La Cuestión Social, Año 34, n. 1 (2026) issn: 2992-8672 155
ADRIANA GUADALUPE OCHOA REYNOSO
MÉXICO
EL ABUSO SILENCIADO
Testimonio
“Por amor de Sion no callaré,
y por amor de Jerusalén no descansaré,
hasta que salga como resplandor su justicia,
y su salvación se encienda como una antorcha”
Isaías 62, 1.
INTRODUCCIÓN
La Iglesia católica, llamada a ser signo de comunión, servicio y es-
peranza, enfrenta uno de los desafíos más profundos de su historia
contemporánea: la crisis provocada por los abusos sexuales come-
tidos dentro de su propia estructura.
La atención de los medios de comunicación, y de la propia Iglesia,
ha estado centrada principalmente en los abusos contra menores,
pero me gustaría apuntar en este artículo a un tema poco abordado,
como lo he denominado, el abuso silenciado.
¿A qué llamamos abuso silenciado? Éste es el abuso sexual que
se comente contra adultos, hombres y mujeres, particularmente, en
contextos donde intervienen relaciones asimétricas de poder espiri-
tual y pastoral.1 Este tipo de abuso vulnera no solamente la dignidad
humana, sino también la integridad del testimonio evangélico, afec-
tando la credibilidad de la Iglesia y su misión.2 Dado que muchos de
1 Kieran Tapsell, Power and sexual abuse in the Catholic Church: Reframing the narrative
(gb: Routledge, 2019).
2 Francisco, Carta del Santo Padre al Pueblo de Dios (Ciudad del Vaticano: La Santa Sede,
2018).
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estos adultos han sido vulnerados en los propios espacios de iglesia.
Buscaban un confesor, un director espiritual o un acompañante en
su fe y, lamentablemente, se han encontrado —como muchos de
ellos lo expresan, retomando esta cita de las Sagradas Escrituras—,
“nos hemos encontrado a lobos con piel de oveja” (cfr. Mt 7, 15).
Desde una perspectiva teológica, abordar esta realidad exige una
conversión profunda del corazón y de las estructuras eclesiales. La Igle-
sia está llamada a vivir la verdad del Evangelio, la cual invita a la
justicia, la compasión y la reparación del daño.3 La reflexión pasto-
ral, por su parte, debe centrarse en aceptar que también los adultos
vulnerados sexualmente deben ser escuchados, validados y no juz-
gados. Por lo tanto, es urgente dejar de justificarlo, de pensar que
son pequeñas faltas a la castidad y empezar a abrir espacios para
acompañar a las víctimas desde una espiritualidad de la misericor-
dia, la escucha, la prevención y el cuidado.
Creer, escuchar, comprender y denunciar el abuso sexual contra
adultos en el ámbito eclesial no es sólo un ejercicio de justicia, sino
también una exigencia de fidelidad a la misión de Cristo, quien
vino “para que todos tengan vida y la tengan en abundancia” (cfr.
Jn 10, 10).
En este sentido, la reflexión teológico-pastoral sobre el abuso se-
xual en adultos dentro de la Iglesia católica se convierte en una opor-
tunidad providencial para renovar la vivencia de la autoridad como
servicio, fortalecer la ética relacional en el ministerio y promover
comunidades sanadoras que testimonien el amor redentor de Dios.4
DESCÁLZATE PORQUE EL TERRENO QUE PISAS ES TIERRA
SAGRADA
Soy mujer, madre de cuatro hijos, profesora y teóloga católica com-
prometida; me he atrevido a escribir este artículo porque conozco
3 Congregación para la Doctrina de la Fe, Vademécum sobre algunos puntos de procedi-
miento en el tratamiento de los casos de abuso sexual a menores cometidos por clérigos
(Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana, 2020).
4 Doyle, Thomas P. “The spiritual and psychological impact of sexual abuse in the Catholic
Church”, Journal of Religion and Abuse, no. 3 (2022), 215-230.
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El abuso silenciado
el dolor de jóvenes y adultos, especialmente, de mujeres que narran
la frustración, el miedo, la culpa, el enojo y la desconfianza en la
Iglesia y sus pastores, debido a experiencias de abuso sexual.
Como laica comprometida no puedo cerrar los ojos, pues el dolor
de tantas víctimas nos supera. Es imprescindible trabajar en red para
abrir la reflexión y el diálogo sobre uno de los temas que generan más
dolor al interior de la Iglesia católica: el abuso sexual contra adultos.
