CL S
AÑO
33
N. 2
2025
SECCIÓN TEMÁTICA: Jubileo y reparación
Interpretaciones transgresoras.
El Éxodo a la Selva y la justicia agraria en Chiapas
Dr. Alejandro Aguilar Nava • México
Jubileo como memoria viva: reparación espiritual y
justicia transicional desde las mujeres buscadoras en México
Dra. Gabriela Juárez Palacios • México
FORO SOCIAL: Justicia Social
La Iglesia chilena en la encrucijada:
refugio, voz y reconciliación frente a la dictadura militar
Lic. Miguel Alejandro Guzmán Villarroel • Chile
Breve historia del espíritu de liberación en la Iglesia mexicana
Mtro. Juan Carlos López Sáenz • México
Experiencia y reflexión en la Escuela de Doctrina Social de la Iglesia
Mtro. Ronaldo Arturo Urizar Aragón • Guatemala
MISCELÁNEA: Mesa de novedades
Convocatoria
La Cuestión
Social
Revista científica
de Pensamiento
Social Cristiano
ISSN: 2992-8672
Instituto Mexicano
de Doctrina Social
Cristiana
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CONSEJO DIRECTIVO
PHV in memoriam
† Emmo. Sr. Cardenal Roger Etchegaray
PHV in memoriam
†Lorenzo Servitje Sendra
PHV in memoriam
†Salvador Domínguez Reynoso
Presidente
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Vicepresidentes
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María del Pilar Mariscal Servitje
Directora
Karen Castillo Mayagoitia
Tesorero
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ción Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C. Queda estrictamente prohibida la repro-
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Editor en jefe
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Editor operativo
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Junta editorial
Aldo Francisco Botello Báez
Alejandro Aguliar Nava
Carlos Chávez Arellano
José de Jesús Legorreta
Karen Castillo Mayagoitia
Luis Adolfo Arellano González
Verónica Morales Gutiérrez
Diseño de Interiores y portada
Aldo Francisco Botello Báez
Corrección de estilo y edición
Carlos Chávez Arellano
Instituto Mexicano
de Doctrina Social Cristiana
DIRECTORIO
Contenido
PRESENTACIÓN
SECCIÓN TEMÁTICA
Jubileo y reparación
Interpretaciones transgresoras
El Éxodo a la Selva y la justicia agraria en Chiapas
DR. ALEJANDRO AGUILAR NAVA • México
Jubileo como memoria viva: reparación espiritual
y justicia transicional desde las mujeres buscadoras en México
DRA. GABRIELA JUÁREZ PALACIOS • México
FORO SOCIAL
Justicia social
La Iglesia chilena en la encrucijada: refugio, voz
y reconciliación frente a la dictadura militar
LIC. MIGUEL ALEJANDRO GUZMÁN VILLARROEL • Chile
Breve historia del espíritu de liberación en la Iglesia mexicana
Aporte para comprender el desarrollo de la educación popular
y la defensa de los derechos humanos
MTRO. JUAN CARLOS LÓPEZ SÁENZ • México
Experiencia y reflexión en la Escuela de Doctrina Social de la Iglesia
(Imdosoc-Universidad Rafael Landívar). Testimonio
MTRO. RONALDO ARTURO URIZAR ARAGÓN • Guatemala
MISCELÁNEA
Mesa de novedades
Convocatoria La Cuestión Social 2026-1
05
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134
La Cuestión Social, Año 33, n. 2 (2025) issn: 2992-8672 53
LIC. MIGUEL ALEJANDRO GUZMÁN VILLARROEL
CHILE
LA IGLESIA CHILENA EN LA
ENCRUCIJADA: REFUGIO, VOZ
Y RECONCILIACIÓN FRENTE A
LA DICTADURA MILITAR
RESUMEN
Este estudio examina el rol protagónico de la Iglesia católica chilena
en los procesos sociales y políticos, la defensa de los derechos hu-
manos y la justicia transicional. Se argumenta que la actuación de
la Iglesia, desde la década de 1960 hasta la postdictadura, superó la
respuesta humanitaria, manifestándose en la práctica de los prin-
cipios del Pensamiento Social Cristiano: dignidad humana, opción
preferencial por los pobres y bien común.
La inserción en comunidades vulnerables, pese a las diferencias
internas del clero, activó el mensaje del Concilio Vaticano ii y de la
Conferencia de Medellín. Esto le otorgó credibilidad y el conoci-
miento clave para su rol en la transición democrática.
Durante la dictadura, la Iglesia fue refugio y voz de los sin voz.
Ofreció apoyo legal y social a las víctimas de la represión y docu-
mentó exhaustivamente las violaciones de derechos humanos, a tra-
vés de organismos claves como la Vicaría de la Solidaridad y actores
regionales. Este trabajo, realizado incluso a costa del martirio de
sus miembros, fue clave para la justicia transicional; sus archivos
Recepción: 29/08/2025. Aprobación: 24/10/2025.
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Foro social lic. miguel alejandro guzmán villarroel
sustentaron los informes Rettig y Valech, los cuales buscaron ver-
dad, justicia, reparación y reconciliación.
Palabras Clave: derechos humanos, dictadura militar, Iglesia chilena, jus-
ticia transicional, Pensamiento Social Cristiano, Vicaría de la Solidaridad.
ABSTRACT
This study examines the leading role of the Chilean Catholic Church
in social and political processes, the defense of human rights, and
transitional justice. It argues that the Church’s actions, from the
1960s to the post-dictatorship period, went beyond humanitarian
response, manifesting themselves in the practice of the principles
of Christian Social Thought: human dignity, preferential option for
the poor, and the common good.
Its involvement in vulnerable communities, despite internal di-
fferences among the clergy, activated the message of the Second
Vatican Council and the Medellín Conference. This gave it credibility
and the key knowledge for its role in the democratic transition.
During the dictatorship, the Church was a refuge and a voice for
the voiceless. The Church offered legal and social support to victims
of repression and exhaustively documented human rights violations
through key organizations such as the Vicaría de la Solidaridad and
regional actors. This work, carried out even at the cost of the mar-
tyrdom of its members, was key to transitional justice; its archives
supported the Rettig and Valech reports, which sought truth, justice,
reparation, and reconciliation.
Keywords: Christian Social Thought, human rights, military dictatorship,
transitional justice, Vicariate of Solidarity.
INTRODUCCIÓN
La Iglesia chilena en la encrucijada
El estudio sobre el rol de la Iglesia católica chilena en la dictadura pre-
senta dos grandes vertientes: una que la describe como excepcional
La Cuestión Social, Año 33, n. 2 (2025) issn: 2992-8672 55
La Iglesia chilena en la encrucijada: refugio, voz y reconciliación...
y heroica (por ejemplo, la Vicaría de la Solidaridad); y otra que su-
braya la ambigüedad institucional, la complicidad activa o pasi-
va de sectores conservadores. Este artículo no busca simplificar esta
tensión, sino ofrecer una síntesis interpretativa para comprender la
acción de la Iglesia como refugio, voz y reconciliación.
