Documentos, ensayos, traducciones,  
comentarios, entrevistas, notas bibliográficas  
y reseñas acerca de lo social  
Directorio  
CONSEJO DIRECTIVO  
Presidente Honorario Vitalicio in memoriam: † Emmo. Sr. Cardenal Roger Etchegaray  
Presidente Honorario Vitalicio in memoriam: †Lorenzo Servitje Sendra  
Presidente Honorario Vitalicio in memoriam: †Salvador Domínguez Reynoso  
PRESIDENTE  
Constantino de Llano Marhx  
VICEPRESIDENTES  
Javier Ballesteros de León  
Maria del Pilar Mariscal Servitje  
DIRECTORA DE IMDOSOC  
Karen Castillo Mayagoitia  
TESORERO  
Jesús Antonio Damián Basurto  
SECRETARIA  
Ma. de la Paz Soberón  
EQUIPO EDITORIAL  
EDITOR EN JEFE  
Gerardo Cruz González  
JUNTA EDITORIAL  
Daniel Cuéllar Jasso, David Eduardo Vilchis Carrillo, Verónica Morales Gutiérrez,  
Saúl Pérez Herrera  
DISEÑO  
Minerva Lizeth Mondragón Garduño  
CORRECCIÓN DE ESTILO  
Eva González Pérez  
La Cuestión Social, es una publicación trimestral editada y publicada por la  
Asociación Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C., a través del Instituto  
Mexicano de Doctrina Social Cristiana, con dirección en Pedro Luis Ogazón  
n. 56, Col. Guadalupe Inn, CP 01020, México, DF, Tels. 56614465, 56614169.  
E-mail: contacto@imdosoc.org www.imdosoc.org  
Registro de correspondencia de 2a. Clase expedido en la Dirección General de  
Correos Publicación Periódica. Registro No. 129-93. Certificado de Licitud de  
Título y Contenido 17415. No. de Reserva al Título del Derecho de Autor 04-2019-  
100914003900-102. Registro ISSN en trámite. Distribución directa en el IMDOSOC.  
Los artículos publicados reflejan el punto de vista del autor  
y no necesariamente el de la Asociación Mexicana de  
Promoción y Cultura Social, A. C.  
Queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial de los  
contenidos e imágenes de la publicación sin previa autorización  
de la Asociación Mexicana de Promoción y Cultura Social, A. C.  
Esta edición de La Cuestión Social consta de 700 ejemplares  
y se imprimió en MG Advanced Prepress Technology, S.A. de C.V.  
Canal Leningrado Mz. 34 Lt. 12, Col. Insurgentes, 09750,  
Ciudad de México, Tel: 5690 0463, impvarel@hotmail.com  
No se devuelven originales no solicitados.  
Distribución y suscripciones: Daria Flores Hernández  
Precio del ejemplar: $ 120.00  
Suscripción anual: $ 220.00  
130 años de Magisterio Social  
Aniversario de la publicación de Rerum Novarum1  
José Sols Lucia  
España  
ntes que nada, déjenme agradecer a los amigos de Instituto  
AMexicano de Doctrina Social Cristiana (Imdosoc) por haberme  
invitado a impartir esta conferencia inaugural de la Maestría en  
Pensamiento Social Cristiano de 2021, ofrecida con la Universidad  
Católica Lumen Gentium. Es un honor estar hoy aquí con ustedes.  
Cuando me ofrecieron impartirla, tenía la agenda prevista para  
estos meses sacando humo, pero, como dije a mi buen amigo y  
antiguo alumno, el maestro Gerardo Cruz, miembro del equipo or-  
ganizador de este evento, cuando me invitó, “me resulta muy difícil  
decir que no a los amigos de Imdosoc. Desde 2007, he colaborado con  
este instituto en diversos momentos; la primera vez, invitado por la  
maestra Lucila Servitje y por su padre, don Lorenzo Servitje, que en  
paz descanse. Desde entonces, aquí siempre me he sentido como  
en mi casa.  
Haré dos recorridos históricos. En principio, se esperaba que sólo  
hiciera el segundo de ellos; sin embargo, no puede entenderse sin  
el primero. El primero corresponde a los grandes cambios vividos  
a lo largo de estos 130 años, desde 1891 hasta hoy, que, como muy  
bien expone el historiador inglés Eric Hobsbawm en el cuarto vo-  
lumen de su tetralogía sobre el mundo contemporáneo, titulado en  
español Historia del siglo xx. 1914-1991 (en inglés: Age of extremes, the  
short twentieth century 1914-1991), se trata del derrumbe de los gran-  
des proyectos gestados en el siglo y medio anterior, expuestos en  
sus tres primeros volúmenes: La era de la revolución, 1789-1948; La  
era del capital, 1848-1875; y La era del imperio 1875-1914. El siglo xx  
es de grandes crisis: dos guerras mundiales, bombas atómicas,  
guerra fría, amenaza de una tercera guerra mundial, nacionalis-  
mos, pobreza, totalitarismos, genocidios. Los grandes ideales de la  
1 Conferencia inaugural del curso 2022 de la Maestría en Pensamiento Social Cris-  
tiano dictada por el Dr. José Sols Lucia en Imdosoc, Ciudad de México, el 22 de junio  
de 2021.  
La Cuestión Social Año 30, n. 1  
78  
Ilustración parecen haberse ido a pique en lo que Hobsbawm deno-  
mina el corto siglo xx, que va de 1914 (inicio de la I Guerra Mundial) a  
1991 (implosión de la Unión Soviética, fin de la Guerra Fría, inicio de  
la Globalización), que sigue al largo siglo xix, que a su vez va de 1789  
(Revolución Francesa) a 1914. No podemos entender el Magisterio  
Social sin aludir a estas transformaciones.  
El segundo recorrido será propiamente el del Magisterio Social  
desde la publicación de la encíclica Rerum Novarum por el papa León  
XIII, acontecimiento del que ahora celebramos su 130° aniversa-  
rio (1891-2021). El Magisterio Social quiere ser enseñanza para los  
católicos e invitación para los no católicos (otras iglesias cristianas,  
otras religiones, no creyentes); y quiere serlo acerca de problemá-  
ticas sociales, económicas, políticas y últimamente también eco-  
lógicas. El Magisterio Social, también denominado Doctrina Social  
de la Iglesia, sigue, por tanto, los acontecimientos históricos, pero  
lo hace a su propio ritmo. No pretende ser un análisis periodístico  
de lo que va pasando, sino una voz profética en el desierto. Esa voz  
tiene su propio timbre, su propia argumentación y sus propios kai-  
roi (momentos oportunos), que no coinciden necesariamente con  
los tiempos políticos, económicos o culturales. De ahí que a veces  
la Iglesia parezca estar hablando a destiempo, con el paso cam-  
biado: unas veces por delante de la historia (como la propuesta de  
Autoridad Mundial de Juan XXIII, en Pacem in Terris, 1963), otras por  
detrás de ella (como el pronunciamiento acerca del capitalismo y  
el socialismo por parte de León XIII, en Rerum Novarum, 1891). La  
Iglesia tiene casi dos mil años de antigüedad: es lógico que lleve su  
propia velocidad.  
1. La humanidad en estos 130 años: construcción y derrumbe del  
mundo moderno  
1.1 El largo siglo xix (1789-1914), el corto siglo xx (1914-1991) y prime-  
ras décadas del incierto siglo xxi (desde 1991)  
Como decía, el largo siglo xix (1789-1914) se caracterizó por grandes  
transformaciones producidas en Europa y luego también en Estados  
Unidos y en América Latina que acabarían afectando a prácticamen-  
te todo el planeta. No caigo aquí en una miope visión eurocéntrica  
del mundo, sino que realmente las transformaciones sociales, tec-  
nocientíficas y económicas vividas en ese largo siglo llegarían a  
La Cuestión Social Año 30, n. 1  
79  
todos los continentes de un modo u otro, y sacudirían a todos —o  
a casi todos— los pueblos. No voy a ser aquí exhaustivo; no hay  
espacio para ello. Voy a destacar sólo algunas de las transforma-  
ciones más destacadas: 1) la democracia liberal, fruto en muchas  
ocasiones de procesos revolucionarios, que sustituye al denomina-  
do antiguo régimen (monarquías más o menos absolutas), 2) la re-  
volución industrial, sobre todo en Inglaterra, 3) el desarrollo de la  
ciencia y la tecnología que la acompaña, 4) la Ilustración y la nue-  
va conciencia de universalidad, 5) el movimiento obrero, con las  
ideologías que lo acompañan, a saber socialismo/comunismo y  
anarquismo, 6) la descolonización política en América, 7) los nacio-  
nalismos, y 8) la nueva expansión colonial (inglesa, francesa, belga,  
holandesa y, algo menos, alemana).  