Hasta la fecha, no existen cifras globales y definitivas sobre el abuso
sexual contra adultos en la Iglesia católica, debido en gran parte a
la dificultad para obtener datos completos y a que muchos casos no
se denuncian. En el caso de los adultos, el abuso sexual puede estar
ligado al abuso de poder, de conciencia y manipulación psicológica,
lo que dificulta la denuncia y el reconocimiento penal de los hechos.
Por su parte, José Andrés Murillo5 nos invita a mirar con mayor
amplitud la gravedad del abuso sexual: la protección de los derechos
va de la mano de una comprensión de aquello que los daña. En el
caso del abuso sexual, durante siglos estuvo centrado en el aspecto
genital y la fuerza física ejercida en una violación. Necesitamos
problematizar el concepto de abuso sexual a partir de una visión
estructural, buscando establecer una conciencia que nos permita
una comprensión más integral y generar estrategias para prevenir
y hacer justicia a las víctimas.
En este mismo instante, mientras escribo estas líneas, muchos
rostros vienen a mi mente, personas heridas y a las que se les ha
corrido de la parroquia o de la comunidad en la que perseveraban sin
ser escuchadas, porque se dice que ellas —al ser adultas— han da-
do su consentimiento; pero esto es un gravísimo error, ya que no
puede haber consentimiento pleno cuando hay una brecha abismal
entre el poder espiritual, pastoral, carismático y atrayente del mi-
nistro contra la necesidad espiritual y humana del adulto vulnerado
que confía en su pastor.
Desde una lectura espiritual, el dolor ante el abuso cometido nos in-
vita a “descalzarnos”, como dice el libro de Éxodo 3, 7, y a quitarnos
5 Murillo, José Andrés, “Abuso sexual, de conciencia y de poder, una nueva definición”,
Estudios eclesiásticos, no. 373 (junio 2020).
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los anteojos de la estructura de poder jerárquica que justifica, silencia
esta clase de abusos, y critica y juzga su denuncia. El terreno del pue-
blo de Dios, la dignidad de hombres y mujeres que buscan a Cristo con
sinceridad, en medio de sus heridas, su vulnerabilidad y su historia
personal, son tierra sagrada.
Muchos católicos cuando escuchan de la necesidad de hablar con
apertura del abuso sexual expresan que si estamos en contra de la
Iglesia católica, pero es exactamente lo contrario. Es imprescindible
que abramos los ojos, con conciencia lúcida, ante una realidad que
existe, que ha existido, y que no debemos justificar porque va contra
la dignidad humana y los derechos de todo ser humano a la vida, a la
protección y al cuidado integral.
Es tiempo de poner las cartas sobre la mesa, de abrir espacios
para la reflexión en los seminarios, en las congregaciones religio-
sas, en las parroquias, en los consejos de pastoral, en las familias
católicas, en las universidades, en las formaciones de catequistas,
en los movimientos de laicos y jóvenes. Por amor a nuestra Iglesia,
Cristo cabeza y Cristo miembros (cfr. Rom 12, 4-5), no nos debemos
quedar callados. Consideramos que lo más propio de los seguidores
de Jesús es la justicia y el compromiso de velar por la gloriosa li-
bertad de cada hija e hijo de Dios (cfr. Rom 8, 21).
REACCIONES DE LA IGLESIA CATÓLICA ANTE EL ABUSO SEXUAL
La Iglesia católica comenzó a hablar abiertamente y a tomar medi-
das públicas sobre el abuso sexual en las últimas décadas del siglo
xx y a principios del siglo xxi.
Felipe Herrera, en 2024, publicó una nota en el diario Vatican
News en la cual recoge un discurso del papa Francisco en el que con-
dena repetidamente el abuso sexual, calificándolo de “vergüenza”
y “humillación” para la Iglesia, insistiendo en que ésta debe pedir
perdón y nunca más encubrir dichos crímenes.6 Un llamado a la
condena de los abusadores, a la creación de una cultura de protección
6 Felipe Herrera, “Papa Francisco ante los abusos: ‘Dios nos llama a un cambio de men-
talidad absoluto’”, Vatican News (12 de marzo 2024).
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El abuso silenciado
para los vulnerables y a facilitar que las víctimas encuentren con-
suelo y justicia a través de vías claras y confiables. También ha
enfatizado la necesidad de un cambio absoluto de mentalidad.
