8 La Cuestión Social, Año 34, n. 1 (2026) issn: 2992-8672

MAURICIO JIMÉNEZ HERNÁNDEZ
SUIZA

ENTRE CUIDADOS Y
DESIGUALDADES: TIEMPO
TOTAL DE TRABAJO
Y POLÍTICAS DE CUIDADO
EN BRASIL Y MÉXICO
RESUMEN

Este artículo analiza comparativamente cómo la desigual distri-
bución del tiempo total de trabajo y del trabajo no remunerado de
las mujeres en Brasil y México expresa arreglos institucionales
diferenciados en la organización social del cuidado. A partir de
información estadística longitudinal y de una breve revisión del
desarrollo institucional de las políticas de cuidado en ambos paí-
ses, el texto muestra que las mujeres continúan concentrando la
mayor parte del trabajo doméstico y de cuidados; lo que limita su
participación laboral, su autonomía económica y su tiempo para
el autocuidado, el descanso y la recreación. La comparación per-
mite observar que, aunque en ambos países persisten brechas
importantes, México presenta desigualdades más profundas y un
menor desarrollo institucional en materia de cuidados, mientras
Brasil ha avanzado en la formulación e implementación inicial de
una política nacional de cuidados. En diálogo con la ética del cuida-
do, el artículo concluye que la consolidación de políticas públicas

Recepción: 13/04/2026. Aprobación: 10/06/2026.

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Entre cuidados y desigualdades: tiempo total de trabajo y políticas de cuidado...

integrales de cuidado constituye una condición necesaria para
construir sociedades más justas, empáticas y corresponsables.

Palabras clave: Brasil, cuidados, desigualdad de género, México, or-
ganización social del cuidado, política social, tiempo total de trabajo.

ABSTRACT
This article comparatively analyzes how the unequal distribution
of women’s total working time and unpaid work in Brazil and Mexi-
co reflects differentiated institutional arrangements in the social
organization of care. Drawing on longitudinal statistical evidence
and a review of the institutional development of care policies in
both countries, the article shows that women continue to bear
most domestic and care work, limiting their labor market parti-
cipation, economic autonomy, and time for self-care, rest, and
leisure. The comparison shows that, although significant gaps
persist in both countries, Mexico displays deeper inequalities and
weaker institutional development in care policy, whereas Brazil
has advanced in the formulation and initial implementation of a
national care policy. In dialogue with the ethics of care, the article
concludes that the consolidation of comprehensive public care
policies is a necessary condition for building more just, empathe-
tic, and co-responsible societies.

Keywords: Brazil, care, gender inequality, Mexico, social organisa-
tion of care, social policy, total working time.

INTRODUCCIÓN
La división sexual del trabajo ha asignado históricamente a las mu-
jeres la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidados en las socie-
dades latinoamericanas. Aunque desde la segunda mitad del siglo xx
las mujeres se incorporaron crecientemente a actividades productivas
remuneradas, ello no modificó de manera sustantiva dicha división,
sino que la complejizó. En muchos casos, esta transformación supuso
para las mujeres la acumulación de dobles jornadas de trabajo: una
remunerada y otra vinculada al cuidado y al trabajo doméstico.

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Los dos casos seleccionados, Brasil y México, además de ser los
dos países más poblados de la región, son relevantes en términos cul-
turales, políticos y económicos. Su comparación permite analizar
con mayor precisión la distribución desigual del tiempo de trabajo y
de cuidado en América Latina, pues se trata de países con trayecto-
rias institucionales diferenciadas. En ambos casos, los arreglos ins-
titucionales, la estratificación del bienestar y las desigualdades so-
ciodemográficas configuran de manera distinta la organización
social del cuidado manteniendo a las mujeres1 como principales res-
ponsables de funciones esenciales para la reproducción social.

Este artículo analiza comparativamente cómo la desigual distri-
bución del tiempo total de trabajo y del trabajo no remunerado de las
mujeres en Brasil y México expresa arreglos institucionales diferen-
ciados en la organización social del cuidado. Desde esta perspectiva,
la sobrecarga femenina de trabajo no remunerado constituye una
desigualdad estructural y no únicamente una diferencia domésti-
ca de género, lo cual revela la necesidad de políticas públicas inte-
grales de cuidado orientadas a redistribuir estas cargas.

Para ello, primero se presenta una discusión conceptual sobre el
cuidado, su dimensión ética y su centralidad para la reproducción
social. Enseguida, se examina comparativamente el contexto ins-
titucional reciente de Brasil y México en materia de cuidados. Pos-
teriormente, se analizan indicadores longitudinales sobre pobreza,
participación laboral, estructura ocupacional y tiempos de trabajo
con el fin de mostrar cómo se estructura la desigualdad de gé-
nero en ambos países. Finalmente, se discuten los hallazgos y sus
implicaciones para la construcción de políticas de cuidado justas y
corresponsables.

1 Al tratar este tema desde un nivel federal, nos referiremos a las desigualdades de gé-
nero entre hombres y mujeres. Esto no significa invisibilizar al resto de identificaciones
genéricas en estos países, pero la inexistencia de datos desagregados a este nivel no
hace posible su inclusión. Lejos de invisibilizar, ello muestra la necesidad de construir
mecanismos de recolección estadística que integren a estas identificaciones genéri-
cas que están fuera del binomio hombre-mujer que permitan entender las desigualda-
des específicas a las cuales se enfrentan y, así, aportar insumos para la formulación de
políticas públicas que atiendan sus necesidades de manera más inclusiva e integral.

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Entre cuidados y desigualdades: tiempo total de trabajo y políticas de cuidado...

LA CENTRALIDAD SOCIOECONÓMICA DEL TRABAJO DE CUIDA-
DOS Y DOMÉSTICO

El trabajo de cuidados y doméstico ha sido indispensable para el
sostenimiento y la reproducción de la vida social. Sin embargo,
pese a su centralidad económica y social, ha sido históricamente
invisibilizado, desvalorizado y asignado de manera desproporcio-
nada a las mujeres. Por ello, es necesario precisar conceptualmente
por qué el cuidado debe entenderse no sólo como práctica privada,
sino como dimensión central de la reproducción social y de la
justicia social.