Si la historia tuviera una cierta lógica, el inicio del siglo xx debería  
haber significado la consolidación de estos procesos; sin embargo,  
las casi dos décadas anteriores a 1914 fueron un juego suicida entre  
las potencias coloniales que llevó a una guerra que todos creían que  
duraría sólo unos meses, como describe el humanista austríaco  
Stefan Zweig en sus memorias, El mundo de ayer, pero que resultó  
ser devastadora, el fin del sueño moderno, ilustrado, liberal, social.  
Lo nacionalista pasó por delante de lo liberal, y los cálculos co-  
munistas (“la guerra debilita a los Estados, y la revolución es más  
factible en un Estado débil, decía Lenin) pasaron por encima del  
espíritu internacionalista obrero: “Proletarios del mundo, únanse.  
En su obra Sonámbulos. Cómo Europa fue a la guerra en 1914, el his-  
toriador australiano Christopher Clark describe muy bien —tal vez  
incluso demasiado exhaustivamente— la locura colectiva que llevó  
al horror de aquellos cuatro largos años de guerra.  
Nadie mejor que los artistas describieron aquella decepción, como,  
por ejemplo, los pintores expresionistas alemanes de Der blaue  
Reiter y de Die Brücke, o como los escritores americanos de la de-  
nominada “Generación Perdida” (Francis Scott Fitzgerald, Ernest  
Hemingway, John Dos Passos, John Steinbeck o William Faulkner),  
entre otros. ¿Tal vez nuestra Frida Kahlo recogió algo de ese espíri-  
tu de derrota colectiva en su pintura surrealista? Es posible.  
1.2 Primera globalización (1870-1914) y su crisis: guerras mundiales  
y Guerra Fría (1914-1991)  
Llevamos treinta años, desde la implosión de la Unión Soviética  
en 1991, hablando de “globalización. A los que nos gusta la historia  
La Cuestión Social Año 30, n. 1  
80  
sabemos que esa globalización (esto es, un mundo no dividido en  
bloques antagónicos: Primer Mundo capitalista, Segundo Mundo  
socialista y un Tercer Mundo más o menos no alineado) no fue sino  
la segunda ola que sucedió a una primera, acontecida un siglo atrás.  
Entre 1870 y 1914, se dio en el mundo occidental, y casi en todo el  
planeta, una ola de lo que entonces se denominó universalización:  
la ciencia moderna, la tecnología industrial, los grandes descu-  
brimientos e inventos (electricidad, radio, cine, barcos de metal,  
dinamita, rascacielos y un largo etcétera), el movimiento obrero  
internacional, las exposiciones universales, el esperanto como  
idioma común para toda la humanidad (sin ser el idioma de una  
potencia colonial que se impone sobre el resto del mundo, sino uno  
creado ad hoc), los congresos científicos, los Juegos Olímpicos, el  
Parlamento Mundial de las Religiones. Se tomó conciencia de que  
vivíamos en un mundo global, y de que los progresos realizados en  
un país suponían un avance para toda la humanidad.  
Todo esto se fue a pique, como hemos dicho, con: 1) la I Guerra  
Mundial (1914-1918); la situación apenas remontó en el período de  
entreguerras (1918-1939), durante el cual buena parte de la socie-  
dad occidental se hundió en el desánimo; y cuando parecía que po-  
día rehacerse, llegó la gran crisis económica producida por el crac  
bursátil de Nueva York de 1929, que tuvo como efecto dominó el as-  
censo de Hitler al poder; 2) la II Guerra Mundial (1939-1945); y 3) la  
Guerra Fría (1945-1991). Al acabar ésta, en 1991, rebrotó el espíritu  
universalista, ahora denominado global —una aldea global, un solo  
sistema, un solo idioma, un solo estilo de vida cool, una sola indus-  
tria cinematográfica—, que llevó al politólogo americano Fran-  
cis Fukuyama a escribir su famoso artículo “El fin de la historia”  
(historia como dialéctica, se entiende, en la tradición de Hegel y  
Marx). El posterior multilateralismo —países musulmanes, China,  
India, Unión Europea, Brasil, Sudáfrica, además de Estados Uni-  
dos, y sin olvidar el despertar de los pueblos indígenas en América  
y en Australia— ha mostrado que sólo unas realidades se han  
globalizado, pero otras no; y quienes deciden qué se globaliza y qué  
no son los que se reúnen en el Foro Económico Mundial de Davos,  
Suiza, en enero de cada año, bien caricaturizados por Susan George  
en sus dos Informe Lugano.  
La Cuestión Social Año 30, n. 1  
81  
1.3 Capitalismo, socialismo, economía social de mercado  
y neoliberalismo  
Aunque durante los 130 años que nos separan de Rerum Novarum  
ha habido muchos sistemas económicos en el mundo, no cabe duda  
de que los que han tenido mayor peso han sido el capitalismo, el so-  
cialismo, la economía social de mercado y de nuevo el capitalismo,  
ahora denominado neoliberalismo. Tres sistemas, uno de ellos en  
dos tiempos, lo que da la impresión de que sean cuatro.  
1. El capitalismo —o economía de mercado— hunde sus raíces  
en la Edad Media (fase comercial de este sistema), concretamente en  
el siglo xIII, y fue promovido por los franciscanos, como han ex-  
puesto los economistas italianos Stefano Zamagni y Luigino Bruni  
en sus abundantes libros y artículos. Contra lo que suele creerse, no  
fue un sistema egoísta ni individualista en sus orígenes, sino una  
curiosa combinación de libertad individual y espíritu social: cada  
agente económico iba al mercado a intercambiar para ganarse  
la vida y también para apoyar a la comunidad. La Revolución Indus-  
trial dio al traste con el denominado Principio de Reciprocidad —“Si  
tú cuidas de la comunidad, ella cuidará de ti— y fundó el capitalis-  
mo moderno (industrial primero, financiero después y últimamente  
informacional), basado en el Principio de Obtención del Máximo  
Beneficio: “Piensa sólo en ti y gana cuanto más mejor; no te preo-  
cupes por la sociedad, porque al final todos saldrán beneficiados de  
un modo u otro. Lamentablemente, esto es lo que se enseña aún  
hoy en la mayoría de las escuelas de negocios del mundo, incluidas  
las de algunas universidades de élite autodenominadas de inspira-  
ción cristiana.  
2. El proyecto socialista/comunista dio por sentado que la cla-  
se burguesa beneficiada por la Revolución Industrial no cambiaría  
nunca —y no estaba falto de razón, aunque no deja de ser irónico  
que los líderes revolucionarios fueran burgueses, y no proletarios  
ni campesinos—, por lo que vio irreformable el sistema capitalista  
y apostó por un sistema completamente nuevo, al que se llegaría  
en dos etapas: primero, el socialismo —todo el control para el  
Estado—, y luego, el comunismo —supresión del Estado—. Los  
análisis de Marx fueron agudos, aunque sus profecías completa-  
mente erráticas. La revolución no se dio en un país industrializa-  
do, sino en uno prácticamente medieval, Rusia; no fue mundial;  
sus líderes se preocuparon mucho más por industrializar el país y  
por estar a la altura de Estados Unidos que por el bienestar de su  
La Cuestión Social Año 30, n. 1  
82  
gente; los comunistas ortodoxos acabaron ejecutados o en gu-  
lags por orden de Stalin, como bien sabemos en México, don-  
de fue asesinado en 1940 el dirigente bolchevique León Trotsky  
—amigo de Diego Rivera y amante de Frida Kahlo— a manos de un  
catalán, Ramón Mercader, con un piolet, un acontecimiento onírico  
bajo cualquier punto de vista.  
No está claro que el socialismo lograra la justicia social, dado que  
la clase aristócrata fue sustituida por la del Partido Comunista,  
tras el breve lapso de gobierno “menchevique” burgués (febrero-  
octubre de 1917), pero lo que sí está claro es que nunca respetó la li-  
bertad. Como muy bien expone Hobsbawm en la obra de historia del  
siglo xx que ya hemos citado, los obreros y campesinos nunca apo-  
yaron a los bolcheviques (que eran unos hijos de papá, unos fifís, con  
ideología progresista), pero los aceptaron mientras las cosas fueran  
más o menos bien; cuando las cosas dejaron de ir bien, el sistema se  
derrumbó en semanas y nadie hizo nada por conservarlo, algo que  
nunca había pasado en la historia de la humanidad, durante la cual  
cambios de tal celeridad sólo se habían dado como fruto de una re-  
volución violenta o de una derrota bélica, pero en el final de la Unión  
Soviética no se dio ni lo uno ni lo otro.  