Esta tensión justifica que el presente estudio se centre en el Pen-
samiento Social Cristiano (psc) como base de la acción eclesial du-
rante la dictadura en Chile. La bibliografía existente se concentra en
el análisis del rol histórico y de refugio que tuvo la Iglesia católica
chilena durante este periodo. En contraste, aquí abordamos el psc
como el fundamento doctrinal que movilizó a sacerdotes y laicos en
la defensa de los derechos humanos, ofreciendo una mirada histó-
rica, profética y social.
De este modo, la investigación busca responder algunas cuestiones:
¿la acción de la Iglesia católica chilena (refugio, voz y reconciliación),
durante la dictadura militar, se basó principalmente en los principios
del Pensamiento Social Cristiano o fue resultado de la recepción crea-
tiva del Concilio Vaticano ii y de la conferencia de Medellín (1968)?
En respuesta, se postula que la acción de la Iglesia chilena (des-
de 1960 a la posdictadura) estuvo marcada por los principios del
Pensamiento Social Cristiano, basándose la dignidad humana, la
opción preferencial por los pobres y el bien común; asumiendo un
rol profético, de refugio y de reconciliación.
Así, este estudio es cualitativo y analiza documentos históricos
sobre el papel desempeñado por la Iglesia católica chilena en la
defensa de los derechos humanos y su acción en la justicia transi-
cional. Dicha revisión documental se organizó en dos ejes: el Ma-
gisterio de la Iglesia (que establece el Pensamiento Social Cristiano)
como marco doctrinario para interpretar el rol de la Iglesia chilena.
El segundo incluye documentos que registran su acción concreta
dado este papel en la justicia transicional.
Finalmente, el análisis del material muestra que los mencionados
principios fueron claves para evaluar la respuesta de la Iglesia en
los hechos históricos, superando la descripción histórica y demos-
trando que su acción —como refugio, voz y reconciliación— fue
practica y deliberada, basada en sus principios de enseñanza.
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Foro social lic. miguel alejandro guzmán villarroel
EL PENSAMIENTO SOCIAL CRISTIANO: FUNDAMENTO Y PRAXIS
(1960-1973)
Pensamiento doctrinal
Este punto requiere distinguir entre la Doctrina Social de la Iglesia
(dsi) y el Pensamiento Social Cristiano. La dsi, cuerpo magisterial
fundamental, es la palabra que la Iglesia proclama para aplicar la
“verdad sobre Cristo, sobre sí misma y sobre el hombre, aplicándo-
la a una situación concreta”.1
En tanto, el psc es “una herramienta crítica que permite inter-
pretar los signos de los tiempos y generar respuestas creativas”.2
Si bien la dsi nutre esta reflexión, el psc se centra en la aplicación
de los principios cristianos a las realidades concretas, económicas
y políticas. Actúa como motor que articula respuestas y moviliza
la acción social de la Iglesia y los laicos en escenarios complejos,
sin imponer un modelo único, profetizando alternativas desde el
Evangelio en diálogo con la historia.
La adhesión a estos principios doctrinales se visualiza en la par-
ticipación destacada de Chile en el Concilio Vaticano ii, donde se
planteó la necesidad de una “Iglesia descentrada de sí misma, ocu-
pada de las realidades terrenas y abierta al mundo, en sintonía con
otras escuelas y episcopados europeos”.3 No obstante, sacerdotes
como José Aldunate sostienen que falto mayor recepción, lo cual
hubiese “orientado a los movimientos revolucionarios cristianos”
y “prevenido” los “excesos de un socialismo fuera de tiempo y del
golpe militar”.4
Temas como la opción preferencial por los pobres, la liberación
integral y la crítica a las estructuras de pecado, surgen en este
1 Juan Pablo ii, Sollicitudo Rei Socialis (Ciudad del Vaticano: Librera Editrice Vaticana,
1987), n. 41.
2 Mauricio Rey Sepúlveda, El Pensamiento Social Cristiano: claves para una transforma-
ción social integral (Bogotá: Conferencia Episcopal de Colombia, 2025).
3 Sandra Arenas, “Contribución de Chile al Concilio Vaticano ii,” Teología y vida, no. 2
(junio 2016), 293.
4 José Aldunate, “Recepción del Concilio Vaticano ii por la Iglesia chilena”, Reflexión y
liberación (Santiago, Reflexión y liberación, 2020).
La Cuestión Social, Año 33, n. 2 (2025) issn: 2992-8672 57
La Iglesia chilena en la encrucijada: refugio, voz y reconciliación...
contexto. Lumen Gentium ejemplifica esto al señalar que la Iglesia
debe “procurar servir en ellos a Cristo”5 y que la pobreza no reduce
la dignidad humana. La Conferencia de Medellín llama al movi-
miento, pues expresa que es “el momento de inventar con imagi-
nación creadora la acción que corresponde realizar”.6
La crítica a las estructuras de pecado fue un punto central. Luis
González-Carvajal señala que estas estructuras son un “complejo
mecanismo” que impide el bien común y fomenta el individualismo.7
De manera que la Iglesia chilena se sintió en la obligación de tener
una opinión crítica y actuar, reforzada por la Exhortación Apostó-
lica Evangelii Nuntiandi de Pablo vi, la cual declara que la Iglesia es
consciente de que “aun las mejores estructuras [...] se convierten
pronto en inhumanos si las inclinaciones inhumanas del hombre no
son saneadas”;8 debiendo denunciar las injusticias que afectaban a
los pobres y oprimidos, ello como un mandato divino.
La Alianza para el Progreso
La Iglesia chilena, frente a la Alianza para el Progreso —lanzada por
Estados Unidos en 1961, como alternativa al comunismo—, mani-
festó: “se contrapusieron posiciones entre el desarrollo económico
(material) y el desarrollo espiritual y social”.9
La dsi impulsó una nueva relación con la sociedad, buscando un
desarrollo que incluyera a todos; lo que se muestra en el mensaje
profético del cardenal Raúl Silva Henríquez, en 1962, quien afirmó:
“Si no tenemos justicia no puede haber unión entre los cristianos.
[...] Solo con la justicia y la verdad existe grandeza de los pueblos”.10
5 Pablo vi y Padres del Concilio Vaticano ii, Lumen Gentium, Ciudad del Vaticano: La Santa
Sede, 1964, n. 8.
6 Conferencia Episcopal Latinoamericana, Documentos finales de Medellín (Medellín: José
Luis Gómez-Martínez, 1968), n. 3.
7 Luis González-Carvajal Santabárbara. ¿Pecado estructural o estructuras de pecado?
(Madrid: Aula de Doctrina Social de la Iglesia, 2017).
8 Pablo vi, Evangelii Nuntiandi. Ciudad del Vaticano: La Santa Sede, 1975.
9 Froilán Ramos Rodríguez, “Iglesia, desarrollo y Alianza para el Progreso en Chile (1961-
1970)”, História Unisinos, no. 1 (2021), 108-121.
10 Alejandro San Francisco, “La Iglesia católica en un año decisivo. Chile, 1962,” Espacio
Regional. Revista de Estudios Sociales, no. 19 (enero-junio 2022), 129.