El cuidado social se define “como las actividades y relaciones
involucradas en la satisfacción de las necesidades físicas y emo-
cionales de personas adultas y menores dependientes, así como los
marcos normativos, económicos y sociales en los cuales estos son
asignados y llevados a cabo”.2 A ello deben añadirse las personas
que, por diversas razones, requieren de cuidados permanentes a
lo largo de su vida. Así, el cuidado social constituye un pilar fun-
damental para la producción y reproducción de las sociedades. La
invisibilización de esta dimensión social y económica ha sido am-
pliamente denunciada por la teoría feminista.3 Lo que permite ob-
servar que el cuidado aún está marcado por la división sexual del
trabajo, pues las mujeres realizan estas labores, principalmente, en
el ámbito familiar sin remuneración, o en instituciones asistenciales
bajo salarios bajos o esquemas precarios.4

El concepto de cuidado remite a la vulnerabilidad no como con-
dición excepcional, sino constitutiva de la vida humana. Frente a
riesgos como la enfermedad, los desastres naturales o fallas en las
instituciones que regulan la vida social,5 las personas requieren de

2 Mary Daly y Jane Lewis, “The Concept of Social Care and the Analysis of Contemporary
Welfare States”, British Journal of Sociology, no. 2 (2000), 285. La traducción es nuestra.

3 Virginia Held, The Ethics of Care: Personal, Political, and Global (Nueva York: Oxford Aca-
demic, 2005), 23.

4 Janet Finch y Dulcie Groves, A Labour of Love. Women, Work and Care (Londres: Rout-
ledge, 1983).

5 Rodolfo Jiménez Guzmán, Vivir y morir. Ensayos sobre amor y poder (México: Juan Pablos
Editor, 2023), 39.

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otras para sostener su existencia. La necesidad de cuidado muestra
así la interdependencia que hace posible la vida en sociedad.

A pesar de su centralidad social, el cuidado ha sido naturalizado
como una disposición afectiva asociada a las mujeres y al ámbito
familiar.6 Esta lectura ha contribuido a desvincularlo de las discu-
siones sobre justicia social, igualdad, derechos y solidaridad.7 De
ahí la importancia de comprenderlo también como una ética de
dimensiones afectivas y cognitivas, centradas en la atención a otras
personas,8 pero situada en contextos socioeconómicos que tienden a
individualizar y mercantilizar el sostenimiento de la vida.

Por esta razón, es necesario reconocer el valor económico y social
del trabajo de cuidados, así como su relevancia para la vida relacio-
nal, emocional y para el desarrollo humano a lo largo del curso de
vida.9 Precisamente, porque el cuidado no constituye sólo una prác-
tica privada ni una disposición moral individual, sino una condición
para la reproducción social y el bienestar, en América Latina se ha
fortalecido la discusión sobre su reconocimiento como derecho.

En este contexto, los estudios sobre el cuidado en América La-
tina han ido en aumento con la intención de entender la relevancia
de la ética y de las labores de cuidados y, con ello, la necesidad de
vincularlas con una perspectiva de derechos que busque mejorar
el bienestar de las personas. En este sentido, el derecho al cuidado
“implica que los cuidados de buena calidad deberían ser garantiza-
dos por el Estado como un derecho consagrado a las personas que lo
requieren, de forma independiente a los vínculos familiares y a las
posiciones económicas que existan en esos hogares”.10 El derecho
al cuidado considera la posibilidad de ser cuidado, de cuidar y de no
cuidar según el ciclo vital de cada persona.

6 Martha C. Nussbaum, Women and Human Development: The Capabilities Approach (Cam-
bridge: Cambridge University Press, 2000), 261-269.

7 Virginia Held, The Ethics of Care: Personal, Political, and Global (Nueva York: Oxford Aca-
demic, 2005), 10.

8 Javier A. Pineda Duque, “El giro conceptual y la ética del cuidado”, en La sociedad del
cuidado y políticas de la vida
, coord. Karina Batthyány, et al. (Buenos Aires-México-
Ginebra: Clacso- INMujeres-unam; : unrisd, 2024), 53.

9 Cristina Carrasco, “La paradoja del cuidado: necesario pero invisible”, Revista de Eco-
nomía Crítica
, no. 5 (2006), 41.

10 Karina Batthyány, Políticas del cuidado (Argentina-México, Clacso-uam, 2021), 86.

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Entre cuidados y desigualdades: tiempo total de trabajo y políticas de cuidado...

Sin embargo, en contextos socioeconómicos donde el cuidado
sigue subordinado a lógicas de mercado y a arreglos familiares des-
iguales, su valor social y económico permanece insuficientemen-
te reconocido. De este modo, resulta necesario reflexionar sobre
la socialización del cuidado mediante instituciones competentes y
suficientes,11 para que la carga laboral asociada a estas tareas no
limite el desarrollo personal y profesional de quienes cuidan, que
en su mayoría son mujeres. Como se muestra más adelante, para
los casos de Brasil y México, esta situación ha contribuido a que
muchas mujeres combinen su inserción en el mercado laboral con
las labores domésticas y de cuidado, ampliando su tiempo total de
trabajo y restringiendo sus posibilidades de descanso, recreación
y autocuidado. Así, la persistencia de desigualdades económicas y
de género, junto con la insuficiencia institucional para redistribuir
estas responsabilidades, hace que la doble jornada siga siendo una
experiencia estructural para muchas mujeres. Por lo que el tiempo
total de trabajo constituye una vía empírica privilegiada para ob-
servar cómo la organización social del cuidado distribuye de manera
desigual las cargas de reproducción social y limita la autonomía
económica de las mujeres.