3. En Imdosoc se conoce muy bien la economía social de mer-  
cado, dado que ha sido un instituto que ha contribuido a la reflexión  
sobre este sistema económico como pocos en América, así como  
también al conocimiento de su origen cristiano alemán tras la II  
Guerra Mundial, sin olvidar el “New Deal” del presidente estadou-  
nidense Franklin D. Roosevelt, inspirado en las teorías de John M.  
Keynes, en los treinta. La economía social cristiana fue una reforma  
del capitalismo en clave social, tratando de evitar arrojarse en los  
brazos del socialismo. Se inspiró en la crítica de los papas León XIII  
(Rerum Novarum, 1891) y Pío XI (Quadragesimo Anno, 1931) a ambos  
sistemas. Se fundó con los principios de libertad, de solidaridad y de  
subsidiariedad, y fue la base para la dulce era de crecimiento del  
Estado del Bienestar (1950-1980, aproximadamente).  
4. Fue la nueva ola liberal —el famoso neoliberalismo,  
surgida con los Chicago Boys (Friedrich Hayek y Milton Friedman,  
ambos premios Nobel de Economía) entre los sesenta y los setenta  
e implementada por varios líderes occidentales a partir de los se-  
tenta, ochenta y noventa, tanto de derechas (Augusto Pinochet,  
Margaret Thatcher, Ronald Reagan, José María Aznar) como de  
La Cuestión Social Año 30, n. 1  
83  
izquierdas (François Mitterrand, Felipe González, Miguel de la Ma-  
drid, Mario Soares), la que hirió gravemente a la economía social  
de mercado y al Estado del bienestar, al debilitarse los estados por  
el hecho de entregar la economía al libre mercado; y casi la remató  
la globalización, al no haber una estructura política mundial que  
pudiera controlar la nueva economía global.  
1.4 Dos amenazas globales para la humanidad: la guerra nuclear y  
la alarma ecológica  
Durante el siglo xx e inicios del xxI, la humanidad ha sufrido, y si-  
gue sufriendo, dos amenazas globales, esto es, dos posibilidades de  
autodestruirse completamente: el peligro de guerra atómica (1945-  
1991) —tenemos arsenal nuclear para destruir el planeta entero  
varias veces— y la alarma ecológica (desde 1972) —el posible punto  
de no retorno está situado en este siglo xxI, tal vez incluso antes de  
lo que predijo el matrimonio Meadows y sus colegas del mIt en su  
informe al Club de Roma, Los límites del crecimiento, 1972—. Nun-  
ca había ocurrido esto antes en toda la prehistoria e historia de la  
humanidad (cientos de miles de años), y en sólo medio siglo ya ha  
ocurrido dos veces. Estamos jugando con fuego.  
Obviamente, no olvido que ya hay buena parte de la humanidad  
que está muriendo por razones estructurales —pobreza crónica del  
sistema global, dictaduras— o por coyunturas violentas —terroris-  
mo yihadista, narcotráfico, guerras civiles—.  
1.5 Revoluciones sociales, revoluciones culturales y el despertar  
del Tercer Mundo  
Aun cuando Hobsbawm considera la “era de la revolución” el  
período comprendido entre 1789 y 1848 (las famosas “revoluciones  
burguesas”) —un poco antes incluso, 1776, si incluimos la revolu-  
ción americana—, no duda en afirmar que el “corto siglo xx” (1914-  
1991) se ha visto inundado de revoluciones sociales y políticas: la  
mexicana (1910 y años siguientes), la rusa (1917), la no violenta de  
Gandhi en India (1947),2 la china (1949), la cubana (1959), la iraní  
2 Esta revolución no fue violenta contra el Imperio Británico, pero desgraciada-  
mente vivió episodios de una violencia horrible entre hindúes y musulmanes por la  
partición India/Pakistán.  
La Cuestión Social Año 30, n. 1  
84  
(1979) o la sandinista nicaragüense (también en 1979), entre otras.  
La camboyana (1975-1979), más que una revolución, fue un genocidio.  
También debemos mencionar la revolución cultural de los sesen-  
ta; no la china, que no fue sino una purga salvaje de intelectuales  
y docentes, sino la occidental (Europa, Estados Unidos y América  
Latina): mayo del 68, hippies de San Francisco, música rock, movi-  
mientos estudiantiles en Alemania, España, México. Es curioso que  
los jóvenes se rebelaran justo cuando disfrutaban de las mejores  
condiciones de bienestar de toda la historia de la humanidad, aun-  
que es verdad que su rol en la sociedad era limitado: el ser humano  
es complejo. Con esta revolución cultural occidental se da un cam-  
bio extraordinario en el modo de vida: secularización, relativismo  
moral, hedonismo, consumismo, liberación sexual, pérdida del  
sentido de tradición, deseo de “cambiarlo todo” pero sin propuesta  
política alguna. 1968 marcó un antes y un después en la cultura oc-  
cidental, no en todo el mundo, pero sí en buena parte de él: Europa  
Occidental (desde los noventa, toda Europa), toda América, Austra-  
lia, Nueva Zelanda, algo Japón y más tarde Corea del Sur —aunque  
no los pueblos aborígenes de algunas de las regiones mencionadas—.  
En todo Occidente, si los gobiernos antes decían ser cristianos  
—aunque prescindían en la práctica de la enseñanza de las auto-  
ridades eclesiásticas, ya fueran estas católicas o protestantes—,  
desde 1968 los gobiernos dejaron abiertamente de escuchar  
cualquier doctrina cristiana.  
Tras la II Guerra Mundial, fueron abundantes los procesos de des-  
colonización política en África y en Asia. Las metrópolis estaban  
muy débiles tras el conflicto bélico y ya no podían controlar sus co-  
lonias. Entre 1946 (Jordania y Filipinas) y 1975 (Timor Oriental), se  
descolonizaron enormes regiones del planeta. El mapamundi cam-  
bió completamente en tres décadas, especialmente en Asia y Áfri-  
ca. Nació entonces lo que se denominó el Tercer Mundo, por ser una  
realidad no clasificable fácilmente en ninguno de los dos bloques  
enfrentados del norte —capitalismo y socialismo—, que constituía  
además la mayoría de la población mundial. En pocos años, la onu se  
encontró con un montón de voces nuevas en su asamblea general,  
no siempre tan independientes como se cantaba en sus respectivos  
himnos nacionales: la sombra del colonialismo era muy larga, sobre  
todo en lo económico y en lo cultural.  
La Cuestión Social Año 30, n. 1  
85  
1.6 Crisis del humanismo  
Durante este siglo de sucesivas crisis sociales, políticas, bélicas,  
económicas, se ha vivido una fuerte crisis del humanismo, el gran  
proyecto de la Modernidad nacida en el siglo xvI y desarrollada con  
el liberalismo, el socialismo y el cientifismo durante el “largo siglo  
xIx” (1789-1914). El humanismo —poco a poco, no de golpe—, aun  
siendo de profundas raíces cristianas —pues se basa en la autono-  
mía humana que trae el Reino de Dios anunciado por Jesús de Naza-  
ret—, tiene un fuerte carácter secularizador frente a la Cristiandad  
medieval. El hombre —varón y mujer, aunque durante siglos más  
el varón que la mujer— está por encima de todo; nada hay más im-  
portante que él: ni reyes ni dioses ni la naturaleza. Él es el centro del  
universo conocido.  
