La Cuestión Social, Año 34, n. 1 (2026) issn: 2992-8672 39

DAVID ARTURO SÁNCHEZ GARDUÑO
MÉXICO

LOS CUIDADOS: “UN
TRABAJO INCESANTE Y
DUPLICADO”
RESUMEN

Este artículo examina la dimensión subjetiva del trabajo de cuida-
dos y su papel en la reproducción social. En particular, sostiene
que la apropiación intensiva del tiempo en la actual organización
social del cuidado no sólo deteriora el cuerpo, sino que también
erosiona la autonomía mental de quienes cuidan. Para ello, ana-
liza la persistencia histórica de mecanismos de apropiación de la
fuerza de trabajo, cuyos antecedentes se remontan a la esclavitud
en la América Latina del siglo xix. A partir del testimonio de Juana
Álvarez, una mujer afroboliviana esclavizada, se identifican tres
rasgos centrales del trabajo de cuidados: su carácter duplicado,
al articular trabajo reproductivo y productivo, su condición in-
cesante, sin límites claros de tiempo ni espacio, y su evaluación
subjetiva, dependiente del agrado de quienes detentan el po-
der. Estos elementos permiten identificar resonancias entre el
régimen esclavista y las formas contemporáneas de organiza-
ción social de los cuidados, donde persisten formas intensivas
de desgaste físico, mental y afectivo en las mujeres. En diálogo
con los estudios feministas, se argumenta que el trabajo de cui-
dados contemporáneo mantiene un carácter de trabajo-inten-
sivo y género-específico que erosiona la salud física y mental.

Recepción: 24/04/2026. Aprobación: 22/05/2026.

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Sin embargo, su medición sigue limitada por herramientas con-
vencionales que no captan sus dimensiones emocionales, mora-
les y relacionales. La simultaneidad de tareas, la disponibilidad
permanente y la carga mental evidencian una forma de explota-
ción que desborda los estudios del uso del tiempo y cuya mag-
nitud permanece subrepresentada. Se plantea la necesidad de
reconceptualizar las categorías subyacentes en las estrategias
metodológicas empleadas para estudiar los cuidados.

Palabras claves: autonomía mental, carga mental, cuidados, ex-
propiación de tiempo, intensificación del trabajo.

ABSTRACT
This article examines the subjective dimension of care work and
its role in social reproduction. In particular, it argues that the in-
tensive appropriation of time within the current social organiza-
tion of care not only deteriorates the body, but also erodes the
mental autonomy of caregivers. To this end, it analyzes the his-
torical persistence of mechanisms for the appropriation of labor
power whose antecedents can be traced back to slavery in nine-
teenth-century Latin America. Drawing on the testimony of Juana
Álvarez, an enslaved Afro-Bolivian woman, the article identifies
three central features of care work: its duplicated character —ar-
ticulating both reproductive and productive labor—, its incessant
condition —without clear temporal or spatial boundaries—, and
its subjective evaluation, dependent upon the approval of those
who hold power. These elements make it possible to identify re-
sonances between the slave regime and contemporary forms of
the social organization of care, where intensive forms of physical,
mental, and affective exhaustion among women persist. In dialo-
gue with feminist scholarship, the article argues that contempo-
rary care work maintains a labor-intensive and gender-specific
character that erodes both physical and mental health. However,
its measurement remains limited by conventional tools that fail to
capture its emotional, moral, and relational dimensions. The si-
multaneity of tasks, permanent availability, and mental load reveal

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Los cuidados: “un trabajo incesante y duplicado”

a form of exploitation that exceeds the analytical scope of time-
use studies and whose magnitude remains underrepresented.
The article ultimately argues for the need to reconceptualize the
underlying categories embedded in the methodological strategies
used to study care work.

Key words: care work, mental autonomy, mental load, time expro-
priation, work intensification.

¿Es posible cribar
el trabajo de cuidados y obtener un amor puro?

¿Y si es las dos cosas? ¿Amor y trabajo?
Daniela Rea Gómez, Fruto.

En este trabajo se examina la apropiación de la autonomía mental
como un rasgo de intensificación del trabajo de cuidados. Su foco
está puesto en los factores subjetivos y psicológicos que profundizan
los mecanismos de explotación de la fuerza de trabajo de las mu-
jeres, pues sobre ellas recaen de manera desproporcionada tanto la
carga física como la mental de la reproducción social. Si bien conta-
mos con metodologías que permiten constatar la feminización de los
cuidados —mediante el estudio cuantitativo del uso del tiempo—,
atender la dimensión subjetiva puede contribuir a redimensionar la
magnitud de estas desigualdades y profundizar el análisis de un eje
aún poco estudiado por la literatura especializada.

Para ello, analizamos la carta de Juana Álvarez, una mujer es-
clavizada en el siglo xix, en la cual están plasmadas las condiciones
materiales y subjetivas de explotación que operaron en el régimen
esclavista. En este documento, de enorme valor testimonial, se alude
con claridad a mecanismos de explotación que exceden la extracción
física de la fuerza de trabajo, apuntalando el desgaste psíquico, la su-
perposición de jornadas género-específicas y la valoración subjetiva
del trabajo. A partir de estos tres ejes, se traza una línea de estudio en
la que se muestra que la apropiación de la autonomía mental prevalece
aún hoy bajo distintas formas de organización social de los cuidados:
la esclavista, la salarial-industrial y la transnacional contemporánea.

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Pese a que las condiciones históricas concretas en estos tres casos
sean disímiles —incomparables, incluso—, el propósito de articu-
lar dichos escenarios es el de rastrear empírica y conceptualmen-
te elementos que permitan dimensionar la explotación subjetiva
de un trabajo feminizado y socialmente desvalorizado. Se explora
un diálogo improbable entre sujetos situados en contextos incon-
mensurables con la finalidad de entrelazar sus experiencias con
un mismo hilo conductor: la colonización cognitiva y afectiva de la
disponibilidad mental femenina en el trabajo de reproducción social.

Los testimonios recientes que componen este artículo provienen
de entrevistas a mujeres migrantes latinoamericanas, realizadas
entre 2023 y 2024 durante investigación doctoral.1 Se trata de en-
trevistas a profundidad orientadas a explorar la organización de los
cuidados en contextos de movilidad humana sur-sur, en las que se
implementan técnicas de recolección de información diseñadas para
complementar los métodos cuantitativos usados convencionalmente
—encuestas y diarios del uso del tiempo—. A partir de explorar la
superposición de actividades, el cuidado que se realiza a distancia
(por medio de nuevas tecnologías de la comunicación), así como el
trabajo de tejer redes de cuidado, se encontró que el trabajo afectivo
y la carga mental que implican cuidar transnacionalmente quedan
subrepresentados en las cuentas del uso del tiempo; lo que sugiere
que las formas de desgaste y apropiación implicadas en el cuidado
transnacional exceden aquello que puede ser captado cuantitativa-
mente.