58 La Cuestión Social, Año 33, n. 2 (2025) issn: 2992-8672
Foro social lic. miguel alejandro guzmán villarroel
A pesar de las diferencias, la Iglesia chilena cooperó en la Alianza
a través de proyectos de vivienda y alimentos. Asimismo, manifestó:
“No se puede ser cristiano y quedar indiferente ante las necesidades
del prójimo. La prueba del auténtico cristianismo es un amor al pró-
jimo ‘que no se quede en afecto y en palabras, sino que se encarne
en obras y trabajos’”.11
De este modo se articularon “empresas sociales de envergadura”,12
basando su trabajo en la “ley del amor y de la justicia”.13
Un cardenal con carisma social
El cardenal Silva Henríquez defendió la dignidad laboral, interpe-
lando a los poderosos a compartir el pan con los “desheredados”, la
cual es una directa “expresión de apertura al otro desposeído, mar-
ginado, explotado”.14 Dicha postura se relaciona con la Teología de
la Liberación y con la praxis de sacerdotes y laicos.
Aunque había divisiones internas, el episcopado chileno mantuvo
una visión social unificada: el amor a los pobres debía traducirse
en la “superación audaz y profunda de todas aquellas estructuras
injustas”. Esta postura se basó en el método “ver, juzgar y actuar”
de la encíclica Mater et Magistra, la cual impulsaba a conocer la rea-
lidad de las periferias y pasar a la acción.15
De esta forma, la praxis impulsó el surgimiento de “curas obre-
ros” que vivieron el Evangelio enfrentando la miseria y la exclusión
junto a los desposeídos. José Aldunate es un ejemplo de esta moral
que se dio “no solo en teoría, sino que en la misma praxis”,16 y que
convirtió su pastoral en acción y lucha.
11 Secretariado General del Episcopado de Chile. El deber social y político en la hora pre-
sente (Santiago de Chile: Secretariado General del Episcopado de Chile, 1962).
12 Froilán Ramos Rodríguez, “Iglesia, desarrollo...”.
13 Conferencia Episcopal de Chile, El deber social ...
14 Pablo Salvat, “A propósito del pensamiento del cardenal Silva Henríquez y la tesis de la
justicia como equidad”, Perspectivas. Revista de Trabajo Social, no. 9 (2000), 9-15.
15 Juan xxiii, Mater et Magistra (Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana, 1961), no.
236.
16 Equipo Vocaciones, José Aldunate SJ: Construir el Reino en la tierra (Chile: Vocaciones
Jesuitas Chile, 2015).
La Cuestión Social, Año 33, n. 2 (2025) issn: 2992-8672 59
La Iglesia chilena en la encrucijada: refugio, voz y reconciliación...
El movimiento Cristianos por el Socialismo profundizó esta ac-
ción, buscando “apoyar desde las filas cristianas la transformación
que estaba llevando a cabo el gobierno de la Unidad Popular”.17 Este
movimiento tuvo una amplia participación sacerdotal y social; cul-
pando al capitalismo de las injusticias sociales y desmintiendo la
incompatibilidad entre marxismo y cristianismo, promovió la mo-
vilización popular y respaldó medidas claves como la socialización
de los medios de producción, la nacionalización de la gran minería,
las estatizaciones y una profunda reforma agraria.18
La aplicación del método “ver, juzgar y actuar” consolidó la cer-
canía de la Iglesia con las poblaciones, convirtiéndola en un inter-
locutor válido y en refugio para los oprimidos.
Los hitos de la Iglesia católica chilena (1960-1973)
Entonces, el compromiso social de la Iglesia se hizo evidente con la
toma de la Catedral de Santiago, en 1968, por la organización Iglesia
Joven; la protesta expuso las divisiones internas y la falta de respon-
sabilidad con los pobres. Entre los manifestantes, el líder sindical
Clotario Blest defendía una “Iglesia junto al pueblo y su lucha”.19
Otro hito fue el Primer Encuentro Latinoamericano de Cristianos
por el Socialismo (1972), el cual reunió a más de 1 500 personas. El
jesuita Gonzalo Arroyo señaló que el encuentro, aunque no era polí-
tico, tendría una “inevitable repercusión... una repercusión política
por lo tanto”.20 Asimismo, destaca la “Experiencia Calama”, en la cual
sacerdotes se insertaban en el mundo obrero para “adquirir su forma
de ver y de ser” y asumir la lucha sindical y política.21 Dicha praxis
se replicó en parroquias populares y comunidades cristianas de base.
17 Jaume Botey, “Cristianos por el socialismo” (Agenda Latinoamericana Mundial, 2026).
18 Mario Amorós, “La Iglesia que nace del pueblo. Relevancia histórica del movimiento
Cristianos por el Socialismo” (Chile: Archivos Chile, s. f. ).
19 Luz María Díaz de Valdés Herrera, 11 de agosto de 1968: la toma de la Catedral de Santiago
(Red Cultural, s. f.).
20 Miguel Ángel Ferrando, “El Primer Encuentro Latinoamericano ‘Cristianos por el Socia-
lismo’”, Teología y Vida (1972), 118-123.
21 Paulo Álvarez Bravo, “La experiencia Calama, una bisagra entre los curas obreros y la
dictadura cívico-militar chilena”, Contextos. Estudios de Humanidades y Ciencias So-
ciales, no. 39 (2018).
60 La Cuestión Social, Año 33, n. 2 (2025) issn: 2992-8672
Foro social lic. miguel alejandro guzmán villarroel
Por otra parte, la Iglesia, a través de Silva Henríquez, medió en
la crucial reunión de 1973 entre el presidente Salvador Allende y
Patricio Aylwin. Pese a ello, el Cardenal concluyó que la conversación
había sido sólo “una impresión fugaz”.22
Lo anterior posicionó a la Iglesia como actor con un mensaje
claro y un accionar profundo, sentando las bases para que fuera en
el futuro “la voz de los sin voz”.
REFUGIO Y VOZ: RESPUESTA A LA CRISIS DE DERECHOS HUMA-
NOS (1973-1990)
El compromiso social asumido previamente por la Iglesia sentó las
bases de la respuesta que daría a la dictadura militar, afrontando la
represión con la defensa de los derechos humanos y con la contri-
bución que hizo a la justicia transicional.
El 11 de septiembre de 1973, Augusto Pinochet y las Fuerzas Ar-
madas de Chile, apoyados por la derecha política, dieron un golpe
de Estado, justificándose en la crisis social, el riesgo de una guerra
civil y la incapacidad del gobierno.23 Este discurso, enmarcado en
una cruzada anticomunista, legitimó las violaciones a los derechos
humanos desde el inicio de este régimen.
El 13 de septiembre, la Conferencia Episcopal reaccionó con do-
lor por “la sangre que ha enrojecido las calles” y solicitaba respeto
por los caídos,24 aunque llamó a cooperar con los militares. Cabe
decir que esta ambigüedad se puede interpretar como una “con-
fianza en la integridad de los militares y el carácter transitorio de
la intervención militar”.25
Esta postura inicial de la Conferencia Episcopal resultó errónea.
La división interna fue inmediata: seis de los 40 obispos, incluido
22 Alejandro San Francisco, Allende-Aylwin: El último encuentro (Chile: Instituto Res Pu-
blica, s. f.).
23 Junta Militar de Gobierno, Primer Comunicado de la Junta Militar (Chile, Biblioteca Na-
cional de Chile, 1973). https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-92134.html
24 Viviana Bravo Vargas, “Iglesia liberadora, rearticulación de la política y protesta social
en Chile (1973–1989)”, Historia Crítica, no. 62 (octubre-diciembre 2016), 77-96.
