CUESTIóN SOCIAL LA Documentos, ensayos, comentarios y reseñas de libros acerca de lo social 1 El Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana es una institución de laicos católicos, con espíritu ecuménico, en diálogo con las culturas; cuya misión es contribuir a formar la conciencia personal y social, para construir una realidad social justa a la luz del Evangelio y a través de la investigación, la enseñanza y la difusión del pensamiento social cristiano. LA CUESTIÓN SOCIAL AÑO 23, N. 1, ENERO-MARZO. 2015 AÑO 23, N. 1, ENERO-MARZO. 2015 Asociación Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C., que auspicia al Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana Pedro Luis Ogazón 56, Col. Guadalupe Inn, 01020, México, DF Tels.: 56613043 - 56615612, Fax 56614286 comunica@imdosoc.org - www.imdosoc.org REVISTA DEL INSTITUTO MEXICANO DE DOCTRINA SOCIAL CRISTIANA, MÉXICO, DF. Mensaje del Santo Padre Francisco para la celebración de la XLVIII Jornada Mundial de la Paz. No esclavos, sino hermanos / págs. 5-13. Mario Toso. Humanismo y desarrollo sostenible / págs. 14-30. José Luis Calva. Viabilidad de una política de salarios dignos / págs. 31-38. François Houtart De los bienes comunes al bien común de la humanidad / págs. 39-77. Mario Alberto García Reyes Esperanza y utopía en Enrst Bloch / págs. 78-89. Gerardo Cruz González La Cartografía Eclesiástica Mexicana: una forma de conocernos y de hacer pastoral / págs. 90-95.
Contenido Presentación Mensaje del Santo Padre Francisco para la celebración de la XLVIII Jornada Mundial de la Paz. No esclavos, sino hermanos Humanismo y desarrollo sostenible Mario Toso. Viabilidad de una política de salarios dignos José Luis Calva. De los bienes comunes al bien común de la humanidad François Houtart Esperanza y utopía en Enrst Bloch Mario Alberto García Reyes La Cartografía Eclesiástica Mexicana: una forma de cono- cernos y de hacer pastoral Gerardo Cruz González 1 5 14 31 39 78 90 Portada detalle: Autor anónimo (1500). Mapa del mundo, donde se registra Améri- ca, realizado cerca del año 1500. El humanismo, revolución cultural. Juan Carlos Geneyro Shakespeare, el humanista. Gerardo Piña Ocio y cultura: más allá del valor económico Virginia L. Arbery Díalogo de poetas Guillermo Fernández Dossier Premio Alonso Lujambio de ensayo político José Said Sánchez Creación Susana Patiño Sección especial: La filosofía en el siglo XXI. Algunas corrientes Mauricio Beuchot 111
1 La Cuestión Social Año 23, n. 1 Presentación Un nuevo año comienza, lleno de esperanza y de retos por en- frentar. Como cada año, el Papa nos regala el mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, que en esta ocasión lleva por títu- lo No esclavos, sino hermanos, en el que SS Francisco decidió analizar a profundidad, desde la vocación de ser hermanos propia de los que nos decimos cristia- nos, los múltiples rostros de las nuevas esclavitudes, sus causas profundas y la propuesta para enfrentar este flagelo con el compromiso común y la globa- lización de la fraternidad. A continuación en Humanis- mo y desarrollo sostenible, Mons. Mario Toso, SDB, secretario del Consejo Pontificio Justicia y Paz, propone un nuevo humanismo abierto a la trascendencia en sentido horizontal y vertical con desarrollo personalista, integral y sostenible que permita el cre- cimiento económico, con base en el beneficio de las personas que integran la sociedad. En meses pasados se llevó a cabo una interesante conferencia en IMDOSOC, sobre la problemá- tica relacionada con el salario mí- nimo en nuestro país. En el texto Viabilidad de una política de sala- rios dignos, el Dr. José Luis Calva, recoge los principales rubros y análisis sobre este interesante tema que vale la pena conocer. El tipo de desarrollo econó- mico que vivimos actualmente, con sus consecuencias políticas, culturales y psicológicas, es el origen de los desequilibrios e impone de manera urgente la necesidad de soluciones. Es el momento de plantear nuevas orientaciones y no solamente adaptaciones, es momento de reunir fuerzas para actuar y pen- sar sobre este fin como una prio- ridad. En este sentido, François Houtart analiza el concepto de bien común de la humanidad, en su artículo De los bienes comunes al bien común de la humanidad. En estos momentos que vive el país y la humanidad, urge la reflexión sobre la necesidad de creer en la persona humana y su necesidad de un mundo más jus- to. En el texto Esperanza y utopía
2 La Cuestión Social Año 23, n. 1 3 La Cuestión Social Año 23, n. 1 Directorio CONSEJO DIRECTIVO Presidente Honorario Vitalicio: Emmo. Sr. Cardenal Roger Etchegaray Presidente Honorario Vitalicio: Lorenzo Servitje Sendra Presidente Honorario Vitalicio: Salvador Domínguez Reynoso PRESIDENTE: Román Uribe Michel. VICEPRESIDENTES: Lucila Servitje Montull. José Enrique Mendoza Delgado. TESORERO: Constantino José Antonio De Llano Marhx. SECRETARIO: María de la Paz Sáenz de Soberón. VOCALES: Raúl González Schmal Luis Javier Rubio Guerrero, OP VOCALES DEL CONSEJO: Francisco Javier Albarrán González, Germán Araujo Mata, Martha Aviña de Chávez, Tomas G. Reynoso Ruíz, Adrián Ruíz De Chávez, María Eugenia Romo, Arcadio Va- lenzuela Valenzuela, Carlos Wagner Wagner, P. Mario Ángel Flores Ramos, Eduardo Garza Cuéllar, Manuel Gómez Díaz, Juan Pablo Murguía Ashby, P. Manuel Olimón Nolasco, Wilfrido Perea Curiel, Javier Ballesteros de León, Sergio Castro Toledo, Jesús Antonio Damián Basurto, Mons. Guillermo Francisco Escobar Galicia CUESTIóN SOCIAL LA Documentos, ensayos, comentarios y reseñas de libros acerca de lo social en Ernst Bloch, un mundo posible y mejor, del P. Mario Alberto García Reyes, encontraremos una propues- ta para profundizar en el tema. Para poder realizar un archi- vo de validación para algunas de las preguntas de la Encues- ta Nacional de Cultura y Prác- tica Religiosa en México (www. encuestacreerenmexico.mx), realizada en el año 2013 por el Instituto Mexicano de Doctrina So- cial Cristiana, junto con la agencia IPSOS; se tuvo que actualizar la Car- tografía Eclesiástica Mexicana, im- portante herramienta con grandes posibilidades de aprovechamiento, que Gerardo Cruz nos comparte en su artículo La Cartografía Eclesiásti- ca Mexicana: una forma de conocer- nos y de hacer pastoral. Esperamos que este año 2015 esté lleno de parabienes para nues- tros lectores y sus familias, agrade- cemos su confianza y esperamos contar con su cercanía, cualquier comentario sobre los contenidos de La cuestión social lo pueden ha- cer llegar a contacto@imdosoc.org. CS
4 La Cuestión Social Año 23, n. 1 5 La Cuestión Social Año 23, n. 1 Mensaje del Santo Padre Francisco para la celebra- ción de la XLVIII Jornada Mundial de la Paz No esclavos, sino hermanos 1. A l comienzo de un nue- vo año, que recibimos como una gracia y un don de Dios a la humanidad, deseo dirigir a cada hombre y mujer, así como a los pueblos y naciones del mundo, a los jefes de Estado y de Gobier- no, y a los líderes de las diferentes religiones, mis mejores deseos de paz, que acompaño con mis ora- ciones por el fin de las guerras, los conflictos y los muchos de sufri- mientos causados por el hombre o por antiguas y nuevas epidemias, así como por los devastadores efectos de los desastres naturales. Rezo de modo especial para que, respondiendo a nuestra común vocación de colaborar con Dios y con todos los hombres de buena voluntad en la promoción de la concordia y la paz en el mundo, resistamos a la tentación de com- portarnos de un modo indigno de nuestra humanidad. En el mensaje para el 1 de ene- ro pasado, señalé que del «de- seo de una vida plena… forma parte un anhelo indeleble de fraternidad, que nos invita a la comunión con los otros, en los que encontramos no enemigos o contrincantes, sino hermanos a los que acoger y querer». 1 Sien- do el hombre un ser relacional, destinado a realizarse en un contexto de relaciones interper- sonales inspiradas por la justi- cia y la caridad, es esencial que para su desarrollo se reconozca y respete su dignidad, libertad y autonomía. Por desgracia, el flagelo cada vez más generaliza- do de la explotación del hombre por parte del hombre daña se- riamente la vida de comunión y la llamada a estrechar relaciones interpersonales marcadas por el respeto, la justicia y la caridad. Este fenómeno abominable, que pisotea los derechos fundamen- tales de los demás y aniquila su libertad y dignidad, adquiere múltiples formas sobre las que deseo hacer una breve reflexión, de modo que, a la luz de la Pa- labra de Dios, consideremos a todos los hombres «no esclavos, sino hermanos». COMISIÓN DE VIGILANCIA: María Luisa Aspe Armella, Rogerio Casas-Alatriste Hernández, Juan Guillermo Domínguez Meneses, Salvador Domínguez Reynoso, José Ignacio Mariscal Torro- ella, Juan Murguía Pozzi, Óscar Ortiz Sahagún, Lorenzo Servitje Sendra Director general: Jaime A. Vela del Río. La Cuestión Social, es una publicación trimestral editada y publicada por la Aso- ciación Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C., a través del Instituto Mexi- cano de Doctrina Social Cristiana, con dirección en Pedro Luis Ogazón n. 56, Col. Guadalupe Inn, CP 01020, México, DF, Tels. 56614465, 56614169, Fax 56614286 E-mail: imdosoc@imdosoc.org www.imdosoc.org Responsable de la edición: Jorge Navarrete Chimés. Registro de correspondencia de 2a. Clase expedido en la Dirección General de Correos Publicación Periódica. Registro No. 129-93. Certificado de Licitud de Contenido (pendiente). Certificado de Licitud de Título (pendiente). No. de Reserva al Título del Derecho de Autor (pendiente). Registro ISSN en trámite. Distribución directa en el IMDOSOC. Impresa en Impresora Varel, S. A. de C.V, Calle 8 No. 222, Col. Granjas San Antonio Tel: 2065 3523 Fax: 5690 0463, impvarel@hotmail.com, este número se terminó de imprimir el 28 de septiembre de 2014, con un tiraje de 1,500 ejemplares. Diseño: Roberto Mandeur Cortés. Corrección de estilo: A. Alfonso Muñoz Chávez. Suscripciones: martha.crm@imdosoc.org Los artículos publicados reflejan el punto de vista del autor y no necesariamente el de la Asociación Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C. No se devuelven originales no solicitados. Queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos e imágenes de la publicación sin previa autorización de la Asociación Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C. Precio del ejemplar: $ 100. 00 Suscripción anual: $ 330. 00 Suscripción para el extranjero Dlls. 80. 00
6 La Cuestión Social Año 23, n. 1 7 La Cuestión Social Año 23, n. 1 honraban, dando lugar a una des- igualdad entre hermanos nacidos del mismo vientre. En la historia de los orígenes de la familia humana, el pecado de la separación de Dios, de la figura del padre y del hermano, se convierte en una expresión del rechazo de la comunión traduciéndose en la cul- tura de la esclavitud (cf. Gn 9,25- 27), con las consecuencias que ello conlleva y que se perpetúan de ge- neración en generación: rechazo del otro, maltrato de las personas, violación de la dignidad y los dere- chos fundamentales, la institucio- nalización de la desigualdad. De ahí la necesidad de convertirse conti- nuamente a la Alianza, consumada por la oblación de Cristo en la cruz, seguros de que «donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia... por Jesucristo» (Rm 5,20.21). Él, el Hijo amado (cf. Mt 3,17), vino a revelar el amor del Padre por la humanidad. El que escucha el evangelio, y responde a la llamada a la conversión, llega a ser en Jesús «hermano y hermana, y madre» (Mt 12,50) y, por tanto, hijo adop- tivo de su Padre (cf. Ef 1,5). No se llega a ser cristiano, hijo del Padre y hermano en Cristo, por una disposición divina autori- tativa, sin el concurso de la libertad personal, es decir, sin convertir- se libremente a Cristo. El ser hijo de Dios responde al imperativo de la conversión: «Convertíos y sea bautizado cada uno de vo- sotros en el nombre de Jesús, el Mesías, para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo» (Hch 2,38). Todos los que respondieron con la fe y la vida a esta predicación de Pedro entraron en la fraternidad de la primera comunidad cristiana (cf. 1 P 2,17; Hch 1,15.16; 6,3; 15,23): judíos y griegos, esclavos y hom- bres libres (cf. 1 Co12,13; Ga 3,28), cuya diversidad de origen y condi- ción social no disminuye la digni- dad de cada uno, ni excluye a nadie de la pertenencia al Pueblo de Dios. Por ello, la comunidad cristiana es el lugar de la comunión vivida en el amor entre los hermanos (cf.Rm 12,10; 1 Ts 4,9; Hb 13,1; 1 P 1,22; 2 P 1,7). Todo esto demuestra cómo la Buena Nueva de Jesucristo, por la que Dios hace «nuevas todas las cosas» (Ap 21,5), 3 también es ca- paz de redimir las relaciones entre los hombres, incluida aquella entre un esclavo y su amo, destacando lo que ambos tienen en común: la filiación adoptiva y el vínculo de fraternidad en Cristo. El mismo Je- sús dijo a sus discípulos: «Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; a voso- tros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer» (Jn 15,15). Múltiples rostros de la escla- vitud de entonces y de ahora 3. Desde tiempos inmemoria- les, las diferentes sociedades hu- manas conocen el fenómeno del sometimiento del hombre por parte del hombre. Ha habido pe- ríodos en la historia humana en A la escucha del proyecto de Dios sobre la humanidad 2. El tema que he elegido para este mensaje recuerda la carta de san Pablo a Filemón, en la que le pide que reciba a Onésimo, antiguo esclavo de Filemón y que después se hizo cristiano, mereciendo por eso, según Pablo, que sea conside- rado como un hermano. Así escribe el Apóstol de las gentes: «Quizá se apartó de ti por breve tiempo para que lo recobres ahora para siem- pre; y no como esclavo, sino como algo mejor que un esclavo, como un hermano querido» (Flm, 15-16). Onésimo se convirtió en hermano de Filemón al hacerse cristiano. Así, la conversión a Cristo, el comien- zo de una vida de discipulado en Cristo, constituye un nuevo naci- miento (cf. 2 Co 5,17; 1 P 1,3) que regenera la fraternidad como vín- culo fundante de la vida familiar y base de la vida social. En el libro del Génesis, leemos que Dios creó al hombre, varón y hembra, y los bendijo, para que crecieran y se multiplicaran (cf. 1,27-28): Hizo que Adán y Eva fueran padres, los cuales, cum- pliendo la bendición de Dios de ser fecundos y multiplicarse, con- cibieron la primera fraternidad, la de Caín y Abel. Caín y Abel eran hermanos, porque vienen del mismo vientre, y por lo tanto tie- nen el mismo origen, naturaleza y dignidad de sus padres, creados a imagen y semejanza de Dios. Pero la fraternidad expresa tam- bién la multiplicidad y diferencia que hay entre los hermanos, si bien unidos por el nacimiento y por la misma naturaleza y digni- dad. Como hermanos y hermanas, todas las personas están por natu- raleza relacionadas con las demás, de las que se diferencian pero con las que comparten el mismo ori- gen, naturaleza y dignidad. Gra- cias a ello la fraternidad crea la red de relaciones fundamentales para la construcción de la familia humana creada por Dios. Por desgracia, entre la prime- ra creación que narra el libro del Génesis y el nuevo nacimiento en Cristo, que hace de los creyentes hermanos y hermanas del «primo- génito entre muchos hermanos» (Rm 8,29), se encuentra la realidad negativa del pecado, que muchas veces interrumpe la fraternidad creatural y deforma continuamen- te la belleza y nobleza del ser her- manos y hermanas de la misma familia humana. Caín, además de no soportar a su hermano Abel, lo mata por envidia cometiendo el primer fratricidio. «El asesinato de Abel por parte de Caín deja cons- tancia trágicamente del rechazo radical de la vocación a ser her- manos. Su historia (cf. Gn 4,1-16) pone en evidencia la dificultad de la tarea a la que están llamados to- dos los hombres, vivir unidos, pre- ocupándose los unos de los otros». 2 También en la historia de la fami- lia de Noé y sus hijos (cf. Gn 9,18- 27), la maldad de Cam contra su padre es lo que empuja a Noé a maldecir al hijo irreverente y bendecir a los demás, que sí lo
8 La Cuestión Social Año 23, n. 1 9 La Cuestión Social Año 23, n. 1 su marido, sin tener el derecho de dar o no su consentimiento. No puedo dejar de pensar en los niños y adultos que son víc- timas del tráfico y comercia- lización para la extracción de órganos, para ser reclutados como soldados, para la mendi- cidad, para actividades ilegales como la producción o venta de drogas, o paraformas encubiertas de adopción internacional. Pienso finalmente en todos los se- cuestrados y encerrados en cautivi- dad por grupos terroristas, puestos a su servicio como combatientes o, sobre todo las niñas y mujeres, como esclavas sexuales. Muchos de ellos desaparecen, otros son vendi- dos varias veces, torturados, mutila- dos o asesinados. Algunas causas profundas de la esclavitud 4. Hoy como ayer, en la raíz de la esclavitud se encuentra una con- cepción de la persona humana que admite el que pueda ser tratada como un objeto. Cuando el pecado corrompe el corazón humano, y lo aleja de su Creador y de sus se- mejantes, éstos ya no se ven como seres de la misma dignidad, como hermanos y hermanas en la huma- nidad, sino como objetos. La per- sona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, queda privada de la libertad, mercantilizada, re- ducida a ser propiedad de otro, con la fuerza, el engaño o la constric- ción física o psicológica; es tratada como un medio y no como un fin. Junto a esta causa ontológica —rechazo de la humanidad del otro— hay otras que ayudan a explicar las formas contemporá- neas de la esclavitud. Me refiero en primer lugar a la pobreza, al sub- desarrollo y a la exclusión, espe- cialmente cuando se combinan con lafalta de acceso a la educación o con una realidad caracterizada por las escasas, por no decir inexis- tentes, oportunidades de trabajo. Con frecuencia, las víctimas de la trata y de la esclavitud son perso- nas que han buscado una manera de salir de un estado de pobreza extrema, creyendo a menudo en falsas promesas de trabajo, para caer después en manos de redes criminales que trafican con los se- res humanos. Estas redes utilizan hábilmente las modernas tecnolo- gías informáticas para embaucar a jóvenes y niños en todas las partes del mundo. Entre las causas de la esclavitud hay que incluir también la corrup- ción de quienes están dispuestos a hacer cualquier cosa para enri- quecerse. En efecto, la esclavitud y la trata de personas humanas re- quieren una complicidad que con mucha frecuencia pasa a través de la corrupción de los intermediarios, de algunos miembros de las fuerzas del orden o de otros agentes esta- tales, o de diferentes instituciones, civiles y militares. «Esto sucede cuando al centro de un sistema eco- nómico está el dios dinero y no el hombre, la persona humana. Sí, en el centro de todo sistema social o económico, tiene que estar la perso- na, imagen de Dios, creada para que que la institución de la esclavitud estaba generalmente aceptada y regulada por el derecho. Éste es- tablecía quién nacía libre, y quién, en cambio, nacía esclavo, y en qué condiciones la persona nacida libre podía perder su libertad u obtenerla de nuevo. En otras pa- labras, el mismo derecho admitía que algunas personas podían o debían ser consideradas propie- dad de otra persona, la cual podía disponer libremente de ellas; el esclavo podía ser vendido y com- prado, cedido y adquirido como una mercancía. Hoy, como resultado de un de- sarrollo positivo de la conciencia de la humanidad, la esclavitud, crimen de lesa humanidad, 4 está oficialmente abolida en el mun- do. El derecho de toda persona a no ser sometida a esclavitud ni a servidumbre está reconocido en el derecho internacional como nor- ma inderogable. Sin embargo, a pesar de que la comunidad internacional ha adop- tado diversos acuerdos para poner fin a la esclavitud en todas sus for- mas, y ha dispuesto varias estrate- gias para combatir este fenómeno, todavía hay millones de personas —niños, hombres y mujeres de todas las edades— privados de su libertad y obligados a vivir en con- diciones similares a la esclavitud. Me refiero a tantos trabajado- res y trabajadoras, incluso meno- res, oprimidos de manera formal o informal en todos los sectores, desde el trabajo doméstico al de la agricultura, de la industria ma- nufacturera a la minería, tanto en los países donde la legislación la- boral no cumple con las mínimas normas y estándares internacio- nales, como, aunque de manera ilegal, en aquellos cuya legisla- ción protege a los trabajadores. Pienso también en las condicio- nes de vida de muchos emigran- tes que, en su dramático viaje, sufren el hambre, se ven privados de la libertad, despojados de sus bienes o de los que se abusa física y sexualmente. En aquellos que, una vez llegados a su destino después de un viaje durísimo y con miedo e inseguridad, son detenidos en con- diciones a veces inhumanas. Pien- so en los que se ven obligados a la clandestinidad por diferentes mo- tivos sociales, políticos y económi- cos, y en aquellos que, con el fin de permanecer dentro de la ley, acep- tan vivir y trabajar en condiciones inadmisibles, sobre todo cuando las legislaciones nacionales crean o permiten una dependencia estruc- tural del trabajador emigrado con respecto al empleador, como por ejemplo cuando se condiciona la legalidad de la estancia al contrato de trabajo... Sí, pienso en el «traba- jo esclavo». Pienso en las personas obliga- das a ejercer la prostitución, entre las que hay muchos menores, y en los esclavos y esclavas sexuales; en las mujeres obligadas a casar- se, en aquellas que son vendidas con vistas al matrimonio o en las entregadas en sucesión, a un fa- miliar después de la muerte de
10 La Cuestión Social Año 23, n. 1 11 La Cuestión Social Año 23, n. 1 materia de migración, trabajo, adopciones, deslocalización de empresas y comercialización de los productos elaborados median- te la explotación del trabajo, res- pete la dignidad de la persona. Se necesitan leyes justas, centradas en la persona humana, que defien- dan sus derechos fundamentales y los restablezcan cuando son piso- teados, rehabilitando a la víctima y garantizando su integridad, así como mecanismos de seguridad eficaces para controlar la aplica- ción correcta de estas normas, que no dejen espacio a la corrupción y la impunidad. Es preciso que se reconozca también el papel de la mujer en la sociedad, trabajando también en el plano cultural y de la comunicación para obtener los resultados deseados. Las organizaciones interguber- namentales, de acuerdo con el principio de subsidiariedad, están llamadas a implementar iniciativas coordinadas para luchar contra las redes transnacionales del crimen organizado que gestionan la trata de personas y el tráfico ilegal de emigrantes. Es necesaria una coo- peración en diferentes niveles, que incluya a las instituciones naciona- les e internacionales, así como a las organizaciones de la sociedad civil y del mundo empresarial. Las empresas, 6 en efecto, tie- nen el deber de garantizar a sus empleados condiciones de tra- bajo dignas y salarios adecua- dos, pero también han de vigilar para que no se produzcan en las cadenas de distribución formas de servidumbre o trata de per- sonas. A la responsabilidad so- cial de la empresa hay que unir la responsabilidad social del consumidor. Pues cada perso- na debe ser consciente de que «comprar es siempre un acto moral, además de económico». 7 Las organizaciones de la socie- dad civil, por su parte, tienen la ta- rea de sensibilizar y estimular las conciencias acerca de las medidas necesarias para combatir y erradi- car la cultura de la esclavitud. En los últimos años, la Santa Sede, acogiendo el grito de do- lor de las víctimas de la trata de personas y la voz de las congre- gaciones religiosas que las acom- pañan hacia su liberación, ha multiplicado los llamamientos a la comunidad internacional para que los diversos actores unan sus esfuerzos y cooperen para poner fin a esta plaga. 8 Además, se han organizado algunos encuentros con el fin de dar visibilidad al fe- nómeno de la trata de personas y facilitar la colaboración entre los diferentes agentes, incluidos ex- pertos del mundo académico y de las organizaciones internaciona- les, organismos policiales de los diferentes países de origen, trán- sito y destino de los migrantes, así como representantes de gru- pos eclesiales que trabajan por las víctimas. Espero que estos es- fuerzos continúen y se redoblen en los próximos años. fuera el dominador del universo. Cuando la persona es desplazada y viene el dios dinero sucede esta trastocación de valores». 5 Otras causas de la esclavitud son los conflictos armados, la vio- lencia, el crimen y el terrorismo. Muchas personas son secuestra- das para ser vendidas o reclutadas como combatientes o explotadas sexualmente, mientras que otras se ven obligadas a emigrar, dejando todo lo que poseen: tierra, ho- gar, propiedades, e incluso la familia. Éstas últimas se ven em- pujadas a buscar una alternativa a esas terribles condiciones aun a costa de su propia dignidad y su- pervivencia, con el riesgo de entrar de ese modo en ese círculo vicioso que las convierte en víctimas de la miseria, la corrupción y sus conse- cuencias perniciosas. Compromiso común para derrotar la esclavitud 5. Con frecuencia, cuando obser- vamos el fenómeno de la trata de personas, del tráfico ilegal de los emigrantes y de otras formas cono- cidas y desconocidas de la esclavi- tud, tenemos la impresión de que todo esto tiene lugar bajo la indife- rencia general. Aunque por desgracia esto es cierto en gran parte, quisiera men- cionar el gran trabajo silencioso que muchas congregaciones reli- giosas, especialmente femeninas, realizan desde hace muchos años en favor de las víctimas. Estos Institutos trabajan en contextos difíciles, a veces dominados por la violencia, tratando de romper las cadenas invisibles que tienen encadenadas a las víctimas a sus traficantes y explotadores; cade- nas cuyos eslabones están hechos de sutiles mecanismos psicológi- cos, que convierten a las víctimas en dependientes de sus verdugos, a través del chantaje y la amena- za, a ellos y a sus seres queridos, pero también a través de medios materiales, como la confiscación de documentos de identidad y la violencia física. La actividad de las congregaciones religiosas se es- tructura principalmente en torno a tres acciones: la asistencia a las víctimas, su rehabilitación bajo el aspecto psicológico y formativo, y su reinserción en la sociedad de destino o de origen. Este inmenso trabajo, que requie- re coraje, paciencia y perseverancia, merece el aprecio de toda la Iglesia y de la sociedad. Pero, naturalmen- te, por sí solo no es suficiente para poner fin al flagelo de la explotación de la persona humana. Se requiere también un triple compromiso a nivel institucional de prevención, protección de las víctimas y per- secución judicial contra los res- ponsables. Además, como las organizaciones criminales utilizan redes globales para lograr sus ob- jetivos, la acción para derrotar a este fenómeno requiere un esfuer- zo conjunto y también global por parte de los diferentes agentes que conforman la sociedad. Los Estados deben vigilar para que su legislación nacional en
12 La Cuestión Social Año 23, n. 1 13 La Cuestión Social Año 23, n. 1 que no sean cómplices de este mal, para que no aparten los ojos del sufrimiento de sus hermanos y hermanas en humanidad, pri- vados de libertad y dignidad, sino que tengan el valor de tocar la carne sufriente de Cristo, 12 que se hace visible a través de los nume- rosos rostros de los que él mismo llama «mis hermanos más peque- ños» (Mt 25,40.45). Sabemos que Dios nos pedirá a cada uno de nosotros: ¿Qué has hecho con tu hermano? (cf. Gn 4,9- 10). La globalización de la indife- rencia, que ahora afecta a la vida de tantos hermanos y hermanas, nos pide que seamos artífices de una globalización de la solidari- dad y de la fraternidad, que les dé esperanza y los haga reanudar con ánimo el camino, a través de los problemas de nuestro tiem- po y las nuevas perspectivas que trae consigo, y que Dios pone en nuestras manos. Vaticano, 8 de diciembre de 2014 FRANCISCO Citas 1 N. 1. 2 Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2014, 2. 3 Cf. Exhort. ap. Evangelii Gaudium 4 Cf. Discurso a la Asociación inter- nacional de Derecho penal, 23 oc- tubre 2014: L’Osservatore Roma- no, Ed. lengua española, 31 octubre 2014, p. 8. 5 Discurso a los participantes en el encuentro mundial de los movi- mientos populares, 28 octubre 2014: L’Osservatore Romano, Ed. len- gua española, 31 octubre 2014, p. 3. 6 Cf. Pontificio Consejo para la Justi- cia y la Paz, La vocazione del leader d’impresa. Una riflessione, Milano e Roma, 2013. 7 Benedicto XVI, Cart. enc. Caritas in Veritate, 66. 8 Cf. Mensaje al Sr. Guy Ryder, Direc- tor general de la Organización In- ternacional del Trabajo, con motivo de la Sesión 103 de la Conferencia de la OIT, 22 mayo 2014: L’Osservatore Romano, Ed. leng. española 6 junio 2014, p. 3. 9 Benedicto XVI, Carta. enc. Caritas in Veritate, 5. 10 «A través del conocimiento de esta esperanza ella fue “redimida”, ya no se sentía esclava, sino hija libre de Dios. Entendió lo que Pablo quería decir cuando recordó a los Efesios que antes estaban en el mundo sin esperanza y sin Dios» (Benedicto XVI, Carta. enc. Spe Salvi, 3). 11 Discurso a los participantes en la II Conferencia Internacional sobre la Trata de personas: Church and Law Enforcement in partnership, 10 abril 2014: L’Osservatore Romano, Ed. leng. española 11 abril 2014, p. 9; cf. Ex- hort. ap. Evangelii gaudium, 270. 12 Cf. Exhort. ap. Evangelii Gaudium, 24; 270. Globalizar la fraternidad, no la esclavitud ni la indiferencia 6. En su tarea de «anuncio de la verdad del amor de Cristo en la sociedad», 9 la Iglesia se esfuerza constantemente en las acciones de carácter caritativo partiendo de la verdad sobre el hombre. Tiene la misión de mostrar a to- dos el camino de la conversión, que lleve a cambiar el modo de ver al prójimo, a reconocer en el otro, sea quien sea, a un hermano y a una hermana en la humani- dad; reconocer su dignidad in- trínseca en la verdad y libertad, como nos lo muestra la historia de Josefina Bakhita, la santa pro- veniente de la región de Darfur, en Sudán, secuestrada cuando tenía nueve años por traficantes de esclavos y vendida a dueños feroces. A través de sucesos do- lorosos llegó a ser «hija libre de Dios», mediante la fe vivida en la consagración religiosa y en el servicio a los demás, especial- mente a los pequeños y débiles. Esta Santa, que vivió entre los siglos XIX y XX, es hoy un testigo ejemplar de esperanza 10 para las numerosas víctimas de la esclavi- tud y un apoyo en los esfuerzos de todos aquellos que se dedican a luchar contra esta «llaga en el cuerpo de la humanidad contem- poránea, una herida en la carne de Cristo». 11 En esta perspectiva, deseo in- vitar a cada uno, según su pues- to y responsabilidades, a realizar gestos de fraternidad con los que se encuentran en un estado de sometimiento. Preguntémonos, tanto comunitaria como perso- nalmente, cómo nos sentimos interpelados cuando encontra- mos o tratamos en la vida coti- diana con víctimas de la trata de personas, o cuando tenemos que elegir productos que con proba- bilidad podrían haber sido reali- zados mediante la explotación de otras personas. Algunos hacen la vista gorda, ya sea por indiferen- cia, o porque se desentienden de las preocupaciones diarias, o por razones económicas. Otros, sin embargo, optan por hacer algo positivo, participando en asocia- ciones civiles o haciendo peque- ños gestos cotidianos —que son tan valiosos—, como decir una pa- labra, un saludo, un «buenos días» o una sonrisa, que no nos cuestan nada, pero que pueden dar espe- ranza, abrir caminos, cambiar la vida de una persona que vive en la invisibilidad, e incluso cambiar nuestras vidas en relación con esta realidad. Debemos reconocer que es- tamos frente a un fenómeno mundial que sobrepasa las com- petencias de una sola comunidad o nación. Para derrotarlo, se ne- cesita una movilización de una dimensión comparable a la del mismo fenómeno. Por esta razón, hago un llamamiento urgente a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, y a todos los que, de lejos o de cerca, incluso en los más altos niveles de las institucio- nes, son testigos del flagelo de la esclavitud contemporánea, para
14 La Cuestión Social Año 23, n. 1 15 La Cuestión Social Año 23, n. 1 desde el punto de vista ecológico, presupone connotaciones muy diferentes —incluso la antropo- lógica, la ética y la religiosa—. Todas estas especificaciones per- miten al desarrollo vivir plena- mente su dimensión humana. En nuestro itinerario, que se re- fiere al tema del desarrollo de los pueblos con las formas dominan- tes del humanismo de hoy, bus- cando las más apropiadas, nos es de gran ayuda la contribución de la Caritas in Veritate (CIV) 2 de Be- nedicto XVI —en el quinto año de su promulgación— y de la exhor- tación apostólica Evangelii Gau- dium (EG) del Papa Francisco. 3 En estos textos se pueden identifi- car las premisas teológicas y éticas, y con ellas las características funda- mentales de un nuevo humanismo teocéntrico, integral y solidario, re- lacional, profundamente diferente de los humanismos antropocéntri- cos, reduccionistas e inmanentistas de los cuales está poblada la cultura actualmente vigente, heredera de la post-modernidad. Hoy día, nuestras civilizaciones necesitan desespera- damente de un nuevo humanismo, abierto a la trascendencia, en senti- do horizontal y vertical, 4 y también de un desarrollo personalista, inte- gral, sostenible, inclusivo. De hecho, en nuestra época el problema prin- 2 Cf. Benedicto XVI, Caritas in Veritate, Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano, 2009. 3 Cf. Francisco, Evangelii Gaudium, Li- brería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano, 2013. 4 Cf. Pablo VI, Populorum Progressio, 16. cipal parece ser aquel de beneficiar de una cultura humanista capaz de afrontar la catástrofe social y antro- pológica causado por los neo-indivi- dualismos libertarios y utilitaristas. Aun viviendo en una sociedad global, parece que el hombre está perdiendo el sentido de la existencia comunitaria; el pri- vado corroe el público, el bien común, la misma solidaridad lo- cal, el patrimonio de los bienes de la creación. Esto no sucede casualmente, sino como conse- cuencia de la enfatización que el individuo hace de sí mismo, presentándose como la fuente última de la verdad, sometiendo el bien común y el espacio políti- co a la aprobación de sus intere- ses personales y comerciales. De hecho, al centro de la ciudad ya no es la persona, inherentemen- te social y la solidaria, que está en el centro de la ciudad, sino el individuo que —como escri- be Zygmunt Bauman— paradó- jicamente se encuentra sólo en la sociedad global, con una so- brecarga de responsabilidades, puesto que lo público redimen- sionado ya no puede ayudarle. 5 El humanismo propio del indi- vidualismo libertario y anárquico es muy perjudicial para la perso- na, la familia, la economía y las 5 Cf. Z. Bauman, Dentro la globalizzazio- ne: le conseguenze sulle persone, La- terza, Bari, 2000; ID., La solitudine del cittadino globale, Feltrinelli, Milano, 2000; ID., La società individualizzata. Come cambia la nostra esperienza, Il Mulino, Bolonia, 2002; ID., La libertà, Città Aperta, Troina (En), 2002. Humanismo y desarrollo sostenible †Mario Toso, SDB* Premisa Este tema no es fácil de tratar, porque implica una serie de con- ceptos complejos y multivalentes. Por lo tanto, desde el inicio se im- pone un enfoque explicativo para delimitar las categorías coordena- das, partiendo de la misma expre- sión ‘desarrollo sostenible’. Es ésta una expresión muy utilizada, a pe- sar de que sus confines sean elu- sivos y no siempre bien definidos. Está vinculada a la sensibilidad ambiental progresiva. Su creciente maduración, en las últimas déca- das, ha conducido a afirmar que el concepto de ‘sostenibilidad’, que no puede ser absolutizado al punto de llevar a una visión parcial del desa- rrollo. El componente del ambiente es ciertamente esencial, pero no es el único que hay que tener en cuen- ta. Para explicar lo que acabo de de- cir, me refiero a una investigación realizada por el Consejo Pontificio Justicia y Paz sobre el tema Energía, justicia y paz. De hecho, durante el recorrido se vio que el concepto de ‘desarrollo sostenible’, definido por ejemplo con referencia a los siste- mas de energía, implica también otras dimensiones: la antropoló- gica, la económica, la ambiental, la social, la ética y la cultural. 1 Aproximándonos al tema Hu- manismo y desarrollo sostenible es, por lo tanto, natural de no limitarnos a la dimensión am- biental o económica del desarro- llo. Para que esto sea sostenible, 1 Cf. Pontificio Consejo Justicia y Paz, Ener- gía, justicia y paz. Una reflexión sobre la energía en el contexto actual de desarro- llo y la protección del medio ambiente, Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 2014, págs. 93-95.