NOTA METODOLÓGICA Y DATOS PARA LA COMPARACIÓN

A continuación, se presenta el desarrollo reciente de instituciones y
políticas de cuidado en Brasil y México. Esto permite identificar los
principales objetivos, alcances y diferencias de los esfuerzos insti-
tucionales en ambos países y ofrece un marco interpretativo para
examinar las desigualdades estructuradas por género, ingreso, área
geográfica y posición ocupacional, que afectan la distribución del

11 Véase Melina Altamirano, Derechos inciertos. Género, políticas sociales y demanda de
servicios de cuidado infantil en México
(México: El Colegio de México, 2025); Cynthia L.
Michel, Guillermo M. Cejudo y Adriana Oseguera Gamba, “Hacia una organización social
del cuidado más justa: análisis del diseño de cinco sistemas de cuidado en América
Latina”, Revista del CLAD Reforma y Democracia, no. 92 (2025). Estos estudios muestran
cómo la arquitectura institucional y los instrumentos de política pública influyen en
la provisión de servicios y en la percepción de las personas respecto a las labores de
cuidado y a los roles de género.

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tiempo de trabajo, la autonomía económica y la carga de cuidado. De
esta manera, podemos identificar tendencias estructurales sobre la
distribución del trabajo de las mujeres en Brasil y México, así como
los desafíos que estas desigualdades plantean para las políticas de
cuidado.

Posteriormente, para desarrollar la comparación longitudinal en-
tre los dos casos, se utiliza la base de datos en línea Cepalstat, ela-
borada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe
(Cepal). Esta fuente reúne información estandarizada producida por
organismos nacionales e internacionales sobre dimensiones sociales
y económicas relevantes para la región.12 La información se comple-
menta con fuentes nacionales recientes sobre cuidados, con el fin de
situar la organización social del cuidado en su contexto institucional
y socioeconómico. En conjunto, estas fuentes permiten identificar
tendencias estructurales en la distribución del trabajo remunerado
y no remunerado de las mujeres en Brasil y México.

CONTEXTO INSTITUCIONAL EN BRASIL Y MÉXICO: HACIA LA CONS-
TRUCCIÓN Y CONSOLIDACIÓN DE LOS SISTEMAS DE CUIDADOS

Brasil y México son los países más poblados de América Latina y,
por ello, casos relevantes para analizar la organización social del
cuidado en una región marcada por desigualdades persistentes y
debilidades institucionales13 como la alta politización de la política
social y la corrupción. Aunque, en ambos, el Estado desempeña un
papel central en la provisión de protección social, Brasil ha conso-
lidado con mayor éxito instituciones más unificadas y universales,
mientras que en México la protección social ha permanecido más
fragmentada, reforzando el peso de la dimensión doméstico-fami-
liar en el bienestar de las personas.14

12 Cepal, “Cepalstat: Portal de Datos y Publicaciones Estadísticas” (Santiago de Chile:
Cepal).

13 Daniel Brinks, Steven Levitsky y María Victoria Murillo, Understanding Institutional
Weakness: Power and Design in Latin American Institutions
(Nueva York: Cambridge
University Press, 2019).

14 Ilán Bizberg, Four Worlds of the Welfare State in Latin America (Suiza: Palgrave Mac-
millan, 2024). 78-83; 112-122; Ilan Bizberg y Mauricio Jiménez Hernández, “State

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Esto es relevante porque la arquitectura institucional15 de la pro-
tección social, incluidos el acceso a la salud, los apoyos asistencia-
les, los regímenes de pensiones y, cuando existen, los sistemas de
cuidados,16 influyen en las relaciones de género y en las percepciones
sociales sobre los roles de cuidado.17 En este sentido, las políticas
públicas pueden reforzar o modificar estas desigualdades.

Entonces, las instituciones que buscan encargarse de los cuida-
dos y, por lo tanto, cambiar las dinámicas de género, tendrían que
buscar cumplir con los principios de: 1) reconocer social y económi-
camente el trabajo de cuidados; 2) reducir el tiempo que se dedica
a estas actividades no remuneradas; 3) redistribuir las cargas de
cuidado entre diversos actores sociales;18 4) remuneración justa para
quienes realizan esta labor; y 5) representación de los intereses de
las personas cuidadoras.19 Es decir, un sistema de cuidados tendría,
en teoría, que valorar el trabajo de quienes cuidan con remuneración
adecuada y capacitación para la labor, socializar ese trabajo fuera
de la familia y desfeminizarlo. Por ello, los instrumentos utiliza-
dos para garantizar este derecho como transferencias monetarias,

Capacity, Divergence in Health Systems, and Outcomes Among Latin American Cou-
ntries”, en Covid-19 and State Capacity in Latin America, Latin American Societies
(Cham: Palgrave Macmillan, 2026), 25-51; James M. Malloy, The Politics of Social
Security in Brazil
(eua: University of Pittsburgh Press, 1979).

15 Véase Juliana Martínez Franzoni y Diego Sánchez Ancochea, The Quest for Universal
Social Policy in the South
 (Nueva York: Cambridge University Press, 2016),

16 Julio Bango, “Los cuidados como cuarto pilar de los sistemas de protección social”,
ponencia preparada para la Reunión del Grupo de Expertos The World Survey on the Role
of Women in Development 2024: Harnessing Social Protection for Gender Equality, Resi-
lience and Transformation
(octubre 2023).

17 Un ejemplo claro es cómo las transferencias monetarias condicionadas en México, pre-
vio a su universalización a partir de 2018, ubicaron a mujeres como sujetos de la política
atribuyendo una serie de valores inherentes que terminaron por disciplinar e introducir
a las mujeres en nuevas relaciones de poder. Si bien estas transferencias mejoraron los
ingresos familiares, su diseño e implementación reforzó ciertos roles de género. Solène
Morvant-Roux, et al., Inclusión financiera y transferencias condicionadas: ¿desafiar o
reproducir relaciones de género? Una perspectiva socioeconómica (México: Universidad
de Guadalajara-Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades, 2018); Ann
Shola Orloff, “Gender and the Social Rights of Citizenship: The Comparative Analysis of
Gender Relations and Welfare States”, American Sociological Review, no. 3 (1993), 303.

18 Diane Elson, “Recognize, Reduce, and Redistribute Unpaid Care Work: How to Close the
Gender Gap”, New Labor Forum, no. 2 (2017), 52-61.

19 oit, “Decent Work and the Care Economy”, Report vi. International Labour Conference
112th Session, 2024 (Ginebra: International Labour Office, 2024), 55.