Para comprender la importancia de las afirmaciones en contra
del abuso sexual, realizadas por el papa Francisco, recupero una
interesante nota publicada en el periódico de la bbc, en octubre de
2021, que expone brevemente las reacciones surgidas en la Iglesia
católica ante la visibilización de los casos de abuso:
• Finales de la década de 1980. Se registra la primera cobertura
mediática significativa sobre los casos de abuso por parte del
clero en Estados Unidos y Canadá.
• Década de 1990. El problema se visibiliza a nivel internacional
y se incrementan las denuncias, en parte por la exposición del
caso del fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel.
• 2002. Una investigación del periódico The Boston Globe reve-
ló un encubrimiento sistemático y un patrón de traslado de
sacerdotes pederastas entre parroquias en la Arquidiócesis
de Boston. El escándalo provocó un impacto mundial e impulsó
a más víctimas a denunciar sus casos.
• 2002. La Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos
estableció una “Política de tolerancia cero” y un plan de acción
para proteger a los niños y jóvenes, tras el estallido del escán-
dalo en Boston.
• 2014. El papa Francisco creó la Comisión Pontificia para la
Protección de Menores.
• 2019. El papa Francisco promulgó el motu proprio Vos Estis Lux
Mundi, un documento legal que estableció nuevos procedimien-
tos para denunciar el abuso y la responsabilidad de los obispos
en el manejo de estos casos.
El 26 de septiembre de 2024, el papa Francisco expresó —con
fuerza—, en el contexto de su visita a Bélgica, la necesidad de
sacar a la luz los abusos cometidos por la Iglesia, diciendo que nos
pedía a todos, no encubrir los abusos: “El mal hay que sacarlo a la luz,
que se sepa, como han hecho algunos abusadores, y con valentía…
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que se juzgue al maltratador. Que se juzgue al abusador, sea laico,
laica, sacerdote u obispo: que se lo juzgue”.7
RED NO TE CALLES, CUÉNTALO
En este camino de compromiso social cristiano, con el vivo
deseo de trabajar por la prevención del abuso y de la cultu-
ra del cuidado, en el año 2021 llegó la oportunidad de crear
y coordinar la Red no te calles, cuéntalo, ahora llamada
Red Cuéntalo, tejiendo espacios seguros, la cual agrupa a
más de 13 instituciones nacionales e internacionales, que
nos dedicamos a la prevención del abuso sexual infantil.
https://www.notecallescuentalo.org/mexico/
Desde ese momento, experimenté —como llamada de Dios— la
necesidad de conocer a fondo los procesos de prevención, detección
y acompañamiento a las víctimas. También, agradezco el camino re-
corrido de la mano de la Conferencia del Episcopado Mexicano (cem)
que se sumó inmediatamente al proyecto y nos invitó a participar en
algunas de las reuniones de los obispos de México para hablar del
tema del abuso.
No niego que me duele profundamente cada uno de los casos de
abuso, porque detrás hay vidas, familias, miedos, silencios, frus-
traciones y, sobre todo, la muerte silenciosa de las víctimas que no
saben que son víctimas y se quedan calladas ante las relaciones
abusivas que se van normalizando.
En un primer momento, mi atención se enfocó en los menores que
habían sufrido algún tipo de violencia sexual; pues considero que es
una total injusticia por las terribles consecuencias que cualquier abu-
so infantil deja: el cerebro cambia sus conexiones normales, hay una
deformación en los roles de autoridad, confianza y protección; existe
una desvalorización de la propia vida, el cuerpo; y, lo peor de todo, las
consecuencias no quedan sólo en la etapa infantil, se mantienen hasta
la edad adulta; e, incluso, si la herida no se trabaja, estas personas que
fueron abusadas, también se pueden convertir en futuros abusadores.
7 Ibid.
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El abuso silenciado
ABUSO SEXUAL A MUJERES POR PARTE DE SACERDOTES
CATÓLICOS
He seguido a Cristo en la Iglesia católica desde que tenía 18 años y
ha sido fuente de sentido y significado profundo en mi vida. Este
seguimiento me llevó a estudiar teología, a evangelizar en diferentes
culturas y a viajar por varios países junto con mi familia, para for-
mar, perseverar en comunidad y trabajar codo a codo con sacerdotes,
religiosas y laicos.
El tema del abuso sexual siguió escalando de otra manera en mi
proceso de acercamiento a esta realidad, ya no eran niñas o niños
violentados; ahora, conforme seguía mi compromiso en la Iglesia
católica, conocí a mujeres adultas que habían sufrido abuso por parte
de ministros ordenados de nuestra iglesia.