El presente artículo ahonda en la importancia de estudiar la di-
mensión subjetiva en la que acontece el trabajo de cuidados. A partir
de triangular testimonios de mujeres migrantes con fuentes histó-
ricas y estudios ergonómicos del mundo del trabajo remunerado, se
encuentra viable analizar la apropiación de autonomía mental desde
la categoría “intensificación del trabajo”, entendida en la tradición
marxista como un mecanismo de incremento de la extracción de

1 David Arturo Sánchez Garduño, “En el espejo de mis vínculos. Experiencias de mujeres
migrantes latinoamericanas cuidando transnacionalmente desde México”, tesis doc-
toral (México: Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, 2024), 21-29.

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Los cuidados: “un trabajo incesante y duplicado”

plusvalor a partir del aumento del ritmo y el nivel de exigencia del
trabajo. Este mecanismo, ya perceptible en el testimonio de Juana,
continúa operando en la organización social de los cuidados que hoy
atraviesan las mujeres migrantes.

LA CARTA DE JUANA

En mayo de 1810, Juana Álvarez enfrentó con puño y letra el régimen
que la sometía. En una carta dirigida al juez de La Plata —antiguo
nombre de Sucre, capital de lo que hoy conocemos como Bolivia—
expone un infeliz giro en su destino. Tras once años de realizar
labores forzadas en una hacienda, sus propietarios terminan por
aborrecerle, lo cual atiza la urgencia de solicitar ayuda ante posibles
agravios a su integridad. El texto dice:

Al Señor Presidente:

Juana Alvarez, soltera negra esclava de Nacion Banguel puesta a los
pies de V.S. con mi rendimiento, Digo que ha el espacio de mas de
onze años en reconocimiento de mi esclavitud he revido con toda
sugeción, amor y fidelidad a dn Hermenegildo Alvarez, y su distinguida
Da. Francisca Toledo, en cocinar labar la ropa blanca, y quanto ha
ocurrido a su entera familia, en todo a beneplácito y agrado suyo, no
solo como de sexso femenil, si también de varonil
en el trabajo de su Ha-
zienda de… Pero Sr. Piadoso y recto Juez, hallandome al presente ya
descaecida de las fuerzas naturales, escascada de los necessarios ali-
mentos, y vestuario, de suerte que solo tengo el que traygo al cuerpo
en un trabajo incesante y duplicado, siendo la… estar yo abominada
de dicha Francisca, de modo que mis servicios ya le desagradan,
solicito en remedio pronto que se me venda, segun acredita la Boleta
que presto y juro mas como en ella se haya abultado el valor de mi
esclavitud hasta quinientos, por ser libres de Alcavala, me es preciso
implorar la piedad que en v.s. resplandece para que con atencion a mi
servicio de mas de onze años, y que según mi aspecto mi servicio de
mas de veinte años, me compraria otro D. Hermenegildo antes de la
puvertad, como podra constar de la respecxtiva escritura en mucho

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menor precio de lo que ahora pretende, se sirva la recta y zelosa jus-
tica de V.S. mandar que se me venda en cuatrocientos pesos, pagando
el real derecho de Alcavala el vendedor conforma a estilo corriente,
poniendoseme de pronto en otra casa a fin de que libremente solicite
comprador y evite algunos agravios que justamente… executen en
mi infeliz persona
…2

De forma que Juana —quien porta el apellido de su “amo” como
marca de apropiación identitaria— no dice explícitamente el por-
qué del cambio de parecer ni el origen de tal desagrado. La misiva,
escrita en un español antiguo, explica que le fueron arrebatadas sus
fuerzas físicas al punto del descaecimiento. Entonces, lo que está en
juego en esta solicitud no es únicamente un cambio de dueño, sino
la posibilidad de salir con vida aún en las mínimas condiciones de
subsistencia.

Es importante enfatizar cómo la esclavitud no silencia a Juana
ni el miedo la paraliza. Por el contrario, al tratarse de alguien que
alza la voz desde el escalafón más bajo de la jerarquía social de su
época, su tenacidad es digna de resaltar. Juana utiliza argumentos
y justifica su postura ante un funcionario público varón ubicado en
la cúspide del sistema de rangos, el susodicho “señor presidente”.

La carta hace un recuento de lo que la esclavitud implicaba para
una mujer racializada de su época. Se trata de un testimonio con
altísimo valor para rastrear la superposición de actividades generi-
zadas, la imbricación de los ejes de género, raza y clase, así como la
explotación intensiva de las fuerzas físicas y morales de las muje-
res. Con sutileza, sugiere que quizás el desprecio que sufre refleja la
depreciación de su mano de obra y, aún peor, de ella misma.

También es crucial subrayar que no se trata de prenociones rudi-
mentarias sobre conceptos modernos —como los de doble jornada o
división sexual del trabajo—, sino de la lucha férrea de una mujer que
encaró al modelo esclavista y su organización patriarcal, en el cual

2 Juana Álvarez, “Esclava negra solicita libertad”, en Beatriz Rossells, Las mujeres en la
historia de Bolivia. Imágenes y realidades del siglo xix
(La Paz: Anthropos, 2001), 110. Las
cursivas son nuestras.

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Los cuidados: “un trabajo incesante y duplicado”

(sobre) vivió y defendió su vida. Entonces, su experiencia encarnada
nos da pistas sobre la genealogía histórica de formas de explotación
contemporáneas.

Dicho esto, interesa profundizar en tres características mencio-
nadas con notable precisión. En primer lugar, es un trabajo duplicado
compuesto por actividades feminizadas —que hoy denominamos
trabajo doméstico y de cuidados (cocinar, lavar ropa, atender a la
familia)— y trabajo en la hacienda, que se asocia al género mas-
culino. La distinción entre trabajo “de hombres” y “de mujeres”
no opera estrictamente como división, sino como mecanismo de
expansión del control sobre el cuerpo y el tiempo de Juana, pues
resulta evidente que la explotación desborda los roles generizados.

Se trata, así, de una superposición forzada de lógicas productivas
y reproductivas que, en lugar de separarse, se refuerzan y desbordan
la geometrización de espacios “puertas afuera-puertas adentro”. No
sabemos si fue una forma de ejecutar un castigo ejemplar sobre Jua-
na o de balancear el poco valor que ella generaba, pero sí ejemplifica
el “desprecio” generalizado en la lógica de dominación propia del
régimen esclavista.

En segundo lugar, es un trabajo incesante, el cual impide la re-
cuperación necesaria de la fuerza vital al punto de la degradación
exhaustiva. Un régimen que, como relata Juana, hace más añosa su
faz —de 11 a 20 años, si se considera que se le compró como esclava
antes de la pubertad—. El traslape de jornadas y su ritmo incesante
amplifican la explotación, deteriorando gravemente su salud tanto
física como mental, como denota la angustia palpable en la carta.

Resulta notorio que el yugo percibido invade todo el rango es-
paciotemporal disponible, sin horario o calendario que lo contenga.
Es decir, no es sólo que se relativice la jornada laboral, sino que
se totaliza en la experiencia. El tiempo deja de estar segmentado
en unidades reconocibles trabajo/descanso, para convertirse en una
continuidad indiferenciada de disponibilidad infinita.

