Francisco parece identificarse con la posición equilibrada de
Ricœur cuando éste reconoce el dualismo radical entre “el mundo
del socius” y la “teología de la caridad”. En ese sentido resulta nece-
sario integrar la “diversidad de nuestras relaciones con los demás”5
para concretar la caridad como acción de cercanía. Aunque también
la caridad puede ser adoptada como base de instituciones. Por otro
lado, los anhelos de justicia son vacíos cuando “quedan privados
de la eficacia de la relación concreta con los demás”6.
Sobre la dimensión institucional de la caridad, tanto Francisco
como Ricœur, refieren a la figura del posadero (de la parábola del
buen samaritano) como una imagen indispensable para la práctica
de la caridad. El samaritano necesitaba de la cobertura institucio-
nal de la posada para poder concretar la caridad; así lo dice Fran-
cisco: “el buen samaritano necesitó de la existencia de una posada
que le permitiera resolver lo que él solo en ese momento no estaba
en condiciones de asegurar”7. Esto último da pauta a afirmar que
la práctica de la caridad surge de construir previamente una ética
con finalidades justas, que den base a un sistema moral, de tal ma-
nera que una pueda “vivir una «buena vida» con y para los demás
al interior de instituciones justas”8. Esta convergencia en la caridad
que se gesta entre las finalidades éticas y las instituciones justas
resulta de no tomar una posición extremista que termina crista-
lizándose en una ideología. Es decir, tanto Ricœur como Francisco
coinciden en que las mediaciones sociales o institucionales tien-
den a robustecer las acciones de caridad y solidaridad como las que
habla la parábola del buen samaritano. Así, no existe contraposi-
ción para las instituciones sociales adopten una práctica concreta
de la caridad con base en una ética común.
Andreas Lind descubre la identificación de Francisco con Ricœur,
cuando confirma que la identidad no se desvincula con la alteridad.
Es decir, tanto en Francisco como en Ricœur el “llegar a ser sí mis-
mo” se consolida en la relación con los otros, se reconoce que están
ligadas intrínsecamente al propio ser. En esa tesitura Francisco de-
sarrolla una idea de “fraternidad universal”9, que implica un nivel
horizontal que vincula la identidad personal con la alteridad de los
5 P. Ricœur, «Le “socius” et le prochain», cit., p.224.
6 Ibid. p. 223 s.
7 Íbidem, Fratelli tutti, n. 165
8 P. Ricœur, Soi-même comme un autre, Paris, Seuil, 1990, 20 (trand, Sí mismo como
otro, Madrid, Siglo XXI, 2001).
9 Idem, Fratelli tutti, n. 106
La Cuestión Social Año 30, n. 1
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