Muchas de estas personas expresaban su confusión y frustración
porque —desde su niñez— se les enseñó a ver a los ministros, sa-
cerdotes, como enviados y representantes de Cristo en la tierra. Sin
embargo, ahora su dolor era que, aquellos que estaban llamados a
cuidar de las personas, eran quienes las agredían, y de la manera
más disfrazada, a través del chantaje emocional, el abuso de con-
ciencia y el abuso de poder, hasta llegar al abuso sexual, sin que la
víctima se diera cuenta del todo.
ABUSO SEXUAL SILENCIADO
La mayoría de estas mujeres —a las cuales he tenido oportunidad de
escuchar y, de alguna forma, acompañar en sus procesos— han sido
criticadas al ser consideradas como las “culpables” de dichas situa-
ciones. Se les señala a ellas de haber hecho pecar a los sacerdotes y
a los sacerdotes se les mira como víctimas; se escuchan expresiones
como “pobrecitos, tuvieron una pequeña falta a la moral, por culpa
de esas mujeres”. Lo más grave y doloroso es que la propia Iglesia
católica, en sus laicos comprometidos y religiosos, no logra ver que
el problema va más allá de un simple fallo a la castidad sacerdotal.
La mayor parte de los victimarios sacerdotes han hecho uso de
su investidura para ejercer una cierta “seducción” en sus víctimas,
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pues son personas muy carismáticas que atraen por su predicación
o por su forma de acercarse e intimar con las realidades de las víc-
timas, sin poner límites claros en el acompañamiento espiritual,
en actividades pastorales e, incluso, en el momento de la confesión.
El rol sacerdotal por su investidura siempre implicará asimetría;
el sacerdote siempre tiene el poder ante los feligreses, sea consciente
de ello o no. En nuestras culturas latinoamericanas, el sacerdote es
un personaje admirado, escuchado, reconocido y que goza de un
estatus de profunda confianza en las familias; difícilmente se le
cuestiona o se piensa mal de él, lo que le da un nivel muy alto de
poder sobre la vulnerabilidad.
LA ASIMETRÍA EXISTE
José Andrés Murillo expone la necesidad de profundizar en la asi-
metría de poder, cuando se lee desde la vulneración de la víctima,
invitando a hacer una relectura desde la cultura del abuso:
No se trataría, entonces, de tres tipos de vulneraciones, sino de que
el abuso sexual, de conciencia y de poder están en el mismo plano
comprensivo. Por eso se habla de cultura y no sólo de actos. Lo que
tradicionalmente se ha visto como un problema que se remite a la
genitalidad, ahora se comprende desde la cultura y el ejercicio del
poder. El abuso de poder es la utilización perversa de la asimetría
de poder.8
Por lo tanto, el ministro ordenado debe ser consciente de que su
servicio en la Iglesia le da un rol de poder y que siempre habrá una
asimetría marcada por su investidura. En mi experiencia de años
en el trabajo pastoral, he visto que a veces se quiere disminuir esa
asimetría expresando que “todos somos iguales por el bautismo”,
que lo importante es caminar juntos sin diferencias; pero esto no
es así, la diferencia de poder en el servicio existe y se requiere que
8 José Andrés Murillo, “Abuso sexual, de conciencia y de poder, una nueva definición”,
Estudios eclesiásticos, no. 373 (junio 2020).
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El abuso silenciado
todos seamos conscientes de ello, tanto el ministro ordenado como
los fieles.
Entonces, estos abusos son silenciados; porque cuando se dice
que sí era abuso sexual a un adulto, se responde que la mujer o el
hombre adulto dio su consentimiento. Pero ésta es una afirmación
que requiere ser cuestionada, al igual que aquella expresión de que
todos somos iguales.
Por lo tanto, el consentimiento pleno no se puede dar porque que
existe la asimetría de poder entre el ministro y el feligrés, aunado
al proceso de “seducción” que ejerce el ministro, ya sea de manera
consciente o inconsciente, y que tiene lugar en medio de la misma
labor pastoral: su presencia constante en la vida de las víctimas, así
como visitas frecuentes a sus hogares o trabajos —incluso, cuando la
persona está sola—, mensajes y llamadas recurrentes a su víctima y,
en ocasiones, a altas horas de la noche, que van acompañados de al-
gunos gestos o temas afectivos. O cuando la conversación sube de
tono y hay ciertos mensajes o imágenes de contenido sexual, confe-
siones en espacios cerrados o en lugares que están fuera del contexto
de la parroquia o la congregación; hacer sentir a la persona que es
“especial” para el sacerdote, abrazarle o tocarle algunas partes del
cuerpo mientras conversan en dirección espiritual o en confesión.