Esto supuso un gran progreso en libertades —recordémoslo, poco  
a poco, no de golpe—, pero también un autoendiosamiento suicida,  
que llevó a algunas de las mayores aberraciones del siglo xx e inicios  
del xxI. Hay un humanismo culto, ilustrado, incluso cristiano, que  
dignifica a todo ser humano, el de los grandes humanistas, pero  
hay otro ramplón, agresivo y destructor de cualquier cosa que suene  
a pasado. Lamentablemente, hoy permanece el humanismo ram-  
plón y agoniza el más fino. El mejor humanismo se encuentra hoy,  
y desde hace décadas, solo en un ring frente a varios rivales que lo  
golpean desde todos los lados: los nacionalismos, que diluyen a la  
persona y a la sana diversidad cultural en un nuevo sujeto, la na-  
ción; el mercado, auténtica nueva divinidad que nadie osa discutir,  
ni siquiera los que dicen hacerlo; el Estado, que aplasta al individuo  
cuando es necesario, como el Leviatán de Thomas Hobbes, bajo capa  
de protección y seguridad; el relativismo moral, en el que ya nadie  
sabe qué es bueno y qué es malo, fuera de uno o dos tabúes, como  
la pederastia, que nadie discute, al menos en público; y las nuevas  
tecnologías —hoy más en concreto la inteligencia artificial, con  
el consiguiente fin del trabajo—, en las que creemos más que en el  
hombre mismo.  
1.7 Segunda Globalización (desde 1991): la dialéctica de lo particular  
y lo universal en un mundo multilateral  
Hemos mencionado antes la segunda ola globalizadora, surgida  
tras la caída del Muro de Berlín (1989) y la implosión de la Unión  
Soviética y de sus países satélites (1991). Obviamente, sus raíces  
La Cuestión Social Año 30, n. 1  
86  
estaban ya en los setenta (por ejemplo, la crisis del petróleo de  
1973), pero se hace patente sobre todo en los noventa, tras el colapso  
del “socialismo real. Desde entonces, ha cobrado vida la dialéctica  
de lo particular y lo universal. No es nueva, pero ha rebrotado con  
fuerza en estos últimos treinta años. En filosofía política acostum-  
bramos a decir “lo particular y lo universal, pero en el hablar más  
coloquial se suele decir “lo cultural y lo universal. Con la segunda  
ola globalizadora, ha vuelto el espíritu universal de la belle époque  
(1870-1914) —ahora denominado global, pero, en una curiosa  
dinámica histórica de flujos y reflujos, ha traído también una fuer-  
te reivindicación cultural, nacionalista, étnica y religiosa, todo  
lo opuesto a lo universal. Tal vez México sea el caso más palpable  
de ello: el mismo día en que se implementó el Tratado de Libre  
Comercio entre Canadá, Estados Unidos y México, esto es, “la  
puesta de largo de México en el baile de los mayores, se inició el  
movimiento zapatista en favor de los pueblos indígenas y con-  
tra todo lo que sonara a norte y a occidental: 1 de enero de 1994.  
Desde entonces, no sólo México, sino toda América Latina, vive  
una tensa contradicción: querer formar parte de la globalización  
universal y, al mismo tiempo, pretender desmarcarse de ella rei-  
vindicando lo propio, sus pueblos originarios. Analizo con exhaus-  
tividad, y también con buenas dosis de ironía, el autodenominado  
giro decolonial en mi artículo “El pensamiento decolonial es co-  
lonial. La propuesta Fraternidad Universal desde América, que  
saldrá publicado en la Revista Estudios Sociales, de los jesuitas de la  
República Dominicana.  
El error está en haber confundido lo universal con lo uniforme. Son  
cosas distintas. Los pensadores decoloniales embisten contra su-  
puestos gigantes allí donde no hay, sino molinos de viento. Y lo ha-  
cen con enormes dosis de contradicción —¿tal vez hipocresía y mala  
voluntad?—, dado que critican el norte, lo occidental y lo universal  
cuando ellos mismos utilizan disciplinas, categorías conceptuales,  
métodos, instituciones e idiomas típicamente occidentales, y no  
tienen ninguna intención de abandonar nada de eso. Lo uniforme  
sí es denunciable, esto es, la pretensión de que una cultura pueda  
imponerse sobre las demás: por ejemplo, la anglosajona americana;  
pero no lo universal, esto es, la conciencia de que, en nuestra diver-  
sidad cultural y personal, todos formamos parte igualmente de una  
sola humanidad.  
La Cuestión Social Año 30, n. 1  
87  
1.8 Tercera amenaza global (siglo xxi): desigualdad y violencia  
Hemos mencionado ya dos amenazas globales; la nuclear (men-  
guada tras el fin de la Guerra Fría, pero no ausente del todo) y la  
ecológica (cada década más alarmante). Tenemos también el  
binomio desigualdad/violencia, que en México lamentablemente  
conocemos bien: tal vez no sea una amenaza para toda la huma-  
nidad, pero sí para buena parte de ella. En los dos últimos siglos  
de desarrollo en tantos dominios, la desigualdad no ha hecho sino  
aumentar, y con ella la violencia. En el siglo xx fueron grandes re-  
voluciones y grandes guerras, algunas de crueldad indescriptible  
—genocidio armenio, campos de concentración nazi, bombardeos  
a ciudades europeas durante la II Guerra Mundial, bombas atómi-  
cas en Japón, guerra de Vietnam, genocidio camboyano—, mientras  
que en el siglo xxI (desde 1991) se trata de una violencia de menor  
escala, pero de igual crueldad: genocidio tutsi, guerra de Yugoslavia,  
atentado a las torres gemelas de Nueva York, terrorismo yihadista  
—Al Qaeda, el Estado Islámico, Boko Haram—, narcotráfico, crimen  
organizado a escala internacional y mafias de inmigrantes. Algunos  
vivimos en magníficas burbujas donde somos felices y tenemos de  
todo, pero a pocos metros nos acecha el infierno.  
Desigualdad y violencia son las dos caras de una misma moneda.  
No se puede analizar una sin estudiar a fondo la otra.  
1.9 ¿Cuarta amenaza global? El resurgir de la naturaleza (crisis del  
Coronavirus, 2020-2021)  
Cuando doy esta conferencia, junio de 2021, todavía estamos en  
plena crisis de la covId 19. Llevamos en ella más de un año. Pare-  
ce que se empieza a ver luz al final del túnel, pero de hecho no hay  
nada seguro. En nuestro autoendiosamiento moderno tecnocientí-  
fico creíamos haber logrado controlar la naturaleza casi al ciento  
por ciento. Sí es cierto que había algunas excepciones, pero eran  
sólo eso, excepciones: algún terremoto, inundación, huracán, algu-  
na enfermedad que todavía se nos resistía, pero nada que temer de  
manera global. La covId nos ha despertado de nuestro sueño dog-  
mático tecnocientífico y nos ha mostrado que un simple virus puede  
derrumbar el sistema entero. “Siempre ha habido virus; esto no es  
nada nuevo, podemos argüir, pero en realidad no es cierto. Con el  
calentamiento del planeta, no sólo están descongelándose los hie-  
La Cuestión Social Año 30, n. 1  
88  
los que flotan en los polos (en el Ártico y alrededor de la Antártida),  
sino también los continentales, debido a lo cual están liberándose  
decenas de virus con los que el ser humano nunca había estado en  
contacto. Esto está ocurriendo ya en Siberia. Ya hemos visto lo que  
puede hacer un solo virus; ¿se imaginan lo que podrían hacer trein-  
ta virus distintos? La naturaleza ha vuelto. De hecho, siempre había  
estado ahí, como el dinosaurio de Augusto Monterroso, pero no nos  
habíamos dado cuenta porque dormíamos.  
2. Posicionamientos del Magisterio Social de la Iglesia durante  
estos 130 años  
Vamos ahora a la segunda parte de nuestra exposición, en la que  
voy a hacer un repaso, también sintético, de lo que han sido estos  
130 años de Magisterio Social desde Rerum Novarum (1891-2021).  
Esto es propiamente lo que me habían pedido los organizadores  
de este evento, pero, como ya he dicho en la introducción, no se  
puede entender la Doctrina Social de la Iglesia sin su contexto his-  
tórico, dado que ella es precisamente una enseñanza –para los  
católicos– y una invitación a la reflexión–para los no católicos–  
acerca de problemáticas sociales, económicas y políticas de cada  
presente histórico.  
Mi exposición no será exhaustiva —por lo demás, algo imposible  
en una sola ponencia—, sino sintética. Destacaré seis ejes que han  
vertebrado el Magisterio Social durante estos 130 años, y añadiré  
un séptimo que se está gestando ahora y en el que todavía andamos  
bastante desconcertados, por inesperado, y que acabo de mencio-  
nar: el regreso de la naturaleza.  