25 Veit Strassner, “La Iglesia chilena desde 1973 a 1993: De buenos samaritanos, antiguos
contrahentes y nuevos aliados. Un análisis politológico”, Teología y Vida 47, no. 1 (2006), 81.
La Cuestión Social, Año 33, n. 2 (2025) issn: 2992-8672 61
La Iglesia chilena en la encrucijada: refugio, voz y reconciliación...
Juan Francisco Fresno, se pronunciaron a favor del golpe. Por su
parte, el cardenal Henríquez ofreció su ayuda en un primer momen-
to, tal como lo había hecho con Salvador Allende.26
La ambivalencia terminó cuando fue reprimida la Iglesia, como
fue el caso de la detención y el fusilamiento del sacerdote Juan Al-
sina. La persecución se generalizó, “al menos 120 sacerdotes cató-
licos, 30 pastores protestantes, 35 religiosos y 200 laicos […] fueron
expulsados de Chile, gran parte de ellos después de ser detenidos y
torturados, mientras al menos 32 fueron asesinados”.27 Días antes de
su muerte, Alsina criticó la tibia respuesta episcopal: “El equilibro
solo sirve para tiempos de paz”.28
En contraste, monseñor Fernando Ariztía se dedicó “a dejar re-
gistro escrito de los acontecimientos” para recolectar evidencias,
a la vez que gestaba la idea de crear un organismo de ayuda para
los perseguidos.29 Con ello, sectores de la Iglesia comprendieron
la importancia de registrar antecedentes, clarificar el mensaje y
visualizar las acciones para la defensa de los derechos humanos.
Así, la Iglesia católica chilena priorizó la dignidad humana desde
el inicio del régimen, pues este principio “se fundamenta inalienable-
mente en su propio ser, le corresponde a cada persona humana, más
allá de toda circunstancia y en cualquier estado o situación en que se
encuentre”30. A pesar de otras visiones internas, como la del sacer-
dote Raúl Hasbun, que defendían a las fuerzas miliares, se mantuvo
la dignidad como una condición sagrada de la persona, hijo de Dios.
Vicaría de la Solidaridad: resistencia y acción
El Comité de Cooperación para la Paz en Chile (Comité Pro Paz) se
fundó el 6 de octubre de 1973 y su objetivo era ofrecer asistencia
legal, social y médica a las víctimas y perseguidos, gestionando
26 Veit Strassner, “La Iglesia chilena…”.
27 Viviana Bravo Vargas, “Iglesia liberadora…”, 81.
28 David Fernández, La iglesia que resistió a Pinochet (Madrid: iepala, 1996), 62.
29 Viviana Bravo Vargas, “Iglesia liberadora…”, 81.
30 Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Declaración Dignitas infinita sobre la dignidad hu-
mana. (Ciudad del Vaticano: La Santa Sede, 2024).
62 La Cuestión Social, Año 33, n. 2 (2025) issn: 2992-8672
Foro social lic. miguel alejandro guzmán villarroel
ayudas con las embajadas de Suecia, Francia e Italia. Esta solidari-
dad se fundamenta en la imagen de Cristo sufriente y en el llamado
“Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran” (Rm 12,
15). Así como con la puesta en práctica de “porque tuve hambre y me
disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber, era forastero y
me acogisteis, estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me visi-
tasteis, en la cárcel y acudisteis a mí” (Mt 25, 35-36).
Al romperse los principios sociales y extenderse por las calles
una dura represión, la Iglesia entendió que su función profética exi-
gía una respuesta institucional inmediata, pues la dignidad humana
era vulnerada. Esto llevo a que, en marzo de 1974, el Comité Pro Paz
compilara un informe que fue entregado al cardenal Silva Henríquez
en abril, y en mayo lo publicó el diario Excelsior de México, revelando
la realidad chilena a nivel mundial.31
A raíz de esta publicación, el régimen exigió al Cardenal que
cerrara la institución y encarceló a varias personas, expresando
que ésta era un medio usado por los “marxistas-leninistas para
crear problemas que alteran la tranquilidad ciudadana y la necesaria
quietud”;32 pero —muy al contrario— su actuar fue un testimonio
de vida y un ejemplo a seguir.
Como respuesta, se creó la Vicaría de la Solidaridad, dependiente
del Arzobispado de Santiago, lo que le otorgó estatus legal y la pro-
tección para la defensa, denuncia y protección de miles de detenidos
y presos políticos. Esto se alineó con la idea: “Habla por el que no
puede hablar y defiende la causa de los desvalidos; habla para juz-
gar con justicia y defiende la causa del humilde y del pobre” (Prov
31, 8-9).
Además, la actuación es profética y está confirmada por la Carta
Encíclica Centesimus Annus:
El amor por el hombre y, en primer lugar, por el pobre, en el que
la Iglesia ve a Cristo, se concreta en la promoción de la justicia.
31 Juan Guillermo Mansilla Sepúlveda, et al., “El coraje del cardenal Raúl Silva Henríquez en
la dictadura civil militar de Chile 1973-1980,” Notas Históricas y Geográficas, no. especial
(2024), 234-257.
32 Viviana Bravo Vargas, “Iglesia liberadora…”, 82.
La Cuestión Social, Año 33, n. 2 (2025) issn: 2992-8672 63
La Iglesia chilena en la encrucijada: refugio, voz y reconciliación...
Ésta nunca podrá realizarse plenamente si los hombres no reconocen
en el necesitado, que pide ayuda para su vida, no a alguien inopor-
tuno o como si fuera una carga, sino la ocasión de un bien en sí, la
posibilidad de una riqueza mayor.33
El profeta debe “anunciar el Evangelio al mundo entero y denun-
ciar todo aquello que no sea propio y necesario para la edificación
del reino”,34 pues “el actuar social alcanza su plenitud en la realiza-
ción del bien común”, visto como la “dimensión social y comunitaria
del bien moral”.35
Así, la Vicaría de la Solidaridad profundizó su labor creando los
Departamentos Laboral (luego Vicaría de la Pastoral Obrera), Cam-
pesino y de Publicaciones; éste último editaba la revista Solidaridad,
la cual evadió la censura de la dictadura e informó sobre la trágica
situación del país.
A su trabajo documental, la Vicaria sumó la creación de “ollas
comunes”, talleres artesanales y policlínicas. Ejemplo de ello fueron
los más de 300 comedores organizados en 10 años, los cuales ase-
guraron la alimentación de los niños; y la capacitación a pobladores
en primeros auxilios, para atender a heridos provenientes de los en-
frentamientos con las fuerzas represivas.
En estas tareas tuvieron rol protagónico las Comunidades Ecle-
siales de Base, pues “animaron la resistencia de la sociedad civil
ante los cambios sufridos en el ámbito político y económico. Esta
resistencia se dio en base a su dinámica de reflexión, es decir, pro-
pició a que los sectores populares tuvieran pasaran [sic] conciencia
de su realidad”,36 favoreciendo “una convivencia social más libre y
justa, en la que los diversos grupos de ciudadanos se asocian y se
33 Juan Pablo ii, Centesimus Annus (Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana, 1991),
n. 58.
34 Lucas Mateo Alvarado N., ¡No tengamos miedo de ser profetas! (San José: Eco Católico,
2022).