Por eso, Murillo propone la necesidad de replantearnos adecua-
damente la asimetría de poder, porque hasta ahora la más evidente
es la que se establece con niños; pero se requiere una reflexión más
profunda del tema.9 Si bien nos concentramos en el abuso sexual
cometido en contra de menores de edad, esto sólo es porque hasta
ahora la asimetría por la diferencia de edad se da por obvia; sin
embargo, se busca establecer elementos que permitan comprender
la estructura del abuso sexual en tanto abuso de poder.
APRENDER A IDENTIFICAR EL ABUSO Y DENUNCIARLO
He iniciado mi artículo con la cita bíblica del profeta Isaías en el
capítulo 62, que es precisamente la cita que me acompaña desde
9 Ibid.
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hace varios años de mi vida para comprender que, si amamos a
Cristo y a su Iglesia, no debemos quedarnos callados ante el abuso,
en cualquiera de sus manifestaciones.
Por amor a nuestra Iglesia y a tantas víctimas de abuso, no pode-
mos seguir repitiendo estos patrones de conducta abusiva, cambian-
do sacerdotes de un lugar a otro y argumentando que son pequeñas
faltas a la moral. El abuso existe siempre que hay una diferencia en
el poder, de uno sobre el otro. El sacerdote debe ser por el rol que le
corresponde como pastor y cuidador, el que pone los límites claros y
mantiene su poder como un verdadero servicio al cuidado de los que
Dios le ha confiado.
En los casos de mujeres adultas que han vivido abuso sexual, tam-
bién hay todos los síntomas propios de las victimas: ansiedad, admi-
ración y codependencia hacia su victimario, silencio, falta de sentido
de vida, miedo a hablar y denunciar, confusión en el rol de au-
toridad sacerdotal, falta de autoestima, inconsistencia en el discurso
ante el abuso porque lo justifican como una conducta que les genera
culpabilidad profunda.
EL DESGASTE DE LAS VÍCTIMAS QUE DENUNCIAN
En México, la mayoría de las víctimas —ya sea menores o adultos—
no denuncian porque se sienten culpables de la situación o por el
miedo a la autoridad a la que van a denunciar, a su investidura de mi-
nistro ordenado.
El marcado clericalismo que seguimos viviendo en nuestro país
lleva a las personas y familiares a quedarse callados ante los acon-
tecimientos, entonces, prefieren cambiarse de parroquia o dejar la
comunidad en la que estaban participando; como si eso resolviera
la incapacidad para denunciar.
Por otra parte, las pocas víctimas que se atreven a denunciar
deben pasar por un proceso prolongado de entrevistas en el tribunal
eclesiástico, con largas encuestas y juicios, mismos que terminan
llenando a la víctima de vergüenza y culpabilidad.
Muchos de estos casos difícilmente llegan a resolverse; lamenta-
blemente, se continúa con la práctica de sólo mover a los sacerdotes
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El abuso silenciado
denunciados a otras parroquias o lugares, para que ya no sean vi-
sibles ante las víctimas; lo que se justifica con la idea de que “no se
quiere perder una vocación”. Sin embargo, no se piensa a cuantas
víctimas más impactarán en los lugares a los que se les destina.
El proceso tampoco permite que se pueda denunciar o llevar a
juicio hasta que no sea totalmente comprobado; lo que puede gene-
rar años de silencio, y, entonces, las víctimas experimentan que se
encubre al victimario, porque no se quiere dañar su “buena fama”
—como lo expresa el derecho canónico— hasta que se compruebe
la denuncia. Estos plazos pueden durar varios años, en ocasiones,
incluso, el victimario fallece antes de haber recibido su sentencia.
FALTA DE CREDIBILIDAD DE LA IGLESIA
¿A dónde nos está llevando el silencio ante los abusos? A una falta
de credibilidad en la institución eclesiástica y en sus ministros
ordenados. Cada vez hay menos jóvenes que acuden a las actividades
religiosas y que se cuestionan profundamente si conviene o no se-
guir a Cristo en la Iglesia. Cada vez se escucha más la frase: “Quiero
conocer a Dios, pero no a su Iglesia”.
Tengo la convicción de que necesitamos recuperar en la Iglesia
ese amor que “busca la verdad” (cfr. 1 Cor 13, 6) en cada una de las es-
tructuras eclesiales.