2.1 Frente a capitalismo y socialismo: justicia con libertad y trabajo  
digno para todos  
Muchos de ustedes ya saben que se considera que la Doctrina So-  
cial de la Iglesia nació en 1891 con la encíclica Rerum Novarum, de  
León XIII. Puede sorprender que la Iglesia tardara 19 siglos en hacer  
algo así. De hecho, sí había habido reflexión moral en las escuelas de  
teología y en el interior de la doctrina eclesial oficial, pero es cierto  
que era más bien una moral personal, no tanto social, mucho menos  
económica o política. Las ciencias sociales, tal como las conocemos  
La Cuestión Social Año 30, n. 1  
89  
hoy —obviamente con una transformación progresiva—, nacen en  
el siglo xIx, por lo que no es de extrañar que sea en ese siglo cuando  
la Iglesia se vea impelida a decir algo.  
Fueron varios líderes políticos del mundo quienes se dirigieron  
en los ochenta del siglo xIx al papa León XIII a pronunciarse acerca  
de la dicotomía capitalismo-socialismo. El capitalismo ya exis-  
tía desde hacía tiempo: la economía de mercado tenía seis siglos.  
No obstante, el capitalismo industrial, que había generado riqueza  
para los que habían puesto el capital, pero pobreza para los traba-  
jadores, era mucho más reciente: tenía sólo un siglo, y sus fuertes  
contradicciones sociales, aún eran más recientes. El socialismo, en  
cambio, todavía no existía, aunque es cierto que era un proyecto con  
mucha fuerza, con un poderoso movimiento obrero que pretendía  
ser internacional y que promovía una revolución ni más ni me-  
nos que mundial. En realidad, había dos proyectos: 1) el socialista/  
comunista de Marx y Engels y 2) el anarquista de Bakunin. Unas  
veces caminaban juntos —por el hecho de tener un enemigo común,  
el capitalismo—, y otras se odiaban a muerte —por el hecho de  
buscar a corto plazo programas completamente opuestos. Éstos  
eran esos dos programas: 1) los socialistas/comunistas defendían  
que el Estado debía tomar el control de todo (economía, política,  
cultura, confesión religiosa) —sabiendo que, en un futuro lejano, el  
Estado acabaría desapareciendo por innecesario, una vez que todo  
el mundo tuviera la cultura socialista—, y 2) los anarquistas pro-  
movían la inmediata desaparición del Estado, sin etapas interme-  
dias preparatorias.  
Dos proyectos antagónicos había, pues, sobre la mesa: por un  
lado, el capitalismo industrial, acompañado del pensamiento libe-  
ral, y por otro, el proyecto revolucionario (con dos utopías distintas,  
la socialista/comunista y la anarquista).  
Los líderes políticos andaban un poco desconcertados: 1) el ca-  
pitalismo estaba generando un crecimiento económico sin prece-  
dentes en la historia de la humanidad, pero al mismo tiempo estaba  
produciendo una pobreza descomunal, y 2) el socialismo —también  
denominado colectivismo— mostraba unos ideales nobles de justi-  
cia social, pero parecía querer acabar con la libertad de mercado,  
algo sagrado.  
La respuesta del papa León XIII no pudo ser más matizada: no dio  
la razón ni a unos ni a otros. Entre otras cosas, porque no es tarea de  
La Cuestión Social Año 30, n. 1  
90  
la Iglesia bendecir o maldecir sistemas económicos, como si de un  
“árbitro sobrenatural” se tratase. Lo que sí hizo fue mostrar lo in-  
humano de cada uno de esos dos sistemas: 1) la falsa libertad del ca-  
pitalismo —porque uno no es libre cuando es pobre de solemnidad  
y está de facto esclavizado a su paupérrimo empleo— y 2) la falsa  
liberación del colectivismo —porque un proyecto en el que los ciu-  
dadanos carecen de libertad no puede ser considerado humano—.  
La respuesta del Papa recuerda a las de Jesús de Nazaret cuando sus  
enemigos fariseos, saduceos, sacerdotes u otros —algunos, histó-  
ricos; otros, proyección de los enfrentamientos entre cristianos y  
judíos, posteriores a la caída del Templo de Jerusalén, en 70 d.C.—  
le hacían preguntas capciosas: Jesús no caía en la dicotomía de la  
cuestión planteada con mala intención, sino que mostraba que su  
lógica, la del Reino de Dios, era muy distinta. Como expuso el filó-  
sofo francés protestante Paul Ricoeur, la lógica del Reino no es la de  
equivalencia —“do ut des, “te doy para que me des, “quien la hace,  
la paga, “ojo por ojo”— , sino la de la sobreabundancia —“perdonen  
ustedes incluso a sus enemigos—.  
La sorprendente e inesperada respuesta de León XIII a la dia-  
léctica presente en los nuevos movimientos, las “cosas nuevas”  
—recordemos que rerum novarum significa “acerca de las cosas  
nuevas, que son el capitalismo y el colectivismo—, ha marcado  
estos 130 años de historia de Magisterio Social. Aquello fue un  
kairós, un momento con sentido en la historia del pensamiento  
cristiano y de la vida de la Iglesia. De entonces a hoy, ésa ha sido la  
tónica de la Doctrina Social de la Iglesia ante las realidades sociales,  
económicas, políticas: no dejarse atrapar por las falsas dicotomías  
históricas; tener una lógica propia.  
Esta actitud de la Iglesia ha hecho que unas veces parezca más lú-  
cida que nadie —por ejemplo, Benedicto XV en 1914, o Juan XXIII  
en 1963—, y otras que dé la impresión de vivir en otro planeta, sin  
ver la realidad histórica que tiene ante sí: lo mismo que les pasó a  
los profetas hace 2 500 años; lo mismo que le pasó a Jesús hace casi  
2 000 años.  
Con Rerum Novarum, León XIII defiende dos tesis que ya no aban-  
donará nunca el Magisterio Social: 1) libertad y justicia social  
deben ir de la mano, no separadas, y 2) tiene que haber trabajo dig-  
no y bien remunerado para todos. Estas dos afirmaciones saldrán  
una y otra vez a lo largo de estos 130 años, cada vez con nuevos  
matices y con una reflexión más rica y desarrollada —por ejemplo,  
La Cuestión Social Año 30, n. 1  
91  
Laborem Exercens, de Juan Pablo II, en 1981, acerca del trabajo; y  
antes, Quadragesimo Anno, 1931, de Pío XI; Mater et Magistra, 1961, de  
Juan XXIII; y Octogesima Adveniens, 1971, de Pablo VI—.  
2.2 Frente a la guerra: la paz como medio natural del hombre y el  
proyecto de una Autoridad Mundial  
Una de las mejores aportaciones de la Doctrina Social de la Iglesia  
ha sido el hecho de pensar desde sus inicios en categorías de huma-  
nidad, de toda la humanidad —por ejemplo, la fraternidad universal  
retomada por el papa Francisco en su reciente encíclica Fratelli Tutti,  
de 2020—, y no en categorías de nación, o de sexo, o de clase social,  
o de etnia, o de ideología. Por ello, mientras los papas juegan en las  
ligas de la humanidad, los agentes económicos, sociales y políticos  
lo hacen en las del interés nacional, o de partido, o de empresa u  
otros semejantes. De ahí los frecuentes desencuentros.  
Antes, durante y después de la I Guerra Mundial (1914-1918) (ab-  
surda, como hemos visto antes), el papa Benedicto XV se quedó  
afónico de tanto clamar por la paz. Nadie lo hizo como él: ni los  
gobernantes —que no hicieron sino calcular sus alianzas estratégi-  
cas con mirada miope—, ni los agentes económicos —algunos de los  
cuales vieron en la guerra una oportunidad de negocio—, ni los in-  
telectuales —muchos de los cuales parecían vivir en otro planeta—,  
ni los militares —sedientos de entrar en acción—. Nadie realizó un  
esfuerzo por la paz equivalente al de Benedicto XV: ¡qué injusto que  
la historia haya borrado este dato de sus manuales!3 Cierta histo-  
riografía no ha podido soportar este papel ejemplar del pontífice y,  
si ha escrito acerca de él, ha sido para afirmar que en realidad no  
buscaba la paz, sino que apoyaba a la Triple Entente (Francia, Ingla-  
terra, Rusia) frente a la Triple Alianza (Alemania, Austria-Hungría,  
Italia). “Cree el ladrón que todos son de su condición.  
Esa preocupación por la paz ha sido constante en el Magisterio  
Social desde Benedicto XV hasta hoy, no una paz cualquiera, no el  
3 Cfr. Benedicto XV, Ad Beatissimi Apostolorum, encíclica, Ciudad del Vaticano, 1 de  
noviembre de 1914. Había sido elegido papa el 3 de septiembre de aquel año, con la  
guerra ya iniciada, por lo que era imposible ir más rápido. También cfr. Cardenal D.  