En tercer lugar, se trata de un trabajo a beneplácito y agrado, eva-
luable únicamente por la discrecionalidad de sus captores. Esto aña-
de un elemento de arbitrariedad radical que desestabiliza cualquier
referencia objetiva al valor del trabajo o al reconocimiento de su

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desempeño. Se concreta así una relación socioafectiva asimétrica,
una forma de “poder voluble” donde la sobrevivencia depende de la
gestión emocional y el deseo ajeno de quienes dominan.

Para Juana, ser aborrecida por doña Francisca no sólo implica la
“depreciación” de su fuerza de trabajo, sino que ella misma “pierde
su valor” como persona. Basta un cambio caprichoso o circunstan-
cial para dejarle a la intemperie de la vida. Dicho desprecio resulta
especialmente amargo tras haber dedicado más de una década al
servicio de esta familia, “con toda sujeción, amor y fidelidad”, des-
nudando el carácter instrumental de una relación basada en el robo
al tiempo de vida.

En suma, la carta expone un régimen de explotación que duplica
e intensifica la jornada de Juana, al mismo tiempo que exprime al
máximo la dimensión afectiva de su trabajo. Especialmente, interesa
profundizar en la dimensiones simbólica, moral y psicológica de la
explotación, debido a su imposible traducción a parámetros cuan-
titativos como salario o tiempo invertido. Más que una anomalía
histórica, se retrata una experiencia límite que persiste bajo mo-
dalidades análogas en el presente, por lo que es necesario rastrear
cómo opera en la actual organización social de los cuidados.

INTENSIDAD DEL TRABAJO Y ROBO AL TIEMPO DE VIDA

El régimen que Juana describe en la carta no se extinguió completa-
mente, pues la abolición formal de la esclavitud no evitó la prolon-
gación y el surgimiento de formas contemporáneas de esclavización,
como la trata de personas. Asimismo, prevalecen sus mecanismos
de extracción de valor, pues el desarrollo del capitalismo durante
el siglo xix avanzó de la mano de la apropiación del trabajo y de la
autonomía de las mujeres. La consolidación del régimen salarial-
industrial institucionalizó nuevas formas de desvalorización del
trabajo reproductivo fundadas en la “división sexual del trabajo” y
las figuras del “hombre proveedor” y la “mujer cuidadora”.3

3 Nancy Fraser, Los talleres ocultos del capital: Un mapa para la izquierda (Madrid: Trafi-
cantes de Sueños, 2020), 71-93.

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Los cuidados: “un trabajo incesante y duplicado”

De forma que se instituyó una arquitectura social en la que el
trabajo productivo —masculinizado y asalariado— se conceptua-
lizó como fuente legítima de valor, mientras que el reproductivo
—feminizado, invisibilizado y relegado al ámbito doméstico— ni
siquiera fue reconocido como trabajo. Esta escisión no opera al mar-
gen del capitalismo; por el contrario, es parte de sus condiciones
de posibilidad, pues permite sostener la reproducción cotidiana de
la mercancía fuerza de trabajo mediante la apropiación sistemática
del tiempo, la energía y la autonomía de las mujeres.4 Este aspecto
resulta clave para comprender cómo las formas de intensificación
del trabajo atraviesan también la reproducción social.

Medio siglo transcurrió desde el testimonio escrito por Juana
Álvarez, cuando Karl Marx escribió que “el límite último o límite
mínimo del valor de la fuerza de trabajo es el valor de los medios
de subsistencia físicamente indispensables. Si cae por debajo de ese
límite, sólo puede mantenerse y desarrollarse de forma atrofiada”.5
Para sostener la extracción de valor de la fuerza de trabajo es ne-
cesario que esta fuerza se reproduzca en iguales proporciones a la
cantidad de valor que extraen los procesos de desgaste y muerte.

Si el valor del salario está por debajo del valor de la fuerza de
trabajo, el obrero no puede desarrollar su capacidad productiva y lo
que conlleva acelerar su desgaste prematuro. Más aún, tales cir-
cunstancias impedirían la reposición de la fuerza física y mental,
constituyendo un robo al valor de la fuerza de trabajo en tiempo
de vida. En otras palabras, la subsunción real del tiempo de vida
al capital conlleva la degradación intensiva de la calidad moral del
trabajador:

No queda tiempo, por consiguiente, para el desarrollo intelectual,
para el libre ejercicio del cuerpo y del espíritu. El capital monopoliza
el tiempo que exigen el desarrollo y sostenimiento del cuerpo en
completa salud, escatima el tiempo de las comidas y reduce el tiempo

4 Silvia Federici, El patriarcado del salario. Críticas feministas al marxismo (Madrid: Tra-
ficantes de Sueños, 2018), 69-80.

5 Karl Marx, El capital. Crítica de la economía política (México: Siglo xxi, 2000), 202.

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del sueño al mínimum de entorpecimiento, sin el cual el extenuado
organismo no podría funcionar. No es, pues, el sostenimiento regular
de la fuerza de trabajo el que sirve de regla para la limitación de la
jornada de trabajo; al contrario, el tiempo de reposo concedido al
obrero está regulado por el mayor gasto posible de su fuerza por día.6

Aumentar el ritmo y el nivel de degradación por vía de la pro-
longación e intensificación de la jornada implica la imposibilidad
de pagar el valor real de la fuerza de trabajo. Marx explica que “la
fuerza de trabajo tiene exactamente el mismo valor de los medios
de subsistencia necesarios al que la pone en acción, para que pue-
da comenzar al día siguiente en idénticas condiciones de energía
vital”.7 La concentración del trabajo en una unidad determinada de
tiempo a partir de la optimización de los ritmos de trabajo, el uso
más eficaz de maquinaria y técnicas de control que obligan a los
trabajadores a realizar más esfuerzo en menos tiempo se denomina
“intensificación”. Lo cual implica el aumento de la tasa de explo-
tación del trabajador, ya que este no recibe compensación por el
incremento en la carga de trabajo y se ve forzado a producir más en
el mismo tiempo.

Así, intensificar es reorganizar el proceso productivo para ex-
primir más trabajo en el mismo periodo, lo que lleva a una mayor
extracción de plusvalor. No es simplemente trabajar más rápido,
sino una forma de organización social del trabajo que maximiza la
extracción de valor. Al hacer que los trabajadores produzcan más en
menos tiempo, el capitalista puede aumentar la cantidad de trabajo
excedente (plusvalor) sin necesidad de ampliar la jornada laboral.
Las condiciones que reorganizan la experiencia concreta del trabajo
para concentrar en ella mayores niveles de esfuerzo que el mero au-
mento de la jornada de trabajo (extracción de plusvalor absoluto) se
alcanzan propiciando una mayor densidad productiva en el mismo
lapso (extracción de plusvalor relativo).