No pretendo llegar a conclusiones finales, el deseo profundo es
favorecer el diálogo eclesial y pastoral, a todos los niveles, para in-
terrogarnos a nosotros mismos acerca de nuestras actitudes ante el
abuso sexual; para poder “descalzarnos” ante esta realidad.
¿Comprendemos qué es la asimetría de poder del ministro
ordenado? ¿Qué implicaciones tiene esa asimetría de poder que, mal
usada, puede derivar en abuso? ¿Estamos formando a los futuros
sacerdotes para vivir esta realidad con responsabilidad y cuidado
pastoral? ¿Cómo podemos favorecer una cultura del cuidado en las
estructuras y actividades eclesiales? ¿Qué formación se precisa en
los laicos para poder vivir de acuerdo con su estado y llamada, para
seguir a Cristo con mayor conciencia y corresponsabilidad? ¿De qué
manera concreta nuestras estructuras pastorales están abiertas a
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escuchar, acoger y acompañar el dolor de tantas mujeres y hombres
que han sido violentados sexualmente?
Termino mi reflexión haciendo eco del planteamiento de Murillo,
quien nos invita a una nueva manera de ver el abuso sexual, desde
una perspectiva más amplia, compleja, pastoral y estructural que nos
permita descubrir la gravedad del problema y la necesidad de tomar
conciencia ante el dolor de las victimas:
Si bien nos hemos centrado en el abuso sexual cometido a menores
de edad, busquemos no reducirse a la edad, sino a las asimetrías de
poder posibles que hacen que una interacción sea abusiva y vulnera-
toria. En base a esta definición proponemos, entonces, comprender el
abuso sexual en toda circunstancia en la que haya asimetría de poder
y aprovechamiento de esta asimetría para imponer una voluntad,
una sexualidad sobre otra persona.10
A todos los que experimentamos la llamada a una conversión
profunda, san Pablo nos invita a levantar la mirada sin temor, vi-
viendo con la certeza de que somos hijos e hijas de Dios y debemos
manifestarnos al mundo con esa dignidad:
No habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en
temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual
clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro
espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos;
herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos
juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.
[…] Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la ma-
nifestación de los hijos de Dios (cfr. Rom 8, 15-19).
10 Ibid.
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El abuso silenciado
REFERENCIAS
bbc “Catholic Church child sexual abuse scandal”, bbc (5 de octubre
2021). https://www.bbc.com/news/world-44209971
Congregación para la Doctrina de la Fe. Vademécum sobre algunos
puntos de procedimiento en el tratamiento de los casos de abuso se-
xual a menores cometidos por clérigos. Ciudad del Vaticano: Libreria
Editrice Vaticana, 2020.
Doyle, Thomas P. “The spiritual and psychological impact of sexual
abuse in the Catholic Church”, Journal of Religion and Abuse, no. 3
(2022). https://doi.org/10.1080/10538712.2022.2036789
Francisco, Carta del Santo Padre al Pueblo de Dios. Ciudad del Vaticano:
La Santa Sede, 2018.
Herrera, Felipe. “Papa Francisco ante los abusos: ‘Dios nos llama a un
cambio de mentalidad absoluto’”, Vatican News (12 de marzo 2024).
https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2024-03/papa-
francisco-mensaje-participantes-ceprome-panama-12-
marzo-24.html#:~:text=Papa%20Francisco%20ante%20los%20
abusos,de%20mentalidad%20absoluto%E2%80%9D%20%2D%20
Vatican%20News
Murillo, José Andrés, “Abuso sexual, de conciencia y de poder, una
nueva definición”, Estudios eclesiásticos, no. 373 (junio 2020). doi:
10.14422/ee.v95.i373.y2020.005
Red no te calles, cuéntalo (México: No te calles, cuéntalo, s.f). https://
www.notecallescuentalo.org/mexico/
Scicluna, Charles. “La responsabilidad pastoral frente al abuso sexual:
caminos de conversión eclesial”, Revista Eclesiástica, no. 2 (2021).
Tapsell, Kieran. Power and sexual abuse in the Catholic Church: Refra-
ming the narrative. gb: Routledge, 2019.
Adriana Guadalupe Ochoa Reynoso
Periodista, teóloga, maestra y doctora en educación. Directora de la
Cátedra de Teología en la upaep. Mentora en el programa spes de in-
vestigación fe y razón. Coordinadora de la Red Cuéntalo, tejiendo
espacios seguros.