35 Pontificio Consejo “Justicia y Paz”, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (Ciudad
del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana, 2004), no. 164.
36 Fabián Gaspar Bustamante Olguín, “La participación de las Comunicaciones Eclesiales
de Base en la regeneración de la sociedad civil durante las dictaduras militares: Los
casos de Chile y Brasil”, Cultura y Religión, no. 1 (2009), 155-166.
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movilizan para elaborar y expresar sus orientaciones, para hacer
frente a sus necesidades fundamentales y para defender sus legíti-
mos intereses”.37
Todas estas acciones hacen vida el Pensamiento Social Cristia-
no, pues “lejos de ser el objeto y como elemento pasivo de la vida
social, es, por el contrario, y debe ser y seguir siendo, su agente, su
fundamento y su fin”.38
Además, fueron foco de resistencia pacífica. En palabras del di-
rigente Raúl Canales, “los curas fueron quienes nos abrieron los
ojos, al visibilizar los desaparecidos y muertos del régimen;39 pero
la Iglesia no promovía protestas, sino que “promovía a la gente”
para que reconociera su dignidad y sus derechos,40 levantando las
banderas de la justicia y el bien común. Haciendo vida la acción que
condena: “¡Ay! los que dictan normas inicuas, y los que firman de-
cretos vejatorios, excluyendo del juicio a los débiles, atropellando el
derecho de los pobres de mi pueblo, haciendo de las viudas su botín
y despojando a los huérfanos” (Is 10, 1-2).
Desde el 11 de mayo de 1983, las personas, cansadas de las viola-
ciones a los derechos humanos y de la situación socioeconómica, se
movilizaron, por lo que se registraron “paros parciales, asambleas,
los comedores se vieron desocupados y el trabajo fue más lento”.41
Incluso, hubo “35 seminaristas de la Congregación del Santísimo
Redentor, que marchaban silenciosamente bajo un cartel que sólo
indicaba un signo de interrogación”.42
En respuesta, la Vicaría creo una red de seguimiento y una ficha
diagramada “para proteger a los reprimidos, reunir información,
romper la censura y hacerse escuchar como actor político ante una dic-
tadura que rechazaba cualquier tipo de interlocución con los sectores
37 Pontificio Consejo “Justicia y Paz”, Compendio...
38 Pío xii, Radiomensaje “Benignitas et humanitas” en la víspera de Navidad ” (Ciudad del
Vaticano: La Santa Sede, 1944).
39 Viviana Bravo Vargas, “Iglesia liberadora, rearticulación de la política y protesta social
en Chile (1973–1989)”, 91.
40 Viviana Bravo Vargas, “Iglesia…”, 88.
41 Viviana Bravo Vargas, “Iglesia…”, 85.
42 Viviana Bravo Vargas, “Iglesia…”, 85.
La Cuestión Social, Año 33, n. 2 (2025) issn: 2992-8672 65
La Iglesia chilena en la encrucijada: refugio, voz y reconciliación...
opositores”,43 y hacer vida el mensaje: “Si alguien dice: ‘Yo amo a
Dios’, y a la vez odia a su hermano, es un mentiroso, pues quien no
ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve.
Y nosotros hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a
Dios, ame también a su hermano” (1 Jn 4, 20-21).
Además, cumplía profecías: “este es el ayuno que yo deseo: rom-
per las cadenas injustas, soltar las coyunturas del yugo, dejar libres
a los maltratados, y arrancar todo yugo: compartir tu pan con el
hambriento, acoger en tu hogar a los sin techo; vestir a los que veas
desnudos y no abandonar a tus semejantes” (Is 58, 6-7); acrecentan-
do su credibilidad, mostrando hechos concretos: “Si un hermano o
una hermana están desnudos y carecen de sustento diario, y alguno
de vosotros les dice: ‘Id en paz, calentaos y hartaos’, pero no les da
lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Pues así también la fe, si
no tiene obras, está realmente muerta” (Stg 2, 15-17).
Ello, a pesar de la denuncia de persecución del cardenal Henríquez
por “estar buscando y defendiendo los derechos del pobre”.44
Por su parte, en 1983, el sacerdote José Aldunate fundó el Movi-
miento Contra la Tortura Sebastián Acevedo, inspirado en la des-
obediencia civil de Gandhi, y la cual lleva el nombre del padre que
se inmoló ante la Catedral de Concepción tras la detención de sus
hijos, sin que le dieran respuestas. Su primera acción fue el 14 de
septiembre de 1983, frente al cuartel de la Central Nacional de In-
formaciones (cni). Este activismo se fundamentaba en la profecía:
“Se te ha hecho saber, hombre, lo que es bueno, lo que Yahvé quiere
de ti: tan solo respetar el derecho, amar la lealtad y proceder hu-
mildemente con tu Dios” (Miq 6, 8), reflejando apego a la palabra
divina, a la doctrina y al psc.
En 1984, la Iglesia organizó la jornada “Chile defiende la vida”
como respuesta a la brutalidad de la dictadura. Puesto que, tras las
movilizaciones, se registraron 100 muertos, sobre todo, obreros y
jóvenes.45 La represión, que fue “previsible”, incluyó expulsión de
43 Viviana Bravo Vargas, “Iglesia…”, 85.
44 Viviana Bravo Vargas, “Iglesia…”, 90.
45 Viviana Bravo Vargas, “Iglesia…”, 84.
66 La Cuestión Social, Año 33, n. 2 (2025) issn: 2992-8672
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sacerdotes, el incendio de capillas y campañas de desprestigio.46
De esta forma, el Movimiento Contra la Tortura Sebastián Ace-
vedo enfrentó represión y divisiones internas de la Iglesia. Inicial-
mente, el arzobispo de Santiago, Juan Francisco Fresno, se mostró
en desacuerdo con las acciones. No obstante, admitió después que
le “parecía bien” que se realizaran, ello bajo la condición de ser
informado previamente para evitar errores.47
Estas acciones se ejecutaban de distintas maneras, por ejemplo,
exhibían lienzos con mensajes como “Aquí se tortura”, verbalizaban
los abusos, cantaban “Yo te nombro libertad”, interrumpían el tráfico
y convocaban a la prensa.48 Además, distribuían cartas denunciando
lugares de detención ilegal, organizaban liturgias y vigilias por los
presos políticos; manifestando la caridad, al unir amor y verdad; y
dando a la Fe un sentido de acción, no de mero sentimentalismo.49
Todas fundamentadas en que “las leyes pueden ser injustas porque
se oponen al bien divino”,50 lo cual está en clara concordancia con
que “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch 5, 29).
No obstante, pese a las atrocidades cometidas por el régimen,
Pinochet sabía de las divisiones internas en la Iglesia y “busco un
acercamiento con los obispos y para ello ideo una estrategia […]
existieron almuerzos, contacto a través de correspondencia, logran-
do que algunos de los obispos vieran con buenos ojos el acerca-
miento y accedieran a cultivar una ‘amistad’ singular”,51 con una
minoría tradicionalista. Esto contradice flagrantemente la dignidad
humana y justicia social del psc. De modo que la acción profética
de la Iglesia, de sacerdotes y laicos que denunciaron la violaciones
a los derechos humanos, fue la respuesta de quienes rechazaron el
silencio y la complicidad de otros de sus miembros.