J. Mercier, Patriotismo y firmeza, Navidad de 1914 (con una postura también a favor  
de la paz, pero más nacionalista que la del papa); Benedicto XV, Dès le début, nota del  
1 de agosto de 1917; Id., Pacem Dei Munus, 23 de mayo de 1920. También cf. A. Verdoy  
Herranz, La diplomacia de la caridad y de la paz. Benedicto XV (1914-1922) frente a la  
carnicería de la Gran Guerra, Maliaño, Sal Terrae, en prensa.  
La Cuestión Social Año 30, n. 1  
92  
simple silencio de las armas, sino una paz justa, verdadera, aquella  
en la que los derechos humanos sean respetados de manera habi-  
tual.4 Dos papas presenciaron el horror del nazismo: Pío XI y Pío XII.  
El primero fue muy duro con el sistema político de Hitler, tal como  
explicaré más adelante, concretamente a través de su encíclica Mit  
brennender Sorge, de 1937, redactada y publicada en alemán, con la  
orden de que se leyera en la homilía de todas las parroquias de Ale-  
mania el mismo domingo. No obstante, el Papa no abordó tanto el  
tema de la guerra, que aún no había estallado, cuanto el del totalita-  
rismo. Sí pudo hacerlo su sucesor, Pío XII, pero le faltó coraje, o fue  
prudente para proteger a los católicos alemanes —los historiadores  
andan divididos en este punto—: la verdad es que su condena de la  
guerra fue genérica, vaga y carente de espíritu profético.  
Por ello, debemos llegar a Juan XXIII, en 1963, para encontrar  
una defensa decidida de la paz. El buen papa Juan había tratado de  
fungir como mediador entre John Kennedy, presidente de Estados  
Unidos, y Nikita Kruschev, primer secretario del Partido Comunista  
de la Unión Soviética, en la famosa crisis de los misiles de Cuba de  
octubre de 1962.5 Una vez resuelto el conflicto, en el que se había  
estado al borde del inicio de una tercera Guerra Mundial con misiles  
atómicos, el Papa quedó tan afectado por la fragilidad del sistema  
mundial, que se sintió impelido a redactar una encíclica, Pacem in  
Terris (PT), toda ella consagrada al tema de la paz en el mundo, y que  
sería su canto del cisne, dado que el Papa murió pocas semanas des-  
pués de la publicación del texto. El subtítulo de la encíclica ya indica  
su orientación: Sobre la paz entre todos los pueblos, que ha de fundarse  
en la verdad, la justicia, el amor y la libertad. La paz debe recorrer  
todos los niveles de lo humano para poder ser auténtica:  
Son, en efecto, estas leyes las que enseñan claramente a los hom-  
bres, primero, cómo deben regular sus mutuas relaciones en la con-  
vivencia humana; segundo, cómo deben ordenarse las relaciones de  
los ciudadanos con las autoridades públicas de cada Estado; terce-  
ro, cómo deben relacionarse entre sí los Estados; finalmente, cómo  
deben coordinarse, de una parte, los individuos y los Estados, y de  
otra, la comunidad mundial de todos los pueblos, cuya constitución  
es una exigencia urgente del bien común universal (PT, 7).  
Tal como explica el profesor español Ildefonso Camacho, Juan  
XXIII tuvo mucho interés en dirigirse “a todos los hombres de buena  
4 J. Sols Lucia, Violencia y procesos de reconciliación política, México, Imdosoc-Univer-  
sidad Iberoamericana, 2018, pp. 40-41 y 126-127.  
5 Recomiendo la película Trece días (2000), de Roger Donaldson, aunque en ella  
lamentablemente no se mencione al papa Juan XXIII.  
La Cuestión Social Año 30, n. 1  
93  
voluntad” (expresión ya presente en el título largo de la encíclica), y  
en afirmar que la paz supone respetar el orden establecido por Dios  
(PT, 1) y la dignidad de la persona humana, lo que supone preservar  
sus derechos y cumplir sus deberes (PT, 9).6 Para que esto no sea un  
cuento de hadas, se hace necesaria una estructura política global,  
una “autoridad mundial” (PT, 136-141), que debe ir de la mano del  
“bien común” (PT, 132-141). La búsqueda del bien común sería el es-  
píritu, y la autoridad mundial, la estructura que lo cristalizara.7  
En plena Guerra Fría, sin saber que en realidad ésta tocaba ya a su  
fin —con la caída del Muro de Berlín, en 1989, y la implosión de la  
Unión Soviética, en 1991—, el papa Juan Pablo II volvió al tema de la  
paz mundial en 1987 con su encíclica Sollicitudo Rei Socialis. Fue con  
ocasión de los veinte años de Populorum Progressio (1967), una en-  
cíclica mediante la cual el papa Pablo VI había querido traducir el  
espíritu de la constitución pastoral del concilio Vaticano II Gaudium  
et Spes (1965) a la realidad del desarrollo humano. En la estela de Po-  
pulorum Progressio, el papa Juan Pablo II quiso abordar veinte años  
después, en Sollicitudo Rei Socialis (1987), el tema del desarrollo en  
un mundo cada vez más desigual entre países enriquecidos y países  
empobrecidos, aunque lo vio estrechamente articulado con el en-  
frentamiento Oeste-Este (occidente capitalista y oriente socialista,  
ambos con abundante arsenal nuclear). El desarrollo en el mundo  
pasa por la paz, y por ello el trabajo en favor de esta es fundamental.  
Así lo explica Camacho:  
En esta contraposición de los dos bloques del Norte radica, para Juan  
Pablo II, la raíz última de los problemas del Sur.  
Hay que reconocer que es éste un punto de vista sugerente porque  
integra dos cuestiones durante mucho tiempo consideradas por  
separado: las relaciones Este-Oeste y las relaciones Norte-Sur. El  
primer escenario se ha visto siempre como el del conflicto entre los  
dos grandes sistemas económicos. Pero al pasar al segundo, parece  
como si en la contraposición entre países desarrollados y subde-  
6 I. Camacho, Doctrina Social de la Iglesia. Una aproximación histórica, Madrid, San  
Pablo, pp. 253-266.  
7 He trabajado durante varios años este proyecto de gobernabilidad democrá-  
tica global. Cfr. vv.aa., Gobernabilidad democrática global. Propuesta de organización  
institucional, Barcelona, Raima, 2007; J. Sols Lucia y Pablo Mella, ¿Es posible una  
democracia mundial?, Revista Estudios Sociales 149, 2009, pp. 67-92; J. Sols Lucia,  
“Proyecto de democracia mundial: aportación del pensamiento social cristiano,  
Diàlegs, número especial 2, 2015, pp. 70-81; Id., “Hacia una democracia mundial: la  
idea de autoridad mundial en la doctrina social de la Iglesia, Revista de Fomento Social  
279-280, 2016, pp. 539-552, repr. en idem (ed.) La Iglesia en el mundo, Barcelona, Cla-  
ret, 2018, pp. 67-81; Idem, “El actual escenario mundial (II): Globalización, cuidado  
de la Tierra, diálogo interreligioso, ética mundial, en idem, La humanidad en camino.  
Medio siglo de la encíclica Populorum Progressio, Barcelona, Herder, 2019, pp. 309-328.  
La Cuestión Social Año 30, n. 1  
94  
sarrollados ya nada tuvieran que ver los sistemas económicos y el  
trasfondo en que se apoyan. Tal dicotomía impide ver el problema  
en toda su complejidad.8  
2.3 Frente a los totalitarismos: un humanismo centrado en Cristo  
Ya hemos mencionado la encíclica Mit brennender Sorge (1937), del  
papa Pío XI, dura condena del nazismo —y, de rebote, de los tota-  
litarismos en general—, en particular de su pretensión de domi-  
nar a todo el hombre —de ahí la idea de totalitarismo, incluida  
sus dimensiones ética y religiosa. Como hemos dicho, fue redacta-  
da directamente en alemán, concretamente por el cardenal Pace-  
lli (futuro papa Pío XII), y leída en todos los púlpitos católicos de  
Alemania el 21 de marzo de 1937, festividad del Domingo de Ramos.9  
Aunque la encíclica es una crítica directa del nazismo, en ella este  
no es mencionado explícitamente para evitar la ruptura del con-  
cordato de 1933 entre Alemania y la Santa Sede, así como una po-  
sible persecución masiva de católicos por parte de los nazis. Hubo  
otros documentos en la misma línea, como Divini Redemptoris (19 de  
marzo de 1937), crítica del comunismo internacional, o Firmissimam  
Constantiam (28 de marzo de 1937), crítica de la persecución de cris-  
tianos por parte del gobierno mexicano y posible justificación de  
la lucha armada de los católicos contra el gobierno cuando la causa  
es justa.  