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permisos parentales o incentivos al trabajo doméstico, inciden en
la organización social del cuidado y, por tanto, en la organización
familiar.20

Brasil ha avanzado en el reconocimiento jurídico e institucional
del derecho al cuidado, mientras que en México este reconocimien-
to sigue siendo parcial y fragmentado en el plano federal, aunque
existen desarrollos judiciales, iniciativas legislativas y experiencias
subnacionales relevantes. Sin embargo, el reconocimiento legal de
un derecho constituye apenas un primer paso. Su garantía efectiva
requiere recursos materiales, capacidades institucionales y legiti-
midad política para sostener su implementación. El Estado que ga-
rantice los derechos de las personas, efectivamente, tendrá que to-
mar acción más allá de solamente reconocer la importancia de estos
derechos.21

Brasil ha comenzado con mayor decisión este proceso. La Política
Nacional de Cuidados fue instituida por la Ley 15.069 de 202422 y,
posteriormente, reglamentada por el Decreto 12.562 de 2025, dando
origen al Plan Nacional de Cuidados. Esta política, formulada a nivel
federal, involucra a distintos niveles de gobierno y su despliegue te-
rritorial sigue en proceso, por lo que aún no es homogéneo. No obs-
tante, ya plantea una arquitectura institucional orientada a coordinar
acciones públicas bajo principios de corresponsabilidad social, equi-
dad de género y reconocimiento de personas cuidadas y cuidadoras.

En México, diversas iniciativas de reforma constitucional y legal
han buscado reconocer el derecho al cuidado y crear un Sistema Na-
cional de Cuidados, pero estas propuestas no han cristalizado hasta
ahora en una arquitectura federal consolidada. Lo mismo sucede con
la propuesta de la Ley General del Sistema Nacional de Cuidados y la
reforma a la Ley General de Desarrollo Social en materia de cuidados.23

20 Mary Daly, “Care as a Good for Social Policy”, Journal of Social Policy, no. 2 (2002), 265;
Diane Sainsbury, Gender and Welfare State Regimes (gb: Oxford University Press, 1999:
77-79.

21 Martha C. Nussbaum, Women and Human Development: The Capabilities Approach (Cam-
bridge: Cambridge University Press, 2000), 54.

22 Brasil, Lei nº 15.069, de 23 de diciembre del 2024, Presidência da República, Casa Civil.
23 Irma Kánter Coronel, Avances legislativos en materia de cuidados en México (Ciudad de

México: Instituto Belisario Domínguez-Senado de la República, 2024).

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Entre cuidados y desigualdades: tiempo total de trabajo y políticas de cuidado...

Aun así, persisten medidas parciales vinculadas al cuidado infantil, a
los apoyos monetarios y a la seguridad social, aunque sin una lógica
integral comparable a la brasileña.

La fragmentación del sistema de protección en México también
se expresa en el cuidado infantil. Por un lado, existen subsistemas
contributivos vinculados a la seguridad social, como el del Instituto
Mexicano del Seguro Social (imss), el Instituto de Seguridad y Ser-
vicios Sociales para los Trabajadores del Estado (issste), el Instituto
de Seguridad Social para las Fuerzas Armadas Mexicanas (issfam)
y el de Petróleos Mexicanos (Pemex). Por otro, antes existió un
esquema no contributivo bajo el Programa de Estancias Infantiles
que subsidiaba la provisión privada de servicios de cuidado para las
familias fuera de la seguridad social contributiva. Este programa
fue sustituido en 2018 por el Programa de Apoyo para el Bienestar
de Niñas y Niños, Hijos de Madres Trabajadoras, el cual reemplazó
las estancias por transferencias monetarias directas. En lugar de
fortalecer capacidades estatales de cuidado, este cambio redujo el
gasto público per cápita, aumentó el gasto de bolsillo y refamiliarizó
los cuidados.24

A nivel subnacional, México ya cuenta con experiencias rele-
vantes en materia de cuidado. En Jalisco, por ejemplo, el programa
Yo Jalisco apoya con transferencias monetarias a personas depen-
dientes de cuidado y a personas cuidadoras. En el municipio de
San Pedro Garza García, Nuevo León, el programa Cuidemos, Banco
de Tiempo ofrece apoyos de respiro a mujeres con altas cargas de
cuidado no remunerado mediante relevos domiciliarios y servicios
de transporte a unidades de salud o de cuidado.25 Estas experien-
cias muestran que, aun sin una arquitectura federal, han surgido
respuestas locales orientadas a aliviar la sobrecarga de las perso-
nas cuidadoras.

24 Melina Altamirano y Laura Flamand, “Entre el universalismo y la recentralización: la
política social del gobierno de López Obrador en México (2018-2024)”. Foro Internacional,
no. 3 (2025), 650-656.

25 Dirección para el Desarrollo Integral de la Familia, Manual de políticas y procedimien-
tos para Cuidemos
, Banco de Tiempo, versión 03, dif-cbt-mpp-13-V3 (San Pedro Garza
García: s. e., 2025).

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El caso más avanzado a nivel local es el de la Ciudad de México.
A la experiencia previa del Sistema Integral de Cuidados de la Alcal-
día Iztapalapa, con espacios para infancias, personas dependientes
y actividades de autocuidado para cuidadoras, se suma ahora la
aprobación en 2026 de la Ley del Sistema de Cuidados de la Ciudad
de México. Este avance fortalece la institucionalización subnacio-
nal del cuidado en el país, aunque su implementación efectiva se-
guirá dependiendo de capacidades operativas, coordinación inte-
rinstitucional y financiamiento suficiente.26

El proyecto brasileño resulta relevante porque la implementa-
ción de una política federal de cuidados en un país de gran tamaño
y heterogeneidad territorial ofrece un referente útil para observar
los alcances, límites y necesidades institucionales de este tipo de
políticas. Entre sus objetivos se encuentran garantizar el acceso a
cuidados de calidad, promover medidas de conciliación entre trabajo
remunerado, educación y responsabilidades familiares. Uno de sus
rasgos más importantes es la coordinación intersectorial entre 20
ministerios, orientada a atender tanto la demanda de cuidados como
las condiciones en que este trabajo se realiza.27 Por ello, el monitoreo
de su implementación puede aportar insumos valiosos para el dise-
ño de políticas de cuidado más integrales en México.