6 Ibid., 375.
7 Ibid., 200.

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Los cuidados: “un trabajo incesante y duplicado”

En los estudios ergonómicos del trabajo remunerado contem-
poráneo, se han identificado factores que intensifican “el ritmo de
trabajo físico y mental de las tareas realizadas durante la jorna-
da laboral”.8 Dicho proceso estaría directamente relacionado con la
“simultaneidad de tareas” (multitasking), la “complejidad de las ta-
reas” a desempeñar, las “consecuencias” asociadas a su realización
u omisión —puesto que elevan los niveles de presión y responsa-
bilidad asociada sobre quienes trabajan—, el “número de interrup-
ciones”, las “condiciones laborales” —salarios, horarios, ambiente
laboral—, así como el “grado de conocimiento y habilidades reque-
ridas” para desempeñar las actividades. Incluso se valora el “nivel
de satisfacción con el trabajo”, en tanto intermedia la relación entre
la apreciación subjetiva y las tareas realizadas.

Estos factores conforman un entramado desde el cual es posible
comprender la articulación de condiciones objetivas y subjetivas. Por
un lado, reorganizan el proceso productivo para aumentar la extrac-
ción de valor; por otro lado, inciden exhaustivamente en la disponi-
bilidad de tiempo para la reproducción de la vida. Cabe aclarar que
mientras la intensificación refiere al aumento de la densidad de traba-
jo en una misma unidad de tiempo, el robo al tiempo de vida describe
la expansión de esa lógica hacia la totalidad de la experiencia. Dos
procesos que rara vez operan de forma aislada y que, por el contrario,
tienden a imbricarse, habilitarse mutuamente y potenciarse.

En términos marxianos, cuando el ritmo, la complejidad y la pre-
sión del trabajo se incrementan sin una compensación equivalente,
se produce un desbalance entre el desgaste de la fuerza de trabajo y
las condiciones para su reposición. Esto implica un robo al tiempo
necesario para el descanso, el autocuidado, el desarrollo intelectual
y la vida social, lo que es progresivamente reducido o subordinado
a las exigencias del capital.

Leída a la luz de este marco analítico, la experiencia descrita
por Juana Álvarez exhibe formas de intensificación del trabajo que

8 Francis Green, “It’s Been a Hard Day’s Night. The Concentration and Intensification of
Work in Late Twentieth-Century Britain”, British Journal of Industrial Relation, no. 1 (2001):
53-80; citado en Ronald J. Burke, Parbudyal Singh y Lisa Fiksenbaum, “Work Intensity:
Potential Antecedents and Consequences”, Personnel Review, no.39 (2010), 56.

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exceden la mera prolongación de la jornada e incrementan el nivel
de esfuerzo mental. El carácter duplicado de sus labores evidencia
que la extracción de valor no sólo se amplía cuantitativamente, sino
cualitativamente, puesto que implica simultaneidad de actividades,
conocimientos y habilidades —tanto del sexo femenil y varonil como
de espacios puertas afuera y puertas adentro—. Su condición ince-
sante
, si bien deviene de la esclavitud, expone condiciones de explo-
tación precapitalistas que ya recurrían a la obstrucción radical de la
reposición de la fuerza de trabajo y en donde las consecuencias por
acto u omisión eran letales. Finalmente, la evaluación a beneplácito
y agrado
introduce un criterio subjetivo que transforma el nivel de
satisfacción con el trabajo
—no el de Juana, pero sí el de sus capto-
res— en un arma de sometimiento usada a discreción.

Si estos mecanismos de intensificación están presentes tanto en
contextos esclavistas como en el mundo del trabajo remunerado
actual, ¿cómo se configura la apropiación de la autonomía mental
en el trabajo de cuidados? ¿Cómo incide la intensificación del traba-
jo en la experiencia de quienes cuidan en estos contextos?

LOS CUIDADOS COMO TRABAJO-INTENSIVO

La apropiación de la “autonomía mental” de quienes realizan trabajo
de cuidados trasciende la simple explotación material: es absoluta e
intensiva, configurando una realidad psicológica abocada al cuida-
do de un otro masculinizado. Por “autonomía mental” entiendo la
capacidad de las personas para disponer de su atención, su tiempo
psíquico y sus procesos de pensamiento, sin subordinarlos de forma
permanente a las necesidades de otras personas. Así, el cuidado no se
ajusta a la lógica lineal del tiempo laboral, sino que se expande,
se superpone y se infiltra en los intersticios de la vida, haciendo eco
de los factores identificados previamente como intensificadores del
ritmos físico y mental del trabajo.

Por un lado, los cuidados suelen realizarse en una simultaneidad den-
sificada; es decir, actividades que se comprimen y superponen en una
misma unidad temporal para sostener varios registros a la vez —en-
tre lo que se está haciendo, lo que ya se anticipa y las consecuencias,

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Los cuidados: “un trabajo incesante y duplicado”

en caso de no actuar a tiempo—. Verbigracia, mientras vamos en el
transporte o cocinamos, también supervisamos, gestionamos y orga-
nizamos mentalmente los cuidados —lo que resuena con el engañoso
eufemismo del multitasking, conveniente al modelo de acumulación
capitalista.

A ello se le suma la transgresión sistemática del tiempo de ocio,
vacaciones y descanso, así como la fragmentación del trabajo de
cuidados en pausas, interrupciones o tiempos extras, siempre al
ritmo de las circunstancias. El régimen de cuidados es exhaustivo y
extenuante. Incluso, durante el sueño se sostiene una “vigilia cui-
dadora”, un oído atento a cualquier ruido, un cuerpo dispuesto a in-
terrumpir su descanso ante la mínima señal. Como lo explicó una
madre nicaragüense:

Estoy al pendiente de que [mi hija] esté respirando. Hay mamás que
dicen: ‘¿está respirando? ¿Te mueves?’. Si oyes un ruido —yo tengo
el sueño ligero—, con cualquier ruido te despiertas, abres el ojo y
dices, ‘¿está respirando? Sí, está respirando. Muy bien’. Y me vuelvo
otra vez, instantáneamente, a caer dormida.9

Por otro lado, se cuida en condiciones de alta responsabilidad física
y emocional
. Sostener un estado de atención y preocupación cons-
tante por otras personas implica una disponibilidad continua, durable
y, muchas veces, personalizada, la cual requiere de conocimientos y
habilidades especializadas. Aunado a esto, el cuerpo deviene herra-
mienta laboral, incorporando una dimensión corpórea, sensorial e,
inclusive, sexual, que complejiza el análisis de los cuidados. Las
relaciones personales que se tejen y sus respectivos componentes
emocionales generan vínculos de gran voltaje en términos de sen-
sibilidad, compromiso, satisfacción y frustración. Una madre brasi-
leña lo puso en palabras de esta forma:

Yo no nací para ser madre. Amo a mis hijas. Las amo con todo mi
amor y moriría por ellas. Pero el trabajo de ser madre me choca.