46 Viviana Bravo Vargas, “Iglesia…”, 90.
47 Aliro Torres Bruna y Sebastián Vega M., Testimonio y no violencia: La historia del Movi-
miento Contra la Tortura Sebastián Acevedo (Chile: Universidad Academia de Humanis-
mo Cristiano, 2010), 1-81.
48 Aliro Torres Bruna y Sebastián Vega M., Testimonio y no violencia…
49 Benedicto XVI, Caritas in veritate (Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana, 2009).
50 Tomás de Aquino, Suma Teológica (Argentina: Hugo J. Gutiérrez, 2012).
51 Cristián Leal Pino y Mauricio Rojas Gómez, “Una relación singular en tiempos de dic-
tadura: El obispo de Chillán Francisco José Cox y el General Pinochet”, Revista Notas
Históricas y Geográficas, no. 33 (julio -diciembre 2024), 208-235.
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La Iglesia chilena en la encrucijada: refugio, voz y reconciliación...
Acciones de la Iglesia en las regiones
El rol de la Iglesia trascendió la ciudad de Santiago y articuló la
movilización social en otras regiones. En Punta Arenas, las pa-
rroquias Nuestra Señora de Fátima y Cristo Obrero fueron espacios
clave para reuniones de la Coordinadora de Pobladores y el Comando
Multigremial de Magallanes, consolidando la organización popular.
Desde el 24 de febrero de 1984, tras una misa por el caso de Tu-
capel Jiménez, una marcha derivo en enfrenamientos y en el atro-
pellamiento del obrero José Chiguay. Al día siguiente, un cabildo en
Fátima, con 250 asistentes, convocó a la protesta del 26 de febrero.
Ese día, Pinochet fue recibido por un “poderoso grito masivo de
protesta” en la Plaza Muñoz Gamero,52 con las campanas de la Ca-
tedral tocando. Al intervenir las fuerzas policiales, los manifestantes
se refugiaron en ella y el presbítero Natalio Vitale cerró las puertas
para proteger a las 471 personas.53 Sus gestiones con la Nunciatura
y el Arzobispado de Santiago garantizaron su salida pacífica, de-
mostrando el papel crucial de la Iglesia en la resistencia no violenta.
Además de Vitali en Punta Arenas, otros sacerdotes intentaban
apaciguar los ánimos en diferentes sectores de la capital. Sobresalen
las figuras de los sacerdotes Guido Peters, en La Legua; Gerald Whe-
elan, en Lo Hermida; Hernán Correa, en La Granja; Roberto Bolton,
en la Villa Francia, y Pierre Dubois, en La Victoria, entre otros más.
A nivel nacional, los sacerdotes impulsaron la libertad de los pre-
sos y condenaron las violaciones a los derechos humanos: “Muchos
de sus miembros ayudaron de diversas maneras y varias parroquias
se convirtieron en lugares de acogida, resguardo, e incluso, de pro-
testa”.54 Este compromiso les trajo ataques y amenazas.
En el norte (Tarapacá), la Iglesia usó programas radiales como
“Comisión de Derechos Humanos” para la denuncia de abusos;
52 Manuel Luis Rodríguez, Punta Arenas 1984: “El Puntarenazo”. La primera protesta en el
rostro del dictador (Santiago: Archivo Chile, s. f.), 1-24.
53 Manuel Luis Rodríguez, Punta Arenas…
54 Fernanda Carrasco Olmedo, El rol de la Iglesia católica en las distintas regiones de Chile
durante el periodo de dictadura civil-militar (1973-1990) (Santiago: Museo de la Memoria
y los Derechos Humanos, 2023), 6.
68 La Cuestión Social, Año 33, n. 2 (2025) issn: 2992-8672
Foro social lic. miguel alejandro guzmán villarroel
por ello, algunas parroquias, como la de Nuestra Señora del Car-
men, sufrieron bombas incendiarias entre 1984 y 1986. Por otro
lado, en Valparaíso, Emilio Tagle apoyó al régimen, y su sucesor,
Monseñor Francisco Borja, defendió jurídicamente a estudiantes
detenidos.
En la región del Biobío se brindó solidaridad con comedores po-
pulares, ollas comunes y asistencia social, pese a los intentos de
amedrentar al arzobispo José Manuel Santos y a monseñor Alejan-
dro Goic. En Valdivia, el Servicio de Paz y Justicia acogió denuncias,
mientras en Chiloé, el obispo Juan Luis Ysern, testigo de la Caravana
de la Muerte en Calama, fundó en 1974 la Radio Estrella del Mar para
la defensa de los derechos humanos.
De esta forma, los sacerdotes cumplían con su misión de poner
“al servicio de los demás los dones que haya recibido” (1 Pe 4, 10),
demostrando que el trabajo de la Iglesia se había extendido por
todo el territorio nacional. De esta forma, asumían lo que explica
sabiamente san Juan Crisóstomo, en su homilía segunda, acerca del
título de los Hechos de los Apóstoles, donde explica que Cristo per-
mitió que la Iglesia, como una nave en el mar, fuera al mundo para
salvarlo de las tormentas, actuando con calma y tranquilidad para no
hundirse, sino para calmar la tempestad.55
Este servicio, incluso hasta dar la vida, se ejemplifico con el ase-
sinato del sacerdote André Jarlan, el 4 de septiembre de 1984, en
la población La Victoria de Santiago. De ello, el sacerdote Dubois
afirmó: “era aún más grave pues apuntaba a la población”.56
La represión también golpeó a la Vicaría de la Solidaridad, pues
le negaron la entrada a su vicario, Ignacio Gutiérrez. Posteriormente,
degollaron al sociólogo Manuel Parada, al profesor Manuel Guerrero
y al publicista Santiago Nattino, y asesinaron a los hermanos Ver-
gara, hijos de los funcionarios de la Vicaría, Manuel Vergara y Lisa
Toledo, de activa participación eclesiástica. Prueba de que “el mártir
da testimonio de Cristo, muerto y resucitado, al cual está unido por
55 Véase San Juan Crisóstomo, “Homilía segunda acerca del título de los Hechos de los
Apóstoles”, Homilías I (México: Editorial Tradición, 1976).
56 Vicaría Zona Oriente, Pierre Dubois: Cura de mi población (Santiago: Vicaría Zona Orien-
te, 1984).
La Cuestión Social, Año 33, n. 2 (2025) issn: 2992-8672 69
La Iglesia chilena en la encrucijada: refugio, voz y reconciliación...
la caridad. Da testimonio de la verdad de la fe y de la doctrina cris-
tiana. Soporta la muerte mediante un acto de fortaleza”.57
De esta forma, se demuestra una vez más cómo la Vicaría, junto
con las Comunidades Eclesial de Base, sacerdotes, religiosas, et-
cétera, realizaron —como señala Fernando Aliaga— un servicio
profético al insertarse en las poblaciones.58 El Evangelio hecho vida
se convirtió en una “salida política” que denunciaba los atropellos
contra la dignidad humana, los pobres y el bien común, pero a la
vez daba frutos provenientes de una Fe viva.