De acuerdo con la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados
realizada en 2022, en México, 77.8% de los hogares cuentan con
personas susceptibles de recibir cuidados, lo que equivale a 45.2%
de la población.28 En Brasil, aunque no existe un indicador estricta-
mente equivalente, los índices de dependencia permiten aproximar
la magnitud de estas necesidades: en 2022, el de personas mayo-
res fue de 24.5% y el correspondiente a menores de 15 años fue de

26 Alejandro Aguilar Nava y Rosario Aparicio López, “El diseño del Sistema Público de Cui-
dados en la Ciudad de México: necesidades, oportunidades y desafíos institucionales”,
Tramas y Redes, no. 9 (2025), 78-79; Human Rights Watch, Ciudad de México: Deficiencias
en la propuesta de ley del sistema de cuidados
(Ciudad de México: hrw, 2026).

27 oit, “Política Nacional de Cuidados en Brasil”, ilo Global Care Policy Portal (Ginebra: oit,
s.f.).

28 Inegi, “Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (Enasic) 2022” (Aguascalien-
tes: Inegi, 2023).

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30.7%.29 Estos datos muestran la relevancia demográfica del cuidado
en ambos países.

Otra dimensión relevante, menos estudiada en México que en
Brasil, es la racialización del trabajo doméstico y de cuidados re-
munerado, además de su feminización. En Brasil, 93.9% de este
trabajo es realizado por mujeres, de las cuales 65.7% son mujeres
negras.30 Cerca de 75% labora en la informalidad y percibe ingresos
inferiores a los del sector formal.31 En México, la informalidad en el
trabajo doméstico remunerado alcanza 96.3%, y diversos estudios
muestran que este sector está integrado mayoritariamente por mu-
jeres provenientes de pueblos originarios o por migrantes internas
de regiones con altos niveles de marginación.32 En ambos casos,
este trabajo revela que la organización social del cuidado también
reproduce jerarquías de género, clase, raza y territorio.

Como señala la Cepal, invertir en cuidados no sólo constituye un
imperativo social, sino también una decisión económica estratégica.
En este sentido, la implementación de una política federal de cui-
dados, como en el caso brasileño, puede contribuir a un crecimiento
más inclusivo, a la reducción de las desigualdades de género y al
fortalecimiento de las bases sociales orientadas al bienestar.33 Esta
discusión resulta especialmente relevante porque, como se observa

29 ibge, Censo Demográfico 2022 (Brasil: ibge, 2022).
30 Élida Azevedo Hennington, “O trabalho de cuidados na agenda da saúde: invisibilidade,

sobrecarga e desgaste de mulheres trabalhadoras”, Saúde em Debate, no. spe2 (2025).
31 Anna Carolina Papp y Luiz Guilherme Gerbelli, “Trabalho doméstico escancara informa-

lidade e desigualdade de gênero”, Canal uol (Brasil: uol, 2022).
32 Luisa Fernanda Muñoz Guerra y Héctor Centeno Martín, “Mujeres indígenas y trabajo

doméstico en México: (in)cumplimiento del Pacto Mundial para las migraciones a través
de un análisis de sus contenidos”, en Procesos migratorios y desafíos en el marco del
pacto mundial para la migración segura, ordenada y regular
, ed. Héctor Centeno Mar-
tín, et al. (España: Universidad de Salamanca, 2023), 41-54; Séverine Durin, Yo trabajo
en casa. Trabajo del hogar de planta, género y etnicidad en Monterrey, México
(México:
ciesas, 2017); Eugenia Beatriz Fuentes Valle y Rebelín Echeverría Echeverría, “Mujeres
trabajadoras domésticas: condición indígena, identidad y derechos en México,” Aposta.
Revista de Ciencias Sociales
, no. 83 (2019), 106-120.

33 Cepal y oit, “Brasil: promover a inclusão e a igualdade de gênero por meio da Política
Nacional de Cuidados”, Escenarios de inversión para la sociedad del cuidado en América
Latina y el Caribe
(Brasil: Cepal-oit, 2025), 11. Recomiendo la consulta de este texto,
pues, a partir de construir escenarios económicos a futuro, muestra los beneficios
económicos de la implementación de políticas de cuidado en Brasil.

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a continuación, las desigualdades de género en el trabajo siguen
siendo profundas en ambos países, particularmente, en México.

Desigualdades de género persistentes en el trabajo

Como se ha dicho, los datos utilizados para esta comparación longi-
tudinal entre Brasil y México provienen de la base en línea Cepalstat
e incluyen series desde inicios del siglo xxi. El análisis de estos
indicadores no busca describir únicamente desigualdades laborales
generales, sino observar cómo la organización social del cuidado se
expresa empíricamente en la distribución del tiempo total de tra-
bajo, en la participación laboral, en la estructura ocupacional y en
la autonomía económica de las mujeres. En este sentido, las brechas
analizadas permiten examinar de qué manera las desigualdades de
género se articulan con arreglos institucionales diferenciados en
ambos países.

La feminización de la pobreza, por ejemplo, constituye un primer
punto de entrada para observar cómo estas desigualdades limitan la
autonomía económica de las mujeres y condicionan su relación con
el trabajo remunerado y no remunerado. La Gráfica 1 muestra que
este indicador ha sido un problema estructural persistente en ambos
países. El índice de feminidad de la pobreza mide la proporción de
mujeres respecto a hombres en condición de pobreza, y en la región
pasó de un promedio de 105 mujeres por cada 100 hombres, en el
año 2000, a 121 en 2023.34 Este comportamiento refleja desigualda-
des vinculadas con la distribución del ingreso, el acceso al mercado
laboral y la calidad de la protección social pública. Al mismo tiempo,
constituye una condición del contexto relevante para comprender
por qué las cargas de cuidado y trabajo no remunerado afectan de
manera más severa la autonomía económica de las mujeres.

En el caso de México, el índice de feminidad de la extrema pobreza
urbana partió por debajo de la paridad, pero aumentó gradualmente

34 Cepal y onu-Mujeres, The 2030 Agenda for Sustainable Development and the Regional
Gender Agenda in Latin America and the Caribbean: Gender Indicators up to 2024
(San-
tiago: Cepal, 2025), 17.