9 Entrevista a madre nicaragüense, realizada por el autor, 2023.

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Sección temática david arturo sánchez garduño

Lo odio hacer. Odio estar como... no tengo paciencia para que coman y
que escupan lo que cocino y que me pidan jugar y que no quiera jugar
y que me estén chingando. No tengo paciencia. No soy una persona
así que... No soy de niños. Y las amo con todo mi corazón, pero este
trabajo full time es muy agotador. Y muy frustrante… [mi hija mayor]
quiere mucho que esté con ella, que juegue con ella y yo, a mí no me
gusta, no tengo paciencia y entonces como que siempre es una pelea.
Peleamos mucho, ella y yo, mucho. Ella vivió sus cinco años bajo gri-
tos y amenazas. Un ambiente muy tóxico de mi parte. Por el mismo
estrés y, pues, quién sabe… Frustración no sé de qué.10

Por último, se cuida en contextos donde las fronteras entre el
espacio doméstico y el espacio público se diluyen. La distinción
puertas adentro-puertas afuera no capta la diversidad de escenarios
ni de dinámicas de cuidado; mucho menos cuando estos van más
allá del contacto cara a cara. Los cuidados a distancia —actividades
de escucha, acompañamiento, supervisión y consejería a través de
videollamadas y mensajería instantánea— multiplican nuestro
tiempo de dedicación al sostenimiento de la vida, sobre todo, du-
rante y después de la pandemia de Covid, siendo aún parte de la caja
negra de los cuidados
. Y no sólo aluden a las actividades de brindar
cuidados, sino también al hecho de recibirlos como lo expresó una
madre colombiana:

Si tú tienes un problema en el culo del mundo, en Argentina, pues yo
estaré lejos, pero desde aquí busco la manera que tú estés bien allá.
Si yo tengo un problema, digo: ‘bueno, puedo luchar aquí por la vida,
con mis brazos, como sea, lo puedo hacer porque tengo la capacidad de
hacerlo’. Pero, emocionalmente, mi capacidad a veces no es la misma.
Es con la fuerza de mis brazos, ¿no? A veces se pone uno emocional.
Entonces, yo levanto el teléfono y ya, sale uno como ‘reseteado’ para
la siguiente. Por eso siempre están aquí conmigo, por medios de co-
municación, su presencia diaria es real. Ellas saben mi día a día.11

10 Entrevista a madre brasileña, realizada por el autor, 2023. Las cursivas son nuestras.
11 Entrevista a madre colombiana, realizada por el autor, 2023.

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Los cuidados: “un trabajo incesante y duplicado”

En ese sentido, diversos estudios coinciden en caracterizar los
cuidados como actividades trabajo-intensivas.12 En ellas, la exigencia
no se mide únicamente por su duración, sino por las cargas físicas,
cognitivas y afectivas que concentran, al mismo tiempo que se alie-
na a quienes cuidan como locus genérico de fuerza de trabajo. La
cara oculta de la apropiación material-corporal en el trabajo de cui-
dados es la desposesión de la autonomía mental mediante la extracción
intensiva del tiempo
de quienes cuidan (mayoritariamente, mujeres),
avasallando su gestión del tiempo propio y su autodeterminación.
Como señala Colette Guillaumine:

El pánico en el que se sienten sumergidas tantas mujeres cuando
sus hijos están recién nacidos, llámesele depresión nerviosa, ‘depre’
o fiebre puerperal, ¿qué otra cosa es sino la constatación de desa-
parecer?, que somos devoradas, no sólo física sino mentalmente.13

En tanto actividades trabajo-intensivas, los cuidados implican
altos niveles de agotamiento mental y físico, bien reportados en
la literatura. Las Encuestas del Uso del Tiempo (eut) —metodo-
logía por excelencia para la captación del trabajo no remunerado
doméstico y de cuidados en los hogares— también pueden dar
cuenta del riesgo a la salud implícito en la apropiación de la fuerza
de trabajo. A partir de analizar la cantidad de horas destinadas
al desempeño de ciertas actividades y su distribución, arrojan datos
duros que permiten comprender diagnósticos como el síndrome del
cuidador quemado. Asimismo, permiten calcular el déficit de tiempo
necesario para reponer esta energía, ya sea por vía del descanso
o el autocuidado.

12 Juliana Díaz Lozano y Mariano Féliz, “Reproducción de la vida, superexplotación y or-
ganización popular en clave feminista: una lectura desde Argentina”, en Cuestiones de
Sociología
, no. 23 (2020), 101; Marius Domínguez Amorós, “Lecciones aprendidas en la
medición de los tiempos de cuidados”, en Karina Batthyány, Miradas latinoamericanas
a los cuidados (Buenos Aires: Clacso, 2020), 471-503; Nancy Folbre, Cuantificación del
cuidado: problemas de diseño y armonización en las encuestas sobre uso del tiempo
(Ciu-
dad de México: onu Mujeres, 2021).

13 Colette Guillaumin, “Práctica del poder...”, en eds. Ochy Curiel y Jules Falquet El patriar-
cado al desnudo: tres feministas materialistas: Colette Guillaumin, Paola Tabet, Nicole-
Claude Mathieu
, (Madrid: Brecha Lésbica, 2005), 38.

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Sección temática david arturo sánchez garduño

Sin embargo, cuidar configura una experiencia que no puede
reducirse a unidades espaciotemporales discretas ni a jornadas de-
limitadas. Margarita Garfias y Jana Vasil’eva señalan que “nuestra
moneda es el tiempo, estiramos nuestro tiempo, nuestra salud y
estrechamos nuestro espacio vital para poder brindar el cuidado que
requieren otras personas”.14 La noción cuantitativa y unidimen-
sional que subyace a las eut no capta con justicia la expropiación
intensiva del tiempo propio y del tiempo para el descanso, el des-
gaste en la salud física, mental y emocional, ni las condiciones pre-
carias en las que acontecen los cuidados. Además, persisten desafíos
metodológicos en estas encuestas que van desde dificultades para
captar la superposición de actividades, su jerarquización (cuál es la
principal y cuál la secundaria), problemas en la clasificación y con-
ceptualización (por ejemplo, clasificar como “uso de medios de co-
municación” a actividades de cuidados a distancia) que invisibilizan
la desposesión de la autonomía mental.

En cambio, reconocer la densidad temporal, emocional y cua-
litativa de los cuidados permite comprender cómo la intensifica-
ción se traduce en un despojo sistemático del tiempo de vida y los
mecanismos por los que permanece estructuralmente oculto. En
este marco, el trabajo de cuidados revela su carácter profundamente
ambivalente: al tiempo que constituye el soporte indispensable del
bienestar social y la reproducción de la vida, ha sido históricamente
funcional a la reproducción del capitalismo y del orden patriarcal.

Aunque las formas de explotación han mutado, la apropiación
de la fuerza de trabajo —del tiempo de vida y la autonomía subje-
tiva— se mantiene como una constante en la organización social
del trabajo de sostener la vida. Así, la experiencia de Juana aparece
como una expresión vigente de un régimen de explotación que, le-
jos de extinguirse, reconfigura continuamente los mecanismos de
dominación sin desarticularlos.