La visita de Juan Pablo ii y el rol de la Iglesia en la transición
democrática
La visita de Juan Pablo ii a Chile, en 1987, fue crucial. Su mensaje
“el amor es más fuerte” resonó en medio de la violencia, lo que se
hizo evidente al leer las Escrituras en la Biblia ensangrentada del
padre André Jarlan, testimonio de lucha por la verdad y la justicia.
A esto se sumaron las denuncias de pobladores de La Victoria, pues
Luisa Riveros exigió una vida digna sin dictadura; Ximena Cornejo
denunció la violencia contra quienes reclamaban libertad; y Mario
Mejías pidió esperanza para construir un Chile justo y fraterno, de-
nunciando a su vez las muertes ocurridas en las poblaciones, razón
por la cual su casa fue allanada y su hijo asesinado en democracia.59
Tras la visita del Papa, la Vicaría sumo a su labor promover la
asistencia ciudadana al plebiscito, impulsando iniciativas como
la Cruzada por la Participación Cívica (CIVITAS), cuyo objetivo fue
motivar la inscripción electoral.
El Episcopado chileno, en su declaración del 10 de junio de 1987,
enfatizó que votar no era sólo un derecho, sino también un deber
para promover el bien común, citando la Encíclica Gaudium et Spes
57 Iglesia Católica, Catecismo de la Iglesia Católica (Ciudad del Vaticano: La Santa Sede,
1997), no. 2473.
58 David Fernández, La iglesia que...
59 Diego Portales y Juan Pablo Egaña citado en Paola González Urra, Visita de Juan Pablo
ii a Chile: Un reencuentro con la fe (tesina de licenciatura en historia) (Chile: Universidad
Alberto Hurtado, 2011).
70 La Cuestión Social, Año 33, n. 2 (2025) issn: 2992-8672
Foro social lic. miguel alejandro guzmán villarroel
(n. 75).60 Por su parte, el cardenal Raúl Silva Henríquez, en su carta
Chile me preocupa en el alma, apoyó la democracia, considerándola el
sistema que “mejor garantiza la suerte de los pobres, el respeto de
los derechos humanos y la participación ciudadana”.61
La Iglesia chilena también comenzó a promover la reconciliación,
señalando que para ser genuina, debía tener “consecuencias frater-
nales” y poner fin al “clima de odio y agresividad”.62 Esto se reforzó
en la carta del Comité Permanente de 1988, que afirmaba que “Chile
tiene vocación de entendimiento, no de enfrentamiento”,63 e instó
a todos a dejar de verse como enemigos y recordar que compartían
una misma patria. En esta línea de entendimiento, se organizaron
“reuniones informales entre gobierno y oposición para fomentar el
diálogo”.64
VERDAD, RECONCILIACIÓN Y JUSTICIA TRANSICIONAL
En el marco de la justicia transicional, el servicio de la Iglesia no
fue un acto meramente humano, sino una manifestación directa del
Pensamiento Social Cristiano. Como se refleja en la carta del Comité
Episcopal, Id y Anunciad el Evangelio, en donde la Iglesia, en la figura
de Cristo, compartió “la vida, el trabajo, el dolor, la pobreza, la en-
fermedad y la muerte de los hijos de Dios y miembros de su cuerpo
en esta tierra”.65
A partir de esta manifestación doctrinal, el servicio de la Iglesia
fue tanto evangelizador como profético, ya que le permitió anunciar
el Evangelio en tiempos difíciles y denunciar lo que consideraba
injusto. Para ello, aplicó el método “ver, juzgar y actuar”, transfor-
mando su observación de la realidad en una acción concreta.
60 Obispos de la Cech, Los desafíos de la reconciliación (Santiago: Conferencia Episcopal
de Chile, 1987).
61 Raúl Silva Henríquez, Chile me preocupa en el alma (Santiago: Conferencia Episcopal
de Chile , 1988).
62 Obispos de la Cech, Los desafíos...
63 Comité Permanente, Después del plebiscito (Santiago Conferencia Episcopal de Chile,
1988).
64 Veit Strassner, La Iglesia…, 87.
65 Comité Permanente, “Id y anunciad el Evangelio” (Santiago: Conferencia Episcopal de
Chile, 1992), no. 7.
La Cuestión Social, Año 33, n. 2 (2025) issn: 2992-8672 71
La Iglesia chilena en la encrucijada: refugio, voz y reconciliación...
De esta forma, al iniciarse los procesos de justicia transicional, el
Comité Permanente del Episcopado chileno entendió que la reconci-
liación debía ir más allá del Informe Rettig. En su carta, El reencuentro
que anhelamos, señaló que las decisiones de esta etapa debían basarse
en principios del Pensamiento Social Cristiano. Específicamente, se
destacaban principios como la dignidad humana, el valor de la vida,
la justicia, la libertad, el bien común y la solidaridad. Por ello, se hizo
un llamado a la confianza, el respeto mutuo y el diálogo, para sanar
los conflictos, buscando un equilibrio entre deberes y derechos.66
Esta visión tiene su fundamento en la concepción de Juan Pablo ii
sobre la reconciliación. En su Exhortación Apostólica Reconciliatio et
Paenitentia, el Papa indica que la reconciliación es necesaria cuando
hay una “ruptura” causada por el pecado y que requiere de una “con-
versión del corazón” en cada persona para que la unión sea genui-
na. Asimismo, Juan Pablo ii agrega que la Iglesia, según el Concilio
Vaticano ii, debe guiar a los seres humanos hacia una reconciliación
completa: “con Dios, consigo mismo, con los hermanos, con todo lo
creado”. La Iglesia, por naturaleza, es reconciliadora y su misión es
facilitar esta conversión del corazón para lograr el entendimiento.67
Esta teología de la reconciliación, que exige la verdad como paso
fundamental, se convirtió en el principio rector para la transición.
Por lo tanto, la Iglesia no podía sino apoyar un proceso justo y de
reparación.
Por esta razón, coherente con su misión reconciliadora, y en res-
puesta al hallazgo de osamentas en el Cementerio General de San-
tiago y en Pisagua, la Conferencia Episcopal chilena, citada por Sil-
va, hizo un llamado a sanar la herida del país a través de la verdad.
Los obispos señalaron que la verdad es el “paso fundamental para
la justicia, la reparación y la reconciliación”. Exigieron no justificar
lo injustificable y, aunque llamaron al perdón, enfatizaron que este
no puede llevar al olvido ni a la impunidad.68
66 Comité Permanente del Episcopado, El reencuentro que anhelamos (Santiago: Confe-
rencia Episcopal de Chile, 1993).
67 Juan Pablo ii, Reconciliatio et Paenitentia (Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vati-
cana, 1984).
68 Sergio Silva Gatica, “Los pronunciamientos del Episcopado chileno en los años de la
dictadura militar, 1973-1990”, Anales de Teología, no. 1 (2020), 109-133.
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Para asegurar esta verdad y evitar el olvido, la Iglesia católica
chilena se convirtió en un pilar de la justicia transicional al pre-
servar la memoria de las víctimas. En este rol, la Vicaría de la So-
lidaridad tuvo un papel fundamental, pues sus archivos y testimo-
nios —declarados monumento nacional, en 2016— detallaban las
ejecuciones y desapariciones; lo que contribuyó a la documentación
de los crímenes del régimen.