16 La Cuestión Social Año 23, n. 1 17 La Cuestión Social Año 23, n. 1 otro principio de valores. No es casualidad que la Caritas in Verita- te, después que ha observado que «la verdad del desarrollo consiste en su totalidad» (CIV, 18), recuerda al mundo que el verdadero desa- rrollo tiene un centro vital y pro- pulsor, y que esto es «la apertura a la vida» (CIV, 28). Dada la unidad del ser humano, cuerpo y espíritu juntos, unidad que se expresa en términos legales a partir del conjunto de derechos y deberes, la nueva evangeliza- ción está llamada a proponer el empeño a favor de la promoción de la humanidad en su plenitud, que no separa los derechos entre ellos. Esos son indivisibles. En este campo no se puede ser selectivos. No se deben cultivar sólo algunos —por ejemplo, los relacionados con el trabajo, la salvaguardia de la creación y la paz— omitiendo los otros. Los derechos deben ser promovidos todos juntos. Cuando el derecho a la vida, a la libertad de religión no son tutelados y promo- vidos, de consecuencia tampoco son tutelados y promovidos los derechos al trabajo, a la paz y a la salvaguardia de la creación. Como recientemente ha escrito el Papa Francisco, la «defensa de la vida por nacer está íntimamente ligada a la defensa de cualquier derecho humano» (EG, 213). Hoy la atención se centra justa- mente en los grandes problemas del trabajo, la economía, la política, la solidaridad y la paz: son proble- mas que aquejan pesantemente a personas, familias y comunidades, y en especial modo a los jóvenes. Sin embargo, la justa preocupación sobre estos temas no debe hacer perder de vista el riesgo que qui- zás es menos evidente, pero está en la base de cualquier otro desa- fío y que constituye una especie de metamorfosis antropológica, favorecida por los medios de co- municación. Como ya he indica- do, están en riesgo los principios mismos del hombre: el inicio y el fin de la vida humana, su regazo natural que es donado por el hom- bre y la mujer unidos en el matri- monio, la libertad religiosa y la educación, condición indispensa- ble para situarse frente al tiempo y al destino. Cuando una sociedad se encamina hacia la negación de la vida, «acaba por no encontrar la motivación y la energía necesaria para esforzarse en el servicio del verdadero bien del hombre. Si se pierde la sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, también se marchitan otras for- mas de acogida provechosas para la vida social» (CIV, 28) y el medio ambiente. Sin un auténtico respeto de estos bienes-valores primarios, que constituyen la ética de la vida, es ilusorio pensar en una ética so- cial que de hecho debería promo- ver el hombre, pero en realidad lo abandona en los momentos de ma- yor fragilidad. 8 Sólo se puede caer en la contra- dicción y la confusión. En realidad, 8 En esta sección, nos inspiramos en la apertura de los participantes Card. Angelo Bagnasco en Todi, en el Foro del Mundo Laboral (17. 09. 2011). finanzas, la política, el desarrollo, considerado en sus múltiples di- mensiones, incluso aquel del me- dio ambiente. 1. Dimensión antropológi- ca del desarrollo humano Como se mencionó hace un momento, la tragedia que afecta nuestra humanidad, y de la cual aparentemente no todos son cons- cientes, está representada por una cultura libertaria que incide en las fuentes de la vida humana, del matrimonio, del derecho, de la economía, de la política, del de- sarrollo sostenible. Esa pone en juego la verdadera concepción del hombre, de su dignidad, la ley mo- ral natural, sus necesidades bási- cas, no inducidas o impuestas por una cultura que propensa la ideo- logía del mercado consumista y de la tecnocracia. Según algunas teorías mayor- mente acreditadas incluso en las instituciones internaciona- les como la ONU, UNICEF, OSCE, el hombre es un producto de la cultura y de la sociedad. La perso- na no sería un ser dotado de una naturaleza pre-constituida por su corporeidad y su dignidad que ca- racterizan el ser. Según una antro- pología indiferenciada, el hombre y la mujer no tendrían una natu- raleza sexual verdadera como un hecho recibido, sino que ellos ten- drían que crearla. Para la Caritas in Veritate, en cambio, la persona es efectivamente un sujeto libre, pero también, en cierto sentido, condicionado, como ser creado, synolon de alma y de cuerpo. Esa es sujeto principal y autónomo con respecto al contexto cultural, de la cual evidentemente depen- de. Sin embargo, la sociedad no es el demiurgo que se complace en otorgar este u otro reconoci- miento de acuerdo a las ventajas económicas, los esquemas ideo- lógicos o las dinámicas de la ma- yoría. El hombre lleva dentro de sí una naturaleza inclinada hacia la verdad, la bondad y hacia Dios. Se encuentra como ser sexuado y provisto de una apertura a la trascendencia, horizontal y ver- tical, que configura su deber-ser necesariamente en una línea de un cumplimiento a través del don de sí a los demás y a Dios. Gracias a la persona, como ser libre y responsable, destinado a crecer a través del autotrascendi- miento, existe una moral natural, cuyos fundamentos están inscri- tos en la conciencia de cada uno. De aquí, aquel «terreno sólido y duradero», 6 que es aquel de los principios o de los valores «esen- ciales y originarios». 7 Ésos son irrenunciables, no porque no se deban discutir, sino porque cuan- do se habla de ellos o al legislar no pueden menoscabarlos ya que son inviolables, inalienables e indivisibles. Pertenecen, por así decirlo, al ADN del ser humano, la cepa viva y originaria de cualquier 6 Cf. Benedicto XVI, Discurso a los miembros del Bureau de la Asamblea parlamentaria del Consejo de Europa (08. 09. 2010). 7 Cf. Juan Pablo II, Evangelium Vitae, Li- brería Editrice Vaticana, Ciudad del Va- ticano, 1995, n. 71.
18 La Cuestión Social Año 23, n. 1 19 La Cuestión Social Año 23, n. 1 estar concentradas (a pesar de una nueva emergencia relacionada de los problemas relativos a la insegu- ridad) en perspectivas puramente económicas, financieras y técni- cas, que mortifican el progreso social, la solidaridad y la partici- pación democrática. Tampoco es- tán exentos de estas perspectivas los llamados países emergentes, los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), donde se per- sigue el desarrollo con una tasa de crecimiento mucho mayor que en Europa, pero con insuficiente atención al progreso social para todos, al welfare societario, a la salvaguardia del medio ambiente. Benedicto XVI, en vista de la ad- quisición de un nuevo concepto de desarrollo, considera indispensa- ble una nueva evangelización de lo social, 12 con el objetivo de formar una persona «en la caridad y en la verdad». En su encíclica, el Pontí- fice inicia de manera significativa con estas palabras: «La caridad en la verdad, de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terre- nal y, sobre todo, con su muerte y resurrección, es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la hu- manidad» (CIV, 1). Y más adelante, refiriéndose a Pablo VI, afirma la- pidario que «el anuncio de Cristo es el primero y principal factor de desarrollo» (cf. CIV, 8). 12 Para una presentación del conjunto de la evangelización de lo social en Benedicto XVI y Francisco, véase M. Toso, Nuova evangelizzazione del sociale. Benedetto XVI e Francesco, Librería Editrice Vatica- na, Ciudad del Vaticano, 2014. Dicho de otra manera, en vista de la realización de un desarro- llo humano integral y sostenible, junto a los múltiples factores que contribuyen a realizarlo, no debe faltar el compromiso priorita- rio de una renovada evangeliza- ción. El desarrollo no es sólo una cuestión de recursos materiales, técnicos, de información, de ins- tituciones, de cultura, de innova- ción, de investigación, de apertura de los mercados, de reducción de las deudas, de inversión en la producción (cf. CIV, 71), de una amplia gama de oportunidades y opciones como lo entiende Amar- tya Sen 13 o de chance de vida como escribe Ralf Dahrendorf. 14 Todos estos aspectos son de gran impor- tancia, pero para un desarrollo integral, comunitario, sostenible, incluyente, es fundamental poder disponer de una correcta esca- la de bienes-valores, que logra estructurarse cuando se tiene a Dios como el último parámetro. Esta escala permite tomar bue- nas decisiones, vivir como agen- tes económicos, administradores y políticos rectos (cf. CIV, 71), responsables del bien común y el medio ambiente, es decir, según la perspectiva de la realización humana en Dios, y por lo tanto sin anteponer los bienes materia- les a los espirituales, y evitando visiones mutiladas o deformadas del desarrollo. 13 Cf. A. Sen, Globalizzazione e libertà, Mondadori, Milano, 2002. 14 R. Dahrendorf, Libertà attiva, La- terza, Roma-Bari, 2003. ¿cómo se podrían proteger eficaz- mente los océanos contaminados de donde sacamos peces para alimentarnos, si la primera de las ecologías —aquella del cuer- po— es despreciada y amenaza- da, si se mata el bebé en el vientre materno, en lo que debería ser su primer ecosistema? ¿Para qué sir- ve el desarrollo? ¿Por qué luchar contra el hambre, si se puede ase- sinar a aquellos que nacerán en los países pobres? ¿Por qué los gobiernos deberían garantizar un puesto de trabajo para cada uno, si la vida no tiene ningún valor? Si el aborto es considerado como un derecho, no nos debe sorprender que los seres huma- nos sean tratados como cualquier mercancía, esclavizados, explota- dos en la pornografía, en el tráfi- co de órganos, 9 o que mediante la ingeniería genética y la clonación se produzcan subcategorías de seres humanos. 10 Si desaparece la convicción que un ser humano es siempre sa- grado e inviolable en cualquier situación y en cada etapa de su desarrollo, no habrán bases sóli- das y duraderas para la defensa de los derechos humanos, pues permanecerán siempre sujetas a las conveniencias contingentes de los poderosos de turno. «No debe esperarse —dice Papa Francis- 9 Cf. Declaración sobre la trata de per- sonas, Ciudad del Vaticano, noviem- bre, 2013. 10 Cf. Santa Sede, Intervención en la Durban Review Conference, Ginebra, 22 abril, 2009. co— que la Iglesia cambie su posi- ción sobre esta cuestión. [...] Éste no es un asunto sujeto a supuestas reformas o “modernizaciones”. No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana» (EG, 214). 2. Dimensión ética proyec- tiva del desarrollo humano integral y la nueva evange- lización de lo social El desarrollo de los pueblos que tiene lugar en el contexto de la globalización se presenta injusto, caracterizado por el materialismo, dominado por las ideologías de tipo mercantilistas y tecnocráticas, que llevan al derroche consumista de los recursos del planeta y aun a defraudar las generaciones futuras, todo ello en una atmósfera de vio- lencia, de conflicto, de explotación. Se trata de un modelo que, si no se cambia de manera significativa en sentido humanista, impregnándolo con un nuevo pensamiento sapien- cial, una nueva ética y un nuevo planeamiento, llevará la humani- dad a la destrucción. También las políticas mundiales y latinoamericanas actuales nece- sitan un nuevo modelo de desa- rrollo. 11 Estas últimas, presionadas por los problemas ocasionados por los ataques especulativos, el saneamiento de su déficit y de las deudas, y además por la reactiva- ción de la productividad, parecen 11 Sobre este tema, véase Óscar Card. An- drés Rodríguez Maradiaga, Senza eti- ca, niente sviluppo, EMI, Bolonia, 2013.
20 La Cuestión Social Año 23, n. 1 21 La Cuestión Social Año 23, n. 1 calibradas a la luz del ideal histó- rico y concreto de un desarrollo integral, solidario, sostenible, in- clusivo de todos. De lo contrario, se caería en las prácticas de un desarrollo y un bienestar relacionados únicamen- te con indicadores principalmente materiales, técnicos, comerciales, que no toman en cuenta aquellos factores esenciales para favorecer la plena realización de la humani- dad, como la tutela de los derechos fundamentales, el progreso social, la coexistencia de las culturas, el bienestar corporativo, la democra- cia sustancial, social y participativa, la protección y el desarrollo de la creación. Desafortunadamente hoy día, en sectores no pequeños de la opinión pública, parece que se esté insinuando la convicción de que el crecimiento en los países occiden- tales y el necesario saneamiento han de ser realizados a precio de la reducción de los derechos sociales, de la destrucción del Welfare State y de las redes de solidaridad de la sociedad civil, así como de la sus- pensión de la democracia. Ahora, se ha de considerar que los dere- chos sociales son fundamentales para la realización de todos los demás, comenzando por los dere- chos civiles y políticos. Sin los pri- meros los segundos no pueden ser concretamente e históricamente activos y utilizables, porque per- manecería un flatus vocis. Como ya señalado, los derechos son entre sí indivisibles. Por tanto, no debemos reducir los derechos sociales fun- damentales, pero sí repensarlos, proporcionarlos de acuerdo a los recursos disponibles, extendiéndo- los también a aquellos que aún no los aprovechan. En este contexto, siempre debemos distinguir entre los derechos inalienables, porque están vinculados a la protección de la dignidad y la libertad de las per- sonas, y los derechos negociables, porque están vinculados a la con- tingencia y a la negociación. Uno de los aspectos del sistema económico actual es la explotación de desequilibrio internacional de los costos laborales, que se sirve de miles de millones de personas que viven con menos de dos dólares al día. Tal desequilibrio no sólo des- precia la dignidad de los que sumi- nistran una mano de obra barata, sino que además destruye las fuen- tes de empleo en las regiones don- de se goza de mayor protección, sin crear otros nuevos empleos. De ahí se plantea el problema de la creación de mecanismos de convergencia hacia el alto de los derechos laborales así como de la protección del medio ambien- te, en presencia de una creciente ideología consumista y tecnocrá- tica que no muestra responsabili- dad social respecto a la ciudad y a la creación y que tiende a erosio- nar los derechos sociales funda- mentales y las democracias. Se debe, precisamente, respetar y aplicar universalmente —en vez de reducir— las reglas del derecho del trabajo y de la libertad sindical, que ahora son un patrimonio jurídico ad- quirido por la humanidad. El aumen- to de la desigualdad y de la pobreza amenaza la democracia inclusiva y Ahora bien, una nueva evangeli- zación que renueva el amor a Je- sucristo y la fidelidad a Él es una fuente de nuevos estilos de vida, una nueva visión del desarrollo integral y sostenible, de un nuevo proyecto social y político que no excluye ninguno. La conducta hu- mana se guía por una conciencia, donde Dios es considerado como el fin y el bien último; y la unión del corazón y de la mente con Dios es el verdadero criterio del verda- dero orden de los fines. Reconociendo y amando a Dios como sumo Bien y Verdad, uno se pone en la condición de des- cubrir y eliminar los dioses fal- sos de los modernos, de realizar una inversión en la jerarquía de los bienes-valores que favorecen el éxito, el poder, el beneficio en el corto plazo, la económica y técnica. Sólo gracias al recono- cimiento de la primacía de Dios se puede llegar a una nueva con- ducta moral, a una nueva escala de valores, así como a la supera- ción de las dicotomías enormes de la ética postmoderna que perjudican la visión del desarro- llo humano integral y sostenible. De acuerdo a una visión correcta del desarrollo, la economía y la finanza, aun siendo fundamenta- les para una realización humana no versátiles, no son todavía los factores más importantes, y mu- cho menos los únicos. Una ordenada jerarquía de bienes-valores, proveniente del primado del amor a Dios, conside- rado como nuestro Todo, es por lo tanto garantía de una visión global del desarrollo. Fruto de una aten- ta lectura de la Caritas in Veritate se puede deducir que la figura de desarrollo, que debe orientar la realización del bien común de los pueblos y de la familia humana, ha de ser aquella de un desarrollo integral, fraterno, solidario, comu- nitario, sostenible, inclusivo de to- dos y abierto a la Trascendencia. Una semejante concepción se manifiesta fundamental, especial- mente en el contexto actual de una persistente crisis económico- financiera, en la cual parecen do- minar visiones reductivas. Sin una figura coherente y completa de de- sarrollo, entre otras cosas, resulta difícil comprender las causas más profundas de esta crisis, que dura ya más de siete años y, en conse- cuencia, crear terapias adecuadas. El sobredimensionamiento de la finanza especulativa proviene, so- bre todo, de una carencia de con- textualización de la finanza en el complejo de las múltiples activida- des humanas, en el pléroma de los fines de la persona. Para que la finanza vuelva «a ser un instrumento encaminado a producir mejor riqueza y de- sarrollo», según lo ha propuesto Benedicto XVI (CIV, 65), es preciso subordinarla a la realización de los fines superiores que las perso- nas están llamadas a alcanzar. A la luz de cuanto ha sido dicho hasta ahora, es claro que las po- líticas económicas y financieras de los diversos países han de ser
22 La Cuestión Social Año 23, n. 1 23 La Cuestión Social Año 23, n. 1 ción, la economía, dice el Papa Be- nedicto XVI, necesita leyes justas, formas de redistribución guiadas por la política y, sobre todo, en vista de estar al servicio del bien común y ser inclusivo; debe ser penetrado y animado por un sen- timiento de fraternidad y, por lo tanto, por el principio de gratui- dad, ya que son enraizados en las personas que son seres a imagen de la Trinidad, una comunidad de comunión por excelencia (cf. CIV, 54). Dicho de otro modo, la economía, para ser humana y hu- manizadora, sostenible, debe ser movida por una triple lógica: del intercambio contractual, de la po- lítica y del don incondicional (cf. CIV, 37). Tal economía sólo puede ser una realidad multidimensio- nal, lo que requiere la sinergia, la armonía y la reciprocidad entre los sujetos complementarios e interdependientes: el mercado, la sociedad civil y el Estado. Difun- dida por la libertad y la respon- sabilidad social, así como por la reciprocidad fraterna, no podrá ser caracterizada por el espíritu empresarial plurivalente para un mercado en el cual puedan ope- rar libremente, en condiciones de igualdad de oportunidades, empresas que persiguen fines diferentes. Además de la empre- sa privada con fines lucrativos y de los diferentes tipos de empre- sas públicas, pueden enraizarse y manifestarse organizaciones productivas con fines mutua- listas y sociales. De su recípro- ca interacción en el mercado se puede esperar una especie de hi- bridación de comportamientos, y por lo tanto una atención más sensible a una civilización de la economía (cf. CIV, 38). El Papa Francisco, en la EG, con respecto a la economía y la finan- za actual, está en línea con la en- señanza del Papa Benedicto XVI. Ante la inseguridad cotidiana de millones de personas, el aumento de las patologías alimentadas por el miedo y la desesperación que se apropian del corazón de muchas personas, incluso en los denomi- nados países ricos, el pontífice ar- gentino repite con insistencia de los no categóricos contra la exclu- sión económica y la desigualdad, la nueva idolatría del dinero, la primacía de la política financiera, la desigualdad que genera violen- cia y devasta el medio ambiente, y contra las estructuras sociales in- justas (cf. EG, 52-57) de aquellos negocios que prosperan gracias a la venta de armas. El neoliberalismo, el neoutilita- rismo, la tecnocracia, la globali- zación y la financiarización de la economía —con la complicidad de la misma política que ha abo- lido la distinción entre economía productiva o industrial y econo- mía especulativa, 16 desregulando los mercados monetarios y finan- cieros— han producido gradual- mente: 1) el gobierno del dinero en lugar de una política orienta- da al bien común; 2) un sistema 16 Sobre estos aspectos y las causas de la ideología de la desregulación, véa- se G. Tremonti, Uscita di sicurezza, Rizzoli, Milano, 2012, págs. 57-66. participativa, que siempre presupo- ne una economía y un mercado que no excluyen a nadie y son justos. 15 Además, téngase presente que, considerando sólo la importancia de los sistemas de seguridad en caso de desempleo —una impor- tancia llevada a la luz por la actual crisis financiera y económica—, ac- tualmente muchos de los casi dos- cientos países monitoreados por la International Labour Organization (ILO), no disponen de ellos. Tam- bién, según la ILO, en todo el mundo más del 70% de los trabajadores no tienen acceso a un sistema de segu- ridad en caso de desempleo. Por lo tanto, no debemos olvidar que la democracia es la forma de gobierno que, mejor que cualquier otra bajo ciertas condiciones — además de permitir la sustitución pacífica de sus representantes y gobernantes—, parece más pro- porcionada para la consecución de un desarrollo integral, solidario, participativo, inclusivo de todos, sostenible no sólo desde el punto de vista de la utilización sino tam- bién de su producción. 3. Dimensión económica del desarrollo: una economía al servicio del bien común En un momento histórico, cuan- do la crisis financiera de 2007 aca- baba de estallar —y, por lo tanto, 15 Cf. Francisco, Discurso a los parti- cipantes en la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo Justicia y Paz (2 de octubre de 2014). todavía no sobre la base de suposi- ciones y prejuicios, pero junto con el fracaso de los grandes bancos y de un efecto dominó cautivan- te la economía productiva y las democracias—, la CIV denuncia una economía y una finanza que, además de liberarse de la moral y de la política, se subordinan a la especulación, cediendo así a la tentación de buscar beneficios a corto plazo, absolutizándolos (cf. CIV, 40). No es una condena in- discriminada y sin apelación de la economía de mercado y de la fi- nanza en sí mismas, como si fueran inherentemente injustas. Tanto es así que el Papa Benedicto XVI pide que vuelvan a ser instrumentos fi- nalizados a mejorar la creación y el desarrollo de la riqueza. «Toda la economía y todas las finanzas, y no sólo algunos de sus sectores, en cuanto instrumentos, deben ser utilizados de manera ética para crear las condiciones adecuadas para el desarrollo del hombre y de los pueblos» (CIV, 65). En particu- lar, los agentes financieros han de redescubrir el fundamento ético de su actividad para no abusar de aquellos instrumentos sofisticados con los que se podría traicionar a los ahorradores. Así pues, se deben experimentar nuevas formas de fi- nanciación y se han de desarrollar todas aquellas que han ya mostra- do, incluso durante la crisis, ser experiencias positivas, como por ejemplo el micro-crédito, bancos éticos, sin olvidarse de educar a los ahorradores (cf. ib.). Especialmente, en un contexto de globalización y de financiariza-
24 La Cuestión Social Año 23, n. 1 25 La Cuestión Social Año 23, n. 1 de los pobres que supere el mero asistencialismo» (EG, 204). Con estas declaraciones, el Pontífice se opone a los partidarios de la bon- dad automática de la globalización desregulada de la economía y de la finanza, que afirman que de hecho ha facilitado el crecimiento eco- nómico de muchos países, como los BRICS. Él considera que no se debe oponer a todos los neolibe- rales, pero sí a los más radicales, porque no tienen en cuenta que el desarrollo de un país no sólo debe ser económico y lograrse de cual- quier modo, aunque al precio de la justicia, sin respetar los derechos de los trabajadores ni promover el progreso social, y sin tener en cuenta que la humanidad ha en- trado en el Ecological Debt Day (día de la deuda ecológica). 19 No se trata de ser iconoclastas contra el libre mercado, la economía y las fi- nanzas. La idea fundamental de sus declaraciones es que el mercado en sí mismo no es una institución económica injusta. Al contrario, en siglos pasados la economía de mer- cado ha sido uno de los principales 19 El Ecological Debt Day es el día en que la humanidad empieza a tocar a los recursos que van más allá de lo que la Tierra puede producir en un año. Es el día en que los ingresos anuales a nuestra disposición se acaban y las personas siguen viviendo con prés- tamos en el futuro, es decir, tomando los recursos no sólo de sus hijos, sus nietos y de las generaciones futuras, sino también de otras especies no humanas. Cada año, al llegar la fecha estimada, se considera que las cuen- tas están en rojo, al haber consumido más recursos de los que la naturaleza puede ofrecer de modo renovable. instrumentos de la inclusión social y de la democracia. Sin embargo, hoy en día hay que impedir que el fenómeno de la financiarización no regulada de la economía reduzca la capacidad de aumentar la riqueza y las oportunidades. La finanza es una herramienta con un enorme potencial para el buen funciona- miento de los sistemas económi- cos. 20 La buena finanza consiente en agregar ahorros para utilizarlos de manera eficiente y destinarlos a los usos socialmente más benefi- ciosos; traslada en el espacio y en el tiempo el valor de las activida- des; realiza mecanismos de segu- ros que reducen la exposición al riesgo; permite el encuentro entre aquellos que tienen ingresos dis- ponibles, pero no las ideas produc- tivas y otros que, por el contrario, tienen ideas productivas, pero no el acceso al crédito. Es necesario, sin embargo, que la finanza no se escape de control social y de su función de servicio a la economía: el dinero debe servir y no gober- 20 Sobre este tema también se ha detenido —especialmente después de las acusa- ciones de marxismo dirigidas al Papa Francisco que siguieron la publicación de la exhortación apostólica Evangelii Gaudium— el seminario, organizado por el Pontificio Consejo Justicia y Paz, con la colaboración de la Segunda Sección del Secretariado de Estado, que se celebró en el Vaticano, en la Casina Pio IV, el 11 y 12 de julio de 2014, con el título The Global Common Good: towards a more Inclusive Economy. Véase a este respec- to el trabajo de investigación elaborado por los profesores Stefano Zamagni, Leo- nardo Becchetti, Luigino Bruni y André Habisch, próximamente publicado y dis- ponible en www. iustitiaetpax.va financiero que, en nombre de la idolatría del beneficio a corto pla- zo, por un lado, ha reducido la po- breza de algunos, pero también ha acentuado o producido la pobreza de tantos otros, ha aumentado las desigualdades, ha favorecido una economía y mercados de exclusión y desigualdad, o sea, una economía y mercados impregnados por la cultura del derroche y de la mayor rentabilidad, por la cual los más débiles son vistos como residuos, chatarra inútil (cf. EG, 53); la crea- ción es una realidad que se puede someter a un uso indiscriminado (cf. EG, 215). Se ha colocado al cen- tro el dinero y no la persona libre y responsable, ser en relación. Según el Papa Francisco, con res- pecto a todo esto se necesita de un nuevo humanismo, por lo que es preciso recuperar el discurso sobre los fines del hombre y sobre la pro- pia escala jerárquica; al contrario estaríamos, no sólo ante la dicta- dura del dinero y de una economía sin rostro humano, sino también ante la dictadura del presente res- pecto a lo trascendente, al futuro y del conyunturalismo. En esta situación, es necesario que la política recupere la prima- cía sobre la especulación finan- ciera sin límites; que supere las doctrinas económicas neolibera- les que dan a los mercados y, en consecuencia, a la especulación fi- nanciera una autonomía absoluta, liberándolos así de los controles gubernamentales. Estas doctrinas, que gozan de gran popularidad, argumentan que los mercados y la especulación producen automá- ticamente la riqueza de las nacio- nes, la riqueza para todos, con el funcionamiento espontáneo de sus reglas, cuando no los estorban me- didas reglamentarias y subsidia- rias de los Estados y otros actores sociales, destinados a orientarlos hacia el bien común (cf. EG, 56). 17 Según el Papa Francisco, las cosas no se presentan exactamente en estos términos. Las teorías de la recaída favorable, que presupone que todo crecimiento económico favorecido por el mercado libre puede producir por sí mismo una mayor equidad e inclusión so- cial en el mundo, nunca han sido confirmadas por los hechos y ex- presan una confianza inatenta e ingenua en la bondad de aquellos que mantienen el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperan- te (cf. EG, 54). 18 También hay que abandonar la teoría económica de la mano invisible: «Ya no podemos confiar en las fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado. El crecimiento económico, aunque lo supone, requiere decisiones, programas, mecanismos y pro- cesos específicamente orientados a una mejor distribución del in- greso, a una creación de fuentes de trabajo, a una promoción integral 17 Para una visión general de los proce- sos de tipo neoliberal que han cambia- do la sociedad contemporánea, véase I. Masulli, Chi ha cambiato il mondo?, Laterza, Roma-Bari 2014, págs. 89 ss. 18 Para comprender mejor estas declara- ciones puede útil leer Z. Bauman, «La ricchezza di pochi avvantaggia tutti» (Falso!), Laterza, Roma-Bari, 2013.