Resulta necesario hacer hincapié en una perspectiva que permita re-
conocer la subjetividad y la vulnerabilidad de las personas, sus frágiles

14 Margarita Garfias y Jana Vasil’eva, 24/7: De la reflexión a la acción, por un México que
cuida. (Ciudad de México: Friedrich Ebert Stiftung, 2020), 10.

La Cuestión Social, Año 34, n. 1 (2026) issn: 2992-8672 55

Los cuidados: “un trabajo incesante y duplicado”

y vitales entramados relacionales con el mundo, en línea con la pre-
misa de este artículo: analizar la intensificación del trabajo de cuidados
permite tejer las dimensiones objetivas con las subjetivas y, así, salir de la
caja negra del tiempo cronológico.

POR UNA RECLASIFICACIÓN DEL TIEMPO DE CUIDADOS

La comprensión del trabajo de cuidados que proponemos exige re-
plantear las categorías con las que analizamos de antemano el tiem-
po. Lejos de ser una magnitud homogénea y mensurable, el tiempo
se experimenta de manera diferencial según las posiciones sociales
y de género. Como han señalado Barbara Adam y Carmen Leccardi,
el tiempo del reloj —cuantitativo, abstracto y traducible en valor—
coexiste con un tiempo de la experiencia que se organiza en función
de las relaciones, las necesidades y las interdependencias.15

En el caso de las mujeres, esta experiencia se expresa mejor bajo
la óptica de una doble presencia: la exigencia simultánea de respon-
der al tiempo productivo y a la gestión de los tiempos familiares y de
cuidado, históricamente asignados como responsabilidad género-
específica. Así, el tiempo de los cuidados es menos un conjunto de
datos y más un entorno que se habita, se anticipa y se sostiene;
articulando pasado, presente y futuro en una trama de vínculos que
desborda cualquier registro lineal. No existe un “afuera” del cuidado
claramente delimitado, un tiempo plenamente disponible para sí que
no esté mediado, anticipado o condicionado por las necesidades de
otras personas.

Incluso, cuando no se ejecutan tareas concretas, persiste una
disposición latente a cuidar que organiza la experiencia cotidia-
na de las mujeres, con independencia de si se vive desde el goce o
la frustración. Así lo manifestó una madre uruguaya:

15 Barbara Adam, “Modern Times: The Technology Connection and Its Implications for
Social Theory”, Time & Society, no. 2 (1992), 175-191; Barbara Adam, “The Gendered Time
Politics of Globalization: Of Shadowlands and Elusive Justice”, Feminist Review, no. 1
(2002), 3-29; Carmen Leccardi, “Tiempo y construcción biográfica en la ‘sociedad de la
incertidumbre’: reflexiones sobre las mujeres jóvenes”, Nómadas, no. 16 (2002), 42-50.

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Sección temática david arturo sánchez garduño

Nunca me creí mucho esta cosa de mi vida y mi tiempo. Me gustan
las dos cosas. Me gusta mi trabajo y me gusta la actividad familiar,
lo que compartimos en familia. Entonces, no siento que mi tiempo
sea distinto, por ejemplo, de lo que disfruto charlando con mi esposo
o con mi hijo. […] yo no lo vivo como un no-tiempo-mío. Puedo ser
yo, puedo decir lo que pienso, como que mi rol de madre no supone
una sobreactuación ni de seguridad ni de autoridad, entonces yo
puedo mostrarme vulnerable, dubitativa, cansada, frustrada, y eso
ser bien recibido por mi hijo.16

Es de especial interés señalar que dimensiones como la felicidad
o la frustración —difícilmente reducibles a indicadores cuantitati-
vos— se vuelven fundamentales para comprender la experiencia del
cuidado y los horizontes de cambio que las personas imaginan. Ade-
más, hablar de felicidad o infelicidad puede no tener un fundamento
teórico inequívoco, pero es inteligible en la vida cotidiana y funciona
como puente de entendimiento mutuo a un nivel heurístico.

Los elementos subjetivos bosquejados con las entrevistadas no
sólo transmiten con mayor elocuencia la extracción de fuerza de
trabajo femenina, sino que visibilizan el ordenamiento irregular
de la organización de los cuidados. A pesar de que pueda existir
una relativa corresponsabilidad, por ejemplo, dentro de la pareja, el
ordenamiento social de los cuidados puede despertar sentimientos
antimaternalistas
, como me comentó una madre argentina:

Yo y mi esposo lo tenemos tatuado. No queremos otro hijo u otra hija
porque ha sido tan intenso, pero en un sentido bastante negativo
esta experiencia primera, que no queremos saber nada de volver a
pasar por la misma experiencia. Sabemos que puede que sea dis-
tinta, porque estamos parados desde otro lugar, porque tenemos
recursos diferentes, recursos de todo tipo diferentes, emocionales,
económicos, etcétera. Pero, aun así, siempre decimos no hay deseo
de maternar, no hay deseo de paternar
, no hay deseo de pasar por toda

16 Entrevista a madre uruguaya, realizada por el autor, 2023. Las cursivas son nuestras.

La Cuestión Social, Año 34, n. 1 (2026) issn: 2992-8672 57

Los cuidados: “un trabajo incesante y duplicado”

esa fase de cuidados tan intensos. […] Hasta racionalmente yo no lo
entiendo. Y me cuesta mucho empatizar con las familias que tienen
más de un hijo o de una hija, porque está el sesgo de lo que nos pasó
a nosotros.17

En esta línea, Cristina Carrasco propone incorporar la experiencia
vivida como dimensión analítica, atendiendo al bienestar o malestar
en el uso del tiempo, a los deseos y posibilidades de transformación
de la vida cotidiana, a las dificultades para compatibilizar activi-
dades, a los apoyos emocionales que se brindan, así como a las for-
mas de estar atenta que caracterizan a los cuidados pasivos.18 Asi-
mismo, la autora enfatiza la importancia de comprender los vínculos
entre quienes cuidan y quienes reciben cuidados, las tensiones y
satisfacciones que emergen en estas relaciones, así como sus efectos
sobre la salud, la vida profesional, el ocio y la vida familiar. Desde
esta perspectiva, resulta necesario avanzar hacia una reclasificación
del tiempo de cuidados que permita captar su densidad subjetiva y
relacional.

Nos apoyamos en el término “carga mental”, herramienta con-
ceptual particularmente fecunda para este tipo de análisis. Pro-
veniente de la ergonomía del trabajo remunerado, este concepto
permite comprender la relación entre las exigencias de una tarea, las
condiciones en las que se realiza y los recursos cognitivos y afectivos
disponibles para afrontarla. Este enfoque parte del reconocimiento
de que las capacidades humanas para procesar información y soste-
ner la atención son limitadas, y que su sobreexigencia genera fatiga,
frustración, monotonía y alteraciones fisiológicas. En palabras de
Isabel de Arquer:

La carga de trabajo mental remite a tareas que implican fundamen-
talmente procesos cognitivos, procesamiento de información y aspec-
tos afectivos; por ejemplo, las tareas que requieren cierta intensidad

17 Entrevista a madre argentina, realizada por el autor, 2024. Las cursivas son nuestras.
18 Cristina Carrasco, “El tiempo más allá del reloj: las encuestas de uso del tiempo revisi-

tadas”, Cuadernos de Relaciones Laborales, no. 2 (2016), 357-380.