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Entre cuidados y desigualdades: tiempo total de trabajo y políticas de cuidado...

hasta superar los 120 puntos, mientras que el índice de pobreza se ha
mantenido por encima de la paridad en distintas áreas geográficas.
En Brasil también se observa un incremento del índice de pobreza
en áreas urbanas, aunque la extrema pobreza ha tendido a acercarse
más a la paridad. En ambos casos, estos patrones sugieren que las
desigualdades de género en el bienestar material siguen condicionan-
do de manera importante la capacidad de las mujeres para sostener,
combinar o redistribuir sus cargas de trabajo y cuidado.

Gráfica 1. Índice de feminidad de la pobreza y de la pobreza extrema por área (100 = paridad)

Fuente: Elaboración propia con datos de Cepalstat.

Uno de los mecanismos clave que estructura la vulnerabilidad
económica de las mujeres es su participación en el mercado laboral,
estrechamente vinculada con la distribución desigual de las res-
ponsabilidades de cuidado. La Gráfica 2 muestra el promedio de la
participación laboral en las últimas dos décadas por área geográfica,
sexo y quintil. En términos generales, la participación laboral ha
sido más alta en Brasil que en México, con excepción de los hom-
bres en zonas rurales. Aun así, en ambos países persisten brechas
significativas.

En Brasil, la brecha de género en participación laboral se sitúa
alrededor de 20%, mientras que en México es considerablemente
mayor, sobre todo, en los quintiles de menores ingresos. En las

22 La Cuestión Social, Año 34, n. 1 (2026) issn: 2992-8672

Sección temática mauricio jiménez hernández

áreas rurales del primer quintil, esta brecha sobrepasa 50% y en
zonas urbanas ronda 40%. A la vez, mientras la participación de los
hombres se mantiene relativamente estable en todos los quintiles,
la de las mujeres aumenta conforme mejora su posición económica.
Este patrón muestra que las mujeres pobres, particularmente, en
zonas rurales mexicanas, enfrentan una combinación más intensa
de desigualdades de género, ingreso y territorio que también limita
su capacidad para redistribuir o externalizar el cuidado.

En Brasil, aunque las brechas son menores que en México, siguen
siendo persistentes y más marcadas en zonas rurales de bajos in-
gresos. En ambos sexos, la participación aumenta conforme mejora
el ingreso, pero la distancia entre hombres y mujeres no desaparece.
En conjunto con la gráfica anterior, estos resultados sugieren que la
pobreza y la baja participación laboral femenina se refuerzan mu-
tuamente, especialmente, en contextos donde el cuidado continúa
descansando de manera desproporcionada en los hogares y en las
mujeres. La Gráfica 3 permite observar esta brecha de género de
manera sintética a nivel nacional.

Gráfica 2. Participación en la fuerza de trabajo por quintil, área y sexo

Promedio 2000-2023

Fuente: Elaboración propia con datos de Cepalstat.

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Entre cuidados y desigualdades: tiempo total de trabajo y políticas de cuidado...

Gráfica 3. Brecha de género en participación en la fuerza de trabajo por quintil y área geo-
gráfica. Mujeres menos hombres en puntos porcentuales

Promedio nacional 2000-2023

Fuente: Elaboración propia con datos de Cepalstat.

Longitudinalmente, la brecha de género en la participación en
la fuerza laboral se mantuvo, relativamente, estable durante las
últimas dos décadas (Gráfica 4). En Brasil, esta brecha es compara-
tivamente menor y presenta menos variación entre quintiles y área.
En las zonas rurales, el quintil de menores ingresos no siempre
concentra la mayor distancia entre hombres y mujeres, lo que su-
giere que, en esos sectores, la inserción laboral femenina responde
en parte a la necesidad de generar ingresos más que a una inclusión
estructural sostenida. En México, en cambio, la estratificación es
más marcada: la brecha de género es consistentemente mayor en
los quintiles de menores ingresos y se reduce conforme aumenta el
ingreso. En conjunto, estos patrones muestran que la participación
laboral femenina sigue profundamente condicionada por desigual-
dades territoriales y socioeconómicas, que a su vez inciden en las
posibilidades de redistribuir el trabajo de cuidado. Sin embargo, la
participación laboral por sí sola no permite saber en qué segmentos
ocupacionales se insertan hombres y mujeres ni en qué condiciones
lo hacen.

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Gráfica 4. Brecha de género en la participación en la fuerza de trabajo en el tiempo

Mujeres menos hombres, por quintil y área

Fuente: Elaboración propia con datos de Cepalstat.

Comparando los cambios en la estructura ocupacional de Brasil
entre 2001 y 2023, se observa una relativa estabilidad en la inserción
de los hombres, con la excepción de las áreas rurales, donde dismi-
nuyó el autoempleo y el trabajo no remunerado y aumentó el empleo
asalariado (Gráfica 5). En contraste, las mujeres siguen concentradas
en el trabajo doméstico, tanto remunerado como no remunerado, lo
que confirma la persistencia de una segmentación ocupacional de
género. Aunque el trabajo doméstico no remunerado rural femenino
disminuyó en el periodo, parte de esa reducción parece haberse des-
plazado hacia formas remuneradas de trabajo doméstico, mientras
el autoempleo femenino también retrocedió. Aun así, persiste una
clara asimetría entre hombres y mujeres en el acceso a posiciones
asociadas con mayor autonomía económica, lo que muestra que la
reorganización del trabajo no ha eliminado la centralidad femenina
en el sostenimiento cotidiano del cuidado.

La Cuestión Social, Año 34, n. 1 (2026) issn: 2992-8672 25

Entre cuidados y desigualdades: tiempo total de trabajo y políticas de cuidado...

Gráfica 5. Estructura ocupacional por sexo - Brasil

Fuente: Elaboración propia con datos de Cepalstat.