26 La Cuestión Social Año 23, n. 1 27 La Cuestión Social Año 23, n. 1 dencia que se construye la ética ecológica. La falta de reconoci- miento del excedente del hombre —como es el caso, por ejemplo, de las teorías que dispersan al sujeto humano en la comunidad biótica— afecta a todo discurso moral. Si se pierden los paráme- tros antropológicos de la relación con el entorno absorbiendo al hombre en un conjunto vitalista, sería imposible de hablar de la ética ecológica y, en consecuen- cia, de la ética ambiental. Del otro lado, la preeminencia del hombre sobre la naturaleza no implica de ninguna manera un descono- cimiento de la dimensión de la naturaleza y, por lo tanto, no jus- tifica actitudes depredadoras, de dominación despótica. La naturaleza es la expresión de un proyecto de amor y de verdad. Está llamada a ser recapitulada en Cristo, según el orden intrínseco que Dios el Creador ha estable- cido, y que requiere custodia y cultivo. En el plan de Dios, la ex- periencia de la relación hombre- naturaleza implica la intervención humana. 22 El ambiente se modela mediante una cultura que se cen- tra en la libertad responsable y que se sirve de un orden moral ya esbozado por la acción crea- dora de Dios. Esto, según el Papa, permite superar una ecología moralista que ignora tanto las ne- cesidades legítimas de la humani- dad y el equilibrio inherente a la 22 El trabajo humano está íntimamente ligado a la naturaleza y la obra crea- dora de Dios, cf. Génesis 2, 5. creación, como los límites de los recursos disponibles. Sobre todo, destaca para cada proyecto de de- sarrollo las bases de una ética de la solidaridad y de la justicia, sos- tenibles, intergeneracionales, que a su vez se fundan sobre el destino universal del medio ambiente na- tural. Precisamente con respecto al destino universal de la tierra, la CIV ilustra su discurso con refe- rencia a los recursos energéticos no renovables en el contexto de la custodia y del desarrollo de la potencialidad de toda la creación. Los principales obstáculos en el camino del desarrollo integral de los pueblos y de las generaciones futuras son representados de un lado por la acumulación de los recursos naturales en manos de unos pocos y, además, por falta de redistribución planetaria de los recursos energéticos, así como por la solidaridad inadecuada en las relaciones entre los países en vías de desarrollo y los países al- tamente industrializados. La humanidad actual, subraya el Pontífice, tiene un deber muy grave respecto al bien del medio natural (cf. CIV, 50), que es un bien emi- nentemente colectivo. Custodiar y cultivar este bien implica una res- ponsabilidad universal, porque es destinado a toda la humanidad. Es importante observar que la CIV pone en cuestión la comu- nidad internacional, para que se encuentren las vías instituciona- les para un gobierno responsa- ble, comunitario y participativo sobre la naturaleza, con el fin de nar, afirma lapidariamente el Papa Francisco (cf. EG, 57). Actualmente, después de la crisis, los interme- diarios financieros no pocas veces sostienen sólo a quien ya dispone de recursos económicos, quien es financiable con seguridad, y prefie- ren invertir principalmente donde se espera un beneficio en el corto, muy corto plazo. 4. Dimensión ambiental del desarrollo: presupuestos antropológicos La aproximación al tema de la creación de parte de la CIV es explícitamente teológica y, por lo tanto, sugiere una relación hermenéutica precisa de la per- sona, de la familia humana y del medio ambiente. 21 Ayuda a leer e interpretar la experiencia de re- cibir, de acoger y de compartir: el medio ambiente, por el hecho 21 Con respeto a la CIV, se ha observa- do que sin duda podría proponer más desde el punto de vista de los proyectos ecológicos, como hizo por ejemplo para la economía y las finan- zas (véase sobre esto, por ejemplo, M. Vogt, Silenzi eloquenti. Un com- mento sugli aspetti ecologici dell’en- ciclica sociale «Caritas in veritate», in «Rivista di Teologia Morale», 164 [2009], págs. 567-584). La CIV ha op- tado, en vez de tratar de las premisas antropológicas, es decir, de lo que determina la calidad de las políticas ambientales, sobre la necesidad de una planificación ecológica, casi en respuesta a la indicada urgencia; el mismo Benedicto XVI ha contestado más tarde, de manera paradigmática, con el Mensaje para la Jornada Mun- dial de la Paz 2010. de ser un don de Dios para todos, no sólo implica una responsabili- dad respecto a éste y a sí mismo sino también hacia los demás, y sobre todo «para con los pobres, las generaciones futuras y toda la humanidad» (CIV, 48). La perspectiva teológica pre- sentada por la CIV ayuda a activar un conocimiento de tipo realista, o sea un proceso de análisis de nuestra experiencia de la exis- tencia, de nuestra relación con la creación, que rehúsa las herra- mientas cognitivas de una razón y de un pensamiento mutilados, su- bordinados al fenoménico, exten- diéndolos a la mirada teológica, al fundamento, a una lectura meta- sica del mundo real. El contexto teológico exige un método de aproximación que permite captar la interdependen- cia, desde el interior de la expe- riencia de la relación entre los dos polos de la humanidad y de la naturaleza, por lo cual la poten- ciación o ruina de uno depende de la consolidación o la devasta- ción del otro. Este enfoque evita, a su vez, que la naturaleza de ambos sea considerada un tabú intocable o una materia de la cual se puede disponer a voluntad, como si no llevara en sí mismo una gramá- tica para un uso inteligente, no instrumental y arbitrario. Pero permite, sobre todo, entender en esta relación la emergencia de la originalidad del hombre sobre la naturaleza. Es sobre esta trascen-
28 La Cuestión Social Año 23, n. 1 29 La Cuestión Social Año 23, n. 1 nes internacionales, políticas, esti- los de vida y culturas relacionales. Ahora bien, la posibilidad de la realización del desarrollo sos- tenible también depende de la creación de instituciones inter- nacionales apropiadas, en el plan jurídico, político y económico. La reforma de las institucio- nes internacionales o la creación de nuevas instituciones apare- cen cada vez más urgente para afrontar las nuevas exigencias del bien común global y la justi- cia social relacionada. Entre las nuevas exigencias del bien común mundial se debe considerar —además de la re- gulación de los flujos de migra- ción, el gobierno de la economía globalizada y financiarizada, la superación de las crisis financie- ras y económicas periódicas y los nuevos problemas de la paz— la protección de los recursos (in- cluidos los peces) y el cambio climático, la seguridad alimentaria, la aplicación de las múltiples poten- cialidades de la creación, fenóme- nos ambientales globales como el efecto invernadero, que proviene de otros fenómenos locales y globales, como la pérdida de la biodiversi- dad, la deforestación, la progresiva desertificación de grandes super- ficies. Entre las nuevas exigencias de la justicia social global deben ser enumeradas: la redistribución mundial de la riqueza propiciada por la globalización, la redistribu- ción de los recursos energéticos (cf. CIV, 49), del conocimiento, de las esferas del bienestar (cf. CIV, 42), la solución a los conflictos internacionales acerca del uso de los recursos del planeta, la correc- ción de la disfunción de una glo- balización mal gobernada (cf. ib.), la regulación de la explotación de los recursos, la promoción de la investigación y de la aplicación de la energía con un menor impacto ambiental, especialmente para una mayor eficiencia energética. Hay un bien común global, carac- terizado por necesidades nuevas y urgentes. Hay bienes colectivos, como el aire, el agua, la tierra, la vegetación, el clima que, por el hecho de ser bienes universales y unitarios, o sea elementos que afectan a la existencia de todo el planeta Tierra y de la familia hu- mana, requieren una solidaridad global y la justicia. Sólo una comunidad de pueblos organizada políticamente al ni- vel mundial puede asegurarlos y apoyarlos en su propio plano. La autoridad política estructurada, y trabajando a nivel nacional, no es proporcionada. Entonces, es ne- cesario y urgente que el sistema de los Estados soberanos, entre los cuales existen sólo relaciones horizontales, se transforme en un sistema de pueblos y Estados que sean, a su vez, miembros de una comunidad político-jurídica que opera a nivel global. En espera de la constitución de una autoridad política mundial adecuada, mediante la reforma de la Organización de las Nacio- nes Unidas (cf. CIV, 67), lo que custodiarla, para aprovechar de sus frutos y de cultivarla, encon- trando también nuevas formas y tecnologías avanzadas, a fin de poder dignamente acoger y alimentar la población mundial, especialmente la más pobre, po- niendo de relieve los costos eco- nómicos y sociales derivados de la utilización de los recursos am- bientales comunes para que se repartan en partes iguales entre los que usufructúan de ellos. A nosotros seguramente nos implica más directamente la lla- mada de la CIV a participar para que: a) la sociedad actual recon- sidere seriamente su estilo de vida, inclinado al hedonismo y al consumismo; b) tome conciencia de que la solidaridad ecológica entre los pueblos es, en cierto sen- tido, impuesta por la unidad de los elementos del planeta Tierra y, en particular, por el entrelazamiento indisoluble entre las dinámicas socio-culturales y la salvaguardia de la creación. La desertificación y el empobrecimiento producti- vo de algunas áreas agrícolas son también causadas por la explo- tación, el empobrecimiento y el subdesarrollo de las personas que los habitan; c) se preste atención a la cultura de la ecología del hom- bre, puesto que la degradación de la naturaleza está estrechamen- te relacionada con la cultura que modela la convivencia humana. «Cuando se respeta la ecología humana en la sociedad, también la ecología ambiental se benefi- cia […]. Para salvaguardar la na- turaleza —agrega el Papa— no basta intervenir con incentivos o desincentivos económicos, y ni siquiera es suficiente una ins- trucción adecuada. Éstos son ins- trumentos importantes, pero el problema decisivo es la capacidad moral global de la sociedad. Si no se respeta el derecho a la vida y a la muerte natural, si se hace arti- ficial la concepción, la gestación y el nacimiento del hombre, si se sacrifican embriones humanos a la investigación, la conciencia co- mún acaba perdiendo el concepto de ecología humana y con ello de la ecología ambiental» (CIV, 51); d) la Iglesia asume sus responsa- bilidades y halla modos para que tengan también valor en el pú- blico: «… al hacerlo, no sólo debe defender la tierra, el agua y el aire como dones de la creación que pertenecen a todos. Debe prote- ger sobre todo al hombre contra la destrucción de sí mismo» (ib.). 5. En modo de conclusión: Humanismo, desarrollo sostenible e instituciones internacionales Podemos hablar de humanismo en un sentido puramente teórico, destacando formas inmanen- tistas, biologistas, colectivistas, individualistas y utilitaristas, per- sonalistas. Pero se puede —y se debe— hablar, como ya se ha de- mostrado, en un sentido ético y también de una manera proyecti- va y práctica, o sea con referencia a formas de humanismo no abstrac- tas, que se encarnan y se inervan, tomando poco a poco cuerpo y alma, por leyes nuevas, institucio-
30 La Cuestión Social Año 23, n. 1 31 La Cuestión Social Año 23, n. 1 Viabilidad de una política de salarios dignos José Luis Calva 1 E n su Carta Encíclica Laborem Exercens, el Papa Juan Pablo II señaló: “Una justa remunera- ción por el trabajo de la persona adulta que tiene responsabilida- des de familia es la que sea su- ficiente para fundar y mantener dignamente una familia y asegu- rar su futuro”. Y en una amplia vi- sión sistémica afirmó: “La justicia de un sistema socioeconómico y, en todo caso, su justo funciona- miento merecen en definitiva ser valorados según el modo como se remunera justamente el trabajo humano dentro del sistema”.1 En México, durante el año que está por concluir el salario míni- mo fue de $67.29 diarios para la zona A y de $63.77 para la zona B (o sea $1,967.40 y $1,913.10 mensuales, respectivamente), lo que significa un ingreso mensual para un jefe de familia nuclear típica (de 4 miembros) muy infe- rior a la línea de bienestar (o de la pobreza), que de acuerdo con 1 Investigador en el Instituto de Investigacio- nes Económicas de la UNAM; y miembro del Sistema Nacional de Investigadores. el Consejo Nacional de Evalua- ción de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) fue de $2,409.4 mensuales por persona en el me- dio urbano, o sea $9,637.6 por familia típica. Peor aún, el salario mínimo se ubica debajo de la línea de la po- breza extrema, también llama- da pobreza alimentaria, que de acuerdo con el CONEVAL fue de $1,287.64 por persona al día en el medio urbano, o sea $5,150.56 mensuales por familia típica de 4 miembros. Hay que recordarlo: la pobreza alimentaría es definida por el CONEVAL como la “incapa- cidad para obtener una canasta básica alimentaria, aun si se hicie- ra uso de todo el ingreso disponi- ble en el hogar para comprar sólo los bienes de dicha canasta”, es de- cir, aunque la familia no realizara ningún gasto en transporte, me- dicinas, vivienda, ropa, etcétera, y tampoco gastara en combustibles, utensilios, etcétera para cocinar los alimentos, de modo que los co- miera crudos. no parece un objetivo alcanzable en corto plazo, aunque sí es muy deseable, 23 parece esencial, si- guiendo una estrategia realística de etapas graduales, el estable- cimiento de una agencia a nivel internacional para los múltiples problemas ecológicos, apoyada por la Corte para la Protección del Derecho Ambiental —superando el actual PNUMA, que es simple- mente un programa específico de la ONU— y, a pesar de ser un con- sejo de administración compuesto de 58 gobiernos, no tiene un perfil decisional sino únicamente de in- formación y coordinación. 24 Mientras no exista una verda- dera autoridad mundial política (cf. CIV, 67) basada en los prin- cipios de solidaridad y subsidia- riedad, mediante la participación democrática de todos los Estados en condiciones de igualdad de dignidad, es necesario moverse con acuerdos de colaboración mundial extendidos lo más posi- ble y no aleatorios —es decir, no atribuibles a meras declaraciones de intenciones, sin contundencia real, sin efectos jurídicos—, al menos a nivel regional y con es- 23 Con respecto al tema de la creación de una autoridad política mundial, el Pontificio Consejo Justicia y Paz ha pu- blicado recientemente una nota sobre el problema de la reforma de los siste- mas monetarios y financieros: Por una reforma del sistema financiero y mone- tario internacional en la prospectiva de una Autoridad pública con competencia universal, Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano, 2011. 24 Cf. www.onuitalia.it/sviluppo/sostenibile pecial atención a los países más pobres. He aquí algunos elemen- tos esenciales para hablar con un significado humanista del desa- rrollo sostenible según la doctri- na social de la Iglesia. * Secretario del Consejo Pontificio Jus- ticia y Paz.
32 La Cuestión Social Año 23, n. 1 33 La Cuestión Social Año 23, n. 1 superadas por las tasas de infla- ción realmente observadas, se ha provocado el deterioro práctica- mente ininterrumpido del poder adquisitivo del salario. A precios constantes de 2014, el salario mí- nimo diario descendió de $233.32 en 1982 a $65.58 en 2014 (véa- se cuadro 2). Más aún, la política salarial retrógrada situó estas re- muneraciones por debajo de las prevalentes en 1946 (cuando el salario mínimo fue de $88.28, a precios de 2014). Ergo, no se trata sólo de dos décadas perdidas en la mejora del bienestar de los asala- riados más desvalidos, sino de una regresión de más de medio siglo. Además, puesto que los incre- mentos de los salarios mínimos han servido de guía para la ne- gociaciones salariales de los tra- bajadores del sector formal de la economía, éstos sufrieron tam- bién una fuerte pérdida de poder adquisitivo: los salarios contrac- tuales de las ramas de jurisdicción federal perdieron el 64.1% de su poder de compra durante el perío- do 1983-2014 (véase cuadro 2). CUADRO 2, SALARIOS A PRECIOS CONSTANTES DE 2014* PESOS POR DÍA PROMEDIOS ANUALES Años Mínimos Contractuales Manufactureros Construcción Cotización IMMS 1982 1983 1984 1988 1989 1993 1994 2000 2001 2002 2012 2013 2014e 233.32 190.23 171.73 124.02 124.98 99.90 99.53 69.64 70.23 70.94 66.70 66.45 65.58 369.35 262.66 245.61 210.91 218.58 199.58 195.70 136.64 140.07 141.50 134.21 133.81 132.51 907.50 683.10 622.41 496.04 579.44 705.87 719.62 562.17 600.86 613.98 561.70 552.66 553.08 495.02 373.72 304.75 225.87 255.25 304.42 299.72 198.81 200.06 207.66 211.52 207.02 204.88 546.32 391.35 318.44 246.10 278.72 315.99 353.36 252.96 273.27 282.13 286.71 284.44 282.52 VARIACIONES PORCENTUALES ACUMULADAS 1983-1993 1994-2014 1983-2014 -57.18 -34.35 -71.89 -45.96 -33.60 -64.12 -22.22 -21.65 -39.06 -38.50 -32.70 -58.61 -42.16 -10.59 -48.29 *Deflactados con el índice de Precios de la Canasta Básica. 1/ Salario contractual promedio. Ramas de jurisdicción federal; 2/ Remuneraciones me- dias en la industria manufacturera; 3/ Remuneraciones promedio en el sector formal de la industria de la construcción; 4/ Salario promedio de cotización al IMSS. Fuente: elaboración propia con base en Banco de México, Estadísticas y STPS, “Estadísti- cas Laborales”, Página electrónica. ¿Qué juicio de valor merece en- tonces el sistema socioeconómico vigente en México que tiene una política de salarios mínimos por debajo de la línea de la pobre- za extrema? En su exhortación apostólica Evangelii Gaudium, el Papa Francisco señaló: “Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres […] ata- cando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La inequidad es la raíz de los males sociales”. ¿Puede México superar su dramática perdida de cohesión social con la política salarial vi- gente y el sistema socioeconómico que la hace factible? La inequidad ha ido tan lejos en México que nuestro país destaca hoy como el que tiene el más bajo salario mínimo de América Latina medido en dólares estadouniden- ses corregidos a paridad de poder adquisitivo (véase cuadro 1). ¿Cómo llegamos a este abismo de miseria salarial? Desde el go- bierno de Miguel de la Madrid hasta el presente, en vez de utili- zar la política de salarios mínimos como herramienta para elevar paulatinamente el nivel de vida de los trabajadores y mejorar la distribución del ingreso, los su- cesivos gobiernos neoliberales la han utilizado como instrumento antiinflacionario: los incrementos del salario mínimo han sido fija- dos en igual magnitud que las ta- sas de inflación proyectadas, pero como éstas casi siempre han sido CUADRO 1, SALARIOS MÍNIMOS EN AMÉRICA LATINA. DÓLARES CORREGIDOS A PARIDAD DE PODER ADQUISITIVO 2011. Argetina 863,04 Colombia 458,30 Paraguay 744,49 Perú 443,79 Guatemala 595,97 Uruguay 392,62 Honduras 590.77 El Salvador 377.81 Panamá 581.79 Brasil 370.50 Costa Rica 572.96 Haití 340.17 Venezuela 570.66 Jamaica 332.58 Trinidad y Tobago 550,19 República Dominicana 310.30 Belice 525.65 Nicaragua 307.99 Chile 522,96 Bolivia 276.78 Ecuador 501,90 México 196.72 Fuente: Para salarios en moneda nacional, OIT, Global Wage Database; para tipo de cambio corregido a paridad de poder adquisitivo. FMI, World Econo- mic Outlook Database, octubre 2014.
34 La Cuestión Social Año 23, n. 1 35 La Cuestión Social Año 23, n. 1 de los precios y la productividad, a fin de lograr la mejora en la dis- tribución factorial del ingreso. De acuerdo con las cifras de Antonio Ortíz Mena, la participación de los salarios en el ingreso nacional dis- ponible (IND) efectivamente pasó del 26.3% en 1950-1958 al 35.2% en 1959-1967 (último dato dispo- nible cuando Ortíz Mena escribió su artículo citado), alcanzado el 38.3% del IND en 1970; mientras que el excedente de operación, o sea las ganancias empresariales, se redujeron del 70.2% del IND en 1950-1958, al 60.7% del IND en el período 1959-1967 (descendiendo incluso hasta el 57.3% del IND en 1970), lográndose así mejorar la distribución factorial del ingreso. Desde luego, para que esta mejora en la distribución del ingreso fuera factible, se requería un acuerdo so- cial; y, en efecto, el Pacto Social de la Revolución Mexicana estaba entonces vigente. La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que entonces era letra viva en sus propó- sitos económicos y sociales, estipula- ba: “los salarios mínimos deben ser suficientes para satisfacer las necesi- dades normales de un jefe de familia en el orden material, social y cultural”. El texto constitucional formalmente continúa vigente, pero bajo el reino de la filosofía económica neoliberal fue convertido en letra muerta. En la práctica, el acuerdo social operaba en forma de compromiso de no trasladar a los precios de los productos, los incrementos reales de los salarios. No obstante, aun- que la relación salarios/utilidades se incrementaba progresivamente en favor de los asalariados, la masa de ganancias empresariales crecía aceleradamente, debido al fuerte crecimiento económico sustenta- do en un pujante mercado inter- no, de manera que la inversión fija bruta (IFB: en maquinaria, equipo y construcciones) se incrementaba aceleradamente: a una tasa media del 8.8% anual durante el sexenio 1959-1964 y del 9.2% anual en el sexenio 1965-1970, con un cre- cimiento acumulado de la IFB de 181.3% durante estos dos sexe- nios, lo que permitió el crecimiento del PIB a una tasa media del 6.8% anual en el período 1959-1970. En contraste, bajo el modelo económico neoliberal la inversión fija bruta apenas creció a una tasa media del 2.4% anual durante el periodo 1983-2013, lo que impli- có un incremento acumulado de la IFB de sólo 111.9% durante más de cinco sexenios; y la participación de los salarios en el ingreso nacional disponible, que había alcanzado el 41.6% durante el período 1980- 1982, descendió al 30.8% del IND en el período 2011-2013. En consecuencia, la estrategia macroeconómica que erige la es- tabilidad de precios en objetivo a ultranza utilizando los incremen- tos del salario mínimo como guía de las expectativas inflacionarias no sólo ha traído consigo el em- pobrecimiento de las mayorías nacionales, sino también un pau- pérrimo crecimiento del mercado interno, con efectos negativos so- bre el crecimiento del PIB. Esta regresión salarial es igual- mente mayor de medio siglo. Como resultado agregado para el conjunto de los asalariados mexicanos, durante el tercer tri- mestre de 2014, el 72.4% de los trabajadores subordinados y re- munerados con ingreso especifi- cado (21,276,588 trabajadores) ganaron desde menos de un sa- lario mínimo hasta 3 salarios mí- nimos (equivalentes a $5,902.2 mensuales en la zona A), lo que significa para los jefes de familia un ingreso mensual muy por de- bajo de la línea de la pobreza. El falso argumento que ha sustentado esta política salarial retrograda fue expuesto desde el primer programa económico neoliberal (el Programa Inme- diato de Reordenación Econó- mica, diciembre de 1982), según el cual los aumentos salariales superiores a la inflación esperada provocan presiones inflacionarias que acaban deteriorando aún más el poder adquisitivo del salario. Para evidenciar el carácter espú- reo de este argumento tecnocráti- co-neoliberal, en el prólogo del libro Empleo digno y distribución del ingreso (Juan Pablos Editor- CNU, México, 2012), narré como durante la época del desarrollo estabilizador los incrementos del salario mínimo (10.2% en pro- medio anual bajo el gobierno del presidente Adolfo López Mateos y 7.8% en promedio anual bajo el gobierno del presidente Gus- tavo Díaz Ordaz) fueron siempre superiores a las tasas de inflación anterior y posterior (la inflación bajo el gobierno de ALM fue de 2.5% en promedio anual y bajo el gobierno de GDO fue de 2.6% en promedio anual). Además, las tasas de incremento del salario real (7.7% anual bajo el gobier- no de ALM y del 4.7% anual bajo el gobierno de GDO) resultaron también superiores a las tasas de incremento de la productividad laboral, la cual creció 2.6% en promedio anual, de acuerdo con las cifras reportadas por el prin- cipal conductor del desarrollo es- tabilizador (Antonio Ortíz Mena, “Desarrollo estabilizador. Una dé- cada de estrategia económica en México”, publicado originalmente en El Mercado de Valores, Núm. 44, NAFINSA, México, 1969; y reedita- do en A. Ortíz Mena, El desarrollo estabilizador. Reflexiones de una época, FCE, México, 1998). No obstante, los incrementos salariales a tasas mayores que la suma de las tasas de inflación y de incremento de la productivi- dad, jamás desencadenaron una escalada inflacionaria. ¿Por qué? Porque entre los propósitos ho- nestamente postulados y congruen- temente aplicados del desarrollo estabilizador figuraron precisamen- te los siguientes: “aumentar los salarios reales” y “mejorar la par- ticipación de los asalariados en el ingreso nacional disponible” (Ortíz Mena, op. cit.). En congruencia con este objetivo dual, los aumentos salariales debían precisamente su- perar los incrementos agregados
36 La Cuestión Social Año 23, n. 1 37 La Cuestión Social Año 23, n. 1 sufre una grave pérdida de cohe- sión social cuyas manifestaciones son cada vez más alarmantes. Para reconstruir la cohesión so- cial y la esperanza de un futuro mejor, es necesario poner punto final a este injusto sistema socioe- conómico neoliberal y pasar a una nueva estrategia de desarrollo que asegure el crecimiento robusto de nuestra economía y el pleno ejer- cicio de los derechos humanos de los mexicanos, incluyendo los derechos económicos y sociales. Hay que recordarlo: la Declaración Universal de Derechos Humanos, proclamada por la Organización de las Naciones Unidas en 1948, establece en su artículo 25: “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimen- tación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; asimismo el derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invali- dez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsis- tencia por circunstancias indepen- dientes de su voluntad”. El pasaje a un sistema socioe- conómico con salarios justos y un Estado de bienestar robusto es eco- nómicamente viable. Cuando los países europeos instituyeron sus fuertes Estados de bienestar, su PIB percápita era similar o inferior al del México de hoy. Medido en dóla- res constantes de 1990 corregidos a paridad de poder adquisitivo (PPA), todavía en 1960 el PIB percápita de Finlandia era 6,230 dólares, el de Francia de 7,398, el de Alemania de 7,705 y el de Inglaterra de 8,645 dó- lares, mientras que el PIB percápita de México en 2008 fue de 7,979 dó- lares constantes de 1990 corregidos a PPA. Ergo, la ausencia de un Esta- do de bienestar robusto en México no está asociada a falta de riqueza nacional, sino a la pobreza de nues- tra democracia. Frente a la profunda crisis social que actualmente padece México, el gran reto de la ciudadanía con- siste en formar una amplia coali- ción de fuerzas sociales capaces de construir una sociedad cohesiva mediante una estrategia posneoli- beral de desarrollo (una propuesta integral puede verse en la colec- ción de libros de Análisis estraté- gico para el desarrollo, elaborada por 348 investigadores y publicada por Juan Pablos Editor-CNU: véase www.consejonacionaldeuniversi- tarios.org.mx). “Una sociedad co- hesiva ―observó la Organización para la Cooperación y el Desarro- llo Económicos― trabaja hacia el bienestar de todos sus miembros, combate la exclusión y la margina- ción, crea un sentido de pertenen- cia, fomenta la confianza y ofrece a sus integrantes la oportunidad de lograr la movilidad ascendente” (OCDE, Perspectivas del desarrollo global 2012: cohesión social en un mundo cambiante, Paris, 2011). Previamente, en su Informe sobre el desarrollo mundial 2006, el Ban- co Mundial observó: “un aumen- to de la equidad lleva consigo un funcionamiento más eficiente de la economía, una reducción de los Ahora bien, aunque de acuer- do con los dogmas neoliberales se esperaba que los bajos salarios conducirían a un mayor nivel de empleo, los mercados de trabajo no se comportaron conforme a los supuestos ortodoxos. Por el contra- rio, el exiguo y volátil crecimiento del producto nacional bajo el mo- delo neoliberal, trajo consigo un igualmente pobre y errático creci- miento del empleo. Para ofrecer suficientes puestos de trabajo a sus jóvenes, la econo- mía mexicana debe crecer a una tasa media de por lo menos 6% anual. Esta relación tiene por fun- damento el hecho de que la pobla- ción demandante de empleos crece a una tasa cercana al 4% anual ― debido a las tasas de crecimiento demográfico observadas desde que nacieron las sucesivas cohortes de jóvenes que cada año alcanzan la mayoría de edad, sumadas a la cre- ciente participación de las mujeres en el mercado laboral―, de manera que un crecimiento económico del 4% anual sólo sería suficiente para ocupar en México a los nuevos de- mandantes de empleo si la produc- tividad del trabajo no aumentara. Con un incremento de la produc- tividad del 2% anual (o mayor) es necesario un crecimiento económi- co cercano al 6% anual (o mayor) para dar ocupación a nuestros jó- venes demandantes de empleo. Bajo la estrategia económica de industrialización liderada por el Estado, precedente a la neoliberal, el PIB mexicano creció a una tasa media del 6.1% anual durante el periodo 1935-1982, de modo que se lograron crear puestos de trabajo suficientes para los nuevos deman- dantes de empleo. Pero durante las ya poco más de tres décadas de aplicación de la estrategia econó- mica neoliberal, de 1983 a 2014, el PIB apenas creció a una tasa media del 2.3% anual, de manera que los empleos generados han sido insu- ficientes para dar ocupación a las nuevas generaciones. Por esta causa, durante el pe- riodo 1983-2014 más de 12 millones de mexicanos emigraron al extranjero en busca de empleos que no encontraron en nuestro país; 2.6 millones de mexicanos se encuentran en el desempleo abierto (buscan empleo pero no consiguen trabajar ni siquiera una hora a la semana, con o sin retribución), de acuerdo con las cifras de INEGI para el segundo trimestre de 2014; 6.4 millones se encuentran en el desempleo encu- bierto (no buscan empleo porque no tienen esperanza de conseguir- lo, pero se declaran en disponibili- dad de trabajar); y 29.3 millones de mexicanos (con la nueva me- todología del INEGI), que repre- sentan el 59% de la población ocupada, se encuentran emplea- dos en la economía informal, caracterizada por su baja produc- tividad, sus pobres retribuciones y la exclusión de las instituciones de seguridad social. Como resultado de todo lo ante- rior, incluyendo el incremento de la pobreza asociada a la salvaje caída de los salarios reales, nuestro país
38 La Cuestión Social Año 23, n. 1 39 La Cuestión Social Año 23, n. 1 De los bienes comunes al bien común de la humanidad 1** François Houtart* Introducción ¿Por qué asociar la noción de ‘bienes comunes’ al concepto de ‘bien común’? La defensa de los bienes comunes es hoy una rei- vindicación fuerte de muchos movimientos sociales. Ella incluye tanto elementos indispensables para la vida —como el agua y las semillas— como los servicios pú- blicos hoy en día desmantelados por las políticas neoliberales, tan- to en el Sur como en el Norte. Esta lucha consiste en una oposición a la ola de privatizaciones que afec- Resumen No hay lugar en el mundo donde un profundo malestar no se manifies- te frente al aumento de las brechas sociales, al irrespeto de la justicia, al desempleo de los jóvenes, a los abusos de poder, a la destrucción de la naturaleza. Una nueva ola de movimientos sociales se ha desarrollado. Los foros sociales permitieron su globalización. Una conciencia social colectiva crece: no se puede seguir así. El tipo de desarrollo económico que vivimos actualmente, con sus consecuencias políticas, culturales y psicológicas, es el origen de los desequilibrios. Al mismo tiempo, la necesidad de solu- ciones se impone de manera urgente. Es el momento de plantear nuevas orientaciones y no solamente adaptaciones. Reunir fuerzas para actuar y pensar por este fin, es una prioridad. Es por esto que, junto con la iniciati- va del referéndum sobre el agua (uno de los bienes comunes) en Italia, la Fundación Rosa Luxemburgo tomó la decisión de organizar una conferen- cia sobre el concepto del bien común de la humanidad, para promover una reflexión sobre los vínculos entre las dos nociones y de integrar las reivin- dicaciones y las luchas sociales para un cambio de sociedad, escenario en el que se enmarca éste artículo. conflictos, un aumento de la con- fianza y un mejoramiento de las instituciones, con los consiguien- tes beneficios dinámicos sobre la inversión y el crecimiento”. Es indudable: la plena inclusión de todos los mexicanos en las tareas y los beneficios del desarrollo no sólo es palanca fundamental para un México más equitativo, sino tam- bién para ingresar a un ciclo largo de crecimiento acelerado y sosteni- do de la economía nacional.