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Sección temática david arturo sánchez garduño

y duración de esfuerzo mental de la persona en términos de con-
centración, atención, memoria, coordinación de ideas, toma de de-
cisiones, etc. y autocontrol emocional, necesarios para el buen des-
empeño del trabajo.19

Trasladado al ámbito de los cuidados, este modelo permite vi-
sibilizar una compleja interacción entre exigencias de la tarea,
condiciones del entorno y recursos subjetivos. La simultaneidad
de actividades, la necesidad de gestionar información constante, la
responsabilidad sobre el bienestar de otras personas y la imposibi-
lidad de diferir ciertas acciones configuran demandas cognitivas y
emocionales que intensifican los cuidados. El testimonio de la madre
brasileña lo ejemplifica muy bien:

[Ser madre] es muy cansado, es un tema muy cansado, tú estás pen-
sando todos los segundos de tu día, especialmente cuando estás con
tus hijos, que se pueden lastimar. Por ejemplo, [mi esposo] trae sus
monedas en el bolsillo. Sabe perfectamente que un niño traga una mo-
neda y es lo más peligroso que hay. Se sienta, tira monedas por todo
el lugar y él es el último en ver que hay monedas en el piso. Y yo
siempre soy ‘Oye wey, ¿qué pedo con tus monedas, wey?’. Eso, desde
hace cinco años. Entonces, es un tema que... O sea, los hijos son la
prioridad número cien de los papás.20

Estas exigencias se ven moduladas por condiciones materiales —
como el espacio físico o los recursos disponibles—, por formas de
organización social —jerarquías familiares, redes de apoyo o con-
flictos— y por marcos más amplios de carácter cultural, económico y
político. Así, la carga mental del cuidado no es un atributo individual
—como suele plantearse en el discurso mediático contemporáneo—,
sino el resultado de una articulación compleja entre niveles de la vida
social que intensifican o amortiguan la experiencia del trabajo. El
testimonio de una madre costarricense puede ampliar esta noción:

19 María Isabel de Arquer, ntp 534: Carga mental de trabajo: factores (Madrid: insht, 1999), 1.
20 Entrevista a madre brasileña, realizada por el autor, 2023.

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Los cuidados: “un trabajo incesante y duplicado”

Hay una cosa que se llama carga mental, que es, tú estás pensando en
otras cosas, en si hay leche, si se acabó la fórmula o no, pues ahora Ce-
cilia toma fórmula, si hay pañales o no, que hay que hacer de comer, si
descongelé el pollo, cosas como, ‘¡chin!, no baje el pollo del congelador,
y si no lo bajé a tiempo, pues ¿qué vamos a hacer entonces de comer?’.
Estás en el parque con otras mamás y así de repente estás pendiente
del hijo también de la de al lado. Es como un sexto sentido que tienes
ahí, […] el multitask que tanto nos encanta decir a las mujeres que
tenemos y que también nos estamos pegando un balazo en el pie.21

Quizás, muchas veces decimos carga mental cuando, en realidad,
nos referíamos a gestión mental; es decir, al conjunto de procesos
cognitivos cotidianos implicados en organizar, anticipar, coordinar
y sostener tareas, especialmente, en contextos de cuidados. Esto in-
cluye recordar pendientes, planificar horarios, prever necesidades de
otras personas, tomar decisiones constantes, jerarquizar activida-
des, monitorear situaciones y mantener un régimen de multitasking,
incluso, cuando no se está ejecutando una acción visible.

Por su parte, la carga mental es un efecto o resultado del nivel de
exigencia que dichas demandas cognitivas y emocionales imponen so-
bre una persona, en relación con sus recursos disponibles y en un con-
texto específico. Es una categoría analítica que permite evaluar cuán-
to esfuerzo mental implica una actividad, considerando factores
como la complejidad de las tareas, la presión, la responsabilidad,
las interrupciones o la necesidad de atención sostenida. Cuando la
gestión mental —junto con otras demandas— excede la capacidad
de procesamiento o recuperación, se traduce en un costo en tér-
minos de carga mental —fatiga, estrés, saturación o desgaste—,
comprometiendo la salud y la autonomía mental.

Este enfoque encuentra resonancia, aunque de forma limitada,
en instrumentos institucionales como la nom-035-stps-2018
de México.22 En esta norma se reconoce la incidencia de factores

21 Entrevista a madre costarricense, realizada por el autor, 2023.
22 stps, nom-035-stps-2018, Factores de riesgo psicosocial en el trabajo: identificación,

análisis y prevención (Ciudad de México: stps, 2018).

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Sección temática david arturo sánchez garduño

psicosociales —como la extensión y la distribución de la jornada, las
relaciones laborales o la falta de control sobre el propio trabajo y el
ambiente laboral— en la salud mental de las personas trabajadoras.
La especificación tiene a bien que por “carga de trabajo” se entiende
el conjunto de “exigencias que el trabajo impone al trabajador y que
exceden su capacidad; pueden ser de diversa naturaleza, como cuan-
titativas, cognitivas o mentales, emocionales, de responsabilidad,
así como cargas contradictorias o inconsistentes”.23

Sin embargo, la nom-035 no ha sido efectiva ni óptimamente
promovida en muchos sectores. Si bien sugiere la aplicación de eva-
luaciones psicológicas en caso de detectarse situaciones de violencia
o síntomas de alteraciones en la salud, su implementación es esca-
sa.24 Asimismo, su alcance resulta insuficiente para captar la espe-
cificidad del trabajo de cuidados, en tanto que se circunscribe al
ámbito del empleo formal y el trabajo asalariado. Extender este tipo
de análisis en el mundo del trabajo no remunerado (doméstico y de
cuidados) implica exportar sus categorías, traducirlas e incorporar
una perspectiva feminista y de cuidados que sitúe al centro la vida,
y no la acumulación de capital.

En este sentido, estudiar la intensidad y la carga mental del tra-
bajo de cuidados abre un horizonte analítico para comprender la se-
dimentación histórica de desigualdades género-específicas. Más que
un conjunto de tareas aisladas, los cuidados pueden pensarse como un
campo de fuerzas en el que interactúan dimensiones subjetivas,
relacionales y estructurales. Esta aproximación permite articular los
niveles micro de la experiencia —emociones, vínculos, compromiso,
desgaste— con dinámicas meso de redes comunitarias y familiares,
y con estructuras macro institucionales, económicas y culturales que
condicionan la organización social del cuidado.

El esquema de la Figura 1 permite articular la complejidad de los
cuidados al integrar en un mismo marco las demandas cognitivas
y afectivas, las condiciones materiales y las estructuras sociales.

23 stps, Guía de referencia de la nom-035-stps-2018 (Ciudad de México: stps, 2022), 13.
24 José M. Rosas-Navarro, et al., “Association between Burnout Syndrome and Medical

Training by Specialty in First-Year Residents”, Salud Mental, no. 5 (2020), 227-233.