Como puede verse, en sólo una semana aparecieron tres encíclicas  
de carácter político. Común a todos estos documentos es la llamada  
papal a resistir frente a los cantos de sirena de los nuevos movi-  
mientos políticos, que, aunque hoy cueste creerlo, resultaban enor-  
memente atractivos en aquellos años, incluso para los católicos. El  
papa Pío XI invita a los católicos a seguir centrados en su fe en Cristo  
y en su Iglesia, y para ello no tiene miedo de analizar y criticar sis-  
temas políticos, algo poco habitual hasta entonces en el Magisterio  
Social; y no sólo una, sino hasta tres veces.  
8 I. Camacho, op. cit., p. 502.  
9 No obstante, la encíclica está firmada el 14 de marzo, una semana antes de ser  
presentada en público.  
La Cuestión Social Año 30, n. 1  
95  
2.4 Ante el despertar del 3er Mundo: desarrollo integral y solidario  
Ya desde Mater et Magistra (1961), de Juan XXIII, la realidad del de-  
sarrollo humano ha estado muy presente en el Magisterio Social,  
y fue, sin duda, el tema central de Populorum Progressio (1967), de  
Pablo VI, como hemos visto, haciéndose eco del concilio Vaticano  
II. Durante los intensos procesos de descolonización en África y  
en Asia, el tema del subdesarrollo se hizo muy presente en los de-  
bates internacionales. Los países recién nacidos estaban a años luz  
de las viejas potencias económicas, incluso teniendo en cuenta que  
varias de éstas se encontraban en ruinas tras la II Guerra Mundial,  
aunque es verdad que se rehicieron con celeridad gracias al Plan  
Marshall. En aquellos años, se identificaba desarrollo con creci-  
miento económico, por lo que aquél era concebido como algo sim-  
plemente cuantitativo y además fácilmente medible. Fue Pablo VI  
quien mostró que no se podía reducir lo humano a lo económico, ni  
el desarrollo al crecimiento cuantitativo. El ser humano es mucho  
más rico y complejo, y el desarrollo no puede ser sólo económico,  
sino humano, y debe serlo de manera integral y solidaria.10 La ex-  
presión “el desarrollo de los pueblos debe ser integral y solidario”  
hizo fortuna en aquellos años: “lo integral” alude a todo el hombre  
—esto es, a todas las dimensiones del ser humano— y “lo solida-  
rio” a todos los hombres —esto es, a toda la humanidad—.  
La idea de desarrollo integral y solidario se fue enriqueciendo con  
las enseñanzas de Juan Pablo II (Laborem Exercens, 1981; Sollicitudo  
Rei Socialis, 1987; Centesimus Annus, 1991) y de Benedicto XVI (Caritas  
in Veritate, 2009),11 hasta situarse en el proyecto de Ecología Integral  
del papa Francisco (Laudato Si,2015).  
10 Cfr. J. Sols Lucia (ed.), La humanidad en camino. Medio siglo de la encíclica Populorum  
Progressio, Barcelona, Herder, 2019.  
11 Las encíclicas publicadas en años terminados en 1 están redactadas con la inten-  
ción de conmemorar Rerum Novarum (1891): es el caso de Quadragesimo Anno (1931),  
Mater et Magistra (1961), Octogesima Adveniens (1971), Laborem Exercens (1981) y Cen-  
tessimus Annus (1991). Abordan las problemáticas capitalismo/socialismo, libertad/  
justicia, mercado/Estado o trabajo/capital en sus respectivos contextos históri-  
cos. Por su parte, las terminadas en 7 —menos numerosas que las terminadas en  
1— son aniversarios de Populorum Progressio (1967), acerca del tema del desarrollo  
humano: son Sollicitudo Rei Socialis (1987) y tenía que serlo Caritas in Veritate (pu-  
blicación prevista para 2007), pero la crisis económica mundial hizo que pareciera  
más conveniente retrasar dos años su publicación (2009).  
La Cuestión Social Año 30, n. 1  
96  
2.5 Ante la crisis económica y el desarrollo tecnológico: reafirma-  
ción en el humanismo integral  
Durante estos 130 años, el mundo ha vivido varias crisis, aun-  
que éstas no han afectado por igual a todos los países. Las dos más  
recientes han sido la de 2008 y la de la covId 19 (2020-hoy), a la que  
dedicaremos un subapartado más adelante. Suele ocurrir en las  
crisis económicas, como en los hundimientos de barcos o en las  
catástrofes naturales, que la gente, presa del pánico, se rige por la  
ley del “¡Sálvese quien pueda!” Con honrosas y ejemplares excep-  
ciones, las crisis sacan lo peor de nosotros mismos. Cada uno mira  
por su propio bien y el de su familia y se olvida del resto de la huma-  
nidad. Los gobiernos parecen seres humanos, pues se comportan  
igual. Nada imitable fue el comportamiento de Alemania durante  
los años siguientes a la crisis de 2008, cuando decidió implemen-  
tar políticas económicas europeas que le convenían a ella, lo cual  
perjudicó seriamente a países como Grecia o España. El espíritu co-  
munitario europeo desapareció por arte de magia cuando llegaron  
los momentos duros.  
Lejos de este egoísmo personal, corporativo o político, el Magis-  
terio Social da un paso adelante en tiempos de crisis y recuerda que  
la humanidad debe estar más unida y ser más solidaria que nunca  
ante las adversidades. Benedicto XVI lo dejó muy claro en Caritas in  
Veritate (CV):  
Los aspectos de la crisis y sus soluciones, así como la posibilidad  
de un nuevo desarrollo futuro, están cada vez más interrelaciona-  
dos, se implican recíprocamente, requieren nuevos esfuerzos de  
comprensión unitaria y una nueva síntesis humanista. Nos preocupa  
justamente la complejidad y gravedad de la situación económica  
actual, pero hemos de asumir con realismo, confianza y esperan-  
za las nuevas responsabilidades que nos reclama la situación de un  
mundo que necesita una profunda renovación cultural y el redes-  
cubrimiento de valores de fondo sobre los cuales construir un fu-  
turo mejor. La crisis nos obliga a revisar nuestro camino, a darnos  
nuevas reglas y a encontrar nuevas formas de compromiso, a apo-  
yarnos en las experiencias positivas y a rechazar las negativas. De  
este modo, la crisis se convierte en ocasión de discernir y proyectar  
de un modo nuevo. Conviene afrontar las dificultades del presente  
en esta clave, de manera confiada más que resignada (CV, 21).  
Las crisis no deben constituir un paréntesis en el proceso de  
humanización de la sociedad. Al contrario: tienen que ser un tiempo  
para reforzar lazos de cooperación y consolidar procesos de desa-  
rrollo humano.  
La Cuestión Social Año 30, n. 1  
97  
Idéntica postura tiene la Doctrina Social de la Iglesia ante el ex-  
traordinario progreso tecnológico que, aun cuando teóricamente  
debería ser para beneficio de la humanidad, en la práctica lo es  
sólo para algunos y perjudica seriamente a colectivos importantes,  
agrandando lo que ya se ha denominado “brecha tecnológica”:  
los que ya gozaban de nuevas tecnologías acogen felices las novísi-  
mas que llegan, con lo que aumenta la distancia con aquellos que ni  
siquiera disponían de las primeras. Por ejemplo, ¿será un progreso  
para la humanidad el desarrollo masivo de la inteligencia artifi-  
cial? He desarrollado esa reflexión en mi obra Ética de la inteligencia  
artificial. El caso de los soldados robot, que saldrá publicada pronto  
en Monterrey.12  
Los dos últimos papas —Benedicto XVI y Francisco— han adver-  
tido reiteradamente del peligro de quedar atrapados en el “para-  
digma tecnocrático.13 Ambos insisten en que la técnica debe per-  
manecer en el orden de lo instrumental, esto es, un medio que nos  
permite promover el desarrollo humano, continuar la Creación y  
expresar el espíritu humano, como el escultor hace con la estatua  
de mármol gracias a sus instrumentos de trabajo. Concretamente,  
Benedicto XVI, en Caritas in Veritate, de 2009, 1) inscribe su reflexión  
acerca de la técnica en la Teología de la Creación (CV, 69) —lo que  
supone afirmar que la técnica tiene una dimensión espiritual—;  
2) afirma que no hay que pensar que es un sustituto de nuestra  
libertad (CV, 70); y 3) dice que conviene evitar la “tentación tecni-  
cista” (CV, 71). La tentación tecnicista supone lo siguiente: entender  
el desarrollo humano como un problema meramente técnico  
(CV, 71); concebir la economía como simple ingeniería financiera  
(CV, 71); entender la paz como simple producto de la técnica (CV,  
72); reducir los medios de comunicación social a simple tecnolo-  
gía (CV, 73); dejar la investigación genética en manos de la técnica,  
alejándose de la bioética (CV, 74); en definitiva, confundir fines con  
medios. La técnica sólo debería ser un instrumento. Por todo ello, la  
reflexión acerca de la tecnología tiene que estar situada en el orden  
de lo antropológico, y no simplemente en el de lo social (CV, 75).  