40 La Cuestión Social Año 23, n. 1 41 La Cuestión Social Año 23, n. 1 del respeto del otro y de la natu- raleza, de la ternura, en breve, de lo que constituye lo humano. Empezaremos este trabajo por un análisis de la crisis y sus múl- tiples facetas, mostrando su ca- rácter sistémico, lo que plantea el problema de los bienes comu- nes y del bien común en nuevos términos. Continuaremos con la necesidad de una revisión de los paradigmas de la vida colectiva de la humanidad sobre el pla- neta, insistiendo en los aspectos prácticos de esta revisión en las políticas económicas y sociales, nacionales e internacionales y terminando por una propues- ta de Declaración Universal del Bien Común de la Humanidad. El bien común es lo comparti- do por todos los seres humanos, hombres y mujeres. Ya Aristóte- les en su obra sobre La Política, estimaba que ninguna sociedad puede existir sin algo en común, a pesar de opinar que lo común debía ser reducido al mínimo. Sin embargo (en este documento), no vamos desarrollar aquí el aspecto filosófico de la cuestión; queremos más bien privilegiar un enfoque sociológico, es decir (las condi- ciones) el estudio del contexto en el cual el bien común de la huma- nidad se plantea hoy. El concepto se distingue del de ‘bienes comu- nes’ por su carácter más general, implicando los fundamentos de la vida colectiva de la humanidad en el planeta: la relación con la naturaleza, la producción de la vida, la organización colectiva (la política) y la lectura, la evaluación y la expresión de lo real (la cul- tura). No se trata tampoco de un patrimonio, como en el caso de los bienes comunes, sino de un esta- do (bien estar, bien vivir), resulta- do del conjunto de los parámetros de la vida de los seres humanos, hombres y mujeres, en la tierra. Se distingue también de la noción de ‘bien común’, como diferente de ‘bien individual’, como se define en la construcción de un Estado, es de- cir la res publica, aun si el concepto de ‘bienes públicos mundiales’ ha sido introducido por el PNUD en su informe de 1999. De hecho, se trata de la producción y de la re- producción de la vida a escala de la humanidad. Finalmente, el bien común de la humanidad es la vida y su reproducción. Fue Riccardo Petrella quien afir- mó la necesidad de reconstruir la noción del bien común, frente al neoliberalismo dominante y a la dominación del mercado (1998), basando su perspectiva sobre un nuevo contrato social mundial del tener, de la cultura, de la democra- cia y de la tierra. Se trata de formu- lar los principios y establecer las reglas, las instituciones, la cultura. Evidentemente, el concepto de ‘bien común de la humanidad’ incluye las nociones de bienes comunes y de bien común en sus traducciones concretas. Si em- pezamos la reflexión por la cri- sis actual, es por la simple razón que ella está poniendo en peligro no solamente a los bienes comu- nes o a la noción de bien común, taron una gran parte de las redes públicas, desde los ferrocarriles, la electricidad, el agua, los trans- portes, la telefonía, las selvas, los ríos, las tierras, hasta la salud y la educación. Lo que se llamaba an- tes del capitalismo en Inglaterra los “commons”,2 se estrechó pro- gresivamente para dar lugar a un sistema económico transforman- do el conjunto de la realidad en mercancía, paso necesario para la acumulación del capital y hoy día acentuado por la hegemonía del capital financiero. El common land (tierra comunal) fue considerado como wasted land (desperdiciado) y todo uso no capitalista de la tie- rra significaba un no-uso (Michaël Brie, 2011). Está claro que la revalorización de los bienes comunes, en cual- quiera de sus formas (naciona- lización u otra forma de control colectivo), constituye un objetivo fundamental para salir de una larga época donde la lógica econó- mica había puesto el acento sobre lo privado y lo individual para pro- mover el desarrollo de las fuerzas productivas y la emancipación de la iniciativa personal hasta elimi- nar la mayor parte de lo público de sus objetivos. Hemos llegado a la mercantilización aun de la vida humana y de su reproducción. Esta lógica económica instrumen- talizó el campo político —como se evidenció durante la crisis finan- ciera de los años 2008 y los años siguientes con las operaciones de salvataje del sistema bancario— al nacionalizarlo, dejándolo en manos de quienes provocaron la crisis (a menos que en algún momento se condene a los delin- cuentes). Tales políticas desem- bocaron en medidas estatales de austeridad, haciendo pagar a las poblaciones el peso de la crisis, siguiendo sin embargo las políti- cas neoliberales. La defensa de los servicios pú- blicos y de los bienes comunes se ubica en el conjunto de las re- sistencias a estas políticas, pero éstas se arriesgan a ser solamente combate de retaguardia si no se sitúan en un cuadro más amplio, el del bien común de la humani- dad, del cual forman parte. De he- cho, el restablecimiento de ciertos sectores de los servicios públicos, puede ser recomendada aún por organismos como el Banco Mun- dial. Varios empresarios piensan lo mismo, cuando después de la ola de privatizaciones se constató que no todo era tan rentable como se había pensado. Abordar este concepto puede parecer bastante teórico, frente a preocupaciones sociales y po- líticas. Sin embargo, éste puede ser un instrumento de trabajo concreto bastante útil para afron- tar situaciones contemporáneas, como las diversas crisis y tam- bién la convergencia de las resis- tencias y de las luchas contra un sistema destructor de la naturale- za y de las sociedades. Se trata de realidades muy concretas, en pri- mer lugar con la solidaridad, que se desvanece frente a la competi- tividad y al individualismo, pero también se trata del altruismo,
42 La Cuestión Social Año 23, n. 1 43 La Cuestión Social Año 23, n. 1 financiero y muchos dicen que no será la última. La burbuja financiera creada du- rante los últimos decenios, gracias entre otros a nuevas tecnologías de información y de comunicacio- nes, ha sobredimensionado todos los datos del problema. Como se sabe, esta burbuja estalló con el problema de los subprimes en los Estados Unidos, es decir el endeu- damiento insolvente de millones de personas, velado por una multi- plicidad de productos financieros derivados (Reinaldo A. Carcanholo y Mauricio de S. Sabardini, 2009, 57). En los países industrializa- dos, el consumo aumentaba más rápidamente que los ingresos (Joseph Stiglitz, 2010, 12). Sin embargo, el fenómeno era mucho más antiguo, desde el momen- to en que una economía virtual tomó la prioridad sobre la econo- mía real; en otras palabras, cuan- do el capital financiero empezó a ser más provechoso que el capi- tal productivo (Jorge Beinstein, 2009, 29). Uno de los orígenes del proceso fue la decisión del Presi- dente Nixon, en 1972, de desvin- cular el dólar del oro, lo que inició nuevas políticas monetarias, en el cuadro de un crecimiento de la interdependencia económica in- ternacional: la globalización (Jo- seph. Stiglitz, 22). El capitalismo ha conocido cri- sis financieras desde muy tem- prano. La primera fue al final del siglo XVIII y se renovaron en el curso de la historia. La última a nivel mundial fue en los años 29- 30, seguida de la Segunda Guerra Mundial, por varias crisis regio- nales (México, Argentina, Asia, Rusia). La nueva crisis financie- ra mundial de 2008 desencade- nó en los países del centro del sistema, una serie de políticas específicas: endeudamiento de los Estados, restricción de cré- dito, políticas de austeridad, etc. Aun los países del Sur fueron afectados por la disminución de las exportaciones (China), de las remesas (América Central y paí- ses andinos, Filipinas), aumento del precio del petróleo, etc. Estos países no fueron tan golpeados por el endeudamiento insolvente y muchos aprovecharon del alza de los precios de los recursos na- turales creando, en materia de energía, un desequilibrio entre los productores o no productores de petróleo y en los alimentos, alzas de precios afectando a los más pobres de los consumidores, en particular, las mujeres. La causa fundamental de la cri- sis financiera se encuentra en la lógica misma del capitalismo (Rémy Herrera y Paulo Nakata- ni, 2009, 39). Hacer del capital el motor de la economía, y de su acumulación lo esencial del desa- rrollo, lleva a la maximización del provecho. Si la financiarización de la economía favorece la tasa de ga- nancia y si la especulación acelera el fenómeno, la organización de la economía en su conjunto sigue este camino. Así, la primera carac- terística de esta lógica: el aumento de la tasa de provecho en función de la acumulación del capital, se sino a la supervivencia misma del género humano en la tierra y la posibilidad para esta última de regenerarse a causa de la activi- dad predatoria humana, es decir, el bien común de la humanidad, lo que exige una revisión con ur- gencia. La dinámica de acumula- ción en los espacios territoriales empezó a poner en peligro la pre- servación de los bienes comunes; hoy en día, el acaparamiento de las tierras en los continentes del Sur para el desarrollo de la agri- cultura industrial (en particular los agro-combustibles) y la ex- tracción de los minerales, cons- tituye una nueva etapa de los enclosures. La misma lógica con- taminó la idea de bien común en el centro y en las periferias del capitalismo. Prevalece la muerte y no la vida. A fin de llegar a so- luciones, debemos replantear el problema desde sus raíces, es de- cir redefinir lo que es el bien co- mún de la humanidad hoy en día. Por eso, en un primer momento, el carácter fundamental de la cri- sis será ilustrado por algunos de sus elementos principales. Las múltiples caras de la crisis Cuando más de 900 millones de seres humanos viven debajo de la línea de pobreza y que su número aumenta (PNUD, 2010), cuando cada 24 horas decenas de millares de personas mueren de hambre o de sus consecuencias, cuando des- aparecen día tras día etnias, modos de vida, culturas, poniendo el pa- trimonio de la humanidad en pe- ligro, cuando la desigualdad entre hombres y mujeres se consolida en el sistema económico formal e infor- mal, cuando el clima se deteriora, no se puede solamente hablar de crisis financiera coyuntural, aunque haya estallado de manera abrupta. Las diversas crisis La crisis financiera y económica Cabe subrayar que las conse- cuencias sociales de la crisis fi- nanciera se sienten más allá de las fronteras de su propio origen y afecta a los fundamentos mis- mos de la economía. Desempleo, aumento del costo de la vida, ex- clusión de los más pobres, vul- nerabilidad de las clases medias, amplían la lista de las víctimas en el mundo entero. No se trata so- lamente de un accidente en el re- corrido, ni solamente de abusos cometidos por algunos actores económicos que requieren ser sancionados. Estamos confron- tados a una lógica que atraviesa toda la historia económica de los últimos siglos (Fernand Brau- del, 1969, Immanuel Wallerstein, 2000, István Mészarós, 2008, Wim Dierckxsens, 2011). Crisis en des- regulación, desregulación en cri- sis: este vaivén responde siempre a la presión de las tasas de ganan- cia: en aumento se desregula, en disminución se regula, pero siem- pre a favor de la acumulación del capital, definida como motor del crecimiento. Lo que se vive hoy en día no es entonces nuevo. No es la primera crisis del sistema
44 La Cuestión Social Año 23, n. 1 45 La Cuestión Social Año 23, n. 1 sión migratoria interna, como en Brasil, o externa, como en muchos otros países del mundo. Con los servicios públicos, la agricultura es una de las nuevas fronteras actuales del capital (Sa- mir Amin, 2004), especialmente en tiempos de disminución rela- tiva de la rentabilidad del capi- tal productivo industrial y de la amplitud considerable tomada por el capital financiero, en bús- queda de fuentes de provecho. Últimamente se asistió a un fenó- meno inédito: el acaparamiento de tierras por capitales privados y estatales. En el caso de África, particularmente producciones alimentarias o de agro-combus- tibles. Compañías como Daiwoo de Corea del Sur, obtuvo una con- cesión de 1’200,000 hectáreas de tierras en Madagascar por 99 años, lo que provocó una grave crisis política. Países como Libia y los Emiratos del Golfo hacen lo mismo en Malí y varios países africanos. Multinacionales euro- peas y norteamericanas de mi- nería o de agro-energía aseguran la posibilidad de explotación de decenas de millones de hectáreas por períodos largos. Lo mismo hacen empresas estatales o pri- vadas chinas. Hay muy poca preocupación por los daños ecológicos y socia- les, considerados como “externa- lidades”, es decir como externos a los cálculos del mercado. Y ese es el segundo aspecto de la lógi- ca del capitalismo, después de la tasa de ganancia. No es el capital el que soporta estos efectos ne- gativos, sino las sociedades loca- les y los individuos. Eso siempre ha sido la línea de acción del ca- pital en los países centrales: sin preocupación por la suerte de la clase obrera y en las periferias con el colonialismo, sin cuidado de la naturaleza ni de los modos de vida de las poblaciones. Es por todas estas razones que la crisis alimentaria, tanto en su as- pecto coyuntural como estructu- ral, está directamente vinculada con la lógica del capitalismo. La crisis energética Ésta va más allá de la explosión coyuntural de los precios del pe- tróleo y es parte del agotamiento de los recursos naturales, sobre- explotados por el modelo de de- sarrollo capitalista. Una cosa está clara: la humanidad tendrá que cambiar su fuente de energía en los 50 años que vienen, pasando de la energía fósil a otras fuentes. La utilización irracional de energía y el despilfarro de los recursos na- turales se manifestó, especialmen- te, después de la Segunda Guerra Mundial y en particular con el Consenso de Washington, es decir la liberalización generalizada de la economía caracterizando la era neo-liberal del capitalismo. El modelo de consumo indivi- dual (vivienda, transporte) era muy energívoro. Por otra parte, la liberalización del comercio exterior llevó a más del 60% de las mercancías a cruzar los océa- nos, con todo lo que eso significa manifiesta con toda claridad en este proceso. Pero, un mercado capitalista no regulado lleva inevi- tablemente a la crisis. Y, como in- dica el informe de la Comisión de las Naciones Unidas, “Eso es una crisis macro-económica” (Joseph Stiglitz, 2010, 195). Sin embargo, la diferencia prin- cipal con el contexto similar al de los años 30, es que el desequili- brio financiero y monetario ac- tual se combina con otras crisis de otro tipo: alimentaria, energé- tica, climática… Todas, sin embar- go, vinculadas a la misma lógica. La crisis alimentaria La crisis alimentaria tiene dos aspectos: coyuntural y estructu- ral. El primero se manifestó con el aumento súbito de los precios de los productos de alimenta- ción en 2007 y 2008. Si para explicar el fenómeno existían al- gunas bases efectivas, como una cierta disminución de las reser- vas, la razón principal fue de orden especulativo, a la cual la producción de agro-carburantes no fue ajena (el etanol a partir del maíz en los Estados Unidos). Así, el precio del trigo en la bol- sa de Chicago aumentó 100%, el maíz 98% y el etanol 80%. Du- rante estos años, una parte del capital especulativo se desplazó de otros sectores para invertir- se en la producción alimentaria, en espera de provechos rápidos e importantes. En consecuencia, según el director general de la FAO, cada año, en 2008 y 2009, más de 50 millones de personas descendieron bajo de la línea de pobreza y el total de gente viviendo en esta situación al- canzó en 2008 una cifra nunca conocida antes, de más de mil millones de personas. Tal situa- ción fue claramente el resultado de la lógica del provecho, la ley capitalista del valor. El segundo aspecto es estruc- tural. Se trata de la expansión, durante los últimos años del monocultivo, resultando en la concentración de las tierras, es decir en una verdadera contra- reforma agraria. La agricultura campesina o familiar se destru- ye en el mundo entero bajo el pretexto de su baja productivi- dad. De hecho, los monoculti- vos tienen una producción que puede ir hasta 500 y a veces 1000% más que la agricultura campesina en su estado actual. Sin embargo, dos factores de- ben ser tomados en cuenta. El primero es la destrucción eco- lógica provocada por esta forma de producción: se eliminan bos- ques, se contaminan los suelos y las aguas, hasta los ríos y el mar, por el uso masivo de pro- ductos químicos; dentro de los próximos 50 o 75 años, se pre- paran los desiertos del futuro. Por otra parte, los campesinos son expulsados de sus tierras y son millones los que tienen que migrar hasta las ciudades, en los barrios marginales, agravan- do el peso de las tareas de las mujeres, provocando las crisis urbanas y aumentando la pre-
46 La Cuestión Social Año 23, n. 1 47 La Cuestión Social Año 23, n. 1 que implica la producción masiva de agro-energía (destructor de naturaleza y seres humanos). Durante un tiempo, esta solución fue propuesta por organizaciones y movimientos ecologistas y bas- tante despreciada por los respon- sables de la economía. A mediados de los años 2000, la actitud de es- tos últimos cambió. La producción de etanol a partir de la caña de azú- car en Brasil y del maíz en Estados Unidos, comprobó que la tecnolo- gía era relativamente simple. Lo mismo sucedió con el agro-diesel a partir de la palma, la soja o de otras plantas que producen aceite, como la jatropha. En Brasil, el ini- cio de la ola productiva de etanol correspondió a la crisis petrolera de 1973, permitiendo la reducción de la importación de crudo muy costoso. Para los Estados Unidos, el problema era reducir su dependen- cia de las regiones exteriores, sien- do varias de ellas poco confiables, lo que justificó una producción de etanol con importantes subsidios estatales, siendo el maíz menos provechoso que la caña en materia de agro-combustibles. Muchos países empezaron a de- cretar la utilización de un cierto porcentaje de energía verde en su consumo general. La Unión Eu- ropea decidió que este consumo sería del 20% en el año 2020, con un 10% de energía líquida verde, es decir de agro-combustible. El conjunto de estos planes significa- ba la necesidad de dedicar millo- nes de hectáreas de cultivo a este fin. De hecho, ni Europa ni Estados Unidos tienen suficientes tierras para satisfacer su demanda, dado su enorme consumo. El resultado fue que desde finales de la prime- ra década de 2000 se reveló un interés creciente hacia los conti- nentes del Sur, los cuales disponen de muchas tierras no cultivadas. La producción de agro-combus- tibles se realiza bajo la forma de monocultivos, es decir con la uti- lización de grandes extensiones para un solo producto. En mu- chos casos, eso conlleva la supre- sión de grandes bosques como en el caso de Malasia o de Indonesia, donde en menos de 20 años el 80% de la selva original fue des- truida por plantaciones de la pal- ma y eucalipto. La biodiversidad está eliminada, con todas las con- secuencias sobre la reproducción de la vida. Para producir agro- combustibles, se utiliza no sola- mente mucha agua, sino una gran cantidad de productos químicos como fertilizantes o pesticidas. El resultado es una contaminación intensiva de las aguas subterrá- neas, de los ríos, hasta del mar y un peligro real de falta de agua potable para las poblaciones. Además, los pequeños campesi- nos son expulsados y muchas co- munidades indígenas pierden sus tierras ancestrales, lo que provo- ca un sinnúmero de conflictos sociales, aun violentos. Si los pla- nes se realizan entre esta fecha y 2020, decenas de millones de hectáreas serán dedicadas al mo- nocultivo de agro-combustibles en Asia, África y América Latina, continentes en donde se ubica la en términos de uso de energía y contaminación de los mares. Cada día, más de 22,000 buques de más de 300 toneladas nave- gan en los mares (Malen Ruiz de Elvira, 2010). Tal circulación no solamente asegura el inter- cambio deseable de bienes, sino que también garantiza la posi- bilidad de aplicar los principios del intercambio desigual con las periferias, productoras de mate- ria prima y de bienes agrícolas. Además permite a las ventajas comparativas ser utilizadas de lleno. Así, los productos pueden venderse a un precio menor, a pesar de haber recorrido miles de kilómetros, porque los tra- bajadores son más explotados y porque las leyes de protección ecológica son inexistentes o de- masiado tímidas. Los picos del petróleo, del gas, del uranio pueden discutirse en términos de años precisos, pero de todas maneras se sabe que es- tos recursos no son inagotables y que las fechas no son lejanas. Paí- ses como Estados Unidos, Inglate- rra, México y otros han entrado en este proceso. Con el agotamiento, los precios de estos productos au- mentarán inevitablemente, con todas las consecuencias sociales y políticas que esto conlleva. Por otra parte, el control internacio- nal de las fuentes de energía fósil y otras materias estratégicas es cada vez más importante para las potencias industriales que no dudan en recurrir a la fuerza militar para asegurarlo. El mapa de las bases militares de los Esta- dos Unidos lo indica claramente y las guerras en Irak y Afganistán lo confirman. El papel de los Es- tados Unidos como garante del sistema mundial es bastante cla- ro, cuando se sabe que tienen un presupuesto militar que se acerca al 50% de todos los gastos de esta índole en el mundo. Ningún país, ni Gran Bretaña, ni Rusia, ni Chi- na, llegan a un cuarto de lo que Estados Unidos gasta. Evidente- mente, no se trata sólo de contro- lar las fuentes de energía, sino de asegurar la reproducción del con- junto del modelo. En este contexto de futura es- casez de energía, se inscribe la cuestión de los agro-combusti- bles. Frente a la expansión de la demanda y a la previsible dismi- nución de los recursos energéti- cos fósiles, hay cierta urgencia en encontrar soluciones. Como la creación de nuevas fuentes de energía exige el desarrollo de tec- nologías que todavía no están su- ficientemente avanzadas (como la energía solar o el hidrógeno) y que otras dan soluciones inte- resantes pero marginales o eco- nómicamente poco rentables (de nuevo la energía solar o la eólica), la solución de los agro-combusti- bles parecía interesante (François Houtart, 2009). Se habló de bio- combustibles porque la materia de base era viva y no muerta, como en el caso de los combusti- bles fósiles, pero los movimientos sociales, en particular los campe- sinos, reaccionaron contra este tipo de vocabulario en función del carácter destructor de la vida
48 La Cuestión Social Año 23, n. 1 49 La Cuestión Social Año 23, n. 1 rales, provoca daños irreversibles que pueden incluso afectar el cli- ma. El calentamiento del planeta aumenta, el aumento del nivel de los mares se acentúa. Tenemos solamente un planeta, eso signifi- ca que el modelo no es sustenta- ble. Además, según el informe de 2006, del Dr. Nicholas Stern para el gobierno británico, si la ten- dencia actual sigue habría entre 150 y 200 millones de migrantes climáticos para la segunda mitad del siglo XXI. Investigaciones más recientes presentan cifras aún más altas (Nicholas Stern, 2006). Debemos añadir dos aspectos que no siempre fueron subra- yados. El primero es la deuda ecológica. Desde el desarrollo del capitalismo mercantil, se organi- zó la explotación de las riquezas naturales del Sur, con un costo humano y ecológico enorme. Las externalidades de este saqueo fueron pagadas en su totalidad por las regiones colonizadas. La independencia política de estos países no cambió la lógica de la relación. Durante los últimos años, el acaparamiento de las tie- rras y la sobreexplotación minera para resolver las necesidades del Norte se aceleraron, provocando desastres ecológicos, sin hablar de los conflictos sociales. Así, la deuda ecológica debe añadirse al fenómeno de la deuda externa, pública o privada de los países del Sur. Sería justo que los con- sumidores de productos extraí- dos del Sur sean los que paguen las consecuencias de las externa- lidades (daños a la naturaleza e injusticias sociales). De esta ma- nera, ellos contrajeron una ver- dadera deuda. El otro aspecto es el costo ecoló- gico militar. Primero, las guerras representan un despilfarro gigan- tesco que afecta a la naturaleza por la destrucción ecológica de los bombardeos, la utilización de pro- ductos químicos3, la emisión de CO2; por otra parte, la producción del armamento significa el uso de muchas materias que agotan la riqueza natural de la tierra y sus procesos de producción emiten gases de efecto invernadero. No se gasta casi 1,000 billones de dóla- res cada año sin causar graves da- ños a los ecosistemas. Todo esto desemboca en un panorama social donde la rique- za se concentra, incluyendo los poderes de decisión, económicos y políticos. Según el PNUD, un veinte por ciento de la población mundial, absorbe más del 80% de los recursos económicos del planeta. Durante las últimas dé- cadas, muchos millones de per- sonas accedieron a este nivel de consumo y constituyen un po- der de compra muy útil para la reproducción del capital y una presa fácil para la compra de los productos derivados. Los otros son (como lo dice Susan Geor- ge), “muchedumbres inútiles” (S. George, 2005). Lo cierto es que no contribuyen al aumento de un valor agregado, ni tienen po- der de compra alguno —o muy poco—. Las distancias socia- les, como lo reconoció el Ban- mayoría de los casi mil millones de hambrientos del planeta. Todo eso por un resultado marginal en términos de energía. Asistimos a un doble fenómeno. Por una parte, la entrada del capi- tal financiero y especulativo en el sector agro-energético y por otra parte al acaparamiento de tierras, especialmente en África. En Gui- nea Bissau existe un plan para convertir 500,000 hectáreas, es decir un séptimo de la superficie del país, en cultivo de jatropha, para producir agro-diesel. El ca- pital vendría de los casinos de Macao (en donde se habla portu- gués como en Guinea Bissau, lo que ayuda a concretar negocios y cerrar transacciones) y el banco encargado de la operación tiene como principal accionista al Pri- mer Ministro. Hasta ahora, la re- sistencia campesina y las dudas de varios ministros (incluido el Primer Ministro) han detenido el proyecto, pero no sabemos hasta cuándo eso será posible. Decenas de proyectos similares existen en muchos otros países, como Tanzania, Togo, Benín, Camerún, Congo, Kenia, etc. En octubre de 2010 se firmó un acuerdo en Brasilia entre el Pre- sidente Lula, el Sr. Herman Van Rompuy, presidente del Consejo de Europa, y el Sr. Barroso, pre- sidente de la Comisión Europea, para desarrollar 4 millones 800 mil hectáreas de caña de azúcar en Mozambique (también un séptimo de las tierras del país) con tecnolo- gía brasileña y financiamiento eu- ropeo, a fin de abastecer a Europa de etanol y permitir a esta última cumplir con su plan de utilización de energía verde, sin preocuparse de los efectos en el ambiente natu- ral y las poblaciones. El desarrollo de los agro-com- bustibles corresponde al olvido de las externalidades ecológicas y sociales, típico de la lógica del capi- talismo. Es un cálculo a corto plazo que no tiene en cuenta los costos que el mercado no asume, sino más bien la naturaleza, las sociedades y los individuos. Estas prácticas co- rresponden también a las leyes de la acumulación y a los intereses inmediatos del capital financiero. En otras palabras, es un proyecto típicamente capitalista. La Crisis climática La crisis climática es bastante conocida y las informaciones son cada día más precisas, gracias a diversas conferencias de la ONU sobre el clima, sobre la biodiver- sidad, los glaciales, etc. Recorda- remos solamente lo esencial de la situación. Al mismo tiempo que el modelo actual de desarrollo si- gue emitiendo más gases de efec- to invernadero (especialmente el C02), se destruyen los sumideros de carbono, es decir los lugares naturales de absorción de estos gases, en particular las selvas y los océanos. Además, la destruc- ción de muchos ecosistemas por la utilización masiva de produc- tos químicos, el monocultivo, la explotación de recursos naturales como el petróleo, el gas, los mine-
50 La Cuestión Social Año 23, n. 1 51 La Cuestión Social Año 23, n. 1 fin de monitorear de manera per- manente la situación económica mundial. Otras recomendaciones trataban de la abolición de los pa- raísos fiscales y del secreto ban- cario, o también de de mayores exigencias de reservas bancarias y un control más estricto de las agencias de notación. Una refor- ma profunda de las instituciones de Bretton Woods estaba incluida y la posibilidad de establecer mo- nedas regionales en vez de tener como sola moneda de referencia el dólar de los Estados Unidos. Según el informe, todo eso tenía como objetivo la promoción de un “nuevo y robusto crecimiento”. Eran medidas bastante fuertes contra el ambiente neo-liberal, pero la Conferencia de las Na- ciones Unidas que tuvo lugar en junio 2009 sobre el tema, adoptó a penas algunas prudentes medi- das, rápidamente interpretadas de manera minimalista por las grandes potencias occidentales. Las regulaciones propuestas por la Comisión Stiglitz para re- construir el sistema financiero y monetario, a pesar de algunas re- ferencias a los otros aspectos de la crisis, como el clima, la energía, la alimentación, y a pesar de la utilización de la palabra susten- table para calificar el crecimiento a ser recuperado, no se preguntó de manera suficientemente pro- funda sobre los fines: ¿reparar el sistema económico, para qué? ¿Para desarrollar como antes, un modelo destructor de la natu- raleza y socialmente desequili- brado? Es muy probable que las propuestas de la Comisión para reformar el sistema monetario y financiero sean eficaces para salir de la crisis financiera, y mu- cho más eficaces que lo que se ha hecho hasta ahora, pero ¿Es eso suficiente para enfrentar los de- safíos globales contemporáneos? La solución se queda en el capita- lismo, un sistema históricamente agotado, aún si tiene todavía mu- chos medios de adaptación. La transición hacia un sistema cons- truido sobre otras bases requiere evidentemente regulaciones, pero no de cualquier tipo; la idea es lle- gar a otra situación y no adaptar el sistema a nuevas circunstancias. Buscar alternativas al mo- delo prevalente Es por eso que una tercera posi- ción se vuelve necesaria: poner en tela de juicio el modelo mismo de desarrollo. La multiplicidad de las crisis que se agudizaron en los úl- timos tiempos, son el resultado de la misma lógica de fondo: (1) una concepción del desarrollo igno- rando las “externalidades” (es de- cir los daños naturales y sociales); (2) basada sobre la idea de un pla- neta inagotable; (3) dando al valor de cambio el predominio sobre el valor de uso y (4) identificando la economía con la tasa de ganan- cia y la acumulación del capital, creando enormes desigualdades. Este modelo que resultó en un de- sarrollo espectacular de la riqueza mundial, ha llegando al fin de su función histórica, debido a su ca- rácter destructor de la naturaleza y a la desigualdad social que ha co Mundial, aumentan (Banco Mundial, Informe 2006). Se crea así, como resultado del múltiple desorden, una situación global de crisis del modelo de desarrollo. Algunos hablan aún de una crisis de civilización, que se manifiesta igualmente en el descontrol de la urbanización, la crisis del Estado, la extensión de la violencia para resolver los conflictos, y muchos fenómenos del mismo orden, lo que plantea evidentemente la cuestión de las soluciones para sa- lir de una situación tan mundial- mente preocupante. Diferentes opiniones se manifiestan esencial- mente en tres direcciones. ¿Qué soluciones? Cambiar los actores, no el sistema Algunos, principalmente preo- cupados por la crisis financiera, proponen castigar y cambiar los actores inmediatos de la argama- sa económica, “los ladrones de gallinas”, como decía Michel Ca- mdessus, el ex director del FMI. Esta posición representa la teoría del sistema capitalista (tesis neo- clásica en economía) que ve en las crisis elementos favorables, por- que ellas permitan liberarse de los elementos débiles o corruptos para reanudar el proceso de acu- mulación sobre basas sanas. Se cambian los actores, para no cam- bia el sistema. Establecer regulaciones Una segunda visión consiste en proponer regulaciones. Se reco- noce que el mercado no se regula por sí mismo y que se necesitan órganos nacionales e internacio- nales para cumplir con esta ta- rea. El Estado y los Organismos internacionales específicos deben intervenir. El mismo Michel Cam- dessus en una conferencia a los empresarios católicos de Francia, hablaba de las tres manos: la in- visible del mercado, la reguladora del Estado y la mano de la caridad para las víctimas que escapan a los dos otros procesos. Unos de los principales teóricos de esta posición fue John Maynard Key- nes, el economista inglés. Por eso se utiliza la palabra ‘neo-keyne- sianismo’ en el contexto actual. Regular el sistema significa sal- varlo y en este caso, redefinir el papel de las instituciones públicas (el Estado y las instituciones inter- nacionales) tan necesarias para la reproducción del capital y que el neo-liberalismo de los años 70 parecía haber olvidado (Ernesto Molina Molina, 2010, 25). Sin embargo, las propuestas concretas son diversas. El G8, por ejemplo, propuso establecer ciertas regulaciones del sistema económico mundial, pero ligeras y provisionales. Al contrario, la Comisión de las Naciones Unidas sobre la Crisis Financiera y Mo- netaria, presentó una serie de regulaciones mucho más avan- zadas (Joseph Stiglitz, 2010). Así, se propuso la creación de un Consejo Global de Coordinación Económica, a la par del Consejo de Seguridad y también un Panel Internacional de Expertos, con el