México comparte algunos rasgos con la estructura ocupacio-
nal de Brasil, aunque con diferencias más marcadas (Gráfica 6). Si
bien aumenta el porcentaje nacional de mujeres empleadas, éste
se mantiene claramente por debajo del de los hombres. Al mismo
tiempo, el autoempleo disminuye para ambos sexos y crece el em-
pleo asalariado, especialmente, entre los hombres de áreas rurales.
Sin embargo, la segmentación ocupacional femenina persiste con
mayor claridad, ya que las mujeres continúan concentradas en tra-
bajo doméstico remunerado y no remunerado. En comparación con
Brasil, México muestra una inserción ocupacional más fuertemente
estructurada por género, lo que refuerza la carga femenina en acti-
vidades asociadas al sostenimiento cotidiano del cuidado.

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Gráfica 6. Estructura ocupacional por sexo - México

Fuente: Elaboración propia con datos de Cepalstat.

La Gráfica 7 permite observar con mayor claridad la distribución
desigual del trabajo no remunerado. En ambos países, las horas de-
dicadas por los hombres a estas actividades se mantienen relativa-
mente estables entre quintiles, mientras que las mujeres disminuyen
conforme aumenta el ingreso, lo que sugiere mayores posibilidades de
externalizar parte de la carga doméstica y de cuidado en los hogares
con más recursos. Sin embargo, el caso mexicano resulta mucho más
agudo: en el primer quintil, las mujeres dedican 49 horas semanales
al trabajo no remunerado, frente a 18 horas en los hombres, lo que
representa una diferencia de 31 horas. En Brasil, aunque la brecha
persiste, es considerablemente menor, ya que las mujeres dedican
entre 19 y 26 horas semanales y los hombres entre 11 y 13. Estas
diferencias muestran que la organización social del cuidado sigue
descansando de manera desproporcionada en las mujeres, lo que res-
tringe su disponibilidad para el trabajo remunerado, el descanso y la
recreación, y profundiza la pobreza de tiempo.35

35 Yana van der Meulen Rodgers, “Time Poverty: Conceptualization, Gender Differences,
and Policy Solutions”, Social Philosophy and Policy, no. 1 (2023).

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Entre cuidados y desigualdades: tiempo total de trabajo y políticas de cuidado...

Gráfica 7. Horas de trabajo no remunerado por quintil y género, 2019

Fuente: Elaboración propia con datos de Cepalstat.

La Gráfica 8 refuerza este hallazgo al mostrar que, aunque hom-
bres y mujeres registran cantidades similares de horas totales de
trabajo a nivel nacional, la composición de esas horas es radical-
mente distinta. Las mujeres concentran una mayor proporción de
trabajo no remunerado, mientras que los hombres se concentran en
actividades remuneradas. Esta diferencia es especialmente marcada
en México, donde la brecha en trabajo no remunerado supera 20
horas semanales; en Brasil, aunque menor, sigue siendo cercana a 10
horas. El tiempo total de trabajo permite observar, así, que la des-
igualdad no radica únicamente en cuánto se trabaja, sino en cómo
se distribuye socialmente el trabajo necesario para sostener la vida.

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Gráfica 8. Horas totales de trabajo por tipo de trabajo (remunerado, total y no remunerado)
y sexo

Fuente: Elaboración propia con datos de Cepalstat.

La Gráfica 9 muestra que la dedicación exclusiva de las mujeres
al trabajo doméstico y de cuidados disminuye conforme aumenta el
ingreso, lo que sugiere una relación estrecha entre desigualdad eco-
nómica y capacidad de liberar tiempo de estas tareas. No obstante, el
caso mexicano vuelve a destacar por sus valores más altos en todos
los quintiles. Incluso, en el quintil de mayores ingresos, 21.1% de
las mujeres se dedica exclusivamente a estas actividades, frente a
6.7% en Brasil. Este contraste sugiere que la distribución desigual
de las responsabilidades de cuidado se encuentra más arraigada en
México, incluso, entre sectores con mayores recursos.

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Entre cuidados y desigualdades: tiempo total de trabajo y políticas de cuidado...

Gráfica 9. Porcentaje de mujeres que se dedican exclusivamente a trabajo doméstico y de
cuidados no remunerados

Nacional (2016-2022)

Fuente: Elaboración propia con datos de Cepalstat.

En consecuencia, esta segmentación del trabajo también se traduce
en menores niveles de autonomía económica. La Gráfica 10 muestra
que son ellas quienes se encuentran en mayor medida en condición de
dependencia económica. Aunque en ambos países la brecha tiende a
reducirse con el tiempo, México mantiene una diferencia mucho más
amplia que Brasil. Que alrededor de una cuarta parte de las mujeres
mexicanas no cuente con ingresos propios resulta consistente con
los patrones observados en las gráficas anteriores: una mayor concen-
tración femenina del trabajo no remunerado reduce su acceso a in-
gresos y refuerza su dependencia económica.

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Gráfica 10. Porcentaje de la población sin acceso a ingreso propio

Nacional

Fuente: Elaboración propia con datos de Cepalstat.

La evidencia presentada sugiere que la organización social del
cuidado no sólo descansa de manera desigual sobre las mujeres,
sino que también estructura su inserción laboral, su disponibilidad
de tiempo y sus posibilidades de autonomía económica, particular-
mente, en el caso mexicano.

CONCLUSIONES
Estas disparidades tienen efectos directos sobre la autonomía eco-
nómica y la disponibilidad de tiempo de las mujeres. La combinación
de trabajo remunerado y no remunerado amplía sus dobles jorna-
das y restringe sus posibilidades de descanso, autocuidado, ocio y
recreación; lo que se traduce también en pobreza de tiempo. A la
vez que el trabajo doméstico remunerado refuerza este panorama:
al estar feminizado y altamente informalizado, expone a muchas
mujeres a mayores niveles de vulnerabilidad laboral y menor ac-
ceso a protección social integral. Además, estos patrones resultan
consistentes con estudios que muestran cómo las crisis tienden a
agravar de manera desigual la relación de las mujeres con el trabajo
remunerado y de cuidados.36

36 Laura Flamand, Carlos Alba Vega, Rosario Aparicio y Erick Serna, “Trabajo remunerado

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Entre cuidados y desigualdades: tiempo total de trabajo y políticas de cuidado...

