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La Cuestión Social
Año 23, n. 2
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La Cuestión Social
Año 23, n. 2
al sujeto pobre como aquel mili-
tante que se inspira en la mística
de la trascendencia divina, y que
desde ese lugar cuestiona todos
aquellos marcos que limitan la ac-
ción humana: el poder eclesial, po-
lítico, académico, ideológico. Este
enfrentamiento lo hacen desde una
lógica propia, una lógica militante
y popular, con un lenguaje gestual
y corporal, cuya simpleza destruye
las condiciones implantadas por
el poder. Como resalta Frei Betto:
“Desde lo alto de nuestra teología
académica decíamos que eran su-
perstición, tradicionalismo, pero
la teología de la liberación, desde
el momento que parte del pobre
como sujeto, cambia su óptica en
relación a la devoción mariana”,
10
haciendo énfasis sobre la resigni-
ficación ritual que hacen los gru-
pos populares con respecto a la
religiosidad oficial que los excluye.
Esto, en palabras de Gustavo Gu-
tiérrez, es una expresión del clási-
co fides quaerens intellectum. La
teología de la liberación propone
que el ejercicio teológico no se de-
posita en un profesional, sino en
la comunidad de creyentes toda,
desde su particularidad y hete-
rogeneidad. Dice Gutiérrez: “El
verdadero sujeto de esa reflexión
no es el teólogo aislado, sino la
comunidad cristiana y, por círcu-
los concéntricos, la Iglesia ente-
ra con sus diferentes carismas y
responsabilidades”.
11
De esta ma-
nera, la teología deja de ser un dis-
10
Ibíd., p.48.
11
Gustavo Gutiérrez, Densidad del pre-
sente, CEP, Lima, 1996, p.331.
curso aislado de la vida, un dogma
que sirve a la legitimación de una
estructura, para pasar a ser la ex-
presión de la experiencia de una
comunidad, que como tal está le-
jos de un pensamiento único sino
que es la expresión de un conjun-
to heterogéneo de sujetos.
Desde esta perspectiva, el que-
hacer teologal está atravesado por
lo narrativo. “Una comunidad cre-
yente es siempre una comunidad
narradora”, dice Gutiérrez.
12
Ha-
blar de narración significa consi-
derar un campo de construcción
de sentido abierto, que va más
allá de los estándares institucio-
nales y académicos. La teología
como narración implica la imbri-
cación creativa y propulsora de la
experiencia de cada sujeto, pero
no ya desde un marco discursivo
homogéneo, sino como un campo
de sentido atravesado y combi-
nado por cada una de ellos. Esta
relación entre narrativa, teología
y comunidad ubica en un lugar de
privilegio a los sujetos y sus inte-
racciones particulares. En otros
términos, los sujetos no sólo son
receptores sino constructores de
sentido. Y en esa construcción, se
abre un espacio de reconocimien-
12
Ibíd., p.377. Dice más adelante:
“Jesús fue un narrador. Sus relatos
suscitan otros que de una manera u
otra hablan de él y de su testimonio.
Jesús es el narrador narrado. Desde
este punto de vista el cristianismo
no es sino una saga de relatos [...]
Después de todo, ¿qué es una vida
humana sino un relato que desem-
boca permanente e inquietantemen-
te en otro?” (p.379).
to, reivindicación y militancia. En
palabras de Gutiérrez:
La narración incorpora dentro
de ella al oyente. Cuenta una expe-
riencia y la convierte en experien-
cia de aquellos que la escuchan.
Lo propio del relato es la invita-
ción, no la obligación; su terreno
es la libertad, no el mandato.
13
La liturgia representa el espa-
cio narrativo más significativo de
la comunidad eclesial. La teología
de la liberación ha sido plenamen-
te consciente y sensible a ello, por
lo cual ha reelaborado desde estas
perspectivas el lugar de varias de
sus prácticas. Es así que Leonardo
Boff se pregunta: ¿qué significa la
Eucaristía en un mundo de injusti-
cia y donde se violan los derechos
humanos? De aquí hace una re-
lectura de la celebración de Jesús,
quien a través de ella supera las
rupturas sociales y ofrece un es-
pacio de reconciliación entre los
seres humanos. Más aún, hace de
esa práctica un espacio de inclu-
sión de todos aquellos y aquellas
que eran excluidos por su “impu-
reza”, según las normas religiosas
vigentes. Inclusive, para los prime-
ros cristianos y cristianas derivó
en la “comunidad de bienes”.
14
La liturgia, dice también Leonar-
do Boff, es el epicentro donde se
concentra el lema monacal ora et
labora. El compromiso con la vida,
13
Ibíd., p.380.
14
Leonardo Boff, Teología desde el lu-
gar del pobre, Sal Terrae, Satander,
1986, p.101-115.
la historia, la liberación, vivencia-
das en un espacio de símbolos. “La
oración capitaliza todo el valor y
se expresa a través de los signos
del campo religioso: liturgia, ofi-
cio divino, ejercicios de devoción
y toda la gama de expresiones
religiosas.”
15
Esto significa redefi-
nir la oración en la acción, dentro
de la acción y con la acción. Desde
esta perspectiva, afirma Boff, hay
una estrecha relación entre místi-
ca y política.
Desde lo dicho hasta aquí, se pue-
den extraer los siguientes aportes
de la teología de la liberación al
estudio de lo litúrgico. En primer
lugar, la liturgia es un espacio na-
rrativo central de la comunidad de
fe en donde se resignifican los ima-
ginarios teológicos y socio-cultura-
les. Al asumir a la comunidad como
sujeto teológico, se abre un espacio
de cuestionamiento y resignifica-
ción de los dogmas, los pensamien-
tos, las ideologías imperantes. No
sólo ello, sino que el ejercicio teo-
lógico en sí se transforma de un
discurso vacío, a un cuerpo de sen-
tidos heterogéneo, nutrido de ges-
tos, colores, símbolos y prácticas
rituales propias de la liturgia, ale-
jando a la teología de las tinieblas
de la abstracción racional, la cual
no sólo es insípida a la vida sino, en
muchos casos, sofocante. En segun-
do lugar, el reconocimiento de la
condición narrativa de lo teológico
en la liturgia reivindica el lugar de
los sujetos creyentes. Esta reivindi-
cación en la impronta comunitaria
15
Leonardo Boff, La fe en la periferia,
Sal Terrae, Santander, 1980, p.211