52 La Cuestión Social Año 23, n. 1 53 La Cuestión Social Año 23, n. 1 ventajas de la modernidad, pero no trasformaron el paradigma. Ahora bien, este paradigma, con sus contradicciones, ha puesto en peligro los cuatro elementos fundamentales de la vida colec- tiva de la humanidad en la tierra. Con la distancia entre lo huma- no y lo natural, el paradigma de la modernidad desembocó en la sobreexplotación de la naturale- za, es decir en la devastación de la fuente de la vida (la madre- tierra). Este paradigma ha dado nacimiento a la economía de mercado capitalista que invadió con su lógica todos los sectores de la vida. En lo político, el Estado jacobino nace de esta visión. En la cultura, la exacerbación del in- dividualismo se estableció como un imperativo ético, junto con la concepción del progreso indefi- nido de la humanidad, viviendo en un planeta inagotable y capaz de resolver las contradicciones a través del uso de la ciencia y la tecnología, orientó el modelo de desarrollo, hasta las sociedades socialistas del siglo XX. La hegemonía global de este proyecto se manifestó muy tem- prano, en la destrucción, la ab- sorción o la sumisión de todos los modos de producción pre-capi- talistas, en las varias empresas coloniales, en el establecimien- to del intercambio desigual en- tre los centros y las periferias y finalmente en lo que se llamó recientemente la globalización, que finalmente identificó los conceptos de crecimiento y de occidentalización, es decir la uni- versalización de la últimas for- mas de hegemonía del capital. Una reacción contra este mo- delo se expresó en el posmo- dernismo. Sin embargo, este pensamiento, que se desarrolló desde la segunda mitad del si- glo XX, conllevó también una crítica de la modernidad parti- cularmente ambigua, que se li- mitaba generalmente a la esfera cultural y política (M.Maffesoli, 1990). La visión de la historia como construida en lo inmedia- to por actores individuales, el rechazo a reconocer la existen- cia de estructuras, la negación de la realidad de los sistemas, definidos exclusivamente por sus características verticales, la voluntad explícita de no acep- tar teorías en ciencias humanas, han hecho de esta corriente un hijo ilegítimo de la modernidad misma, conduciendo a la despo- litización. El posmodernismo se ha convertido en una ideología muy funcional para el neo-libe- ralismo. En un momento en el que el capitalismo había edifica- do las nuevas bases materiales de su existencia como sistema- mundo, según la expresión de Immanuel Wallerstein, negar la existencia misma de sistemas era muy útil para los promoto- res del Consenso de Washing- ton. Es importante criticar la modernidad, pero con un enfo- que histórico y dialéctico (ac- tores en interacción, con varios grados de poder) y tratando de recuperar el carácter emancipa- dor que significó en una fase de provocado. No puede reproducirse, o dicho en palabras contemporá- neas, ya no es sostenible. “La racio- nalidad económica del capitalismo —escribe Wim Dierckxsens—, no solo tiende a negar la vida de amplias mayorías de la población mundial sino que destruye la vida natural que nos rodea” (2011). Jorge Beinstein, el economista argentino, afirma que hubo en las últimas cuatro décadas una de- cadencia del capitalismo a esca- la mundial (una caída del sector productivo) solamente velada du- rante un tiempo por el desarrollo artificial del sector financiero y por la importancia de los gastos militares (Jorge Beinstein, 2009, 13). Por eso, está claro que no se puede hablar solamente de regu- laciones, sino que se debe pensar en alternativas. Estas últimas no son reflexiones puramente teó- ricas, sino que deben desembo- car necesariamente en políticas concretas a largo, pero también a corto y mediano plazo. Hablar de alternativas al mo- delo económico capitalista, hoy prevalente por su globalización, y sus dimensiones sociales, políti- cas, culturales y de género, signi- fica revisar el paradigma mismo (la orientación de base) del vivir colectivo de la humanidad en el planeta, tal como fue definido por la lógica del capitalismo, que ahora se ha globalizado. El vivir colectivo se compone de cuatro elementos a los que podemos llamar sus fundamentos, porque son parte de las exigencias de la vida de cada sociedad, desde la más antigua, hasta la más contem- poránea. Estos son (1) la relación con la naturaleza, (2) la produc- ción de la base material de la vida, física, cultural y espiritual, (3) la organización colectiva social y po- lítica y (4) la lectura de lo real y la auto-implicación de los actores en su construcción, es decir la cultu- ra. Cada sociedad tiene que reali- zar esta tarea. El paradigma actual que orienta la construcción del mundo con- temporáneo se resume en una palabra: modernidad. Es el fru- to de la trasformación profunda de la sociedad y la cultura euro- peas (definió sus propios para- digmas), que significó un avance que no se puede negar (Bolívar Echeverria, 2001). Sin embargo, la modernidad no es una abs- tracción social, nacida del azar o de la nada. Se trata de un modo de vida colectivo en la tierra, con sus bases materiales y sociales y su producción de ideas, bien esta- blecido en la historia y siguiendo un proceso dialéctico de contra- dicciones internas. La emancipa- ción de la persona, los derechos humanos, la idea de democracia, el progreso de la ciencia y de sus aplicaciones técnicas, son algunos de sus frutos. Sin embargo, la he- gemonía del mercado capitalista y sus leyes, redujo la mayor par- te de estos avances a privilegios de clase y relaciones coloniales, brutalmente mantenidas durante cinco siglos. Numerosas luchas sociales incluyeron a una parte de los grupos subalternos en las
54 La Cuestión Social Año 23, n. 1 55 La Cuestión Social Año 23, n. 1 en la eficacia de una economía de competencia (elemento par- ticularmente masculino) y está llegando a su agotamiento, por el peso de sus contradicciones sociales y ecológicas. De ahí la necesidad de un cambio radi- cal para asegurar a largo plazo la continuidad de la vida de la tierra y de la humanidad. No se trata de retornar a las cavernas, sino de redefinir los fundamen- tos de la vida colectiva de la hu- manidad en la tierra. El nuevo paradigma plantea como opción fundamental, una dinámica social equilibrada entre personas, géneros y grupos socia- les, en armonía con la naturaleza, para promover la vida y asegurar su reproducción. Se trata de vi- vir bien, de cumplir con el Bien Común de la Humanidad, lo que implica, como primer paso, el respeto de la integridad de la na- turaleza, como fuente de vida (la madre-tierra). Su construcción y sus aplicacio- nes en los fundamentos de la vida colectiva en el planeta, son un proceso. No se trata solamente de un ejercicio académico, sino de una elaboración social, donde el pensamiento tiene un lugar esen- cial, pero también la experiencia concreta, en particular las luchas sociales, que corresponden cada una a una falla de cumplimiento del bien común de la humanidad y que buscan soluciones. Dado que la globalización destructiva del capitalismo ha hegemoniza- do las economías, las sociedades y las culturas del mundo entero, pero no las ha eliminado com- pletamente, la tarea es de todos, hombres y mujeres, según sus características y sus experiencias históricas. Nadie puede ser ex- cluido de este esfuerzo común de reelaboración de las condiciones de la vida. Sin embargo, este pa- radigma no es tan nuevo. En las sociedades pre-capitalistas del mundo entero hemos conocido referencias de este tipo, es decir una visión completa (holística) del destino humano sobre la tie- rra. Muchas veces ella se expre- so en términos religiosos, tanto en las tradiciones de base filo- sófica (taoísmo, confucianismo, hinduismo, budismo, judaísmo, cristianismo, islam) como en las religiones tradicionales. Se trata de redescubrir, en términos con- temporáneos, para el mundo de hoy, las perspectivas adecuadas y de traducirlas a algo concreto. Redefinir las relaciones con la naturaleza: de la ex- plotación al respeto como fuente de vida La civilización moderna con su control importante de la natura- leza, su alta grado de urbaniza- ción, ha hecho olvidar a los seres humanos que, en última instancia, ellos dependen totalmente de la naturaleza para vivir. Los cambios climáticos les recuerdan, a veces con gran brutalidad, esta realidad. Entonces, se trata de definir la re- lación, no como la explotación de la tierra, en tanto que fuente de recursos naturales capaces de ser la historia humana. No se puede identificar a la modernidad con el capitalismo, pero tampoco se puede hablar de modernidad sin incluir al capitalismo. Por esta razón, reconstruir un cuadro teórico coherente es un imperativo, aprovechando el aporte de las diversas corrientes del pensamiento humano, tanto en el orden filosófico como en las ciencias, físicas, biológicas y sociales. No partimos en este do- minio de un vacío, sin embargo, las nuevas circunstancias exigen una renovación de las perspec- tivas y una redefinición de los paradigmas de la vida colectiva de la humanidad en el planeta. De la misma manera, toda ac- ción social y política tiene que inscribirse dentro de este cua- dro general para contribuir a la elaboración de alternativas. Es importante definir el lugar de cada una de ellas en el conjunto, dando así una coherencia a lo que podría parecer una serie de acciones separadas sin mucha relación entre ellas (el empiris- mo). Esto vale también para las políticas internacionales. Como ya lo hemos dicho, los fundamentos de la vida colectiva de la humanidad en el planeta son cuatro: la relación con la na- turaleza; la producción de la base de la vida (economía); la organi- zación colectiva, social y política y la lectura y la expresión simbó- lica de lo real. Es al cumplimien- to de un nuevo paradigma en estos cuatro elementos, en (las) circunstancias dadas, a lo que llamamos la realización del bien común de la humanidad, (como se ha dicho antes), es decir la posibilidad de reproducción de la vida. Se trata de un objetivo a perseguir de manera permanen- te y que no se define de una vez por todas, porque las circunstan- cias históricas cambian el contex- to. La crisis actual requiere sin embargo de una reflexión radical (que va a la raíz) (István Mésza- rós, 2008, 86) y que significa una reorientación profunda frente al paradigma originario del capi- talismo. El concepto de ‘bien co- mún de la humanidad’ ha tenido muchas expresiones diferentes según las tradiciones de pensa- miento y las experiencias colec- tivas de los pueblos, por ejemplo en las filosofías y religiones orientales y de los pueblos indí- genas de las Américas (el Sumak Kwasay o el buen vivir), como también en la tradición marxista del sistema de necesidades y ca- pacidades universales (Antonio Salamanca Serrano, 2011, 46 y Solange Mercier-Jesa, 1982) Un nuevo paradigma y sus aplicaciones En resumen, podemos decir que el paradigma de desarrollo humano expresado en la moder- nidad es un progreso material y científico indefinido, en un plane- ta inagotable, a disposición exclu- siva de los seres humanos, para aprovechar siempre con más li- bertad, de bienes y servicios. Este modo de vida está sustentado
56 La Cuestión Social Año 23, n. 1 57 La Cuestión Social Año 23, n. 1 De esta manera, en un proceso de ampliación del sujeto jurídico, se puede hablar de justicia climáti- ca, sin pasar necesariamente por una personalización de la tierra y sus elementos. Al mismo tiempo, no se puede ignorar que existe un vínculo entre la relación que los seres humanos tienen con la naturaleza y las relaciones de cla- se. No todas las clases sociales se comportan de la misma manera frente a la tierra. Se trata de una relación de poder, puesta en prác- tica por la lógica del capitalismo. De todas maneras, el principio es la posibilidad de que planeta sea sustentable, es decir conserve la integridad de su biodiversidad y pueda renovarse frente a las ac- tividades humanas. El ser humano puede también embellecer la na- turaleza, utilizando sus riquezas vegetales para crear nuevos paisa- jes o jardines, utilizando sus ele- mentos para producir belleza. La Tierra es también generosa y pue- de contribuir, aún con elementos no renovables, a la producción y a la reproducción de la vida. Sin em- bargo, eso es totalmente diferente de la explotación para producir una tasa de ganancia. En las grandes tradiciones fi- losóficas del Oriente, la unión profunda entre el ser humano y la naturaleza es una característi- ca del pensamiento. El respeto a toda vida, que se encuentra en el hinduismo o en el budismo tra- duce esta convicción, lo mismo que la creencia en la reencarna- ción como expresión de la unidad de la vida y de su continuidad. El hombre creado a partir del barro (la tierra), de la tradición judeo- cristiana y retomada por el is- lam, expresan la misma idea. La Biblia presenta al hombre como cuidador de la naturaleza (Gen. 1, 26-28). Aún si se afirma que ella está a su servicio, eso excluye evidentemente su destrucción. En muchos mitos de la creación se puede encontrar concepciones similares en varias culturas de África y de las Américas. En los pueblos indígenas del continente americano, el con- cepto de la Madre Tierra (Pacha Mama) es central. Fuente de la vida, la Pacha Mama está persona- lizada y su representación incluye características antropomórficas, los elementos de la naturaleza también viven con su personali- dad y son objeto de ritos shamáni- cos. En la Cumbre sobre el Clima que tuvo lugar en Cochabamba en 2010, varios textos (el do- cumento preparatorio y varias intervenciones de grupos o per- sonas) superaron el carácter me- tafórico de la expresión Madre Tierra, para atribuir a esta última las características de una perso- na viviente, capaz de escuchar, de reaccionar, de ser amada, y por estas razones de ser un sujeto de derechos. La declaración final pe- día la revalorización de la sabidu- ría y de los saberes ancestrales y de “reconocer a la Madre Tierra como un ente vivo, con el cual te- nemos una relación indivisible, interdependiente, complementa- ria y espiritual”. Fue una reafir- reducidos al estatuto de mercan- cía, sino como la fuente de toda vida, en una actitud de respeto a su capacidad de regeneración físi- ca y biológica. Eso evidentemente significa un cambio filosófico radi- cal. Se trata de criticar el carácter puramente utilitario de la rela- ción, que en el capitalismo llega a considerar los daños ecológicos como colaterales (eventualmente a reducirlos en la medida de lo po- sible), pero inevitables, o aún peor, como externalidades, porque no entran en los cálculos del mercado y por consiguiente, en la acumula- ción del capital. Algunos autores van más le- jos y ponen en tela de juicio el enfoque antropocéntrico de ta- les perspectivas (E. Gudymas, 2009, 68), proponiendo nuevos conceptos como el derecho de la naturaleza, lo que el teólogo brasileño Leonardo Boff (2000) ha defendido en varios de sus escritos. Es sobre esta base que el presidente de la Asamblea Ge- neral de las Naciones Unidas, Mi- guel D’Escoto propuso en 2009, en su discurso de despedida, una Declaración Universal de los De- rechos de la Madre Tierra y de la Humanidad. Un día de la Ma- dre Tierra fue aprobado por esta misma Asamblea por unanimi- dad, por los 192 países represen- tados. Se recordaba con razón, que el ser humano es parte de la naturaleza y que no se trata de establecer una dicotomía en- tre los dos, sino una simbiosis. Varios defensores de esta posi- ción estiman que solamente una actitud antropocentrista puede considerar el ser humano como el centro del mundo, sin tener en cuenta a los otros seres vivientes y hasta al planeta mismo, lo que provoca los efectos ecológicos negativos que empezamos a co- nocer, de manera dramática. Sin embargo, lo que llamamos el bien común de la Tierra sola- mente puede ser abordado por la mediación del género humano. En efecto, es solamente a través suyo que se plantea el problema de la posibilidad de que la Tierra se regenere o no, frente a la acti- vidad humana predatoria y des- tructiva. Es por eso que el bien común de la humanidad pasa por la supervivencia de la natu- raleza, es decir la biodiversidad. Si se habla de los derechos de la naturaleza (Eduardo Gudynas, 2009) es en un sentido derivado o secundario, porque es solamen- te el género humano el que puede expresarlo en estos términos, es decir infringirlos o respetarlos. Ni la tierra, ni los animales, pueden reivindicar el respeto de sus de- rechos. Son los seres humanos los responsables de la destrucción de los ecosistemas. En este sentido se puede utilizar, según el jurista Antonio Salamanca, las categorías de derecho titular o derecho vica- rio, que la comunidad humana ejerce en nombre de los no-capa- ces (animales, niños no-nacidos, incapacitados), quienes para la reproducción de su vida necesi- tan la mediación humana. Esta posición no es antropocentrista, sino antropo-responsabilizante.
58 La Cuestión Social Año 23, n. 1 59 La Cuestión Social Año 23, n. 1 de reproducción del equilibrio de la naturaleza. No se puede finalmente despreciar ni margi- nalizar a las culturas que pue- den hoy aportar a la humanidad una crítica saludable, tanto de la relación de explotación, tras- mitida por la lógica del capita- lismo, como del individualismo exacerbado del modelo de con- sumo y de los otros comporta- mientos que caracterizan esta última. Sin embargo, se debe reconocer que existen culturas diferentes. Querer expresar el cambio necesario únicamente en términos de un pensamiento simbólico, que identifica el sím- bolo con la realidad, significa chocar con culturas caracteriza- das por un pensamiento analíti- co que sitúa la causalidad de los fenómenos en sus campos res- pectivos, físico o social. Los dos tipos de culturas coe- xisten hoy. La primera con una riqueza de expresión recordando la fuerza del símbolo y la impor- tancia del campo de los ideales, particularmente en el dominio de las relaciones con la naturaleza, implicando de verdad paráme- tros prácticos que se pueden perfectamente traducir en sa- beres, comportamientos y polí- ticas, pero con una cosmovisión difícilmente asimilable por una cultura urbana en cualquier par- te del mundo. La segunda, que ciertamente ha reducido la cultu- ra a una racionalidad instrumen- tal o a una pura superestructura (la cereza sobre el pastel, como dice el antropólogo francés Mau- rice Godelier), reforzando así la lógica del capitalismo y contribu- yendo a su reproducción, también permitió un desarrollo impor- tante del conocimiento, útil para solucionar problemas prácticos y políticos. No sería sabio, en una lucha contra el capitalismo globa- lizado que conduce la humanidad y el planeta al desastre, expresar- se en un solo lenguaje cultural. Al contrario, es el momento de apli- car el principio de la intercultura- lidad en todas sus dimensiones. Hemos hecho alusión previa- mente al aporte de Carlos Marx. Para él, el capitalismo provocó una separación artificial y mecáni- ca entre la naturaleza y el ser hu- mano. La ruptura de equilibrio en el metabolismo, es decir el inter- cambio material entre la tierra y la satisfacción de las necesidades de los seres humanos, tal como ha sido definido por el proceso de acumulación del capital, desem- bocó en esquemas irracionales, despilfarros y destrucciones (El Capital, Vol. 1, 637-38, citado por Gian Delgado, 2011). Por eso se deben reducir los flujos energé- tico-naturales, de manera social- mente justa, para incrementar la calidad de la vida. Según Marx, solamente el socialismo podrá restablecer el equilibrio del me- tabolismo y poner fin a la devas- tación de la naturaleza. La afirmación de una nueva concepción de las relaciones con la naturaleza, conlleva muchas consecuencias prácticas. Citare- mos algunas de ellas a título de mación fuerte del vínculo entre la naturaleza y la humanidad, den- tro de la cosmovisión de los pue- blos indígenas, que por otra parte subraya el carácter maternal (fe- menino) de la relación. Se debe reconocer, al mismo tiempo, que frente a la lógica del capitalismo, al desarrollo de la ur- banización y a la atracción del con- sumo irracional, tanto las grandes filosofías orientales, como las tra- diciones de los pueblos originales no resisten, se transforman rápi- damente o aún desaparecen del panorama cultural, como es el caso en los “Tigres” asiáticos, en China y Vietnam y también entre los pue- blos indígenas del continente americano y los pueblos africanos. El neoliberalismo acentuó este fe- nómeno en el mundo entero. Par- ticipar de los valores de la cultura dominante ha sido una aspiración individual y colectiva de muchos. Lo que pasó con las clases sub- alternas europeas y con el cris- tianismo —el primer sistema religioso a ser confrontado con el capitalismo—, se repite en otros lugares: la contaminación ideoló- gica es un hecho real. Sin embargo, hoy en día se re- utilizan conceptos tradicionales como instrumentos de memoria histórica, de reconstrucción cul- tural y de afirmación de identidad, lo que puede ser muy útil a la crí- tica de la lógica del capitalismo. Hay un cierto orgullo en poder referirse a culturas históricas y en emplear sus conceptos para contribuir a un proceso de recons- trucción social. Sin embargo, el peligro de caer en un fundamenta- lismo paralizante, más orientado al pasado que al presente, no está totalmente ausente. Las referencias a la Pacha Mama (Tierra Madre) o al Sumak Kaw- say (Buen Vivir), de los pueblos kichwas o Suma Qamaña (Convi- vir Bien) de los pueblos aymara. (Xavier Albó, 2010, 54-55) perte- necen a estas categorías. Son con- ceptos fundadores de los pueblos indígenas, significando en sus con- diciones históricas concretas, cos- movisiones y prácticas de respecto a la naturaleza y de vida colectiva compartida. Pueden inspirar el pensamiento y la organización so- cial contemporánea y devolver su fuerza al símbolo. Sin embargo, el éxito depende de las adaptaciones necesarias, “de tal forma, como lo escribe Diana Quirola Suárez, que la transformación tendrá la opor- tunidad de combinar lo mejor del conocimiento ancestral y moder- no, con saberes y tecnologías sin- cronizados con el funcionamiento de la naturaleza” (2009, 107). No se trata evidentemente, de cuestionar la necesaria armonía entre la naturaleza y el género humano, ni de avalar el concepto capitalista de explotación de la naturaleza en función de un de- sarrollo concebido como simple crecimiento material sin fin. No se trata tampoco de negar la ne- cesidad de revisar la filosofía de esta relación que ignora las otras especies vivientes y la capacidad
60 La Cuestión Social Año 23, n. 1 61 La Cuestión Social Año 23, n. 1 de materias primas, de energía y una disminución de la produc- ción de gases a efecto invernade- ro (Wim Dierckxsens, 2011). 3) Finalmente en el orden de la política internacional, la lucha contra las orientaciones de base de las instituciones financieras que contradicen el principio del respeto a la naturaleza comporta un gran número de capítulos. Se trata del Banco Mundial, del Fon- do Monetario Internacional, de los Bancos regionales y también de la regulación de la Banca privada, tan poderosa en este tiempo de financiarización de la economía mundial. Las orientaciones de la OMC a favor de la liberalización del comercio mundial, también tienen sus vertientes ecológicas, porque ella se realiza en mayor parte ignorando las externalida- des. Los países miembros de esta organización internacional tienen una gran responsabilidad en este sector y las alianzas entre nacio- nes ecológicamente conscientes podrían influir en las decisiones. La promoción de convenciones internacionales es otro sector de gran importancia. Se puede citar a título de ejemplos, las conven- ciones sobre el clima (Conferen- cia de Cancún), la biodiversidad (Conferencias de Bonn y Nago- ya), sobre la protección de las aguas (ríos y mares), sobre la pesca, sobre los deshechos (en particular nucleares) y varias otras. Un alto grado de sensibi- lidad al nuevo paradigma sería primordial en la eficacia interna- cional de los Estados progresis- tas y podría figurar en la agenda de su política exterior. La redefinición del bien común de la humanidad en función de la relación con la naturaleza es una tarea esencial frente a los daños ecológicos y a sus consecuencias en la capacidad regeneradora del planeta así como en el equilibrio climático. Eso es un hecho nuevo en la consciencia colectiva, pero está lejos de haber ya sido com- partido por todos los grupos hu- manos. Las sociedades socialistas no integraron realmente esta di- mensión en sus perspectivas y eso se comprueba todavía hoy en el espectacular desarrollo econó- mico de un país como China que se realiza sin dar mucha atención, por lo menos inmediata, a las ex- ternalidades. Un socialismo del siglo XXI tendrá que integrar este elemento como central. Reorientar la producción de la base de la vida, pri- vilegiando el valor de uso sobre el valor de cambio El cambio de paradigma en su relación con la economía consis- te en privilegiar el valor de uso en vez del valor de cambio, como lo hace el capitalismo. Se habla de valor de uso cuando un bien o un servicio adquiere una utili- dad para satisfacer las necesida- des de la vida de uno. Los bienes adquieren un valor de cambio cuando son objeto de una tran- sacción. La característica de una economía mercantil es privilegiar ejemplos, reagrupándolas en tres partes: las prohibiciones o limita- ciones, las iniciativas positivas y lo que eso implica para una políti- ca de relaciones exteriores. 1) En la primera perspectiva, la aplicación consiste en no aceptar la propiedad privada de lo que se llama los recursos naturales, es decir los minerales, las energías fósiles, las selvas. Se trata de un patrimonio común de la humani- dad que no puede ser apropiado por individuos y corporaciones, siguiendo la lógica de la economía de mercado capitalista, es decir en función de intereses privados ignorando las externalidades y orientados por la maximización de la ganancia. Un primer paso en una transición consiste en la re- cuperación de la soberanía de los Estados sobre sus riquezas natu- rales, pero aún eso no asegura el resultado esperado de una buena relación con la naturaleza. Empre- sas nacionales actúan a menudo dentro de la misma lógica y en este sentido, la soberanía estatal tendría que integrar la filosofía del respeto en vez de la explotación. La internacionalización de este sector sería el paso ulterior, condi- cionado sin embargo por una real democratización de las institucio- nes de esta índole (las Naciones Unidas y sus órganos), que en mu- chos casos están bajo la influencia de los poderes hegemónicos polí- ticos y económicos. Dentro de esta misma perspectiva la exigencia de introducir los costos ecológicos de toda actividad humana en los cálculos económicos permitiría reducir estos últimos y contrariar la racionalidad instrumental exclu- yendo las externalidades, que fue una de las bases del carácter des- tructivo del capitalismo. Otro aspecto es el rechazo a la mercantilización de los elemen- tos necesarios para la reproduc- ción de la vida, como el agua y las semillas. Son bienes comunes que deben salir de la lógica de la mercancía y entrar en una pers- pectiva de gestión común según varias modalidades, que no im- plican necesariamente la estati- zación, sino el control colectivo. De manera todavía más concreta, este principio implicaría poner fin a los monocultivos que prepa- ran las regiones inhabitables del futuro, en particular en materias de alimentos para el ganado y de agro-combustibles. Una tasa so- bre los kilómetros recorridos por productos industriales o agríco- las permitiría reducir tanto el uso de energía como la conta- minación de los mares. Otras medidas similares podrían ser también pensadas. 2) De manera positiva, las re- servas de biodiversidad tendrían que ser extendidas a más territo- rios. La promoción de la agricul- tura orgánica haría parte de este proyecto, como el mejoramiento de la agricultura campesina, más eficaz a largo plazo que la agri- cultura productivista capitalista (Oliver De Schutter, 2011). Exigir una prolongación de la esperanza de vida de todos los productos industriales permitiría un ahorro