En ambos países persisten desigualdades en la distribución del
trabajo doméstico y de cuidados, pero el caso mexicano presenta
una sobrecarga femenina más intensa. Los indicadores analizados
muestran que la organización social del cuidado descansa de manera
más pronunciada en las mujeres, tanto en el ámbito no remunera-
do como en el trabajo doméstico remunerado. Esta configuración
restringe su autonomía económica y reduce sus posibilidades de
participación en otras esferas de la vida social.

México sigue mostrando mayores limitaciones institucionales
para redistribuir el cuidado. Aunque existen medidas parciales y
avances subnacionales relevantes como la aprobación de un siste-
ma de cuidados en la Ciudad de México, el país no cuenta todavía
con una política nacional integral comparable a la brasileña. Esta
diferencia se relaciona con la mayor fragmentación y estratificación
de su sistema de protección social, en el que las familias continúan de-
sempeñando un papel más amplio en la protección de las personas,
incluidas las necesidades de cuidado. Un ejemplo de ello puede ob-
servarse en el sector salud, donde la búsqueda de universalización
del acceso no ha eliminado la fragmentación entre subsistemas,
manteniendo diferencias de gasto y, en consecuencia, de calidad
según el tipo de seguridad social o cobertura al que se acceda.37
Esta configuración refuerza la vulnerabilidad de quienes enfrentan
altas cargas de trabajo y menores ingresos, y desplaza una porción
significativa de las responsabilidades de cuidado hacia los hogares
—y, dentro de ellos, hacia las mujeres.

En Brasil, en cambio, la formulación e implementación inicial de
una política nacional de cuidados abre una vía institucional más clara
para socializar, redistribuir y valorizar estas tareas, aunque ello no

y de cuidados en la Ciudad de México. Los efectos de la pandemia de Covid-19 sobre las
desigualdades sociales y la convivialidad”, Mecila Working Paper Series, no. 57 (2023),
22; Luana Pinheiro, Carolina Tokarski y Marcia Vasconcelos, “Vulnerabilidades das
trabalhadoras domésticas no contexto da pandemia de Covid-19 no Brasil”, en Entre
relações de cuidado e vivências de vulnerabilidade: dilemas e desafios para o trabalho
doméstico e de cuidados remunerado no Brasil
, ed. Luana Simões Pinheiro, Carolina
Pereira Tokarski y Anne Caroline Posthuma (Brasília: Instituto de Pesquisa Econômica
Aplicada, 2021), 213.

37 Melina Altamirano y Laura Flamand, “Entre el universalismo y la recentralización…”,
646-649.

32 La Cuestión Social, Año 34, n. 1 (2026) issn: 2992-8672

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elimine automáticamente las desigualdades existentes, lo cual lo colo-
ca entre las experiencias pioneras de la región, junto con países
como Uruguay, Costa Rica y, más recientemente, Chile. Por su parte,
Brasil cuenta con un sistema de protección en el que el Estado tiene
un rol más importante y con mucha menor fragmentación. Esto le
otorga la posibilidad de constituir políticas integrales que armonicen
los diversos pilares de la protección social, incluida la política de
cuidados que ha comenzado a implementar. Además, plantea explí-
citamente corregir la distribución desigual del trabajo remunerado
y no remunerado entre los géneros para promover la inclusión y la
autonomía económica de las mujeres más allá de los cuidados.38 Sin
embargo, esta política se enfrentará a las complejidades territoriales
de un país extenso y a la necesidad de un financiamiento suficiente,
algo que también representaría un reto para una política nacional de
cuidados en México. Por ello, resulta relevante observar el proceso
brasileño y la evolución de sus resultados como una experiencia
comparada útil para pensar el diseño de políticas de cuidado que
sean más integrales.

Pensar el trabajo de cuidado como una parte fundamental de las
sociedades no es sólo una necesidad económica y social, sino tam-
bién ética. Su distribución desigual hacia las mujeres ha provocado
que muchas de ellas queden replegadas en estas labores sin acceso
a ingresos propios o que, integrándose al trabajo remunerado, acu-
mulen dobles jornadas que amplían su tiempo total de trabajo y
profundizan su pobreza de tiempo. De ahí la necesidad de visibilizar
y socializar el trabajo doméstico y de cuidados, no únicamente porque
sostiene la actividad económica y la vida social, sino porque permite
reconocer la interdependencia que hace posible la vida en común.
Situar las dinámicas de cuidado en el centro de las relaciones sociales
implica poner el foco en los otros y reconocer que toda persona ha
llegado a ser gracias al tiempo que otra dedicó a su cuidado.

El cuidado constituye una condición indispensable para la repro-
ducción de la vida social. La vida humana requiere del trabajo que

38 oit, “Política Nacional de Cuidados…”.

La Cuestión Social, Año 34, n. 1 (2026) issn: 2992-8672 33

Entre cuidados y desigualdades: tiempo total de trabajo y políticas de cuidado...

hace posible la alimentación, la higiene y la comunicación.39 Por ello,
este trabajo no puede continuar siendo naturalizado ni sostenido de
manera desproporcionada por las mujeres, sino que debe redistri-
buirse entre distintos actores sociales, estatales y familiares. En este
sentido, resulta necesaria una reconfiguración de la organización
social del cuidado que rompa dinámicas de género arraigadas y re-
duzca las desigualdades que de ellas se derivan. De ahí la necesidad
de políticas e instituciones que atiendan las necesidades de cuidado
como parte fundamental de los sistemas de protección social.

Cuando esta labor se relega a una sola porción de la población,
aumentan las desigualdades y se profundiza la vulnerabilidad. Por
ello, resulta indispensable articular respuestas estatales, sociales y
familiares que permitan redistribuir de manera más justa la carga
de trabajo y el bienestar, mediante instituciones de calidad que sean
capaces de ampliar el acceso al cuidado.

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. Ciudad de México: Friedrich-Ebert-Stiftung,
2019.

Mauricio Jiménez Hernández
Licenciado en Ciencias Políticas por la unam y maestro en Ciencia
Política por El Colegio de México. Actualmente, es doctorante en el
Institut de Démographie et Socioéconomie, Faculté des Sciences de
la Société, Université de Genève. Investiga sobre políticas de salud
y cuidados desde una perspectiva comparada.
Contacto: mauricio.jimenez@etu.unige.ch / mjimenez@colmex.mx
orcid: 0000-0002-1863-1279