: los ricos opten con generosidad y resueltamen- te por los pobres reales, y los pobres opten por otros pobres o por los más pobres que ellos. La dimensión eclesial de la opción por los pobres es constitutiva de su misión evangelizadora. La Iglesia se hace Iglesia en la medida que vive y comunica el evangelio de Jesús des- de la causa de los pobres. 5. Motivación escatológica (de parte del juicio final) Jesús es claro en su evangelio: en el momento supremo de la his- toria, cuando se trata de nuestra salvación o perdición eterna, lo que cuenta es nuestra actitud de acepta- ción o de repulsa de los pobres (Mt 25,31-46). El propio Juez supremo se esconde detrás de cada oprimi- do, considerado como un hermano pequeño de Jesús (Mt 25,40). Sólo comulga definitivamente con Cristo el que efectivamente ha comulgado en la historia con los sacramentos históricos de Cristo, que son los po- bres y los necesitados. Hay salvación cuando se opta por los pobres en cuanto tales, sin que ninguna otra cualificación en ellos tenga que forzar la opción; se opta porque tienen hambre, sed, desnudez, enfermedad, cauti- vidad. Y el hecho mismo de optar por ellos, de ayudarles y servirles, independientemente de la con- ciencia explícita con que se haga eso —«Señor, ¿cuándo te vimos hambriento…?»—, produce salva- ción y hace vivir como seres hu- manos salvados. CS * Doctor en Teología Moral por la Uni- versidad de Lovaina. Profesor ordi- nario de Teología Moral en el Institu- to Teológico Franciscano (ITF), en la Universidad Intercontinental (UIC), en el Instituto Formación Teológica Intercongregacional (IFTIM) y en la Universidad Iberoamericana (UIA). Miembro del equipo de investigación de la Escuela de Teología de la Univer- sidad Intercontinental (UIC).
398 La Cuestión Social Año 23, n. 4 399 La Cuestión Social Año 23, n. 4 La revista La Cuestión Social se imprimió en Impresora Varel, Calle 8 No. 222 Col. Granjas San Antonio D.F. La edición consta de 1,500 ejemplares.
400 La Cuestión Social Año 23, n. 4