62 La Cuestión Social Año 23, n. 1 63 La Cuestión Social Año 23, n. 1 ción de la vida en todas sus dimensiones. Es evidente que la estatización completa como contrapeso al mercado total no es una solución satisfactoria, como las experiencias socialis- tas del pasado lo comprobaron. Existe una multitud de formas de control colectivo, desde las cooperativas hasta las asocia- ciones de ciudadanos. De ahí una definición totalmen- te diferente de la economía. No se trata más de producir un va- lor agregado en beneficio de los propietarios de los bienes de producción o del capital financie- ro, sino de la actividad colectiva destinada a asegurar las bases de la vida física, cultural y espiritual de todos los seres humanos en el planeta. No se puede aceptar una economía mundial y nacio- nal basada en la explotación del trabajo para maximizar la tasa de ganancia, ni una producción de bienes y servicios destinados al 20% de la población mundial que tiene un poder de compra bastante elevado, dejando a los demás excluidos de la reparti- ción, porque no producen un valor agregado y no disponen de ingresos suficientes. Redefinir la economía significa (así) un cam- bio fundamental. Evidentemente privilegiar el valor de uso, lo que implica un desarrollo de las fuer- zas productivas, debe realizarse de acuerdo con el primer funda- mento, el respeto a la naturaleza y también con los dos otros que abordaremos más adelante, la democracia generalizada y la in- terculturalidad. No excluye los in- tercambios, necesarios también para satisfacer nuevos valores de uso, pero a condición de no crear desequilibrios en el acceso local a valores de uso y de incluir las ex- ternalidades en el proceso. Crecimiento y desarrollo no son conceptos equivalentes. Es lo que los economistas neo-clásicos y aún los neo-keynesianos parecen ol- vidar. Como lo dice Jean-Philippe Peemans, profesor de la Univer- sidad Católica de Lovaina, se im- puso “la lógica de la acumulación como la única lógica del desarro- llo” (Jean-Philippe Peemans, 2010, 33). Una nueva reflexión ha tenido lugar con varias formas de expre- sión. Una de ella fue la de retomar el concepto de los pueblos indí- genas de América Latina ‘el buen vivir’ (Sumak kawsay) noción mucho más amplia y que impli- ca no solamente lo contrario de un crecimiento como un fin en sí mismo, sino también la armonía con la naturaleza (Diana Quiroga, 2009, 105). Ya en los años sesen- ta, el Club de Roma había pro- puesto el crecimiento cero, como solución, a lo que ya se percibía como una vía no sostenible. En la Unión Soviética de los años cin- cuenta, Wolfgan Harsch publicó un libro muy original, titulado Co- munismo sin crecimiento. La idea fue retomada de manera todavía más radical por Serge Latouche, en Francia, quien lanzó, en los noventa, el concepto de ‘decre- cimiento’, lo que inspiró a varios movimientos, principalmente en las clases medias de Europa, para el valor de cambio. Para el capita- lismo, la forma más desarrollada de la producción mercantil, este último es el único valor. Un bien o un servicio que no se convierte en mercancía, no tiene valor, por- que no contribuye a la acumula- ción del capital, fin y motor de la economía (M. Godelier, 1982). En esta perspectiva, el valor de uso es secundario y, como lo escribe István Mészarós, “puede adqui- rir el derecho a la existencia si se amolda a los imperativos del va- lor de cambio” (2008, 49). Incluso se puede producir bienes sin nin- guna utilidad a condición de que sean pagados (la explosión de los gastos militares, por ejemplo, o los elefantes blancos de la coo- peración internacional). Se crean necesidades artificiales —por la publicidad— (Wim Dierckxsens, 2011) o también se amplían los servicios financieros en burbujas especulativas. Al contrario, dar mayor importancia al valor de uso hace del mercado un servidor de las necesidades humanas. De verdad, el concepto de ne- cesidades es relativo. Cambia con las circunstancias históri- cas y el desarrollo de las fuerzas productivas. El principio es que todos los seres humanos tienen el derecho a satisfacer sus nece- sidades vitales. Es lo que la Decla- ración Universal de los Derechos Humanos afirma de manera en- fática. Sin embargo, eso no se realiza en abstracto, sino en cir- cunstancias económicas, sociales y políticas bien determinadas. La relatividad no puede signifi- car desigualdades injustas, los unos teniendo más necesidades que otros en función de su si- tuación de clase, de género o de etnicidad. La satisfacción de las necesidades básicas tiene que ser definida por la comunidad a diversos niveles, dentro de un proceso democrático y por orga- nismos competentes (parlamen- tos nacionales e internacionales, asambleas representativas); es lo que se podría llamar el esta- blecimiento de una economía moral, es decir sometida a im- perativos éticos que contradi- cen el predominio del valor de cambio en tanto fuente de acu- mulación del capital y fin últi- mo de la economía. Esto no es posible sin cues- tionar la propiedad privada de los principales medios de pro- ducción, lo que precisamente permite el ejercicio de un poder de decisión a favor de los deten- tores de los bienes de capital y una subordinación del trabajo al capital, real (directamente a través del salario) o formal (indi- rectamente por medio de otros mecanismos, como políticas mo- netarias, déficits y deudas de los Estados, especulación en los precios de los alimentos y de la energía, privatizaciones de los servicios públicos, etc.)4. El con- trol exclusivo del capital sobre el proceso de producción tam- bién origina la degradación del trabajo mismo (Jorge Benstein, 2009, 21) y la no valoración del trabajo de las mujeres, esencial, sin embargo, para la reproduc-
64 La Cuestión Social Año 23, n. 1 65 La Cuestión Social Año 23, n. 1 to de vista negativo, no se puede aceptar la prioridad del capital financiero y por eso se debe abo- lir los paraísos fiscales en todas sus modalidades, tanto como el secreto bancario, dos instru- mentos poderosos de la lucha de clases. También establecer una tasa a los flujos financieros internacionales (tasa Tobin) po- dría reducir el poder del capital financiero. Las deudas odiosas deben ser denunciadas después de auditorías, como se hizo en el Ecuador. No se puede admitir la especulación sobre los alimentos y la energía. Una tasa a los kiló- metros recorridos por los bienes industriales o agrícolas permiti- ría reducir los gastos ecológicos de transporte y el abuso de las ventajas comparativas. Alargar la esperanza de vida de los pro- ductos industrializados permiti- ría un gran ahorro de materias primas y de energía y dismi- nuiría la ganancia artificial del capital generada solamente por la rapidez de su rotación (Wim Dierckxsens, 2011). Desde un punto de vista posi- tivo, se puede dar muchos ejem- plos también. La economía social se construye sobre otras bases lógicas que las del capitalismo. Es cierto que es todavía margi- nal frente a la inmensa concen- tración del capital oligopólico, pero es posible incentivar varias de sus formas. Lo mismo vale para las cooperativas y el crédito popular. Deben ser protegidas de la destrucción, o de su absorción por el sistema dominante. Por su parte, las iniciativas económicas regionales son medios favora- bles a una trasformación de la lógica económica a condición de no ser simplemente una adap- tación del sistema a nuevas téc- nicas de producción y así servir de instrumento de integración de las economías nacionales a un conjunto capitalista de nivel superior. La restauración de los bienes comunes privatizados por el neo-liberalismo es una vía fundamental en muchos domi- nios: servicios públicos como el agua, la energía, le trasporte, las comunicaciones, la salud, la edu- cación, la cultura, todo lo que ahora entra en el sistema de ne- cesidades/ capacidades). Eso no significa necesariamente la es- tatización —necesaria en varios casos— sino el establecimiento de muchas formas de control público y ciudadano sobre estas producciones y distribuciones. Redefinir el bien común de la humanidad en función de otra definición de la economía es en- tonces una tarea necesaria frente a la destrucción del patrimonio común, como resultado del olvi- do de la dimensión colectiva de la producción de la vida y de la exclusividad del individualismo. Reorganizar la vida colectiva a través de la generalización de la democracia en las relaciones so- ciales y las instituciones Un tercer eje en la revisión de los fundamentos de la vida co- lectiva, en función del nuevo pa- reducir el consumo y respetar el entorno natural. Si bien el conte- nido es positivo y es importante denunciar el mito pretendido de que el crecimiento resolverá to- dos los problemas (Serge Latou- che, 2010), la noción es bastante eurocéntrica y limitada a las cla- ses del consumo. Parece bastante indecente predi- car el decrecimiento a poblaciones africanas o aún a los empobrecidos de las sociedades industrializadas. Un concepto como el del ‘buen vi- vir’ tiene una connotación positiva y más amplia. En Buthan, bajo la in- fluencia del budismo, es la noción de felicidad la que fue adoptada oficialmente como meta política y social. Estos casos son tal vez pe- queñas islas dentro del océano del mercado mundial, pero anuncian el desarrollo de una visión crítica del modelo contemporáneo, con una perspectiva netamente holística. Privilegiar el valor de uso so- bre el valor de cambio significa también redescubrir el territo- rio. La globalización hizo olvidar la proximidad para favorecer los intercambios globales, ignoran- do las externalidades y dando prioridad al capital financiero, el más globalizado de los elemen- tos de la economía por su ca- rácter virtual. El territorio como espacio de actividad económica, pero también de responsabi- lidad política y de intercambio cultural es el lugar de otra racio- nalidad. No se trata de reducirlo a una dimensión menor, sino de reflexionar en términos de mul- ti-dimensionalidad, donde cada elemento, desde la unidad local hasta el mundo, tiene su función, sin hundir la una en la otra. De allí los conceptos de sobe- ranía alimentaria o de soberanía energética, que significan que los intercambios están sometidos a un principio superior, la satisfac- ción de las necesidades a la dimen- sión del territorio (Jean-Philippe Peemans, 2010). En la perspectiva del capitalismo, la ley del valor im- pone la prioridad de la mercantili- zación y por eso se privilegia, por ejemplo, los cultivos de exporta- ción a la producción de alimentos para el consumo local. El concepto de seguridad alimentaria no bas- ta, porque puede estar asegurado por intercambios basados en la destrucción de las economías lo- cales, la sobre-especialización de ciertos territorios y la globaliza- ción del transporte, gran consu- midor de energía y contaminador del entorno. En la misma línea la regionali- zación de las economías en todo el mundo es un paso transicio- nal favorable, para desvincular- se de un centro capitalista que transforma al resto del mundo en periferias (aún emergentes). Esto vale tanto para los inter- cambios, como para el sistema monetario, redibujando así un modelo globalizador. Esto nos lleva a las medidas concretas, que son numerosas y de las cuales daremos solamente algunos ejemplos. Desde un pun-
66 La Cuestión Social Año 23, n. 1 67 La Cuestión Social Año 23, n. 1 una importancia grande y puede ser el objeto de iniciativas espe- cíficas. Las políticas sociales, de protección contra las agresiones del mercado total y que permi- ten la satisfacción de las nece- sidades de base, constituyen un paso importante de la transición, a condición de no ser solamente asistencialistas y desvinculadas de reformas estructurales. Es también importante seña- lar que ha habido una utiliza- ción de un vocabulario desviado de su sentido original. Las prác- ticas discursivas de la derecha son notables en esta materia. Se habla hoy, por ejemplo, de un capitalismo verde. Pero aún en los países que quieren un cam- bio, el uso de conceptos tradi- cionales, a titulo de filosofía de base de las nuevas orientacio- nes, como el Sumak Kawsay, por ejemplo, debe ser medido en su sentido real, que puede ser ele- mento de una real transición a otro modo de existencia colec- tiva, pero puede también trans- formarse en una adaptación del sistema existente. El contexto político general permitirá en- tenderlo y evaluarlo. La generalización de la de- mocracia vale también para el diálogo entre las instancias polí- ticas y los movimientos sociales. La organización de instancias de consulta y de diálogo perte- necen a la misma concepción, respetando la autonomía mu- tua. El proyecto de un consejo de movimientos sociales en la arquitectura general del Alba es una tentativa original en este sentido. El concepto de sociedad civil a menudo utilizado para ex- presar esta democracia genera- lizada, no deja de ser ambiguo, porque es también el lugar de las luchas de clase: existen en reali- dad una sociedad civil de abajo y una de arriba y la utilización no calificada del término, permite muchas veces crear la confusión y presentar soluciones sociales que ignoran las diferencias de clase.5 Por otra parte, algunas formas de democracia participativa, como se encuentran en varios países la- tinoamericanos, entran también en la misma lógica de democracia generalizada. Una independen- cia real de los diversos poderes ejecutivo, legislativo y judicial es una garantía de funcionamiento democrático normal. Un Estado democrático debe ser también laico, es decir sin la intervención de instituciones religiosas ma- yoritarias o no, en los órganos de poder del Estado. Al mismo tiempo es la base de la libertad religiosa. Eso no significa un Es- tado laicista, que no reconoce la dimensión pública del factor re- ligioso (la dimensión ética social de la Teología de la Liberación, por ejemplo) ni tampoco, como fue el caso en países del socialis- mo real, estableciendo el ateís- mo como casi-religión de Estado. Hay otras instituciones con- cernidas por el mismo principio. Nada menos democrático que el sistema económico capitalista, con la concentración del poder radigma del bien común de la humanidad está constituido por una generalización de la demo- cracia, no solamente aplicada al sector político, sino también al sistema económico, en las rela- ciones entre hombres y mujeres, y en todas las instituciones. En otras palabras, la democracia for- mal, a menudo utilizada como una manera de establecer una igual- dad artificial, reproduciendo de hecho desequilibrios sociales no reconocidos, debe transformarse en la formulación política de la solidaridad. Eso implica, en par- ticular, una revisión del concepto del Estado y una reivindicación de los derechos humanos en to- das sus dimensiones, individuales y colectivas. Se trata de hacer de cada ser humano, sin distinción de raza, sexo, o clase, un sujeto de la construcción social y así de revalorizar la subjetividad (Franz Hinkelammert, 2005). La concepción del Estado es bastante central en este ámbito. El modelo de Estado jacobino, bo- rrando todas las diferencias para construir ciudadanos en princi- pio iguales, no basta para llegar a una verdadera democracia. Sin duda, fue un paso adelante frente a las estructuras políticas del an- tiguo régimen europeo. Hoy día no solamente se debe tener en cuenta las oposiciones de clase que permiten a una de ellas o a una coalición de estas, apoderar- se de los aparatos del Estado para establecer la dominación de sus intereses, sino también las varias nacionalidades que constituyen un territorio y que tienen el de- recho de reivindicar sus culturas, sus referencias territoriales, sus instituciones sociales. No se tra- ta de caer en un comunitarismo debilitando al Estado, como en ciertos países europeos de la era neo-liberal, ni de regresar a un pasado romántico, como ciertos movimientos político-religiosos, ni de aceptar sin crítica el neo- anarquismo de ciertas protestas legitimas y masivas, ni de caer en la trampa de los poderes económi- cos (empresas transnacionales o instituciones financieras interna- cionales) que prefieren negociar con entidades locales de peque- ña dimensión. El objetivo es lle- gar a un equilibrio entre estas diversas dimensiones de la vida colectiva, internacionales, regio- nales, locales, reconociendo su existencia e instaurando meca- nismos de participación. El papel del Estado no puede ser concebido sin tener en cuen- ta la situación de los grupos so- ciales más marginalizados, los campesinos sin tierra, las castas inferiores y los dalits (fuera de castas) ignorados desde hace mi- lenios, los pueblos indígenas de América y los afro-descendientes excluidos desde hace más de 500 años y en estos grupos, las muje- res a menudo doblemente mar- ginalizadas. Procesos jurídicos, aún constitucionales, no bastan para cambiar la situación, aún si son útiles. El racismo y los pre- juicios no desaparecen rápida- mente en ninguna sociedad. En este sector el factor cultural tiene
68 La Cuestión Social Año 23, n. 1 69 La Cuestión Social Año 23, n. 1 Seguridad, son muy poco demo- cráticos. Igualmente sucede con los órganos de Bretton Woods, en particular el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacio- nal. Apoyar los esfuerzos en este sentido puede ser una prioridad para los gobiernos de la perife- ria. El funcionamiento informal, pero con grandes poderes reales, del G8 o aún del G20, deben ser cuestionados. Las Cortes de Jus- ticia para el respeto de los Dere- chos humanos, que son órganos deseables, tienen que ser some- tidos a las mismas normas de democracia y nuevos campos de aplicación, como los crimines eco- nómicos, las deudas odiosas y los daños a la naturaleza tendrán de ser promovidos. Todas las nuevas instituciones regionales latinoamericanas, como el Banco del Sur (la moneda), la unidad de valor para el intercambio re- gional Sucre, el Alba, serán objeto de una atención particular en el sentido de generalización de la democracia y lo mismo vale para los otros continentes. La destrucción de la democracia por el capitalismo, especialmente en su fase neo-liberal, ha sido tal, que las sociedades, a todos los ni- veles, se organizan en función de las ventajas de una minoría, pro- vocando un grado de desigualdad en el mundo, nunca antes visto en la historia humana. Restablecer un funcionamiento democrático como paradigma universal cons- tituye entonces un pilar del bien común de la humanidad. Instaurar la interculturalidad en la construcción del bien co- mún universal Dar a todos los saberes, to- das las culturas, las filosofías, las religiones, la posibilidad de contribuir al bien común de la humanidad, es el objetivo de la revisión de este fundamento cul- tural. Éste no puede ser papel exclusivo de la cultura occidental que en realidad está actualmente identificada con la concepción de desarrollo, eliminando o marginali- zando todas las otras perspectivas. Se debe descolonizar el imagina- rio.6 Eso implica una lectura de la realidad, su interpretación o su anticipación como la ética ne- cesaria para la elaboración del bien común de la humanidad, la dimensión afectiva necesaria para la auto-implicación de los actores y las expresiones esté- ticas y prácticas. La pluricultu- ralidad integra, por supuesto, la adopción de las nuevas orien- taciones de los tres otros fun- damentos, la relación con la naturaleza, la producción de las bases de la vida y la organi- zación democrática generaliza- da. Ella es también importante para la trasmisión de las ideas y valores en los pueblos. Hablar en el lenguaje de cada uno y expre- sarse en términos culturalmente comprensibles es una exigencia de la democracia. Sin embargo, no basta la mul- ticulturalidad. Se trata de la pro- moción de una interculturalidad abierta, es decir de culturas en de decisión en pocas manos. Lo mismo vale para los medios de comunicación social y se aplica también a todas las instituciones sociales, sindicales, culturales, deportivas, religiosas. Asociada con la democracia generalizada, está evidentemen- te la noción de no-violencia. Los conflictos tienen que resolverse en las comunidades humanas, desde la familia hasta el orden internacional, vía mecanismos no-violentos adecuados, forma- les o informales. Se debe dis- tinguir entre ejercer la fuerza y utilizar la violencia. El concepto de ‘violencia legítima’ utilizado por el sociólogo alemán Max We- ber, es peligroso, porque llega a una justificación fácil, por ejem- plo, de guerras recientes, como en Irak, en Afganistán o en Libia. Sin embargo, si la no-violencia es el principio, lo deseable y de- seado, la situación real es la de un mundo violento. Las razones son casi siempre, la búsqueda de una hegemonía económica o política. En la historia moder- na, la reproducción del capita- lismo como sistema ha sido un factor preponderante, para la acumulación del capital interno (el complejo militar-industrial), para asegurar el predominio de una nación sobre otra, fi- nalmente para el control de los recursos naturales (petróleo y metales estratégicos). Los argu- mentos culturales y religiosos han sido, de manera consciente o no, legitimaciones ideológi- cas capaces de motivar pueblos y muchedumbres, a conflictos de naturaleza económica o política. Fueron también armas inmateria- les de grupos oprimidos buscando la justicia. Así, como las dictaduras, las guerras son el fracaso de la de- mocracia y significan una ruptura con la búsqueda del bien común de la humanidad. Hoy en día, con las tecnologías de muerte disponibles, no existen más guerras justas, sino las resistencias populares de los pueblos que se levantan, cuando toda salida democrática ha sido excluida. Solamente un análisis sociopolítico e histórico completo (holístico) puede dar cuenta de es- tas situaciones. Políticas concretas tanto ne- gativas como positivas resultan de estos principios. Dispositivos para luchar contra el racismo o la discriminación de sexo en varias materias entran en esta orien- tación. Lo mismo vale para los medios de comunicación masi- va, prohibiendo, por ejemplo, su propiedad al capital financiero. Reglas de funcionamiento demo- crático (igualdad de los sexos, alternabilidad en los cargos, etc.) podrían constituir condiciones de reconocimiento público (y eventualmente de subsidio) de instituciones no estatales, como partidos políticos, organizaciones sociales, ONGs e instituciones cul- turales y religiosas. Para la política internacional, las aplicaciones son múltiples. Se piensa evidentemente en la ONU, donde varios componen- tes, para empezar el Consejo de
70 La Cuestión Social Año 23, n. 1 71 La Cuestión Social Año 23, n. 1 tura como único factor de cambio) o a la alienación (la ignorancia de las estructuras sociales). La espiri- tualidad, con o sin una referencia a algo sobrenatural, da un sentido a la vida humana en el planeta. Su traducción concreta está condicio- nada por las relaciones sociales de cada sociedad, pero al mismo tiempo ella puede dar una orien- tación a estas últimas. Un cambio de paradigma no se realizará sin espiritualidad, según múltiples ca- minos y numerosas expresiones. La visión del mundo, la lec- tura de la realidad y su análisis, la ética de la construcción social y política, las expresiones estéti- cas y la auto-implicación de los actores, son partes esenciales de la elaboración de alternativas al modelo de desarrollo capitalista y de la civilización que este últi- mo trasmite. Ellas forman parte de todas las orientaciones nuevas de los fundamentos en función del paradigma alternativo, tanto de la relación con la naturaleza, como de la producción de las ba- ses de la vida y de la redefinición de la economía, y finalmente de la manera de concebir la organi- zación colectiva y política de las sociedades. Pueden en sus diver- sidades contribuir al cambio ne- cesario para la supervivencia de la humanidad y del planeta, a la definición del nuevo paradigma del bien común de la humanidad. Conclusiones El bien común de la huma- nidad como objetivo global De todo lo dicho anterior- mente, se concluye que el bien común de la humanidad es el fruto de una adecuada realiza- ción del conjunto de los cuatro ejes fundamentales de la vida colectiva de los seres humanos en el planeta. Tal como están definidos por el capitalismo, ga- rantizados por las fuerzas polí- ticas y trasmitidos por la cultura dominante, no son sostenibles y entonces no pueden asegurar el bien común de la humanidad. Al contrario, sus aplicaciones con- tradicen la reproducción de la vida (François Houtart, 2009). Se necesitan cambios de paradigmas para permitir una simbiosis en- tre los seres humanos y la natu- raleza, un acceso de todos a los bienes y servicios, una partici- pación de cada sujeto individual y colectivo en los procesos orga- nizativos sociales y políticos y la posibilidad de expresiones cul- turales y éticas propias, es decir para realizar el bien común de la humanidad. Su realización es un proceso, generalmente largo, de tipo dialéctico y no lineal y fru- to de muchas luchas sociales. El concepto, tal como se entiende en este trabajo, va más allá de la concepción clásica, griega, reto- mada por el Renacimiento (José Sánchez Parga, 2005, 378-386) y también por la doctrina social de la Iglesia católica, basada en la filosofía de Tomas de Aquino. diálogo, con posibles intercam- bios. Las culturas no son objetos de museo, sino elementos vivos de una sociedad. Las migraciones internas y externas, vinculadas con el desarrollo de los medios de comunicación, son factores de muchos cambios culturales, evi- dentemente no todos deseados. Para existir, las culturas necesitan bases y medios materiales, como un territorio de referencia (bajo diversas modalidades), medios de educación y de comunicación, expresiones diversas como fies- tas, peregrinajes, rituales, agentes religiosos, edificios, etc. Esto nos lleva a los aspectos prácticos, como la organización del Estado pluricultural, lo que en países como Bolivia o el Ecuador se ha traducido en las constitucio- nes como Estados plurinacionales, no sin dificultades de aplicación del concepto en la práctica. La idea central es la obligación del Estado de garantizar las bases de la re- producción cultural de pueblos di- ferentes y en particular asegurar su defensa contra las agresiones de la modernidad económica y de la hegemonía cultural. Por eso, la educación bilingüe es un instrumento privilegiado. Pero la noción de interculturalidad debe tener también un impacto sobre la educación general, como la enseñanza de la historia y la trasformación de una filosofía educacional orientada por la ló- gica del mercado. La publicación de libros a precio reducido, la or- ganización de ferias del libro, de centros artesanales, de museos interactivos, etc. son instrumen- tos útiles. Los medios de comu- nicación son importantes porque trasmiten valores y no solamente informaciones, sin negar la plu- ralidad, ni la democracia. Este problema debe ser pensado en su conjunto, para promover las culturas locales, contrabalan- cear los monopolios y destrozar la dominación de un puñado de agencias internacionales. Tam- bién instancias éticas deben te- ner la posibilidad de expresarse, como organismos de defensa de los derechos humanos, observa- torios de diversos tipos, institu- ciones religiosas. La cultura incluye una dimen- sión espiritual, propia del ser hu- mano, que lo lleva más allá de lo cotidiano. Este tema es central en un tiempo de crisis civiliza- toria. Existe en el mundo entero una búsqueda de sentido, por la necesidad de redefinir las metas mismas de la vida. La espirituali- dad es la fuerza que transciende la materia y da a esta un sentido. Las fuentes de espiritualidad son numerosas y se sitúan siempre al interior de un contexto social y no pueden existir sin una base física y biológica. El ser humano es uno: su espiritualidad presupone la materia y su materialidad no tiene sentido sin el espíritu. Una visión culturalista de la espiritualidad, que ignora la materialidad del ser humano, es decir el cuerpo para el individuo y la realidad económico-política para la socie- dad, es una desviación conceptual, que lleva al reduccionismo (la cul-
72 La Cuestión Social Año 23, n. 1 73 La Cuestión Social Año 23, n. 1 tiva, utilizando el pensamiento del pasado, especialmente la tradi- ción socialista más directamente confrontada con el capitalismo e integrando elementos nuevos. Su difusión tampoco puede ser la res- ponsabilidad exclusiva de una or- ganización social o de un partido de vanguardia que monopoliza la verdad, sino de una pluralidad de fuerzas anti-sistémicas que luchan por el bien común de la humanidad. Sin duda, muchas cuestiones teóricas y estratégi- cas quedan por ser estudiadas, discutidas y experimentadas. La transición No podemos entrar en más de- talles en este escrito, sin embargo, vale la pena introducir otra noción en este momento de la reflexión. Se trata del concepto de transi- ción. Carlos Marx lo desarrolló a propósito del pasaje del modo de producción feudal al capitalismo en Europa y Maurice Godelier lo resume de la manera siguiente: es “la fase particular de una sociedad que encuentra más y más dificul- tades en reproducir el sistema económico y social en el cual ella se funda y empieza a reorganizar- se sobre la base de otro sistema que se trasforma en la forma ge- neral de las nuevas condiciones de existencia” (Maurice Godelier, 1982, 1165). Se trata eviden- temente de procesos largos, no lineales, más o menos violentos de acuerdo con las resistencias de los grupos sociales involucrados. Muchos analistas estiman que el capitalismo ha llegado al fin de su papel histórico, porque se ha vuel- to un sistema destructor de las propias bases de su éxito, como lo decía ya Carlos Marx, la naturaleza y el trabajo. Es así que Samir Amin habla del capitalismo senil; que Immanuel Wallerstein publicó un artículo en medio de la crisis financiera diciendo que se asiste al fin del capitalismo y que István Mészarós habla de la incapacidad de este sistema para asegurar el mantenimiento del metabolismo social de la humanidad (2008, 84). Si por una parte, se puede acep- tar la idea de que estamos vivien- do una transición del modo de producción capitalista a otra for- ma de producción y que el proce- so puede ser precipitado por la crisis climática, por otra parte, no se debe olvidar que un tal cambio será el resultado de un proceso social y que no puede realizarse sin luchas ni una transformación de las relaciones de fuerza. En otras palabras, el capitalismo no caerá por sí solo y la convergen- cia de todas las luchas sociales y políticas es un requisito para llegar a un resultado. La historia nos enseña que el capitalismo es capaz de transformar sus propias contradicciones en un aporte al proceso de acumulación. Ya se habla de un capitalismo verde. La elaboración teórica del concepto en el contexto histórico de la cri- sis sistémica actual permitirá la elaboración de instrumentos de evaluación de las experiencias sociales y políticas en curso. Es particularmente el caso en Amé- rica Latina con los regímenes que Por eso, éste necesita una re- visión teórica, por una parte re- tomando la crítica de todos los elementos que llevaron al mun- do a una situación sistémica de crisis con el agotamiento de un modelo histórico, y por otra par- te, redefiniendo los objetivos de una construcción social nueva, respetuosa de la naturaleza y capaz de asegurar la vida hu- mana como una edificación co- mún. Como dice Enrique Dussel (2006), lo que se debe asegurar es la producción, la reproducción y el desarrollo de la vida humana de cada sujeto ético (cada ser hu- mano). Es eso el bien común de la humanidad. La última referen- cia del paradigma del desarrollo histórico de la humanidad es la vida en su realidad concreta, in- cluida la relación con la natura- leza, lo que está de hecho negado por el capitalismo. Se podría objetar que eso es una utopía. Además del hecho que los seres humanos necesitan utopías y que el capitalismo ha destruido el pensamiento utópico, anunciando el fin de la historia (no hay alternativas), se puede afirmar que la búsqueda del bien común de la humanidad es bien una uto- pía, no en el sentido de una ilu- sión, sino de lo que no existe hoy, pero que puede existir mañana. Al mismo tiempo, la utopía conserva también una dimensión diná- mica: siempre habrá un mañana. Todo régimen político o movi- miento religioso que pretende ser la utopía realizada, termina en catástrofe. Se trata de un llamado a caminar.7 En este sentido, no se trata de “una utopía inofensiva” ( Evelyne Pieiller, 2011, 27). Eso se comprueba con los centenares de miles de movimientos sociales, de organizaciones de ciudadanos, de grupos políticos, que cada uno en su lugar específico, luchan por mejores relaciones con la natura- leza y por su protección, por una agricultura campesina y orgáni- ca, por una economía social, la abolición de las deudas ilícitas, la apropiación colectiva de los me- dios de producción, la primacía del trabajo sobre el capital, la de- fensa de los derechos humanos, por una democracia participativa y por la valorización de las cultu- ras. Los foros sociales mundiales permiten visualizar esta realidad, lo que crea progresivamente una nueva consciencia social global. Sin embargo, es un proceso di- námico que necesita una visión de conjunto coherente, como base de una convergencia en la acción, con el fin de construir una fuerza capaz de revertir el sistema domi- nante contemporáneo tanto en sus dimensiones económicas, como sociales, culturales y políticas. Es precisamente eso lo que quiere ex- presar el concepto de ‘bien común de la humanidad’: una coherencia teórica que reúne los cuatro ejes de la vida colectiva en el planeta y una visión que permite a cada uno de los movimientos y de las inicia- tivas sociales y políticas, ubicarse en el conjunto. Su elaboración no puede ser solamente el trabajo de algunos intelectuales que piensan por los otros, sino una obra colec-