La Cuestión Social, Año 34, n. 1 (2026) issn: 2992-8672 61

Los cuidados: “un trabajo incesante y duplicado”

Así, muestra que la intensificación del cuidado no es un atributo
individual, sino el resultado de una configuración relacional y mul-
tidimensional que incide directamente en la autonomía, el desgaste
y la experiencia de quienes cuidan. Se presenta un modelo analítico
organizado en tres ejes interrelacionados: factores internos (recursos
afectivos y cognitivos de las personas), factores externos (caracte-
rísticas estructurales del trabajo de cuidados) y factores contextuales
(específicos del entorno social).

Figura 1. Modelo analítico de la carga mental para pensar el trabajo de cuidado

Fuente: Elaboración propia.

Aun con sus limitaciones, el modelo analítico inspirado en la
carga mental ofrece una base sólida para visibilizar estos cruces,
identificar los mecanismos de intensificación y avanzar hacia un
marco metodológico que logre captar la complejidad del tiempo de
cuidados en su dimensión más profunda, como tiempo de vida, de la
experiencia generizada abocada al cuidado
.

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Sección temática david arturo sánchez garduño

CONCLUSIONES

A lo largo del artículo se ha argumentado la existencia de mecanis-
mos que intensifican la apropiación de la autonomía mental en la
organización del trabajo de cuidados. A partir de la carta de Juana y
los testimonios vivos de mujeres migrantes, encontramos resonan-
cias entre las experiencias de explotación en el siglo xix y las con-
figuraciones contemporáneas. Si bien no se trata de equivalencias
históricas, se observa la persistencia de un régimen que intensifica
la apropiación del tiempo de vida y la autonomía mental de quienes
cuidan. Por ello, es necesario problematizar la conceptualización del
tiempo y de las cargas de trabajo que pasan desapercibidas en las
herramientas convencionales de medición de los cuidados. Sólo de
esta forma se puede comprender la justa magnitud de la desigual
distribución del trabajo de cuidados.

Si bien las encuestas de uso del tiempo han sido fundamentales
para visibilizar la magnitud del trabajo no remunerado y su con-
tribución a la economía, su énfasis en el tiempo cronológico tiende
a subrepresentar la intensidad real de estas actividades. La simul-
taneidad, la gestión mental, la responsabilidad moral y la disponi-
bilidad permanente que caracterizan los cuidados escapan, en gran
medida, a los registros lineales, produciendo una forma de injusticia
epistémica que invisibiliza la profundidad del desgaste implicado.

La propuesta que aquí planteo es ampliar nuestros enfoques me-
todológicos de modo que articulen la medición cuantitativa del tiem-
po con aproximaciones cualitativas capaces de captar su dimensión
subjetiva, relacional y situada. En particular, sostengo que la incor-
poración de categorías como la intensidad del trabajo y la autono-
mía mental permite enriquecer el análisis del trabajo de cuidados, al
hacer visibles los factores que aceleran el desgaste y complejizan la
experiencia de quienes cuidan. El modelo analítico de la carga mental
resulta especialmente útil al destacar la interacción entre las exigen-
cias de las tareas, los recursos cognitivos y emocionales disponibles, y
las condiciones contextuales en las que estas se realizan.

Por un lado, los cuidados aparecen como actividades trabajo-
intensivas cuya representación exclusiva en términos de tiempo

La Cuestión Social, Año 34, n. 1 (2026) issn: 2992-8672 63

Los cuidados: “un trabajo incesante y duplicado”

cronológico resulta insuficiente. Reconocer su carácter simultáneo,
superpuesto y emocionalmente cargado permite no sólo comprender
mejor su impacto en la salud mental y en la organización intra-
hogar, sino también abrir un campo de reflexión crítica sobre las
formas en que se sostiene la vida en condiciones de desigualdad. Por
otro lado, la presencia de las mujeres en los trabajos de cuidados se
debe analizar en contextos de superposición de actividades, como
son los tiempos de transporte y movilidad espacial. De igual modo,
la superposición del espacio virtual y el presencial, derivado del uso
de tecnologías de comunicación y la masificación de su utilización
—especialmente importantes en contextos migratorios—, expande
el repertorio interactivo de los cuidados de formas que antes no se
concebían.

Por último, el trabajo de cuidados se realiza de manera sistemá-
tica en contextos adversos, atravesados por la escasez de recursos
materiales, emocionales y temporales, así como por la ausencia o
insuficiencia de apoyos institucionales. Cuidar se vuelve una ex-
periencia extenuante y, en muchos casos, violenta; como señalan
Garfias y Vasil’eva, “la única manera de cuidar significa descuidarse
y sacrificarse a sí misma”.25 Desde una perspectiva marxista, la
reproducción de la fuerza de trabajo se sostiene sobre condiciones
que erosionan sistemáticamente su propia base, comprometiendo
la posibilidad misma de su reposición. En otras palabras, se supera
con creces la noción de crisis de cuidados, configurando una “crisis
de reproducción social” a gran escala.

Estas coordenadas permiten comprender los cuidados en clave de
una “interdependencia asimétrica”; es decir, relaciones en las que
la responsabilidad de sostener la vida no se distribuye de manera
equitativa, sino que recae de forma desproporcionada sobre quie-
nes cuidan, intensificando su carga de trabajo, su disponibilidad
temporal y su implicación emocional, incluso fuera de la jornada
convencional.

El modelo propuesto a partir de los estudios de la carga mental
va más allá de una descripción de la experiencia del cuidado como

25 Margarita Garfias y Jana Vasil’eva, 24/7: De la reflexión a la acción…, 33.

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fenómeno relacional. Permite politizarla, al evidenciar que la so-
brecarga no es un déficit individual, sino el resultado de una orga-
nización social que distribuye de manera desigual las condiciones
de sostener la vida. Así, esta aproximación ofrece claves analíticas
para estudiar los cuidados desde una perspectiva interseccional,
situada y ética, para repensar su lugar en la construcción material
del bienestar social, subrayando tanto su centralidad como su po-
tencial transformador.

No hay nada más radical que colocar la vida en el centro. La postura
que aquí se sostiene apuesta por una reconfiguración profunda de
nuestras categorías de valor, de nuestras herramientas analíticas
y de los horizontes políticos desde los cuales pensamos la orga-
nización social. En este sentido, el cuidado no debe reducirse a un
imperativo ético, sino reconocerse como una condición estructural
para sostener la habitabilidad del mundo.

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David Arturo Sánchez Garduño
Psicólogo, especialista en estudios de género y políticas de cuida-
do, maestro en estudios sobre migración y doctor en estudios del
desarrollo latinoamericano. Es profesor en la fes Aragón y en la
Universidad Iberoamericana. Sus líneas de investigación son des-
igualdades interseccionales, movilidad humana y trabajo de cuida-
dos. Contacto: dsanchez@institutomora.edu.mx orcid: https://orcid.
org/0009-0007-2648-3281