Consolidando su influencia, la Iglesia católica chilena, que ha-
bía asumido un papel profético antes y durante la dictadura, aplicó
sistemáticamente los principios de justicia y dignidad humana en
su trabajo pastoral. Posteriormente, ese lugar clave y su carácter de
defensora de los derechos humanos fueron consignados oficialmente
con su participación en la Comisión Rettig.
El trabajo de la Iglesia durante esta comisión no se limitó a ela-
borar informes, sino que buscó que fuera un camino hacia el en-
cuentro y la reconciliación a través de la verdad. Para tal efecto,
utilizó la memoria como vía hacia la paz, en consonancia con el
Salmo: “Amor y verdad se han dado cita, Justicia y Paz se besan;
Verdad brota de la tierra, Justicia se asoma del cielo” (Sal 85, 11-12).
Esta intervención en la justicia transicional, en esencia, fue un
acto divino, pues como plantea el papa Francisco en su mensaje de
Cuaresma, la acción de Dios es un acto de quien “ve, quien se con-
mueve y quien libera”.69 Al igual que con el pueblo de Israel, para cuya
liberación Dios se valió de Moisés; en el caso de Chile utilizó el rol
profético de la Iglesia para ponerse al servicio de los más desposeídos.
Como resultado directo de este papel profético, el trabajo de la
Vicaría durante la dictadura fue fundamental para la creación de
leyes de reparación, como la Ley N° 19123, la cual estableció una
serie de beneficios para las víctimas del régimen y sus familiares.
Dicho trabajo también permitió iniciar o continuar las labores de
exhumación impulsadas desde los tribunales de justicia.
Aun después, los archivos de la Vicaría fueron vitales para la
justicia transicional. El Informe Valech, encabezado por monseñor
69 Francisco, Mensaje para la Cuaresma 2024. A través del desierto Dios nos guía a la libertad
(Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana, 2023).
La Cuestión Social, Año 33, n. 2 (2025) issn: 2992-8672 73
La Iglesia chilena en la encrucijada: refugio, voz y reconciliación...
Sergio Valech, ejecutó su trabajo basado en los documentos que for-
maban parte de la Fundación de Documentación y Archivo de la Vi-
caría de la Solidaridad, entidad que conservó y gestionó ese legado
documental.
El informe mencionado tuvo como objetivo principal revisar los
casos de tortura y prisión política. Ante sus hallazgos, la Iglesia
católica chilena valoró profundamente el testimonio de las víctimas,
lamentó las injusticias sufridas y se ofreció a acogerlas en su proceso
de sanación. Al mismo tiempo, el Episcopado expresó su esperan-
za de que este proceso sirviera como un camino hacia el perdón y la
misericordia, fortaleciendo así el encuentro de los chilenos para mi-
rar al futuro con dignidad y construir una convivencia orientada al
bien común.70
En definitiva, podemos visualizar que el desempeño de la Iglesia
católica chilena, en los informes Rettig y Valech, fue muy impor-
tante para lograr la justicia transicional al integrar el Pensamiento
Social Cristiano en los procesos judiciales. Esto permitió poder ver
en el otro “la imagen viva de Dios Padre, rescatada por la sangre de
Jesucristo y puesta bajo la acción permanente del Espíritu Santo”.71
CONCLUSIÓN
Este trabajo, lejos de ser un recuento de eventos sociopolíticos y re-
ligiosos aislados, es fruto de la convicción profunda de que un laico
comprometido debe conocer la historia de su Iglesia y mantener una
sensibilidad innegociable hacia el dolor radical de los demás.
Este convencimiento se inspira en la “iglesia en salida” que profe-
tizaba el papa Francisco. Y, al mismo tiempo, es un tributo a personas
como André Jarlan, Gerardo Poblete, Joan Alsina y Mariano Puga, quie-
nes hicieron vida el Evangelio. Así, debemos mantenerlos presentes en
una memoria que busque la verdad y que nos recuerde las cicatrices
para que éstas sirvan de advertencia a las nuevas generaciones.
70 Comité Permanente, Momento de dignidad (Santiago: Conferencia Episcopal de Chile,
2004).
71 Juan Pablo ii, Sollicitudo Rei Socialis, n. 40.
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Este análisis es un encuentro con el Pensamiento Social Cristia-
no, el cual permite formarse un juicio personal sobre los hechos que
se han narrado, teniendo presente que —como cristianos— debe-
mos condenar toda dictadura que dañe la dignidad humana, el bien
común, la solidaridad o la justicia social; como en este caso fue la
dictadura militar.
Para la formación de este juicio, la metodología utilizada en el
estudio, basada en la revisión documental y el análisis de las fuentes
primarias y secundarias, resultó fundamental para transcender la
mera enumeración de hechos, al permitir identificar los patrones
comunes y las motivaciones de la Iglesia. Esto posibilitó la síntesis
interpretativa que articula la acción eclesiástica bajo los ejes de
refugio, voz y reconciliación, sustentando el planteamiento final
en una lectura informada y contextualizada de la ejecución del psc
durante la dictadura en Chile.
De este modo, pensamos que el desarrollo de esta acción fue
impulsado por la influencia del Concilio Vaticano II. Y, así, la Igle-
sia, a través de figuras como el cardenal Raúl Silva Henríquez y los
curas obreros, se insertó en las comunidades vulnerables. Durante
la dictadura, asumió su rol profético y de refugio mediante el Comité
Pro Paz y la Vicaría de la Solidaridad. Igualmente, su labor de docu-
mentación fue clave para los informes Rettig y Valech, facilitando el
reconocimiento de miles de víctimas y la reparación estatal.
En este sentido, es importante destacar que la Iglesia chilena fue
protagonista en la defensa de los derechos humanos, desde antes de
la dictadura y hasta la consolidación de la justicia transicional. Su
papel no fue solo humanitario, sino una manifestación práctica del
psc, basado en su compromiso con la dignidad humana, la opción
preferencial por los pobres, el bien común, la verdad, la justicia y la
reconciliación sin impunidad.
En síntesis, la respuesta a la pregunta inicial es que la acción de
la Iglesia chilena fue un testimonio de fe y de compromiso con los
principios del Pensamiento Social Cristiano. No obstante, la recep-
ción del Concilio Vaticano ii y de la Conferencia de Medellín (1968)
permitió actualizar y radicalizar la ejecución de estos principios;
lo que posibilito a la Iglesia —desde su rol profético y de refugio—
La Cuestión Social, Año 33, n. 2 (2025) issn: 2992-8672 75
La Iglesia chilena en la encrucijada: refugio, voz y reconciliación...
demostrar que la justicia no es sólo un ideal, sino una tarea concreta
y constante.
Todo esto se materializó en ser refugio, voz y reconciliación, los
cuales son ejes de la síntesis interpretativa de este estudio, en la
búsqueda incansable de la verdad para sanar las heridas y construir
una sociedad más fraterna y reconciliada; asumiendo su vocación
de ser un “buen samaritano” para toda la sociedad.
REFERENCIAS
Aldunate, José. “Recepción del Concilio Vaticano ii por la Iglesia
chilena”. Reflexión y liberación. Santiago, Reflexión y liberación,
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Miguel Alejandro Guzmán Villarroel
Es administrador público y licenciado en ciencias políticas y admi-
nistrativas por la Universidad de Los Lagos, Chile. Contacto: guz-
manvillarroelmiguel@gmail.com