74 La Cuestión Social Año 23, n. 1 75 La Cuestión Social Año 23, n. 1 min en Beijing en 2010, en vez de promover los monocultivos de una agricultura agro-exportadora; reorganizar la red de ferrocarriles locales en América Latina, en vez de adoptar los proyectos del IIRSA (la iniciativa para la integración de las infraestructuras y de la energía, en América del Sur), son ejemplos que se podrían proponer. Muchos otros podrían ser pensados como elementos de una verdadera tran- sición que no sea una simple adap- tación del sistema. Por una Declaración Uni- versal del Bien Común de la Humanidad Otra función del concepto de bien común de la humanidad sería la preparación de una de- claración universal, en el cuadro de las Naciones Unidas. Eviden- temente, no es una declaración que va cambiar el mundo, sino la organización de las fuerzas de cambio en torno a un proyecto en permanente elaboración. Esta declaración podría ser un ins- trumento pedagógico útil, tan- to para promover el necesario esfuerzo teórico, cuanto para la activación de los movimien- tos. Sería paralela a la Declara- ción Universal de los Derechos Humanos, que fue el resultado de un largo proceso cultural y político iniciado desde el Si- glo de las Luces y el inicio de la Modernidad y que significó la emancipación del individuo y el reconocimiento de sus de- rechos. Fue desarrollada por la Declaración de los Derechos Hu- manos en Francia y en los Esta- dos Unidos de América, a finales del siglo XVIII. Sabemos que no es perfecta, que fue elaborada en un contexto muy influido por la visión social de la burguesía occidental, provocando reaccio- nes como la Carta Africana de Derechos Humanos de la OEA y una iniciativa similar en el mun- do árabe; sabemos también que ha sido utilizada por potencias occidentales para establecer su hegemonía en el planeta. Pero existe, ha salvado la libertad y aun la vida de muchas personas y ha orientado muchas decisio- nes útiles por el bien del género humano. La Declaración Univer- sal de los Derechos Humanos mejoró con el tiempo, agregando nuevas dimensiones de derechos de segunda o tercera generación. Sin embargo, para afrontar los peligros que corren el planeta y el género humano, un nuevo proyecto es necesario, que exija no solamente una ampliación de los derechos humanos, sino una redefinición del bien común de la humanidad (sobre la base de nuevos paradigmas). Así, la preparación de una nue- va Declaración Universal puede ser instrumento de una movi- lización social y política, para crear una nueva conciencia y servir de base a la convergencia de los movimientos sociales y políticos en el plano internacio- nal. Es evidentemente una tarea a largo plazo, pero que exige un comienzo. La convergencia de movimientos sociales, como el empezaron procesos de cambio y que se declaran forjadores del so- cialismo del siglo XXI. El concepto puede también ser aplicado a procesos particulares dentro de la evolución general. En todo caso se trata, sin perder la radicalidad de los objetivos, de de- finir las acciones que pueden con- ducir al resultado (otro paradigma de desarrollo humano) teniendo en cuenta las circunstancias concretas del desarrollo material, por una parte y de las relaciones de fuerza existentes en los campos econó- mico-social y político, por otra. Un ejemplo típico son las economías de extracción, que a pesar de ser dañinas ecológica y socialmente y de estar dominadas ampliamente por los interés del capital, no pue- den ser detenidas de un día para el otro en los países que, en Amé- rica Latina, empezaron cambios importantes, porque, entre otras razones, constituyen la fuente fi- nanciera de las nuevas políticas. Es el caso de Venezuela y de Bolivia. La transición consistiría (1) en ini- ciar una política económica basa- da en las necesidades del mercado interior (lo que es a largo y media- no paso), (2) en promover leyes ecológicas y sociales más estrictas con las explotaciones ecológicas y sociales, (3) hacer pagar sus cos- tos a los usuarios y (4) promover una legislación internacional para evitar el fenómeno de las ventajas comparativas a favor de los que aplican regulaciones más laxas. En otros países menos implicados todavía en estas actividades, como el Ecuador, se podría pensar en una moratoria de algunos meses o años, para negociar las modalida- des de una transición con los mo- vimientos sociales. La utilización de este instrumen- to conceptual no puede servir de pretexto para concesiones polí- ticas o ideológicas de tipo social- demócrata, es decir aceptando que el desarrollo de las fuerzas de pro- ducción exige la adopción de prin- cipios, herramientas y recetas del capitalismo. Eso significa reforzar el poder de las clases sociales más opuestas a un cambio de modelo, como es el caso del Brasil, a pesar de sus avances en otros ámbitos; o crear, como en países socialistas, nuevas diferencias sociales que ine- vitablemente alargarán un proceso de transición, tal como en China o en Vietnam. Esto plantea un pro- blema fundamental: ¿cómo desa- rrollar las fuerzas productivas en una perspectiva socialista, es decir en función del bien común de la hu- manidad y qué fuerzas desarrollar prioritariamente? Es un problema que los países socialistas y los regí- menes progresistas que nacieron luego de la Segunda Guerra Mun- dial, no pudieron resolver adecua- damente y que fue el origen, tanto de los fracasos, como de la orien- tación neo-liberal de la mayoría de ellos. Como lo decía Maurice Gode- lier en sus cursos en la Universidad Católica de Lovaina: “El drama del socialismo es que ha tenido que aprender a caminar con los pies del capitalismo”. Desarrollar la agricultura campesina orgáni- ca, como lo propuso un seminario asiático en la Universidad de Ren-
76 La Cuestión Social Año 23, n. 1 77 La Cuestión Social Año 23, n. 1 continental (CETRI) que funciona en la Universidad Católica de Lovaina y de la revista Alternatives Sud. Es una figura reconocida del movimiento al- termundista. Asesor del CELAM. ** Artículo tomado con el debido per- miso de la revista El Ágora (Univer- sidad San Buenaventura), V.14, No. 1, Enero-junio, 2014, Medellín, Colom- bia, ISSN: 16578031. Foro Social Mundial o de par- tidos políticos como el Foro de São Paulo, no solamente pueden contribuir a promover tal decla- ración, sino también los países de manera individual en orga- nismos internacionales como la UNESCO o en la misma ONU. Va a ser una lucha política, pero que vale la pena y que puede inscri- birse como uno de los elementos simbólicos de la revolución nece- saria para redefinir el paradigma alternativo de la vida colectiva de la humanidad en el planeta. Vincular la defensa de los bie- nes comunes como el agua y la vi- sión de la nueva construcción del bien común de la humanidad es pues importante, porque por una parte la visión holística que su- pone este último concepto exige implantaciones concretas, como la de los bienes comunes, para salir de lo abstracto y traducirse en acciones. Por otra parte, las luchas particulares deben tam- bién inscribirse en un conjunto, a fin de situar adecuadamente el papel que están jugando, no sim- plemente para paliar las deficien- cias de un sistema cuya existencia se trata de prolongar, sino de una trasformación profunda que exija la convergencia de todas las fuer- zas de cambio para establecer las bases de la supervivencia de la humanidad y del planeta. Citas 1 Texto presentado en la Conferencia “De los bienes comunes al bien común de la humanidad”, organizada por la Funda- ción Rosa Luxemburgo, en Roma (28 y 29 abril 2011) y revisado después de las discusiones. Este texto sirvió también de base para un documento escrito para el Instituto de Altos Estudios Nacionales del Ecuador (Quito). 2 Los commons eran tierras comunales de las poblaciones campesinas en In- glaterra, que poco a poco, a partir del siglo XIII se transformaron en pro- piedades privadas de terratenientes por medio del proceso de enclosures, es decir de clausuras establecidas por ellos, especialmente para la ganadería de borregos, lo que provocó numerosas revueltas campesinas. 3 El “agente naranja”, utilizado durante la Guerra de Vietnam para destruir las selvas donde combatía la guerrilla del Sur, causa aún 40 años después , mu- chos daños y afecta a miles de niños que nacen discapacitados debido a la acumulación de productos químicos. 4 Se estima que el 70% del trabajo en el mundo es informal, lo que dificulta la or- ganización de los trabajadores. Sin em- bargo, varios ensayos existen hoy día, como en Nicaragua, la Confederación de los Trabajadores por Cuenta propia (CTCP-FNT), afiliada a la Federación Nacional de los trabajadores de Nicara- gua (FNT) y a Streetnet Internacional (Orlando Nuñez, 2011). 5 En un barrio pobre de Bogotá, había hace algunos años una inscripción sobre una pared “Nosotros también tenemos derechos humanos”. 6 Ver Raúl Fornet, 2011). 7 Eduardo Galeano escribe a propósito: «Me acerco dos pasos, ella se aparta dos pasos. Avanzo diez pasos y el horizonte se es- capa diez pasos más lejos. Yo podría siempre avanzar y nunca la alcanzaré. Para qué sirve la utopía ¿precisamente para eso, para caminar?” (Maurice Lemoine, 2010). * Sacerdote católico y sociólogo mar- xista belga, fundador del Centro Tri-
78 La Cuestión Social Año 23, n. 1 79 La Cuestión Social Año 23, n. 1 tropológicamente como estructura que declina en un instrumento sim- bólico imprescindible, capaz de repensar la realidad social, llama- da: utopía. Es búsqueda constante, inquietud, deseo exacerbado por llegar a la plenitud de la esperanza. Esa necesidad, apetito o hambre de esperanza —como lo llamaba Bloch— es Leitmotiv que ha enseña- do al ser humano a pensar, a esfor- zarse por descubrir que está frente al umbral de la plenitud del ser. Sabe que está allí fijando su mirada al fu- turo, del cual se siente atraído; tiene lo ontológicamente posible pero lo socialmente esperado, no obstante ello no impide a vivir esa aventura de transformar al mundo, como decía Marx, empero vuelto hacia el mun- do. Es utopía, es ontología general del aún no, del novum. Por lo que utopía es lámpara que resplandece: a la persona humana como sujeto de esperanza, a la política como ejerci- cio de la esperanza y a la sociedad como espacio de la esperanza, puntos focales en este ensayo a propósito de un mundo posible y mejor. 1. La persona humana: sujeto de la esperanza Para Bloch es importante replan- tear a la persona humana en su dimensión dinámica. Ciertamente el existencialismo había dejado la puerta abierta en torno a que el ser humano se va haciendo; es indis- cutible la visión antropológica in crescendo de J. P. Sartre con su obra El existencialismo es un Humanis- mo. Por otra parte, el personalismo acentuaba su celo por la persona humana, aunque faltaba algo más: una estructura ontológica que le reafirmara su postura hacia un futuro trascendente desde la es- peranza. Del mismo modo, el ma- terialismo había dejado estragos amargos con su die Arbeit macht frei, encapsulando al hombre en una total enajenación y, por ende, una despersonalización enfatizada. Ante todo esto, E. Bloch consi- dera que la persona humana tie- ne una estructura ontológica que le apunta hacia la esperanza; se va haciendo porque: «Yo soy, pero no me poseo a mí mismo, por eso, únicamente devenimos, nos vamos haciendo». 2 Por tanto, el trascender de la persona humana es el gran tema de su pensamiento, 3 tomando en cuenta que es el ser humano el pun- to de partida. Esa frescura filosofal tiene en el trasfondo redirigirse a la existencia humana como algo incon- cluso, inacabado, como ansioso a ir perfeccionando su ser deficiente. La persona humana, entonces, es un ser inquieto, despierto en hambre a lo futuro; siempre en camino y expec- tante, esperanzado y anhelante; es capacitas de anticipar el futuro en esperanza y en utopía. 4 2 E. Bloch, Tübinger Einleitung in die Phi- losophie, 2 vols., Frankfurt a. M, 1963- 1964; cita, en I, 11. Tomado de: H. Küng, ¿Existe Dios?, Trotta, Madrid 2005, 533. 3 Cf. H. Küng, ¿Existe Dios?, 534. Es inte- resante apuntar que Bloch replantea su antropología desde la antigua sa- biduría judeo-greco-cristiana con esa perspectiva humanista marxista. 4 Cf. J. A. Gimbernat, Ernst Bloch. Utopía y Esperanza, Ediciones Cátedra, Ma- drid 1983, 45. Esperanza y utopía en Ernst Bloch: un mundo posible y mejor P. Mario Alberto García Reyes* “Lo que importa es aprender a esperar” E. Bloch, El principio esperanza. “El que espera es fiel a la tierra” F. Nietzsche. « L istening to the wind of change… The future in the air… Blowing with the wind of change» 1 cantaba la banda Scor- pions en los 90; en cierto modo, una respuesta ante la caída del Muro de Berlín; sí, resaca y respuesta ante la herencia hostil de dos guerras mun- diales, de guerras civiles y de un rostro del ser humano acongojado y deprimido, herencia potenciada también de la ciencia, la tecnología y la política. Los inicios del siglo XX dejaron a la persona humana sin esperanza, y la tecnología hizo lo suyo: avances 1 “Escuchando al viento de cambio… El futuro está en el aire…soplando con el viento de cambio”. en ciencia y lejanía entre los hom- bres. Sin embargo, en 1885 el qui- cio de la luz comenzaba a destellar: E. Bloch (1885-1977), que al igual que Adam Shaff en Polonia, Roger Garaudy en Francia, Rodolfo Mon- dolfo en Italia, Erich Fromm y Her- bert Marcuse en los Estados Unidos, buscaban regresarle su imagen y se- mejanza bajo el llamado humanismo marxista; un intento de mirar con mayor ímpetu a un futuro fortaleci- do de una verdadera antropología; una realidad social ulterior más hu- mana y cálida bajo los cimientos de una utopía como esperanza, disposi- ción esencial del ser humano. Ésta es, pues, la urdimbre: es- peranza anclada ontológica y an-
80 La Cuestión Social Año 23, n. 1 81 La Cuestión Social Año 23, n. 1 (Die Hoffnung macht frei), dado que le permite entrar en un ambiente de paz y amor. De allí que sea capaz — desde su misma existencia— de ha- cer utopía, ya que vive para dar vida a una realidad; él está puesto en el mundo como utopía encarnada que anima a construir en la historia una humanidad perfecta. Él es sujeto de la esperanza que transforma, desde la utopía, su entorno y que escudriña su ser indigente para llenarlo de esperan- za transformante y transformadora. El místico de la esperanza, como algunos lo llamaban, explica que este principio de esperanza y utopía está encuadrado ontológicamente en una estructura llamada categoría de posibilidad. Ahora bien, lo posible no significa lo ficticio, lo irrealizable, sino lo que apunta como un telos hacia un futuro esperanzador; esta posibilidad, arguye el filósofo, tiene varios niveles de interpretación: a) posible formal (das formal Mögliche): lo concebible. b) posible probable (das sachlich objektiv Mögliche): va emergiendo gradualmente a medida que se van conociendo ciertas condiciones. c) posible objetivo, en cuanto tal (das sachhaft objektgemäss Mögli- che), que tiene su fundamento en los propios objetos. 7 7 Cf. J. Moltmann. L. Hurbon, Utopía y espe- ranza. Diálogo con Ernst Bloch, Sígueme, Salamanca 1980, 63. J. A. Gimbernat, Ernst Bloch…, 66-68. Es interesante cómo Bloch une al ser humano sin escindirlo de la realidad, estos niveles en el fondo escu- driñan que la persona humana tiene que Ernst Bloch, parecido a Kant, muestra que el ser humano tiene como condición de posibilidad para la esperanza estos tres niveles, antes mencionados, que en el fondo es un itinerario hacia lo “aún-no-conocido” (das Nocht-Nicht-Bewusste); se in- coa así una incipiente estructura de la esperanza en la conciencia, estructu- ra consciente, con sabida en cuestión, expresando así un crepúsculo a de- lante que en la luz de la esperanza la conciencia dirige hacia un horizonte que se muestra más significativo. Lo aún-no-conocido, si bien espe- rado, es una modalidad peculiar de conciencia (Bewusstseinklasse) que posee rasgos característicos: es con- ciencia referida no al pasado como la de los sueños nocturnos, sino «al porvenir»; en ella se ubica el lugar del nacimiento de la vivencia de lo nuevo (Bewusstsein des neuen). 8 Esta tendencia primaria al por- venir es algo que brota de la con- ciencia humana, en esto se deja ver la novedad de Bloch: la conciencia utópica como horizonte ontológico. desarrollar a priori esa esperanza que trae consigo inherentemente. Si se pone atención, el lenguaje alemán devela una carga filosófica interesante: a) lo posible formal en el original no significa lo irrea- lizable, más bien lo factible (por eso es: Mögliche, es decir, lo que se ha de hacer independientemente del tiempo); b) lo posible probable maneja una enfatización lo probable objetivamente ‘objetivo’ (das sachlich-objektiv Mögliche); c) lo posible objetivo que define que lo tiene el estado o sustancia apropiado para ser objetivo (das sachhaft-objektgemäss Mögliche). 8 J. Moltmann. L. Hurbon, Utopía y es- peranza…, 20. La antropología blochiana tiene un aliciente ontológico: la esperan- za, como algo esencial en la persona humana desde sus primeras expe- riencias; no es una agregado, es un principio existencial para vivir la trascendencia dentro de su misma naturaleza y orden; es posibilidad permanente de que se realice ple- namente en comunión. Es esencia puesta en escena histórica y social. El hombre como ser de la es- peranza, como homo viator, que está en camino, que espera, que sufre, trabaja, sueña y piensa en una realidad mejor, más justa y más verdadera. El hombre se nos presenta como el ser que no pue- de conformarse con lo que hay, si es que realmente ha de ser un hombre libre y humano; […] asu- me en su esperanza al mundo y a los demás; asume la esperanza de la realidad toda, la nostalgia de toda la creación. 5 Entonces, la esperanza como principio humano para vivir la trascendencia se hace vida en la utopía, esto es, la posibilidad per- manente y futura de que el ser humano se realice plenamente en comunión, por lo que ésta se for- ja en una raíz eminentemente an- tropológica, lo que significa que hay utopía y esperanza, porque hay persona humana, y ésta con sed insaciable motivada por un mundo mejor y posible que brota de los valores humanos: bien co- 5 W. Kasper, «Utopía política y esperanza cristiana», en: Selecciones de Teología v. 10 no. 38 (Abril-Junio) 1971, 565. mún, justicia, dignidad, libertad y responsabilidad. Por eso, la persona humana es sujeto de esperanza, porque pre- cisamente nace en él, se desarro- lla en él y en él tiene su raíz; no es algo secundario en su vida, es algo fontal que debe aprender: «lo que importa es aprender a espe- rar», expresaría el mismo Bloch en El principio esperanza. En cier- ta manera, es un mundo utópico de una ontología platónica que Bloch traza desde la historia y en la historia, partiendo del ser hu- mano y para el ser humano; espe- ranza, en definitiva, social en una visión más dinámica que impul- se construir nuevas realidades a través de la intervención huma- na. Si la persona humana es una obra inacabada, ello le inspira un todavía no que está en apertura, en proceso, en miras a la realidad inacabada; por lo tanto, utopía es esperanza transformadora de un mundo por fraguar, allí está, in facto, el eureka de una mejor sociedad y, en consecuencia, de un hombre mejor: «La esperan- za es así principio de su sistema, principio de movilización de una humanidad que no tiene por qué resignarse a su suerte». 6 E. Bloch está convencido que el ser humano vive en tensión hacia el futuro, es el ser del más allá sin dejar de observar el más acá. Si en Marx el trabajo hace libre al ser hu- mano, en el filósofo alemán “la es- peranza hace libre al ser humano” 6 J. A. Gimbernat, Ernst Bloch…, 65.
82 La Cuestión Social Año 23, n. 1 83 La Cuestión Social Año 23, n. 1 ejercicio de la esperanza, porque se anticipa cada día un fragmento del futuro que podemos llegar a ser. 12 Por tanto, la paz es la más urgen- te y mayor esperanza (esperanza utópica), 13 de allí que la política se esfuerza, desde los anhelos más pro- fundos de la persona humana, a ha- cer de la política una paz utópica. En este sentido, Bloch «intenta dirigir la atención sobre todo hacia los ob- jetivos revolucionarios con vistas a un cambio radical de la sociedad, tal como lo exigen el hambre, la explo- tación social y el trabajo alienado». 14 Él sabe que la utopía, al ser una bús- queda de un mundo mejor y posible, no tiene un puesto aún en el mundo y ello no es óbice para que se lleve a cabo, dado que es una exigencia fun- dada en la razón moral y política del hombre, exigencia que se plantea en virtud de su condición humana. 15 Esta exigencia hacia el futuro encierra a la vez el juicio contra el mundo actual, es decir, es tra- tar de que el mundo presente no impida que lo esperado se vuelva realidad. De allí que la utopía ani- ma al humanismo político que pre- tende construir en la historia una humanidad perfecta. Utopía, por ende, se articula con la política de 12 Cf. J. Moltmann, L. Hurbon, Utopía y esperanza…, 9. 13 Cf. W. Kasper, «Utopía política y esperan- za cristiana», en: Selecciones de Teología v. 10 no. 38 (abril-junio) 1971, 565. 14 J. Moltmann, L. Hurbon, Utopía y es- peranza…, 35. 15 L. H. Silberman-H. Fries, «Utopía y es- peranza», en: Fe Cristiana y Sociedad moderna…, 89. modo inmediato, motiva e ilumina el quehacer político; es esperanza que indirectamente se convierte en motor de los proyectos políticos, mediatizada por utopías humanas, por eso la utopía es ejercicio de la esperanza porque no se escinde de la historia, más bien se elabora en el interior de la historia para hacer- la espacio de esperanza; es aguijón, en consecuencia, que mueve y pro- mueve el proceso de la historia. Si la política busca el bien común, la utopía —como línea de ello— no sólo busca el bien de todos, sino también el «summum bonum». 16 El paradigma de utopía política en acción para Bloch es, sin duda, Thomas Münzer, un teólogo de la revolución (1940) que, sensibili- zado por la miseria de los pobres campesinos, hace una verdadera utopía hecha vida: La vivacidad y la amplitud del debate provocado por Thomas Münzer, teólogo de la revolución, demuestra de manera evidente que el propósito de Ernst Bloch supera la descripción histórica y se sitúa al nivel de la filosofía de la historia. Para evitar que el proceso histórico no sea descri- to objetivamente como la his- toria de la lucha de clases, sin relación con el sujeto histórico, y no desgaje a éste de toda praxis revolucionaria, reintegra en su reflexión la dialéctica del sujeto y del objeto… La historia, según Bloch, es un proceso dialéctico 16 Cf. E. Bloch, El principio esperanza, II, Trotta, Madrid 2006, 93. Es ser humano abierto en todo su ser a la esperanza. La ontología del no-ser-aún sitúa a Bloch ante el ni- vel más intrínseco de la conciencia humana, de él emerge la modali- dad suprema de la esperanza, que nombra como: “Dunkel des geleb- ten Augenblicks” (la oscuridad del momento vivido); este momento primigenio externa, explica, ejem- plifica el todavía no como un nuevo impulso hacia la acción; en conse- cuencia el hombre tiene de suyo una exigencia natural por contem- plar a un mundo transformado por realidades más significativas en tanto que esperanza utópica. Para Bloch, in nuce, el ser huma- no es el sujeto de la esperanza que vive desde su inherente existencia la pasión por la esperanza, que lo hace amplio, en vez de estrecharlo; de allí que el místico de la esperanza persiste en su preguntar allí donde los demás opinan que es preferi- ble no hacerlo. El ser humano, en tanto que buscador y hacedor de la esperanza en un horizonte, que bajo la utopía se deja iluminar por el éxodo de un mundo que le toca transformar: «aparece hoy como el manifiesto del optimismo que pe- netra el acontecer humano cuando la meta hacia la que camina no es el absurdo o la nada, sino un futuro entrevisto como plenitud». 9 2. La política: ejercicio de la esperanza La política, en su sentido más lato, evoca una actividad humana que 9 J. Moltmann. L. Hurbon, Utopía y es- peranza…, 9. tiene como objetivo gobernar o di- rigir la acción del Estado en benefi- cio de la sociedad. Para Aristóteles, el ser humano es por naturaleza un ser político, un zon politikón, lo que significa que sabe, desde su esencia, que debe buscar mejores caminos para la construcción humana. Para Bloch esto no es ajeno, puesto que sabe que el ser humano tiende ha- cia una mejor sociedad bajo la guía de la esperanza hecha utopía social, por lo que la política se desarrolla mediante la praxis, el ‘espacio’ de transformación de la utopía con- creta. Frente a ello «la utopía políti- ca, hoy de un modo especial, como refugio de la libertad y como salva- guarda de las esperanzas primor- diales de la humanidad». 10 Ahora bien, la política es el ejer- cicio de la esperanza como utopía social; no obstante, la utopía se debe asumir desde su sentido más original. Si bien la expresión fue acuñada por el estadista y mártir inglés Tomás Moro, Bloch la re- plantea, pero como algo que parte de la conciencia del ser humano dotada de “excedente” ( Übers- chuss) que halla su expresión en las utopías sociales. 11 Él sabe que vivir es hacer que la política sea el 10 W. Kasper, «Utopía política y esperanza cristiana», en: Selecciones de Teología v. 10 no. 38 (abril-junio) 1971, 564. 11 Un estudio disciplinar y concreto de la utopía, véase: J. A. Pérez Tapias, Filoso- fía y Crítica de la cultura, Trotta, Ma- drid 2000 2 , 96-110. También un breve e interesante estudio: L. H. Silberman, H. Fries, «Utopía y esperanza», en: Fe Cristiana y Sociedad moderna, Edicio- nes SM, Madrid 1982, 72-88.
84 La Cuestión Social Año 23, n. 1 85 La Cuestión Social Año 23, n. 1 ma manera habrán ideologías, empero la utopía siempre será el vector donde se exprese con fi- delidad al ser humano expectan- te: «la utopía es una crítica de la ideología dominante en la medi- da en que es una reconstrucción de la sociedad (contemporánea) mediante un desplazamiento y una proyección de sus estructu- ras en un discurso de ficción». 23 Por eso, en esta búsqueda del bien común, la política, enraizada en la esperanza y como ejercicio de ella, debe concretizar la utopía entendida en una dimensión tem- poral aunque como principio meta- político, es decir, salir del universo cerrado, asfixiante, abriendo a nue- vas y mejores perspectivas de vida humana y social; y esa es la riqueza de la utopía: siempre algo abierto y dinámica, trascendente e inmanen- te, intrínseco y extrínseco, posible y mejor. Si la política es órgano de bien común, debe entonces tener su fuente en la utopía: órgano metódi- co para lo nuevo. En definitiva, la política debe y será ejercicio de la esperanza con- cretizada en utopía y, por conse- cuencia, utopía pacifista. 24 Nunca 23 J. Moltmann. L. Hurbon, Utopía y esperanza…, 51 24 Cf. E. Bloch, El principio esperanza, II, 496. Para Bloch, cuando hace un análisis de la utopía como ex- presión histórica —en el bosquejo histórico— arguye que los profetas fueron la proyección más antigua de una utopía social, a propósito de la utopía pacifista y esperanzadora, se puede ver en la pág. 59. será un paliativo sino un verdade- ro consuelo y pugna ante una rea- lidad antagónica que: «clama por alivio y con más precisión sueña con él»; es un despertar, donde la esperanza ha hecho realmente una utopía encarnada, donde anima al humanismo político que pretende construir en la historia una huma- nidad perfecta. 25 3. La sociedad: espacio de la esperanz E. Bloch está consciente que el ser humano es por naturale- za un ser social, o mejor, es «el conjunto de relaciones socia- les». Sabe que está en el mundo para transformarlo, para in- terpretarlo y para proyectar la esperanza, criterio filosófico so- cial. Hay sociedad porque el ser humano la crea para ser espacio donde la esperanza se haga uto- pía. De allí que considere que el mundo es un laboratorium possibilis salutis, 26 donde el futu- ro irá cuajando una sociedad más justa y posible, esto refleja que «el futuro, cuando aparece carga- do de contenidos sociales, recibe un nombre: utopía […] es la meta presentida más que conocida, no alcanzada pero sí perseguida». 27 Para el Schelling materialista, la utopía concreta es hacer llegar y realizar las posibilidades inscritas 25 Cf. J. Batista Libano, «Utopía y espe- ranza», en: Selecciones de Teología, v. 30, Rev 119 (julio-septiembre) 1991. 26 J. Moltmann. L. Hurbon, Utopía y esperanza…, 15. 27 Ibid., 10. en el que una filosofía de la es- peranza constituye el par subje- tivo de las categorías objetivas de naturaleza y futuro. La dialéc- tica se convierte en la ciencia de las potencialidades realizables. 17 Bajo esta luminaria, la uto- pía guarda tres funciones: Es protesta contra la si- tuación presente. Es prospección de las po- sibilidades todavía no rea- lizables en la sociedad. Es exigente, basada en una es- tructura interna en la persona humana en tanto categoría de posibilidad para dar una justifi- cación filosófica a la utopía. 18 Quede claro que la política, des- de la perspectiva blochiana, es di- námica, es dialéctica, es itinerario, 19 por lo que exige un proceso esperan- zador. Sin embargo, la utopía es lo mismo aunque no en los diferentes momentos históricos, es decir, lo único invariable es la intención hacia lo utópico: 17 Fr. Hartweg, «Thomas Münzer, théolo- gien de la Révolution», en: Utopie-mar- xisme selon Ernst Bloch, 216; tomado de: J. A. Gimbernat, Ernst Bloch…, 65. 18 Cf. J. Moltmann. L. Hurbon, Utopía y esperanza…, 61-62. Bloch sabe que la utopía, para tener fundamento filo- sófico, debe construir una tendencia, una posibilidad inscrita en el hombre para que no sea pura ilusión; y una ontología de lo todavía-no para que sea una categoría de lo posible. 19 E. Bloch, El principio esperanza, II, 40. La utopía social ha surgido, sin embargo, casi siempre en su dife- rencia respecto de este adormeci- miento, en su diferencia respecto de esa suerte de costumbre que, bajo la infamia, incluso la más in- soportable, representa la mitad de la falta de fantasía moral y la tota- lidad de la necedad política. 20 El mago de Tubinga sabe que la política, al ser ejercicio de la es- peranza utópica, también tiene su raíz en el hambre de esperanza, ya que empuja al ser humano a crear, inventar cosas, a buscar hacer una sociedad más justa y digna. 21 Y en esa disposición a una sociedad me- jor y posible se necesita estar bajo la trilogía de libertad, igualdad y fraternidad, 22 criterios básicos en su filosofía de la esperanza de Bloch: Libertad: como apertura a la realidad sin ninguna alienación. Igualdad: como ilimitada poli- fonía de un mismo unísono. Fraternidad: el prójimo como realización y comunicación de la libertad, propia y del otro. En consecuencia, es un tripié de la política, sin éstos la utopía es- peranzadora quedaría en la vacui- dad. Estos principios son el telos de la misma esperanza porque se expresa mediante ellos. De la mis- 20 Ibid., 40-41. También se pueden revi- sar las pp. 31-200, donde E. Bloch hace un bosquejo de las utopías sociales a través de la historia de la humanidad. 21 Cf. E. Bloch, El principio esperanza, II, 237. 22 Ibid., 131.