12 La publicación apareció finalmente a finales de 2021: J. Sols Lucia, Ética de  
la inteligencia artificial. El caso de los soldados robot, Monterrey, Universidad de  
Monterrey-Instituto Tecnológico de Monterrey-Universidad Autónoma de Nuevo  
León-Universidad Regiomontana, 2021.  
13 J. Sols Lucia, “Técnica, en idem, Pensamiento social cristiano abierto al siglo xxi. A  
partir de la encíclica Caritas in Veritate, Maliaño, Sal Terrae, 2014, pp. 393-410.  
La Cuestión Social Año 30, n. 1  
98  
En la misma línea, el papa Francisco, en su encíclica Laudato Si,’  
de 2015 (LS), recuerda que en los dos últimos siglos se ha producido  
un formidable desarrollo tecnológico que ha permitido mejorar la  
calidad de vida (LS, 102), crear belleza (LS, 103) y acumular un po-  
der enorme (LS, 104). Sin embargo, en lugar de ganar en autonomía,  
el hombre se ha vuelto dependiente de la tecnología (LS, 105) hasta  
el punto de sumergirse en un paradigma tecnocrático de carácter  
homogéneo y unidimensional (LS, 106). Se está produciendo una  
alarmante pérdida de libertad (LS, 108); por ello, se hace necesario  
resituar la tecnología y de hecho todas las dimensiones de la vida  
humana sobre la Tierra en una ecología integral.  
2.6 Proyecto de Ecología Integral y de Fraternidad Universal  
En sus dos encíclicas sociales, Laudato Si,de 2015, y Fratelli Tutti, de  
2020, el papa Francisco no se opone al proyecto globalizador, pero  
considera que hay que reorientarlo completamente mediante un  
nuevo modo de entender la vida del ser humano sobre la Tierra, en  
realidad, mediante un nuevo modo de entenderse el ser humano a sí  
mismo, un modo que sea 1) respetuoso de la dignidad de cada uno,  
2) solidario con todos, 3) respetuoso con la naturaleza y 4) abierto a  
Dios; que denomina Ecología Integral, y que incluye la fraternidad  
universal y la amistad social.  
De este modo, si el siglo xxI es el de la globalización, el reto que  
tenemos por delante es el de construir la casa común siguiendo el  
criterio del bien común, que es el respeto de la dignidad de todos,  
sin excepción.14  
14 Para otros estudios nuestros acerca de la ecología integral, cfr. J. Sols Lucia,  
“Ecología, en idem, Pensamiento social cristiano abierto al siglo xxi, pp. 371-392; idem,  
“Del desarrollo integral del hombre a la ecología integral. Análisis comparativo de  
los conceptos de desarrollo integral del hombre (Populorum Progressio, Pablo VI, 1967) y  
de ecología integral (Laudato Si,Francisco, 2015), Revista de Fomento Social 290, 2018,  
pp. 267-277; M. E. de los Ríos Uriarte y J. Sols Lucia, “Conversión ecológica integral.  
La propuesta del papa Francisco, en diálogo con la realidad de la violencia en Mé-  
xico: el caso de los feminicidios, Revista Iberoamericana de Teología, 32, 2021, pp.  
11-40; J. Sols Lucia y M. E. de los Ríos Uriarte, “Todo está conectado. Ante la crisis del  
coronavirus, la Filosofía de la Realidad Histórica de Ignacio Ellacuría como funda-  
mento de la Teología de la Ecología Integral, Revista Iberoamericana de Teología 32,  
2021, pp. 73-84; J. Sols Lucia, “La Ecología Integral como universo de comprensión  
de la realidad histórica actual, en H. Samour y J. J. Tamayo (eds.) Ignacio Ellacuría,  
30 años después, Valencia, Tirant Humanidades, 2021, pp. 605-613; idem, “De la jus-  
ticia social a la ecología integral. Análisis comparativo de las teologías de Ignacio  
Ellacuría y del papa Francisco, en J. A. Senent de Frutos y A. Viñas Vera (eds.), Es-  
piritualidad, saberes y transformación social desde Ellacuría, Granada, Comares, 2021,  
pp. 135-146; idem, Ética de la ecología integral, Barcelona, Herder, 2021.  
La Cuestión Social Año 30, n. 1  
99  
2.7 Desconcierto ante la crisis del Coronavirus (2020-2021)  
Como hemos dicho antes, la crisis del Coronavirus nos golpeó con  
fuerza en los primeros meses de 2020, y cuando imparto esta confe-  
rencia, más de un año después, todavía no ha terminado, aunque ya  
se empieza a vislumbrar el final. Todavía quedan muchas interro-  
gantes abiertas. Algo sí hemos aprendido: el sistema es mucho más  
frágil de lo que creíamos. Como hemos expuesto, un solo virus letal  
puede desmoronar la estructura global, y debido al calentamiento  
global y el consecuente deshielo, la tierra está liberando decenas de  
virus con los que el hombre nunca había tenido contacto. No sabe-  
mos todavía si el virus surgió espontáneamente de la naturaleza,  
o si se escapó accidentalmente de un laboratorio, o si fue liberado  
exprofeso con voluntad destructiva. Por ello, la Iglesia Católica no  
ha presentado aún reflexiones de calado al respecto, que, sin duda,  
acabarán llegando. Ha habido muchas microrreflexiones, pero no  
un Magisterio oficial al respecto.  
3. Conclusión  
¿Qué podemos retener de estos 130 años que nos separan de Rerum  
Novarum? Yo lo resumiría en estos breves mensajes conclusivos:  
1. La humanidad ha sufrido sacudidas de un calibre nunca visto  
antes. Junto a un progreso económico, científico y tecnológico ex-  
traordinario, se ha desarrollado una capacidad de autodestrucción  
descomunal, así como una desigualdad sin precedentes.  
2. La Iglesia no ha sido ajena a los dramas vividos por la humanidad  
durante este casi siglo y medio, aunque a veces a un ritmo algo des-  
concertante.  
3. La Iglesia ha mostrado ser maestra de humanidad. Si se hubiera  
escuchado su Magisterio, otro gallo habría cantado en estos 130  
años: nos habríamos ahorrado guerras, dictaduras y desigualdades.  
4. La Iglesia siempre ha sido santa y pecadora al mismo tiempo  
casta meretrix, y por ello, en estos 130 años, ha transmitido  
humanidad y apertura a lo trascendente, pero en no pocas ocasiones  
ha pactado —por comodidad, por interés económico o por cálculo  
político— con el (des)orden vigente.  
Ojalá que los cristianos y cristianas, tanto católicos como de otras  
iglesias, aportemos en lo que queda de siglo XXI teorías y prácticas  
que acerquen el mundo al Reino de Dios.  
La Cuestión Social Año 30, n. 1  
100  
Sobre el autor:  
Es doctor en Teología (Centre Sèvres, París, 1999) y Licenciado en  
Historia Contemporánea (Universidad de Barcelona, 1987). Es pro-  
fesor del Departamento de Ciencias Religiosas de la Universidad  
Iberoamericana, Ciudad de México y profesor invitado del Imdosoc  
en la Maestría de Pensamiento Social Cristiano. Miembro del Siste-  
ma Nacional de Investigadores. Email: jose.sols@ibero.mx  
La Cuestión Social Año 30, n. 1  
101