86 La Cuestión Social Año 23, n. 1 87 La Cuestión Social Año 23, n. 1 debería existir. En este tenor, la utopía y la esperanza son dos ejes donde la libertad humana llega a su plenitud, que puede ir más le- jos de lo existente. E. Bloch considera que ese Reino es el espacio pleno de la esperanza donde se revela la her- mosura del futuro, para ello la utopía aporta la semilla que ha- bilita el vivir en esperanza: 32 «las ilusiones y sus bienes que nunca han existido, han escapado de la caja de Pandora, pero permanece la esperanza realmente fundada, donde el hombre es hombre para el hombre y el mundo puede conver- tirse en patria para el hombre». 33 De esta manera, la sociedad vie- ne a desvelarse como un espacio más abierto donde las relaciones humanas se forjan a través de la esperanza y la utopía, los dos bra- zos para un futuro más posible y mejor. Así será la sociedad, núcleo y fundamento de la esperanza en una dimensión antropológica y moral donde la libertad se respeta porque el soporte humano lo exige desde su misma esencialidad, por lo que sociedad será la imagen del reino de la libertad. La sociedad, utópica, blochiana es un humanismo donde homo ho- minis homo est; que abrirá las puer- tas para la más grandiosa mediación posible; es utopía como condensa- 32 J. A. Gimbernat, Ernst Bloch… 21. 33 E. Bloch, El principio esperanza, 390; tomado de: J. A. Gimbernat, Ernst Bloch…, 97. ción objetiva de lo que está por ve- nir. Se podría disentir respecto ello, pero si la sociedad está in crescen- do, el futuro es lo que exige que sea más justa, digna y perfecta. La función de la sociedad es crear vínculos de amistad entre los seres humanos, buscando formar una infraestructura don- de éstos, basados en el bien co- mún, alcancen sus necesidades corporales y espirituales; por eso, si para Tomás de Aquino era la amistad de benevolencia la materia de la sociedad, en E. Bloch será la esperanza, dado que es ya una estructura onto- lógica y antropológica; en otras palabras, ya hay sociedad por- que el ser humano está abierto, desde su ser, a la esperanza. Es una exigencia connatural que sabe que debe hacer más amplia la esperanza entre los seres hu- manos, o bien, que todos contri- buyan a que se haga sueño esa tan ansiada y ontológica necesi- dad esperanzadora y utópica. Entonces, es la sociedad don- de se debe poner en praxis esa tan ansiada sed esperanzadora; es el lugar y el espacio donde la persona humana pone manos a la obra utópica, es la dimen- sión hecha carne del aún-no que está en el alba, es el impulso del hombre hacia la acción; es redirigir la mirada a lo que tan- to anhela y que está por llegar. Para Bloch, la sociedad es el Reino donde las clases sociales son innecesarias porque la es- peranza es un lenguaje univer- en la sociedad; hay utopía porque hay una sociedad qué transformar; hay una utopía porque se busca un mundo nuevo, una sociedad nue- va que bajo la esperanza ofrece resistencia al mundo dado, pero que se busca superar. 28 La utopía: «transforma los postulados de la esperanza en exigencias al mun- do… Los postulados de la espe- ranza se presentan entonces como fundamentos legitimadores de una praxis que quiere llevar a cabo el juicio a este mundo maligno». 29 Dentro del proyecto social, el fi- lósofo concretiza un mundo mejor y posible dentro los límites del Rei- no, un concepto tomado de la jerga bíblica, aunque con una connota- ción filosófica: es el espacio donde la utopía social se desarrolla; por tal causa, Bloch sabe que la socie- dad, como lugar de la esperanza, guarda precisamente este término. El Reino, por lo tanto, es una re- volución política utópica donde se puede repensar y modificar la rea- lidad social; es una alternativa del poder existente. Puede ser una alternativa del poder o una forma alternativa de poder (Ricoeur). De manera que Bloch asume la realidad social como un proceso dinámico, dialéctico, que va construyendo nue- vas realidades a través de la inter- vención humana. La sociedad, por ende, espacio pragmático de trans- formación de la utopía concreta. 28 Cf. R. Schaeffler, Filosofía de la Re- ligión, Sígueme, Salamanca 2003, 39-41; 82-84. 29 Ibid., 203. Ese sueño social surge a propósi- to de que el ser humano es esperan- za planteada en la utopía; nace en su tarea de convertir a la sociedad en un verdadero Reino de justicia, paz, con mejores y mayores cami- nos de libertad, igualdad y fraterni- dad. La utopía social labora: como una parte de la capaci- dad de asombrarse y de encon- trar tan poco evidente lo dado, que sólo su transformación pa- rece entrar por los ojos. Como modificación hacia un tipo de sociedad que, como dice Marx, no sólo pone fin al aislamiento de la comunidad política, sino también al aislamiento del ser humano… Los sueños sociales se han desarrollado con una gran cantidad de fantasía […] Este último sueño social se en- cuentra ahora a la altura de la conciencia y se convierte así, penetrado de planificación, en un despertar social. 30 Por lo que utopía social es el despertar ontológico y an- tropológico que pone la mano en movimiento; es llevar hasta el fin un mundo que necesita de verdaderos y congruentes cambios, 31 reconoce que tiene un compromiso inherente dado que debe transformar el presente vis- lumbrando al futuro para actuar e innovar, primero combatiendo lo negativo para erradicarlo y opo- niéndose activamente a lo que no 30 E. Bloch, El principio esperanza, II, 41-42. 31 Ibid., 461.
88 La Cuestión Social Año 23, n. 1 89 La Cuestión Social Año 23, n. 1 su esperanza al mundo y a los demás, por eso como decía el mismo Bloch: «lo que importa es aprender a esperar», y eso es apostar por algo en que se trascienda a sí mismo, por una posibilidad que esté más allá de todas las posibilidades. «Bloch persiste en su pregun- tar allí donde los demás opinan que es preferible no hacerlo», 38 se arriesga, pues, a apostar por el ser humano, sabiendo que lo está poniendo en el umbral de una so- ciedad mejor y posible; lo pone ante el pórtico de una libertad más plena, donde los seres humanos son hermanos de los demás, dado que por natura- leza está inscrito este deve- nir esperanzador. En última instancia: Bloch es el filósofo que busca refrendarle su esperanza a la persona humana; contempla al ser humano y sabe que la esperanza existe porque él está insaciable en su existencia, tiende al futuro sin despegar los pies en la tierra, es fiel al mundo pero con miras a algo más perfec- to y justo. Es el aguijón que mue- ve el proceso de la historia. Es el manifiesto del optimismo que invita al ser humano a seguir es- perando, convencido de que cada día anticipa un fragmento del fu- turo que está por llegar. *Teólogo de la Universidad Iberoamericana. 38 J. Moltmann. L. Hurbon, Utopía y esperanza…, 190. sal donde los seres humanos crecen en plenitud y equidad. En este sentido, la sociedad es «el llevar hasta el fin… el específico paisaje desidera- tivo en las filosofías, es decir, la perfección». 34 Por eso, para Bloch la utopía concreta es hacer llegar y realizar las posibilidades inscritas en la sociedad, en tanto que élan vital y élan social. 35 En última situación: la socie- dad blochiana es el éxodo del pueblo que tiende hacia un telos esperanzador; es un Reino donde los seres humanos son hermanos en la esperanza y desde la espe- ranza, forjados y unidos por la utopía concreta donde «Dios es la palabra para expresar el conte- nido de las esperanzas más pro- fundas de la persona humana y de la historia». 36 Es vida digna 34 E. Bloch, El principio esperanza, II, 461. 35 Cf. J. Moltmann. L. Hurbon, Utopía y esperanza…, 74. 36 J. Moltmann. L. Hurbon, Utopía y espe- ranza…, 25. Es interesante anotar que el filósofo es uno de los pensadores coetáneos de transformación de la religión en filosofía, como lo explica R. Schaeffler en su obra Filosofía de la Religión, en las pp. 39-41; 82-84 y 203, donde Dios pasa por un filtro exento de sincretismo, ídolos o ideologías adversas al mismo criterio de espe- ranza. La óptica de Bloch es un camino al sumo bien desde una praxis de la utopía concreta, para ello arguye que “donde hay esperanza, hay religión”; es ella, por ende, manifestación de la esperanza, es trascender sin trascen- dencia, en donde se intenta depurar toda mitificación, ilusión, utopismo — no utopía, ojo— en un humanismo li- hecha sociedad abierta a un fu- turo más pleno, convincente y perfecto; es utopía y esperanza; es persona humana, es libertad, es: E. Bloch. A manera de conclusión A los 76 años, E. Bloch, habi- tando en Tubinga, expresaba un discurso de recepción que ver- saba: “¿Puede quedar defrau- dada la esperanza?, a lo que él contestaba: ‘en efecto, puede y quedará defraudada, para hon- ra suya; de lo contrario, no sería ya esperanza’”. 37 El camino esperanzador y utó- pico de Bloch es un incentivo y un retomar el valor ontológico y antropológico que resguarda el término ‘esperanza’. Sin duda, el místico de la esperanza le dio su lugar al ser humano, situán- dolo desde la esperanza y en la esperanza, no como algo externo a él, sino como un principio ne- tamente ontológico que deja ver que la utopías de hoy se pueden convertir en las realidades del mañana, y que el ser humano —poseído de tal esperanza— se niega a salir simplemente de la sociedad y de la realidad existente; tampoco quiere re- fugiarse en un espiritualismo o misticismo, ni se contenta con una existencia para-social en las nubes; más bien, pone los pies sobre la tierra asumiendo bre de toda alienación, véase: H. Küng, ¿Existe Dios?, 536-538. 37 Ibid., 151.
90 La Cuestión Social Año 23, n. 1 91 La Cuestión Social Año 23, n. 1 de no católicos; creencias y prác- ticas previas de no religiosas y ateos: situación actual del país y actitudes en la esfera pública. Las unidades de muestreo fue- ron las secciones electorales del entonces Instituto Federal Elec- toral (IFE), las cuales correspon- den a las unidades geográficas electorales mínimas en las que se encuentra dividido el país. A partir de ello, se establecieron cinco regiones para poder espe- cificar más el estudio. Esas cinco regiones en que se dividió el país fueron definidas con base en el porcentaje de población católica de los estados, resultando en la siguiente clasificación: En la encuesta “Creer en Mé- xico” está el origen de la Carto- grafía Eclesiástica Mexicana. En el cuestionario de la encuesta se preguntó exclusivamente a católicos: “¿conoce usted cuál es su diócesis?”, se hizo después la pregunta: “¿podría decirme cuál es su diócesis?”. Análoga- mente, se preguntó sobre el co- nocimiento de obispos: “¿conoce usted el nombre de su obispo?”, “¿podría decirme cómo se llama su obispo?”. Estas preguntas nos llevaron a elaborar una base de datos que pudiera validar las respuestas, es decir que para cada persona que contestó estas cuatro pre- guntas tendríamos que saber si estaban contestando acertada- mente o no, para ello fue nece- sario ese banco de información. Esta necesidad cristalizó la idea de hacer la Cartografía Ecle- siástica, que además de cubrir el objetivo de cotejar las respues- tas a las preguntas sobre cono- cimiento de diócesis y obispos, otorga enormes posibilidades de conocimiento pastoral, económi- co, social, estadístico, demográfi- co, cultural y geográfico. Una cartografía eclesiástica La voz ‘cartografía’ es de ori- gen griego: χάρτις (chartis), puede traducirse como “mapa”, y proviene también del sufijo ‘gra- fía’, que desciende de γραφειν (graphein), que significa “escri- bir”. Una cartografía es un re- curso de expresión gráfica que en cierto lugar y en determinado momento tenga una comunidad específica de su entorno. Es decir, podemos entender por cartografía el conjunto de documentos que de una manera selectiva, abstracta, estadística y simbólica, representan rasgos físicos (como ríos, montañas o lagos), ficticios (como lindes y límites) o estadísticos (como el índice de desarrollo humano o el nivel de estudios de su pobla- ción) de un territorio determina- do. En esta noción de cartografía podemos situar a la cartografía eclesiástica de la que hablamos. En efecto, la Cartografía Ecle- siástica Mexicana es un instru- mento que permite conocer cada una de las circunscripcio- “La renovación es una gracia o don de Dios. La Iglesia no puede renunciar a la renovación, es su condición de vida y de perma- nencia en el mundo” (LG, 8). La Encuesta y el aggiornamento El 11 de octubre de 1962, el Papa Juan XXIII habló de aggior- namento en su discurso Gaudet Mater Ecclesia (n. 5) cuando in- auguró el Concilio Vaticano II. Tras más de cincuenta años de la apertura de dicho sínodo, la Igle- sia Universal y cada Iglesia local están forzadas a actualizarse. El aggiornamento (ponerse al día), no es “echarse para delante” sin más. Una efectiva actualización tiene que ver con el propio cono- cimiento de sí y de su entorno. Conocer la realidad y discernir los signos de los tiempos es una tarea profética y humana que re- quiere realización constante. Como un esfuerzo para co- nocer la realidad de la Iglesia mexicana, el Instituto Mexica- no de Doctrina Social Cristiana (IMDOSOC) realizó la Encues- ta Nacional de Cultura y Prácti- ca Religiosa, IMDOSOC 2013, “Creer en México”. Ese estudio, fundamental para entender al- gunos aspectos socio-religiosos de México, es una investigación sólida y robusta. Fueron entre- vistadas 4,313 personas a lo largo de todo el país en prác- ticamente todas las diócesis de México. El público objetivo fueron hombres y mujeres de 18 años y más que viven tanto en poblaciones rurales como urbanas; el tipo de entrevista fue “cara a cara” en hogares. Se preguntó respecto de creencias y prácticas acerca de lo trascendente; estilo de vida y actitudes; capital social y partici- pación; percepción de la Iglesia católica y los católicos; creencias y prácticas de católicos; cultura de la vida y cultura de la muer- te (aborto, eutanasia, pena de muerte); medios de comunica- ción; prácticas religiosas previas La Cartografía Eclesiástica Mexicana: una forma de co- nocernos y de hacer pastoral Gerardo Cruz González*
92 La Cuestión Social Año 23, n. 1 93 La Cuestión Social Año 23, n. 1 precisamente que para poner en práctica los principios y orientaciones éticas se requie- re conocer la realidad, es decir, tener sobre la realidad un dis- cernimiento adecuado que lleve a toda la comunidad cristiana y a cada uno a escrudiñar los signos de los tiempos para po- der interpretar la realidad a la luz del mensaje evangélico (cfr. OEEDS, 4). Este conocimiento corresponde a la parte del ‘ver’ del método de la doctrina social; al respecto, afirma la Congrega- ción para la Educación Católica: “El ver en percepción y estudio de los problemas reales y de sus causas, cuyo análisis correspon- de a las ciencias humanas y so- ciales” (cfr. OEEDS, 7). En este sentido, Juan Pablo II reconocía el valor de las cien- cias y las disciplinas para poder realizar la labor pastoral funda- mental que es la evangelización (cfr. CA, 59). Si bien no corres- ponde directamente a la Iglesia científicamente la realidad so- cial (cfr. LE, 1), el discernimien- to cristiano como búsqueda y valoración de la verdad lleva a investigar las causas reales del mal social, especialmente de la injusticia, y a asumir los resul- tados verdaderos, no idealiza- dos, de las ciencias humanas (cfr. AVT, 59). Los estudios de las ciencias proporcionan una contribución significativa a la doctrina social (cfr. CDSI, 78), que no es un sa- ber puramente especulativo, sino que busca la praxis de lo que delibera. Precisamente, si- guiendo al Compendio de Doc- trina Social, reconocemos que de todas las aportaciones cognosci- tivas, provenientes de cualquier saber, se sirve la doctrina social, la cual tiene una importante di- mensión interdisciplinar (cfr. CDSI, 76). Gracias a las ciencias, la Iglesia puede comprender de forma más precisas al ser huma- no en sociedad, dialogar y cum- plir de manera más conveniente su tarea de encarnar en la con- ciencia y en la sensibilidad social de nuestro tiempo, la Palabra de Dios (cfr. CA, 58). Conviene citar nuevamente a la Congregación para la Edu- cación Católica para resaltar el papel de estudios científicos — como es el caso de la Cartogra- fía Eclesiástica Mexicana— en la pastoral: “En esta perspecti- va, el discernimiento cristiano no sólo ayuda a esclarecer las situaciones locales, regionales o mundiales, sino también, y principalmente, a descubrir el plan salvífico de Dios, realizado en Cristo Jesús para sus hijos en las diversas épocas de la histo- ria. Es evidente que el discerni- miento cristiano debe situarse en una actitud de fidelidad no sólo a las fuentes evangélicas, sino también al Magisterio de la Iglesia y a sus legítimos pasto- res” (OEEDS, 8). En términos de la pastoral, el Magisterio a partir del Concilio Vaticano II, y en especial de la nes eclesiásticas de México; con esta herramienta podemos analizar de una manera científi- ca, selectiva, abstracta, simbólica y estadística los rasgos de los elementos geoespaciales y de la realidad de las diócesis y prela- turas mexicanas. La cartografía pone en contacto a las personas con su espacio, en este caso de la Cartografía Eclesiástica vin- cula a la Iglesia con sus fieles. Fuentes Un mapa tiene características momentáneas, circunstancias que están determinadas por las caracte- rísticas temporales y espaciales, pero también está delimitado por el conocimiento que se tie- ne de esas características. Por eso, mientras mejores fuentes y mientras más conocimiento de diversas fuentes en la construc- ción de la cartografía, cada mapa será más cercano a la realidad. Para la construcción de la cartografía de la Iglesia mexica- na hemos recurrido a diversas fuentes. Destacan los mapas que la propia Conferencia del Epis- copado Mexicano tiene en sus archivos históricos, así como los múltiples archivos cartográficos de las diversas arquidiócesis, diócesis y prelaturas de nuestro país, lo que incluye mapas en lí- nea de algunas diócesis. Otros estudios cartográficos de gran valor histórico, así como directorios parroquiales de cada una de las circunscripciones ecle- siásticas y el conocimiento in situ de algunas diócesis, han sido pie- dras y cimientos de este trabajo de investigación. De igual modo, algunos trabajos académicos, ma- pas y software del INEGI nos han dado elementos y herramientas esenciales para este trabajo. Pero cada mapa está inacabado en el sentido de que requiere ne- cesariamente actualización. Por ello, los datos nuevos de conoci- miento que cada obispo adquiera de su territorio podrán ser nuevas fuentes que ayuden a la actualiza- ción de cada mapa diocesano. La división de los territorios dioce- sanos o la erección de nuevas dió- cesis son ejemplos de la necesaria actualización de la Cartografía Eclesiástica Mexicana. Cartografía y pastoral La Cartografía Eclesiástica Mexicana no es un fin, es sólo un medio. Este estudio tiene la finalidad de ser un instrumento pastoral, además de académico, para cada circunscripción ecle- siástica. Es una herramienta que ayuda a escrutar los signos de los tiempos y, con ello, poder interpretarlos a la luz del Evan- gelio, de modo que la Iglesia pueda responder a las perennes interrogantes de la humanidad, sobre el sentido de la vida pre- sente y futura y a mutua rela- ción de ambas (cfr. GS, 4). La doctrina social de la Iglesia, específicamente con el méto- do de discernimiento, propone
94 La Cuestión Social Año 23, n. 1 95 La Cuestión Social Año 23, n. 1 para cumplir con la labor evange- lizadora de la Iglesia y asimismo realizar una progresiva reconci- liación de la Iglesia con la socie- dad, especialmente con los no creyentes. Además de hacer de la Iglesia, una Iglesia de servicio al mundo; la pretensión es hacer una vida cada vez más humana. Con la Cartografía queremos contribuir a ello. *Investigador del IMDOSOC Siglas del Magisterio utilizadas Notas La Cartografía Eclesiástica Mexica- na se actualizó al segundo semes- tre de 2014, lo que incluye la nueva diócesis de Izcalli (2014). La Cartografía Eclesiástica Mexica- na puede consultarse en línea: http://cartografia.imdosoc. org/#5/23.342/-95.493 Los resultados de la encuesta “Creer en México” están disponibles en:http:// encuestacreerenmexico.mx/ Comentarios a la Cartografía pueden ser enviados al correo electróni- co: cartografia@imdosoc.org Sigla Documento AVT Mensaje para la Jorna- da Mundial de la Paz, A Vous Tous, Juan Pablo II, 1980. CA Carta encíclica Centesi- mus anus, Juan Pablo II, 1991. CDSI Compendio de Doctrina Social de la Iglesia, Pon- tificio Consejo Justicia y Paz, 2004. EG Carta encíclica Evange- lii Gaudium , Francisco, 2012. GS Constitución pastoral Gaudium et spes, Conci- lio Vaticano II, 1965. LE Carta encíclica Labo- rem Exercens, Juan Pa- blo II, 1991. LG Constitución dogmática Lumen Gentium, Conci- lio Vaticano II, 1965. OA Carta encíclica Octage- sima Adveniens, Pablo VI, 1971. OEEDS Orientaciones para el Estudio de la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia en la formación de los sacerdotes, Con- gregación para la Educa- ción Católica, 1988. constitución Gaudium et Spes, tiene una apertura atenta y constante a las ciencias, lo que le otorga a la Iglesia competen- cia, actualidad y concreción (cfr. CDSI, 78). Toda pastoral parte de un diagnóstico de la realidad, la Cartografía ofrece la posibili- dad de conocer índices sociales, económicos y demográficos rea- les, ya que con la clave del INEGI se pueden obtener datos de las dependencias gubernamenta- les y estudios académicos muy precisos. De tal modo que se puede saber en cada diócesis, pero también a nivel de man- zana, indicadores como el pro- ducto interno bruto, el número de escuelas de nivel básico, el número de habitantes católicos y de cada religión, el número de niños en edad preescolar o de madres solteras, etc. Las posi- bilidades de conocimiento son tantas como las necesidades de conocer esos datos. Podemos reconocer dos niveles en la Cartografía: el conocimien- to de cada territorio eclesiástico de México plasmado simbólica y gráficamente; y el aprendizaje del cual se puede partir para aplicar- los a la pastoral. El conocimiento nos dará el diagnóstico necesa- rio y el aprendizaje que de ello obtengamos será provechoso en la aplicación pastoral. Sin duda, conocer a fondo los datos por municipio nos permite hacer un diagnóstico adecuado de los ciu- dadanos a los que sirven las dió- cesis y generar planes pastorales más exactos. Contribución y actualización En la Cartografía Eclesiástica Mexicana, académicos de diver- sas áreas podrán indagar sobre múltiples temas sociales, económicos, demográficos o socio-religiosos. Dichas investi- gaciones académicas pueden co- tejarse también con los resultados de la encuesta “Creer en México”. Por otro lado, podemos recono- cer la complejidad social que nos hace presente la necesidad de una Iglesia en salida, una Iglesia con las puertas abiertas (cfr. EG, 46). En este sentido, suscribimos las palabras, tan actuales para noso- tros, de la carta Octagesima Adve- niens de Pablo VI (1971): “Frente a situaciones tan diversas, nos es difícil pronunciar una palabra única como también proponer una solución con valor universal. No es éste nuestro propósito ni tampoco nuestra misión. Incum- be a las comunidades cristianas analizar con objetividad la situa- ción propia de su país, esclarecer- la mediante la luz de la palabra inalterable del Evangelio, deducir principios de reflexión, normas de juicio y directrices de acción” (cfr. OA, 4). El Papa Francisco ha insistido en aprovechar los cono- cimientos que nos dan las cien- cias, y junto con la teología sacar provecho de los conocimientos (cfr. EG, 242). Con estos estudios de medición se ofrecen herramientas funda- mentales, y cada vez más exactas,
96 La Cuestión Social Año 23, n. 1 97 La Cuestión Social Año 23, n. 1 recorren el papel de la Iglesia ca- tólica en América Latina, hasta la identificación de la sociedad laica y sus enemigos. La Dra. Loaeza lleva alrededor de veinte años dedicados al estu- dio serio y riguroso de la Iglesia católica. Dada las líneas de investi- gación que siempre ha mantenido nuestra reseñada, podemos inferir que el interés por el estudio de la Iglesia católica no es nuevo; a mi manera de ver, este tema tiene un trasfondo en el seguimiento a los orígenes del poder conservador en México. Es bueno recordar que nuestra autora es una de las plu- mas más calificadas para enten- der la historia del Partido Acción Nacional(PAN) y, por lo tanto, se topó de manera casi inevitable con el tema del conservadurismo en nuestro país, que es inherente a la figura de la Iglesia católica. Es importante subrayar que el li- bro reseñado es una compilación de artículos en un solo volumen. La mayoría de estos artículos se habían publicado en revistas ex- tranjeras y nacionales, siendo las nacionales: Foro internacional , Estudios políticos, Nexos, Revis- ta mexicana de sociología, entre otras, así como también forman parte de capítulos de libros y que la autora se dio a la tarea de re- unir en un solo volumen; es por eso que la utilidad de este libro se expresa en palabras de la Dra. Loaeza, “al hacer una lectura de conjunto de estos artículos, des- cubrí que estaban vinculados por las líneas de un recorrido que se- guía una lógica propia, y que per- seguía una meta. Era una historia que se podía contar: la del regre- so de la Iglesia católica a la vida pública en México”. La lectura del libro no se pude hacer de manera lineal o de corri- do, porque a pesar de que en los textos podemos encontrar un hilo conductor, no presentan una con- tinuidad histórica. Así, pasamos del estudio de la Iglesia católica en América Latina en el siglo XX a unas notas para el estudio de la Iglesia en el México contemporá- neo. Pasamos también del refor- mismo autoritario (1970-1982) a entender el papel de la Iglesia y la democracia en México. Sin embar- go, nos topamos muy rápidamente con la actualidad. En este sentido, nos encontramos con el estudio que analiza los costos de la ins- titucionalización (1988-1994) y el porqué Chiapas se convirtió en el talón centroamericano de la Iglesia en México, para pasar a dos temas por demás sugeren- tes: la secularización de la iden- tidad femenina, que de acuerdo con Loaeza se debe reflexionar si representa una derrota para la Iglesia, y la identificación de la so- ciedad laica y sus enemigos. La propia autora —y yo com- parto su opinión— considera que la Iglesia católica en la experiencia mexicana es una institución políti- ca que ha desafiado, y sostenido a la vez, los pilares del gobierno en la sociedad. Sin embargo, ¿pode- mos considerar que el regreso de la Iglesia católica sólo obedece a los valores conservadores impe- La restauración de la Iglesia católica en la transición mexicana Quien aspire a ser cura católi- co hará bien en aprender a respe- tar las pequeñas formalidades de la Iglesia”. 1 El comportamiento de la Igle- sia católica siempre es difícil de entender. Se pueden hacer varios acercamientos con distintos len- tes; por un lado, podemos verla como una organización vertical o jerárquica, de igual manera, la podemos observar como un actor más dentro del sistema político pero, también, nos podemos po- ner los lentes para mirarla como institución cultural y política. En el caso mexicano en particular, se hace más interesante esta re- flexión dado que se presenta un 1 Guillermo Prieto, Alma, “El Papa re- belde”, en Nexos, año XXXVII, agosto de 2014, número 440, pp. 18-26. fuerte catolicismo en nuestro país; por esta razón, no resulta extraño que los valores que pre- sentan una mayor presencia den- tro de la sociedad se encuentren estrechamente ligados con las fuentes de poder espiritual de la Iglesia. Afortunadamente, para entender lo complejo del tema, la Dra. Soledad Loeaza presentó en El Colegio de México su más re- ciente publicación que se intitula La restauración de la Iglesia católi- ca en la transición mexicana. Este libro tiene el objetivo, nada fácil, de reconstruir el largo camino de treinta años que llevó a la rein- corporación (o, como dijera nues- tra reseñada, la restauración) de la Iglesia católica en el sistema político mexicano. El libro está compuesto de una muy puntual introducción en done se expone, en primer lugar, una visión pa- norámica del texto y, en segundo lugar, el proceso de elaboración del libro. Esta introducción está seguida de quince capítulos que Loaeza, Soledad, La restauración de la Iglesia católica en la tran- sición mexicana, México, Centro de Estudios Internacionales, El Colegio de México, 2013, 289 pp. Reseñas
98 La Cuestión Social Año 23, n. 1 99 La Cuestión Social Año 23, n. 1 rantes en una sociedad como la mexicana? No. De acuerdo con Loaeza, el factor principal que sirvió de catalizador fue el pro- logando proceso de transición que puso fin a la hegemonía del PRI, generando un contexto favo- rable para que la Iglesia católica gozara de una autonomía plena. Esta restauración obedeció, ante todo, al desarrollo de dos proce- sos paralelos: por un lado, uno relativo al régimen político, y por el otro, uno de orden eclesial, res- pectivamente. Es decir, primero se tenía que desmantelar la he- gemonía del PRI para generar condiciones favorables a la com- petencia dentro del sistema de partidos, la aparición de un plu- ralismo político en la sociedad y, por consiguiente, la formación de un nuevo sistema político. Por el lado eclesial, el pontifica- do de Juan Pablo II —marcado fuertemente por una ofensiva antiautoritaria— vino a cimbrar las raíces del catolicismo en el mundo entero y, en el caso parti- cular de México, reforzó la com- plicidad equívoca 2 que se había mantenido como la regla para mantener estables las relaciones entre la Iglesia y el Estado, hasta por lo menos los años 90’s. Las relaciones entre el Estado y la Iglesia siempre han tenido 2 En la nota al pie de página num. 4, de la página 47, se explica que esta noción de complicidad equívoca ha sido elaborada por Guy Hermet. Véa- se el capitulo 2 que lleva por titulo “El estudio de la Iglesia en el México contemporáneo”, pp. 45-62. piedras en el camino que han generado enfrentamientos y ri- validades. La legislación anticle- rical con la que nació el Estado emanado de la Revolución Mexi- cana provocó también marcadas divisiones y antagonismos. Sin embargo, es a partir del gobier- no de Manuel Ávila Camacho cuando estas relaciones pasan de la confrontación a la compli- cidad equívoca, y sobre todo, es gracias a que México transita a un régimen democrático con pluralismo político y diversidad social a que la Iglesia recupera su plena autonomía dentro del sistema político. En suma, el li- bro de la Dra. Soledad Loaeza puede parecer que está dirigido únicamente a especialistas en el tema o personas que se encuen- tren involucradas en la Iglesia o procesos eclesiales pero, a mi manera de ver, esta obra consti- tuye una excelente combinación de las herramientas propias de la historia y de la ciencia políti- ca que dan como resultado una valiosa obra de historia de Mé- xico, en done podemos conocer gran parte de nuestra historia contemporánea que va de 1940 a 1990, todo esto de la mano de una de las más calificadas espe- cialistas en esta área de estudio. Daniel Osvaldo Jiménez Carrada. Lic. Ciencia Política y Administración Pública. UNAM, FCPyS.
100 La Cuestión Social Año 23, n. 1 La revista La Cuestión Social se imprimió en Impresora Varel, Calle 8 No. 222 Col. Granjas San Antonio D.F. La edición consta de 1,100 ejemplares.